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Categoría: NOTICIAS, EFEMÉRIDES, RUMORES

La risa de Orol/Yglesias cerró el XV Taller de Crítica Cinematográfica en Camaguey (Cuba)

jagb 19/03/2007 @ 10:48

Ahora mismo me gustaría saber exactamente de dónde sale la idea de la frase popular “morir de la risa”. ¿Es posible morir en el acto mismo de reír? Bien se sabe que en algunos casos pueden coincidir, risa y muerte, en sentido literal. Desde allí se llega a otra conclusión: la agitación física producto de una carcajada, necesita un cuerpo sano. Y a otra que la supone: si en un cuerpo enfermo aparece el repentino y alegre estremecimiento, puede sobrevenir la muerte del riente.

Pero ese es un suceso de excepción (triste por cierto), y los hallazgos de origen anónimo que se esconden detrás de la afirmación “morir de la risa”, parecen estar más cerca de la experiencia colectiva. Cuando decimos que alguien se “muere de la risa” se está aludiendo a una idea muy diferente: a la plenitud del instante y a su condición de absoluto, ya que la muerte es lo único definitivo y rotundo que puede ocurrirle a quien posee el don de la vida.

Tampoco siento en la frase una referencia más o menos directa al dolor del final, a esa fijeza en que nos deja la falta de vida, ese estarse quieto para siempre contenido en la frase de William Blake: “Aquel que no obra engendra pestilencia”, y que tan terriblemente prefigura el no hacer, el estar muerto, aunque se tenga vida.

De tal modo, por donde lo veo ahora, el dicho indica exactamente lo contrario. Se ríe de placer, se ríe de plenitud vital, se ríe de burla hacia los otros y sobre todo se ríe de burla hacia uno mismo, que de momento es otro riéndose también. Ese alguien que se muere de la risa, en realidad no está muriendo. Vive más que nunca porque vive en la diversión y en la renuncia a una conducta rígida, excluyente, paralizante.

Ya basta de filosofar, y, ahora me doy cuenta, ya basta de parodiar/plagiar a Severo Sarduy y a tantos otros. Digamos lo puntual, que las sesiones teóricas del 15 Taller de Crítica Cinematográfica de Camagüey, cerraron en el mediodía del sábado pasado con un ponente conocido por muchos, y normalmente no sospechado como bromista, pues más bien parece un serio chevalier, que responde al nombre de Jorge Yglesias y nos hizo morirnos de la risa.

Él mismo lo señalaba al introducir su ponencia (más bien sabrosísima plática), sobre la obra del realizador Juan Orol: gallego de nacimiento, cubano por la infancia (reino reconocido por la generalidad de las personas como el más importante y definidor de nuestras vidas); y mexicano por buena parte de su experiencia profesional, aunque se sabe que hizo también en Cuba muchísimas películas, simplemente porque era más barato.

Resultó curioso que Yglesias vinculara el tema, desde un principio, al nombre de Mijail Bajtín, quien tanto y tan bien hablara de la risa en la novela, como fuente democratizadora, subversiva, carnavalesca; pero muy pronto vine a entender su razón. El carnaval con su misión de poner las cosas patas arriba, ya hacía de las suyas. Mientras se acercaba el fin, la sala, el público, y el evento mismo, fueron convirtiéndose en eso, en un carnaval, en un juego de inteligencia, en un derribar conceptos rígidos, pero con el desenfado preciso para hacerlo útil a nuestra comprensión.

Asimismo, la selección de los fragmentos de películas de Orol, escogidos para ilustrar el trabajo de ese gallego-cubano-mexicano tan loco, fue verdaderamente acertada. Para cerrar, el hablante salpicó aquello con un delicioso anecdotario sobre el personaje, muy útil para comprender el tipo de creador que fue y para demostrar a cualquier voz autoritaria, que las anécdotas no son argumentos desdeñables, en absoluto. Mi impresión final es que este Orol, fue una especie de artista naif del cinematógrafo.

¿Por qué? Todo aquello que costaría un inmenso trabajo a un realizador cuando éste se vale más del raciocinio, o todo lo que depende de un talento innato, cuando es el resultado de la tantas veces celebrada divina intuición; aparece en él como parte de su proverbial ingenuidad y de su energía desenfrenada. Al decir de Yglesias, y eso parece, si lo juzgamos por lo descomunal de su producción, las soluciones más o menos prácticas aparecían ante él de porque sí, y en contra de cualquier ente paralizador. La cuestión era seguir adelante.

Desde una perspectiva demasiado seria, desde una “alta cultura” que no aproveche las ganancias de la cultura popular, desde la más rígida academia, es imposible entenderlo. En ese ámbito no se contempla la desobediencia, o incluso, la indiferencia hacia algo que no se conoce y mucho menos se reconoce. Por eso me atrevo a verlo como un artista ingenuo, tan desobediente como quiso y tan desconocedor por trayectoria, pero permanentemente unido al espectador para el que trabajaba: ese público analfabeto, que tuviera por ideal.

En el modo elegido por Jorge Yglesias para presentar su tema, y en el personaje objeto de estudio, hay una manera muy eficiente de continuar las aspiraciones del Taller… aquellas que siguen el rumbo de encontrar verdades múltiples, aunque complejas y/o extrañas a lo convencional, campos de discernimiento cuya diversidad arroje una cercanía mayor a una supuesta verdad mayor: la del conocimiento y la utilidad de ese conocimiento para nuestra existencia y nuestra realización más plena. Todo ello gracias a la risa, que es, más que todo, movimiento.

Oneyda González. Narradora y ensayista camagüeyana. Autora de “Las cinco y una noche” (Editorial Oriente, 2005), compiló el volumen colectivo “Severo Sarduy. Escrito sobre un rostro” (Editorial Acana, 2006).

SE INAUGURA ESTA NOCHE EL XV TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA EN CAMAGUEY, CUBA.

jagb 13/03/2007 @ 19:06

Es difícil comentar algo que, a veces, uno tiene la impresión de que no pasa de ser uno de esos sueños engañosos que Descartes descalificó en su memorable argumentación racionalista. Sobre todo hoy que son los medios los que convierten en “real” el mundo, transformando esto que a continuación apunto en todo un imperativo: “Dime en qué medios hablan de ti, y te diré si existes…”.

Del XV Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, a inaugurarse esta noche en la ciudad de Camaguey, se habla muy poco. Por lo menos, si uno buscara información fiable en las páginas que se supone más atentas deban estar al evento no encontrará nada. Nada de nada. Otros encuentros similares sí tienen sus referencias, pero este que dedicará su decimoquinta edición al 110 aniversario de la llegada del cinematógrafo a la isla, al centenario del nacimiento de Ernesto Caparrós (uno de los fundadores del cine realizado en Cuba), y al 70 aniversario del estreno de “La serpiente roja” (1937), aquel filme precisamente de Caparrós que popularizara aún más al detective Chan Li Po, una de las míticas creaciones de Félix B. Caignet, corre el riesgo de obtener apenas repercusión entre los participantes.

Pensando en esto me viene a la mente una especulación escalofriante: ¿qué habría sucedido si a Armando Pérez Padrón, el organizador habitual del evento, no se le hubiese ocurrido poner a salvo del olvido el grueso de las incidencias de las diez primeras ediciones en su ya imprescindible investigación “Diez años que estremecieron la crítica”? Sencillamente que dentro de seis o siete años (probablemente menos) este hecho cultural sería apenas una huella bien vaporosa en el incesante devenir del accionar camagüeyano. Un esfuerzo acaso inútil, si no perdurara la gratitud de los espectadores que en vez de buscar el anuncio del evento en los diarios, han preferido respaldarlo en el cine, disfrutando de las programaciones que años tras años se conforman. Lo paradójico es que, en términos de apoyo, el Taller de la Crítica de Camaguey es uno de los eventos que más respaldo recibe del Ministerio de Cultura y el ICAIC; luego, resulta difícil captar las razones de su paupérrima presencia en los medios de difusión de la isla.

De cualquier forma, si nos guiamos por lo que cuentan algunos amigos en correos electrónicos que me han hecho llegar, esta decimoquinta edición promete ser una de las más interesantes. Ante todo porque se ha programado, bajo el nombre de “El legado de nuestros padres”, tal vez el ciclo más exhaustivo de cine cubano prerrevolucionario que se haya visto en la isla, incluyendo el grueso de las producciones cubano-mexicanas que se realizaran en la década del cincuenta.

El cine “Guerrero” una vez mas tendrá la oportunidad de ofrecer en sus pantallas, como parte de la inauguración del evento, una película cubana (en este caso “Madrigal”, de Fernando Pérez). Habrá un homenaje a Juan Padrón, el célebre creador de Elpidio Valdés, regresarán una buena parte de aquellos críticos que participaron en el primer Taller celebrado en 1993 (Antonio Mazón Robau, Mario Naito, Luciano Castillo, Jorge Yglesias, Frank Padrón Nodarse, José Rojas Bez), y contarán con la presencia del investigador francés Enmanuel Vincenot, uno de los académicos que más ha aportado a los estudios del cine cubano en cualquier época (su reciente tesis, cuando se publique en español, será un texto de obligada referencia para cualquier interesado en el tema).

Ya vendrán comentarios, no necesariamente apologéticos, que nos confirmen la utilidad de un evento que siempre ha aspirado más a la circulación de ideas vivas (al debate), que a la apoteosis mediática (pero efímera) de un conglomerado de estrellas. Por eso, a pesar del raro silencio de los medios sé que el Taller de Crítica en Camaguey existe; luego pienso…

Juan Antonio García Borrero

SESIONES TEÓRICAS DEL XV TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA:

14 de marzo
9:00 AM – Oficina del Historiador. Exhibición del documental Los soñadores (serie Haciendo memoria) Apertura a cargo de la Dra. Olga García Yero.
10:00 AM – Presentación de mesa redonda Vida y obra de Ernesto Caparrós y la significación de La serpiente roja en la historia del cine cubano.
Panel: Luciano Castillo y Roberto Miqueli
Moderador: Armando Pérez Padrón.
11.30 AM – Receso.
11:45 AM – Presentación de la mesa redonda: Una mirada al cine cubano de ayer y de siempre.
Panel: Emmanuel Vincenot, Jorge Yglesias, Mario Naito
Moderador: María Antonia Borroto
3:00 PM – Sala Avellaneda del ISA. Presentación en la del ciclo “El legado de nuestros padres” a cargo de Luciano Castillo y Armando Pérez Padrón

4: 00 PM – Sala Nuevo Mundo. Presentación del ciclo “El cine que no se ve” a cargo de Alberto Ramos.
9:00 PM – Sala Avellaneda del ISA. Presentación del ciclo: “25 años sin Fassbinder” a cargo de Jorge Yglesias.
9:00 PM – Sala de música de la Biblioteca. Presentación del ciclo “Ecos del Coral” a cargo de Frank Padrón.

Día 15 de marzo
9:00 AM – Oficina del Historiador. Exhibición de fragmentos del filme El veneno de un beso, de Ramón Peón.
9:45 AM - Presentación de la mesa La música en el cine cubano.
Panel: Frank Padrón, Verónica Fernández.
Moderador: Lourdes Cepero
10:45 AM – Receso
11.00 AM – Presentación de la mesa Las coproducciones en el cine nacional antes y después de 1959.
Panel: Rafael Rey, Alicia García
Moderador. Leonel Valdivia

Día 16 de marzo
9:00 AM – Oficina del Historiador. Exhibición de fragmentos del filme Ahora seremos felices, de William Nolte y Fred Bain.
9: 45 AM – Presentación de la ponencia de Emmanuel Vincenot sobre el cine cubano pre-revolucionario.
Presentador: Luciano Castillo
10: 45 AM – Receso
11:00 AM - Presentación de la ponencia Presencia de la Iglesia Católica en el cine cubano.
Ponente: Alberto Ramos
11:45 AM – Presentación de la ponencia: Cine cubano, ese ojo que nos ve.
Ponente: Reynaldo González
Presentador: Olga García Yero
4.00 PM – Base del monumento de la Plaza Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz. Condecoración a personalidades propuestas.

Día 17 de marzo
9:00 AM – Oficina del Historiador. Mesa Las adaptaciones literarias llevadas al cine nacional.
Panel: Juan Ramón Ferrera Vaillant, Reynaldo González, Luciano Castillo y María Antonia Borroto
Moderadora: Dra. Olga García Yero
Presentación: Jorge Luis Urra
10:30AM – Receso
10:45AM – Presentación de la mesa general titulada Otras voces, otros temas.
12:00 PM – Presentación de publicaciones:
• Diccionario de cine / Rodolfo Santovenia.
• El arte nunca duerme / Colectivo de autores
• Diez años que estremecieron la crítica / Armando Pérez Padrón
• Todo sobre Oscar / Juan Antonio García Borrero
• Vampiros en La Habana / Juan Padrón
• Carpentier en el reino de la imagen / Luciano Castillo
• Revistas CINE CUBANO no. 160-161 y 162.

PREMIO NACIONAL DE CINE’ 2007: NELSON RODRIGUEZ, DAISY GRANADOSY FERNANDO PÉREZ.

jagb 03/03/2007 @ 13:48

Nunca ha parecido tan justa una premiación como esta que ha decidido reconocer la trayectoria de tres de los más grandes hacedores del cine en Cuba: Nelson Rodríguez, Daisy Granados y Fernando Pérez.

Poco puede decirse de estos tres artistas cuyas respectivas obras, por sí mismas, ya no estén pregonando. A Nelson Rodríguez, por ejemplo, y a su maestría para hacer de la edición o el montaje una operación artística siempre renovadora, le debemos las densidades todavía no agotadas de “Memorias del subdesarrollo” (1968), “Lucía” (1968) o “La primera carga al machete” (1969). A Daisy Granados, gran actriz allí donde estén reunidas las más grandes, se le deben actuaciones tan memorables como las que regalara en “Memorias de subdesarrollo” (1968) o “Retrato de Teresa” (1978), mientras que Fernando Pérez se ha convertido en el director que más desafíos decide asumir en sus obras, sea a través del documental (“Suite Habana”, 2003) o la ficción (“Madagascar”, 1993; “La vida es silbar”, 1998; “Madrigal”, 2006).

Es la primera vez que el Premio Nacional de Cine se entrega compartido, pues antes lo habían ganado, en sus respectivas ediciones, Alfredo Guevara (2004), Julio García Espinosa (2005) y Enrique Pineda Barnet (2006).

XV TALLER NACIONAL DE LA CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA EN CUBA (Del 13 al 17 de marzo del 2007)

jagb 02/03/2007 @ 11:46

Ya se han dado a conocer las primeras noticias de las que serán las principales actividades del XV Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, a celebrarse en la ciudad de Camaguey, Cuba, del 13 al 17 de marzo. No intentaré disimular el extraño desconcierto que me embarga mientras escribo esto: será la primera vez en la que no pueda participar en un evento que ha sido, con sus momentos felices y sus abundantes angustias a la hora de organizarlo, una especie de adicción personal.

Los temas centrales alrededor de los cuales se propone giren el grueso de las discusiones esta vez son las que siguen:

1) Aniversario 110 del arribo del cinematógrafo a Cuba. 2) Centenario del natalicio de Ernesto Caparrós. 3) Aniversario 70 del primer largometraje sonoro realizado en Cuba (“La serpiente roja”, precisamente de Caparrós).
Está previsto que el evento se inicie con la premiére de “Madrigal” (2006), el filme más reciente de Fernando Pérez. Habrá también un homenaje a uno de los creadores del cine cubano que seguramente más perdurará en la memoria de los espectadores de la isla: Juan Padrón, el creador de Elpidio Valdés. Paralelo a ello se presentarán libros relacionados con el cine, entre estos “Carpentier en el reino de la imagen”, de Luciano Castillo, y “Diez años que estremecieron la crítica”, de Armando Pérez Padrón, la persona que a lo largo de estas quince ediciones se ha encargado de organizar el evento.

De hecho, su libro es hasta ahora la memoria más exhaustiva que podamos tener de esta zona de la cultura camagüeyana (y ¿por qué no?, cubana) que, como bien nos sugiere el excelente título de su investigación, lograron estremecer y sacudir a veces de una manera bastante violenta a la crítica de cine en Cuba. Aunque no solo han sacudido estos años a los críticos, sino también a los espectadores. Por cierto, que esas sacudidas menos ilustradas son las que no menciona Víctor Fowler en la breve nota que escribiera a propósito del libro. Intentaré no pecar de apasionado en algo que me toca muy de cerca, pero a los Talleres no creo que haya que mirarlos solo como ese nicho que supuestamente debió proyectar el pensamiento sobre cine a la altura que todos aspiramos.

En verdad, estamos aún muy lejos de hablar de un pensamiento similar al que se ha alcanzado en los debates sobre literatura o plástica, en tanto sigue existiendo entre los miembros del gremio una fobia bastante marcada a usar la teoría, y ejercitar la reflexión hereje e innovadora a la hora de estudiar el fenómeno cinematográfico. Pero la real importancia habría que buscarla en otros terrenos, ese que nos permite advertir que la propia crítica ganó conciencia de lo insuficiente que resultaba el modo de mirar el cine, y la necesidad de modernizar el contenido de los debates (no solo en el sentido de lo que se discutía, sino cómo se discutía).

Todavía recuerdo aquella primera cita, en pleno “período especial”, con funcionarios escandalizados de que en un país donde no se sabía qué se podía comer en casa esa noche (hablamos del año 1993), alguien se presentara con la idea de organizar un evento para “un grupito de críticos”. Y es que esa visión nefasta de la cultura que las recientes discusiones en torno al “pavonato” han sacado a relucir, nunca dejaron de estar presentes en el país, si bien en ciertos períodos se han notado más dominantes que en otros. Hoy de aquel funcionario azorado con la propuesta de Armando Pérez ya nadie recuerda ni siquiera el nombre, mientras el evento ha calado cada vez más en el imaginario del público camagüeyano (y no solo del grupito de críticos que asistieron a aquella primera cita).

Creo que esos estremecimientos internos son los que muchas veces los estudiosos perdemos de vista, en nuestra tendencia a asociar lo eficaz de una acción cultural con los cambios percibidos en las élites, y para ser honesto, a veces tengo la impresión de que con los Talleres de la Crítica en Camaguey, los que más han ganado no han sido ni siquiera los críticos, sino los espectadores, que han aprendido a hacer de cada marzo un mes raro, inusual, donde se ven películas que normalmente solo se podrían apreciar en el Festival de La Habana, o se vive un clima de festividad colectiva a pesar del agobio que implica ir a un cine sin un mínimo de confort.

De aquel primer encuentro recuerdo sobre todo la ponencia de Wilfredo Cancio Isla, desnudando las carestías de un ejercicio crítico que a veces rozaba con la indigencia. Y también puedo recordar los desencuentros que se protagonizaran en la quinta edición, cuando a propósito del centenario de la llegada del cinematógrafo a Cuba pretendiéramos reunir en un mismo espacio a críticos y cineastas, desembocando aquello en una de las peores trifulcas intelectuales que puedan recordarse en la isla. Peores por inútil, quiero decir.

El evento se propone reconocer a aquellos críticos fundadores del espacio que pueden asistir físicamente al Taller, y que serían Luciano Castillo, Carlos Galiano, Mario Naito, Frank Padrón Nodarse, Antonio Mazón Robau, Jorge Yglesias, José Rojas Bez, Walfredo Piñera y Humberto González. Solo faltarían Wilfredo Cancio Isla (hoy residente en Estados Unidos) y el historiador Raúl Rodríguez (fallecido).

Vale la pena apuntar que si el Taller de la Crítica de Camaguey se ha mantenido tanto tiempo se debe en buena medida al apoyo del ICAIC, en primera instancia, y luego del Ministerio de Cultura, en particular Abel Prieto. Suena a lugar común casi obsceno, pero esto más cierto no puede ser. Omar González llama “el closet” a ese cuartico donde cada año seis o siete personas se amontonan, como en la famosa película del camarote de los hermanos Marx, para organizar ideas, generar proyectos, e invitar personalidades (y no solo relacionadas con el cine), en lo que parece más un acto de tozudez que de sentido común.

Seguramente este año no habrá sido menos angustiosa la organización del evento, pero eso no hace más que confirmar la dichosa regla: son los sueños los que todavía siguen moviendo al mundo.

Juan Antonio García Borrero.