CRÓNICA DE OTRA MUERTE ANUNCIADA
Me han encantado todos esos comentarios recibidos a propósito del post SEPULTADOS POR LA MEMORIA. Sin embargo, ahora quisiera aprovechar uno que, por llegarme por vía privada, no publico con el nombre del remitente. Creo que él no tendría ningún inconveniente en que se diga su nombre, y actual lugar de residencia (Miami), pero es a mí al que me falta el tiempo para esperar su aprobación.
El mensaje me parece muy divertido, y al mismo tiempo, profundo. Nos habla de la posible suerte de ese sitio que todos hemos conocido como “sala cinematográfica”, y dice así:
“Aclaremos primero que la palabra CINE, mueve dos conceptos dentro de mi cabeza. El primero se refiere a la sala cinematográfica, ese lugar antes sagrado, a pesar del retozo de los noviantes. Convertido ahora en sitio donde, cada vez menos gente, va echarse a perder la dentadura con las !rositas de maíz! y envenenarse el organismo de perros calientes y hamburguesas, si tenemos en cuenta que en los mataderos muelen hasta los tarros.
Ese sitio dentro de cinco décadas no existirá. Primero, porque cualquier vaina con o sin dinero, prefiere armarse su CINE, en la sala de su casa. La tecnología de la reproducción de films se abarata tanto, que lo hace posible, incluyendo las películas. Así que el concepto de Sala Cinematográfica, tal como lo conocemos, desaparecerá. Siempre quedará alguna, que ya no será Cine Ensayo o Cinemateca, sino Museocineteca (estoy literalmente regalando el concepto, pues no le he patentado).
En cuanto al cine como industria de entretenimiento o expresión artística (el orden no hace diferencia) sufrirá un cambio brutal por la mala influencia de la tecnología. Lo más sonado será la desaparición de los actores, sustituidos por entes virtuales. Aunque algunos o sus herederos, alquilarán su cara, físico y voz, y seguirán invadiéndonos con bodrios, hasta que el Big Bang entre en reversa.
Todo eso será controlado por las productoras, rastrear la procedencia del dinero, aunque solo sea por curiosidad, va a ser muy interesante. Y ahora viene la mejor parte de mi formulación teórica, algo que he llamado La Paradoja Fílmica. La misma explosión científica que destruirá la industria, tal y como es ahora, generará ejércitos de creadores independientes, que con una camarita de 4 pesos expresarán sus inquietudes. Habrá más "directores de cine" que espectadores y entonces todo comenzará de nuevo. Si nos da tiempo......
Hablando de tiempo, si no estás de acuerdo conmigo, te espero el 21 de octubre del 2059 para discutirlo, en la "cuchilla" de Lugareño y Padre Valencia, donde mismo hace poco me recomendaste que viera “Los Imperdonables”, porque era un "oeste desmitificador". Ve armado, pues yo como Charles Bronson, toco armónica y tiro tiros.
Once upon a time in the Camagüey.
Un Abrazo.
V”.
Esta teoría me parece bien argumentada, y lo que es mejor, expuesta con una amenidad que ahora me hará correr el riesgo, con lo que a continuación diré, de parecer demasiado solemne o trágico. Aún así, intentaré salvar ese escollo.
El problema, mi querido V, es que Camagüey es un caso sui géneris en todo esto. Dicho por lo claro: EN CAMAGÜEY LAS SALAS CINEMATOGRÁFICAS YA MURIERON. Es decir, si en el resto del mundo (y hasta de la isla) están por morir, en esta villa ya no existe una sala decente donde se puede apreciar cine.
Lo curioso es que esa muerte no ha obedecido a lo que pudiéramos llamar un “darwinismo tecnológico”, sino que responde por entero a la impotencia local, incapaz de construir un consenso que permita invertir recursos razonables en lugares que pudieran reportarle bienestar espiritual a la comunidad. Por eso, mientras que en La Habana uno puede encontrar un “Fresa y chocolate” o en Holguín a “Las tres Lucías”, en Camagüey ninguna autoridad política, ningún funcionario de Cultura, del Gobierno o de la UNEAC, ninguna persona relacionada con la Oficina del Historiador, consigue llenarse de entusiasmo, y darle vida a lo que desde hace más o menos ocho años se está proyectando: el complejo “Nuevo Mundo”.
Y no es que en Camagüey se dejen de hacer cosas dentro del sector cultural. El problema real es que el cine, pese a las 16 ediciones del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, que ha convocado a no sé sabe cuántas personalidades del audiovisual en Cuba, no es aquí una prioridad cultural. Por eso la poca profundidad de las discusiones en torno a las inversiones que se puedan hacer al respecto.
Los ejemplos sobran, pero pongo solo uno: en su momento se planificó por parte del ICAIC una inversión de no sé cuántos millones de pesos para reparar el Casablanca, cuando desde mucho antes estaba proyectado el Complejo “Nuevo Mundo”, cuya inversión era mucho, pero mucho menor. No sé quién asesoraría a los directivos del Centro de Cine en Camagüey, pero a nadie de su Consejo de Dirección se le ocurrió proponerle al ICAIC lo del Complejo, tomando en cuenta que ese tipo de local (me refiero al Casablanca), con tantas capacidades, ya está desapareciendo en el mundo entero. Para abreviar: al final no tenemos cine “Casablanca”, la Sala “Nuevo Mundo” sigue con los peores baños del planeta, mientras que en la esquina de Estrada Palma (o Ignacio Agramonte) y Lope Recio permanece un Taller de Mantenimiento totalmente subutilizado, que desentona de una manera realmente escandalosa con un entorno que acaba de ser declarado “Patrimonio Histórico de la Humanidad”. Ojalá mañana no lo conviertan en un restaurante por divisas.
Por eso es que no creo que tengamos que esperar tanto tiempo para llegar a una conclusión que ahora mismo, en Camagüey, es una evidencia. Será difícil recuperar el entusiasmo que implicaba la socialización fílmica, pero tampoco hay que llorar por eso. Ya en lo personal, ocho años esperando una respuesta que nunca llega han sido suficientes para entender que en la provincia este asunto de la “sala cinematográfica” como sitio donde se consume cultura, le importa solo a una minoría. Y minoría al fin, no tiene voz, y mucho menos voto.
Ojalá me equivoque y mañana mismo aparezca alguien que se entusiasme con la idea. Es verdad que ya yo no estaré entre los que intente resucitar ese muerto, pero me alegraré de que, en el fondo, no todo esté perdido.
Juan Antonio García Borrero

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