THEODOR CHRISTENSEN, UN DANES EN LA HABANA (Fragmento)
A principios de los sesenta, el cineasta Theodor Christensen quedó para siempre deslumbrado con los cambios socio-económicos que se anunciaban en la Cuba revolucionaria.
El viejo realizador danés presentía que esa Revolución tan radical podía transformar la conciencia social, y con ello posibilitar (al fin) la llegada del pregonado “Hombre Nuevo”. Sin embargo, no fueron las acciones de “los hombres” (protagonistas más visibles de aquella épica transformadora) lo que lo impulsó a realizar un documental en Cuba: a Christensen le impresionaron más aquellas mujeres que, por entonces, coreaban eufóricas unas de las tantas consignas de la época: “Somos socialistas/ marxistas-leninistas/ Mañana seremos/ tremendas comunistas”.
Ella (también conocido como Ellas, aunque el título que aparece en pantalla es en singular), fue el primer filme producido por el ICAIC que abordó la temática de la mujer en las nuevas circunstancias sociales. Según el propio Christensen:
“La idea del film es la de indagar en el estilo y en las características de vida de la mujer cubana buscando comprender su situación en la sociedad actual.
Para lograr esto he tenido que utilizar métodos distintos: entrevistas, reportajes y escenas dramatizadas. Estas últimas no se han realizado con actores, excepto en un solo caso cuando los muestro como tales en la Escuela de Instrucción de Arte y en la Escuela de Arte Dramático de Las Villas.” (1)
Antes de arribar a la isla, Christensen contaba con un sólido aval como cineasta, gracias a una carrera integrada por unos sesenta documentales. Había debutado en 1938 con un corto titulado Un rincón de Zelandia (A Corner of Zealand), que el propio realizador consideraba “una especie de film turístico muy externo”. (2) Luego realizaría un largometraje documental sobre la construcción de un ferrocarril en Irán con la colaboración de ingenieros daneses (Iran the New Persia/ 1939), si bien el punto de giro de su carrera es asociado al corto Denmark Fights for Freedom (1944), y al largo Your Freedom is at Stake (1940-46), los cuales fueron filmados de modo clandestino, como parte de las actividades de la resistencia anti-facista en Dinamarca.
La obra de Christensen no temía mostrar un compromiso político, y fue probablemente el primero de los cineastas extranjeros en argumentarles a los cubanos la legitimidad del mensaje ideológico explícito. Ante la reticencia de algunos cineastas a convertir sus imágenes en tribuna de un pronunciamiento rotundo, por temor al carácter de panfleto, Christensen aseguraba que:
“No debe darse demasiado énfasis a la forma, porque los que así lo hacen caen en la trampa de decir: “Bueno, no es interesante hacer esto porque es propaganda. Y propaganda no es una mala palabra en documental, ya que todo documental es propaganda. Si toman esta actitud en verdad perderán el contacto con la realidad, ese contacto es la mejor y más importante fuente de inspiración, porque ahí es donde está la interrelación de las cosas. Todo tiene relación, nada se puede separar, nunca se puede hablar de una forma que tenga contenido; y es tonto, completamente estúpido, pensar en un contenido que no tenga forma. De modo que ambos extremos están equivocados.” (3)
Lo anterior resultará importante retenerlo en la medida que explica la consolidación de un tipo de documental que tendrá en Santiago Álvarez su mayor artífice: un documental con una fortísima impronta ideológica, donde las ideas del autor van por delante de la militancia estética. Sin embargo, el que ve Ella estará lejos de presenciar un filme de propaganda feminista o algo así, pues si bien la perspectiva femenina se mantiene todo el tiempo en primer plano, gracias a la ausencia de la voz de un narrador que hubiese involucrado un punto de vista ajeno al de las protagonistas, las opiniones de las participantes devienen contrastantes, y se complementan entre sí.
Para ello, Christensen se cuidaría de concederle variedad a su reparto: encontramos a una aspirante a actriz, a su madre que no está conforme con esa vocación, a una teniente del Ejército, pero también a un grupo de mujeres que forman parte de un Centro de Rehabilitación que les está permitiendo dejar atrás un pasado ligado a la prostitución.
Lo mejor del filme de Christensen es que introduce con absoluta naturalidad el problema de la contaminación de los géneros. ¿Dónde termina el realismo de aquello que se capta y comienza la puesta en escena controlada por el realizador? En una época como aquella, donde las pretensiones del “cine directo” confrontaban de modo explicito con la representación tradicional, es de elogiar la actitud de Christensen, quien lejos de darle la espalda al asunto, lo asume tanto en la teoría como en la práctica.
Christensen defiende de modo radical el documental, pero son muy interesantes los argumentos que el danés maneja a la hora de recomendar esta práctica como vía de expresión idónea para la naciente cinematografía, mas sin que ello implique la anulación del cine de ficción. Dice el realizador:
“El desarrollo hacia el cine de ficción en Cuba no debe ser acompañado por un desprecio del documental. Se necesitan los métodos del documental en el cine de ficción. La perfección en cuanto al cine de historia convencional sólo haría convencional al cine cubano. Hoy es importante aprender la lección del enfoque documental y usarlo en películas de ficción, en vez de tratar de competir con cualquier otro país presentando historias convencionales. El cine de ficción representa un peligro cada vez que un director joven y entrenado en documentales hace la prueba en este nuevo campo. Hay una fuerza abrumadora de irrealidad en el film de historia convencional e incluso pesa sobre jóvenes que son rebeldes artísticamente. Es importante retener la frescura del enfoque cubano en el cine de ficción, no permitir que se endurezca, se petrifique, con las malas maneras del film de historia.” (4)
Las palabras de Christensen más lúcidas no pudieron devenir. A lo largo de esa década, los jóvenes cineastas cubanos probaron suerte en la ficción. Y se lograron películas con gran éxito de público, como Las doce sillas, La muerte de un burócrata, ambas de Gutiérrez Alea, o Papeles son papeles, de Fausto Canel. Pero lo cierto es que el camino para el despegue definitivo se estaba transitando a través del documental.
Juan Antonio García Borrero
1) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 19.
2) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 12.
3) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, p 17.
4) Mario Rodríguez Alemán. Una entrevista con Theodor Christensen. Revista Cine Cubano Nro. 16, Año 3, pp 18-19.

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