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Categoría: DOCUMENTALES CUBANOS

SOBRE “CANALDOCUMENTAL TV”

jagb 11/11/2009 @ 17:42

Hace poco se celebró en la ciudad de Camagüey la decimonovena edición de “El Almacén de la Imagen”. Algún que otro realizador se quejó de lo de siempre: la insuficiente promoción de la obra realizada por los más jóvenes; el difícil acceso a los “canales oficiales”.

Yo creo que es necesario seguir insistiendo en que mantenerse aferrado a esos esquemas de antaño, lejos de beneficiar a los nuevos realizadores, lo que hace es hundirlos en prácticas trasnochadas de producción y circulación. Hoy hay nuevas ventanas, nuevos “canales”. El problema, a mi juicio, ahora es otro: ¿cómo conseguir atraer la atención en medio de tantos y tantos canales? Antes era la precariedad de espacios lo que afectaba; ahora más bien es la exhuberancia lo que nos hace invisibles. Pero eso es un tema que pretendemos discutir en el venidero Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica (del 16 al 20 de marzo del 2010).

Por lo pronto, cuelgo esto que me han enviado sobre un espacio muy singular que todos los documentalistas del patio deberían conocer: “CanalDocumental TV”.

Juan Antonio García Borrero

CanalDocumental TV
(La mirada online al documental cubano)

A l@s realizador@s del audiovisual cubano:

No tenemos derecho a esperar.

En los años 60 el cine se hacía con una cámara en mano, y una idea en la cabeza. Hoy podemos recurrir a las nuevas tecnologías para completar el sentido de nuestros sueños. Hagamos que el mundo sea nuestras pantallas.

Para ello, el proyecto audiovisual Canaldocumental.TV ofrece gratuitamente a todos los cineastas cubanos una plataforma online para exhibir en Internet sus creaciones, y con pleno y total respeto hacia la propiedad intelectual.

Creado en agosto de 2007 por jóvenes cubanos entre Madrid y La Habana, sin más apoyo que la voluntad y las ganas de hacer, CanalDocumental TV es un canal de TV online -en streaming- dedicado al cine documental cubano, actor por derecho propio de la cultura cubana desde hace más de medio siglo. A ese legado vivo rendimos homenaje con nuevas posibilidades de promoción y contacto con el público.

CanalDocumental TV surge como respuesta a la necesidad de la mayoría de los jóvenes realizadores cubanos de distribuir sus obras. El documental indie hecho en Cuba no tiene acceso a la distribución internacional, por lo que muchos interesados en este tipo de obras nunca lograr acceder a ellas, ni conocerlas. CanalDocumental TV está basada en los nuevos conceptos de distribución de contenido, la web 2.0 y las mejoradas funcionalidades de Internet, como es el caso del streaming video. Es, además, una oportunidad marcada por la necesidad de propiciar nuevas formas de expresión, más libres, abiertas y participativas.

En 2008 CanalDocumental.TV recibió más de 19.000 visitas mensuales, con casi 89.000 reproducciones de vídeos. Los visitantes provienen, fundamentalmente de: España, EE.UU., México, Cuba, Venezuela, Chile, Alemania y Argentina. Además, el boletín electrónico alcanza semanalmente, a más de 3.000 suscriptores, procedentes sobre todo del mundo audiovisual y cultural.

Además de la exhibición online de cortometrajes y documentales cubanos, CanalDocumental.TV está empeñado en la realización de un festival online del documental cubano, así como en la presentación y distribución del documental emergente –bajo permiso de sus autores- en festivales de cine, ciclos de cine cubano, programas de TV públicas y privadas, así como a través de otros modos actuales para la distribución de contenidos culturales. Difundimos también noticias sobre los propios realizadores, proyectos, rodajes, estrenos, presentaciones, búsquedas de financiamiento y toda información relacionada con el documental cubano emergente.

Para exhibir tus creaciones y participar en este empeño, solo debes enviarnos tu material en Cdrom o DVD o entregarlo a nuestro cooperante en La Habana. Si deseas más detalles, contacta con nosotros.

En Madrid: Gabriel Gutiérrez
gabriel@canaldocumental.tv

En La Habana: Abelardo Mena,
email: habanahoy@yahoo.es

Algunas opiniones recibidas acerca de CanalDocumental (2007–2009)

"El proyecto está muy bien." (Isabel Viera, funcionaria de la UNESCO, Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe, La Habana.)

"...Me gustó el ambiente (...) quedé asombrado (...) puedes contar conmigo para todo..." (Humberto González Carro, crítico de cine cubano, director de la filial de Holguín del Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba.)

"...Acabo de ver CanalDocumental. Tremenda sorpresa: ya es un canal de verdad. Mis felicitaciones..." Waldo Capote, videasta cubano, realizador –junto a Armando Guerra– del documental "Pedro Luis Ferrer: La Revolución de un Hombre".

"(...) Me parece muy interesante e importante el trabajo que están haciendo." Sandra Gómez, videasta cubana, realizadora del documental "Las camas solas".

"...Me parece muy bien (…) CanalDocumental es alternativo y efectivo, que es lo más importante." Juan Antonio García Borrero, crítico e historiador del cine cubano.

"Me alegra ver mi film en vuestro canal." Csilla Szigeti, cineasta húngara –asistente de dirección de István Szabó, Peter Greenaway y Tony Scout–, directora de los documentales "Colores" y “Perravida”.

"Me parece muy bueno su proyecto. (...) muy buena la idea. Mucha suerte." Daniel Vera, cineasta cubano, realizador del documental "De buzos, leones y tanqueros".

"Muy contentos quedamos de conocerlos. Les deseamos mucho éxito, que ya lo tienen con CanalDocumental." Elvira Rodríguez Puerto, escritora, fotógrafa y videasta cubana, realizadora del documental "Cuba Performances".

"Enhorabuena por la página y por su difusión a nivel mundial." Ayoze O´Shanahan Correas, videasta español, realizador del documental "La aventura del tabaco".

"...Desearía en lo adelante utilizar este medio para informar (...) sobre todo el proceso de producción de TV Serrana." Pablo García Barbán, productor de la TV Serrana.

"Muchas felicidades para CanalDocumental. Gracias por el contacto y las informaciones." Soledad Cruz, periodista, ex embajadora de Cuba ante la UNESCO.

"Manténganme, por favor, al tanto de lo que hacen. Estaré encantado de ofrecer más información..." Jorge Ferrer, escritor cubano.

"...Un sitio que está haciendo una excelente labor para divulgar el cine documental cubano, de dentro y fuera de la isla. (...) en mi opinión, Canal Documental TV es el mejor." Víctor Jiménez, videasta, director del documental “Nicolás: El fin pero no es el fin”.

"...Estoy suscrita a su sitio, el cual hallo muy interesante..." Tane Martínez, cineasta cubana, directora del documental "Paquete familiar".

“Sigo con atención los documentales que se ven ahí.” Nahum Lara Enríquez, realizador mexicano, director del documental “Rock cubano, algo más que salsa”.

“Mucha información y eso es bueno. (...) Los vídeos, reportajes e imágenes (...) me dan una onda `revista de tv´.” Karel Álvarez, creador 3D e informático.

"...No sabes lo que significa para mí ver Havana Surf en vuestra página web. Me encanta lo que estáis haciendo... En el documental he puesto un agradecimiento a vosotros por siempre tener interés en este proyecto... Vosotros promocionáis la paz, la hermandad, y simplemente el espíritu Cubano del que todos nos enamoramos. Gracias por todo vuestro apoyo." Rodrigo Díaz McVeigh, cineasta norteamericano - cubano – español, director del documental "Havana Surf" (2008).

“El sitio está requetebuenísimo, a mí muy particularmente me encantó, tiene toda la información del cine cubano que nosotros, como cubanos, no tenemos allá…” Marcelo Vitar, arquitecto.

“¡Os felicito por la propuesta!” Eloy Enciso, cineasta español, director del cortometraje documental "Barrio Chino".

"Me parece fantástico lo que me cuentas de cómo se proponen enriquecer la página". Teresa Toledo, responsable área Cine, Casa de América, Madrid.

"Muy grata sorpresa (...) valiosísima información proporcionada por este prodigioso Canal Documental (...) Me entusiasma este proyecto.” Luciano Castillo, crítico e investigador cinematográfico, director de la Mediateca de la Escuela Internacional de Cine, Televisión y Video (EICTV) de San Antonio de los Baños, en La Habana.

“Conocemos el trabajo que realizan con CanalDocumental, lo valoramos de muy positivo.” Inti Herrera (hijo de Eslinda Núñez, actriz cubana, y de Manuel Herrera, director de cine cubano). Productor de filmes como “El Ingenio” y “Viva Cuba”, de Juan Carlos Cremata. Creador de Producciones de la 5ª Avenida junto a Alejandro Brugués y Claudia Calviño. Actualmente es uno de los vicepresidentes de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC.

“...Cada semana disfruto de las novedades.” Joaquín Estrada-Montalván, historiador, creador del blog Gaspar, El Lugareño.

“(...) Gracias (...) por el continuo apoyo al documental cubano.” Jorge Moya, cineasta, director del documental “Gory: Mención obligatoria”, sobre el fotógrafo cubano Rogelio López Marín (Gory).

“...Les agradezco la gentileza de mantenernos informados acerca del quehacer audiovisual de nuestro país.”. Grizel Hernández Baguer, musicóloga del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC). Fue asesora del documental "Argeliers" (2008) del cineasta cubano Félix de la Nuez.

“Gracias por la oportunidad que me dan, y le dan a todos los jóvenes cubanos, y su promoción, es una labor encomiable y muy buena.” Jeffrey Puente, realizador cubano (25 Kilómetros, 72 Horas, Para subir al cielo).

"Me parece muy bien (…) que divulguen todas las cosas con relación al documental cubano, tanto de un lado como de otro, toda una diversidad. Algo así sería imposible en Miami o en la propia Cuba." Jorge Dalton, cineasta cubano-salvadoreño (hijo del poeta Roque Dalton), realizador del documental "Cuando yo soñaba un mundo al revés".

SEPULTADOS POR LA MEMORIA

jagb 21/10/2009 @ 14:58

No deja de ser raro, muy raro, que los tres documentales coordinados por Jorge Luis Sánchez, a propósito de los cincuenta años de la fundación del ICAIC, apenas hayan sido comentados por la crítica especializada, o en sentido general, estudiosos de la cultura cubana.

Hay en esos tres materiales elementos atractivos sobre todo si se quiere pasar de ese lugar común que es la festividad por la festividad, para hacer de la efeméride un modo de mejorar el presente. El primero de los documentales se titula “Dentro de cincuenta años”, y aparecen allí cuatro jóvenes cineastas que hablan sobre la Animación, la Producción, el Público, y el Documental. El segundo se nombra “Nunca ha sido fácil la herejía”, y rememora, a través de la voz de cinco cineastas (incluyendo a Alfredo Guevara) algunos de esos eventos polémicos que han contribuido a concederle autoridad al ICAIC en la esfera pública. El tercero (“Salvador de Cojímar”) le rinde homenaje a Salvador Wood, uno de los actores más carismáticos del cine cubano.

En realidad, esto que suena “raro” (me refiero al silencio crítico alrededor de los documentales) en verdad me va pareciendo la regla, y no precisamente la excepción. Como no se trata exactamente de un panegírico de esos que ahora mismo saturan a la red, sino de una aproximación que intenta asomarse con espíritu opinante a la institución, a sus dinámicas, sus controversias y legados, supongo que muchos han preferido optar por el mutismo, que es el mejor modo de no meterse en conversaciones incómodas.

Los documentales me parecen muy recomendables. Jorge Luis Sánchez es un cineasta al que le gusta romper moldes. No solo desde el punto de vista conceptual, sino también formal. Basta recordar “Un pedazo de mí” o “El Fanguito” para saber que lo suyo no es la servidumbre ante la realidad; que antes lo que le desvela es inquietar a su espectador.

Esto no quiere decir que, ya en lo personal, no tenga un buen número de diferencias con varias de las interpretaciones que allí se brindan. En otro momento intentaré argumentar algunas de esas discrepancias (aunque parte de esas objeciones pueden rastrearse a lo largo de este blog).

Pero por el momento me interesa reflexionar sobre otro asunto. ¿Por qué siguen brillando por su ausencia entre críticos e historiadores los debates en torno a la historia del cine cubano?, ¿por qué se sigue apelando a un exceso de positivismo que apenas toma en cuenta “las versiones oficiales”, y descarta el contrapunto?

Es posible que otra vez alguien me diga que “la historia siempre la escriben los vencedores”. De acuerdo, pero podríamos ensayar en algún momento la búsqueda de un equilibrio donde “la voz de los vencidos” complemente ese discurso que permitiría obtener una idea un poco más integral de lo que ha sido la creación cinematográfica en sí, o lo que es lo mismo, la gestión cultural de esa institución. Esto quiere decir que para un historiador o estudioso que ambiciona entender lo sucedido en “el pasado” resulta imprescindible tomar en cuenta estos documentales producidos por el ICAIC, pero también el realizado en Francia por Ramón F. Suárez, por poner un ejemplo, sobre la llamada “década prodigiosa del cine cubano”, y que ofrece otras “versiones” del asunto.

De cualquier forma, no dejo de reconocer que poco a poco se van haciendo visibles las distintas partes que conforman este gran rompecabezas cultural. Y que hay además una voluntad de rescatar aquella “nostalgia por el futuro” que movilizaban a los cineastas fundacionales. Por eso, de los tres documentales, el que más me atrae es el que lleva por título “Dentro de cincuenta años”.

Por supuesto que esa suerte de voluntad de pronóstico tiene más de enunciado poético que de análisis racional. En realidad, ni siquiera sabemos qué va a pasar con el cine dentro de cinco años. Las incesantes revueltas tecnológicas apuntan hacia una imparable mutación tanto de los hábitos de producción como de consumo. Pero lo interesante de un título como ese es que, pese a que se inspira en el festejo de una efeméride (otra vez el pasado), le concede más peso a la voluntad de imaginar un futuro que a rendirle un culto paralizante a la memoria (a lo que ya ha sido).

Ya sé que esto que diré puede sonar polémico, pero en mi criterio cuando el peso de la memoria es tanto que no permite levantar vuelo a la imaginación, la Historia se convierte en algo hueco, donde solo caben aquellos que ya “la han vivido”. Al resto nos toca la peor parte, porque solo nos queda revivir, una y otra vez, esos mismos acontecimientos.

Juan Antonio García Borrero

PREMIER DE DOCUMENTALES CON TESTIMONIOS DE CINTIO VITIER

jagb 07/10/2009 @ 12:23

Tres documentales de Marina Ochoa, con testimonios de Cintio y Fina García Marruz

Por esos oscuros designios del azar concurrente, la premier de los documentales cubanos producidos por el Centro de Desarrollo del Documental "Octavio Cortázar" con apoyo del ICAIC, "Amor", "Las plumas del Vuelo del Águila" y "La gracia perpetua del bien", de la realizadora Marina Ochoa, se ha convertido en un hermoso homenaje póstumo al poeta y ensayista Cintio Vitier.

La premier, programada para la Multisala Infanta, el día 21 de octubre a las 8:30 pm, como festejo por el Día de la Cultura Cubana, también rendirá ahora un sentido homenaje a Cintio, toda vez que los tres materiales cuentan con su presencia protagónica y la de su esposa, la poetisa Fina García Marruz.

"Amor", que ha sido calificado de "poema cinematográfico", ilustra un poema de Cintio Vitier dedicado a Fina. musicalizado por el hijo de ambos, el destacado músico José María Vitier, e interpretado por Iván Lins.

Fina y Cintio, matrimonio emblemático si lo hay, se conocieron en un festival de poesía convocado por el famoso poeta español Juan Ramón Jiménez, durante una visita a La Habana. No sólo esta amable coincidencia, sino el interés compartido por la poesía y la admiración, seguida por el conocimiento del gran literato español, convierte a Fina y Cintio en principales expositores del documental "Las plumas del Vuelo del Águila". En él, se testimonia sobre la presencia del bardo español en Cuba en 1936 y la vigorosa impronta que dejó en las letras cubanas de la época.

Por último, en "La gracia perpetua del Bien", aflora nuevamente el testimonio de estas dos grandes figuras de la literatura cubana, al evocar el pensamiento político y social de Juan Ramón Jiménez.

Todos los documentales poseen guión de la realizadora Marina Ochoa, la fotografía de Víctor Dennis González y la edición de Juan Carlos Llapur. La producción es de Esther García.

(Información tomada del BOLETÍN ICAIC DIGITAL)

THEODOR CHRISTENSEN, UN DANES EN LA HABANA (Fragmento)

jagb 04/10/2009 @ 14:16

A principios de los sesenta, el cineasta Theodor Christensen quedó para siempre deslumbrado con los cambios socio-económicos que se anunciaban en la Cuba revolucionaria.

El viejo realizador danés presentía que esa Revolución tan radical podía transformar la conciencia social, y con ello posibilitar (al fin) la llegada del pregonado “Hombre Nuevo”. Sin embargo, no fueron las acciones de “los hombres” (protagonistas más visibles de aquella épica transformadora) lo que lo impulsó a realizar un documental en Cuba: a Christensen le impresionaron más aquellas mujeres que, por entonces, coreaban eufóricas unas de las tantas consignas de la época: “Somos socialistas/ marxistas-leninistas/ Mañana seremos/ tremendas comunistas”.

Ella (también conocido como Ellas, aunque el título que aparece en pantalla es en singular), fue el primer filme producido por el ICAIC que abordó la temática de la mujer en las nuevas circunstancias sociales. Según el propio Christensen:

“La idea del film es la de indagar en el estilo y en las características de vida de la mujer cubana buscando comprender su situación en la sociedad actual.

Para lograr esto he tenido que utilizar métodos distintos: entrevistas, reportajes y escenas dramatizadas. Estas últimas no se han realizado con actores, excepto en un solo caso cuando los muestro como tales en la Escuela de Instrucción de Arte y en la Escuela de Arte Dramático de Las Villas.” (1)

Antes de arribar a la isla, Christensen contaba con un sólido aval como cineasta, gracias a una carrera integrada por unos sesenta documentales. Había debutado en 1938 con un corto titulado Un rincón de Zelandia (A Corner of Zealand), que el propio realizador consideraba “una especie de film turístico muy externo”. (2) Luego realizaría un largometraje documental sobre la construcción de un ferrocarril en Irán con la colaboración de ingenieros daneses (Iran the New Persia/ 1939), si bien el punto de giro de su carrera es asociado al corto Denmark Fights for Freedom (1944), y al largo Your Freedom is at Stake (1940-46), los cuales fueron filmados de modo clandestino, como parte de las actividades de la resistencia anti-facista en Dinamarca.

La obra de Christensen no temía mostrar un compromiso político, y fue probablemente el primero de los cineastas extranjeros en argumentarles a los cubanos la legitimidad del mensaje ideológico explícito. Ante la reticencia de algunos cineastas a convertir sus imágenes en tribuna de un pronunciamiento rotundo, por temor al carácter de panfleto, Christensen aseguraba que:

“No debe darse demasiado énfasis a la forma, porque los que así lo hacen caen en la trampa de decir: “Bueno, no es interesante hacer esto porque es propaganda. Y propaganda no es una mala palabra en documental, ya que todo documental es propaganda. Si toman esta actitud en verdad perderán el contacto con la realidad, ese contacto es la mejor y más importante fuente de inspiración, porque ahí es donde está la interrelación de las cosas. Todo tiene relación, nada se puede separar, nunca se puede hablar de una forma que tenga contenido; y es tonto, completamente estúpido, pensar en un contenido que no tenga forma. De modo que ambos extremos están equivocados.” (3)

Lo anterior resultará importante retenerlo en la medida que explica la consolidación de un tipo de documental que tendrá en Santiago Álvarez su mayor artífice: un documental con una fortísima impronta ideológica, donde las ideas del autor van por delante de la militancia estética. Sin embargo, el que ve Ella estará lejos de presenciar un filme de propaganda feminista o algo así, pues si bien la perspectiva femenina se mantiene todo el tiempo en primer plano, gracias a la ausencia de la voz de un narrador que hubiese involucrado un punto de vista ajeno al de las protagonistas, las opiniones de las participantes devienen contrastantes, y se complementan entre sí.

Para ello, Christensen se cuidaría de concederle variedad a su reparto: encontramos a una aspirante a actriz, a su madre que no está conforme con esa vocación, a una teniente del Ejército, pero también a un grupo de mujeres que forman parte de un Centro de Rehabilitación que les está permitiendo dejar atrás un pasado ligado a la prostitución.

Lo mejor del filme de Christensen es que introduce con absoluta naturalidad el problema de la contaminación de los géneros. ¿Dónde termina el realismo de aquello que se capta y comienza la puesta en escena controlada por el realizador? En una época como aquella, donde las pretensiones del “cine directo” confrontaban de modo explicito con la representación tradicional, es de elogiar la actitud de Christensen, quien lejos de darle la espalda al asunto, lo asume tanto en la teoría como en la práctica.

Christensen defiende de modo radical el documental, pero son muy interesantes los argumentos que el danés maneja a la hora de recomendar esta práctica como vía de expresión idónea para la naciente cinematografía, mas sin que ello implique la anulación del cine de ficción. Dice el realizador:

“El desarrollo hacia el cine de ficción en Cuba no debe ser acompañado por un desprecio del documental. Se necesitan los métodos del documental en el cine de ficción. La perfección en cuanto al cine de historia convencional sólo haría convencional al cine cubano. Hoy es importante aprender la lección del enfoque documental y usarlo en películas de ficción, en vez de tratar de competir con cualquier otro país presentando historias convencionales. El cine de ficción representa un peligro cada vez que un director joven y entrenado en documentales hace la prueba en este nuevo campo. Hay una fuerza abrumadora de irrealidad en el film de historia convencional e incluso pesa sobre jóvenes que son rebeldes artísticamente. Es importante retener la frescura del enfoque cubano en el cine de ficción, no permitir que se endurezca, se petrifique, con las malas maneras del film de historia.” (4)

Las palabras de Christensen más lúcidas no pudieron devenir. A lo largo de esa década, los jóvenes cineastas cubanos probaron suerte en la ficción. Y se lograron películas con gran éxito de público, como Las doce sillas, La muerte de un burócrata, ambas de Gutiérrez Alea, o Papeles son papeles, de Fausto Canel. Pero lo cierto es que el camino para el despegue definitivo se estaba transitando a través del documental.

Juan Antonio García Borrero

1) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 19.
2) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 12.
3) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 17.
4) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, pp 18-19.

CARNAVAL (1960), de Fausto Canel y Joe Massot

jagb 25/09/2009 @ 16:38

Desde hace un tiempo estoy interesado en escribir algo sobre las miradas que propuso el cine del ICAIC a esa Habana carnavalesca post-59. Me parece que puede resultar interesante estudiar los recursos utilizados por los cineastas, en un contexto y una época que intentaba dejar atrás la imagen estereotipada de una “ciudad de fantasías”, conjugado con el simbolismo de un proceso político que proponía el sacrificio colectivo y la austeridad como un modo de concederle a la nación ese espíritu de “querencia colectiva” que echara de menos en su momento Mañach.

“PM” (1961) todavía sigue resultando un buen ejemplo de cuánto podía chocar la representación en pantalla de un cubano displicente, o entregado a sus instintos más primarios, con la demanda oficial de subordinarse al llamado de la patria. Y junto a “Carnaval” (1960), de Canel y Massot, y “Primer carnaval socialista” (1962), de Alberto Roldán, ese pequeño corto podría iluminarnos zonas del campo de tensiones en que pugnaban las representaciones de entonces.

Como me falta por ver el documental de Roldán, en este post quisiera solo llamar la atención sobre un hecho que al parecer no ha sido tomado demasiado en cuenta, y es que “Carnaval” no solo fue “el primer cortometraje en colores realizado por el ICAIC” (María Eulalia Douglas en “La tienda negra”), sino probablemente el primer material donde se utilizó la famosa Oxberry de la que tanto ha hablado Jorge Pucheux en este blog, toda vez que los créditos fueron realizados por el Departamento de Animación del ICAIC (habría que precisar incluso si esos créditos no anteceden, incluso a “El maná”, considerado el primer animado de la institución).

Por lo demás, el corto todavía se deja ver con agrado gracias a esos planos bulliciosos, respaldados por el contagioso ritmo de “Los guaracheros de Regla”. Y en el equipo de realización encontramos verdaderas sorpresas, como puede ser Santiago Álvarez en el rol de Jefe de Producción, y como operadores de cámara a Arturo Agramonte y Dervis Espinosa.

Los dejo con el comentario que en su momento Fausto Canel tuvo la gentileza de enviarme con el fin de incluirlo en el libro “Cine cubano de los sesenta: mito y realidad”, publicado en el 2007 por el Festival de Cine de Huelva y la editorial madrileña “Ocho y medio”.

Juan Antonio García Borrero

“En una entrevista que se publicó el 27 de febrero de 1961 en “Lunes de Revolución”, dije:

“Carnaval (…) fue concebida cómo una película de atmósfera: la atmósfera violenta del carnaval habanero y la atmósfera atávica de La Habana Vieja de noche. Su función es una función turística: mostrar la realidad de unas fiestas y la amabilidad de una ciudad al posible visitante extranjero. Pero también tenía una intención política: mostrar un pueblo que goza en contra de las mentiras sediciosas del enemigo de afuera y mostrar la alegría del momento en comparación con la fingida alegría de los carnavales de otra época.”

¿Agitprop en EastmanColor? Esa es la impresión que se saca de mi entrevista. Pero una visión actual muestra al documental como un entretenimiento amable e ingenuo, una ligera historia de amor en un carnaval que tiene más del Hollywood de los años 50 que de Dziga Vertov. Su realización sigue siendo aceptable, sobre todo si se tiene en cuenta los 20 añitos que tenía el director. Carnaval lo volví a ver en 1987, por primera vez en 27 años, cuando Néstor Almendros lo descubrió en las bóvedas del Laboratorio DeLuxe de Nueva York, dónde el ICAIC había enviado el negativo para su revelado y tiraje de copias. En 1961 vino el embargo comercial, Cuba no había pagado su deuda al laboratorio y DeLuxe incautó la película hasta nuevo aviso. Nuevo aviso que todavía no llega.

El director del laboratorio tuvo la amabilidad de darme una copia en vídeo (esplendorosa la fotografía de Minervino) después que le firmé un documento en el que me comprometía bajo pena de cárcel a no explotar la película comercialmente. “El documental es propiedad del ICAIC”, me dijo, “y sólo ellos lo pueden comercializar. A usted, como director, le damos una copia en vídeo para sus archivos, que es su derecho como autor. Pero el negativo sólo le será devuelto al ICAIC el día que paguen la factura por el revelado y las copias que en 1960 enviamos a La Habana.”

Fausto Canel

Ficha técnica:

CARNAVAL
(1960)/ 20’/ Dirección y guión: Fausto Canel, José Massot/ Jefe de producción: Santiago Álvarez/ Productores: Raúl Canosa, Amaro Gómez/ G: Fausto Canel, José Massot/ Fotografía: Minervino Rojas/ Edición: Carlos Menéndez/ Director de sonido: Eugenio Vesa/ Música: Nilo Rodríguez, Eugenio Vesa/ Operadores de cámara: Arturo Agramante, Dervis Espinosa/ Luces: José Ochoa/ Asistente: José M. González/ Créditos: Departamento de Animación del ICAIC/ Con: Norma Martínez, Gil Suárez, Enki.

MARINA OCHOA SOBRE EL DOCUMENTAL DEL ICAIC (Final)

jagb 26/08/2009 @ 16:01

¿Cuajará la promesa?
Por Marina Ochoa

Han existido otros espacios que nos han permitido conocer la producción extra ICAIC y estos son los festivales regionales o municipales como es el Cine-Plaza, y el Movimiento Nacional de Video. El primero es de amplia convocatoria, (cualquier temática, para profesionales o no, todos los géneros, todas las especialidades) y se ha caracterizado por la aceptación, defensa y premiación de materiales polémicos que han ocasionado alguna que otra borrasca. El segundo tuvo una gran responsabilidad en cuanto a la consolidación de la producción de video independiente puesto que los organizó y apoyó en el momento de mayor vulnerabilidad, moral y materialmente, en sus búsquedas de posibilidades de producción dentro y fuera de la frontera cubana, al extremo de convocar un festival donde podían acudir los realizadores con su producción independiente y/o alternativa y fue el primer responsable de que pudiéramos acceder a dicha producción.

Cuando hacemos una valoración de todo lo que las diferentes pantallas nos han ofrecido hasta el momento podemos apreciar una tendencia que agrupa las mayor parte de las obras de análisis o criticas en los documentales de poca o ninguna participación oficial y otra que aborda los temas con una mirada deferente localizada en las instituciones. ¿La anunciada creación inmediata—no cristalizada hasta el momento— de una empresa de documentales permitirá frenar esta tendencia polarizadora y abrirá un abanico de posibilidades entre ambas tendencias o por el contrario acentuará dicha brecha? ¿Aceptará el vínculo directo del realizador con una realidad que no siempre es bondadosa o estimulará las posiciones cómodas y facilistas?

Mientras el ICAIC se toma su tiempo la productora de la UNEAC, Hurón Azul, se ha transformado en el Centro de Desarrollo del Cine Documental. Este Centro está presidido por Octavio Cortázar, figura
emblemática del género, multipremiado y autor de uno de los documentales más hermosos del cine mundial, “Por Primera Vez”, quien además cuenta con un espacio en la televisión nacional llamado “Pantalla Documental” donde ha exhibido y sigue exhibiendo los documentales más interesantes y valiosos de todos los tiempos. Sin apenas recursos pero con la voluntad de rescatar el género, acompañado por realizadores que compartimos su criterio y su brío ha logrado una producción que invita a reflexionar.

Tan importante como tomar decisiones con respecto al rescate de la producción del cine documental del ICAIC urge recapacitar sobre como reivindicar la autenticidad que nos colocó a la vanguardia y que constituye la esencia de la autenticidad artística, la cristalización de niveles estéticos. Esta autenticidad, no puede ser rescatada sin recuperar con naturalidad los nexos orgánicos con nuestra realidad toda, sin criterios reductores.

Ya no somos los mismos. La Revolución favoreció el desarrollo acelerado de nuestro pensamiento, porque para poder interactuar con un proceso drásticamente transformador, teníamos que transformarnos también drásticamente. Hemos crecido a empellones pero hemos crecido. A medida que se ha complejizado nuestra realidad nos hemos complejizado y se ha enriquecido nuestra mirada. No hay razones defendibles para que esta complejización no se refleje en nuestras pantallas, lo cual constituye una necesidad y premisa para la autenticidad en el discurso y en la estética. No podemos olvidar que somos parte de un mundo donde pensar, tener y ejercer el criterio es la piedra angular en lo que promete ser una larga lucha contra el fenómeno que más violenta hoy nuestra libertad: el fundamentalismo de cualquier condición.

No es menos importante repensar una estructura y funcionamiento de todo el proyecto cultural ICAIC más centrada en el cine, dinámica y adecuada a las condiciones actuales, sin que por ello seamos rehenes de coyunturas y que nos permita concentrarnos en los objetivos que estaban presentes en nuestros inicios: hacer cine nacional, artístico, inconformista, económico, técnicamente terminado. Aboguemos por la herejía de la lucidez.

Obras citadas:
Castro Ruz, Fidel. “Palabras a los intelectuales”. Biblioteca Nacional “José Martí”. La Habana. 30 de junio de 1961.
García Espinosa, Julio. “Nuestro cine documental”. Fragmento “Los creadores a la defensiva”. Cine Cubano 23, 24 y 25 (1964): 20-21. . Carta a la autora. La Habana. 13 de agosto del 2003.
Guevara, Alfredo. “El cine cubano 1963”. Cine cubano 14-15 (1963): 1-13. . “Informe y saludo ante el Primer Congreso Nacional de Cultura, 15 de diciembre de 1963”. Cine cubano 9 (1963): 1-8.
. “Realidades y perspectivas de un nuevo cine”. Cine cubano 1 (1963): 5-17.
. “El problema de la tradición”. Cine cubano 140 (1998): 6-12, 30-36.
Lemogodeuc, Jean Marie. “Orígenes, Ciclón, Lunes: una literatura en ebullición”. La Habana 1952-1961. El final de un mundo, el principio de una ilusión. Dir. Jacobo Machover. Madrid: Alianza Editorial, 1995.
145-158.
Ochoa, Marina. “Identidad”. Poema inédito.
Pérez Paredes, Manuel. Carta a la autora. 24 de junio de 2003.
Rodríguez, Carlos Rafael. Discurso. Clausura del acto de reconocimiento a los fundadores y colaboradores de la Sociedad Nuestro Tiempo en su 30 aniversario. Ministerio de Cultura, La Habana. 23 marzo de 1982.

MARINA OCHOA SOBRE EL DOCUMENTAL DEL ICAIC EN LOS NOVENTA Y UN POCO MÁS

jagb 24/08/2009 @ 17:02

LA DÉCADA DE LOS NOVENTA: ¿REBANADA DE LA VIDA O EL PASTEL DE FAUSTO?
Por Marina Ochoa

En los inicios de la década de los 90 concluye la secuencia que se había iniciado en la anterior con un plano general ralentizado de la caída del muro de Berlín. El estrepitoso derrumbe del campo socialista, y no otra cosa, dio comienzo no solo a la década sino al siglo XXI y vino a despertarnos del espejismo vivido en los 80. Perplejidad, desconcierto, incertidumbre son tres de los infinitos estados de ánimo que compartí con mis amigos, conocidos y desconocidos que habíamos asociado con solidez el enorme espacio en los mapas y creído que el futuro inmediato pertenecía por entero al socialismo.

Pero esto era poco comparado con lo que representó en el campo económico: simplemente tocamos fondo. Y la combinación del estado económico y el espiritual dieron paso a la desesperanza. Y fue surgiendo así, con una perfecta dramaturgia aristotélica, la crisis de los balseros.

Nunca, después de la muerte de Kennedy, se le había presentado a un presidente de los Estados Unidos la oportunidad de consagrarse como un gran estadista y además de ser respetado por los cubanos residentes en la isla y por un número significativo de los que viven en el exterior como la que se le presentó a William Clinton cuando asumió la presidencia durante lo que fue nuestro más duro periodo. A los oídos populares había llegado la leyenda sobre su pasado en contra de la guerra de Vietnam y teníamos grandes expectativas en cuanto a que sería el presidente que daría el gran paso que viabilizaría el entendimiento entre los dos países. Clinton fue el último presidente que tuvo la potestad sin limitaciones del Congreso de levantar el bloqueo pero se decidió por lo que considero una torpeza mayor: aplicar la Ley Torricelli.

Ya conocemos cuál ha sido la consecuencia de esta decisión, pero sería interesante que el propio ex -presidente se preguntara cuál sería el presente si hubiera elegido la otra. En cuanto al cine del ICAIC, en el mismo comienzo de la década habíamos atravesado por un conflicto originado en torno a la exhibición de la película “Alicia en el pueblo de Maravillas” porque otra vez en el seno de dos grupos de revolucionarios se reeditaba el fenómeno de las posiciones polarizadas en torno a las dos interpretaciones de las palabras de Fidel a los intelectuales.

El cierre de la cinematografía del ICRT, Instituto Cubano de Radio y Televisión, y del MINFAR, Ministerio de las Fuerzas Armadas de la Revolución, tuvo como dramática consecuencia el desplazamiento y frustración del personal creador, especialmente directores, que se encontraron súbitamente sin espacio y que miraron con ojos esperanzados hacia el ICAIC, esperanza que naufragó tempranamente al comprender que esta otrora poderosa institución no estaba en capacidad de dar trabajo ni a sus propios realizadores. Por otra parte, los jóvenes egresados de las escuelas de cine de San Antonio de los Baños y del ISA, Instituto Superior de Arte, al graduarse se encontraron conque apenas tenían espacio, y en muchos casos ninguno.

Se supone que un panorama económico, político, social y moral tan complejo debió haber sido apresado por el cine documental, pero sucede todo lo contrario. 1990 concluye con 21 documentales y 1991 con 18 para un total de 39 entre ambos años. En esta cifra están incluidos 16 noticieros monotemáticos y revistas. En el departamento de cortometrajes, solo se realizan cinco. Ya en 1992 la producción total de cine documental desciende drásticamente a siete. Este brusco descenso en la cantidad se debió a la incidencia en el presupuesto asignado al cine de la profunda crisis económica nacional en que nos sumergió lo que fue llamado por algunos el “doble bloqueo”. El cierre del noticiero nos privó a partir de este año de los importantes documentales procedentes de esa fuente. La decisión de cerrar precisamente el sector cinematográfico donde se concentraba la escasa crítica que se hacía en el cine fue explicada a partir de una necesidad económica, lo que fue asumido como razonable, ya que era imposible costear la realización de un material semanal en 35 milímetros (revista, noticiero o monotemático) que era el soporte utilizado entonces por la industria; pero ya, 14 años después, con un poco más de recursos y la adquisición de nuevas tecnologías estamos esperando que se rescate la producción de monotemáticos, (los espacios noticiosos están ampliamente cubiertos por la televisión) que nos permita recuperar la posibilidad de abordar analíticamente temas de nuestra compleja realidad inmediata.

Y siguiendo el conteo, en 1993 se realizaron cuatro; en 1994, diez; en 1995, nueve; en 1996, siete; en 1997, diecisiete; en 1998, ocho; en 1999, diez. De los 111 documentales, 104, o sea casi el 94%, fueron de temas nacionales, pero sin embargo no fueron abordados los grandes y pequeños conflictos de los noventa. ¿El síndrome del avestruz? El 67% se centra en temas culturales o religiosos o turísticos o deportivos y el 15% políticos y/o históricos. Los temas sociales prácticamente se borran del panorama desde 1991. Es interesante que durante los dos primeros años de la década, los de análisis hayan alcanzado el 26%, agrupado la mayoría en el noticiero, donde se concentraron además casi todos los que de alguna manera ejercieron la crítica.

El derrumbe del campo socialista y sus consecuencias para Cuba y el mundo; el endurecimiento de la vida cotidiana y su incidencia diferente en cada uno de los seres humanos que pueblan este archipiélago; la acción sobre el modelo político-social de las medidas económicas tomadas (fundamentalmente la legalización del dólar y la aceptación de su libre circulación y validez como moneda dentro del territorio nacional), así como el turismo y su incidencia más que económica, política, social y fundamentalmente ética, y la crisis de los balseros, no fueron abordados en nuestras pantallas. Sin embargo, algunos (el tema de la crisis de los balseros por ejemplo) sí fueron abordados por extranjeros que disfrutaron de la autorización de filmar en el país mientras que Cuba carece de un documental que aborde esa temática a pesar de que existe un testimonio fílmico impresionante captado por la fallecida realizadora Ana Rodríguez en nuestros archivos que nunca ha sido editado. Y esto duele sobre todo cuando los extranjeros “descubren” nuestras realidades, las mismas que los nacionales soñamos y luchamos por abordar, y nos muestran al mundo a través de un prisma foráneo que casi nunca, aunque hay excepciones, nos respeta.

Pero, por suerte, aunque no fueron abordados por el ICAIC sí lo fueron en alguna medida por los estudiantes de la Escuela Internacional de Cine y Video de San Antonio de los Baños, EICTV (Talco para lo negro de Arturo Soto, Un héroe se hace a patadas de A.F. Burgos); por grupos de video independiente con apoyo financiero externo (La Época, El Encanto y Fin de Siglo de Juan Carlos Cremata) con financiamiento del Centro Cultural de España; por los alumnos de la Escuela de Cine Radio y Televisión del Instituto Superior de Arte (Y todavía el sueño, trabajo de clase de Humberto Padrón); la Televisión Serrana (La Chivichana de Waldo Ramírez y Cuatro Hermanas de Rigoberto Jiménez); las televisoras provinciales y municipales llamadas “telecentros” (Caidije o la extensa realidad de Gustavo Pérez del telecentro de Camagüey). Esto fue posible por la aceptación del video como soporte digno del discurso cinematográfico y el surgimiento de la edición no lineal que abarató los costos de producción y permitió una especie de democratización de la producción, especialmente documentales y cortos de ficción.

Un caso aparte lo constituye el tema de la emigración iniciado por Jesús Díaz, con 55 hermanos que ha seguido siendo abordado de diferentes maneras tanto por cineastas extranjeros como Estela Bravo con Habana Miami y Los marielitos entre los más conocidos y Benito Zambrano con Los que se quedaron, y cineastas nacionales donde me incluyo como coautora con Manuel Pérez y Guillermo Centeno en Del otro lado del cristal.

¿Puede decirse que la propia institución negó los basamentos sobre los que surgió nuestro cine documental? Lo cierto es que en la lucha por la supervivencia se priorizó la búsqueda de financiamiento extranjero para el cine de ficción y se desestimó el documental fundamentalmente porque existía el criterio de que era más difícil de colocar en el mercado—lo cual no creo que dependa del género como tal y sí de la insipidez que se alcanzó en el mismo—y recuperar la inversión era indispensable no sólo para el socio capitalista sino para nuestra propia supervivencia institucional. El documental, con todas las carencias señaladas, persistió gracias a la voluntad de unos pocos realizadores que aún creíamos en la importancia del género y que nadamos contra una corriente que arrastraba el drástico criterio de que los documentales debía hacerlos la televisión y no el cine. La resistencia de Alfredo Guevara a desprenderse de un género que había llenado de gloria a la institución a pesar de que aparentemente había pasado su momento también en el ámbito internacional fue determinante. No obstante, los directores de cine documental quedamos relegados a una especie de limbo porque además, el nuevo diseño de la empresa productora, volcado casi exclusivamente en la gran esperanza de supervivencia institucional que era el cine de ficción (las coproducciones y servicios a producciones extranjeras fundamentalmente), confería en mi opinión, un protagonismo desbalanceado al sector económico y de la producción con respecto al sector artístico, lo cual tiene mucho que ver con el pasado inmediato y presente del cine del ICAIC. Y en lugar de ser el director la figura central del cine cubano, como lo había sido hasta entonces pasó a serlo el productor.

La descalificación del director llegó al extremo de no tener siquiera un local para trabajar a menos que estuviera filmando o editando, lo cual se redujo en esos momentos a nunca. Un elemento que reforzó este diseño fue la desaparición de los Grupos de Creación (a raíz del conflicto en torno a Alicia en el pueblo de maravillas, film que se gestó en uno de estos grupos) que no fueron suplidos ni siquiera por una dirección o vicepresidencia que atendiera exclusivamente todo el proceso de creación, al antiguo estilo. Pero, además, la ligereza y el ahorro que significaron el video y la edición no se reflejaron en nuestra producción de documentales. Esas absurdas demoras solo pueden ser explicadas a partir de una falta de prioridad derivada de la desestimación del género. Por otra parte a pesar de la existencia de instituciones que nos representaban como realizadores o como artistas, los documentalistas comenzamos a confrontar una gran soledad en nuestra lucha para lograr el acceso a los recursos que nos permitieran realizar nuestra obra y asimismo el derecho a la promoción, distribución y exhibición lo cual constituye la otra vertiente del problema porque, una vez realizada la obra cinematográfica, solo los largometrajes de ficción cuentan con una voluntad de promoción, exhibición, atención de la crítica especializada y de la prensa, etc.

En el caso del cine documental desde hace unos cuantos años, ha sido invisible para el aparato promocional, para la crítica especializada, para los funcionarios encargados de favorecer su exhibición en los únicos espacios posibles en el país: la televisión y las salas de cine y vídeo del circuito ICAIC. Desde hace ya muchos años los documentalistas abogamos porque se conforme el programa para la exhibición en los cines teniendo en cuenta el criterio de que todos los géneros deben tener iguales oportunidades lo cual seria más congruente con el proyecto cultural cubano y que ayudaría a compensar la incidencia negativa de una profusión lamentablemente necesaria de malas películas norteamericanas.

Todo lo anteriormente expuesto originó una corriente de opinión entre algunos realizadores jóvenes y no tan jóvenes de que es preferible realizar los documentales fuera del ICAIC, de manera totalmente independiente o con la participación de instituciones interesadas, nacionales o extranjeras, lo cual condujo a la percepción del ICAIC como otrora meca del cine cubano. También existe el mismo criterio en cuanto a los cortos de ficción. Esto se asienta en las posibilidades abiertas por la democratización y abaratamiento que las nuevas tecnologías han portado y en el dinamismo con que los grupos independientes operan. Se contrapone a la lentitud con la que funciona un organismo estructurado sobre otras realidades y que no se ha adaptado con la rapidez necesaria a la complejidad de la dinámica actual, que demanda nuevos conceptos organizativos. Además, de esta manera estos realizadores se sustraen de los planes temáticos poco amplios y mecanismos y métodos de aprobación de proyectos audiovisuales que implementa nuestra institución, que sin dudas constituyen variables vulnerables del diseño vigente.

Esta corriente de opinión comenzó a generar una producción más o menos independiente de la institución con consecuencias marcadamente favorables para el panorama cinematográfico actual. La década del 2000 parecía seguir en la misma cuerda; sin embargo nos trajo la confirmación de la validez de todos los presupuestos que estuvieron presentes en el cine documental de los inicios, cristalizados en la obra Suite Habana de Fernando Pérez, que logra documentar el alma de esta ciudad de ahora y constituye un canto al estoicismo de este pueblo. Y en este documental mayor, donde están presentes “la autonomía de la expresión,” “la independencia de las evoluciones individuales, “la búsqueda de las raíces de la “sensibilidad creadora” y el “intento de poner de manifiesto los valores espirituales del hombre” heredado de Orígenes, “la cultura comprometida estética y políticamente pero con amplitud cultural, sin dogmatismos infecundos ni presencia sectaria que cierre los caminos” proclamados por Nuestro Tiempo, el rescate de una verdadera agresividad para situarse en el contexto a la que se refiriera Julio García Espinosa, la trasgresión de sagrados preceptos y temas que nos permitiría encontrar “ese cristal pulido en que nos reconoceremos o descubriremos con placer, horror y asombro” (“Problema” 8) a la que invocara Alfredo Guevara en nuestro nacimiento.

Pero… ¿podemos inferir que el camino reencontrado por Fernando Pérez sería el camino a transitar por el documental del ICAIC a partir de ese momento? La realidad se ha presentado muy diferente durante estos primeros años del Nuevo Milenio: todos los problemas confrontados durante la década del 90 siguen afectándonos en mayor o menor medida y el panorama económico, político y social nos ha traído una ya incontrolable complejización signada por el conflicto entre la voluntad de recuperar y darle continuidad, con algunas reformas, al modelo vigente en la década de los 80 y la resistencia de elementos mejor o peor identificados no incorporables a dicho proyecto devenidos de la gran crisis de los 90.

Actúa sobre este conflicto principal y muy imbricado con la trama, el recrudecimiento ascendente de las hostilidades entre Cuba y Estados Unidos que continúa afectando todas las esferas de nuestra vida y que se ha materializado no solo por el acoso que significa la extensión e intensificación de la aplicación de la Ley Torricelli, y la Helms Burton, también por la aprobación del Proyecto para la transición hacia una Cuba democrática en el espíritu de la filosofía de la Nation Building. Este proyecto regula el desmontaje del sistema económico, político-social, y filosófico existente y la construcción de otro modelo que descansa sobre los intereses estratégicos de la seguridad nacional del gobierno norteamericano como piedra angular y puede constituir el preclimax de un acto de agresión mayor que colocaría la estructura dramática de la confrontación en su punto más alto. Esta urdimbre nos ha traído como consecuencia , en primer lugar, un clima de posguerra simultaneado con otro de guerra fría que amenaza recurrentemente con convertirse en caliente que no permite que la sociedad cubana (diseñada o soterrada), se pueda distender, condición indispensable para poder pensar en algo más que la supervivencia ya sea como individuo o como proyecto político social.

Como consecuencia, aquellos que a pesar de encontrarnos sometidos a las mismas tensiones asumimos el oficio de pensar, analizar, crear, tenemos muy poco espacio para abogar y defender nuestras opiniones cuando son más o menos diferentes o disyuntivas en un país en pie de guerra las 24 horas de cada día, organizado con criterios defensivos material (guerra de todo el pueblo) y espiritualmente (batalla de ideas). Es por eso que no debe extrañar a nadie que se retorne a la economía centralizada y que la vida intelectual, artística y espiritual sea succionada por ese gran esfuerzo de preservar en la conciencia de los cubanos la ideología fidelosocialista como filosofía de la resistencia, en la que juegan un papel importantísimo todos los medios de comunicación, incluidos el cine.

En un contexto como este, ¿puede existir la posibilidad de abordar profunda y críticamente las disfunciones sociales, organizativas, conceptuales? El cine documental del ICAIC no solo continúa siendo prácticamente inexistente en cuanto a número en lo que corre de esta década sino que también extravió una gran parte de los presupuestos reencontrados por Fernando Pérez en Suite Habana. Entre los pocos ¿documentales? realizados el peso principal recae en materiales que responden al criterio de preservar para la memoria política e ideológica de nuestro país la filosofía de pensadores y actores de los diferentes proyectos revolucionarios más bien afines a nuestro proyecto político, principalmente las surgidas durante el pasado siglo en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina. Muchas de las entrevistas han sido realizadas por reconocidos protagonistas del sistema social vigente y que pudieran resultar importantes para la formación de futuras generaciones, revolucionarios o no.

Estos materiales que sin dudas constituyen el aporte principal de la institución a la batalla de ideas se centran en el discurso y dejan muy poco espacio para la creatividad, aunque el documental dirigido por Rogelio París a partir de la entrevista realizada por Julio García Espinosa al también cineasta Pino Solanas, logra conciliar una alta calidad conceptual y estética. Esto me trae a la mente, involuntariamente, las palabras de Alfredo en el Informe y saludo ante el Primer Congreso Nacional de Cultura en diciembre 15 de 1962: “. . . pero creemos que si del creador o de la obra artística se exige este mensaje “revolucionario” al estilo del que puede contener un discurso político o un ensayo filosófico o de indagación social, solo se logrará un objetivo, asesinar espiritualmente al creador, asfixiar el arte en una cámara de oxígeno”.

Otros realizadores han logrado conciliar su identificación total con el punto de vista oficial sobre el tema tratado con una sobria eficacia artística. Es el caso de Montaña de Luz de Guillermo Centeno, Alejandro Gil, Alejandro Ramírez y Rafael Solís. También han resurgido documentales que se construyen a partir de la compilación y reelaboración de otras obras sobre temas y acontecimientos que tienen que ver con la historia directa de la revolución realizadas por otros autores a través de la existencia del ICAIC como la serie Caminos de Revolución de Rebeca Chávez, Daniel Díaz Torres y Manuel Pérez Paredes.

Reabordar la historia es una tendencia no solo dentro de la institución, también del cine que se hace fuera de la misma, independientemente de las edades de los realizadores aunque los resultados difieran por la impronta generacional de la mirada. Y todavía el sueño, obra estudiantil de Humberto Padrón, es un ejemplo.

Resulta prometedor que en este panorama general e institucional dentro del ICAIC se haya gestado la Muestra de Nuevos Realizadores, de suma importancia tanto por el hecho en sí como por sus consecuencias, donde confluye el cine realizado por todos los jóvenes y los nuevos, aunque no tan jóvenes, realizadores del país. No se trata solamente de los independientes, pues participan las tesis de los graduados de la Escuela de Cine y TV de San Antonio de los Baños, las del Instituto Superior de Arte, ISA, obras realizadas en los telecentros del país, fundaciones como la Ludwing, y la Pablo de la Torriente Brau, entre otras. Además, desempolva la obra, muchas veces con antecedentes polémicos, de generaciones anteriores. Esta muestra promete legitimar las inevitables palabras de Alfredo: “La revolución artística no puede aceptar ‘santos,’ y muchos menos ‘dogmas.’ No hay pontífices o no podrá haberlos. Esto supone libertad absoluta: y absoluta lucidez, coherencia absoluta. De otro modo la libertad deviene limitación. La ignorancia y la frivolidad retrasan la revolución artística. El artista revolucionario lo es siempre el verdadero artista: el que con su arte penetra más aguda y profundamente la realidad, el que abre brecha en ella y la enriquece, el que nos la entrega más real, más compleja, más verdadera. (Guevara, “Cine” 4)

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MARINA OCHOA SOBRE EL CINE DOCUMENTAL DEL ICAIC EN LOS 80

MARINA OCHOA SOBRE EL DOCUMENTAL DEL ICAIC EN LOS 80

jagb 18/08/2009 @ 19:09

LOS AÑOS 80: ¿EL GRAN ESPEJISMO?
Por Marina Ochoa

Cuando en enero de 1978 los cosmonautas de la estación orbital Saliut 6 enviaron un mensaje de felicitación al Partido Comunista de Cuba y al pueblo cubano en ocasión del aniversario XIX del triunfo de la Revolución, lo que constituyó un reconocimiento al alto grado de integración de Cuba a la comunidad de países socialistas, tal parecía que la década de los ochenta arribaría sin sucesos traumáticos. Sin embargo, la muerte del Hada Madrina de la Revolución, Celia Sánchez, en los albores de la década de los 80 pareció confirmar que los signos de la década demandaban algo más que la lectura de los trazos cuando, en los primeros días del mes de abril, se produjo la penetración con violencia de un grupo de personas a la embajada del Perú, que abrió paso al éxodo del Mariel e inició uno de los episodios más complejos de la historia diplomática, política y migratoria de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Se requería percibir el significado de los espacios que encerraban esos trazos, capacidad prácticamente anulada por la obviedad de la década anterior.

Y así surgió el conflicto en torno a “Cecilia”, de Humberto Solás, en el que los trazos indicaban que se trataba de una discusión acerca de si Humberto debía haber hecho una versión tan libre de una obra literaria patrimonial así como en torno a su costo. Pero la lectura de los espacios que encerraban los trazos hablaba de un cuestionamiento de la política cultural y de producción del ICAIC. Y perdimos a Alfredo, quien retornaría una década después en virtud de otro conflicto alrededor de otra película con nombre de mujer.

En esta década que muchos juzgan como agua tibia, ni caliente ni fría, la producción de cine documental se comportaba de la siguiente manera: se realizaron 407 documentales, 47 más que en la década anterior pero, ¿algo había cambiado? De ellos, el grueso, el 83% sigue siendo descriptivo. Si unimos esto a que 60 son de temas extranjeros, 130 culturales y 94 de temas turísticos, deportivos, económico-sociales y casi un 27% de temas político-histórico, de los cuales el 94% son descriptivos y el 25% reflejan realidades no nacionales, ¿no podríamos acaso inferir que el documental de los 80 no pudo rescatar para sí esa agresividad para situarse en el contexto que reclamaba Julio García Espinosa en el temprano 1964?

La respuesta es difícil. Si bien en los 70 había un clima paralizador, ya en 1978 había habido una suerte de distensión y el propio Partido había orientado el ejercicio de la crítica en los medios. ¿Fue una actitud de resistencia del inconsciente colectivo de nuestros realizadores de entonces ante unos signos cuyos espacios mostraban incongruencia con los trazos que debían conformarlos o se trataba de un entumecimiento de las capacidades necesarias, en ambos casos como secuela de la década anterior? ¿Por qué entonces la ausencia de nuestros temas sociales incluso en la obra de realizadores que habían demostrado ya estar en posesión de talento, capacidad e integración? ¿Implicaban acaso riesgos que desbordaban los inherentes a la creación?

Pero, ¿había posibilidades o no de hacer otra cosa? Parte de la respuesta puede estar en que en la producción de la década, más bien de la segunda mitad, aparecieron documentales que de alguna manera ejercían una crítica más explícita. Me refiero a la crítica al mal funcionamiento de elementos que estructuraban el proyecto económico-social vigente. La aparición de estos materiales resulta de gran importancia si tenemos en cuenta que este tipo de crítica había desaparecido de nuestro cine documental, asumiendo que hubiera existido, de lo cual “Coffea Arábiga” de Nicolás Guillén Landrián que cuestiona los absurdos desatados en torno a la siembra de café en el famoso cordón de La Habana, en mi opinión, es una prueba. Recordemos “Pensando en el amor”, “Historia de una descarga” y “Escenas de contenedores” de Melchor Casals, “Tiempo libre a la roca” y “Taller de la vida” de Santiago Álvarez, “¿Qué tu crees?” y “No es tiempo de cigüeñas” de Mario Crespo, “Castillos en el aire” de Rebeca Chávez, “La espera” de Orlando Rojas, “Controversia” de Rolando Díaz, “Molinos de viento” y “Se lo lleva el viento” de Idelfonso Ramos, “Ella vendía coquitos” de Gerardo Chijona, “Propiedad social” y “Riesgos potenciales” de Sergio Núñez, “Estética”, “Yo también te haré llorar”, “Vecinos”, “Jau” y “Chapucerías” de Enrique Colina son documentales que ejercen la crítica, a veces de soslayo, otras directamente.

Ahora bien, en casi todos los casos la crítica no está respaldada por un análisis. O sea, que se ejerce describiendo, sin establecer las relaciones que implicaría un análisis, aunque no por ello deja de ser aguda y acertada, pero se queda en la superficie de la disfunción de la conducta del individuo en su relación con el entorno familiar, laboral, social. A veces llega a cuestionar los entornos inmediatos pero no va más allá. La utilización del humor por parte de algunos de estos realizadores— magistralmente en el caso de Colina—los distingue y resulta un intento válido que recupera en alguna medida la ya referida “verdadera agresividad para situarse en el contexto” (García Espinosa, “Nuestro Cine” 20). O sea, el humor no es utilizado para distanciarse sino para involucrarse. “Un pedazo de mí” de Jorge Luis Sánchez merece un aparte. Es un documental crítico no humorístico. Jorge Luis se adentra en el mundo de los freakies dispuesto a pensar, reír y llorar con ellos, que no quiere decir como ellos. Quizás la autenticidad de este documental radique en la honestidad y el sentido humano con que el realizador conduce su indagación que profundiza en busca de dolorosas esencias.

Pero los documentales mencionados no son las únicas obras críticas, ni siquiera son las primeras, pues ya en 1977 aparecían dos noticieros críticos bajo la égida de Santiago Álvarez: el 806 y el 821, dirigidos ambos por Daniel Díaz Torres, quien al parecer es el que inaugura esta tendencia. En 1979 se producen dos, cuatro en 1980, siete en 1981, dos en 1982, tres en 1983, tres en 1984, siete en 1985, once en 1986, seis en 1987, diecisiete en 1988, nueve en 1989 y dos en 1990. Resulta interesante observar que a medida que avanzaba la década los materiales críticos, ya sean noticieros o documentales iban en aumento. Los monotemáticos incorporaron algunos elementos de análisis por lo que se logra en ellos una mayor solidez crítica. Los realizadores fueron Daniel Díaz Torres, Rolando Díaz, Francisco Puñal, Lázaro Buría, Luis Felipe Bernaza, Idelfonso Ramos, Melchor Casals, Héctor Veitía, Vivian Argilagos y José Padrón. De los 75 noticieros críticos Francisco Puñal es el autor de 36.

La crítica humorística la inicia Rolando Díaz en el noticiero 955 y aparece como una sección. A partir de entonces aparecerán notas o viñetas críticas humorísticas, llegándose incluso a ficcionar sobre problemas reales. Puñal se destaca dentro de este estilo tanto por la cantidad como por los recursos que utiliza. Esta línea crítica no sólo se continuará en las revistas del propio noticiero, una vez desaparecido éste, donde alcanzará su mayor estatura y profundidad, puesto que al ser monotemáticas permitieron calar con más acierto en la naturaleza misma de los problemas que se abordaban. Uno de los autores más interesantes de noticieros y revistas críticos resulta José Padrón, quien ejerce la mayor parte de las veces una crítica directa, enérgica y sin concesiones a la vez que aborda la mayor variedad de temas. Algunos de sus noticieros fueron retirados de la exhibición durante la primera semana, los que tampoco se exhibían en provincia.

Es los casos de los noticieros 1440 y 1987, que criticaban los problemas del campismo popular y la mala calidad del diseño y confección de la ropa ofertada a la población; del 1989, que criticaba el pésimo servicio de las cafeterías populares y que destacaba la paradoja de que una de las peores era La Pelota, esquina en la que se había proclamado el carácter socialista de la Revolución; del 1147, que aborda la contaminación ambiental y la situación de las miles de personas que vivían en los barrios marginales del Río Quibú en contraste con la planta descontaminante que se había construido a la entrada del reparto Cubanacán; del 1460, que se refiere a la situación de los albergados en la capital. Otros retirados fueron el 1353, el 1358, el 1383, el 1401, el 1403, el 1410, el 1464, el 1466, el 1467 y el 1488. Padrón es el autor de la revista No.1 del Noticiero que lleva el título “La Habana no aguanta más”, que reflexiona sobre el problema de la vivienda en Cuba y específicamente en la capital, archivada sin haber logrado exhibirse ni una sola vez.

La década del ochenta resulta más compleja de lo que algunos suponen. Nos movíamos entre el éxodo de Mariel y los mítines de repudio por un lado y la epidemia de dengue hemorrágico por otra, entre las amenazas que suponía Reagan y la nueva derecha, incluida la teoría de “golpear la fuente de los movimientos latinoamericanos,” es decir, a nosotros, y un periodo de bonanza en que pareció que la utopía se estaba convirtiendo en realidad para enterarnos más tarde durante el proceso de rectificación de errores que había sido un espejismo; entre la pérdida de Granada y Nicaragua y la victoria de Cuito Cuanavale y el fin de apartheid. Es la década que concluye con la caída del muro de Berlín.

Sin embargo, en el ámbito cinematográfico se produjeron hechos que repercutirían de una manera determinante en la década de los noventa. Estos son la fundación de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, la formación de los grupos de creación del ICAIC, y la paralización de la industria cinematográfica incluido el ICAIC entre 1989 y 1990. Y ya en los años noventa la creación de la Escuela de Cine, Radio y TV del Instituto Superior de Arte. Todo esto combinado con la irrupción del video y la técnica de edición no lineal, cambió drásticamente la manera de concebir el cine.

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jagb 15/08/2009 @ 11:30

LOS AÑOS 70: ¿LA TABLA DE LOS COLORES GRISES?
Por Marina Ochoa

Siguiendo la metodología de contextualizar las décadas, diremos que los años 70 no son menos complejos que los anteriores y entran precedidos por el Congreso Cultural de La Habana—evento que se caracteriza por una gran pluralidad, por la presencia de numerosos intelectuales europeos, y porque boceteaba un clima cultural que no llegó a pasarse en limpio—por la celebración de la Conferencia Tricontinental, y por la creación de la OLAS, Organización Latinoamericana de Solidaridad, momento en que nos desmarcamos de los partidos comunistas latinoamericanos de corte estalinista.

Ya a mediados de 1969 se inició la Zafra de los Diez Millones de toneladas de azúcar que no se alcanzan y el gobierno de Nixon aprueba el Plan Torriente que contempla “resolver el problema cubano” con una invasión militar, lo que mantiene a la Isla en un permanente estado de alerta que contribuye a conservar un alto contraste en todas las esferas de la sociedad, de la cual la cultura no escapa (4). Y se produce la polémica en torno a premios UNEAC, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de ese año (Fuera del juego, de Heberto Padilla, y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat) a partir de la cual se desencadena una serie de fuertes críticas contra otros intelectuales y se va creando un clima previo al Congreso de Educación y Cultura de 1971 en el que gana terreno la corriente del mimetismo con el proyecto cultural soviético, lo cual afectó todas las esferas del arte, en especial el teatro y la literatura. En el caso del ICAIC no prospera momentáneamente la crítica a su política de producción y exhibición, aunque se mantuvo latente, esperando la más mínima vulnerabilidad para manifestarse. Se cierra la revista Pensamiento Crítico, triunfa el Gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende que en septiembre de 1973 es derrocado en medio de un brutal baño de sangre, mientras que Estados Unidos pone en marcha la Operación Cóndor que persigue el acoso y eliminación de las izquierdas al sur del Río Bravo.

En 1975 se celebra el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, PCC, y se presentan las Tesis sobre el Arte y la Cultura que lograron evitar la adopción del realismo socialista como política cultural de la Revolución y se crean el Ministerio de Cultura y el Instituto Superior de Arte. No obstante, los ideólogos criollos del mimetismo lo imponen en los sectores de la cultura donde tienen ascendencia. En 1974 comienza la participación de las tropas cubanas en la guerra de Angola, y en ese mismo año Leonid I. Brezhnev visita la Isla. En 1976 tienen lugar la voladura del avión de Barbados, la constitución del Poder Popular y José Elías de la Torriente convocó con éxito a las organizaciones del exilio que conspiraban para derrocar el gobierno revolucionario para una nueva invasión y logró el apoyo del gobierno de Nixon. Recaudó fondos de dichas organizaciones y de otras norteamericanas interesadas a las cuales estafó pues invirtió ese dinero en bienes raíces en su propio beneficio. Murió asesinado en su casa, al parecer por encargo de una de las organizaciones embaucadas.

Ya en 1970 de los veintiséis documentales que se terminaron en ese año, diecisiete (el 65%) reflejaban descriptivamente la realidad que abordaron. Incluso los tres documentales premiados nacional y/o internacionalmente en ese año describen (1868-1968 de Bernabé Hernández, Bagazo de Juan Carlos Tabío y Piedra sobre piedra de Santiago Álvarez). Solamente cinco documentales fueron de análisis y dos experimentales.

Antes de continuar es importante definir los conceptos “describir,” “analizar,” “experimental” tal como se están aquí aplicando. Asumimos “describir” como el acto de definir una cosa por sus atributos no esenciales. No busca una relación causal ni las condiciones que determinan los hechos o fenómenos. Puede explicar, reseñar, detallar, especificar, definir, delinear, referir, retratar, sintetizar. Describir excluye la crítica e implica que el sujeto se coloca frente a la realidad y la recepciona y refleja sin analizarla. En el caso de “analizar” se trata de descomponer la realidad en las partes o principios simples que la constituyen. Distingue y aísla las partes, las estudia y examina las relaciones entre ellas y también con el todo para devolvernos en un proceso de síntesis la realidad que está más allá de las apariencias. Supone un sujeto actuante. “Experimental” implica búsqueda práctica. Generalmente parte de la voluntad y la intuición. Se ensaya, se intenta, se tantea, se prueban caminos, más bien estéticos en el caso de nuestro cine documental. Puede a su vez ser descriptivo o de análisis. Ya para 1975 el número de documentales descriptivos crecía hasta llegar a 36 (el 76% de la producción que excedía a la de 1970 en veintiún documentales), mientras que los de análisis sólo superaban en dos a la cifra del primer año de la década para un 15% y la cifra de los experimentales se mantenía sin crecimiento. En el año final del decenio la producción de cine documental había caído a 35 de los cuales 32 eran descriptivos, y dos de análisis y uno experimental. Pero, además, los temas propiamente extranjeros habían pasado de cuatro en 1970 a siete en 1975 y ya eran doce en 1979 y los de temas propiamente culturales habían ido de cero en 1970 al 23% en 1975 para terminar en un 28% en 1979.

¿Por qué esta desproporcionada relación entre los documentales descriptivos y los analíticos? Según mi criterio y en mayor o menor medida coincidente con el de otros realizadores, críticos y especialistas, el excesivo protagonismo y control de las instituciones estatales y políticas en cuanto al tratamiento de los temas en el contexto ya descrito desempeñó un rol determinante y afectó profundamente no solo el discurso del cine documental, también el alma. Tampoco contribuyó la reorganización de toda la estructura de creación y producción en un aparato muy centralizado, la Dirección de Programación Artística. Este tipo de estructura, aparentemente muy funcional, es dependiente en cuanto a la eficacia de su gestión de las características individuales de quien las preside, si es lúcido o de estrechas miras, si audaz o conservador, si respeta el derecho a las diferencias o lo quiere reducir todo a una gris homofonía monotonal.

Los premios obtenidos en esa década también pueden ayudarnos a completar una idea de lo que estaba pasando, aunque no puede tomarse aisladamente puesto que, entre otras cosas, el documental que compite en cualquier certamen internacional ha pasado por una selección previa, no en todos los casos afortunada sobre todo si ha respondido a criterios coyunturales. Y además porque no todas las plazas donde se obtenían algunos premios eran verdaderamente relevantes si hablamos de reconocimiento de valores propiamente cinematográficos.

Resulta interesante conocer que la producción de esa década fue de 360 documentales y se recibieron 70 premios, ahora bien 48 de esos premios, se concentraron en seis realizadores para casi un 70%, y así tenemos a Bernabé Hernández, absolutamente negado a las generaciones más jóvenes gracias a la desmemoria de los que tenemos la obligación de no olvidar, con 11 premios por 1868-1968, Condiciones inseguras,
El hurón azul, Che comandante amigo, Douglas y Jorge, y La infancia de Marisol; Octavio Cortázar con diez por Sobre un primer combate, Hablando del punto cubano, El programa del Moncada y Con las mujeres cubanas; Santiago Álvarez con siete por Piedra sobre piedra, Cómo por qué y para qué se asesina a un general, La estampida, El tigre saltó y mató... pero morirá, Y el cielo fue tomado por asalto, El primer delegado, Morir por la patria es vivir, El tiempo es el viento, Mi hermano Fidel, El desafío y Tengo fe en ti. Luis Felipe Bernaza no se queda atrás con ocho premios por Mundial de pesas, Golpe por golpe, Azul marino, De donde son los cantantes, Ignacio Piñero, y Qué dice usted; ni Humberto Solás quien obtiene cuatro premios por Simparelé y Wifredo Lam. Miguel Fleitas recibe cuatro por Etiopía, Diario de una victoria, La guerra de Angola y Varadero; Melchor Casals, cuatro, por Los pinos nuevos, Sulkary, Ver la vida, y Arrieros. Otros realizadores galardonados en esta década respectivamente con tres premios fueron Jesús Díaz por 55 hermanos y La tierra de las muchas aguas; Rolando Díaz por Redonda y viene en caja cuadrada, Panamá quererte, Medellín 78 y 45 días, y Sergio Núñez por Más vale precaver, 16 años después y La casita.

Otros directores fueron premiados con dos cada uno: José Massip y Rigoberto López, mientras que Tomás Gutiérrez Alea (Titón), Héctor Veitía, Orlando Rojas, Daniel Díaz Torres, Constante (Rapi) Diego, Idelfonso Ramos, Marisol Trujillo, Fernando Pérez, Santiago Villafuerte, y Rogelio París, tuvieron uno, y Manolito Herrera y Rebeca Chávez, uno compartido.

En esta década arribaron al ICAIC un grupo de graduados universitarios, casi todas mujeres, que se vincularon a la investigación y asistencia de dirección, fundamentalmente, los que pensaron tener abiertos ante sí todos los caminos artísticos. Otro hecho a tomar en cuenta fue el debut como realizadores de “los jóvenes pero no tanto”—si comparamos sus edades con la de los egresados de estos tiempos—, muchos de los cuales ya tenían un curriculum importante como asistentes de dirección, en algunos casos portadores de otra impronta que cuajaría en los 80: Fernando Pérez, Victor Casaus, Rigoberto López, Orlando Rojas, Daniel Díaz Torres, Constante Diego, Jesús Díaz, Rolando Díaz, Pepe Padrón, Melchor Casals, y... ¡oh prodigio, dos mujeres!: Marisol Trujillo y Rebeca Chávez.

¿Cuánto daño causó el mimetismo con un bosque ajeno al gran árbol que constituye la cultura cubana? ¿Cuán vulnerables nos hicimos cuando algunas de nuestras raíces fueron abjuradas? ¿Cuánto de nuestras dificultades al enfrentar los intentos neoliberales de homogeneizar nuestra cultura tienen sus antecedentes en esta década en la que un proceso de idealización ingenua identificó una ideología con una cultura? La década del 70 debe ser estudiada con urgencia. Nuevamente la interpretación coyuntural de los conceptos “dentro” y “contra” en el ámbito de la cultura socavan un análisis desprejuiciado.

DE GUSTAVO ARCOS RESPONDIENDO A ABELARDO MENA

jagb 14/08/2009 @ 17:54

Juany:

Aquí te van algunas observaciones personales sobre los diferentes asuntos que últimamente se han venido tratando en el blog, espacio que, por cierto, ha tenido un prolífico verano atendiendo a las numerosas entradas, interrogantes y criterios expuestos.

Abelardo indagaba por la existencia o no de una memoria digital editada por el ICAIC, que recogiera los materiales significativos de su producción. No existe por el momento tal cosa. La industria llegó tarde a la digitalización, y los procesos de remasterización y sonorización basados en los nuevos estándares mundiales, se han ejecutado de forma muy lenta. Por tal motivo la comercialización de esas obras es insuficiente y errática.

Apenas hay tiendas o espacios con una identidad definida donde puedan encontrase tales obras y me atrevería a considerar como una mayúscula irresponsabilidad cultural que películas claves dentro de la historia cinematográfica de la nación, auténticas obras de probado valor estético y artístico como “Memorias del Subdesarrollo”, “Lucía”, “La muerte de un burócrata” o los principales documentales de Santiago Álvarez por solo citar algunos, solo pueden encontrarse en las tiendas en divisa. Como mismo, el propio Estado ha diseñado estrategias culturales y comerciales que permiten a la población adquirir en moneda nacional ediciones de las obras cumbres de nuestra literatura, música o plástica, se ha mantenido indiferente ante las obras cinematográficas. La única promoción a gran escala de una material en soporte digital comercializado en moneda nacional corresponde al DVD de… “Kangamba”!!!!!!!.

Tímidamente se han realizado en los años recientes, DVD de los llamados clásicos del cine cubano, que como ya dije solo pueden adquirirse a precios altos y en escasas tiendas. La mayor parte de la obra fílmica del ICAIC espera por la inversión económica que haga posible su digitalización. Pero hay que tener en cuenta que para digitalizar hay que primero conservar en los archivos, de forma adecuada y especializada, copias de estas obras. Tenemos entonces un grave problema, el extraordinario archivo fílmico del
ICAIC, posiblemente unos de los más ricos del mundo, está siendo salvado en artículos mortis. Considerado recientemente como Patrimonio Fílmico de la Humanidad por la UNESCO, se ha iniciado un proceso, cual película de Griffith, de rescate a último minuto. Los resultados prácticos de este salvamento están aún por ver.

El "mercado negro" ha sabido aprovechar ese vacío, distribuyendo de forma ilegal y mayormente con lamentable calidad, muchas de nuestras películas, convirtiendo de manera artesanal filmes cubanos desde soportes VHS, hacia discos digitales. Hoy no existe en la isla ningún sitio o espacio que permita a los investigadores, estudiantes, críticos o simples espectadores, visualizar de forma organizada y eficaz la obra fílmica o audiovisual de la nación. No hay videotecas, ni salas especializadas en cine cubano. La única escuela de cine que hay en Cuba, la del Instituto Superior de Arte (la de San Antonio tiene otras características) no dispone de mediateca, solo de un pequeño cuarto, donde se acumulan decenas de filmes en soporte VHS, algunos de los cuales, aquellos de factura nacional, han sido entregados por el ICAIC.

Se han producido varias tesis sobre autores, filmes o períodos de nuestro cine. En este mismo blog, Mario Piedra y yo hemos hecho comentarios acerca de ello. Esos textos se hayan guardados en las gavetas de sus autores, pues no han sido editados o publicados. Sin embargo hasta donde sé, no se ha estudiado en profundidad, el cine documental cubano desde esas aristas que propone o sugiere Abelardo Mena. Esa otra historia del Cine Cubano espera aun por su escritura, y aunque Juany y otros, con sus libros o escritos han desbrozado el camino, queda mucho terreno aun por escudriñar, zonas inexploradas que permitan comprender un poco la relación evidente o subterránea, entre nuestro cine y los traumáticos procesos sociales o políticos que ha vivido la nación.

Un abrazo,

Gustavo Arcos