Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Categoría: POLÉMICAS

MARIO CRESPO CONVERSA CON VICTOR FOWLER

jagb 16/08/2009 @ 20:23

POR LA REFUNDACIÓN DEL DIÁLOGO, ESTIMADO VÍCTOR.
Por Mario Crespo

En lo que a mi respecta, una conversación sobre cine cubano nunca me parecerá baldía, menos si esta conversación es contigo y Juan Antonio. Haces bien en llamar conversación a este intercambio pues al fin, creo que los tres, aportamos puntos a un tema en el que básicamente estamos de acuerdo. Como no soy un polemista experimentado, trataré de no perderme en la gran cantidad de argumentos que expones para que la conversación tenga la enjundia a la que aspiras. Voy sobre todo a tratar de discurrir en aquello que tu crees, son desacuerdos en nuestros discursos.

Puedo arreglar la frase que me citas y decir: la política, /*fatalmente*/, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte. Y quiero insistir en la frase, pues también deseo destacar que en nuestro país, es dónde más se lleva todo al ámbito de lo político y el arte y el pensamiento están en el centro de la diana. Creo que no me expliqué bien, antes, pero no vale la pena ahora tratar de traducirme, sino demostrar que al fin no estamos tan en desacuerdo y tal vez, pasar a otro tema.

Mi interés, no condescendiente ni paternalista en lo absoluto, sino basado en la historia, es destacar precisamente lo que tu acabas de decir muy bien en las frases que te cito: “¿De qué modo conectar, en el análisis, a los nuevos realizadores con el mundo, sino introduciendo un mar de mundo en nuestras pantallas y goces de espectadores cinematográficos?” y con esto, das parte de la respuesta a tu propia pregunta cuando te adviertes que no hay razón para la ausencia de debates u ocasiones de encuentro sostenidas. Pero me gustaría ir un poco más allá. ¿Qué sucede de un tiempo a esta parte?

Me permito tomar de nuevo una frase tuya, “la lista de lo valioso que desconocemos, es tan desmesuradamente larga”… que da pena, agregaría yo. A eso me refería cuando hablaba de inopia. Me refería a la poca variedad de opciones desde las cuáles ir cimentando puntos de vista, creando cuerpos de opiniones estéticas, gustos, modos de expresarse. El talento es necesario alimentarlo. El deseo de búsquedas estéticas también. Incluso, no basta con revisitar a los clásicos del cine y la literatura una y otra vez, sino tener al alcance lo último que se hace y se piensa fuera de las fronteras, como único modo de construir un cuerpo de pensamiento y una “artisticidad” renovada, arriesgada, conectada con el mundo.

Creo que en este punto, me das la razón, cuando recuerdas cómo cuando éramos jóvenes, hace treinta años, veíamos a Godard, Fellini y Buñuel, Sartre, Grotowski y también a Einsestein, Pudovkin y una década antes (éramos adolescentes) se debatía acaloradamente en varios órganos de prensa criterios sobe el camino de la literatura y el arte, la educación, los medios y sus valores... Tú observas que la profundidad de las ofertas parece haberse contraído, para preguntarte: ¿Dónde es posible descubrir?

Pero hablábamos sobre la llamada “ausencia de un pensamiento” que defina a la última generación de cineastas cubanos, -pienso que puede marcarse ese declive desde mucho antes que apareciera esta pujante generación de los noventa, -la cual ha obligado a repensar estrategias a los dirigentes del cine rompiendo su inercia-, diría que desde los años ´70, y no sólo en Cuba, me atrevería a decir que es un fenómeno mundial.

Ya a mediados del siglo, Octavio Paz hablaba de la hiperbolización del Estado y su cada vez más, marcada presencia en todos los ámbitos, cuando lo definía como el “ogro filantrópico, que ha limitado la expresión de individualidades unidas en sus diferencias, manteniendo la impronta que las define, que fue lo que sucedió en los efervescentes años sesenta en nuestro país, pero que sucumbió, como expuse en post anterior, por falta de contendientes y a mi juicio, en el ámbito del cine, cuando desaparecieron los debates; cuando algunos jefes se fueron cansando, otros se burocratizaron y otros recibieron presiones, hasta que desapareció el ejercicio de la crítica y la polémica del panorama escrito y radifónico y en esa atmósfera de inopia verbal y conceptual, han crecido ya varias generaciones de cubanos.

Lo curioso es que al no conceder importancia a la relación creador-funcionario, reconoces lo que las decisiones de éstos últimos, determinan la variedad y calidad de la creación, cuando dices que por su carácter episódico, cambiarán tan rápido como lo político sea diferente. Me pregunto ¿cuánto han cambiado las condiciones, desde los años ´70 a esta parte, para la variedad de pensamientos y búsquedas en los estético?

Estoy de acuerdo contigo en que si los que diseñan las políticas públicas, no proporcionan más espacios de encuentros y discusión, será la gente la que tenga que hacer el esfuerzo por crearlos y defenderlos. Pero esto me lleva lamentablemente de nuevo, al ámbito de lo político, porque todo espacio de encuentro, de discusión y
alternabilidad de ideas, debe estar proporcionado y fiscalizado por instituciones, normas y consignas rectoras y guías. En el campo cinematográfico el único ejemplo que rompe con esto es la Muestra, pero sabemos que no basta.

Estoy de acuerdo también que /*algunos */de los trabajos de la Muestra, sólo vienen a sustituir lo que la maltrecha prensa nuestra no hace, otorgándole más valor periodístico que artístico al conjunto de esa obra. No obstante yo lo veo de una manera distinta, pues amén de que pienso que hay trabajos y creadores que se perfilan con muy buen futuro artístico, valoro también el carácter de crónica de esta época de apremios, necesidades, carencias, ausencias, que reflejan las obras de la última generación, que a pesar de todas las cosas faltantes, se esfuerza por expresarse artísticamente, aunque unos lo consigan mejor que otros. Tal vez estén dando un ejemplo al periodismo y la crónica y orienten un mejor futuro para el género. La decantación hay que dejarla a la historia. Los artistas y el arte quedarán, el oportunismo y la chapuza serán olvidados. Soy optimista y pienso que este siglo traerá sorpresas.

Otras entradas vinculadas a este post en el blog:

SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN

MARIO CRESPO SOBRE EL NO-PENSAMIENTO DE LOS JOVENES

VICTOR FOWLER A PROPOSITO DEL POST “SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN”

MARINA OCHOA SOBRE EL NO-PENSAMIENTO

RESPUESTA A VICTOR FOWLER SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN

DE VICTOR FOWLER A GARCIA BORRERO

MARIO CRESPO A PROPOSITO DEL POST DE VICTOR FOWLER

DE GARCIA BORRERO A VICTOR FOWLER

VICTOR FOWLER SOBRE LOS COMENTARIOS DE MARIO CRESPO Y GARCIA BORRERO

DE GUSTAVO ARCOS RESPONDIENDO A ABELARDO MENA

jagb 14/08/2009 @ 17:54

Juany:

Aquí te van algunas observaciones personales sobre los diferentes asuntos que últimamente se han venido tratando en el blog, espacio que, por cierto, ha tenido un prolífico verano atendiendo a las numerosas entradas, interrogantes y criterios expuestos.

Abelardo indagaba por la existencia o no de una memoria digital editada por el ICAIC, que recogiera los materiales significativos de su producción. No existe por el momento tal cosa. La industria llegó tarde a la digitalización, y los procesos de remasterización y sonorización basados en los nuevos estándares mundiales, se han ejecutado de forma muy lenta. Por tal motivo la comercialización de esas obras es insuficiente y errática.

Apenas hay tiendas o espacios con una identidad definida donde puedan encontrase tales obras y me atrevería a considerar como una mayúscula irresponsabilidad cultural que películas claves dentro de la historia cinematográfica de la nación, auténticas obras de probado valor estético y artístico como “Memorias del Subdesarrollo”, “Lucía”, “La muerte de un burócrata” o los principales documentales de Santiago Álvarez por solo citar algunos, solo pueden encontrarse en las tiendas en divisa. Como mismo, el propio Estado ha diseñado estrategias culturales y comerciales que permiten a la población adquirir en moneda nacional ediciones de las obras cumbres de nuestra literatura, música o plástica, se ha mantenido indiferente ante las obras cinematográficas. La única promoción a gran escala de una material en soporte digital comercializado en moneda nacional corresponde al DVD de… “Kangamba”!!!!!!!.

Tímidamente se han realizado en los años recientes, DVD de los llamados clásicos del cine cubano, que como ya dije solo pueden adquirirse a precios altos y en escasas tiendas. La mayor parte de la obra fílmica del ICAIC espera por la inversión económica que haga posible su digitalización. Pero hay que tener en cuenta que para digitalizar hay que primero conservar en los archivos, de forma adecuada y especializada, copias de estas obras. Tenemos entonces un grave problema, el extraordinario archivo fílmico del
ICAIC, posiblemente unos de los más ricos del mundo, está siendo salvado en artículos mortis. Considerado recientemente como Patrimonio Fílmico de la Humanidad por la UNESCO, se ha iniciado un proceso, cual película de Griffith, de rescate a último minuto. Los resultados prácticos de este salvamento están aún por ver.

El "mercado negro" ha sabido aprovechar ese vacío, distribuyendo de forma ilegal y mayormente con lamentable calidad, muchas de nuestras películas, convirtiendo de manera artesanal filmes cubanos desde soportes VHS, hacia discos digitales. Hoy no existe en la isla ningún sitio o espacio que permita a los investigadores, estudiantes, críticos o simples espectadores, visualizar de forma organizada y eficaz la obra fílmica o audiovisual de la nación. No hay videotecas, ni salas especializadas en cine cubano. La única escuela de cine que hay en Cuba, la del Instituto Superior de Arte (la de San Antonio tiene otras características) no dispone de mediateca, solo de un pequeño cuarto, donde se acumulan decenas de filmes en soporte VHS, algunos de los cuales, aquellos de factura nacional, han sido entregados por el ICAIC.

Se han producido varias tesis sobre autores, filmes o períodos de nuestro cine. En este mismo blog, Mario Piedra y yo hemos hecho comentarios acerca de ello. Esos textos se hayan guardados en las gavetas de sus autores, pues no han sido editados o publicados. Sin embargo hasta donde sé, no se ha estudiado en profundidad, el cine documental cubano desde esas aristas que propone o sugiere Abelardo Mena. Esa otra historia del Cine Cubano espera aun por su escritura, y aunque Juany y otros, con sus libros o escritos han desbrozado el camino, queda mucho terreno aun por escudriñar, zonas inexploradas que permitan comprender un poco la relación evidente o subterránea, entre nuestro cine y los traumáticos procesos sociales o políticos que ha vivido la nación.

Un abrazo,

Gustavo Arcos

VICTOR FOWLER SOBRE LOS COMENTARIOS DE MARIO CRESPO Y GARCIA BORRERO

jagb 13/08/2009 @ 12:21

Juany y Crespo, estimados ambos:

¿Es bizantina la conversación (que no discusión) o hay tiempo para un poco de estética? El comentario de Mario hace una proposición importante: “… la política, inevitablemente, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte...” Sin embargo, queriendo huir del realismo socialista tal parece que habláramos desde él, pues justamente lo que otorga al arte su valor de ser algo más que un mero objeto -bajo el manto de la política en una época determinada- es su posibilidad de autonomía relativa; dentro de semejante estrecho margen la gran obra de arte es, al mismo tiempo, reflejo de su circunstancia y fuga hacia la futuridad, resulta espejo a la vez que exploración y descubrimiento: abre los caminos nuevos. Por tales motivos, en mi caso, el tema de la relación entre artistas y ejecutivos o funcionarios es, exactamente, el que me resulta de menor interés; digo esto, por ser el más episódico, que cambiarían tan rápido como lo político sea diferente. En lugar de ello, las problemáticas de composición y maestría de una obra son mucho más complejas y, como antes dije, abarcan el pasado (las conexiones con la tradición), el presente (relaciones con ejecutivos, funcionarios, colegas de oficio y otros sectores) y el futuro. Esto último, nos remite a aquel punto donde la obra explora caminos, estructuras o posicionamientos inéditos dentro de aquello que practique el artista; sólo que aquí no alcanza con decir aquello que ocultan o atenúan los políticos, sino que son del mismo primer orden los problemas de composición, pues la obra es una realidad total.

Por otra parte, si bien es acientífico imaginar siquiera la posibilidad de que exista alguna generación sin pensamiento, el que tal pensamiento exista no garantiza su profundidad o valor. Para el pensamiento, las condiciones para su existencia son sólo el ladrillo mínimo encima del cual el pensamiento tiene la obligación de elevarse; dicho de otro modo, la obligación de pensar. En tal modo que aquello que debe ser pensado encuentre, mediante el activismo social, los caminos para poder ser identificado como “voz”; según esto, cuando las voces no son audibles, igual responsabilidad tienen las instituciones que no lo propician como, muy en especial, aquellas figuras del campo que no imponen las posturas nuevas. Y esto último incluye, dado que hablamos del cine cubano de hoy, una amplia gama de actores que pueden ser desgranados en directores de publicaciones periódicas, animadores culturales, críticos, cineastas, etc.

La verdad, si uno lo piensa bien, ¿qué explicación convincente hay para la ausencia de debates u ocasiones de encuentro sostenidas con regularidad, para eso que Mario denomina “inopia terrible” sino la misma inopia”? ¿De qué modo conectar, en el análisis, a los nuevos realizadores con el mundo, sino introduciendo un mar de mundo en nuestras pantallas y goces de espectadores cinematográficos? Más allá del beneficio de amistad con algún poseedor de buena videoteca privada, ¿cómo puede un cineasta cubano saber que existieron Andy Warhol, Stan Brahkage, Derek Jarman? ¿cómo sabría que existen Chris Marker, Bill Viola, Craig Baldwin, Pen-ek Ratanaruang, Bela Tarr, Guy Maddin, Pedro Costa, Apichatpong Weerasetakul, Yuri Norstein o Priit Parn? Hace treinta años un joven, como el que entonces fui, veía sin entender su primera película de Godard en la Cinemateca y también los clásicos de la comedia silente norteamericana y mucho más; hoy día, pese a los beneficios de la cultura digital, la profundidad de las ofertas parece haberse contraído. ¿Dónde es posible hoy revisar la historia y conocer lo imprescindible, para el arte cinematográfico, del presente? ¿Dónde es posible descubrir?

La lista, de lo valioso que desconocemos, es tan desmesuradamente larga que mueve el comentario hacia otras direcciones; piénsese que no se trata ya de lo que pudiese ser parte del universo de referencia cultural de, por ejemplo, los críticos, sino que en realidad hablamos de todo lo que no se enseña en las escuelas y no se muestra a los públicos. Préstese, además, atención al hecho de que los autores mencionados no sólo refieren a lagunas de información en cuanto a cineastas que trabajan dentro de la industria, sino que propone incluir, en nuestras reflexiones sobre producción audiovisual, esos grandes olvidados que son entre nosotros el videoarte y el cine experimental. La incapacidad de hallar caminos creativos que reviertan lagunas como las mencionadas, es una vergüenza para las instituciones, la academia y ese estamento amplio al que denominamos “la crítica”; no obedeciendo a dictados del azar, sino mediante proyectos organizados de modo coherente y para ser sostenidos en el tiempo. Veáse que no me refiero a las actitudes individuales, de una u otra ocasión -pues, en verdad, no es absoluta la desidia-, sino a la necesidad acuciante de un activismo que mejore no ya el cine cubano de hoy, sino el "ambiente" en el cual es éste realizado. No las condiciones de realización de las obras, sino la cultura cinematográfica, la amplitud de su enseñanza, la estimulación al diálogo y el debate, la búsqueda de profundidad, la sintonización con los problemas de la creación audiovisual en el mundo, etc. Las variables, en fin, que definan la salud y la respirabilidad de un ambiente.

Después de lo anterior, no creo tener que explicar por qué (a diferencia y hasta en oposición a lo que Juany prefiere) el cine no me interesa como “síntoma cultural”, sino como problema en sí mismo; un síntoma es un conjunto de huellas que remiten a una enfermedad, situada incluso en un lugar distinto a aquel en el cual el síntoma se encuentra localizado. Aún así, como expresa la frase popular “salir por la puerta para regresar por la ventana”, es divertido leer como toda duda -en cuanto a la posible artisticidad de la obra cinematográfica-, desaparece cuando se pide concebir un cine que “esté a la altura de un Wajda, un Tarkovski, un Jiri Menzel, un Fellini, o un Billy Wilder.” Es decir, un cine que esté a la altura de artistas. Por tal motivo, cuando Juany alaba “De buzos, leones y banqueros” -mediante una comparación implícita con “Los olvidados” de Buñuel-, la operación se sostiene sólo encima de una maniobra retórica; alaba a Buñuel por “… registrar la existencia de esos seres condenados a la invisibilidad social”, porque allí descolla “… la primicia de una nueva sensibilidad donde se rescata al individuo de carne y hueso” y afirmando que “Por eso, entre otras razones, “Los olvidados” nos sigue pareciendo una película imprescindible, y Buñuel, un humanista.” Pero son justo las tales “otras razones” las que distinguen y justifican al artista.

Según la línea en que avanza mi comentario, cómo aceptar o entender una proposición como la siguiente de Juany, entregada casi como un favor: “Estoy de acuerdo en que lo de la “artisticidad” no hay que perderlo de vista.” Según ello, el análisis de la maestría artística resulta asunto derivado, aceptado casi a regañadientes y que incluso demanda que sospechemos. Vale la pena citarlo:

“Estoy de acuerdo en que lo de la “artisticidad” no hay que perderlo de vista. Mientras más artística la propuesta audiovisual, muchas más posibilidades tiene de trascender la circunstancia local. Pero es importante seguir “sospechando” de todo aquello que se nos vende como arte, porque detrás del asunto podrían esconderse otras tensiones, y otras maneras bastante sutiles de dominación. Por eso es bueno aproximarse a los grandes. No solo a sus películas, sino a sus pensamientos, y a sus dudas más radicales.”

Lo curioso es como Juany no ve que es igual de importante seguir “sospechando” de aquello que nos vende como denuncia, que también suele esconder otras tensiones y maneras más o menos sutiles de manipulación del espectador; donde debiera haber aprehensiones paralelas, es el crítico quien obstruye uno de los caminos y, de paso, impide una comprensión más profunda de lo político. No ya desde la óptica del reflejo, sino desde el análisis de la manipulación. Cierto que se me puede responder que el artista es, siempre, un manipulador; pero, también hay que sospechar del momento cuando el arte del ilusionista consigue ser perfecto y deshonesto a la vez. Corresponde, a quienes ejercitan la crítica, trabajar con todo ese material espinoso que tal vez lo enfrente a las instituciones, a sus colegas de oficio, al público y a los artistas mismos. Ya sea cuando descubre obras infladas de un esteticismo vacío, como cuando señala otras cuyo presunto valor como documento político resulta rayano con el oportunismo.

Y que la alegría del diálogo nos convoque y proteja.

Victor Fowler.

DE GARCIA BORRERO A VICTOR FOWLER

jagb 11/08/2009 @ 13:06

Querido Víctor:

Gracias por esos elogios que haces al blog. Creo que a estas alturas ya no tengo derecho a considerarlo como un sitio personal, debido al número cada vez más creciente de contribuciones de otros. Así que el elogio en realidad sería para ellos.

Pienso que es legítimo que tengamos miradas encontradas sobre este asunto del “arte cinematográfico”. Pero mejor aún que ventilemos esas diferencias en el espacio público, que es donde, entre todos, se perfeccionan las ideas.

Yo quisiera tener la seguridad de aquellos críticos que exaltan o descalifican de un plumazo las obras de los otros. En mi caso hay demasiadas incertidumbres, lo confieso. Además de que, como he dicho en otras ocasiones, me interesa estudiar el cine como “síntoma cultural”. Pero ello no me quita la convicción de que “Memorias del subdesarrollo” es un momento irrepetible (para utilizar el término a que apelas) dentro de la historia del cine nacional. Como lo es también “Suite Habana”. No son los únicos momentos en que a mi juicio hemos logrado acercarnos a eso “misterioso” que rodea a las grandes películas de todos los tiempos. Y coincido contigo en que el crítico debe centrar su atención en develar la estructura de ese misterio, en proponerles al espectador claves que lo ayuden a adentrarse en la aventura de descubrir mundos inéditos procesados por el artista.

Quizás uno de los aspectos que más consigue desilusionarme a la hora de ver una película es la actitud que esta toma ante una realidad que sabemos compleja, y que reclama ser discutida en profundidad. No hablo de si el realizador muestra ideas que puedan ser contrarias a las mías, sino de lo esquemática de la mirada, o la indiferencia ante aquello que sabemos afecta a los otros. Hay quien ha interpretado que le estoy reclamando al cine las funciones críticas que debería cumplir con creces el periodismo. Pero no es ese tipo de crítica a la que me refiero.

Hablo de ser capaces de concebir un cine que esté a la altura de un Wajda, un Tarkovski, un Jiri Menzel, un Fellini, o un Billy Wilder. Ya sé que la altura es impresionante, pero ¿tendría sentido una aspiración que no sea la de elevarnos? ¿la aspiración de lograr un cine que nos mejores como individuos y donde la existencia (que es en sí mismo un misterio, en cualquier parte de este planeta) se adivine sin maniqueísmos?

No sé si dentro de cincuenta años “De buzos, leones, y tanqueros” dejará de ser interesante, pero si sé que seguirán existiendo gente muy fastidiada a las que normalmente no vemos en las pantallas de ninguna parte, porque no les importa a casi nadie. Que estos jóvenes se preocupen de registrar la existencia de esos seres condenados a la invisibilidad social me parece estimulante: es la primicia de una nueva sensibilidad donde se rescata al individuo de carne y hueso. Por eso, entre otras razones, “Los olvidados” nos sigue pareciendo una película imprescindible, y Buñuel, un humanista.

Estoy de acuerdo en que lo de la “artisticidad” no hay que perderlo de vista. Mientras más artística la propuesta audiovisual, muchas más posibilidades tiene de trascender la circunstancia local. Pero es importante seguir “sospechando” de todo aquello que se nos vende como arte, porque detrás del asunto podrían esconderse otras tensiones, y otras maneras bastante sutiles de dominación. Por eso es bueno aproximarse a los grandes. No solo a sus películas, sino a sus pensamientos, y a sus dudas más radicales. En tal sentido, aquellas interrogantes que suscribía Tolstoi en “¿Qué es el arte?” siguen resultándome muy provocadoras:

“Es necesario, pues, en una sociedad civilizada en que se cultiva el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si (como se presupone en nuestra sociedad) todo la que es arte resulta bueno por serlo y digno de los sacrificios que entraña. El problema es tan interesante para los artistas como para el público, pues se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree, o si simplemente los prejuicios del medio en que viven, les hacen creer que su labor es meritoria. También debe averiguarse si lo que toman a los otros hombres, así para las necesidades de su arte, como para las de su vida personal, se halla compensado por el valor de lo que producen. ¿Qué es ese arte considerado como cosa tan preciosa e indispensable para la humanidad?”

No menos reveladoras se me antojan las reflexiones expuestas por Tarkovski en “Esculpir en el tiempo”, las cuales aprovecho para colgar un fragmento, porque quién sabe si nos ayuden a seguir pensando con más ahínco los problemas de nuestro audiovisual. De eso se trata, de seguir sembrando inquietudes.

Un abrazo grande,

Juan Antonio García Borrero

TARKOVSKI SOBRE EL AUTOR EN BUSCA DE SU PÚBLICO

“El arte es por su naturaleza misma aristocrático y, naturalmente, selectivo en cuanto al efecto que busca crear en su público, ya que, aun en sus manifestaciones más “colectivas” (como el teatro y el cine), su efecto se encuentra delimitado por las emociones íntimas de cada persona que entra en contacto con la obra. En la medida en que esa persona es afectada y perturbada por esas emociones, en esa misma medida será significativa la obra en la propia experiencia del espectador.

La naturaleza aristocrática del arte no absuelve al artista, sin embargo, de su propia responsabilidad frente al público o, si se quiere, frente a la gente en general. Todo lo contrario, ya que a causa de la especial conciencia que el artista tiene de su tiempo y del mundo en que vive, se convierte en la voz de todos aquellos que no pueden formular o expresar sus puntos de vista sobre la realidad: en este sentido, el artista es de hecho la vox populi, y es por lo que su vocación lo lleva a servir a su propio talento, lo cual significa servir a su pueblo.

Por lo mismo no puedo entender que se hable, con respecto a un artista, del problema de su “libertad” o “falta de libertad”. Un artista nunca es libre. No hay personas que sean menos libres que los artistas, ya que se encuentran coercionados por su propio don y por su vocación.

Por otro lado, el artista se encuentra en plena libertad de decidir si desarrolla su talento hasta donde le sea posible, o si vende su alma por 30 monedas. ¿Acaso no fueron las frenéticas búsquedas de Tolstoi, Dostoievski y Gogol, espoleadas por el hecho de que estaban conscientes de su vocación y del papel social que se les había asignado?

Estoy convencido también de que ningún artista cumpliría con su misión espiritual si supiese que nadie vería su obra. Al mismo tiempo, empero, mientras una trabaja su obra, debe poner una barrera entre uno mismo y el resto de la gente para protegerse de la trivial y hueca cotidianidad, ya que solo una sinceridad y honestidad totales, aunadas a un conocimiento claro de la responsabilidad del artista para con los demás, puede asegurar que el artista analice su propio destino creador”

Andrei Tarkovski

MARIO CRESPO A PROPÓSITO DEL POST DE VICTOR FOWLER.

jagb 11/08/2009 @ 12:16

Víctor:

Entiendo que la provocativa nota de J.A, intenta buscar diálogo sobre la mencionada ausencia de un cuerpo teórico, de una armazón ideológica y cultural que sustente la creación de los cineastas más jóvenes y la meditación sobre los problemas que tuvo y tiene la producción audiovisual en Cuba, cuyo futuro hoy está mayoritariamente en manos de personas que no sobrepasan los 35 años.

Aprecio cómo haces la disección del texto de J.A, destacando inicialmente “tres registros” que interesarían a la crítica y los historiadores. Pero agregas otro, como descolgado de los anteriores, cuando mencionas lo que J.A llamó la relación entre autoridades y creadores y lo adviertes en el ámbito de lo político y dada la ubicación que le otorgas, como menos importante. Pero si la historia no está equivocada, ésta nos cuenta que la política, inevitablemente, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte...

El tema de la relación entre artistas y ejecutivos o funcionarios es el que me parece de mayor interés, pues desde éste los historiadores y la crítica tendrán mucho campo para evaluar los años previos a este boom tecnológico digital, que ha permitido a cientos de jóvenes en todo el país a partir de los años ´90, ensayarse, tropezar, caer y levantarse haciendo cine y perfilando una obra ¿underground? que al menos en obra (cine, poesía, plástica, literatura ) defina una época y su pensamiento que no dudo en calificar de underground, ése que el interlocutor de J.A no reconoce, -porque no puede- reconocer, aunque esto no quiere decir que no exista.

Sería acientífico decir que existe una generación definida desde lo etario, los económico, social, desde su arte y pensar que no tiene un cuerpo de pensamiento. Puede estar atomizado, diluido en individualidades, no publicado, no expresado en ensayos, artículos y discursos, pero ahí está y dadas las ausencias de espacios de expresión será más difícil definirla cuando se quiera historiar.
Como hablamos de cine y como parece inevitable la comparación entre generaciones y a ésta última se le mide siempre con la vara de la generación fundacional. Quisiera hacer algunas consideraciones precisamente desde ese plano comparativo.

La generación fundacional, estaba agrupada alrededor de una institución que nacía, con toda la potencia que lleva implícita un embrión. Ellos estaban muy vinculados a un proceso político y social que los comprometía y los arropaba ideológicamente en ese compromiso, aún desde posiciones diferentes. La efervescencia creativa y de contradicciones que había dentro del fenómeno cultural mayor que significaba el nacimiento de aquella revolución, la de aquellos años, marcaba pautas alrededor de las cuáles se formaban grupos. Era muy necesario definirse y había espacio para marcar definiciones frente a muchas y diferentes verdades que se movían en la prensa, la televisión, la literatura de ese momento, no sólo en Cuba, sino en todo el mundo. El debate, la defensa de diferentes ideas, la necesidad de justificar un arte que se renovaba al calor de un nuevo proceso político y social fue armando ese cuerpo teórico, el pensamiento de una época. Hubo grandes polémicas hoy míticas, en la prensa, muchas discusiones, hubo encuentros masivos de artistas, se creaban revistas, se escribían ensayos y artículos, se publicaban libros.

Aquella revolución fue afincándose y con él, ideas y conceptos. Digamos que el drama fue llegando a su punto de equilibrio, por debilitamiento de uno de los dos actantes. Las contradicciones, al menos a nivel de prensa y debate se fueron apagando. Los jóvenes inquietos del inicio, dejaron de discutir por ausencia o alejamiento de los contrarios. La prensa, la radio, la televisión se unificaron y pasaron los años.

¿Qué pasó en el ICAIC, centro rector de la actividad cinematográfica cubana? Se desdibujaron los contendientes internos y las ideas de los externos, no entraban al país. Nada de lo que se hacía o decía en el exterior sobre nosotros era merecedor de debate ni de discusión, por lo tanto, no era necesario darle espacio en pantallas, prensa radial o escrita. Drama en tiempo muerto. Un solo suceso se repite una y otra vez: Todos estamos de acuerdo en todo, al menos al reunirnos en las salitas de proyección, salones o la desaparecida biblioteca del noveno piso. El contrario está lejos, desacreditado, no merece nuestra atención, está perdido. Parece que dejaron de ser necesarios aquellos encendidos debates y proyecciones, aquellas candentes discusiones – mi generación no las alcanzó- se apagaron y la gente se iba quedando en sus casas, discutiendo sólo con su familia. Comienza lo que llamé en un post anterior la autofagia y ya estábamos pasando los ´70.

Mi impresión es que la dinámica y dialéctica efervescente del inicio, se fue anquilosando, se fue convirtiendo en un aparato rígido. La complicada y costosa tecnología del cine en aquellos años no permitía el surgimiento de iniciativas que no estuvieran a la sombra del organismo rector de la actividad. Y pasaron así dos décadas.
¿Cómo podemos pedir a los jóvenes cineastas que definan el cuerpo de su pensamiento? ¿Dónde está el debate, dónde las publicaciones en las que puedan libremente ir argumentando y definiéndolo públicamente?.
A mi no me cabe duda de que todos aquellos que tienen menos de treinta y cinco años, tienen un ideario, y no es a ellos a los que puede ni debe reclamarse que éste no se conozca, sino a los encargados de diseñar políticas para crear espacios para la expresión de ideas, publicaciones, encuentros que los unan en sus diferencias. Si esto sucede, sin duda se irá definiendo el pensamiento de una generación. Para eso es necesario erradicar el miedo a la evolución.

En otro orden de ideas, no creo que exista en Cuba, tanto fetichismo tecnológico, precisamente por ausencia de condiciones tecnológicas. Los que hemos estado al tanto de la creación de los jóvenes y de algunos viejos también, sabemos que no es gran tecnología precisamente lo que tienen a su alcance. Sigue siendo, como desde los tiempos fundacionales, la idea, el tema, la forma de tratarlo, lo que ha dado identidad, prestigio y hace sorprendente al cine cubano fuera de sus fronteras. Los cineastas cubanos, en cuanto a tecnología, siempre han trabajado con las uñas. Y con las uñas se sigue haciendo toda la creación cinematográfica cubana, la underground y la de la llamada “industria”.

En este punto, Víctor, atribuyes como mérito casi único a la Muestra de Nuevos Realizadores, que ésta viene a sustituir al maltrecho periodismo nacional, preguntándote dónde está el hecho artístico en ese conjunto de obras. Estoy seguro que se pueden encontrar obras y personalidades artísticas entre las obras presentadas en las ocho ediciones de la Muestra. Y si bien es cierto que los que marcan las políticas editoriales de nuestra prensa deberían tomar ejemplo y seguir el pulso a muchos realizadores y trabajos de la Muestra, también es bueno señalar que no basta con un encuentro anual y los debates que allí se realizan para dar a conocer la obra y el pensamiento de una generación.

Algo que vendría muy bien a los nuevos realizadores cinematográficos cubanos, es que no se les siga midiendo con raseros de otras generaciones y en su lugar se les permita conectarse más con esa “cosa extensa que llamamos el mundo” como dices.
Si desapareciera la inopia terrible que existe en todos los campos, si los discursos renovaran sus frases y si el viento trajera aire fresco, las historias nativas llevarían una impronta de cuento nuevo.

Mario Crespo

DE VICTOR FOWLER A GARCIA BORRERO

jagb 10/08/2009 @ 21:08

Estimado:

Gracias a esa pupila insomne se respira aire adentro de la abulia. Tienes la pasión de las preguntas, buscas ángulos nuevos, entrevistas, cuestionas, recuperas pasado, rastreas las señales del presente. Haz conseguido hacer, impulsar y mantener un magnífico archivo sobre cine cubano sin distinciones, acaso el más interesante que podamos encontrar hoy; además de que eres, en el medio, aquel que más se ha ocupado de la crítica misma. En este sentido, me interesaba fijar una distinción necesaria: la diferencia en una misma disciplina (en este caso, el cine) entre críticos, historiadores y un tercer grupo difuso al que prefiero nombrar ‘investigadores’. Se refieren todos al mismo objeto, más con intensidades, obligaciones e intereses distintos; en el caso del crítico, si queremos salvar la existencia de esa figura laboral, no queda otro remedio que cometer el pecado de tautología e insistir en que su tarea es hacer crítica; dicho de otro modo, emitir un juicio personal sobre la obra que comenta, analiza y, sobre todo, juzga. Es desde este ángulo que haré algunos comentarios a tu respuesta, pues incitas a seguir conversando.

Lo primero se refiere al binarismo que estableces entre las posibles posiciones para “hablar”: la rutina y la institución (figura que se hace enteramente transparente si la denominamos como “el poder” estatal y político). Analizar estas posiciones es tentador, más resulta aquí más útil establecer la existencia de otras oportunidades de intervención; en particular, la del juicio crítico en cuanto tal. En realidad, tus palabras parecen más referidas a cineastas que se sienten amenazados antes que a críticos como tal; de ahí que menciones a los que temen “convivir con los nuevos talentos” y también “ser superados”.

En cuanto a la artisticidad del cine, son muchas las maneras de abordarla y la más rotunda duda quizás sea la que surge ante un producto cultural que precisa de un agregado de oficios para ser realizado; comparar con la literatura y la labor del escritor (“el más solitario de los oficios”, según García Márquez) resulta interesante, pues es claro que la del cine es una soledad acompañada. Sin embargo, también es claro que mientras más controlada se encuentre la multiplicidad mayor será la posibilidad de que surja una expresión personal; dicho de otro modo, mientras más elevado sea el pacto de capacidad rectora dentro del cual trabaje el director, más oportunidades habrá que exprese su visión personal sobre cada uno de los hilos (luces, fotografía, sonido, actuación, movimiento, diálogos, puesta en escena, dramaturgia, etc.) que confluyen para dar vida al cine y sobre el arte de hacer películas como tal. De cualquier modo, algún postulado teórico y de la crítica debe servir para distinguir del resto a Eisentein, Ozu, Kurosawa, Buñuel, Welles, Kubrick, Chaplin. Godard y el muy pequeñísimo grupo de lo que parece irrepetible.

Irrepetible es una buena palabra. ¿Hay forma de hacer películas “a lo Eisenstein”, “a lo Chaplin” o “a lo Welles”? ¿Qué diferencia al genio de otros que son buenos directores o, en escala más baja, simples artesanos? ¿Podemos seleccionar lo único sin recurrir a la artisticidad; la cual, por cierto, parece no poder existir sin un muy poderoso pensamiento sobre cómo tejer oficios e interactuar con ellos al servicio de una idea central para entonces conseguir la obra? Desde este punto de vista, cuando el político, el artista y el crítico hablan de la cualidad artística de una película es posible que se refieran a cosas distintas; en especial, las dos últimos.

La relevancia de una obra en el interior de una circunstancia local es cierto que no puede ser minimizada, pero tampoco debe conducir a mistificaciones o a santificar obras cuyo valor termina cuando termina la denuncia que comunican. En arte y literatura no es el contenido de denuncia el problema, sino eso particular que justifica la longevidad de una obra por encima de las generaciones y la hace siempre actual; dudo que, si mañana mejorara la situación económica cubana de hoy, valga la pena volver a ver “De tanqueros, buzos, y leones” (por mucho que agradezcamos su oportunidad y honestidad) más que por intereses de archivero, historiador o arqueólogo. Nos queda la epidermis de una crisis, la hecatombe de vidas que terminan así, apenas apuntada en el documental. ¿Valdría establecer comparaciones, en tanto hechos cinematográficos, con “Los cosechadores y yo” de Agnes Varda? No es actitud lo que se juzga al analizar una obra, sino a la obra como tal (aunque la actitud del creador sea parte del análisis); esto, por ejemplo, es lo que nos detiene ante la obra de alguien como Leni Riefenstahl, para quien ningún análisis ha podido negar la trascendencia estética de su aporte, pese al alineamiento fascista en términos de actitud de la autora.

Tampoco estimo exacta la oposición entre cineastas que priorizan “las preguntas incómodas, a esa realidad paradójica en que vive” y otros que apuestan por “imitar en tono grandilocuente los paradigmas heredados de épocas espléndidas, armónicas, pero ajenas”. Tanto la imitación como las preguntas incómodas pueden ser bien o muy malamente hechas y es eso, únicamente eso, lo que al juicio crítico interesa, incluso por encima de “nuestra circunstancia insular”. De otro modo, urgencias de toma de partido contextuales acabarían por destruir la más mínima autonomía en el trabajo de la crítica; una consecuencia que, por cierto, termina por conseguir algo de lo cual cualquiera de tus propios escritos rechaza: la subordinación del juicio crítico a las contextualidades políticas e ideológicas, sólo que al revés.

Por tal motivo, no interesa si (es un ejemplo), “El viajero inmóvil” de Piard, habla de “problemas que nos acosan”, sino más bien cómo –en un medio obsedido por lo político- intenta convertirse en aventura cinematográfica; lo mismo que, la insólita “Madrigal” de Fernando Pérez vale tanto por lo que trasluce de nuestro presente como por los espacios de artisticidad (procedentes de los archivos de literatura y cine universal) con los cuales dialoga y que, desde nuestra tradición, abre hacia el futuro. El ejemplo de sistemas sociales como el nuestro ayuda a resolver el acertijo, pues muchos hablaron, en el extinto país soviético, sobre problemas que los acosaban por entonces, pero sólo hubo un Mijail Bulgákov y sólo una novela como “El Maestro y Margarita”; además de la denuncia, la grandeza de dicha novela remite a algo más allá: a la artisticidad. Por eso, en mi caso, y a pesar de “nuestra circunstancia insular”, prefiero aquellas obras en las cuales, -junto con la denuncia, el reflejo de problemas profundos o de la complejidad de la convivencia social- puedo acceder a las complejidades de una mentalidad creativa (la del director) en el proceso de crear una obra artística. Y para eso, ningún papel juega lo que piensen los políticos.

En fin, amigo, que el audiovisual cubano nos sorprenda.

Víctor Fowler.

RESPUESTA A VICTOR FOWLER SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN

jagb 09/08/2009 @ 22:55

Víctor:

Resulta difícil responder con precisión a qué se refiere “nuestro hombre en La Habana” cuando habla de la ausencia de “un pensamiento”.

Ante todo: este es un sitio que intenta promover el debate público en torno al audiovisual cubano. Hasta ahora ha estado funcionando más o menos bien, pues los comentarios o textos que se envían sobre todo aluden a las ideas, y muy pocas veces van dirigidas contra las personas que las exponen. Es decir, no se descalifica a quienes hablan, sino en todo caso, se combate lo que estas personas argumentan, que es otro asunto.

Veo en el debate sistemático una posibilidad extraordinaria para superarnos, pero eso es tan solo una impresión muy personal. Así que respeto a aquellos que prefieren mantenerse en silencio, o me envían sus criterios sin ánimo de que se publiquen o mencionen su nombre (como es el caso de esta persona). Respeto esa voluntad, si bien no la entiendo, pues no me puede parecer normal que aquellas opiniones que tengamos no se expresen con absoluta libertad. Eso es síntoma de otra cosa que no viene al caso comentar en este instante.

Probablemente si nuestro interlocutor hubiese accedido a mantener en público una discusión sobre esto del pensamiento entre los jóvenes realizadores, con seguridad habrían salido a relucir aspectos interesantes. Y yo habría concedido incluso que no existe ahora mismo entre los jóvenes, digamos, “una teoría” que nos oriente a entender mejor eso de la proclamada “novedad”.

Mas lo único que tenemos por el momento es una opinión privada, que sospecho solo toma en cuenta (de modo muy interesado) la ausencia de reflexiones al estilo de las de García Espinosa, Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara, o Humberto Solás, esas que acompañaron de manera teórica al conjunto de las prácticas fílmicas que ellos mismos fomentaban. Por otro lado, hubiese sido interesante precisar desde dónde habla esa persona: ¿desde la institución? (no lo creo, ya que allí están las Muestras auspiciadas por el ICAIC); ¿o desde ese sitio invisible que se llama “rutina”, y que suele ser el lugar donde se cobijan los que temen convivir con los nuevos talentos?, ¿los que temen ser superados?, ¿los que no esconden el miedo a soñar?

De cualquier manera, en tu texto hay ideas suficientes como para dejar a un lado la identidad de aquel que niega el pensamiento de los jóvenes (o que lo mira con la arrogancia típica de esos que se piensan dueños de la Verdad), para adentrarnos en otras zonas no menos inquietantes. Por ejemplo, esa pregunta que me haces: “¿Contra qué se compara una obra artística cuando se quiere justificar su valía: contra las carencias del presente nacional, contra el legado cultural que un creador recibe de quienes le anteceden o contra el archivo universal de lo realizado en su manifestación artística concreta?”.

En varias entradas de este blog he expresado mis reservas sobre el carácter “artístico” del cine, pero en realidad, lo que me resulta cuestionable es ese hábito crítico de fomentar en los cinéfilos un horizonte de expectativas estéticas a todas luces desmesuradas. El problema es que por lo general seguimos pensando en el cine como si fuera una variante más de la literatura o la pintura. Y al aplicar esos parámetros de manera mecánica, lo único que se hace es postergar hasta el infinito las discusiones en torno a la naturaleza estética de esta nueva expresión. Por otro lado, el hecho de que hayan sido los políticos los que con más énfasis han defendido el carácter artístico del cine, añade motivos (tal vez injustificados) para la sospecha. Pero tienes razón: el análisis de “los problemas de artisticidad de la obra cinematográfica en cuanto tal” ha de formar parte de nuestros debates más urgentes.

Ahora, si bien resulta inobjetable esta demanda que haces, tampoco puede minimizarse esa circunstancia local a la que aludes en alguna parte de tu texto, y que tiene que ver con la carencia de un periodismo que explore en profundidad la realidad nacional. ¿Es arte un documental como “De tanqueros, buzos, y leones”?. Salvando las distancias, y sin ánimo de establecer fáciles comparaciones, para mí un documental como este cumple las mismas funciones que “Las Hurdes”, por ejemplo.

Es decir, no se trata ni siquiera de ponerle una etiqueta ideológica al material, sino de percibir y agradecer una mirada que está hablando de seres humanos ninguneados dentro del relato audiovisual de la isla. Pasaría lo mismo con esos personajes retratados por Sara Gómez en “Una isla para Miguel”. ¿Es artística esa actitud inquisidora con la realidad? Para mí si lo es.

Es más, prefiero al cineasta que prioriza las preguntas incómodas a esa realidad paradójica en que vive, al otro que apuesta por imitar en tono grandilocuente los paradigmas heredados de épocas espléndidas, armónicas, pero ajenas. A ver si lo digo bien: que hacer una película a lo Visconti me parece preferible a hacerla a lo Juan Orol, pero al final, lo único que estaré agradeciendo es el interés que el realizador ha mostrado por el ser común que somos. Y sabemos que tanto Visconti como Buñuel lo que tenían realmente en la mirilla era la realidad. Y no exactamente para embellecerla con la coartada del arte.

Sé que estoy mezclando la ética con la estética. Las pretensiones con el saldo. Pero en nuestra circunstancia insular es inevitable. ¿Tiene sentido ahora mismo un “arte” que no hable de los problemas más profundos que nos acosan?, ¿qué no muestre en su complejidad la convivencia social más allá de esos estereotipos que acuñan los políticos?

El gran desafío que veo para el audiovisual cubano (hágase donde se haga), es la superación de ese síndrome que nos hace sentir “ombligos del mundo”. Por eso es que insisto en la necesidad de percibirnos como parte de una gestión planetaria: solo de ese modo lograremos insertar otra vez nuestras historias locales en el río de la vida.

Te abraza,

Juan Antonio García Borrero

MARINA OCHOA SOBRE EL NO PENSAMIENTO

jagb 09/08/2009 @ 17:57

Querido Juany:

No me hace falta saber quien pudo haber señalado "la falta de pensamiento de los jóvenes". Lo he oído suficientemente entre personas atrincheradas en su generación, que quieren morir sin ceder el más mínimo espacio de sus a veces mínimas posiciones a otras generaciones que los sobrepasan y usan como un fuerte elemento descalificador el asuntillo del "pensamiento". Mi generación también fue acusada por su pensamiento. La diferencia es que a nosotros nos acusaron de tener "pensamientos diversionistas".

Es una coincidencia histórica interesante que estos jóvenes "sin pensamiento" son hijos en buena medida de aquellos jóvenes con "pensamientos diversionistas".Puede que no haya parentescos biológicos en algunos casos, pero si se han formado a nuestra sombra, a la sombra de lo que yo llamo la generación saltada- y eso ya sería otro tema con mucha tela por donde cortar-

Pienso que estas personas no solo reducen el concepto pensamiento a ideología, sino que lo reducen a una ideología particular. También pienso que tienen miedo a la posibilidad de existencia de un pensamiento desacralizador que solo adquirió la nuestra en un largo proceso de desmontaje de la fé que culminó en la década de los 90.
En mi intervención sobre los nuevos oficios me refiero a la falta de formación conceptual y cultural de muchos dominadores de las nuevas tecnologías que intervienen en el proceso de creación. Por ninguna razón esta idea debe extrapolarse a otros terrenos fuera de la creación y mucho menos asociarse con alguna descalificación de cualquier tipo. Quiero decir que hay noción y hay intuición conceptual y cultural pero no hay cultivo. Y me pregunto, ¿por qué en los programas del ISA no incluyen cultura cubana, cultura universal y...si, FILOSOFIA?. Y digo FILOSOFIA y no Historia de la Filosofía que no es lo mismo.

¿Sabían que tratar de meterse en el pensamiento filosófico de todos los que nos precedieron tiene la ventaja entre otras de desarrollar la capacidad de pensar en abstracto, de relacionar conceptos, y por lo tanto de enriquecer y dar coherencia a nuestro propio, valioso, único, pensamiento particular lo cual nos coloca, cualquiera que sea la generación o grupo de que se trate, en capacidad de intercambiar, polemizar, aceptar, negar otros pensamientos particulares, lo cual permitiría identificar y dar coherencia a corrientes de pensamiento que están ahí pero que no contamos con la herramientas para ir más allá de la percepción de las mismas?.

Negar la existencia de pensamiento en los jóvenes es convertirlos en simples lavadoras mecánicas y no puede haber en ello nada más que mala fé. Por Dios, los trataron peor que a nosotros... ¿serán más "peligrosos"?

Un saludo especial a los que no les ha llegado el pensamiento por la libreta. Debe haber un "faltante" o como los cigarros, solo "le toca" a los viejos.

Marina Ochoa

VICTOR FOWLER A PROPOSITO DEL POST “SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN”

jagb 09/08/2009 @ 11:50

Juan Antonio:

Tengo una pregunta a propósito del post “Sobre el pensamiento joven” ¿A qué se refería tu interlocutor innombrado cuando habló sobre la "falta de un pensamiento" en aquellos a los que, ambos, denominan "los jóvenes"? Préstese atención a que no critica alguna "falta de pensamiento" (cosa que incluiría, por ejemplo, las posiciones del artista como sujeto social, ante el país, sus problemas, futuro e historia), sino que lamenta la ausencia de un pensamiento. Inicias tu respuesta diciendo que el pronunciamiento de ese a quien no conocemos es: "...francamente ofensivo, además de inexacto hasta lo escandaloso" y terminas con un párrafo en el cual expones varias de los que consideras temas básicos para discutir sobre el estado del cine cubano de hoy.

Si la retórica no miente, según la manera en que organizas las palabras, ese último párrafo opera como una apelación; habría que discutir, de modo transparente y a lo largo del año, sobre problemas de producción, distribución o exhibición, además sobre algo (no se explica qué) para "naturalizar las nuevas ideas que impregnan a los realizadores de otras partes del mundo". Finalmente, habría que someter a crítica esa tendencia según la cual el dominio de la tecnología garantiza el arte; aunque cualquier historia de la cultura nos enseña que esto es consecuencia lógica de cada etapa de invención humana.

Otros momentos de tu texto parecen trasladar la discusión que ansías hacia escenarios políticos; en particular cuando hablas y afirmas que: "en provincias las dificultades son idénticas, o a veces peores, en tanto el diálogo con las autoridades culturales de la localidad no funciona igual, ni los realizadores tienen el mismo respaldo." Un momento más propone que haya debate "en términos donde el audiovisual cubano se perciba como parte del audiovisual que ahora mismo se hace en el mundo, y no como algo aislado." Para concluir con una frase hermosa: "Apremia “desmunicipalizar” nuestras reflexiones..."

Si no entiendo mal, son tres los registros mezclados que debieran, supuestamente, interesar a la crítica: las condiciones de realización de la obra, el problema del fetichismo tecnológico y la naturalización de ideas nuevas provenientes de esa cosa extensa a la que denominamos "el mundo". Lo sorprendente en lo anterior es que no a los problemas del cine como hecho estético; dicho de otro modo, los problemas de artisticidad de la obra cinematográfica en cuanto tal.

También he visto los materiales mostrados en las diferentes ediciones de la Muestra de Nuevos Realizadores y es claro que resulta deber apoyar su existencia, pero también es cierto que la acumulación merita que preguntemos dónde se encuentran los hechos artísticos y qué cosa no hace sino llenar los espacios vacíos que deja un periodismo maltrecho: el nuestro. En medio de todo esto, ¿qué cosa es el hallazgo? Justo lo que permitiría que nos coloquemos, a estatura igual, con esas "nuevas ideas" (reflejadas en obras concretas) que mencionas. La pregunta real, la que te enfrentaría al desacreditado interlocutor, es la que responde si hay algo nuevo en este cine cubano de hoy y qué es.

No me gustaría terminar sin abordar una cuestión pertinente al ejercicio de la crítica como tal. Recuerdo como un instante-joya cuando Michael Billingsley, sonidista de “El portero de noche”, me confesó que la escena en la que Dick Bogarde abre de un tirón los botones de la chaqueta, frente a una sometida Charlotte Rampling, había sido grabada con sonido directo en la primera toma; que luego fue repetida, pero que nunca más los botones "sonaron" como aquella primera vez. Para mí, que soy un fanático de la película, es un conocimiento emocionante, más para el crítico (o el público) resulta indiferente. Los críticos vamos a ver un producto terminado para el cual ninguna historia previa resulta de utilidad; juzgamos con la vulgaridad e impiedad de quien sólo tiene delante una obra, cosa que nos avisara Eliseo Diego en las líneas finales de ese hermoso poema que es “Riesgos del equilibrista”:

"¡ADELANTE!

decimos al equilibrista, retirándonos
al respaldo suficiente de la silla
y la misericordiosa tierra: nosotros
pagamos a tiempo las entradas y de aquí no nos vamos."

Desde este punto de vista, es indiferente la marca de las grabadoras de sonido o cámaras que se utilizaron, cuáles fueron los problemas de producción (terreno todos que esperan por los historiadores del cine), así como las relaciones que sean entre la obra y el poder (aquí el campo se abre para incluir la amplia gama de los analistas de la cultura y la ideología). ¿Contra qué se compara una obra artística cuando se quiere justificar su valía: contra las carencias del presente nacional, contra el legado cultural que un creador recibe de quienes le anteceden o contra el archivo universal de lo realizado en su manifestación artística concreta? El primer hecho crítico ante la obra es, simplemente, decirnos si es buena o no; el segundo, justificar por qué estamos en presencia de un hallazgo o no mentir cuando se trata de un caso de repetición o estancamiento respecto a logros anteriores (del autor o de ese autor mayor que es el archivo cultural con el cual el creador trabaja: el cine "mundial" que le precede y, muy en especial, de su propio país).

Creo que allí, en la valoración de la obra cinematográfica como acontecimiento artístico, se ubican tanto lo que permite "naturalizar" las conquistas de otros como el "pensamiento" que tu interlocutor lamenta no encontrar.

Victor Fowler

MARIO CRESPO SOBRE EL NO-PENSAMIENTO DE LOS JÓVENES

jagb 08/08/2009 @ 19:54

Mi estimado J. A:

Tu blog se pone cada día más provocador de ideas. He leído tu post sobre aquel que piensa que los jóvenes no tienen pensamiento y no me queda más que decir algunas cosas al respecto, pues aunque creo que por suerte no son muchos en Cuba los que piensan de manera tan conservadora y retrógrada, lamentablemente algunos que podrían combatir estas ideas, no dan el mejor ejemplo.

En un post anterior sobre el oficio del asistente del director, deslicé un comentario sobre lo largo que se hizo el proceso de "aprendizaje" para los de mi generación, que en su momento no contaba con la independencia para crear que tienen hoy los jóvenes artistas, gracias a la democratización alcanzada por las tecnologías. Este comentario tuyo, me da la oportunidad de explayarme en eso.

Creo que lo que pasa a algunos “viejos” es que al no comprender, no identificarse con el pensamiento de los jóvenes, prefieren ignorarlo, descalificarlo y en algunos casos hasta demonizarlo. No ven o no quieren ver la historia.

Hoy no sucede nada diferente de lo que ha ocurrido a través de la historia: los de una generación no desean reconocer a la generación que por ley le sucede y en nuestro país, el caldo de cultivo está más que a punto para que este sentimiento crezca, se desarrolle y se multiplique como la levadura. Pero en esto no me voy a meter ahora, no es mi interés y todos saben de qué estoy hablando. Hablemos entonces de lo que ha pasado en el cine cubano.

Vuelvo con mi manía de ir atrás, pero de otra manera no se explicarme y además me conviene. He comentado que cuando el ICAIC se fundó, muy pocos sabían de cine (el propio Titón, que era de los más formados por haber estado con Julio estudiando cine en Italia, se quejaba de cuántas herramientas le faltaban para hacer cine) algunos venían de la publicidad, otros de la televisión y la mayoría venían de “las ganas” de hacer y decir en una etapa fundacional y bullente de ideas y contradicciones. El talento sobraba, eso si. Como era necesario arrancar a trabajar, a hacer cine, pues nadie se puso a decir “tú no, por que tú no sabes o no tienes experiencia” había que hacerlo y punto. Momento feliz para el cine cubano.

Pasaron los años y esos jóvenes bisoños se convirtieron por obra de su gran obra inexperta, desmañada, pero repleta de ideas inquietas e inquietantes y talento, en los maestros que hoy dan su nombre a salas de cine, butacas en cinematecas y provocan análisis en ensayos y libros. Algunos, con menos suerte ¿o talento? no siguieron haciendo cine y se dedicaron a establecer las “estrategias” para el desarrollo del cine cubano. El ICAIC, único lugar donde por muchos años se podía hacer cine, se convirtió en un santuario cerrado que pronto empezó a morir por autofagia. Ahí entró mi generación.

Se creó el departamento de Programación artística y allí fuimos algunos y otros a la revista Cine Cubano o la Cinemateca. Pero no podíamos hacer cine por muchas ganas que tuviéramos –como hicieron en otro tiempo los fundadores- teníamos que aprender, asistir, mirar (cuidado, se mira y no se toca, tras, tras) porque no teníamos las ideas maduras, no sabíamos hacer las cosas, nos faltaba experiencia. Así pasaron los años y vino de nuevo la autofagia, la gangrena por la falta de circulación y… el cansancio de algunos. Ya íbamos por los finales de los ochenta. ¿Qué ha venido a salvar al cine cubano de su muerte? Las nuevas tecnologías que como siempre abanderan los jóvenes. ¿No se hace cine en Cuba? No, no se hace cine o se hace muy poco cine en el ICAIC, por fuera, esos locos, esos descerebrados, los irreverentes que no respetan las tradiciones (menos mal), los que tienen ideas locas e inextricables sobre el sexo, la política, la sociedad, el mundo y la ecología; craqueron softwares, tomaron cámaras pequeñas y robaron planos por todo el país, hicieron ponencias donde expresaron sus “no ideas” también guiones inquietos e inquietantes de nuevo y salvan el cine que una vez crearon sus abuelos. Por suerte los que piensan que los jóvenes no piensan son pocos. En el ICAIC lo han comprendido y ahí esta la Muestra de Nuevos Realizadores Cubanos que, sorteando no pocos obstáculos, miedos y aprensiones de algunos, ya cumplió ocho años de cine bueno, de ideas, debates y dialéctica, para la buena salud del cine cubano.

Sólo me falta decir que entre los jóvenes “que no tienen pensamiento”, se han infiltrado muchos que cuentan varios almanaques, más de setenta tal vez, que sí entienden el “no pensamiento” de los muchachos.

Mario Crespo