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Categoría: LIBROS SOBRE CINE CUBANO

“DÍA DE LA CRÍTICA” Y LIBROS SOBRE CINE CUBANO EN EL VENIDERO FESTIVAL DE LA HABANA

jagb 19/11/2009 @ 20:02

Ya comienza a hablarse del venidero Festival de Cine Latinoamericano en La Habana (del 3 al 12 de diciembre del año en curso). Sobre la presencia del cine cubano en este evento estaremos hablando más adelante en el sitio, pero hago un anticipo: el domingo 6 de diciembre se estará celebrando en el Salón “1930” del Hotel Nacional el ya tradicional “Día de la Crítica”, y que este año tiene un tema de discusión realmente novedoso: “Más allá de los créditos: dialogando con los técnicos del ICAIC”.

Creo que será la primera vez que ocurrirá eso: que los críticos se reúnan para escuchar lo mucho que aún tienen que decirnos aquellos que, desde la invisibilidad, han hecho posible la historia del cine cubano (¿no se nos aparecerá por allí Pucheux y compañía con todas esas anécdotas que nos han regalado a los lectores del blog?).

Luego, como colofón del “Día de la Crítica”, se venderán publicaciones. A destacar, los dos textos publicados por la editorial Acana de Camagüey, y que fueron los Premios Nacionales de Investigación y Crítica correspondientes al 2007, ganados respectivamente por Luciano Castillo/Arturo Agramonte, y Joel del Río. Y no menos valioso será el volumen de entrevistas concebido por Oneyda González en torno al guión cinematográfico, y publicado por la Editorial Oriente, que, dicho sea de paso, a estas alturas ya ostenta la mejor colección de textos relacionados con el cine de la isla.

Juan Antonio García Borrero

Libros que serán presentados el 6 de diciembre en el Salón “1930”.

ENTRE EL VIVIR Y SOÑAR (Pioneros del cine cubano)

Autor: Arturo Agramonte y Luciano Castillo

Editorial: Ácana (Premio Nacional de Investigación del año 2007).

“Es notable el esfuerzo que entraña este libro: la búsqueda y fijación de informaciones sobre los pioneros y continuadores del cine cubano… En sus páginas leemos, en síntesis, los días y las noches, los desvelos de quienes hicieron del cine su objetivo vital, una razón de existencia, un noviazgo incómodo y cuánto queda entre el vivir y el soñar. Ese accidentado panorama se sostuvo por la obsesión de unos pocos, aquí retratados en su pasión y en sus delirios, en los reveses que conocieron, y en su persistencia para persistir entre rechazos y desilusiones. El conjunto complementa un aprendizaje necesario, del que no debe permanecer ajeno el amante del cine, el seducido de luneta que somos todos…” (Reynaldo González).

CONTEXTOS, CONFLICTOS, CONSUMACIONES (Análisis crítico del cine cubano entre 2000 y 2006).

Autor: Joel del Río

Editorial: Acana, Camagüey

Excelente revisión crítica de la producción del audiovisual cubano en el período que va del 2000 al 2006, y que mereció el “Premio Nacional de Crítica Cinematográfica” del 2007. El lector podrá encontrar evaluaciones de los siguientes filmes: “Hacerse el sueco”, “Lista de espera”, “Las noches de Constantinopla”, “Miradas”, “Nada”, “Miel para Oshún”, “Aunque estés lejos”, “Entre ciclones”, “Roble de olor”, “Suite Habana”, “Perfecto amor equivocado”, “Tres veces dos”, “Barrio Cuba”, “Viva Cuba”, “El Benny”, “Mañana”, y “Páginas del diario de Mauricio”.

POLVO DE ALAS (EL GUIÓN CINEMATOGRÁFICO EN CUBA)
Autora: Oneyda González
Editorial: Editorial Oriente, Santiago de Cuba

Índice

ESCRIBIR PARA EL CINE ES…

Senel Paz: “El encanto del oficio”

Aida Bahr: “El guionista sabe que escribe para todos”.

Arturo Arango: “No ceder a los excesos”.

Manuel Rodríguez: “Saber elegir”.

Julio Carrillo: “El guión es la película virtual”.

EN EL REINO DE LOS AUTORES…

Humberto Solás: “El guión es la espiritualidad del cine”.

Pastor Vega: “Cine de autor, la contribución más importante”.

Orlando Rojas: “Yo quiero el guión perfecto”.

Tomás Piard: “Yo me apropio de los guiones”.

Arturo Sotto: “El cine se concreta en las imágenes”.

Pavel Giroud: “Nos urgen buenos guiones”.

Fernando Pérez: “La magia inexplicable”.

Juan Carlos Cremata: “Hacerlo todo desde mí”.

Jorge Luis Sánchez: “Renovar el lenguaje”.

Belkis Vega: “Una mirada femenina”.

Miguel Coyula: “Soy y seré siempre una isla”.

DONDE LA CRÍTICA SE REVELA…

Luis Álvarez: “El guión como sustancia”.

Luciano Castillo: “Siempre existe la posibilidad de sorprender”.

Mayra Pastrana: “La crisis de la crítica de cine”.

Juan Antonio García Borrero: “¡Viva el pensamiento!”.

Dean Luis Reyes: “Hace falta una crítica que dude de sí misma”.

BLOGuerías

Autor. Juan Antonio García Borrero

Editorial: Acana, Camagüey

Selección de algunos de los textos colgados en el blog “Cine cubano, la pupila insomne”.

OTRAS MANERAS DE PENSAR EL CINE CUBANO

Autor: Juan Antonio García Borrero

Editorial: Oriente, Santiago de Cuba

“García Borrero es un crítico de cine de la primera generación que creció por entero dentro de la Revolución. No es casual quizás que represente una nueva especie de historiador fílmico, que insiste en los valores de un academicismo depurado pero los aplica con el oído puesto en las inquietudes contemporáneas acerca de la contradicción y la paradoja inscritas en terrenos culturales como el cine. Él cree que cuestionar la sociedad es una función intrínseca del cine, y que la representación de la realidad social en la pantalla es más rica cuanto más crítica. Es un decidido partidario de la idea de que el ojo del cineasta no ha sido nunca, ni podrá ser, inocente, tal como dice en uno de los post colgado en su blog “Cine cubano, la pupila insomne” (otro indicador de su contemporaneidad). Esto lo lleva inevitablemente a la insistencia en revisar la historia del cine cubano, para rescatar sus olvidos, reconstruirlo desde su misma base, para volver a ver y reevaluar sus filmes en lugar de repetir juicios críticos de segunda mano. El presente libro es una importante contribución a este propósito. Es, de hecho, una lectura esencial”.

Michael Chanan

MICHAEL CHANAN SOBRE “OTRAS MANERAS DE PENSAR EL CINE CUBANO”

jagb 24/08/2009 @ 22:35

Cuando pienso en los treinta años transcurridos desde que fui a Cuba por primera vez para investigar su cine, me parece en ocasiones un sueño. Había una isla bajo el sol. Tenía una revolución. Creó una nueva sociedad, dedicada a la justicia social… y a hacer películas. Sería un nuevo tipo de cine, que iría más allá del escapismo por receta de las producciones comerciales. Reivindicaría el cine como arte al revolucionar a la vez la manera de producirlo y la de representarlo, para mostrar así una mirada fresca sobre la realidad social ante la cámara. Cuestionaría tanto si la realidad reflejada en la pantalla era auténtica, como si esa realidad era en sí misma suficientemente buena. El cine es el vehículo perfecto para este tipo de aspiración. Es una forma de expresión de los sueños colectivos que deposita sus imágenes en el subconsciente cultural de la sociedad.

No hay nadie que conozca más acerca de este cinema de sueños que Juan Antonio García Borrero. Da la impresión de saberlo todo, y de todos, y todavía más. Pero no se trata simplemente de un conocimiento enciclopédico. Sus palabras de alerta combinan memoria y reflexión. La memoria debe ser recuperada de la erosión del tiempo, mientras la historia que se rescata así a la luz puede ser valorada, interrogada, re-imaginada (recreada), porque el pasado, para decirlo con las palabras iniciales de El mensajero, “es un país extranjero; las cosas son diferentes allí”.

Esto es inevitable, especialmente en una sociedad que ha atravesado el proceso que Santiago Álvarez llamó “subdesarrollo acelerado”, uno de cuyos efectos es hacer más rápido el relevo entre generaciones, de forma tal que los sueños del pasado no son más los sueños del presente, los de nuevas generaciones cuya experiencia es diferente precisamente porque hubo una revolución.

García Borrero es un crítico de cine de la primera generación que creció por entero dentro de la Revolución. No es casual quizás que represente una nueva especie de historiador fílmico, que insiste en los valores de un academicismo depurado pero los aplica con el oído puesto en las inquietudes contemporáneas acerca de la contradicción y la paradoja inscritas en terrenos culturales como el cine.

Él cree que cuestionar la sociedad es una función intrínseca del cine, y que la representación de la realidad social en la pantalla es más rica cuanto más crítica. Es un decidido partidario de la idea de que el ojo del cineasta no ha sido nunca, ni podrá ser, inocente, tal como dice en uno de los post colgado en su blog “Cine cubano, la pupila insomne” (otro indicador de su contemporaneidad).(1) Esto lo lleva inevitablemente a la insistencia en revisar la historia del cine cubano, para rescatar sus olvidos, reconstruirlo desde su misma base, para volver a ver y reevaluar sus filmes en lugar de repetir juicios críticos de segunda mano. El presente libro es una importante contribución a este propósito. Es, de hecho, una lectura esencial.

Michael Chanan
Londres, 28 de junio de 2009

(1) “El ojo del cineasta nunca ha sido ni será inocente”, Bloguerías, p. 20 y “La pupila insomne” (http://cine-cubano-la-pupila-insomne.nireblog.com/).

Prólogo al libro “Otras maneras de pensar el cine cubano”, que será publicado por la Editorial Oriente de Santiago de Cuba. Michael Chanan es el autor del libro “Cuban Cinema” (Minneapolis-Londres, University of Minnesota Press, 2004).

HOY, PRESENTACION DE “INTRUSOS EN EL PARAISO”

jagb 16/06/2009 @ 10:45

Hoy, a las 19.30 estaremos presentando en la Filmoteca de Andalucía (Granada) el libro “Intrusos en el paraíso (Cineastas extranjeros en el cine cubano de los sesenta)”. En la mesa estará la cineasta española (directora, productora, guionista) Margarita Alexandre, quien trabajara en Cuba a lo largo de esa década en varios filmes cubanos.

Otras veces he defendido la idea de que los libros no tienen una autoría única. Este de ahora no es una excepción. Por eso es que en el apartado de los agradecimientos encontrarán nombres que tal vez resulte una sorpresa hasta para sus propios dueños. Solo digo que si están allí es porque de veras he entendido que su apoyo, muchas veces sin haberlo pedido, ha resultado imprescindible. Ni siquiera me preocupa el exceso de nombres: en todo caso me resultaría un problema descubrir que me han faltado otras menciones.

JAGB

INTRUSOS EN EL PARAISO (Cineastas extranjeros en el cine cubano de los sesenta)

A la memoria de
José Manuel García López (Flores),
mi abuelo gallego que murió en Cuba.

No olviden que los intelectuales
no se encuentran jamás felices
en ninguna parte.
Cuba es su paraíso,
pero yo les deseo que se quede así,
que siga siéndolo.

Jean Paul Sartre.

AGRADECIMIENTOS

Este libro no lo hubiese podido ni siquiera imaginar, de no haber vivido (contra mi voluntad) casi un año y medio en España, y con la sensación de ser “otro intruso en el paraíso”.

Fue como repetir, a la inversa, lo que mi propio abuelo español vivió a principios del siglo XX, cuando salió de Lugo (de un lugar nombrado Lama de Rey), y terminó enterrado en el pueblo cubano con el más engañoso de los nombres: Punta Alegre. Existen muchas diferencias entre su viaje y el mío: mi abuelo vino en un incómodo barco; yo regresé en avión; pero a ambos nos movilizaba el sentimiento de que la entrada a un “nuevo mundo” nos cambiaría para siempre la vida.

Gracias a Anna Assenza, (una amiga italiana que además de cineasta, es sicóloga), he conseguido asumir esa experiencia como una suerte de doctorado existencial. Y gracias a esa vivencia, también he podido tomar oportuna distancia de esas frecuentes teatralizaciones que, tanto en las llamadas “izquierdas” como en las “derechas”, se suelen utilizar con el fin de concederle legitimidad a los proyectos ideológicos que determinados grupos pretenden vender como los más convenientes para todos.

Hoy puedo dejar a un lado las anécdotas lastimosas para entender con un poco más de sosiego eso que, en sentido general, llamamos “solidaridad humana”. Es decir, entender lo de la “solidaridad” no como un recurso que uno puede encontrar solo entre personas que militan en un tipo de ideología sensibilizada con el problema de la justicia social, sino como algo complejo cuyo ejercicio sistemático puede chocar de manera drástica con el egoísmo natural que hay en todo individuo.

El hecho de haber viajado con anterioridad varias veces a España, pero siempre con el respaldo de universidades, festivales de cine o instituciones culturales, me convertía en alguien que de regreso a Cuba pensaba en la realidad de aquel país (o de otros que he visitado, o incluso de ese en el que vivo) como una deshumanizada abstracción. Ya fuera para criticarla o elogiarla, venían a mi mente las instituciones y sus figuras públicas, no las personas de a pie, que suelen ser los eternos invisibles.

Mi prolongada estancia en España me ayudó a humanizar mucho más las relaciones entre personas. Encontré gente que se dice de “izquierda” comportándose como auténticos traficantes de utopías. Y personas de “derecha” que, sin importar las diferencias de ideas que hay en las maneras de ver y pensar el mundo, me tendieron una mano cuando todo amenazaba con irse al fondo. Eso me confirmó que, más que hablar de izquierdas y derechas, o de cubanos que viven dentro o fuera, lo más prudente tal vez sea comenzar a pensar en “buenas y malas personas”, teniendo siempre ante sí una pregunta vital: ¿cómo puedo ayudar a ese que más cerca está de mí, y lo necesita?

Coherente con ello, no quisiera dejar de agradecer en este libro a aquellos que me permitieron preservar la fe en que la solidaridad humana (ese término tan llevado y traído) algún día ha de prevalecer como algo natural, y no como parte de una retórica que manipula los estados de ánimo de los más desfavorecidos, en beneficio de intereses bastantes pedestres (ejercicio del poder, lucro personal) de los que hoy tienen posiciones más ventajosas. Aunque parezca utópico, pienso que aprender a ser solidarios tal vez devenga la condición básica para lograr por fin una sociedad verdaderamente democrática, pues nada más difícil de conciliar que la libertad del individuo con el compromiso hacia el prójimo.

El libro lo que querido dedicar a la memoria de mi abuelo español José Manuel García López, mejor conocido entre sus amigos por Flores, pero no podría dejar de mencionar a un grupo de personas que a lo largo de mi estancia en España me apoyarían de una forma totalmente desinteresada. Ellos son: María Cruz Almaraz, Anna Assenza, Victor Batista, Nancy Berthier, Marisa Bonilla, Juan Cohard, Rosa Domínguez, Alberto Elena, José María Escriche, Roberto Fandiño, Mónica Fernández Sabido, Ángel Garcés, Monserrat Guiu, José Hurtado, Francisco Jiménez, Francisco Javier Millán, Jaime Noguera, Antonio José Ponte, María Luisa Ortega, Jesús Robles (director de la “Librería Ocho y Medio”), Manolo Segarra Fort, Ana María Stock, Carolina Schwarzmann, Teresa Toledo, Eduardo Trías (director del festival de Huelva), Lázaro Venereo, y Emmanuel Vincenot.

Este libro también se ha beneficiado de la colaboración directa de Margarita Alexandre, Lola Calviño, Fausto Canel, Luciano Castillo, José de la Colina, Iván de la Nuez, Duanel Díaz, Alicia García García, Mirtha Ibarra, Ana López, Juan Mariné, Alfredo Melgar, Pio Serrano, Mirito Torreiro. También ha sido una suerte, desde luego, seguir contando con el apoyo de Nelson Haedo, Armando Pérez Padrón, Frank González Mora, Mariana Mora. Hilda Borrero, mi madre, otra vez tecleó una parte de este texto, y Mara Elena Rodríguez Consuegra, mi esposa, de nuevo puso por delante la lealtad.

Por último, agradezco a los organizadores del Festival “Cines del Sur” de Granada la posibilidad de escribirlo. Me siento en deuda eterna con José Sánchez (su director), Alberto Elena, Mirito Torreiro, Miora Cabrera, y en especial con Carlos Martín, la persona sin la cual, al final, nada de lo que aquí podrá leerse hubiese sido posible.

J. A. G. B. (En Camaguey, el 5 de mayo de 2009)

A MODO DE INTRODUCCION

I.
Este libro se ocupa de un asunto que suele ser descrito por la historia canónica del cine cubano en dos o tres páginas. Habla de la presencia de cineastas e intelectuales extranjeros en esa primera década de la Revolución encabezada por Fidel Castro, la cual coincide con los primeros diez años de creación del ICAIC, toda vez que fue esta la primera institución cultural creada por el Gobierno Revolucionario.

Es curioso que esta misma historiografía que reconoce la ausencia de una tradición cinematográfica dentro del país, y por ende, la carencia de un respaldo industrial que apoyara las novedades artísticas que comenzaba a proponer el ICAIC en esa etapa fundacional, no tome más en cuenta los aportes de esos cineastas y técnicos foráneos que se involucraron en aquella etapa primigenia.

Probablemente lo que los historiadores han estado repitiendo hasta este momento, es la opinión de los propios cineastas cubanos de la fecha, quienes no solo mostraron insatisfacción con los resultados fílmicos en el contexto de la ficción, sino que muy pronto decidieron encauzar sus esfuerzos hacia la obtención de una personalidad cinematográfica autónoma.

En este sentido, lo que hasta ahora se sigue reiterando por los investigadores (repetimos: casi siempre resumido en un par de apretados párrafos), tal vez no sea otra cosa que variaciones de aquellas opiniones concedidas por Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa cuando evocan el período. Como sabemos, para el primero,

"El trabajo con esos directores sí nos dio alguna enseñanza, pero la experiencia duró poco porque nos dimos cuenta que no era posible hacer películas cubanas con directores extranjeros. Vimos que teníamos que hacerlas con nuestra gente y crecer juntos asumiendo nuestros déficits".

El presente libro no intenta forzar un cambio en la percepción que hasta ahora tenemos de ese conjunto de películas y acciones. En todo caso, lo que propone es un regreso a la circunstancia primitiva de creación, esa que incluye al filme y sus hacedores, pero también a las condiciones en que se concibe esa producción, ya no solo dentro de los marcos de la institución productora (el ICAIC), sino de la época.

De allí que, en principio, este libro combine la investigación histórica con el enfoque ensayístico. Dicho de otro modo: no me ha interesado tanto, por el momento, el análisis puntual de cada una de las películas, como sugerir una suerte de cartografía del cine cubano que tome en cuenta también estos aportes. A mi juicio, es imposible entender lo que estaba sucediendo en el cine cubano de la fecha, si a la par que se revisa la producción fílmica (con todas sus tramas y sub-tramas tecnológicas), no se examina la textura de aquellos ideales y sueños que inspiraban al grueso de los cineastas que viajaron a la Cuba revolucionaria de los sesenta.

Esto explica la presencia de Jean Paul Sartre casi en el pórtico de las páginas que siguen: el filósofo francés no solo encarnó las ideas más radicales de esa izquierda que aspiraba a mejorar el mundo, sino que con sus anotaciones sobre el “compromiso intelectual” contribuyó a legitimar una actitud que, en el caso de los cineastas del ICAIC (y a pesar de no estar muy próximo a esa institución), se convertiría en una suerte de credo.

Por eso quisiera dejar esclarecido que en las páginas que siguen me ha motivado poco visitar ese “pasado reciente”, como si de un museo se tratara. Todo lo contrario. Este es un libro que he querido escribir desde el balcón de mi “subjetividad”. Ya llegarán análisis menos especulativos en el plano académico, donde sea posible examinar esa producción audiovisual desde el ángulo estético. Pero nada de eso tendrá valor si antes no exploramos las “relaciones reales” que se establecían entre todos aquellos que participaban de la aventura.

De modo que he preferido alternar, y a veces mezclar, las herramientas propiamente investigativas (rastreo en esos documentos que han quedado olvidados, recuperación de voces sumergidas o preteridas, etc), con el debate (a la altura histórica que supone la contemporaneidad) de aquellas ideas que movilizaron a ese sector de la izquierda a respaldar el proyecto cubano de Revolución. Creo que solo debatiendo esas ideas con sinceridad, pudiéramos llegar a entender por qué para algunos (en una época como la de los sesenta), hacer la revolución en el cine era tan importante como lograr la revolución en la vida.

Desde luego, no se trata del más exhaustivo de los inventarios, toda vez que aún queda mucha información por develar. Pero al menos, las páginas que siguen invitan a percibir la gestión de creadores como Zavattini y Néstor Almendros, Jomi García Ascot y Margarita Alexandre, Joris Ivens y Agnes Varda, entre otros, como parte de algo que por estos días se festeja: la consolidación de una cinematografía nacional.

Tenerlos en cuenta ayuda a deducir un poco mejor de dónde llegó ese afán de vanguardismo y modernidad que ostenta el cine cubano de los sesenta. Y nos permite comprender de qué forma se fue configurando la industria. Es decir, ayuda a entender de dónde fue saliendo ese gusto precoz por la herejía.

- INDICE-

A MODO DE INTRODUCCIÓN

EL SEXO DE LAS UTOPÍAS

GERARD PHILIPE, EL PRIMER AMIGO…

SARTRE EN CUBA: EL HURACÁN, EL CINE, LOS DÍAS Y LA NADA.

ZAVATTINI, NUESTRO HOMBRE EN ITALIA.

JOMI GARCÍA ASCOT, DESDE OTRO BALCON NOMBRADO CUBA

MARGARITA ALEXANDRE: OPERACIÓN CUBA

NÉSTOR ALMENDROS: DE PM A CONDUCTA IMPROPIA.

BUÑUEL EN CUBA, CUBA EN BUÑUEL

LOS CINEASTAS QUE LLEGARON DEL FRÍO

JORIS IVENS, LA UTOPIA REENCONTRO A CUBA

THEODOR CHRISTENSEN, UN DANES EN LA HABANA

LATINOAMERICANOS EN EL ICAIC

PARA DEJAR LAS PUERTAS ABIERTAS

Documentos y testimonios

LA VISITA DE GERARD PHILIPE

UNA ENTREVISTA CON CESARE ZAVATTINI

UNA ENTREVISTA CON THEODOR CHISTENSEN

JULIO GARCÍA-ESPINOSA SOBRE CINEASTAS EXTRANJEROS

TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA SOBRE CINEASTAS EXTRANJEROS

RAÚL RODRÍGUEZ, DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

SOY CUBA, por Enrique Pineda Barnet

MARGARITA ALEXANDRE HABLA SOBRE SU EXPERIENCIA EN CUBA

JUAN MARINE HABLA DE SU EXPERIENCIA EN CUBA

ATRAPADOS POR EL ÁNGEL EXTERMINADOR: BUÑUEL EN EL CINE DE GUTIÉRREZ ALEA, por Francisco Javier Millán

LEY NÚMERO 169 DE CREACION DEL ICAIC

AGRADECIMIENTOS

BLOGUERIAS EN EL NUEVO MUNDO

jagb 28/05/2009 @ 15:29

Ya alguien alguna vez nos habló de que uno puede defenderse contra los ataques, pero no contra los elogios. Incluso pasar por alto los primeros puede ser signo de rotunda victoria, de aristocracia espiritual, mas empeñarse en ignorar los segundos raya con la pedantería.

He tratado de convencer a Armando Pérez Padrón de colgar sus hermosas palabras de presentación del libro “Bloguerías” en el sitio de Cultura en Camaguey, o en un espacio que no sea este. Aunque siempre van a hablar, evito lo del “autobombo” gratuito. Sin embargo, Armando me tendió una trampa: se trata, me dice, de su primer post para “Cine cubano, la pupila insomne”.

De cualquier forma, el texto de Armandito (más allá de los elogios) me gusta porque ha sabido interpretar el mensaje que hay en el trasfondo del volumen publicado por Acana. El libro es solo un pretexto para llamar la atención sobre una nueva época donde la comunicación entre los seres humanos ha sido afectada por las tecnologías más recientes, y donde la producción cultural, así como su consumo, asumen nuevas características.

No está de más decir que buena parte de las cosas que he conseguido en el plano profesional se la debo a Armando Pérez Padrón, quien fungiría como director del Centro Provincial del Cine en Camaguey desde 1990 hasta el 2007. La verdad es que creo haber tenido muchísima suerte en esta vida: fue un privilegio sin igual, por ejemplo, coincidir con Pérez Padrón en el momento que me iniciaba en este giro, pues me sobran los dedos de una mano para contar dirigentes que yo haya conocido con tanta pasión por el cine.

De no haber sido por esa conjura de circunstancias(que coincidió con la presencia de Luciano Castillo en el lugar), el Taller Nacional de la Crítica hoy no existiría, ni tampoco el grueso de mis investigaciones, que nacieron con el respaldo de la institución que él dirigía, a pesar de que en no pocas ocasiones teníamos criterios encontrados. Pero además, nunca olvidaré aquella ocasión en que uno de los huracanes llevó al piso parte del techo de mi casa, y Armando (junto a la pequeñísima brigada de mantenimiento que dirigía) tomó la iniciativa (siempre la iniciativa) de ayudarme a arreglarlo. No esperó orientación superior alguna: lo hizo y punto. Sí, he tenido mucha suerte: no abunda ese tipo de dirigente donde las dotes para mandar se combinan con la sensibilidad humana.

Tal vez esta sea la última vez que hablo del asunto, pues aunque defiendo el carácter personal del blog, estoy intentando que este sea un espacio de confluencias de ideas, más que un monólogo, aunque sin ocultar que tiene mucho de catarsis. Esto último se vincula a la siguiente interrogante: ¿cómo aprender a lidiar en un mundo donde es a “los otros” a quienes les ha tocado “la suerte” de ser ricos, o famosos, o lindos, o inteligentes, o valientes, o saludables, o tener Poder, y no morir con la sensación de que tu autoestima ya ha sido vendida en el rastro, antes que te pusieran un nombre?, ¿cómo demostrarnos que mas importante que la imagen que los otros tengan de nosotros, es la que tengamos de nosotros mismos?

Esta es la pregunta que a diario tal vez se hagan millones y millones de personas que miran en los televisores de sus casas a “los elegidos”. La única manera de sobrevivir, pienso yo, es plantearse un proyecto de vida que reconozca nuestras limitaciones (físicas, sicológicas, culturales), pero que nunca pierda de vista nuestra capacidad de iniciativa. Sacarle lascas a esta última tal vez jamás nos reporte ganancias materiales (que al final, tampoco garantizan sosiego interior), pero estoy seguro que ayuda a sentirnos un poco más cómodos con nosotros mismos. Nada peor que decidir acomodarse en ese grupo de personas que se conforman con haber nacido y llegar a viejos, y para ello renuncian a vivir, que es otra cosa.

Por lo demás, lo que más me ha gustado es que “Bloguerías” fue presentado en Camaguey, donde la palabra “blog” todavía puede suscitar reacciones que van desde la mas letal indiferencia hasta la convicción de que se trata de algo “políticamente incorrecto”. Para mí lo importante de todo esto es contribuir a que se entienda lo evidente: que tantos blogueros no pueden estar equivocados.

Juan Antonio García Borrero

UN POST PARA UN AMIGO, UN HERMANO.
por Armando Pérez Padrón

Han pasado veinte años desde que un amigo común nos presentara, y se sumara de inmediato al club de los que soñábamos y pensábamos que otra manera de disfrutar, apreciar, y amar el cine en nuestra comarca, era posible. Por aquellos días era un joven poco más que delgado, de andar ligero y con gran facilidad en el verbo. Quizás su estancia en el gremio de los juristas, le ayudó en su gesta primigenia de buen comunicador; en mi caso me inclino a pensar que era un valor genético, implícito en su talentosa personalidad. Juntos enfrentamos los cruentos años noventa, y sus oscuros embates sucumbieron ante el deseo y el arrojo de aquellos locos, que en lugar de soñar con el estómago, lo seguían haciendo con el único vicio que no hace daño, «el cine», frase célebre pronunciada muy a menudo por él mismo en aquellos tiempos.

Así he tenido la honda satisfacción de verlo crecer intelectualmente a pasos de gigante; de aquel atrevido adolescente, con aspiraciones de crítico de cine, que se aventuraba a enviar sus primeras notas al periódico Adelante; del bisoño abogado que funda y modera el cine club Luís Rogelio Nogueras en la Casa de los Juristas; del fundador de Radio Imagen, de quien trajera a mi mesa la primera idea para crear un Taller de Crítica; de quien retomara nuestro primer programa televisivo Claqueta —fundado por Luciano Castillo—; de quien me trasmitiera sus angustias diarias, en busca del consejo paternal del amigo, ante las incertidumbres de la edición de su primer libro, de quien me regalará la alegría de su mirada, cuando ese texto inicial vio la luz; de quien me ha tenido entre sus primeros lectores de una extensa y concienzuda obra que atesora más de una docena de textos, en los que prima su indiscutible pasión por el cine nacional, su agudeza investigativa, su pensamiento crítico, audaz, transgresor de toda postura autocrática. De ese gran amigo, Juan Antonio García Borrero, tengo el placer de presentar a ustedes su ultimo libro publicado, “Bloguerías”, alegoría a los post que casi a diario cuelga en su blog, Cine cubano, la pupila insomne, nombre de un sitio en Internet, cuya aparente metáfora, deviene en realidad latente, pues tal como él mismo confiesa, el blog, si se pretende ser serio, es un ejercicio de pensamiento diario, una vigilia obligada de la memoria, evidente primera virtud tanto del sitio, como de este texto.

En su primer post publicado en el sitio, su autor señalaba: “Este blog será un intento de enriquecer las miradas en torno al cine cubano. [...] creo que el cine cubano también está necesitado de dejar atrás maneras ya fosilizadas de estudiarlo.[...] Desde aquí intentaremos fomentar lo que otras veces hemos llamado “la cultura de la polémica” hablando de cine cubano, pero también de su crítica y de su público[...]” Esa declaración de principio con los propios demonios que llevamos dentro, ratifica el rigor del autor, la constancia en el amor por la cinematografía nacional, la obsesión por sacar a la luz pública, aquellos hechos, y seres humanos que por alguna razón, han desaparecido de la historiografía oficial del cine cubano, pese a haber formado parte de momentos y obras trascendentales de nuestra filmografía.

De esta forma adentrarnos en las páginas de “Bloguerías”, es como tener una larga sesión para visionar un making off, de películas añoradas. Cada post devenido en ágil ensayo, nos lleva a conocer nombres que buena parte de los seguidores del cine cubano de hoy, acaso ni saben que existieron: Guillermo y Saba Cabrera Infante, Néstor Almendros, Raúl Molina, Sara Gómez, entre otros. O conocer que esa distante, pero indiscutible icono de la música cubana, que fuera Celia Cruz, incursionó en una decena de películas dentro y fuera de Cuba. Con sobriedad el autor dibuja un entorno desconocido, de los principales grupos de creación, promoción y apreciación del cine que existían en Cuba al momento de triunfar la Revolución, condicionamiento para nada execrable, en las circunstancias objetivas y subjetivas que configuran la necesidad del surgimiento del ICAIC.

Pero en “Bloguerías” también emerge la creciente preocupación del autor, por desmitificar los tradicionales cánones de envestidura omnipotente, del profesional apertrechado de las herramientas teóricas que impone a imagen y semejanza de su particular forma de ver los filmes, a las grandes masas de espectadores que alimentan los egos de estrellas del celuloide.

Capítulo aparte, para su aproximación crítica a obras y autores contemporáneos del audiovisual criollo, que van desde un Jorge Molina, devenido en psicópata de la obscenidad para los mojigatos de la hipocresía, y apóstol de la cubanidad para los bardos de la sensualidad; al fin y al cabo cualidad endémica del criollo; así nos conduce hasta los intríngulis de la ultima propuesta de Jorge, titulada “Molina’s Mofo”, patentizando su total acuerdo con la forma en que este joven cineasta desde la sexualidad tratada si tapujo alguno, aborda diferentes aristas de los principales problemas que lastran la vida humana. Y es que en esencia el sexo, fuente inagotable de vida y de placer, instinto primario de los seres vivos, debiera desde siempre, o al menos a estas alturas, ser acreedor de ese aforismo de Enrique José Varona, que Juan Antonio parafrasea « la virtud no es obediencia, sino elección».

El documental “Zona de silencio” del joven realizador Karel Ducases, realizado en el 2007, sobre el llevado y traído tema de la censura, es escrutado por la mirada del crítico, del creador y sobre todo del hombre, del ser humano, afirmando claramente “No importa que hoy lo censuren y mañana lo premien. O que hoy lo reconozcan y mañana lo ignoren. Si se es un artista o se pretende serlo, se ha de llevar en vena la convicción, de que todo arte casi siempre está reñido con el orden de las cosas a las que alude. El verdadero arte cuando festeja la realidad que nos rodea, desordena la percepción más común que tenemos de esta”

No falta en estas páginas de “Bloguerías” el homenaje a Humberto Solas, amigo del autor y de su querido terruño; la referencia a la amistad con Mirtha Ibarra, y su participación en el libro “Volver sobre mis pasos”, con el epistolario de Tomas Gutiérrez Alea, para hablarnos una vez más de la grandeza de nuestro cineasta mayor, aún a riesgo de la brevedad del post, tal como lo afirma: “Tratándose de Titón, sé que todo lo que se hable en cuartilla y media corre el riesgo de que se interprete a la ligera. Su pensamiento (que es decir sus películas) se ha nutrido, y a su vez, ha alimentado esas paradojas que conforman nuestra condición humana”.

No escapa a esta primera versión impresa de segmentos de “Cine Cubano, la pupila insomne”, la referencia a la relación con nuestro país de cineastas como Luís Buñuel, y Glauber Rocha; la añoranza por nuestros tradicionales cines Casablanca, Guerrero, América; la preocupación por los segmentos historiográficos de nuestra memoria audiovisual que se pueda perder; sus angustias existenciales en medio del mundo que nos ha tocado vivir, donde cada vez se impone más la barbarie por encima de la más elemental mesura.

Es cierta la afirmación del propio Juan Antonio, de que hoy día escribir en un blog con la pretensión de que lo lean una parte importante de los cubanos, ronda entre las peores de las utopías, pero por un lado buena parte de las causas más nobles se inician con la complicidad de minorías, fenómeno donde las grandes obras artísticas se llevan las palmas; y por otra parte coexiste esta experiencia de poder llevar al soporte tradicional de las publicaciones, una selección de esos post, que nutren “la Pupila insomne”, de miles de lectores en los más insospechados rincones del planeta, mérito indiscutible de un sitio dedicado solo al cine cubano

De manera que estamos ante un nuevo libro de nuestro querido Juany, con su exquisita forma de decir, su eterna pasión por la polémica, su mordaz angustia por las exclusiones, su apego al Camaguey legendario, su fe en la fuerza del cine, y que además tiene el mérito añadido de recrear un espacio, o como él llama, un Ciber café, donde cualquiera puede opinar, polemizar, aportar, siempre que se haga desde la postura del respeto al criterio del otro.

He querido realizar estas líneas más que para promover un libro, que con la sola alusión a su autor es segura su recepción, como un reconocimiento a quien ha dedicado todas sus energías, al cine cubano en todas sus facetas, venga de donde venga, con la única condición de que sea solo eso: cine cubano, nuestro cine cubano.

De seguro debo haber caído en las mismas trampas del autor, cuando señala “Creo que aún hay muchas cosas por aprender. En el plano formal por ejemplo, una de las cuestiones que más trabajo me costó asumir, es esa que se relaciona con la necesaria brevedad del post. Hoy sé, que mientras más breve el post, mejor”.

Ni hablar, para nada he sido breve, pero al fin y al cabo, quizás perdonable por ser este mi primer post en “Cine Cubano, la pupila insomne”, y más que eso, un post para un amigo, un hermano.

Muchas gracias.

Armando Pérez Padrón
Camaguey, 27.05.09

PD: "Cine cubano, la pupila insomne" agradece la promocion que ha hecho "Gaspar, el Lugareño" del prologo del libro, asi como la informacion grafica de "Con ojo de gato".

GRUPO DE EXPERIMENTACION SONORA DEL ICAIC (GESI)

jagb 17/05/2009 @ 15:12

Tiene muchísima razón Xenitis Rebel cuando en un mensaje reciente me hace notar lo que sigue: “Le echo de menos en tu blog algo sobre el GESI (Grupo de experimentación sonora del ICAIC)”.

Y es cierto. Me parece imperdonable que ni siquiera exista aquí una referencia mínima a la entrega del Premio Nacional de Cine de este año al maestro Leo Brouwer; un premio más que merecido. Trataré entonces de enmendar, aunque sea de modo breve, ese escandaloso desliz.

En realidad, creo que buena parte de lo que se necesite saber del GESI ya ha sido recogido de una manera magistral por Jaime Sarusky en su ameno libro “Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Mito y realidad” (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005). Así que aprovecharé también para recomendar este volumen que contiene entrevistas con Leo Brouwer, Noel Nicola, Sergio Vitier, Eduardo Ramos, Pablo Menéndez, Leonardo Acosta, Sara González, y Silvio Rodríguez.

El breve volumen se lee de un tirón, pues no se trata solo del retrato de un grupo que quiso hacer una música diferente, sino del reflejo de una época donde las tonalidades del gris (para utilizar el tópico al cual asociamos hoy ese período) comenzaban a impregnar la vida nacional. Lo que escuchamos son los testimonios de individuos que entablaron un complejo diálogo con ese Poder (autoritario a la par que paternalista) que terminó caracterizando la existencia de entonces.

Hay allí un conjunto de ideas que merecerían debatirse en extenso, y que nos confirmaría que el Grupo de Experimentación resultó mucho más que un conjunto de músicos cantando canciones comprometidas con la Revolución. De hecho, el propio Leo Brouwer se encarga de aclarar ese equívoco cuando nos dice: “Falta un detalle muy importante: la gente del Grupo no compone por encargo, salvo excepciones. O sea, que escogen la temática y la han realizado. (…) Porque la gente puede pensar que este es el grupo oficial, el grupo político, entonces le bajan la orientación y la cumplen. Creo que exagero si digo que han sido tres, si acaso, los encargos que nos han hecho como canción”.

A decir verdad, el Grupo comenzó a obtener una connotación casi mítica precisamente por los desencuentros que algunos de sus miembros habían protagonizado con los que en aquel momento fomentaban “la cultura oficial”. Existían, pero de una manera más bien sumergida, pues la televisión era un terreno vedado, sobre todo para Silvio Rodríguez y el propio Brouwer.

El grupo surgió a raíz de una iniciativa de Alfredo Guevara, entonces director del ICAIC. La intencion ni siquiera era hacer música para cine, sino explorar las posibilidades de superar el agotamiento que en aquellos momentos mostraba la música popular. Brouwer recuerda el nacimiento del siguiente modo:

“El Grupo nace de una idea o de una preocupación del entonces director del ICAIC Alfredo Guevara, todavía en su primera etapa de fundador del ICAIC, de la industria del cine, de la cual yo fui iniciador igualmente. Eso ocurrió en 1969, después de la crisis del Congreso Cultural de La Habana, organizado por los que dirigían el Consejo Nacional de Cultura (CNC), el cual tenía una serie de objetivos que no alcanzó. Una rarísima unificación de las izquierdas, etc”.

Es imposible reflejar en un post (que por obligación debe ser breve) toda la riqueza de aportes del Grupo a eso que de forma genial Brouwer llama “una atmósfera sonora”. Los músicos del GESI fueron visionarios de lo que hoy nombramos “fusión”. No temieron al experimento. Buscaron los puentes en una época donde los muros se levantaban por todas partes. Desafiaron una política cultural oscura (muy oscura) cuyos promotores se creían el ombligo del mundo. Por eso de todas esas ideas que uno puede encontrar en el formidable libro de Sarusky, me quedo con esta que expone Leo Brouwer, y que a mi juicio nunca deberíamos perder de vista:

“¿Cuál es el papel del dirigente con relación al artista o al pueblo? No es más que uno. En tres palabras: es el vehículo. Entre tres polos para comunicar, es el vaso comunicante. El dirigente es el que comunica. Nos pone a nosotros en contacto con el pueblo. Esa es la labor más importante del dirigente. No pedir determinada cosa, porque entonces está hablando a título individual de qué hay que darle al pueblo, porque se cree con la verdad en la mano. Estamos hablando groseramente, porque esto es muy delicado, muy profundo, habría que repasar toda la sociología marxista y no marxista también. ¿Por qué no decirlo? Habría que repasar a Benjamín, a Mac Luhan, a Marcuse y a todos los grandes mitos, todos estos grandes nombres. Ese es el papel del dirigente y no lo hemos tenido en la cultura”.

Juan Antonio García Borrero

DIALECTICA DEL ESPECTADOR, de Tomas Gutierrez Alea

jagb 11/05/2009 @ 14:28

Alguna vez Litchtenberg nos regaló este hermoso aforismo: “En muchas obras de un hombre famoso preferiría leer lo que él ha tachado, a lo que ha dejado”. El libro de ensayos “Dialéctica del espectador” pudiera funcionar como una variante de esa suerte de marginalia a la que Litchtenberg aludía. Son notas escritas por Tomás Gutiérrez Alea en los márgenes de sus películas. Ideas que nos van revelando las interioridades de un proceso creativo que, sin dejar a un lado la búsqueda de la emoción (“Fresa y chocolate” es una buena prueba de ello), casi siempre quiso priorizar el encuentro con un espectador reflexivo.

Antes de releer este libro a la luz de las nuevas circunstancias históricas, me preguntaba qué vigencia podría tener hoy ese conjunto de reflexiones redactadas en un período de la humanidad, en el que el cine todavía ocupaba lugares estelares en el mapa del ocio. Aquel era un período en el que se pensaba en la “Historia” de una manera unidireccional, y donde, para decirlo como Titón, “(m)uchos intelectuales proclamaban solemnemente su decisión de suicidarse como clase. Muy pocos lo hicieron verdaderamente, pero en ese momento cualquiera hubiera podido creerles porque todo lo que estaba sucediendo era insólito y hermoso. Demasiado hermoso”(1)

Admito que inicié la relectura del libro sin poder reprimir mis aprensiones, toda vez que buena parte de aquel cine militante de antaño hoy ha envejecido para siempre. O ha desaparecido en medio de una circunstancia colectiva que ninguno de los iracundos jóvenes de entonces pensaron que alguna vez pudiera experimentarse. Para empezar, la “Historia”, tal como se anunciaba desde Moscú (Meca de ese marxismo que al final supimos era más decorado que pensamiento útil), resultó ser una pésima tragicomedia.

El llamado “socialismo real” peor epílogo no pudo experimentar. Un fin verdaderamente patético, donde la burocracia ideológica que terminó secuestrando el sentido inicial de la revolución propuesta por Marx, ni siquiera fue liquidada por sus adversarios externos de siempre, sino por sus propias inconsecuencias.

Si una dolorosa lección ha debido aprenderse en los últimos tiempos es esa que nos enseña que el capitalismo, no obstante su inviabilidad como sistema social, tiene una ventaja innegable sobre el socialismo que hasta ahora conocemos, en tanto se esfuerza en estimular “desde dentro” un pensamiento crítico. Cierto que tales invectivas las integra luego a sus propias estrategias de poder y explotación, pero gracias a ello, en los tiempos actuales podemos contar con las consideraciones de un Chomsky o un Vattimo, por mencionar apenas dos de sus críticos más agudos.

“Dialéctica del espectador” es un esfuerzo por naturalizar ese tipo de pensamiento dentro de un sistema socialista. Para Titón, se trata de un desafío realmente descomunal, “(s)obre todo si no queremos contentarnos con las fórmulas ya tradicionales que tienden a simplificar y esquematizar la realidad en aras de una pretendida exaltación de los valores revolucionarios. Sobre todo si no nos contentamos con la inútil retórica y pretendemos que el cine constituya un elemento activo y movilizador, que estimule la participación en el proceso revolucionario. No basta entonces un cine moralizante sobre la base de prédicas y exhortaciones. Es necesario un cine que eleve y estimule el sentido crítico” (2)

“Dialéctica del espectador” es, junto a “Por un cine imperfecto”, de Julio García-Espinosa, uno de los pocos momentos en que cineastas del patio han hecho todo lo posible por “impulsar el desarrollo teórico de su práctica artística”. Ambos documentos son los que mejor exponen la naturaleza de la revolución audiovisual perseguida por los cineastas que fundaron el ICAIC.

Nunca más los cineastas han podido articular teóricamente esos objetivos perseguidos en la práctica. Se siguió haciendo cine, desde luego, y también se han logrado buenas películas. Pero por el camino quedaron sin responderse la mayoría de las interrogantes que animaban a aquellos cineastas de entonces, y que podría resumirse en una pregunta tan sencilla como esta: ¿de qué forma el cine puede contribuir a trasformar un poco, (no al mundo, que sería una desmesura verdaderamente escandalosa), al espectador que lo mira?, ¿cómo lograr que ese espectador se sienta cómplice de ese cambio interior que le proponen?

“Dialéctica del espectador” se ha salvado de la indiferencia por las mismas razones que “Memorias del subdesarrollo” sigue trascendiendo: en ese libro las preguntas importan más que las respuestas. Titón no escribió sus provocaciones pensando en ese lector acostumbrado a escuchar las opiniones del crítico sin otro ánimo que aquel que preside la mera información, sino que quiso ir más allá, y así lo advertía desde el principio: “No centraremos nuestra atención en los aspectos puramente estéticos, sino que colocaremos todo el énfasis en tratar de descubrir, en la relación que se establece reiteradamente entre el espectáculo y el espectador, las leyes que rigen esa relación y las posibilidades que ofrecen esas leyes para desarrollar un espectáculo socialmente productivo” (3)

Tengo la impresión que lo mejor que puede pasar con un libro es que sea capaz de provocar en el lector las más encontradas ideas. Aquellos libros que se leen, y a uno le queda la sensación de que estamos de acuerdo con todo lo que su autor dice, en realidad son libros nacidos para el confinamiento. Un libro seguirá participando en la vida pública en la misma medida que irrite, que desconcierte, que nos haga repensar aquello que para nosotros ya era inmutable, que nos invite a, después de un tiempo, volver a sus páginas para oponerle al autor una nueva objeción. Tal vez un ajuste de cuentas con una idea que apenas tuvimos tiempo de dejar en claro. Si eso fuera cierto, “Dialéctica del espectador” será un libro que seguirá dando que hablar.

Ante todo porque varios de los problemas a los que Titón se aproximaría todavía están muy lejos de haber sido resueltos. Es cierto que actualmente vivimos “la era del audiovisual”, por lo que es posible que las disquisiciones que vierte en el ensayo “Cine “popular” y cine popular” merezcan una actualización radical. Pero en sentido general, el problema de la recepción no solo sigue en pie, sino que se ha hecho más complejo con la proliferación de nuevos soportes de emisión. ¿No es acaso un asunto cuyo estudio merece profundizarse hasta la saciedad ese proceso comunicativo que se establece desde el momento en que se crea el producto y se percibe por el espectador, ocurra ese proceso en un cine, en la sala de su casa, o en la pantalla de su ordenador?

Cierto que la propuesta de Titón en cuanto a dividir al espectador en “contemplativo” y “activo” no deja de ser cuando menos polémica. A estas alturas sabemos que hasta el más adormecido de los espectadores, en realidad es protagonista de una dinámica interior que pone el disfrute de aquello que ve en función de sus propias experiencias y horizonte de expectativas. Pero esa certidumbre no invalida la inquietud fundamental de Gutiérrez Alea, y buena parte de los “compañeros de viaje” de aquel cine de los sesenta: hoy más que nunca necesitamos un audiovisual que regrese al espectador a su realidad, con el fin de transformarla.

De lo contrario, nos encaminaremos a un punto donde lo real por fin obtendrá la connotación de un parque jurásico, en tanto lo virtual terminará por impregnar cada uno de los espacios en que nos movemos y comunicamos. Incluyendo nuestros espacios más íntimos. Llegado ese momento, todo nuestro dinamismo se asociará a la habilidad de pensar en la vida (nuestra vida) como si de un video-juego se tratara. Se habrá perdido para siempre la autenticidad, incluso hasta en los momentos en que nos miramos en el espejo.

Uno de los instantes más sugerentes del libro lo encontramos en el ensayo “Espectáculo y realidad. Lo extraordinario y lo cotidiano”, y donde aprecio no pocos ecos de aquellas polémicas que Titón protagonizara en el primer lustro de los sesenta, cuando los cineastas del ICAIC (y los que estaban fuera de la institución, como los que hicieron “PM”) se debatían en encontrar un lenguaje que estuviese a la altura del momento histórico que vivían.

Para entonces, cada uno de estos cineastas propugnaba un modo novedoso de aproximación a la realidad, ya fuera partiendo del Neorrealismo Italiano, del Cinema Verité, del Cine Directo, o del Free Cinema, y de esas discusiones salió fortalecida una cinematografía que, apenas sin tradición, hizo de su escuela documental un referente internacional todavía de gran importancia.

Esto fue posible porque el debate sistemático en la esfera pública, llevó a los cineastas a plantearse un modelo de representación que soslayaba lo epidérmico, y apostaba por la complejidad. Esas discusiones incluyeron varios desencuentros con representantes de la vanguardia política de entonces, quienes en sus sectores más dogmáticos se empeñaban en reclamar un cine pedagógico, asociado a ese “realismo socialista” que el ICAIC jamás quiso hacer suyo. No en balde Titón llegaría a conclusiones como esta: “El realismo del cine no está en su presunta capacidad para captar la realidad “tal como ella es” (que no es sino “tal como ella aparenta ser”), sino en su capacidad para revelar, a través de asociaciones y relaciones de diversos aspectos aislados de la realidad –es decir, a través de la creación de una “nueva realidad”- capas más profundas y esenciales de la realidad misma” (4)

En lo personal, dentro de este grupo de ensayos prefiero el que diserta sobre “Memorias del subdesarrollo”. Se trata de un documento primordial para entender, ya no la película (que es algo intencionalmente “abierto”), sino la época en que se genera la misma. Una época donde comenzaba a ponerse en evidencia la fragmentación ideológica que permanecía enmascarada debajo de ese gran constructo nombrado “izquierda”.

En el texto Titón evoca lo sucedido en el IV Festival Cinematográfico de Pesaro (1968), cuando su filme fue exhibido en la noche inaugural junto a un documental de Joris Ivens. Ese año fue fundamental para las definiciones de aquellos jóvenes que habían apostado por hacer realidad la utopía emancipatoria en sus respectivos países. La Revolución cubana seguía siendo un referente importante, pero tras la muerte del Che en Bolivia, y el respaldo a la invasión soviética a Checoslovaquia, las opiniones comenzaban a dividirse entre sus simpatizantes. Según Titón, en el propio festival de Pesaro “(…) se había desatado una carrera entre distintos grupos para ver quién se situaba más a la izquierda de los otros”.

“Dialéctica del espectador” fue concebido diez años después de aquel momento crucial. Por eso es que en sus páginas es posible encontrar, a partes iguales, un tono donde se adivina la adhesión al proceso revolucionario, y otro que, como el del Sergio de “Memorias del subdesarrollo”, no duda en fiscalizar críticamente lo logrado.

Esto último es lo que mejor puede conectarlo a los más jóvenes, quienes tendrán la posibilidad de recuperar a través de estos ensayos, un espacio de debate lamentablemente perdido. Con su libro, Titón dejaría intencionalmente abiertas las puertas, con la siguiente cita de Bretch en el pórtico: “el espectador no debe identificarse con los personajes, sino discutirlos”.

El magisterio (tal vez involuntario) de Gutiérrez Alea, descansa en esa permanente invitación a discutir también su obra, no a convertirla en un fetiche sagrado. Y quien toca este libro, en verdad está tocando el alma de sus películas, y quién sabe si también de la época que le correspondió vivir.

Gutiérrez Alea fue uno de esos raros ejemplos dentro del cine cubano que pasó por encima de esas estériles manías de marcar fronteras entre la creación y el pensamiento. Para Gutiérrez Alea, toda creación, si se quiere perdurable, implica el ejercicio permanente del pensamiento. Sobre este asunto, “Dialéctica del espectador” terminó siendo su argumento más irrebatible.

Juan Antonio García Borrero

Notas:
1) Tomás Gutiérrez Alea. Apéndice: Memorias de Memorias… Ediciones Unión, 1982, La Habana, p 59.
2) Ibidem, p 65.
3)Ibidem, p 9.
4) Ibídem, p 24.

Este artículo es el prólogo a una nueva edición del libro que hará la EICTV de San Antonio de los Baños.

RESULTADOS DEL PREMIO DE LA CRITICA E INVESTIGACION CINEMATOGRAFICA’ 2009.

jagb 17/03/2009 @ 12:29

Otro de los buenos momentos del pasado Taller de Camaguey, lo asocio a los resultados del “Premio de Investigación y Critica Cinematográfica” auspiciado por la Cátedra de Pensamiento “Tomas Gutiérrez Alea”, el ICAIC, y el Ministerio de Cultura. El propósito del evento es estimular el pensamiento escrito alrededor del audiovisual cubano, y en esta ocasión, los dos textos galardonados, pueden devenir referencias importantes para futuros estudiosos.

En la categoría de Investigación” se le concedió el premio al texto “La mirada del otro: Talleres de cine de la A.H.S. propuesta de audiovisual independiente cubano”, del autor Darien Sánchez Nicolás, mientras que en el genero de crítica, se reconoció el cuaderno “Impresiones fragmentadas, o el sueño posible”, de la autora Maria Antonia Borroto Trujillo.

“La mirada del otro” es una investigación que se aproxima con muy buen tino a una zona del audiovisual cubano que hasta ahora permanece en las sombras historiográficas: la producción fílmica de los jóvenes agrupados en los Talleres de Cine de la Asociación Hermanos Saíz. Por su parte, “Impresiones fragmentadas, o el sueño posible” rescata esa tradición de crítica diaria que en los últimos tiempos ya no se ejercita con la misma intensidad que antes, y lo hace combinando la agudeza con el cuidado literario.

Los dos libros son buenos, y creo que dignos de premiar en cualquier concurso de estas características. De cualquier forma, me sigue llamando la atención el poco estímulo que hay en el país para participar en este tipo de evento, lo cual contrasta con el número de libros de cine que anualmente se editan.

Allí algo sigue fallando, no tanto porque los “consagrados” no se sientan animados a someter a un jurado aquello que escriben, como que los más nuevos (que, a mi juicio, son los que revolucionarán en algún momento el modo de hacer crítica en Cuba) optan por no hacer visibles sus puntos de vista.

Y me consta que trabajos serios existen. Conozco tesis de universitarios recién graduados que merecerían tener esa visibilidad pública. Las razones del desánimo se me escapan. Falta de promoción del premio no es, pues las bases se circularon oportunamente. En términos económicos, la dotación no es nada desdeñable, además de que se garantiza la publicación. Habrá que seguir trabajando en este asunto. Por lo pronto, reiteramos las felicitaciones a los premiados, quienes no solo triunfaron en buena lid, sino que nos dieron la posibilidad a nosotros, los futuros lectores, de ganar una nueva oportunidad de discutir el cine cubano.

Juan Antonio García Borrero

MUY PRONTO, A LA VENTA EL LIBRO “ON LOCATION IN CUBA”, de Ann Marie Stock

jagb 07/03/2009 @ 16:49

ON LOCATION IN CUBA
(Street Filmmaking during Times of Transition)
Ann Marie Stock

Resilient and entrepreneurial approaches to audiovisual art in Cuba

The 1990s were a time of dramatic transformation for Cuba. With the collapse of its Cold War relationship with the Soviet Union, the island nation plummeted into an era of scarcity and uncertainty known as the Special Period, a time from which it emerged only slowly in the new century. “On Location in Cuba” views these pivotal decades through the lens of cinema. Ann Marie Stock conducted hundreds of interviews and conversations in Cuba to examine individual artists’ lives and creative output –including film, video, and audiovisual art. She explores the impact of the Cold War’s end, the economic crisis that ensued, and the descentralization of the state’s political, economic, and cultural apparatus.

Stock focuses on what she calls Street Filmmaking –the production of emerging audiovisual artists who work outside the state film industry –to examine the island’s transformation and changing notions of Cuban identity. Employing entrepreneurial approaches to producing art and to negotiating the exigencias of globalization, this younger generation of filmmakers offers fresh perspectives on what it means to be Cuban in an increasingly complex and connected World.

Ann Marie Stock is associate professor of Hispanic studies and film studies at the College of William and Mary. She is editor of “Framing Lating American Cinema: Contemporary Critical Perspectives”.

EL MAS HUMANO DE LOS AUTORES, de Reynaldo González

jagb 17/02/2009 @ 22:37

Otra de las novedades literarias que se anuncia para la "Feria del Libro" es el volumen de Reynaldo González "El más humano de los autores", que gira en torno a la obra del célebre creador de "El derecho de nacer": Félix B. Caignet. Será presentado por Mario Masvidal el domingo 22, a la 1 pm,en la sala Portuondo. Aquí les dejo con una breve introducción que ha circulado su autor.

Se abre otra página sonora

por Reynaldo González

Siempre quise escribir un libro que pareciera una revista: la información con apoyo de imágenes y colaboradores, no importaba si divergían en sus enfoques. Accidentando la línea central, o complementándola, aparecerían citas y opiniones, elementos gráficos de procedencias sorpresivas. Mi puzzle exigía desplazamientos de la ensayística al periodismo, y pocos temas tan propicios como la comunicación social. Pensé un esbozo biográfico, la historia de un triunfador en los mensajes sentimentales latinoamericanos, con el melodrama como buque insignia, hacia la instrumentalización del gusto y el dominio de las conciencias. No es difícil advertir que apuntaba a Félix B. Caignet, el gran nombre de la radionovela en nuestro continente, por igual merecedor del encomio y del denuesto, y mi texto no sería precisamente hagiográfico. No se trataba de repetir juicios laudatorios, sino de describir su circunstancia de permanente improvisado, sin que se le pueda negar talento, astucia e intuitivo manejo de la sentimentalidad popular, hasta convertirse en «el más humano de los autores», como lo llamaron los gacetilleros que siguieron sus pasos.

En un libro anterior, Llorar es un placer, tracé un recorrido por el origen de los culebrones radiofónicos, que luego serían televisivos, y tropecé con el insoslayable Caignet. Lo entrevisté y me informé sobre su trayectoria, pero lo reservé para este estudio de caso. Su deslumbrante carrera queda simbolizada en su obra mayor, El derecho de nacer, argumento servido en diversos formatos, siempre con idéntica sensiblería. En las historias que contó dibujó sus obsesiones, sin pretender un ocultamiento inútil. Allí están, también, características de su época y una sabiduría elemental, manejada con avieso impudor. Podría atribuírsele el clásico «todo para vender», pero aportó un innegable humanismo. No oculto la simpatía que me despierta, aunque mis criterios sobre el arte opongan escrúpulos a una persistente operación de marketing. Fue un hombre sensible, que reconoció su destino en la mediocridad sin transacciones de los medios masivos, rígidos dentro de una supuesta flexibilidad. De consumidor de un falso alimento cultural, llegó a producirlo y llevó esa papilla a extremos de vicio. Lo evidencia el abuso de lugares comunes tenidos por ganancias filosóficas, en una conversación grabada que incluyo en este volumen: «Así hablaba Félix B. Caignet».

A mi trabajo contribuyeron muchas personas y de manera directa, amigos a quienes pedí colaboraciones para subrayar el carácter de libro-revista. En las que llamé «Páginas prestadas» aparecen textos de Meri Lao, musicóloga italouruguaya, ensayista especializada en tango y en la iconografía del conocimiento occidental; Silvia Oroz, argentina radicada en Brasil, estudiosa del melodrama cinematográfico en América Latina; Román Gubern, catalán, digo, español, un gran analista e historiador del cine; los cubanos Sigfredo Ariel, poeta, editor, fecundo conocedor de nuestra música; Luciano Castillo, camagüeyano tan raigal como su conocimiento del cine; y alguien muy cercano a mi oficio, Lisandro Otero, narrador, ensayista, periodista, quien siguió el derrotero de este libro pero no alcanzó a verlo concluido

Las imágenes fueron cazadas en viejos periódicos y revistas, documentos fatigados por el tiempo. Su calidad ímproba apliqué a contextualizar el relato. El conjunto cierro con una cronología del período en que descollaron Caignet y otros colosos del sentimentalismo, altibajos de una cultura real o ilusoria, con el predominio de la radio, la televisión, el cabaret y el cine pobretón de las rumberas, tan negado como imprescindible para definir una parcela de la vida cubana. Espero que el conjunto invite a un paseo por la industria del entretenimiento en Cuba y América Latina, durante el definitorio período de los años cuarenta y cincuenta del siglo xx.

PALABRAS DE PRESENTACIÓN DE "EL MÁS HUMANO DE LOS AUTORES"
por Mario Masvidal Saavedra

El más humano de los autores (Dialéctica de la ilustración)

Y yo que pensé que con "Llorar es un placer" ya se había agotado de las radionovelas y de la radio en la Cuba republicana. Por eso cuando Reynaldo González me llamó para muy amablemente solicitarme que le presentara su último libro en esta, la XVIII Feria Internacional del Libro, me sorprendí doblemente: primero, porque se trata de un libro que parecía abordar un tema muy similar a “Llorar es un placer”, pero en esta ocasión enfocado desde un estudio de caso, el de Félix B. Caignet. Y segundo: porque, o mejor, por qué me escogía a mí entre tantos buenos candidatos posibles y probables para comentar y presentar su nuevo texto. Cuando finalmente ambos nos encontramos para hablar del asunto me percaté de dos cosas también: primero, que “El más humano de los autores”, es decir, este nuevo libro de Reynaldo, es en verdad un festín, un banquete suntuoso para públicos muy diversos. Y segundo: que yo tenía ante mi un reto imposible: el de nombrar lo innombrable, el de presentar lo inefable. Y aunque esto último me sirva también de parche para encubrir mi temor de no estar a su altura en esta presentación, de todos modos voy a intentar presentarles y comentarles aquello que debe ser leído.

“El más humano de los autores” es un texto genéricamente incalificable porque contiene en sí mismo muchos géneros escriturales al mismo tiempo. Creo que es ante todo un reporte de investigación científica. Reynaldo González recurre a múltiples disciplinas científicas, como la antropología cultural, la semiótica, la teoría de la comunicación, los medias studies, el análisis literario, la historia, la psicología, y a toda la tradición frankfortiana, británica y latinoamericana de estudios culturales, para descubrir y describir la dinámica entre costumbres y cultura popular, por una parte, versus estilos de vida y cultura de masas, por la otra, a partir del fenómeno Caignet. Reynaldo González se propone y logra con acierto visualizar críticamente la complejísima madeja de relaciones entre la vida de Félix B. Caignet y su obra, y entre éstas y el mundo de los medios de comunicación (radio, cine, prensa y televisión), dentro de las circunstancias socioeconómicas y políticas de aquella época.

En ese sentido hay que decir que El más humano de los autores es un riguroso y bien documentado texto científico, que no dudo en recomendar para su consulta a estudiantes y profesores universitarios, en particular a los de las especialidades de Arte y de Comunicación. Mas este reporte científico se haya cubierto —que no sepultado— por otros géneros textuales. Porque este libro es una vibrante crónica periodística a la vez que resulta un ensayo personalísimo. Además este volumen contiene poesía de diferente calibre diseminada dentro de la prosa literaria del género histórico-biográfico, prosa que vehicula la voz de su autor, quien hábilmente articula pasajes al estilo de las novelas detectivescas, con ribetes de tragedia como, por ejemplo, la descripción-narración de las circunstancias de la muerte de la actriz María Valero, o segmentos con un estilo cercano al de las crónicas rojas de antaño, como sucede en el capítulo dedicado a la vida, pasión y muerte de Amado Trinidad Velasco. Y hasta la propia estética de las radionovelas y de las novelas del corazón, plagadas de lugares comunes, barroquismos gratuitos e imaginería sensiblera y cursi encuentra en este libro su punto climático y paradigmático a través de esa fotonovela de “El derecho de nacer”, que Reynaldo González recompone a partir de la versión cinematográfica mexicana de la famosa radionovela e incorpora a su libro. Sin embargo la polifonía de “El más humano de los autores” radica principalmente en la concurrencia de muchas otras voces dentro del mismo texto. Así, junto al hilo conductor de la prosa de Reynaldo González, se abren convenientemente otros espacios para textos de periodistas, críticos, académicos, narradores, en fin, textos que como hipervínculos de multimedia, llevan al lector por otros senderos de información relativa al cuerpo central del libro. Debe destacarse en estas citas y “páginas prestadas” la presencia de reconocidas personalidades del ámbito artístico-intelectual nacional e internacional como Alejo Carpentier, Nicolás Guillen, Marcelo Pogolotti, Lisandro Otero, Rine Leal, Luciano Castillo, Alberto Luberta, Sigfredo Ariel, Orlando Castellano, Román Gubern, Manuel Puig, Manuel Vázquez Montalbán, Hermann Broch, Milán Kundera, Umberto Eco, Meri Lao, Silvia Oroz, y muchos otros, que contribuyeron con sus voces al desarrollo coral del libro de Reynaldo.

Este carácter polifónico, tal vez carnavalesco en el sentido bajtiniano del término, se potencia en este volumen por el trabajo de edición con que fue estructurado. La edición interior del texto estuvo en manos del propio autor con la colaboración de varios colegas de Ediciones Unión, como Olga Martha Pérez, Beatriz Pérez y Sigfredo Ariel, en el tratamiento digital de las imágenes. Reynaldo me contó que él quiso armar este libro suyo como si fuera una revista, aprovechando su basta experiencia en redacciones de ese formato impreso, por mal llamarlo de alguna manera. Para mí este libro de Reynaldo se asemeja más a una de esas enciclopedias modernas, tan influidas por la estructura de las multimedias contemporáneas, llenas de recuadros, ilustraciones, caricaturas, anuncios publicitarios, citas, y textos paralelos que aligeran y amplían la lectura lineal del bloque principal del texto. “El más humano de los autores” invita al lector a recorrer casi indolentemente, como muchos suelen hacer en las revistas, su contenido sorprendente y erudito. Nada falta y nada sobra. Es una pieza de arquitectura precisa, compleja y moderna (o post-post moderna), donde confluyen el entretenimiento, la parodia, la crítica, la reconstrucción histórica, la reflexión teórica y hasta un velado didactismo o mejor, una cierta vocación pedagógica del autor, quien a través de esta mirada al pasado ilumina zonas del presente.

Y Reynaldo lo hace con elegancia y estilo, con fina ironía, por momentos con admiración y con leve —y paradójica— nostalgia, pero siempre divirtiéndose y divirtiéndonos con la estética kitsch —tan cara a la radionovela y a ciertos rituales y escenarios culturales— la cual maneja hábilmente para deleite del lector ilustrado. Su libro alcanza esa rara cualidad de ser simultáneamente una “opera aperta” o “fermatta”. Para utilizar un símil cinematográfico, “El más humano de los autores” es como un filme de Almodóvar, o tal vez uno de Tarantino, donde un cierto público disfruta y vibra con la narración de superficie (los chismes de la época, las intimidades de personajes, la rivalidades y pasiones reales), en tanto que otro tipo de público guiado por el mismo texto ve a través de la superficie textual no solo los otros sentido subyacentes en él, sino también las estrategias y las claves a nivel de la enunciación para descomponer/ recomponer todos esos sentidos.

Tal vez habría que incluir en este texto, atendiendo a los disímiles intereses y motivaciones de los posibles lectores, una suerte de paratexto cortazareano que nos recomendara diferentes recorridos de lecturas a partir de la sintaxis lineal y —aparentemente— fracturada o paralela de su contenido.

Llegado a este punto, me atrevo a recomendar una lectura comparada de “El más humano de los autores” y “Llorar es un placer”, y observar cómo mutuamente se complementan ambos textos y disfrutar así de las múltiples aristas que el tema posee y que Reynaldo González ha sabido sabiamente develar. Mucho se agradece esta obra, que viene a llenar el vacío que existe, cada vez más preocupante, sobre los estudios de los medios en Cuba, y sobre todo el vacío casi irremediable de los estudios sobre la radio cubana desde 1922 hasta la fecha. Porque la radio en Cuba sigue teniendo una dinámica muy particular, de corte social, político, artístico, en fin, cultural, que involucra a todos los géneros y estilos radiales, muchos de ellos prácticamente extinguidos ya en buena parte del planeta. Nuestros “fósiles” radiales como la radionovela, el radioteatro, el radiodocumental, las comedias radiales, entre otros, son el resultado de la continuidad de lo fundado en aquellos tiempos y que tienen el deber social de invitarnos a pensar y debatir estos tiempos de hoy.

En suma, Reynaldo González indudablemente ha alcanzado y cimentado una dimensión otra como artista y crítico cultural, que este texto que hoy presentamos viene a ratificar. Es esa condición que casi siempre le ha sido ajena a autores como Benjamín, Adorno, Horkheimer o Hall, y que hacen de Reynaldo para suerte nuestra, un ilustrado tropical o lo que es igual un jodedor ilustrado.

Palabras de presentación del libro El más humano de los autores, de Reynaldo González, Feria del Libro, La Habana, 22 de febrero de 2009.

TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA: LAS CARTAS SOBRE LA MESA

jagb 13/12/2008 @ 13:29

Mirtha Ibarra ha tenido la gentileza de invitarme a la presentación habanera del epistolario de Titón. Al principio decliné su invitación unas tres veces. Primero, porque me parece que no puedo aportar mucho más de lo que ya escribí en el prólogo. Y segundo, porque me seduce cada vez menos figurar en los espacios públicos.

Esto no significa que no le conceda importancia a los debates que puedan protagonizarse más allá de la esfera privada. Todo lo contrario, y eso lo aprendí de Titón: creo firmemente que la sociedad cubana mejorará en la misma medida que sus miembros superemos esa asignatura pendiente entre nosotros que se llama “cultura del debate público”.

Sin embargo, los que hayan tenido el privilegio de conocer a Mirtha Ibarra saben que este tipo de resistencia está condenada al fracaso. Su talento histriónico compite de manera bastante reñida, con ese otro que llamaremos “talento para insistir”. No sé cómo lo logra, pero lo logra. Como consecuencia de ello, ahora estoy aquí, intentando hilvanar en un par de cuartillas algunas ideas sobre estas cartas que, de un tiempo a acá, se han convertido en un punto de referencia insoslayable para mí.

Gracias a Mirtha Ibarra, poseo un ejemplar de “La imaginación sociológica”, un libro de Charles Wright Mills, publicado en Cuba en 1969. Ese ejemplar pertenecía a la biblioteca de Tomás Gutiérrez Alea, como lo prueba el “TGA” que aparece con letra menuda en la primera página, pero tiene un valor añadido porque a lo largo del ensayo, pueden encontrarse huellas del pensamiento de Titón, quien iba subrayando aquellos pasajes que le interesaban, o haciendo pequeñas anotaciones al margen.

De esa intensa marginalia me llamó la atención una idea expuesta por Mills que merecería ser tenida en cuenta con más frecuencia, y que a juzgar por el subrayado de Alea, parece haberlo atrapado también a él. Decía Mills: “No hay vínculo entre la intención de un individuo y el resultado sumario de sus innumerables decisiones. Los acontecimientos están más allá de las decisiones humanas: la historia se hace a espaldas de los hombres”.

He intentado adivinar qué podía significar una idea como esa en la Cuba del año 1970. Sobre todo qué podía significar para un cubano como Titón, que creía firmemente en la Historia como algo unidireccional, siempre asociado al Progreso y al Humanismo. Hoy si alguien nos dice que “la historia se hace a espaldas de los hombres” seguramente no provocará ningún escándalo, puesto que los últimos veinte años han estado saturados de este tipo de evidencia. Pero en los setenta, una afirmación así era todavía una herejía de dimensiones descomunales. Poner en duda lo que aseguraba altisonante la izquierda, con su gran Meca ideológica en la extinta Unión Soviética, era poner en duda al universo.

Los seres humanos (sobre todo aquellos que, siempre en mayoría, todavía habitan las zonas menos lujosas del planeta), confiaban en aquellos líderes que hablaban de la justicia social como una prioridad. Muchas de esas personas no temieron sustituir al Dios de siempre por un nuevo Dios llamado “Historia”, toda vez que se fiaban de una razón histórica que a la larga terminaría imponiendo el milagro de la equidad. Para decirlo como el propio Titón: por aquella fecha, “(m)uchos intelectuales proclamaban solemnemente su decisión de suicidarse como clase. Muy pocos lo hicieron verdaderamente, pero en ese momento cualquiera hubiera podido creerles porque todo lo que estaba sucediendo era insólito y hermoso. Demasiado hermoso”

Tratándose de Titón, sé que todo lo que se hable en cuartilla y media corre el riesgo de que se interprete a la ligera. Su pensamiento (que es decir: sus películas) se han nutrido, y a su vez, han alimentado, esas paradojas que conforman nuestra condición humana. Por eso se agradecen tanto estas cartas donde descubrimos al Gutiérrez Alea más humano. Al que muestra su alegría por el resultado de una película, pero también sus frustraciones y sus rabias ante un estado de cosas que se empeñó en corregir.

Hace poco alguien me reprochó lo que llamó mi “obsesión con los sesenta”. Pero en realidad, lo que esa persona llama “obsesión” es algo mucho más complejo que adicción enfermiza al pasado. En modo alguno me interesaría regresar a aquella etapa ya superada, toda vez que, por suerte, la vida no se ha detenido. Pero sí me sigue obsesionando, de aquella etapa, esa visión de grupo alrededor del cine cubano, donde las diferencias entre los sujetos, no invalidaba la complicidad ante una meta común: el fomento de un cine verdaderamente herético.

¿Cómo se podría lograr eso de nuevo? Desde luego que haciendo mucho cine, pero también discutiendo, sin prejuicio, ese cine. Aprendiendo a mirarlo del modo en que mejor se demuestra que algo nos apasiona: con vehemencia, pero también con tolerancia hacia aquellos puntos de vistas que no coinciden con el nuestro. En este sentido, estas cartas salvadas por Mirtha Ibarra son un buen ejemplo a estudiar. Sinceras hasta el dolor, en no pocas ocasiones, pero por eso mismo, auténticas, ellas no resultan más que una parte de esa actitud que en Gutiérrez Alea siempre fue una tradición: saber poner, todo el tiempo, las cartas sobre la mesa.

Juan Antonio García Borrero
(Palabras leídas en la presentación del libro “Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos” – editorial UNION, el 11 de diciembre de 2008, en la sala Villena de la UNEAC).

Nota:

1) Tomás Gutiérrez Alea. Apéndice: Memorias de Memorias… En “Dialéctica del espectador”. Ediciones Unión, 1982, La Habana, p 59.