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Categoría: LA MUJER EN EL CINE CUBANO

MAYRA VILASÍS SOBRE “DE CIERTA MANERA” (1975), de Sara Gómez

jagb 10/11/2009 @ 14:02

“Durante más de veinte años, la crítica feminista ha desarrollado un interés especial en examinar filmes dirigidos por mujeres de otras latitudes. Entre estos, De cierta manera se ha ganado una merecida posición por ser uno de los primeros realizados por una latinoamericana y caribeña - y en un país revolucionario- durante la década del auge de la crítica feminista en los Estados Unidos. Otras películas han sido estudiadas con esmero, pero ninguna de forma tan profusa, constante e inteligente.

Desde los primeros artículos escritos por Julia Le Sage para la revista Jump Cut en 1979 y 1980, pasando por E. Ann Kaplan con su libro Women and Film (Both Sides of the Camera), publicado en 1983, hasta The New Latin American Cinema (A Continental Project), texto dado a conocer en 1993 por Zuzana M. Pick, “De cierta manera” se ha mantenido ocupando espacios apreciables en la literatura cinematográfica feminista.

Aunque desde perspectivas diferentes, la crítica feminista concuerda en colocar el eje del conflicto dramático de la obra en el debate sobre el género y las relaciones hombre-mujer. Los contenidos relativos al subalterno racial, el marginalismo y las clases sociales se asumen como factores de mayor o menor envergadura, según los objetivos de los estudios. Otro foco de coincidencia sistemática en el análisis feminista de la película estriba en el esmerado y eficaz entretejido conflicto central-discurso cinematográfico, al utilizar la yuxtaposición ficción-documental.

La creación de una atmósfera “ficcionada”, con la ficción en sí misma, paralela a imágenes documentales, denuncia la hegemonía patriarcal y la necesidad del cambio social. La historia de ficción, además, expone la existencia de una subcultura - dentro de la predominante- donde se exacerban los valores machistas. La inserción del personaje femenino dentro de esa subcultura agudiza el conflicto personal mujer-hombre (Mario-Yolanda). Los espacios documentados que describen las transformaciones generales de la sociedad adquieren un carácter metafórico en función del tema principal: eliminar las disparidades genéricas para reconstruir las relaciones hombre-mujer es tan difícil de alcanzar y requiere de tanto esfuerzo como el necesario para destruir viejas ciudadelas y construir edificios nuevos.

El filme de Sara Gómez es una obra imperecedera que suscita múltiples y complejas lecturas. Dentro de la crítica cinematográfica feminista, coloca en primer plano de discusión la opción del lenguaje realista, muy cuestionado con el argumento de que no es suficiente representar la realidad de la opresión de que es objeto la mujer para hacer cambiar la conciencia de la sociedad. Es una película probadamente excepcional. Y lo es en tanto que la opción “De cierta manera” es irrepetible.”

Mayra Vilasís

OTRAS ENTRADAS EN EL BLOG SOBRE SARA GÓMEZ:

SARA GÓMEZ (1)

SARA GOMEZ (2)

OTRA SARA

FABRICA DE TABACOS (1962), de Sara Gómez

DANAE DIÉGUEZ SOBRE LAS MUJERES EN EL CINE CUBANO

jagb 15/10/2009 @ 20:51

Hacía más de un mes que no revisaba la cuenta Yahoo, pues el acceso a esa dirección desde aquí se convierte en toda una pesadilla. Encontré mensajes de amigos que pensarán que me he olvidado de ellos, y no es así: les estaré respondiendo en breve.

Uno de los mensajes que hallé fue esta conversación desarrollada el año anterior entre Dalia Acosta y Danae Diéguez , pero que encaja muy bien con toda esa polémica que se desarrolló en su momento en el blog, a propósito de la (escasa) presencia de la mujer realizadora en el cine cubano.

Les dejo con estas reflexiones, y lo único que le pido a cambio a Danae es un anticipo de lo que será su tesis doctoral. Los lectores de “La Pupila” lo agradeceremos.

Juan Antonio García Borrero

MUJERES INVISIBLES DETRÁS DE CÁMARA
Entrevista de Dalia Acosta

LA HABANA, mar (IPS) - La producción cinematográfica en Cuba no ha escapado al abrumador predominio de la cultura machista en la sociedad. Penetrar en esta industria, un coto casi exclusivo para hombres aún, es prácticamente una quimera para las cineastas.

En cinco decenios de historia del estatal Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), sólo un largometraje de ficción ha sido dirigido íntegramente por una mujer: "De cierta manera", de Sara Gómez (1943-1974), cuya obra, considerada transgresora, apenas se conoce fuera de los círculos académicos y de la crítica especializada..

En estos días, la realizadora Rebeca Chávez concluye la edición de "Rojo vivo", filme inspirado en la lucha armada contra la tiranía de Fulgencio Batista (1952-1958) en la ciudad de Santiago de Cuba, más de 850 kilómetros al oriente de la capital cubana.
Danae Diéguez, profesora de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (ISA) de la isla, ha dedicado especial atención al estudio de la presencia femenina en la cinematografía local, donde "la voluntad política no ha bastado para eliminar el machismo y la cultura patriarcal".

Diéguez, que está preparando su tesis de doctorado bajo el título "Mujeres detrás del lente. El audiovisual cubano dirigido por mujeres", considera que se trata de un fenómeno cultural y económico, según dijo a IPS en una entrevista realizada a través de correo electrónico.

IPS: -- ¿A qué atribuye la invisibilidad que, como señala en su ensayo "De la mirada femenina sobre la violencia", padecen muchas realizadoras cubanas?

DANAE DIÉGUEZ: -- El primer punto es que realmente son pocas las realizadoras, con respecto a los directores. La cuestión estadística dice algo, pero no es lo más importante. Puede existir igual número de mujeres y que ellas reproduzcan patrones patriarcales.

La clave en la realización estaría en las posibilidades de acceder a ella en condiciones de equidad para, desde esa igualdad de oportunidades, elaborar el proyecto, presentarlo y concretarlo.

Lo otro es que el cine históricamente ha sido un mundo masculino. Las mujeres se ocupaban de otras cosas: vestuario, maquillaje y, en los mejores casos, edición, pero escasísimamente de la dirección.

A ello hay que sumarle que el cine es arte, pero también es industria. Yo me siento a escribir una novela en la soledad de mi casa y la escribo, pero el cine hace más complejo el proceso de creación por toda su infraestructura. Estamos hablando entonces de un fenómeno cultural, evidente, y otro de carácter económico.

Cuando se unen ambos elementos, sucede lo que tal vez haya hecho decir a la directora cubana Mayra Vilasís que era "más fácil ser pilota de aviación que directora de cine".
Dentro del Icaic, exceptuando a Sara Gómez, ninguna mujer ha podido realizar un largometraje de ficción. Hubo que esperar a "Mujer transparente", en 1991, para encontrar las historias de ficción de tres directoras (que trabajaron en equipo con dos hombres). Por lo tanto, todas realizaron documentales, cuya recepción, sabemos, es diferente, minoritaria, por decirlo de alguna manera.

Otras directoras han surgido fuera de la gran industria. Aunque algunas han tenido un camino de crecimiento y tienen una trayectoria muy intensa, se han mantenido fuera del centro que legitima la realización cinematográfica en la isla.

No voy a mencionar nombres para no ser injusta si olvido a alguna pero, por ejemplo, Teresa Ordoqui dirigió en 1989 en los Estudios Fílmicos de la Televisión un largometraje de ficción en 16 milímetros, "Te llamarás Inocencia", película con una propuesta visual muy interesante y de la que apenas se habla, para no decir que no se menciona.

Hay otra razón importante y es la emigración al vídeo, como soporte que "democratiza" la realización. Esto fue clave para las mujeres que encontraban en el celuloide un impedimento para poder expresarse.

IPS: ¿Cree que en el cine cubano existe una mirada femenina, asumida particularmente desde la conciencia de género?

DANAE DIÉGUEZ: No lo creo. Existen momentos muy puntuales en los que se podría hablar de una mirada femenina, tanto en largometrajes como en documentales, pero no se puede hablar de ello como algo que identifique una línea estilística. Y estoy hablando de todo el cine cubano, tanto hecho por hombres como por mujeres, porque puedes ser hombre y tener una mirada femenina y viceversa.

Sabemos que ser mujer no implica tener una mirada femenina. Tampoco por haber tratado el tema de la mujer y sus conquistas ya se tiene una conciencia de género, lo que comprende muchas otras cosas. El hecho de que yo como académica, o aquél como crítico lea, vea y escriba sobre esta cuestión, es otra cosa.

IPS: En su opinión, ¿por qué la violencia de género aparece como tema recurrente en la producción más reciente de las jóvenes cineastas cubanas?

DANAE DIÉGUEZ: Es un tema más, entre tantos que la joven generación está asumiendo. Al trabajar con un corpus de obras dirigidas por mujeres, empiezo a encontrar regularidades temáticas y eso me ayuda a sistematizar y hacerlas visibles, que es mi primer objetivo.

La violencia de género también se ha hecho más visible en nuestra sociedad y en el mundo en general. Cuba tiene particularidades al respecto.

Para mi generación, nacida en los 70, el mundo era otra cosa. No advertíamos la violencia como algo cercano, si acaso fuera de nosotros. La década del 90 cambió el panorama y hace unos años se habla de la violencia y de sus múltiples manifestaciones de manera más clara. La directora Lizette Vila, que lleva tiempo abordando la temática en sus documentales, sólo en 2007 lo hizo con las mujeres cubanas maltratadas.

Como ha dicho el historiador cubano Julio Cesar González Pagés, "las principales manifestaciones de la violencia son las que ejercen los hombres sobre las mujeres, sobre otros hombres y sobre sí mismos"..

Las jóvenes viven en ese mundo, asisten a él con la mirada de las creadoras y no hay respuestas sino preguntas, que salen a relucir en sus obras relacionadas con el círculo de la violencia y su naturalización. Eso es algo que me ha llamado la atención en las obras realizadas por mujeres.

IPS: ¿Qué contribución ha hecho --y puede aún hacer-- el cine dirigido por mujeres a la cinematografía de Cuba, tanto en su dimensión puramente estética como en su resonancia social?

DANAE DIÉGUEZ: La contribución no está en lo estético, aunque hay momentos interesantes en algunas de ellas. Habría que investigar con más asiduidad. No me he detenido a verificar si definen o no una mirada estética que distinga un espacio de lo femenino, o sencillamente si se da en ellas la producción de imágenes resistentes a una cultura patriarcal.

En el mundo de la realización audiovisual y cinematográfica, la equidad de género no será cierta hasta que, en la vida real, se traduzca en la posibilidad de concretar los proyectos de las mujeres.

Recientemente, en la séptima Muestra de Nuevos Realizadores, gracias a la sensibilidad y la inteligencia de la dirección de ese encuentro, pusimos en la agenda del Icaic varios temas, entre ellos el de las mujeres directoras de fotografía. En Cuba ya hay muchas, algunas con una calidad notable, que aún no pueden entrar a la industria sencillamente porque son mujeres.

Los tiempos son otros: la tecnología se ha aligerado, las escuelas de cine existen y con una cámara en la mano se pueden hacer maravillas, aun fuera de la industria. La muestra de este año demostró, entre otras cosas, la calidad creciente de las más jóvenes, las temáticas que registran, en muchos casos relacionadas con el mundo y el espacio de lo femenino.

Esa es una verdad que se impuso y se impone. Queda ahora que quienes ejecutan y toman decisiones en nuestras instituciones asuman la equidad de género como ese camino necesario para hacer más justicia. (FIN/2008)

OTRO POST DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

jagb 08/09/2009 @ 12:47

OTRO DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO
Por Víctor Fowler

-Compadre, ¿usted no oyó que voy para el Vedado?-
responde el taxista.
-Perdone, yo pensé que usted iba para el Vedado-
(se excusa el que lo detuvo, antes de correr en busca de otro taxi)

Se van quedando cosas colgadas, alguien nos escucha y hay que evitar esto.

En el post de Abelardo Mena titulado “Sobre las mujeres en el cine cubano” (01-09-2009) hay una idea que, a mi entender, figura entre las peores (sobre todo extemporánea, muy extemporánea) recomendaciones hechas a la crítica cinematográfica cubana: “Más allá de las determinaciones demográficas de cuántos directores han sido mujeres, lo cual me parece válido para un primer análisis…”. A veces, la intención de avanzar más lejos nos coloca detrás, porque la determinación demográfica que se pueda establecer -para el acceso de un grupo a la representación de sí mismo- no es un mero procedimiento inicial; en particular cuando la estadística arroja una apabullante sub-representación del que, a partir de ahora, consideraremos como un subalterno en términos de acceso a la representación de sí mismo. A este respecto, en “Abelardo Mena comenta la respuesta de Marina Ochoa” (post aparecido al día siguiente de la respuesta de M. Ochoa), la cuestión de la demografía no es ya cosa de un “primer análisis”, sino que felizmente se ha convertido en aspecto inseparable de “dos etapas simultáneas”: una donde se constate, mediante análisis estadístico, la subalternización y otra donde se desmonte el aparato “teórico- simbólico-cognoscitivo” (Miércoles, 02 Sep 2009).

Varias de las preguntas o demandas de Abelardo, en ambos post, admiten numerosos comentarios. Exigir al cine cubano “-desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres”, sería un chiste si no pretendiera resultar serio, pues es algo que igual puede ser exigido a casi todas las cinematografías del mundo; parece más un lanzazo de enfant terrible que frase de un discurso sobre el cine sustentando en conocimiento e ideas. ¿Se habla aquí de cine de industria o experimental y videoarte? ¿O del cine pornográfico puro y duro, en cuyo caso la palabra “guión” más bien parece sobrar? En el cine de industria, más allá de escasísimos nombres (creo que sobre todo resaltan los de Catherine Breillat y Virginia Despentes), ¿dónde se encuentra esta tendencia que Abelardo propone, quiénes son sus cineastas? Al nivel de radicalidad que se nos habla, e incluso en las producciones más independientes o de circuito experimental, ¿quiénes son tales figuras? ¿Annie Sprinkle, María Beatty, quiénes, cuántas? Puesto que para señalar el supuesto atraso del cine cubano hay que comparar con el cine mundial, ¿no estará el crítico sobredimensionado un puñado de nombres?

Por otra parte, si regresamos al inicio del intercambio, cuando la demanda de Marina Ochoa trató sobre la escasa posibilidad que han tenido las mujeres cubanas para hacer cine, en especial en posición de realizadoras, ¿qué sentido tiene saber si existe, como pregunta Abelardo, “… un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres”? Dado que el dato principal es el de la poca cantidad de mujeres realizadoras, ¿de qué imaginario anti- falocrático hablaríamos para comparar con la literatura escrita por mujeres en Cuba, del de hombres? Y esto es sin detenernos a discutir si el tal imaginario existe en la literatura del país y no en casos aislados.

¿De qué hablamos cuando hablamos sobre “las mujeres en el cine cubano”? ¿De la presencia de temas femeninos? ¿Del instante en el que las mujeres hablan sobre sí mismas? ¿Del intelecto que muestren como directora de película, esta última con el tema que sea? ¿De todas estas cosas a la vez? Donde Abelardo pregunta “¿cómo ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales?”, se puede responder que de manera heroica, trascendente, brillante, espectacular, mediocre, irrisoria, evasiva, machista, etc. Una pregunta que admite respuesta tan amplia es casi una no-pregunta y más la demanda de que sea escrita una historia de la mujer en el audiovisual cubano. “Lucía”, de Solás, es una de las representaciones más grandes que el cine mundial conoce de la interrelación entre mujer y nación, a pesar de haber sido dirigida por un hombre (y, por cierto, reivindica una zona de ese “feminismo insular anterior a 1959”); en otro escenario, el del cine africano, varias de sus grandes mujeres fueron postuladas por otro hombre, Ousmane Sembene. Aquí, como sucede para la literatura con la “Madame Bovary” de Flaubert o la “Anna Karenina” de Tolstoi, el análisis pide una especial fineza. Otra cosa, sin embargo, cuando la mujer accede a poder relatarse a sí misma, como, por ejemplo, ocurre en el cine de Jane Campion o Sally Poters.

Además de lo anterior, es curioso el modo en el cual el espectador “macho” - que Abelardo dice ser-, a nombre de una necesaria apertura del canon, establece una tensa relación de control con ese cine de mujeres cubanas que apenas existe; no sólo disminuye la voz que quiere constatar el desbalance demográfico, sino que le asigna tareas: rescatar, narrar la historia que falta para tener la historia total. ¿Cuál otro cine quedaría más obligado, atado, a contar tal vacío, sino ese cine que aún no existe? Lo que tal deseo olvida es que el cine (y, en general, el arte) no es un sustituto del texto de historia ni tampoco su doble especular; dicho de otro modo, parece más correcto desear, e impulsar, la existencia de un cine cubano hecho por mujeres que representen lo que decidan representar: de sí mismas y del mundo, asumiendo que en esto último, por los caminos más tangenciales, igual se estarán representando.

Otras cosas, ahora del segundo post, igualmente me confunden o tal vez se necesite un tamiz más fino para fijar las posiciones. Donde A. Mena esgrime (como dato correcto) la no publicación en Cuba del libro de Lynn Stoner, extrañamente olvida la publicación en Cuba del libro de Julio Cesar González Pagés (sobre el mismo tema). Cuando, tratando de la continuidad histórica de la emancipación femenina en Cuba, pregunta (y, de paso, afirma): “¿Por que aún hoy nadie aborda esta memoria necesaria?”, el desconocimiento, el olvido o la rudeza son todavía mayores. En particular, dada la apreciable cantidad de autores que, fragmentariamente y desde disciplinas o campos diversos, han trabajado sobre esta historia de la emancipación femenina en Cuba (historiadores, escritores, curadores, etc.) Vale la pena aquí no confundir la resonancia mediática del texto con el texto en sí y es muy posible que las inscripciones del subalterno, en no pocas ocasiones pequeñísimos pasos, no alcancen a satisfacer esta ansia de cambio vanguardista; hay que demostrar delicadeza y sensibilidad especiales para evitar el peligro (presente siempre dentro del ansia) de que aquel que se define a sí mismo como aliado del subalterno imite en su hablar al dominador hegemónico. En este contexto, el uso de la palabra “nadie” es inaceptable y hay, en lugar de ello, que rastrear, resaltar, estimular, tejer lo nuevo que –aunque tal vez aislado- ya existe.

Por idéntico motivo de fineza, es que tampoco se debe aceptar –como demanda válida o demostrativa de algo- la hipotética “declaración rampante de escritoras cubanas lesbianas o no, defendiendo a sus compatriotas al tiempo que se empoderan a sí mismas.” Sin tomar en cuenta que tampoco conozco la “declaración rampante” de escritores (o lo que sea) cubanos que entiendan que se empoderan a sí mismos “defendiendo” a sus compatriotas homosexuales, al instaurar la declaración como meta A. Mena vuelve a repartir tareas a esas mujeres cuya invisibilidad le preocupa como tema y como sujetos. Una vez más, en lugar de ello, el trabajo que tales autoras (y, también, autores) han hecho para dar, en sus textos, visibilidad a la sexualidad lesbiana, es una de las grandes hazañas de la literatura cubana contemporánea durante el último cuarto de siglo.

La propuesta implícita de Marina Ochoa en el siguiente fragmento: “… sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.” es un ejemplo de teoría feminista en su estado más puro y, finalmente, asume la fractura que ella misma ha tratado cuidadosamente de evitar. Vuelvo a repetir que aquí, una vez más, o jugamos o nos pasamos con fichas, pues el verdadero punto álgido del intercambio gira alrededor de esta proposición: si la obra de arte opera en el doble registro de la identidad y la universalidad de su discurso, o si únicamente es explicable gracias a la identidad del autor. En este sentido, las lecturas desde las identidades fragmentan el canon al tiempo que las lecturas desde lo estético reunifican la dispersión; al propio tiempo, la identidad genérica está en sí misma fragmentada (según raza, nivel social, preferencia y prácticas sexuales, etc.) a la vez que lo estético es la norma universal que dictó un grupo hegemónico. Lo que trato de decir aquí es que cualquier análisis no puede sino partir de una continua negociación que nos permita (¡intentarlo al menos!) mantener la más sana distancia crítica ante el documento y sus condiciones de surgimiento, realización o exhibición y distribución.

Puesto que identidad y universalidad lo mismo van en relación de apoyo que de oposición, expresas u ocultas, aceptadas o negadas, más que frente a una oposición binaria estamos en presencia de un extenso y complejo juego posicional de dónde sólo nos adelanta el riesgo de un enjuiciamiento estético. Es así que el favoritismo de la crítica con respecto a determinadas películas y autores masculinos, mientras que apenas se habla sobre las obras dirigidas por mujeres (y mucho menos asumiéndolas como tales), sólo puede ser entendido como la consecuencia de una sospecha estética oculta: hacen un cine de menos interesante factura o de menor intensidad como acto intelectual. Esto último parece rondar una de las preguntas que, para criticar la discriminación hacia la mujer (aplicada al intelecto), se hace Belkis Vega: “¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción?”. Si bien es deducible, de lo anterior, que el largometraje de ficción merece un estatuto supremo, ¿en qué se basaría semejante distinción sino en considerársele, de todos los formatos mencionados, el único que a la vez reúne libertad, creación de mundo, pensamiento, posibilidad de osadía formal y/o de pensamiento, diálogo con la Nación y su historia o futuro?

Por tal motivo, cuando Belkis Vega pregunta: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad?”, con una pocas variaciones, la respuesta especular para ello es una nueva pregunta en donde basta con sustituir la profesión: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente la crítica cinematográfica cubana no es capaz de escribir acerca del cine hecho por mujeres en Cuba o que carece por entero de talento y sensibilidad para hacerlo?”. La totalidad de los textos en este intercambio se han apoyado en los silencios alrededor del cine hecho por mujeres en Cuba o, lo que es lo mismo, se han apoyado en lo no dicho; sin embargo, lo que quisiera destacar es que ello no es equivalente a lo que no se quiere decir, a lo que desesperadamente se intenta no decir. Respecto al asunto acerca del cual hablamos, hay que leer a la crítica cubana de manera global y entender los modos en los cuales el silencio habla. Esta pregunta, que nadie se atreve siquiera a formular, y a la que no se alcanza responder acusando a su vez, aunque la acusación sea legítima (“no nos aprecian porque no nos conocen”), desplaza la energía hacia donde el texto de Belkis Vega termina: “…prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.”

Pero, cuando Marina y Belkis ripostan que no se puede enjuiciar lo que no se conoce, el final del silogismo conduce a una sorpresa; no existen textos que nos enjuicien, no enjuician porque no nos conocen o fueron formados para no hacerlo, ergo, nadie nos conoce. Y recuérdese que igual derivación puede conseguirse al preguntar por la representación o presencia en nuestro cine del sujeto de raza negra, los homosexuales u otros grupos; conduciendo la hipótesis al extremo, estaríamos insertos en el interior de un enorme caos donde los sujetos de identidad sólo “conocen” (a reserva de cualquier fragmentación nueva que pueda aparecer) a los de su grupo. A fin de cuentas si, aplicando lo dicho por Belkis, cualquier conocimiento nuestro ocurre dentro de “las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura”, ¿no podemos acaso concluir que, dado que no hay sino ese universo condicionante, ningún sujeto de identidad podrá “conocer” a otro de identidad diferente?

Lo que intento precisar es que no somos únicamente el resultado de acciones condicionantes, sino además (y mucho más importante, quizás) de la hondura de razón que empleamos para analizar aquello condicionante y de la posición subjetiva que ante tal presión formadora adoptemos. Al pensamiento de lo nuevo corresponde tanto deshacer el fantasma que envuelve al objeto e impide la visión, como dialogar si hay razón en aquello considerado como viejo y merecedor de extinción; esa posible razón en lo enemistado obliga a continuamente sospechar de la posición subjetiva propia, a ponernos a prueba. La situación no sólo es más compleja que el silogismo anterior elaborado (pues, en verdad, apenas sería posible encontrar, en esto que hablamos de cine hecho por mujeres en Cuba, a un desconocedor absoluto y sí mucho mal-conocimiento, aunque en escalas diversas), sino que la identidad es el individuo y no una de sus máscaras; dicho de otro modo, las preguntas de la identidad, la territorialidad y la universalidad vienen juntas y es sobre todo la obra (ese otro que es uno) quien tiene que dar respuesta a las tres. ¿Qué representa para la historia de la identidad que reivindica? ¿Qué posición ocupa respecto a la ya hecho en el territorio, a la tradición a la cual se pertenece? ¿De cuál hallazgo se es portador en cuanto a la historia universal del arte que se practica, a las hechuras y mensajes que nos preceden?

Dado que la obra de arte no puede evitar, por expresión u omisión, de cuestiones de identidad (del autor o la “relatada”, territorialidad (dado que se pertenece o se filma dentro de un país o lugar y tradición determinada) y universalidad (porque los significados o sentidos en y de la obra son traducibles a una escala universal), el juicio del crítico y la figura del autor tienen que correr el riesgo (de situar y ser situados) en estos tres abordajes. ¿Existe aún la obra de arte y el valor artístico? ¿O sólo queda lo significativo para los sujetos de esta o aquella identidad? ¿Valen de algo los juicios de valor general? ¿Tiene aún sentido el hallazgo? Sin embargo, la pregunta no-hecha, exactamente por serlo, tiene que ser respondida acaso antes que todas las demás; pero, si la crítica hasta ahora no lo hizo (en realidad, ni siquiera la formuló), ¿quién podrá recibirla sino una crítica nueva, que destruya? Esa crítica que destruye, justiciera, válida para todos los grupos subalternizados – vuelvo a una idea anterior- sólo podrá existir cuando sea tejida, por ello es responsabilidad nuestra que aflore, incluso para que nos barra; de ahí la necesidad de búsqueda, de creación de escenarios, confluencia, alianzas, la fabricación de unión.

Dejo para el final la necesidad de insistir en una distinción elemental: una cosa es hacer obras de arte, otra segunda la crítica y una tercera el trabajo del historiador. El momento donde Marina Ochoa, en un post anterior, nos llama a comprar la significación y trascendencia del abrazo en los personajes de “Mujer transparente” y “Fresa y chocolate”, implica una pregunta alrededor de la ceguera. En caso de aceptar como válida la pregunta, ésta es resuelta de maneras distintas por el crítico de cine (que intentaría comprender ambos momentos como hechos construidos cuyo mecanismo corresponde desmontar) y el historiador (quien tal vez no pueda demostrar los valores de construcción que hacen a uno “superior” al otro, más desglosará los caminos que definen al más significativo). Sólo quien vaya más lejos, el que merezca tal autoridad como para que se le entienda como un pensador del cine, podrá fundir a los dos.

Hace pocos días Juan Antonio escribió un lindo párrafo sobre las distintas actitudes que ha venido recogiendo entre los lectores de La pupila insomne, su combativo blog. Como en toda obra humana, contó que había encontrado amigos, habló de otros que “no publican lo que piensan, pero apoyan leyendo, o sencillamente aceptando las descargas.”, así como ese tercer grupo de siempre que interroga “sobre el posible sentido que tiene para mí esta pérdida de tiempo, si al final, nada va a cambiar.” ¿Qué hago yo escribiendo en mitad de la madrugada, en lugar de haber ido a la cama desde hace rato? Idiota e iluso que soy y me traiciono siempre. Con la ilusión de que, en alguna parte, un mínimo impulso está siendo dado a la futura historia del cine cubano hecho por mujeres, a los trabajos sobre la representación de la mujer en el cine cubano, las lecturas feministas del cine cubano, las muestras de dicha producción audiovisual. Además de ello, servirá como modelo a otras lecturas tensas hechas desde posiciones de subalternidad y, entre todos, reconfigurarán los límites de esa “identidad colectiva” por la que Marina Ochoa aboga. Escribirán, discutirán, aclararán. Ya no pueden ser detenidos.

TE LLAMARAS INOCENCIA (1988), de Teresa Ordoqui

jagb 06/09/2009 @ 18:18

Como una manera de seguir contribuyendo a esto de concederle visibilidad a la mujer realizadora dentro del cine cubano, cuelgo ahora la poca información que tengo a mano sobre el largometraje “Te llamarás inocencia” (1988), de Teresa Ordoqui, que junto a “De cierta manera” (1974), de Sara Gómez, y “Ciudad en rojo” (2008), de Rebeca Chávez, se recuerda como uno de los escasos tres momentos en que una mujer se ha puesto al frente de un largometraje de ficción filmado en celuloide.

La cinta de Teresa Ordoqui se apoya en un relato de Miguel de Carrión, y en su época provocó cierto revuelo a partir del uso que hace del desnudo, en un medio tan tradicionalmente mojigato como es la televisión. La película fue producida por los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana, y ganó Premio en el Festival de Cine para Televisión (Praga, Checoslovaquia) del año 1988. Los personajes protagónicos fueron interpretados por Aramís Delgado, Anabel Leal, y Lily Rentaría, entre otros.

Cuando preparé la “Guía crítica del cine cubano de ficción” seleccioné un fragmento de una crítica cuyo autor nunca pude precisar, pues la tomé de un recorte que conservaba en mi archivo personal, aunque lamentablemente mutilado. Las otras dos notas que conozco fueron publicadas en el diario “Juventud Rebelde” por Soledad Cruz (“La inocencia del desnudo”, 11 Agosto de 1988, página 11) y Héctor Zumbado (“Gracias, Teresa”, 20 Agosto de 1988, página 8).

Desde luego, lo interesante sería reencontrarnos con la cinta, pero eso, ¿dónde podría ser? Mientras, los dejo con un fragmento de la sugerente crítica que en su momento se escribió. Y ojalá que su autor lea este post, y me confirme su identidad, para poder darle el crédito merecido.

Juan Antonio García Borrero

Te llamarás inocencia contribuye a renovar la dramaturgia fílmica cubana de los últimos años. Su estructura, devenida caprichoso juego con el tiempo y el espacio, derriba convenciones sin arriesgar el hilo de la historia concebida por Gerardo Fernández, Raúl García Riverón y la propia Teresa Ordoqui. La edición de Margarita González resulta un alarde de pericia si advertimos que el entorno de los personajes apenas cambia y el ritmo es sostenido hasta el final. Pero si agregamos que Martínez Carmona con su fotografía roba a la luz para devolver la belleza sugerida por Carrión en sus líneas, transformadas esta vez en atmósferas que subrayan cada sutileza argumental, tampoco es difícil advertir cómo en este cuento el respaldo sonoro concebido por Juan Leyva se integra orgánicamente a la composición escénica y a los desplazamientos de cámara. Sin dudas, las manos que pudieron dar vida a cada elemento referido son conocedoras de su madeja y responden a una imaginación que por primera vez no conoció frenos. No hay por qué negar lo asimilado en el aprendizaje; detrás están Visconti, Karel Reisz, Tarkovski. También Solás y Tomás Piard como referencias más cercanas.” (¿?).

BELKIS VEGA SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

jagb 05/09/2009 @ 13:20

MUJERES DIRECTORAS CON OJOS, OIDOS, VOCES Y MUCHOS DESEOS DE DECIR.
Por Belkis Vega

Uno de los principales retos del ser humano es ser testigo, crítico y constructor de su época, lo cual debe implicar abrir espacios para el debate y el diálogo, para la diversidad y el desacuerdo. Pienso que esta posibilidad debe haber motivado a Juan Antonio a abrir este blog y le doy las gracias por ello.

No voy a comenzar este escrito diciendo que no soy feminista. Soy mujer, hembra, femenina y feminista y no me da temor ni timidez reconocerlo. Pertenecí al Comité Organizador de MAGIN, organización de mujeres comunicadoras de la que algun@s han hablado en este blog y agradezco al feminismo y a los estudios de género el haberme hecho crecer como ser humano que asume la vida con la conciencia de quien es; con la conciencia de las condicionantes culturales y educacionales que han conformado mis juicios de valor; con la conciencia de poderme llamar a reflexionar a mi misma y ponerme delante de un espejo virtual en múltiples oportunidades y preguntarme más de una vez quién soy y qué quiero de la vida.

Hemos nacido y crecido en un mundo que se rige bajo las miradas masculinas y son las mentes y las voces masculinas las que han construido la visión de la historia. Para el occidente cristiano la construcción de “lo femenino” transita entre dos extremos:

“Virgen María”= Buena
“María Magdalena”= Mala

Bipolaridad que durante siglos ha estigmatizado a las mujeres transgresoras porque transgredir es ser María Magdalena. Nos han educado en el temor de la serpiente y la manzana. Somos las culpables del pecado original y nuestra desobediencia ha costado la expulsión del paraíso, ser devoradas por el lobo, envenenadas por la bruja o dormidas hasta la eternidad o hasta que aparezca el príncipe salvador o el valiente cazador.

No por gusto se ha hecho necesaria una crítica feminista de la historia, con el fin de recuperar las voces silenciadas y poner en discusión las construcciones sobre las cuales se sustenta el mito patriarcal. Pero el asunto no es pasar de un mito patriarcal a un mito feminista sino crear espacios para que todas las personas podamos ejercer nuestro derecho a ser y a estar.

En fin de cuentas, “to be or not to be”; justamente de eso se trata. Y cuando hablamos de invisibilidad, hablamos de “not to be”. No basta con ser, es necesario hacernos ver y oír. Y no es tan simple como algunos pretenden hacer ver.

Marina citaba el nombre de Rosina Prado. Confieso que no fue hasta el pasado año cuando “descubrí” en un artículo en Internet la existencia de esta mujer y no pude evitar el asombro al leer que fue la primera mujer que después de la creación del ICAIC dirigiera documentales en Cuba.

Rosina, española de nacimiento, estudió cine en el Instituto Estatal de Cine de la URSS y en 1961 comienza a trabajar en el ICAIC dirigiendo varios documentales hasta el año 1968. No conozco su obra, no puedo valorarla. Podrá gustarnos o no pero lo que no podemos es borrarla, invisibilizarla, multiplicarla por cero, que es lo que ha ocurrido.

Busco el nombre de Rosina en el libro LA TIENDA NEGRA / El Cine en Cuba 1897 – 1990 de la investigadora María Eulalia Douglas, donde no aparecen ni ella ni el nombre de ninguno de los 6 documentales que dirigió.

Constato entonces que casi ningún documental aparece citado en EL cine en Cuba. Busco entonces a Teresa Ordoqui. Tampoco aparece como directora. Ni ella ni su filme de ficción “TE LLAMARAS INOCENCIA”, el segundo filme de largometraje rodado en Cuba por una mujer. Las dos únicas mujeres directoras a las que se hace referencia en este libro son Sara Gómez y Marisol Trujillo.

Y esto no ocurre solamente en este libro… ¿Por qué algunos continúan empeñados en plantearse los problemas de las mujeres como de “minorías” o concernientes solamente a las mujeres y no a toda la sociedad? Somos la mitad de la humanidad, no una minoría o un grupo.

Y sucede que ya somos muchas dentro de esa mitad de la sociedad las que tenemos conciencia de que queremos decir y construir valores sustentados sobre nuestra visión del mundo que complemente la visión desde lo masculino que hasta ahora se ha impuesto.

Dirigir cine es ser una líder, una representación del poder, justamente lo que a la mujer se le ha vetado durante siglos. Asumir la dirección cinematográfica, como otras direcciones en las profesiones mitificadamente masculinas, y además, epítomes como en este caso, del ser patriarcal y la virilidad, implica no solo empoderarse sino asumir esta posición de poder sobre artistas o técnicos, en su mayoría también hombres como hombres son generalmente los que determinan los presupuestos, los filmes que se hacen o no se hacen, se exhiben o no se exhiben, se critican positiva o negativamente o peor aún, se ignoran.

Pero cuidado, que tampoco el hecho de pertenecer al sexo femenino asegura una conciencia de género. Todas y todos hemos sido educad@s sobre los mismos valores y para algunas mujeres, acceder a posiciones de poder implica asumir y reproducir los patrones masculinos de poder. Ejemplos en líderes políticas sobran.

Juan Antonio García Borrero reconoce que el cine realizado por mujeres no ha atraído su atención… Y Victor Fowler entre sus preguntas, hace referencia a una “sospecha estética” y yo me pregunto si ellos a su vez se han preguntado cómo puede existir una “sospecha estética” o asumir que no te interesa algo que no conoces si no es sobre las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura.

Creo que también por aquí estaría la respuesta para otras de las preguntas de Víctor: “¿Qué hace, para la crítica, poco interesante la mujer y qué herramientas, doy por hecho que faltan, son necesarias para percibirlo? ¿Dónde se forman quienes hacen crítica, cómo se superan, de cuál instrumental teórico disponen, qué cine ven, qué textos leen, cuál es su diálogo con la contemporaneidad?”

Me he interrogado a mi misma muchas veces si a los directores hombres que han podido realizar obras de ficción en cine, procedentes de diversas generaciones, nunca les ha llamado la atención que las tres únicas obras de largometraje dirigidas por mujeres sean tan pocas y haya tantos años entre una y otra producción:

1974: “De cierta manera” ---- Sara Gómez
1987: “Te llamaras Inocencia” ---- Teresa Ordoqui
2009: “Ciudad en rojo” ---- Rebeca Chávez

¿De verdad alguien puede creerse que esto responde a que nosotras mismas no hemos intentado una y otra vez hacer oír nuestras voces o que sencillamente hemos asumido el papel de víctimas en espera del príncipe o el valiente cazador que nos brinde la posibilidad de dirigir un largo de ficción? O peor aún, ¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad? ¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción? ¿Cuánt@s nos hemos hecho estas preguntas? ¿Cuánt@s hemos intentado encontrar una respuesta? Diría que son poc@s, muy poc@s, casi ningun@ los que tienen esta preocupación o al menos los que la han expresado públicamente.

¿Por qué ahora mismo en el grupo de directores seleccionado para hacer una serie sobre los próceres de la independencia latinoamericana no hay ninguna directora mujer? A pesar de que muchas directoras tienen una obra documental extensa y reconocida.
Pudiera continuar abriendo preguntas pero prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.

JULIA MIRABAL SOBRE LA MUJER Y EL CINE CUBANO

jagb 03/09/2009 @ 22:24

NI TRANSPARENTES, NI INVISIBLES

Por Julia Mirabal

Me sumo, Juan Antonio con el criterio de la praxis y en el fragor del hacer. Porque siempre hablamos de cine, yo también, y desde mi propia obra en la televisión me valgo del lenguaje cinematográfico y sus herramientas las aplico en el día a día y las enseño a los más jóvenes, porque claro se inventó antes que la televisión y el video, y ahora el “democrático” digital pero los códigos necesarios para contar historias están ahí. Cada vez más los caminos no sólo se encuentran sino que se entrecruzan.

Pero ese no es el asunto.

Te decía que con el criterio de la praxis, porque a fines de los noventa y estando en la escuelita de San Antonio después de largas pláticas con Mayra Vilasís en los viajes de ida y retorno, consulté la tan completa filmoteca-videoteca-digitaloteca, reunida allí por Luciano, redescubrí el mundo de las mujeres en el audiovisual, entre otros descubrimientos.

A la sazón, en los Festivales Internacionales de Cine de La Habana del 99 y 2000 conocí a los organizadores del Festival de Cine Español, de Málaga , gracias a mi historia de Los Picassos negros y a las organizadoras del FESTIVAL INTERNACIONAL FEMINALE, de Colonia, Alemania, conversamos sobre el caudal femenino en Cuba y en el 2002 gracias a la ayuda del ICAIC y la Escuela, se exhibió una muestra que incluía las siguientes obras, te las relaciono.

Festival de Málaga (LAS MIRADAS DE CUBA) y FEMINALE (MIRADAS DE MUJER)

“Una mujer sin rostro”, de Lizette Vila

“Mujer ante el espejo”, de Marisol Trujillo

“El alacrán”, de Gloria Rolando

“Los hijos de Baraguá”, de Gloria Rolando

“A flor de letra, a flor de verso”, de Niurka Pérez

“Cuando los años pasan”, de Luisa Damaris Díaz Herrera

“En el nombre de una mujer”, de Julia Mirabal

“Yo soy la canción que canto”, de Mayra Vilasís

“Marcas bajo mi piel”, de Belkis Vega

“Hasta que la muerte no separe”, de Marilyn Solaya

“Chicosis”, de Isabel Espronceda

“La Bella Otero”, de Natasha Vásquez

“De cierta manera”, de Sara Gómez

“Silencio, se filma Fresa y Chocolate”, de Rebeca Chávez

“Guanabacoa, crónica de mi familia”, de Sara Gómez

“Mujer Transparente (Laura)”, de Ana Rodríguez

“Azul ( animado)”, de Rosa María Carrera

“Dos Gardenias para ti”, de Gloria Pedroso

“Ansias del alba”, de Lily Suárez

“Son 43”, de Gloria Argüelles

“Uno, dos, eso es”, de Miriam Talavera

“De mi alma, recuerdos”, de Lourdes de los Santos

Esta muestra también fue solicitada por el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en Providence, Estados Unidos así como algunos de estos materiales y sus realizadoras acudieron a otros eventos femeninos europeos

Todo valió la pena. Nuestras obras se hicieron visibles.

Feminale propuso al Festival de La Habana organizar un espacio para una muestra internacional de féminas y con el apoyo de Lizette Vila y su proyecto Palomas lo logramos en el XXV Festival de La Habana.

Tratamos de convocar a las realizadoras de provincias y , por otra parte, se nos escaparon algunos cortos, por ejemplo ya Tamara Morales había hecho “Dos hermanos”.

Antes y después de las muestras nos reunimos en la sala Villena, de la UNEAC y en la Fresa y Chocolate del ICAIC, nos conocimos, trazamos estrategias, tratamos de convocar a productores, patrocinadores… Incluso, algunas intentamos promover la creación de un Festival para mujeres en América Latina, ya que no existe, con basamento en México o Brasil teniendo en cuenta que en Europa algunos incluso tienen larga vida…

Buscábamos el renacer de aquellas acciones colectivas precedentes como las que se generaban en MAGIN.

Se trataba de que tales acciones no tuvieran un carácter espasmódico, sólo en pro de Festivales, sino que fueran sistémicas,

O sea que del verbo nos fuimos a la práctica pero…

Como ves algunos de los materiales fueron tesis de grado y sus realizadoras, las más jóvenes, tomaron otros derroteros. Nos dispersamos. Las más activas tenían labores pendientes.

Quizás nos abrumaron más que a otros el cotidiano y las urgencias inmediatas.

No obstante, existimos y hacemos y hay continuidad. Basta sólo ir a las sesiones y a las proyecciones en las Muestras de Nuevos Realizadores. Te vuelvo a relacionar:

“El pez nadando en el asfalto”, de Adriana Fernández

“Frutos amargos”, de Susel Benavides

“Buscándote Havana”, de Alina Rodríguez

“La Bestia”, de Hilda Elena Vega

“Burlar el silencio”, de Ariagna Fajardo

“El fin de nuestros afanes”, de Heiking Hdez.

“Destino M6”, de Gretel Medina

“El Grito”, de Milena Almira

“The Ilusion”, de Susana Barriga

Jessica Rodríguez y Ariadna García ganaron con el proyecto “Los espejuelos oscuros” en la 8va Muestra.

Si revisas los catálogos te das cuenta que además de directoras jóvenes hay también productoras, directoras de fotografía, animadoras, editoras, guionistas…Y entre las que realizan los llamados tele plays en la TV o si quieres les puedes llamar cortos de ficción sabes que hay madera por donde aserrar.

Me adelanto a pedirte que tengas en cuenta algunas de estas notas y sus post cuando estés tras la mesa de un día del Caracol, al que serás invitado para hablar justamente sobre el cine que no se ve.

O sea, para mí, ni invisibles, ni transparentes, más bien ignoradas.

ONEYDA GONZÁLEZ SOBRE LA MUJER CREADORA Y LA AVELLANEDA

jagb 03/09/2009 @ 13:05

Juany, ya estoy por aquí.

1. Despierta, aunque, si he estado dormida, puedo volver a estarlo, así que mejor me sacudo la modorra.
2. Las víctimas pueden ser, y pueden dejar de serlo, o simplemente entrar en negociaciones que las lleven a ser menos víctimas, y/o a rebelarse, lo que quiere decir mejor: revelarse.
3. Es importante asumir las discusiones como entendimientos, puntos de circulación en la vía del desarrollo; y eso, una vía que tuvo un principio, un medio y un... Por ahí voy...

1. Escribías sobre los días del agua y esa modorra macondiana que se nos pega y nos hace sentir que el mundo se repite (Cien años de soledad); pero, si así fuera estuviéramos en el primer día, y tu blog ha servido para mucho más de lo que te propusiste en principio; creo que es un espacio de pensamiento sobre cultura y sociedad. Y el cine es la expresión de un ambiente que lo trasciende, así que es mejor no aislarlo de ese contexto.

Cuando escribí "Estoy despierta" vivía "en los días del agua", donde nada puede sacarnos del principio; tan dormida en mi supuesto despertar, que no recordaba algunos trabajos en los que otras personas me acompañaron. Fue por ellas que decidí volver a hablar de mi experiencia. Hay una actividad que recuerdo con orgullo. Se llamó “La Avellaneda bajo sospecha”, como el título de un libro de Susana Montero, habanera a quien admiro, porque no he visto muchos seres con semejante energía y, sobre todo, con tan moderada constancia. Ella compiló un libro titulado “Con el lente oblicuo” que me enseñó a mirar las cosas menos vertical u horizontalmente, porque no es bueno exagerar en ningún sentido. La mirada transversal de aquel libro fue una de las enseñanzas que recibí de ella. Hecho este homenaje imprescindible a Susana, vuelvo a mi historia.

2. Aquel 23 de marzo nos fuimos a la casa de Amalia Simoni (Casa de la mujer camagüeyana desde hace unos años y proyecto conjunto FMC/Cultura), para celebrar el importante nacimiento, de una forma poco usual. Empezamos con una conferencia sobre Teresa de la Parra (tan amante de la libertad, como enemiga de la inocencia que nos distancia de nuestra naturaleza), seguimos con presentaciones de libros sobre la mujer, y terminamos con la première del documental "Todas iban a ser reinas", sobre las mujeres exsoviéticas que habitan en esta urbe. Estábamos en el año 2006, dos años después del 190 aniversario del natalicio de la poetisa, pero antes habían ocurrido otras cosas.

Una de las tareas que cumplimos en el 2004, fue la publicación de un libro de Susana titulado “Lo bueno y lo bello: una estocada de género”, que ofrece un panorama de la narrativa femenina cubana de la época, y puede ser el más antiguo de la narrativa femenina del país. Pero aquella tarde fue la explosión de una necesidad expresiva. Fue la voluntad legítima de llenar ese vacío que dice Víctor Fowler. En lo que fuera la caballeriza de la vieja casona de la novia de Ignacio, se agruparon más de ochenta personas de muy diversas procedencias.

Fue un trabajo entre el Centro Provincial del Libro, la Televisión, y la Quinta Simoni. Por cierto, no faltaron hombres; muchos de ellos, jóvenes. Y, por cierto, la Avellaneda y sus colaboradoras consiguieron tener a muchos hombres a favor de su trabajo: Rafael María Mendive, Ramón Zambrana y Juan Clemente Zenea, entre otros; como ahora veo interés en ustedes (tuyo, de Víctor, de Abelardo), cada cual a su modo, pero intentado acompañar nuestras preocupaciones.

3. En el 2004, me pidieron un texto de la Avellaneda, representativo y útil a nuestro tiempo. Ahora mismo comparto un fragmento con los lectores de "La Pupila Insomne". Pero necesité hacer una introducción para explicar el porqué de mi elección y creo que fue el momento en que, siguiendo ideas como las que ha expuesto Marina, comprendí la necesidad de trabajar en sistema, y sistematizando. Sé que en algún momento me detuve, pero puede ser que fuera para tomar aire, o para repensar el camino. Por eso aproveché esta brecha.

Ciertamente hay que ir a las raíces, es conveniente revisarlas con cuidado. Como dice ella, Ana Betancourt hizo esa labor en 1868, mientras se trabajaba en la primera constitución de la República, Asamblea a la que según se dice no se le permitió entrar; pero antes, en 1860, había tenido lugar el proyecto de la Avellaneda en “El álbum cubano de lo bueno y lo bello”, del que Susana hizo la selección mencionada, y de manera inmediatamente anterior a la insurrección (1866/67) se publicó en Camagüey el periódico El céfiro que fue interrumpido al estallar la guerra.

Fundado por Domitila García Coronado y Sofía Estévez, tenía salida semanal. Sus temáticas estaban orientadas a la mujer, y parece haber causado mucho movimiento en la sociedad, porque alrededor de éste se produce un ambiente cultural propicio a la participación de mujeres menos conocidas que la Avellaneda, pero cuya labor fue imprescindible. Hablo de traductoras, periodistas, maestras, dramaturgas, actrices, poetisas y narradoras.

Por ellas, por las que siguieron la idea del 190 aniversario del natalicio de la Avellaneda, por Susana Montero y por Rosa la bayamesa, quien fundó un hospital de sangre en la Sierra de Najasa, y sostuvo con entereza una de las labores más anónimas que se puedan imaginar, pongo en manos de los lectores, ese trabajo. Lo hago, porque mientras nosotros discutimos sobre estas cosas, hay mucha gente igual de anónima, que sufre por diferencias terribles, como las que nos muestra "La bestia", una película que efectivamente tiene el mérito de señalar la brutalidad y la deshumanización a que pueden llegar las relaciones intrafamiliares. Y la hizo una jovencita que no debe haber asistido a un congreso feminista, pero, sin que lo sepa, es heredera de cualquier esfuerzo hecho anteriormente. En ese camino de la conciencia de género me gusta quedar siempre que puedo. Ahí va mi colaboración y algunos fragmentos del artículo de la Avellaneda.

“¿Quién se atreve a ser Feminista?”

“Cada día me dan más argumentos para ser feminista”, respondió Marijke Martens, un día en que ─irónica e irresponsable─, la llamé así en una conversación informal. A partir de esa frase surgió un diálogo sobre el tema que todavía hoy no deja de asombrarme. Ella, que viene de Europa, no sólo está convencida, sino que esgrime sin tregua cada una de sus razones. Razones de antes, de ahora y quien sabe si lleguen a ser razones de después.

La insistencia con que intenta demostrarse en nuestros días la inutilidad de sus conquistas y el sentido de utopía de los presupuestos del feminismo, como el considerar que ya hizo lo que tenía que hacer, pueden haber motivado mi pueril asombro, y sobre todo, pueden haberse erigido en pretextos para mi indiferencia de entonces ante cuestiones que mucho deberían interesarnos. Lo cierto es que hay quienes piensan que no es necesario pensar en esto, por lo que hay otros que ni siquiera piensan, antes bien, tratan con ligereza un tema tan serio como respetable.

El feminismo, como cualquier movimiento revolucionario tiene sobre sí, no ya las miradas de incredulidad y desconfianza, sino además el añadido de los temores que muchos de ellos generan a la vista de supuestos fracasos. Habría que preguntarse, sin embargo, cuánto le debe el rostro de la sociedad contemporánea a esos movimientos. Habría que ocuparse de discernir en cuánto podría cambiar el mundo de hoy en el plano de la justicia social, si lograra sistematizarse una labor de estudio, de comprensión y de aprovechamiento de sus valores.

Estas ideas vinieron a mí cuando me preguntaron qué texto de la Avellaneda podría publicar Antenas en el año del 190 aniversario de su natalicio. Hubiera sido posible escoger algún otro, cuyos valores encontraría el lector de inmediato. Yo preferí recomendar el artículo “La Mujer” aparecido en 1860 en una revista fundada por ella a su regreso de España, en la ciudad de La Habana.

La publicación, conocida como “Álbum cubano de lo bueno y lo bello”, estaba dirigida esencialmente al “bello sexo”, aunque a juicio de Susana Montero, fue estratégicamente concebida por la poetisa para influir sobre las mentalidades de sus lectoras/es a propósito de la relación entre los géneros. Lo cierto es que el artículo fue recogido por la autora dentro de sus Obras Completas de donde terminó excluyendo numerosos trabajos literarios en un gesto de rigor profesional; dato de interés para calcular el valor que llegó a concederle a éste.

Que se asome el lector a esta zona del pensamiento de la Avellaneda para que aprecie su grado de compromiso con la llamada “emancipación de la mujer”, presupone un llamado a la moderación; aunque al mismo tiempo infiera una actitud menos pasiva, una conciencia, una actividad. Habría que aprovechar las ganancias del presente en virtud de nuevas y más altas aspiraciones. Este es un trabajo en el que ella asumió una postura inteligente, pero sin temor a expresar sus ideas con infinita franqueza.

Pienso que el artículo “La Mujer” y el punto de vista que lo sustenta ─elevar la autoestima como primer paso para alcanzar una liberación verdadera─, tiene todavía mucho que ayudarnos si en verdad tenemos la aspiración de relaciones sociales más humanas. Sólo así podría confiarse en que desaparezcan los prejuicios. Sólo así podría vislumbrarse un ambiente de calma al asumir estas discusiones. Sólo así puedo esperar que mi amiga Marijke Martens sienta menos la tensión de tan rotundos argumentos.

Oneyda González

LA MUJER EN SU CAPACIDAD CIENTÍFICA, ARTÍSTICA Y LITERARIA
por Gertrudis Gómez de Avellaneda

Si aún necesitásemos nuevas demostraciones de que la fuerza moral e intelectual de la mujer se iguala con la del hombre, no tendríamos más que buscarlas —con solo otra mirada rapidísima— en el campo de la literatura y las artes. No decimos también de la ciencia, porque estando ésta basada únicamente en el conocimiento de las realidades —que los mayores genios no pueden poseer por intuición— sería absurdo pretender hallar gran número de celebridades científicas en esa mitad de la especie, para la que están cerradas todas las puertas de los grandes institutos reputándose hasta ridícula la aspiración de su alma a los estudios profundos. La capacidad de la mujer para la ciencia no es admitida a prueba por los que deciden soberanamente su negación, y causa asombro que —aún así— no falten ejemplos de perseverantes talentos femeninos, que han logrado forzar de vez en cuando la entrada del santuario, para arrancar a la misteriosa deidad algunos de sus secretos.

***

Desde la más remota antigüedad vemos a la mujer dando muestras de que nació dotada de instinto artístico, que había de salvar al cabo cuantas murallas se le opusieran. Las musas mitológicas eran, probablemente, apoteosis de mujeres ilustres de los primeros tiempos, iniciadoras de las artes; pero sin necesidad de recurrir a hipótesis, sabido es que —según respetables opiniones— se debe a una mujer la invención de la pintura; que otra ha puesto las bases de la primera sociedad de bellas artes, estableciendo los juegos florales..... Y, ¿quién ignora que Safo fue célebre entre los más celebres poetas griegos de su época; que Corinna venció a Píndaro; que Tesálida infundía —con los mágicos sones de su lira— el heroísmo del guerrero en los juveniles corazones de las doncellas argivas? No intentaremos descender a los tiempos modernos: la Europa sola nos abrumaría con el inmenso número de sus glorias; y la América —ese mundo tan nuevo en que he nacido— la América misma llovería sobre nosotras multitud de nombres de distinguidas hembras, que sostienen en ella el movimiento intelectual amenazado de sofocación, en unas partes por la preponderancia de los intereses materiales, y en otras por las disensiones civiles.

Y, ¿cómo no ser así, cuando —al descubrir Colon una parte de estas regiones vírgenes— pudo notar con asombro que la naciente civilización de aquel pueblo y el genio de su poesía estaban encarnados en el hermoso cuerpo de una mujer? Anacaona era la sibila inspirada de una de nuestras ricas islas tropicales. A su voz —resonando entre las armonías de los bosques— se suavizaron las costumbres de aquellas tribus bárbaras, se reveló a sus entendimientos la soberanía de la inteligencia, y obedecieron como a reina a la que veneraban como a oráculo.

***

La humilde persona que suscribe estos artículos, no aspira en manera alguna a presentarse a vosotras como digno campeón de nuestro común derecho; pero séale permitido —al enorgullecerse de los triunfos del sexo— haceros notar, por término final de esta breves observaciones, un hecho evidente, que quizá prueba más que todos los argumentos. En los países en que la mujer está envilecida, no vive nada que sea grande; la servidumbre, la barbarie, la ruina moral es el destino inevitable a que se hallan condenados.

MARINA OCHOA RESPONDE A VÍCTOR FOWLER Y ABELARDO MENA

jagb 03/09/2009 @ 12:04

Víctor y Abelardo:

Primero que todo quiero decir que no soy una teórica del tema de la mujer ni de ningún tema. Solamente trato de exponer a debate, sin pudor, mis ideas con la certeza de que estas saldrán enriquecidas.

El concepto feminismo es abordado con recelo incluso por las propias mujeres y esta actitud tiene como base fundamental el desconocimiento. Desconocimiento del cual también soy víctima en buena medida.

Lo que me ha llegado en literatura e intercambios personales es que estamos tratando "con un conjunto de actividades políticas basada en el análisis sobre y -añado yo- inevitablemente desde, la posición histórica y social de las mujeres en cuanto subordinadas, oprimidas o explotadas por los modos dominantes de producción y/o por las relaciones sociales de patriarcado o de dominio masculino."

Revisen los libros que se publican, las revistas, lo medios de comunicación, los planes de estudio de cualquier nivel y se darán cuenta de que jamás está reconocido el concepto, y mucho menos como movimiento político social tan importante en su accionar, aunque se aplican como parte de campañas desde el discurso oficial y de forma muy escogida muchos de los temas contenidos en el mismo Se evita incluso usar la palabra género. Creo que este recelo ha sido sembrado desde el poder porque la única organización femenina validada ha sido la Federación de Mujeres Cubanas, portador de un feminismo parcial progubernamental, en un país en que han sido reconocidos sexos pero no géneros, pues ha habido una construcción “superior” que los engloba : revolucionario (¿construcción andrógina?).

Y digo parcial porque luchó arduamente para preparar la conciencia de la mujer cubana para disfrutar y aprovechar las ventajas que aportaba la creación de una sociedad que había eliminado la explotación, pero sin embargo se quedó a la zaga en cuanto a las herramientas para luchar contra la dominación por las relaciones sociales de patriarcado o de dominio masculino que sobrevivieron al drástico cambio que sufrió la sociedad y que además evolucionaron hacia formas menos explícitas (hablando como los locos me resulta interesante que si te pones a analizar bien, se pudiera demostrar que la Revolución durante la época fundacional fue feminista).

No se puede olvidar que el feminismo donde quiera que existe cuestiona fuertemente el poder, salvo en los países en que el avasallamiento desde el mismo es tal que anula toda capacidad de pensamiento y acción muy propio de los países dominados por el fundamentalismo religioso, donde sin embargo, pintarse los labios a escondidas puede ser un acto político de reafirmación de género. Creo que este germen cuestionador es una de las razones por la cual el feminismo se trata como espinas de pescado, pues se percibe como una amenaza y no como una complementación, aunque como ya expresé, el discurso oficial incorpora parcialmente la seña pero no el santo.

La propia afirmación que hace Victor: “la tensión hacia la que apunta Marina entre totalidad y fragmento, resulta más clara cuando, en términos de identidad, pensamos la utopía de que la transformación revolucionaria propicia y articula un modelo superior de identidad; una suerte de identidad “agónica”, de la batalla, donde los particularismos quedan subsumidos dentro de una nueva estructura a la que definen la transformación y el combate” me parece al menos otra lúcida explicación de las tantas posibles sobre la suspicacia con que se acoge cualquier actitud o presupuesto que se asiente en un desarrollo de la conciencia de género. Por cierto cuando hablamos de conciencia de género siempre asumimos que se trata de féminas, pero debe existir una conciencia de género masculina que me sería interesante conocer, ¿hay literatura al respecto? Porque cuando se trata de lo masculino siempre veo la referencia al sexismo.

Desestimar sin siquiera llegar a conocer en profundidad el valor del discurso particular de individuos y/o grupos surgidos o que puedan surgir fuera del diseño social oficial concebido desde arriba, es renunciar a la riqueza que este aportaría -aunque se considerara equivocado incluso- a ese modelo superior de identidad. No creo que nadie a estas alturas aspire a un discurso cerrado, segregado, porque sería un discurso inútil en cuanto a la incidencia en el perfeccionamiento de nuestra sociedad, nuestra, de cada una de las individualidades que la componen.

Porque no es dañino luchar por una utopía, lo dañino puede estar en qué se sacrifica por el camino, porque entre otras muchas cosas puede necesitarse más adelante. Y hay ejemplos notables sacrificados como son los aportes al análisis sobre el socialismo que hiciera la revista Pensamiento Critico y que debieran reeditarse.

Haber descartado a MAGIN (Asociación de Mujeres Comunicadoras, cuyo Comité Gestor se constituyó el 15 de marzo de 1994), me pareció entonces un error y me sigue pareciendo un error pues MAGIN pretendía la preparación para asimilar técnicas, conceptos, modos de hacer conducentes al fortalecimiento de la autoestima femenina para recuperar las posiciones, calificaciones y expectativas perdidas o pospuestas en el período de complacencia de los 80 donde nos creímos que habíamos llegado, y generar productos de comunicación social permeados de una conciencia de género.

Y se escribiría;”las comunicadoras podemos abrir vías, inducir a la acción colectiva, construir argumentos y mensajes que se elaboren bien y se difundan mejor desde nuestro ser mujeres. MAGIN es un espacio de mujeres pero no un círculo cerrado. Acogemos a compañeros interesados en asumir y desarrollar una conciencia de género”. No creo que en 1994, luego de lo que pasó con las conquistas de la mujer en el campo socialista recién derrumbado, los presupuestos referidos hubieran sido nocivos, por el contrario hubiéramos estado mejor preparadas para enfrentar la debacle del período especial. Creo que el gran pecado de MAGIN fue el intento de constituirse en independiente, porque nosotras mismas al expresar con honestidad nuestras pretensiones nos hicimos vulnerables al mostrar el potencial de dicha asociación.

Sin dudas que la intención de constituirse en independiente dejaba a las claras que no se creía que las metas propuestas pudieran alcanzarse dentro de instituciones oficiales. ¿Se imaginan el temor a que el discurso de los medios estuviera dominado por posiciones de género manejadas de forma independiente? No obstante esta asociación en el poco tiempo que existió dejó profundas huellas en el pensamiento de las comunicadoras cubanas.

En el camino a mis posiciones actuales y a la comprensión de la importancia de seguir organizando muestras de Mujeres Realizadora y de fundar la Mediateca de la Mujer, cuyas acciones, tal cual las he concebido, rebasarían el concepto pasivo Mediateca, fue fundamental la organización y curaduría de la primera muestra. Porque la muestra era de cine y yo incorporé a la televisión porque actuó en mí la conciencia de género adquirida en MAGIN y así pude asistir y darle al menos una oportunidad en las salas de cine y en las de video a una extraordinaria cantidad de talento “desconocido” que se me asemejó al fuego fatuo por todos los sueños luminosos que se queman en la fugacidad de una transmisión de televisión, y fue entonces que tomé conciencia de que las mujeres realizadoras del audiovisual teníamos una actitud pasiva y que necesitábamos un espacio propio para defender nuestros espacios y sacar de la invisibilidad nuestra obra.

En realidad me gustaría que mi obra se viera sin paternalismos pero también sin prejuicios. En mi obra, como todo realizador cuento con cosas más logradas y otras menos, lo mismo que sucede en el caso de los hombres, Sin embargo sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.

No concibo la sospecha estética sobre un producto que no conoces, aunque si creo en lo de la opción ideológica. También creo realmente cruel negar la crítica a la obra audiovisual femenina. Y no estoy hablando de crítica paternalista. Involuntariamente me viene a la mente el fragmento de un diálogo de un guión de Enrique Pineda -creo que en “Nostalgia Rosa”- que dice algo así como:”no critiques a tus enemigos porque aprenden” lo cual me coloca en la terrible percepción de que cuando no se ejerce la crítica de nuestra obra nos están negando el aprendizaje que toda crítica aporta.

En cuanto a las preguntas de Abelardo solo puedo decir que esas preguntas nos las hacemos muchas mujeres y hombres una y otra vez sin encontrar razones que puedan ser tomadas en cuenta para un análisis serio. Sé que hay investigador@s que se ocupan de tratar de responderlas, pero nada se publica. Creo que si no se abre sin reservas la posibilidad de escribir, investigar, debatir, opinar, incidir sobre estos y otros temas, seremos uno de los países más indefensos del mundo ante la avalancha homogeinizadora de la “cultura” de la globalización.

Un saludo a ambos

Marina Ochoa

MARINA OCHOA A PROPÓSITO DEL COMENTARIO DE ABELARDO MENA

jagb 01/09/2009 @ 19:59

Marina Ochoa me ha enviado esta suerte de réplica al comentario que en su momento nos hiciera llegar Aberlardo Mena, a propósito del post que la cineasta colgara. Comoquiera que el comentario no ha circulado del mismo modo que el post, lo coloco antes del mensaje de Marina, para que el lector pueda tener una mejor idea de lo que se está debatiendo.

JAGB

ABELARDO MENA SOBRE LAS MUJERES EN EL CINE CUBANO

Mas allá de las determinaciones demográficas de cuántos directores han sido mujeres, lo cual me parece válido para un primer análisis, el tema de la mujer en el cine cubano merece extenderse al audiovisual e incluir a la Tv cubana desde su fundación. No soy especialista del tema, pero una mirada somera a las "entrañas" de la TV cubana desde los 50, las teleclases en los 60, el CINED en los 60-80, ECIFAR, por supuesto el ICAIC, y tras los 80 la ECITV de San Antonio y el ISA, arrojaría que las mujeres han desempeñado un rol imprescindible en la industria audiovisual cubana (y ahí sumemos a la EGREM), que aún espera justa memoria y homenaje. No olvidar a MAGIN, Encuentro de Comunicadoras, en los años primeros del Periodo Especial.

Pero, como espectador "macho", me gustaría ver otra arista del “problema". ¿Ha reflejado el audiovisual las voces "rebeldes", interrogantes", del movimiento feminista cubano en los últimos 60 años? (y en ese movimiento incluyo sin duda a la FMC) mas allá de las ideologías o fraseologías al uso? ¿Como ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales? ¿Ha sido reivindicado el feminismo insular anterior a 1959? ¿Qué imagen han ofrecido los medios sobre el "tercer sexo": las cubanas homosexuales, invisibles en las organizaciones de masas? ¿Existe un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres? ¿Se ha producido en algún momento -desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres?

Una vez más, más interrogantes que respuestas.

Saludos,

Abelardo Mena

Estimado Abelardo:

No estoy de acuerdo contigo en eso de que cuántas sea solo demografía e inicio. Desgraciadamente también es resultado y evidencia de muchas cosas y contiene una infinidad de por qués que amerita identificar.

Nadie pone en duda que el tema de la mujer constituyó una revolución dentro de la revolución y que el pensamiento de avanzada de Vilma fue crucial. Ya con instinto, ya con conocimiento de causa desde la Federación desarrolló en los primeros años en la mujer, de forma masiva, su autoestima, su conciencia y capacidad para jugar cualquier rol social, para luchar por un futuro mejor codo a codo con el hombre dentro de premisas de igualdad. La mujer cubana alcanzó conquistas que aún hoy son extremadamente controvertidas y que constituyen verdaderos sueños por los que se lucha en muchos países supuestamente desarrollados ahora mismo y te pongo por ejemplo el derecho de la mujer a decidir sobre sí misma y su cuerpo.(en Virginia el legrado es un delito Federal, no importa la causa). Ni hablar de otros países donde el pensamiento es dominado por el fundamentalismo religioso.

Cuando el programa de conquistas de la mujer se estaba desarrollando a nadie se le ocurrió que este proceso pudiera ser portador de ningún patrón fragmentador de la identidad colectiva. Y perdona la recurrencia pero es un pensamiento muy dañino. Para mí ha sido éste uno de los proyectos de la revolución más hermosos y que tampoco ha sido debidamente estudiado. A la par de la campaña de alfabetización y en mi opinión mucho más complejo y delicado.

Pero también es cierto que ya a finales de los 80, antes del período especial tuve la percepción de que se había ralentizado y hoy, después de los 90 urge reevaluar el rol de esta institución porque las necesidades espirituales son siempre crecientes como refiere la Ley Fundamental del Socialismo y además cada generación tiene las suyas propias, - y esto, verdad de perogrullo, lo añado yo- y estas necesidades deben ser satisfechas so pena de convertirse en pasado por falta de capacidad para identificar la realidad presente y sus problemas e interactuar con ella.

“Pero, como espectador "macho", me gustaría ver otra arista del "problema". ¿Ha reflejado el audiovisual las voces "rebeldes", “interrogantes", del movimiento feminista cubano en los últimos 60 años? (y en ese movimiento incluyo sin duda a la FMC) más allá de las ideologías o fraseologías al uso? ¿Como ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales? ¿Ha sido reivindicado el feminismo insular anterior a 1959? ¿Que imagen han ofrecido los medios sobre el "tercer sexo": las cubanas homosexuales, invisibles en las organizaciones de masas? ¿Existe un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres? ¿Se ha producido en algún momento -desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres?”

En este fragmento entrecomillas algunas palabras. La utilización de la palabra macho nunca me ha gustado cuando se abordan los temas de género porque la considero reductora. No cuestiono su funcionamiento en la cama.

En cuanto al entrecomillado de la palabra problema ¿quiere decir acaso que pones en duda su existencia? Sería interesante conocer tu punto de vista al respecto.

Lo mismo me pasa con el entrecomillado de rebeldes e interrogantes. Realmente me confunde en cuanto a la interpretación de tu discurso.

Haces preguntas que me dan la impresión de que ya tienes conformado un criterio al respecto, que tienes las respuestas incluso a los por qué.

También me interesaría conocerlo.

En cuanto al feminismo anterior al 59 se conoce tan poco como del actual. Desconozco si ambos serán tema de investigación de alguna cátedra o institución, así de aisladas una de otras estamos.

Del feminismo anterior al 59 te contaré algo de lo que tengo sacado en algunos apuntes de mis investigaciones para un soñado documental sobre el desarrollo del pensamiento femenino en Cuba donde está incluido el feminismo. Espero que también sea útil para otr@s.

No se si hay quien conozca de la existencia de un libro titulado “La independencia” escrito por la Dra. Victoria de Caturla Bru, cubana, y que al parecer, -no lo he encontrado físicamente- en él demuestra que “la mujer desempeñó un papel de primer orden junto al varón, de tal manera que, sin su concurso, muy difícil, sino imposible, hubiera sido llevar a término la obra libertadora”, Diario de La Marina.

Al parecer corresponde a la esposa de Cirilo Villaverde, la cardenense Emilia Casanovas del primer club femenino fundado por una cubana “La liga de las hijas de Cuba” fundada en Estados Unidos cuando se ve forzada a emigrar con la idea de unir en un solo esfuerzo para recaudar fondos y prestar toda clase de servicios a la revolución. Este tipo de asociación se multiplicó no solo en el exilio sino también dentro de la isla en el campo de batalla. Vaya como ejemplo La democracia pura, La republicana y Lajitas. Eran sociedades secretas que lo mismo servían en los improvisados hospitales de sangre o facilitaban ropa y alimentos a los combatientes, o trabajaban en los talleres fabricando pólvora, machetes, sillas de montar, o lavar y zurcir y también peleaban en el frente de batalla.

Creo que Mirta Aguirre escribió sobre esto. El paradigma de esta época lo constituye Mariana Grajales, sin olvidar a María Cabral.

De Mariana Martí dijo: “Fáciles son los héroes con tales mujeres”.

Manana, la esposa de Máximo Gómez, rechazó la pensión que le quisieron asignar para el sustento de su familia cuando Máximo Gómez se incorpora a la guerra del 95 y dice “no debe gastarse en pan lo que hace falta para pólvora”.

Ni que hablar de Amalia Simoni, Isabel Rubio, Marta Abreu y Ana Betancourt quien en la Asamblea de Guáimaro se levanta precursora del feminismo americano cuando dice: “Cuando llegue el momento de liberar a la mujer, el cubano que ha echado abajo la esclavitud de la cuna y la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será como fue ayer su compañera ejemplar”, lo que constituye al parecer la primera demanda concreta de reconocimiento de los derechos políticos de la mujer.

Sin embargo la recién nacida República fue sorda a este reclamo. Como ejemplo, no es hasta 1936 cuando la mujer cubana conquista su derecho al voto, luego de una larga lucha cuyos objetivos básicos fueron expresados en los dos Congresos de Mujeres celebrados en 1923 y 1925 en La Habana. Estos congresos fueron organizados por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas y fueron primeros de esta índole celebrados en América Latina. Tomaron parte de ellos todas las clases sociales y las demandas fueron el derecho al sufragio, la igualdad de derechos civiles y otros problemas sociales en general.

Hubo también asociaciones sufragistas como el Partido Nacional Sufragista creado en 1915 y en 1918 surge el Club femenino de Cuba, que si bien llevaba el derecho al sufragio en su programa consideró la importancia de una labor previa de educación y propaganda y ha sido considerada la más antigua de las organizaciones femeninas en pro de la superación cultural y social de la mujer cubana. Las fundadoras fueron Pilar Jorge de quien se dice que concibió la idea y Emma López Seña. Las acompañaron Pilar Morlón y Hortensia Lamar. La primera acción cívica de esta asociación fue salir a la calle con su estandarte para protestar contra el proyecto que contemplaba la anexión de Isla de Pinos y según parece fue la primera manifestación femenina que salió a la calle. También consiguieron separar a las presas que por entonces compartían hacinadas el mugriento vivac con los hombres y llevarlas a un reclusorio de mujeres solas en Guanabacoa El propio Club logró ser nombrado supervisor del reclusorio. Allí se organizó la primera escuela de instrucción primaria para las presas, talleres de costura y servicios médicos. Este Club femenino de Cuba realizó grandes campañas a favor de los derechos de las obreras que comenzaron a trabajar como consecuencia de la primera guerra mundial, demandando la aplicación de toda la legislación que amparaba a los hombres y la famosa Ley de la silla que permitió desde ese momento a las empleadas sentarse a ratos.

Este Club también organizó la Federación de Asociaciones Femeninas. Se enfrentó al problema de la prostitución logrando el cierre de las academias de baile; también fundó la Escuela de Comercio gratuita para mujeres y las primeras escuelas nocturnas. Fundó la revista La Mujer Moderna, órgano de la Federación.

Otras sociedades feministas fueron el Partido Demócrata Sufragista, La Fundación Nacional de Asociaciones Femeninas y el Comité Pro la Igualdad de Derechos. Hay muchos nombres, hay muchas organizaciones. Me detuve en esta porque creo que es de las más desconocidas.

En 1928 se constituye la Alianza Nacional Feminista, en la VI Conferencia Internacional Americana en 1928 surgió la Comisión Iberoamericana de Mujeres que se reunió en La Habana en1930.
El tercer Congreso Nacional de Mujeres de 1939 fue presidido por Camila Henríquez Ureña.

A estas instituciones estuvieron ligadas mujeres como Pilar Jorge, Enma López Seña, Pilar Morlon, Hortensia Lamar, Rita Shelton, Flora Diaz Parrado, Ofelia Domínguez, Elena Mederos Conchita Castañedo, Leonor Castello, Ana Ma. González, Rosario Guillaume, María Collado, Julia Sainz y Leticia Delmonte.

Otras muy importantes fueron Las Damas Isabelinas y su ardua lucha contra la tuberculosis, a la cual está ligado el nombre de Lily Hidalgo de Connill, María Montalvo, Margot López, Consuelo Morillo, y Leticia de Tiedra; el Lyceum fundado en 1929 por Berta Arozarena y Renee Méndez Capote y participan Elena y Liliam Mederos, Emelina Díaz y Piedad Maza fusionado más tarde con el Lawn Tennis, bajo el nombre de Lyceum y que fuera de los máximos animadores de la cultura cubana durante mucho tiempo -para más información buscar el ensayo de Vicentina Antuña sobre dichas sociedades publicado en la revista Lyceum. También Pro Arte Musical que vio la luz en 1918 fundada por María Teresa García Montes que logró un gran prestigio internacional con un historial tan rico que es imposible abordar aquí, además que no es el objetivo principal, y que construyó el Teatro Auditórium.

Pero es que hubo otras sociedades culturales fundadas por mujeres como son La Sociedad de Conciertos fundada por Rosita Rivacobas, La Sociedad de Música de Cámara, presidida por Concha Garzón, La Sociedad de Artes y Letras Cubanas fundada por María Teresa Aranda, la Asociación Cruz Blanca de la Paz, presidida por Blanquita de Castro, la Sociedad Universitaria de Bellas Artes, el Club de Mujeres Profesionales y de Negocios de La Habana, el Patronato de las Artes Plásticas y el Ateneo de la Mujer.

Y desde luego todas las fundadas en provincia, que tampoco fueron pocas.

Creo que esta información ilustra un poco lo que digo en mi acercamiento al cine documental del ICAIC sobre los riesgos de debilitar la cultura nacional como consecuencia de abjurar raíces.

Y esto se dio también en el cine. Juan Antonio es uno de los críticos que nos están ayudando a reencontrarnos con nuestras raíces cinematográficas y gracias a Dios, no el único. Quien lo empezó por escrito, quizás tímidamente, está fallecido y se llama Raúl Rodríguez y trabajaba en nuestro Centro de Información.

En cuanto a lo que llamas tercer sexo te diré que en los 90 presenté al ICAIC un proyecto apoyado con entusiasmo por Mariela Castro, que por entonces no presidía el CENESEX sobre la maternidad en la mujer lesbiana, para el cual también hice una investigación.

Esta idea se me ocurrió cuando conocí del caso de dos vecinas lesbianas, madre una de ellas a quien el padre del niño había demandado para obtener la exclusiva patria potestad basándose en la sexualidad de la madre. No te contaré el resultado, para mantener el suspense. Esto lo presenté en el ICAIC y Alfredo no lo rechazó, solo me pidió que lo aplazara porque estaba el ICAIC inmerso en la secuela de “Fresa y Chocolate”, secuela que no fue panacea como algunos creen.

Sucedió que luego se unió a todo el desastre de los noventa la salida de Alfredo. Y realmente considero desde hace mucho tiempo ya que este tema es mejor abordarlo como cine independiente. He estado buscando financiamiento, pero las instituciones internacionales feministas a las cuales me he acercado han resultado muy ingerencistas y han pretendido modificar el proyecto, con lo que no estoy de acuerdo.

En cuanto a lo de la posible tendencia pornográfica te responderé sin saber a ciencia cierta que es para ti pornografía: no creo. Yo estuve en el jurado de Cine Plaza que premió “La Bestia” y voté a favor. También considero que el corto de Arturo Infante que el titula “Gozar” es una obra de arte. En ambos el sexo tal cual está planteado es indispensable para plasmar el concepto que abriga cada uno de ellos.

¿Te parece pornografía “El Imperio de los Sentidos”?

Agradeciendo tu atención te saluda,

Marina Ochoa

PD: ABELARDO MENA COMENTA LA RESPUESTA DE MARINA OCHOA

Estimada Marina:

A fin de dialogar con tu texto, me tomaré la licencia -más de comentar que de responder- inmediatamente debajo. ¿si?

“No estoy de acuerdo contigo en eso de que cuántas sea solo demografía e inicio. Desgraciadamente también es resultado y evidencia de muchas cosas y contiene una infinidad de por qués que amerita identificar”.

No lo dudo. Pero cuestionar las estructuras patriarcales en Cuba y el mundo me parece empresa justa para dos etapas simultáneas: por un lado detectar a nivel institucional, gremial, sindical, comunitario, los obstáculos concretos que enfrentan las mujeres en su presencia indiscutiblemente mayoritaria para acceder a trabajos o desempeños "tradicionalmente" reservados a hombres (como ser director de cine). Y por otro, desmontar a nivel teórico-simbólico-cognoscitivo los mitos ideológicos que cotidianamente mujeres y hombres construyen incluso en contra de su propia emancipación. Esta vinculación entre teoriza y practica social me parece indispensable, y lamentablemente ausente -hasta donde logro ver como espectador- en Cuba.

“La utilización de la palabra macho nunca me ha gustado cuando se abordan los temas de género porque la considero reductora. No cuestiono su funcionamiento en la cama”.

Uso la palabra macho pero como supondrás totalmente alejados de la connotación machista básica. Mi experiencia vital es, hasta hoy, de heterosexual convencido (me encantan las mujeres) lo cual restringe mi visión del mundo: solo en una feliz sublimación podría sentir o escribir como una mujer o dar a luz...o séase, que me pierdo interesante experiencias, ¿si? Vivimos en una época que celebra al fin la diferencia: homosexuales, transexuales, pero creo hemos olvidado-discriminado-disminuido el rol del hombre hetero, como si fuese descartable, prescindible. Julio Cesar Pagés ha adelantado aportes en este sentido, pero en Cuba la academia y los massmedia no van exactamente unidos. Reivindico la "hombriedad" de código, esa que no temía a las mujeres, que prohibía ejercer violencia sobre ellas, y que saludaba con alegría todo aporte de las mujeres, como contribución jubilosa a la emancipación humana.

“En cuanto al entrecomillado de la palabra problema ¿quiere decir acaso que pones en duda su existencia? Sería interesante conocer tu punto de vista al respecto”.

No lo dudo, al contrario.

“Lo mismo me pasa con el entrecomillado de rebeldes e interrogantes. Realmente me confunde en cuanto a la interpretación de tu discurso. Haces preguntas que me dan la impresión de que ya tienes conformado un criterio al respecto, que tienes las respuestas incluso a los por qué. También me interesaría conocerlo”.

Hago preguntas en tono provocador, nada mas. Ojala conociese las respuestas. Solo hago preguntas en base al cine cubano que he visto, relacionado con el tema, desde “Lucia” hasta “Con Las Mujeres Cubanas”, desde “Mujer Transparente” hasta la posible emergencia de una femeneidad diferente en las nuevas visiones del cine independiente.

“En cuanto al feminismo anterior al 59 se conoce tan poco como del actual. Desconozco si ambos serán tema de investigación de alguna cátedra o institución, así de aisladas una de otras estamos”.

¿Has leído el libro de Lynn Stoner? No es perfecto, pero abundante en información y enfoques. ¿Por que no se ha publicado en Cuba? ¿Por que una organización como la FMC no auspició nunca un ciclo de materiales fílmicos o en video que redescubrieran a las espectadoras cubanas una continuidad histórica en su emancipación? ¿Por que aún hoy nadie aborda esta memoria necesaria? ¿Por que tanto silencio? ¿Vergüenza acaso? Ni siquiera en aquella asignatura "celebre" en los años 80: “Movimiento Obrero”, se reconocían las figuras, eventos, principios del feminismo cubano....Y hoy, ¿como se reconoce esta historia en los libros del MINED?

“En cuanto a lo que llamas tercer sexo te diré que en los 90 presenté al ICAIC un proyecto apoyado con entusiasmo por Mariela Castro, que por entonces no presidía el CENESEX sobre la maternidad en la mujer lesbiana, para el cual también hice una investigación”.

Comprendo tus frustraciones como mujer y cineasta frente a tales escollos. Lo que me preocupa es la invisibilidad del tema y de sus sujetos. ¿Has leído alguna vez una declaración rampante de escritoras cubanas lesbianas o no, defendiendo a sus compatriotas al tiempo que se empoderan a si mismas? ¿A que debemos tanta pasividad, tanto silencio? ¿Culparemos siempre al "poder" de tanta inercia social? Eso no seria justo, ni contribuiría a la modelación de nosotros mismos como seres activos. Para respirar y construir no se pide permiso.

Abelardo Mena

VICTOR FOWLER SOBRE LA MUJER Y EL CINE CUBANO

jagb 30/08/2009 @ 18:21

Juan Antonio, Marina y Oneyda:

La casualidad es providencial. El 25 en la mañana leí el post, escuetamente titulado “Mujeres”, que Juan Antonio escribió a modo de comentario a uno de Marina Ochoa publicado una semana antes y titulado “Las mujeres y el cine cubano”. El 25 por la tarde recibí la visita de Milagros Farfán, egresada peruana de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, quien, como parte de la investigación que hace para el documental en el que ahora mismo trabaja, vino a conversar sobre… las mujeres en el cine cubano contemporáneo. La coincidencia, además de feliz, indica una inquietud extendida, un vacío y también la voluntad para llenarlo.

A medida que he ido leyendo la cadena de posts, surgen preguntas más allá de la particular problemática del cine cubano, territorial a fin de cuentas. Tanto Marina (“El tema es mirado de soslayo por sospechas de feminismo.”) como Oneyda (“…me reconozco como una solitaria incómoda, cuyas prácticas en este sentido me colocan cuando menos en la sospecha feminista.” y “Me he preguntado si no operaría en ello el temor de estar hablando de feminismo…”) ponen en primer plano algo que está entre los más graves problemas de las ciencias sociales cubanas del presente; algo que índice profundamente en el mundo de “la cultura” y, en particular, una ausencia en las interpretaciones del hecho cinematográfico: ¿qué es el feminismo, cómo es entendido en Cuba y qué hacer con sus teorías? O, mejor aún, ¿cuál dialéctica establecer entre identidades (grupales, de género, raza, etc.) y esa “identidad social” de la que habla Marina? ¿Qué es una “identidad social” y de qué modo opera dando visibilidad y voz a las identidades grupales? ¿Es esto posible?

De una parte, es fundamental la realización de acciones concretas, gracias a las cuales sea posible, a la misma vez, hablar desde la identidad (ser voz) y que dicha identidad no sea impedimenta para alcanzar sueños. De la otra, las prácticas identitarias ocurren en el horizonte de una totalidad que, en el contexto en el que hablamos, no podemos sino entender como la nación. Las preguntas sobre la cuestión mujer, como bien señala Marina, abre las puertas al análisis de otros ámbitos de la identidad.

También en “Mujeres”, el post de Juan Antonio, el concepto ‘feminismo’ es leído como interrupción, aunque aquí las consecuencias son distintas; para el crítico, que asegura no tener nada en contra de las teorías feministas, éstas se tornarían discutibles “… cuando aíslan su objeto de estudio, y reciclan el mismo enfoque patriarcal, solo que cambiando el sexo de quienes hablan.” De ahí que afirme que lo mismo le pasaría “… si el negro o el gay, intentaran concederle un punto de vista privilegiado a sus particulares maneras de entender la existencia…”

El problema con lo anterior es que, en la circunstancia que sea en la que pueda ser identificado un sujeto de la diferencia, éste no precisa intervenir desde “un punto de vista privilegiado”, sino que deberá de elegir entre exponer u ocultar “sus particulares maneras de entender la existencia”. Dicho de otro modo, la diferencia es una suerte de plus que el sujeto lleva junto con su condición de universal; de modo que, cuando se suprime lo particular no es una parte lo que sufre daño, sino lo humano entero del sujeto en cuestión. No es un hueso, músculo u órgano sobrante, sino un pedazo de cerebro repartido por la totalidad del cerebro, definidor y no extirpable.

La tensión hacia la que apunta Marina, entre totalidad y fragmento, resulta más clara cuando, en términos de identidad, pensamos la utopía de que la transformación revolucionaria propicia y articula un modelo superior de identidad; una suerte de identidad “agónica”, de la batalla, donde los particularismos quedan subsumidos dentro de una nueva estructura a la que definen la transformación y el combate. Hoy me parece que roba riqueza a la vida y prefiero correr los riesgos de escuchar diferencias, voces; pero, como mismo la identidad-fragmento muestra su sentido último en el horizonte de la nación, el acceso a la voz sólo alcanza cumplimiento en el horizonte de la intervención, el debate y, finalmente, la participación como sujeto de diferencia.

“Marina Ochoa sobre el post “Mujeres” (28-08-2009), que constituye un verdadero correctivo al post ya comentado de Juan Antonio, refiere diversos escenarios en los que cineastas y comunicadoras han luchado durante años para “lograr un tratamiento de equidad”. Aunque no están cuantificados ni citados por sus nombres, puede uno imaginar que se trata de una larga cantidad de eventos (académicos, culturales, políticos y sociales) a los que parece unir una misma circunstancia adversa en cuanto a la actitud masculina hacia ellos: “Ninguno halla un espacio para asistir a estos eventos donde se debaten “cosas de mujeres”. La respuesta se opone a una dura idea vertida por Juan Antonio en "Mujeres", la existencia de una tradición (que, en el contexto, trataría de las mujeres): “… a través de la cual siempre delegamos en un tercero que cuenta con “autoridad” (cuando no en el Tiempo), la responsabilidad de hacernos visibles como sujetos.”

La fricción, sin embargo, admite ser leída desde otro ángulo si formulásemos la pregunta más difícil y que una verdadera revisión del problema tampoco puede darse el lujo de eludir: ¿qué falta, en qué medida la víctima se fabrica a sí misma como tal, cuáles son su responsabilidad y su daño? Más allá de la existencia puntual de Marina Ochoa, ¿qué explica la no-realización en Cuba de muestras de mujeres realizadoras? ¿por qué esa única vez en la que se hizo, en voz de su propia curadora, el hecho tuvo: “… dentro del marco del IV Encuentro Iberoamericano de las Mujeres en el Arte y el VII encuentro Internacional de la Mujeres en el Arte, donde por primera y al parecer única vez se incluyó el cine, tarea encargada al departamento de…”? ¿Hubiera existido algún encuentro semejante si aquella vez no “se incluye” el cine hecho por mujeres? ¿Cómo es que Marina no se percata de que justo la acción ajena de incluir es la delegación de responsabilidad a la que se refiere Juan Antonio? Además de rabia, sueños, frustración y demanda de voz, ¿qué le falta a la víctima para ser acción?

Donde Oneyda escribe “las marcas del patriarcado dejan huellas tan sutiles que a veces no logramos darnos cuenta”, podemos imaginar que la posibilidad de patriarcado necesita, casi como un imperativo, que su Otro esté privado de voz. A la manera de una ley de funcionamiento, el “otro” mujer no puede hablar; sólo que la ley es intocable, no está en parte alguna, no fue escrita y, quizás, ni siquiera formulada: así, de manera tácita. Tal y como dice Marina: “nadie se atreve a escribirlo” o “cuando un hombre grita se dice que tiene carácter, pero cuando lo hace una mujer, por muy justificado que sea se dice que es una histérica”. Dicho de otro modo, incluso los intentos de escapar a los efectos de la ley terminan reforzándola. Si esto es así, entonces la dominación no sólo priva al otro de voz, sino que secuestra hasta las propias estrategias que el otro pueda desplegar para manifestarse.

Donde Marina afirma, a propósito del cortometraje de Ana Rodríguez en el largo “Mujer transparente”, que: “… el abrazo de Laura y su amiga es anterior al de Diego y su significado tiene más riqueza que el de este último, sin que por ello descalifique la importancia del último”, está haciendo una valoración estética y una profunda revisión la película más conocida del cine cubano, así como un cuestionamiento bien directo a nuestra crítica y su ceguera. En oposición a ello, respondiendo a este mismo post de Marina, afirma Juan Antonio, mientras intenta explicar por qué ha escrito tan poco sobre el cine hecho por mujeres en Cuba: “… es cierto que no me he sentido tan motivado como cuando escribo sobre el audiovisual que están haciendo los jóvenes (que incluye a las realizadoras), o como cuando reviso la llamada “década prodigiosa”. Tengo la prueba más fehaciente de ello con la reciente invitación que me hiciera Laurence a participar en su libro: fui incapaz de hilvanar una mínima página.”
Apelando al lenguaje popular, aquí o jugamos o nos pasamos con ficha.

Dado que Juan Antonio es sólo un ejemplo (incluso el de uno de los más acuciosos, prolíficos y entregados investigadores cubanos en el universo del cine), ¿qué es lo que la crítica nuestra es incapaz de ver y por qué? ¿Por qué no es posible ver a las mujeres como otra cosa que autores neutros, sin marca de género? ¿En cuáles otros terrenos de la cultura y, en general, de la vida social en el país sucede de igual o parecido modo? ¿Se trata sólo de una opción ideológica de quienes hacen crítica (amén de la rutina o el temor de ser identificado como “feminista”) o hay algo más, alguna suerte de sospecha estética? ¿Tiene este cine, juzgado de manera global, como hecho identitario, alguna debilidad o falla? En caso contrario, ¿cuáles son sus fortalezas? ¿Qué hace, para la crítica, poco interesante lo mujer y qué herramientas, doy por hecho que faltan, son necesarias para percibirlo? ¿Dónde se forman quienes hacen crítica, cómo se superan, de cuál instrumental teórico disponen, qué cine ven, qué textos leen, cuál es su diálogo con la contemporaneidad? ¿Cómo y qué se transmite o enseña, a los estudiantes y a los públicos? ¿Cómo se forma ciudadanos?

Un entramado como el descrito no puede ser dejado a su evolución gradual, puesto que la ley se reafirma a sí misma, sino que obliga a la negociación. A la misma vez, y puesto que la ley se reafirma a sí misma, no puede ser negociado, sino que tiene que ser roto. Pero cuando se quiere conservar (y desarrollar) la “identidad colectiva” que Marina defiende, la ruptura (la permanente introducción de escenarios nuevos), es el acto ético por excelencia. Demanda pensamiento, debate, mirada, escritura, influencia, alianzas, estrategias, auto revisiones, proyecto, comunidad: convertirse en máquina de ruptura. Las preguntas valen tanto para la organización de eventos como para colocar en un nuevo nivel la enseñanza del cine en el país, la crítica y el trabajo de los historiadores del cine, las actividades concebidas para la formación del gusto de los públicos, etc. No sólo en lo que pertenece a la producción audiovisual y en lo que corresponde a mujeres, sino atravesando el peligro de la cultura y el de la identidad; escuchando, abiertos hacia un universo nuevo que toca entre todos construir.

Víctor Fowler

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