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Categoría: FESTIVAL DE GIBARA

HUMBERTO SOLÁS Y CARLOS BARBA CONVERSAN

jagb 11/10/2009 @ 14:31

En su momento se me escapó llamar la atención sobre este fragmento de entrevista colgado en el blog de Carlos Barba, a propósito del primer aniversario del fallecimiento del cineasta. Un buen anticipo de lo que podremos encontrar en el documental que ahora mismo iniciara con César Evora, titulado “Humberto”.

JAGB

Fragmentos de una entrevista inédita a Humberto Solás, realizada en abril de 2007, en Gibara, y que aparecerá íntegra en el libro "Cuaderno de entrevistas del Cine Cubano" y en el documental "Humberto", ambos en fase de preparación.

"La noche del estreno de Miel para Oshún, aquí en Gibara, que fue una noche muy contradictoria, porque yo había hecho una secuencia donde se robaban una bicicleta, y la bicicleta era robada aquí en Gibara, que es una de las ciudades con menos delincuencia en toda la Isla y nunca habían robado una bicicleta y a mi se me ocurre ubicar a Gibara como escenario de esa secuencia, que podía ser Gibara u otra población de Cuba. De todas maneras era contradictorio porque yo había seleccionado Gibara como locación para unos veinte minutos de la película y se le daba relieve a la ciudad. Pero cuando el público de Gibara vio aquella escena, al final yo sentí que la película no había funcionado entre los espectadores y me pongo a averiguar y era que estaban, con mucha razón, disgustados porque es una ciudad que es un paradigma de comportamiento civil y yo había puesto el único robo, el único acto delictivo que ocurría en la película, lo situaba aquí. Inclusive, esa noche me iban a entregar un premio, me nombraban o me daban la llave de la ciudad, me nombraban algo y lo guardaron en una gaveta. Pero mientras eso ocurría, que yo me daba cuenta que algo malo estaba pasando, ya yo durante la proyección había imaginado la idea de un festival y les lancé la idea de hacer un festival en Gibara, anual, donde se exhibieran películas de muy bajo presupuesto, donde hubiera límites para la entrada de esas películas, y desde luego que le gustó la idea, ahí comenzó toda una aventura que culmina en este primer lustro, pero donde yo, para terminar respondiendo tu pregunta, tuve quijotescamente que enfrentarme a todos los dragones, a toda la mordacidad, la sorna, la risa, el escarnio, de mucha gente que se burlaba de la idea de un festival de películas pobres, de películas hechas con muy modestos recursos (...)

No vamos a confundirnos, en el Cine Pobre no hay ortodoxia, aquí nadie está obligado a una ideología estética, ética, no, Cine Pobre es cada uno hace su cine, su estilo, su género, como quiera hacerlo, como prefiera, no es esa cosa cerrada de Dogma en los países escandinavos que te dicen que no puedes hacer ésto, no puedes hacer lo otro, ¿qué tontería es esa?, aquí cada uno hace el musical, la comedia de costumbre, la comedia mordaz, satírica, de la sociedad contemporánea o el drama social, la tragedia, lo que tú quieras hacer, el género que tú quieras, documentales…, pero la única prédica es una ética de cineasta y utilizar modestos recursos que son los únicos que tienes a tu alcance, y el no tener grandes recursos no significa que tú te detienes, o se aprovechen de ello los productores de todos lados, para que tú no hagas tu obra, porque a lo mejor tú eres considerado un individuo que haces una obra incisiva, cuestionadota, polémica y eso tú sabes…, que no hay mejor censura que la de Hollywood, y la que tienen todos los países después de Hollywood, es decir: “Este proyecto es muy costoso, señor, no tenemos ahora el dinero, vamos a ver si dentro de cinco años tenemos los recursos, y el público este tipo de proyecto no lo asimila, la gente que va al cine tiene entre 14 y 20 años”. Estos son los malabarismos que utilizan las industrias y los estados, las instituciones supuestamente “altruistas”, “filantrópicas” y de “mecenazgo cultural”, para cortarle la lengua a los autores.

(...) aquí no se predican los diplomas, aquí tienen que ser premios que signifiquen que el realizador o realizadora se van a alimentar con tranquilidad por lo menos seis meses, ellos y su familia, o van a tener un instrumental tecnológico que les va a permitir mejorar la calidad de sus trabajos y ahorrar en recursos económicos, para que no gasten dinero alquilando equipos, etc; yo no favorezco en este festival el hecho de no otorgarle nada material a los autores: ¿usted quiere dar premios?, no se aparezca con las manos vacías, de un premio en tecnología o en metálico, afortunadamente tenemos 10 premios con esa consistencia, que son los premios fundamentales, que, de arriba para abajo, comienzan con el de Swiss Effetcs, que es el premio del ampliado a 35 mm, equivalente a unos 15 000 €uros, y hay premios más pequeños de 1000 €uros, que le viene muy bien a los cineastas, o también 1000, 2000, 5000 €uros en tecnología, con 5000 €uros tú te puedes hacer de un buen equipo, una buena cámara, un buen sistema de montaje de edición o de programas de edición, en fin, eso es lo que aspira el Festival. Los pequeños eventos tenemos que hacer eso porque Cannes es el único Festival que te da trabajo, cuando tú te llevas la Palma de Oro de Cannes, puedes esperar que vengan tres productores a decirte: ¿Qué película quiere hacer ahora?, porque Cannes da dinero, el Oscar, también, pero de ahí para abajo, ni Venecia, ni ningún festival te da la posibilidad de continuarte en la profesión, entonces existen muchos pequeños eventos que son para atraer turistas a la ciudad, porque las autoridades o los negocios de la ciudad van a prosperar e inventan un festival. Gibara no se hace por estos motivos, no tenemos esa estructura de pensamiento ni económica, se hace para favorecer un determinado tipo de cine alternativo, independiente, libertario, y justamente la prédica va unida a la praxis, aquí los premios deben ser todos en especies(...)

(...) cuando yo después de ese letargo obligatorio en que me tuve que sumir a los 50 años que es la edad mejor que puede tener un director de cine, entre los 50 y los 60, estadísticamente está considerado así, cuando yo regreso al cine gracias a la revolución tecnológica, no a una revolución social, sino tecnológica, yo descubro muchas cosas que también me inspiran a hacer el festival: al no tener el coproductor que esté arriba de mi diciéndome que tengo que tener a la actriz o al actor tal, porque ni él tiene dinero para traerme a nadie ni pagar el billete de avión de ningún actor, voy adquiriendo cada vez más libertad, y cada euro o dólar que se va ahorrando, es un euro de libertad, es un dólar de libertad, entonces descubro que el Cine Pobre te da una gran libertad de autor, como artista tú eres muy libre lo que te tienes que acomodar a un presupuesto y no hacer la historia de la Revolución Francesa como yo tuve el privilegio de hacer en un momento determinado o hacer el gran clásico de la literatura cubana de siglos anteriores, como fue Cecilia, El siglo de las luces, o sea, adaptándote a tu realidad, a tu presupuesto tú tienes una libertad con la cual yo nunca gocé hasta ese momento(...)

El Festival se propone una multivalencia, ha ido como haciendo pequeños laboratorios, primero fue con la música, que todos los años vienen, por ejemplo tener a Carlos Varela, Kelvis Ochoa inaugurando el Festival todos los años, ¡Dios Mío!, un hombre como Carlos, que hace un concierto cada dos o tres años y que la gente duerme frente al teatro Carlos Marx la noche anterior o dos noches anteriores para conseguir asiento, pues aquí él viene todos los años e inaugura y como él una pléyade de artistas que no los puedo nombrar todos, porque realmente es impresionante; lo cierto es que el Festival se ha convertido en un paradigma de actividad musical de vanguardia y música popular, y para mi la vanguardia es Cándido Fabré también, aquí no hay prejuicio, es la gran música cubana que puede ser Cándido Fabré, que puede ser Kelvis Ochoa, no se extrañen que Pablito Milanés o Silvio Rodríguez vengan en próximas ediciones, Omara Portuondo estuvo ayer aquí, en este maravillo lugar que es el teatro Ordoño que nunca se acaba de reconstruir, a pesar de que todos los años me dicen que tienen el presupuesto y los materiales, no se qué pasa, habrá razones técnicas, porque los gibareños aman mucho su ciudad y su patrimonio, alguna razón hay, a mi modo de ver tiene que ser presupuestal o técnica, llevamos cinco años, el presupuesto creo que ya el año pasado estaba consolidado y realmente no se ve el avance. Pero bueno, los pintores, presididos por Alicia Leal, Bejarano, bueno, en fin, la pléyade de fabulosos pintores que vinieron este año que fueron seis e hicieron una intervención aquí en el teatro, lo adornaron, lo engalanaron, con las obras que estamos viendo por allá atrás, que ahora van a formar parte del patrimonio de la ciudad, y el Festival logra ya ir consolidando un proyecto que el año que viene ya para mi va a ser oficial: El Festival del Cine Pobre invita a manifestaciones de las artes plásticas, manifestaciones musicales, y manifestaciones de artes escénicas: ballet, danza y teatro dramático, para que el año próximo sea multidisciplinario el Festival, en tanto todos estamos concientes de que el cine es una suma de todas estas artes, como decía Eisenstein, incluye la ópera, mira, ayer anoche, sábado, hubo teatro lírico, es decir, toda la idea Eisenstaniana de que el cine era, algo que también era obvio pero que la gente no tenía mucha conciencia en ese momento, de que era la pintura, la escultura, el movimiento, la pintura en movimiento, el teatro magnificado por el montaje, un teatro que se desplaza por diez mil localizaciones, que puede saltar de un plano al otro, de un continente al otro, y entonces lo lógico es que el Festival no sólo sea de cine sino de todas las artes que contribuyen y que a su vez, en el último siglo, el arte cinematográfico ha influenciado también a la pintura, el cine ha influenciado a la literatura, a la música, al teatro, a las artes plásticas, eso lo vemos por doquier, la interacción que hay, entonces el teatro Ordoño yo espero que con esta intervención de los pintores, y cuantas haya que hacer, logremos el objetivo de que se consolide y podamos hacer aquí lo que yo sueño: durante el Festival hacer en las mañanas exhibición de documentales y quizás algún que otro largometraje, en una sala bellísima, y en las tardes y las noches hacer actividades culturales con los talentos que nos visiten y que invitemos o que vengan espontáneamente. Otra cosa importante que el Festival se planteó desde el primer año: que la ciudad de Gibara acogiera una colección de arte contemporáneo cubano que fuera solamente superada por la colección habanera del museo, yo creo que ya se logró, con estas primeras, fíjate, Nelson Domínguez hizo dos obras, Agustín Bejarano seis obras, Alicia Leal por el estilo, y todos por el estilo, William Hernández, Rafael Pérez Alonso, Aziyadé Ruiz, la esposa de Bejarano, una gran pintora también, y la muchacha Nadia, que hace el performance Maraya Shells, que es una gran pintora también, es decir, ya la mejor colección de arte contemporáneo cubano, fuera de La Habana, está en Gibara, en total son como quince obras que ya entran en la galería permanente de la ciudad de Gibara, que maravilla, pero eso no se queda ahí, porque el año que viene ellos regresan e invitan a otros seis pintores para hacer las intervenciones en la ciudad, ah, ¿creemos que la INIT ?, pues ahí nos vamos a engalanar y recordamos que hay que restaurar la INIT y esas obras el museo las va recibiendo, el local es espléndido, los salones son inmensos, los van a remodelar ahora, los van a mejorar y ahí van a estar colgadas ya las primeras obras, dentro de un mes, y realmente lo vamos a inaugurar oficialmente en la próxima edición del Festival, está en la calle Independencia, en los bajos del museo colonial. Nelson Domínguez vino de jurado este año, pero muy pícaramente le dijimos: Tú te vas a quedar atrás, todos los muchachos pintando, ¿y no nos vas a dejar dos obras en Gibara?, porque Nelson es un hombre de muchos compromisos internacionales, traerlo aquí es un éxito, que haya estado en La Habana en ese momento, que haya podido venir, que no haya tenido una exposición, de hecho le comenzamos a hacer un documental (...)

Bueno lo de mis collages..., eso es una tontería, eso es una manifestación, es como una terapia que yo hago que he tenido la desvergüenza de exponerlo ahí y yo me he divertido mucho haciéndolo porque me ha quitado… Mira, en once años sin hacer cine y haciendo unos cursitos por ahí para poder sobrevivir, pues mi hobby ha sido dibujar cosas, coger una tijera, cortarlas, pegarlas (...) para mi ha sido divertido sobre todo cuando estoy en las sesiones de seminario y miro los cuadritos, yo me acuerdo muy bien el día, más o menos, la etapa en que lo hice y me digo: Estoy vivo, puedo hablar de cine y estoy aquí haciendo una actividad social importante, que nunca es suficiente, Carlitos, te lo juro..."

ALGUNAS IDEAS Y PROVOCACIONES EN TORNO AL CINE POBRE

jagb 23/04/2009 @ 14:42

Una de las virtudes que más respeté de Humberto Solás (en presente: la sigo respetando tanto como su talento cinematográfico), fue su capacidad para estimular y aprovechar ideas que no siempre coincidían con las de él. Al menos sucedió conmigo: polemizamos un par de veces, pero cuidando no perder de vista al individuo. Nunca abusó de su indiscutible autoridad con el fin de imponer entre nosotros una infecunda armonía. Para Solás, discutir era un deber intelectual. Lo otro, estériles devaneos del ego.

Recuerdo que alguna vez le hablé en público (allí mismo, en uno de sus festivales de Gibara) sobre mi preocupación de que “la apología de un cine pobre” trajera como consecuencia la “satanización de todo lo que no fuera pobre”. Y también recuerdo haberle sugerido que alguna vez el Festival proyectara un ciclo de aquellos momentos en que el cine norteamericano había alcanzado grandes éxitos apelando a un modo de producción disidente del modelo hegemónico. No lo noté tan escandalizado como algunos de esos fundamentalistas del gusto estético quisieran imaginar cuando se menciona al “cine del enemigo”.

En realidad, presiento que de estar vivo Humberto Solás estaría encantado de abordar con espíritu crítico todo lo que tuviese que ver con las posibles maneras de promover un cine combativo (no adormecedor), pero efectivo en el plano artístico, que es decir, comunicativo. Porque al menos como yo lo entiendo, la filosofía de su Festival no está en proponer un tipo de audiovisual que, por el hecho de contar con menos recursos, ya está legitimado. ¿Qué sentido tendría fomentar prácticas cinematográficas que solo tienen la pretensión de ser consumidas en un espacio concreto (Gibara) y durante un tiempo efímero (lo que dura el evento?).

Por suerte, el Festival (que deja a un lado todo lo que huela a altisonante alfombra roja), está concebido para proyectarse en una comunidad: en ese contexto, se supone que todos cambiamos un poco porque ya formamos parte de esa comunidad… En esos días no solo hemos visto películas: también hemos vivido de otro modo. Y es muy interesante, pero muy interesante, lo que sucede con esa fusión de expresiones tan diversas como pueden ser las artes plásticas, la música, y el cine. Creo que si sobre todo nuestros jóvenes cineastas prestaran la atención debida a las sutilezas de lenguaje que encontramos en muchas de las obras plásticas que se exponen, y a las canciones que se escuchan en los conciertos organizados en la Plaza Da Silva, podríamos pronto encontrar un “cine pobre” verdaderamente renovador en cuanto a modos de contar.

Hay una evidente contradicción entre el hecho de que el cine hegemónico dilapide millones y millones de dólares para contar una historia que será consumida por otros millones y millones de personas que nunca tendrán acceso a un nivel medio de calidad de vida, y que lejos de ayudarlos a tomar conciencia de esa situación, los narcotiza al extremo de hacerles creer que las injusticias que padecen son naturales: que no hay que pretender erradicarlas.

Contra esa contradicción obscena han reaccionado sistemáticamente un conjunto de cinematografías y movimientos que han querido poner en pantalla a la realidad sin afeites, la cual incluye a esos mismos pobres que (allí comienza la otra contradicción) justo porque se reconocen como son, evitan el encuentro con ese cine. Si la realidad ya es dura, piensan, ¿para qué ir a verla en un sala, y filmada por quienes generalmente no viven en condiciones tan precarias?

Este razonamiento del espectador de a pie por lo general no se tiene en cuenta por los espectadores ilustrados (críticos, jurados, cinéfilos con gran cultura audiovisual), quienes optan por impulsar políticas culturales en las cuales se congregan casi todas sus sensibilidades y aspiraciones supuestamente superiores, pero sin detenerse a examinar la complejidad del público. Es decir, todas las iniciativas se encaminan a descalificar el “cine del enemigo” mediante la creación de espacios alternativos donde puede verse aquello que las elites se encargan de mantener en las sombras.

El problema sobreviene cuando se comprueba que ese cine contestatario apenas ha conseguido penetrar los marcos habituales de consumo mayoritario. Esto que digo no es nada nuevo, y puede explorarse con mucha más profundidad en lo que escribieron en 1980 varios cineastas latinoamericanos (incluido Solás), convocados por el Festival de La Habana con el fin de estudiar la necesidad de una nueva dramaturgia en el cine de la región, capaz de retener (o más que retener, ganar) la atención de ese espectador al cual se supone que está dirigido esa producción.

El propio Humberto, a propósito de uno de los artículos que escribiera para una de las convocatorias del Festival, argumentaba que “a un Cine Pobre, invisible, marginal o contracorriente, deberá acompañarle un sistemático cuerpo teórico-crítico que se enfrente a la bien remunerada literatura cinematográfica de la elite. Para que nuestro cine alcance presencia y corporeidad, tendríamos que encontrar nuevos vehículos de colocación de la obra audiovisual en el contexto internacional”.

Creo que a Solás le preocupó detectar que muchas veces en el llamado “cine pobre” (ese que en principio habla de realidades más sumergidas y ríspidas, y con menos dinero), se recicla la misma retórica que en el cine hegemónico, la cual suele descansar más sobre la emoción (conseguida a base de un retrato que mueve a la compasión por los problemas de los pobres, pero que no moviliza a la solución de esos problemas) que sobre la razón. Negar ese lenguaje cercano al de Hollywood no tiene demasiado sentido si lo que se pretende es llamar la atención del espectador común (que incluye a los más pobres); como tampoco tendría sentido competir con ese lenguaje o intentar imitarlo, pues si bien es cierto que hoy es más fácil hacer una película sobre el Titanic, gracias al abaratamiento de las cámaras, las nuevas tecnologías, etc, no todo el mundo tiene los millones de James Cameron para colocar esa cinta en el escenario mundial.

Sin embargo, no hay que olvidar que Hollywood ahora mismo está muy lejos de vivir sus mejores momentos. No solo se sabe que las nuevas tecnologías están erosionando los antiguos paradigmas de producción y recepción, sino que se vive una crisis tan descomunal dentro del sistema socio-económico que lo alberga, que también se tambalea la confianza en ese cine escapista tan poblado de superhéroes y efectos especiales. Pareciera que el espectador precisa otra vez de aquel “neorrealismo” en el cual se podían identificar las historias más cotidianas, solo que si antes “los pobres” se percibían en una dimensión algo lejana (eran europeos traumatizados por la guerra, por ejemplo), ahora esa sensación de “perdedores” puede antojarse más familiar.

En medio de esta coyuntura pudiera precisarse un poco mejor a qué nos referimos cuando se habla de “cine pobre”, y a quién se quiere llegar realmente con esta producción. Para mí está claro que detrás del festival no hay el más mínimo interés de legitimar el no acabado artístico, pero a mi juicio no basta hablar solo de las películas que se pueden conseguir (y que casi siempre se mira como lo opuesto de eso inefable que llamamos Hollywood).

El “cine pobre” ha de pretender la revolución del lenguaje audiovisual, pero también la revolución en los modos en que hasta ahora se ha estado promoviendo la recepción de esta expresión artística. En otras palabras: se trata de pensar por igual las películas que se hacen y las maneras de seducir a ese espectador que se pretende conquistar. Pensar el “cine pobre” no como el fin, sino como el medio para insertarnos en ese todo más complejo que al final se llama vida, y que es lo que agradecería el público, pues, ya lo dijo alguien, las películas son hermosas, pero no curan el cáncer.

Por eso es que me parece tan valioso que en un mismo certamen como el de Gibara puedan competir cuatro películas tan diferentes como “El camino” (2008), de Ishtar Yasin Gutiérrez, “Querida Bamako” (2007), de Omer Oke y Txari Llorente, “La anunciación” (2008), de Enrique Pineda Barnet, y “Los dioses rotos” (2008), de Ernesto Daranas. Algunos extranjeros no pudieron disimular su desconcierto con esta última (pasó lo mismo en el Festival de La Habana), y me he preguntado si no estará pesando en la recepción de ese filme (y de otros que apelan a un lenguaje más cercano a los códigos que consume el más común de los espectadores) todo un grupo de prejuicios que predispone a buscar lo que ya se tiene en mente, antes que descubrir eso que ahora mismo nos anuncia que los tiempos van cambiando.

No digo que “Los dioses rotos” sea el único sendero a seguir por aquellas producciones que pretendan apartarse del modelo de representación hegemónica. Ni siquiera digo que sea un camino que no ofrezca motivos para el señalamiento, toda vez que no es una cinta perfecta (¿cuál la es?). Lo que me entusiasma de ella es el modo en que consigue la comunicación con su público (a todo lo largo del país), sin ser exactamente un relato convencional. Y eso es un dato que los que defendemos “el otro cine” no deberíamos perder de vista.

¿Que los extranjeros sienten que esa no es la Cuba que tradicionalmente se ha visto en las grandes películas del ICAIC?, ¿que ese no es el lenguaje canónico propuesto por el ICAIC fundacional? Pues yo propondría que los extranjeros, además de ver la película, se sintieran motivados a entender cuáles son las razones más íntimas que mueven al público cubano a identificarse con esa cinta. Que sería lo mismo que un crítico cubano debería hacer para entender por qué algunas películas de Woody Allen (tan neoyorquinas) alcanzan ese tremendo éxito entre los que conocen ese mundo, pero no la Gibara profunda…

Aquí tendría que aclarar algo que me parece sobra, pero que aún así lo digo: no estoy por el populismo, o por el desgano a la hora de experimentar con el lenguaje. De hecho, una de las películas que estaba en competencia que más me sedujo fue “El camino”, cinta que no solo cuenta una historia dura y a ratos asfixiante, sino que lo hace con un estilo muy parecido a “la estética de aquí no pasa nada”, que en mi criterio es muy coherente con la desesperanza que acosa a los vulnerables protagonistas. Nos pueden gustar menos o más los resultados, pero es de aplaudir la osadía de los realizadores, dispuestos a no hacer concesiones en sus deseos de mostrar la realidad tal como la perciben: desde el suelo.

En tres de las películas que mencioné (“El camino”, “Querida Bamako”, y “Los dioses rotos”) hay algo de común: la pantalla es habitada por perdedores sociales. Las circunstancias, desde luego, están bien lejos de ser idénticas. Es evidente que no es lo mismo el calvario que viven los africanos que emigran a Europa, o las vicisitudes de la niña de doce años y el hermano menor de “El camino”, que las contradicciones en que se ven atrapados los protagonistas de “Los dioses rotos”. Son historias diversas a las que no habría que medir en función de una importancia construida según los parámetros que fomenta más la buena voluntad, que la exigencia artística. En todo caso hay que tener en cuenta si se narra bien o mal, pues se puede hablar de las realidades más terribles, y hacerlo con tal torpeza, que no conmueve ni a protagonistas ni espectadores de esa realidad. Por eso, a modo de provocación final, haré la siguiente pregunta: ¿tendrá sentido un “cine pobre” que ni siquiera pretende comunicarse con los pobres?

En este punto me parece estar escuchando ya a Solás, con voz grave, repitiendo aquello que encabezaba su famoso “Manifiesto del Cine Pobre”. Lo veo con su pelo blanco, debatiéndose entre aspirar una bocanada más del cigarro que acaba de prender y los deseos de animar hasta el infinito la polémica. Al final, lo domina lo segundo, y entonces lo escuchamos repetir: “ACLAREMOS LOS MALENTENDIDOS. Cine pobre no quiere decir cine carente de ideas o de calidad artística, sino que se refiere…” Lo más probable es que en la próxima cita de Gibara, si los organizadores no deciden como represalia alojarme en la suite del olvido, todavía sigamos en la porfía.

Juan Antonio García Borrero

CARTA ABIERTA A HUMBERTO SOLAS, de Enrique Alvarez

jagb 23/04/2009 @ 14:36

Carta abierta a Humberto Solas.

La Habana, 22 de abril de 2009

Humberto,

Ayer regresé de Gibara, de la Séptima edición de tu Festival del Cine Pobre y no puedo dejar de contarte mis impresiones.

La última vez que yo había estado en Gibara, fue para el estreno de "Miradas", y lo que más recuerdo fue la caminata alucinada que hicimos por sus calles, mientras tú describías el festival que querías hacer para dignificar a un cine que, nacido de la austeridad y el compromiso social, sería (ya lo es) el cine de la pobreza irradiante.

No hay malos conjuros que no puedan ser vencidos; ni tu muerte, ni los vientos huracanados, pudieron con la pequeña villa costera y la continuidad de su Festival de Cine; como si el ángel de la jiribilla invocado por Lezama sobrevolara Gibara encarnado en tu espíritu. No conozco otro sitio del mundo en el que un evento cultural sea tan apreciado y vivido por la comunidad que lo acoge: mientras los forasteros, discutiendo y soñando, recorremos sus calles perfumadas de mariscos, los lugareños, recogidos en la oscuridad luminosa del Cine, viajan por nuestras historias, en un intercambio de sensaciones, roces corporales y espiritualidad desatada, que hacen de Cine Pobre un festival dionisiaco.

Cine Pobre no es un eslogan; en sus principios, en tu manifiesto, el cine producido bajo las bondades económicas de las nuevas tecnologías, encuentra un espacio de legitimación ideológica y artística que lo vincula a la mejor tradición de resistencia y productividad cultural alentada por tu generación en los inicios del Nuevo Cine latinoamericano.

Hay que reducir los costos y el tiempo de producción de nuestras películas; hay que aprovechar la celeridad de los nuevos medios; hacemos un arte que opera en el tiempo y nuestros procesos de producción no se corresponden con la velocidad del consumo. Podemos ejercer un estilo moroso o fulgurante pero su concreción debe aspirar a la precisión de un gesto.

Adiós a las mediaciones entre la cámara y una idea en la cabeza; por primera vez nuestro oficio se acerca a la autonomía con que trabaja un pintor o un escritor; no hay que prevender las ideas; las nuevas tecnologías permiten entregar y confrontar resultados.

Gracias Humberto por renovar el ideario de un cine libertario. Nunca antes, la diversidad estuvo tan cerca de inundar las pantallas.

Creo que una de estas noches te vi en una esquina cercana al Malecón de Gibara. Sé que eras tú, porque fumabas mientras mirabas el esfuerzo de un joven pescador que empujaba su bote hacia el mar. Fue solo un instante, después desapareciste misteriosamente detrás del humo del cigarrillo. Sé que era tú, porque Lezama lo dijo:

"El hombre que muere en la imagen, gana la sobreabundancia de la resurrección".

Kiki Álvarez.

Realizador de "Domingo", Premio Pobreza Zero de Ficción del 7mo Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solas