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Archivo: Octubre 2009

NELSON RODRÍGUEZ SOBRE EL PLACER DEL CELULOIDE Y LA NECESIDAD DE SER MODERNOS

jagb 31/10/2009 @ 12:52

“Uno tiene que asumir ser moderno, no quedarse atrás. A mí me encanta la moviola porque no siento nada más rico que ver el material, tenerlo en las manos y manipularlo. Tanto en el vídeo como en el digital se trabaja con una abstracción, porque solo se ve en un monitor y es una cinta carmelita. Añoro la moviola. Me he pasado veinticuatro horas frente a ella, pero en estos tiempos no lo haría. Todavía puedo trabajar unas diez horas con frescura. Algunas veces hasta he editado varias películas simultáneamente. Cuando empezó el vídeo tenía una serie de torpezas para la edición de imágenes y, sobre todo, del sonido. Para rehacer un trabajo había que hacer una nueva versión, y aquello se convertía en algo que ni se veía, después de sucesivas copias.

El AVID se parece más a la moviola porque no es lineal, y se puede abrir y cerrar y hacer lo que uno quiera, con la ventaja además de que se trabaja con mayor rapidez. Si realicé la proeza de editar en moviola “Tiempo de morir”, en tres días por condiciones específicas, la película de Marcos Loayza, “Escrito en el agua”, la edité también en tres días en AVID en Buenos Aires. En un segundo se marca y se corta, más con la seguridad que tiene uno. Prácticamente, hago un corte definitorio desde la primera vuelta. Por producción, trabajar en estas máquinas reduce mucho los costos.

Existe un problema con las tecnologías modernas. Los jóvenes que saben mucho de computación le pueden entrar muy fácil al AVID, pero lo del cine es más complejo, porque si no tienes la experiencia y una cultura cinematográfica, estás frito. Resulta mucho más fácil trabajar en AVID que en moviola, es como cuando uno aprende a manejar un carro, hasta que no domina la cosa mecánica de los pies y las manos, uno no se puede concentrar en la carretera, eso pasa en la moviola. En el AVID no es así: es apretar teclitas, pegar un pedacito de plano con otro, lo miden por un cuentamillas y dicen qué tiempo le van a dar, sin mirar el plano en realidad. Los planos tienen un movimiento interno. Como lo hacen tanto, acaban en menos de tres días. Y si ven algo raro, deciden hacer una disolvencia o algún fundido, lo cual suaviza el corte. Así cualquiera edita, pero eso no es editar, eso es pegar planos” (Nelson Rodríguez, editor).

Tomado del libro “A Contraluz”, de Luciano Castillo, editado por la Editorial Oriente (Santiago de Cuba, 2005), pp 94-95.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (2)

jagb 30/10/2009 @ 19:35

Alguien debe contar la historia del Taller de Partes y Piezas, situado en 25 esquina a 10 en el Vedado, donde se fabricaba todo, desde un mecanismo de "cruz de malta" para los proyectores, hasta el cromado duro de carretes dentados para todo tipo de equipo de cine. Quiero mencionar dentro de este taller a dos que me fueron muy cercanos y queridos amigos y compañeros: René Calichs, y Alberto Ramos. Calichs, o como lo conocían casi todos, "Caliche", era una persona con manos de oro. Podía reproducir cualquier equipo mecánico idéntico a su original.

Dos anécdotas: Cuando llegó a Cuba el equipo de filmación de "Soy Cuba", traían una sola cámara, la en aquel entonces innovadora "ECLAIR", pero tenía un defecto: Cada vez que se quería utilizar la cámara en un cierto ángulo, el motor se trababa. René Calichs fue el único capaz de reparar ese defecto de la cámara, según brinda testimonio uno de los operadores de cámara de la película, Alexander "Sasha" Calzatti. En otra ocasión, y para participar en un equipo de pesca de la aguja, en el Torneo Ernest Hemingway, Calichs pidió prestado un costoso carrete de pesca marca "Penn". Al terminar el torneo, el dueño vino al taller a recoger su carrete, y Calichs lo recibió con dos carretes sobre la mesa, y le dijo, escoge cuál es el tuyo... Hubo que buscar el nombre estampado de fábrica, para identificar el original, ya que el que Calichs había construído, era absolutamente idéntico...

Con talentos como ese, y la pasión de lograr que el Cine Cubano creciera y prosperara, los técnicos y mecánicos del Taller de Partes y Piezas jugaron un importante papel en mantener todo funcionando durante años...

En los laboratorios existía otro grupo de mecánicos-artesanos-técnicos, que reunían en si mismos todas estas características, y que resolvieron no pocos problemas técnicos para mantener los laboratorios funcionando...

Digo los laboratorios, y aprovecho para mencionar otro, además de Cubanacán y el del Noticiero, o de "Tuto". Se trata de "Telecolor". Telecolor era el nombre de la empresa de Gaspar Pumarejo que introdujo en Cuba la primera emisora de TV en colores en Latinoamérica: Canal 12 de TV, en 1958. Al nacionalizarse todas las instalaciones de las empresas de Pumarejo, queda en manos del ICAIC un laboratorio y pequeño estudio, situado a la entrada del "Bosque de La Habana", conocido por las actuales generaciones como "Parque Almendares".

Esta instalación tenía máquinas para procesar película de 16mm solamente, en blanco-y-negro y en colores. Las máquinas fueron modificadas y adaptadas para trabajar con el sistema de negativo y positivo, para cine en 16mm, y fue la base de apoyo fundamental a los planes de "Cine-Móviles" que llevaron la maravilla de la imagen en movimiento a todas partes del archipiélago cubano, desde el pueblito de "Los Mulos" en la Sierra Maestra (¿Recuerdan el documental "Por Primera Vez"?), hasta los barcos de pescadores en los mares alrededor de Cuba. Hay que recordar a los lectores más jóvenes que no existía video en formatos portátiles (cassettes) en esa época...

Todas esas modificaciones y adaptaciones, así como la operación de ese laboratorio de 16mm, que todos siguieron llamando "Telecolor" estuvieron en manos de los mecánicos y técnicos del ICAIC. Gente como Neno Alba, Antonio Alpízar, Oscar Nager, Asterio Clemente, otros más, cuya labor fue igual de importante, pero cuyo nombre se me escapa... Y los que operaban el laboratorio, desde la directora, María Estrabao, hasta los operarios Mario Fraga, Blas Mora, Gabriel Aparicio, José Piña, Arnaldo Galeano, Freddy Figueroa, Rosita, la esposa de Alpízar, y aquellos cuyos nombres se me siguen escapando...

Escribir toda esta historia, que yo viví durante 30 años, y la parte que escuché de labios de los que llevaban 10 ó 12 años más que yo en el ICAIC, solamente de memoria no resulta fácil, y el resultado no es justo. Esta historia requiere investigación y recopilación, porque es parte de la historia del Cine Cubano, y no solo basta con hacer una recopilación de las películas producidas, ni de los artistas que las realizaron, sino que se necesita conocer más de todo el esfuerzo de la industria "invisible" y de los trabajadores "anónimos" que también las hicieron posible, para poder hablar de una Historia del Cine Cubano...

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de los laboratorios del ICAIC 1972-2002)Actualmente químico de los Laboratorios Technicolor en New York.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC

jagb 30/10/2009 @ 12:55

Querido amigo Juany:

Trato siempre de mantenerme al tanto de lo que se publica en tu "blog", que es nuestro "blog", La Pupila Insomne.

Mi compadre (en todos los sentidos de la palabra) Jorge Pucheux, me ha puesto "pie forzado" para contar historias sobre lo que él llama muy románticamente "Los Guerreros y Custodios Tecnológicos del Cine Cubano".

Verdaderamente, hay muchas historias que contar, muchas ricas anécdotas. Y no pocas tienen que ver con la parte oculta, menos "glamorosa" de hacer cine, que es la parte industrial y de apoyo tecnológico a la realización de una obra cinematográfica, es decir, los laboratorios, trucaje, animación...

Y romántica es la historia, pues la dedicación, el entusiasmo y el compromiso de todos los que trabajamos alguna vez en la parte industrial del Cine Cubano, solo son comparables a un romance con la idea de hacer cine y de ser parte del proyecto cultural del ICAIC.

Jorge (Pucheux, o Pucho, como le llamamos muchos con cariño) comienza hablando de Tuto, Restituto Fernández Laza, quien es toda una leyenda en la historia del Cine Cubano. Su laboratorio de la Calle Trocadero, construido por él mismo, y del cual no queda sino el testimonio de la memoria de los que allí trabajaron y los que le conocieron, pues no recuerdo haber visto nunca fotos ni filmaciones de cómo era el lugar. La leyenda cuenta que Tuto aprendió de otros laboratorios, y de manera autodidacta, leyendo revistas y manuales del giro cinematográfico, hasta que montó su propia empresa de producción y revelado e impresión de un noticiero. Y cuando se funda el ICAIC, allí está Tuto, ofreciéndole al recién creado Noticiero ICAIC su laboratorio, y sus servicios, para producir el Noticiero, y así lo hizo hasta su muerte.

A principios de los años 60 en los terrenos de Cubanacán, alrededor del "Foro" o estudio sonoro de filmación se comienzan a establecer los distintos departamentos de apoyo técnico a la filmación, y en una casa, que había sido originalmente de oficinas de producción, se monta el primer laboratorio creado por el ICAIC, utilizando algunos equipos que se habían intervenido y nacionalizado de empresas privadas, como la de Manolo Alonso.

Allí se construyó también el edificio de Trucaje, que incluso se terminó alrededor de la Mesa de Animación Oxberry, ya que debido al "embargo", conocido por todos nosotros como bloqueo, las empresas norteamericanas no podría realizar negocios con Cuba. Pero la empresa Oxberry, a la cual ya se habían comprado los equipos de Proyección de Fondos, Mesa de Animación, e Impresor Optico o "Truca", encontró la forma de enviar a sus técnicos para el montaje de los equipos, aún sin terminar el edificio, pues no podían esperar.

Los primeros técnicos en operar las máquinas del laboratorio eran gente proveniente de las pocas pequeñas empresas privadas que hacían "cine" en Cuba: Noticieros, Cinerevistas, cortos humorísticos y publicidad, así como del mundo de la fotografía comercial, fundamentalmente. Ahí estaban Moisés Hernández, Angel Rego Bagarotti, José Martínez Temes (Pepe el Calvo), Tony Hernández, Diego Valenzuela, Nicolás Chao, Alejandro Carrillo, Miguel Azpéitia, Francisco Fábregas, y otros muchos que mi memoria recuerda, pero no logro casar los nombres correctos (les pido mil disculpas, pero esta "descarga" es a memoria, sin investigación ni consulta).

Pero el ICAIC, como proyecto cultural de mayor alcance y perspectiva, necesitaba formar cuadros técnicos que pudieran llevar a realidad, con calidad, los proyectos del cine como obra de arte, y alrededor de 1963-1964 se organiza el primer curso de formación de técnicos, con ayuda de especialistas e ingenieros provenientes de Checoslovaquia (que en esa época era todavía un solo país). Carlos Bequet, Eliovel Castellanos y Oscar Vázquez formaron parte de ese grupo.

La capacitación de cuadros técnicos y profesionales fue siempre una preocupación en el ICAIC. Una de las características que diferencian nuestra fuerza laboral, de las de otros países, es el profesionalismo y preparación de nuestros técnicos.

El Laboratorio de Cubanacán se fue ampliando con equipos adquiridos junto con los equipos ópticos de Oxberry (la máquina Houston "Spray"), y otros equipos que se fueron recuperando de las empresas nacionalizadas (la máquina "Unión" de revelado, impresoras Bell & Howell modelo 'C', etc.). En el edificio del laboratorio se instaló la "Truca", y se montaron salas de proyección (para el control de la calidad del producto) y un estudio de sonido, dirigido por el Ingeniero Eugenio Vesa.

Los ingeniosos técnicos y mecánicos que lograron ensamblar todos aquellos equipos, y mantenerlos funcionando sin suministro de piezas adecuadas merecen capítulo aparte.

Eso viene en próximo mensaje...

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de laboratorio en el ICAIC, 1972-2002. Hoy trabajando en Technicolor, en New York)

PENSANDO EN SADE

jagb 29/10/2009 @ 22:06

Mi querido Don Caballero Vila:

No vayas a interpretar esto como una réplica al comentario que colgaste a propósito del post sobre el texto de Luciano y el “cine” porno en Cuba, porque no lo es. Se trata tan solo de una reflexión. O tal vez una provocación intelectual de esas que te fascinan. Pero no más.

Puedo entender la indignación cinéfila que se adivina detrás de tu comentario. La puedo entender, y hasta compartir los reparos a llamar “cine” a ese conjunto de imágenes que podrían proponerse a partir de un slogan único: “todos los caminos conducen a la misma cama”. Sin embargo, también tengo la impresión de que entre nosotros dos jamás podría desarrollarse una buena polémica alrededor del tema, debido a ese argumento tan convincente que deslizas en tu comentario: no hemos visto nada, o casi nada, de este fenómeno; luego, ¿cómo puede legitimarse o descalificar algo que no se conoce, que no se ha investigado a fondo?

De lo anterior deduzco que hay más prejuicios que argumentos en tu comentario. En este caso, no prejuicios “morales” (que son los peores), sino prejuicios de un espectador “ilustrado” que ha visto buen cine, y que a partir de esos parámetros canoniza todo aquello que merece ser llamado “cine” o no. No es una crítica personal, pues al final yo participo de la misma práctica legitimadora y/o excluyente: creo que eso es un sesgo del cual no se salva nadie; medimos todo a partir de los que nos ha tocado en vida experimentar; nuestro placer termina siendo la medida de las cosas. De acuerdo; ver la pericia de tu admirado Stanley Kubrick a la hora de filmar la orgía de “Eyes Wide Shut”, o incluso la escandalosa sutileza de “Lolita”, es una lección magistral de lo que se pierde el “cine para adultos” en eso de excitar de verdad la imaginación; pero, ¿crees que todo el mundo pueda ser Kubrick o quiera imitarlo?

Ahora bien, lo que me interesa de la investigación de Luciano (y creo que a él también), no es el imposible encumbramiento estético de un ajetreo físico que nunca ha pretendido ser “arte”. Lo importante de todo esto radica en la posibilidad de acceder a un mundo que forma parte de la realidad, y que hasta ahora ha estado “enterrado” sobre todo por prejuicios morales. Y en realidad, el fenómeno (entiéndase producción, distribución, consumo) en modo alguno es sencillo de entender, o si no, pueden leerse algunos de los textos que les han dedicado al tema estudiosos como Roman Gubern o Umberto Eco. Dicho de otro modo: el problema del “cine de relajo”, si se estudia con rigor, podría devenir una fuente insospechada de conclusiones académicas serias (¿o es que Mañach no nos demostró con su disertación sobre “el choteo” que eso es posible?); no para hacer apología gratuita del porno, sino para “desmontar” todos sus artificios, y ver qué hay en el reverso de la moneda. Tú eres escritor: sabes que “detrás de la representación” sobreviven los pequeños y grandes dramas existenciales. De allí que una película como “Boogie Nights”, de Paul Thomas Anderson me parezca tan reveladora de los entretelones de este mundo.

Ahora, como ya te dije antes, nada de lo que te apunto aquí tiene interés de convertirse en el inicio de un debate para el cual no me siento preparado. Dejemos eso a los teóricos que hurgan en el asunto. En todo caso, y como disfruto muchísimo esa erudición cinéfila a la que sabes sacarle suculentas lascas, me despido con la referencia a una película que seguro viste en su momento: “Quills” (2001), de Philip Kaufman, y que como sabes, habla de los últimos años del polémico Marqués de Sade.

Hay allí un bocadillo que a mí me parece genial, pues desarma de un modo contundente la aparente fortaleza de aquellos que se oponen a someter a debate sus convicciones, porque creen tener la verdad absoluta en sus manos (sé que no es tu caso). Seguramente recuerdas la escena. El personaje de Joaquin Phoenix le censura a Sade sus actitudes y escritos, y este último (sabiéndose en una posición inferior de poder) no puede menos que soltarle esta simple pregunta: “¿Tan frágiles son vuestros argumentos que no resisten oposición?”.

Juan Antonio García Borrero

FRANCIS SÁNCHEZ SOBRE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL, EL CINE

jagb 29/10/2009 @ 20:22

BUSCÁNDONOS EN LA LIGA CUBANA DE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL Y EL CINE
Por Francis Sánchez

Envié este correo originalmente a un amigo; ahora, para publicarlo como lo que es, apenas un correo, sólo donde decía su nombre pongo "amigo", respetuosamente, y no porque él me lo haya pedido. Sea mi pequeña contribución a desandar con buen pie el camino de la polémica que empezó cuando en el Noticiero Nacional de Televisión, al quitarle un jonrón a Kendry Morales, se intentó hacer realidad una vez más la antiutopía de la novela 1984: cortar y reeditar la realidad y el pasado a conveniencia como se censura una cinta de celuloide.

Amigo, ahora te comento, de paso, que he lamentado mucho la polémica entre Ian Padrón y mi hermano Félix Sánchez. Ha sido, por último, como ver a dos grandes amigos, precisamente a dos hermanos, fajarse, a pesar de que no conozco a Ian, como tampoco lo conoce Félix. Pero es que se trata de dos personas honestas, valientes, éticamente expuestos o abiertos, ambos creadores auténticos, ambos en defensa de la misma verdad que nos consume y sufrientes de la misma agonía en que nos debatimos los individuos con conciencia histórica en medio de la estructura de la mentira.

Están del mismo lado, defienden lo mismo en esencia. Yo tengo el documental "Fuera de Liga" grabado en un disco que le presto a mis amigos siempre que quiero hacerles un buen regalo, incluso Félix y yo lo disfrutamos muchísimo juntos, como una de esas oxigenaciones que hacen falta para seguir creyendo que por el túnel que caminamos se llega a alguna salida al mundo, a la luz. No hay que ser industrialista, como de hecho yo no lo soy, para simpatizar con el narrador de "Fuera de Liga" y con sus personajes reales, porque se trata del mismo drama de un personaje en busca de un autor, somos del mismo reparto de personajes de la vida real cubana, los de abajo, los de adentro --este interior incluye, por supuesto, también lo "provinciano" en antítesis del encéfalo metropolitano en una sociedad centralizada no sólo retóricamente--, sufrimos el mismo conflicto, la resistencia y rebeldía contra la mentira encarnada en un autor ficticio e invisible que nos hace agonizar dejándonos sin las palabras y actos de una vida propia.

Decir, actuar, ser, para nosotros, por muy parciales o diversas marcas que podamos adoptar, significa el mismo dolor de parto. El muchacho fan de industriales está para mí, junto con la muchacha curiosa de "Buscándote, Habana" (que tampoco la conozco, y falta no me hace para sentir que es mi hermana), el realizador inquisitivo y humanista del documental "De Buzos, leones y tanqueros", etc., en el altar de la familia, en el botecito para salvarnos del naufragio diario y del otro. Héroes populares como los peloteros, mendigos criminalizados, todos y nadies o ningunos, en fin, las voces de
estas obras, como las de la narrativa de Félix, son presencias de la misma sangre necesitada de fluir.

Esta polémica habrá agradado sólo a comisarios que están apostando a que el intelectual cubano --su criterio y su potestad-- se desangre en luchas intestinas, esos que reparten computadoras incluso con la misión de crear el chanchullo donde se atomicen las ideas fuertes. Abogo por la cordialidad, sino la amistad, de Ian y Félix. A esta altura del "debate", digamos la "pelea" sólo en alusión a las facilidades de la infancia, creo que no hace falta saber quién dio primero, quién se equivocó primero, pues evidentemente todo ha resultado consecuencia de errores y equívocos de parte y parte, y ya ambos lo han reconocido. Lo demás, entre ellos, es la pelusa de la contrapelusa, estériles postrimerías del juego que llevarían a perder el rumbo de la VERDAD: lo que más les importa a ellos por separado, así como lo más perentorio para quienes de conjunto los admiramos
y estamos atentos a sus obras. Incluso creo que Félix le dio un tratamiento muy respetuoso a Julia Osendi, que después no se mantuvo en los ecos de su artículo, porque no hay que ser extraterrestre para tener la visión general de que "el problema" es mayor y dentro del "cuadro" de las víctimas pueden estar muy apretaditos quienes a veces creen lo contrario.

Félix y yo, más de una vez hemos compartido la idea de que Julita Osendi nos parece –tampoco la conocemos-- lo más digno dentro de ese repertorio nacional tan lamentable que es la narración y el comentario deportivo. Una mujer a la que los ideólogos del machismo político le impidieron convertirse en narradora deportiva y alguien que ha mantenido criterios muy personales cuando otros bailan la conga del disparate. Repito: se trata de pareceres, impresiones o funciones sociales, pues saldos y experiencias podrán haber infinitas, en definitiva ni yo ni Félix conocemos personalmente a unos u otros. Así que no se trata de ir contra las personas, pienso yo, sino contra la estructura del poder deformador.

Félix no necesita que nadie hable por él, demostrado lo tiene. Pero si te escribo, amigo, este mensaje, y te autorizo a hacerlo llegar a donde sea que haga bien, es porque no sólo hablo a nombre de Félix, con quien he compartido estas angustias, sino de mí y de todos los "otros" que estamos en juego, con los que me siento identificado, todos los que vamos a pie por este camino largo largo que es Cuba.

Un abrazo.

Francis Sánchez

PUCHEUX SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL CINE CUBANO

jagb 29/10/2009 @ 13:06

SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL CINE CUBANO.

Por Jorge Pucheux.

Lo máximo es lo que sentimos cuando estamos tranquilos con nosotros mismos, no tengo dudas al respecto.

Lo he comprobado cada vez que en un pequeño espacio de tiempo he escrito alguna anécdota o recuerdo vivido en más de 45 años de trabajo en el Cine cubano. Me he sentido bien, primero porque he soltado momentos de mi vida profesional que ya comenzaban a arañarme el alma y segundo porque también he podido saberme útil de alguna manera. Cada escrito que le he enviado al amigo Juany ha salido realmente de mis vivencias y sobre todo de mi preocupación porque estas pequeñas historias o relatos no se queden en el olvido. ¿Quien si no, las podría contar? ¿Cómo las podría contar?

Sí, muchísimas personas, periodistas, críticos, investigadores del cine, etc…, pero estos jamás se dieron un paseo por el interior de los Estudios, de los Laboratorios, de los distintos departamentos, por ejemplo, que conformaban Cubanacán. Realmente nunca conocieron a los hombres y mujeres que trabajaron allí y permitieron que aún cayendo raíles de punta, el cine cubano siguiera su desarrollo como si nada. ¿Quién conoce a estos compañeros? Solo unos pocos especialistas pasaron por la casita de los custodios de Cubanacán.

Una vez más me siento en la necesidad de hablar de ellos, aunque solamente sea para mencionar sus nombres. Sólo así, imagino que pudieran quedar en la otra, nueva, diferente, futura historia del cine cubano. Me siento con una deuda hacia ellos.

Comenzaré mencionando a Tuto y a Rosalina, allá en su Laboratorio en la populosa Habana de aquellos años. Recuerdo a Tuto trabajando en el revelado de los primeros Noticieros Icaic, en unas máquinas de revelado que ya para entonces eran reliquias de la historia del cine, pero no por eso inservibles. Tuto, subiendo y bajando cuerdas amarradas a los rodillos y elevadores de las máquinas, derramando las químicas de revelar en los oxidados tanques de revelado, lograba obtener imágenes increíbles que a veces competían con el Laboratorio blanco y negro de Cubanacán para envidia de muchos. Y qué decir de Rosa, hasta altas horas de la madrugada cortando los negativos según la copia de trabajo del Noticiero semanal para tenerlo listo para su exhibición cada jueves de cada semana. Luego, ya nunca mas se habló de Tuto, dicen que desapareció en una tramposa Disolvencia

Otra instalación con mucha historia también fue el Laboratorio de Cubanacán. Allí se formaron los mejores técnicos y especialistas de revelados, impresiones, duplicaciones, corte de negativos, revisiones de copias, etc. Durante muchos años estuvieron a la cabeza de estas actividades, solo que en blanco y negro, pues durante todos esos años, el ICAIC enviaba a España todo lo que fuera Color. Recuerdo ahora a algunos amigos que eran piedras angulares de aquella actividad: Pedro Luis Hernández, Tony Hernández, el viejo Alba, Moisés Hernández, Ángel Rego en las máquinas de revelar, Diego Valenzuela, el chino Chao, Dernis, y otros en Revisión, Pepe Martínez, el calvo, en Impresión, Margarita en Corte de negativo junto a Charito, Oscar Vázquez, Carlos Bequet, Ibis Luis, José Lufrío en tecnología y Producción, Milton Macedas, Fidelina y Carrillo en Corrección de luces.

Fueron ellos realmente los guerreros y custodios tecnológicos del cine cubano de la época. Quizás me falten otros, la memoria es cruel, no obstante ellos también estuvieron ahí.

Los años dieron saltos inmensos y de pronto estábamos ya inaugurando el Laboratorio de Color.

Los cargos más importantes, las nuevas plazas técnicas, muchos de estos compañeros pasaron a ocuparlas: la experiencia era entonces determinante en tanto todos aprendíamos del Color.

De Cubanacán al Nuevo Vedado, fue un gran salto y no solo tecnológico, sino también de logística, de productividad, de tiempo, pues para entonces la comunicación de las distintas Producciones con el centro de revelado, el Laboratorio, era mucho más fácil y directa, ya no se tenía que ir a Cubanacán a 20 Kms de la ciudad y del ICAIC.

Mi querida Truca estuvo en todas esas andanzas y por ende yo también. Para mi ambos Laboratorios fueron mi casa y ellos todos, mi gran familia. Creo que ya, al cabo de tanto tiempo, fue el concepto de team lo que nos permitió a todos lograr también una verdadera industria de cine, a pesar de los destanteos, la burocracia, las ineptitudes, las mediocridades, sobre todo en aquellos años siempre tormentosos.

Por ahí andan mucho más jóvenes que este servidor, Llufrío en Tecnicolor Nueva York, Carlos Bequet en lo mismo en Brasil, que bien pudieran seguir agregando historias de esa parte del Cine cubano que nadie conoce.

FAUSTO CANEL SOBRE JOE MASSOT, CO-DIRECTOR DE "CARNAVAL"

jagb 28/10/2009 @ 13:54

EL INEFABLE JOE MASSOT
por Fausto Canel

Joseph Massot nació en Nueva York, en una familia de emigrantes cubanos. Su madre era hermana de Waldo Medina, un juez muy popular en La Habana de los cincuenta por su ayuda jurídica a los amenazados de desalojo por no pagar los alquileres de sus viviendas.

Al triunfo de la Revolución, el juez Medina fue nombrado jefe del Departamento Legal del INRA, entonces verdadero centro del poder en Cuba. Para mayo de 1959, su sobrino Joe Massot comenzó a trabajar en el ICAIC.

Por aquella época, el grupo Teatro Estudio seguía de cerca las enseñanzas de Stanislavski y entre los cinéfilos el director Stanley Kubrick era admirado por dos de sus éxitos primeros: “Casta de Malditos” (The killing) y “Senderos de gloria” (Path of glory). Joe llegó diciendo que había estudiado a Stanislavski en el Actor’s Studio de Nueva York y que había sido, además, editor de Kubrick. Y nosotros se le creímos.

Para el 26 de julio de 1959, Fidel Castro invitó al ex-presidente de México, Lázaro Cárdenas, artífice de la reforma agraria en su país. La presencia de Cárdenas en la Plaza de la Revolución quería garantizar internacionalmente que la reforma agraria cubana no tenía intenciones comunistas, como alegaban sus críticos.

Alfredo Guevara, presidente del ICAIC, ordenó filmar una nota periodística para proyectarla en México dentro de las revistas cinematográficas de su amigo, el productor Barbachano Ponce. Pero hacía falta un editor que hiciese un buen trabajo rápido. ¿No había sido Joe Massot editor de Kubrick?

Sin amedrentarse por tan inesperado encargo, Joe recurrió a sus contactos habaneros. En el ICAIC había conocido a Guillermo Cabrera Infante y a través de Guillermo había frecuentado a Sábá, su hermano, editor en un noticiero de televisión. Joe le pidió el favor y Sabá le montó la noticia, jurando que nunca nadie se enteraría de la verdad.

Para finales de año, Joe Massot ya había conseguido que Guevara le asignase la dirección de un documental sobre el carnaval de La Habana. Con su enorme talento para engatusar, Massot consiguió que el presupuesto implicase filmar en 35mm y en color, algo nunca visto en el ICAIC. Y también que los rushes se enviasen diariamente al laboratorio De Luxe de Nueva York, donde, por supuesto, Joe decía conocer a los responsables. Naturalmente, como antiguo “editor de Kubrick”, Massot se encargaría personalmente de supervisar el corte del negativo. Pero le faltaba un detalle, ¿quién iba realmente a dirigir la película?

Ya yo había realizado un par de documentales, que a Joe le habían gustado, y su ofrecimiento fue el siguiente. “Tú diriges la cámara y yo me concentro en los actores”, me dijo. No en balde venía de “estudiar” en el Actor’s Studio. El guión lo escribiríamos entre los dos y ambos firmaríamos la película. Debo confesar que jamás me hubiese atrevido, con tan poca experiencia, pedir un presupuesto tan alto para dirigir un corto. La calle newyorkina le había enseñado a Joe que la suerte no se espera, sino que se crea.

Comenzamos el rodaje con la escena ante el Capitolio ---y con Minervino Rojas, director de fotografía, y Arturo Agramonte, (“Camaguey”), operador de cámara, decidí el primer encuadre. Entonces Joe vino corriendo hacia mi, furioso, y me grito que él tenia un mejor encuadre. Cuando me lo describió, le dije que no era bueno, que mejor… Pero no me dejó terminar. Sacando la pistola 45 que le había regalado su tío, exclamó: “La cámara va donde he dicho que va la cámara” ---y me apuntó al vientre. Aterrorizada, la protagonista del corto (Norma Martínez) se echó a llorar y yo la acompañé hasta el carro de producción, estacionado media cuadra más lejos. “Carnaval” no es un western como para dirigirlo a tiros, me dije, cuidándome muy mucho de no mirar para atrás ni de reojo.

Al rato vino Joe y sin decir palabra me tendió el visor que le colgaba del cuello, instrumento que los directores utilizan para visualizar los encuadres ---oscuro (era negro) objeto simbólico de su renovado deseo de respetar el acuerdo previo. Luego me enteré que Minervino y “Camaguey” le habían explicado por qué mi encuadre era mejor que el suyo. Y nunca más interfirió en mi trabajo y yo tampoco me inmiscuí en el suyo. Juntos editamos el corto con la ayuda esencial de Jomi Garcia Ascot, y cuando terminamos, Joe se marchó a Nueva York como previsto.

De ese viaje me trajo de regalo un disco con la banda sonora de “Ascensor para el cadalso” ---improvisada a la trompeta por Miles Davis ante las hermosas imágenes de la película de Louis Malle.

Joe Massot haría otro corto en el ICAIC, “Made in USA”, en colaboración con el joven escritor estadounidense Marc Schleifer. Para producirlo siguió el mismo proceso que utilizó conmigo. Consiguió que el ICAIC le asignase un presupuesto y enseguida se lo propuso a Schleifer, quien le escribió el guión y la narración. Luego escogió el editor que le haría el trabajo. El resultado fue un montaje muy efectivo de imágenes de la guerra en Vietnam, conflicto que para finales de 1960 ya comenzaba a ser divisivo dentro la sociedad estadounidense. Una vez más Joe Massot demostraba su capacidad como identificador de talentos, organizador y catalizador de proyectos: en una palabra, como productor en la mejor tradición del cine estadounidense.

Un día de 1961, después de Girón y de su trabajo como asistente de dirección en “El joven rebelde”, Joe me dijo: “Me voy”. “A dónde”, le pregunté, pensando que se levantaría de su banqueta y se marcharía de sopetón del bar del Capri en el que nos tomábamos un trago. “A Canadá”, me respondió. “Mañana, en un avión de carga… Clandestino… Ya quedé con el piloto aquí mismo en el hotel.”

Semanas más tarde recibí una postal de Nueva York, contándome su regreso subrepticio a USA a través de la frontera en las cataratas del Niágara. Varios meses después me volvió a enviar una postal, esta vez de Ibiza, la capital entonces de los hippies en Europa. Había cruzado el Atlántico en el velero de un amigo, ayudándole en las faenas del barco. Agregaba una dirección en Londres.

En diciembre de 1962, cuando viajé a Francia a participar en el Festival de Tours, le escribí a la dirección londinense. Varios días más tarde tocaron a la puerta de mi hotel en Paris. Era Joe. Venía elegantemente vestido con pantalones de cuero y un Shetland blanco de cuello alto, cubriéndose hasta los tobillos con un abrigo de piel vuelta blanco. El encuentro fue como si nunca se hubiese interrumpido nuestra conversación en el bar del Capri.

Joe pasaba por Paris a verme, antes de bajar con un amigo inglés a Algeciras, España, desde dónde cogerían un ferry para cruzar el Jaguar del amigo a Marruecos, a comprar hachís y luego subirlo de vuelta a Londres. No mucha cantidad, apenas lo suficiente para ir tirando mientras conseguía hacer cine. Massot estaba decidido a hacer cine en Inglaterra ---y como siempre, lo lograría. Años más tarde, Pablo Armando Fernández, que en la época era agregado cultural en la embajada de Cuba en Londres, me contó exactamente cómo lo logró.

Joe empezó por pedirle a Pablo Armando que le prestase una copia de “Suite Yoruba”, un corto de José Massip que había ganado el Primer Premio de Leipsig en 1962. Copia en mano, y sin que Pablo Armando lo supiese, Joseph Massot se concentró en visitar a cuanto productor pudo contactar, mostrándole la película como si fuese suya y explicando que si la había firmado como José Massip y no como José Massot, fue para despistar al FBI, que perseguían a los estadounidenses que había trabajado para el castrismo.

La triquiñuela le salió bien y ya para finales de 1964, Joe escribe y dirige “Don´t look like a Lord´s son” (No parezcas el hijo de un Lord), un episodio de la serie “Six” para la televisión.

1966 fue clave para Joe Massot. Ese año consiguió dirigir “Reflexiones sobre el amor”, un corto sobre el matrimonio en el contexto del estilizado y juvenil Swinging London, que fue nominado para representar a Inglaterra en el Festival de Cannes de aquel año. Y es también el momento en que establece lazos de trabajo con Los Beatles, muy particularmente con George Harrison. Ese verano me enviará dinero a Praga para ayudarme a pagar un largo viaje en tren a Londres y es también el año en que viaja a Madrid para conseguir que Guillermo Cabrera Infante venga a trabajar con él en proyectos de largometraje.

Efectivamente, exiliado en España, Cabrera Infante no conseguía trabajo ya que las agencias de publicidad a las que se había ofrecido como copywriter le habían respondido que “no escribía en español”. Al mismo tiempo, el gobierno franquista le negó la residencia, acusándole de “comunista”. La oferta de Joe le cayó del cielo.

En Londres, Guillermo comenzó por escribir “Wonderwall”, un largometraje basado en una historia de Gerard Brach, el guionista de Roman Polanski, y enseguida “The Jam”, una adaptación de “La autopista del sur”, el cuento de Julio Cortazar que el escritor argentino le había cedido con opción de compra, para ayudarle.

“Wonderwall” (1968) será el primer largometraje de Joe Massot. Con su talento para la confección de “paquetes de talentos”, consiguió no sólo a Brach en la historia y a Guillermo en el guión, sino también al gran actor irlandés Jack MacGowran (“Cul-de-Sac”; “El baile de los vampiros”) para protagonizar al excéntrico profesor Collins, quien vive una existencia gris hasta que, ¡oh, hecatombe!, una muy sensual, sexual y joven modelo (Jane Birkin) se muda al apartamento de al lado. También consiguió como Director de Arte a Assheton Gorton (“Blow Up”, de Antonioni; “The knack”, de Richard Lester), y para la música original al mismísimo George Harrison. Y sin embargo, Andrew Braunsberg, el productor, se le acercó un día a Guillermo y le propuso que terminase el film. Nunca supe si su descontento era con Joe o con el trabajo de Joe. Guillermo declinó la oferta y Massot terminó la película. Pero su estreno pasó sin pena ni gloria. Hoy se pueden leer comentarios en IMDB afirmando que se trata de “una maravillosa peliculita, si tienes”, dicen, “la suerte de encontrarla”. (La película se puede comprar on-line en Amazon.com).

Tres años más tarde, Joe, bajo el nombre de Joseph Massot, vende la historia de lo que se convertirá en “Universal Soldier”, un largo de Cy Endfield. Luego venderá a John Barry, músico de las películas de James Bond, los derechos de “The Jam” (El atasco), y con ese dinero se marchará a Hollywood sin informar a Cabrera Infante de la transacción ---ni pagarle su parte del guión. Su objetivo era dirigir un western sicodélico, “Zacharias”, con Bob Dylan como protagonista.

Con duelo de revólveres y de guitarras eléctricas en el Oeste americano, “Zacharias” no era más que una adaptación disfrazada de “Siddhartha”, la novela de Herman Hesse. Y se llegó a realizar, pero con George Englund como director, manteniendo Massot un crédito de co-guionista. De esa época conservo una postal que me envió, todavía lleno de esperanzas, desde el Chateau Mormont, el legendario hotel del Sunset Strip. Poco tiempo después supe que había regresado a Londres.

Pasarán varios años antes de que Joe consiga dirigir una película. En 1976 filma con Peter Clifton “The song remains the same” (La canción sigue siendo la misma), una documental de largometraje sobre un concierto del grupo Led Zeppelin en el Madison Square Garden de Nueva York.

En 1981, gracias de nuevo a sus contactos en el mundo de la música popular, Massot realiza “Dance Craze” (Locos por el baile), otro documental de largometraje, esta vez sobre el movimiento 2-Tone, la llamada "era Ska". La película sigue a varias bandas de este estilo por diversas ciudades de Inglaterra. Luego, en 1984, dirige “Space Riders” (Jinetes del Espacio), un docu-drama protagonizado por Barry Sheene, el ex-campeón de motociclismo: carreras de motos al ritmo del grupo Queen. Películas que una vez más pasan sin pena ni gloria.

Tarde en la tarde de una fría tarde de otoño en Manhattan, 1988, sonó el teléfono en mi apartamento. Era Joe. “Dame la dirección”, me dijo. Media hora más tarde me tocaba a la puerta con una botella de Scotch en la mano. De nuevo fue como si nos hubiéramos visto el día anterior. Mi mujer estaba fuera de Nueva York y yo estaba sólo y nos pasamos conversando y bebiendo hasta bien pasada la media noche.

Joe había venido a ver a su mamá, que no estaba bien de salud, y me contó cosas de su vida personal y me avanzó que tenía dos proyectos en mente: viajar a Miami a tratar de convencer a Gloria Estafan y al Miami Sound Machine para que le dejaran filmar un concierto y después irse a Washington a tratar de conseguir el apoyo del gobierno americano para producir una radio miniatura de onda corta. El aparato estaría provisto de una célula foto-activa que se cargaría durante el día con la luz del sol, para que pudiese ser utilizada de noche sin necesidad de pilas o electricidad. Joe pensaba que podía ser muy útil en las guerras africanas o centro americanas. Que yo sepa, ninguno de los dos proyectos se llevaron a cabo.

Después de aquella noche en Nueva York, nunca más he vuelto a saber de Joe Massot. Me dicen que sigue viviendo en Londres, cerca de los hijos que tuvo de varios matrimonios. Lo triste es que se empeñó en ser director ---aunque fuese a punta de pistola--- cuando muy bien hubiese podido ser uno de los más exitosos producers de su generación.

LUCIANO CASTILLO SOBRE EL CINE PORNO EN CUBA

jagb 27/10/2009 @ 13:33

Me entero tarde de la mención especial recibida por Luciano Castillo en el Premio de Ensayo “José Juan Arrom ‘2009”, convocado por la revista La Gaceta de Cuba con el objetivo de promover los estudios sobre el arte y la literatura cubanos.

El texto presentado por Luciano forma parte de ese texto mayor que, una vez que se publique (y será pronto), está llamado a convertirse en una referencia insoslayable para todo estudioso del cine nacional: hablo de la “Cronología del cine cubano” (co-escrita junto a Arturo Agramonte), actualizada y sensiblemente aumentada.

El otro día comentábamos aquí la ausencia de estudios o investigaciones que nos aproximaran críticamente a esa producción pornográfica que existió en la Cuba pre-revolucionaria, y que pudiese dar pie a una buena disertación académica. Como para confirmarnos que le sobra todo eso que un investigador lúcido debe tener (amor a la búsqueda de la verdad, por encima de los prejuicios que paralizan), Luciano nos regala un texto lleno de revelaciones inéditas, el cual será publicado íntegramente en la revista que convocó el concurso.

Mientras llegue ese momento, disfruten de un brevísimo fragmento de la investigación. Es toda una primicia que debo agradecer doblemente, conociendo la “blogofobia” crónica y empedernida de Luciano Castillo, mi maestro.

Juan Antonio García Borrero

EL CINE CUBANO EN CUEROS (Fragmento)
Por Luciano Castillo

El título podría aludir a la progresiva desnudez del cine cubano en los años 50. Como en un revelador strip-tease, al ritmo frenético de una rumba o con la cadencia de un bolero, era sucesivamente despojado de presupuestos, de técnicos (contratados solo para coproducciones) y de artistas (asimilados por la televisión y la radio, cuando no partían hacia otros destinos más promisorios). La supuesta protección estatal —el fantasmagórico Instituto Nacional para el Fomento de la Industria Cinematográfica Cubana— apenas alcanzaba para cubrir su esqueleto. Abordaremos, sin embargo, un tema que si bien soslayado durante mucho tiempo, no puede dársele la espalda: el cine cubano filmado con personas en cueros o, de acuerdo al apelativo popular, las películas «de relajo». Afrontar sin el menor prejuicio ni la carga peyorativa del término, nuestro cine pornográfico sin el conocimiento de un solo minuto de material fílmico, conlleva el riesgo de recurrir a fuentes disímiles.

Ephraim Katz, al definir el cine de explotación en su enciclopedia, anota que son películas realizadas con poca o ninguna atención a la calidad o al mérito artístico, y orientadas a un rápido beneficio. Los bajos presupuestos del cine porno, rodado con mucha rapidez y economía de medios, son amortizados de inmediato. Concebido para satisfacer una apetencia humana muy extendida, desde sus ingenuos balbuceos en la etapa silente, este cine siempre tendió a que la consumación del acto sexual visto en pantalla no admitiera la menor duda. No obstante las posiciones «artísticas» de sus participantes, el coito real delante de una cámara era la meta de esta vertiente transgresora del séptimo arte.

La popularidad alcanzada en muy poco tiempo por estas cintas fue abruptamente coartada por la censura. Gaumont y Pathé tuvieron que abandonar la producción de un rubro tan rentable y surgió un mercado clandestino abastecido, en el caso de España, por películas filmadas en Argentina que ya en el primer decenio, mostraban escenas de sexo explícito. Estudiosos de este cine, como el español José Miguel Baquedano, plantean que los cortos de la época muda, «constaban solo de una única escena entre dos, o como mucho tres personas, por la corta duración de la bobina. Solían estar rodados en plano general o medio y la cámara permanecía sin moverse en un aburrido plano fijo». (1)

Por mucho que se especule, siempre resultará difícil precisar con exactitud el inicio de la circulación de este tipo de cine en Cuba desde las primeras décadas del siglo xx. A juicio del profesor e investigador francés Emmanuel Vincenot, idéntica barrera oculta la naturaleza de su producción, fuera local o importada. No puede obviarse la propensión del cubano al chiste de doble sentido, del cual se apropió el teatro vernáculo en innumerables obras. La fogosidad del negrito criollo alentada por la tentadora anatomía de la mulata, vencía al gallego menos dotado para estos lances, según el humor popular, ante todo sobre las tablas de aquel coliseo para hombres solos que fuera el Teatro Alhambra.

NOTA:

1) José Miguel Baquedano: «Sucinta historia del cine X»: www.seronoser.free.fr/laincineradora

YOELXY PILLINER SOBRE LA TV DEL FUTURO

jagb 26/10/2009 @ 23:24

UNA FÓRMULA PARA DESATINOS

Juany:

Ya te había comentado sobre mis limitaciones con el acceso a “La pupila insomne” por razones que no es necesario exponer; sin embargo sabes que trato de colaborar cuando tengo la posibilidad, no solo para el blog, sino en lo personal.

Leí el artículo de Gustavo Arcos sobre la televisión del futuro y quiero dar mis consideraciones al respecto, teniendo en cuenta las agonías y sufrimientos que he tenido que pasar dentro de este medio, sobre todo, desde una visión provinciana.

Para nadie es secreto, y mucho menos novedoso, que la televisión hoy día es la principal fuente de consumo y entretenimiento de muchos televidentes, como no tiene que pedir permiso para acceder a nuestros hogares, ésta ha creado formas y hábitos de vida en la población. Sin embargo, ¿realmente se piensa y se hace una televisión para aquellos que buscan ella el disfrute y su satisfacción? ¿Consideran los que dirigen y realizan programas televisivos que reflejan en la pantalla los intereses y necesidades de ese público que demanda sus servicios?

En el caso de los territorios provinciales y municipales, exceptuando la capital, los telecentros surgieron para dar respuesta a mi segunda interrogante. Pero como casi siempre pasa, no todo arranca bien y de la manera en que se concibe; sucede que se comenten ideas y acciones tan descabelladas como abrir un telecentro o planta de radio, no contar con los recursos materiales mínimos indispensables y no tener cómo llenar los espacios de la programación. Resultado: se llenan esos huecos con novelitas, programas fatuos, banales, kitch y materiales que poco aportan a la formación y educación de ese público, máxime cuando estos dos aspectos son dos de los objetivos básicos de la televisión. Y lo peor del caso es que algunos de estos “programitas”, carentes de valores artísticos y estéticos, se colocan en horarios estelares y son los que, por desgracia, tienen más demanda. Otro de los desatinos de la televisión que sufren los de abajo, es tener que transmitir mesa redonda y noticiero, aún cuando existen dos canales nacionales que se encargan de eso. ¿Acaso no es suficiente la cantidad de horas de transmisión que se le dedica a esos espacios en transmisiones y retransmisiones? ¿Es necesario continuar desperdiciando horas de transmisión en cosas que sabemos que nadie ve porque los tiene en otra frecuencia?

La televisión local o territorial es solamente para esa área o región geográfica, sus realizaciones tienen que ser pensando en las características y necesidades de sus habitantes. ¡Nada tienen que hacer programas comunitarios de poca trascendencia en espacios nacionales! Como también es inadmisible que se conciban “novelitas foráneas” en los canales comunitarios. Los que dirigen la televisión, y específicamente la programación (aquí me incluyo) tenemos que desterrar de la pantalla concepciones como ésta aunque el público no esté de acuerdo. Es algo bien difícil pero no imposible de enfrentar. Considero que la comunidad nos apreciará más tanto más cerca estemos de ellos. Para eso es la televisión comunitaria. Ejemplo clásico (aunque en estructura diferente a los telecentros) es la Televisión Serrana.

Por otra parte, como bien plantea Gustavo Arcos, la televisión tiene que estar a la altura y la dinámica de su época. Aquí entra un aspecto muy esencial: la calidad, no solo de lo que se muestra en pantalla sino de la calidad artística de los que hacen la televisión.

No siempre en los telecentros se cuenta con un personal técnico-artístico y directivos de alta valía. Existen tanto los que no han evolucionado, los involucionados como los que se refugian en las carencias de recursos para elevar la calidad artística. No es menos cierto que la televisión que se realiza en provincia (también la Nacional) adolece de recursos técnicos y financieros; pero me atrevería afirmar que hoy día de lo que más se carece es de imaginación, creatividad. La programación de los telecentros está plagada de revistas y entrevistas; los programas que se realizan son al estilo del carpintero: corta y clava, con el único objetivo de ganarse los frijoles y mantener un status de vida, sin importar que el que está al otro lado necesita de un producto de calidad.

Responsabilidad en ello tienen los que dirigen la televisión (me incluyo a manera de autoflagelo a pesar de mi corta experiencia en el medio). Mas no siempre extirpar o arrancar de cuajo es la mejor manera de saneamiento; sin embargo, en ocasiones, es muy eficaz. Nos evitaríamos tener que desperdiciar tiempo, minutos en pantalla (algo bastante costoso), críticas y respuestas a la población. En lo personal, no temo ser blanco u objeto de ataques si tuviera que dar la cara por algún programa o espacio que no merece gastar tiempo y recursos, sobre todo cundo se conoce que dentro de este medio existen detractores que dificultan los procesos revolucionarios que se proponen. Ya lo dijo el arquitecto holandés Mies Van de Roe, “menos es más” y aquí también vale más tener pocos programas de muy buena factura y calidad a tener que admitir una programación que es una basura.

También el público interno de la televisión es un factor importante. La inyección de sangre joven ayuda a la cura de estos males y a ponernos a tono con las demandas que exige nuestros tiempos. Los jóvenes que dirigimos la televisión o la programación podemos contribuir a quebrantar ese gremio de veteranos –generalmente pocos receptivos al cambio- que presentan muchos de los telecentros. Esto no quiere decir que las desgracias de la pequeña pantalla se deban a estas personas; pero son sobrados los ejemplos de jóvenes impetuosos que se les cortan las alas cuando intentan volar. También es muy cierto que existen voces experimentadas con mente y sangre joven en cualquiera de estos medios muy dispuestos a contribuir con estos tiempos, ya que la televisión necesita que la actividad creativa se mantenga viva y no languidezca.

No cabe dudas que las causas y azares que presenta la televisión está en sus públicos: internos y externos, seguidores y detractores, con sus aciertos y desaciertos, pero que de una forma u otra contribuyen a realizar una televisión de cara o de espalda a los tiempos que hoy se vive. Más o menos siguiendo los pasos de Gustavo, si aspiramos a una televisión del futuro, se necesita que ésta contenga una sencilla fórmula: juventud, experiencia (y viceversa, algo que ya había dicho Juan Almeida y popularizara Farah María) y, sobre todas las cosas, CREATIVIDAD.

Yoelxy Pilliner López

SOBRE LA HISTORIA, LAS FUENTES, Y LOS HISTORIADORES

jagb 26/10/2009 @ 14:26

No quisiera caer en la trampa de las provocaciones que se filtran a través de esos enemigos rumores de siempre, de los mensajitos que se dejan caer en medio de una conversación inocente con un “Por cierto…” entre dramático y misterioso, que ya te anuncia lo que vendrá. En definitiva, no creo ser valiente, pero he querido asumir con nombre y apellidos todo lo que he escrito sobre el cine cubano, y he tratado de argumentar mis ideas DESDE CAMAGÜEY. Podré estar equivocado, pero defiendo el derecho a expresar mis argumentos, y por supuesto, estoy al tanto del derecho ajeno a que me repliquen.

Solo diré algo. Me irrita que uno de los “argumentos” más enérgicos que suelen insinuar algunos de los inconformes con determinadas ideas que he expuesto sobre el cine cubano, es que soy demasiado joven (lo cual ya no es tan cierto), por lo que no puedo entender lo sucedido en “el pasado”. Y esta otra que me regalan a modo de propina: “que no he vivido en el ICAIC”. Esas objeciones, lamentablemente, no se ventilan en la esfera pública, sino que las hacen convivir en los sótanos de las catedrales del anónimo.

Hay en “El cartero de Neruda” un bocadillo que a mí me gusta mucho. Es aquel que se escucha cuando el poeta le reclama a su nuevo amigo que está apropiándose de sus versos para enamorar a la mujer deseada, y el repartidor de misivas le suelta esto que no tiene precio: “La poesía no es de quien la hace, sino de quien la necesita”. Lo mismo podría decirse del cine cubano, que no pertenece a quienes lo hacen, sino a todos aquellos que se supone que lo necesitamos, y ya hemos incorporado a nuestra existencia. Intentar establecer ese tipo de feudo simbólico, no es otra cosa que intentar apropiarse de algo que no les pertenece en exclusiva.

Por otro lado, también me irrita que apelen a “mi juventud” como algo que invalida el debate crítico con quienes nos han antecedido, porque de ser cierta esa limitación, no sé cómo podría explicarse que aquellos que no llegaron a ver con vida a José Martí se sigan inspirando en él, concediéndole de paso responsabilidades contemporáneas (y que conste que hablo de Martí como una figura que cívicamente me resulta estimulante).

Pero al final no es eso lo que más me incomoda. Lo que me irrita es que se crea que defender al ICAIC como proyecto cultural, tenga que devenir necesariamente en una apología interminable, un surtidor sempiterno de panegíricos. Eso me recuerda la queja de Bolívar cuando pregonaba aquello de “me quieren bien, pero me defienden mal”. Al margen de que a mí lo que me interesa es el cine cubano en su totalidad, nunca he dejado de reconocer el protagonismo de la institución ICAIC en la vida cultural de este país. Tampoco he minimizado sus aportes.

Hasta donde puedo recordar, lo que he estado proponiendo es un enfoque “rashomonesco” de la historia del cine cubano. Dicho de otra manera: nunca me he creído dueño de la verdad histórica, porque además, creo que nadie (ni siquiera los protagonistas más activos que aquellos acontecimientos que marcan a toda una época) la tiene. Esa Verdad (con mayúsculas) hay que reconstruirla entre todos, y creo que si algún mérito tiene este blog es ese: demostrar que ninguna fuente tiene el monopolio de la verdad. Por protagónica que haya sido esa fuente en el evento que sea.

Pero aunque esa es una evidencia que muy pocos se atreverían a negar, se insiste en mantener las parcelas. O lo que es lo mismo, se prefieren mantener las paredes que dividen e impiden mirar más allá, antes que tender los puentes que reconcilian. Pondré un ejemplo demasiado personal, pero eso a veces es necesario. En septiembre del año pasado, Desiderio Navarro me invitó a hablar sobre el cine cubano de los setenta en la sede del Centro que dirige. Ese Centro no está en Miami, ni en Madrid, ni en París: está en el noveno piso del edificio que ocupa el ICAIC en el Vedado habanero.

Confieso algo. Acepté porque me lo pidió Desiderio Navarro. Y porque Desiderio escribió aquel ensayo sobre el intelectual que mucho me ha ayudado a tomar más conciencia de la obligación de pensar por cabeza propia. Y escribí el texto tratando de ser sobre todo honesto conmigo mismo: con mis dudas por delante, porque tenía la ilusión de que algunos de los que sí vivieron ese período histórico que evocaba contribuyeran con sus opiniones, sus objeciones, sus “verdades”, a enriquecer el conocimiento colectivo.

Al final, pese al calor infernal de aquella noche, guardo un buen recuerdo del encuentro toda vez que acudieron amigos e intelectuales a los que respeto muchísimo. Pero siempre me quedó por dentro esta interrogante: ¿cómo es posible que a un debate sobre el cine cubano, convocado en el noveno piso del ICAIC (no en la UNEAC, no en Camagüey, no en Miami, sino en el noveno piso del ICAIC), apenas participaran tres cineastas (Enrique Colina, Enrique Pineda Barnet, y Humberto Padrón), y cuatro críticos (Luciano Castillo, Mario Naito, Víctor Fowler, y Maylin Machado)?

Yo no estoy muy de acuerdo con eso de que “la Historia la escriben los vencedores”. En realidad, la Historia (por lo general) la escriben los historiadores que relatan lo que los vencedores quieren leer. Con esto lo que quiero decir es que ningún grupo, por poderoso que pueda resultar, tiene el poder de controlar a “La Historia”, que es algo irracional e inefable. Lo que se controla son los parámetros de la escritura de ese relato que con el tiempo va resultando más bien un palimsepto: así que cada historiador sabe la responsabilidad que le corresponde.

Tal vez ese sea el origen de la impopularidad del oficio entre un montón de intelectuales que, aunque hoy figuran en La Historia, en su momento no duraron en mostrar con verdadero énfasis su aversión por ese ejercicio más literario que científico. Tengo a mano algunas de esas invectivas: “Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo” (Jean Paul Sartre), “Quizás la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia” (Aldous Huxley), “La historia es una galería de cuadros en la que hay pocos originales y muchas copias” (Alexis de Tocqueville).

Aunque me resultan divertidas las sentencias citadas, debo confesar que para mí la Historia sí resulta importante. No solo por lo que dice de “los grandes hombres”, sino también por el hecho de que me ayuda a entender que quienes figuran en ella no son esa mayoría que componen la existencia humana, sino justo “las élites” que tienen las posibilidades y recursos para legitimar sus particulares visiones de la realidad, y hablar en nombre de “muchos”. Por eso me obsesiona tanto indagar en cómo se construyen “las Historias”, y quiénes quedan fuera.

Sé que es inevitable que aquellos que mandan establezcan las reglas del juego. Hoy mismo, el capitalismo, no obstante la debacle que va viviendo ese sistema, tiene un conjunto de historiadores (eruditos a toda prueba) que ha sabido aprovechar muy bien el desastre del antiguo “socialismo” para sugerir que el Fin de la Historia llegó, y que el individualismo burgués es la solución a todos esos problemas de la humanidad que la “élite” de aquel socialismo (también burgués, aunque con otra fraseología) no supo resolver. Hay millones de gente experimentando la “pobreza extrema” precisamente por esa endiablada ambición que fomenta el capitalismo, pero esa no es la Historia que se vende: para esos perdedores jamás se pensará una página, una reflexión, un ensayo, un libro. Son, sencillamente, perdedores destinados a ser para siempre “invisibles”.

Traigo a colación todo esto porque en lo personal pienso que la opción socialista es mucho más humanista que ese “sálvese quien pueda” que promueve el capitalismo. Ahora, ¿es posible defender algo sin que exista un debate transparente de la Historia de estas utopías?, ¿Qué nos enseñe de sus errores y de sus aciertos?

Y en el caso del cine cubano: ¿puede crecer ese cine (o ese audiovisual) si la mayoría de los jóvenes que ahora mismo intentan hacerlo no tienen idea de las limitaciones con las que debieron lidiar los cineastas en el pasado?, ¿no estarán ellos condenados a tropezar con los mismos escollos y pelear con los mismos demonios de siempre?

Juan Antonio García Borrero

PUCHEUX SOBRE TECNOLOGÍA DE PUNTA EN LOS 60

jagb 24/10/2009 @ 18:15

OTRA MUERTE ANUNCIADA (HABLANDO DE TECNOLOGÍA DE PUNTA EN LOS 60)
Por Jorge Pucheux.

Allá por los primeros días de la fundación del ICAIC, viajaron a los Estados Unidos un pequeño grupo de cineastas cubanos, entre ellos el amigo Titón, quién tenía a su cargo establecer los contactos con la fábrica de equipos de cine OXBERRY para realizar algunas compras de estos. Entre los equipos comprados estuvieron tres que irían a parar a los Estudios recién creados de Dibujos Animados, y más tarde a lo que después sería Trucaje.

Me refiero a La Mesa de Animación o Animation Stand (donde se filmarían todos los cintas de animación, así como los trabajos de fotoanimaciones o fotomontajes animados del ICAIC), La Truca o Óptical Print (realización de todos los efectos visuales del cine cubano), y otro, el famoso Back Proyection (la gran pantalla de proyección por detrás del Set, para mezclar las escenas en el Estudio y los planos filmados con anterioridad en las calles, bosques, mar, cielo, etc, algo así como la famosa pantalla azul, Blue Screen, o el actual Croma Key).

Con todos estos equipos, el Instituto salió a la batalla, sólo que La Mesa y la Truca fueron los únicos aparatos que siempre fueron utilizados. Toda esta tecnología era considerada de Punta para la época y obviamente había costado unos cuantos millones de dólares, no obstante, el famoso Back Proyection se quedó esperando que algún realizador lo solicitara para realizar aunque solo fuera una escenita o mejor aún, un solo planito. Lo cierto fue que nada más que en 2 o 3 películas se utilizó y no para lo que era, sino para crear Fondos extraños, vanguardistas, abstractos, etc, en los documentales musicales de aquella etapa. Hoy no recuerdo bien (la memoria me falla), si algún Largo lo utilizó; creo que el filme “El otro Cristóbal”, coproducido con Francia y quizás otro más.

Lo increíble de esto es que después de tantos años, casi 50, este equipo aún se encuentra seguramente guardado en alguna parte del Foro de Cubanacán, esperando poder cumplir la misión para la cual fue comprado.

No escribo estas líneas solo por revivir un acontecimiento histórico. Lo hago también para que los nuevos directores sepan, que esa tecnología existe y que aún hoy muchas cinematografías del Mundo la siguen utilizando, y más aun hoy cuando pueden existir seguramente jóvenes creadores que a partir de las propias limitaciones tecnológicas de este equipo, sean capaces de sacarle el mayor provecho posible.

Pregunten por este equipo, revísenlo, atiéndanlo, desempólvenlo, pruébenlo, aún puede ayudar; es una gran herramienta creativa. Por favor, que no sea OTRA MUERTE ANUNCIADA.

PD: MÁS SOBRE LAS TECNOLOGÍAS DE PUNTA DE LOS 60 Y EL BACK PROYECTION.
Por J. Pucheux.

Una vez leído el Post anterior sobre este tema, saltan obviamente algunas preguntas. ¿Por qué los directores no lo utilizaron?, ¿Por qué las direcciones de Producción no propusieron su uso?, ¿Por qué la Dirección del ICAIC no promovió su uso, si fue adquirido justo para la producción de películas y facilitar el trabajo? Pueden existir aún muchas más preguntas, pero lo cierto es que no fue utilizado, salvo por algunas películas, igual que el mismo uso del Foro de Cubanacán.

¿Pero a qué de debió esto? Pienso que las respuestas a estas preguntas les corresponderían mejor ser comentada por los estudiosos del tema, pero mientras esto sucede, voy a expresar mi humilde opinión. En esos primeros años y aun mucho después, el cine cubano optó por el neorrealismo italiano, muy de moda por entonces, haciendo que muchos realizadores optaran por no filmar en escenarios preparados en el interior del Foro, prefiriendo siempre las Locaciones y escenarios reales. Por supuesto que no los culpo, sólo hago esta reflexión, de ahí que muchos de nuestros filmes hayan logrado excelentes escenas desde el punto de vista de su credibilidad. Lo que sí siempre me preocupó fue que nunca se haya utilizado en ningún tema, ningún tratamiento, en ningún filme este Foro y este equipo.

Señores, han transcurrido 50 años y sólo unos pocos proyectos los usaron. Realmente no había ideas para esto. No hubo preocupación en los Niveles de dirección de los Millones de dólares perdidos en nombre de determinadas escuelas o movimientos cinematográficos.

Pienso ahora, con los años en mis cabellos, que de alguna manera esta fue la máquina barredora de nieve del cine cubano. Ahí les dejo esta tarea a los que saben de estos temas.

UNA EXPLICACIÓN A LOS LECTORES

jagb 23/10/2009 @ 19:52

Les debo una explicación a dos lectores que en días recientes dejaron par de comentarios, y no fueron publicados. Se las debo por respeto elemental a ese tiempo que invirtieron en entrar al sitio, leer los textos, y luego escribir sus opiniones.

En lo personal, estoy por la pluralidad de criterios, y sobre todo me interesan aquellos que aportan un punto de vista crítico, de esos que contribuyen a superarnos como humanos. En este sentido, no vendrían mal opiniones negativas sobre el blog que ayuden a mejorar lo que aquí hacemos, porque todo es perfectible. Lo que no me interesan son las descalificaciones personales gratuitas, las ofensas a los sujetos, donde solo se respira resentimiento.

Nada de lo humano me es ajeno, y sé que el insulto forma parte de la vida. Algunos, como Oscar Wilde, o Groucho Marx, llegaron a convertir varias de sus invectivas en auténticas obras de arte. Tenían talento para poner en su lugar a tantas vanidades de vanidades. Y gracias a esas maledicencias no pocos poderosos han sido expulsados de esos pedestales que las circunstancias colectivas han convertido en toda una terrible conjura de equívocos. Pero no abunda este tipo de irreverencia fecunda. Lo que predomina, e Internet está saturado de ello, es el comentario negativo desprovisto de argumentos.

Desde que me metí en estos asuntos del cine, estoy oyendo todo tipo de injurias dentro del gremio. Primero descubrí a los críticos hablando mal de los cineastas (y viceversa). Luego a los críticos insultándose entre ellos (aunque siempre en voz baja). Más tarde se fueron revelando las diferencias entre los propios cineastas. Lo fastidioso es que después de tantos y tantos insultos, el ambiente ha seguido igual, o peor.

Me aburrí de eso. Por eso en el blog he intentado proponer algo que, sin suprimir las diferencias de cada individuo, o esquivar los ángulos más polémicos de la realidad, nos permita cierta complicidad a la hora de pensar en el cine cubano, en cómo conservar su memoria y rescatar lo ignorado, y también, proponer ideas para su renovación. Como ya los libros de Historia se encargan de hablar sobre “los elegidos” por ella, aquí más bien intentamos reflejar la vida más común: redimir el día a día de lo que ha sido “hacer cine cubano” y verlo.

Por suerte, en estos dos años de existencia del sitio, solo me he visto obligado a censurar siete comentarios. Y siempre ha sido porque se atacaba a las personas sin ofrecer ningún argumento (y enmascarado detrás del anónimo). O se confundía al adjetivo denigratorio con el argumento. No me ha importado ni me importará que la persona ofendida viva en La Habana, Miami, o Camagüey. Tampoco que sea alguien “con poder” o el último extra de una superproducción. Sencillamente, ese tipo de ataque desentona aquí. Y como en definitiva Internet lo aguanta todo, siempre quedará el recurso de que la persona que gusta comentar de ese modo haga su propio blog.

Por lo pronto, la vocación de “La Pupila Insomne” está en reconocer a todos aquellos cubanos que han hecho posible la existencia de esta expresión artística dentro y fuera de la isla. Charlamos sobre nuestras alegrías y frustraciones. Por eso caben aquí Enrique Díaz Quesada y Ramón Peón. Tomás Gutiérrez Alea y Alfredo Guevara. Humberto Solás y Fausto Canel. Santiago Álvarez y León Ichaso. Fernando Pérez y Sara Gómez. Enrique Pineda Barnet e Iván Acosta. Germán Puig y Héctor García Mesa. Sé que pensar de esta manera ya me ha cerrado algunas puertas, y multiplicado detractores. Lo prefiero así, pues ya he dicho en otras ocasiones que no me parece ético escribir para complacer las expectativas de ciertos grupos o personas que pugnan entre sí, lo mismo para mantener una posición de poder que para alcanzarla. Mis ambiciones son de otro tipo.

En todo caso, si vamos a hablar de “grupos”, lo que me interesa es que el grupo de amigos que están contribuyendo a que exista el blog, nos respetemos, no obstante las diferencias de ideas. Y creo que, si de mejorar las cosas se trata, pienso que debo comenzar por hacerme una autocrítica, y es reconocer que mi rol aquí ha resultado poco interactivo. Es decir, normalmente los lectores de cualquier blog dejan los comentarios, y el que administra el sitio responde, matiza lo que escribió, esclarece puntos que no estaban tan despejados, estimula nuevas reflexiones. Pero desde Cuba eso es imposible de hacer. Así que ruego me excusen esa insuficiencia.

Lo otro es que a veces tengo la impresión de que esto que llamo “blogbardeo de post” resulta contraproducente, por el indeseado efecto de la saturación. Hasta ahora nadie se ha quejado, pero es una impresión que tengo. Es decir, salen a relucir temas interesantes, que dan pie para un buen debate. Pero todo se corta porque de repente ya hay otro asunto en el ambiente. En este sentido, actualizarlo con menos frecuencia (como sugería Mario Crespo) tal vez contribuya a ganar en profundidad. Y que aquello que se expone por un grupo de ciudadanos (porque al final somos eso: espectadores de cine, pero antes, ciudadanos) sean tomados en cuenta por quienes tienen posibilidades de decidir.

Para no ir más lejos: ¿todos esos comentarios que han dejado a propósito de CRÓNICA DE OTRA MUERTE ANUNCIADA serán respondidos por algunos de los que deciden estas cosas, o como casi siempre ocurre, lo ignorarán, y seguiremos condenados a este interminable pataleo que no conduce a nada?

Juan Antonio García Borrero

CRÓNICA DE OTRA MUERTE ANUNCIADA

jagb 22/10/2009 @ 18:45

Me han encantado todos esos comentarios recibidos a propósito del post SEPULTADOS POR LA MEMORIA. Sin embargo, ahora quisiera aprovechar uno que, por llegarme por vía privada, no publico con el nombre del remitente. Creo que él no tendría ningún inconveniente en que se diga su nombre, y actual lugar de residencia (Miami), pero es a mí al que me falta el tiempo para esperar su aprobación.

El mensaje me parece muy divertido, y al mismo tiempo, profundo. Nos habla de la posible suerte de ese sitio que todos hemos conocido como “sala cinematográfica”, y dice así:

“Aclaremos primero que la palabra CINE, mueve dos conceptos dentro de mi cabeza. El primero se refiere a la sala cinematográfica, ese lugar antes sagrado, a pesar del retozo de los noviantes. Convertido ahora en sitio donde, cada vez menos gente, va echarse a perder la dentadura con las !rositas de maíz! y envenenarse el organismo de perros calientes y hamburguesas, si tenemos en cuenta que en los mataderos muelen hasta los tarros.

Ese sitio dentro de cinco décadas no existirá. Primero, porque cualquier vaina con o sin dinero, prefiere armarse su CINE, en la sala de su casa. La tecnología de la reproducción de films se abarata tanto, que lo hace posible, incluyendo las películas. Así que el concepto de Sala Cinematográfica, tal como lo conocemos, desaparecerá. Siempre quedará alguna, que ya no será Cine Ensayo o Cinemateca, sino Museocineteca (estoy literalmente regalando el concepto, pues no le he patentado).

En cuanto al cine como industria de entretenimiento o expresión artística (el orden no hace diferencia) sufrirá un cambio brutal por la mala influencia de la tecnología. Lo más sonado será la desaparición de los actores, sustituidos por entes virtuales. Aunque algunos o sus herederos, alquilarán su cara, físico y voz, y seguirán invadiéndonos con bodrios, hasta que el Big Bang entre en reversa.

Todo eso será controlado por las productoras, rastrear la procedencia del dinero, aunque solo sea por curiosidad, va a ser muy interesante. Y ahora viene la mejor parte de mi formulación teórica, algo que he llamado La Paradoja Fílmica. La misma explosión científica que destruirá la industria, tal y como es ahora, generará ejércitos de creadores independientes, que con una camarita de 4 pesos expresarán sus inquietudes. Habrá más "directores de cine" que espectadores y entonces todo comenzará de nuevo. Si nos da tiempo......

Hablando de tiempo, si no estás de acuerdo conmigo, te espero el 21 de octubre del 2059 para discutirlo, en la "cuchilla" de Lugareño y Padre Valencia, donde mismo hace poco me recomendaste que viera “Los Imperdonables”, porque era un "oeste desmitificador". Ve armado, pues yo como Charles Bronson, toco armónica y tiro tiros.

Once upon a time in the Camagüey.

Un Abrazo.

V”.

Esta teoría me parece bien argumentada, y lo que es mejor, expuesta con una amenidad que ahora me hará correr el riesgo, con lo que a continuación diré, de parecer demasiado solemne o trágico. Aún así, intentaré salvar ese escollo.

El problema, mi querido V, es que Camagüey es un caso sui géneris en todo esto. Dicho por lo claro: EN CAMAGÜEY LAS SALAS CINEMATOGRÁFICAS YA MURIERON. Es decir, si en el resto del mundo (y hasta de la isla) están por morir, en esta villa ya no existe una sala decente donde se puede apreciar cine.

Lo curioso es que esa muerte no ha obedecido a lo que pudiéramos llamar un “darwinismo tecnológico”, sino que responde por entero a la impotencia local, incapaz de construir un consenso que permita invertir recursos razonables en lugares que pudieran reportarle bienestar espiritual a la comunidad. Por eso, mientras que en La Habana uno puede encontrar un “Fresa y chocolate” o en Holguín a “Las tres Lucías”, en Camagüey ninguna autoridad política, ningún funcionario de Cultura, del Gobierno o de la UNEAC, ninguna persona relacionada con la Oficina del Historiador, consigue llenarse de entusiasmo, y darle vida a lo que desde hace más o menos ocho años se está proyectando: el complejo “Nuevo Mundo”.

Y no es que en Camagüey se dejen de hacer cosas dentro del sector cultural. El problema real es que el cine, pese a las 16 ediciones del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, que ha convocado a no sé sabe cuántas personalidades del audiovisual en Cuba, no es aquí una prioridad cultural. Por eso la poca profundidad de las discusiones en torno a las inversiones que se puedan hacer al respecto.

Los ejemplos sobran, pero pongo solo uno: en su momento se planificó por parte del ICAIC una inversión de no sé cuántos millones de pesos para reparar el Casablanca, cuando desde mucho antes estaba proyectado el Complejo “Nuevo Mundo”, cuya inversión era mucho, pero mucho menor. No sé quién asesoraría a los directivos del Centro de Cine en Camagüey, pero a nadie de su Consejo de Dirección se le ocurrió proponerle al ICAIC lo del Complejo, tomando en cuenta que ese tipo de local (me refiero al Casablanca), con tantas capacidades, ya está desapareciendo en el mundo entero. Para abreviar: al final no tenemos cine “Casablanca”, la Sala “Nuevo Mundo” sigue con los peores baños del planeta, mientras que en la esquina de Estrada Palma (o Ignacio Agramonte) y Lope Recio permanece un Taller de Mantenimiento totalmente subutilizado, que desentona de una manera realmente escandalosa con un entorno que acaba de ser declarado “Patrimonio Histórico de la Humanidad”. Ojalá mañana no lo conviertan en un restaurante por divisas.

Por eso es que no creo que tengamos que esperar tanto tiempo para llegar a una conclusión que ahora mismo, en Camagüey, es una evidencia. Será difícil recuperar el entusiasmo que implicaba la socialización fílmica, pero tampoco hay que llorar por eso. Ya en lo personal, ocho años esperando una respuesta que nunca llega han sido suficientes para entender que en la provincia este asunto de la “sala cinematográfica” como sitio donde se consume cultura, le importa solo a una minoría. Y minoría al fin, no tiene voz, y mucho menos voto.

Ojalá me equivoque y mañana mismo aparezca alguien que se entusiasme con la idea. Es verdad que ya yo no estaré entre los que intente resucitar ese muerto, pero me alegraré de que, en el fondo, no todo esté perdido.

Juan Antonio García Borrero

REYNALDO LASTRES SOBRE LOS NUEVOS REALIZADORES

jagb 22/10/2009 @ 16:26

Gracias a una muestra de Nuevos Realizadores que por estos días se proyecta en los cines y salas de video de la zona oriental del país, es que he podido acceder a un grupo de trabajos, tanto documentales como de ficción, de estos inquietos cineastas. Pretendo comentar brevemente solo los documentales, pues noto que en estos se consume con verdadera fuerza, una estética grupal. “Buscándote Habana”, “Ella trabaja”, “Close Up” y “¿Grandes ligas?”, son los más sobresalientes de la selección.

“Buscándote Habana”, sobre la situación de una comunidad de orientales asentados en la Ciudad de la Habana, resulta uno de los más inquietantes. Intenta ir más allá de la pueril denuncia, para penetrar con una mirada escudriñadora, en la vida íntima de estas personas.

El filme sigue una línea típica dentro de ese ya subgénero del documental: a través de enlaces de entrevistas a sujetos populares, esta vez encarnados por los propios afectados del lugar, y del otro lado, especialistas en sociología, con opiniones autorizadas en el tema (amén de la anacrónica aparición de una habanera caracterizando a los orientales como plagas).

En pos del reconocimiento y aceptación de los sujetos “laterales”, la crítica cinematográfica cubana a enfilado sus cañones con el propósito de desmontar la representación de, por ejemplo, el sujeto negro (Victor Fowler sobre el documental “Raza”), Juan Antonio García y otros colaboradores del blog a propósito de la mujer, Frank Padrón y Rufo Caballero entre otros, sobre el sujeto gay, etc, etc...

Pero es de notar que se siente cierto vacío, al no encontrar estudios sobre ese otro gran excluido que es “el oriental en La Habana”. Estas personas, muchas veces con el fin de mejorar su nivel económico, abandona de manera muchas veces romántica, su vida de provincias, para aventurarse (a veces sin siquiera un familiar que le tienda una mano), a la capital de todos los cubanos. Aunque roza a ratos con el sentimentalismo, este documental expone una radiografía de esa vidas, que en condiciones mínimas de vida, luchan por integrase al proyecto de la Revolución.

El documental “Close Up”, otro de los exhibidos, se adentra en la vida nocturna de un grupo de jóvenes habaneros, que a falta de un lugar done ir, se reúnen en la esquina de 23 y G. Este grupo, bastante heterogéneo, da la medida de la dispersión a nivel de pensamiento y formas de asumir la vida de la juventud cubana actual. Sin compromiso político alguno, los entrevistados hasta cierto punto desmienten tesis que estructuran el pensamiento joven cubano entre la utopía y el desencanto, en la pérdida de ideales, etc.
Creo que lo que ha operado a todas luces es una sustitución de ese ideal, ahora sin mediación política, ni marxista (como demuestran aquellas míticas polémicas de los 60). Pero tampoco es la prolongación de ese ideal, ni su caricatura. Ahora se plantea como algo amorfo, que milita en lo que algún espectador pudiera denominar como paranormal, o de un evidente trastorno de personalidad. Al final, no es más que el reflejo de una crisis existencial que los abruma y los consume, pero que a la vez los libera.

“¿Grandes ligas?”, viene esta vez con otro tema inédito en la documentalística cubana: la pelota practicada por mujeres. De trasfondo emergen problemas ya históricos en la sociedad cubana, la discriminación de género, con su hermano de sangre: el machismo. Pero es interesante como esta idea se plantea en uno de los momentos cumbres del documental, cuando un jugador de dominó entrevistado, brinda su punto de vista sobre el tema de la emancipación de la mujer a la cámara, y es interpelado por una de éstas, presente en el lugar, que defiende a su estirpe. Por su espontaneidad, estos minutos figuran como los más esclarecedores del problema.

“Ella trabaja”, a través de una serie de entrevistas bien hilvanadas a un grupo de travestis, se suma al coro de voces que piden legitimación social de estas personas. Dentro de los entrevistados no son travestis, y tampoco especialistas, notamos un factor común demasiado palpable: asumen esta transmutación como un defecto, así lo ven, y desde esa perspectiva hablan, algunas veces hasta para defenderlos.

Todos estos protagonistas, cuentan con un sueño en común. En cada uno se muestra de manera distinta, así, en “Buscándote Habana”, los habitantes de la comunidad aspiran a ser dueños de sus propias viviendas; en “¿Grandes ligas?” estas entusiastas muchachas luchan por ser tenidas en cuenta en la programación nacional de juegos de béisbol. En “Ella trabaja”, los travestis entrevistados desean integrarse a la vida en sociedad, que no les pongan trabas en centros de trabajos por su condición; solo el sueño de los jóvenes de “Close Up” es un poco difuso.

De esta manera, estos proyectos se encaminan en busca de hechos concretos, pasan de la simple denuncia, pretenden cambiar la situación de las cosas, que se salga de la estabilidad. Pues bienvenido sean entonces los nuevos realizadores, que en su incansable lucha por cambiar el mundo, han logrado una empresa más modesta: cambiar la cinematografía cubana, y darle la frescura que solo la juventud sabe dar.

Reynaldo Lastres Labrada

ALFREDO GUEVARA Y LEANDRO ESTUPIÑÁN CONVERSAN

jagb 22/10/2009 @ 14:34

Me envían al buzón esta entrevista que puede leerse en la revista ccubana de Pensamiento e Historia “Caliban”. Evitaré emitir comentarios por el momento, toda vez que lo interesante del intercambio es que se revelan elementos que contribuyen a que cada lector enriquezca su punto de vista sobre los asuntos que se tratan (muchos de ellos expuestos en el blog). Al margen de posibles acuerdos o desacuerdos, solo me gustaría apuntar una idea: en cuestiones de cine cubano, Alfredo Guevara es tal vez el único que no ha renunciado al hábito intelectual de la polémica.

JAGB

INTRODUCCIÓN

Concedí al compañero Leandro Estupiñán entrevista formal y que debió en consecuencia ajustarse a temas y términos. Es tal la indignación que me producen ciertos senderos trazados e impuestos que, ante este talentoso periodista, presentado con el aval de Graziella Pogolotti, estallé en torrente a veces inconexo pero siempre retornando a ciertas ideas, concepciones y experiencias. Quedaron así violadas las reglas del juego y la entrevista desbordó su propósito. Releída en bruto decidí revisarla y ordenarla y se produjo este texto no-texto y tampoco entrevista que adelanta seguramente otro texto-Memoria que debo redactar con urgencia por razones obvias. No hay que olvidar pero sólo para ser mejores.

Creo que Leandro Estupiñán es y será magnífico periodista; me sacó de esas casillas en que algunas personas, y en mi caso temas, quedan abroquelados. Los reservaba para abordarlos a mi manera, frase a frase pensada y pensada. Salió así, pues adelante. El periodista-entrevistador debe para serlo de veras, respetar al interrogado y sus opciones pero ser incisivo, provocador y acorralante. Lo grave e inadmisible es cuando la provocación y el acorralamiento resultan de la vulgaridad y la ignorancia o de la muy común falta de gentileza y pobre educación ¡Qué magia desarmante se produce cuando el interrogado enfrenta inteligencia fina y estilete bien graduado! Esa fue la experiencia. Y la agradezco.

Alfredo Guevara

EL PEOR ENEMIGO DE LA REVOLUCIÓN ES LA IGNORANCIA
Leandro Estupiñán Zaldívar

Entrevista con Alfredo Guevara

El encuentro con Alfredo Guevara (1925) en mayo de 2007 fue extraño, pero mucho más raro ha sido el resultado de aquella conversación fraccionada, por cuestiones inexplicables, en dos secciones. Una transcurrió en su oficina del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. La otra, en el recibidor de su casa en el Vedado. Entablamos el diálogo entre cuadros de los más notorios artistas (coleccionarlos es una de sus pasiones) que ofrecen un fresco de lo que entendemos por Cuba, la Revolución y estos años que le han convertido en una figura polémica. Aquí transcrito, apenas podríamos llamarlo entrevista. Luce más como un testimonio. Y, por supuesto, lo es. Ambos encuentros, de los cuales nos separan dos años en los que Alfredo Guevara ha tenido tiempo para reflexionar sobre lo dicho allí, y sobre la vida en general, fueron un descenso a la memoria. Quisimos traer de vuelta algunos temas, “romper ciertos silencios”, le llama él. Esos silencios que abrazan la realidad cual animal inhóspito que aquella noche nos acechaba.
———

Creo que a mi generación, es decir, la de Fidel —generación que tiene la responsabilidad de haber pensado y echado a andar, con el sacrificio suyo y de otros que han desaparecido, la Revolución—, no la han defendido como debían. Ha habido demasiado silencio, demasiado hablar hacia el exterior y, no sé por qué razón entre nosotros, se ha esquivado la polémica, se ha esquivado la refutación.

Hace una cierta cantidad de años plantee a Fidel que no quería seguir en los cargos, renuncié. No cómo se renuncia en otros lugares, sino que le pedí que me liberara de todo lo que se pudiera menos del Festival —quería seguir en el trabajo latinoamericano—. Quería tener tiempo para escribir y para seleccionar documentos y publicarlos. Me dio esa autorización y es lo que estoy haciendo. En estos últimos tiempos, con esa polémica que tú sabes que se armó, ha quedado muy claro que este pensamiento que tengo es más que correcto. Los protagonistas teníamos que hablar.

Yo me horroricé hace unos años con la muerte de Bilito Castellanos. Me di cuenta que de aquel grupito que nos conocimos en nuestro primer año de la Universidad y que, poquito a poco, incluso, turbulentamente, fuimos intimando y acabamos por ser un grupo de amigos para siempre, había desaparecido casi todo el mundo. Pero, Bilito me interesaba mucho, no solo por el cariño, casi amor, que le tenía, sino porque era uno de los que podía escribir. Y dije, bueno, qué es lo que queda…

Creo que de aquellos primerísimos años, los años en que se preparó la Revolución y en que se gestaron otros momentos —momentos decisivos como el Moncada y, después, el Granma, la Sierra…—, los protagonistas que podían reseñar, con conocimiento verdadero, profundo, detallado de las cosas, ya casi no existen. Es por eso por lo que estimulé hasta donde pude —porque en estas cosas Fidel toma sus decisiones él— la entrevista con [Ignacio] Ramonet. En realidad, ya había habido un intento hace muchos años; pero, y sé que no le gustaría esto a quien queda de entonces…, me alegro que no haya sido en la época. Giangiacomo Feltrinelli intentó que se hiciera una entrevista en forma a Fidel, pero era muy temprano. Realmente, esta entrevista de Ramonet ha llegado en el momento oportuno, en el momento en que ya habíamos tenido la experiencia de la Revolución, un proceso que quería construir una sociedad más justa, que ha soñado con ser socialista.

El socialismo, en realidad, nadie sabe qué es hasta ahora, puesto que no hay ninguna experiencia válida de socialismo, ni siquiera la nuestra. En realidad, sigue siendo una utopía. Una utopía en la cual todavía creo, y en la cual ya muchos no creen. Muchos dicen que sí, pero tú, que eres joven, sabes muy bien que hay mucho escepticismo y muchas preguntas que se hace la gente, los que siguen queriendo que exista, pero se hacen preguntas. Entonces, como yo sí creo que vamos a llegar, llegará una generación, no sé si esta u otra, pero llegará…, sigo queriendo hacer una contribución a esta edad ya avanzada que tengo. Y en este caso, aceptar tu entrevista, sin conocerte, sabiendo que me expongo a que me utilices, acepté correr el riesgo. Para mí, lo peor es no correrlo. Por eso, estoy haciendo esta introducción. No sé si tú vienes con preguntas, pero yo quiero hacer una pequeña exposición.

Yo creo que la época a la que tú te quieres referir, puntualmente a Lunes de Revolución, no puede ser comprendida sin un análisis político, que es también histórico. Es decir, de cómo se construyó la Revolución.

Al triunfo de la Revolución, el Movimiento 26 de Julio, al que pertenecía ya en ese momento, no tenía una influencia marcada —sí emocionalmente, pero no estructuralmente desde el punto de vista ideológico— sobre la generación intelectual. No tenía a las capas de la intelectualidad artística. El Partido Socialista Popular había hecho un buen trabajo en esa dirección, porque no había manejado la tesis soviética del realismo socialista. Había sido inteligente su política con los intelectuales. Más bien, se había centrado en la identidad. En lo que a mí me tocó conocer, con la edad que tenía entonces. El PSP fue beneficiado para desarrollar esa influencia por el hecho de que el final de la Guerra Mundial, antes de que empezara le Guerra Fría, que empezó casi enseguida, desarrolló un clima de esperanza en el mundo. La Unión Soviética había jugado un papel muy importante en la derrota del nazi-fascismo y tenía la simpatía mundial. La tenía también de los judíos y de la intelectualidad judía del mundo, que era más que importante. Una parte de ella, la que se salvó, se había refugiado en los Estados Unidos. El viejo Partido, el Partido Socialista Popular que, confeso o no confeso, seguía los lineamientos de los restos más o menos encubiertos de la Internacional —que, en definitiva, era Stalin y el estalinismo—, y que perjudicó su imagen por su alianza con Batista, se benefició en imagen porque la Alianza Mundial Antifascista se creó para apoyar a los países en lucha; pero, en realidad y en particular a la Unión Soviética, y condujo al Partido Comunista Norteamericano, bajo la dirección de Earl Browder, a suavizarse. Y mientras Stalin no cambiaba su política interna respecto a los intelectuales, hacía afuera desarrollaba una forma de apertura, de alianza, de frente único. Por lo tanto, la política del Partido Comunista cubano, con nombre de PSP, fue la del frente único. Y el frente único no se logra nada más que haciendo concesiones. Roosevelt estaba en los Estados Unidos. Earl Browder era el dirigente del Partido y marcó ciertas líneas, esas líneas también se adoptaron aquí. Estas cosas aunque las seguía en la época, era tan joven que no quiere decir que las comprendía bien. Fui comprendiéndolas más tarde, cuando me tocó vivirlas conflictualmente.

Hace dos años, más o menos, alguien hizo un estudio en Francia sobre esa época y las cosas relacionadas con la vida intelectual, basado en correspondencias, etcétera, de las que dispone y de las que no dudo. Casi al mismo tiempo, recibí una llamada extrañísima de una persona que decía —puedes fijar la fecha, pues fue exactamente con la muerte de Guillermito Cabrera Infante— que quería lograr que alguien, al que yo conocí, se reconciliara conmigo. Resulta que ese alguien que quería reconciliarse conmigo era Germán Puig. Él quería reconciliarse conmigo ahora que había muerto Guillermito. Yo me quedé asombrado.

En el año 49, parcialmente, estuve por Europa. El 50 y 51 me lo pasé en Europa, básicamente en París, Praga y Roma. Entonces, para mí era… Había conocido a Germán Puig en Cuba, pero lo reencontré en la Ciudad Universitaria de París y me pareció muy simpático. Entonces, resulta que yo he tenido enemigos que no sabía quiénes eran. No sabía que tenía un enemigo. Un muchacho que había conocido aquí, que me parecía simpático también y que le gustaba mucho el cine. A mí me gustaba mucho el cine también, más nada. Pero, él había tratado de organizar cine-clubs y cinematecas, había tratado de organizar cosas, etcétera, y había tenido un conflicto con Titón [Tomás Gutiérrez Alea], a quien excluye de este conflicto, en este lío del que me enteré yo tarde. Es decir, me he enterado, ahora que tengo ochenta, no antes, de que yo había tenido un enemigo hace cuarenta o cincuenta años, no sé cuantos. Yo no sabía que tenía un enemigo con el que tenía que reconciliarme. Y de las cosas que habla el estudioso de Francia, que me parece una persona honesta, limpia, que está trabajando con papeles… Hago un paréntesis para decirte que por eso estoy haciendo esto, porque sé que a quien trabaja con papeles puede armársele una confusión tremenda. Los papeles dan pistas, pero hay que hablar con los protagonistas, y ya no tienes cómo hablar con casi ningún protagonista. Hay unos cuantos protagonistas aquí con los que tal vez ya hayas hablado, pero no van a decirte lo que yo te voy a decir ahora. Es decir, tengo experiencias extrañísimas de esas cosas. He descubierto que tenía un enemigo, con el cual tenía que reconciliarme. Voy a aceptar, pero necesito tiempo para hacerle una carta diciéndole que vivo asombrado de que hayamos sido enemigos. Esto, para decirte cuán complejas son estas cosas.

Cuando conocí a Fidel teníamos 19 años. Ya yo había empezado a caminar hacia el marxismo rápidamente; pero, yo venía de la anarquía. La imagen del anarquismo es de un tipo loco con cuatro bombas en el bolsillo, sembrando el terror por todas partes. Mi anarquismo y mis ideas no estuvieron exentas de eso, pero eran ante todo libertarias. Fui formado por mis profesores en la Universidad, básicamente, y bajo la influencia también de algunos… Fernando Ortiz no fue mi profesor y María Zambrano fue profesora en la medida en que asistía a sus conferencias… la admiraba mucho. También, por ciertos profesores republicanos. Pertenecía a una organización anarquista del puerto. Nada más que había negros, además, estibadores. Fue una experiencia. Si alguien, algún día cuando yo muera, empieza a indagar en mí, dirá: este es un cambia casaca que no tenía nombre. Porque pertenecí a la Juventud Auténtica, a la Juventud Ortodoxa y pertenecí a la Juventud Socialista. Y mientras era de la Juventud Ortodoxa y de la Juventud Auténtica, pertenecí a la Alianza Revolucionaria, que era la organización anarquista. Pero lo que cualquier investigador tendrá que aprender es que la realidad no es monolítica, ni en las personas ni en la sociedad. Está llena de conflictos y mi caso era el caso de alguien que estaba buscando y que a esa edad eso es lo único que puede hacer alguien: buscar. Estaba buscando un asidero intelectual, ideológico, político. Finalmente lo encontré en el marxismo. Pero, no encontré, salvo raras excepciones, idóneas personalidades del marxismo que representaran el marxismo que empezó a adentrarse en mí.

¿Por qué te digo todas estas cosas que no es lo que te interesa? Llega el triunfo de la Revolución. Yo me he ido del Partido, en medio de la clandestinidad. Lo discutí con el Partido. Me pasaron algunas cosas que me decidieron a romper. Primero, el grupo mío, de amigos, no estaba en el Partido. Eran los que rodeaban a Fidel. Eran Pedrito Miret, Léster Rodríguez, Melba [Hernández], Yeyé [Haydeé Santamaría] menos, aunque estuve bajo el mando de Yeyé después. Y Fidel y Raúl. Fidel y Raúl estaban en las mismas ideas. Pero, como yo era el que estaba más lanzado, nunca en público, pero ellos, en relajo, porque éramos unos jovencitos —no pienses en Fidel el estadista de ahora, ni en la figura histórica, ni en nada de eso—, me decían Guevaroski y Alfredoski; nunca en público, porque entonces se rompía la unidad que teníamos, el papel que jugábamos en la Universidad. Cuando estábamos solos me decían esas cosas, porque yo era el que estaba más lanzado.

Salgo del Partido, porque en una reunión del Partido, que era una reunión de Nuestro Tiempo, donde yo estaba militando, plantee que estaba de acuerdo con la invasión de Hungría, que estaba de acuerdo con la actitud del Partido de Hungría, que había llamado a las tropas soviéticas, pero que no lograba entender cómo al día siguiente, una vez dominada la insurrección, la dirección del Partido no se había suicidado. Yo, si hubiera sido dirigente del Partido húngaro, probablemente hubiera estado de acuerdo en parar la insurrección, pero después me hubiera cuestionado: «he disparado contra el pueblo, no puedo vivir». Me hubiera tenido que pegar un tiro. Entonces, Mirta Aguirre, pidió mi expulsión. Y su hermano, que también estaba allí, Sergio Aguirre, ellos dos, me expulsaron. No te diré los otros que estaban militando allí, porque te quedarías patidifuso si dijera los nombres. Solo que no soy hombre de odios y fueron mis compañeros después hasta que murió cada uno. Creo que se confundieron entonces, y se confundieron más tarde. Allí estaba militando María Antonieta Enríquez, una musicóloga que era la esposa, en ese momento, de Carlos Rafael Rodríguez, que ya se había separado de Edith García Buchaca. María Antonieta, no sé cómo, pudo avisarle a Carlos Rafael. Esto era en plena clandestinidad. Y Carlos Rafael, violando las normas de la clandestinidad, se presentó e impidió mi expulsión. Y además Carlos Rafael se preguntó en público, un público de 15 personas más o menos, un público clandestino, se preguntó cómo yo había aguantado aquella reunión. Acepté que no me expulsaran. Agradecí a Carlos Rafael muchísimo, pero Carlos Rafael tenía sus razones para hacerlo. Yo me había convertido para Carlos Rafael, por todos estos antecedentes míos, en el contacto con [Carlos] Prío, con la Triple A, con Aureliano Sánchez Arango, que estaba clandestino en un yate, y después en un supersótano en lo que es hoy Siboney. Yo era el contacto de él con las organizaciones, con el 26, con los Ortodoxos, pues en la dirección Ortodoxa estaban mis profesores de Filosofía y Letras de la Universidad.

A mi regreso de Europa me tocó vivir otra experiencia. Flavio Bravo, el líder de la Juventud Comunista, me puso a vender el periódico Hoy, voceado por las calles. Lo acepté porque, precisamente, soy tan engreído, tan seguro de mí mismo, que me daba lo mismo vocearlo que hacer otra cosa. Eso no cambiaba nada en mí, pero en un momento dado me sentía viviendo el absurdo. Me encontré con un bedel de la Universidad en el parque Maceo. Yo estaba voceando el periódico y me dijo: «ay, Alfredo, no sabía que estabas tan jodido». Entonces, me dije: «esto es demasiado ridículo», y se acabó la experiencia. Les dije: «si quieren utilizarme, a partir de ahora las condiciones las pongo yo». En la Universidad puse por condición que seguía las líneas de la Juventud, pero se discutía conmigo directamente y no formaba parte de nada. Por eso no milité. En Nuestro Tiempo llegué a militar entre intelectuales, pero ya no milité nunca más.

Algo similar, o peor, sucedió con Carlos Franqui, quien fue expulsado del PSP. Franqui había trabajado en el periódico del PSP antes del triunfo de la Revolución. El PSP había sido con él tan injusto como conmigo. Franqui se confundió conmigo, pensando que tendríamos las mismas reacciones. Es decir, él había salido con odio, pero con razón. Su odio era justo. Había sido maltratado de verdad. Lo menciono porque ese es el origen de muchos problemas futuros, a los cuales me referiré más adelante.

Después encontrarás el nexo de todas estas cosas. Decidí, en mi alma, salir del Partido. Empecé a caminar, para no salir abruptamente, y en la primera oportunidad que pude considerar oportuna, plantee mi desacuerdo con la política del Partido.

La política del Partido seguía siendo el frente único, el movimiento de masas, no la insurrección. En realidad, estaba convencido, desde el Moncada, que después de la sangre del Moncada se había acabado esa política. Pero me era muy difícil, porque yo seguía siendo un marxista. Yo salí del Partido y al día siguiente ya estaba militando junto a Fidel; no digo junto a Fidel persona, sino en la misma línea, en el 26.

El problema es que estaba militando virtualmente desde antes y conocía todo. Estuve en el entrenamiento del Moncada, siempre estuve con ellos. Cuando el asalto al Moncada, quien limpia las casas, porque tenía acceso a ellas, soy yo. Me detienen unos días después, pero alcancé a limpiar las casas, porque allí había textos marxistas. Ellos estaban estudiando el marxismo. No quiere decir que todos los asaltantes al Moncada supieran esto, pero era parte de la evolución intelectual de Fidel, de Raúl, de Pedrito, de Léster...

—… DE ABEL. EN SU CASA TAMBIÉN HABÍA LIBROS MARXISTAS.

De Abel [Santamaría] también, pero yo no tenía el acceso para llegar allí y hacer lo que me diera la gana. Pero, en todas las demás casas yo “acabé”. Incluso, en el cuarto en que vivían Raúl y Pedrito, una casa de huésped, entré, me llevé las cosas, llegó el SIM y yo, que ya estaba un poquito lejos, me acordé de que había un travesaño en el que Raúl a veces tenía cosas. Me dije, «ay mi madre». Volví a la casa. Ya se había ido el SIM. Me llevé lo que estaba en el travesaño. Yo logré limpiar todas las casas a las que tenía acceso. Unos días después me detuvieron. Esto, para decir que yo salí del PSP directo para las acciones del 26. Salí del PSP para correr más riesgos todavía. La pasé peor en la clandestinidad urbana que si hubiera estado en el monte. Yo no me veo en el monte. Pertenezco al asfalto. Corrí riesgos en La Habana, pero no vivía en un sótano, vivía en las casas burguesas más ricas de Cuba, aunque igual podían matarme al día siguiente. En otro medio me habrían agarrado a los tres minutos. Tú tienes que ser pez en tu agua y ahí debes actuar hasta donde puedas. Yo me sentía más seguro en la inseguridad de La Habana que en un medio en el que me sintiese un extraño. Al final, me detuvieron y me torturaron.

Me salvó mi padre. Él era Gran Maestro de la masonería. El movimiento estudiantil estaba protestando: yo estaba desaparecido. La palabra desaparecido, como se usa hoy, no existía entonces, pero lo estaba. Me habían detenido Carratalá y Peñate. Carratalá me había entregado a este último. Estuve en la estación de Zapata y C, una estación de policía. Cuando paso por ahí me horrorizo nada más de mirarla, porque fue donde acabaron conmigo. Logré avisar gracias a un policía. Yo era un guiñapo, un hematoma viviente. El policía se pone de espaldas, porque no podía hablarme, y me susurra: «¿tú sabes que te van a matar?» Le digo «sí». Dice: «si me das un teléfono aviso, porque la clave es que te vean». Todo esto sucedió en medio segundo. Se me ocurre la idea salvadora: llamar a un primo mío, que era cónsul en Buenos Aires, y que era de la carrera diplomática formal, porque era premio Sánchez Bustamante en Derecho Internacional en la Universidad, y se logró colar en el Ministerio de Estado desde la época de Prío. Y recordé también a Alicia, su esposa, que todavía vive con noventa y tantos años. Ellos estaban fuera de la lucha y yo no tenía por qué recordar el teléfono, pero me vino a la memoria el número, lo dije y se avisó. Mi familia se comunicó con mis contactos, muchos de ellos bien colocados entre la burguesía habanera que ayudó a la Revolución.

Varias mujeres de esa burguesía se aparecieron en Cadillacs, rodearon la estación de policía con sus chóferes uniformados, y se colaron dentro. Desde luego, a un individuo le podían dar una pateadura, pero con esas mujeres no era lo mismo. A mí no me torturaron exactamente con instrumentos de tortura, si no a culatazos. Todavía tengo problemas, lo que pasa es que ya no tienen importancia. Aquella acción impidió el asesinato inmediato. Después, mi padre, sabiendo lo que pasaba, me salvó con la presión de la masonería, que en la época era archipoderosa.

Como podrás apreciar, hice entonces una clandestinidad de riesgo, no una clandestinidad escondido debajo de una piedra. El tiempo de un combatiente urbano está limitado siempre. O muere o se salva, pero si se salva no puede seguir en la ciudad. Al final, salí clandestino de Cuba. Se decidió la salida clandestina, porque yo estaba condenando los asilos fáciles, y no podía salir asilado.

No voy a contar la historia completa, es sólo para llegar al triunfo de la Revolución.

Llega el triunfo de la Revolución. En aquellos primeros días del 59, Fidel cuando llegó a Matanzas le dijo a Lidia, su hermana mayor, que me localizara. Yo considero que no me lo merecía, él me recordaba como el habanero que sabía de su confianza y que podía hacer cosas. Creo que él, entre la cárcel… nosotros nos vimos después de la cárcel; el exilio en México, donde no nos vimos; el Granma; la Sierra, etcétera, dejó en su memoria algunas personas que le podían ser útiles en los proyectos no confesos que tenía. Creo que por eso enseguida me quiso llamar. Yo, en su memoria, era alguien del grupo, estudioso, preparado, cultivado, de principios, decidido, que no había fallado en nada y que había estado en la clandestinidad, había resistido la cárcel, la tortura y me había mantenido firme.

Acaba de triunfar la Revolución, acaba de llegar Fidel. Me pidió que no me ocupara del cine, sabía que era mi vocación, que tenía que ayudarlo y que me tenía que ocupar de las leyes revolucionarias. Me dijo que tenía trabajar en eso y que coordinara las reuniones… éramos el Che, Vilma [Espín], [Antonio] Núñez Jiménez y también sugirió asesores, que podíamos tener, pero externos. Empezamos a hacer las leyes revolucionarias. Fíjate a quienes escogió. Después se produjo la unión en las ORI [Organizaciones Revolucionarias Integradas] de las tres organizaciones: el PSP, el 26 y el Directorio [Revolucionario]. Las situaciones, más o menos, conflictuales se fueron resolviendo. No voy a desarrollarlas. Pero, uno de los acuerdos fue disolver todas las estructuras internas de esas organizaciones, si las tenían. El que las tenía más elaboradas era el PSP. Entre otras cosas, y es a lo que me voy a referir y por lo que he hecho toda esta historia, tenía una Comisión de Cultura. Una comisión de influencia en plan de frente único sobre la intelectualidad, y que era la mano que estuvo detrás de Nuestro Tiempo. Fui uno de los instrumentos de los que se sirvió el PSP para dominar Nuestro Tiempo, en realidad era el que daba la cara hacia fuera, pero los importantes eran Carlos Rafael y Mirta.

En esa situación de integración de las organizaciones y sus conflictos a inicios de la Revolución, Franqui le teme mucho a la influencia creciente del Partido. Franqui tenía suficientes redes para no ignorar que por todas partes el PSP estaba diciendo que le estaban pasando el poder. Y, si además de eso, se iba produciendo un acercamiento a la Unión Soviética, entiendo su terror. Se han aliado las fuerzas políticas, pero él es un personaje del 26. Voy a decir lo que considero clave para entender la historia de alguna de las polémicas de los años sesenta. Ya dije que el Partido tenía influencia sobre una parte de la capa intelectual. El Movimiento 26 de Julio no tenía intelectuales artistas militantes en sus filas. Entonces, Franqui abre en el periódico la posibilidad de que una capa de jóvenes echen a andar rápidamente, se destaquen en todo, porque tienen el instrumento de la Revolución. Aquí entra Lunes de Revolución. ¿Hace esto «malo» a Lunes? No. No es un juicio sobre la calidad estética de Lunes de Revolución. Es un juicio sobre por qué se producen los conflictos. Se producen, no contra Lunes, se producen alrededor de la voluntad de poder, justa por otra parte, peligrosamente justa, de Carlos Franqui.

En ese momento yo estaba muy cerca del día-día de Fidel. No es que fuéramos de igual a igual, pero éramos dos amigos de la misma edad y desde fecha muy temprana. Estaba al lado de Fidel siempre, manejándolo todo y sabiéndolo todo. ¿Qué es lo que pasa? Que Franqui no cree en el talento y en la habilidad de Fidel. En esencia lo subestima. Carlos Franqui no estaba predestinado por la historia a ser contrarrevolucionario. Fue que se creyó o llegó a la convicción de que el PSP sumergía a Fidel en sus posiciones, y eso no podía aceptarlo. Él se sentía superior o más inteligente y hábil, o más sutil que Fidel. O más previsor. No sé…

En efecto, fue necesario contar con los cuadros del PSP —no estoy hablando de los cuadros intelectuales, sino de los cuadros políticos— en la alianza que habíamos hecho. Ahora, puedo decirte que el PSP, en mi convicción, no fue leal. No disolvió sus Comisiones. Entre ellas, no disolvió la ya mencionada Comisión cultural, manejada por Edith, pero también por Mirta. Después ellas entraron en conflicto.

¿Tú sabías estas cosas?

—ALGUNAS.

No se disolvió la Comisión cultural. Y Raúl, el Che y Ramirito [Ramiro Valdés], y yo trabajando juntos, observábamos —Fidel lo sabía todo desde luego, pero él estaba dedicado a otras cosas—, cómo Franqui avanzaba y se iba apoderando de espacios, de medios. Estos muchachos que se nuclearon en torno a Lunes, que vieron el gran chance, no eran parte del juego de Franqui del que estamos hablando.

—TAMPOCO ERAN ESO QUE USTED LLAMÓ “INTELECTUALES COMBATIENTES”.

Ese no es el problema. El problema concreto, para mí… no me gustan los calificativos. 47 años después y los adjetivos no hacen bien. Estábamos en un momento, en aquella época quiero decir, en el que había que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel es la opción socialista. Simplemente, está ganando tiempo. Me acuerdo que paso por París y la Inteligencia francesa… —yo era amigo de alguien que era de la familia [Valéry] Giscard d'Estaing— y la Inteligencia a través de esa persona me hace la proposición de dejarse robar unos documentos del Estado francés para que le llegaran a Fidel. Esos documentos probaban que los negociadores de la zafra azucarera cubana estaban traicionando a Cuba. Pero los franceses estaban interesados en que se supiera por una razón: hoy Francia no necesita azúcar de caña, porque tiene una producción remolachera, pero en aquella época endulzar el café o cualquier otra cosa dependía de la zafra azucarera cubana. Cuba era el gran abastecedor de Europa, y lo seguía siendo al triunfo de la Revolución. En esa época Julio Lobo seguía secretamente asesorando a Fidel, pero había una fuerza aquí, que estaba en el Banco Nacional, que estaba saboteando. Y Fidel me dice cuando yo llego… Bueno, antes debo aclararte que yo no acepté los documentos de esa forma, dije: «si me los entregan los tomo, robármelos no». Podía ser una trampa. Pero me los entregaron. Se los entrego a Fidel y él me dice: «no te preocupes, pásaselos al Che, que el Che está manejando este asunto». Estamos hablando del Consejo de Ministros en el que, además, yo participaba; y Fidel me dice: «mira, Fulanito nos traiciona a más tardar en julio; Menganito, no llega a noviembre; Ciclanito, cualquiera sabe si mañana». Ese Consejo de Ministros era por lo tanto un entretenimiento, pero lo necesitábamos. Fidel estaba ganando tiempo.

Este era el clima de la época… Un clima muy convulso y muy inseguro porque estaban todas las fuerzas ahí presentes. Acuérdate que ponían bombas, una detrás de la otra… bombitas. Por ejemplo, las bombas que ponían en los cines eran unas cajetillas de cigarros que se llamaban Edén, que tiraban las cajetillas con un petardillo. Después cuando el ICAIC asume los cines, decidí que el único modo de parar las bombas era llamar a todos los bombistas, viejos amigos míos de La Habana, y ponerlos de administradores de todos los cines. En cuanto veían un tipo ya sabían que iba a poner una bomba. Ese era el clima. Acuérdate que hubo atentados… es decir, nosotros en realidad no estábamos en lucha contra Lunes de Revolución, después diré otras cosas. Otro era el combate. Y sigo.

Esta historia está en el silencio, pero no es por culpa de la “ignorancia”. Es toda una voluntad. Una voluntad marcada por intereses de algunos que están afuera, con el silencio cómplice de algunos de adentro, a los que interesa esa imagen, y de otros, ciertos pre-post-castristas. Sin obviar nuestros silencios propios en medio de tanto bregar. Por eso te lo digo de una vez: no me enfrenté a Lunes, sino a Franqui.

Las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan por este conflicto. Yo hago mi intervención en la televisión, en la cual tenía el poder que no me pudo quitar Franqui. Todavía existía aquel espacio que hacía [Jorge] Mañach, la Universidad del Aire. Un día en la Universidad del Aire, está Fidel y va Franqui y me denuncia, en mi cara. Y Fidel me pide cuentas, me dice: «¿por qué todo esto?» Y le digo, «Fidel, en este ambiente no quiero contestarte, si me lo permites te hago un resumen de todo para que esto se pueda ver con sosiego». Fidel lo acepta y no por gusto, sino porque se las sabía todas. Yo le hago la carta que ya se ha editado, también dirigida a [Osvaldo] Dorticós, el Presidente. Celia [Sánchez] me llama no sé desde dónde y me dice: «Fidel lo ha leído todo y está de acuerdo contigo, ya hablaremos».

Me quedé entonces tranquilo con aquel mensaje de Fidel. Él empezó a pensar cómo arbitrar entre todos. No eran solo dos grupos, eran muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Fidel comprendió muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Después, al no hablarse de estas cosas, y quedarse nada más el discurso de Fidel, y apenas esa sola frase de “con la Revolución todo, contra la Revolución nada”, se ha limitado muchísimo la posibilidad de comprender toda la trama.

Y es que Franqui quería controlar también el ICAIC. Él se apoderó parcialmente de CMQ, pero me le adelanté a su vez con el cine La Rampa. El cine La Rampa lo había construido, casi lo había acabado de construir, en el momento del triunfo de la Revolución, Ventura Dellundé, un diputado, un representante de la Ortodoxia, amigo de [Eduardo] Chibás. Yo era muy amigo de Chibás y de alguien que era el Secretario General de la Juventud Ortodoxa, Max Lesnik. Para mí, incluso, fue duro eso, porque yo había andado con Ventura Dellundé hacia el final ya de la construcción del cine, que era un cine modelo. Cuando Dellundé emigra sorpresivamente y me toca revisar los papeles en su oficina, me corresponde a mí tenerlos en la mano, y resulta que Dellundé era accionista de CMQ. Entonces, me vuelvo accionista de CMQ y por lo tanto, me vuelvo un rival de la ambición de Franqui dentro de esa empresa. —A propósito, tratamos de conservar todo lo que Goar Mestre no pudo llevarse, porque lo que se llevó de grabaciones ese señor no tiene nombre—. Había otra empresa de televisión, la rival, la de [Gaspar] Pumarejo, que estaba en Prado, donde están hoy los Estudios de Sonido del ICAIC, por eso están ahí. Un día me reúno con Raúl, con el Che y con Ramirito y me dicen que hay que apoderarse de eso antes de que Franqui lo agarre. Les dije: «yo lo tomo, pero cómo». Me dieron una tropa, que rompió las puertas de aquello. Yo entré allí y me apoderé de esa Televisión. Por lo tanto, esa Televisión fue por un tiempito parte del ICAIC, acabado de fundar. En fin, íbamos cerrando el camino así.

Estábamos en un momento en el que había que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel era la opción socialista. Estaba ganando tiempo.

Pero, todas estas batallas que no tienen nada que ver con la vida intelectual afecta el papel que juega Lunes de Revolución. ¿Por qué Lunes de Revolución también entra en el problema de la lucha intelectual? Me imagino que esto que te voy a decir ya lo tienes muy claro.

Antes del triunfo de la Revolución hay un desprendimiento de Orígenes y se funda Ciclón. Y no los que vinieron después, porque muchos de los que están en Lunes de Revolución son muchachos que están en Nueva York, París, fuera…; vienen y ven la oportunidad tremenda. Es justo que hagan lo que hicieron, que se metan ahí. Ellos no saben de estas luchas políticas, ni de cosas parecidas. Pero, no es el caso de los que vienen de Ciclón, que no saben tampoco que hay un conflicto hacia el socialismo, de las opciones, pero sí saben de por qué desde el periódico se le cierra el camino a Alicia Alonso, se le cierra el camino a [Alejo] Carpentier, se le cierra a [José] Lezama [Lima]. Hoy todo el mundo dice soy lezamiano, pero no es verdad. En aquel primer momento cerraron a todo el grupo Orígenes y a todo el grupo católico. Entonces, paradójicamente, la defensa del grupo católico nos toca a nosotros. No debía haber sido así. No tenía lógica, pero fue. Y fue por eso. Porque se había formado una situación verdaderamente de choque entre Ciclón y Orígenes. Hay un pequeño libro olvidado en el que los que salieron en Ciclón analizan sus propias posiciones. Es muy interesante ver cómo ellos veían las cosas. No hablo de Lunes, sino de Ciclón. Eso explica todo aquel instante en que había tanta radicalidad con las viejas figuras. La gente debe comprender que casi cincuenta años después, estamos revisando un proceso. Diez años después somos un poquito mejores o peores; y veinte años más tarde, más mejores o más peores, y así y así, porque así es la vida: un cambio perpetúo. Lo interesante de agarrar un librito como ese…

Cuando estaba en Nuestro Tiempo, por lo tanto era muy joven, no tenía mucha experiencia en el movimiento intelectual. Había vivido experiencias políticas, pero me faltaban experiencias del movimiento intelectual. Aunque, la FEU que yo dirigí fue una FEU volcada también a la vida intelectual, pero éramos animadores culturales, no protagonistas de la creación. Defendíamos a los artistas, hacíamos exposiciones. Una de las más importantes exposiciones de Carlos Enríquez fue en la FEU. Pero, eso no nos hacía intelectuales, éramos luchadores políticos. Hay ciertas cosas que en realidad las veíamos distintas. Al triunfo de la Revolución éramos guerrilleros, simplemente. Yo me acuerdo que cuando empezamos a hacer la Ley de la Reforma Agraria, no hablo de mí sólo, hablo del Che y de Vilma, te aseguro que era la misma situación. Nos vimos mal, porque no sabíamos qué cosa era la Ley de la Reforma Agraria. Sabíamos que estábamos defendiendo uno de los principios fundamentales; sabíamos que había que reformar el régimen de la tierra; sabíamos que había que liberar al campesino; sabíamos que había que liquidar, no a los terratenientes, sino a los latifundios; sabíamos qué era la United Fruit; pero, cómo organizarlo mejor. Rápidamente hubo que estudiar muchísimo y que discutir muchísimo. Puedo decirte que nos pasábamos el día discutiendo y llegaba Fidel, por no variar, a las tres de la mañana, y lo cambiaba todo. Y teníamos que empezar de nuevo. Realmente dirigir un Estado, reorganizar un país, no es ninguna tarea facilita. Fidel un día nos dijo: «a partir de ahora, los jueves al Banco Nacional». Y todos nos preguntamos: «¿y…?» El Che terminó dirigiendo el Banco Nacional. Fidel, cuando vio nuestras caras, dijo: «no podemos dirigir un país sin saber lo que es un Banco Nacional». En el Banco Nacional encontré a uno de los hombres de la Pentarquía, uno de los asesores de Guiteras, por casualidad. Me salió en un pasillo y se puso a disposición nuestra. Misteriosamente el guiterismo entró en nuestro mundo y en nuestra tarea de transformar la estructura jurídica de la sociedad. La prioridad nuestra era qué camino va a tener la Revolución, cómo organizar esto, y no las líneas del trabajo intelectual. Sí detectábamos que Franqui obstaculizaba el camino hacia esa sociedad. No lo obstaculizaba de mala fe, ya lo he dicho en las reuniones internas. Ahora es contrarrevolucionario, pero no lo estaba obstaculizando de mala fe. Es que no podía soportar la idea de que el PSP tuviera… y era lógico que temiera que el PSP tuviera un peso específico excesivo, porque era portador del stalinismo. Esto es un enredo de esos que hay que analizar con mucho cuidado para no ser injustos con nadie, aunque cuando alguien ya está en la contrarrevolución está en la contrarrevolución. Pero para comprender el proceso y la complejidad del proceso… se atravesaron varias cosas en el caso de Lunes de Revolución: ser ellos un instrumento involuntario de la política de Franqui y al mismo tiempo que adentro de Lunes estaba todavía presente la lucha entre Orígenes y Ciclón, y generacional. Todo esto para decirte que es mi opinión —yo tampoco soy el Papa ni cosa por el estilo, aunque el Papa tampoco es infalible—; creo que fue una gran revista, que muchas veces fue injusta, pero que merece ser estudiada como tú lo estás haciendo y, ojalá, que lo hagas con suficiente equilibrio. No es la Biblia, pero merece ser estudiada y reconocida, verse en toda su complejidad y con estos factores. Salió perdiendo en la lucha política, pero lo que la perdió fue una vocación errónea que tuvo de ser papal.

En una reunión que tuvimos hace pocos días en el Instituto Superior de Arte, en la que se estaban viendo otras cosas, pero tangencialmente se habló de esto, me decía hablo o no hablo, pero yo me estoy reservando, hoy estoy rompiendo la reserva. Yo quiero escribir todo esto a mi manera. He dicho ya muchas cosas de la época, pero otras no. Sin volver a Orígenes o a Ciclón no hay modo de entender las actitudes que se manifestaron. En la reunión que se celebró hace unos días, Arturo Arango hizo una intervención en la que recogió las ideas que fueron conformando la Unión de Escritores y Artistas y las revistas Unión y La Gaceta, etcétera. A mí me ha estimulado a profundizar en aquello. Esa fue la solución que dio Fidel. Efectivamente ese grupo que estaba allí estaba siendo utilizado, pero no sabía que estaba siendo utilizado porque no eran políticos, salvo dos o tres. Guillermito sí sabía, sí sabía lo que estaba haciendo.

Guillermito era muy inteligente, era de nuestro grupo originalmente: Titón, Guillermito y yo; ocasionalmente, Lisandro Otero. Cuando éramos jovencitos nos pasábamos la vida en los toques de santo, con los espiritistas, en todas las cosas habidas y por haber. Para Titón y para mí, y para él también, aquello era entrar a un mundo extraño, distinto. Íbamos en busca de algo que nos enriquecía, pero que no sabíamos qué era y que yo creo que está detrás de otras muchas cosas. Después nos separó la vida, las convicciones.

El día en que rompí con Guillermito me quedé aliviado. Fue al principio, antes de todos estos conflictos. Guillermito trabajaba conmigo en el ICAIC. Era asesor mío. Venía y, un día le digo: «oye, que maravilloso tu articulo, qué bueno», qué sé yo... Y me dijo: «me avergüenzo de haberlo escrito». Era un elogio de Fidel, ¿eh? Me dijo: «tu amigo es Mussolini». Ese día nos dimos una fajada tremenda y se acabó la amistad. Él la había escrito… pero yo no soportaba esas cosas. En una ocasión anterior hizo una crítica a una película…, claro que cuando la hizo nos reímos, porque la característica fundamental de Guillermito era en la vida personal la amargura y en la vida intelectual el ingenio. Era una mezcla tremenda, rarísima. Escribió una crítica de una película en Carteles y dice todo lo contrario en Bohemia. Le pregunto: «cómo es posible esto», y me responde, «qué tu crees, que voy a hacer el mismo artículo para dos publicaciones distintas». El problema de él no era el criterio, sino el ingenio: el juego de la frase, la contradicción, desconcertarte con el dato. Su literatura, no sus novelas, su literatura crítica es así. No creo que sea un enorme aporte, pero es un goce leerlo. Es un goce leer la parte de crítica de cine, por ese juego tremendo que hace con el idioma. Ese día que rompimos, yo sentí una sensación extrañísima, cosa que no me ha pasado jamás, y más de una vez he tenido problemas con los amigos. No sentí dolor, sentí alivio, porque él trasmitía amargura. Todo era retorcido… bueno, dije que no quería hablar de psicología.

Lo único que quería, y por lo que acepté la entrevista, es porque temo que no nos dé tiempo de escribir un poco, a mí y a otros, que tal vez lo estén haciendo. No veo a más nadie, salvo lo que hizo Fidel. Lo digo por mí mismo. Ya yo no soy el mismo. Ambos tenemos la misma edad. Aunque pasé un infarto cerebral hace poco, y conservo la lucidez, sigo escribiendo, etcétera, evidentemente hay cosas que ya no puedo hacer. Ojalá que Fidel, que es quien tiene más autoridad, escriba, que se ocupe de la historia de la Revolución, dé testimonio de algunas cosas que hacen falta porque si no se van a quedar en la oscuridad. Yo intentaré todo lo que pueda en lo que me queda de vida; mi autoridad no es poca pero es limitada. La de él es inmensa. Podía influir sobre las generaciones jóvenes de Cuba y de fuera de Cuba, de América latina y más allá. Tiene esa tarea. Lo que se logró con la entrevista a Ramonet es mucho, pero todavía tiene muchísimo por contar. Es lo fundamental que te quería contar. Es bien complejo y no es solo un problema literario, ni un problema de sí y no.

Estas cosas yo las he dicho de algún modo, pero quisiera estructurarlas. Sabes que cuando uno escribe también estructura y mide mejor que cuando habla. Y sobre estos temas quisiera medir cada frase, medir cada palabra.

—NO OBSTANTE, A MÍ ME QUEDA LA DUDA PORQUE EN UNA ENTREVISTA QUE LE HACE FAUSTO CANEL Y QUE PUBLICA LUNES… EN EL NÚMERO 71, USTED ARREMETE CONTRA LA LÍNEA ESTÉTICA DE REVOLUCIÓN Y LUNES DE REVOLUCIÓN.

Y no sólo ahí. En algo que se acaba de publicar que es mi carta a Fidel y Dorticós yo uso la palabra estética, pero no es la estética de la vanguardia. Lo que pasa es que no había aprendido yo a medir el lenguaje. Hoy no me equivocaría en las medidas del lenguaje. No había aprendido yo que en materia de estética cada palabra hay que cuidarla mucho. El enfrentamiento es porque Lunes de Revolución no era justo con algunos escritores y figuras paradigmáticas de la cultura nacional. No era un problema estético era ético.

Si has leído la colección de Cine cubano te darás cuenta que en Cine cubano yo me atreví, y vivo avergonzado de ello, a hacer balance de nuestro trabajo, del ICAIC, lo que hemos logrado y lo que no hemos logrado. Por lo tanto, hacíamos análisis de películas, hasta dónde hemos llegado… claro, el sustento de mi pensamiento entonces era si las películas son válidas culturalmente —entendida la cultura en su sentido muy amplio— o si son banales. Creo que eso no había que hacerlo. No había que hacer balance, ni hacer juicio. Es una de las cosas en las que me siento más liberado desde que dejé el ICAIC… No pensé nunca volver al ICAIC. Fue resultado de las circunstancias. Hacía 10 años que estaba en la UNESCO. Había un conflicto aquí y sabía que yo tenía un nivel de autoridad sobre la gente que me permitía abordar la situación que se había planteado, pero yo nunca pensé volver al cine. Y tuve que volver. Pero, ¿sabes lo más triste que ha pasado en mi vida en ese volver y que cuando salí fue la liberación más grande? No es la del trabajo, es la de decidir sobre los demás. Esa es la responsabilidad más horrible que existe. También es una responsabilidad, no cuando decides si un guión se hace o no se hace, sino cuando emites un juicio estético. Cuando dices esto sí, esto no; esto es mejor que aquello. Creo que todo es válido. Lo que no es válido es golpear a las personas. Lo que yo traté de decir y no dije bien no era una línea u otra. Por eso te dije lo del surrealismo, porque he hablado de eso en otro ensayito. El problema no es una línea u otra, porque para mí todas son válidas. El problema es querer imponerse a las personas. Eso es lo que sí creo que quisieron tener voluntad papal. Una cosa es enfrentarse al realismo socialista, que también lo he hecho. Y también creo que quien quiera hacer realismo socialista que lo haga.

En la reunión del otro día hice un elogio muy grande de [Eduardo] Heras León. Y te quiero decir que él era un poquito realista socialista, él no lo cree. Elogié la calidad de su persona, la calidad de su testimonio, el comportamiento que tuvo frente al abuso, y que haya conservado su espíritu revolucionario. El testimonio que dio el otro día era desgarrador. Pero, cuando él sale de la fábrica esa y escribe, realmente yo dije: «lo amansaron». Me quedé horrorizado. No las primeras cosas, pero esas, Acero. Después de oír el testimonio del otro día, que era desgarrador, escrito de una manera preciosa además. A mí me conmovió. No se puede oír un testimonio así y decir, «ay, qué bien», y doblar la página y dedicarse a otra cosa. Todavía no sé lo que va a producir en mí ese testimonio. Lo que pasa es que todo lo encasillamos. Si no es surrealista, es realista socialista, si no es dadaísta. Todo tiene que tener un nombre. En Acero, que cuando vi que se había metido en ese tema y cómo lo estaba abordando, y con tanta pasión aceptadora, pensé que era realismo socialista. Después del testimonio del otro día pienso que simplemente la experiencia que vivió lo conmovió. Convivir con aquel tipo de trabajador y con aquel tipo de vida lo golpeó a fondo. Yo no sé qué sería de mí si tuviera que vivir en una fragua. Me moriría. No lo hubiera resistido.

—DE ALGÚN MODO HEMOS HABLADO DE LAS CIRCUNSTANCIAS QUE LO LLEVARON A ESCRIBIR “CATEDRALES DE PAJA”, UN TEXTO QUE SIGO CREYÉNDOLO AGRESIVO HACÍA LA GENTE DE LUNES. USTED LOS DEFINE COMO “TERRORISTAS INTELECTUALES”.

Es que lo eran. Juzgaban a los demás. Y ésos demás eran demasiado grandes. Era Orígenes, era Carpentier, era Alicia Alonso, eran grandes figuras de nuestra cultura. Yo parto de los paradigmas.

Estoy por abrir el camino a los jóvenes. Incluso en lo que estoy haciendo ahora, “Persona y Pensamiento”, no sé si conoces, nada más que trabajo con jóvenes en ese proyecto. No le propongo a los jóvenes considerarse sabios. Hay que proponerse ser mejor que Carpentier, que Lezama, que Alicia. Hay que proponerse ser mejor que los mejores, que Harold [Gramatges], que Leo [Brouwer]. Hay que ser mejor que ellos; pero, hay que partir de ellos. Ahora mismo, no sé si lo sabes también, porque parece que no vas a las cosas pero las sabes, en la reunión en la que se eligió el Comité Organizador del Congreso [de la UNEAC] se insistió mucho en los jóvenes. Yo estuve en los encuentros donde se prepararon todas estas reuniones. Pero, como en la presentación no se aclararon ciertas cosas, la única intervención mía fue para decir: «estoy de acuerdo con abrirle el camino a los jóvenes, pero a los jóvenes con talento».

Si tú reclutas jóvenes talentosos y los vas empujando a que se ganen el derecho a ser de la juventud o de la Legión de Honor, está bien. El reclutamiento es entre el talento. No entre los que tienen la banderita roja.

—ESO ES PELIGROSO.

Eso es suicidio. Franqui lo hizo cuando él era joven todavía, relativamente, porque era un hombre maduro, y lo hizo en circunstancias en que era su salida. Benefició a esos jóvenes que tuvieron un chance a mano y que lo aprovecharon. Pero, por ese clima que había en el país...

Mira, cuando terminó la reunión de la Biblioteca, Edith García Buchaca era la secretaria del Consejo Nacional de Cultura, era la que dominaba y ¿qué hizo? Algunos de los jóvenes que habían estado en medio de todas las discusiones salieron como Consejeros culturales, attaches culturales. Ella fue la culpable. Fíjate que digo culpable, porque los separó de la Revolución. Tenían que haber seguido viviendo la Revolución, con igualdad de derecho, y al hacerse La Gaceta haber ido allí a jugar un papel. Y no los únicos. Yo pienso más… por eso quiero hablar o escribir sobre este mismo tema… creo que en realidad la solución de Fidel fue la posible, pero creo que la mejor solución en otras condiciones ahora, y mañana, y siempre, es que hayan cuatro revistas literarias, o cuantas se puedan, que representen todas las tendencias que puedan surgir. No una. Una sola, no. Ni tampoco avalada por el periódico del Comité Central. Tienen que haber varias. Es más, yo creo que los periódicos… el Granma, por ejemplo, diría: una página editorial y una columna internacional que representen al Partido, lo demás no. Eso de representar al Partido en el plano de la cultura… ni en la cultura, ni el deporte, ni en nada. Esas son otras cosas. Son otros terrenos de la vida.

—Y AQUELLOS ATAQUES QUE SE HACÍAN DESDE EL PROPIO LUNES…, ¿EN QUÉ MEDIDA AFECTABAN LA RELACIÓN ENTRE LA INTELECTUALIDAD Y LA REVOLUCIÓN?

No creo que afectaran. Era un período de lucha. Cuando hay turbulencia la gente inteligente sabe que hay que esperar y que un día se liberarán. No creo que los intelectuales que fueron afectados por los ataques de Lunes creyeran que eso era permanente. Sabía que había una lucha. No creo en monolitos, en ninguna época; ni entonces, ni ahora. Creo que siempre hay corrientes, personas, individualidades, grupos, etcétera, que tratan de influir en una dirección u otra, que combaten o simplemente no combaten y tratan de marcar con su impronta una situación. Lo grave es cuando se cristaliza una posición. Es verdad que ha habido momentos en nuestra historia durante estos cuarenta y tantos años en los que ha habido cristalizaciones. Por suerte, son cristales frágiles y al final se rompen. Y hay momentos de discusiones. El libro de Graziella [Pogolotti: Polémicas culturales de los 60] revela una de esas. No sé si has tenido en tus manos el libro del Che, Apuntes críticos de la Economía política. Es muy interesante porque muy tempranamente ya está planteando el problema de los manuales, que después discutieron en Cuba socialista, Teoría y práctica y otras publicaciones, Aurelio Alonso y Leonel Soto y otros. Discutieron sobre los manuales. Te recomiendo que le eches un vistazo para sentir la época. Algunas cosas mías están saliendo ahora porque yo he hecho lo siguiente: en Cuba no existe la ley de que pasado 25 años eres libre de publicar las cosas, como en los Estados Unidos, donde se desclasifican; pero, yo no acepté una sola cosa en el Partido con la que no estuviera de acuerdo. Siempre me expresé. Ahora, no salían publicadas, pero las estoy metiendo en libros.

Acabo de publicar una carta que le mandé a Blas [Roca] diciéndole todo lo que pensaba de ciertas cosas. Manolito Pérez la conservó. Yo creía que estaba perdida porque cuando salí del ICAIC saqué del archivo todo lo que me correspondía, pero esa carta nunca la encontré. Y Manolito Pérez tenía una copia, que es algo importante. El criterio se resume a esto: yo creo que los partidos, el nuestro también, no pueden ser correas de transmisión puras, tienen que ser núcleos pensantes (think tanks). Los americanos, el presidente puede ser un imbécil; pero, el think tanks que tiene al lado no es un imbécil, ni remotamente. Tú puedes hacer lo que quieras, puedes equivocarte y rectificar, que era la posición del Che. El Che decía: «si nos equivocamos, lo cambiamos».

La verdad no es absoluta. La verdad es siempre una aproximación, constantemente cambiante. El Che era así. El problema es que el cambio no puede ser un acto frívolo, pero el cambio es necesario constantemente. Ante nuevas situaciones, nuevas soluciones. Eso es la revolución.

—ES COMO EL CONCEPTO DE FIDEL DE MODA: “REVOLUCIÓN ES CAMBIAR TODO LO QUE DEBE SER CAMBIADO”.

Pero, fíjate, tú haces así de buenas a primeras y es la revolución permanente. Entonces eres trotskista. Ya estás encasillando. La tendencia a encasillar es algo espantoso.

La historia no se escribe así. La historia es laberíntica. La historia no es lineal. Los acontecimientos se dan por intercepción de muchos factores y, en las personas, por cambios que se producen por la experiencia y porque las convicciones pueden evolucionar. Yo me pienso a mí mismo hoy anarquista converso al marxismo y me pregunto: «¿yo habré dejado de ser anarquista?» No encuentro contradicción entre el espíritu libertario y el marxismo, en su ética. Entre otras cosas, porque Marx no dijo cómo iba a ser el socialismo. Eso es mentira. Y yo, aunque te parezca mentira… claro, es mentira que la mayor parte de los marxistas se han leído El capital. Eso es una mentira. En primer lugar, porque no hay quien se lo empuje completo así de un tirón. Pero yo, que ya me lo leí, me acabo de releer El capital. ¿Sabes para qué? Para poder polemizar. No me lo he leído de punta a cabo, me lo leí selectivamente; pero, hice una “maldad” más, por si tengo que polemizar, hice esa relectura de la obra en la única versión en la que Marx revisó las pruebas de galera. Estos son tiempos que vuelven a ser de polémica.

—YO HABÍA LEÍDO ALGO, CREO QUE EN UNA ENTREVISTA CONCEDIDA AMIR LABAKI, DONDE USTED AL HABLAR DEL CASO PM, QUE FUE COMO EL CLÍMAX DE LOS CONFLICTOS CON LUNES DE REVOLUCIÓN, DEJABA ENTREVER CIERTA INMADUREZ EN SU MODO DE ACTUAR ENTONCES. USTED DECÍA: “ACABABA DE SALIR DE LA CLANDESTINIDAD. ME ATACARON Y RESPONDÍ A PUÑETAZOS”. ¿SI NO HUBIESE SIDO POR ESTA APARENTE INMADUREZ, ANTE LA APARICIÓN DE PM HABRÍA REACCIONANDO DE OTRA MANERA?

Seguro hubiera reaccionado distinto, pero no aprobándola. En el momento en que salió PM, que además el tema de PM y las imágenes de PM no son más que lo vivido por nosotros en el marco del hampa habanera, conviviendo precisamente, no exactamente con Sabá [Cabrera Infante] y el fotógrafo [Orlando Jiménez Leal]; pero, sí con Guillermito, con Titón, con Lisandro, en ese grupo. Esto no era lo que había que hacer en el momento, pero tampoco creo que había que hacer un drama de eso. Hubiera estado en contra, hubiera hecho lo que hice. Yo no prohibí esa película, eso es mentira. Ellos se llevaron la película, se las entregué. Me negué a hacerme parte de esa película, a que la distribuyera el ICAIC. Ellos podían ponerla donde les diera su gana. Pero, parte de lo que quiero decir tiene que ver con esto.

En mi explicación anterior faltaron dos o tres puntos que tenía que haberte dicho. Uno, que estoy harto de que la historia de la cultura cubana sean PM, la UMAP y el Caso Padilla. La historia de la cultura cubana después del triunfo de la Revolución, en tanto que continuidad de lo anterior, continuidad y ruptura como es todo instante histórico, me parece que se ha empequeñecido. Aunque traté de explicarlo diciendo que el silencio en el que habíamos permanecido tantos años, muchos, dejando que el único vocero de la Revolución fuera Fidel, claro, nuestro gran comunicador; y todo el mundo en el silencio, no abordando nada, aun sabiendo todo lo que se decía en el exterior. Y algunos del interior, revolucionarios, además, pero que se enredan en este hecho de que para ser escuchado hay que hablar de PM y de la UMAP, como si los procesos históricos no fueran altamente complejos, tuvieran etapas, se cometieran errores, se superaran, como lo hacen las personas. Hombre o mujer, nadie es igual diez años después. Lo mismo pasó en la época. Y han pasado tantas cosas de las cuales no se hablan. Entre otras, se resaltan todos nuestros defectos, nuestros fallos, los vacíos que tiene todavía nuestra sociedad, de que el socialismo no haya podido ser lo que queríamos, etcétera. Tenemos 800 mil universitarios. La riqueza más grande de un país es eso. Es una riqueza inoperante en este instante, pero al menor chance de que despegue de nuevo la sociedad cubana, que está estancada, hay algo que ya no hay que construir y es el tesoro más grande. No lo digo por gusto. Si ahora el Banco Mundial, el superbanco y el archibanco, todas esas cosas que existen por ahí y una concentración de millonarios que sigan queriendo aportar para el desarrollo de Cuba dieran 50 mil millones de euros para el desarrollo, podíamos hacerlo. Pero si le dieran 50 mil millones a otro país de la región, no pueden desarrollarse, ¿qué te parece? No pueden hacer nada. Y, aunque yo viví en México y agradezco muchas cosas a México, te diré lo siguiente: una de las cosas que ayudaron al desarrollo de México fue que entraran 300 mil personas preparadas de la República española de un tirón, en un año. Esa es la inversión más importante siempre. En esta época que vivimos, mucho más. Sin el saber no hay desarrollo. Bien, tenemos esa inmensa cuenta en el banco y momentáneamente no podemos hacer nada con ella, pero podremos hacer. Es mi confianza, yo soy un optimista.

Ahora, no dije otra cosa que es muy importante y que tiene que ver con la pregunta que me has hecho sobre mí mismo. Yo era alguien que había participado en la lucha de un modo directo, había sido torturado, que me hicieron salir de Cuba en esas condiciones. Me hicieron salir porque ya no podía resistir La Habana. Ya había decidido participar de otro modo. Este es el momento en el que ya era del 26, no del Partido; pero, tenía la experiencia del Partido. Eso me permitió analizar muchas cosas. Tampoco hay que olvidar que había vivido casi tres años en Europa y había alcanzado un nivel de información cultural, no sólo en la cultura, me interesé mucho en la política cultural de la URSS. Todo lo que había pasado antes del Congreso de intelectuales del 34 en el que se proclamó el realismo socialista. Había leído una buena parte de la literatura y de los libros sobre arte que una editorial, que se llamaba Slavia, que funcionaba en Suiza. Había estudiado a fondo lo que había pasado en la URSS. Aunque no estaba seguro de que íbamos a llegar al poder, estaba eso como un sedimento mío. Al triunfo de la revolución, no solo yo, todos los que participamos de un modo activo, nos manteníamos en algo así como “alerta de combate”. Y cuando empezaron a pasar estas cosas, pasa que algunas gentes yo ni sabía quiénes eran. Quiero decir, de esos jóvenes de Lunes. Yo sabía quiénes eran las grandes figuras, y no puede olvidarse que ellos también eran jóvenes que estaban empezando.

El otro día se estaba hablando de El Puente, yo me acuerdo que yo conocía a gente de El Puente, pero porque me abordaban, porque iban a mi casa, incluso. Si llega a ser por la vida natural de las cosas, nunca hubiera sabido quiénes eran. Estaba atareado, en el equipo que redactaba las leyes de la Revolución, la Ley de la Reforma Agraria, no ocupándome de las broncas entre El Puente y no sé quién o lo que había pasado entre Ciclón y Orígenes. No es que lo ignorara, es que no eran prioridades mías. Lo que pasa es que, de buenas a primeras, sentimos un grupo de nosotros, y ahora voy a llegar al otro aspecto, que el periódico Revolución estaba utilizando la cultura para apoderarse de los medios de comunicación, que eran los que le interesaban de verdad. Hay que decir lo siguiente: una parte de los participantes en toda esta época que eran militantes del viejo Partido tenían la conciencia plena de apoderarse del poder. Te diré, para mencionar nada más que en el campo de la cultura, que ésta era la mentalidad de Edith García Buchaca, que quería ser ministro de Cultura, y que puedo afirmarlo, porque me lo pidió a mí, quería que se creara el Ministerio y ser Ministra; y arrastrada por el momento Mirta Aguirre, instrumentalizada primero, apartada después. Dos mujeres de talento, una de inmenso talento y de inmensa cultura Mirta; otra, culta y de talento, pero más política y más estalinista que Stalin. Bueno, eso es exagerar, más que Stalin no podía serlo. Estoy hablando de la cultura. A su vez, el Movimiento 26 de Julio no era un monolito. El 26 no era un monolito porque algunos teníamos esa adopción marxista dentro del 26, pero otros, que eran tan revolucionaros como nosotros porque habían participado también en la Revolución como acto y no como palabrería —digo palabrería y parece despreciativo, no es así; hay veces que palabrería no significa despreciar—, los otros, que no voy a mencionar, porque no estoy dispuesto a mencionar gente que son más que revolucionarios, los que están vivos y los que están muertos, que no habían aceptado todavía el marxismo. Todos éramos del mismo Movimiento. Había gente que había aceptado el marxismo, pero le tenía horror al PSP. Si fuera un monolito no hubiera habido tantas decepciones, tantos enredos y deserciones. Nosotros no estábamos discutiendo con conspiradores. Como ya dije: la naturaleza personal de Franqui no estaba predestinada a ser un contrarrevolucionario, aunque haya terminado en eso. Otros sí, porque su pensamiento no podía evolucionar.

Había también dos PSP, uno más joven, del que fueron parte esos compañeros que después se quedaron conmigo en el ICAIC, pero que un día, en una reunión convocada por el PSP y presidida por Edith García Buchaca… —esto estaba pasando en el mismo momento de PM, lo que pasa es que no lo sabe la gente—, se intentó ponerme un comisario. Y todos lo aceptaron, porque Edith les informó que Fidel le estaba pasando el poder al Partido. Se tragaron lo que le dijeron, porque era muy en serio, porque había mucha confusión. Era una época de entusiasmo desbordarte, de pasión revolucionaria, con banderas y amores y alegría. También de turbulencia inmensa, de cuál era el camino, de qué es lo que se quería hacer. Yo no acepté y, cuando salí de ahí, me fui directo a ver a Fidel. No estaba Fidel y se lo conté a Celia —Fidel y Celia vivían a unas cuadras del ICAIC. Celia se indignó: «Está pasando en todo el país. Nos tienen tomado el teléfono». ¡A Fidel!, ¡Fidel vivía ahí! Y yo, que nunca he hecho las cosas como me las indican, sino de acuerdo con mi filtro, boté a los que tenía que botar y dejé a los que tenía que dejar. Los que eran de verdad cineastas en potencia se quedaron conmigo. Tomé el mando como mi generación lo ha hecho siempre en circunstancias difíciles, de mandón.

En realidad, todo lo sabía desde antes. Porque Tony Briones —que era un muchacho que yo me había encontrado en un campamento que teníamos en México, que fue él quien vigiló la construcción de los estudios en Cubanacán y otras cosas que nosotros nacionalizamos, que nos ayudó cuando tomamos la televisión de Pumarejo y no se separó de mí hasta que lo mataron en Venezuela— levanta un intercomunicador para comunicarse con alguien (los intercomunicadores eran cosas estrafalarias, enormes) y se había quedado del otro lado un intercomunicador mal colgado, y escucha una reunión de la que yo no estaba informado. Me dice, «ven acá». Yo me acerco y escuchamos que se esta planeando lo del comisario. Es decir, que a la otra reunión yo voy ya preparado; pero, pensando que lo podía parar explicando a los compañeros, etcétera. Pero me encuentro que esa reunión la estaba dirigiendo Edith García Buchaca, que a su vez encabezaba la Comisión de Cultura del PSP, que debía estar disuelta y que no lo estaba.

Entonces, toda esta convulsa situación es el marco de PM. Alguna gente, cuando maneja las cosas, a falta de suficiente información, cree que yo pude hacer lo de PM solo. Pero el PSP se metió también, y se metió Blas, y se metió Mirta. La mejor prueba es que cuando… se produce la reunión de la Casa de las Américas, donde se discute el destino de PM, estoy ajeno. Es Mirta Aguirre y su equipo del PSP los que van allí y discuten, y hablan de que se ponga en las organizaciones y hacen de esto… lo que pasa es que Sabá y el otro muchacho se presentan en el quinto piso —todavía no estaba mi oficina en el séptimo piso del ICAIC, y me llaman fascista. Entonces, les entré a piñazos. Claro, tú ves ahora un personaje que no puede entrarles a piñazos a nadie, pero en aquel momento yo era otro, física y mentalmente. Tenía mezclada mi condición de combatiente y mi condición de intelectual, sin que todavía no depurara el lenguaje y las actitudes de una cosa y de la otra. Por eso es que yo digo que hubiera actuado posiblemente distinto.

Hoy hubiera sido más maquiavélico, es decir más diabólico. No vamos a decir maquiavélico porque Maquiavelo en definitiva no merece todo lo malo; vamos a decir diabólico, el diablo sí se lo merece. Creo que la inteligencia cuando es madura tiene un ángulo de diabolismo; si no, no es inteligencia. Yo debía haber comprendido que les estaba poniendo en bandeja un martirologio ridículo. No valía la pena aquello. Ahora, se callan muchas cosas. Primero, yo no me quedé con PM, yo se la entregué. Después se discutió cómo se usaba PM, etcétera, etcétera. Y le dejé esa misión a otros. Sabá se quedó en Cuba y fue funcionario de Cubarteimpex, y viajó hacia adentro hacia afuera. Pasaron años antes de que ellos decidieran convertirse en mártires. No sé si esto tú lo sabes, porque ahora tú pasaste de Lunes de Revolución a PM. Ellos se quedaron en Cuba, fueron funcionarios, y Padilla fue el dirigente de Cubarteimpex. Iba y venía y compraba libros. Las cosas no son tan simples. Guillermo Cabrera Infante tampoco se fue enseguida. Fue Consejero cultural en Bélgica, mala apuesta de Edith García Buchaca, que tenía poder para hacer esas cosas en su momento, y el embajador era nada menos que Gustavo Arcos, hasta el final jefe contrarrevolucionario, más bruto que una piedra, más salvaje que una piedra, racista, la negación de un revolucionario.

Ese era el Alfredo que estaba actuando en aquel momento. Pero, podía actuar hasta cierto punto, porque estaba la fuerza del PSP ahí. Yo no era todo lo lúcido que puedo ser hoy. No me había dado cuenta de que estaba poniéndoles en bandeja el martirologio, que además no se dio enseguida. Pasaron años. Después ha sido utilizado, es utilizado por los de afuera y también por los de adentro. La mejor prueba es que seguimos discutiendo lo mismo y no lo que hay que discutir.

—LOS ACONTECIMIENTOS SE QUEDAN CONVERTIDOS EN MITOS.

Se quedan como un mito, y el poder de un mito hay que saberlo. En determinadas ocasiones… por ejemplo, en el caso de dos cineastas que detuvieron porque uno hizo un documental masturbándose y hablando de la Revolución al mismo tiempo… los detuvieron. Yo no te voy a decir lo que hice, pero plantee que eso era un disparate. Qué más da que se masturben. Que hagan lo que les de la gana. Lo mejor sería sacarlos de la cárcel y dejarles en libertad. Así se hizo, y qué ha pasado, ¡nada!

Cuando Reinaldo Arenas salió de Cuba, ya se le había abierto el camino para que trabajara en la revista Cine cubano, a petición de la Inteligencia, porque otros organismos no lo quisieron aceptar y era el general Arquímedes quien estaba gestionando ponerlo en algún lugar para que pudiera repuntar. Reynaldo llegó a Miami. ¿Tú sabes lo que le pasó? Él nunca lo narró pero te juro que es así, y si un día estás presente y coincides te presento a mis amigos cubano-americanos, a la gente a la que tuvo que acudir Reynaldo para alquilar un apartamento en Miami. Porque no le querían alquilar allí un apartamento por ser homosexual.

Si en Cuba la homofobia estaba calientica, y es verdad, que no me digan que los cubanos en Miami aceptaban a los homosexuales. El macherío no surgió con la Revolución. El macherío existía antes. Existe en el trópico, existe en el mundo latino, existe en el mundo católico, existe en el mundo santero y existe en el hampa y existe en la burguesía. Ahora la gente se está civilizando, está aceptando la diversidad en el mundo. Eso no surgió en Cuba, ni cosa parecida. Es normal que entre el machismo, la vida guerrillera de una época, las condiciones de convivencia en la clandestinidad y la ignorancia, la homofobia era inevitable. El peor enemigo de la diversidad de criterios es la ignorancia. Por lo tanto, el peor enemigo de la Revolución es la ignorancia. Y éramos ignorantes. Esa es la verdad. Todo esto para decirte, que había demasiadas fuerzas encontradas. Todas, en el fondo, luchando por el poder.

Ahora, hay que comprender que la lucha que había era muy confusa. Franqui y lo que él tenía a su alrededor no estaban contra la idea socialista, tenían el terror de que la idea socialista fuera decomisada por el PSP. Pero yo tenía la convicción de que Fidel no iba a ser manipulado por nadie, ni por el PSP, ni por quien más influencia tuviera en él, ni por mí tampoco. Fidel no era manipulable. Fidel tenía su diseño, y yo acepté el suyo. Contrario a lo que hizo Franqui y lo pagaron los de Lunes de Revolución, sin ser culpables y sin saber lo que estaba pasando.

—PERO, LO OCURRIDO LUEGO DE LAS “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”, QUE FUE EN LO QUE DESEMBOCÓ TODO ESTO, ¿HIZO BIEN O HIZO MAL A LA INTELECTUALIDAD?

Fidel no podía hacer otra cosa. Supo lo que hacía, acertó y fue para bien.

—PERO, ¿SE MAL INTERPRETARON LAS PALABRAS?, AQUELLO DE “DENTRO DE LA REVOLUCIÓN TODO, CONTRA LA REVOLUCIÓN NADA”.

Creo que para el trabajo intelectual fue más que positivo. Eso no quiere decir que unos años después en el Congreso de Educación y Cultura no haya pasado lo que pasó. Son dos cosas distintas. Se tergiversaron, pero no las palabras. Fue violada la línea. Incluso, el discurso de Fidel no tiene nada que ver con lo que se acuerda allí. El discurso de Fidel es una pasión latinoamericana. Y cuando Fidel se vuelca sobre Latinoamérica se está separando de la Unión Soviética. Hay que saber leer. Aunque sea aliado, la tenga y la necesite. Y cuando hace la Zafra de los 10 millones, que ya yo estoy hasta lo último con la interpretación de la Zafra de los 10 millones. Es verdad que fracasa, pero hay que reconocerle otra cosa: Fidel hace la Zafra de los 10 millones porque está desesperado por no caer en manos de la Unión Soviética. Está desesperado por encontrar un asidero para poder desarrollar su propia política. Ese es el carácter no lineal de la historia. ¡Es todo tan complejo, inciden tantas fuerzas! El papel de las circunstancias… ¿cómo podíamos nosotros cuando teníamos 19, 20, 21 años? Los que éramos en esa época no somos los mismos después, y cuando llega el triunfo de la Revolución…

El primer problema para mí es pensar que jóvenes como ustedes tengan que escribir sobre temas que no vivieron. Tienen que encontrar un hilo por aquí, un hilo por allá, porque no hemos dicho nuestras verdades.

—Algunos de los entrevistados durante esta búsqueda para rehacer el tema de Lunes de Revolución me dicen que es necesario esperar más tiempo, que ya de esto escribió un puertorriqueño y no lo hizo bien; que escribió una brasileña, y tampoco. Les digo, pero cómo ellos van hacerlo bien si nosotros, que somos cubanos no acabamos de entender cuanto ha pasado en este tiempo.

¡Cómo lo van entender!

—ALFREDO, ADEMÁS DE ANDAR EN ESTOS ASUNTOS ORGANIZATIVOS JUNTO A FIDEL, EN LAS LEYES REVOLUCIONARIAS, USTED ERA TAMBIÉN DIRECTOR DEL ICAIC. ENTONCES…

Las cosas no son así. El ICAIC se fundó el 24 de marzo del 59, pero Fidel me había dicho meses antes: «no te puedes ocupar del cine». Pero, un día me dijo: «prepara ahora la Ley del cine». Imagínate, yo estaba en la Ley de Reforma Agraria, estaba en algo tan descabellado para mí como la Ley de la Marina Mercante. Él veía que yo hacía todo, y estaba con él, y me iba en los helicópteros a visitar lugares… yo dije «no puedo perder la oportunidad». Formé un grupo entre los que estaban Titón, Julio [García-Espinosa], Humberto Ramos que era el jurista... Un grupito pequeño, que se metió a prepararlo todo conmigo. Preparamos la ley. Quería que en la Ley aparecieran determinadas frases. Sobre todo me interesaba la primera frase: “el cine es un arte”, que fuera el primer país del mundo en que su ley del cine recordara que el cine es un arte. Eso no quiere decir que pude dedicarle todo el tiempo. Lo que pasa es que cuando uno tiene esa edad se multiplica, no duerme, hace locuras. Lo hacia todo y no pasaba nada, seguí viviendo y no me di cuenta de que paralizaba otras cosas de mi desarrollo. Después de 23 años de estar al frente del ICAIC —tres años había sido mi pacto con Fidel, porque después iba a dedicarme a hacer cine yo— salí para la UNESCO. No salí contento, porque era el resultado de las broncas con Tony Pérez [Herrero]. Creía que me habían derrotado, pero en realidad creo que me preservaron; Fidel hace eso. Y ¿tú sabes lo que hice los 10 años que estuve en París? Reciclarme. Los pasé estudiando. Porque aunque tenía funciones no es lo mismo que la locura de este país.

—YO LE RECORDABA LO DEL ICAIC PORQUE LOS ESTUDIOSOS DE LA ÉPOCA, QUIENES SE HAN ACERCADO AL PROBLEMA, INSISTEN EN QUE ESO FUE, EFECTIVAMENTE, UNA LUCHA POR EL PODER, EL PODER CULTURAL. Y DE ALGUNA MANERA USTED REPRESENTABA UNA PARTE DE ESAS FUERZAS…

Lo que no soporto es la idea de que era el PSP contra… mentira. En Revolución estaba una fracción, una parte del 26, reclutada por Franqui, como te expliqué.

Cuando Graziella me dijo que le interesaba que te recibiera. Yo dije: «bueno, yo no sé quién es este; pero Graziella sí sé quién es». Y dije, «bueno, déjame jugármela, porque esto es jugársela, porque me pueden instrumentar». Me ha parecido que no eres de esa categoría, pero lo que quiero es, ya que hay alguien que se va a dedicar a esto, decirle un punto de vista que no acaba de aparecer y que en los libros míos empieza a aparecer. Creo que tiene que aparecer específicamente. Quiero decirte que pasé una parte de la mañana de hoy escribiéndote una carta, que la voy a terminar algún día y te la mandaré. Es mi modo de decir estas cosas por escrito, organizadamente, etcétera. Yo me comunico con mis amigos por carta.

—QUERÍA RETOMAR ESTO QUE USTED MENCIONABA DE LA IGNORANCIA Y EL MAL QUE HACE. PARECE QUE HA SIDO, ENTONCES, LA IGNORANCIA LA QUE HA CONVERTIDO SU IMAGEN EN LA DE UN ANTI-LUNES. Y SI HA SIDO LA IGNORANCIA…

No ha sido la ignorancia. Es toda una voluntad. Una voluntad, que quienes desarrollan son los de afuera.

—¿DE MANERA CONSCIENTE?

Conscientemente. Es verdad que me enfrenté a Lunes, pero no es a Lunes al que me enfrenté, fue a Franqui. Como te he precisado antes. Incluso, las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan de otro modo. Evidentemente Fidel empieza a pensar cómo arbitrar entre todos. Entre todos, no es dos grupos, son muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Esto que me voy a atrever a decirte, aunque estés grabándolo, no lo tomes como una convicción porque tengo dudas, pero debo decirte que ese instante que conduce a la reunión de Fidel con los intelectuales y todo este clima, fue el que creó que Fidel comprendiera muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Pero, después no hablar de estas cosas, y quedarnos nada más que con el discurso de Fidel —discurso que no solo es la frase tan citada—, a veces dudo si fue una involuntaria decisión, falta de creatividad o debilidad de nuestra parte: toda idea grande y abarcadora merece ser continuada, afirmada y enriquecida, también intelectualmente.

Yo empecé a publicar mis textos hace diez años nada más. ¿Por qué? Nadie ha contestado nada. Qué orgullo teníamos de no dialogar con el enemigo. No era dialogar, era enfrentarnos. El único que se enfrentaba era Fidel. Pero, desde la Revolución hay pocas respuestas. Incluso, cuando el Caso Padilla, cuando pasa todo, Fidel dice horrores de la intelectualidad que nos empieza a condenar, pero me manda para Europa con esta instrucción: convencer, neutralizar, conquistar. Hay una posición que no es contradictoria, que es lo que siempre digo a nuestros embajadores, no es a los convencidos con los que hay que convencer. No es ese el trabajo. El trabajo de un Embajador es ir a los otros, es enriquecer, ampliar el área de los que nos comprenden. Trabajar con las organizaciones de apoyo, que lo haga el segundo secretario. Pero tengo que trabajar precisamente con los que no quieren acercarse a mí. Y hay algunos embajadores que actúan así, que hablan con las organizaciones de solidaridad, almuerzan con las organizaciones de solidaridad, comen con las organizaciones de solidaridad, mandan recados a las organizaciones de solidaridad y mandan informes aquí sobre el trabajo con las organizaciones de solidaridad. Bueno, ¿y qué? Si cuando yo voy a hacer un trabajo en el exterior no voy a consolidar lo que tengo, sino a ampliar el campo de acción. Es como yo veo la diplomacia y como veo también la polémica. Y ¿cuál es el resultado de este silencio? Que no hay polemistas, que salen por ahí y no pueden enfrentar una conferencia de prensa, la época de los Raúl Roa se había terminado. Ahora puede que algunos intelectuales lo puedan hacer, pero… ¿los periodistas por qué no lo pueden hacer? Prácticamente no hay un periodista que sepa contestar a nadie. Temen que le den un palo después, cuyo chichón no se cura en 10 años. Pienso que entonces, ahora y siempre no importa la condición, las posibilidades, etcétera. Hay que tener algunas otras cosas, pero también hay que tener lo que no tienen… jugársela. Y si le dicen que se equivocaron pues le digo para eso estoy. No hay modo de que en un combate siempre se gane, por qué le aceptamos a los peloteros que pierdan un día y yo polemista no puedo perder un día. Ese es el problema.

SEPULTADOS POR LA MEMORIA

jagb 21/10/2009 @ 14:58

No deja de ser raro, muy raro, que los tres documentales coordinados por Jorge Luis Sánchez, a propósito de los cincuenta años de la fundación del ICAIC, apenas hayan sido comentados por la crítica especializada, o en sentido general, estudiosos de la cultura cubana.

Hay en esos tres materiales elementos atractivos sobre todo si se quiere pasar de ese lugar común que es la festividad por la festividad, para hacer de la efeméride un modo de mejorar el presente. El primero de los documentales se titula “Dentro de cincuenta años”, y aparecen allí cuatro jóvenes cineastas que hablan sobre la Animación, la Producción, el Público, y el Documental. El segundo se nombra “Nunca ha sido fácil la herejía”, y rememora, a través de la voz de cinco cineastas (incluyendo a Alfredo Guevara) algunos de esos eventos polémicos que han contribuido a concederle autoridad al ICAIC en la esfera pública. El tercero (“Salvador de Cojímar”) le rinde homenaje a Salvador Wood, uno de los actores más carismáticos del cine cubano.

En realidad, esto que suena “raro” (me refiero al silencio crítico alrededor de los documentales) en verdad me va pareciendo la regla, y no precisamente la excepción. Como no se trata exactamente de un panegírico de esos que ahora mismo saturan a la red, sino de una aproximación que intenta asomarse con espíritu opinante a la institución, a sus dinámicas, sus controversias y legados, supongo que muchos han preferido optar por el mutismo, que es el mejor modo de no meterse en conversaciones incómodas.

Los documentales me parecen muy recomendables. Jorge Luis Sánchez es un cineasta al que le gusta romper moldes. No solo desde el punto de vista conceptual, sino también formal. Basta recordar “Un pedazo de mí” o “El Fanguito” para saber que lo suyo no es la servidumbre ante la realidad; que antes lo que le desvela es inquietar a su espectador.

Esto no quiere decir que, ya en lo personal, no tenga un buen número de diferencias con varias de las interpretaciones que allí se brindan. En otro momento intentaré argumentar algunas de esas discrepancias (aunque parte de esas objeciones pueden rastrearse a lo largo de este blog).

Pero por el momento me interesa reflexionar sobre otro asunto. ¿Por qué siguen brillando por su ausencia entre críticos e historiadores los debates en torno a la historia del cine cubano?, ¿por qué se sigue apelando a un exceso de positivismo que apenas toma en cuenta “las versiones oficiales”, y descarta el contrapunto?

Es posible que otra vez alguien me diga que “la historia siempre la escriben los vencedores”. De acuerdo, pero podríamos ensayar en algún momento la búsqueda de un equilibrio donde “la voz de los vencidos” complemente ese discurso que permitiría obtener una idea un poco más integral de lo que ha sido la creación cinematográfica en sí, o lo que es lo mismo, la gestión cultural de esa institución. Esto quiere decir que para un historiador o estudioso que ambiciona entender lo sucedido en “el pasado” resulta imprescindible tomar en cuenta estos documentales producidos por el ICAIC, pero también el realizado en Francia por Ramón F. Suárez, por poner un ejemplo, sobre la llamada “década prodigiosa del cine cubano”, y que ofrece otras “versiones” del asunto.

De cualquier forma, no dejo de reconocer que poco a poco se van haciendo visibles las distintas partes que conforman este gran rompecabezas cultural. Y que hay además una voluntad de rescatar aquella “nostalgia por el futuro” que movilizaban a los cineastas fundacionales. Por eso, de los tres documentales, el que más me atrae es el que lleva por título “Dentro de cincuenta años”.

Por supuesto que esa suerte de voluntad de pronóstico tiene más de enunciado poético que de análisis racional. En realidad, ni siquiera sabemos qué va a pasar con el cine dentro de cinco años. Las incesantes revueltas tecnológicas apuntan hacia una imparable mutación tanto de los hábitos de producción como de consumo. Pero lo interesante de un título como ese es que, pese a que se inspira en el festejo de una efeméride (otra vez el pasado), le concede más peso a la voluntad de imaginar un futuro que a rendirle un culto paralizante a la memoria (a lo que ya ha sido).

Ya sé que esto que diré puede sonar polémico, pero en mi criterio cuando el peso de la memoria es tanto que no permite levantar vuelo a la imaginación, la Historia se convierte en algo hueco, donde solo caben aquellos que ya “la han vivido”. Al resto nos toca la peor parte, porque solo nos queda revivir, una y otra vez, esos mismos acontecimientos.

Juan Antonio García Borrero

JORGE PUCHEUX SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA

jagb 20/10/2009 @ 11:03

A Lucas de la Guardia.
Por Jorge Pucheux.

Con la misma entrada del primer Norte en Playa del Carmen, durante la 4ta edición del “Festival de la Rivera Maya” donde me encontraba, llegó también, como una ráfaga de viento frío, la mala noticia del fallecimiento de nuestro querido amigo de siempre, Lucas de la Guardia.

Hoy a 2 días de su desaparición física siento la inmensa necesidad de dedicarle unas pequeñas letras. Lucas entró en nuestras vidas en los años finales a los cincuentas, como parte del grupo vocal LOS BUCANEROS, del cual era una de sus voces. Durante mucho tiempo, aún después del triunfo de la Revolución, continuó deleitando al público en esta agrupación, hasta que se incorpora al ICAIC en el año 1960 en el Departamento de Dibujos animados como editor especializado en esa actividad.

Durante todos estos años, casi 48, Lucas fue no solo el editor de todos los filmes de animaciones del Instituto, sino también compositor de muchas de las obras musicales que conformaron las bandas sonoras de cientos de películas de animaciones del ICAIC, amén de su participación también en la creación del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

En años buenos y en años difíciles, Lucas estuvo ahí, al frente de su actividad, sin faltar a un llamado, trabajando con directores como Jesús de Armas, Hernán Henríquez, Tulio Raggi, Mario Rivas y Juan Padrón. Su aporte al cine cubano de animación es indiscutible.

Sean estas pequeñas palabras, nuestro modesto pero profundo homenaje a Don Lucas, que mientras se sigan pasando sus filmes y se escuchen sus notas musicales, estará presente entre nosotros. Como creador y gran ser humano. ¡Hasta siempre amigo¡

PD: PEDRO VELÁZQUEZ SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA

Conocí a Lucas de la Guardia por los comienzos 1968, cuando entré a trabajar en Dibujos Animados. Era yo muy joven y recién salido del Pre. Mi primer encuentro con él fue en el departamento de Línea y relleno a donde el pasó de casualidad. Me llamó la atención ese señor serio muy educado y con andar pausado. Me saludó y me dio la bienvenida. A partir de ahí Lucas y yo comenzamos una respetuosa amistad, que tiempo después y como buenos vecinos que fuimos, aumentó más. Digo vecinos porque mi cuarto de trabajo estaba frente al de edición donde el laboraba. Allí conversamos y el me explicaba los entresijos de la edición. Creo que como Pepe Reyes, Noel Lima, Paquito, Gisela, Hernán y muchos más, me hicieron comprender la belleza del dibujo animado y amar el cine en todas sus expresiones.

Lucas fue un hombre de firmes principios que en los momentos difíciles y en reuniones laborales, de gran intensidad, supo mantener su posición por encima del criterio prevaleciente en esa época. Creo que en una reunión, de la cual ni recuerdo la fecha, pero que si fue hace décadas, el mantuvo una postura viril y a pesar de las consecuencias que podría acarrearle su actitud, la mantuvo por encima de todo, dejándonos pasmados a la audiencia. Ese era Lucas de la Guardia.

Al marcharme yo de cuba, nos despedimos dándonos un fuerte apretón de manos que sellaba ese amistad de años y que además era el adiós, porque sabíamos que como a muchos, no volvería a ver.

Recordaremos a Lucas de la Guardia con afecto, respeto y sobre todo con aquella admiración que siempre tenemos hacia los que una manera u otra nos enseñaron el camino correcto a seguir.

Descanse en paz Lucas....como siempre todos le dijimos.

Pedro Velásquez

PD: Falleció en Marianao, el pasado sabado 17 de octubre.

RUDY MORA SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL”

jagb 19/10/2009 @ 12:24

DESDE “LAS CERQUITAS”.
Por Rudy Mora.

Concluidos los debates teóricos del CARACOL UNEAC 2009, comienza el ciclo hacia los próximos en el 2010 como ha sucedido hace más de dos décadas y como se supone será en los próximos años, solo que las experiencias recientes deberán matizar la proyección futura del evento. En esta emisión no hubo instantes memorables en ningún sentido pero por la clara visión de sus organizadores se consiguió retornar a las premisas que dieron lugar su creación, traspasando la inmediatez que hacía habitualmente del encuentro una “reunión de reclamos” y consiguiendo de manera general un cierto nivel teórico sin que fuera posible evadir totalmente la clásica polémica institucional.

El CARACOL en su primera década y quizás un poco mas fue un espacio esperado, se recuerdan momentos donde el llamado “debate” llegó hasta el delirio, la entrega de premios constituía verdadera fiesta emotiva para los realizadores del país, prestigiaba ser ganador de un premio y había participación de artistas de otras manifestaciones, siendo estos y otros aspectos los que le otorgaban el tono y color particular. En la siguiente década hasta hoy el rumbo se extravió y la perdida de sus virtudes por razones vinculadas a la gran depresión que trajo el período especial condujo a la apatía, secuela que en esta ocasión volvió a dejar constancia evidente, diría que como se esperaba a pesar de los esfuerzos por encontrar un nuevo elemento movilizador.

Se evidenciaron que las CERQUITAS divisorias entre parcelas laborales ya no es solo una tendencia y que después de luchar para obtener el “pedacito” preservándolo en muchos casos, y garantizando el regreso a el en otros, no es posible que existan deseos ni interés de mirar un poco mas allá y menos de oír un tanto mas acá por que tampoco nada hace que sea necesario, siendo por esto que la poca participación, por no decir nula, de creadores con espacios y resultado puntuales, cineastas, especialistas y profesionales vinculados concretamente con la producción fuese un hecho, sustituidos en cada una de las secciones por interesados de instituciones relacionadas, varios académicos y personas con criterios, algún que otro diletante, pocos estudiantes, curiosos y no mas de 3 o 4 críticos legitimados, aunque en ocasiones se dejó ver algún realizador.

Es consenso que por las grandes dificultades materiales para hacer concretamente la TV del día a día, la de “de vez en cuando” la obra alternativa y la oficial en otras productoras, disminuya la importancia de las valoraciones conceptuales, de ahí que los monólogos también proliferen y la preocupación fundamental radica en acumular fuerzas para pelear por lo que cada cual considera imprescindible en su lugar, momento, quehacer y subsistencia. No obstante, aun existe otra minoría que tienen otras interrogantes que no siempre son lanzadas públicamente por temor a la subvaloración moviéndose los tópicos en un espectro amplio y aunque en tono bajo y casi siempre en forma de comentario se deja escuchar:

¿Es que ya no es posible un encuentro teórico que se concentre en temas artísticos excluyendo los pasajes cotidianos?... (Que tampoco son abordados en otro lugar, es cierto). ¿Es que la vieja ausencia de recursos, es incompatible con el intercambio inteligente de criterios?. ¿Es que los audiovisuales actuales y los programas de TV no necesitan pensarse a sí mismo?. ¿Es que después de lograr…. lo que se hace esta muy bien y no hace falta más?. ¿Para qué cambiar si no repercute en mi vida profesional y sin embargo me la complica?.. “Estamos mirando por un catalejo hacia martes”… parafraseando la canción de Buena Fe.

Para otros que también padecemos los mismos males pero que necesitamos la interacción, entre otras razones por la poca literatura actualizada sobre Comunicación y los Medios que se dispone, la muy esporádica o ninguna confrontación internacional y por el valor de escuchar, no interesándonos tanto la ¿propiedad de la plaza? si no la prosperidad y el acceso a ella, el intercambio como en la comunidad primitiva… (ej.; Te ofrezco un dato a cambio de un artículo encontrado) tiene mucho sentido, por ende el evento debe renacer y consolidarse.

Sigue siendo complejo saber, y en las actuales circunstancias mucho mas, si hay que aplaudir o no la no existencia en la TVC de un indicador de rendimientos y resultados solo comprometido con la creación en toda su dimensión, la calidad y funcionalidad, ese sería un punto y aparte, sin embargo resulta fácil entender que por esa indefinición los objetivos personales se dividen en dos bandos y que la mayoría prefiere preservar, por lo que el CARACOL teniendo en cuenta esto y lo que debe suceder al respecto en tiempos cercanos, debe consolidar su estrategia contribuyendo mas que nunca a lo contrario.

Conseguir un mayor interés en el debate artístico y cultural que es el que justifica la permanencia útil del foro CARACOL es un objetivo, y seguir distinguiendo los paneles con la participación de artistas de cualquier edad con resultados no solo en la TV, académicos y teóricos de las Artes, los Medios y las Ciencias Sociales, volver a involucrar a los creadores y directivos no para enfrentar si no para intercambiar, todos dispuestos a ejercitar el pensamiento colectivo (como se logró en alguna medida) es otro objetivo y requiere de mas ideas y fundamentos, no obstante creo posible el viraje debiendo ser estos enunciados las próximas conquistas, aunque es justo decir que para lograrlo ya se han y se están dando pasos y entre nosotros, mejor, entre los que les interese la propuesta pertenezcan a la UNEAC, a cualquier lugar o sin lugar está el apoyo y la colaboración que se necesita.

Rudy Mora.

FÉLIX SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL TEXTO DE IÁN PADRÓN

jagb 19/10/2009 @ 12:02

MI REINO POR UN CARTUCHO MÁS....
(A los lectores de la carta abierta a Julia Osendi)

“¡No siempre han de ser inútiles la honradez y el valor!”
JOSÉ MARTÍ

Compañeros, colegas, cubanos:

No he recibido hasta hoy respuesta alguna de Julia Osendi, ni de ninguna institución que haya estado detrás de la censura al jonrón de Kendry Morales, pero sí muchos mensajes de amigos y de gente que sencillamente ha querido transmitirme su solidaridad, agradecerme el bien que puede hacer una reflexión así a la patria, a nuestro futuro. Otros, aunque no me han escrito, sé que han sentido y expresado su respaldo a estas palabras. A todos debo gratitud, esos actos compensan con creces todos los sinsabores del silencio.

Cuando uno da un paso así, sabiendo o imaginando los riesgos —de una tendenciosa interpretación, de la ira que puede despertarse en los cuestionados—, lo hace sacrificando su instinto de conservación, casi acopiando, acumulando en una dirección única, esos gramos de valor que todos más o menos llevamos dentro y que las causas nobles nos ayudan a agrupar. No se trata de un valor excepcional ni mucho menos, es el mismo del que en una asamblea levantó su mano contra la corriente, del que sabiéndose en desventaja optó por hacer lo correcto en un momento de la vida.

Mi carta abierta podía decir más. Claro, lo sé. Solo un tonto creería otra cosa. Una carta no es un manifiesto. Pero entiendo que los que te agradecen ese acto, recordando a Martí en su sentencia sobre los desagradecidos y las manchas del sol, se fijan, no en las ausencias, sino en el poco de luz de esas palabras, en lo que se dijo y no en lo que se dejó de decir. Cuando alguien tiene sed y le tiendes medio vaso de agua, lo justo, lo moral, es que recuerde que le diste un vaso medio lleno de agua y no un vaso medio vacío.

Por esto que les he dicho antes, me ha resultado realmente “simpático” algo que he leído en el blog del importante crítico de cine Juan Antonio García, días atrás, un artículo de la autoría del joven realizador cinematográfico Ián Padrón, que él tituló “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, en cuya introducción, verdaderamente como de pasada, calentando el brazo, se refiere a la carta abierta y cierra su referencia —luego de atenuar la participación de Julia Osendi con cierta filosofía de que “maldad de muchos, culpa de nadie”— con estas palabras, donde el reconocimiento a la honestidad funciona solo como analgésico para el mazazo final:

Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre”.

No he escrito “simpático” por error, es que tras darle muchas vueltas a la conclusión del joven cineasta, no he encontrado otro adjetivo mejor. Tanta gente a la que ha faltado valor para defender la verdad en la historia de nuestras censuras deportivas, incluso no pocos probablemente en este caso específico de Kendry, y el joven cineasta elige para herir, disminuir en su orgullo, precisamente al que se ha atrevido a denunciar lo ocurrido y lanzar la denuncia a los cuatro vientos.

Confieso que, tras un primer momento de desconcierto, pensé responder a esta parcialidad, a este insulto, de un modo más enérgico, escribí algunas cosas que Ián Padrón merecía escuchar acerca de la tradición que existe en la ética (y también en la dramaturgia del cine), y que exige que si irrumpo y digo que te faltó valor para algo, seguidamente me atreva a ese algo, so pena de resultar un villano o un bufón. Pero al final me pareció excesivo todo, un derroche de pólvora, y me confié a las útiles lecciones de la historia.

Seguramente Ián Padrón conoce bien la anécdota de nuestras guerras independentistas, cuando un capitán se negó a cumplir la orden personal del Generalísimo de tomar un fuerte con tres cartuchos por hombre. Para el capitán era una locura intentar la toma del fuerte con ese parque. El Generalísimo obvió sancionar a su subordinado diciéndole cobarde o algo similar (ningún mambí pusilánime llegaba a capitán). Como hacen los héroes, y Máximo Gómez sí lo era, cuestionó el valor de su oficial de otro modo, se colocó ante la tropa, les dijo a los soldados que entregara cada uno dos de los tres cartuchos que tenía, y partió al frente de ellos a tomar con apenas un cartucho por fusil el fuerte español. Y lo tomó.

Yo creo finalmente que sí, que me faltó mucho valor en esa carta. Mi valor no es muy grande, y menos infinito. En mis veinticinco años de servicio en las FAR hice lo posible porque estuviera a la altura del deber, de cada circunstancia, pero nunca logré que creciera tanto como para vanagloriarme hoy de él. Nunca me propondría para kamikaze con una sonrisa de desafío a la muerte en los labios. He corrido muchas veces en mi vida y no puedo jurar que no lo haré otras tantas. Sé lo que es el susto, el temor, y la cautela, y muchas veces he callado y después me he enojado con esa victoria de mi prudencia. Pero nunca esperé que alguien, por su aval de un documental sobre la pelota, un documental valioso, humano, un buen documental, pero donde no menciona ni causas ni nombres de nada, y que se dice tan preocupado por la pelota cubana, leyera mi carta y se propusiera reparar únicamente en la supuesta mancha solar, en el vaso medio vacío, como los desagradecidos. ¿Ya antes habrá acusado Ián Padrón públicamente a alguien, así sin rodeos, por falta de valor para algo? ¿Lo hizo en aquellos días de censura de su documental? ¿Estrena acaso su etapa de radicalismo conmigo? ¿Me ha concedido el mérito de ser diana inaugural de tan virtuosa saeta?

Como el joven realizador achaca lo que yo no digo, mi “faltante”, a un problema de insuficiente valor y no desconocimiento, se nos presenta incluso como adivino. Sí señor, allá, a cuatrocientos sesenta kilómetros de Ciego de Ávila, sin haber intercambiado jamás una palabra conmigo, Ián Padrón sabe lo que yo sé y lo que me callo. ¿Desaprovecharán a partir de hoy los abnegados oficiales de Día y noche esta singular facultad suya?

Lo esperanzador es saber que, si el joven realizador dice que yo no llamé las cosas por su nombre, está pregonando a la misma vez que él sí sabe esas otras cosas, ese complemento silenciado por mí, y, por supuesto, cuáles son sus nombres (y apellidos) verdaderos. Con la misma fuerza con que blasona esto, me imagino que ha de sentir la responsabilidad pública de administrar esta riqueza informativa que posee y ostenta. ¿Debe esperarse mucho para que esta responsabilidad halle curso más útil que un infeliz y simpático anatema contra mí?

Yo me hice algunas preguntas en la carta que parece que para él, muy cercano a los medios, a la capital de todos los cubanos, y en particular a Julia Osendi, no son necesarias. Si él no necesita las respuestas a estas preguntas, porque sabe los nombres reales de las cosas, me lleva gran ventaja, está en condiciones, con su valor (que espero no resulte inferior al del Gómez de la anécdota, asumiendo yo el papel del aleccionado capitán), de contribuir a la continuidad y profundidad de la polémica. Solo nos queda esperar, pues, que suene la claqueta y se reanude la filmación. ¿Quizás Ián está pidiendo que otros se pongan, junto con él, o por él, valientemente, la chamarra de Industriales, y salgan al combate? Me gustaría que este itinerario en busca de la verdad y los responsables de la censura, no terminara causando apenas un embotellamiento fotogénico en las puertas de un estudio del ICRT.

Aguardo, les digo, porque no creerá Ián Padrón que la sublime lección suya de cómo llamar a las cosas por su nombre esté en su documental, en su carta de protesta, en el propio texto “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, este último un listado de preocupaciones y propuestas, sin un cuestionamiento revolucionador, una duda, una objeción, sin causas ni responsables, auténtico ejemplo del discurso fiel a los límites, donde no hay un solo porqué. Se trata de un documento-programa muy propio de un buen amante del béisbol, que la burocracia leerá siempre con satisfacción, pero lejano de esa agudeza, ese saber ver lo esencial tras lo aparente, que uno esperaría de una gente de cine, arte que siempre ha nucleado —y recuerdo aquellas polémicas de los 60— a verdaderos paradigmas de nuestro pensamiento cultural. No, seguramente habrá otro texto (otro fuerte español tomado) de Ián Padrón, un documento sí radical, repleto de cosas bien llamadas por su nombre, y donde, por supuesto, su valor cumplirá con las expectativas de exceder en no menos de dos pulgadas la nimia estatura del mío.

Les debía estas palabras a todos. Me siento mejor. Gracias a los que han reconocido la utilidad de la carta abierta, y me han perdonado mi escala humana, sin exigirme la virilidad de un gladiador romano.

Gracias también a Ián Padrón, cómo no. Soy escritor, tengo nombre, como todo ser humano (aunque para el joven realizador soy solo “aquel que la carta escribe”), y he descubierto ya, en mi más de medio siglo de trajinar con la vida y con los libros, que mientras más conozco a algunos de mis contemporáneos mejor entiendo a muchos personajes de la literatura, desde Alonso Quijano hasta Julien Sorel.

Un abrazo fraterno,

Félix Sánchez
Ciego de Ávila, 18 de octubre de 2009

EN MEMORIA DE ALBERTO SÁNCHEZ

jagb 18/10/2009 @ 16:14

Me entero tarde del fallecimiento de Alberto Sánchez. Lo conocí en Huesca, un lugar que tiene para mí un valor afectivo tremendo. Era uno de los directivos del Festival de Cine que se celebra allí todos los años. Cierto que no compartí con él el privilegio de la amistad que me concedió Pepe Escriche, o que aún comparto con Lázaro Venereo o Ángel Garcés (no obstante los silencios prolongados), pero evoco con verdadero placer sus conversaciones llenas de referencias cinéfilas. También agradezco que haya sido el que me presentara a ese gran crítico (y excelente persona) que es Francisco Javier Millán. No digo nada más: solo dejo testimonio de cuánto nos puede afectar la noticia de que alguien que has conocido, aunque no seamos exactamente “amigos”, de pronto deja de existir.

Juan Antonio García Borrero

REYNALDO GONZÁLEZ SOBRE LA CRÍTICA

jagb 17/10/2009 @ 22:51

SOBRE CINE, MELONES O SANDALIAS
Por Reynaldo González

Querido Juani:

Me ha picado el asunto de la crítica de cine (o de cualquier asunto) en la televisión (o en cualquier otro medio), porque entre nosotros la cuestión de la crítica se ha convertido, inobjetablemente, en un «asunto crítico». Pero le dan una altisonancia inmedible y, de paso, impagable. Como la vieja recurrencia idiomática de llamar «momento crucial» a cada punto en la historia, en los negocios, en la vida. La expresión padeció la reiteración, la dejadez y ya todo era crucial. El gran burlón que fue Borges, para herir la retórica del habla hueca si quiere parecer solemne, en una entrevista y por un motivo baladí, soltó una perla. «Este es un momento crucial, como todos los anteriores.» Y algo así pasa con la crítica: debería ser espontánea, dispuesta a saltar ante la más leve motivación, pero se nos ha convertido en un ritual desacostumbrado, por eso la rodean de ritualidades. En el asunto de la crítica de cine hablamos de aromáticas presencias y de sublimadas ausencias, pero, como se dice ahora, «ese no es el punto». El punto es el saludable hábito de la crítica, que el raciocinio despierto la imponga porque la siente como necesidad. La crítica ya sale dañada si nace convocada. Si para que se mueva el pensamiento inconforme –y la inconformidad es connatural a la crítica– le hiciera falta una convocatoria, es que tenemos el meollo adormilado, dependiente de reclamos exteriores, ordenanzas o como quiera llamárseles. Lo que se ha perdido es la actitud crítica. Ya sea sobre cine, melones o sandalias. Paulatinamente la crítica fue sustituida por una amorfa aceptación, una obsecuencia que también acude para hablar de cine, melones o sandalias.

Contrario a la reflexión crítica, abunda la información relamida sobre algunos asuntos. Quizás hallemos el momento en que empezó a declinar. Las convocatorias llegaban custodiadas por autorizaciones. Ya no sólo qué se criticaba sino quién lo hacía. Terminó confundido el oficio de propagandista –válido y necesario– con el de supuesto crítico «autorizado», la proposición a ver una película quedó en un énfasis de pretensión analítica, forma untuosa que la inadvertencia toma como ejercicio del criterio, retórica que pide préstamos al lenguaje teórico, a la cuantificación, a la adjetivación aparentemente definitoria –este importante director, esta importante producción...– para concluir en una papilla masajante y no informativa. Es un lenguaje ampuloso, con tres palabras vacuas donde cabría solamente una, si fuera inteligente. Con esas paparruchadas eso inefable que llaman «comunicador» gana categoría de crítico. Has mencionado a colegas que cumplen su cometido con eficacia y salvan el oficio, pero abundan los otros y uno se pregunta si no pudiéramos ver el cine, nomás, sin introitos que desprecian la inteligencia común. Recibimos un parloteo de «enterados» que a su vez padecen y hacen padecer ese aparato ortopédico llamado teleprompter, porque el pecado lo cometieron al hilvanar en lenguaje macarrónico lo que luego debían leer ante la cámara, amparados en no sé qué convencimiento de que la legibilidad estorba. Me pregunto si se requieren más espacios sobre cine o mejor aprovechamiento de los existentes. Eso pasa también con otras disciplinas. Se impondría dar la voz a quien la sabe usar, a quien tiene algo que decir.

En varias ocasiones, y en tus libros, trataste el monopolio icáico, la imposición de una historia del cine desde y para el ICAIC, en desatención de otras producciones. Eso ocurrió, pero desarrolló su estela. Después vinieron interesados olvidos, obvios silenciamientos. La vida ha quebrado aquel monopolio y su autoridad, que no fue sino una infundada imposición mesiánica. En los primeros tiempos los aspirantes a realizadores «documentaban» el cine siguiendo pautas de la oficina que les pagaba. Por mucho tiempo dijeron qué se debía pensar sobre el cine cubano, incluso establecieron un reconocible «lenguaje ICAIC». El tiempo pasó. Y pasaron insoslayables quebraderos de cabezas. Ahora, ante una crisis que no es solamente de recursos, sino de talento, cuando varias películas parecen salidas de un mismo troquel, entregas de una saga acogida a la comedia –«comedietas» me permití llamarlas–, téngase o no sentido del humor y a veces sin la más elemental capacidad para narrar historias, al panorama fílmico acuden sorpresas desde otras orillas, acogidas a las nuevas tecnologías, a veces heroicas producciones familiares. Más que sorpresas deberían tenerse como aleccionadores estremecimientos. La «industria» se resigna a un padrinazgo tardío, o busca talentos fuera del elenco archiconocido, demasiado agotado. Puede ser una solución sabia.

Y en medio de todo están los avatares de una «crítica» que pocas veces habla de esos pormenores, incapaz de lecturas cruzadas y de investigaciones que calcen sus afirmaciones. Si algo necesitan los espectadores capaces que constituyen el público cubano no es la sobredosis de recitativos que le endilgan a las películas –muy pocas veces sobre cine, sobre el arte, sino siguiendo la vieja receta del contenidismo como tábula rasa–; le sobran las pasiones palabreras que afirman o niegan. En tu comentario trazas un panorama de posibles confrontaciones entre personas capacitadas, a algunos citas por sus nombres, frente a un panorama que las desechó. Hoy los enlatados nos introducen en los estudios hollywoodenses, conocemos sus talentos y los pormenores de sus filmes, pero no se discute el destino de nuestra vida cinematográfica, sus actores, la manera en que se forman, las contradicciones que afrontan, las posibilidades que tienen y el éxodo del talento, joven o viejo, que es una palpitante realidad. La información puede y debe ser crítica, sin temor a no coincidir en lo correctamente político trasladado al terreno de la creación artística. Sabemos que ese dilema sobrepasa el cine, su solución no está en las manos de los críticos y cronistas cinematográficos. Pero debo pensar que sí está en el terreno en que se desenvuelven. Allí el debate fraudulento puede ser debate verdadero, sin conclusiones previas, sin slogans, sin la obligatoriedad del canto como un diezmo. Quizás así aprenderemos de cine, a la espera de saber también sobre melones y sandalias.

OTROS CUATROCIENTOS GOLPES

jagb 17/10/2009 @ 13:07

No he podido resistir la tentación de comentar brevemente algunas de las ideas expuestas por Gustavo Arcos en su motivadora reflexión acerca de la crítica del audiovisual en nuestros medios.

Este es un asunto que para nada es nuevo. De hecho, el “Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica” celebrado en Camagüey en 1993, surgió justo porque nos interesaba hablar sobre el estado de salud de la crítica en la isla. En esa cita se dijeron cosas bien interesantes. Y en la clausura se anunció que se crearía la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica”, algo que finalmente se hizo realidad dos meses después. Sería bueno que algún día pudiéramos evaluar con mesura el saldo que ha dejado todo este tiempo transcurrido: ¿ha crecido la crítica de cine en Cuba en ese período?

Como no me gustan los extremos, soy de los que pienso que sí han existido acciones positivas. Por otro lado, admito que hay en el país un grupo de críticos que están haciendo un trabajo excepcional. Luciano Castillo con su “De cierta manera”. Rufo Caballero con sus intervenciones a propósito del audiovisual, que incluye al cine. O Rolando Pérez Betancourt con esas propuestas de “La séptima puerta”, que al menos yo, trato de no perderme ninguna. Estoy mencionado apenas algunos. Ahora, ¿basta la existencia de una cierta cantidad de buenos críticos para hablar de consolidación de una “Crítica” nacional?

Mi criterio es que eso es un espejismo. Como es engañoso el hecho, comentado por Gustavo Arcos en su post, de que a mayor número de espacios para escribir o hablar, se enriquece la Crítica. ¿Se acuerdan de aquel sarcasmo de Bruce Springsteen a propósito de ese infinito número de televisoras que no dicen nada?: “54 canales y nada dentro”, soltó “el Boss” con invicta ironía, y algo de eso nos pudieran reprochar a nosotros también: “54 críticos y siempre lo mismo con lo mismo”.

Para empezar, la crítica de cine en Cuba tiene en su contra que no dialoga entre sí. Cada intervención pública parece un unipersonal, una suerte de monólogo donde el crítico representa un personaje bastante alejado de la realidad, y de los otros. Y el divorcio entre el personaje y la realidad se hace evidente porque mientras esta última es dinámica, el crítico se empeña en conservar una “identidad” que no es otra cosa que fórmula que aspira a jugar al seguro.

Por otro lado, está el escaso interés de esa “Crítica” en adentrarse en densidades que puedan resultar polémicas. Pondré un ejemplo (aún cuando sea demasiado cercano) que nos ilustra sobre ese déficit: mientras que desde Francia la investigadora Laurence Mullaly nos comenta que utiliza algunos de los post que aparecen en este blog para invitar a sus alumnos al debate colectivo, en Cuba la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica” (por poner un ejemplo) participa de esa campaña de “invisibilización” a través de la cual determinadas polémicas protagonizadas en el sitio (sobre el audiovisual joven, sobre la mujer en el cine cubano, sobre el pensamiento relacionado con el cine, sobre los nuevos oficios, etc), apenas trasciende el marco de aquellos que acceden al blog o reciben la información. Aquí va mi pregunta: ¿cuántos miembros de la Asociación (no importa que vivan en La Habana o Guantánamo) no hubiesen podido aportar criterios, y enriquecer las discusiones si la directiva de la Asociación hubiese distribuido entre sus miembros esas polémicas relacionadas, no con Hollywood y sucedáneos, sino con el cine cubano?

Ante tanta inercia, suelo soñar con un programa televisivo donde, antes de presentar una película, tres o cuatro críticos expongan sus puntos de vistas con toda la pasión que uno espera. ¿Se imaginan a Enrique Colina polemizando todas las semanas en vivo con Rufo Caballero? ¿O a Gustavo Arcos con Víctor Fowler? ¿O a Luciano Castillo con Rolando Pérez Betancourt o Joel del Río? Y nada de grabaciones: todo en vivo.

Ese programa, y como un homenaje al Truffaut que todos admiramos, pudiera llamarse “Los cuatrocientos golpes”.

Juan Antonio García Borrero

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR

jagb 16/10/2009 @ 17:12

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR
La cinta de Ernesto Daranas representará a la Isla en la categoría de mejor película extranjera.
Agencias | 16/10/2009

La película “Los dioses rotos”, del realizador Ernesto Daranas, ha sido elegida para competir por la Isla a las candidaturas de los Oscar a la mejor película extranjera, según anunció una fuente oficial, reportó EFE.

La película retoma la historia de un famoso proxeneta de La Habana a principios del siglo XX sobre la que una profesora realiza una investigación para una tesis universitaria con el interés de demostrar la vigencia del personaje.

Rosa María Rovira, funcionaria de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dijo que la copia de la película ya fue enviada a los organizadores de los premios Oscar.

“Los dioses rotos” fue estrenado en el XXX Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, donde recibió los premios del público y de la crítica cinematográfica.

La cinta está protagonizada por los actores Silvia Águila, Ana Bú, Carlos Ever Fonseca, Héctor Noas e Isabel Santos.

La cinta de Daranas fue seleccionada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica como la mejor película cubana de 2008 y ha sido galardonada en varios festivales.

También, esta semana, el Providence Latin American Film Festival (PLAFF 2009), de Estados Unidos, le otorgó los premios a la dirección de arte y a la banda sonora.

PD: Sobre LOS DIOSES ROTOS puede leerse en este blog aquí y aquí.

PARA LOS ADICTOS AL INSOMNIO

jagb 16/10/2009 @ 14:04

Ante todo quisiera agradecer los hermosos mensajes que han dejado a propósito del post CERCANIAS. De paso me gustaría comentar algo. Algunas personas se han quejado, cariñosamente, de que no les llega como antes los diversos post que se cuelgan en el blog. Sé que esto que argumentaré a continuación contradice el espíritu de aquello que con tanto entusiasmo proponíamos en BLOGMAIL, pero uno es sucesivo: todos los días se aprende.

En realidad, si bien todavía creo que las nuevas tecnologías pueden contribuir a oxigenar esta sombría atmósfera saturada de monotonías viscosas, de lugares comunes que paralizan, de retóricas ampulosas que prometen y nunca conceden nada, de silencios escandalosos, asimismo me parece que el respeto a aquellos que prefieren mantener las cosas tal como están, es también legítimo. Si aspiro a que me respeten como pienso, pues lo menos que puedo hacer es tolerar a aquellos que opten por la no-acción. Esto no quiere decir que aplauda esa actitud, pero prefiero que sea el Tiempo el que encuentre las soluciones a estas diferencias. Eso sí, insistiré en argumentar mis verdades, mis azoros.

Y justo porque cada vez desconfío más de esa tradición que parece depositar la solución de los problemas en reuniones que cada cierto tiempo se convocan con el fin de discutir las probables soluciones (en vez de buscarlas uno mismo), es que me he refugiado en el blog: prefiero la compañía de unos pocos amigos a los cuales les anima lo mismo, no obstante nuestras diferencias, al autoengaño de creer que podemos arreglar el mundo.

Tomando en cuenta lo anterior es que he decidido reducir considerablemente el número de personas a los cuales envío lo que aquí se publica. En primer lugar, porque no a todos le interesa el cine cubano (a veces, ni aunque se trabaje en una institución relacionada con el mismo). ¿Por qué invadir el correo de alguien al que no le despierta interés el debate del cine cubano (entendiendo por este al que se hace por compatriotas en cualquier parte del planeta)? Esta pregunta y posterior autocrítica me la hice el día en que advertí que para mí sería verdaderamente una tortura recibir a diario mensajes mesiánicos o anuncios comerciales no solicitados.

En este sentido, me parece que el blog puede funcionar mucho mejor como está operando ahora mismo: como un espacio donde un pequeño grupo de amigos o personas afines exponen voluntariamente sus ideas, sus desvelos, sus insatisfacciones, o incluso, sus discrepancias, sin que nadie le imponga su punto de vista a los otros, o existan descalificaciones personales, ni polarizaciones que impidan la colaboración intelectual. Aquí el cine es apenas un pretexto para en verdad ensayar lo que pudiera llegar a ser alguna vez una auténtica “cultura de la diferencia”. Incluso los que muestran fidelidad desde el silencio también están contribuyendo a ese, para mí, ansiado modo de convivencia.

Lo otro es la falta de tiempo, que cada vez me desestabiliza más. Por suerte ya el blog no es algo personal, y contamos con un buen número de colaboradores. Pero aún así, como rector del sitio, me es preciso leer cada envío, editar, corregir, darle cierta uniformidad de estilo a los textos. Y el blog es solo un hobby, pues nadie puede vivir de esto: la comida de la familia hay que buscarla de otro modo.

Hace un par de días Mario Crespo me hacía una sugerencia: tal vez encontrarnos los fines de semana. O cada tres días. También Víctor Fowler propone colgar textos teóricos (más bien fragmentos que inciten al debate) con el fin de que el blog no se paralice. Estaré pensando en estas ideas, o cualquier otra que me sugieran con el fin de que nuestro “tren de cercanías” no se nos pare en medio del desierto y la noche.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA TELEVISIÓN DEL FUTURO

jagb 16/10/2009 @ 11:37

¿TELEVISIÓN DEL FUTURO?

Una vez más las preguntas estaban sobre la mesa de discusión en este XXI Caracol de la UNEAC: ¿Qué televisión quisiéramos tener? ¿Cuál es la que podemos hacer? Y aunque no hay gurúes, ni brujos entre nosotros, me gustaría compartir algunas ideas “humanas” que tal vez pudieran desbrozar el camino.

El propio hecho de pensar en la TV del futuro y entiéndase que no se trata del siglo XXII, implica una actitud positiva, una voluntad de transformación y movimiento. Esa posición, para que no sea un gesto o salto al vacío, tampoco demagogia, tiene que ir acompañada de acciones concretas y la disposición de afrontar riesgos como única forma de salir adelante. Si hay que cambiar, revisar o dinamitar lo que existe, hay que simplemente hacerlo de una vez y no darle más vueltas al asunto, porque en eso llevamos al menos un par de décadas.
Aunque para todo el mundo está claro que la Cuba de hoy es bien diferente a la de los 60 o incluso 90, chocamos constantemente con personas que parecen congeladas en el tiempo, mirando o añorando siempre un pasado que jamás volverá. Los castillos en el aire son hermosos para los cuentos de hadas pero la vida, ya se sabe, es otra cosa. Lo hecho, hecho está y el pasado nadie podrá cambiarlo así que miremos lo que tenemos para tratar de seguir adelante.

Primera certeza: si de verdad se quiere cambiar el estado actual de las cosas en nuestros medios, hay que darles mayor autonomía, y no digo total porque estaría hablando de otro país. Significa que sus directivos son los que tienen que tomar las decisiones artísticas, es en el marco de los creadores y técnicos donde se deben trazar las estrategias, los diseños de programaciones, encauzar los presupuestos y delimitar las funciones de cada redacción, canal, equipo o grupo de trabajo. Dialogar, consensuar, escuchar y no imponer. La autonomía significa también, o sobre todo, Responsabilidad.

No hay que ser ingenuos, pues sabemos que hasta el día de hoy todos los Medios están controlados o supeditados por el aparato ideológico del Partido quien de alguna forma es el verdadero dueño del negocio. Partido y Estado que están aquí, indisolublemente unidos, cuestión que no viene al caso tratar ahora. Pero si el Partido representa los intereses del pueblo, y de hecho existe porque así lo quiere el pueblo, entonces tiene, y no debe, que responder dialécticamente a sus demandas. Significa, no dejar para las calendas griegas algo que resulta, clamor popular.

El discurso tiene que ir acompañado de acciones porque si no las palabras se las lleva el viento y la primera acción sería justamente dejar en manos de los artistas y creadores, a la televisión. ¿Qué puede haber contradicciones entre los intereses del Estado y el de los artistas? Desde luego, siempre las ha habido, hay y habrá. Bien, de lo que se trata es de ser coherentes, de encontrar, gracias a las diferencias, el lugar de confluencias y eso solo puede lograrse a través del diálogo y la creación de un sistema que trabaje de forma transversal y no vertical. La UNEAC, las instituciones culturales y los centros de investigaciones sociales pueden y deben jugar un papel esencial en verificar desde sus experiencias, prestigio y contacto directo con la gente, el grado de fidelidad y respeto a los valores culturales de la nación, representados, tratados o visualizados a través de nuestros medios audiovisuales. Entiendo por fidelidad la cualidad de ser fiel a algo que me permita al mismo tiempo discutir y poner a prueba. Una fidelidad sin interrogantes, deja de serlo, se convierte en perversión, dogma y fanatismo.

Resumiendo, no le corresponde al Partido, ni a un individuo que hable en su nombre, ni a un grupo de “sabios” de oficina, que además no saben de arte, ni de medios, ni de comunicación, definir lo que debe hacer nuestra televisión o radio, mucho menos que programas, series, temas musicales, filmes, espectáculos deportivos, infantiles, didácticos o informativos deben trasmitirse y cuáles no.

En segundo lugar, la televisión tiene que respetar a sus mejores artistas y técnicos. Esto redunda, en buscar la forma (y hay muchas) de incentivar, legitimar, atraer el verdadero talento. Si un creador tiene éxito, si su obra presenta valores estéticos notables, si encamina sus energías a la experimentación y la búsqueda en el campo del arte o la comunicación, tiene que sentir recompensados sus esfuerzos. No puede haber igualitarismo, ni homogeneidad salarial donde una vez categorizados, todos reciben el mismo salario sin valorar el resultado de la obra. Desde pequeños hemos escuchado mas como una letanía, que como un principio, que a cada cual según su capacidad. Bueno ya estamos bastante grandes y creo que es hora de aplicarlo. El paternalismo y el subempleo nos han costado muy caros. Si se quiere rediseñar la televisión, ahí tienen un punto por dónde empezar.

No separado de lo anterior, está el tema de reestructurar la institución, ponerla de frente al mundo, de cara a las dinámicas contemporáneas en materia de signos estéticos y artísticos. Por supuesto que tal cosa no puede llevarse a cabo con la pantagruélica plantilla que tiene hoy en día. Dice un axioma que el mejor criterio de la verdad es la práctica. Hemos tenido la saludable experiencia del Canal Habana con su programación territorial de mostrada eficacia. ¿Quiénes integran esencialmente el equipo del canal? Un grupo reducido de jóvenes que le ha ido imponiendo su sello de frescura, espontaneidad y al mismo tiempo rigor. El canal tiene una imagen gráfica que lo identifica, un trabajo coherente de materiales promocionales y spots, un diseño atractivo y una relación de programas de todos tipos y géneros de gran valía. ¡Hasta la pelota se trasmite de forma diferente! ¿Cuál ha sido su principal baza? La libertad creativa, para lograr un sentido de pertenencia al sitio de todos sus integrantes, que ojalá logre mantenerse por mucho tiempo. Y no se trata de un fenómeno reciente pues no debemos olvidar el provechoso cambio que significó hace más de diez años, la aparición a mediados de los 90, de una nueva generación de periodistas que conformaron la programación de lo que era entonces conocido, como CHTV. Los ejemplos no hay que buscarlos fuera están bien cerca.
Una realidad se viene imponiendo en el mundo audiovisual y esa es, la fragmentación y atomización del trabajo artístico, ahora mucho más independiente. Las posibilidades que las nuevas tecnologías brindan a todos, permite que los medios que antes se concentraban en los grandes centros o industrias productoras ahora estén al alcance de muchos. Un creador o especialista no necesita trabajar dentro de la industria para vivir. Siendo realistas, la mayor parte de ellos hace su trabajo oficial, pero vive “por la izquierda”, es decir pueden pertenecer al ICAIC, la Tv nacional o alguna otra entidad, pero esto no implica mejoras a su calidad de vida o estatus social cosa que alcanzan, alquilando a otros sus servicios.

El trabajo independiente en la esfera audiovisual es un fenómeno relativamente nuevo en nuestro contexto, revelando nuevas formas de producción y singulares relaciones contractuales que han puesto en jaque tanto a los centros productores como al cuerpo de leyes preexistentes sobre derechos a la propiedad intelectual asunto que por cierto, ha estado en plena y calurosa discusión durante los últimos meses. Una señal de cómo se ha invertido el proceso y muestra la precariedad de la industria es que muchas veces ésta, tiene que alquilar los equipos de sonido o cámara a los propios creadores independientes pues ella no dispone de estos. En definitiva no resulta descabellado pensar en una Tv de personal limitado, donde prime y se valore realmente el talento, que diseñe una plataforma funcional y abierta a la diversidad de experiencias o géneros y realizada en buena medida gracias al servicio contratado, de pequeños grupos de creación artística independientes. ¿Será que toda la vida es sueño?

Si se quiere una televisión eficaz, dinámica y a la altura de las demandas de su época hay que actuar justamente, en correspondencia con lo que te dicta la vida y no a contrapelo de ella, pensando que se trata de fenómenos pasajeros o circunstanciales.

Todos los años escuchamos decir que no hay dinero, ni recursos suficientes para emprender los cambios que demandan la población o los especialistas. Cierto, que hay escaso financiamiento, pero es falso que ese sea el justificante. Si así fuera por qué hay tantos programas en la radio y tv que derrochan el dinero o el presupuesto del Estado sin que tengan ningún sentido más que el de satisfacer dudosas políticas en la esfera ideológica. ¿Por qué hay dinero para sacar al aire espacios que pocos ven, plagados de errores conceptuales y burdas manipulaciones que además se repiten sistemáticamente sin que tengan verdadera audiencia? ¿Cuántos espectadores siguen las tediosas clases por TV que son además retransmitidas o situadas en horarios del prime time? ¿Por qué hay tantas personas, conductores, periodistas o supuestos especialistas que perciben un salario por ser mediocres, retóricos y sobre todo aburridos? ¿Por qué una y otra vez se llenan huecos con documentales de lagartijitas, competencias de Fórmula 1 y patinaje sobre hielo, novelas pasadas de moda y reposiciones de la Mesa Redonda? ¿A cuántos puede interesarle el pormenorizado reporte informativo, que sigue el rumbo de un mandatario visitante por toda la ciudad, nota periodística que hace incluso alterar la programación y sacar espacios del aire? ¿Alguien sabe cuánto cuesta un minuto en pantalla? Si hoy mismo apareciera el dinero necesario para invertir seriamente en la TV, seguiríamos probablemente igual pues lo que hay que cambiar son los conceptos, las estructuras actuales y por qué no, también a muchas de las personas que ejecutan sin chistar las más disparatadas ideas.

¿Cómo puede diseñarse una televisión de cara al espectador si no son escuchadas sus demandas y si la imagen que les da de su propio país suele ser falsa o edulcorada? ¿No se nos ha dicho que se trata de una TV de servicio público? ¿Dónde están los verdaderos programas de crítica y opinión? ¿Por qué solo muy raramente, nuestros ministros o dirigentes se sientan en los estudios a responder las interrogantes de la población? ¿O es qué acaso su gestión no nos concierne? ¿Por qué hay tantos programas que se parecen unos a otros, sin personalidad o perfil que los distinga? ¿Por qué en los Telecentros suelen reproducir los esquemas de la Tv Nacional? ¿Por qué en la Tv Nacional tenemos que ver reportajes localistas o comunitarios sin verdadera trascendencia? ¿Hasta cuando tenemos que escuchar a los más veteranos decir que la Tv de Goar Mestre o Pumarejo, si era una televisión? ¿ Por qué si, desde hace 20 años tenemos un mercado de productos en divisa y millones de cubanos disponen de esa moneda, no podemos hacer publicidad comercial de los productos nacionales que son consumidos masivamente por la mayor parte de la población? ¿Si no hay dinero, no puede ser esta una forma de obtenerlo y de paso potenciar el consumo de mercancías cubanas?

Finalmente, la TV no existe para sustituir el papel de otras instituciones de la sociedad. Los problemas de esta no son de su responsabilidad, pueden o no, ser reflejados o debatidos públicamente y desde luego influirá, educará, trasmitirá valores, patrones sociales e ideas, pero no debe sustituir el papel, ni de la familia, la escuela, las universidades, los políticos, ni el estado. No es tampoco la casa de Dios aunque para muchos, en el mundo de hoy Dios es precisamente la Televisión.

Gustavo Arcos.

PD: ANNA ASSENZA SOBRE LA TV CUBANA

Juan, y Gustavo, por supuesto:

Me gustaría, en calidad de yuma obsoleta (obsoleta porque hace años que vivo aquí por lo tanto ya no soy una yuma, mas bien una (insisto) emigrante en Cuba) y por ende aficionada televisiva cubana, o 'utente', como se dice en Italia, me gustaría, decía, echarle un cabo a la TV cubana.

Yo provengo de una sociedad donde de verdad la TV es dios, y por eso puedo decir que la televisión cubana me encanta, aunque hay algo que tendría que cambiar para hacerla meno aburrida. Incluso yo soy una seguidora de la Universidad para todos, que a veces es agotadora, pero a veces es muy interesante, como por ejemplo las lecciones de estos días sobre la cultura musulmana. Escucho hablar al profesor (que como todos profesores a veces te dan sueño por como hablan, pero yo lo disfruto por ser uno que sabe bastante sobre el asunto y me quedo voluntariamente despierta para no perderme las informaciones que me da, en fin no todos son Cicerone, oradores eclécticos, pero sabe mucho y nos brinda su conocimiento, ¡gracias!)

La televisión cubana en mi opinión es la mejor que he visto hasta ahora, y yo sí he visto bastantes TV de otros Países, porque para mi ese cajón me interesa muchísimo verlo por cuestión laboral mía, ya que me gustaría trabajar en ella desde hace mucho. Me encanta la idea de entrar en las casas de la gente de a pié y contribuir al cambio de mentalidad restringidas. Mi abuela siciliana de cien años y pico de edad me dio esa idea cuando vi que en los años '80, la época del Hedonismo reganiano, la época de las Soap Operas o de las telenovelas, la televisión les cambió la cabeza, se modernizó de pronto. ¡Carajo que bello! Me di cuenta del poder que tiene ese objeto sobre los cerebros de la gente, que eso puede ser negativo pero también puede ser un medio positivo para ayudar al desarrollo de la mente. Como todos venenos te salvan o te matan, depende como se utilizan. Y es en ese sentido que a mi me gustaría trabajar en ella, decir cosas inteligentes.

Ahora: yo conozco un montón de personas jóvenes en Cuba, jóvenes que ahora tienen 30 y picos años, que son brillantes, y que trabajan en la televisión cubana, ellos son el fruto de la educación que recibieron aquí, y déjenme decir que son todas personas llenas de amor, sea para el trabajo que hacen que para el Pueblo al cual quieren entretener. Estoy pensando en gente como Luis Hidalgo de TV de Pinar del Río, estoy pensando a Waldo Ramírez de la Ribera y su esposa Iriana Pupo Serrano de la TV Serrana, y que ahora trabajan en TV Cuba Visión, uno y la otra en Canal Habana, estoy pensando en Frank Padrón, de nuestra América, en Chavarría del viernes, a Marta del programa de entretenimiento dominical, estoy pensando en todos aquellos que a pesar de lo duro que debe ser trabajar con un sueldo muy reducido, decimos la verdad porfa, se la pasan creyendo sobre todo en al amor que les meten a su trabajo. Yo me asombro por tanta generosidad, eso no pasa a menudo en el mundo entero.

Quizás los censores, que los hay porque cada televisión que se respete tiene que tenerlos, o sea, expertos en telecomunicación, propiamente porque a veces hay que saber como decir las cosas y cuando a todo tipo de público, deberían cambiar. Lo digo porque a mí personalmente me pasó una cosa muy curiosa, que me hizo morir de la risa cuando me enteré; les contaré para ver si se ríen conmigo:

Produje un cortometraje de ficción, “Libertad de movimiento”, el cual habla de tres personas que viven juntas en la Habana y se mueven libremente, una de ellas se encuentra sin brazos y sin piernas. Lo remarco porque me sorprendí muchísimo cuando me enteré de por qué 'coño' (discúlpenme la palabrota, pero la encuentro necesaria a este relato tan cómico para mi gusto) la TV no acababa de ponerlo en programación, a pesar del hecho que yo se lo regalé, por lo tanto no le costó nada (de la serie, los cineastas independientes a veces salvan el culo sin pedir nada a cambio, lo importante es que nos vea el Publico, de amor se trata en fin), hacía un año que esperaba con mucho orgullo y afán que lo pusieran en televisión.

Pues un día me entero que los censores habían decidido censurarlo porque al parecer en el cuarto comedor de la locación había un hueco en la pared que estaba tapado con la efigie de la bandera cubana.... y eso pareció ofenderlos.... cosa muy ridícula para mi gusto, uno porque estoy dispuesta a defender mi elección a nivel social, político y patriótico; ese hueco representa los huecos del mundo entero, que si los tapamos con la bandera cubana quizás podemos lograr cambiar la humanidad, y lo pienso seriamente, sin panegíricos lameculos, creo en esta sociedad, aunque llena de contradicciones humanas, y por lo tanto justificable, pero lo que no puedo justificar y ni tolerar es como es posible que el ojo del censor no se conmovió para nada en mirar la protagonista que a mi juicio llena la pantalla de algo más fuerte que un hueco en la pared que nadie ve, afortunadamente, (porque si no me disparo por la insensibilidad mostrada por el censor en cuestión), pero gracias al cielo existen gente inteligente y humana como Waldo que de inmediato, cuando supo y no por mí, más bien por sus colegas de trabajo, lo que estaba pasando, liberó mi obra y finalmente el publico cubano pudo desfrutarla y estoy segura (porque me lo han dicho por la calle) les cambió la vida a muchos, la potencia de las imágenes funciona....

Pero a pesar de este relato que acabo de escribir, a mi sigue gustándome mucho la televisión cubana. Estoy de acuerdo por completo con Gustavo Arcos en que se debería dejar de torturar a los televidentes con cosas inútiles, como el paseo de los Poderosos de otros Países ( discúlpenme los lectores de este Blog, los llamo poderosos porque no me gusta la obesidad de los políticos, los únicos flacos son los vietnamitas, los demás son demasiados gorditos y por ende los considero hipócritas a todos, seguramente cada uno de ellos viven en forma que no corresponde a como vive su gente de a pié, demasiadas cadenas de oro y demasiada barriga no me hacen ver para nada bondad generosa o voluntad de cambiar la situación de los países subdesarrollados, la política es sucia y es un negocio, no me cabe duda de ello)

Quiero contribuir a este debate en la Uneac diciendo: “Denle libertad de movimiento a los ex jóvenes que ahora tienen 30 - 40 y 50 años, que esta revolución los crió súper bien, son diferentes, son hombres Nuevos de verdad, ¿como es posible que no se den cuenta?”. No se pueden crear Genios y después cortarles las alas, eso es cruel y estúpido para mi gusto.

La Televisión cubana es la mejor en el mundo, se lo dice una ex yuma italiana, se lo garantizo, aprovechen de todo ese material humano extraordinario que empezaron a formar desde hace 50 años, y dejen de ser egoístas. Un verdadero Maestro es aquel que tiene la sabiduría de dejar espacio a los discípulos. Lo decía Confucio también, lo aprendí de el.

Anna Assenza

(una televidente maniática a la TV cubana)

DANAE DIÉGUEZ SOBRE LAS MUJERES EN EL CINE CUBANO

jagb 15/10/2009 @ 20:51

Hacía más de un mes que no revisaba la cuenta Yahoo, pues el acceso a esa dirección desde aquí se convierte en toda una pesadilla. Encontré mensajes de amigos que pensarán que me he olvidado de ellos, y no es así: les estaré respondiendo en breve.

Uno de los mensajes que hallé fue esta conversación desarrollada el año anterior entre Dalia Acosta y Danae Diéguez , pero que encaja muy bien con toda esa polémica que se desarrolló en su momento en el blog, a propósito de la (escasa) presencia de la mujer realizadora en el cine cubano.

Les dejo con estas reflexiones, y lo único que le pido a cambio a Danae es un anticipo de lo que será su tesis doctoral. Los lectores de “La Pupila” lo agradeceremos.

Juan Antonio García Borrero

MUJERES INVISIBLES DETRÁS DE CÁMARA
Entrevista de Dalia Acosta

LA HABANA, mar (IPS) - La producción cinematográfica en Cuba no ha escapado al abrumador predominio de la cultura machista en la sociedad. Penetrar en esta industria, un coto casi exclusivo para hombres aún, es prácticamente una quimera para las cineastas.

En cinco decenios de historia del estatal Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), sólo un largometraje de ficción ha sido dirigido íntegramente por una mujer: "De cierta manera", de Sara Gómez (1943-1974), cuya obra, considerada transgresora, apenas se conoce fuera de los círculos académicos y de la crítica especializada..

En estos días, la realizadora Rebeca Chávez concluye la edición de "Rojo vivo", filme inspirado en la lucha armada contra la tiranía de Fulgencio Batista (1952-1958) en la ciudad de Santiago de Cuba, más de 850 kilómetros al oriente de la capital cubana.
Danae Diéguez, profesora de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (ISA) de la isla, ha dedicado especial atención al estudio de la presencia femenina en la cinematografía local, donde "la voluntad política no ha bastado para eliminar el machismo y la cultura patriarcal".

Diéguez, que está preparando su tesis de doctorado bajo el título "Mujeres detrás del lente. El audiovisual cubano dirigido por mujeres", considera que se trata de un fenómeno cultural y económico, según dijo a IPS en una entrevista realizada a través de correo electrónico.

IPS: -- ¿A qué atribuye la invisibilidad que, como señala en su ensayo "De la mirada femenina sobre la violencia", padecen muchas realizadoras cubanas?

DANAE DIÉGUEZ: -- El primer punto es que realmente son pocas las realizadoras, con respecto a los directores. La cuestión estadística dice algo, pero no es lo más importante. Puede existir igual número de mujeres y que ellas reproduzcan patrones patriarcales.

La clave en la realización estaría en las posibilidades de acceder a ella en condiciones de equidad para, desde esa igualdad de oportunidades, elaborar el proyecto, presentarlo y concretarlo.

Lo otro es que el cine históricamente ha sido un mundo masculino. Las mujeres se ocupaban de otras cosas: vestuario, maquillaje y, en los mejores casos, edición, pero escasísimamente de la dirección.

A ello hay que sumarle que el cine es arte, pero también es industria. Yo me siento a escribir una novela en la soledad de mi casa y la escribo, pero el cine hace más complejo el proceso de creación por toda su infraestructura. Estamos hablando entonces de un fenómeno cultural, evidente, y otro de carácter económico.

Cuando se unen ambos elementos, sucede lo que tal vez haya hecho decir a la directora cubana Mayra Vilasís que era "más fácil ser pilota de aviación que directora de cine".
Dentro del Icaic, exceptuando a Sara Gómez, ninguna mujer ha podido realizar un largometraje de ficción. Hubo que esperar a "Mujer transparente", en 1991, para encontrar las historias de ficción de tres directoras (que trabajaron en equipo con dos hombres). Por lo tanto, todas realizaron documentales, cuya recepción, sabemos, es diferente, minoritaria, por decirlo de alguna manera.

Otras directoras han surgido fuera de la gran industria. Aunque algunas han tenido un camino de crecimiento y tienen una trayectoria muy intensa, se han mantenido fuera del centro que legitima la realización cinematográfica en la isla.

No voy a mencionar nombres para no ser injusta si olvido a alguna pero, por ejemplo, Teresa Ordoqui dirigió en 1989 en los Estudios Fílmicos de la Televisión un largometraje de ficción en 16 milímetros, "Te llamarás Inocencia", película con una propuesta visual muy interesante y de la que apenas se habla, para no decir que no se menciona.

Hay otra razón importante y es la emigración al vídeo, como soporte que "democratiza" la realización. Esto fue clave para las mujeres que encontraban en el celuloide un impedimento para poder expresarse.

IPS: ¿Cree que en el cine cubano existe una mirada femenina, asumida particularmente desde la conciencia de género?

DANAE DIÉGUEZ: No lo creo. Existen momentos muy puntuales en los que se podría hablar de una mirada femenina, tanto en largometrajes como en documentales, pero no se puede hablar de ello como algo que identifique una línea estilística. Y estoy hablando de todo el cine cubano, tanto hecho por hombres como por mujeres, porque puedes ser hombre y tener una mirada femenina y viceversa.

Sabemos que ser mujer no implica tener una mirada femenina. Tampoco por haber tratado el tema de la mujer y sus conquistas ya se tiene una conciencia de género, lo que comprende muchas otras cosas. El hecho de que yo como académica, o aquél como crítico lea, vea y escriba sobre esta cuestión, es otra cosa.

IPS: En su opinión, ¿por qué la violencia de género aparece como tema recurrente en la producción más reciente de las jóvenes cineastas cubanas?

DANAE DIÉGUEZ: Es un tema más, entre tantos que la joven generación está asumiendo. Al trabajar con un corpus de obras dirigidas por mujeres, empiezo a encontrar regularidades temáticas y eso me ayuda a sistematizar y hacerlas visibles, que es mi primer objetivo.

La violencia de género también se ha hecho más visible en nuestra sociedad y en el mundo en general. Cuba tiene particularidades al respecto.

Para mi generación, nacida en los 70, el mundo era otra cosa. No advertíamos la violencia como algo cercano, si acaso fuera de nosotros. La década del 90 cambió el panorama y hace unos años se habla de la violencia y de sus múltiples manifestaciones de manera más clara. La directora Lizette Vila, que lleva tiempo abordando la temática en sus documentales, sólo en 2007 lo hizo con las mujeres cubanas maltratadas.

Como ha dicho el historiador cubano Julio Cesar González Pagés, "las principales manifestaciones de la violencia son las que ejercen los hombres sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre sí mismos"..

Las jóvenes viven en ese mundo, asisten a él con la mirada de las creadoras y no hay respuestas sino preguntas, que salen a relucir en sus obras relacionadas con el círculo de la violencia y su naturalización. Eso es algo que me ha llamado la atención en las obras realizadas por mujeres.

IPS: ¿Qué contribución ha hecho --y puede aún hacer-- el cine dirigido por mujeres a la cinematografía de Cuba, tanto en su dimensión puramente estética como en su resonancia social?

DANAE DIÉGUEZ: La contribución no está en lo estético, aunque hay momentos interesantes en algunas de ellas. Habría que investigar con más asiduidad. No me he detenido a verificar si definen o no una mirada estética que distinga un espacio de lo femenino, o sencillamente si se da en ellas la producción de imágenes resistentes a una cultura patriarcal.

En el mundo de la realización audiovisual y cinematográfica, la equidad de género no será cierta hasta que, en la vida real, se traduzca en la posibilidad de concretar los proyectos de las mujeres.

Recientemente, en la séptima Muestra de Nuevos Realizadores, gracias a la sensibilidad y la inteligencia de la dirección de ese encuentro, pusimos en la agenda del Icaic varios temas, entre ellos el de las mujeres directoras de fotografía. En Cuba ya hay muchas, algunas con una calidad notable, que aún no pueden entrar a la industria sencillamente porque son mujeres.

Los tiempos son otros: la tecnología se ha aligerado, las escuelas de cine existen y con una cámara en la mano se pueden hacer maravillas, aun fuera de la industria. La muestra de este año demostró, entre otras cosas, la calidad creciente de las más jóvenes, las temáticas que registran, en muchos casos relacionadas con el mundo y el espacio de lo femenino.

Esa es una verdad que se impuso y se impone. Queda ahora que quienes ejecutan y toman decisiones en nuestras instituciones asuman la equidad de género como ese camino necesario para hacer más justicia. (FIN/2008)

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL” (2)

jagb 15/10/2009 @ 11:34

Juany:

Ayer en el marco del Caracol le tocó el turno a la crítica cultural y la realización audiovisual. Rufo Caballero fue el "maestro de ceremonias" conformando un bien heterogéneo panel integrado por José Luis Estrada, editor y periodista cultural de Juventud Rebelde, Bilko Cuervo, realizador de video clips, Danae Carbonell, profesora e investigadora de la Facultad de los Medios del ISA, Delso Aquino, realizador de la TV y Eduardo Morales, profesor de estética del ISA.

Quedaron expuestos varios de los fenómenos que acompañan a la crítica y su ejercicio en Cuba. Para algunos, todavía son escasos los espacios donde esta puede encontrarse siendo igualmente llamativa, la falta de sistematicidad y profesionalidad de la misma teniendo en cuenta que muchas de estas voces se han quedado varadas con respecto a fenómenos artísticos y culturales que se manifiestan o son tratados, en las obras de nuestros días. Figuras de la crítica que deberían sintonizar con las investigaciones sociales, el arte de vanguardia, los nuevos cambios tecnológicos que tanto influyen en el resultado final de una obra, las lecturas de género, la narratología o la semiótica. De particular significación resulta que cada año egresan de las carreras de humanidades más de cien jóvenes que se insertan en los medios, o la prensa y tras prometedoras tesis e investigaciones, diluyen su andar poco tiempo después de graduados, en otras labores no precisamente críticas.

Yo pienso particularmente que no se trata de la carencia de espacios en los medios. Han proliferado múltiples revistas culturales o especializadas, páginas web de alcance nacional, suplementos, concursos y eventos para la crítica o el ensayo. Pienso que el asunto está en que tras la drástica reducción editorial vivida en los 90 donde desaparecieron prácticamente todos los espacios para la crítica, cuando se volvió a reanimar y regularizar la salida de revistas, estas solo pueden encontrarse en sitios puntuales, asociados mayormente al mundo académico o intelectual. Por tanto se produce una circulación "en guetto" de esta producción, un consumo limitado por aquellos mismos que participan y piensan el fenómeno artístico pero que muy rara vez se extiende a otras zonas de la sociedad. La gente entonces solo conoce a un puñado de críticos, los que son visibilizados por la TV, o por su columna en la prensa nacional y suele por tanto considerar al todo por las partes, la opinión de tres o cuatro constituye la voz de toda la crítica. Los autores o creadores padecen del mismo mal Cuántas veces no hemos escuchado decir a un realizador que la crítica dice tal o cual cosa sobre su obra, tomando la opinión de un solo crítico como representante de todos. Y aunque está claro que las revistas especializadas, no son aquí ni en ningún lugar, asunto precisamente consumido por "las masas", sanearía mucho el pensamiento de la nación, una distribución más coherente y amplia de las publicaciones, los textos críticos y las investigaciones socioculturales que frecuentemente salen a la luz. No debe tampoco confundirse el periodismo cultural con la crítica especializada y si bien ambos pueden coexistir en un mismo órgano de prensa las funciones y herramientas de análisis son diferentes.

Varias intervenciones insistieron en la necesidad de uno o varios programas de crítica en la TV. El único que existía, “La columna”, desapareció un buen día sin que mediara ninguna explicación a los espectadores (práctica por cierto frecuente en el medio) y no ha sido substituido por otro. Un espacio como “24 x segundo”, se añora y se pide a gritos su retorno, ahora que el audiovisual está tan presente en nuestra vida cotidiana. Resulta llamativo que para determinadas autoridades e ideólogos, el ejercicio de la crítica en la TV despierta ojeriza. No conciben que el medio, brinde un espacio de crítica a las obras producidas por ellos mismos. El crítico resulta satanizado, visto por muchos como el enemigo, el parásito que espera agazapado para saltar sobre su víctima. En este sentido, ambigua resulta la respuesta de las autoridades o los creadores, cuando se sienten complacidos y legitimados, si el crítico alaba su obra, señala sus valores y reconstruye ésta de forma positiva, mientras que sucede lo contrario si el crítico, aun desde una posición de respeto y rigor en su ejercicio, cuestiona, señala o alerta, sobre las manquedades y errores de la misma. Si una obra es refrendada por la crítica o legitimada por un Premio de cualquier jurado, el artista se siente complacido y recordará frecuentemente este espaldarazo a su obra. Si por el contrario nadie lo menciona o avala, los improperios caerán sobre los críticos, "ciegos" a los valores de su obra y si por alguna razón reciben el Premio de la popularidad, la frase ya está escrita: ustedes el público son los verdaderos críticos, son mi mayor premio.

La relación crítica-público fue también abordada prolijamente desde la mesa, pues algunos sienten que los destinatarios o espectadores, no son tomados en cuenta, especialmente cuando el crítico adquiere poses o parece escribir para si mismo, utilizando en un medio tan masivo como la televisión o la prensa nacional, una escritura compleja y recargada de frases e ideas incomprensibles que solo provocan un abismo entre unos y otros. Hay que pensar también en el destinatario y tener claro los espacios donde la crítica se expone, tender puentes de comunicación con los públicos y sin caer en vulgarizaciones, generar un cuerpo de ideas claras y sólidas sobre los autores, obras o fenómenos que se interpretan.

Otras ideas como la confusa creencia de que mientras más datos o informaciones de premios se den de un artista y filme, "la crítica" será mejor aceptada, o la ausencia en la escuelas de humanidades de un corpus teórico y técnico que prepare verdaderamente a los estudiantes en el ejercicio crítico, la falta de una cultura del debate en nuestros medios, el respeto a los criterios diferentes y la urgencia de que se implemente un programa nacional de apreciación audiovisual en nuestros centros de enseñanza, fueron asuntos sobre los cuales también se debatió en este día del Caracol UNEAC.

Para las próximas jornadas se esperan intercambios sobre la necesidad de convertir los programas informativos en un espectáculo, la existencia o no en Cuba de una televisión de autor y los riesgos que representa hacer una televisión sin recursos o de espaldas a los espectadores.

Un abrazo

Gustavo Arcos

GUSTAVO ARCOS SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL”

jagb 14/10/2009 @ 11:44

Juany:

Ayer tuvimos el panel de discusión en el XXI evento Caracol que organiza la Asociación de Artistas del Audiovisual y la Radio en la UNEAC. Estuvieron conmigo, bajo el tema “Hacia una nueva generación en el cine cubano: ¿nueva?, ¿generación?, ¿cine?, la joven fotógrafa Yanelvis Gonzáles, el documentalista Karel Duchasse, el productor Inti Herrera y el videoartista Javier Castro. Hubo una quincena de intervenciones de los asistentes y por supuesto un grupo de ideas expuestas desde la mesa. Te cuento mis impresiones:

Por primera vez las demandas o críticas principales no fueron a problemas con la exhibición de las obras. Sin duda se ha avanzado mucho desde el pasado año pero, significa qué está resuelto este vital asunto. No. La producción audiovisual es amplia y lo será cada día más, no basta entonces con tener una sala de cine en la capital, o algunos espacios en la Tv nacional que exhiben y comentan las obras. Hay que generar y sobre todo sistematizar la distribución de los materiales, de todos y no solo de un grupo de ellos. En el mismo sentido pienso que debe resolverse lo concerniente al derecho de autor audiovisual, una Ley que clama desde hace años por su concreción y que ahora mismo ha generado airadas disputas entre los creadores y los organismos o entidades exhibidoras.

Se hicieron intervenciones relacionadas con la necesidad de "pasar a otro nivel" en la creación de los "jóvenes". Es decir hay como una saturación del documental de corte periodístico, que aborda fenómenos complejos de la realidad, o se acerca de forma crítica al drama cotidiano, predominando la obra testimonial, que interroga o convierte a los sujetos en cabezas parlantes sin que detrás existan presupuestos artísticos y cuya dramaturgia audiovisual apenas juega con el lenguaje o el género. En fin, obras que no rebasan las circunstancias, o las anécdotas, que permanecen dando vueltas sobre sí mismas sin que se produzca, en muchas de ellas, un desmontaje de esa realidad o conflicto. ¿Han tenido los jóvenes una formación que les permita relacionar las cosas?. Evidentemente no, hay que observar el estado actual de la educación media y superior en Cuba para comprender por qué las nuevas generaciones cada vez más, descreen de su propia historia cultural, desconocen sus valores y ven desdibujados o desprestigiados muchos de los signos o símbolos de la nación. La retórica discursiva, el pensamiento dogmático y la poca incentivación de una formación, donde la duda y la investigación sean la esencia, provoca carencias y lagunas de todo tipo, que más adelante se hacen ver en la superficialidad de muchas de las obras audiovisuales. Recuerdo un viejo axioma que expresa, como conocer el pasado nos permitirá mejorar el futuro, pero, de qué pasado o Historia estamos hablando, si en buena medida, esta ha sido construida desde la manipulación y el ocultamiento.

Hubo coincidencias en que los jóvenes no deben esperar la ayuda oficial o institucional para realizar sus obras. Hay que conquistar los espacios y si es preciso emplear toda su fuerza o energía. Algunos, suelen lamentarse continuamente por la falta de apoyo institucional, la no existencia de equipos o tecnología, o las trabas burocráticas que deben enfrentar. En ese aspecto varios realizadores "mayores" hacían memoria de cómo también ellos en su momento, tuvieron que sobreponerse a similares limitaciones o censuras, recordando que siempre, el poder colocará barreras ante la creación artística. Resumiendo, hay que ganarse los espacios filmando, creando y "empujando la cerca" cada día un poco más.

De forma esperanzadora fue vista la renovación del audiovisual si de mujeres se trata. La propia Yanelvis desde su participación en la mesa contó sus experiencias como directora de fotografía, un territorio que hasta hace muy poco tiempo permanecía vedado a las mujeres. Ya son varias las muchachas que se desenvuelven en la Tv, el video y el cine como fotógrafas y tras la cámara. En el ICAIC todavía parecen tener prejuicios con esto y se contaron anécdotas recientes sobre el poco apoyo que se le da a las mujeres que se interesan por esta especialidad, figuras que se parapetan detrás de criterios absurdos sobre el peso de la cámara de cine, que según dicen, puede afectar la anatomía y sus órganos femeninos!!!!!!!!. La presencia de la mujer se expande también por otras especialidades como el sonido y la dirección. Danae Carbonell quien se ha consagrado a investigar sobre el tema de estas en el cine cubano, intervino acertadamente sobre los nuevos temas visibilizados por ellas, gracias a sus obras.

El cine y el audiovisual tienen que conectarse de una vez con las otras artes. Se recordaba cómo en los 60 y 70, artistas de la música, la danza y la plástica frecuentaban el ICAIC y dialogaban con los cineastas o creaban para la institución. Eso se ha perdido. El audiovisual de hoy tiene que establecer vasos comunicantes con las otras artes, nutrirse de ellas, experimentar con el propio lenguaje, salir quizás de esa impronta del arte figurativo y escénico para comunicarse con otras corrientes de la vanguardia como el minimalismo, el expresionismo o el conceptualismo. Abrirse a otras experiencias en el campo de la visualidad y la representación. Si el cine de los jóvenes repite el modelo y las formas heredadas por "sus padres" está perdido, no habrá futuro. Hay que abrirse a nuevos géneros y explorar otras aristas con la imagen y la narración.

Por último me parece importante destacar que no hay un concepto de generación entre ellos. Pueden tener la misma edad y participar de similares angustias creativas pero su posicionamiento en la sociedad cubana es fragmentado, no institucional o industrial. No tienen un sitio concreto de pertenencia, trabajan de forma independiente y en pequeños grupos que siguen más una voluntad cooperativa, estructurada por afinidades o necesidades de producción. Muchos cuentan ya con sus propios equipos de sonido, edición y filmación, que les dan mayor autonomía y libertad, incluso suelen ser contratados por la propia industria oficial que, paradójicamente carecen de estos equipos. Los "nuevos" suelen moverse en un espectro artístico muy amplio, lo mismo hacen documentales que ficciones, un clip musical, que una campaña promocional, un spot de tv, que una gala, una puesta teatral, que un comercial de cerveza. Un solo artista puede moverse con eficacia, al mismo tiempo en diversos registros, algo muy raro de encontrar en otras etapas del cine nacional. Este desplazamiento genera en ocasiones obras de límites difusos, híbridas o contaminadas y eso está muy bien, pero al mismo tiempo esa independencia los hace débiles ante la acción del poder. Casos de obras relevantes, realizadas por los "nuevos", han sido prohibidas o censuradas por varios años sin que sus propios colegas o contemporáneos puedan ejercer una presión o voz común que ayude a su difusión.

Juany, otros aspectos fueron igualmente abordados, como por ejemplo, la preocupación de que a los debates del Caracol apenas asisten jóvenes. La divulgación del evento se ha realizado por los medios, cerca incluso de la UNEAC radica la Facultad de Periodismo y Comunicación social y no muy lejos la Universidad de La Habana, es un espacio abierto, donde una vez más se han dicho y tratado asuntos importantes sobre la cultura y la sociedad cubana, sin embargo los debates siguen siendo entre una decena de especialistas de los medios, sicólogos o investigadores sociales, pero adolecen de una presencia joven o de personas "de la calle". Tal vez sea justamente una señal de ese agotamiento del discurso que mencionaba más arriba, vencido por la inercia y la ya patológica falta de respuestas institucionales o gubernamentales a los pedidos e interrogantes, que en cualquier foro plantean, los habitantes de esta isla.

Hoy miércoles le tocará el turno al debate sobre la crítica artística en los medios.

Un abrazo desde el Vedado

Gustavo Arcos.

MARIO CRESPO SOBRE EL OFICIO DEL ASISTENTE DEL DIRECTOR. (7)

jagb 13/10/2009 @ 11:47

HUMBERTO, EL CASTING, LOS EXTRAS Y LOS FONDOS.

Querido J.A:

Ahora que leo la noticia acerca del nuevo documental que hace Carlos Barba, sobre Humberto Solás, vuelven a mi memoria los largos días de trabajo en Cecilia y veo con admiración el magnífico empeño de Barba. Nunca se va a escribir ni hablar suficiente sobre la interesante personalidad de Humberto y su obra y Carlos Barba lo sabe, por lo que creo ya va por su tercer o cuarto documental sobre la obra de Humberto y le felicito.

“Cecilia”, es la película más grande, desde el punto de vista de producción, de toda la historia del cine cubano hasta hoy. Cientos de extras, toneladas de vestuario, kilogramos de maquillaje, decenas de locaciones, amén de la cantidad de horas trabajadas para conseguir una auténtica obra de arte que, guste o no guste a algunos, ha devenido una referencia, como “Lucía”, “Un hombre de éxito”, “Amada”.
Podría escribirse horas sobre el método de trabajo de H.S, cada aspecto del desarrollo de la película da para un ensayo. Pero en esta ocasión voy a hablar del casting y de la selección y trabajo con los fondos, lo cual está relacionado con el trabajo de utileros, maquilladores, peluqueros, constructores, que hacían su trabajo bajo la mirada exigente de Humberto.

Aunque ya Impala S.A, coproductora española, proponía a Imanol Arias para Leonardo y la candidata por Cuba era Daysi Granados para Cecilia, Humberto quiso hacer un ejercicio de reafirmación tal vez, librando una convocatoria que serviría además para renovar la lista de figurantes tan especiales que requería el filme. Recuerdo los anuncios de prensa radial y escrita, convocando para los papeles protagónicos: Jóvenes blancos y delgados de buena complexión y chicas mulatas o trigueñas de pelo negro.

Fui, como asistente de Humberto, el encargado de ver, entrevistar y fotografiar con Tom Mix (José Luis) y Pepe el flaco, a los cientos de personas que durante noches interminables, pasaron por las oficinas aspirando a los personajes de Leonardo y Cecilia.

Vinieron muchos aspirantes jóvenes, pero también regresaron como siempre, los cientos de fieles y anónimos extras de todas las películas anteriores y la mayoría, de mirarse bien en el espejo, comprenderían que no se acercaban ni a kilómetros de distancia al físico requerido. No obstante allí estaban, con tremenda moral, aspirando al personaje todo tipo de personas, de todos los colores de piel, complexión y edades. Y es que bastaba que Humberto convocara, para que todos quisieran estar en su película de cualquier forma.
El piso dos de producción ICAIC, se convirtió cada noche, durante varias semanas, en un escenario de Fellini. Trabajamos durísimo Carmen Morante Jefa del departamento de actores, los fotógrafos y yo, llenando fichas y fotografiando.

Humberto, que sabía bien lo que sería aquello, nos dijo que estaría en su casa y que si llegaba alguien interesante, le retuviéramos en la oficina y le llamáramos a él para venir inmediatamente y entrevistarlo.

Entre las mujeres, asistieron algunas hermosuras, mulatas preciosas, pero que jamás podrían aspirar al papel protagónico. Entre estas mulatas “blanconazas” recuerdo especialmente una que parecía una verdadera virgen. Se la mostramos a Humberto y éste le dedicó un buen rato de conversación. Un rostro de los más armónicos y perfectos que jamás se hubieran visto, la piel aceituna y lisa, pero ninguna experiencia como actriz y una dicción que dejaba mucho que desear. Sin abrir la boca era el modelo que todos teníamos de Cecilia, pero nada mas. Tuvo, no obstante, la posibilidad de representar una Oshun-Caridad del Cobre muy hermosa en una onírica escena de la película.
Pasaron noches y entre los y las aspirantes no se vislumbraba nada alentador, como para llamar a Humberto y hacerlo salir de su casa. A la tercera o cuarta noche de haber visto todos los tipos de rostros posibles y escuchado todas las historias de hazañas artísticas inimaginables; escuchado recitar poemas; cantar canciones y hasta ver bailar e impedir a más de una que se subiera la blusa, para enseñarnos lo bello de sus senos, casi a las diez de la noche aparece un joven alto, blanco y de cabello muy negro, de hablar pausado y voz muy profunda, que parecía salido de una novela romántica del XIX, declarando que dejaría su carrera de ingeniería para probar suerte como actor. Parecía un buen candidato, aunque muy joven, pues debería andar por los veinte años.

Carmen Morante, muy entusiasmada por la prestancia y belleza del muchacho, llamó a Humberto inmediatamente: Aquí tienes a tu Leonardo, ven, que ya le dije que esperara por ti. En unos minutos, Humberto estaba conversando con el joven aspirante y veinticuatro horas después le estaban haciendo pruebas de vestuario, maquillaje, cámara y, aunque no se le otorgó el papel de Leonardo, entró por la puerta grande en el cine con un personaje hermoso, en una gran película y nada menos que de la mano de Humberto Solás.

El joven era César Évora y lo que siguió después, todos los conocen.

Esas largas horas de trabajo nos dejaron enlistadas las mejores tipologías a las que se podría aspirar para representar a la burguesía habanera del s.XIX, a los esclavos y los mulatos y negros libertos y artesanos que harían el fondo al gran José Antonio Rodríguez en el papel de Uribe y al otro inmenso actor Miguel Benavides en el papel de Pimienta.

Si el elenco era de lujo, ahora ya contábamos con una gran masa de extras y figurantes de buena calidad. Ahora lo que faltaba era caracterizarlos y ponerlos a moverse en escena.
Son conocidos el estilo barroco de Humberto, las puestas wagnerianas, los complicados enroques escénicos en el que los actores se mueven de un punto exacto a otro. Son proverbiales también los detalles en el trabajo del color y los volúmenes en sus puestas.

Humberto trabajaba el encuadre, partiendo de volúmenes y grandes manchas de color y como en Cecilia los tonos que primaban era los ocres y marrones para los esclavos y la clase media negra o mulata y los negros y blancos para la burguesía, el contraste en pantalla era un dolor de cabeza para Livio, quien además tenía a los negros sudorosos todo el tiempo en pantalla y a los blancos vestidos de negro y el rostro blanqueado con base. Iluminar y diafragmar esto es un rompecabezas, decía. Para mí, responsable de montar los “fondos” la cosa no era mucho más sencilla.

Se planteaba la toma con los actores, se hacía un ensayo del movimiento que siempre era de dolly o grúa (la cámara en Cecilia casi nunca estaba en reposo) y en un primer ensayo yo debía diseñar el movimiento de los fondos. Otro ensayo para Humberto con la cámara y después de eso, se paraba frente al escenario y entornaba los ojos, como mirando un cuadro en un museo y me decía: falta un poco de marrón por la derecha al final y al principio de la toma (que podría durar cuarenta segundos fácilmente o más), debería haber más negro en el centro opacando lo verde de la hierba. Trata de que los extras no se muevan como autómatas, dale objetivos. ¿Te imaginas Juani, lo que era dar un objetivo a cada uno de los capataces a caballo, a cada uno de los grupitos de esclavos que se movían, a los operarios de las calderas o a los caleceros y de paso combinar marrones y negros para que haya balance de color en el cuadro?

Hay dos escenas que particularmente llevaron mucho trabajo y me hicieron sudar, gritar como loco y correr. Una es la de Leonardo arrastrando a Isabel Ilincheta a través de un campo del tamaño de un campo de futbol, introduciéndola en un trapiche que molía caña y hervía mieles de verdad!!! Esta escena dura más de un minuto y en ella hay todo un movimiento en plano general y con grúa en el que se ven Leonardo de negro, Isabel de blanco moviéndose en medio del campo y rodeados de extras esclavos (todos haciendo algo, nada de zombies caminando sin rumbo) como un mar marrón que rodea a los personajes. El otro plano es ya dentro del trapiche, más cerrado, pero también rodeados de esclavos que trabajan y al fondo,¡más movimiento, Mario, más movimiento!

La otra escena, grande y barroquísima se desarrolla en la Plaza de la Catedral. Una gran panorámica en grúa desde lo alto, recorre la vida de una plaza de mercado en pleno apogeo, coches, calesas, vendedoras, pregoneros, panaderos. Manchas ocres y marrón en el plano, manchitas negras de burgueses que se mueven entre el mar marrón que componían demográficamente la ciudad, pasa la cámara por delante de una carreta de la que baja un grupo de esclavos y se puja sobre una tarima su venta, y la pluma baja para terminar con Leonardo y sus amigos en primer plano observando la escena. Fue necesario ensayarla un día y filmarla al otro.

Para Humberto, era imprescindible que cada extra en el set llevara un objetivo que cumplir como si fuera el primer actor. Pero además los movimientos de los grupos en escena, fuera en la Plaza de la Catedral o en los trapiches de Isabel Ilincheta, tendrían que cumplir con un riguroso diseño en el que armonizaran los colores de los vestuarios y los volúmenes. Piensa que en las escenas de exteriores en esta película casi nunca hubo menos de ciento cincuenta o doscientas personas en constante movimiento. Contaba yo con la eficiente ayuda de Tony Somoza, delegado de actores y Mayra Segura, la anotadora, que se pegaba también y hasta en ocasiones hasta Ana Rodríguez iba de visita y se arremangaba los pantalones y se fajaba a ayudarme con mi diseño de fondos. En este diseño había que agregar caballos, carruajes y algunos animales sueltos en escena que debían “actuar” también.

Sólo una vez en el palacio de los capitanes generales en una gran velada del Capitán General, entramos en crisis. Teníamos esclavos de librea diseminados por el salón, todos tenían que ser muy negros y llevaban pelucas blancas y además una coreografía de salón con más de veinte muchachas y muchacho bailando, una mesa en la que los colores no podían ser brillantes, todo debería ser en tonos de blanco y plata y como ochenta personas de la burguesía maquilladas, con apliques en el pelo, enjoyadas y encorsetadas. Una cámara que recorría la mesa, los rostros de las señoras finísimas de la fiesta y todas con un tema de conversación y un gesto listo para cuando la cámara llegara hasta ellas. Pero a Humberto no le parecían los suficientemente elegantes.

Paró el rodaje y discutimos. Nos fuimos solos a un rincón y yo argumenté, pero no se filmó y nos fuimos esa noche todos con gran preocupación y tristeza, pero Humberto no cedía. Al otro día él mismo trajo a un grupo de amigas suyas y me pidió las colocara en los primeros planos. Eran los rostros a los que él aspiraba, aunque no engrosaron mucho el número de extras, no eran tantas. ¿Cómo encontrar gentes finas, con aire aristocrático en La Habana de los ochenta y que además desearan ser extras en una película? Las escenas están ahí. Se puede apreciar el trabajo de movimiento escénico. El trabajo de las vestuaristas, maquilladoras, utileros. Mis asistentes Tania Carvajal y Alina Rey no daban abasto dentro de las salas de vestuario y maquillaje, preparando y enviando actores y extras al set.
Llegué a entender y asimilar el estilo de Humberto, tanto, que a veces me pedía, acomodara un mosquitero, una cortina o la sábana entre los pies de la actriz y yo sabía que quería ondas, caídas del género que permitieran el paso de la luz, cascadas barrocas hechas con el tejido. Siempre tenía yo un ventilador a mano para procurar que las cortinas se movieran onduladamente.

Los extras debían ir siempre moviéndose buscando algo, pasar rápidamente delante de cámara y justo en ese momento deberían hacer un gesto misterioso, como decir un secreto al oído una muchacha a otra, arreglase la chalina un caballero, mirar a lo lejos un carruaje que pasa, sacarse un guante o agitar el bastón, ¡pero no mucho Mario, que roba cámara! Pueden revisarse las escenas y se notará esto que digo. Son de un barroquismo tremendo. No digo Viscontiana, pues Humberto tenía su estilo propio, que no era necesariamente Viscontiano, podrían analizarse muchas diferencias entre la evidente influencia que éste director tuvo sobre Humberto. No me gusta el término comparativo. El cine de Humberto es Solasiano, muy de él.

Por cámara observaba a los actores y su movimiento, pero ya fuera del visor, revisaba mi “puesta de fondo” y siempre con los ojos entornados de pintor frente al lienzo, rectificaba movimientos, volúmenes y colores. Nunca agradeceré lo suficiente a mi suerte, estar al lado de Humberto en esos momentos y en esa película.

Mario Crespo

“CECILIA” Y LOS EQUÍVOCOS CRÍTICOS (Fragmento)*

jagb 12/10/2009 @ 21:33

El 30 de junio de 1982 se celebraría en la Biblioteca del ICAIC la conferencia de prensa previa al estreno de “Cecilia” (1982), de Humberto Solás, y Alfredo Guevara no pudo menos que mostrar sorpresa con una de las preguntas realizadas por un periodista cubano con relación al costo de la película. A diferencia de otros países, donde los gastos de producción e ingresos de un filme resultan del dominio público, en Cuba estas inversiones forman parte de una estrategia estatal, y por tanto global, por lo que es difícil obtener una idea puntual del comportamiento comercial del cine cubano como industria. En todo este tiempo lo que ha predominado siempre es valorar esa producción en tanto arte y arma de combate, tal vez como un modo de concederle razón a Dozhenko cuando afirmaba aquello de que “el cine es caro, pero más caro es no tenerlo”.

La respuesta de Alfredo Guevara, a medio camino entre la sorpresa y la irritación (“Cecilia. Defendiendo, ante la calumnia, su propia dignidad”, titularía varios años después a esa intervención) abunda en explicaciones y contraataques, como cuando asegura que, “se ha dicho que se dejaron de hacer películas, y lo han dicho incluso gente del ICAIC aquí y allá, con gran ligereza, en el período de “Cecilia”. Eso es una calumnia” (1). Sin embargo, las peores arremetidas llegaron con la serie de tres artículos firmados por el crítico Mario Rodríguez Alemán en el periódico “Trabajadores” (2).

Para Rodríguez Alemán, toda una autoridad dentro del medio, la novela de Villaverde gozaba de un gran prestigio literario en el continente, y no solo se trataba de “nuestro clásico en el marco de la narrativa decimónica”, sino también un monumento histórico-literario que merecía el mismo respeto que demandaban esos otros obeliscos que los historiadores se empeñan en restaurar y conservar de acuerdo a la idea original. En su análisis, el crítico no se ahorraría calificaciones despectivas que poco tenían que ver con la argumentación estética (como afirmar que la película “indigna a un pueblo” o “hiere la sensibilidad nacional”), llegando a afirmar que “Cecilia es una realización cinematográfica desigual, decepcionante, inadmisible si se compara con la novela villaverdeana”, y que además “peca de ampulosidad, de rebuscamientos innecesarios, de un tratamiento freudiano que se aparta de la línea del realismo crítico que siguió Villaverde en su novela. Hacía falta el enfoque marxista que actualizase la obra y, sobre todo, insertar esta versión dentro del concepto de cultura popular” (3).

En la réplica de Alfredo Guevara, titulada “Declaración de los cineastas del ICAIC”, se califica el análisis de Rodríguez Alemán como “una crítica deshonesta”, pues, “con el pretexto de criticar la película Cecilia, de Humberto Solás, hace afirmaciones calumniosas que nosotros, los cineastas del ICAIC, consideramos necesario refutar”. Además de que, “erigiéndose en conciencia crítica de la sociedad cubana, Rodríguez Alemán afirma que la versión cinematográfica de la obra de Villaverde “indigna” al pueblo” y “hiere la sensibilidad nacional”. ¿Con qué derecho se atribuye el papel de portavoz de las masas populares?” (4)

A pesar de las profundas diferencias internas que se vivía por entonces en el ICAIC (sobre todo entre Alfredo Guevara y Gutiérrez Alea), el ataque a “Cecilia” (que era, en realidad, un ataque a la institución) sacó a relucir ese poderoso sentimiento de pertenencia que en otras ocasiones (recuérdense los casos de “Alicia en el pueblo de Maravillas” y “Guantanamera”), han contribuido a detener aquellas medidas dirigidas a desaparecer o restarle protagonismo cultural al organismo. Eso no quiere decir que desaparecieran las inconformidades interiores, como pone en evidencia la carta que Titón escribe al Ministro de Cultura Armando Hart, en la que comenta cómo la dirección del ICAIC postergó, sin explicación alguna, su idea de filmar una historia de amor entre una muchacha integrante de la Brigada “Antonio Maceo” que regresa a Cuba después de veinte años, y un cubano que había permanecido todo el tiempo en la isla. En su carta, Titón aprecia que,

“(…) las “observaciones” de MRA son erróneas. Considero, además, que son irresponsables y que no constituyen un hecho aislado sino parte de toda una campaña para promover una política cultural estrecha y esquemática que nada tiene que ver con la política cultural que lleva a cabo ese Ministerio y que comparto plenamente. Pienso que el ataque a “Cecilia” y a la Dirección del ICAIC refleja un estado de opinión al que hay que salirle al paso porque, en última instancia, se puede convertir en un ataque al Ministerio de Cultura. Pero deseo que quede claro también que en mi caso, el hecho de firmar ese documento no debe confundirse con un acto de solidaridad con la Dirección del ICAIC cuya política de promoción y de estímulos y reconocimientos considero arbitraria, caprichosa e inadmisible, porque está dictada por criterios subjetivos y unipersonales y entorpece el clima de confianza y participación que debe presidir nuestro trabajo” (5).

Sería interesante estudiar la relación que a la largo de los setenta se establecería entre el ICAIC y la crítica hegemónica del período, toda vez que en esa relación pudiera detectarse por dónde se encaminaban las demandas. La visión crítica fomentada “desde dentro” de la institución, y que se hacía pública a través de la revista “Cine Cubano”, o los programas “24 X segundo” conducidos por Enrique Colina, contrastaba de manera radical con la concepción pedagógica defendida por Rodríguez Alemán, quien en el prólogo de su libro “La sala oscura” llegaría a afirmar que:

“El cine educa y denuncia, pero el imperialismo y las fuerzas negativas de la humanidad lo han utilizado también como droga para envenenar y confundir. Por eso, es deber del crítico revolucionario analizar un filme a partir de varias premisas, entre las cuales la principal es la de desnudar ideológicamente la obra cinematográfica. Actualmente, los enemigos de la libertad y la democracia en el mundo utilizan este arte tan popular, para producir filmes cuyo propósito es el diversionismo ideológico. Encubiertos de entretenimiento, diversión, sexo y melodrama se realizan “películas” como les llamamos por acá por Latinoamérica a los filmes- que contienen una gran dosis de veneno ideológico y que propagan ideas oscurantistas que embrutecen y adormecen al público. Creo, por tanto, que el crítico debe partir de una posición partidista si realmente es un revolucionario y un educador y su propósito es ejercer la crítica constructiva y orientar a las masas que lo leen” (6).

En lo personal, veo en esta concepción mesiánica de la crítica los ecos de aquellos criterios dominantes en el Primer Congreso de Educación y Cultura. Se trata de un tipo de crítica en la cual el experto se ve a sí mismo como un guía superior que tiene el deber de iluminar a un grupo de personas incapaces de pensar por cabeza propia. Desde luego que en Mario Rodríguez Alemán (como en Mirta Aguirre) existía una erudición impresionante, pero, desde mi punto de vista, creo que más que imponerle a las masas un sentido o un significado (por noble que pueda parecernos el propósito), un crítico lo que debe estimular en quien lo escucha es la búsqueda de sus propias respuestas, y propiciar con ello su revolución más personal.

Si “Cecilia” hubiese sido una película que jugara al seguro, una película que evade los desafíos, que manipula con un sentido oportunista aquellos estereotipos que tanto han contribuido a consolidar una falsa identidad del “cubano”, la diatriba de Rodríguez Alemán se hubiese podido entender. Pero tratándose de una cinta que (al margen de sus limitaciones, que las tiene), apuesta por un ejercicio de libertad creativa, lo mínimo que merecía era una aproximación que rebasara la pueril demanda de imitar de manera servil al original (7).

Juan Antonio García Borrero

NOTAS:

* Fragmento de la conferencia leída en el Centro Teórico-Cultural “Criterios” (La Habana), el 2 de septiembre del 2008. Puede leerse íntegra aquí.

1) Alfredo Guevara. “Cecilia. Defendiendo, ante la calumnia, su propia dignidad”. Tiempo de fundación, p 433.
2) El destacado antropólogo Edward Sapir solía repetir que “no podemos comprender totalmente la dinámica de la cultura, de la sociedad, de la historia, sin tener en cuenta antes o después, las relaciones reales entre los seres humanos”. Esto deberíamos asociarlo a aquel reproche que Voltaire hacía a los historiadores que a la hora de armar sus relatos solo tomaban en cuenta los acontecimientos, porque al final el lector apenas se enteraba de los sucesos, sin entender jamás el por qué profundo de los mismos. En el caso de Mario Rodríguez Alemán, nos han quedados sus críticas, que dan buena fe de todo un credo estético e ideológico, pero no una argumentación un poco más íntima (tal vez epistolar, o en forma de reflexiones, por ejemplo) que nos permita interpretar el complejo devenir de una trayectoria que lo colocó en dos momentos importantes relacionados con la política cultural revolucionaria, con actitudes muy contrapuestas ante el ICAIC: primero, cuando en 1961 (entonces trabajaba allí al frente de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas) encabezó la censura de “PM”, y veinte años más tarde, cuando dirigió los ataques a esa misma institución a través de las críticas a “Cecilia”.
3) Mario Rodríguez Alemán. “Cecilia: Algunas observaciones preliminares”.Periódico Trabajadores, La Habana, Lunes 12 de julio de 1982.
4) Alfredo Guevara, Ibidem, p 437.
5) Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos. Ediciones y Publicaciones Autor, Madrid, 2007, p 260.
6) Mario Rodríguez Alemán. La sala oscura. Ediciones UNEAC, La Habana, 1982, p 10.
7) A propósito de aquellos incidentes Humberto Solás ha declarado: “Con la perspectiva que hoy me da el tiempo, reconozco que “Cecilia” tiene muchos altibajos, con momentos muy logrados y otros pocos felices, pero creo también que su crítica sobrepasó el marco del frío enjuiciamiento de la obra artística, porque había además otras motivaciones que yo calificaría de políticas, sectarismo de grupos que querían hegemonizar la vida cultural del país y “Cecilia” fue una especie de pretexto para ese debate ideológico”. Lucía López Coll. Cine y compromiso. Humberto Solás: por un arte inconforme. La Gaceta de Cuba, p 33.

LOBO-HOMBRE

jagb 12/10/2009 @ 13:03

Acabo de releer un relato de Boris Vian (el polémico autor de “Escupiré sobre sus tumbas”) que no sé si Jorge Molina (el de “Ferozzz”) ha leído alguna vez: “Lobo-Hombre”. Digo Molina porque hay allí una historia que parece pintada para él: humor, sexo, violencia.

El relato más ameno no puede ser. Se trata de una versión de la conocida leyenda del Hombre-Lobo. En este caso encontraremos como protagonista a Denis, un lobo vegetariano que en una noche de descuido, es mordido por el Mago del Siam, lo que trae como consecuencia que en madrugadas de luna llena, esté condenado a cambiar su apariencia lobezna por la humana.

No contaré detalles de la trama porque lo divertido está en disfrutar de las peripecias de este lobo inofensivo (“inocente bestia”, según el autor), que prueba a insertarse en la sociedad humana por unas horas. Baste decir que en su aventura conocerá a una atractiva señorita. Que se irá a la cama con ella sin sospechar que es una prostituta, y que más tarde tendrá que lidiar con los chulos que al principio pensó eran los amigos protectores de ella.

No sé si la historia ya ha sido filmada, pero a mí una trama así lo que me parece que está pidiendo a gritos es que la filmen. Ahora, al margen de que la filmen o no, la historia me dejó pensando en algo: ¿y si en realidad no todos los hombres fuéramos animales de esta especie, y algunos pertenecieran al grupo de lobos inofensivos, mordidos por algún humano o humana insaciable?, ¿no tendrían tiempo ellos de detener la pesadilla, y adentrarse para siempre en lo más profundo de la selva, mucho menos peligrosa que estas sociedades donde convivimos?

Juan Antonio García Borrero

ANNA ASSENZA A PROPOSITO DE “TESIS II”

jagb 12/10/2009 @ 12:22

REFLEXIONANDO A RIENDAS LIBRES GRACIAS A “TESIS II”

Desde que Mundo es Mundo siempre han nacido seres geniales que han sido ante que viejos, jóvenes genios, la juventud es una etapa obligatoria de la vida.

Leer los clásicos nos haces recordar a menudo que todo lo moderno lo debemos a los que fueron quemados por ser considerados heréticos, y yo que llego de Italia sé bien que significa herético ya que el Papa desde Roma, la Ciudad Eterna, lanza anatemas desde hace 2000 años, Galileo Galilei se la pasó malísimo desde que era joven por ejemplo, y muchos como el.... lo nuevo da miedo, por eso existe el Poder, para no darle demasiado hilo a los geniales, a los valientes, como los llamo yo. Y el Poder empieza a insinuarse en nuestras entrañas desde que nacemos, en la Familia donde siempre hay un jefe en jefe que a la medida de educarnos a la libertad de ser individuos pensantes nos educan al miedo de vivir.

En la antigua Grecia los alumnos elegían a los Maestros, y eso era un gran periodo para mi gusto. Siempre les digo a mis hijos que ellos son más viejos que yo, porque nacieron después de mí, por lo tanto saben más que yo. Los ancianos que recusan escuchar a los jóvenes no son dignos de estima para mi gusto, son petulantes y arrogantes y miedosos, tienen miedo de morirse y tienen envidia de lo jóvenes que son jóvenes, como si la culpa fuese de ellos, se la pasan criticándolos y observándolos y conduciéndolos y dictándoles sus criterios llenos de hipocresía a la medida de ocuparse de sus cuestiones que no son propiamente positivas en las mayorías de los casos, siempre estamos pagando errores de los que fueron viejos y nos impusieron sus formas de vivir llena de mentiras y estupideces. Para citar a un entonces joven Nietzsche (que no es y nunca fue el autor del pensamiento Nazi, como muchos quieren hacernos creer): Admitir que la no-verdad es condición de la vida, significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal.

Los jóvenes son maravillosos porque son todavía limpios, poseen esa pasión extraordinaria que las sociedades llena de viejos procuran apagar con sus política sucia y llena de patrañas mentirosas.... cuantas veces nuestros padres nos han dicho, por ejemplo, 'es mejor no decir lo que piensas, eso puede perjudicarte', cuanta veces nos han dicho: 'eso que tu estas haciendo no lo debes hacer porque lo digo yo y punto', ¿que clase de educación es esa? ¿Donde está la coherencia? ¿Como es posible construir entonces un lugar de la crítica positiva si nos están diciendo constantemente que debemos mentir? Mienten los padres cuando dicen que se aman, cuando en las mayorías de los casos no es verdad, se están traicionando y enfermando todos los días....se soportan y construyen una sociedad donde el sistema Piramidal es el vigente.... (me refiero por ejemplo y por qué no, a cómo llegar al piso nueve del ICAIC, cuando a un joven, por ejemplo, le entra unas ganas irresistibles de saber a cualquier hora del día, ya que la creatividad no tiene ni horarios ni reglas para salir a flote, sin pasar por el control de los de abajo que no te dejan llegar ni al piso 2, por lo tanto cómo llegar a los archivos siendo joven y por lo tanto considerado peligroso si vas en chancletas o en camiseta que es lo único que uno tiene a veces por no tener un pariente en el yuma que te envía alguito… termino aquí y punto, para no salir del tema)…Donde hay un jefe en jefe que en las mayorías de los casos es varón, a empezar por los lugares religiosos y pasando por los cuarteles de la Política para terminar en los de las familias donde todavía se cuestiona que quien manda debe ser el Padre.

‘Mandar’ es una palabra que en este milenio debería ya desaparecer en los vocabularios de todo el Mundo, y sin embargo existe todavía y manda todavía, no se ha creado (todavía) una sociedad donde la concientización es la única forma de vivir limpio y en libertad, no se hace nada para cambiar la forma educacional en las escuelas, donde todavía manda el sistema patriarcal. No se estimula la curiosidad de los cachorros, los niños, todo lo contrario se castiga constantemente los que son geniales, rebeldes, que rebelde para mi no significa malcriado, son muchos los que confunden esa palabra con la otra (parece una constante lucha a quien la tiene más grande, la pinga quiero decir, porque de eso se trata, la envidia de los leones).

Con esto no quiero decir que se trata de poner mujeres en el Poder, más bien se trata de cambiar radicalmente el proceder, o sea, a las mujeres no debería interesarle en lo más mínimo el Poder, y sin embargo las veo copiando el mismo patrón, quieren la igualdad, quieren ser como los hombres, militares también, y la llaman emancipación, a la medida de ser mujeres, madres y por lo tanto bondadosas y amorosas con los hijos, enseñarle a no traicionar a una mujer (por ejemplo), o a no matar a un enemigo hipotético, más bien enseñarle a amar....Si se amase de verdad como ama una mujer a sus propios hijos creo que el Mundo estaría mucho mejor y justo. Sin fronteras, ni banderas, ni Patrias, causantes de guerras intestinas en las mayoría de los casos. Un espermatozoide no tiene ese problema hasta que se queda en la esfera de los ovarios uterinos….

El cine para mi es un mundo que tiene la fortuna de no tener ese tipo de clausuras innecesaria a la vida, una película no tiene fronteras.... (es un poco como los espermatozoos, que para citar otro grande, para mi, Peteko, un pensador y matemático cubano: el cineasta eyacula su esperma en la pantalla vulva su Arte) por eso me gustó muchísimo, aquí en Cuba, la reciente película de Pavel Giroud 'Omerta', es algo que me pareció universalmente gozadora, por eso me gustó muchísimo la 'La primera carga al machete', “Madagascar” de Pérez, “La última cena” de Titón, “Fresa y chocolate”, “La bella de la Alhambra” de Barnet, “Mañana” y “Ahora” de Iskander, “Las doce sillas”, “Soy Cuba” (por su fotografía impecable, porque el guión no me gustó mucho, redundante, y así critico yo también, me gusta criticar, lo más importante es no ‘imponer’ criterios), “Mascaró” (del desaparecido Rapi), y muchas otras, y soy italiana, o sea que no me gusta hablar de cine cubano, o cine italiano o cine kurdo o árabe o chino o indiano o norteamericano.... o qué se yo....me gusta hablar de películas que me llegaron al corazón y me impactaron en muchos sentidos, sea estética que emocionalmente y punto.

Está claro que cada artista nos presenta lo que tiene en su corazón y su emoción carga de experiencia regional, por lo tanto trata de desarrollar su entorno, y si ese entorno es cubano, que bien, pero eso no tiene a que ver con la libertad de expresión creativa, en cada obra hay un pedazo del autor que la creó, aunque escribe o filma una película de “fantaficción”.

Pero ¿porque un cubano no puede hacer la película que se le antoja? ¿por qué debe atenerse a la cubanía? (y eso veo que sucede también en varios ámbitos de las Artes, o sea también los músicos están en eso, a mi me encantan “Los Aldeanos”, por ejemplo, y sin embargo no los puedo escuchar en publico, ¿por que?) Yo creo que cuando un Artista se obliga a hacer Arte por encargo se le acabó la vena y se transformó en un artesano, que nada tiene que ver con el Arte. El Arte debe andar delante a la Política, de lo contrario no será nunca una gran Obra. Incluso voy a decir una herejía quizás: ni del público debe importarle nada, a un pintor como Gougen no le importaba nada de los críticos o del publico y como el muchos y tantos otros, los Dadaístas, por ejemplo…. Y de allí pa allá hasta los tiempos nuestros, del aquí, del ahora.

Puedo decir con toda sinceridad que de todas formas Cuba es la única isla donde uno se puede dar el lujo de aprender de cine, a hacerlo y a verlo. No he visto hasta ahora un lugar tan lleno de películas, he visto películas que en Italia ni me lo soñaba, y la cosa maravillosa es que pude verlas gracias a los jóvenes de los cuales me rodeo, no puedo vivir sin ellos, que me asombran constantemente con su maravillosa modernidad, me encanta lo nuevo, lo inexplorado; un joven como el hijo de Rapi y nieto de Eliseo, Ismael de Diego, me fascina, me quedo a boca abierta cuando tengo la fortuna de escucharlo hablar. Siempre le pido a la vida de no convertirme en una vieja petulante, y hasta ahora lo estoy logrando, gracias al cielo, tengo 50 años y continúan gustándome los espíritus rebeldes, como lo era yo cuando era joven. Nunca he escuchado a nadie, siempre he pensado con mi propia cabeza, y si una cosa no me convence no me convence y punto, ni Dios (si existiera) puede convencerme de lo contrario. Nadie tiene el Poder de mandarme, a no ser que le doy yo el permiso de hacerlo, y eso nunca sucederá jamás hasta que tendré el último aliento. Libertad o muerte, es verdad, y ese tipo cuando lo dijo era un joven rebelde...

.... por lo tanto…. Es mi opinión que los alumnos deben superar a los Maestros, o de lo contrario el Maestro no sirvió de nada. Que los jóvenes hagan los jóvenes, o sea los rebeldes, de lo contrario no serian jóvenes.

Lo único que les aconsejo, sí, es: lean, infórmese siempre de todo, sean curiosos, si se tiene la capacidad de leer la Historia escrita sea por medio de plumas o verbalmente o audiovisualmente, se tiene la información necesaria para poder construir un criterio propio, solamente así uno puede llegar a la conclusión de que el Humanoide es un ser frágil y lleno de contradicciones y nada más que por eso no puede ser jefe de nadie en lo absoluto.

El Cine es una forma maravillosa y creativa que tenemos para poder crear mundos diferentes de lo que nos tocó vivir, es una forma moderna y maravillosa que nos da la oportunidad de sugerir filosofías de vida diferentes, es un medio de comunicación Universal del aquí y ahora, es la oportunidad para saber de cosas que antes nos eran ocultadas. No les tengan miedo como nuestros abuelos les tenían miedo a la maquina de escribir. Decían que se acababa la Poesía, me acuerdo muy bien de ello, y me acuerdo que diez años atrás los directores de la fotografía cinematográfica les tenían pánico al sistema digital, decían que el cine de autor se acababa, y Lars Von Trier, entre otros, fue uno de los que nos demostró lo contrario. Es gracias a la accesibilidad de las cámaras digitales e Internet que hoy en día podemos mostrar en tiempo real la violencia que se repite en los lugares del mundo injusto. Me acuerdo que yo estaba muy feliz con mi primera cámara digital que me permitió ir a filmar bajo la guerra en la ex Yugoslavia, y en tiempo real enviar las informaciones en Italia donde estaban mis amigos esperando noticias reales y no las del noticiero de Estado. Es gracias a eso que Kusturika pudo hacer su película en pleno conflicto, bajo tierra, en un momento tan devastador.

Para hacer cine hay que verlo y no tenerle miedo a la vanguardia, a las nuevas tecnologías, a la libertad de expresión. Cuando nació el cine no existían escuelas que les enseñaban a uno como hacerlo, los directores de aquellos tiempos eran jóvenes atrevidos, que no les importaba arriesgar el pellizco por salir con una obra cinematográfica, me refiero por ejemplo a películas como ' El imperio de los sentidos', una película japonesa que hizo escándalo en aquel periodo histórico cuando salió al aire, o el 'Ultimo tango en Paris', que se ganó un anatema del Papa y de la Critica por el uso del enfoque fotográfico, o la Ultima cena de Pasolini o el Decamerone, o como la ultima película de Lars Von Trier, El Anticrist, extraordinaria Obra de Arte para mi gusto, y sin embargo la Critica la hizo pedazos hace un mes.

Eso significa que nadie puede determinar los gustos de nadie. Podemos solo observar la vida y vivirla a plenitud. Para eso nacimos, quien se rehúsa a ser libre pensador como madre Naturaleza nos hizo no merece vivir una segunda vez, sorry. No soy el Papa pero me atrevo a lanzar un anatema a todos los que se creen detentores de las reglas fundamentalistas que crearon otros humanoides como yo, por ser humanos somos libres, no debemos nunca pedir el permiso de ser libres, lo somos ya desde que nacemos. ¡La Libertad es la Libertad!

Anna Assenza
(cineasta por amor a la creatividad y a la libertad de expresión)

PUCHEUX SOBRE EL PRIMER CUENTO DE “LUCÍA”

jagb 12/10/2009 @ 11:49

“LUCÍA”, SU PRIMER CUENTO TIENE HOY DÍA UN BUEN PLUS.

Por Jorge Pucheux

Yo nací en el barrio que tiene la llave, en el Cerro, en la esquina de la calle Patria y la propia Calzada del Cerro, justo frente a la entonces muy conocida fábrica de Zapatos Bulnes. Mamá me tuvo a una cuadra y media de allí, en una casa quinta convertida en Hospital “La Asociación Cubana de Beneficencia”, donde según me contó después, le habían realizado un horrible parto, lo cual le hizo olvidarse de volver a procrear. De ahí mi cariño profundo por todos mis primos hermanos, a los cuales desde niño los consideré mis hermanos de sangre, linda manera de paliar mi triste soledad.

Allí en esa esquina de Patria y Calzada del Cerro, tenían mi abuelo y mi padre su farmacia, en una antigua casa quinta de unos marqueses que posteriormente había sido también una escuela. Abuelo se la había comprado a sus directores, creo que se llamaba Colegio Academia Pítman, mucho antes de que esta se trasladara a la esquina de la Calzada y la calle de Consejero Arango. Al frente abuelo había adaptado la Casona en una farmacia y la vivienda de todos detrás.

Justo al lado nuestro estaba otra gran casa quinta, aun mucho más grande, que había pertenecido en los Siglo 18 y 19, creo que a los Condes de Ayestarán. Cuando mi familia compró esa propiedad en esa esquina, entonces vivía allí la familia de Ana Roca. Recuerdo aquella casa, se decoración casi intacta de aquellos siglos, sus vitrales, sus muebles, sobre todo su colección de platos de todas las familias aristocráticas de la Habana, incluyendo una vajilla que les había sido regalada por el Rey Alfonso XII de España. En esa casona, con lugares mágicos por doquier, jugábamos todos los días, con Kuqui, la niña de la casa, una verdadera princesita, así como con los amiguitos del callejón de la esquina.

Llegué a conocer bien aquella casona. Ya trabajando en el ICAIC, me entero un buen día que se preparaba una filmación en esa casona. Era la filmación de unas escenas del primer cuento del filme LUCÍA, del querido Humberto. Durante varios días estuvieron rodando. Yo no me perdía ni un plano. Claro, vivía al lado. Además, de todos modos seguramente iba a tener que trabajar algo en la Post filmación. Qué mejor que estar allí, viéndolo todo, pues así mi trabajo podría ser aún mucho más efectivo. Sin embargo, no sucedió así, pues Humberto nunca se decidió por hacerle trabajos en la Truca.

Humberto y Nelson , cada vez que nos reuníamos para ver en cualquiera de sus filmes algo que tuviera que ver con la Truca, los créditos, por ejemplo, salía a la luz una realidad indiscutible. Realmente, casi nunca sus películas necesitaban de efectos visuales: cada plano estaba donde era necesario, cada encuadre hablaba solo, cada corte era el que era.

Esto caracterizó su cine. Creo que solo algunos filmes tienen trabajos de Truca. Aprender dónde va un efecto, por qué, cuándo, para qué, es un don de sabiduría y de comprensión del lenguaje cinematográfico. Humberto y Nelson lo sabían bien. Yo aprendí también.

LUCÍA es hoy un clásico, nadie lo duda, es un gran filme, solo que hoy tiene un Plus: el haber dejado para la historia, en bellas imágenes, cómo era aquella casona. Hoy ya no existe. Nadie se ocupó de repararla, de seguir brindándole vida. La casa murió lentamente; pasó de edificio majestuoso a ser un solar, para terminar en Ruinas.

Gracias a LUCÍA podremos saber de ella. Ese es el Plus del que hablo.

CERCANÍAS

jagb 11/10/2009 @ 15:58

Un tren de cercanías. Eso es lo que a veces me parece que es el blog. No de cercanías físicas, sino espirituales.

Un tren en marcha hacia un destino desconocido (como en “Runaway Train”). Con gente que sube y baja todos los días, y paradas en La Habana, Camagüey, Miami, México, o Madrid.

Algunos acuden a diario. Otros pasan una temporada a bordo y no regresan más. La mayoría viaja en silencio. Contemplan un paisaje insospechado donde lo mismo hay sol que nieve, luces de neón que lámparas que nunca alumbran.

Los menos comentan en voz alta. O garabatean sus graffitis en las paredes del vagón que han ocupado. Mañana alguien tomará notas de esos escritos para reconstruir los contornos de un país inmenso que nos habían escondido.

Juan Antonio García Borrero

HUMBERTO SOLÁS Y CARLOS BARBA CONVERSAN

jagb 11/10/2009 @ 14:31

En su momento se me escapó llamar la atención sobre este fragmento de entrevista colgado en el blog de Carlos Barba, a propósito del primer aniversario del fallecimiento del cineasta. Un buen anticipo de lo que podremos encontrar en el documental que ahora mismo iniciara con César Evora, titulado “Humberto”.

JAGB

Fragmentos de una entrevista inédita a Humberto Solás, realizada en abril de 2007, en Gibara, y que aparecerá íntegra en el libro "Cuaderno de entrevistas del Cine Cubano" y en el documental "Humberto", ambos en fase de preparación.

"La noche del estreno de Miel para Oshún, aquí en Gibara, que fue una noche muy contradictoria, porque yo había hecho una secuencia donde se robaban una bicicleta, y la bicicleta era robada aquí en Gibara, que es una de las ciudades con menos delincuencia en toda la Isla y nunca habían robado una bicicleta y a mi se me ocurre ubicar a Gibara como escenario de esa secuencia, que podía ser Gibara u otra población de Cuba. De todas maneras era contradictorio porque yo había seleccionado Gibara como locación para unos veinte minutos de la película y se le daba relieve a la ciudad. Pero cuando el público de Gibara vio aquella escena, al final yo sentí que la película no había funcionado entre los espectadores y me pongo a averiguar y era que estaban, con mucha razón, disgustados porque es una ciudad que es un paradigma de comportamiento civil y yo había puesto el único robo, el único acto delictivo que ocurría en la película, lo situaba aquí. Inclusive, esa noche me iban a entregar un premio, me nombraban o me daban la llave de la ciudad, me nombraban algo y lo guardaron en una gaveta. Pero mientras eso ocurría, que yo me daba cuenta que algo malo estaba pasando, ya yo durante la proyección había imaginado la idea de un festival y les lancé la idea de hacer un festival en Gibara, anual, donde se exhibieran películas de muy bajo presupuesto, donde hubiera límites para la entrada de esas películas, y desde luego que le gustó la idea, ahí comenzó toda una aventura que culmina en este primer lustro, pero donde yo, para terminar respondiendo tu pregunta, tuve quijotescamente que enfrentarme a todos los dragones, a toda la mordacidad, la sorna, la risa, el escarnio, de mucha gente que se burlaba de la idea de un festival de películas pobres, de películas hechas con muy modestos recursos (...)

No vamos a confundirnos, en el Cine Pobre no hay ortodoxia, aquí nadie está obligado a una ideología estética, ética, no, Cine Pobre es cada uno hace su cine, su estilo, su género, como quiera hacerlo, como prefiera, no es esa cosa cerrada de Dogma en los países escandinavos que te dicen que no puedes hacer ésto, no puedes hacer lo otro, ¿qué tontería es esa?, aquí cada uno hace el musical, la comedia de costumbre, la comedia mordaz, satírica, de la sociedad contemporánea o el drama social, la tragedia, lo que tú quieras hacer, el género que tú quieras, documentales…, pero la única prédica es una ética de cineasta y utilizar modestos recursos que son los únicos que tienes a tu alcance, y el no tener grandes recursos no significa que tú te detienes, o se aprovechen de ello los productores de todos lados, para que tú no hagas tu obra, porque a lo mejor tú eres considerado un individuo que haces una obra incisiva, cuestionadota, polémica y eso tú sabes…, que no hay mejor censura que la de Hollywood, y la que tienen todos los países después de Hollywood, es decir: “Este proyecto es muy costoso, señor, no tenemos ahora el dinero, vamos a ver si dentro de cinco años tenemos los recursos, y el público este tipo de proyecto no lo asimila, la gente que va al cine tiene entre 14 y 20 años”. Estos son los malabarismos que utilizan las industrias y los estados, las instituciones supuestamente “altruistas”, “filantrópicas” y de “mecenazgo cultural”, para cortarle la lengua a los autores.

(...) aquí no se predican los diplomas, aquí tienen que ser premios que signifiquen que el realizador o realizadora se van a alimentar con tranquilidad por lo menos seis meses, ellos y su familia, o van a tener un instrumental tecnológico que les va a permitir mejorar la calidad de sus trabajos y ahorrar en recursos económicos, para que no gasten dinero alquilando equipos, etc; yo no favorezco en este festival el hecho de no otorgarle nada material a los autores: ¿usted quiere dar premios?, no se aparezca con las manos vacías, de un premio en tecnología o en metálico, afortunadamente tenemos 10 premios con esa consistencia, que son los premios fundamentales, que, de arriba para abajo, comienzan con el de Swiss Effetcs, que es el premio del ampliado a 35 mm, equivalente a unos 15 000 €uros, y hay premios más pequeños de 1000 €uros, que le viene muy bien a los cineastas, o también 1000, 2000, 5000 €uros en tecnología, con 5000 €uros tú te puedes hacer de un buen equipo, una buena cámara, un buen sistema de montaje de edición o de programas de edición, en fin, eso es lo que aspira el Festival. Los pequeños eventos tenemos que hacer eso porque Cannes es el único Festival que te da trabajo, cuando tú te llevas la Palma de Oro de Cannes, puedes esperar que vengan tres productores a decirte: ¿Qué película quiere hacer ahora?, porque Cannes da dinero, el Oscar, también, pero de ahí para abajo, ni Venecia, ni ningún festival te da la posibilidad de continuarte en la profesión, entonces existen muchos pequeños eventos que son para atraer turistas a la ciudad, porque las autoridades o los negocios de la ciudad van a prosperar e inventan un festival. Gibara no se hace por estos motivos, no tenemos esa estructura de pensamiento ni económica, se hace para favorecer un determinado tipo de cine alternativo, independiente, libertario, y justamente la prédica va unida a la praxis, aquí los premios deben ser todos en especies(...)

(...) cuando yo después de ese letargo obligatorio en que me tuve que sumir a los 50 años que es la edad mejor que puede tener un director de cine, entre los 50 y los 60, estadísticamente está considerado así, cuando yo regreso al cine gracias a la revolución tecnológica, no a una revolución social, sino tecnológica, yo descubro muchas cosas que también me inspiran a hacer el festival: al no tener el coproductor que esté arriba de mi diciéndome que tengo que tener a la actriz o al actor tal, porque ni él tiene dinero para traerme a nadie ni pagar el billete de avión de ningún actor, voy adquiriendo cada vez más libertad, y cada euro o dólar que se va ahorrando, es un euro de libertad, es un dólar de libertad, entonces descubro que el Cine Pobre te da una gran libertad de autor, como artista tú eres muy libre lo que te tienes que acomodar a un presupuesto y no hacer la historia de la Revolución Francesa como yo tuve el privilegio de hacer en un momento determinado o hacer el gran clásico de la literatura cubana de siglos anteriores, como fue Cecilia, El siglo de las luces, o sea, adaptándote a tu realidad, a tu presupuesto tú tienes una libertad con la cual yo nunca gocé hasta ese momento(...)

El Festival se propone una multivalencia, ha ido como haciendo pequeños laboratorios, primero fue con la música, que todos los años vienen, por ejemplo tener a Carlos Varela, Kelvis Ochoa inaugurando el Festival todos los años, ¡Dios Mío!, un hombre como Carlos, que hace un concierto cada dos o tres años y que la gente duerme frente al teatro Carlos Marx la noche anterior o dos noches anteriores para conseguir asiento, pues aquí él viene todos los años e inaugura y como él una pléyade de artistas que no los puedo nombrar todos, porque realmente es impresionante; lo cierto es que el Festival se ha convertido en un paradigma de actividad musical de vanguardia y música popular, y para mi la vanguardia es Cándido Fabré también, aquí no hay prejuicio, es la gran música cubana que puede ser Cándido Fabré, que puede ser Kelvis Ochoa, no se extrañen que Pablito Milanés o Silvio Rodríguez vengan en próximas ediciones, Omara Portuondo estuvo ayer aquí, en este maravillo lugar que es el teatro Ordoño que nunca se acaba de reconstruir, a pesar de que todos los años me dicen que tienen el presupuesto y los materiales, no se qué pasa, habrá razones técnicas, porque los gibareños aman mucho su ciudad y su patrimonio, alguna razón hay, a mi modo de ver tiene que ser presupuestal o técnica, llevamos cinco años, el presupuesto creo que ya el año pasado estaba consolidado y realmente no se ve el avance. Pero bueno, los pintores, presididos por Alicia Leal, Bejarano, bueno, en fin, la pléyade de fabulosos pintores que vinieron este año que fueron seis e hicieron una intervención aquí en el teatro, lo adornaron, lo engalanaron, con las obras que estamos viendo por allá atrás, que ahora van a formar parte del patrimonio de la ciudad, y el Festival logra ya ir consolidando un proyecto que el año que viene ya para mi va a ser oficial: El Festival del Cine Pobre invita a manifestaciones de las artes plásticas, manifestaciones musicales, y manifestaciones de artes escénicas: ballet, danza y teatro dramático, para que el año próximo sea multidisciplinario el Festival, en tanto todos estamos concientes de que el cine es una suma de todas estas artes, como decía Eisenstein, incluye la ópera, mira, ayer anoche, sábado, hubo teatro lírico, es decir, toda la idea Eisenstaniana de que el cine era, algo que también era obvio pero que la gente no tenía mucha conciencia en ese momento, de que era la pintura, la escultura, el movimiento, la pintura en movimiento, el teatro magnificado por el montaje, un teatro que se desplaza por diez mil localizaciones, que puede saltar de un plano al otro, de un continente al otro, y entonces lo lógico es que el Festival no sólo sea de cine sino de todas las artes que contribuyen y que a su vez, en el último siglo, el arte cinematográfico ha influenciado también a la pintura, el cine ha influenciado a la literatura, a la música, al teatro, a las artes plásticas, eso lo vemos por doquier, la interacción que hay, entonces el teatro Ordoño yo espero que con esta intervención de los pintores, y cuantas haya que hacer, logremos el objetivo de que se consolide y podamos hacer aquí lo que yo sueño: durante el Festival hacer en las mañanas exhibición de documentales y quizás algún que otro largometraje, en una sala bellísima, y en las tardes y las noches hacer actividades culturales con los talentos que nos visiten y que invitemos o que vengan espontáneamente. Otra cosa importante que el Festival se planteó desde el primer año: que la ciudad de Gibara acogiera una colección de arte contemporáneo cubano que fuera solamente superada por la colección habanera del museo, yo creo que ya se logró, con estas primeras, fíjate, Nelson Domínguez hizo dos obras, Agustín Bejarano seis obras, Alicia Leal por el estilo, y todos por el estilo, William Hernández, Rafael Pérez Alonso, Aziyadé Ruiz, la esposa de Bejarano, una gran pintora también, y la muchacha Nadia, que hace el performance Maraya Shells, que es una gran pintora también, es decir, ya la mejor colección de arte contemporáneo cubano, fuera de La Habana, está en Gibara, en total son como quince obras que ya entran en la galería permanente de la ciudad de Gibara, que maravilla, pero eso no se queda ahí, porque el año que viene ellos regresan e invitan a otros seis pintores para hacer las intervenciones en la ciudad, ah, ¿creemos que la INIT ?, pues ahí nos vamos a engalanar y recordamos que hay que restaurar la INIT y esas obras el museo las va recibiendo, el local es espléndido, los salones son inmensos, los van a remodelar ahora, los van a mejorar y ahí van a estar colgadas ya las primeras obras, dentro de un mes, y realmente lo vamos a inaugurar oficialmente en la próxima edición del Festival, está en la calle Independencia, en los bajos del museo colonial. Nelson Domínguez vino de jurado este año, pero muy pícaramente le dijimos: Tú te vas a quedar atrás, todos los muchachos pintando, ¿y no nos vas a dejar dos obras en Gibara?, porque Nelson es un hombre de muchos compromisos internacionales, traerlo aquí es un éxito, que haya estado en La Habana en ese momento, que haya podido venir, que no haya tenido una exposición, de hecho le comenzamos a hacer un documental (...)

Bueno lo de mis collages..., eso es una tontería, eso es una manifestación, es como una terapia que yo hago que he tenido la desvergüenza de exponerlo ahí y yo me he divertido mucho haciéndolo porque me ha quitado… Mira, en once años sin hacer cine y haciendo unos cursitos por ahí para poder sobrevivir, pues mi hobby ha sido dibujar cosas, coger una tijera, cortarlas, pegarlas (...) para mi ha sido divertido sobre todo cuando estoy en las sesiones de seminario y miro los cuadritos, yo me acuerdo muy bien el día, más o menos, la etapa en que lo hice y me digo: Estoy vivo, puedo hablar de cine y estoy aquí haciendo una actividad social importante, que nunca es suficiente, Carlitos, te lo juro..."

TESIS II

jagb 10/10/2009 @ 20:31

No pensé regresar al tema comentado en el post TESIS, pero las observaciones del joven Reynaldo Lastres Labrada, que a continuación reproduzco, me anima a sumar otro par de ideas. Dice Reynaldo:

“Es interesante proponer renovaciones, sobre todo de los más jóvenes en el ambiente crítico del cine cubano actual, es verdad que hasta cierto punto somos unos verdaderos invisibles. Pero como ya se ha dicho otras veces, la culpa, aunque no es solo nuestra, es también de nosotros. A ver.

En la Universidad de Oriente, donde existe una facultad de humanidades donde todos los años se realizan investigaciones sobre cine y crítica cubanos. La verdad, los resultados no son muy estimables y del todo atendibles: no se vive el cine con la intensidad de quien quiere sacarle sus más íntimos secretos. Se vive solo a nivel de un puro ejercicio académico, que nos va a promover para licenciados. En tal ambiente podemos sacar muy poco de los trabajos de diploma (aparte de que la mayoría se deja llevar por el tema de moda, y no hace más que vulgarizar más lo que de por sí, es ya un poco vulgar).

Entonces, no cabe duda que el reto no es sólo de los jóvenes, hay que trabajar codo con codo. Hay que establecer relaciones del tipo tutor-alumno, y así darle continuidad a los estudios, a las ideas, para renovarlas, reformularlas, y sobre todo, para encontrar respuestas. Mientras la crítica permanezca desunida, no podremos sobrepasar los cimientos”.

Quisiera precisar que si algún reproche deslicé en el post anterior no fue precisamente a los jóvenes. En verdad, cada cosa que escribo aquí no tiene otra intención que someter a crítica lo que hasta ahora he conseguido como investigador. Si eso sirve para que otros me ayuden con sus propios puntos de vistas, sus propias experiencias, pues mejor aún. Sigo insistiendo en que esto es solo un blog que propone reflexiones, e invita a hacer preguntas.

Una de ellas, a raíz del comentario del lector, podría ser esta: ¿quién impone los límites que supone escribir desde la institución, entendiendo por “institución” ya no al ICAIC, sino al concepto de “cine cubano” que se da por concluido en casi todas partes? Cuando se establece un tema de investigación, y alumno y tutor pactan para durante cierto tiempo estudiar determinados asuntos, ¿están realmente abiertos los dos a la búsqueda de la verdad, o ya tienen pre-determinados en qué ambientes y dirección se moverán las pesquisas?

Es un asunto complejo, y que no creo que resulte exclusivo de Cuba. En la isla hay temas que por razones ideológicas o morales resultan tabú, pero fuera de ella, uno se encuentra el otro extremo: aquel donde la obra del ICAIC es negada de punta a cabo debido a la misma razón ideológica, aunque a la inversa. ¿Qué puede hacer un investigador al que le interese, por encima de las opiniones que se excluyen, encontrar un ángulo que permita comprender la complejidad de ese campo cultural? No negar o hacer apología, sino estimular la discusión, y encontrar un punto de vista superior.

En principio creo que hay que alejarse un poco de ese círculo vicioso en que hemos caído, y donde solamente escuchamos lo que decimos el mismo grupo de siempre. Hay que abrirse al mundo. A los paradigmas teóricos que se proponen en este instante. Ya no hay excusas para afirmar que no tenemos acceso a esos textos, pues las nuevas tecnologías están facilitando el camino. En el noveno piso del ICAIC, por ejemplo, Desiderio Navarro tiene una formidable biblioteca digital gracias al Centro Teórico que dirige. ¿Cuántas veces han consultado los críticos, los tutores, o los alumnos, esos textos? ¿Cuántas veces los han discutido críticamente, que tampoco se trata de importar por importar ideas?, ¿estamos enseñando a los más jóvenes a buscar más allá de lo que la institución afirma y reafirma?

Por otro lado, están esos clásicos del pensamiento herético, que nunca pasarán de moda. No tanto por el contenido de las ideas (que por humanas, son rebatibles), como por la actitud que asumen ante ese peligro que significa “pensar la verdad”, y por ello mismo, pagar con el rechazo de una mayoría que prefiere la rutina intelectual. Pongamos el ejemplo de Unamuno, cuando afirmaba aquello de que: “Y lo más opuesto a buscar la vida en la verdad es proscribir el examen y declarar que hay principios intangibles. No hay nada que no deba examinarse. ¡Desgraciada la patria donde no se permite analizar el patriotismo!”.

Tal vez en esas restricciones (muchas veces autoimpuestas) radica el origen del olvido prematuro de tantas tesis o investigaciones que prometían descubrimientos importantes. O peor aún, quizás eso explique la ausencia de investigadores jóvenes que, con el tiempo, hayan sido capaces de disputar en público el punto de vista de la Crítica dominante. Y me consta que hay jóvenes brillantes. Justo esa evidencia es lo que provoca mi perplejidad ante el obstinado retorno de lo idéntico.

Ahora bien, otra cosa que tendríamos que enseñarles a los jóvenes es que pensar por cabeza propia, argumentar nuevos puntos de vista (sobre todo esto: argumentarlos) inevitablemente acarreará un sinnúmero de escollos. Cerrará no pocas puertas. Despertará recelos en el Poder, y también entre quienes pretenden sustituir a ese Poder. Pero esto le ha sucedido a todos los que se han interesado en ir más allá de lo que dice “todo el mundo”. Por eso es bueno buscar inspiración en los que han devenido héroes intelectuales en sus respectivas épocas, sin importarnos la coincidencia de ideas, o la lejanía de las fechas. Pensemos, para poner un último ejemplo, en la lucidez de Einstein cuando escribía aquella reflexión:

“La evolución de la ciencia y de las actividades creadoras del espíritu en general, reclama otro modo de libertad que puede calificarse de libertad interior. Esa libertad de espíritu consiste en pensar con independencia sobre las limitaciones y los prejuicios autoritarios y sociales así como frente a la rutina antifilosófica y el hábito embrutecedor del ambiente. Esta libertad interior es un raro privilegio de la naturaleza y un propósito digno para el individuo. Empero, la comunidad puede realizar también mucha labor de estímulo en este sentido, por lo menos al no poner trabas a la labor intelectual”.

Juan Antonio García Borrero

¿DE DÓNDE SON LOS BLOGUEROS?

jagb 10/10/2009 @ 13:53

El otro día alguien que aspira a visitar la isla por primera vez, llegó a este sitio como pasan la mayoría: por casualidad. Y dejó una pregunta que no tiene nada que ver con la materia que aquí tratamos. Cuando alguien se interesa por algo que no se vincula al cine cubano no suelo responder en el blog, sino que le escribo a su correo personal, agradeciendo ante todo la visita.

Con este cibervisitante el encuentro fue muy cordial. Me ratificó que no le interesaba el cine cubano, pero sí CUBA (no sé por qué puso Cuba con mayúsculas). Se alegró de mi deferencia al responderle, y aprovechó para preguntarme intrigado desde dónde escribía el blog. “¿No desde la Habana, no?”. “No, desde Camagüey”, respondí a la vuelta.

En su nuevo mensaje percibí la intensidad del suspiro: “Ah, ya me imaginaba yo que no era desde CUBA”.

Juan Antonio García Borrero

TESIS

jagb 09/10/2009 @ 13:59

Hoy recibí un buen mensaje. De esos que me dejan ensayando el modo de aprender a reírme de algunas de las obsesiones personales que, hasta este momento, me parecían las más serias.

Acababa de leerme una tesis universitaria y quise comentar con la persona que me la envió mi desazón por el hecho de que la misma quedara encerrada en los predios académicos. La tesis me gustó, sobre todo porque uno localiza allí, en la voz de varios críticos (casi todos habaneros, aunque se incluye el que suscribe estas líneas), ideas muchas veces encontradas que merecerían ser discutidas hasta la saciedad.

Fueron entrevistados nueve especialistas, y como cada cual contestó por su cuenta sus respectivos cuestionarios, la franqueza está al por mayor. Lástima que en no pocas ocasiones se sustituyeran los argumentos con frágiles opiniones, de allí mi sugerencia de someter los resultados investigativos al escrutinio público. Recibí esta respuesta, a mi juicio, magistral: “Tu te preocupas demasiado por las tesis. Eso no es tan importante, ¿has leído las tesis de Céspedes, Martí o Agramonte?. Seguro que no, nadie se acuerda de ellas. Lo importante viene después o no vendrá”.

Aquello me hizo soltar la carcajada. Me sanó el humor. Uno va expresando en cierto tono solemne lo que en el fondo no es otra cosa que ansiedad por percibir “cambios” en el pensamiento que nos rodea, y llega alguien y nos despierta con aquello de “lo importante viene después o no vendrá”. Esto me hizo recordar al joven que ya no soy, y que otrora sobrevaloraba las posibilidades de cambio que podían introducir en nuestros contextos intelectuales las tesis, los eventos, los talleres.

Ahora ya no pienso igual; me parece que el meollo de todo no está en impulsar cambios externos, sino en proponernos mutaciones íntimas que tal vez influyan en los demás. En lo que a cine se refiere, esto no ha pasado entre nosotros. Han abundado los eventos, pero no los cambios. Por lo menos no me viene a la mente ninguna tesis, ningún evento, ningún coloquio, que haya podido influir en la política cultural del país más que aquellas polémicas protagonizadas por Blas Roca y Alfredo Guevara en la primera mitad de los sesenta del siglo pasado, cuando e ICAIC obtuvo una autoridad inobjetable. Y eso fue hace casi cincuenta años. No importa que, de vez en vez, se haga pública alguna que otra controversia (catarsis): hablo de introducir una verdadera revolución copernicana en nuestras maneras de pensar el audiovisual cubano.

El problema es que casi todo el mundo ha delegado esa función transformadora en el ICAIC, lo cual me parece un despropósito, pues esa institución más bien estaría para absorber, como una esponja, todo aquello que contribuya a renovar su razón de ser. Digamos que durante un tiempo el ICAIC estuvo cerrado a esas influencias externas (como el cura de “Una pelea cubana contra los demonios”), pero ahora no es así. Están las Muestras de Jóvenes Realizadores. Los libros que publica. La revista “Cine cubano”.

¿Por qué entonces apenas se notan los aportes de los más jóvenes?, ¿o por qué la muy pobre presencia de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica en esa renovación intelectual?, ¿por qué el estancamiento? Algo está fallando que aún en el ambiente se respiran los aires de los sesenta, y no se nos ocurre otra manera de pensar el cine cubano que no sea a través de mesas redondas, paneles, o formas decimonónicas de reunirnos ante un público que, pocas veces, superará el número de cincuenta.

Juan Antonio García Borrero

PROGRAMA DEL TALLER TEÓRICO DEL CARACOL

jagb 09/10/2009 @ 12:34

PROGRAMA DEL TALLER TEÓRICO DEL CARACOL.(Del 12 al 16 de octubre, en la Sala Rubén Martínez Villena)

Lunes 12

9 .30 a.m. La diversidad en los medios: donde, cuando, como y por que…
Mariela Castro, Manuel Calviño, Gisela Arandia, Carolina de la Torre, Anelí Ruíz,

1 p.m. Niños, niñas: desatar alas para el vuelo
Soledad Cruz, Mariela López, Juan Ruiz, Elsa Carrasco

Martes 13

9.30 a.m. Cine, radio y TV: los signos estético culturales de hoy.
Norma Mederos , Mayra Sánchez, Rudy Mora, Albertico Luberta, Daniel Diaz Torres

1 p.m. Hacia una nueva generación en el cine cubano. ¿Nueva?, ¿Generación?, ¿Cine?.
Inti Herrera, Karel Duchasse, Javier Castro, Gustavo Arcos.

Miércoles 14

9.30 a.m. La crítica cultural y la realización audiovisual.
Rufo Caballero, Mario Piedra, Luis A. García, José Luis Estrada, Danae Diéguez y Eduardo Morales

1p.m. Conducción y locución: en busca del lenguaje perdido.
Alberto Ajon, Rodolfo Alpizar y Manuela Batista

Jueves 15

9.30 a.m. Hacer televisión , ¿con qué o… con quién…?
Víctor Fowler, Mario Masvidal, Nelson Santana

1 p.m. Curaduría musical: ¿necesaria para la TV y la radio?
Xiomara Pedroso, Tania Alarcón, Hortensia Perano, Víctor Torres, Joaquín Borges Triana

Viernes 16

9.30 a.m. La información por los caminos del espectáculo
Julia Mirabal, Maribel Acosta, Alicia Pino, Pedro Hernández, Magdiel Pérez Labrada, Elsa Cortés e Ismael Rensoli

1 p.m. ¿Existe la televisión de autor?
Paquita Armas, Rufo Caballero, Víctor Fowler, Reynaldo González

GERMÁN PUIG Y MANUEL ZAYAS CONVERSAN

jagb 09/10/2009 @ 12:25

EL FOTÓGRAFO GERMÁN PUIG, FUNDADOR DE LA CINEMATECA DE CUBA, HABLA DE SU OBRA Y DE SU LABOR COMO GESTOR CULTURAL EN LA HABANA DE LOS CINCUENTA.

Manuel Zayas, Málaga | 09/10/2009 CE

Una escritora retrata a un fotógrafo. "Herman Puig llegó a París sin cargo oficial, prebendas o recomendaciones, cuando ya se perfilaban las migraciones gigantescas de nuestros días. Herman Puig llegó sin equipaje, iba provisto de una cámara fotográfica y vestía una cazadora a cuadros rojos y negros", escribiría Elena Garro sobre Germán Puig Paredes (Sagua la Grande, 1928). El fotógrafo ya había cambiado su nombre de bautismo por el de artista.

Sus vivencias han sido innumerables. En ese París bohemio de los años cincuenta, Puig conoció y trabajó con Henri Langlois, director y fundador de la Cinemateca Francesa, y frecuentó a Octavio Paz, Man Ray, Leonor Fini, Susan Sontag y a José Bergamín; en La Habana, a Manuel Altolaguirre, con quien colaboró en la película inacabada Golpe de suerte (1954). En el Nueva York de los sesenta, de la mano de Langlois, conoció a Fritz Lang y a Zina Voinow, cuñada de Eisenstein. En Barcelona, amigó con Pere Ginferrer, Roman Gubern, Juan Marsé, Terenci Moix y Vicente Molina Foix; en Madrid, con Lucía Bosé, de quien fue asesor de imagen cuando la actriz volvió al cine con El Satiricón (1969), de Fellini.

Sin embargo, la obra fundadora de Puig permaneció en el más absoluto anonimato hasta que se publicara el artículo "Germán Puig, Ricardo Vigón y Henri Langlois: pioneros de la Cinemateca de Cuba", del francés Emmanuel Vincenot (Caravelle, No. 83, Toulouse, 2004, pp.11-42), de obligada lectura si se quiere entender los verdaderos orígenes de esa institución cinematográfica, historia que, por oscuras razones, fue ocultada.

Fotógrafo destacado, Puig ha vivido obsesionado con los que consideraba los precursores del desnudo masculino en fotografía. Por tal razón, en una de sus largas estancias en París, apostó e invirtió en un sello editorial, Herman Puig Éditeur, con el que publicó libros antológicos: Von Gloeden et le XIX siècle (Von Gloeden y el siglo XIX, 1980), Cuir et fantasmes (Cuero y fantasmas, 1982) y Akademia: le nu académique français (Akademia: el desnudo académico francés, 1981), devenido hoy objeto de coleccionistas. Con sus propias fotos editó Yang (1980).

En marzo de 2008, lo visité en su casa de Barcelona. Iba con la idea de entrevistarlo para un documental y de poder visionar la copia de un corto suyo nunca terminado, y que llevaba por título El visitante. De otro que había realizado con Edmundo Desnoes, Sarna (1952), no se conserva copia. Agradezco aquella conversación y el misterio de encontrar unas imágenes muy poco vistas. Él ha sobrevivido a los cataclismos y al silencio.

¿Cuál era el tema de “El visitante”?

Era la idea de un fotógrafo que llega a fotografiar el subconsciente de una familia burguesa y para ello entra a una casa y descubre, ante las personas, sus fantasmas eróticos. Dicha idea no tiene lugar, es lo que hubiera ocurrido si dejan al visitante entrar en sus vidas. Se filmó en La Habana, en casa de Eva Frejaville, hacia el año 55. Los actores fueron Ted Monson (bailarín), Queta Farias (mujer), Manolito Farias (niño), Julia Astoviza (visión 1) y Gwen Louis (visión 2).
Ahora me doy cuenta —viéndolo ahora, 50 años más tarde— que este corto fue una anticipación de Teorema, de Pasolini. Todo está en ese filme inacabado como una premonición. Ahí estaban las claves de lo que iría a pasarnos después.

Decía que ese cortometraje fue premonitorio. ¿Podría abundar en esto?

Esa es la interpretación que le he dado ahora, al llegar tú aquí, al releer el guión, que tampoco lo había leído en todos estos años, y darme cuenta que entonces yo no era fotógrafo ni pensaba serlo, yo hacía publicidad, quería hacer cine, no fotografía. Sin embargo, en ese cortometraje encarno a un fotógrafo. Quería descubrir el subconsciente de los demás, descubrir esos fantasmas que estaban allí, y me doy cuenta que son fantasmas que yo tenía, en el fondo me retrata a mí. Soy yo el que tenía esos fantasmas, puesto que soy el que los articula. Esos desnudos masculinos que hago después eran mis fantasmas también.

Y en cuanto a Néstor Almendros, vino a ayudarme como camarógrafo, pero él no quería ser director de fotografía. Él fue al Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma diciendo que iba a estudiar fotografía porque era más fácil ganarse la vida siendo camarógrafo que director. Siempre que intentó ser director de ficción no le salió muy bien el asunto. Como con El bastón, que es de 1970, que concursó en la Semana de Cine en Color en Barcelona, donde participé en el jurado junto a Robert Balser y a Mario Vargas Llosa. No ganó ningún premio.

¿Cómo es el personaje que encarna en su película?

Encarno al provocador, el que va a enfrentar a los otros con su mundo oculto, con su subconsciente. Llega a la casa y se va sin lograr dar su mensaje. Tal vez sea también la historia de mi vida, que he sido un provocador, he ido con mi mensaje. He hecho con mi vida lo que he podido, nada más.

¿Quiénes eran en aquel entonces usted y Néstor Almendros?

Éramos amigos. Néstor Almendros había llegado a La Habana a reunirse con su padre, Herminio Almendros, después de no verlo durante diez años. Tan pronto llegó, lo conocí. Yo asistía a la Academia de Arte Dramático, con el grupo de teatro Adad, y cuando él supo que yo había fundado un Cine Club, me habló de la existencia de otros iguales en Barcelona. Entonces, lo invité a ir como un asistente más y luego a formar parte del Cine Club de La Habana, que habíamos fundado Ricardo Vigón y yo.

Aparte de casi todos los artistas e intelectuales de la época, a ese Cine Club iban Guillermo Cabrera Infante y Tomás Gutiérrez Alea, que por entonces era abogado y tocaba el piano —la vocación cinematográfica suya nace allí o al menos toma forma—. Todos éramos amigos, amantes del cine. Los incorporé cuando me fui a Francia y se quedaron a cargo del Cine Club. Fueron sus directores alternativamente, Tomás Gutiérrez Alea —que no se sabe porque no se ha dicho—, Néstor Almendros, y después, por último, Guillermo Cabrera Infante.

¿Por qué nunca terminó ese cortometraje? ¿Cómo le ha acompañado?

No recuerdo los detalles. Sé que lo filmé porque lo quería hacer. Ahora, del porqué no se siguió filmando, creo que porque se perdieron hasta otras tomas, o por falta de dinero, o por falta de material o por falta de equipo técnico o de lugar donde hacerlo. No me acuerdo. Quedó como una cosa inconclusa, empezada nada más. Esto que hay es el copión del primer día de rodaje, y se suponía que se tenía que seguir rodando todo lo demás, según el guión. He perdido montones de cartas, pero hay cosas que no me han abandonado nunca, como mis cartas del año 48 a Ricardo Vigón, y también las suyas. Orlando Jiménez Leal quiere hacer un corto inspirado en esas cartas.

He perdido muchas fotos de Néstor, otras que él me hizo a mí; cartas a Leonor Fini, la pintora italo-argentina, a quien estuve muy ligado y que me influyó estéticamente. Esas cartas las dejé en un lugar y las perdí. Pero he conservado fotos de Guillermo Cabrera Infante en el solar donde vivía frente al Instituto de La Habana, a quien recuerdo con gran cariño en esa época de nuestras vidas, y también conservo otras cosas que se querían quedar conmigo. Y entre las cosas que no me han querido abandonar nunca está ese corto, y están una serie de notas que he descubierto en estos días.

En aquel grupo de amigos había mucho entusiasmo por realizar cine…

En aquel momento, todos íbamos jugando con nuestras vocaciones. Yo quería hacer cine, y para ello fui pionero en irme a estudiar al IDHEC (Institut de Hautes Études Cinématographiques). Lo encontré cerrado en 1950 y no pude matricular, y cuando me disponía a ir al Centro Sperimentale de Roma, donde me esperaba su director, Mario Verdone, me quedé sin la misión de estudios del gobierno de Cuba, de Aureliano Sánchez Arango, durante la presidencia de Prío Socarrás.

Entonces, Tomás Gutiérrez Alea, que se había hecho la vocación, quiso seguir mis pasos, de ir al IDHEC, pero no pudo. Aproveché mi estancia en París para matricular en un curso donde enseñaba Georges Sadoul y luego fui asistente aprendiz de dirección de Claude Autant-Lara, en L'auberge rouge (1951). Así que al quedarme sin la misión de estudios, regresé a Cuba en 1952, porque tenía novia allí, y el que pudo estudiar cine fue Tomás Gutiérrez Alea, pues su padre llamó al Centro Sperimentale y pudo matricularlo.

¿Cuál era el mundo cinematógráfico en Cuba en los años cincuenta, y qué posibilidades tenían ustedes de hacer cine?

No había una industria cinematográfica, no había un organismo estatal con el dinero para producirlo, como el que luego tuvo el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos). El que quería hacer cine tenía que medrar y ver cómo se las arreglaba. Existía el Noticiero Nacional. Manolo Alonso era el que hacía cine. Existía un cine de poca calidad, sin una visión cultural. Eso faltaba. Había pioneros, que hacían cosas, como Manolo Alonso. Lo que existía era un cine comercial.

Todos nosotros queríamos hacer un cine con un nivel más alto. Néstor Almendros lo logró, llegó a trabajar con François Truffaut, con Eric Rohmer; en Estados Unidos también, donde obtuvo un Oscar de Hollywood. Almendros fue un hombre muy inteligente, capacitado y trabajador, mucho más trabajador que todos nosotros, por eso llegó tan lejos.

Néstor fue, en muchos sentidos, un innovador, de hacer mucho con poco. Trató la luz como yo mismo he hecho en mis fotos.
Hay una cosa que no ha dicho nunca nadie sobre Néstor: en La histoire d'Adèle H. (1975), no pudiendo iluminar una secuencia con la actriz Isabelle Adjani bajo una arcada, pintó las sombras en el decorado, pintó la luz en el decorado. Ese fue un hallazgo de Néstor.

Él se desmarcó de Europa para hacer cine en América porque allí es donde está el dinero, y es donde hay más medios. Pero tal vez lo más bello que haya hecho nunca, donde demostró su sensibilidad europea, es en La Marquise d'Ô (1976). Siendo muy torpe y distraído —tropezaba con todas las luces, se le caía el lente—, supo pasar por encima de todo, y dejar una obra detrás, coherente y bella.

Sin embargo, nunca he visto a nadie manejar la cámara en mano con la destreza de Orlando Jiménez Leal. Era capaz de subir una escalera, de correr, y hacer parecer que la cámara tenía alas. Y su mayor proeza consistía en seguir la música con movimientos de cámara.

¿Cómo ha sido reflejada su gestión fundadora de la primera Cinemateca de Cuba en la historia del cine cubano?

No hubo una primera Cinemateca, ni una segunda, como se pretende ahora. Ha habido una, la que yo bauticé. Porque si tienes un hijo y le das nombre y apellidos, tuyo es el hijo. Se llamó Cinemateca porque fue el fruto de la gestión hecha por Henri Langlois en el Congreso de la Federación de Archivos Fílmicos en Cambrigde (1951), donde participé como observador, con la idea de transformar el Cine Club en Cinemateca.

Formaban entonces parte del Cine Club: Néstor Almendros, Rine Leal, Guillermo Cabrera Infante y Tomás Gutiérrez Alea, entre otros más. La historia del cine cubano, según quien la escriba, dice cosas distintas. En estos momentos, no estoy dispuesto a reivindicar nada, pero considero muy importante lo que se hizo al fundar la Cinemateca. Se sentaron las bases para que se continuara esa obra. No se contó conmigo después. Se hubiera conseguido el doble, pues en ese momento yo tenía todo el apoyo del gobierno francés para la fundación de un Centro Audiovisual en Cuba, como lo hice saber en un memorándum cursado a Cuba a través de la UNESCO, del cual nunca tuve respuesta.
De nuevo, la política se interpuso en mi gestión cultural pero, de alguna manera, le abrí el camino a los que siguieron. Eso es indiscutible. Admiro que se haya podido continuar trabajando a favor del cine y hacer un archivo fílmico importante como el que deben tener en Cuba.

¿En qué circunstancias abandona Cuba?

Salí de Cuba en 1957, después de la fragmentación de la Cinemateca, debido a las actitudes políticas de algunos de mis amigos, miembros de ella. Mi gestión ha sido siempre solo cultural. Entonces, debido a la política, me quedé sin amigos y sin Cinemateca. Me sentí solo cultural y humanamente. No estoy dispuesto a que la política consiga eso de nuevo.

Mi vida estaba estancada: era un padre de familia con una mujer, yendo a trabajar a una agencia de publicidad, Siboney, donde era creativo, pero no era lo que quería ni lo que podía dar, porque siempre he vivido una dimensión artística y cultural de la vida. No he podido vivir ninguna relación de forma sencilla. Todas las relaciones mías tienen algo de creativo.

Quise entonces volver a París a trabajar con Henri Langlois en la Cinemateca Francesa. Le escribí y me dijo que fuera para allá: "Sé que usted es poeta, que necesita aire, y el poco que queda en Francia sigue siendo aire", me escribió.

Me fui a París, y luego arrastré a mi mujer y a mi hijo pequeñito, pero en ese momento no se me pagó lo acordado. Me habían dicho que me pagarían 45.000 francos, y me dieron 25.000 de la época, cantidad con la que no podíamos vivir. Pude sobrevivir gracias a una beca que me dio el gobierno francés para estudiar en el Centro Audiovisual de Saint Cloud.

En un viaje de Néstor Almendros a París, cuando él ya estudiaba en el Centro Sperimentale, me presenta a Manuel Puig, el autor de Boquitas pintadas, con el que se inicia una amistad entrañable, pues es una figura clave en mi vida, uno de los más grandes amigos que he tenido.

De aquel cortometraje en el que se aventuraba a tratar el tema de la sexualidad, aunque inacabado y nunca exhibido, se puede decir que en La Habana de los cincuenta se vivía una sexualidad sin tapujos. ¿O era el reflejo de una sexualidad marginada?

En El visitante se encuentra una semilla de transgresión y de libertad que quiero conservar y que conserven todos los cubanos y todos los seres humanos siempre.

La sexualidad estaba presente en todos los actos nuestros como cubanos. Esa hipersexualidad de que se habla ahora, no es más que la que ha existido toda la vida. Gozábamos la comida, la música, la compañía, los roces, éramos unos perfectos gozadores, éramos tropicales y sensuales. Creo que todos los cubanos éramos perversos polimorfos.

Teníamos la doble moral impuesta por el catolicismo, aunque no se sentía mucho el peso religioso. Algunas cubanas de la época se cansaban de tener relaciones y cuando llegaba el momento de casarse, iban a un ginecólogo a que les cosiera el himen. O se iban con el marido a la cama teniendo una menstruación para hacerles creer que eran vírgenes. Porque el cubano quería una virgen por encima de todo. La bisexualidad cubana era una moneda corriente.

Se podía ser marginal. Siempre que no te metieras en política, el margen de libertad individual era grande. Hacías lo que te daba la gana. Los cincuenta fueron los años de los gozadores.

Dijo que aquellos fantasmas le incitaron luego a dedicarse a la fotografía y especialmente al desnudo masculino. ¿Cuál ha sido su interés en retratar el cuerpo humano?

Cuando empecé en los años sesenta a hacer desnudo masculino ya tenía el concepto de lo que estaba haciendo. Me planteé hacer fotografías del desnudo masculino, no sólo porque me podía interesar la belleza, que ha sido el motor de mi vida, sino porque me puse a pensar qué era lo que no se había hecho en la historia de la fotografía.

En la historia de la fotografía se había tratado el desnudo femenino, el retrato, el paisaje, la fotografía de moda, pero el desnudo masculino no se había explorado en profundidad, por aquello de que era tabú. Pensé que si lo trataba rompería un tabú. Sería un pionero.
Y así fue. Decidí demostrar que yo era un artista y no un pornógrafo. En España fui un perseguido. Se me puso en caza y captura durante el franquismo, por unos desnudos inocentes, masculinos y femeninos, que había hecho en mi casa de Madrid.

Sí. Sabía que estaba haciendo algo que resultaba revulsivo, pero quería ser revulsivo a través de la belleza. Siempre he querido ser un revulsivo estético. A mí, por ejemplo, siempre me han parecido de mal gusto algunas fotos de Robert Mapplethorpe sobre el fist-fucking y otras cosas.

Cuando yo he fotografiado un pene, he fotografiado un lingam, una imagen adorada en muchas culturas como el origen de la vida. Me he ido a otras dimensiones. Mi interés es hacer hincapié en la belleza, jerarquizarla, no asociar el desnudo a vicio o corrupción.
Para mí, la sexualidad es algo bello y debe ser tratada como tal, nunca como un juego pseudoestético. Los primeros desnudos trataban al hombre como héroe, no como objeto. Ahí están las esculturas de los dioses antiguos, de Poseidón y Apolo, amados como símbolos. Si te fijas en las posturas de los modelos de mis fotos, hay algunas que recuerdan a aquellas esculturas griegas y también, por qué no, a Miguel Ángel.

Nunca he sido ambicioso ni trabajador. He dejado que otros los sean. Me he contentado con seguir vivo, con seguir aquí por mucho tiempo, amando, dando y creando siempre. Gracias a Robert Alan Hall parece ser que lo estoy consiguiendo.

Tomado del portal Cubaencuentro.

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ERNESTO FUNDORA Y RUFO CABALLERO CONVERSAN

jagb 07/10/2009 @ 22:10

DE ALAMAR AL D.F. ERNESTO FUNDORA, CON EL DESCARO DE LA CORTE Y LA ELEGANCIA DEL SOLAR
Por: Rufo Caballero

El vínculo generacional se vuelve casi sanguíneo. Cierto que uno no puede desprenderse nunca, al menos no de un todo, de la gente con la cual creció y empezó a conocer el mundo. Los enemigos siguen siendo enemigos íntimos, huecos negros en el recuerdo, y los amigos siguen al lado de uno como el primer día, aunque de hecho estén muy lejos.
Ernesto Fundora y yo salimos al mundo cultural cubano en el segundo lustro de los años ochenta, un horizonte privilegiado para cualquier intelectual, porque aquellos eran días de intensa vida cultural y social. Cada semana había varias exposiciones “de vanguardia”, conferencias desestabilizadoras, debates encendidos. Mucho esnobismo, mucho teoricismo fatuo, ciertamente, pero también mucha enjundia, mucha confrontación de ideas, que redundaron en una de las décadas más caudalosas y aportadoras de la historia del arte cubano. De la cultura y la sociedad cubanas.

Me parece recordar que Ernesto y yo coincidimos en algún encuentro teórico del Museo Nacional, a propósito del videoarte. Todavía los dos hablábamos en serbio-croata; por lo tanto, no fue difícil la comunicación. Al menos el panel se entendía de maravillas, aunque el auditorio comprendiera poco. Eso estaba bastante en el espíritu de los ochenta, nadie lo negará. Pero también recuerdo que otro día coincidimos en el ICAIC, Ernesto hacía la posproducción de un video clip con Adalberto Álvarez, que decía algo así como “¿Qué te pasa, mami?, ¿Qué me estás haciendo? Tú me estás matando, y yo me estoy muriendo…”, un video donde todo el mundo movía la cintura todo el tiempo con una sabrosura desasosegante, y parece que yo expresé algún prurito tonto, porque recuerdo la vehemencia y la lucidez de Ernesto al tratar de convencerme de que Álvarez, en lo suyo, era sin duda un gran artista.

Veinte años después, este es el mismo Ernesto, inteligente a patear, encantador y diplomático (no hace el juego a la pose de cierta movida que tiene que ser ríspida y ácida para garantizar su cuota progre), invitador al debate de ideas sobre la base de que todo el mundo aprende en la contienda del pensamiento (ya oirán aquí que “el diálogo siempre es un puente”). Y divertido. Eso resulta fundamental. Una de las cosas que siempre me unió –y me une- a Ernesto es el intento por combinar, de forma lúdicra y placentera, el rigor del pensamiento y el gozo de la ficción, de la libertad de la especulación. Algunos llaman a eso novelería, violación del sentido recto del conocimiento, libertinaje de la metáfora; y puede que tengan razón, la verdad, pero al menos Ernesto y yo sentimos que el saber es otra cosa si tiene su mendó.

Hay que verlo bailando salsa; es un trompo, tiene la cadencia de un negrón de Centro Habana. De la cubanía profunda, esa que pasa por la salsa pero no se agota en ella, esa que piensa todos los días el fenómeno difícil de la insularidad o la tensión entre la razón emancipatoria y la lógica instrumental del mercado y la vida civil, Ernesto no ha perdido nada. Aunque su mente y sus días se han abierto a mucho mundo, sigue siendo un cubanito jacarandoso como el primer día. Eso le reporta su gracia y lo aparta decididamente de todas las poses.

Volvimos a encontrarnos en el cine-teatro Trianón, el último diciembre, a la salida de la pieza “Tatuaje”, que dirigió Enrique Álvarez, otro caro amigo de mi generación. Desde entonces, hemos reanudado un diálogo que no cesa, y del cual estas páginas son apenas una muestra. Del mismo modo que todo escritor escribe siempre y obstinadamente el mismo libro, todo hombre tiene, con su sola vida, un mismo tono: Ernesto sigue teniendo ese extraño refinamiento del espíritu que lo hace un buen hombre antes que el gran intelectual y artista que indudablemente es. Uno de nuestros principales directores de video clip, teórico impenitente del audiovisual, poeta, ensayista filoso, Ernesto Fundora es una de las mentes más capaces y orgánicas de todas las que ha abrazado la cultura cubana en las últimas décadas.

Desde la clase del solar y la sandunga de la corte, podrán encontrar en estas páginas lo mismo una brillante y polémica teoría intercultural sobre el reguetón (según Ernesto, menos sabroso y más obeso que la timba cubana, pero en cualquier caso legítimo), o una actualizada mirada al “vidrio” contrariante, o una defensa razonablemente argumentada sobre el carácter revolucionario del video clip como género, que punzantes, sagaces y siempre sentidas advertencias sobre los días de su país y su cultura madre (que otras tiene muchas, integradas en sorprendente armonía del pensamiento).
Comparto estas páginas con el orgullo de quien presenta, otra vez, a un amigo virtuoso, consecuente, honesto. Polémico por lo mismo de que piensa siempre con cabeza propia y asume los riesgos, pero sin altanería; con la virtud de convertir el más complejo problema intelectual en un bembé juicioso, en un toque de tambores batá a las seis de la tarde, y en un llamado a vivir la vida sin tanto miramiento.

R.C: Hace unos meses escribí un comentario, titulado “Dinero”, a partir de la confrontación de unos ídolos ya no de barro sino de plastilina, en algún teatro habanero. En la respuesta del director del teatro encontré una idea interesante, que se refería en lo fundamental a esto: Ya hoy las estrellas no se hacen en la confrontación de los espacios “reales” (teatros, coliseos, auditorios), sino que son fabricadas por los medios. Se da entonces el proceso inverso: las instituciones acogen aquello que los medios han legitimado o ensalzado. ¿Cómo valoras tú la resonancia cultural de los medios, hoy día, para la música? Los medios, además de producir guerras, además de sumirnos en una hiperrealidad a lo “Truman Show”, determinan la música que escuchamos? ¿Qué saldo trae este proceso para el aprendizaje cultural, en la actualidad?

E.F: Objetivamente, te diré que el mundo de hoy es más diverso, ecléctico y abierto que cualquier era anterior. Existe un espacio para todos. Cada quien se identifica con el estándar cultural de su estatura y existen productos culturales para todos los gustos. Yo sigo escuchando música maravillosa y casi nunca enciendo la televisión. Prefiero poner mis DVDs en casa o ir al cine y al teatro. Soy exigente con lo que veo y consumo, porque siempre la obra te irradia y te contagia, te vicia el espíritu con su resonancia.

En términos generales, la televisión se ha convertido en el basurero de la civilización actual, en la vidriera de los supermercados o en el altar de la gente sin educación ni cultura. Es un instrumento de dominación y de sometimiento que condiciona nuestros actos, gustos y preferencias. Convierte al sujeto en un ente miserable y estúpido, un zombi que deambula por el mundo sin libertad de elección, automatizado a partir de patrones fijos y regulares que lo convocan al consumo. Ya podemos hablar de gente mediatizada, de generaciones que sólo accedieron al mundo de la cultura artística a través de la televisión; públicos que conformaron sus patrones de gustos por las recetas televisivas y que nunca asisten a un museo, una galería, una biblioteca o a un teatro, y que pasan de la adolescencia sin haberse leído un libro. Se trata además de generaciones degeneradas por la inmediatez mediática, aquellos que se remiten a los buscadores Google o Wikipedia con pereza intelectual y que no quieren recordar ni la fecha de su nacimiento. No sólo cambiaron los medios de comunicación, sino que cambió la comunicación en si misma. Los nuevos instrumentos de escritura, aprendizaje y de recepción, como las computadoras personales, los blackberry, el Ipood y el Iphone han redimensionado la relación del sujeto con la memoria. Ya nadie quiere ni necesita recordar datos, pues se accede con inmediatez y eficacia a los bancos de información a través de estos aparatos cada vez más personalizados y maravillosos. En ello, la civilización paga un saldo favorable y otro destructor. Por un lado, ya la gente no recuerda y vivimos en una amnesia colectiva, con una vocación de hiperfuturidad, donde poco queremos saber del ayer, y no se aprovecha la recurrencia causal con que se comportan La Historia y nuestro desarrollo. La televisión y el reproductor de video fueron de alguna manera la antesala de ese fenómeno.

La historia se agacha para saltar, es una paráfrasis a Lenin, tomada de sus Cuadernos filosóficos, cuando escribiera: “retroceder para saltar mejor”. Quiero decir que tenemos que ser flexibles a la hora de enjuiciar estos acontecimientos, porque aunque implican cierto retroceso aparente en la tradición cultural, luego expanden las fronteras del conocimiento y generan una nueva perspectiva en la distribución y promoción del saber y de la información en la sociedad. La tecnología le está propiciando al hombre una perenne renovación sensorial, intelectiva y motora. Vivimos al centro de una simultaneidad de flujos y de emisiones, y eso, inevitablemente, nos va a propulsar incluso hasta en lo biológico. Eso sí: somos dialécticos, y aceptamos con humor que el mundo, el hombre y hasta Dios, se están haciendo. La evolución no ha terminado. Que no cunda el pánico.

La televisión ha dado saltos por décadas. Justo con la expansión de la computación y la cybernáutica es que la TV ha empezado su caída estrepitosa. Y como tiene que competir con un banco de datos satelital y por fibra óptica -una matriz infinita al estilo de aquel topus Urano platónico- se siente exhausta de contenidos y de programación con que emular. No le queda otra opción que volverse prosaica y apelar a los reality show, ser indiscreta, obscena , procaz, impertinente, agresiva, hiperlúdica. ¿Cual es su desventaja suprema? El arcaico modelo legal y moral que la rige, el cual es heredero de una etapa modernista marcada por el mundo post-industrial, bipolar, la guerra fría, la secularidad de la iglesia y su vínculo con el estado, mientras que la Internet y las computadoras personales han desbordado la legalidad y la ética de la sociedad, y han creado un sujeto más libre y tolerante, hasta libertino, invirtiéndose el embudo hacia la infinitud. Ha desfocalizado y desmarcado al individuo de las restricciones penales y morales. Fíjate que, por fortuna, ningún gobierno ha podido crear jurisdicción sobre el ciberespacio.

En fin, retomando tu idea de la hiperrealidad creada por la TV, esa fue la antesala de la virtualidad como espacio posible, multidimensional, para la vida del hombre en la era de acuario. Algunos teóricos hablan de esas progresiones como encebollados; yo prefiero verlos como escalonamientos, ya que ocultan pero revelan a la vez, y propician una ascensión en todos los órdenes de existencia. Lo que no quiere decir que estos progresos nos hagan una especie más feliz ni armónica. Ahí reside la paradoja. Por eso hay que estar despierto ante la televisión, aunque muchos la utilizan ya como somnífero o paliativo ante la soledad cruel que generan las grandes ciudades. Yo he decidido estar alerta y me evito sus erosiones, como también tengo profilaxis con la computadora. Ambas van desgastando la comunicación interpersonal entre la gente. Puedo hacer un pronóstico: me arriesgo a decir que surgirá una neolengua mediatizada por las máquinas, donde sólo los ilustres anticuarios recordarán los encantos de la oratoria y del uso elocuente y convencional de la palabra. Anoche pasé frente a una discoteca en México DF y me costó trabajo leer su nombre. En un cartel de neón diseñado con tipografías Cyber, apenas pude deletrear: KTDRAL. Me costó trabajo remitirme a los templos religiosos del catolicismo. La humanidad no siente arrepentimiento de su aceleración ni de su locura. Preparen sus motores y las vacunas. Son tiempos complejos.

Incluso la mayoría de los músicos, especialistas y diletantes que defienden o entienden la valía del reguetón, suelen comenzar su discurso más o menos de esta forma: “A pesar de la pobreza musical del reggaetón,…”. Tú has sido uno de los pocos especialistas a los que les he escuchado un discurso interesante sobre la competencia musical del reguetón. ¿Pudieras abundar en esas consideraciones?

Tengo mi especulación sobre ese tema. Y que conste que me la conformé para entender esta música como expresión de cultura de gueto, de resistencia, marginal: narcomenudeo, dealer, gangas, pandillas y mujeres que sobreviven gracias a los encantos de su cuerpo. Música que entra al mercado en el justo momento en que se esta produciendo un reacomodo de los roles públicos del héroe, la celebridad y los lideres urbanos.

Si partimos de esta idea reciente de que el mercado es quien legitimiza el valor de las cosas, empezaríamos diciendo que el reggaetón es lo máximo: nunca se había logrado tanto ruido con tan poco. Dos son los caminos para este análisis, el musical y el sociológico . En cuanto al primero tengo mis reservas por tratarse de un género que no ha generado ninguna forma de virtuosismo. Con respecto al enfoque sociológico hay mucha tela por donde cortar ya que este sea quizás una de los primeras expresiones musicales nacida de la cultura mediática.

El reggaetón es un género resultado de muchas fusiones. Sus bases principales son el reggae panameño, cantado en español, con algo de plena, candombe y soca, más el reggae jamaiquino y el hit hop -rap norteamericano. Se trata de un género netamente urbano, de raíz afro, como demuestra su pujanza rítmica, pero con una tímbrica y un sonido sofisticado totalmente nacidos de la música tecno de Europa, en la que se inspiraron los negros de las ciudades norteamericanas del west y del East para crear el rap y el hit hop. O sea, que el uso de los loops, los samplers y las secuencias sustituyen la ejecución y el color de los instrumentos de percusión acústicos y llevan la base de su ritmo.

Después viene un factor comercial que tiene que ver con Puerto Rico. Esta es una isla que ya trae la experiencia de robarse el son cubano, ponerle otra forma de campaneo, algunos colores, cambiarle algunos aspectos externos, y vendérselo al mundo como un género nuevo: la salsa. Ese mismo proceso que los newyorikan hicieron con nuestra música, lo están haciendo ahora con Panamá y Jamaica, pero sumándole un nuevo componente: la experiencia de vida en el Este norteamericano, que es la región donde los boricuas controlan el mercado hispano: New York, Harlem, Nueva Jersey, Queen, Brooklyn, Boston, Philadelphia, La florida, algo de Washington y Puerto Rico.

Por otra parte, los hombres boricuas han sido usados por el Army de EUA como la carne de cañón que engrosa las primeras filas en sus ejércitos de ocupación; esto sucede desde Camboya, Vietnam, hasta ahora en Afganistán e Irak. Esa es una de las razones por la que en Puerto Rico hay un promedio de 13 mujeres por cada hombre y la población masculina ha decrecido entre el éxodo y los muertos en guerra. Este fenómeno aportó su componente al reagueton. Si te fijas bien, desde que la pandilla Bush empezó su ferocidad sobre el Medio Oriente, por controlar económica y militarmente esa región, se ha manifestado una resonancia cultural del mundo árabe en la cultura gringa.(No olvidemos que en los pelotones del army se considera importante la presencia de los DJs, como una pieza indispensable para el entretenimiento de los soldados – aspecto que forma parte de la concepción de la guerra como espectáculo).

Sutilmente oculto, tanto en el hit hop como en el reggaeton, se puede distinguir esa presencia de lo mántrico, ese fluir soterrado de una idea melódica que, como recurrencia o adorno, le aporta una capa seductora a una música que apenas tiene discurso melódico, porque los reggaetoneros lo que hacen es rapear con otra métrica y otra entonación, más endémica del bilingüismo a que los ha expuesto la experiencia exiliar. Tanto los negros y los boricuas que conformaron primeras filas en dichas guerras trajeron una influencia sensible de los melismas árabes, de su curva melódica y lo incorporaron sutilmente en un segundo plano melódico y armónico, por medio de eso que se llama en la producción musical Pats de teclado, y que se genera con cerebros de timbres, secuencias automatizadas y samplers. Yo diría que ese es el discurso sensual del reggaeton, el cual ha menudo es ejecutado también por las voces femeninas del coro. Mientras el cantante está ladrando o mascullando sus ideas rústicas y hasta desafinadas, un mantra rítmico afro (cha cún, cha cún) simétrico y estable, programado electrónicamente simulando la caja y el bombo, hasta con sonido de tablas hindúes, nos mete de lleno en un trance danzario, provocándose una resonancia o retumbe en el plexo solar o caja toráxica del escuchador-bailador. Simultáneamente, hay esa otra capa sensualizadora que te va endulzando el oído con un componente morisco y que son motivos reiterativos que van coloreando el arreglo del tema, y que nos permiten soportar y metabolizar el bombardeo de bazofia que emite casi grotescamente el cantante con algo de picardía callejera. Ya que no se puede ocultar que la misma procedencia humilde y hasta marginal de estos nuevos líderes culturales les hace ver el mundo desde una perspectiva pobre, a imagen y semejanza de sus entornos de orígenes: el barrio. Siendo esta la razón por la cual la textualidad de estos artistas es tan grosera y elemental, con baja elaboración poética y de una preocupación básica, instintiva -de primate urbano- por el valor de lo físico, el falso estatus social, la sexualidad, el crimen, la violencia, la relación con la riqueza y una visión machista de la mujer como materia de deseo, exenta de inteligencia y de realeza, etc. etc. Salvando, claro está, que siempre hay zonas e individualidades, como Don Omar, Calle 13 o Tego Calderón, que aportan al género un componente de reforma social y de preocupación por y hacia los grupos más desposeídos, sirviéndoles de brújula y orientación en sus problemas cotidianos. Unos con enunciados mas didácticos (Don Omar y Tego) otro con el uso de una poética del disparate irónico- paródico (Calle 13), y otros con el simplismo sexista e idiotizante de Winsil and Yandel y Daddy Yankee. Más o menos por esas tres zonas temáticas se mueve este género.

En cuanto al discurso danzario del reggaeton, también es un género mercenario, que le ha robado, por ejemplo, “el tembleque” a La timba cubana, así como se vale de otras dinámicas expresivas propias del reggae jamaiquino y del hit hop americano y ha elaborado en el imaginario colectivo la ficción de que trae la aportación de un nuevo baile. Yo lo veo como un producto de la cultura retake o remix, tan de moda en estos tiempos, dispuesto a tomar cuanto le hace falta de lo ajeno, creando una nueva lógica en el sentido de la propiedad autoral. Ahora, hay que reconocerle que se trata de un género bailable razón por la cual le doy la bienvenida. De un tiempo a esta parte ya casi no se baila, la gente va a las discotecas a beber, hablar y fumar. Se baila menos que antes, por eso celebro que el reggaeton aporte esa euforia del cuerpo y un poco de alegría a las nuevas generaciones en una época, además, saturada de catastrofismos. Ya de por sí está experimentando un declive comercial. En lo personal, como bailador, yo no paso de dos temas, me abruma el tercero. Sin poder evitar las comparaciones, lo considero musicalmente un género inferior a la timba; como que le falta sabrosura y le sobra obesidad.

RC: A propósito de un género (el video clip) que comenzó en la oposición cultural y ya hoy es “centro” en los rieles del mercado, ¿es posible hoy ser contestatario o alternativo por mucho tiempo? ¿Cómo desafiar la constante política de absorción del mercado y de la corriente principal? ¿O aprendiste, en el camino, que romper las normas puede ser más fácil que llegar a dominarlas?

EF: Me haces tres preguntas. Trataré de redondearlas en una respuesta. Todo discurso es una contestación, rara vez hablamos o enunciamos al aire. Siempre hay un blanco para mi disparo. Respondón, rebelde, antagónico pero también amable, complaciente, cínico, seductor o hierático, juego con el espectador, pero al borde de una seriedad inepta. Juego a la dialéctica de lo usual y lo inusual; como bien sabes, el mensaje es una mezcla alquímica, equilibrada y proporcionada, entre la novedad y la obviedad. Busco el lugar común que reclama la axiología del mercado -el marcado, diría yo- y me escurro, desobediente, por el filón que propone la axiología tradicional del arte, aquel que progresivamente va perdiendo la pureza que mantuvo hasta la posmodernidad. Hoy toda axiología es bienvenida, hacemos un sancocho, los letrados hablan del cóctel. Se trata de una herencia del collage como modelo de pensamiento. Inclusivismo y relajo. La cuestión está en reconocer que tras Cristina Aguilera se esconde Sara Vaughan, que tras un Pedro Juan Gutiérrez también habita un Joyce, que Romanek le hace sutiles homenajes a Tarkovski. La cultura es promiscua. Se desdibujan los bordes entre lo alto y lo bajo. Como decía aquel proverbio latino: “la cama es la ópera de los pobres”. O como dijera alguien: “sexo y plusvalía rigen el mundo”. Entonces hay que mezclar el apetito del Eros con la sofisticación del intelecto, provocar la catarsis del espectador apelando al hambre de la bragueta, entretener y a la vez estimular la necesidad de trascendencia; buscar un mix entre lo prosaico pagano de la compra-venta y la sed poética de elevación espiritual que reclama nuestra especie; crear avidez y lujuria electrónica, sazonada con cierta densidad gnoseológica. Al final, todo buen discurso debe propiciar bienestar y conocimiento o, en su defecto, provocar para mover el tapete.

El mercado ha colmado de bolsillos al hombre y necesitamos sustancias y contenidos con que llenarlos. Mi trabajo, si te fijas bien, busca, experimenta y se regodea en las coordenadas de lo exótico y lo reflexivo, lo sensual y lo filosófico, tiene el descaro de la corte y la elegancia del solar, transita la academia pero no da la espalda al saber empírico de la calle. Al final, lo que cuenta es el simphatos, el alud de sensaciones (aesthesis) que logras provocar en el que mira, el carnaval de lubricaciones que promueves en sus sentidos, las ideas que se articulan en su mente.

R. C.: Alguna vez te escuché que el video clip había sido y es, probablemente, el género cultural más revolucionario de los últimos cincuenta años. ¿Por qué?

El video clip ha significado un parte-aguas en la historia de la imagen en movimiento, con renovadoras consecuencias a nivel sociológico, semiológico, estético, y mercadotécnico. Esto que referimos es un territorio vasto, el cual trataré de sintetizar para el formato de tu entrevista, pero que exige de un espacio mayor. Sobre el tema tengo desarrollado un libro que aparecerá próximamente, bajo el titulo: “La fiesta del fragmento”.

Aunque este género tiene antecedentes en la propia historia del cine, la TV y las artes plásticas, hay que reconocerle un origen televisivo. Fue en el año 1980 que surge como institución cultural, a la par del canal MTV, entonces una filial de Warner. La mayor virtud que ha ostentado reside en ser voluble para asimilar, plegarse, recurrir y tomar cuanta forma expresiva le sirva de arsenal creativo: cine, TV, pintura, escultura, performance, danza, publicidad, teatro, literatura, cómics, diseño grafico, video art (neofluxus), moda-fashion, fotografía, arquitectura, etc.

Intentaré sintetizar sus mayores aportaciones. Primero, el music video ha sido el responsable de que la humanidad adquiera una mayor rapidez y velocidad a la hora de procesar y consumir volúmenes de información visual. El clip ha entrenado al ojo en la captación de sutilezas perceptuales que antes pasaban desapercibidas; esto ha provocado una agilidad y una síntesis extrema. Ha desarrollado la concisión en los mensajes. Por tratarse de un género poético, ha establecido nuevas normas en la decodificación simbólica, y ha creado otra manera sintagmática de narración, tiene una nueva gramática, otra forma más caótica de hipertextualidad, combinando la no linealidad con la simultaneidad de discursos. En eso es fiel representante de las paralogias y de las heterologias, y fue antecesor de la computadora. Maneja una alta emocionalidad y sugestión, a partir de lo sorpresivo y novedoso de su impacto estético. Procura refinamiento visual e incuba un alto simbolismo y una gran expresividad formal.

También extendió el tema de explotar y explorar el fragmento hasta el paroxismo, reivindicando una visión atomista del tiempo y del espacio cinemático y televisivo, promoviendo nuevos modelos de estructuras narrativas abiertas. Desató o liberó el mundo del inconsciente colectivo, dimensionando el sueño hasta una esfera creativa. Incentiva la imaginación del espectador, es lúdico y juguetón. Al igual que la poesía, tiene la capacidad de manejar el lenguaje figurado, alusivo, e incluso puede hablar de sí mismo (de su lógica interior y lenguaje), mientras habla de otras cosas. Tiene una preocupación por lo formal que casi la exalta a rango de semántica. Uno de sus contenidos básicos es el alarde de formas expresivas y de recursos, por su misión de aportarle un componente visual a una base sonora. Además, cambió el canon de lo inverosímil y lo onírico. Aportó una noción otra de la continuidad, la hibridación y del raccord en el montaje, y exaltó la noción estrecha de realidad desencadenando euforias pasivas. Sustituyó el papel social del héroe de la literatura y el cine por un nuevo personaje público: la celebridad o estrella pop-rock. Ha ido esculpiendo a un sujeto andrógino, que definitivamente será más libre y autosuficiente que el heterosexual canonizado por la tradición judea, cristiana e islámica, ya que gracias a su ambigüedad prescinde del otro complementario, de sexo opuesto. Promueve la idea de una publicidad más democrática, pues te ofrece probar el producto (la música) mientras disfrutas de su promoción, a diferencia de la publicidad tradicional, donde no conoces el producto hasta que acometes la compra.

Por otra parte, el video clip ha distendido y refrescado la concepción fotográfica, de iluminación, el montaje y la puesta en escena, desarrollando una “dramaturgia del distanciamiento” que salva al televidente de la identificación hipnótica con la anécdota. Ha incorporado, con resultados elocuentes, el universo de la animación 3D, con toda su nueva tecnología. Ha influenciado en el ritmo, en el tono y en la gramática a los noticieros, las series, el largo y el cortometraje, el documental, los espacios deportivos, y le ha quitado solemnidad a la televisión, con una gama amena y sugestiva de “atractores” sensoriales. etc.

RC: Una vieja y rancia discusión, como esa referida al presunto contrapunto entre compromiso publicitario y artisticidad en el video clip, sigue siendo en Cuba un rubro en la agenda de muchos creadores y críticos. Tal vez porque resulta todavía reciente la entrada de una incipiente industria del disco a Cuba. Por mi parte, he insistido en que, de siempre, la historia del arte ha debido vérselas con el encargo, lo que no ha implicado mitigar el repertorio artístico; creo que en las artes técnicas o de la reproducción cuanto hay que hacer, lejos del divorcio, es maridar cada vez más lo uno y lo otro: mientras mejor manejes el repertorio estético, mejor responderás al compromiso publicitario. La propia publicidad no es ajena al arte; sólo que a otro tipo de arte. ¿Cómo ves tú el fenómeno en términos teóricos?

EF: Tus preguntas son casi ensayos teóricos; en ellas está implícita y hasta desarrollada la respuesta. Yo coincido contigo, y me inclino por establecer un maridaje entre arte y mercado, aunque no todos los clientes lo aceptan, apenas los más refinados, que son unos pocos. El dilema radica en definir previamente para quién uno está trabajando y con cuáles propósitos. No olvidemos que el video clip se hace por encargo, y que tiene por meta suprema vender y promocionar al músico y a su producto, el disco. Si me das a escoger, prefiero hacer el video clip de arte o de autor, pero, para serte franco, los que me han dado de comer y me han posicionado en la industria, son los de marketing. Es una idea maldita y hasta irreversible, pero las cosas adquieren valor según se venden. Esplendor de la plusvalía como medida de valor. Estoy pensando en releer a Marx para ver si le encuentro algún análisis antropológico sobre esa obsesión humana por la ganancia como metáfora del prestigio. En ese sentido, el mercado nos está descuartizando. Por suerte, en mi trabajo, ya se puede llegar a ese punto medio que llaman “artisticidad de mercado”. Algo, por demás, terrible que se conecta con los criterios de la “Industria cultural”, que a decir del filosofo Theodor W. Adorno, es una maquinaria concebida para limar las salientes filosas del arte hasta volverlo un mero artículo de consumo.

R. C: Me ha parecido escucharte que continúa, según tu criterio, el folclorismo en el video clip cubano. Siempre he tenido una preocupación: Palo porque bogas, y palo porque no bogas. Si pones los solares, los negritos en la calle, La Habana ronca, eres un folclorista. Pero si maquillas sobremanera lo real, y haces videos clip en las mansiones de Miramar, “traicionas” tu realidad y te alienas. ¿En arte, cabe esperar un punto medio? ¿Hay una sola Habana? ¿Todas Las Habanas, o las Cubas, imaginadas, no son legítimas?

EF: Aquí cabe aquella tesis lezamiana de “la posibilidad infinita”. La imagen engendra la posibilidad, y la realidad anula a la posibilidad, algo así esbozaba Lezama Lima. Cuba puede y debe ser poetizada en todas las dimensiones posibles. Todas esas caras conforman el rostro del país. Lo que sucedió fue que, con los años, se hizo hincapié para que el pueblo sólo se identificara con algunas de ellas, y excluyera o se desencantara con otras. Ese fue uno de los talones de Aquiles de la revolución: no supo incorporar a la burguesía que había apoyado el proceso revolucionario y se radicalizó en pro de las masas. Y cito al filósofo Gustavo Pita: “Incluso admitiendo que la burguesía era en principio imposible de incorporar, lo que es imperdonable en todo caso es que se haya identificado la revolución social con la destrucción o desacreditación de los valores culturales creados por la clase derrotada. Aun asumiendo la lógica purista del poder, resulta un contrasentido”.

R. C: Ese es un proceso para nada exclusivo de la revolución cubana; atañe a la lógica de las revoluciones en cualquier circunstancia. Lo nuevo que necesita erguirse por sobre lo que considera viejo tiene a menudo un precio muy alto. Lo sabemos. Alejo Carpentier lo abordó admirablemente en El Siglo de las Luces, cuando entre todos los símbolos de la revolución, señaló con justeza el peligro de la guillotina.

E. F: Mira, eso es muy polémico, pero lo principal está en lo siguiente: Ojalá y la historia futura saque provecho de esa experiencia y aprendamos a sentir regocijo tanto del solar habanero como de la mansión en Miramar. Te lo digo yo, que crecí en Alamar, mitificando y descalificando ambos escenarios.

Pero a lo que yo me refería en aquella entrevista que tú me hiciste en TV para el programa Lucas, fue al factor populista y chabacano predominante en las imágenes de los videos clip cubanos y de otras visiones fílmicas o audiovisuales de la Cuba de hoy. Moreno Fraginals acotó y observó en los inicios del “periodo especial”, el peligro de “la haitianización de Cuba”. Ese término redondea casi todo lo que ha sucedido en los últimos años. En aquella época, pocos le hicieron caso, pero su tino previsorio es indiscutible. Incluso, algunos le buscaron a su idea falsos matices racistas en contra de la negritud, confabulando una injusticia imperdonable con uno de nuestros historiadores más agudos y que con mejor exquisitez ha sabido legitimar y reflexionar sobre el componente negro de nuestra cultura. Fue, el caso de Moreno, un ejemplo tácito de cómo se puede llegar a descreer de las Inteligencias, marginarlas y crearles un estigma, sencillamente por ser divergentes. Al final, si esas lumbreras hubieran sido tenidas en cuenta, nos habríamos evitado algunos problemas.

Con el desmantelamiento del campo socialista -a mí no me gusta la palabra caída- surgieron nuevos retos para la sociedad cubana. La falta de apoyo económico generó una crisis en todos los órdenes, y progresivamente el país se fue quedando en el desamparo. Esto generó indigencia, y empezamos a atrasarnos con respecto al mundo; a esa haitianización se refería Moreno, haciendo la parábola con la primera gran revolución de América de finales del XVIII.

A raíz de estos cambios, la “estética práctica” (frase de Arturo Cuenca) manifestó una exhuberancia como camino resolutivo del pueblo ante las carencias. Qué quiero decir, que la gente empezó a “inventarla”, verbo que en buen cubano significa hacer magia para sobrevivir, y con ello sacó la chancleta para la calle. Y eso no es sólo una metáfora. En lo referente a la vida musical del país, pasamos de la densidad poética y sublime de la Nueva Trova al boom de la desfachatocracia timbera. Y lo vulgar le ganó a lo intelectual, lo popular le ganó a la alta cultura, y por ende se perdió un equilibrio indispensable. Se extinguió la poca aristocracia de espíritu que le quedaba al cubano. Solo un reducido grupo de la elite cultural del país se pudo proteger del tsunami vernáculo y costumbrista.

La propia emergencia económica hizo que se rediseñaran nuevos derroteros en la educación, tanto escolar como mediática. Las escuelas sufrieron carestía de recurso y de actualización. Conclusión, crecieron dos o tres generaciones que sólo pudieron vivir las vacas flacas de un proceso de esplendor cultural que había vivido la nación entre los años 70s y los 80s. A esto sumémosle que la axiología dominante se inclinaba por el populismo, por considerarlo un bastión de lucha contra el aburguesamiento de algunos sectores y como defensa de las conquistas sociales a favor de las mayorías. Ya este enfrentamiento lo había sufrido la ciudad letrada, quien en los 60s se dividió en dos bandos: coloquiales-directos- militantes frente a herméticos-rebuscados-metafísicos (Orígenes).

Conclusión, se deterioró aún más “el canon cívico de la decencia”(es una idea que cito de Rafael Rojas cuando analiza el quiebre de la convivencia plural en la ciudad letrada cubana republicana en su libro “Tumbas sin sosiego”). Las buenas costumbres y el cubano de a pie perdieron el refinamiento básico y los estándares de elegancia. La gente empezó a hablar abusando de las malas palabras y descuartizando el idioma, a ser más chusma y de peores modales. Hubo un estallido de las prácticas religiosas alternativas y la gente con nivel escolar se refugió en el universo mágico porque el conocimiento no le servía de mucho. Hubo un auge de la prostitución urbana juvenil (jineteras) que reorientó el turismo hacia el atractivo sexual, se paralizaron la mayoría de las fábricas, apenas había suministro eléctrico y de combustible, la alimentación se puso difícil al punto de que se extinguieron los gatos callejeros, se suspendió el carnaval: una de las válvulas de escape equilibradora de las tensiones sociales y, como conclusión de tanto desajuste, se produjo un éxodo masivo de una población bien formada en universidades nacionales y del Este europeo: profesionales, científicos, técnicos y artistas, hacia países donde podían obtener mejores remuneraciones por su trabajo. Todo aquello -y más- terminó por inclinar la balanza hacia la indigencia. En fin, se reacomodó la sociedad de manera tal que uno podía percibir el churre en el cuello de la camisa del locutor del noticiero más estelar del canal 6.

Te estoy haciendo el panegírico de una devaluación cultural (entendida la cultura como todos los modos de actividad humana y no sólo las letras y las artes) anunciada por Moreno Fraginals, para que concluyamos que era inevitable que la imagen y el sonido que acompañaría a la música cubana estaban llamados a contagiarse de este viraje o degeneración social. Si tú quieres, revisa los montunos y estribillos de todos los temas bailables cubanos de los últimos 20 años y verás que más de un 70 % aluden en su textualidad a asuntos baladíes, pobres, vulgares, insustanciales, naïf, prosaicos y provincianos. Además resultaba paradójico, porque el componente musical seguía siendo extraordinario y de primer nivel, pero fallaban las letras, las cuales se tornaron dicharacheras y facilistas. ¿Qué estoy tratando de probarte? Lo imposible de enjuiciar al video clip cubano por folclorista, populista, vernáculo y chabacano, ya que el resto de la sociedad se fue orientando hacia esa misma dirección. Y el video clip sólo pudo hacerse eco y reflejo de esas modas, se contagió del “realismo sucio”. Además, ese es un fenómeno no exclusivo de Cuba, también fue una tendencia general del mundo. Hay decadencia por todas partes y ausencia de modelos y guías elevadas a seguir. Una mala distribución de la riqueza ha generado una efervescencia de la pobreza, un despertar de los modelos de izquierda que pugnan siempre con la sofisticación de la cada vez más egoísta alta sociedad.

Igual quiero reconocer que el video clip cubano de ahora ha logrado resultados que superan las condiciones rudimentarias de producción. Los realizadores han confrontado la carencia de tecnología con ingeniosidad y carisma. He visto aquí posproducciones que en otros lugares costarían una fortuna. Pero es indiscutible que nos hemos identificado demasiado con las paredes descascaradas y con la orfandad de los barrios. Deberían tratar de mostrar esa Cuba anhelada, soñada e idílica; empezar a proyectar el futuro, virtualizar dignificadamente la imagen de lo cubano.

R. C: ¿Eso no sería maquillar, edulcorar, falsear en otro sentido?

E. F: Es triste viajar por el mundo y ver que en el extranjero se ha conformado una imagen indigente y pueblerina de los lugares cubanos tanto en salsotecas, bares y restaurante. Cuando mejor nos va es gracias a lo residual de Tropicana o de El floridita. Es lamentable que después de Celia Cruz la cubana más famosa sea Niurka Marcos. Este ejemplo explica el degenere.

R. C: Cuando tienes que visualizar para hacer un video clip de baladitas rosas, todas parecidas a todas, ¿no te da nostalgia de aquellos tiempos en que las canciones de Amaury Pérez, Santiago Feliú y Carlos Varela te hacían parir unos videos llenos de imágenes alucinantes?

E. F: Cambiaron mis alucinaciones. Ahora son otras y responden a las necesidades del mundo donde vivo. Sigo volando pero ya no olvido el paracaídas. Cuando se cumplen 41 años ya no se ve a la humanidad con la ingenuidad de antes. Surgen nuevas fascinaciones y nuevos compromisos con el sentido de las imágenes que construyes, del legado que dejas sobre la tierra. También se aceptan con placer los retos de las nuevas circunstancias. Me acomodo y extraigo de toda experiencia un provecho.

Mi profesión está más que nunca inserta en el mercado. No soy sordo a los cambios. Acabo de terminar un video clip que, a la semana de estar en Internet, tenía más de 300 000 visitas en youtube. Para mí es motivo de alegría comprobar que mantengo un diálogo y una comunicación estrecha con los adolescentes y los jóvenes, y que no me excluyo del sentir mayoritario de esta época. Si me hubiera quedado en una visión elitista, clasista y defensora del lirismo finisecular que concluyó la era analógica del siglo XX, me habría estancado como comunicador, emisor y receptor de mensajes.

Le busco a las baladas rosas o cursi el mantra benefactor soterrado y a partir de éste, visualizo imágenes que sacudan al espectador. No creo que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. La humanidad entera se ha subido a un tiovivo donde apenas cambia la constitución enrarecida del aire. Cualquier salvación es un problema individual. Ni siquiera esos autores que mencionas, a los cuales disfruto enormemente, tienen en estos momentos el ágora que les rindió culto en el pasado. Ya Santiago no colma la escalinata con su guitarreo sin igual ante un público frenético que coreaba una canción tan rara como “Para Bárbara”; ya Amaury no hace aquellos majestuosos conciertos que renovaron el espectáculo pop de Cuba, con canciones que estremecían la sala García Lorca; ya Carlitos Varela no es el artista puro que sensibilizó a una generación con las reformas de la perestroika. Guillermo Tell es un misterio, seguimos añorando la manzana, y la única flecha posible a disparar es la de Zenón, la que, vista segmento a segmento, se halla detenida en tiempo y espacio.

R. C: ¿No será que la escalinata y el Lorca los llenan otros? ¿No es ello saludable?

E. F: Como apuntaba Hegel, cada época tiene su espíritu. Parece que los rasgos esenciales a ésta son la frivolidad y la tontera. Y ni siquiera a esos desmanes soy indiferente. El artista y el intelectual de la POPOMA (Pos-posmodernidad) no puede sólo ser juez descarnado de su tiempo; tiene también que ser actor, proponer guías y modelos, buscarle la salida al laberinto. La crisis actual de la filosofía se debe a que la Academia se alejó de esa cotidianidad que llamamos mundo real y se ha refugiado en el tropo y en los libros. Ensimismada, la filosofía desdeñó la utilidad practica que debe propiciar creando modelos y reflexión que ayuden a la gente a concebir la vida. Fíjate que de los filósofos mas recientes, E. M. Ciorán es el más leído por su estilo desacralizador, ácido y divertido. Con su irónico desencanto y catastrofismo cínico, le robó el show a un Jean Paul Sartre solemne, erudito y depresivo. Otras ramas del saber están copando los territorios de la filosofía. Por ejemplo, un biólogo como Richard Dawking llega a best seller hablando de El gen egoísta y de El espejismo de Dios, con una amenidad que no excluye lo profundo. Y un Fritjof Capra con El tao de la física, Sabiduría insólita o La trama de la vida - tres libros muy vendidos- combina ciencia y filosofía sin abaratar lo didáctico ni lo sabroso del conocimiento. Porque esa es quizás una categoría que le falta reconocer a la estética y a la filosofía: lo ameno, en lo cual la ciencia con la visión de los promotores y divulgadores ha tomado mejor iniciativa.

Y en los años 80s y parte de los 90s, todos los aparatos teóricos se concentraron demasiado en enredar la madeja. Eso creó entropía y confusión dentro de la cultura. El diálogo se torno debate jeroglífico, cuando “la arqueología del saber” debe propiciar concilio y no desencuentros adversos. El diálogo siempre es un puente. Me sirve una canción: “No quemes los puentes tras de ti”.

Y para cerrar tu pregunta, cuando tengo nostalgia de aquella época en que creímos que el mundo tenía solución y acometíamos cualquier empresa como una cruzada en pro del saber y del mejoramiento humano, “apenas abro los ojos” y recuerdo que “una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo”, porque “lo que pasa es que lo eterno no es de nosotros, lo imposible es esa brújula rota en el alma”, confiado de que a “donde me empuje el agua me iré, donde me lleve, cambiando el curso raudo y tenaz de la corriente”. Mis imágenes siguen amorosas, montadas a caballo, tirando remos a la mar y fisgoneando por entre la cerradura de muchas puertas, la alegría y la desesperanza de mi tiempo.

R. C: Un hombre como tú, que debe vérselas todos los días con la competencia atroz y la dinámica de la televisión en varios puntos de América, tendría la autoridad suficiente para, a distancia, valorar la Televisión cubana. Siempre se dijo que la Televisión cubana no era tan mala como tan vieja; hoy, que de alguna manera lo sigue siendo (vieja y mala), sin embargo continúa ostentando un proyecto cultural en defensa de valores primordiales en el ser humano. ¿Qué juicio te merece todo esto? ¿Qué valdría hacer con la Televisión cubana? A los artistas e intelectuales cubanos, a menudo, les resulta una televisión tan ajena que nuestro común Amaury, en el Congreso de la UNEAC, llegó a decir que parece pagada por el enemigo. ¿Cómo ve todo esto Ernesto Fundora?

E. F: Coincido plenamente con Amaury: el enemigo también está en casa. Yo debo ser cuidadoso porque mi juicio puede afectar a gentes que fueron y son mis compañeros de profesión y hacia quienes profeso respeto. Fíjate que cuando me acerqué a la TV cubana, siendo yo un artista independiente, conocí allí a gente muy capaz y preparada, pero como la estructura de poder es vertical resulta que, con mucha frecuencia, el que no sabe, dirige al que sabe y lo coacciona. Entonces no hay posible desarrollo allí donde un individuo no puede expresar ni explorar lo mejor de su inteligencia, ya que su modelo creativo entra en contradicción con la fórmula política del Estado. Las sociedades centralizadas generan modelos de pensamientos monistas y neuróticos, ya que el sujeto está escindido entre lo que quiere hacer y lo que le permite el sistema. Entonces, de un hombre frustrado en sus sueños personales y creativos sólo se recogerá una mala cosecha accidentada por el descontento y la apatía.

Cuando Andy Warhol llegaba de visita a una ciudad desconocida, se encerraba en la habitación del hotel algunas horas, a mirar la televisión. Decía que para conocer el alma de un país había que conocer su TV. Si la sociedad cubana está reclamando cambios esenciales, ¿cómo no va a hacerlo la herramienta fundamental de su ideología: la TV? Sucede que la percepción de los fenómenos va a la saga de los propios hechos y, lamentablemente, la TV cubana llegará rezagada al entendimiento de la complejidad histórica que está viviendo la nación. Si la televisión tuviera una autonomía expositiva, si no fuera tan absoluta en lo partidista, si se le permitiera tener un carácter reflexivo a modo de vidriera para exhibir una visión plural de la vida y de la sociedad cubanas, mostraría caminos – senderos que se bifurcan- para reorientar la brújula extraviada del país.

Falta en esa televisión libertad en el ejercicio del criterio, porque esa televisión ha sido sobreideologizada y se ha abusado de ella como una tribuna de ideas políticas y se le ha despojado de sus otras múltiples funciones. Entonces, lo que se le ha preponderado y garantizado es la eficacia en lo directo a la hora de comunicar el catecismo político. Los dirigentes casi siempre carecen de una sensibilidad estética refinada, peor aún pedirles que se sincronicen con la nueva era de acuario, altamente tecnologizada, donde la información y el conocimiento se han democratizado. Cuba necesita, impostergablemente, homologarse con los nuevos órdenes económicos globales. Ese es un reclamo de la sociedad civil y de las nuevas generaciones que ya debe comprender el Estado. La nación se ha atrasado por falta de acceso a la información, por falta de buen gusto y perspectiva modernizadora. En cualquier país civilizado, usted debe tener la opción de comunicarse con la network -red de redes-, cambiar de canal si no le agrada lo que está viendo y tener múltiples alternativas. Como también estamos atrasados en democratizar el acceso a la Internet. No es posible que una herramienta descentralizadora haya caído en el centralismo o en el privilegio de unos pocos que ya presumen sangre azul.

Entonces, creo que lejos de irme por las ramas y criticar duramente a los creadores de la televisión cubana, hay que ser responsables, honestos y reconocer que se trata de un callejón sin salida producto de una patología social. La televisión siempre será un espejo del poder, así pasa en el mundo entero, la diferencia con otras sociedades reside en que la iniciativa privada crea una alternativa mediática y hace que esos poderes sean más diversos y polífonos. Habla el coro, mientras que en Cuba sólo se escucha al solista.

R. C: Tú eres uno de esos intelectuales de mi generación que optó por el nomadismo, por conocer mundo y, ciertamente, con todo, eres de los más exitosos. Cosmopolita, global, “mundialista”, pareciera que vives donde te sientas bien y punto. Sin embargo, se te ve y se te siente muy pendiente de Cuba, siempre; de su arte, de su pensamiento, del pulso y el nervio de su gente. Asere, ¿por qué te molesta entonces la noción de “pertenencia”? A tu modo, ¿no regresas también como fragmento al imán?

E. F: Permíteme que empiece por la alegoría a Lezama, uno de los cubanos más universales. Si mal no recuerdo es en su diario donde Lezama tiene una frase que a mi me aclaró ese asunto de la identidad: “A un hombre no solo lo definen sus orígenes sino también sus destinos”.Y a través de Lezama todo entronca con el primer José de Cuba. Me obligas al deleite de ser martiano, y con ello a enraizarme. Me remito a este hombre excepcional porque en él nunca se coagula la sangre de lo cubano, siendo su hemoglobina universal. Cuando en una tradición tenemos a un Martí sobre el cual estamos parados desde hace más de un siglo, no cabe dudas de que el mundo está en las ramas. “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy, arte soy entre las artes y en los montes, montes soy”. Aquella frase delata la inquietud de un espíritu capaz de encontrar frondosidad lo mismo en un punto específico del universo, la isla, que en la infinitud del cosmos. No habría imantado a la nación si no hubiera sido un nómada del mundo, un diamante peregrino ultrajado por la luz.

Cuando le escuché decir a Carl Sagan que estábamos hechos del mismo polvo cósmico que el resto de las estrellas, comprendí que la ecuación de lo nacional era demasiado estrecha para mi ansiedad. Sentí que debía desbordar los límites, incluso los de la especie. Comprendí la esencia solar de nuestra civilización, y salí a la búsqueda de un “mas allá” que apenas reconoce límite en el big bang. Acepté entonces, no sin rubor, que apenas me pertenezco, pues pertenecer implica reconocerse propiedad de algo o de alguien. Entonces, ¿cómo confiarme a un pedazo de tierra o a un paisaje? ¿Cómo excluirme de una esencia constelacional que palpita misteriosamente en mí? Cuando algo me hace cautivo de una esfera de acción, me revelo. Me sueño cabalgando sobre un centauro rumbo a los destinos macros, el megabit de alguna misión cybernáutica sin más propósito que la conexión. No le pidas a un actor que exprese la profundidad de su conflicto a partir de la escenografía.

Habito la partitura secreta del hombre, su otredad especulativa, su nomadismo congénito. Tengo nostalgia de futuro y pernocto intermitente y con prudencia en mi pasado. ¿Te acuerdas de aquella escena de Cinema Paradiso en que el niño va a abandonar el pueblo y el viejo le dice que nunca mire hacia atrás? Aquella escena me iluminó. No huimos de un sitio, escapamos de todos. A mi maestro Gustavo Pita cuando se aborda el tema de la condición exiliar, le gusta mentar a un filósofo ruso, Merab Mamardashvili, quien escribiera: “vivo en la extraterritorialidad del espíritu”.

Ser nomádico me ha propiciado dos grandes fortunas: una, tener un tiempo propio a la medida de mis placeres y necesidades, y la otra, me ha permitido emprender disímiles viajes interiores, que son las travesías más genuinas, provechosas y singulares que puede encarar un espíritu libre. Somos de por sí una isla, cada hombre es un pedazo acorralado por la singularidad de su destino, y en ello reside el drama secular de vivir; entonces, ¿para qué quedarme anclado a otra isla? Cuba es mi semilla, mi plataforma de lanzamiento, pero también el árbol que se deshoja, el mango que se extingue y traduce deleitoso en la boca de aquel niño travieso. Voy con mi país a cuesta, traigo por mochila a mi corazón. Siento con apasionada firmeza que la nación sobrevive y se extiende a un rango virtual, que podemos prolongarla en la memoria por medio de disímiles registros y representaciones que de ella se deriven. Busco para Cuba, como el más ferviente celestino, alguna estrella en el firmamento que esté dispuesta a ser su novio.

Endémico sí, apegado no, hacerlo implicaría identificarme con la consternación. Atento sí, imbricado también, nunca atávico. Ni adicto ni abyecto, practico un amor y una atención por Cuba que prescinde de mecanicidades. A rumbo propio, con mis penas y mis glorias, he aprendido a disfrutar la amplitud del núcleo. Me indefine el origen, me exalta el movimiento, me confabulo con la traslación. Ya de por si mi sangre es ubicua: abuelos canarios, españoles, criollos e indio antillano.

De todas formas, querido y lúcido Rufo, como también soy un hombre mediocre, con orgullos culturales que aún no asumen la mentalidad postnacional a que nos convoca el espíritu de esta época, si en mis eternos peregrinajes por el universo encuentro a alguien que ose declararse injustamente enemigo de Cuba, que saque el sable. Porque hay amores que tienen razones inexplicables y en ellos se manifiesta la ambigüedad oportuna del deseo. Mi ego se reconoce cubano pero mi alteridad se diluye, gustosa, en cada partícula subatómica del universo.

Gracias de todo corazón por tu inteligente entrevista, por provocarme en la plática y por permitirme el espacio generoso de esta publicación de quien ya soy deudor.

ENTREVISTA REALIZADA POR INTERNET POR RUFO CABALLERO A ERNESTO FUNDORA HDEZ EN 2008. PARTE DE ESTA ENTREVISTA FUE PUBLICADA POR LA GACETA DE CUBA EN EL NÚMERO CORRESPONDIENTE AL MES DE ABRIL 2009.

PREMIER DE DOCUMENTALES CON TESTIMONIOS DE CINTIO VITIER

jagb 07/10/2009 @ 12:23

Tres documentales de Marina Ochoa, con testimonios de Cintio y Fina García Marruz

Por esos oscuros designios del azar concurrente, la premier de los documentales cubanos producidos por el Centro de Desarrollo del Documental "Octavio Cortázar" con apoyo del ICAIC, "Amor", "Las plumas del Vuelo del Águila" y "La gracia perpetua del bien", de la realizadora Marina Ochoa, se ha convertido en un hermoso homenaje póstumo al poeta y ensayista Cintio Vitier.

La premier, programada para la Multisala Infanta, el día 21 de octubre a las 8:30 pm, como festejo por el Día de la Cultura Cubana, también rendirá ahora un sentido homenaje a Cintio, toda vez que los tres materiales cuentan con su presencia protagónica y la de su esposa, la poetisa Fina García Marruz.

"Amor", que ha sido calificado de "poema cinematográfico", ilustra un poema de Cintio Vitier dedicado a Fina. musicalizado por el hijo de ambos, el destacado músico José María Vitier, e interpretado por Iván Lins.

Fina y Cintio, matrimonio emblemático si lo hay, se conocieron en un festival de poesía convocado por el famoso poeta español Juan Ramón Jiménez, durante una visita a La Habana. No sólo esta amable coincidencia, sino el interés compartido por la poesía y la admiración, seguida por el conocimiento del gran literato español, convierte a Fina y Cintio en principales expositores del documental "Las plumas del Vuelo del Águila". En él, se testimonia sobre la presencia del bardo español en Cuba en 1936 y la vigorosa impronta que dejó en las letras cubanas de la época.

Por último, en "La gracia perpetua del Bien", aflora nuevamente el testimonio de estas dos grandes figuras de la literatura cubana, al evocar el pensamiento político y social de Juan Ramón Jiménez.

Todos los documentales poseen guión de la realizadora Marina Ochoa, la fotografía de Víctor Dennis González y la edición de Juan Carlos Llapur. La producción es de Esther García.

(Información tomada del BOLETÍN ICAIC DIGITAL)

CINE CUBANO Y “REALISMO SUCIO”

jagb 06/10/2009 @ 15:56

Desde hace un par de meses, Jorge Pucheux me está incitando a dedicarle un post a lo que él considera un exceso de mal gusto en el último cine cubano. Ese mal gusto tal vez estaría ejemplificado por el uso gratuito de palabras obscenas, escenas injustificadas de sexo, o cierto regodeo en la representación de actitudes marginales. El asunto ha sido tratado al menos en dos de los post que contiene este blog (léase MARGINALES EN EL CINE CUBANO y LO “OBSCENO” EN EL CINE CUBANO), pero es obvio que no agota las posiciones.

A mí en lo personal no me molestan en lo absoluto estas películas que abordan la realidad cubana desde lo que pudiéramos llamar “un realismo sucio”, siempre que exista rigor técnico y conceptual. No es que me interese fomentar esas conversaciones donde las palabras soeces resultan el plato fuerte (o tal vez el único), mas creo que el cine puede contribuir a que el espectador tome conciencia de realidades que tal vez nos sean ajenas, y que esa toma de conciencia nos mejore como persona. Nos haga más solidarios.

Es decir, a mi juicio el problema no está en lo que muestran las películas (a no ser que estén mal hechas, y me hagan perder el tiempo), sino en la posición que asume el espectador frente a eso que le describen. Un espectador verdaderamente crítico puede detectar cuándo se están utilizando de manera gratuita recursos destinados a vender una determinada imagen a un mercado que se guía por los estereotipos, y cuándo se está hablando desde el desgarramiento que provocaría en cualquiera conciencia conocer del drama que viven aquellos grupos que no forman parte de la élite de la sociedad.

Ahora recuerdo un bellísimo ensayo de Claudio Magris en el cual afirma que “es la literatura quien puede salvar estas pequeñas historias, iluminar la relación entre la verdad y la vida, entre el misterio y la cotidianeidad, entre el simple individuo y la Babel de su época”. Al cine le demando esa misma responsabilidad. Ya que la Historia (con mayúsculas) nos habla a diario de los grandes hombres, de los grandes acontecimientos, de los grandes triunfos, es preciso que alguien se asome a las batallas que libran otros con menos fortuna. Buñuel consiguió hablar de esa gente excluida en “Los olvidados”. Chaplin inventó un personaje que nos va a sobrevivir a todos. ¿Por qué el cine cubano no puede asomarse a la suerte de los que les ha ido peor en nuestra sociedad?, ¿es ético que nos desentendamos de ellos? Y a la hora de reflejarlos, ¿hablamos con nuestra voz ilustrada o dejamos que sean ellos los que expongan sus rabias?

Por eso es que, por ejemplo, una película como “Los aretes de la Luna” me parece recomendable. Sus personajes no son “ejemplares”, pero sí muy humanos. Creo que como espectadores tenemos que comenzar a aprender a dejar a un lado la tendencia a suprimir a los otros desde nuestra visión particular del mundo (la realidad como quisiéramos que fuera, y no como es), para entender que la suerte de los otros (estén arriba, o estén abajo) siempre responde a un sinnúmero de cosas. Hay que mirar a los demás (sus historias) del mismo modo que nos gustaría que miraran la nuestra: como algo complejo e impredecible.

Toda realidad tiene zonas muy oscuras, y el cine cubano puede iluminar un poco mejor aquel terrible misterio que Cioran describía en uno de sus libros: “Una lágrima tiene siempre raíces más profundas que una sonrisa”.

Juan Antonio García Borrero

LA ROSA BLANCA (1954), de Emilio (El Indio) Fernández

jagb 04/10/2009 @ 18:20

“(...) Tuve una amistad muy estrecha - y no recato lo que estoy diciendo- con Fulgencio Batista; cuando vino a México fue agasajado por todos los sectores (...) después asaltó la Presidencia de la República. Se acordó de mí y me fui a Cuba, ya entonces éramos amigos íntimos, le hablaba de tú. El jefe de la misión mexicana era José Vasconcelos, quien me dijo: “Usted va a presidir la delegación (...) Di ese discurso en el Capitolio. Se iba a celebrar el Centenario de Martí y Batista me dijo: “¿Qué te parecería que con Emilio Fernández hicieras otra película?”. De esa manera resultó “La rosa blanca”, muy mala, malísima. Emilio no entendió a Martí, el elemento épico de la cinta, entonces se metió a Iñigo de Martino y acabó peor. La cinta se filmó parcialmente en Cuba y luego en México; el gobierno cubano lo pagó íntegramente.” (Mauricio Magdaleno, guionista)

“En el estudio cada vez más profundo y detallado que se hace de la obra de Emilio Fernández, “El Indio”, la película “La rosa blanca”, filmada por encomienda de la Comisión Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario de Martí, ocupa un lugar relativo y de poca significación. Pero para quienes estuvieron cerca o dentro de aquel proyecto, fue la oportunidad de ver y oír en plena acción a una de las más legendarias figuras del cine universal, nacido al arte fílmico bajo la inspiración de Serguei M. Eisenstein y John Ford, en síntesis prodigiosa que divulgaría en todos los confines lo que él entendía que era el alma de México.

Es curioso que cuando El Indio ya decaía en México, su fama crecía en el resto del mundo. El había realizado en 1950 una película titulada “Un día de vida” que dedicó “a Cuba y a Martí”. El guionista principal de Fernández, Mauricio Magdaleno, fue el autor del libro “Fulgor de Martí”, que dio base al futuro guión de “La rosa blanca”. Se eligió al Indio para dirigir la película sobre todo por su inmenso prestigio de un decenio de deslumbradoras imágenes.

En medio de una encendida polémica, la presencia del equipo de Fernández y Figueroa en Cuba sirvió para que muchos jóvenes aprendieran más de cine. Las sociedades culturales les rindieron homenajes y Gabriel Figueroa habló en la Universidad de La Habana sobre el futuro de la cinematografía en colores. La cinta fue una superproducción a un costo de $ 310,000.00 (por un error de copia el libro del Centro Pompidou “Le Cinema Cubain” dice 510 mil).

En ella se utilizaron planos de archivo de la secuencia del baile de la película “Bugambilia”. Las secuencias de cargas al machete han pasado a formar parte de la imaginería ya clásica de nuestras gestas libertadoras. A muchos les sorprende cómo pudo aparecer en la cinta la carta a Manuel Mercado, que contiene el máximo mensaje antimperialista de Martí. En realidad, la carta que pasó la censura previa oficial sin tropiezos fue la carta a la Madre, Doña Leonor Pérez, pero en el terreno se filmó la de Mercado.

Cuando se proyectó la película ya concluida, algunos funcionarios oficiales se alarmaron: pero la autoridad superior, en gesto sorpresivo respondió como Poncio Pilatos: “ Lo hecho, hecho está”, y autorizó su exhibición. Durante el rodaje, como era su costumbre, El Indio se hacía acompañar por el guitarrista Antonio Bribiesca, uno de los más famosos que ha dado México, y lloraba de emoción junto con sus actores. Hablar “con acero” era su exigencia en las escenas dramáticas. Así, insistió en matizar innumerables veces el momento previo a la caída de Martí en Dos Ríos, para la que el protagonista no permitió el uso de un doble.

José Martí, exaltado se dirige a montar en su caballo. Su ordenanza, Ángel de la Guardia, le grita alarmado: “Atrás, señor Presidente, atrás.”. Martí, decidido, lo encara: “Para Cuba no hay más que adelante.”. Fue uno de los momentos más emotivos que se recuerdan del rodaje del filme. Lamentablemente, esa escena, por necesidades del montaje, no quedó en la versión definitiva de la película.” (Walfredo Piñera, crítico de cine)

“El proyecto en torno a una cinta acerca de Martí venía desde la época de la presidencia de Carlos Prío Socarrás (1948- 1952). Para la dirección de esa cinta se escogió al mejor realizador latinoamericano de entonces, el mexicano Emilio “El Indio” Fernández. Y es ahí que surge la primera discrepancia por no ser cubano el director; pero si tenemos en cuenta el latinoamericanismo de Martí así como su amor a la tierra azteca, vemos que no hay contradicción. (...) De otra parte el guionista, Mauricio Magdaleno (quien habitualmente trabajaba con “El Indio” Fernández) era un reconocido especialista en Martí, al punto que escribió el libro Fulgor de Martí. Y por su lado, Fernández ya había realizado en 1950 “Un día de vida”, homenaje a Cuba y Martí (dos de sus grandes amores) y donde la heroína del filme era la periodista cubana Belén Martí y casualmente la contraparte masculina era Roberto Cañedo, quien encarnaría al Apóstol en lo que fue finalmente “La rosa blanca”.

Del lado contrario a los ataques estaban los que preferían a que terminara la filmación para, sobre la base de los resultados, poder juzgar el filme. (...) Había errores, señalados incluso por Jorge Mañach, el más grande conocedor de la vida de Martí, y autor de la ya clásica biografía “Martí, el Apóstol”. Pero eran más los aciertos, amén de salir en la cinta la carta a Manuel Mercado (debido a presiones de algunos de los productores cubanos) lo que constituía un acto de valentía política en la coyuntura de entonces.

Además, se destacaban los amores de Martí con Carmen Miyares de Mantilla. De todos modos el régimen batistiano manipuló la ejecución de esta cinta en favor de sus intereses y su estreno, efectuado en el cine Radiocentro (hoy cine Yara) el 11 de agosto de 1954 se anunció del siguiente modo: ‘Estreno de gala, organizado por la Primera Dama de la República, Sra. Martha Fernández de Batista, a beneficio de la Casa de Beneficencia y Maternidad”. (Raúl Rodríguez, investigador).

Ficha Técnica:
LA ROSA BLANCA (1954)/ Cuba-México/ 120’/ Dirección: Emilio (El Indio) Fernández/ Productor: Felipe Supervielle, Justo Rodríguez Santos, Eduardo Hernández/ Argumento y guión: Mauricio Magdalena, Emilio (El Indio) Fernández, Iñigo de Martino/ Fotografía: Gabriel Figueroa/ Música: Antonio Díaz Conde/ Edición: José Bustos/ Actúan: Roberto Cañedo, Gina Cabrera, Julio Capote, Dalia Iñíguez, Raquel Revuelta, Julio Villarreal, Juan José Martínez Casado, Rodolfo Landa, Rebeca Iturbide, Gaspar Pombo, Celestino San Gil, Rafael Alcaide, Miguel Inclán, Andrés Soler, Arturo Soto Rangel, Palma de Ribera.

Encuentro Teórico Internacional MEDIOS DIGITALES Y CULTURA

jagb 04/10/2009 @ 15:03

He aquí una buena oportunidad para discutir un presente que muchos todavía prefieren ignorar, o silenciar el debate alrededor de las nuevas tecnologías, y su impacto en nuestras vidas cotidianas. Las bases íntegras se pueden leer aquí.

JAGB

CONVOCATORIA ESQUIFE

Encuentro Teórico Internacional MEDIOS DIGITALES Y CULTURA
14 de diciembre del 2009 – 18 de diciembre del 2009

Lo que en algún momento llamamos “nuevas tecnologías” se ha tornado un espacio de expresión, convivencia y debate cada vez más amplio. Lo habitamos, de un modo u otro, continuamente, al incorporarse cada vez más a nuestro cotidiano. Nos permite crear, comunicarnos, informarnos. Una zona con leyes propias donde se realiza una intensa actividad humana.
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Con ánimos de propiciar un debate e intercambiar experiencias, el Proyecto Esquife, en vísperas de celebrar el décimo aniversario de la creación de su revista electrónica de arte y literatura, y consecuente con sus presupuestos de comunicación, investigación y creación, convoca a todos los interesados, cubanos o extranjeros, a participar en el Encuentro Teórico Internacional “Medios Digitales y Cultura”, a celebrarse en Ciudad de La Habana, en diciembre del 2009.
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Los temas a tratar en el Encuentro Teórico serán:
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Medios digitales y creación artística: perspectivas y alcance
Medios digitales y promoción cultural
Medios digitales y periodismo cultural
Informática y comunicación
Publicaciones digitales y derecho de autor
Arquitecturas de la información
Creación de redes virtuales
Concursos y sitios fraudulentos
Gestión económica de las WEB culturales
Literatura y Arte en la WEB. Del mundo real al virtual
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Durante el Encuentro Teórico se realizarán presentaciones de medios digitales, paneles de discusión (presentación de ponencias), conferencias y conversatorios con creadores y editores.
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Los interesados deber enviar una ficha de inscripción
y un resumen de ponencia que no exceda las 250 palabras a:
esquife.contacto@gmail.com
o vía postal a:
Melones 460, e/ Pérez y Rodríguez
Luyanó, municipio 10 de Octubre,
Ciudad de La Habana, Cuba
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El plazo de admisión de los resúmenes de ponencia vence el 31 de agosto de 2009. Las ponencias deberán estar sujetas a los temas propuestos y otros de interés.
Para más información, dirigirse al correo de contacto.

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Proyecto auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz

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El evento sesionará en la sala Rosario Novoa (el Hemiciclo) del Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes.
Ofertas de Paradiso para participantes extranjeros:
Precios por persona, por noche, expresados en CUC

HOTEL
Categ.
Plan
SGL
DBL

Copacabana
4*
MAP
69.00
55.00

Caribbean
3*
CP
45.00
38.00

Servicios incluidos en el precio:

1. Alojamiento en Plan MAP: Incluye alojamiento, desayuno y cena.
2. Traslado Aeropuerto-Hotel-Aeropuerto.
3. Cena de Clausura del Evento.
1. Alojamiento en Plan CP: Incluye alojamiento y desayuno.
2. Traslado Aeropuerto-Hotel-Aeropuerto
3. Cena de Clausura del Evento

Los organizadores del proyecto continuarán buscando otras ofertas de hospedaje.

Para conseguir ofertas de pasajes vinculados a viajes culturales, sugerimos contactar con la Agencia Paradiso:

María C. Valdés Fernández
Especialista Comercial de Eventos Culturales e Incentivos
maricary@paradis.artex.cu
537 836 2124

THEODOR CHRISTENSEN, UN DANES EN LA HABANA (Fragmento)

jagb 04/10/2009 @ 14:16

A principios de los sesenta, el cineasta Theodor Christensen quedó para siempre deslumbrado con los cambios socio-económicos que se anunciaban en la Cuba revolucionaria.

El viejo realizador danés presentía que esa Revolución tan radical podía transformar la conciencia social, y con ello posibilitar (al fin) la llegada del pregonado “Hombre Nuevo”. Sin embargo, no fueron las acciones de “los hombres” (protagonistas más visibles de aquella épica transformadora) lo que lo impulsó a realizar un documental en Cuba: a Christensen le impresionaron más aquellas mujeres que, por entonces, coreaban eufóricas unas de las tantas consignas de la época: “Somos socialistas/ marxistas-leninistas/ Mañana seremos/ tremendas comunistas”.

Ella (también conocido como Ellas, aunque el título que aparece en pantalla es en singular), fue el primer filme producido por el ICAIC que abordó la temática de la mujer en las nuevas circunstancias sociales. Según el propio Christensen:

“La idea del film es la de indagar en el estilo y en las características de vida de la mujer cubana buscando comprender su situación en la sociedad actual.

Para lograr esto he tenido que utilizar métodos distintos: entrevistas, reportajes y escenas dramatizadas. Estas últimas no se han realizado con actores, excepto en un solo caso cuando los muestro como tales en la Escuela de Instrucción de Arte y en la Escuela de Arte Dramático de Las Villas.” (1)

Antes de arribar a la isla, Christensen contaba con un sólido aval como cineasta, gracias a una carrera integrada por unos sesenta documentales. Había debutado en 1938 con un corto titulado Un rincón de Zelandia (A Corner of Zealand), que el propio realizador consideraba “una especie de film turístico muy externo”. (2) Luego realizaría un largometraje documental sobre la construcción de un ferrocarril en Irán con la colaboración de ingenieros daneses (Iran the New Persia/ 1939), si bien el punto de giro de su carrera es asociado al corto Denmark Fights for Freedom (1944), y al largo Your Freedom is at Stake (1940-46), los cuales fueron filmados de modo clandestino, como parte de las actividades de la resistencia anti-facista en Dinamarca.

La obra de Christensen no temía mostrar un compromiso político, y fue probablemente el primero de los cineastas extranjeros en argumentarles a los cubanos la legitimidad del mensaje ideológico explícito. Ante la reticencia de algunos cineastas a convertir sus imágenes en tribuna de un pronunciamiento rotundo, por temor al carácter de panfleto, Christensen aseguraba que:

“No debe darse demasiado énfasis a la forma, porque los que así lo hacen caen en la trampa de decir: “Bueno, no es interesante hacer esto porque es propaganda. Y propaganda no es una mala palabra en documental, ya que todo documental es propaganda. Si toman esta actitud en verdad perderán el contacto con la realidad, ese contacto es la mejor y más importante fuente de inspiración, porque ahí es donde está la interrelación de las cosas. Todo tiene relación, nada se puede separar, nunca se puede hablar de una forma que tenga contenido; y es tonto, completamente estúpido, pensar en un contenido que no tenga forma. De modo que ambos extremos están equivocados.” (3)

Lo anterior resultará importante retenerlo en la medida que explica la consolidación de un tipo de documental que tendrá en Santiago Álvarez su mayor artífice: un documental con una fortísima impronta ideológica, donde las ideas del autor van por delante de la militancia estética. Sin embargo, el que ve Ella estará lejos de presenciar un filme de propaganda feminista o algo así, pues si bien la perspectiva femenina se mantiene todo el tiempo en primer plano, gracias a la ausencia de la voz de un narrador que hubiese involucrado un punto de vista ajeno al de las protagonistas, las opiniones de las participantes devienen contrastantes, y se complementan entre sí.

Para ello, Christensen se cuidaría de concederle variedad a su reparto: encontramos a una aspirante a actriz, a su madre que no está conforme con esa vocación, a una teniente del Ejército, pero también a un grupo de mujeres que forman parte de un Centro de Rehabilitación que les está permitiendo dejar atrás un pasado ligado a la prostitución.

Lo mejor del filme de Christensen es que introduce con absoluta naturalidad el problema de la contaminación de los géneros. ¿Dónde termina el realismo de aquello que se capta y comienza la puesta en escena controlada por el realizador? En una época como aquella, donde las pretensiones del “cine directo” confrontaban de modo explicito con la representación tradicional, es de elogiar la actitud de Christensen, quien lejos de darle la espalda al asunto, lo asume tanto en la teoría como en la práctica.

Christensen defiende de modo radical el documental, pero son muy interesantes los argumentos que el danés maneja a la hora de recomendar esta práctica como vía de expresión idónea para la naciente cinematografía, mas sin que ello implique la anulación del cine de ficción. Dice el realizador:

“El desarrollo hacia el cine de ficción en Cuba no debe ser acompañado por un desprecio del documental. Se necesitan los métodos del documental en el cine de ficción. La perfección en cuanto al cine de historia convencional sólo haría convencional al cine cubano. Hoy es importante aprender la lección del enfoque documental y usarlo en películas de ficción, en vez de tratar de competir con cualquier otro país presentando historias convencionales. El cine de ficción representa un peligro cada vez que un director joven y entrenado en documentales hace la prueba en este nuevo campo. Hay una fuerza abrumadora de irrealidad en el film de historia convencional e incluso pesa sobre jóvenes que son rebeldes artísticamente. Es importante retener la frescura del enfoque cubano en el cine de ficción, no permitir que se endurezca, se petrifique, con las malas maneras del film de historia.” (4)

Las palabras de Christensen más lúcidas no pudieron devenir. A lo largo de esa década, los jóvenes cineastas cubanos probaron suerte en la ficción. Y se lograron películas con gran éxito de público, como Las doce sillas, La muerte de un burócrata, ambas de Gutiérrez Alea, o Papeles son papeles, de Fausto Canel. Pero lo cierto es que el camino para el despegue definitivo se estaba transitando a través del documental.

Juan Antonio García Borrero

1) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 19.
2) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 12.
3) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 17.
4) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, pp 18-19.

REHENES DE LAS SOMBRAS, OTRA VEZ

jagb 02/10/2009 @ 13:11

Ayer nos sonaron en casa un apagón de catorce horas. Todo un recordatorio amenazante de lo peor del “período especial”. Como la batería de la laptop está jodida, ni siquiera pude salvar lo que había comenzado a escribir diez minutos después de las siete. Me dio (una vez más) por resoplar y soltar tres o cuatro palabrotas. En balde, pues mi perra creyó que la estaba piropeando. Y todo siguió oscuro. Muy oscuro.

En el fondo tenía la esperanza de que el apagón no durara tanto. A las dos horas supe que no tenía alternativas. Que aquello iba para largo, y que ni siquiera podía pensar en meterme en “el closet” (la oficina de la empresa), en tanto allá el aire acondicionado no puede encenderse hasta después de la una de la tarde, y como no hay ventanas, es imposible permanecer allí más de diez minutos.

Entonces decidí que no escribiría nada sobre cine en esas veinticuatro horas. Para escribir sobre cine (o sobre cualquier cosa) uno necesita concentración, y a mí lo único que me llegaba a la mente eran las luces públicas encendidas de manera impune a media mañana, contrastando con la oscuridad de mi casa (y cabeza).

Decidí refugiarme en la biblioteca de la ciudad, como en los viejos tiempos. Y tomar de los estantes libros al azar. Eso es algo que me gusta muchísimo: dialogar con autores lejanos que han vivido lo mismo que yo (ya saben, el eterno retorno de lo idéntico), y que hablan con total soltura de lo que ha sido padecer sus circunstancias. Y en eso estaba cuando tropecé con Luis Marimón (La Habana, 1951/ Las Vegas, 1995) y su estremecedora “Cronología del vértigo y del naufragio”. (1)

Ya había oído hablar de este escritor, de su prematura muerte en los Estados Unidos al año de haber llegado allá, luego de haber vivido en Matanzas, ese lugar del cual escribiera que “el nombre de esta ciudad es sangriento, que ninguna ha tenido un nombre más perverso”.

Lo que más me gusta de su poesía es que habla de la existencia sin falso dramatismo, a pesar de que en alguna parte el autor afirme que “nuestro deber es cumplir con nuestras diarias extinciones”. Nada de letanía quejumbrosa, o su reverso (pasarela de lugares comunes que nos hablan de amores eternos y otras insinceridades). Lo de Marimón no es el melodrama barato. Antes, lo que se percibe es un deseo de cantarle a la vida (y a quienes la habitan) sus cuatro verdades. Con rabia, pero también con mucho humor.

Para algunos, esa insistencia en hablar de lo que se extingue, lo convierte en paradigma del pesimismo poético, pero, ¿quién ha dicho que la lasitud es cosa sólo de débiles? Para mi hay mucha valentía en esa forma de mirar el modo en que transitamos por la vida. Y en ese escrutinio intenso nos deja versos (yo diría aforismos) sencillamente brillantes, como estos:

“Envejecer es la más absurda forma de suicidarse”;

“El tiempo también borrará todo esto/ A mí sólo me salvará del olvido lo que he escrito”;

“El sepulturero está sembrando hoy/ a quien lo enterrará mañana”;

“Algunos nacen póstumos”;

“Una puerta debe ser semejante a una tumba; no puede hacer distinciones para abrirse”;

“Quien piensa en el futuro/ no está muerto”;

“El único mensaje de mi poesía al hombre es éste: ¡Nunca mueras!”.

No sé a ciencia cierta qué diablos será la buena poesía. Para mí es una suerte de estremecimiento íntimo. Algo que nos alivia el malestar de tener que convivir entre seres que sólo han aprendido “el oficio de la indiferencia”. La buena poesía es esa que nos deja preguntas incómodas, y deseos de, al otro día, seguir viviendo para antes de hablar de cine cubano, comentar versos tan terribles y preclaros como estos de Luis Marimón:

“Dicen que Dios tiene 72 nombres.
¿A cuál de ellos invocar
para que esta pesadilla termine;
tendremos que clamar por todos ellos
y aún así, seguir recorriendo este
camino de la locura
como hasta ahora lo hemos hecho:
solos?”

Juan Antonio García Borrero