MARIO CRESPO CONVERSA CON VICTOR FOWLER
POR LA REFUNDACIÓN DEL DIÁLOGO, ESTIMADO VÍCTOR.
Por Mario Crespo
En lo que a mi respecta, una conversación sobre cine cubano nunca me parecerá baldía, menos si esta conversación es contigo y Juan Antonio. Haces bien en llamar conversación a este intercambio pues al fin, creo que los tres, aportamos puntos a un tema en el que básicamente estamos de acuerdo. Como no soy un polemista experimentado, trataré de no perderme en la gran cantidad de argumentos que expones para que la conversación tenga la enjundia a la que aspiras. Voy sobre todo a tratar de discurrir en aquello que tu crees, son desacuerdos en nuestros discursos.
Puedo arreglar la frase que me citas y decir: la política, /*fatalmente*/, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte. Y quiero insistir en la frase, pues también deseo destacar que en nuestro país, es dónde más se lleva todo al ámbito de lo político y el arte y el pensamiento están en el centro de la diana. Creo que no me expliqué bien, antes, pero no vale la pena ahora tratar de traducirme, sino demostrar que al fin no estamos tan en desacuerdo y tal vez, pasar a otro tema.
Mi interés, no condescendiente ni paternalista en lo absoluto, sino basado en la historia, es destacar precisamente lo que tu acabas de decir muy bien en las frases que te cito: “¿De qué modo conectar, en el análisis, a los nuevos realizadores con el mundo, sino introduciendo un mar de mundo en nuestras pantallas y goces de espectadores cinematográficos?” y con esto, das parte de la respuesta a tu propia pregunta cuando te adviertes que no hay razón para la ausencia de debates u ocasiones de encuentro sostenidas. Pero me gustaría ir un poco más allá. ¿Qué sucede de un tiempo a esta parte?
Me permito tomar de nuevo una frase tuya, “la lista de lo valioso que desconocemos, es tan desmesuradamente larga”… que da pena, agregaría yo. A eso me refería cuando hablaba de inopia. Me refería a la poca variedad de opciones desde las cuáles ir cimentando puntos de vista, creando cuerpos de opiniones estéticas, gustos, modos de expresarse. El talento es necesario alimentarlo. El deseo de búsquedas estéticas también. Incluso, no basta con revisitar a los clásicos del cine y la literatura una y otra vez, sino tener al alcance lo último que se hace y se piensa fuera de las fronteras, como único modo de construir un cuerpo de pensamiento y una “artisticidad” renovada, arriesgada, conectada con el mundo.
Creo que en este punto, me das la razón, cuando recuerdas cómo cuando éramos jóvenes, hace treinta años, veíamos a Godard, Fellini y Buñuel, Sartre, Grotowski y también a Einsestein, Pudovkin y una década antes (éramos adolescentes) se debatía acaloradamente en varios órganos de prensa criterios sobe el camino de la literatura y el arte, la educación, los medios y sus valores... Tú observas que la profundidad de las ofertas parece haberse contraído, para preguntarte: ¿Dónde es posible descubrir?
Pero hablábamos sobre la llamada “ausencia de un pensamiento” que defina a la última generación de cineastas cubanos, -pienso que puede marcarse ese declive desde mucho antes que apareciera esta pujante generación de los noventa, -la cual ha obligado a repensar estrategias a los dirigentes del cine rompiendo su inercia-, diría que desde los años ´70, y no sólo en Cuba, me atrevería a decir que es un fenómeno mundial.
Ya a mediados del siglo, Octavio Paz hablaba de la hiperbolización del Estado y su cada vez más, marcada presencia en todos los ámbitos, cuando lo definía como el “ogro filantrópico, que ha limitado la expresión de individualidades unidas en sus diferencias, manteniendo la impronta que las define, que fue lo que sucedió en los efervescentes años sesenta en nuestro país, pero que sucumbió, como expuse en post anterior, por falta de contendientes y a mi juicio, en el ámbito del cine, cuando desaparecieron los debates; cuando algunos jefes se fueron cansando, otros se burocratizaron y otros recibieron presiones, hasta que desapareció el ejercicio de la crítica y la polémica del panorama escrito y radifónico y en esa atmósfera de inopia verbal y conceptual, han crecido ya varias generaciones de cubanos.
Lo curioso es que al no conceder importancia a la relación creador-funcionario, reconoces lo que las decisiones de éstos últimos, determinan la variedad y calidad de la creación, cuando dices que por su carácter episódico, cambiarán tan rápido como lo político sea diferente. Me pregunto ¿cuánto han cambiado las condiciones, desde los años ´70 a esta parte, para la variedad de pensamientos y búsquedas en los estético?
Estoy de acuerdo contigo en que si los que diseñan las políticas públicas, no proporcionan más espacios de encuentros y discusión, será la gente la que tenga que hacer el esfuerzo por crearlos y defenderlos. Pero esto me lleva lamentablemente de nuevo, al ámbito de lo político, porque todo espacio de encuentro, de discusión y
alternabilidad de ideas, debe estar proporcionado y fiscalizado por instituciones, normas y consignas rectoras y guías. En el campo cinematográfico el único ejemplo que rompe con esto es la Muestra, pero sabemos que no basta.
Estoy de acuerdo también que /*algunos */de los trabajos de la Muestra, sólo vienen a sustituir lo que la maltrecha prensa nuestra no hace, otorgándole más valor periodístico que artístico al conjunto de esa obra. No obstante yo lo veo de una manera distinta, pues amén de que pienso que hay trabajos y creadores que se perfilan con muy buen futuro artístico, valoro también el carácter de crónica de esta época de apremios, necesidades, carencias, ausencias, que reflejan las obras de la última generación, que a pesar de todas las cosas faltantes, se esfuerza por expresarse artísticamente, aunque unos lo consigan mejor que otros. Tal vez estén dando un ejemplo al periodismo y la crónica y orienten un mejor futuro para el género. La decantación hay que dejarla a la historia. Los artistas y el arte quedarán, el oportunismo y la chapuza serán olvidados. Soy optimista y pienso que este siglo traerá sorpresas.
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