DES-CONECTADOS, por Jorge Luis Santana
"Hoy es el mañana que tanto nos preocupaba ayer."
Anthony Hopkins
Aunque no es mi campo, me animo a continuar con el diálogo. La oportunidad que me brinda tu blog de expresar mi punto de vista y escuchar e intercambiar con críticos y artistas es realmente muy estimable.
Efectivamente, siento que la historia se repite, la crítica de entonces (años 60) precisamente desatendió u omitió en su momento a figuras, experimentos y acontecimientos, solo ahora dirige su mirada desde este tiempo para rescatar, entender y completar la historia. Entonces por ese camino para el año 2025, la historia le pasará la cuenta a esta generación de críticos e investigadores de hoy por no haber considerado, entendido o acompañado los primeros pasos de una generación o un posible “talentoso cineasta”, que lastimosamente ya no esté entre nosotros. Es más seguro no arriesgarse al vaticinio y al descubrimiento, y entonces querer descubrir tendencias y atisbos de genialidad en ese autor reconocido por la historia.
Por otro lado pretender “educar”, formar o trasladar etapas no vividas, ni sufridas, con los talleres de la critica cinematográficas a los jóvenes realizadores, es una idea tan utópica como inconsecuente. De hecho, según tengo información en los trascendentales talleres de debates producidos en la pasada muestra de jóvenes realizadores, por allí no pasó más que algún profesor del ISA (de La Habana), directores de cine y algún que otro crítico, ¿qué lugar y momento mejor, para demostrar esas carencias? ¿Qué mejor homenaje al ICAIC en sus 50 años que analizar lo que está pasando aquí y ahora y lo que tiene de paralelo o no con aquellos jóvenes hoy octogenarios?.
En el caso del contexto donde se mueve nuestro taller de la critica, Camagüey, esto llega a extremos, pues a lo largo de estos años de talleres, no se ha logrado saldar del todo esa falta de información y base tan procurada en los jóvenes realizadores cubanos, no han surgido nuevos críticos de cine locales que se animen a participar. Entonces es evidente que algo falla. Es más, en Camaguey se esta produciendo, hace casi 20 años el festival “El almacén de la imagen”, este año convocado internacionalmente, existe una filial del ISA de la carrera de comunicación audiovisual, con dos graduaciones ya, y para sumarse a este concierto del universo audiovisual, ha surgido recientemente el Festival Internacional de Videoarte. Entonces si la voluntad en primera instancia es introducir estos conocimientos y ayudar en la formación de los más jóvenes, me pregunto: ¿porque los organizadores no integran estas experiencias al taller? ¿Por qué no son invitados también realizadores jóvenes para que expongan sus obras y puntos de vistas?.
Evidentemente el espacio de dialogo intergeneracional debiera estar dentro de sus urgencias comunicativas. Estas cuestiones a mi modesto entender son medulares, porque al igual que se enarbola la tesis del Icaic-Centrismo, está en provincia, el Habana-Centrismo o aldeanismo que nos ha estado haciendo tanto o más daño. Buena parte de las acciones culturales que se hacen se diseñan y se programan en el interior del país, (siempre hay sus contadas excepciones) funciona en general para, agradar, acomodar, conocer, coquetear, introducirse y reconocer a los que vienen de la capital. En muchos aspectos se ha perdido el tacto, el auto reconocimiento, la visión abarcadora e inclusiva. Esto se puede comprobar fácilmente, si se hace en primera instancia, un balance representativo en todo el país de cómo se integran los eventos, jurados y más aun un balance de los resultados que genera para el desarrollo de la cultura local, pues al final es como hacer un evento habanero en el interior. Todo esta diseñado en provincia (si de comunicación se trata) para conocer a cada paso lo que ocurre en la Habana, pero cómo conocemos entre nosotros mismos lo que hacen otras provincias, nos comunicamos e interrelacionamos adecuadamente con los artistas de toda Cuba, creo que no.
Muchas veces se enarbola la tesis de que la mayoría de los artistas reconocidos nacionalmente, en La Habana, son de otras provincias y que al integrar cualquier selección representativa del arte cubano, esta presente esa diversidad de regiones del país, pero aceptar eso sería tácitamente afirmar que, donde único se puede hacer arte y además hacerlo bien, es en la Capital y eso es, cuando menos contradictorio.
La pereza de movilidad de muchas de las instituciones culturales nacionales tiene en buena medida gran culpa. A pocos interesa, ni se hace el esfuerzo necesario por conocer lo que está pasando en otras provincias. Por otra parte no tenemos acceso a la prensa de otras provincias, las televisoras son territoriales, no podemos ver la programación de Holguín o Pinar del Río, estamos condicionados para conocer diariamente solo nuestro contexto local y el capitalino. Así se van formando las prioridades y las instituciones en provincia repiten el esquema nacional.
Lo que trato de decir, Guillermo Cabrera Infante, con su oficio de crítico lo supo decir mejor: "...un crítico puede morir de extrañeza, lo que no puede es vivir en la extrañeza".
Saludos cordiales,
Jorge Luís Santana.
YO BRINDO DE MI CAFE, LUEGO EXISTO
por Oneyda Gonzalez
Juany:
A propósito de unas ideas en las que trabajabas durante tu estancia en España, te escribí lo siguiente: “Perfecto, me lanzo al ruedo, comienzo a pensar contigo”. Este trabajo vuelve a ponerme en una idea que ya iba vislumbrando. Me encanta que lo hagas desde una postura problematizadora, pero profunda. Son muchos los intelectuales que al encontrar franjas de luz sobre temas de esta índole, caen en actitudes demasiado pasionales, como si la engañifa sufrida les enervara tanto que les impidiera ver en justicia, pero sobre todo en moderación, los problemas de la cultura asociadas a la epopeya.
Eso los lleva a una postura igualmente engañosa por desequilibrada, extrema, y sobre todo, por superficial. Prefiero no citar nombres, pero en el cruce de correos de principios de año, hubo mucho de eso, y qué pena, era un buen momento para estar de acuerdo. Al final es algo definitivamente heredado, como dices. Es ese modo de relatar la historia, tan falsamente mítico, como excluyente de la "visión de los vencidos" el que genera los comportamientos actuales, que no convienen, porque nos aíslan, porque nos enajena de nosotros mismos. Detrás de semejantes binariedades tampoco habrá una perspectiva verdaderamente inteligente. Ni aquella ni ésta postura facilitan una operatoria útil al día que vivimos.
En la tuya está el equilibrio del mejor pensamiento de la época, que nos impulsa a ver en los fragmentos y en la idea de lo múltiple, un modo más efectivo de acercamiento a la Historia. Por supuesto que no es una celebración de la paz de los sepulcros, porque si algo no hay en lo que estás haciendo es inercia, y si algo me niego a celebrar es lo inoperante. Sólo en el movimiento de ideas, pero de verdad, y con tino, iremos aclarando los errores del pasado, perfilando mejor nuestro presente y confío que, reconstruyendo nuestro incierto porvenir.
Te escribí esto hace unos dos años y parece que debiera escribirlo ahora. Siento incluso, que era en ese momento más revolucionaria; en el verdadero sentido de la palabra. Añadiría solamente que el modo de relatar la historia y también el modo de discutir el presente de esa manera, viene de una herencia más antigua aún: aquella que nos mantiene como congelados en nuestras viejas sociedades coloniales y/o neocoloniales, donde el autoritarismo era moneda corriente. Pero es más difícil asimilar que ese comportamiento salga a veces de muy lúcidas mentalidades, lo que ya está pasadito de moda cuando desde las sociedades de las otroras metrópolis, se hacen estudios poscoloniales sobre nosotros; y el mundo entero, al menos en la esfera pública, trabaja por la expresión horizontal de un sesgo francamente emancipatorio. A estas alturas es muy mal ejemplo, porque a nosotros sí nos toca hacer las cosas de otra manera. Si hay un sujeto preparado para realizar con certidumbre y equilibrio un trabajo en ese sentido, es el que piensa y hace la cultura.
Darme cuenta de lo inquieta que estaba entonces y lo indiferente que estaba ahora me asustó un poquito esta mañana cuando tras un debate conmigo misma revisaba el cruce de correos que tuvimos entonces, y decidí volver a "lanzarme al ruedo". No creo que fuera tu socrática insistencia de que hay que hablar para ser visto, de cuya utilidad sigo dudando, como te comenté en días recientes. Y en eso si soy horaciana: amo "lo dulce y lo útil". Entablar este diálogo sin la certeza de su utilidad, es mi verdadero reparo al tener, como tantos, mi tiempo contado.
De lo que se ha estado discutiendo sobre el cine joven, cine independiente (cine sumergido a tu decir), me interesa dejar claro que suscribo casi al pie de la letra, las palabras de Jorge Luis Santana, y son ellas las que, en última instancia y casi por una cuestión de vergüenza, me impusieron el deber de acompañarle. Hace par de días le hice ese comentario a Diana frente a la puerta de mi casa y esta mañana me llamó para decirme que había buscado mis palabras en el blog, y no las había encontrado. Entonces fue eso, junto a mi inquietud ya impostergable, lo que me decidió a disparar "posiblemente" a diana. Ahora mismo lo celebro, porque Diana es una mujer no muy habladora, que no tiene por oficio el de la palabra, y probablemente no la oiríamos hablar en un café, sea o no virtual. Moraleja: no siempre estar callado indica ausencia de opinión.
Diana Rosa Pérez Legón es hoy la Productora General del Festival de Video Arte que se inició en esta ciudad el pasado noviembre, como sabes tú (aunque no todos los lectores del blog, o clientes del café virtual), es la compañera de Santana, y fue allá por los años 90, la productora de la Casa del Joven Creador de Camagüey, cuando era tan joven "El Almacén de la Imagen". Creo que está claro que Diana tiene muchas cosas que decir, tiene muchas cosas que defender, y sobre todo tiene muchas cosas que hacer.
Al mismo tiempo llama la atención que Santana inicia su primera intervención diciendo: "No soy ningún crítico ni escritor...", y la segunda: "Aunque no es mi campo, me animo a continuar con el diálogo... Llama la atención, porque vuelve a evidenciar que no hay mucha costumbre en Cuba de ir a un café a dialogar sobre problemas de la cultura, y eso trae por consecuencia, que no haya muchos artistas dispuestos a enredarse en discusiones para las que no estamos entrenados, y de la que no sabemos a ciencia cierta lo que vamos a sacar. Pero él lo hizo, porque le era urgente.
Lo segundo a que quiero referirme, tras un trago del buen café que acaban de servirme a la mesa, en este café al que me invitas, es a uno de los asuntos tratados en la Muestra de Nuevos Realizadores, justo en el espacio dedicado a discutir sobre el Cine Independiente. Más de un Gustavo se refirió al tema, uno llamándole falta de coherencia en el trabajo de promoción (de este archipiélago... Me gusta incluir hasta las islitas y cayos, ya que estamos hablando de Cuba), alguien habló de fallas en el sistema, otros de un inorgánico panorama, en fin...
Yo me lamenté por la desmemoria, esa que nos hace olvidar que todos, o muchos de nosotros, hemos hecho algo, alguna vez, por burlar tanto desamor, tanta desidia. Somos nosotros los que hacemos el trabajo de la cultura, te decía, aunque haya gente decidiendo e impidiendo flagrantemente que ese trabajo sea coherente, orgánico, de sistema. Somos nosotros los que debemos reconocernos unos a los otros como semejantes. Somos nosotros quienes debemos impedir que nos separen y nos hagan olvidar lo que hemos hecho, lo que hemos levantado con muchísimo esfuerzo. No podemos empezar a hacer un evento olvidando el que antes tuvo, y en algunos casos aún tiene un espacio, y que, de hecho, es un antecedente de ese que empezamos a hacer. No conviene que ignoremos dónde hay alguien que está levantando la misma piedra, o una semejante a la que levantamos. Eso es lo que quieren o lo que llevan a que ocurra, aquellos, que, a despecho de nuestra entrega de muchos años, prefieren que olvidemos, para, desde una posición de poder dictar las normas que todos debemos cumplir y a cuyas ventajas agradecer. Hay cosas que no están hoy en nuestras manos. Mucha gente ha expresado esa verdad con valentía por mucho tiempo, sin que cambie en la raíz nuestro panorama cultural. Entonces suponemos, de nada vale la palabra o el tiempo que dediquemos a decirla, si ella, por sí misma, no logra cambiar lo que nos echa a perder la vida. Todo eso es verdad, pero puesta a decirla y por voluntad propia en este ruedo (blog: Cine Cubano, la pupila insomne...), aspiro a que encuentre algún oído.
De esa memoria se habló en el primer espacio y durante el primer día del Festival de Video Arte de Camagüey, que inició su programa teórico intentando una reflexión sobre la razón de su nacimiento. Tú estabas allí, y de pronto apareció ante nuestros ojos la vieja tradición cultural de esta ciudad, donde el cine y luego ese concepto más amplio del audiovisual, han sido bienamados. Apareció, cómo no iba a ser, el Taller de Crítica Cinematográfica, pero también apareció con todo derecho El Almacén de la Imagen, bautizado así por Luciano Castillo, quien acompañado por tres realizadores: Jorge Campanería, Pedro Gutiérrez y Gustavo Pérez; estaba facilitando desde la institución ICAIC (eso y no otra cosa son las sedes provinciales llamadas Centro de Cine), el nacimiento de uno de los eventos más revolucionarios que existieron por esa época en este país.
Y recuerdo que nació justo por una razón: la Muestra de Cine de la AHS que se hacía en la ciudad de La Habana, no ofrecía el espacio que necesitaban aquellos jóvenes de entonces. Luego esa Muestra murió, por alguna causa que valdría la pena averiguar, y El Almacén... permaneció vivo durante los difíciles años 90, cuando había que luchar contra casi todo para mantenerlo. Lo cierto es que recordar cada una de estas cosas es un primer paso para entender esa otra historia más reciente, que algunos otros de los visitantes del café han lamentado, porque ya esos jóvenes no lo son tanto.
Santana pide ayuda a Anthony Hopkins para decir: "Hoy es el mañana que tanto nos preocupaba ayer." De modo que hay que guardar esa experiencia para no repetir lo que falló, intentar hacer orgánica nuestra obra, cuidándola, recordando cada huella, y a partir de allí ser nosotros más capaces de renovar puntos de vista y sobre todo aceptar, de verdad, los puntos de vista ajenos. "Aprender a relacionar las cosas, como diría el Sergio el de Memorias..., porque eso es el desarrollo". O como diría cualquiera hoy: ser orgánicos, coherentes, dignos de lo que hemos hecho. Todo eso puede hacer útil un diálogo de esta índole. Yo brindo de mi café a todos los cibernautas que lleguen hasta aquí, y hasta me creo que pueden compartir, enriquecer puntos de vista, o disentir respecto a mis verdades.
Oneyda González
Presidenta de la AHS en Camagüey (1993-1998)
Organizadora Programa Teórico. Primer Festival de Video Arte. Camagüey, 2008.