IAN PADRÓN SOBRE EL BEISBOL CUBANO
Acaba de llegar a mi correo esta carta del cineasta Ian Padrón sobre el beisbol cubano. El texto me parece interesante, polémico, provocador. Algunos me dirán que no tiene nada que ver con el cine, pero es que lo que intento proponer en el blog no es una mirada municipal sobre esta expresión artística (el que habla solo de cine ni de cine habla), sino una perspectiva de conjunto que permita insertar al cine de la isla en la realidad cotidiana.
Por otro lado, lo que propone Ian Padrón es lo que yo llamaría una nueva “actitud ante la vida”. Y eso debería aplicarse en todas las esferas (incluyo el modo en que discutimos o dejamos de discutir los problemas del cine nacional). Si eso fuera poco, podríamos añadir que Ian Padrón es el realizador de “Fuera de liga”, ese excelente documental que no solo rinde homenaje al equipo “Industriales”, sino que nos anticipa lo que pudiera ser algún día una manera más civilizada de hablar sobre aquello que nos apasiona.
Juan Antonio García Borrero
¿Béisbol o no béisbol cubano?
Por Ian Padrón
A los cubanos que aman nuestro deporte nacional:
Hace unos días leí un correo dirigido a Julia Osendi, reclamándole con toda razón el haber suprimido de su reportaje televisivo a Kendry Morales.
No es un caso aislado ni único. Ni creo que Julia Osendi se merezca ser el foco de culpa al respecto cuando es algo reiterado en el tratamiento mediático que se les da los deportistas que “ya no están”. Julia Osendi es alguien que ha evitado se borre el patrimonio visual del deporte cubano y se ha preocupado por salvar sus memorias. En ese aspecto quizás desconocido para muchos, se merece todo el respeto del público cubano y los años venideros me darán la razón. Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre.
Pero hoy escribo no para hablar puntualmente de un caso de omisión injustificable como el antes mencionado. La reciente derrota en el Campeonato del Mundo de Béisbol 2009 me ha sacudido una vez más como en los últimos años y siento que el momento requiere “un antes y un después” sobre nuestro béisbol.
“Es triste ver que haya cubanos que de tanto amar este deporte, desean que el Equipo Cuba pierda porque creen que es la única manera de que las autoridades deportivas cubanas intenten cambiar o mejorar las cosas”- me dijo un viejo aficionado recientemente fallecido.
Aunque la calidad de nuestros peloteros es inobjetable; hemos perdido casi todos los torneos internacionales en los últimos 3 años de todas las categorías y la Serie Nacional cada vez interesa menos a nuestro público. La baja de calidad es inobjetable y los estadios casi siempre están vacíos… y aburridos.
Como aficionado cubano que lleva muchos años haciendo del estadio su segunda casa, me permito proponer 10 acciones que quizás podrían mejorar el día a día de nuestra pasión nacional y sembrar bases más sólidas para el futuro:
1. Debatir a profundidad y en un ambiente de respeto a los más disímiles criterios, todo lo referente a cómo mejorar La Pelota Cubana. Pedirle opinión a los propios jugadores y entrenadores de manera prioritaria. Acabar de entender que el verdadero triunfo de Cuba no será en eventos internacionales, sino en su propio país, teniendo los estadios llenos y la pasión sostenida al más alto nivel posible.
2. Crear una verdadera cultura de respeto por parte del público cubano hacia nuestros atletas: léase no permitir que se les ofenda en los estadios y preocuparse de que sus problemas materiales sean resueltos por las instituciones y no por amigos o familiares. Es evidente que hay mejorías respecto a años anteriores, pero aún distan de ser suficientes.
3. Manteniendo la cantidad de 90 juegos, hacer una Serie Nacional de 8 equipos, para concentrar la calidad. Ya esa estructura está probada: 4 equipos de Occidente y 4 de Oriente. En Cuba hubo pero ya no hay suficientes peloteros de 1er nivel como para 16 equipos. Hacer dos torneos cortos tampoco es el remedio, ambos entonces perderían importancia estadística e histórica. Hay que tener una sola liga, un solo evento, al mejor nivel posible. La estabilidad vendrá por los 90 juegos y sus play-off.
4. Crear sistemáticamente –y no con larga intermitencia como hasta ahora- toda la gama de memorabillia que existe en todas las ligas del mundo: postales, fotos, revistas, afiches, calendarios, gorras, llaveros, etc. Eso acercará a los peloteros a sus fans y viceversa.
5. No poner más peros y concretar sea donde sea que se decida, un Museo del Béisbol Cubano y la continuidad de su Salón de la Fama. Y ser lo suficientemente inteligentes y valientes como para no obviar a nadie que se merezca estar allí. Cuba es el tronco y no debe temerle a nada al respecto.
6. Volver a convertir nuestros estadios en lugares seguros y atractivos para poder ir en familia. Prohibir la entrada de aquellos que están en estado de embriaguez y ser severos con los que lanzan ofensas o agreden el entorno. Hacer de cada juego un hecho artístico y espectacular. Algo diferente a oírlo por radio o verlo por televisión.
7. Difundir más de un juego diario y hacer un programa a modo de resumen al final de las transmisiones, con todos los resultados, las mejores jugadas, comentarios especializados y entrevistas a los protagonistas.
8. Crear a gran escala nacional una verdadera campaña mediática diaria donde todo aficionado que lo desee pueda tener información como: rosters, tabla de posiciones estadísticas, uniformes, historia de los equipos, dvd resumen de cada temporada, etc. Involucrar en ello a diseñadores y creadores en general que eleven al máximo posible todas las propuestas.
9. No puede haber calidad máxima si los implementos no son de máxima calidad: Las pelotas escasean, los bates a veces se comparten entre varios jugadores, no caben todos los atletas sentados en los dogouts, las luces de los estadios casi nunca están completas, las pizarras -como la del Latino que es de 1971 y se cae a pedazos- carecen del elemental modernismo requerido, la merienda de los atletas a veces está mal elaborada y mal conservada, etc., etc. El béisbol es un deporte caro y eso no es ningún secreto. Poco a poco hay que destinar inversiones al respecto o todo colapsará.
10. Evitar politizar siempre cada suceso de nuestro béisbol. Entender que es un deporte por sobre todos los demás aspectos y que si se conjuga con espectacularidad y emoción, nuestra afición siempre estará feliz. No desechar ni obviar a peloteros que decidieron no vivir o jugar en Cuba. Muchos no podrán decir que sí quieren jugar con nuestro equipo nacional y la historia los juzgará; otros sorprenderán a más de uno y se verá su aporte. Así pasa con Venezuela, República Popular China, Dominicana, Puerto Rico, Japón y muchos más. Todo el esfuerzo que hace Cuba por “hacer” a un atleta, le da el derecho a convocarlo a su selección nacional. Y es un deber de cada jugador cubano, esté donde esté, el priorizar al país que lo vio nacer. Son cubanos y seguirán siendo cubanos… para bien y para mal.
Sé que lo que evoco y propongo puede parecer utópico o ingenuo, pero si algo tiene Cuba de especial es que nada, absolutamente nada, es imposible.
El deporte cubano debe hacer suya la frase martiana “con todos y para el bien de todos”. Sería una verdadera victoria de nuestra nación el salvar su béisbol para siempre. Sería una vergüenza imperdonable que nadie haga nada al respecto. Sería un burla a los que por más de 100 años han dedicado su vida a mantener vivo el béisbol cubano.
Si alguien quiere hacer ver que todo está bien, se estará auto engañando y sobre todo, estará propiciando que los demás eclipsen su potencial contribución en búsqueda de una solución definitiva.
Tengo 33 años y como artista, le brindo a mi país parte de mi juventud y mi tiempo para llevar a cabo acciones que puedan regenerar la perdurabilidad de esta pasión entre todos los aficionados. Ojalá se pueda lograr que la Cultura Cubana toda, se acerque al Deporte Cubano y lo haga más cercano, más trascendente y más colosal de lo que ha sido.
Muchos deben tener miles de buenas ideas y cientos de buenas intenciones; por favor, no se las guarden.
A los que tienen como encargo el tomar decisiones, por favor, oigan antes de accionar.
Para los que discrepan de cómo pienso, de antemano mis respetos,
Los saluda, intentando ser útil,
Ian Padrón
Cineasta cubano.
Ciudad de La Habana, Cuba. 27 de septiembre de 2009.
pd: GUSTAVO ARCOS A PROPÓSITO DEL DEPORTE EN CUBA
A propósito de la carta anterior de Ian Padrón, Gustavo Arcos me hace llegar otra, firmada por él, que ya había circulado desde la semana anterior. La posteo porque creo que enriquece esa discusión que Ian Padrón está proponiendo.
JAGB
Siguiendo con las ideas y preocupaciones expresadas a través de esta vía por Félix Sánchez y Pavel Giroud recordaría, que manipular, ocultar, tergiversar o maquillar la Historia en aras de intereses políticos, morales, religiosos o ideológicos ha sido y será siempre una práctica del poder sin importar la sociedad, el sistema, o grupo en que este se manifieste. Es un acto que se cree "legítimo" para mantener el orden, la unión y el pensamiento dócil de las masas.
No es un secreto para nadie que el deporte en Cuba es un asunto de Estado. Alrededor de él se ha construido todo un discurso nacionalista que lo identifica de forma unívoca con la Patria y las conquistas de la Revolución. Es una verdad indudable, pero tras ella hay desgraciadamente muchos puntos oscuros cuya acta de nacimiento, si bien no nos corresponde, la hemos suscrito sin objeciones. Pudiera decirse, para hablar de un suceso no muy lejano en el tiempo, que desde que la URSS apareció ganando decenas de medallas en los Juegos Olímpicos de Helsinski-1952, el deporte y su tratamiento mediático pasó invariablemente al terreno de la confrontación ideológica, visible entonces, por la existencia de dos sistemas políticos.
Ya Hitler había dado la asonada convirtiendo la Olimpiada de Berlín-1936 en una formidable plataforma que propagara del poderío de su régimen. Así que,lamentablemente las arenas, tabloncillos, piscinas o espacios deportivos se fueron configurando como zonas de expansión, vitrinas para mostrar no solo las habilidades o límites humanos sino también el supuesto valor de una cultura, una ideología, una marca publicitaria, o un sistema, sobre otros. Y en ese enfrentamiento prevalece desgraciadamente todo, menos la ética y la objetividad. Ya no importa el talento individual, el esfuerzo de un grupo de
entrenadores, las habilidades naturales, o los años de entrega y sacrificios de un deportista, mucho menos el placer o gozo por practicar una disciplina,sino las obsesiones de un estado o grupo de poder por convertir cada competencia en un ring con solo un vencedor, disolviendo para siempre aquella frase de, lo importante no es triunfar sino competir.
Instigada por tales ideas la prensa deportiva se ha convertido en nuestro país en un ejemplo formidable de manipulación y falta de objetividad.Incluso nuestros mejores comentaristas, narradores o periodistas deportivos han estado marcados por esa penosa tendencia de ocultar la "verdad de las cosas", aquella que solo aprecia, una cara de la Luna, una parte de los acontecimientos. Si un sector ha tenido espacios donde expresarse, ese ha sido justamente el de los periodistas o especialistas que tratan temas deportivos. La prensa, la radio o televisión cuentan sistemáticamente con sus servicios. Pero no estamos hablando de cantidades, sino de cualidades o
para decirlo de la forma correcta de Profesionalidad y Rigor.
Todos aquellos que en esta isla seguimos y amamos con pasión el deporte sentimos frecuentemente como se escamotea vergonzosa y sistemáticamente la verdad de los acontecimientos que tienen lugar en este terreno. La falta de objetividad y mirada crítica prolifera en las lecturas o criterios que se ejercen sobre el deporte en nuestro país, lesionando el prestigio de muchos de nuestros más avezados periodistas, quienes, amarrados unos por criterios provenientes de otras estructuras de poder y otros por sus propias limitaciones, caen en la superficialidad, el chovinismo o la burda tergiversación. En se sentido me gustaría compartir algunas interrogantes:
¿Por qué hay un doble rasero a la hora de hablar sobre el profesionalismo?. Desde hace décadas el deporte es sobre todas las cosas, Profesional. El nuestro no es la excepción. ¿Hasta cuándo vamos a estar diciendo lo contrario?. ¿ Es que acaso nuestros atletas laboran o ejercen otras funciones durante el día y en su horario libre, corren o entrenan en un estadio cualquiera?. ¿ No les paga el estado un salario por ser lo que son, Deportistas?. ¿ No perciben anualmente nuestros atletas, beneficios, primas o ayudas económicas del estado en caso de que resulten medallistas o figuras de alto rendimiento?. ¿Cómo puede pensarse el deporte hoy, fuera del trabajo
profesionalizado y especializado de muchos individuos que en el campo
técnico, sicológico, médico o científico, hacen posible que un atleta logre resultados extraordinarios en su disciplina?. Si se quiere mostrar un verdadero potencial deportivo hay que invertir enormes recursos, crear estructuras y convocar a personas que desde diferentes funciones se entregan diariamente a conseguir tales propósitos. La alta tecnología y la mente humana se ha puesto de lleno al servicio del deporte en el mundo y si queremos estar en la élite hay que tener un deporte cada vez más profesionalizado y entiéndase esto como sinónimo de rigor, sacrificio total de sus practicantes y ciencia aplicada. ¡Ah y por cierto, también de
dinero!
Otras cuestiones : ¿ Por qué podemos transmitir, hablar o comentar sin ningún tipo de censura acerca del tenis profesional, las carreras de Fórmula 1, el futbol o el volley ball y no podemos ni siquiera mencionar o pasar imágenes del beisbol o el basquet profesional que se juega por ejemplo en Norteamérica y que tantos seguidores tiene en nuestro país?. Si como piensan algunos "el deporte profesional envilece, enajena y crea ambiciones deshumanizadas" es qué acaso tales "características" no les corresponden a los corredores de autos, los tenistas o los jugadores de fultbol europeos y
si a los que lo ejercen en Norteamérica. ¿ Cómo es posible que el Noticiero Deportivo tenga un slogan relacionado con lo "mejor y más importante que acontece en el mundo del deporte universal" y jamás haga comentarios de los equipos, figuras, finales o sucesos que tienen lugar en las Grandes Ligas o la NBA, dos sitios donde se concentra buena parte de los mejores atletas en esas disciplinas?. ¿ Por qué hablamos con lujo de detalles acerca de los peloteros profesionales y sus equipos o Ligas cuando llega el Clásico y
debemos esperar otros cuatro años para volver a saber de forma oficial y en nuestros medios, algo de ellos?.
¿Por qué las Olimpiadas o eventos de gran magnitud que se organizan en los países "enemigos", son ampulosos o derrochadores de recursos y los que tienen lugar en sitios "hermanos" son un ejemplo de organización, modestia y disciplina?. ¿ Por qué los otros atletas simplemente triunfan a diferencias de los nuestros que de forma extraordinaria, sacan a relucir su "estirpe de campeones, dejando la piel en el terreno, o rompiendo el estambre con el corazón en la mano"? ¿Por qué nuestros atletas lucen casi siempre llorosos,
apenados, confusos o tristes al perder o incluso recibir una medalla de plata o bronce en una final olímpica? ¿ Por qué nuestras delegaciones que "son las más aplaudidas en el desfile inaugural" apenas se ven en las jornadas de clausura cuando en el éxtasis y la fiesta final desfilan en jolgorio colectivo entrenadores y atletas? ¿ Por qué nuestros deportistas rara vez transmiten la sensación de felicidad, placer o diversión en la práctica de sus disciplinas sustituyendo sus emociones por una imagen de tensión, preocupación, seriedad o aburrimiento?. ¿ Por qué siempre tienen que dedicarle la medalla o el triunfo a alguien? ¿ Por qué durante décadas construimos un fantasma sobre el verdadero nivel de nuestros beisbol haciendo comentarios grandilocuentes tras cada triunfo, mientras enfrentábamos rivales sin verdadera calidad? ¿ Por qué crear falsas expectativas en la población y los aficionados enalteciendo el papel de nuestros atletas o equipos cuando enfrentan a rivales de bajo nivel en
torneos de poca autoridad como los Centroamericanos o los juegos del Alba ?. ¿ Por qué cuando nos conviene, sacamos cuentas de las medallas por habitantes o dirigimos la mirada hacia el total de preseas, o la cantidad de figuras que tenemos en finales, y otras veces nos olvidamos "olímpicamente" de este asunto? ¿ Por qué si el deporte en Cuba está al alcance de todos y la entrada a nuestros estadios es tan accesible, la mayor parte de las veces observamos gradas vacías y un desinterés total de los aficionados, incluso
con un "deporte nacional" como el beisbol? ¿ Por qué en un país con tanta afición deportiva y tan buenos logros en ciertas disciplinas, no tenemos canciones, himnos, coros, banderas, logos, u otras señas de identidad que puedan enarbolar o visibilizar la pasión de sus seguidores en las gradas? ¿Por qué, cuando hay eventos fuera de Cuba, solo apreciamos en los estadios "a los compañeros de nuestra misiones diplomáticas o solidarias"?. ¿ Por qué informados y talentosos jóvenes periodistas deportivos con criterios propios, son relegados o apartados concienzudamente de nuestras delegaciones o espacios, para darle cabida a la mediocridad y "la gente de confianza"? ¿Por qué apenas aparecen en nuestros medios mujeres ejerciendo esta profesión?. ¿ Por qué cada día vemos partir a muchas de nuestras mejores figuras sin que se analicen de forma seria e individual las razones del éxodo, aplicándoles a todos por igual el calificativo de traidores a la Patria?. ¿ Por qué un documental como Fuera de Liga de Ian Padrón tuvo que soportar cinco años de censura hasta que fue pasado por la Tv en un canal provincial y con inusuales comentarios aclaratorios?. ¿Por qué si los aficionados y buena parte de la población sigue con deleite, curiosidad y orgullo el éxito de un atleta cubano aunque no se encuentre actualmente viviendo en la isla, nuestros medios siguen atrapados en la idea de que son traidores, figuras deleznables o seres que deben ser borrados de las
estadísticas o la Historia?. ¿No sería mejor digo yo, pensar de una vez que lo verdaderamente importante aquí es que se trata de un CUBANO, no importa donde se encuentre?.
Preguntas, preguntas y más preguntas. ¿No será también esta, una zona en que aun quede mucho por decir?.
Gustavo Arcos.
Ciudad de La Habana
Nota de La Pupila: Me han remitido la carta escrita por Félix Sánchez Rodríguez, origen de la polémica, así como un comentario del cineasta Pavel Giroud.
¿QUÉ OCURRIÓ CON EL JONRÓN DECISIVO DE KENDRY MORALES?
(Carta abierta a la comentarista deportiva Julia Osendi)
Ciego de Ávila, 13 de septiembre de 2009
Estimada Julia:
Su rememoración en el espacio deportivo del Noticiero del Mediodía —este 9 de septiembre— de aquel partido histórico frente a Brasil en el Mundial de Beisbol del 2003, contado todo con la clarísima intención de que el héroe real del juego resultara ignorado, que aquel jonrón decisivo en el noveno inning con Yulieski en tercera y a punto de irnos por primera vez sin medallas en un evento de esa alcurnia, desapareciera, sencillamente me ha indignado.
Es que las grandes consignas necesitan inevitablemente expresarse en la práctica cotidiana o se hacen retórica. ¿Se cumple así, en esa versión suya de uno de los momentos más emocionantes de nuestro beisbol, con el “no mentir jamás” contenido en el concepto de Revolución dado por Fidel? ¿Es que alguien cree todavía a estas alturas que ese “ocultar” al traidor hace bien al prestigio del país, a la ética del periodismo, que así se realiza trabajo político ideológico, así se ganan las batallas de las ideas, así se educa a un pueblo? No sé qué habrán pensado los miles de cubanos que saben la historia verdadera, que la vivieron, cuando vieron en sus televisores únicamente el batazo de Yulieski, y la oyeron a usted decir que los héroes de ese juego fueron Michel Enríquez, Odelín y Yulieski Gourriel. No lo sé, sí, pero lo imagino, y usted, estoy seguro, también lo puede imaginar porque conoce bien a nuestro pueblo y su sentido de la justicia. ¿Es que se puede adulterar impunemente la verdad ante una cámara de TV sin que ocurra nada, sin sonrojarnos?
Me pregunto y le pregunto además: ¿Existe algún principio revolucionario que pueda sustentar esa manipulación? ¿No es eso un fraude tan fraude como otro, o peor? ¿Es ese el modo como el periodismo deportivo responde a la necesidad imperiosa de asumir nuestra historia con sus luces y sombras?
¿Ha escuchado usted alguna vez esta frase: “Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad”? Pertenece a Martí. Hay decenas de sentencias martianas sobre la verdad y no es casual ello. ¿Somos fieles a una revolución martiana, dignos de ella, cuando nos falta el valor para aceptar las cosas como fueron, o permitimos, con el silencio, que otros quieran acomodar la historia a sus deseos? ¿Es que creemos que nos hace fuertes y no débiles la falta de valor para contar siempre los hechos apegados a la estricta verdad? ¿Necesita un pueblo tan valiente tergiversar, ocultar hechos y nombres, no de un gran suceso histórico, político, sino ya de un simple partido de beisbol?
¿Ha pensado usted lo que sucedería si algún día nos diera por borrar de las acciones mambisas del 68 y el 95 a todos aquellos generales que fueron héroes con el machete y después en la República no estuvieron a la altura de su propio historial?
Creo que el periodismo deportivo cubano tiene todo el derecho a no hacer un “Confesiones de grandes” con Kendry Morales, ni dedicarle un documental o el nombre de una peña deportiva. Bien, eso puede defenderse, argumentarse. Que no se quiere repetir epítetos de aquella jornada, se quiere evitar el elogio, nada de “el prometedor jonronero”, nada de “un alumno aventajado de otros grandes como Gourriel y Kindelán”, bien, eso puede comprenderse. Pero, ¿hay algún modo de defender con decoro y ética el acto de contar parcialmente la historia por el simple deseo de no mencionar un nombre que ahora consideramos maldito? ¿Cree usted entonces que los nuevos libros sobre Playa Girón deben excluir la hazaña de un piloto de guerra que años después abandonó el país? ¿Nos da moral un acto así, de abierta desinformación, para criticar después a otros cuando sacan hechos y personajes de su historia para acomodarla a sus propios intereses?
La historia es tozuda, Julia, y los hombres no podemos rescribirla a gusto. Ningún poder puede contra ella. Ahí está aún, en el sitio http://www.granma.cubaweb.cu/eventos/mundial35/not/index.html, y con la firma prestigiosa de su colega Sigfredo Barros, la verdad de esa noche en que media Cuba saltó y aplaudió a su héroe:
“Kendry Morales puso a brincar a los miles de espectadores reunidos en el Latinoamericano con el batazo más importante de su vida, un jonronazo a la segunda sección de gradas del jardín derecho, para arruinar el formidable trabajo del derecho Kleber Ojima y meter a Cuba en la semifinal de la XXXV Copa Mundial de Béisbol (…) la garra cubana salió a relucir...¡y de que manera! Con la afición gritando ¡Cuba, Cuba, Cuba!, Yulieski se acordó de sus ilustres ancestros y llegó a tercera con un triple. Era el lanzamiento 120 de Ojima y el prólogo de su revés. Kendry se paró en el plato y después de dos bolas descargó toda su fuerza sobre la Mizuno 150 y la puso a volar como un proyectil. Espectacular encuentro, matizado por las lágrimas del derecho brasileño, merecedor de todo el reconocimiento por su formidable desempeño.”
También en El Habanero digital, al reseñarse la victoria siguiente, sobre Taipéi de China, el periodista volvía entonces sobre esa verdad:
“Los cubanos pegaron ocho imparables, incluidos sendos cuadrangulares de Yulieski Gourriel y Kendry Morales, para provocar el deleite de los cerca de 25 mil aficionados presentes en el Coloso del Cerro. Héroes del ya histórico partido del miércoles precedente frente a Brasil, Kendry encontró en base al propio Gourriel y a Carlos Tabares para abrir el marcador en el tercer capítulo, en tanto Yulieski impulsó en el séptimo a Michel Enríquez.”
¿Si eso está ahí, así, en la historia, a qué vienen esas tijeras actuales de “censura deportiva”? Me asusta pensar, Julia, que acumulando hechos como ese la sociedad superior, más humana, justa, ética, que le hemos prometido a nuestros nietos, a la que millones de cubanos le hemos dedicado nuestra juventud y nuestro sudor, pueda terminar un día extraviada, corrompida por prácticas como aquellas que se nos cuentan en la terrible fantasía de una novela como “1984”. Aquí le transcribo este fragmento de “1984”:
“Este proceso de continua alteración no se aplicaba sólo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías..., es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico. Diariamente y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día (…) Toda la historia se convertía así en un palimpsesto, raspado y vuelto a escribir con toda la frecuencia necesaria.”
¿Terrible, verdad? Sí, por eso me gustaría conocer su opinión, sus argumentos para ese recuento adulterado de aquel partido entre Cuba y Brasil. ¿Hay en el INDER, en la UPEC, en la TV, alguien autorizado para emular con Dios y decir esto que pasó no pasó? ¿Puede ser más fuerte el deseo de sancionar con el olvido que el respeto que nos merece siempre la verdad, esa que como sentenciara el maestro José de la Luz y Caballero es la única que “…nos pondrá la toga viril”? ¿No nos basta con la amarga lección de aquellos países amigos que podando méritos a sus villanos y manchas a sus héroes acabaron construyéndose una realidad paródica, un pasado de cirugía estética sobre el cual les fue imposible sostenerse?
No se quede callada, por favor. La tengo a usted por una mujer cubanísima, de criterios, y por eso, y más, admirable. Usted sabe que no se trata de un hecho aislado este del día 9, ni de una falta que únicamente ha cometido usted, que usted inaugura. De ahí el carácter público de esta carta.
Últimamente han aparecido en Juventud Rebelde y Granma artículos que parecen atacar desde sus generalizaciones todas esas prácticas relacionadas con la simulación, con la imagen, con el temor a la verdad, pero adolecen de un defecto que a mi modo de ver los hace inútiles: critican lo que está ocurriendo simultáneamente y no lo que acaba de ocurrir en concreto, de modo que al hablar de algo abstracto, sin nombres y fechas, todo el mundo deja al vecino el darse por aludido. Como soy enemigo de esta crítica infuncional me he ceñido a ese momento específico del 9 de septiembre. Es solo un hecho, pero así, enfrentando hechos concretos, es como único veo posible ascender por la escalera de la guerra a aquello que hoy nos frena, desvirtúa y amenaza. Necesitamos en la Cuba de estos tiempos, más que la crítica de ropaje filosófico, de profundidad simbólica, la crítica oportuna, concreta y denunciante.
Estoy convencido de que debatir abiertamente sobre cosas puntuales como estas será un modo valiente de luchar porque tontos recelos, mentalidades burocráticas, dogmatismos trasnochados, estrechas concepciones sobre la eticidad y lo revolucionario, no nos lleguen a avergonzar ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Huir de la verdad, Julia, será siempre innoble y cobarde. Ese juego ante Brasil se ganó porque tras el triple de Yulieski vino el espectacular jonrón de Kendry Morales. Y si no ha cambiado el beisbol, el bateador que impulsa el empate y la victoria y cambia el destino de un juego, es el héroe de ese juego. Y si lo hace en el noveno inning y con un jonrón, es un superhéroe, así de simple, duela a quien duela. Ese batazo no lo dio el pelotero que luego abandonó el país, lo dio el pelotero que entonces todos aplaudían, mimaban, entrevistaban. Esa es la verdad, y lanzar un manto sobre ella es moralmente censurable.
Permítame terminar mis palabras con este lema que tanto gustaba al gran filósofo, marxista y luchador italiano Antonio Gramsci, y con el que fue consecuente siempre: “Toda verdad es revolucionaria”.
Con la más alta consideración y afecto,
Félix Sánchez Rodríguez
... y yo recuerdo su documental resumen del primer clásico de baseball. Ahí aparecían, en el ramillete de héroes, Alexei Ramírez y Yadel Martí entre Garlobo, Borrero y Lazo, que sin duda fueron los más destacados.
Sin embargo, en los días previos al segundo clásico, repiten ese documental con algunos "pequeños ajustes": ni Alexei, ni Yadel aparecían en él. Y es que en el espacio de tiempo entre un clásico y otro, Alexei Ramírez se convirtió en uno de los pilares de Chicago White Sox -con record incluido- y Yadel llegó a Miami, buscando otros caminos a su vida deportiva.
Así mismo, entre nuestros narradores recalcitrantes jamás se menciona al Duque Hernández cuando se habla de balance de ganados y perdidos o a la hora de hablar de los peloteros mas grandes de la historia, como si ganar cuatro anillos de campeón de la serie mundial en las grandes ligas fuera tomarse un vaso de agua. Hablan bien de Maglio Ordoñez, el pelotero venezolano que apoya a Chávez y juega en las mayores, enaltecen sus números y no son capaces de dar los números de los Cubanos que están haciendo maravillas en la gran carpa y nos tienen llenos de orgullo a todos los que no vemos la partida como una traición, sino como una búsqueda de alternativas y nuevos horizontes, algo inherente al ser humano desde que era animal.
Pero la historia no la hacen estos comentaristas, narradores o periodistas propagadores de amnesia. La historia la vienen haciendo El Duke, Alexei, Yunel Escobar, Contreras, quien dejó de ser de la noche a la mañana el titán de bronce, por un paseíto, de la misma manera que la hicieron Arrojo, Arocha y los que se quedaron, Kindelán, Pacheco y mi ídolo de ídolos, quien por cierto, me hubiera gustado ver en las grandes ligas dándole batazos a malanga, Omar Linares.
Estoy seguro de que cada persona que ama al deporte siente ganas de reventar su televisor cada vez que algo de esto ocurre.
Pavel Giroud

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