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Categoría: POLÉMICAS

PENSANDO EN SADE

jagb 29/10/2009 @ 22:06

Mi querido Don Caballero Vila:

No vayas a interpretar esto como una réplica al comentario que colgaste a propósito del post sobre el texto de Luciano y el “cine” porno en Cuba, porque no lo es. Se trata tan solo de una reflexión. O tal vez una provocación intelectual de esas que te fascinan. Pero no más.

Puedo entender la indignación cinéfila que se adivina detrás de tu comentario. La puedo entender, y hasta compartir los reparos a llamar “cine” a ese conjunto de imágenes que podrían proponerse a partir de un slogan único: “todos los caminos conducen a la misma cama”. Sin embargo, también tengo la impresión de que entre nosotros dos jamás podría desarrollarse una buena polémica alrededor del tema, debido a ese argumento tan convincente que deslizas en tu comentario: no hemos visto nada, o casi nada, de este fenómeno; luego, ¿cómo puede legitimarse o descalificar algo que no se conoce, que no se ha investigado a fondo?

De lo anterior deduzco que hay más prejuicios que argumentos en tu comentario. En este caso, no prejuicios “morales” (que son los peores), sino prejuicios de un espectador “ilustrado” que ha visto buen cine, y que a partir de esos parámetros canoniza todo aquello que merece ser llamado “cine” o no. No es una crítica personal, pues al final yo participo de la misma práctica legitimadora y/o excluyente: creo que eso es un sesgo del cual no se salva nadie; medimos todo a partir de los que nos ha tocado en vida experimentar; nuestro placer termina siendo la medida de las cosas. De acuerdo; ver la pericia de tu admirado Stanley Kubrick a la hora de filmar la orgía de “Eyes Wide Shut”, o incluso la escandalosa sutileza de “Lolita”, es una lección magistral de lo que se pierde el “cine para adultos” en eso de excitar de verdad la imaginación; pero, ¿crees que todo el mundo pueda ser Kubrick o quiera imitarlo?

Ahora bien, lo que me interesa de la investigación de Luciano (y creo que a él también), no es el imposible encumbramiento estético de un ajetreo físico que nunca ha pretendido ser “arte”. Lo importante de todo esto radica en la posibilidad de acceder a un mundo que forma parte de la realidad, y que hasta ahora ha estado “enterrado” sobre todo por prejuicios morales. Y en realidad, el fenómeno (entiéndase producción, distribución, consumo) en modo alguno es sencillo de entender, o si no, pueden leerse algunos de los textos que les han dedicado al tema estudiosos como Roman Gubern o Umberto Eco. Dicho de otro modo: el problema del “cine de relajo”, si se estudia con rigor, podría devenir una fuente insospechada de conclusiones académicas serias (¿o es que Mañach no nos demostró con su disertación sobre “el choteo” que eso es posible?); no para hacer apología gratuita del porno, sino para “desmontar” todos sus artificios, y ver qué hay en el reverso de la moneda. Tú eres escritor: sabes que “detrás de la representación” sobreviven los pequeños y grandes dramas existenciales. De allí que una película como “Boogie Nights”, de Paul Thomas Anderson me parezca tan reveladora de los entretelones de este mundo.

Ahora, como ya te dije antes, nada de lo que te apunto aquí tiene interés de convertirse en el inicio de un debate para el cual no me siento preparado. Dejemos eso a los teóricos que hurgan en el asunto. En todo caso, y como disfruto muchísimo esa erudición cinéfila a la que sabes sacarle suculentas lascas, me despido con la referencia a una película que seguro viste en su momento: “Quills” (2001), de Philip Kaufman, y que como sabes, habla de los últimos años del polémico Marqués de Sade.

Hay allí un bocadillo que a mí me parece genial, pues desarma de un modo contundente la aparente fortaleza de aquellos que se oponen a someter a debate sus convicciones, porque creen tener la verdad absoluta en sus manos (sé que no es tu caso). Seguramente recuerdas la escena. El personaje de Joaquin Phoenix le censura a Sade sus actitudes y escritos, y este último (sabiéndose en una posición inferior de poder) no puede menos que soltarle esta simple pregunta: “¿Tan frágiles son vuestros argumentos que no resisten oposición?”.

Juan Antonio García Borrero

FRANCIS SÁNCHEZ SOBRE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL, EL CINE

jagb 29/10/2009 @ 20:22

BUSCÁNDONOS EN LA LIGA CUBANA DE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL Y EL CINE
Por Francis Sánchez

Envié este correo originalmente a un amigo; ahora, para publicarlo como lo que es, apenas un correo, sólo donde decía su nombre pongo "amigo", respetuosamente, y no porque él me lo haya pedido. Sea mi pequeña contribución a desandar con buen pie el camino de la polémica que empezó cuando en el Noticiero Nacional de Televisión, al quitarle un jonrón a Kendry Morales, se intentó hacer realidad una vez más la antiutopía de la novela 1984: cortar y reeditar la realidad y el pasado a conveniencia como se censura una cinta de celuloide.

Amigo, ahora te comento, de paso, que he lamentado mucho la polémica entre Ian Padrón y mi hermano Félix Sánchez. Ha sido, por último, como ver a dos grandes amigos, precisamente a dos hermanos, fajarse, a pesar de que no conozco a Ian, como tampoco lo conoce Félix. Pero es que se trata de dos personas honestas, valientes, éticamente expuestos o abiertos, ambos creadores auténticos, ambos en defensa de la misma verdad que nos consume y sufrientes de la misma agonía en que nos debatimos los individuos con conciencia histórica en medio de la estructura de la mentira.

Están del mismo lado, defienden lo mismo en esencia. Yo tengo el documental "Fuera de Liga" grabado en un disco que le presto a mis amigos siempre que quiero hacerles un buen regalo, incluso Félix y yo lo disfrutamos muchísimo juntos, como una de esas oxigenaciones que hacen falta para seguir creyendo que por el túnel que caminamos se llega a alguna salida al mundo, a la luz. No hay que ser industrialista, como de hecho yo no lo soy, para simpatizar con el narrador de "Fuera de Liga" y con sus personajes reales, porque se trata del mismo drama de un personaje en busca de un autor, somos del mismo reparto de personajes de la vida real cubana, los de abajo, los de adentro --este interior incluye, por supuesto, también lo "provinciano" en antítesis del encéfalo metropolitano en una sociedad centralizada no sólo retóricamente--, sufrimos el mismo conflicto, la resistencia y rebeldía contra la mentira encarnada en un autor ficticio e invisible que nos hace agonizar dejándonos sin las palabras y actos de una vida propia.

Decir, actuar, ser, para nosotros, por muy parciales o diversas marcas que podamos adoptar, significa el mismo dolor de parto. El muchacho fan de industriales está para mí, junto con la muchacha curiosa de "Buscándote, Habana" (que tampoco la conozco, y falta no me hace para sentir que es mi hermana), el realizador inquisitivo y humanista del documental "De Buzos, leones y tanqueros", etc., en el altar de la familia, en el botecito para salvarnos del naufragio diario y del otro. Héroes populares como los peloteros, mendigos criminalizados, todos y nadies o ningunos, en fin, las voces de
estas obras, como las de la narrativa de Félix, son presencias de la misma sangre necesitada de fluir.

Esta polémica habrá agradado sólo a comisarios que están apostando a que el intelectual cubano --su criterio y su potestad-- se desangre en luchas intestinas, esos que reparten computadoras incluso con la misión de crear el chanchullo donde se atomicen las ideas fuertes. Abogo por la cordialidad, sino la amistad, de Ian y Félix. A esta altura del "debate", digamos la "pelea" sólo en alusión a las facilidades de la infancia, creo que no hace falta saber quién dio primero, quién se equivocó primero, pues evidentemente todo ha resultado consecuencia de errores y equívocos de parte y parte, y ya ambos lo han reconocido. Lo demás, entre ellos, es la pelusa de la contrapelusa, estériles postrimerías del juego que llevarían a perder el rumbo de la VERDAD: lo que más les importa a ellos por separado, así como lo más perentorio para quienes de conjunto los admiramos
y estamos atentos a sus obras. Incluso creo que Félix le dio un tratamiento muy respetuoso a Julia Osendi, que después no se mantuvo en los ecos de su artículo, porque no hay que ser extraterrestre para tener la visión general de que "el problema" es mayor y dentro del "cuadro" de las víctimas pueden estar muy apretaditos quienes a veces creen lo contrario.

Félix y yo, más de una vez hemos compartido la idea de que Julita Osendi nos parece –tampoco la conocemos-- lo más digno dentro de ese repertorio nacional tan lamentable que es la narración y el comentario deportivo. Una mujer a la que los ideólogos del machismo político le impidieron convertirse en narradora deportiva y alguien que ha mantenido criterios muy personales cuando otros bailan la conga del disparate. Repito: se trata de pareceres, impresiones o funciones sociales, pues saldos y experiencias podrán haber infinitas, en definitiva ni yo ni Félix conocemos personalmente a unos u otros. Así que no se trata de ir contra las personas, pienso yo, sino contra la estructura del poder deformador.

Félix no necesita que nadie hable por él, demostrado lo tiene. Pero si te escribo, amigo, este mensaje, y te autorizo a hacerlo llegar a donde sea que haga bien, es porque no sólo hablo a nombre de Félix, con quien he compartido estas angustias, sino de mí y de todos los "otros" que estamos en juego, con los que me siento identificado, todos los que vamos a pie por este camino largo largo que es Cuba.

Un abrazo.

Francis Sánchez

YOELXY PILLINER SOBRE LA TV DEL FUTURO

jagb 26/10/2009 @ 23:24

UNA FÓRMULA PARA DESATINOS

Juany:

Ya te había comentado sobre mis limitaciones con el acceso a “La pupila insomne” por razones que no es necesario exponer; sin embargo sabes que trato de colaborar cuando tengo la posibilidad, no solo para el blog, sino en lo personal.

Leí el artículo de Gustavo Arcos sobre la televisión del futuro y quiero dar mis consideraciones al respecto, teniendo en cuenta las agonías y sufrimientos que he tenido que pasar dentro de este medio, sobre todo, desde una visión provinciana.

Para nadie es secreto, y mucho menos novedoso, que la televisión hoy día es la principal fuente de consumo y entretenimiento de muchos televidentes, como no tiene que pedir permiso para acceder a nuestros hogares, ésta ha creado formas y hábitos de vida en la población. Sin embargo, ¿realmente se piensa y se hace una televisión para aquellos que buscan ella el disfrute y su satisfacción? ¿Consideran los que dirigen y realizan programas televisivos que reflejan en la pantalla los intereses y necesidades de ese público que demanda sus servicios?

En el caso de los territorios provinciales y municipales, exceptuando la capital, los telecentros surgieron para dar respuesta a mi segunda interrogante. Pero como casi siempre pasa, no todo arranca bien y de la manera en que se concibe; sucede que se comenten ideas y acciones tan descabelladas como abrir un telecentro o planta de radio, no contar con los recursos materiales mínimos indispensables y no tener cómo llenar los espacios de la programación. Resultado: se llenan esos huecos con novelitas, programas fatuos, banales, kitch y materiales que poco aportan a la formación y educación de ese público, máxime cuando estos dos aspectos son dos de los objetivos básicos de la televisión. Y lo peor del caso es que algunos de estos “programitas”, carentes de valores artísticos y estéticos, se colocan en horarios estelares y son los que, por desgracia, tienen más demanda. Otro de los desatinos de la televisión que sufren los de abajo, es tener que transmitir mesa redonda y noticiero, aún cuando existen dos canales nacionales que se encargan de eso. ¿Acaso no es suficiente la cantidad de horas de transmisión que se le dedica a esos espacios en transmisiones y retransmisiones? ¿Es necesario continuar desperdiciando horas de transmisión en cosas que sabemos que nadie ve porque los tiene en otra frecuencia?

La televisión local o territorial es solamente para esa área o región geográfica, sus realizaciones tienen que ser pensando en las características y necesidades de sus habitantes. ¡Nada tienen que hacer programas comunitarios de poca trascendencia en espacios nacionales! Como también es inadmisible que se conciban “novelitas foráneas” en los canales comunitarios. Los que dirigen la televisión, y específicamente la programación (aquí me incluyo) tenemos que desterrar de la pantalla concepciones como ésta aunque el público no esté de acuerdo. Es algo bien difícil pero no imposible de enfrentar. Considero que la comunidad nos apreciará más tanto más cerca estemos de ellos. Para eso es la televisión comunitaria. Ejemplo clásico (aunque en estructura diferente a los telecentros) es la Televisión Serrana.

Por otra parte, como bien plantea Gustavo Arcos, la televisión tiene que estar a la altura y la dinámica de su época. Aquí entra un aspecto muy esencial: la calidad, no solo de lo que se muestra en pantalla sino de la calidad artística de los que hacen la televisión.

No siempre en los telecentros se cuenta con un personal técnico-artístico y directivos de alta valía. Existen tanto los que no han evolucionado, los involucionados como los que se refugian en las carencias de recursos para elevar la calidad artística. No es menos cierto que la televisión que se realiza en provincia (también la Nacional) adolece de recursos técnicos y financieros; pero me atrevería afirmar que hoy día de lo que más se carece es de imaginación, creatividad. La programación de los telecentros está plagada de revistas y entrevistas; los programas que se realizan son al estilo del carpintero: corta y clava, con el único objetivo de ganarse los frijoles y mantener un status de vida, sin importar que el que está al otro lado necesita de un producto de calidad.

Responsabilidad en ello tienen los que dirigen la televisión (me incluyo a manera de autoflagelo a pesar de mi corta experiencia en el medio). Mas no siempre extirpar o arrancar de cuajo es la mejor manera de saneamiento; sin embargo, en ocasiones, es muy eficaz. Nos evitaríamos tener que desperdiciar tiempo, minutos en pantalla (algo bastante costoso), críticas y respuestas a la población. En lo personal, no temo ser blanco u objeto de ataques si tuviera que dar la cara por algún programa o espacio que no merece gastar tiempo y recursos, sobre todo cundo se conoce que dentro de este medio existen detractores que dificultan los procesos revolucionarios que se proponen. Ya lo dijo el arquitecto holandés Mies Van de Roe, “menos es más” y aquí también vale más tener pocos programas de muy buena factura y calidad a tener que admitir una programación que es una basura.

También el público interno de la televisión es un factor importante. La inyección de sangre joven ayuda a la cura de estos males y a ponernos a tono con las demandas que exige nuestros tiempos. Los jóvenes que dirigimos la televisión o la programación podemos contribuir a quebrantar ese gremio de veteranos –generalmente pocos receptivos al cambio- que presentan muchos de los telecentros. Esto no quiere decir que las desgracias de la pequeña pantalla se deban a estas personas; pero son sobrados los ejemplos de jóvenes impetuosos que se les cortan las alas cuando intentan volar. También es muy cierto que existen voces experimentadas con mente y sangre joven en cualquiera de estos medios muy dispuestos a contribuir con estos tiempos, ya que la televisión necesita que la actividad creativa se mantenga viva y no languidezca.

No cabe dudas que las causas y azares que presenta la televisión está en sus públicos: internos y externos, seguidores y detractores, con sus aciertos y desaciertos, pero que de una forma u otra contribuyen a realizar una televisión de cara o de espalda a los tiempos que hoy se vive. Más o menos siguiendo los pasos de Gustavo, si aspiramos a una televisión del futuro, se necesita que ésta contenga una sencilla fórmula: juventud, experiencia (y viceversa, algo que ya había dicho Juan Almeida y popularizara Farah María) y, sobre todas las cosas, CREATIVIDAD.

Yoelxy Pilliner López

FÉLIX SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL TEXTO DE IÁN PADRÓN

jagb 19/10/2009 @ 12:02

MI REINO POR UN CARTUCHO MÁS....
(A los lectores de la carta abierta a Julia Osendi)

“¡No siempre han de ser inútiles la honradez y el valor!”
JOSÉ MARTÍ

Compañeros, colegas, cubanos:

No he recibido hasta hoy respuesta alguna de Julia Osendi, ni de ninguna institución que haya estado detrás de la censura al jonrón de Kendry Morales, pero sí muchos mensajes de amigos y de gente que sencillamente ha querido transmitirme su solidaridad, agradecerme el bien que puede hacer una reflexión así a la patria, a nuestro futuro. Otros, aunque no me han escrito, sé que han sentido y expresado su respaldo a estas palabras. A todos debo gratitud, esos actos compensan con creces todos los sinsabores del silencio.

Cuando uno da un paso así, sabiendo o imaginando los riesgos —de una tendenciosa interpretación, de la ira que puede despertarse en los cuestionados—, lo hace sacrificando su instinto de conservación, casi acopiando, acumulando en una dirección única, esos gramos de valor que todos más o menos llevamos dentro y que las causas nobles nos ayudan a agrupar. No se trata de un valor excepcional ni mucho menos, es el mismo del que en una asamblea levantó su mano contra la corriente, del que sabiéndose en desventaja optó por hacer lo correcto en un momento de la vida.

Mi carta abierta podía decir más. Claro, lo sé. Solo un tonto creería otra cosa. Una carta no es un manifiesto. Pero entiendo que los que te agradecen ese acto, recordando a Martí en su sentencia sobre los desagradecidos y las manchas del sol, se fijan, no en las ausencias, sino en el poco de luz de esas palabras, en lo que se dijo y no en lo que se dejó de decir. Cuando alguien tiene sed y le tiendes medio vaso de agua, lo justo, lo moral, es que recuerde que le diste un vaso medio lleno de agua y no un vaso medio vacío.

Por esto que les he dicho antes, me ha resultado realmente “simpático” algo que he leído en el blog del importante crítico de cine Juan Antonio García, días atrás, un artículo de la autoría del joven realizador cinematográfico Ián Padrón, que él tituló “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, en cuya introducción, verdaderamente como de pasada, calentando el brazo, se refiere a la carta abierta y cierra su referencia —luego de atenuar la participación de Julia Osendi con cierta filosofía de que “maldad de muchos, culpa de nadie”— con estas palabras, donde el reconocimiento a la honestidad funciona solo como analgésico para el mazazo final:

Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre”.

No he escrito “simpático” por error, es que tras darle muchas vueltas a la conclusión del joven cineasta, no he encontrado otro adjetivo mejor. Tanta gente a la que ha faltado valor para defender la verdad en la historia de nuestras censuras deportivas, incluso no pocos probablemente en este caso específico de Kendry, y el joven cineasta elige para herir, disminuir en su orgullo, precisamente al que se ha atrevido a denunciar lo ocurrido y lanzar la denuncia a los cuatro vientos.

Confieso que, tras un primer momento de desconcierto, pensé responder a esta parcialidad, a este insulto, de un modo más enérgico, escribí algunas cosas que Ián Padrón merecía escuchar acerca de la tradición que existe en la ética (y también en la dramaturgia del cine), y que exige que si irrumpo y digo que te faltó valor para algo, seguidamente me atreva a ese algo, so pena de resultar un villano o un bufón. Pero al final me pareció excesivo todo, un derroche de pólvora, y me confié a las útiles lecciones de la historia.

Seguramente Ián Padrón conoce bien la anécdota de nuestras guerras independentistas, cuando un capitán se negó a cumplir la orden personal del Generalísimo de tomar un fuerte con tres cartuchos por hombre. Para el capitán era una locura intentar la toma del fuerte con ese parque. El Generalísimo obvió sancionar a su subordinado diciéndole cobarde o algo similar (ningún mambí pusilánime llegaba a capitán). Como hacen los héroes, y Máximo Gómez sí lo era, cuestionó el valor de su oficial de otro modo, se colocó ante la tropa, les dijo a los soldados que entregara cada uno dos de los tres cartuchos que tenía, y partió al frente de ellos a tomar con apenas un cartucho por fusil el fuerte español. Y lo tomó.

Yo creo finalmente que sí, que me faltó mucho valor en esa carta. Mi valor no es muy grande, y menos infinito. En mis veinticinco años de servicio en las FAR hice lo posible porque estuviera a la altura del deber, de cada circunstancia, pero nunca logré que creciera tanto como para vanagloriarme hoy de él. Nunca me propondría para kamikaze con una sonrisa de desafío a la muerte en los labios. He corrido muchas veces en mi vida y no puedo jurar que no lo haré otras tantas. Sé lo que es el susto, el temor, y la cautela, y muchas veces he callado y después me he enojado con esa victoria de mi prudencia. Pero nunca esperé que alguien, por su aval de un documental sobre la pelota, un documental valioso, humano, un buen documental, pero donde no menciona ni causas ni nombres de nada, y que se dice tan preocupado por la pelota cubana, leyera mi carta y se propusiera reparar únicamente en la supuesta mancha solar, en el vaso medio vacío, como los desagradecidos. ¿Ya antes habrá acusado Ián Padrón públicamente a alguien, así sin rodeos, por falta de valor para algo? ¿Lo hizo en aquellos días de censura de su documental? ¿Estrena acaso su etapa de radicalismo conmigo? ¿Me ha concedido el mérito de ser diana inaugural de tan virtuosa saeta?

Como el joven realizador achaca lo que yo no digo, mi “faltante”, a un problema de insuficiente valor y no desconocimiento, se nos presenta incluso como adivino. Sí señor, allá, a cuatrocientos sesenta kilómetros de Ciego de Ávila, sin haber intercambiado jamás una palabra conmigo, Ián Padrón sabe lo que yo sé y lo que me callo. ¿Desaprovecharán a partir de hoy los abnegados oficiales de Día y noche esta singular facultad suya?

Lo esperanzador es saber que, si el joven realizador dice que yo no llamé las cosas por su nombre, está pregonando a la misma vez que él sí sabe esas otras cosas, ese complemento silenciado por mí, y, por supuesto, cuáles son sus nombres (y apellidos) verdaderos. Con la misma fuerza con que blasona esto, me imagino que ha de sentir la responsabilidad pública de administrar esta riqueza informativa que posee y ostenta. ¿Debe esperarse mucho para que esta responsabilidad halle curso más útil que un infeliz y simpático anatema contra mí?

Yo me hice algunas preguntas en la carta que parece que para él, muy cercano a los medios, a la capital de todos los cubanos, y en particular a Julia Osendi, no son necesarias. Si él no necesita las respuestas a estas preguntas, porque sabe los nombres reales de las cosas, me lleva gran ventaja, está en condiciones, con su valor (que espero no resulte inferior al del Gómez de la anécdota, asumiendo yo el papel del aleccionado capitán), de contribuir a la continuidad y profundidad de la polémica. Solo nos queda esperar, pues, que suene la claqueta y se reanude la filmación. ¿Quizás Ián está pidiendo que otros se pongan, junto con él, o por él, valientemente, la chamarra de Industriales, y salgan al combate? Me gustaría que este itinerario en busca de la verdad y los responsables de la censura, no terminara causando apenas un embotellamiento fotogénico en las puertas de un estudio del ICRT.

Aguardo, les digo, porque no creerá Ián Padrón que la sublime lección suya de cómo llamar a las cosas por su nombre esté en su documental, en su carta de protesta, en el propio texto “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, este último un listado de preocupaciones y propuestas, sin un cuestionamiento revolucionador, una duda, una objeción, sin causas ni responsables, auténtico ejemplo del discurso fiel a los límites, donde no hay un solo porqué. Se trata de un documento-programa muy propio de un buen amante del béisbol, que la burocracia leerá siempre con satisfacción, pero lejano de esa agudeza, ese saber ver lo esencial tras lo aparente, que uno esperaría de una gente de cine, arte que siempre ha nucleado —y recuerdo aquellas polémicas de los 60— a verdaderos paradigmas de nuestro pensamiento cultural. No, seguramente habrá otro texto (otro fuerte español tomado) de Ián Padrón, un documento sí radical, repleto de cosas bien llamadas por su nombre, y donde, por supuesto, su valor cumplirá con las expectativas de exceder en no menos de dos pulgadas la nimia estatura del mío.

Les debía estas palabras a todos. Me siento mejor. Gracias a los que han reconocido la utilidad de la carta abierta, y me han perdonado mi escala humana, sin exigirme la virilidad de un gladiador romano.

Gracias también a Ián Padrón, cómo no. Soy escritor, tengo nombre, como todo ser humano (aunque para el joven realizador soy solo “aquel que la carta escribe”), y he descubierto ya, en mi más de medio siglo de trajinar con la vida y con los libros, que mientras más conozco a algunos de mis contemporáneos mejor entiendo a muchos personajes de la literatura, desde Alonso Quijano hasta Julien Sorel.

Un abrazo fraterno,

Félix Sánchez
Ciego de Ávila, 18 de octubre de 2009

REYNALDO GONZÁLEZ SOBRE LA CRÍTICA

jagb 17/10/2009 @ 22:51

SOBRE CINE, MELONES O SANDALIAS
Por Reynaldo González

Querido Juani:

Me ha picado el asunto de la crítica de cine (o de cualquier asunto) en la televisión (o en cualquier otro medio), porque entre nosotros la cuestión de la crítica se ha convertido, inobjetablemente, en un «asunto crítico». Pero le dan una altisonancia inmedible y, de paso, impagable. Como la vieja recurrencia idiomática de llamar «momento crucial» a cada punto en la historia, en los negocios, en la vida. La expresión padeció la reiteración, la dejadez y ya todo era crucial. El gran burlón que fue Borges, para herir la retórica del habla hueca si quiere parecer solemne, en una entrevista y por un motivo baladí, soltó una perla. «Este es un momento crucial, como todos los anteriores.» Y algo así pasa con la crítica: debería ser espontánea, dispuesta a saltar ante la más leve motivación, pero se nos ha convertido en un ritual desacostumbrado, por eso la rodean de ritualidades. En el asunto de la crítica de cine hablamos de aromáticas presencias y de sublimadas ausencias, pero, como se dice ahora, «ese no es el punto». El punto es el saludable hábito de la crítica, que el raciocinio despierto la imponga porque la siente como necesidad. La crítica ya sale dañada si nace convocada. Si para que se mueva el pensamiento inconforme –y la inconformidad es connatural a la crítica– le hiciera falta una convocatoria, es que tenemos el meollo adormilado, dependiente de reclamos exteriores, ordenanzas o como quiera llamárseles. Lo que se ha perdido es la actitud crítica. Ya sea sobre cine, melones o sandalias. Paulatinamente la crítica fue sustituida por una amorfa aceptación, una obsecuencia que también acude para hablar de cine, melones o sandalias.

Contrario a la reflexión crítica, abunda la información relamida sobre algunos asuntos. Quizás hallemos el momento en que empezó a declinar. Las convocatorias llegaban custodiadas por autorizaciones. Ya no sólo qué se criticaba sino quién lo hacía. Terminó confundido el oficio de propagandista –válido y necesario– con el de supuesto crítico «autorizado», la proposición a ver una película quedó en un énfasis de pretensión analítica, forma untuosa que la inadvertencia toma como ejercicio del criterio, retórica que pide préstamos al lenguaje teórico, a la cuantificación, a la adjetivación aparentemente definitoria –este importante director, esta importante producción...– para concluir en una papilla masajante y no informativa. Es un lenguaje ampuloso, con tres palabras vacuas donde cabría solamente una, si fuera inteligente. Con esas paparruchadas eso inefable que llaman «comunicador» gana categoría de crítico. Has mencionado a colegas que cumplen su cometido con eficacia y salvan el oficio, pero abundan los otros y uno se pregunta si no pudiéramos ver el cine, nomás, sin introitos que desprecian la inteligencia común. Recibimos un parloteo de «enterados» que a su vez padecen y hacen padecer ese aparato ortopédico llamado teleprompter, porque el pecado lo cometieron al hilvanar en lenguaje macarrónico lo que luego debían leer ante la cámara, amparados en no sé qué convencimiento de que la legibilidad estorba. Me pregunto si se requieren más espacios sobre cine o mejor aprovechamiento de los existentes. Eso pasa también con otras disciplinas. Se impondría dar la voz a quien la sabe usar, a quien tiene algo que decir.

En varias ocasiones, y en tus libros, trataste el monopolio icáico, la imposición de una historia del cine desde y para el ICAIC, en desatención de otras producciones. Eso ocurrió, pero desarrolló su estela. Después vinieron interesados olvidos, obvios silenciamientos. La vida ha quebrado aquel monopolio y su autoridad, que no fue sino una infundada imposición mesiánica. En los primeros tiempos los aspirantes a realizadores «documentaban» el cine siguiendo pautas de la oficina que les pagaba. Por mucho tiempo dijeron qué se debía pensar sobre el cine cubano, incluso establecieron un reconocible «lenguaje ICAIC». El tiempo pasó. Y pasaron insoslayables quebraderos de cabezas. Ahora, ante una crisis que no es solamente de recursos, sino de talento, cuando varias películas parecen salidas de un mismo troquel, entregas de una saga acogida a la comedia –«comedietas» me permití llamarlas–, téngase o no sentido del humor y a veces sin la más elemental capacidad para narrar historias, al panorama fílmico acuden sorpresas desde otras orillas, acogidas a las nuevas tecnologías, a veces heroicas producciones familiares. Más que sorpresas deberían tenerse como aleccionadores estremecimientos. La «industria» se resigna a un padrinazgo tardío, o busca talentos fuera del elenco archiconocido, demasiado agotado. Puede ser una solución sabia.

Y en medio de todo están los avatares de una «crítica» que pocas veces habla de esos pormenores, incapaz de lecturas cruzadas y de investigaciones que calcen sus afirmaciones. Si algo necesitan los espectadores capaces que constituyen el público cubano no es la sobredosis de recitativos que le endilgan a las películas –muy pocas veces sobre cine, sobre el arte, sino siguiendo la vieja receta del contenidismo como tábula rasa–; le sobran las pasiones palabreras que afirman o niegan. En tu comentario trazas un panorama de posibles confrontaciones entre personas capacitadas, a algunos citas por sus nombres, frente a un panorama que las desechó. Hoy los enlatados nos introducen en los estudios hollywoodenses, conocemos sus talentos y los pormenores de sus filmes, pero no se discute el destino de nuestra vida cinematográfica, sus actores, la manera en que se forman, las contradicciones que afrontan, las posibilidades que tienen y el éxodo del talento, joven o viejo, que es una palpitante realidad. La información puede y debe ser crítica, sin temor a no coincidir en lo correctamente político trasladado al terreno de la creación artística. Sabemos que ese dilema sobrepasa el cine, su solución no está en las manos de los críticos y cronistas cinematográficos. Pero debo pensar que sí está en el terreno en que se desenvuelven. Allí el debate fraudulento puede ser debate verdadero, sin conclusiones previas, sin slogans, sin la obligatoriedad del canto como un diezmo. Quizás así aprenderemos de cine, a la espera de saber también sobre melones y sandalias.

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA TELEVISIÓN DEL FUTURO

jagb 16/10/2009 @ 11:37

¿TELEVISIÓN DEL FUTURO?

Una vez más las preguntas estaban sobre la mesa de discusión en este XXI Caracol de la UNEAC: ¿Qué televisión quisiéramos tener? ¿Cuál es la que podemos hacer? Y aunque no hay gurúes, ni brujos entre nosotros, me gustaría compartir algunas ideas “humanas” que tal vez pudieran desbrozar el camino.

El propio hecho de pensar en la TV del futuro y entiéndase que no se trata del siglo XXII, implica una actitud positiva, una voluntad de transformación y movimiento. Esa posición, para que no sea un gesto o salto al vacío, tampoco demagogia, tiene que ir acompañada de acciones concretas y la disposición de afrontar riesgos como única forma de salir adelante. Si hay que cambiar, revisar o dinamitar lo que existe, hay que simplemente hacerlo de una vez y no darle más vueltas al asunto, porque en eso llevamos al menos un par de décadas.
Aunque para todo el mundo está claro que la Cuba de hoy es bien diferente a la de los 60 o incluso 90, chocamos constantemente con personas que parecen congeladas en el tiempo, mirando o añorando siempre un pasado que jamás volverá. Los castillos en el aire son hermosos para los cuentos de hadas pero la vida, ya se sabe, es otra cosa. Lo hecho, hecho está y el pasado nadie podrá cambiarlo así que miremos lo que tenemos para tratar de seguir adelante.

Primera certeza: si de verdad se quiere cambiar el estado actual de las cosas en nuestros medios, hay que darles mayor autonomía, y no digo total porque estaría hablando de otro país. Significa que sus directivos son los que tienen que tomar las decisiones artísticas, es en el marco de los creadores y técnicos donde se deben trazar las estrategias, los diseños de programaciones, encauzar los presupuestos y delimitar las funciones de cada redacción, canal, equipo o grupo de trabajo. Dialogar, consensuar, escuchar y no imponer. La autonomía significa también, o sobre todo, Responsabilidad.

No hay que ser ingenuos, pues sabemos que hasta el día de hoy todos los Medios están controlados o supeditados por el aparato ideológico del Partido quien de alguna forma es el verdadero dueño del negocio. Partido y Estado que están aquí, indisolublemente unidos, cuestión que no viene al caso tratar ahora. Pero si el Partido representa los intereses del pueblo, y de hecho existe porque así lo quiere el pueblo, entonces tiene, y no debe, que responder dialécticamente a sus demandas. Significa, no dejar para las calendas griegas algo que resulta, clamor popular.

El discurso tiene que ir acompañado de acciones porque si no las palabras se las lleva el viento y la primera acción sería justamente dejar en manos de los artistas y creadores, a la televisión. ¿Qué puede haber contradicciones entre los intereses del Estado y el de los artistas? Desde luego, siempre las ha habido, hay y habrá. Bien, de lo que se trata es de ser coherentes, de encontrar, gracias a las diferencias, el lugar de confluencias y eso solo puede lograrse a través del diálogo y la creación de un sistema que trabaje de forma transversal y no vertical. La UNEAC, las instituciones culturales y los centros de investigaciones sociales pueden y deben jugar un papel esencial en verificar desde sus experiencias, prestigio y contacto directo con la gente, el grado de fidelidad y respeto a los valores culturales de la nación, representados, tratados o visualizados a través de nuestros medios audiovisuales. Entiendo por fidelidad la cualidad de ser fiel a algo que me permita al mismo tiempo discutir y poner a prueba. Una fidelidad sin interrogantes, deja de serlo, se convierte en perversión, dogma y fanatismo.

Resumiendo, no le corresponde al Partido, ni a un individuo que hable en su nombre, ni a un grupo de “sabios” de oficina, que además no saben de arte, ni de medios, ni de comunicación, definir lo que debe hacer nuestra televisión o radio, mucho menos que programas, series, temas musicales, filmes, espectáculos deportivos, infantiles, didácticos o informativos deben trasmitirse y cuáles no.

En segundo lugar, la televisión tiene que respetar a sus mejores artistas y técnicos. Esto redunda, en buscar la forma (y hay muchas) de incentivar, legitimar, atraer el verdadero talento. Si un creador tiene éxito, si su obra presenta valores estéticos notables, si encamina sus energías a la experimentación y la búsqueda en el campo del arte o la comunicación, tiene que sentir recompensados sus esfuerzos. No puede haber igualitarismo, ni homogeneidad salarial donde una vez categorizados, todos reciben el mismo salario sin valorar el resultado de la obra. Desde pequeños hemos escuchado mas como una letanía, que como un principio, que a cada cual según su capacidad. Bueno ya estamos bastante grandes y creo que es hora de aplicarlo. El paternalismo y el subempleo nos han costado muy caros. Si se quiere rediseñar la televisión, ahí tienen un punto por dónde empezar.

No separado de lo anterior, está el tema de reestructurar la institución, ponerla de frente al mundo, de cara a las dinámicas contemporáneas en materia de signos estéticos y artísticos. Por supuesto que tal cosa no puede llevarse a cabo con la pantagruélica plantilla que tiene hoy en día. Dice un axioma que el mejor criterio de la verdad es la práctica. Hemos tenido la saludable experiencia del Canal Habana con su programación territorial de mostrada eficacia. ¿Quiénes integran esencialmente el equipo del canal? Un grupo reducido de jóvenes que le ha ido imponiendo su sello de frescura, espontaneidad y al mismo tiempo rigor. El canal tiene una imagen gráfica que lo identifica, un trabajo coherente de materiales promocionales y spots, un diseño atractivo y una relación de programas de todos tipos y géneros de gran valía. ¡Hasta la pelota se trasmite de forma diferente! ¿Cuál ha sido su principal baza? La libertad creativa, para lograr un sentido de pertenencia al sitio de todos sus integrantes, que ojalá logre mantenerse por mucho tiempo. Y no se trata de un fenómeno reciente pues no debemos olvidar el provechoso cambio que significó hace más de diez años, la aparición a mediados de los 90, de una nueva generación de periodistas que conformaron la programación de lo que era entonces conocido, como CHTV. Los ejemplos no hay que buscarlos fuera están bien cerca.
Una realidad se viene imponiendo en el mundo audiovisual y esa es, la fragmentación y atomización del trabajo artístico, ahora mucho más independiente. Las posibilidades que las nuevas tecnologías brindan a todos, permite que los medios que antes se concentraban en los grandes centros o industrias productoras ahora estén al alcance de muchos. Un creador o especialista no necesita trabajar dentro de la industria para vivir. Siendo realistas, la mayor parte de ellos hace su trabajo oficial, pero vive “por la izquierda”, es decir pueden pertenecer al ICAIC, la Tv nacional o alguna otra entidad, pero esto no implica mejoras a su calidad de vida o estatus social cosa que alcanzan, alquilando a otros sus servicios.

El trabajo independiente en la esfera audiovisual es un fenómeno relativamente nuevo en nuestro contexto, revelando nuevas formas de producción y singulares relaciones contractuales que han puesto en jaque tanto a los centros productores como al cuerpo de leyes preexistentes sobre derechos a la propiedad intelectual asunto que por cierto, ha estado en plena y calurosa discusión durante los últimos meses. Una señal de cómo se ha invertido el proceso y muestra la precariedad de la industria es que muchas veces ésta, tiene que alquilar los equipos de sonido o cámara a los propios creadores independientes pues ella no dispone de estos. En definitiva no resulta descabellado pensar en una Tv de personal limitado, donde prime y se valore realmente el talento, que diseñe una plataforma funcional y abierta a la diversidad de experiencias o géneros y realizada en buena medida gracias al servicio contratado, de pequeños grupos de creación artística independientes. ¿Será que toda la vida es sueño?

Si se quiere una televisión eficaz, dinámica y a la altura de las demandas de su época hay que actuar justamente, en correspondencia con lo que te dicta la vida y no a contrapelo de ella, pensando que se trata de fenómenos pasajeros o circunstanciales.

Todos los años escuchamos decir que no hay dinero, ni recursos suficientes para emprender los cambios que demandan la población o los especialistas. Cierto, que hay escaso financiamiento, pero es falso que ese sea el justificante. Si así fuera por qué hay tantos programas en la radio y tv que derrochan el dinero o el presupuesto del Estado sin que tengan ningún sentido más que el de satisfacer dudosas políticas en la esfera ideológica. ¿Por qué hay dinero para sacar al aire espacios que pocos ven, plagados de errores conceptuales y burdas manipulaciones que además se repiten sistemáticamente sin que tengan verdadera audiencia? ¿Cuántos espectadores siguen las tediosas clases por TV que son además retransmitidas o situadas en horarios del prime time? ¿Por qué hay tantas personas, conductores, periodistas o supuestos especialistas que perciben un salario por ser mediocres, retóricos y sobre todo aburridos? ¿Por qué una y otra vez se llenan huecos con documentales de lagartijitas, competencias de Fórmula 1 y patinaje sobre hielo, novelas pasadas de moda y reposiciones de la Mesa Redonda? ¿A cuántos puede interesarle el pormenorizado reporte informativo, que sigue el rumbo de un mandatario visitante por toda la ciudad, nota periodística que hace incluso alterar la programación y sacar espacios del aire? ¿Alguien sabe cuánto cuesta un minuto en pantalla? Si hoy mismo apareciera el dinero necesario para invertir seriamente en la TV, seguiríamos probablemente igual pues lo que hay que cambiar son los conceptos, las estructuras actuales y por qué no, también a muchas de las personas que ejecutan sin chistar las más disparatadas ideas.

¿Cómo puede diseñarse una televisión de cara al espectador si no son escuchadas sus demandas y si la imagen que les da de su propio país suele ser falsa o edulcorada? ¿No se nos ha dicho que se trata de una TV de servicio público? ¿Dónde están los verdaderos programas de crítica y opinión? ¿Por qué solo muy raramente, nuestros ministros o dirigentes se sientan en los estudios a responder las interrogantes de la población? ¿O es qué acaso su gestión no nos concierne? ¿Por qué hay tantos programas que se parecen unos a otros, sin personalidad o perfil que los distinga? ¿Por qué en los Telecentros suelen reproducir los esquemas de la Tv Nacional? ¿Por qué en la Tv Nacional tenemos que ver reportajes localistas o comunitarios sin verdadera trascendencia? ¿Hasta cuando tenemos que escuchar a los más veteranos decir que la Tv de Goar Mestre o Pumarejo, si era una televisión? ¿ Por qué si, desde hace 20 años tenemos un mercado de productos en divisa y millones de cubanos disponen de esa moneda, no podemos hacer publicidad comercial de los productos nacionales que son consumidos masivamente por la mayor parte de la población? ¿Si no hay dinero, no puede ser esta una forma de obtenerlo y de paso potenciar el consumo de mercancías cubanas?

Finalmente, la TV no existe para sustituir el papel de otras instituciones de la sociedad. Los problemas de esta no son de su responsabilidad, pueden o no, ser reflejados o debatidos públicamente y desde luego influirá, educará, trasmitirá valores, patrones sociales e ideas, pero no debe sustituir el papel, ni de la familia, la escuela, las universidades, los políticos, ni el estado. No es tampoco la casa de Dios aunque para muchos, en el mundo de hoy Dios es precisamente la Televisión.

Gustavo Arcos.

PD: ANNA ASSENZA SOBRE LA TV CUBANA

Juan, y Gustavo, por supuesto:

Me gustaría, en calidad de yuma obsoleta (obsoleta porque hace años que vivo aquí por lo tanto ya no soy una yuma, mas bien una (insisto) emigrante en Cuba) y por ende aficionada televisiva cubana, o 'utente', como se dice en Italia, me gustaría, decía, echarle un cabo a la TV cubana.

Yo provengo de una sociedad donde de verdad la TV es dios, y por eso puedo decir que la televisión cubana me encanta, aunque hay algo que tendría que cambiar para hacerla meno aburrida. Incluso yo soy una seguidora de la Universidad para todos, que a veces es agotadora, pero a veces es muy interesante, como por ejemplo las lecciones de estos días sobre la cultura musulmana. Escucho hablar al profesor (que como todos profesores a veces te dan sueño por como hablan, pero yo lo disfruto por ser uno que sabe bastante sobre el asunto y me quedo voluntariamente despierta para no perderme las informaciones que me da, en fin no todos son Cicerone, oradores eclécticos, pero sabe mucho y nos brinda su conocimiento, ¡gracias!)

La televisión cubana en mi opinión es la mejor que he visto hasta ahora, y yo sí he visto bastantes TV de otros Países, porque para mi ese cajón me interesa muchísimo verlo por cuestión laboral mía, ya que me gustaría trabajar en ella desde hace mucho. Me encanta la idea de entrar en las casas de la gente de a pié y contribuir al cambio de mentalidad restringidas. Mi abuela siciliana de cien años y pico de edad me dio esa idea cuando vi que en los años '80, la época del Hedonismo reganiano, la época de las Soap Operas o de las telenovelas, la televisión les cambió la cabeza, se modernizó de pronto. ¡Carajo que bello! Me di cuenta del poder que tiene ese objeto sobre los cerebros de la gente, que eso puede ser negativo pero también puede ser un medio positivo para ayudar al desarrollo de la mente. Como todos venenos te salvan o te matan, depende como se utilizan. Y es en ese sentido que a mi me gustaría trabajar en ella, decir cosas inteligentes.

Ahora: yo conozco un montón de personas jóvenes en Cuba, jóvenes que ahora tienen 30 y picos años, que son brillantes, y que trabajan en la televisión cubana, ellos son el fruto de la educación que recibieron aquí, y déjenme decir que son todas personas llenas de amor, sea para el trabajo que hacen que para el Pueblo al cual quieren entretener. Estoy pensando en gente como Luis Hidalgo de TV de Pinar del Río, estoy pensando a Waldo Ramírez de la Ribera y su esposa Iriana Pupo Serrano de la TV Serrana, y que ahora trabajan en TV Cuba Visión, uno y la otra en Canal Habana, estoy pensando en Frank Padrón, de nuestra América, en Chavarría del viernes, a Marta del programa de entretenimiento dominical, estoy pensando en todos aquellos que a pesar de lo duro que debe ser trabajar con un sueldo muy reducido, decimos la verdad porfa, se la pasan creyendo sobre todo en al amor que les meten a su trabajo. Yo me asombro por tanta generosidad, eso no pasa a menudo en el mundo entero.

Quizás los censores, que los hay porque cada televisión que se respete tiene que tenerlos, o sea, expertos en telecomunicación, propiamente porque a veces hay que saber como decir las cosas y cuando a todo tipo de público, deberían cambiar. Lo digo porque a mí personalmente me pasó una cosa muy curiosa, que me hizo morir de la risa cuando me enteré; les contaré para ver si se ríen conmigo:

Produje un cortometraje de ficción, “Libertad de movimiento”, el cual habla de tres personas que viven juntas en la Habana y se mueven libremente, una de ellas se encuentra sin brazos y sin piernas. Lo remarco porque me sorprendí muchísimo cuando me enteré de por qué 'coño' (discúlpenme la palabrota, pero la encuentro necesaria a este relato tan cómico para mi gusto) la TV no acababa de ponerlo en programación, a pesar del hecho que yo se lo regalé, por lo tanto no le costó nada (de la serie, los cineastas independientes a veces salvan el culo sin pedir nada a cambio, lo importante es que nos vea el Publico, de amor se trata en fin), hacía un año que esperaba con mucho orgullo y afán que lo pusieran en televisión.

Pues un día me entero que los censores habían decidido censurarlo porque al parecer en el cuarto comedor de la locación había un hueco en la pared que estaba tapado con la efigie de la bandera cubana.... y eso pareció ofenderlos.... cosa muy ridícula para mi gusto, uno porque estoy dispuesta a defender mi elección a nivel social, político y patriótico; ese hueco representa los huecos del mundo entero, que si los tapamos con la bandera cubana quizás podemos lograr cambiar la humanidad, y lo pienso seriamente, sin panegíricos lameculos, creo en esta sociedad, aunque llena de contradicciones humanas, y por lo tanto justificable, pero lo que no puedo justificar y ni tolerar es como es posible que el ojo del censor no se conmovió para nada en mirar la protagonista que a mi juicio llena la pantalla de algo más fuerte que un hueco en la pared que nadie ve, afortunadamente, (porque si no me disparo por la insensibilidad mostrada por el censor en cuestión), pero gracias al cielo existen gente inteligente y humana como Waldo que de inmediato, cuando supo y no por mí, más bien por sus colegas de trabajo, lo que estaba pasando, liberó mi obra y finalmente el publico cubano pudo desfrutarla y estoy segura (porque me lo han dicho por la calle) les cambió la vida a muchos, la potencia de las imágenes funciona....

Pero a pesar de este relato que acabo de escribir, a mi sigue gustándome mucho la televisión cubana. Estoy de acuerdo por completo con Gustavo Arcos en que se debería dejar de torturar a los televidentes con cosas inútiles, como el paseo de los Poderosos de otros Países ( discúlpenme los lectores de este Blog, los llamo poderosos porque no me gusta la obesidad de los políticos, los únicos flacos son los vietnamitas, los demás son demasiados gorditos y por ende los considero hipócritas a todos, seguramente cada uno de ellos viven en forma que no corresponde a como vive su gente de a pié, demasiadas cadenas de oro y demasiada barriga no me hacen ver para nada bondad generosa o voluntad de cambiar la situación de los países subdesarrollados, la política es sucia y es un negocio, no me cabe duda de ello)

Quiero contribuir a este debate en la Uneac diciendo: “Denle libertad de movimiento a los ex jóvenes que ahora tienen 30 - 40 y 50 años, que esta revolución los crió súper bien, son diferentes, son hombres Nuevos de verdad, ¿como es posible que no se den cuenta?”. No se pueden crear Genios y después cortarles las alas, eso es cruel y estúpido para mi gusto.

La Televisión cubana es la mejor en el mundo, se lo dice una ex yuma italiana, se lo garantizo, aprovechen de todo ese material humano extraordinario que empezaron a formar desde hace 50 años, y dejen de ser egoístas. Un verdadero Maestro es aquel que tiene la sabiduría de dejar espacio a los discípulos. Lo decía Confucio también, lo aprendí de el.

Anna Assenza

(una televidente maniática a la TV cubana)

“CECILIA” Y LOS EQUÍVOCOS CRÍTICOS (Fragmento)*

jagb 12/10/2009 @ 21:33

El 30 de junio de 1982 se celebraría en la Biblioteca del ICAIC la conferencia de prensa previa al estreno de “Cecilia” (1982), de Humberto Solás, y Alfredo Guevara no pudo menos que mostrar sorpresa con una de las preguntas realizadas por un periodista cubano con relación al costo de la película. A diferencia de otros países, donde los gastos de producción e ingresos de un filme resultan del dominio público, en Cuba estas inversiones forman parte de una estrategia estatal, y por tanto global, por lo que es difícil obtener una idea puntual del comportamiento comercial del cine cubano como industria. En todo este tiempo lo que ha predominado siempre es valorar esa producción en tanto arte y arma de combate, tal vez como un modo de concederle razón a Dozhenko cuando afirmaba aquello de que “el cine es caro, pero más caro es no tenerlo”.

La respuesta de Alfredo Guevara, a medio camino entre la sorpresa y la irritación (“Cecilia. Defendiendo, ante la calumnia, su propia dignidad”, titularía varios años después a esa intervención) abunda en explicaciones y contraataques, como cuando asegura que, “se ha dicho que se dejaron de hacer películas, y lo han dicho incluso gente del ICAIC aquí y allá, con gran ligereza, en el período de “Cecilia”. Eso es una calumnia” (1). Sin embargo, las peores arremetidas llegaron con la serie de tres artículos firmados por el crítico Mario Rodríguez Alemán en el periódico “Trabajadores” (2).

Para Rodríguez Alemán, toda una autoridad dentro del medio, la novela de Villaverde gozaba de un gran prestigio literario en el continente, y no solo se trataba de “nuestro clásico en el marco de la narrativa decimónica”, sino también un monumento histórico-literario que merecía el mismo respeto que demandaban esos otros obeliscos que los historiadores se empeñan en restaurar y conservar de acuerdo a la idea original. En su análisis, el crítico no se ahorraría calificaciones despectivas que poco tenían que ver con la argumentación estética (como afirmar que la película “indigna a un pueblo” o “hiere la sensibilidad nacional”), llegando a afirmar que “Cecilia es una realización cinematográfica desigual, decepcionante, inadmisible si se compara con la novela villaverdeana”, y que además “peca de ampulosidad, de rebuscamientos innecesarios, de un tratamiento freudiano que se aparta de la línea del realismo crítico que siguió Villaverde en su novela. Hacía falta el enfoque marxista que actualizase la obra y, sobre todo, insertar esta versión dentro del concepto de cultura popular” (3).

En la réplica de Alfredo Guevara, titulada “Declaración de los cineastas del ICAIC”, se califica el análisis de Rodríguez Alemán como “una crítica deshonesta”, pues, “con el pretexto de criticar la película Cecilia, de Humberto Solás, hace afirmaciones calumniosas que nosotros, los cineastas del ICAIC, consideramos necesario refutar”. Además de que, “erigiéndose en conciencia crítica de la sociedad cubana, Rodríguez Alemán afirma que la versión cinematográfica de la obra de Villaverde “indigna” al pueblo” y “hiere la sensibilidad nacional”. ¿Con qué derecho se atribuye el papel de portavoz de las masas populares?” (4)

A pesar de las profundas diferencias internas que se vivía por entonces en el ICAIC (sobre todo entre Alfredo Guevara y Gutiérrez Alea), el ataque a “Cecilia” (que era, en realidad, un ataque a la institución) sacó a relucir ese poderoso sentimiento de pertenencia que en otras ocasiones (recuérdense los casos de “Alicia en el pueblo de Maravillas” y “Guantanamera”), han contribuido a detener aquellas medidas dirigidas a desaparecer o restarle protagonismo cultural al organismo. Eso no quiere decir que desaparecieran las inconformidades interiores, como pone en evidencia la carta que Titón escribe al Ministro de Cultura Armando Hart, en la que comenta cómo la dirección del ICAIC postergó, sin explicación alguna, su idea de filmar una historia de amor entre una muchacha integrante de la Brigada “Antonio Maceo” que regresa a Cuba después de veinte años, y un cubano que había permanecido todo el tiempo en la isla. En su carta, Titón aprecia que,

“(…) las “observaciones” de MRA son erróneas. Considero, además, que son irresponsables y que no constituyen un hecho aislado sino parte de toda una campaña para promover una política cultural estrecha y esquemática que nada tiene que ver con la política cultural que lleva a cabo ese Ministerio y que comparto plenamente. Pienso que el ataque a “Cecilia” y a la Dirección del ICAIC refleja un estado de opinión al que hay que salirle al paso porque, en última instancia, se puede convertir en un ataque al Ministerio de Cultura. Pero deseo que quede claro también que en mi caso, el hecho de firmar ese documento no debe confundirse con un acto de solidaridad con la Dirección del ICAIC cuya política de promoción y de estímulos y reconocimientos considero arbitraria, caprichosa e inadmisible, porque está dictada por criterios subjetivos y unipersonales y entorpece el clima de confianza y participación que debe presidir nuestro trabajo” (5).

Sería interesante estudiar la relación que a la largo de los setenta se establecería entre el ICAIC y la crítica hegemónica del período, toda vez que en esa relación pudiera detectarse por dónde se encaminaban las demandas. La visión crítica fomentada “desde dentro” de la institución, y que se hacía pública a través de la revista “Cine Cubano”, o los programas “24 X segundo” conducidos por Enrique Colina, contrastaba de manera radical con la concepción pedagógica defendida por Rodríguez Alemán, quien en el prólogo de su libro “La sala oscura” llegaría a afirmar que:

“El cine educa y denuncia, pero el imperialismo y las fuerzas negativas de la humanidad lo han utilizado también como droga para envenenar y confundir. Por eso, es deber del crítico revolucionario analizar un filme a partir de varias premisas, entre las cuales la principal es la de desnudar ideológicamente la obra cinematográfica. Actualmente, los enemigos de la libertad y la democracia en el mundo utilizan este arte tan popular, para producir filmes cuyo propósito es el diversionismo ideológico. Encubiertos de entretenimiento, diversión, sexo y melodrama se realizan “películas” como les llamamos por acá por Latinoamérica a los filmes- que contienen una gran dosis de veneno ideológico y que propagan ideas oscurantistas que embrutecen y adormecen al público. Creo, por tanto, que el crítico debe partir de una posición partidista si realmente es un revolucionario y un educador y su propósito es ejercer la crítica constructiva y orientar a las masas que lo leen” (6).

En lo personal, veo en esta concepción mesiánica de la crítica los ecos de aquellos criterios dominantes en el Primer Congreso de Educación y Cultura. Se trata de un tipo de crítica en la cual el experto se ve a sí mismo como un guía superior que tiene el deber de iluminar a un grupo de personas incapaces de pensar por cabeza propia. Desde luego que en Mario Rodríguez Alemán (como en Mirta Aguirre) existía una erudición impresionante, pero, desde mi punto de vista, creo que más que imponerle a las masas un sentido o un significado (por noble que pueda parecernos el propósito), un crítico lo que debe estimular en quien lo escucha es la búsqueda de sus propias respuestas, y propiciar con ello su revolución más personal.

Si “Cecilia” hubiese sido una película que jugara al seguro, una película que evade los desafíos, que manipula con un sentido oportunista aquellos estereotipos que tanto han contribuido a consolidar una falsa identidad del “cubano”, la diatriba de Rodríguez Alemán se hubiese podido entender. Pero tratándose de una cinta que (al margen de sus limitaciones, que las tiene), apuesta por un ejercicio de libertad creativa, lo mínimo que merecía era una aproximación que rebasara la pueril demanda de imitar de manera servil al original (7).

Juan Antonio García Borrero

NOTAS:

* Fragmento de la conferencia leída en el Centro Teórico-Cultural “Criterios” (La Habana), el 2 de septiembre del 2008. Puede leerse íntegra aquí.

1) Alfredo Guevara. “Cecilia. Defendiendo, ante la calumnia, su propia dignidad”. Tiempo de fundación, p 433.
2) El destacado antropólogo Edward Sapir solía repetir que “no podemos comprender totalmente la dinámica de la cultura, de la sociedad, de la historia, sin tener en cuenta antes o después, las relaciones reales entre los seres humanos”. Esto deberíamos asociarlo a aquel reproche que Voltaire hacía a los historiadores que a la hora de armar sus relatos solo tomaban en cuenta los acontecimientos, porque al final el lector apenas se enteraba de los sucesos, sin entender jamás el por qué profundo de los mismos. En el caso de Mario Rodríguez Alemán, nos han quedados sus críticas, que dan buena fe de todo un credo estético e ideológico, pero no una argumentación un poco más íntima (tal vez epistolar, o en forma de reflexiones, por ejemplo) que nos permita interpretar el complejo devenir de una trayectoria que lo colocó en dos momentos importantes relacionados con la política cultural revolucionaria, con actitudes muy contrapuestas ante el ICAIC: primero, cuando en 1961 (entonces trabajaba allí al frente de la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas) encabezó la censura de “PM”, y veinte años más tarde, cuando dirigió los ataques a esa misma institución a través de las críticas a “Cecilia”.
3) Mario Rodríguez Alemán. “Cecilia: Algunas observaciones preliminares”.Periódico Trabajadores, La Habana, Lunes 12 de julio de 1982.
4) Alfredo Guevara, Ibidem, p 437.
5) Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos. Ediciones y Publicaciones Autor, Madrid, 2007, p 260.
6) Mario Rodríguez Alemán. La sala oscura. Ediciones UNEAC, La Habana, 1982, p 10.
7) A propósito de aquellos incidentes Humberto Solás ha declarado: “Con la perspectiva que hoy me da el tiempo, reconozco que “Cecilia” tiene muchos altibajos, con momentos muy logrados y otros pocos felices, pero creo también que su crítica sobrepasó el marco del frío enjuiciamiento de la obra artística, porque había además otras motivaciones que yo calificaría de políticas, sectarismo de grupos que querían hegemonizar la vida cultural del país y “Cecilia” fue una especie de pretexto para ese debate ideológico”. Lucía López Coll. Cine y compromiso. Humberto Solás: por un arte inconforme. La Gaceta de Cuba, p 33.

IAN PADRÓN SOBRE EL BEISBOL CUBANO

jagb 30/09/2009 @ 14:50

Acaba de llegar a mi correo esta carta del cineasta Ian Padrón sobre el beisbol cubano. El texto me parece interesante, polémico, provocador. Algunos me dirán que no tiene nada que ver con el cine, pero es que lo que intento proponer en el blog no es una mirada municipal sobre esta expresión artística (el que habla solo de cine ni de cine habla), sino una perspectiva de conjunto que permita insertar al cine de la isla en la realidad cotidiana.

Por otro lado, lo que propone Ian Padrón es lo que yo llamaría una nueva “actitud ante la vida”. Y eso debería aplicarse en todas las esferas (incluyo el modo en que discutimos o dejamos de discutir los problemas del cine nacional). Si eso fuera poco, podríamos añadir que Ian Padrón es el realizador de “Fuera de liga”, ese excelente documental que no solo rinde homenaje al equipo “Industriales”, sino que nos anticipa lo que pudiera ser algún día una manera más civilizada de hablar sobre aquello que nos apasiona.

Juan Antonio García Borrero

¿Béisbol o no béisbol cubano?

Por Ian Padrón

A los cubanos que aman nuestro deporte nacional:

Hace unos días leí un correo dirigido a Julia Osendi, reclamándole con toda razón el haber suprimido de su reportaje televisivo a Kendry Morales.

No es un caso aislado ni único. Ni creo que Julia Osendi se merezca ser el foco de culpa al respecto cuando es algo reiterado en el tratamiento mediático que se les da los deportistas que “ya no están”. Julia Osendi es alguien que ha evitado se borre el patrimonio visual del deporte cubano y se ha preocupado por salvar sus memorias. En ese aspecto quizás desconocido para muchos, se merece todo el respeto del público cubano y los años venideros me darán la razón. Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre.

Pero hoy escribo no para hablar puntualmente de un caso de omisión injustificable como el antes mencionado. La reciente derrota en el Campeonato del Mundo de Béisbol 2009 me ha sacudido una vez más como en los últimos años y siento que el momento requiere “un antes y un después” sobre nuestro béisbol.

“Es triste ver que haya cubanos que de tanto amar este deporte, desean que el Equipo Cuba pierda porque creen que es la única manera de que las autoridades deportivas cubanas intenten cambiar o mejorar las cosas”- me dijo un viejo aficionado recientemente fallecido.

Aunque la calidad de nuestros peloteros es inobjetable; hemos perdido casi todos los torneos internacionales en los últimos 3 años de todas las categorías y la Serie Nacional cada vez interesa menos a nuestro público. La baja de calidad es inobjetable y los estadios casi siempre están vacíos… y aburridos.

Como aficionado cubano que lleva muchos años haciendo del estadio su segunda casa, me permito proponer 10 acciones que quizás podrían mejorar el día a día de nuestra pasión nacional y sembrar bases más sólidas para el futuro:

1. Debatir a profundidad y en un ambiente de respeto a los más disímiles criterios, todo lo referente a cómo mejorar La Pelota Cubana. Pedirle opinión a los propios jugadores y entrenadores de manera prioritaria. Acabar de entender que el verdadero triunfo de Cuba no será en eventos internacionales, sino en su propio país, teniendo los estadios llenos y la pasión sostenida al más alto nivel posible.

2. Crear una verdadera cultura de respeto por parte del público cubano hacia nuestros atletas: léase no permitir que se les ofenda en los estadios y preocuparse de que sus problemas materiales sean resueltos por las instituciones y no por amigos o familiares. Es evidente que hay mejorías respecto a años anteriores, pero aún distan de ser suficientes.

3. Manteniendo la cantidad de 90 juegos, hacer una Serie Nacional de 8 equipos, para concentrar la calidad. Ya esa estructura está probada: 4 equipos de Occidente y 4 de Oriente. En Cuba hubo pero ya no hay suficientes peloteros de 1er nivel como para 16 equipos. Hacer dos torneos cortos tampoco es el remedio, ambos entonces perderían importancia estadística e histórica. Hay que tener una sola liga, un solo evento, al mejor nivel posible. La estabilidad vendrá por los 90 juegos y sus play-off.

4. Crear sistemáticamente –y no con larga intermitencia como hasta ahora- toda la gama de memorabillia que existe en todas las ligas del mundo: postales, fotos, revistas, afiches, calendarios, gorras, llaveros, etc. Eso acercará a los peloteros a sus fans y viceversa.

5. No poner más peros y concretar sea donde sea que se decida, un Museo del Béisbol Cubano y la continuidad de su Salón de la Fama. Y ser lo suficientemente inteligentes y valientes como para no obviar a nadie que se merezca estar allí. Cuba es el tronco y no debe temerle a nada al respecto.

6. Volver a convertir nuestros estadios en lugares seguros y atractivos para poder ir en familia. Prohibir la entrada de aquellos que están en estado de embriaguez y ser severos con los que lanzan ofensas o agreden el entorno. Hacer de cada juego un hecho artístico y espectacular. Algo diferente a oírlo por radio o verlo por televisión.

7. Difundir más de un juego diario y hacer un programa a modo de resumen al final de las transmisiones, con todos los resultados, las mejores jugadas, comentarios especializados y entrevistas a los protagonistas.

8. Crear a gran escala nacional una verdadera campaña mediática diaria donde todo aficionado que lo desee pueda tener información como: rosters, tabla de posiciones estadísticas, uniformes, historia de los equipos, dvd resumen de cada temporada, etc. Involucrar en ello a diseñadores y creadores en general que eleven al máximo posible todas las propuestas.

9. No puede haber calidad máxima si los implementos no son de máxima calidad: Las pelotas escasean, los bates a veces se comparten entre varios jugadores, no caben todos los atletas sentados en los dogouts, las luces de los estadios casi nunca están completas, las pizarras -como la del Latino que es de 1971 y se cae a pedazos- carecen del elemental modernismo requerido, la merienda de los atletas a veces está mal elaborada y mal conservada, etc., etc. El béisbol es un deporte caro y eso no es ningún secreto. Poco a poco hay que destinar inversiones al respecto o todo colapsará.

10. Evitar politizar siempre cada suceso de nuestro béisbol. Entender que es un deporte por sobre todos los demás aspectos y que si se conjuga con espectacularidad y emoción, nuestra afición siempre estará feliz. No desechar ni obviar a peloteros que decidieron no vivir o jugar en Cuba. Muchos no podrán decir que sí quieren jugar con nuestro equipo nacional y la historia los juzgará; otros sorprenderán a más de uno y se verá su aporte. Así pasa con Venezuela, República Popular China, Dominicana, Puerto Rico, Japón y muchos más. Todo el esfuerzo que hace Cuba por “hacer” a un atleta, le da el derecho a convocarlo a su selección nacional. Y es un deber de cada jugador cubano, esté donde esté, el priorizar al país que lo vio nacer. Son cubanos y seguirán siendo cubanos… para bien y para mal.

Sé que lo que evoco y propongo puede parecer utópico o ingenuo, pero si algo tiene Cuba de especial es que nada, absolutamente nada, es imposible.

El deporte cubano debe hacer suya la frase martiana “con todos y para el bien de todos”. Sería una verdadera victoria de nuestra nación el salvar su béisbol para siempre. Sería una vergüenza imperdonable que nadie haga nada al respecto. Sería un burla a los que por más de 100 años han dedicado su vida a mantener vivo el béisbol cubano.

Si alguien quiere hacer ver que todo está bien, se estará auto engañando y sobre todo, estará propiciando que los demás eclipsen su potencial contribución en búsqueda de una solución definitiva.

Tengo 33 años y como artista, le brindo a mi país parte de mi juventud y mi tiempo para llevar a cabo acciones que puedan regenerar la perdurabilidad de esta pasión entre todos los aficionados. Ojalá se pueda lograr que la Cultura Cubana toda, se acerque al Deporte Cubano y lo haga más cercano, más trascendente y más colosal de lo que ha sido.

Muchos deben tener miles de buenas ideas y cientos de buenas intenciones; por favor, no se las guarden.

A los que tienen como encargo el tomar decisiones, por favor, oigan antes de accionar.

Para los que discrepan de cómo pienso, de antemano mis respetos,

Los saluda, intentando ser útil,

Ian Padrón

Cineasta cubano.

Ciudad de La Habana, Cuba. 27 de septiembre de 2009.

pd: GUSTAVO ARCOS A PROPÓSITO DEL DEPORTE EN CUBA

A propósito de la carta anterior de Ian Padrón, Gustavo Arcos me hace llegar otra, firmada por él, que ya había circulado desde la semana anterior. La posteo porque creo que enriquece esa discusión que Ian Padrón está proponiendo.

JAGB

Siguiendo con las ideas y preocupaciones expresadas a través de esta vía por Félix Sánchez y Pavel Giroud recordaría, que manipular, ocultar, tergiversar o maquillar la Historia en aras de intereses políticos, morales, religiosos o ideológicos ha sido y será siempre una práctica del poder sin importar la sociedad, el sistema, o grupo en que este se manifieste. Es un acto que se cree "legítimo" para mantener el orden, la unión y el pensamiento dócil de las masas.

No es un secreto para nadie que el deporte en Cuba es un asunto de Estado. Alrededor de él se ha construido todo un discurso nacionalista que lo identifica de forma unívoca con la Patria y las conquistas de la Revolución. Es una verdad indudable, pero tras ella hay desgraciadamente muchos puntos oscuros cuya acta de nacimiento, si bien no nos corresponde, la hemos suscrito sin objeciones. Pudiera decirse, para hablar de un suceso no muy lejano en el tiempo, que desde que la URSS apareció ganando decenas de medallas en los Juegos Olímpicos de Helsinski-1952, el deporte y su tratamiento mediático pasó invariablemente al terreno de la confrontación ideológica, visible entonces, por la existencia de dos sistemas políticos.
Ya Hitler había dado la asonada convirtiendo la Olimpiada de Berlín-1936 en una formidable plataforma que propagara del poderío de su régimen. Así que,lamentablemente las arenas, tabloncillos, piscinas o espacios deportivos se fueron configurando como zonas de expansión, vitrinas para mostrar no solo las habilidades o límites humanos sino también el supuesto valor de una cultura, una ideología, una marca publicitaria, o un sistema, sobre otros. Y en ese enfrentamiento prevalece desgraciadamente todo, menos la ética y la objetividad. Ya no importa el talento individual, el esfuerzo de un grupo de
entrenadores, las habilidades naturales, o los años de entrega y sacrificios de un deportista, mucho menos el placer o gozo por practicar una disciplina,sino las obsesiones de un estado o grupo de poder por convertir cada competencia en un ring con solo un vencedor, disolviendo para siempre aquella frase de, lo importante no es triunfar sino competir.

Instigada por tales ideas la prensa deportiva se ha convertido en nuestro país en un ejemplo formidable de manipulación y falta de objetividad.Incluso nuestros mejores comentaristas, narradores o periodistas deportivos han estado marcados por esa penosa tendencia de ocultar la "verdad de las cosas", aquella que solo aprecia, una cara de la Luna, una parte de los acontecimientos. Si un sector ha tenido espacios donde expresarse, ese ha sido justamente el de los periodistas o especialistas que tratan temas deportivos. La prensa, la radio o televisión cuentan sistemáticamente con sus servicios. Pero no estamos hablando de cantidades, sino de cualidades o
para decirlo de la forma correcta de Profesionalidad y Rigor.

Todos aquellos que en esta isla seguimos y amamos con pasión el deporte sentimos frecuentemente como se escamotea vergonzosa y sistemáticamente la verdad de los acontecimientos que tienen lugar en este terreno. La falta de objetividad y mirada crítica prolifera en las lecturas o criterios que se ejercen sobre el deporte en nuestro país, lesionando el prestigio de muchos de nuestros más avezados periodistas, quienes, amarrados unos por criterios provenientes de otras estructuras de poder y otros por sus propias limitaciones, caen en la superficialidad, el chovinismo o la burda tergiversación. En se sentido me gustaría compartir algunas interrogantes:

¿Por qué hay un doble rasero a la hora de hablar sobre el profesionalismo?. Desde hace décadas el deporte es sobre todas las cosas, Profesional. El nuestro no es la excepción. ¿Hasta cuándo vamos a estar diciendo lo contrario?. ¿ Es que acaso nuestros atletas laboran o ejercen otras funciones durante el día y en su horario libre, corren o entrenan en un estadio cualquiera?. ¿ No les paga el estado un salario por ser lo que son, Deportistas?. ¿ No perciben anualmente nuestros atletas, beneficios, primas o ayudas económicas del estado en caso de que resulten medallistas o figuras de alto rendimiento?. ¿Cómo puede pensarse el deporte hoy, fuera del trabajo
profesionalizado y especializado de muchos individuos que en el campo
técnico, sicológico, médico o científico, hacen posible que un atleta logre resultados extraordinarios en su disciplina?. Si se quiere mostrar un verdadero potencial deportivo hay que invertir enormes recursos, crear estructuras y convocar a personas que desde diferentes funciones se entregan diariamente a conseguir tales propósitos. La alta tecnología y la mente humana se ha puesto de lleno al servicio del deporte en el mundo y si queremos estar en la élite hay que tener un deporte cada vez más profesionalizado y entiéndase esto como sinónimo de rigor, sacrificio total de sus practicantes y ciencia aplicada. ¡Ah y por cierto, también de
dinero!

Otras cuestiones : ¿ Por qué podemos transmitir, hablar o comentar sin ningún tipo de censura acerca del tenis profesional, las carreras de Fórmula 1, el futbol o el volley ball y no podemos ni siquiera mencionar o pasar imágenes del beisbol o el basquet profesional que se juega por ejemplo en Norteamérica y que tantos seguidores tiene en nuestro país?. Si como piensan algunos "el deporte profesional envilece, enajena y crea ambiciones deshumanizadas" es qué acaso tales "características" no les corresponden a los corredores de autos, los tenistas o los jugadores de fultbol europeos y
si a los que lo ejercen en Norteamérica. ¿ Cómo es posible que el Noticiero Deportivo tenga un slogan relacionado con lo "mejor y más importante que acontece en el mundo del deporte universal" y jamás haga comentarios de los equipos, figuras, finales o sucesos que tienen lugar en las Grandes Ligas o la NBA, dos sitios donde se concentra buena parte de los mejores atletas en esas disciplinas?. ¿ Por qué hablamos con lujo de detalles acerca de los peloteros profesionales y sus equipos o Ligas cuando llega el Clásico y
debemos esperar otros cuatro años para volver a saber de forma oficial y en nuestros medios, algo de ellos?.

¿Por qué las Olimpiadas o eventos de gran magnitud que se organizan en los países "enemigos", son ampulosos o derrochadores de recursos y los que tienen lugar en sitios "hermanos" son un ejemplo de organización, modestia y disciplina?. ¿ Por qué los otros atletas simplemente triunfan a diferencias de los nuestros que de forma extraordinaria, sacan a relucir su "estirpe de campeones, dejando la piel en el terreno, o rompiendo el estambre con el corazón en la mano"? ¿Por qué nuestros atletas lucen casi siempre llorosos,
apenados, confusos o tristes al perder o incluso recibir una medalla de plata o bronce en una final olímpica? ¿ Por qué nuestras delegaciones que "son las más aplaudidas en el desfile inaugural" apenas se ven en las jornadas de clausura cuando en el éxtasis y la fiesta final desfilan en jolgorio colectivo entrenadores y atletas? ¿ Por qué nuestros deportistas rara vez transmiten la sensación de felicidad, placer o diversión en la práctica de sus disciplinas sustituyendo sus emociones por una imagen de tensión, preocupación, seriedad o aburrimiento?. ¿ Por qué siempre tienen que dedicarle la medalla o el triunfo a alguien? ¿ Por qué durante décadas construimos un fantasma sobre el verdadero nivel de nuestros beisbol haciendo comentarios grandilocuentes tras cada triunfo, mientras enfrentábamos rivales sin verdadera calidad? ¿ Por qué crear falsas expectativas en la población y los aficionados enalteciendo el papel de nuestros atletas o equipos cuando enfrentan a rivales de bajo nivel en
torneos de poca autoridad como los Centroamericanos o los juegos del Alba ?. ¿ Por qué cuando nos conviene, sacamos cuentas de las medallas por habitantes o dirigimos la mirada hacia el total de preseas, o la cantidad de figuras que tenemos en finales, y otras veces nos olvidamos "olímpicamente" de este asunto? ¿ Por qué si el deporte en Cuba está al alcance de todos y la entrada a nuestros estadios es tan accesible, la mayor parte de las veces observamos gradas vacías y un desinterés total de los aficionados, incluso
con un "deporte nacional" como el beisbol? ¿ Por qué en un país con tanta afición deportiva y tan buenos logros en ciertas disciplinas, no tenemos canciones, himnos, coros, banderas, logos, u otras señas de identidad que puedan enarbolar o visibilizar la pasión de sus seguidores en las gradas? ¿Por qué, cuando hay eventos fuera de Cuba, solo apreciamos en los estadios "a los compañeros de nuestra misiones diplomáticas o solidarias"?. ¿ Por qué informados y talentosos jóvenes periodistas deportivos con criterios propios, son relegados o apartados concienzudamente de nuestras delegaciones o espacios, para darle cabida a la mediocridad y "la gente de confianza"? ¿Por qué apenas aparecen en nuestros medios mujeres ejerciendo esta profesión?. ¿ Por qué cada día vemos partir a muchas de nuestras mejores figuras sin que se analicen de forma seria e individual las razones del éxodo, aplicándoles a todos por igual el calificativo de traidores a la Patria?. ¿ Por qué un documental como Fuera de Liga de Ian Padrón tuvo que soportar cinco años de censura hasta que fue pasado por la Tv en un canal provincial y con inusuales comentarios aclaratorios?. ¿Por qué si los aficionados y buena parte de la población sigue con deleite, curiosidad y orgullo el éxito de un atleta cubano aunque no se encuentre actualmente viviendo en la isla, nuestros medios siguen atrapados en la idea de que son traidores, figuras deleznables o seres que deben ser borrados de las
estadísticas o la Historia?. ¿No sería mejor digo yo, pensar de una vez que lo verdaderamente importante aquí es que se trata de un CUBANO, no importa donde se encuentre?.

Preguntas, preguntas y más preguntas. ¿No será también esta, una zona en que aun quede mucho por decir?.

Gustavo Arcos.

Ciudad de La Habana

Nota de La Pupila: Me han remitido la carta escrita por Félix Sánchez Rodríguez, origen de la polémica, así como un comentario del cineasta Pavel Giroud.

¿QUÉ OCURRIÓ CON EL JONRÓN DECISIVO DE KENDRY MORALES?

(Carta abierta a la comentarista deportiva Julia Osendi)

Ciego de Ávila, 13 de septiembre de 2009

Estimada Julia:

Su rememoración en el espacio deportivo del Noticiero del Mediodía —este 9 de septiembre— de aquel partido histórico frente a Brasil en el Mundial de Beisbol del 2003, contado todo con la clarísima intención de que el héroe real del juego resultara ignorado, que aquel jonrón decisivo en el noveno inning con Yulieski en tercera y a punto de irnos por primera vez sin medallas en un evento de esa alcurnia, desapareciera, sencillamente me ha indignado.

Es que las grandes consignas necesitan inevitablemente expresarse en la práctica cotidiana o se hacen retórica. ¿Se cumple así, en esa versión suya de uno de los momentos más emocionantes de nuestro beisbol, con el “no mentir jamás” contenido en el concepto de Revolución dado por Fidel? ¿Es que alguien cree todavía a estas alturas que ese “ocultar” al traidor hace bien al prestigio del país, a la ética del periodismo, que así se realiza trabajo político ideológico, así se ganan las batallas de las ideas, así se educa a un pueblo? No sé qué habrán pensado los miles de cubanos que saben la historia verdadera, que la vivieron, cuando vieron en sus televisores únicamente el batazo de Yulieski, y la oyeron a usted decir que los héroes de ese juego fueron Michel Enríquez, Odelín y Yulieski Gourriel. No lo sé, sí, pero lo imagino, y usted, estoy seguro, también lo puede imaginar porque conoce bien a nuestro pueblo y su sentido de la justicia. ¿Es que se puede adulterar impunemente la verdad ante una cámara de TV sin que ocurra nada, sin sonrojarnos?

Me pregunto y le pregunto además: ¿Existe algún principio revolucionario que pueda sustentar esa manipulación? ¿No es eso un fraude tan fraude como otro, o peor? ¿Es ese el modo como el periodismo deportivo responde a la necesidad imperiosa de asumir nuestra historia con sus luces y sombras?

¿Ha escuchado usted alguna vez esta frase: “Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad”? Pertenece a Martí. Hay decenas de sentencias martianas sobre la verdad y no es casual ello. ¿Somos fieles a una revolución martiana, dignos de ella, cuando nos falta el valor para aceptar las cosas como fueron, o permitimos, con el silencio, que otros quieran acomodar la historia a sus deseos? ¿Es que creemos que nos hace fuertes y no débiles la falta de valor para contar siempre los hechos apegados a la estricta verdad? ¿Necesita un pueblo tan valiente tergiversar, ocultar hechos y nombres, no de un gran suceso histórico, político, sino ya de un simple partido de beisbol?

¿Ha pensado usted lo que sucedería si algún día nos diera por borrar de las acciones mambisas del 68 y el 95 a todos aquellos generales que fueron héroes con el machete y después en la República no estuvieron a la altura de su propio historial?

Creo que el periodismo deportivo cubano tiene todo el derecho a no hacer un “Confesiones de grandes” con Kendry Morales, ni dedicarle un documental o el nombre de una peña deportiva. Bien, eso puede defenderse, argumentarse. Que no se quiere repetir epítetos de aquella jornada, se quiere evitar el elogio, nada de “el prometedor jonronero”, nada de “un alumno aventajado de otros grandes como Gourriel y Kindelán”, bien, eso puede comprenderse. Pero, ¿hay algún modo de defender con decoro y ética el acto de contar parcialmente la historia por el simple deseo de no mencionar un nombre que ahora consideramos maldito? ¿Cree usted entonces que los nuevos libros sobre Playa Girón deben excluir la hazaña de un piloto de guerra que años después abandonó el país? ¿Nos da moral un acto así, de abierta desinformación, para criticar después a otros cuando sacan hechos y personajes de su historia para acomodarla a sus propios intereses?

La historia es tozuda, Julia, y los hombres no podemos rescribirla a gusto. Ningún poder puede contra ella. Ahí está aún, en el sitio http://www.granma.cubaweb.cu/eventos/mundial35/not/index.html, y con la firma prestigiosa de su colega Sigfredo Barros, la verdad de esa noche en que media Cuba saltó y aplaudió a su héroe:

“Kendry Morales puso a brincar a los miles de espectadores reunidos en el Latinoamericano con el batazo más importante de su vida, un jonronazo a la segunda sección de gradas del jardín derecho, para arruinar el formidable trabajo del derecho Kleber Ojima y meter a Cuba en la semifinal de la XXXV Copa Mundial de Béisbol (…) la garra cubana salió a relucir...¡y de que manera! Con la afición gritando ¡Cuba, Cuba, Cuba!, Yulieski se acordó de sus ilustres ancestros y llegó a tercera con un triple. Era el lanzamiento 120 de Ojima y el prólogo de su revés. Kendry se paró en el plato y después de dos bolas descargó toda su fuerza sobre la Mizuno 150 y la puso a volar como un proyectil. Espectacular encuentro, matizado por las lágrimas del derecho brasileño, merecedor de todo el reconocimiento por su formidable desempeño.”

También en El Habanero digital, al reseñarse la victoria siguiente, sobre Taipéi de China, el periodista volvía entonces sobre esa verdad:

“Los cubanos pegaron ocho imparables, incluidos sendos cuadrangulares de Yulieski Gourriel y Kendry Morales, para provocar el deleite de los cerca de 25 mil aficionados presentes en el Coloso del Cerro. Héroes del ya histórico partido del miércoles precedente frente a Brasil, Kendry encontró en base al propio Gourriel y a Carlos Tabares para abrir el marcador en el tercer capítulo, en tanto Yulieski impulsó en el séptimo a Michel Enríquez.”

¿Si eso está ahí, así, en la historia, a qué vienen esas tijeras actuales de “censura deportiva”? Me asusta pensar, Julia, que acumulando hechos como ese la sociedad superior, más humana, justa, ética, que le hemos prometido a nuestros nietos, a la que millones de cubanos le hemos dedicado nuestra juventud y nuestro sudor, pueda terminar un día extraviada, corrompida por prácticas como aquellas que se nos cuentan en la terrible fantasía de una novela como “1984”. Aquí le transcribo este fragmento de “1984”:

“Este proceso de continua alteración no se aplicaba sólo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías..., es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico. Diariamente y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día (…) Toda la historia se convertía así en un palimpsesto, raspado y vuelto a escribir con toda la frecuencia necesaria.”

¿Terrible, verdad? Sí, por eso me gustaría conocer su opinión, sus argumentos para ese recuento adulterado de aquel partido entre Cuba y Brasil. ¿Hay en el INDER, en la UPEC, en la TV, alguien autorizado para emular con Dios y decir esto que pasó no pasó? ¿Puede ser más fuerte el deseo de sancionar con el olvido que el respeto que nos merece siempre la verdad, esa que como sentenciara el maestro José de la Luz y Caballero es la única que “…nos pondrá la toga viril”? ¿No nos basta con la amarga lección de aquellos países amigos que podando méritos a sus villanos y manchas a sus héroes acabaron construyéndose una realidad paródica, un pasado de cirugía estética sobre el cual les fue imposible sostenerse?

No se quede callada, por favor. La tengo a usted por una mujer cubanísima, de criterios, y por eso, y más, admirable. Usted sabe que no se trata de un hecho aislado este del día 9, ni de una falta que únicamente ha cometido usted, que usted inaugura. De ahí el carácter público de esta carta.

Últimamente han aparecido en Juventud Rebelde y Granma artículos que parecen atacar desde sus generalizaciones todas esas prácticas relacionadas con la simulación, con la imagen, con el temor a la verdad, pero adolecen de un defecto que a mi modo de ver los hace inútiles: critican lo que está ocurriendo simultáneamente y no lo que acaba de ocurrir en concreto, de modo que al hablar de algo abstracto, sin nombres y fechas, todo el mundo deja al vecino el darse por aludido. Como soy enemigo de esta crítica infuncional me he ceñido a ese momento específico del 9 de septiembre. Es solo un hecho, pero así, enfrentando hechos concretos, es como único veo posible ascender por la escalera de la guerra a aquello que hoy nos frena, desvirtúa y amenaza. Necesitamos en la Cuba de estos tiempos, más que la crítica de ropaje filosófico, de profundidad simbólica, la crítica oportuna, concreta y denunciante.

Estoy convencido de que debatir abiertamente sobre cosas puntuales como estas será un modo valiente de luchar porque tontos recelos, mentalidades burocráticas, dogmatismos trasnochados, estrechas concepciones sobre la eticidad y lo revolucionario, no nos lleguen a avergonzar ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Huir de la verdad, Julia, será siempre innoble y cobarde. Ese juego ante Brasil se ganó porque tras el triple de Yulieski vino el espectacular jonrón de Kendry Morales. Y si no ha cambiado el beisbol, el bateador que impulsa el empate y la victoria y cambia el destino de un juego, es el héroe de ese juego. Y si lo hace en el noveno inning y con un jonrón, es un superhéroe, así de simple, duela a quien duela. Ese batazo no lo dio el pelotero que luego abandonó el país, lo dio el pelotero que entonces todos aplaudían, mimaban, entrevistaban. Esa es la verdad, y lanzar un manto sobre ella es moralmente censurable.

Permítame terminar mis palabras con este lema que tanto gustaba al gran filósofo, marxista y luchador italiano Antonio Gramsci, y con el que fue consecuente siempre: “Toda verdad es revolucionaria”.

Con la más alta consideración y afecto,

Félix Sánchez Rodríguez

... y yo recuerdo su documental resumen del primer clásico de baseball. Ahí aparecían, en el ramillete de héroes, Alexei Ramírez y Yadel Martí entre Garlobo, Borrero y Lazo, que sin duda fueron los más destacados.

Sin embargo, en los días previos al segundo clásico, repiten ese documental con algunos "pequeños ajustes": ni Alexei, ni Yadel aparecían en él. Y es que en el espacio de tiempo entre un clásico y otro, Alexei Ramírez se convirtió en uno de los pilares de Chicago White Sox -con record incluido- y Yadel llegó a Miami, buscando otros caminos a su vida deportiva.

Así mismo, entre nuestros narradores recalcitrantes jamás se menciona al Duque Hernández cuando se habla de balance de ganados y perdidos o a la hora de hablar de los peloteros mas grandes de la historia, como si ganar cuatro anillos de campeón de la serie mundial en las grandes ligas fuera tomarse un vaso de agua. Hablan bien de Maglio Ordoñez, el pelotero venezolano que apoya a Chávez y juega en las mayores, enaltecen sus números y no son capaces de dar los números de los Cubanos que están haciendo maravillas en la gran carpa y nos tienen llenos de orgullo a todos los que no vemos la partida como una traición, sino como una búsqueda de alternativas y nuevos horizontes, algo inherente al ser humano desde que era animal.

Pero la historia no la hacen estos comentaristas, narradores o periodistas propagadores de amnesia. La historia la vienen haciendo El Duke, Alexei, Yunel Escobar, Contreras, quien dejó de ser de la noche a la mañana el titán de bronce, por un paseíto, de la misma manera que la hicieron Arrojo, Arocha y los que se quedaron, Kindelán, Pacheco y mi ídolo de ídolos, quien por cierto, me hubiera gustado ver en las grandes ligas dándole batazos a malanga, Omar Linares.

Estoy seguro de que cada persona que ama al deporte siente ganas de reventar su televisor cada vez que algo de esto ocurre.

Pavel Giroud

OTRO POST DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

jagb 08/09/2009 @ 12:47

OTRO DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO
Por Víctor Fowler

-Compadre, ¿usted no oyó que voy para el Vedado?-
responde el taxista.
-Perdone, yo pensé que usted iba para el Vedado-
(se excusa el que lo detuvo, antes de correr en busca de otro taxi)

Se van quedando cosas colgadas, alguien nos escucha y hay que evitar esto.

En el post de Abelardo Mena titulado “Sobre las mujeres en el cine cubano” (01-09-2009) hay una idea que, a mi entender, figura entre las peores (sobre todo extemporánea, muy extemporánea) recomendaciones hechas a la crítica cinematográfica cubana: “Más allá de las determinaciones demográficas de cuántos directores han sido mujeres, lo cual me parece válido para un primer análisis…”. A veces, la intención de avanzar más lejos nos coloca detrás, porque la determinación demográfica que se pueda establecer -para el acceso de un grupo a la representación de sí mismo- no es un mero procedimiento inicial; en particular cuando la estadística arroja una apabullante sub-representación del que, a partir de ahora, consideraremos como un subalterno en términos de acceso a la representación de sí mismo. A este respecto, en “Abelardo Mena comenta la respuesta de Marina Ochoa” (post aparecido al día siguiente de la respuesta de M. Ochoa), la cuestión de la demografía no es ya cosa de un “primer análisis”, sino que felizmente se ha convertido en aspecto inseparable de “dos etapas simultáneas”: una donde se constate, mediante análisis estadístico, la subalternización y otra donde se desmonte el aparato “teórico- simbólico-cognoscitivo” (Miércoles, 02 Sep 2009).

Varias de las preguntas o demandas de Abelardo, en ambos post, admiten numerosos comentarios. Exigir al cine cubano “-desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres”, sería un chiste si no pretendiera resultar serio, pues es algo que igual puede ser exigido a casi todas las cinematografías del mundo; parece más un lanzazo de enfant terrible que frase de un discurso sobre el cine sustentando en conocimiento e ideas. ¿Se habla aquí de cine de industria o experimental y videoarte? ¿O del cine pornográfico puro y duro, en cuyo caso la palabra “guión” más bien parece sobrar? En el cine de industria, más allá de escasísimos nombres (creo que sobre todo resaltan los de Catherine Breillat y Virginia Despentes), ¿dónde se encuentra esta tendencia que Abelardo propone, quiénes son sus cineastas? Al nivel de radicalidad que se nos habla, e incluso en las producciones más independientes o de circuito experimental, ¿quiénes son tales figuras? ¿Annie Sprinkle, María Beatty, quiénes, cuántas? Puesto que para señalar el supuesto atraso del cine cubano hay que comparar con el cine mundial, ¿no estará el crítico sobredimensionado un puñado de nombres?

Por otra parte, si regresamos al inicio del intercambio, cuando la demanda de Marina Ochoa trató sobre la escasa posibilidad que han tenido las mujeres cubanas para hacer cine, en especial en posición de realizadoras, ¿qué sentido tiene saber si existe, como pregunta Abelardo, “… un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres”? Dado que el dato principal es el de la poca cantidad de mujeres realizadoras, ¿de qué imaginario anti- falocrático hablaríamos para comparar con la literatura escrita por mujeres en Cuba, del de hombres? Y esto es sin detenernos a discutir si el tal imaginario existe en la literatura del país y no en casos aislados.

¿De qué hablamos cuando hablamos sobre “las mujeres en el cine cubano”? ¿De la presencia de temas femeninos? ¿Del instante en el que las mujeres hablan sobre sí mismas? ¿Del intelecto que muestren como directora de película, esta última con el tema que sea? ¿De todas estas cosas a la vez? Donde Abelardo pregunta “¿cómo ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales?”, se puede responder que de manera heroica, trascendente, brillante, espectacular, mediocre, irrisoria, evasiva, machista, etc. Una pregunta que admite respuesta tan amplia es casi una no-pregunta y más la demanda de que sea escrita una historia de la mujer en el audiovisual cubano. “Lucía”, de Solás, es una de las representaciones más grandes que el cine mundial conoce de la interrelación entre mujer y nación, a pesar de haber sido dirigida por un hombre (y, por cierto, reivindica una zona de ese “feminismo insular anterior a 1959”); en otro escenario, el del cine africano, varias de sus grandes mujeres fueron postuladas por otro hombre, Ousmane Sembene. Aquí, como sucede para la literatura con la “Madame Bovary” de Flaubert o la “Anna Karenina” de Tolstoi, el análisis pide una especial fineza. Otra cosa, sin embargo, cuando la mujer accede a poder relatarse a sí misma, como, por ejemplo, ocurre en el cine de Jane Campion o Sally Poters.

Además de lo anterior, es curioso el modo en el cual el espectador “macho” - que Abelardo dice ser-, a nombre de una necesaria apertura del canon, establece una tensa relación de control con ese cine de mujeres cubanas que apenas existe; no sólo disminuye la voz que quiere constatar el desbalance demográfico, sino que le asigna tareas: rescatar, narrar la historia que falta para tener la historia total. ¿Cuál otro cine quedaría más obligado, atado, a contar tal vacío, sino ese cine que aún no existe? Lo que tal deseo olvida es que el cine (y, en general, el arte) no es un sustituto del texto de historia ni tampoco su doble especular; dicho de otro modo, parece más correcto desear, e impulsar, la existencia de un cine cubano hecho por mujeres que representen lo que decidan representar: de sí mismas y del mundo, asumiendo que en esto último, por los caminos más tangenciales, igual se estarán representando.

Otras cosas, ahora del segundo post, igualmente me confunden o tal vez se necesite un tamiz más fino para fijar las posiciones. Donde A. Mena esgrime (como dato correcto) la no publicación en Cuba del libro de Lynn Stoner, extrañamente olvida la publicación en Cuba del libro de Julio Cesar González Pagés (sobre el mismo tema). Cuando, tratando de la continuidad histórica de la emancipación femenina en Cuba, pregunta (y, de paso, afirma): “¿Por que aún hoy nadie aborda esta memoria necesaria?”, el desconocimiento, el olvido o la rudeza son todavía mayores. En particular, dada la apreciable cantidad de autores que, fragmentariamente y desde disciplinas o campos diversos, han trabajado sobre esta historia de la emancipación femenina en Cuba (historiadores, escritores, curadores, etc.) Vale la pena aquí no confundir la resonancia mediática del texto con el texto en sí y es muy posible que las inscripciones del subalterno, en no pocas ocasiones pequeñísimos pasos, no alcancen a satisfacer esta ansia de cambio vanguardista; hay que demostrar delicadeza y sensibilidad especiales para evitar el peligro (presente siempre dentro del ansia) de que aquel que se define a sí mismo como aliado del subalterno imite en su hablar al dominador hegemónico. En este contexto, el uso de la palabra “nadie” es inaceptable y hay, en lugar de ello, que rastrear, resaltar, estimular, tejer lo nuevo que –aunque tal vez aislado- ya existe.

Por idéntico motivo de fineza, es que tampoco se debe aceptar –como demanda válida o demostrativa de algo- la hipotética “declaración rampante de escritoras cubanas lesbianas o no, defendiendo a sus compatriotas al tiempo que se empoderan a sí mismas.” Sin tomar en cuenta que tampoco conozco la “declaración rampante” de escritores (o lo que sea) cubanos que entiendan que se empoderan a sí mismos “defendiendo” a sus compatriotas homosexuales, al instaurar la declaración como meta A. Mena vuelve a repartir tareas a esas mujeres cuya invisibilidad le preocupa como tema y como sujetos. Una vez más, en lugar de ello, el trabajo que tales autoras (y, también, autores) han hecho para dar, en sus textos, visibilidad a la sexualidad lesbiana, es una de las grandes hazañas de la literatura cubana contemporánea durante el último cuarto de siglo.

La propuesta implícita de Marina Ochoa en el siguiente fragmento: “… sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.” es un ejemplo de teoría feminista en su estado más puro y, finalmente, asume la fractura que ella misma ha tratado cuidadosamente de evitar. Vuelvo a repetir que aquí, una vez más, o jugamos o nos pasamos con fichas, pues el verdadero punto álgido del intercambio gira alrededor de esta proposición: si la obra de arte opera en el doble registro de la identidad y la universalidad de su discurso, o si únicamente es explicable gracias a la identidad del autor. En este sentido, las lecturas desde las identidades fragmentan el canon al tiempo que las lecturas desde lo estético reunifican la dispersión; al propio tiempo, la identidad genérica está en sí misma fragmentada (según raza, nivel social, preferencia y prácticas sexuales, etc.) a la vez que lo estético es la norma universal que dictó un grupo hegemónico. Lo que trato de decir aquí es que cualquier análisis no puede sino partir de una continua negociación que nos permita (¡intentarlo al menos!) mantener la más sana distancia crítica ante el documento y sus condiciones de surgimiento, realización o exhibición y distribución.

Puesto que identidad y universalidad lo mismo van en relación de apoyo que de oposición, expresas u ocultas, aceptadas o negadas, más que frente a una oposición binaria estamos en presencia de un extenso y complejo juego posicional de dónde sólo nos adelanta el riesgo de un enjuiciamiento estético. Es así que el favoritismo de la crítica con respecto a determinadas películas y autores masculinos, mientras que apenas se habla sobre las obras dirigidas por mujeres (y mucho menos asumiéndolas como tales), sólo puede ser entendido como la consecuencia de una sospecha estética oculta: hacen un cine de menos interesante factura o de menor intensidad como acto intelectual. Esto último parece rondar una de las preguntas que, para criticar la discriminación hacia la mujer (aplicada al intelecto), se hace Belkis Vega: “¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción?”. Si bien es deducible, de lo anterior, que el largometraje de ficción merece un estatuto supremo, ¿en qué se basaría semejante distinción sino en considerársele, de todos los formatos mencionados, el único que a la vez reúne libertad, creación de mundo, pensamiento, posibilidad de osadía formal y/o de pensamiento, diálogo con la Nación y su historia o futuro?

Por tal motivo, cuando Belkis Vega pregunta: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad?”, con una pocas variaciones, la respuesta especular para ello es una nueva pregunta en donde basta con sustituir la profesión: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente la crítica cinematográfica cubana no es capaz de escribir acerca del cine hecho por mujeres en Cuba o que carece por entero de talento y sensibilidad para hacerlo?”. La totalidad de los textos en este intercambio se han apoyado en los silencios alrededor del cine hecho por mujeres en Cuba o, lo que es lo mismo, se han apoyado en lo no dicho; sin embargo, lo que quisiera destacar es que ello no es equivalente a lo que no se quiere decir, a lo que desesperadamente se intenta no decir. Respecto al asunto acerca del cual hablamos, hay que leer a la crítica cubana de manera global y entender los modos en los cuales el silencio habla. Esta pregunta, que nadie se atreve siquiera a formular, y a la que no se alcanza responder acusando a su vez, aunque la acusación sea legítima (“no nos aprecian porque no nos conocen”), desplaza la energía hacia donde el texto de Belkis Vega termina: “…prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.”

Pero, cuando Marina y Belkis ripostan que no se puede enjuiciar lo que no se conoce, el final del silogismo conduce a una sorpresa; no existen textos que nos enjuicien, no enjuician porque no nos conocen o fueron formados para no hacerlo, ergo, nadie nos conoce. Y recuérdese que igual derivación puede conseguirse al preguntar por la representación o presencia en nuestro cine del sujeto de raza negra, los homosexuales u otros grupos; conduciendo la hipótesis al extremo, estaríamos insertos en el interior de un enorme caos donde los sujetos de identidad sólo “conocen” (a reserva de cualquier fragmentación nueva que pueda aparecer) a los de su grupo. A fin de cuentas si, aplicando lo dicho por Belkis, cualquier conocimiento nuestro ocurre dentro de “las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura”, ¿no podemos acaso concluir que, dado que no hay sino ese universo condicionante, ningún sujeto de identidad podrá “conocer” a otro de identidad diferente?

Lo que intento precisar es que no somos únicamente el resultado de acciones condicionantes, sino además (y mucho más importante, quizás) de la hondura de razón que empleamos para analizar aquello condicionante y de la posición subjetiva que ante tal presión formadora adoptemos. Al pensamiento de lo nuevo corresponde tanto deshacer el fantasma que envuelve al objeto e impide la visión, como dialogar si hay razón en aquello considerado como viejo y merecedor de extinción; esa posible razón en lo enemistado obliga a continuamente sospechar de la posición subjetiva propia, a ponernos a prueba. La situación no sólo es más compleja que el silogismo anterior elaborado (pues, en verdad, apenas sería posible encontrar, en esto que hablamos de cine hecho por mujeres en Cuba, a un desconocedor absoluto y sí mucho mal-conocimiento, aunque en escalas diversas), sino que la identidad es el individuo y no una de sus máscaras; dicho de otro modo, las preguntas de la identidad, la territorialidad y la universalidad vienen juntas y es sobre todo la obra (ese otro que es uno) quien tiene que dar respuesta a las tres. ¿Qué representa para la historia de la identidad que reivindica? ¿Qué posición ocupa respecto a la ya hecho en el territorio, a la tradición a la cual se pertenece? ¿De cuál hallazgo se es portador en cuanto a la historia universal del arte que se practica, a las hechuras y mensajes que nos preceden?

Dado que la obra de arte no puede evitar, por expresión u omisión, de cuestiones de identidad (del autor o la “relatada”, territorialidad (dado que se pertenece o se filma dentro de un país o lugar y tradición determinada) y universalidad (porque los significados o sentidos en y de la obra son traducibles a una escala universal), el juicio del crítico y la figura del autor tienen que correr el riesgo (de situar y ser situados) en estos tres abordajes. ¿Existe aún la obra de arte y el valor artístico? ¿O sólo queda lo significativo para los sujetos de esta o aquella identidad? ¿Valen de algo los juicios de valor general? ¿Tiene aún sentido el hallazgo? Sin embargo, la pregunta no-hecha, exactamente por serlo, tiene que ser respondida acaso antes que todas las demás; pero, si la crítica hasta ahora no lo hizo (en realidad, ni siquiera la formuló), ¿quién podrá recibirla sino una crítica nueva, que destruya? Esa crítica que destruye, justiciera, válida para todos los grupos subalternizados – vuelvo a una idea anterior- sólo podrá existir cuando sea tejida, por ello es responsabilidad nuestra que aflore, incluso para que nos barra; de ahí la necesidad de búsqueda, de creación de escenarios, confluencia, alianzas, la fabricación de unión.

Dejo para el final la necesidad de insistir en una distinción elemental: una cosa es hacer obras de arte, otra segunda la crítica y una tercera el trabajo del historiador. El momento donde Marina Ochoa, en un post anterior, nos llama a comprar la significación y trascendencia del abrazo en los personajes de “Mujer transparente” y “Fresa y chocolate”, implica una pregunta alrededor de la ceguera. En caso de aceptar como válida la pregunta, ésta es resuelta de maneras distintas por el crítico de cine (que intentaría comprender ambos momentos como hechos construidos cuyo mecanismo corresponde desmontar) y el historiador (quien tal vez no pueda demostrar los valores de construcción que hacen a uno “superior” al otro, más desglosará los caminos que definen al más significativo). Sólo quien vaya más lejos, el que merezca tal autoridad como para que se le entienda como un pensador del cine, podrá fundir a los dos.

Hace pocos días Juan Antonio escribió un lindo párrafo sobre las distintas actitudes que ha venido recogiendo entre los lectores de La pupila insomne, su combativo blog. Como en toda obra humana, contó que había encontrado amigos, habló de otros que “no publican lo que piensan, pero apoyan leyendo, o sencillamente aceptando las descargas.”, así como ese tercer grupo de siempre que interroga “sobre el posible sentido que tiene para mí esta pérdida de tiempo, si al final, nada va a cambiar.” ¿Qué hago yo escribiendo en mitad de la madrugada, en lugar de haber ido a la cama desde hace rato? Idiota e iluso que soy y me traiciono siempre. Con la ilusión de que, en alguna parte, un mínimo impulso está siendo dado a la futura historia del cine cubano hecho por mujeres, a los trabajos sobre la representación de la mujer en el cine cubano, las lecturas feministas del cine cubano, las muestras de dicha producción audiovisual. Además de ello, servirá como modelo a otras lecturas tensas hechas desde posiciones de subalternidad y, entre todos, reconfigurarán los límites de esa “identidad colectiva” por la que Marina Ochoa aboga. Escribirán, discutirán, aclararán. Ya no pueden ser detenidos.

ABELARDO MENA SOBRE EL POST DE MARIO CRESPO

jagb 17/08/2009 @ 20:52

"Puedo arreglar la frase que me citas y decir: la política, /*fatalmente*/, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte. "

.....Si se refiere a Cuba, esta frase esconde un fatalismo no solo victimizante sino casi incierto (por no decir falso). Son los cubanos quienes están marcando el ritmo de los cambios, no los políticos.

a) De la micro-macroeconomía: Bajo los rigores del Periodo Especial, los cubanos de a pie se independizaron de los políticos cubanos y la paternal "libreta de racionamiento", y asumieron que "la política no cabe en la azucarera". Comprendieron que la actividad económica independiente (léase cuentapropismo, forrajeo, cimarronaje urbano o simple emigración) aportaba mas ingresos que un honesto salario y se lanzaron, sin las autoinculpaciones de un Jean Vajean, a "la lucha" y "a resolver". Enérgico accionar vital que hoy sacude y sacudirá a la sociedad cubana, véase no solo la cifra de nuevos "españoles" que- nietos de Rezoplez (y también de Elpidio Valdés) arribaran próximamente a la Madre Patria sino también las propuestas socioeconómicas de Pedro Campos y otros ensayistas, iceberg de las 3 millones de ideas aportadas en julio de 2006.

b) Las Artes de la Economía o la economía del Arte: En Las Artes Visuales, el Renacimiento Cubano desde mediados de los 80 hizo precisamente saltar los cimientos de la institucion arte (y las sillas calmadas de mas de un funcionario) a cuenta de la iniciativa de los propios creadores. Esta voluntad "empresarial" no solo se acentuó en el Periodo Especial, se constituyo en la mas fuerte manifestación de diplomacia cultural cubana nunca vista, florecida bajo la era Clinton y que hoy ya ha fijado al arte cubano como una marca internacional en la economía del arte (ver www.cuba-avantgarde.com). Este empuje ha incluso modificado la naturaleza no comercial de la Bienal de La Habana. Y sus marcas, aunque sean tímidas, podemos encontrarlas en la oleada imparable de los nuevos cineastas cubanos que con cámara digital en mano y centenares de ideas en la cabeza se han lanzado, sin permiso" de nadie, como corresponde a hombres y mujeres libres, a capturar la imagen de su época.

La misma rabiosa voluntad emancipadora, tanto de todo autorizo como de quienes des-autorizan, la encontramos en la blogosfera cubana, y los usos "no autorizados" del potencial de las IT: léase Sepermuta.com, Revolico.com, los bancos de DVDS y MediaPlayers, la música vía Ipod y las vertientes "piratas" de la distribución audiovisual. Son los cubanos y cubanas quienes adelantan a las instituciones en el uso free de las nuevas tecnologías, sea para usos "cultos" o banales". Y eso, colegas, es desarrollo.

c) Otras voces, otros ámbitos: Es extremadamente peligroso, por no decir de agrios ribetes nostálgicos, acusar a esta generación de "carencia de pensamiento". Las "marcas" estéticas que una generación deje no radican en la longitud kilométrica de sus manifiestos, apariciones en mesas redondas, pavoneos en festivales, discursos y otras figuras verbosas, sino deben ser estudiadas, trazadas, rastreadas, en sus producciones de sentido. Si se manifiestan o no, es harina de otro costal. Quizás han aprendido de la fuerza del susurro modesto, en oposición al vocerío radicalista infantil. Quizás aprendieron que no basta delinear gigantescas utopías trazadas en el aire, sino creen en la lucha sorda por hacer sus imágenes. Quizás no pretendan emancipar al Hombre, sino dejar una brizna de arena en las pantallas. Quizás ni les importe el Cine, sino otras maneras de hacer la vida.

Nada más,

Abelardo Mena