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Categoría: POLÉMICAS

MARIO CRESPO SOBRE EL CINE DE AUTOR O CINE DE AUTORES...

jagb 08/08/2009 @ 19:47

A propósito del comentario de Canel, me agrada "postear" algo, también comentando lo que dice mi tocayo Piedra: el nacimiento del denominado séptimo arte, marcó el inicio del final del creador individualista, romántico y solitario. Nace el cine en el siglo de las tecnologías, nace documental y tecnológico en las manos de Edison y los Lumiere y desde entonces no paró de transitar el camino de las tecnologías. Las demás artes, las que le antecedieron durante siglos, acabaron, por fuerza natural, incorporando lo tecnológico y en muchas de sus manifestaciones, se hicieron artes “compartidas”. El cine, la que más.

Esta idea del cine de “autor” en mi criterio surge de la necesidad de separar cierto cine, del cine de industria, y cuando digo industria, pienso en cadenas de producción, que es lo que hace una fabrica (en este caso de películas) en manos de un dueño que marca las pautas de cómo producir y con cuáles elementos. Aún así, no le queda más remedio que valerse de múltiples individualidades artísticas para obtener su producto y quiera o no, en la obra final estará el sello, la marca artística de aquellos talentos que intervinieron en su “manufactura”. Podremos convenir entonces, que aún siendo cine de industria, no de autor, siguen siendo muchas de sus creaciones, arte del bueno y otras no tanto y muchas más nada de arte tienen. Creo que todo depende de la actitud del dueño de la fábrica hacia los artistas que contrata y hacia la obra que pretende éstos realicen.
El productor puede entonces ser un “autor” artista o un mercachifle. La historia del cine (de Hollywood, por usar el ejemplo más evidente) está llena de ejemplos en ambos casos.

En nuestro país y en muchas cinematografías nacionales –que distan mucho de ser industrias-, la autoría pasó de las manos del productor a las manos del director y éste se convirtió en guionista, director y productor de “su” obra, apoyado por el Estado, instituciones y empresas, no arriesgando su capital, que en todo caso no tiene. Igual que el productor capitalista, el director “autor” tiene la última palabra en términos artísticos, pero al igual que aquél, no le queda otra que compartir el acto creativo y organizativo del producto. Su valor está en el emprendimiento, en aportar y movilizar la idea y dirigir su puesta en marcha y resultados. Aquí se repite, el mismo dilema: puede un director “autor” con los mismos elementos que otro, hacer una obra excelente, mediocre o francamente fallida y en cualquiera de estas opciones, haber participado artistas de gran valor como el músico que construyó una gran partitura, o el director de fotografía, con una excelente iluminación, o unos excelentes actores desperdiciados diciendo unos textos impronunciables.

Al entrar a jugar un papel cada vez más importante las tecnologías en la elaboración de la obra, el director “autor” tiene que ceder aún más terreno de su espacio creativo. Las tecnologías son cada vez más complicadas y están en manos de unos nuevos gurús, que accionan botones y acceden a inextricables procesos cibernéticos, incluso sin ser “artistas” según el concepto tradicional de la palabra. Pero es que tampoco los Lumiere se consideraron artistas, como no lo era el que hacía la emulsión para las películas, ni el que las revelaba. Tecnólogos de alta valía sí eran y siguieron siéndolo en el desarrollo tecnológico del cine que devendría en arte. Tecnólogos habrá cada vez más, en todas las artes y no tendrán menos valor en la elaboración de la obra, que aquel que los llama a concurso, sea el director o el productor industrial.

¿Dónde radica el valor artístico del director autor, o del productor autor entonces? Mi respuesta es: en su capacidad para unir al mejor grupo de artistas y tecnólogos. En su capacidad para hacer que esa gran fábrica que armó, trabaje de conjunto, en armonía artístico-tecnológica y produzca la obra soñada por todos.
Digo soñada por todos, porque desde que el director o el productor entrega sus papeles a sus colaboradores, comienzan una gran tormenta de ideas, una avalancha de fuerzas artísticas, de individualidades y tecnologías a jugar y a empujar.

Me gustaría recordar el ejemplo de Orson Welles, quien siempre ha sido un autor y reto a cualquiera a que lo niegue y entre sus mejores obras, aún él renegando, están las que hizo dentro de la industria. Otro ejemplo más reciente es el de Coppola, quien ha declarado a raíz del estreno de “Tetro”, que ansiaba hacer cine de autor y con esta película lo había logrado. ¿Sólo por que es el autor del guión original y por que la produjo con su capital? ¿Dónde quedan las geniales obras anteriores? Me gustaría preguntarle a mi admirado director de “Apocalipsis Now” y “El Padrino” en sus tres partes. Personalmente, sentí pena por Coppola cuando vi “Tetro” –nunca digo que una película es mala- pues no me gustó casi nada. Cuando digo casi nada, es que no puedo decir que me disgustó todo, tampoco puedo decir que es mala, pues faltaría al trabajo artístico de muchos buenos profesionales que dentro de una película que para mí es defectuosa, hicieron un buen trabajo, como es el caso del fotógrafo, el director de arte y los que diseñaron tan rocambolesca producción.

Todo esto me lleva al tema del “cine sumergido”, como lo ha bautizado Juan Antonio, y es un tema que cae más en lo social y en lo legal. Se trata de reconocer el carácter de artistas y de coautores de la obra cinematográfica de todos los que con su arte o su tecnología intervienen en la elaboración y terminación de una película. Para eso están los créditos, los premios, las menciones que hagan los críticos y las leyes que reconozcan su “pedazo” de autoría pero como decía en un post anterior, muchas veces en los créditos, en los comentarios críticos y la mayor de las veces en las compilaciones históricas y al legislar, se olvidan de sus nombres y participaciones. Esto obedece creo, no a mala intención o deseo manifiesto de adular o halagar sólo al fotógrafo, los actores o al director (que es la estrella más fulgurante, y responsable, la punta de la pirámide, estoy de acuerdo) sino que obedece a ignorancia.

Muchas ignorancias operan aquí para generar estas omisiones: se ignora el verdadero valor del trabajo de una script, de un primer asistente, del productor, del attrezzista o el ambientador. No se sabe realmente cómo funciona el mecanismo de esta peculiar fábrica que es una película. Lo que no imagino es cómo resolverlo sin gastar ríos de tinta, sin gastar horas debatiendo y sobre todo, exigiendo que se instrumenten mecanismos de reconocimiento (moral y material) para todos. Este arte es, eso si, de todo, menos democrático en todos los países, en todas las latitudes. Pero, ¿puede ser de otra manera? Esa es la pregunta más difícil.

Mario Crespo

SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN

jagb 08/08/2009 @ 16:50

A raíz del intercambio que estamos sosteniendo a propósito de las nuevas tecnologías, alguien me dice que lo que pasa con los jóvenes realizadores es que carecen de un pensamiento.

Esto se me antoja francamente ofensivo, además de inexacto hasta lo escandaloso: el hecho de que no existan canales para debatir de una manera sistemática, no significa que no existan ideas. Los jóvenes las tienen. Y muy lúcidas, por cierto. Conservo por alguna parte copias de aquellas pequeñas ponencias que fueron leídas en la Primera Muestra de Nuevos Realizadores (La Habana, 2000), porque me han servido para entender un poco mejor la visión de algunos de esos jóvenes que no forman (o no formaban entonces) parte de “la industria”, pero sí de esta época. Hay en esos escritos observaciones que la crítica tradicional todavía insiste en pasar por alto. O que sencillamente no alcanza a percibir.

Para algunos, más importante que el debate sostenido sería la producción incesante. En lo personal le concedo similar importancia a ambas gestiones. Un mayor número de producciones incrementa las posibilidades de encontrar mejores películas. Pero el debate “insomne” (para utilizar un término familiar en este blog) permitiría contrastar los juicios, que es el único modo de encontrar vías para superarnos.

Desde luego, si ese debate se quiere efectivo, tendría que plantearse en términos donde el audiovisual cubano se perciba como parte del audiovisual que ahora mismo se hace en el mundo, y no como algo aislado. Apremia “desmunicipalizar” nuestras reflexiones, y en este sentido sí coincido plenamente con Marina Ochoa cuando nos dice que: “Audiovisual es un concepto que urge esclarecer porque en mi opinión se expande como el universo y amenaza con no tener límites”.

El problema es que entre nosotros ese espacio para el debate perenne está por construirse. Por supuesto que están las Muestras, que a mi juicio vienen cumpliendo cada vez mejor con sus misiones. O los debates que se organizan en el Caracol. Pero eso, en cada caso, ocurre una vez al año, lo que en términos de discusiones, deja el asunto en niveles de catarsis. Lo cual es perfectamente entendible, pues, ¿quién va a desaprovechar esos quince minutos de micrófono que le conceden, para hablar de sus propios tropiezos y limitaciones? Pasados esos quince minutos, la realidad insiste en permanecer intacta, porque no se ha ido a las esencias. Además de que se sigue focalizando la discusión de esos problemas en La Habana, cuando en provincias las dificultades son idénticas, o a veces peores, en tanto el diálogo con las autoridades culturales de la localidad no funciona igual, ni los realizadores tienen el mismo respaldo.

Se necesita fomentar canales que permitan discutir de modo transparente a lo largo de todo el año tanto los problemas de producción, como los de distribución, o de exhibición. Pero también que permita naturalizar las nuevas ideas que impregnan a los realizadores de otras partes del mundo. El audiovisual moderno, tal como la veo, no es la suma de aparatos nuevos que se utilicen en la realización de una película, sino el resultado de esa voluntad que intenta rescatar lo paradójico de la existencia humana, y dialogar críticamente con ella.

Juan Antonio García Borrero

DE KAREL DUCASSE A GUSTAVO ARCOS

jagb 07/08/2009 @ 18:58

Gustavo:

Muy bueno tu comentario, hace rato que ansiaba responder alguna de los escritos que me habían sugerido emociones o ideas, pero el trabajo me tenia demasiado complicado, pero esto de la UNEAC, bueno, amerita una pequeña reflexión. Para empezar gracias a Juani por este Blog.

Bien sabido es cuan difícil, casi imposible, se ha hecho en los últimos año, el ingreso como miembro de la Organización, no solo para aquellos que lo ansían por el prestigio que esto supone, sino por las ventajas que ofrece a la hora de hacer trámites, gestiones de viaje, congreso u otro tipo, siempre tan difíciles en un país dominado aún demasiado, por esa burocracia de la que se burló sabiamente Titón.

Estoy de acuerdo contigo en la necesaria valoración que deben recibir, oficios que hace años no existían, o que han cambiado según las tecnologías que hoy los moldean o condicionan, y mas aún, en tu reflexión acerca de la necesidad de saber qué tecnologías; aparte, lo mas importante es y seguirá siendo la existencia de un pensamiento critico, profundo y consecuente con uno mismo.

De esto debemos seguir pensando los creadores, para no creer tonta e ingenuamente, que el CTP, el FLASH, el COMBUSTION, el AFTER EFFECTS y el ILUSSION, lo pueden hacer todo, sin contar con ese ser humano inteligente y esforzado que esta detrás del ordenador.

Pero igual creo que habría que establecer limites, poner algún medidor, para que todo no siga cayendo en esa subjetividad tan peligrosa, que a veces puede hacer pensar en preferencias personales o amistades peligrosas. ¿Cuantas obras hay que hacer para ingresar a la UNEAC, cuántos premios se deben ganar, cuantos comentarios de Prensa nos deben hacer? Ojo, igual estoy de acuerdo con Manolito Iglesias en que debe haber un tope, un criterio de selección que privilegie a aquellos que verdaderamente tengan un curriculum interesante que mostrar, no tanto por los Premios logrados, que eso puede considerarse subjetivo o al menos no como algo determinante, sino por la calidad humana, técnica y artística de lo creado. Pero sin exagerar, que no estamos en un país desarrollado, con una Producción ampliamente sustentada por grandiosos presupuestos.

Pero igual, para aquellos que les nieguen, con razón o no, el ingreso a esta organización, les recuerdo que primero que todo uno mismo debe sentirse artista o no, uno mismo debe apreciarse, uno mismo debe estudiar, uno mismo debe trabajar a diario, uno mismo debe filmar, pintar, esculpir, escribir o lo que haga, pero siempre con esa sensación de que en eso le va la vida. Pertenecer o no a la UNEAC, no necesariamente debe significar, que tu obra es valida o no. Antes que eso, creo que nos debe preocupar, como artistas y como cubanos, aun más, que estamos haciendo de nuestro país y de nuestro destino. Eso me parece aun más apremiante.

Gracias,

Karel Ducasse Manzano, director del documental ZONA DE SILENCIO.

OTROS COMENTARIOS DIRIGIDOS A GUSTAVO ARCOS Y GARCIA BORRERO

jagb 06/08/2009 @ 19:28

Gustavo:

Leí en el blog de Juan Antonio tu carta sobre los nuevos oficios en el arte audiovisual y los criterios que deben regir a la hora de aceptar el ingreso de nuevos miembros en la UNEAC. Creo que tú mismo diste la clave al final detu propia carta: “¿Dónde está hoy la auténtica creación y dónde la habilidosa aplicación de técnicas o saberes?”

Tener ese criterio en nuestras mentes facilita la lucidez para tomar decisiones. Hay mucho que hablar sobre este tema. Creo que puedo emitir algunos criterios al respecto, que serían los míos y que pudieran entrar en pugna con los de otros, y te prometo que lo haré pronto, porque son necesarios para que en la UNEAC estén solo los verdaderos creadores, la indiscutible élite de los artistas cubanos. Para agrupar a todos los trabajadores de la
cultura estarían los sindicatos.

Lo mejor de tu carta es la necesidad de polemizar que generan tus argumentos, tus interrogantes con respuesta implícita.

Abrazos,

Manolito Iglesias, editor de cine.

Gracias, Gustavo. Me parece muy interesante todo lo que se ha planteado al respecto. Soy del criterio que para ingresar a la UNEAC debe tenerse ya un cierto reconocimiento, un nombre, cierto prestigio, que no necesariamente implique que se tenga que tener más de cuarenta años con una larga trayectoria. Hay jóvenes talentos que en un solo trabajo o un par de ellos, ya pudieran merecer el ingreso. Estoy pensando si la sección de Cine, Radio
y Televisión, no debería cambiar su nombre a la de Cine, Radio, Televisión y Video. En cuanto a lo de las especialidades, pienso que independientemente de que algunas pudieran ser muy técnicas, creo que la maestría de cada persona es la que puede darle el rango de verdadero artista, y que esto cada cual tendría que ganárselo con su trabajo. Sin ánimo de comparaciones, en las Academias de Cine, ya sea en España, o en EE.UU., para ser admitido hay que tener un cierto prestigio y obra. Aquí no tenemos ese tipo de academias
de cine, ni de TV, pero la UNEAC viene a sustituir ese rol. Un maquillista, un especialista en trucaje con una labor destacada no me ofrecen dudas. Yo no consideraría el ingreso a la UNEAC de aquellos especialistas técnicos audiovisuales que pudieran considerarse equivalentes a científicos que para el cine inventan lentes o cámaras especiales y son reconocidos con premios por su labor, ya que ayudan a la creación artística de otros colegas. Ellos no son artistas, sino científicos o técnicos.

Mario Naito, Presidente de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica.

Gus,

Me han llegado tus pensamientos por tres vías diferentes! Me parece muy bueno que nos remuevas las neuronas y que pongamos la materia gris a imaginarnos el futuro.

Tenemos unos pendientes con el crecimiento.

Un abrazo

Inti Herrera, productor.

Juan:

No tengo ánimo ni tiempo de entrar en una polémica, baste decir que el sonido, el color, las pantallas anchas, los lentes con más luminosidad, la Nagra para el sonido directo, y ahora los efectos digitales no son de por sí Arte, pero si el director tiene talento y algo que decir, pueden ayudar CONSIDERABLEMENTE... Ya que el cine no sólo es Arte e Industria, sino también TECNOLOGÏA APLICADA...

Abrazos,

Fausto Canel, director de “Dasarraigo” y “Papeles son papeles”.

MARINA OCHOA SOBRE EL AUDIOVISUAL EN CUBA

jagb 05/08/2009 @ 18:43

Queridos Gustavo y Juany:

Leyendo el trabajo de Gustavo me pregunto si es que estamos en épocas de redefiniciones conceptuales o si los conceptos clásicos nos siguen sirviendo igual puesto que se refieren a las esencias.

¿Qué elementos identificativos, propios define una obra para televisión o para cine? me refiero esencialmente a los géneros que ha utilizado el cine para su expresión, que por otra parte se hacen cada vez más mixturados. En el nacimiento de nuestro cine nosotros nos volteamos hacia los conceptos europeos, que por su gran herencia cultural reconocían y hasta donde sé siguen reconociendo en el caso del cine, como creadores lo que los norteamericanos identifican como técnicos, quizás influenciados por un coctelito donde la televisión mezcla con el sistema de estrellas.

¿Qué elementos identificativos propios hacen que el videoclip o el corto de arte sean considerados un producto con atributos conceptuales y técnicos muy recientes?. En las mejores obras más contemporáneas están presentes todos los conceptos manejados por nuestra cinematografía 40, 45, casi 50 años atrás.

¿Que le deben a “Cosmorama” de Enrique Pineda?¿Qué le deben a “Now”? ¿Qué le deben los documentales más atrevidos a Nicolás Guillén Landrián, a Santiago Älvarez?. Hasta ahora no he descubierto ninguna obra que no utilice los conceptos presentes en los clásicos, ya nuestros, ya foráneos, independientemente de las técnicas utilizadas.

Y siguiendo con las referencias, hay "fondos" que son verdaderas obras de arte desde el punto de vista plástico. ¿Están los fondistas en nuestra asociación o están en la sección de artistas plásticos o no están en alguna parte?¿Y los coloristas, han estado en alguna parte? A la hora de clasificar cualquiera de las obras a las que te refieres creo que ayudaría preguntarse ¿cual es el elemento formal que la define? ¿cuál el elemento conceptual?¿cuáles los valores artísticos? Esto también podría conducirnos a otro laberinto.

Hay mucho dominio de las técnicas más modernas pero te puedo asegurar por ejemplo que a una enorme cantidad de editores digitales le faltan formación conceptual y cultura y el montaje como tal, para bien o para mal lo hace generalmente el director porque rara vez encuentras entre estos grandes dominadores de la tecnología, verdaderos montadores -y aquí sí me cuece la nostalgia- a la altura de un Nelson Rodríguez, Osvaldo Donatien, de Julia Yip, de Abello, Lina Baniela, el hermano de Pastor Vega ¿Es acaso editor el que domina una tecnología y corta por donde dice el director y no sabe nada de ritmo interno ni externo, y hace los efectos que el director le pide donde el director se lo pide, y le aburren los documentales de testimonios y los quieren picotear para hacerlos amenos sin importar la mutilación de la idea? ¿Cuántos editores cómo estos aspiran a miembros de nuestra sección o ya lo son?

¿A cuántos camarógrafos puedes pedirle una fotografía refiriéndote a la luz o color de una obra de Amelia Peláez?. ¿O referirte a Fidelio Ponce o Carlos Enríquez o Portocarrero en una conversación acerca de texturas visuales?

Lo pongo como ejemplo de lo complicado que es la situación, y no hablo solo por mi experiencia propia. Esto es conversación obligada de todos los documentalistas que tratamos el género como arte, o intentamos tratarlo.

¿Tecnología?¿artesanía? ¿arte? Esta definición entiendo yo es anterior a si es una obra plástica o audiovisual.

Audiovisual es un concepto que urge esclarecer porque en mi opinión se expande como el universo y amenaza con no tener límites.

Disculpen por aportar más inquietudes a las vuestras

Un abrazo

Marina Ochoa

UN PAR DE IDEAS MÁS: OPTIMISMO TECNOLOGICO VS. ARTE

jagb 05/08/2009 @ 14:03

No quiero intervenir demasiado en esto que estamos discutiendo, a raíz del post de Gustavo Arcos, porque lo interesante de la cultura del debate está justamente en la posibilidad de escuchar a los otros, y aprender. Y este es un tema tan reciente que apenas hemos tenido tiempo de pensar en él.

Hace un par de meses descubrí a través de Ernesto Sábato una observación de Camus, que tengo la impresión podría iluminarnos también en esta zona. Porque en el fondo lo que nos estamos preguntando es si el cine puede aprovechar esas formidables herramientas que nos aportan las nuevas tecnologías, para devenir “más artístico”, es decir, más humanista. Y como lo de las nuevas tecnologías ha devenido un asunto de “último grito de la moda”, es posible que se haga entre nosotros cada vez más hegemónica la idea de que el cine es cosa del pasado, que ya no hay nada que buscar allí, pues gracias a los sofisticados programas informáticos que aparecen todos los días, las películas casi que nacen “hechas”.

Sin ánimo de parecer apocalíptico: esto es un espejismo atroz, cuyas consecuencias resultan todavía insospechadas. Si no somos capaces de argumentarles a los más jóvenes (o a los usuarios más recientes de esas tecnologías, pues lo biológico no es lo que determina su uso) que no necesariamente todo “lo nuevo” es superior, estaremos viviendo dentro de poco un período donde los efectos especiales importarán más que la realidad misma. Y en medio de todo eso, ¿en dónde encontraremos al hombre de carne y hueso?

Desde luego que me parece genial que en el audiovisual cubano cada vez aparezcan más y más signos de “modernidad”, entendida en su sentido tecnológico, pero haría falta no perder de vista la parte espiritual, que es la única manera de captar al ser humano concreto de una forma realista. Y con ello contribuir a mejorar nuestros males, que no son pocos. Yo no creo exactamente que el “verdadero arte” salve al mundo, pero por lo menos contribuye a que tengamos una idea menos inocente de esos programas mesiánicos que periódicamente, aquí y allá, nos van proponiendo los poderosos y sus voceros. Por eso la reflexión de Camus moviliza en mí tantos sentimientos encontrados:

“Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrupta en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión.”

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS Y LOS NUEVOS OFICIOS (2)

jagb 05/08/2009 @ 11:15

Juany:

Volviendo sobre el tema de las “nuevas” especialidades del audiovisual. Como ya comenté, el asunto tiene múltiples aristas. Como las cajas chinas, abres una y aparece otra y así sucesivamente. He conversado sobre esto con varias personas, realizadores, teóricos, técnicos, docentes y cada uno ofrece criterios interesantes, atendibles, razonables, y también polémicos. Es bueno que existan puntos en conflicto y que las preocupaciones que compartí contigo hace unos días hayan suscitado varios comentarios. Esa era la idea y ojalá tengamos más. La homogeneidad suele ser aburrida y producir monstruos o falsas creencias de que todo marcha bien.

Una cosa es cierta, el cine, como el audiovisual tiene la singularidad, desde su acta de nacimiento, de implicar a la industria. Por décadas, esa “mancha” lastró su legitimación como arte y cuando tal debate parecía superado aparecieron los videos y las nuevas tecnologías digitales. El cine ha tenido que lidiar contra los más diversos obstáculos y su acta de defunción ha sido firmada más de una vez. Asistimos a una transformación total del lenguaje cinematográfico atendiendo a las nuevas formas y espacios de producción, distribución o exhibición, los nuevos soportes y formatos o la mezcla de géneros y estilos narrativos aportados por el amplio acceso que tienen en el mundo de hoy aquellos que se interesan por este arte. No debe olvidarse que su naturaleza combina por igual a técnicos y a artistas, porque además se trata de un arte colectivo en el que intervienen muchos especialistas que de una u otra forma influyen en el resultado final de la obra. Desde este mismo espacio, Pucheaux y otros con sus memorias y anécdotas han ofrecido una lección en este sentido.

Hay que situarse en el tiempo que uno vive y hoy para bien o para mal las nuevas facilidades que brinda la tecnología inundan prácticamente todas las obras o productos audiovisuales. Los problemas artísticos que décadas atrás enfrentaban muchos filmes se resuelven hoy con el golpe de una tecla de ordenador. Lo que antes llevaba días o semanas e implicaba el esfuerzo de varios creadores, hoy puede solucionarse en cuestión de minutos gracias a un software universal.

Tal certeza por brutal o aplastante que sea no debe hacernos olvidar que, como ha dicho alguien, lo que importa no es la cámara, sino lo que colocas delante de ella. Ese debe ser el camino, prestar atención no al artificio o la habilidosa ejecución técnica (ahora, una posibilidad real para muchos) sino al resultado, al sentido artístico o estético que puede estar detrás de cada obra. Hoy cualquiera puede tener decenas, centenas de trabajos realizados, pero cuántos de ellos llegan a tener real importancia o trascendencia. Cuántos se han dejado la piel, en ellos. No se trata de clamar y llorar por el Orson Welles del presente, el Alea, el Billy Wilder o el Rocha de nuestros días. Bastaría con que se preguntaran, qué es lo que quiero decir con mi obra y hasta donde soy capaz de, formal o conceptualmente, llegar con ella y ojo, que en ese camino no están solos.

Un abrazo,

Gustavo Arcos.

MARIO PIEDRA SOBRE EL VERDADERO CINE CUBANO SUMERGIDO

jagb 04/08/2009 @ 22:09

Querido Juany:

Quizás este comentario no guste a muchos, pero no puedo evitarlo. Aborda,como dice Gustavo Arcos, una zona "muy escabrosa" de nuestro audiovisual.

Siempre que he escuchado sobre el cine cubano "sumergido", he pensado en lo que ahora aborda tu blog: asistentes de dirección, directores de fotografía y de arte, técnicos de trucaje, escenógrafos, choferes, pintores, luminitos y toda la pléyade de especialistas que hacen posible al cine cubano, para muchos, un cine de "autor". Creo que ese es también un mundo muy sumergido, e
incluso, más injustamente sumergido que otros que vamos conociendo.

Como sabes mejor que yo, la visión "zen" de las cosas, advierte que en su principal fortaleza se esconde su principal debilidad. Declarar que "el cine es un arte", fue un enorme acto de osadía y voluntad que trazó derroteros cuyos frutos, más allá de cualquier discusión, recogemos al hacer un balance del cine cubano del 59 al presente. Esa idea propició la aparición de los grandes filmes de los cuales hoy todos nos enorgullecemos; y que conste, no me refiero
solamente a los "grandes" de la década llamada prodigiosa.

Pero esa declaración también tiene su lado oscuro. Sobre todo porque su asunción se vinculó rápidamente a una visión, a una manera de hacer cine, que conocemos como "cine de autor". Que, dicho sea con perdón, no es sino la hiperbolización del cine amateur.

Según esta visión, todo el que se coloca en la posición de "autor"
-quien dirige una película, para entendernos- si no entregó previamente su alma a las exigencias del mercado, se vuelve un "artista", demiurgo cuyas decisiones están más allá de cualquier cuestionamiento. El problema consiste en que cabe la posibilidad de que nuestro "autor" no sea realmente un "artista", sino apenas
un empecinado suficientemente persuasivo.

Y es aquí donde entran todos esos "oficios invisibles", esos "resistentes de dirección", o luminotécnicos, o lo que fuera, todos lo que fueron ayudando a crear una película dando ideas, sugiriendo sutilmente, apoyando con su trabajo y (ahora sí) profesionalismo, las carencias, dudas, incongruencias y
limitaciones de nuestro aplaudido (o denostado) "autor".

Esos "autores" que se enamoraban gratuitamente de una locación que
multiplicaba por diez los costos, o que llegaban al "set" sin siquiera imaginar dónde iría la cámara, o que necesitan 7 planos de lo mismo "para estar seguros", o que extendían el tiempo de filmación al infinito porque "no veían los planos", en fin, todos aquellos "autores" que sin el apoyo de una pléyade de técnicos, asistentes y colaboradores, sólo hubieran sido una caricatura
lamentable de lo que pretendían ser.

Si no fuera porque se trata de un improbable trabajo de arqueología
cinematográfica, valdría la pena dilucidar cuántas de esas películas de otros tantos "autores", no son sino el resultado de un equipo convenientemente "sumergido". Pero, a toda costa, había que mantener que "el cine es un arte" y, por lo tanto, sus realizadores eran "artistas".

Creo francamente, Juany, que el apoyo y participación de todos esos
compañeros que constituyen el (otro) "cine cubano sumergido", son muy necesarios para establecer, sin muchos miramientos, verdaderamente "a cómo tocamos" en el cine cubano.

Un abrazo

Mario Piedra

A PROPÓSITO DE LAS INTERROGANTES DE GUSTAVO ARCOS

jagb 04/08/2009 @ 19:40

Gustavo:

Me has dejado pensando, y mucho, con esas abundantes ideas que anotas en el post anterior. A mi me parece, por ejemplo, que lo realizado por Jorge Pucheux para “Memorias del subdesarrollo” es algo técnico que, sin embargo, fue decisivo para la factura final que (en cuanto a arte) presenta esa secuencia del filme. Se trata de un ejemplo envidiable que nos pone al tanto de cómo las tecnologías pueden ayudar a que el cine se exprese con más profundidad que el simple documental. Pero, ¿sucede lo mismo cuando se utiliza la tecnología solo para hacer gala de una actualización que siempre será efímera dados los cambios incesantes, y dejando a un lado los aportes de la tradición?

Intentare sumar algunas ideas muy personales. Lo primero tal vez sea preguntarnos si ese cine que hoy predomina es, de veras, “arte”. Esta consulta puede sonar decepcionante (cuando no escandalosa) en boca de alguien que se presume lucha por promover la memoria del cine cubano en su totalidad, sin importar las consecuencias.

No tengo dudas de que ese registro exhaustivo será importante incluso para nuestro futuro, porque en la distancia nos permitirá apreciarnos críticamente; cada una de esas películas que se han hecho (sean artísticas o no, lo mismo en la isla que fuera de la isla), reflejan diversos fragmentos del ser nacional, evaluados ya sin esa cisura ideológica que ahora mismo atenta contra el análisis diáfano de lo que ha sido nuestra existencia.

Para mí el cine tiene el mérito de mostrarnos esas pequeñas y numerosas historias que es imposible vislumbrar cuando se invoca a las ideologías, pero a mi juicio eso no tiene mucho que ver con el arte, sino con las gestiones culturales. Al menos yo no voy al cine rebuscando réplicas fílmicas de cuadros de Goya o Van Gogh. Si las encuentro (y eso no ocurre con la misma frecuencia que cuando uno entra al museo), salgo espiritualmente iluminado, desde luego. Pero en el cine, como espectador, me interesa detectar las formas en que se articulan discursos más generales, y estudiar los modos en que se ponen en función de un interés (a todas luces político) que rebasa a quienes lo hacen. Y estudiar también las maneras en que los cineastas, aquí o allá, resisten esas invasiones institucionales a sus marcos privados de creación.

Con esta poca disposición que tengo a aceptar a un tipo de cine mayoritario como “arte” (¿puede ser arte lo que Hollywood y sucedáneos nos recicla una y otra vez, como si se tratara de una misma marca de coche?), me resulta embarazoso pensar en quienes ejercen los nuevos oficios sin un respaldo de lo que ha sido el lenguaje cinematográfico hasta hoy, como “artistas”, al menos en su sentido más aristocrático (aquí no me refiero a linajes formales, sino a jerarquías del espíritu, que es lo que al final marca las diferencias entre un auténtico artista y alguien que se conforma con imitar lo que está de moda).

Pregunto: ¿habría algún problema en reconocernos como artesanos de la imagen, incluso hasta cuando la consumimos?, ¿por qué no hablar de ese cine dominante como lo que es: una industria cultural? Eso no tiene absolutamente nada de negativo. No sé, es que en lo personal, cuando leo y releo a Borges, por mencionar uno, me siento sencillamente un iletrado.

¿No sucederá lo mismo cuando alguien termina una película con tecnología de punta, y esta tiene “¿la suerte?” de ser exhibida en televisión justo después de “El ciudadano Kane” o “La Strada”? Para esclarecer un poco más la idea: que está muy bien reconocer la existencia de todos estos nuevos oficios, pero hay que cuidarse de no confundir al que fabricó el lienzo donde pintaron “Guernica” con Picasso. A todas luces, son funciones y habilidades distintas: en el caso del cine, tal vez su Arte está en la sumatoria de todo, pero una cosa es lo que hizo Pucheux con el efecto logrado en “Memorias del subdesarrollo” (allí si hay un efecto artístico que difícilmente podremos ver reproducido, no obstante la existencia de sofisticados programas), y otro el jugueteo con las distintas posibilidades que aporta el menú de determinado programa informático.

De lo que hablo es de mostrar un poco más de humildad a la hora de pensarnos como “artistas” o “intelectuales”. Que predomine menos ese ego camorrista que suele convertirse en el ombligo del mundo, para concederle un poco más de valor a la observación meticulosa de lo que la tradición ha hecho llegar hasta nosotros. ¿Cuántos siglos necesitamos para que existiera la obra de un Carpentier, un Lezama, o una Dulce María Loynaz? Varios. Por eso es que me parece un espejismo letal creer que apenas un siglo de cine cubano nos puede reportar tantas cantidades de “arte fílmico”, distribuidas en pequeños estancos que, aislados entre sí, nada aportan al conocimiento del Ser en su integralidad: ¿qué decir de tanta tecnología que recién comienza?, ¿qué nace y se hace vieja a los dos días?

Ahora, si de lo que se trata es de concederle “identidad” a aquellos que se mueven en un mismo contexto, que intercambian inquietudes comunes, ingeniosidades más o menos parecidas, ideas donde el plural del número de bocas no garantiza necesariamente la riqueza de perspectivas, entonces sí puedo entender que nos quedemos en la superficie del asunto, y dejemos atrás lo que realmente interesaría: contribuir a que las nuevas tecnologías hagan del cine cubano una herramienta perdurable que permita adentrarnos en los misterios de nuestra existencia. En sus insondables paradojas.

O sea, apelar al cine como sueño que contribuye a liberarnos, no como espejo engañoso donde solo descubrimos a diario caricaturas de nosotros mismos.

Te abraza,

Juan Antonio García Borrero

PUCHEUX SOBRE EL POST DE GUSTAVO ARCOS Y LOS NUEVOS OFICIOS EN EL AUDIOVISUAL.

jagb 04/08/2009 @ 19:23

SOBRE EL POST DE GUSTAVO Y LOS NUEVOS OFICIOS EN EL AUDIOVISUAL.
Por Jorge Pucheux

Hace unos días me levanté temprano y a las pocas horas me vi envuelto de pronto en el asesoramiento de un nuevo canal de cable. Ya hace varios años que solo hago algunas pequeñas cositas en Producción, pues me dedico a impartir clases en mis dos Universidades varios días a la semana. No obstante esta nueva vida, me interesé en ayudar a gentes que tenían un canal de cable, pero que al respecto nada sabían. Allí me enfrenté a situaciones diversas, entre ellas las mismas dudas que Gustavo ha dejado escritas en su Post sobre los nuevos oficios en el audiovisual.

A partir de este Post me gustaría tratar de ayudar en lo que mi experiencia me permita en relación con este nuevo tema, porque sí es un nuevo tema, aunque parezca que no. Gustavo bien se hace todas un serie de preguntas que aún en muchísimos lugares no han podio ser respondidas.

Permítanme volver a hacer referencia a TRUCAJE del ICAIC, y preguntarnos, qué hacía, cuál era la verdadera función de este departamento en todo el proceso cinematográfico. Su trabajo principal era ayudar, colaborar con los realizadores a encontrar un Diseño de Imagen, en los efectos visuales, en los créditos y demás manipulaciones visuales -totalmente coherente con su historia- mensaje; allí se distribuían los procesos visuales por especialistas, se discutían estos con los directores y editores y luego se llegaban a las etapas de ejecución de los mismos.

Primero, todo el personal estaba totalmente capacitado, tanto técnicamente como artísticamente, no solo en el Mundo audiovisual, sino en la Cultura en general. Recuerdo los pequeños encuentros entre compañeros para discutir sobre una obra literaria determinada, o una buena composición musical, amén de los debates de películas. Después del almuerzo, Ávila servía de moderador, y allí en el salón de descanso se hablaba de Arte todos los días. Había ocasiones en que éramos regañados, pues nos pasábamos del tiempo libre para el descanso.

Trucaje era entonces el catalizador de todo cuanto se realizaba en Diseño y manipulación de la Imagen dentro del Instituto. Logramos tener la confianza y hasta una total libertad creativa por parte de los directores, productores y directivos. Pero, ¿que acontece hoy?

Voy a poner un ejemplo. Hace ya unos cuatro meses que fui invitado a unas pláticas en Guadalajara, en 3dmx, Digital Design University. Toda una institución dedicada solamente al trabajo creativo digital.

Allí el tema que abordé fue SABER SER UN BUEN COMPOSITOR DE IMÁGENES, (porque también eso es lo que hacemos). Estuve con ellos varios días, que me resultaron muy provechosos, pues me hicieron comprender muchos de las interrogantes que Gustavo se hace con razón. Esta Universidad, donde solo se estudia, repito, todo lo que se debe saber para trabajar en 2 y 3D y que también tienen una Casa Productora donde realizan sus pequeños proyectos, estaban enfrentando dificultades con sus realizaciones y proyectos audiovisuales y todo era debido a que había una pequeña laguna en su comprensión del lenguaje audiovisual y el manejo de estos elementos dentro de una historia determinada.

La 3dmx, es una excelente institución que ya marcha, contra viento y marea, hacia delante. Muchos de los jóvenes allí comprendieron el papel que juegan estos elementos y que hay que conocerlos y estudiarlos, agregándoseles lo que significan también el estudio de LA PUESTA EN ESCENA, LA DRAMATURGIA, LA CONTINUIDAD DE LAS ACCIONES DRAMÁTICAS, El RITMO, EL ESPACIO FÍMICO, LA DIRECCIÓN ESCÉNICA y muchas especialidades más. Ahora ya están claros en eso y funcionan muy bien. Incluso ya están produciendo un serial histórico. (Si no allá en La Habana, en el ICAIC profundo, pregúntenle a mi hermano, Ernesto Padrón, en dibujos animados, que recién está trabajando un largo de animación en 3D).

Otro aspecto que veo por acá, es que cualquiera que conozca el Photoshop, o cualquier programa de FX o de edición, ya se considera toda una estrella. Algunos si son graduados de Universidades en Diseño gráfico, otros en Comunicación, otros en Publicidad, en Merca, en Artes plásticas, etc, pero, ¿qué conocimientos tienen de todos los elementos que conforman un producto audiovisual? ¿Han integrado todas estas especialidades? ¿Hoy día se estudia así?, ¿Integrando todas las especialidades?.

Creo que aun no. Y pienso que por ahí está el gran problema. ¿Qué sabe un Publicista o un graduado de Comunicación de dramaturgia, o de puesta en escena, o un Diseñador gráfico, de la animación, del Story Board, de la continuidad, del espacio fílmico, del valor del frame o de varios, o de dónde salió el plano americano, o la diferencia en tanto su significado entre un Dolly in y un Zoom in??? Esto solo lo logran algunos que si se preocuparon desde el inicio en estudiar al menos empíricamente. Muy bueno que ya tienen un Plus, saben de su especialidad.

Gustavo se preguntaba ¿qué hacer?, ¿dónde colocarlos?, ¿seguir desparramándolos en secciones y más secciones? Gustavo, muy buena preocupación. Yo también estoy preocupado. ¿Qué hacer? Pues resumiendo te diré, primero, a mi parecer, realizar planes nuevos de estudios mucho más integrales, segundo, para los que ya están realizando, trabajos, planes de titulaciones o Talleres integrales, donde aprendan de todos los elementos que SI realmente conforman el mundo audiovisual.

Gustavo, te repito, aun estoy confundido, disculpa, pero el asunto es bien complicado. Aquí solo he tratado de arrojar un poco de más Luz. Si opino que es muy importante dedicarle tiempo a este asunto.

Solo soy un trabajador más de los Medios. Espero que otros especialistas, con mucho más elementos, se dispongan a trabajar en la definición de este problema, o mejor, de este tema. Que ya quedó con tu Post, en el tintero.

¡¡¡Saludos¡¡¡