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Categoría: POLÉMICAS

A PROPOSITO DE UN COMENTARIO SOBRE EL CINE CUBANO SUMERGIDO

jagb 24/05/2009 @ 22:47

A propósito del post sobre lo que alguna vez he nombrado “cine cubano sumergido”, alguien que firma MOVIMIENTO NACIONAL DE CINE AFICIONADOS DE CUBA (MOCAC), y que deduzco sea el señor Raimundo Torres Díaz, ha colgado el siguiente comentario:

“EL VERDADERO MOVIMIENTO DE CINE AFICIONADOS DE CUBA, SURGIO SOBRE LOS AÑOS 76 EN LA HABANA Y FUE DIRIGIDO POR RAIMUNDO TORRES DIAZ, JACKI DE LA NUEZ Y SERGIO VITIER. DE ESE GRUPO SURGIO LA PRIMERA ESCUELA DE CINEMATOGRAFIA CUBANA DE AFICIONADOS QUE SE CONVIRTIO POSTERIORMENTE EN LA ACTUAL ESCUELA DE SAN ANTONIO DE LOS BAÑOS. NO SE PORQUE EL ICAIC, SIGUE OCULTANDO LOS TRABAJOS QUE LLEVAMOS A CABO CON EL MOCAC, SI ES IMPOSIBLE HOY EN DIA OCULTAR LA VERDAD CON INTERNET Y LOS QUE CREAMOS ESE MOVIMIENTO QUE AUN VIVIMOS PARA CONTARLO. TUVIMOS UN TALLER DE CINE EN EL TEATRO VARONA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA Y LA COLABORACION MUY ESTRECHA DE HECTOR GARCIA MESA ANTIGUO DIRECTOR DE CINEMATECA, TOMAS GUTIERREZ ALEA (TITON) QUE FUE NUESTRO PROFESOR DE DIRECCION, ROLANDO BAUTE EN EDICION CINEMATOGRAFICA, SERGIO VITIER EN MUSICA EN EL CINE, JORGE PUCHEAUX EN TRUCA. SE DIERON VARIOS FESTIVALES ENTRE ELLOS UNO INTERNACIONAL Y TODOS SE REALIZARON EN LA HABANA, SE EDITO UNA REVISTA DE CINE MENSUAL QUE SE CATALOGO DE ILEGAL PORQUE EL ICAIC NO ERA CAPAZ DE ASIMILAR NUESTRO TRABAJO. PARA MAS INFORMACION. raytodi@hotmail.com. telefono en madrid 915640687. DIRECCION DEL MOVIMIENTO DE CINE AFICIONADOS DE CUBA”.

En primer lugar, quisiera dejar esclarecido una vez más que esto no es una página del ICAIC, ni de ninguna institución en particular, sino un blog personal (a veces exageradamente personal) sobre el audiovisual cubano, entendido en su dimensión más amplia. Sería incorrecto de mi parte asumir funciones institucionales: lo que aquí se lea es de mi estricta responsabilidad, lo mismo cuando me equivoque que cuando de en el clavo. Aunque trabaje en el Centro de Cine de Camaguey (y sienta orgullo por ello), me sentiré siempre más amigo de la Verdad (que implica paradojas, revelaciones inesperadas), que de la reiteración cómoda de aquello que ya conocemos. Sé que eso tiene el precio de la incomprensión cuando se confunde la búsqueda del Saber con los afectos personales, pero es lo que me toca.

Por eso no tengo inconvenientes en decir que carezco de interés alguno en ocultar nada, ni en soslayar polémicas, siempre que esté por medio el respeto a la persona que expresa las ideas. No soy Dios, con la Verdad absoluta en sus manos, sino alguien a quien le motiva la pesquisa colectiva de esa probable verdad. Sé, como dije en el post anterior sobre “Las memorias del olvido”, que nadie en este mundo tiene un punto de vista privilegiado. A la Verdad (con mayúsculas) se llega entre todos.

Muchas veces se culpa al ICAIC de haber fomentado lo que pudiéramos llamar “una política del olvido”. No negaré lo que durante tanto tiempo fue evidente: cineastas “desaparecidos” del mapa cultural por razones claramente ideológicas. Pero si queremos ser honestos hasta las últimas consecuencias, tendríamos que admitir que de un tiempo acá esas omisiones ya no son la norma. En cambio, sí me llama la atención que fuera de Cuba apenas haya existido interés por promocionar, por ejemplo, el libro colectivo “Cine cubano: nación, diáspora e identidad”, que habla precisamente de otro cine sumergido: el realizado por cubanos más allá de la isla.

Lo curioso es que mientras que “La Gaceta de Cuba” preparó aquí un dossier que revisa críticamente una parte de esa área (hay textos sobre León Ichaso, Néstor Almendros, una panorámica donde se menciona lo mismo a Iván Acosta, Orestes Matacena, Orlando Jiménez Leal, o Marcos Antonio Abad), el exilio se da el lujo de pasar por alto un volumen que comenta justo una producción que ni siquiera ha sido reconocido en ese campo cultural opuesto al revolucionario. Hasta donde sé, apenas Roberto Fandiño escribió algo para una publicación (y por suerte, no para hacer elogios gratuitos, sino para sumar ideas a ese debate que nos falta). Lo otro de lo que he tenido conocimiento es de una intervención radial de José Antonio Evora.

Llamo la atención sobre esto porque nos confirma que en cuestiones historiográficas las cosas nunca serán en blanco y negro. No es el ICAIC el que sigue ocultando las obras del MOCAC; es que hasta donde conozco no ha existido iniciativa alguna por parte de este grupo de llevar a la memoria pública los resultados de su gestión cultural. Como tampoco lo ha existido en el exilio con el cine que ha realizado, exceptuando tal vez los esfuerzos de Iván Acosta cuando estaba al frente del Centro Cultural Cubano en Nueva York. Recuerdo que en el momento de conformar la “Guía critica del cine cubano de ficción” busqué la ayuda de Tomás Piard y Jorge Luis Sánchez porque conocía de sus películas, los eventos organizados. De haber sabido algo del MOCAC hubiese acudido sin falta a las fuentes.

De cualquier modo, no estoy diciendo que no exista dosis de verdad en lo que se afirma. Desde México Jorge Pucheux me confirma que sí existió el grupo, y Jorge Luis Sánchez acaba de enviarme este mensaje que me autoriza a reproducir:

“Comenzando el Círculo de Interés de Cine de la Casa de Cultura Plaza, por 1978, y con asesoría del Centro de Información del ICAIC, alguna vez supe de la existencia del MOCAC por boca de Jackie de la Nuez, si mal no recuerdo. Siempre tuve la impresión de que existió más al principio de los años de la década del setenta, que en 1976, dos años antes de lo que luego dio lugar a la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba. No obstante, Cine Aficionado, o Amateurs, existió en Cuba mucho antes del MOCAC, por allá por los años de la década del cincuenta, según Agramonte”.

Yo creo que en la vida es inevitable asumir una “visión de grupo”. Siempre miraremos la realidad de acuerdo a esos intereses grupales que más nos afectan: se trata de una suerte de instinto básico, más allá de la pretensión humanística que se pregone. Pero el historiador, el estudioso que explora la cultura (que siempre será algo saturado de contradicciones donde está presente lo biológico, y también la presión social con sus consecuencias) tiene que aspirar a una perspectiva de conjunto, no de grupo.

Si el MOCAC tiene en su poder información, documentos, películas, mi criterio es que debería ponerse en contacto inmediato con la Cinemateca de Cuba, con el fin de ocupar el lugar que merece en el mapa audiovisual de la isla. Pero si la institución no respondiera al pedido, podría aprovechar las herramientas que actualmente nos ofrece Internet para promover nuestras existencias, sin necesidad de esperar un reconocimiento institucional que tal vez nunca llegue.

Aún así, las puertas de “Cine cubano, la pupila insomne” seguirán abiertas a todos aquellos que, poniendo por delante la buena voluntad, deseen enriquecer ese relato que habla del cine realizado por cubanos en la isla, y más allá de ella. Incluyendo, desde luego, al MOCAC.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE LOS JOVENES Y LAS INVESTIGACIONES DE CINE CUBANO

jagb 28/04/2009 @ 16:42

Gustavo Arcos me he enviado esta excelente reflexión a propósito de las investigaciones realizadas por los jóvenes universitarios en torno al cine cubano. Sus ideas, junto a las de Mario Piedra, resultan valiosas porque le concede visibilidad a un problema que sigue muy mal atendido: la inserción del pensamiento de los más jóvenes en la esfera pública.

No quiero predisponer, porque lo interesante de todo esto es el debate plural que se consiga, pero pienso que la solución no está en esperar que el Instituto del Libro o el ICAIC se decida a publicar esas tesis (de hecho el ICAIC lo está haciendo muy bien), pues volveríamos a lo que señalábamos en el post anterior: toda nuestra iniciativa estaría condicionada por lo que las instituciones disponen.

En verdad pienso que hoy en día se desaprovechan las herramientas que brinda Internet. ¿Por qué no existen entre todos los centros universitarios redes que permitan al estudiante de la Universidad de Santiago, de Holguin, o Camaguey, consultar la investigación que se hizo en la Habana?, ¿por qué seguir atados a la convicción decimonónica de que un libro solo tendrá “prestigio” cuando se lee en papel?

Por otro lado, me preocupa un par de cosas. Una de ellas se vincula a esa suerte de “acomodamiento” de los estudiantes que sugiere Mario Piedra al comentarnos el poco estímulo de estos cuando ha de desplazarse a lugares distantes, como puede ser la Fundación o la Escuela de Cine. Me consta la angustia que puede provocar este tipo de investigación, pues recuerdo que en pleno “período especial” yo tenía que moverme hasta La Habana para entrevistar a Tomás Piard, Jorge Luis Sánchez, o Jorge Fuentes, con el fin de encontrar información sobre ese cine sumergido, que no era posible encontrarlo en la Cinemateca, como tampoco es posible encontrar información sobre el cine realizado por cubanos más allá de la isla. Incómodo es, pero sin que suene petulante, si a uno lo apasiona algo, es preciso olvidar todo tipo de obstáculo. Y se supone que las investigaciones se impulsan para abordar zonas desconocidas, no para transitar el camino ya trillado.

Lo otro: ¿qué es lo que está fallando que muy pocas de esas investigaciones se sienten tentadas de participar, por ejemplo, en el Premio Nacional de la Crítica e Investigación Cinematográfica, pese a que el monto de ese premio no es nada despreciable?

En fin, que no dudo que existan excelentes investigaciones (he podido leer algunas, incluyendo la de Arturo Infante, que es muy buena por desmitificadora). Lo que me parece alarmante es que no sepamos inculcar en los jóvenes ese deseo de seguir investigando, o lo que es lo mismo, seguir pensando el cine cubano.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE LAS INVESTIGACIONES DE CINE CUBANO

Juany:

Acerca el tema de los textos sobre cine cubano. Como apunta Mario Piedra, en la Facultad de Artes y Letras hay decenas de investigaciones, la mayoría recientes, sobre el asunto. Me consta, porque he sido tutor o consultante de algunas de ellas. Las hay sobre Landrián, Orlando Rojas, Fernando Pérez, el video clip cubano, el cine de Santiago Álvarez, el cine erótico en Cuba!!!!, el de los noventa, el de los jóvenes realizadores, el aficionado, el de Sara Gómez y muchos otros que se adentran en los problemas de género, racialidad o religiosidad en nuestro cine. Otras Facultades de la Universidad de La Habana como las de Historia, Sociología, Periodismo y comunicación Social, Sicología también han aportado, desde sus perspectivas, en este sentido. Incluso si mal no recuerdo, el realizador y guionista Arturo Infante se graduó de la Facultad de Artes Escénicas del ISA con un trabajo sobre las críticas de cine de Cabrera Infante y Valdés Rodríguez.

La gran mayoría de estos textos duermen en los anaqueles de dichos centros o las gavetas particulares de sus autores, fenómeno lamentable que puede apreciarse no solo en los temas sobre cine sino en buena parte de las miles de tesis e investigaciones que se hacen cada año en los centros superiores y que no encuentran posterior divulgación o estímulo editorial.

Tal vez deberían los propios centros de enseñanza promover con acciones concretas y materiales la impresión de algunos de estos textos, buscar los contactos con las casas editoriales y darle cierto seguimiento a los egresados mientras cumplen "su servicio social". Pero no solo el asunto depende de las instituciones sino también del interés de los propios autores. Una cosa es la tesis y otra la publicación masiva a pequeña o mediana escala de un libro. Hay que volver a revisar el texto y hacer correcciones, despojarlo de toda esa carga metodológica, estructural o científica exigida en su momento para su defensa y concentrarse en aquellos de mayor interés en materia de ideas, conceptos, observaciones críticas o históricas, etc.

Desgraciadamente los graduados se van disolviendo en el marasmo laboral, se distancian de lo que fue por varios años el motivo principal de sus investigaciones y parecen querer olvidar el dolor de cabeza y las angustias que pasaron para coronar su licenciatura. No son pocos los que consiguen una beca o se marchan fuera del país. En fin que es tradicional la dislocación entre el egresado y la institución que lo formó, para no hablar de los que laboran en sitios ajenos a su formación profesional o diluyen en compromisos personales y domésticos.

Hace poco más de un año hablé con Iroel, Presidente del Instituto Cubano del Libro para generar una serie de textos en forma de Antología sobre el cine y el audiovisual cubano. Su respuesta fue bien positiva, hablamos también con el Departamento de Publicaciones del ICAIC y concretamente con Pacheco quien no puso reparo alguno para publicarlos.

He hablado con algunos de los autores de dichas tesis y en primera instancia están de acuerdo en revisarlas para "ponerlas a punto" y entregárselas a los posibles editores. Pero ahí ha quedado todo. La inercia o modorra los paraliza y han pasado varios meses de estas conversaciones y hasta donde sé, ninguno ha revisado sus tesis, que siguen engavetadas.

Así están las cosas. Falta "conexión" o seguramente alguien que le meta el cuerpo a este asunto tomando la iniciativa y se dedique profesionalmente a visibilizar de una u otra forma todo lo que se está escribiendo e investigando sobre el cine cubano.

Tu blog es un magnífico ejemplo.

Saludos desde el Vedado

Gustavo.

ABELARDO MENA SOBRE “MUERTE AL INVASOR” Y LAS TRAMPAS DE LA COSTUMBRE.

jagb 20/04/2009 @ 11:45

Son curiosas las trampas que la costumbre impone en los productos culturales, y que provocan alteraciones en las autorías de obras, en ausencia de una "entidad" rectora que sancione finalmente la atribución de los mismos, sean obras de Artes Visuales, cinematográficas o de otra naturaleza.

Hoy, aniversario de la Victoria de Girón, el Dominical realizó una entrevista al colega Pedro de la Hoz, quien enumeró varias obras de arte realizadas sobre las batallas de Girón como inspiración. Pedro mencionó también el documental “Muerte al Invasor”, lo atribuyó a Santiago Álvarez.....y no pude reprimir una sonrisa.

Días atrás, en la sorprendente librería de la Virgen del Camino, había adquirido el libro “Volver sobre mis pasos”, selección epistolar de Mirtha Ibarra. Una somera lectura (tengo la mala costumbre de leerme un libro en un día) me devolvió una apasionante-compleja visión de Titón como artista y ser humano, una visión nada romántica del ICAIC, pero sobre todo me quedó grabada la temprana lucha de Alea por defender su paternidad de “Muerte al Invasor”, frente a la atribución injusta a/de Santiago Álvarez.

Vean para ello las cartas sobre este tema: página 121, 28 de abril de 1965, A Alfredo Guevara, página 132, cartas del 14 de marzo de 1967, también a Alfredo y a Santiago; desgarradores textos de un autor que reivindica su autoría frente al silencio burocrático de la dirección del ICAIC, y la amnesia oportuna de Santiago.

Por cierto, nota bene, el libro merecía un índice detallado de las cartas por destinatarios, para facilitar su búsqueda.

En posts anteriores, Juan Antonio se refirió a fragmentos de la carta del 3 de febrero de 1968, dirigida a Alfredo, y titulada “Por un Cine Marginal”, donde Titón propone un cine hecho en 16mm, sonido directo y vocación sociológica sin afeites, más "crudo" que el Noticiero ICAIC Latinoamericano. Vale la pena releer la carta con detenimiento. Recordé los empeños de Dziga Vertov y Alexander Medekine (el cine sobre ruedas) en la Rusia soviética de los años 20. Si la propuesta de Titón hubiese cuajado, hubiera provocado un cine imperfecto, más de "combate" que de "autor", en cuya memoria podríamos hoy reconocer el rostro de la nación, un cine mas cercano al periodismo televisivo que a la "natural" hondura metafórica de su propio cine. Quede también esta carta-ensayo de Alea como testimonio necesario del pensamiento teórico generado por nuestros cineastas.

Sin más, un saludo como siempre

Abelardo Mena.

ALGO MÁS SOBRE TITON Y “PM”

jagb 07/04/2009 @ 13:22

No voy a entrometerme en la polémica que sostienen Len Zayas y Fausto Canel en el blog de Manuel Zayas, a propósito de un comentario del primero sobre “PM”, y el mecanismo de censura que en su momento operó. Creo que lo positivo de la cultura del debate no solo está en que se puedan escuchar todo tipo de versiones (sin descalificar al hombre que la expone), sino en que los mismos antagonistas lleguemos a reconocer que nuestros argumentos también resultan fiscalizables. En esta vida ningún hombre tiene un punto de vista privilegiado.

Agradezco que Manuel Zayas haya enlazado el comentario que en su momento colgué, como también me parece muy bien que para animar aun más el debate, haya publicado el siguiente post:

“El 16 de junio de 1961, en una primera sesión que hubo en la Biblioteca Nacional, y antes de que Fidel Castro pronunciara sus famosas y fatídicas Palabras a los intelectuales, Tomás Gutiérrez Alea dijo:

"Yo quisiera previamente concretarme un poco sobre el caso de -no voy a extenderme mucho- PM. Quizás se hayan cometido errores en el estilo de tratar este asunto. Ahora, yo creo que ha quedado bastante claro (no sé si es necesario aclararlo más), que no se trata eminentemente de una película contrarrevolucionaria, pero que sí se trata de una película que, al tocar un aspecto de la realidad, no lo toca en una forma debida y, por lo tanto, dice una mentira de la manera más hipócrita que se puede decir, que es ocultando una parte de la verdad. [...] Yo creo que eso está bien aclarado. Está bien aclarado que nuestra situación hoy es crítica, y que estamos rodeados de enemigos, y que, por lo tanto, aun cuando esa película tenga valores artísticos (que no tenemos que negárselos) y tenga valores como documento, es inoportuna. Inoportuna exhibición, y sería realmente malo, realmente muy malo, que esa película fuera a caer en manos de gente que fuera a utilizarla contra nosotros. Estaríamos dándole un arma al enemigo, cosa que no hay por qué hacer ahora". (En: Encuentro de la Cultura Cubana, No.43, invierno de 2006/2007, p.169”).

Ante todo quiero aclarar que, por mucho que admire a Titón, no creo que la mejor manera de defenderlo sea diciendo que jamás se equivocó. Esa sería una forma de deshumanizarlo. De convertirlo en un fetiche inútil que no nos ayuda a pensar, sino en todo caso, solo sirve para buscar las soluciones a nuestros problemas personales en un tercero que jamás nos conoció. Cuando no un claro oportunismo. Es por eso que en este mismo blog puede encontrarse mi criterio sobre la polémica que Titón sostuvo con Néstor Almendros a propósito de “Conducta impropia”, y donde considero que se equivocó, algo que más tarde tal vez él mismo reconoció al realizar “Fresa y chocolate”.

En cuanto a lo que cita Manuel Zayas, ya lo conocía. Pienso que ese momento es importantísimo para entender aquel instante crucial en que se consolida en el imaginario cubano un adversario simbólico (en este caso, el imperialismo norteamericano). Es precisamente ese consenso simbólico lo que posibilita la consagración de un liderazgo único. Hay allí una combinación de expectativas nacionalistas con intereses de época (países que se descolonizan, por ejemplo).

Ya sé que esto último es discutible, porque cada persona (con esa cuota de egoísmo inevitable que nos toca) intenta defender lo que, en mi criterio, es lo más valioso que tiene el ser humano: la libertad de expresión. Pues, ¿de qué vale intentar mejorar el mundo si antes no garantizamos el espacio para que todos aporten su punto de vista? Esto es un dilema que ya Foucault le reprochaba con energía a los marxismos de su época, cuando reclamaba aquello de que “tienen que inventar un ejercicio del poder que no de miedo”.

No quiero hacer demasiado extenso este post. En todo caso me interesa generar inquietudes más que proclamar verdades que no tengo. Y aunque odio estar citándome, por aquello de que eso contradice mi opinión de que somos sucesivos, y de que es en la marcha que vamos aprendiendo, reproduzco un breve segmento del libro “Cine cubano de los sesenta: mito y realidad” donde expongo mi punto de vista sobre ese momento que ha traído a colación Manuel Zayas. Ojalá que todo esto que hemos estado hablando de manera civilizada nos sirva a ambos, no para seguir mirando el pasado, sino para en todo caso, pensar en el futuro.

Juan Antonio García Borrero

Del libro “Cine cubano de los sesenta: mito y realidad”.

La lectura del total de las intervenciones que se hicieron, al menos el primer día, permite confirmar lo que ya se sospechaba: la génesis de esa construcción simbólica del “enemigo” no fue unipersonal, por hegemónica que fuera la voz de Fidel, sino que obedeció a un consenso colectivo en el cual se dio por legítimo su liderazgo. Podrán aducirse posteriores engaños, o desviaciones que contrariaron las expectativas de muchos, pero lo que se llama “construcción simbólica del enemigo”, esa responsabilidad es plural, como fácilmente pone en evidencia lo que dicen cada uno de los oradores, desde Natalio Galán hasta Mario Parajón, pasando por José A. Baragaño, Juan Blanco, Virgilio Piñera, Heberto Padilla, Tomás Gutiérrez Alea, Manuel Navarro Luna, César Leante, y Mirta Aguirre. (1)

No quiero decir con esto que esa responsabilidad compartida invalide cualquier crítica posterior a la Revolución y su líder. Lo que me interesa fijar de esa reunión es el nacimiento simbólico de ese “adversario” ante el cual es preciso dejar a un lado las diferencias personales, en aras de conseguir “la victoria ante el imperialismo”. En aquella primera sesión presidida por Osvaldo Dorticós, Fidel, Armando Hart, Carlos Rafael Rodríguez, Vicentina Antuña, Alfredo Guevara, Emilio Aragonés, y moderada por Edith García Buchaca, quedarían sentadas las bases de un proceso donde todos (intelectuales y gobernantes), postergaron las discusiones de sus diferencias en virtud de la gravedad del “peligro externo”. Ya fueran de “Lunes de Revolución”, del Consejo Nacional de Cultura, o del ICAIC, prevaleció la idea de la Revolución como espacio simbólico que era preciso preservar en su unidad monolítica al precio que fuera necesario.

De allí que no exista en realidad demasiada diferencia entre lo que dice Virgilio Piñera y lo que expresa Mirta Aguirre, aún cuando ambas figuras estén en polos opuestos a la hora de interpretar el mundo. Para Virgilio “hay un miedo que podíamos calificar de virtual” a la cultura dirigida por el Gobierno, pero afirma de los presentes que “aquí no hay ningún compañero contrarrevolucionario”. Para Mirta Aguirre, “es muy importante que los compañeros del Gobierno que hoy tenemos aquí precisen algo que parece que no está claro: hasta dónde existe la libertad creadora y dónde esa libertad creadora se convierte ya en un peligro para la Revolución”.

Como puede apreciarse todo el debate se centrará en niveles puramente simbólicos, esos donde el individuo de carne y hueso ya no cuenta, porque lo que está en juego es una realidad colectiva y consensuada. Todas las tensiones y polémicas culturales que se conocerán en Cuba a lo largo de la década, un poco antes que el Estado decrete su autoridad irrevocable también en este campo, están dirigidas a conciliar la diversidad de producciones discursivas (liberales, comunistas, nacionalistas) en función de un espacio público nacional donde solo se admite “lo revolucionario”. Pero, ¿qué es lo revolucionario?. Es aquí donde se apela a un símbolo, que en este caso, se asocia a Fidel.

El siguiente segmento de la intervención de Gutiérrez Alea puede revelarnos detalles de ese proceso inconsciente en el cual se va generando la construcción simbólica del “adversario externo”:

“(…) Quizás se hayan cometido errores en el estilo de tratar este asunto. Ahora, yo creo que ha quedado bastante claro (no sé si es necesario aclararlo más), que no se trata eminentemente de una película contrarrevolucionaria, pero que sí se trata de una película que, al tocar un aspecto de la realidad, no lo toca con una forma debida y, por lo tanto, dice una mentira de la manera más hipócrita que se puede decir, que es ocultando una parte de la verdad. (…) Yo creo que eso está bien aclarado. Está bien aclarado que nuestra situación hoy es crítica, y que estamos rodeados de enemigos, y que, por lo tanto, aun cuando esa película tenga valores artísticos (que no tenemos que negárselos) y tenga valores como documento, es inoportuna. Inoportuna exhibición, y sería realmente malo, realmente muy malo, que esa película fuera a caer en manos de gente que fuera a utilizarla contra nosotros. Estaríamos dándole un arma al enemigo. Cosa que no hay por qué hacer ahora”. (2)

Más adelante me interesaría resaltar las maneras en que el ICAIC (en este caso representado por Titón) comienza a manifestar esa suerte de tribalización de su razón de ser, al dejar a un lado las diferencias previas que han tenido entre sí (sobre todo Alfredo Guevara y Gutiérrez Alea) alrededor de este asunto, para mostrar una unidad que “del ICAIC hacia fuera” se muestra compacta. Esa misma sensación de unidad será la que dos años después permite que la institución pueda resistir y hasta vencer los sistemáticos golpes que desde el sector más dogmático de la izquierda cubana, le lanzan comunistas como Blas Roca, Edith García Buchaca o Vincentina Antuña, apelando en los cuestionamientos a la institución a los mismos términos que esta utilizara a la hora de censurar a PM.

Es fácil advertir que PM fue apenas el pretexto utilizado por la organizadores para hablar de temas muchos más generales. Fidel llegaría a admitir incluso que no había visto la película, y tal vez si lo hubiese hecho habría reciclado la misma incredulidad del Che después de ver El Mégano, y preguntar asombrado por qué podía el régimen de Batista asustarse con algo tan inofensivo. Pero estaba claro que no era PM (según Cabrera Infante, “una peliculita que no debió tener nunca mayor importancia que su exhibición por televisión”) lo que se pretendía liquidar, sino a la tendencia o grupo que representaba a esta. La prueba está en la desaparición ese mismo año de “Lunes de Revolución”, mientras otras publicaciones, como el periódico “Hoy”, o la propia revista “Cine cubano”, siguen saliendo a la luz.

Es precisamente desde “Cine Cubano” que Gutiérrez Alea termina de fundamentar sus reflexiones críticas en torno a PM, publicando un ensayo que, aunque no menciona al documental por su nombre, se hace evidente que habla del mismo. Se trata del texto “El Free Cinema y la objetividad”, donde entre otras cosas dice:

“(…) La creación artística supone una actitud no imparcial frente a la realidad. Es decir, la creación artística implica un juicio, de cualquier clase. Todos los intentos de retratar la realidad, de mostrarla objetivamente, es decir, evitando un juicio sobre ella, son intentos fallidos. A veces se llega a medias verdades que pueden resultar más inmorales que una mentira completa. Es cierto que en los ejemplos más puros del cine espontáneo, el artista no interviene para nada en el desarrollo del acontecimiento real, pero es cierto también que el artista selecciona de ese acontecimiento aquellos aspectos que a su juicio mejor tipifican esa realidad”. (3)

La desaparición de “Lunes de Revolución” como grupo cultural supuso la consolidación del ICAIC dentro del mapa intelectual de la época. Es cierto que aquellas reuniones se recuerdan básicamente por las archicitadas palabras de Fidel (“Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada”), pero siguiendo con una lectura de corte simbólico, puede asegurarse que de manera más puntual, significó darle la razón a Alfredo Guevara, en un momento en cual pugnaban por imponer su hegemonía los diversos grupos. Ya veremos más adelante que no será solo “Lunes de Revolución” el único adversario a vencer por el ICAIC, pero en principio la autoridad de esta institución de repente pareció prácticamente intocable.

NOTAS:

1)Véase Dossier “Encuentro de los intelectuales cubanos con Fidel Castro” en Revista Encuentro de la Cultura Cubana Nro. 43, Invierno 2006-2007, pp 157-175.
2) “Encuentro de los intelectuales cubanos…”. Revista Encuentro de la Cultura Cubana Nro. 43. Invierno de 2006/ 2007, p 169.
3) Tomás Gutiérrez Alea. “El Free Cinema y la objetividad”. Revista Cine Cubano, Nro. 4, año 1961. En “Alea, una retrospectiva crítica” (Selección, prólogo y notas de Ambrosio Fornet”). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998, p 282.

TODAVIA “PASADO MERIDIANO”

jagb 31/03/2009 @ 11:28

Por estos días en el blog del cineasta Manuel Zayas puede asistirse a una polémica que devuelve a la actualidad a “PM” (1961), el famoso documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, cuya prohibición en 1961 por parte del ICAIC provocó las célebres “Palabras a los intelectuales”, y el inicio de una política cultural que todavía perdura.

En la polémica el también cineasta Fausto Canel rebate de manera enérgica un comentario de Len Zayas, quien entre otras cuestiones, asegura que en la reunión donde se determinó la prohibición: “El principal depredador del documental no fue Alfredo Guevara o Julio García Espinosa, sino el fallecido director de cine Tomás Gutiérrez Alea que como dato interesante se decía amigo de Sabá y de Néstor Almendros. Hubo tres abstenciones en la votación, un camarógrafo que no estoy seguro era de apellido Martínez, el productor de noticiero Roberto León y un servidor".

Admito que las revelaciones de Len Zayas (quien entonces trabajaba en el ICAIC) me tomaron desprevenido. Y una vez más me hizo pensar en esas difíciles encrucijadas en que suele terminar colocado el historiador, ese “experto” que siempre llega tarde al lugar de los hechos, y que para reconstruir lo sucedido, ha de depender del testimonio y las interpretaciones de los otros.

“PM” puede ser un ejemplo insuperable de las dificultades que propone al estudioso llegar a una conclusión confiable, allí donde “la memoria histórica” aparece fracturada. Es decir: hay un hecho evidente que tiene que ver con la innegable censura del material, y lo que ello significaba dentro del complicado forcejeo por el poder cultural de la época. Pero eso es una construcción moderna, porque ninguno de los implicados podía sospechar las consecuencias que habría de traer a la política cultural del país un gesto como aquel. Sencillamente se comportaban como uno más de esos mortales que somos: pugnaban por imponer un punto de vista.

¿Cuál ha de ser la actitud del historiador ante esta multiplicidad de fuentes que hoy comentan el hecho histórico? ¿Se puede aspirar a lograr cierta cuota de “objetividad” en medio de tantas remembranzas donde resulta imposible aparcar las vivencias personales? ¿Será posible superar la tendencia de pensar los hechos en términos “trascendentalistas”, para intentar capturar la trágica inocencia del devenir?

Creo que lo único que puede defender el historiador en medio de esas circunstancias es el distanciamiento crítico. Por supuesto que esto le acarreará no pocos obstáculos y enemigos, en tanto se trata de encontrar un punto de vista que vaya más allá de lo opinable, incluyendo “la opinión oficial” y su reverso. El desafío, en esos casos, está en mantener los ojos abiertos a todo lo que asome a la esfera pública, pero sin olvidar que muchas de esas evocaciones estarán marcadas por el subjetivismo: nunca podrán ser iguales las versiones de Alfredo Guevara o Julio García Espinosa sobre “PM”, o las de Orlando Jiménez Leal, Fausto Canel, o Len Zayas.

De cualquier forma, al historiador le quedan otras herramientas, como puede ser el cotejo documental. Lo que pasa es que, entre nosotros, esa documentación va apareciendo de manera fragmentada. Pongamos el ejemplo del propio Titón, que gracias a la reciente publicación de su epistolario, también aporta (como en “Rashomon”) su versión póstuma de los hechos. Gracias al epistolario podemos leer el mensaje que envía “Al Consejo Directivo del ICAIC” el 3 de junio de 1961 donde, según sus propias palabras, “deseo hacer constar mi decisión de renunciar al cargo de Consejero de ese Instituto”, y un poco más adelante ese duro memorando que le dirige a Alfredo Guevara, en el cual entre otros aspectos, asegura que “OCULTAR OBRAS PORQUE PUEDEN CONSTITUIR UNA MALA INFLUENCIA PARA NUESTROS COMPAÑEROS SOLO PUEDE PRODUCIR UN ESTANCAMIENTO EN EL DESARROLLO DE LOS MISMOS. Y COMO CONSECUENCIA INEVITABLE, UNA FALTA DE CONFIANZA EN LAS IDEAS QUE SE DAN COMO BUENAS (YA QUE SE EVITA UNA CONFRONTACION CON LA REALIDAD). (p 64).

Es cierto que cuando Titon escribe su ensayo “El Free Cinema y la objetividad” (Revista Cine Cubano Nro. 4, pp 35-39) pareciera que está polemizando con los creadores de “PM”. Pero tengo la impresión de que se trata de un debate puramente estético, ajeno a los diferendos ideológicos que sí estaban presentes entre Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante y Alfredo Guevara.

De hecho, las relaciones de amistad que Alea siguió manteniendo con Néstor Almendros (las cuales cesaron a mediados de los ochenta, a raíz del estreno de “Conducta impropia”) provocaron las críticas de Alfredo Guevara, quien llegaría a afirmar que “Considero que Titón sí baila al son de la música que toca el enemigo, considero que Titón no tiene defensas frente a las posiciones ideológicas de ese grupo, considero más aún, que Titón está muy cerca de ser el más honesto de los miembros de “Lunes de Revolución”, no de “Lunes de Revolución” como “Lunes”, sino de la vieja Cinemateca, de aquel viejo grupo, de aquel viejo sector que más o menos ha tenido una mala posición política…” (Tiempo de fundación, p 96).

Pienso que sobre “PM” aun faltan análisis que la tanteen en tanto obra audiovisual, y no solo como un pretexto a través del cual se canalizaron determinados intereses de grupos. “PM” también simboliza un modo de representar la realidad que se apartaba de manera radical del modelo neorrealista defendido por el ICAIC. Se trataba de la introducción en el país del llamado “cine directo”, el cual contrastaba con el paradigma de representación que fomentaba entonces el Instituto, más dado al “cine controlado”. Sin embargo, a estas alturas apenas se toma en cuenta el lado ideológico de su existencia.

Supongo que solo de aquí a cincuenta o sesenta años, esas personas que salen retratadas en “PM” serán examinadas como lo que sencillamente pretendían ser: cubanos de a pie haciendo de la noche habanera un puente hacia sus particulares maneras de entender la felicidad.

Juan Antonio García Borrero

PAVEL GIROUD SOBRE LA CRITICA EN CUBA

jagb 13/03/2009 @ 21:40

Querido Juan Antonio:

No se que poder posees, pero logras que me motive a entrar en tus polémicas, algo que no hago con frecuencia. Prefiero dejar claras mis intenciones con mi trabajo o en alguna entrevista o texto referida(o) a él. Siempre he dicho que el cine es como una religión, donde la sala oscura es la iglesia; las cinematecas son catedrales; los espectadores, sus fieles; los directores, los pastores y los críticos, se creen dios. Es un chiste de director que me he inventado.

Ya te dije una vez lo que pensaba de la crítica, los críticos y la relación de esto con los creadores y el espectador, estableciendo como referencia aquellos años dorados de Cahiers du cinema.

Desafortunadamente esos tiempos pasaron y hoy muchos lectores del mundo solo miran el titular de la crítica y observan cuantas estrellitas le pusieron debajo. Para nadie es un secreto que las estrellitas dependen -a veces- de cuantos presidentes nortemericanos en forma de papel pusieron sobre el escritorio del que escribe, quien no pocas veces usa seudónimo.

Esos son los tiempos que corren y en honor a la verdad, así también está el universo del cine por parte de los que lo producen. Puro negocio. Pura frivolidad. En Cuba, esos tiempos han llegado con otras vestiduras. De la misma manera que un pueblo de provincia decide armar una Opera en el teatro central con algunos trapos; nosotros nos hemos ido inventando un micromundo imitativo donde el divismo es componente central con una perspectiva, en extremo, provinciana.

No soy de los que piensan que los Críticos son artistas frustrados. Eso es demasiado reductor y, aunque toque a algunos, no me parece que sea la norma. Leí el texto del Santiaguero en este mismo blog, a quien no conozco y me pareció de una lucidez extrema en cuanto al papel de los críticos y deja muy bien separado el terreno de los críticos y los criticones. Va siendo hora de que Cuba entre en la desgraciada "normalidad" universal y comiencen a aparecer publicaciones de las que dan estrellitas a las películas y en cuyas portadas aparece el héroe hollywoodense del momento, para que los criticones puedan trabajar sin ningún tipo de presión ajena a la editorial y otras que den espacio a esa crítica que aspiramos.

Nos faltan ambas de la misma manera que nos falta una industria productora de cine que apunte a todo lado posible. Algunos de nuestros críticos, son excelentes periodistas culturales, logran inventar una noticia de la nada, pero de la nada no se puede hacer una crítica ¿y cuantos comentarios no hemos leído sobre películas ignoradas por los que escriben?; otros cambian una buena crónica por un plato de comida y esta es quizá la mas perdonable variante, porque el hambre lo justifica todo.

Están los que, frustrados por no encontrar el tutú de su talla, sustituyen los jetès por frases manieristas y rebuscadas, sintiendo no solo, que el público los ovaciona hasta el delirio, sino que espera con impaciencia su próxima función y ni que hablar de los que opacan sus percepciones desde un oficialismo y buscan donde no hay y donde hay, no buscan, para así mantener su columna jurásica o los que desde la zona opuesta solo aplauden lo "fuerte" y lo "fuerte" se reduce a una obvia crítica al sistema político y social Cubano, que expone a viva voz lo que casi ningún Cubano de a pie se atreve a vociferar; terreno en el que da igual el manejo de los recursos expresivos del cine, porque el contenido es lo importante.

Una de las mejores críticas que he leído sobre un trabajo mío no fue precisamente una halagadora; tampoco es que machacara a La edad de la peseta, el filme al que hacía referencia, pero lo que me llamó la atención de ese trabajo escrito por Alberto Ramos para la revista Cine Cubano es que se centraba en su LECTOR; lo arropaba de claves para enfrentarse al filme antes o después de verlo. No hablaba de fotografía ni de edición; ni de lo bien o mal que estaban los actores; sino que se metió en el discurso y sus intenciones para dejar las conclusiones en manos del que leía, sin juicios sentenciantes.

Era una especie de guía nada didáctica. Me recordaba aquellas críticas sobre artes plásticas de los 80s, que luego fueron derivando en la pedestre crítica de los 90s, que salvo contadas excepciones, solo dejaba pasar por su filtro de valía lo que había sido potenciado por el gurú crítico del momento, un arte pobre y contestatario. No contaban con que muchos de esos artistas que emergían en el momento a los que se les armó un artificial andamiaje teórico, terminaron invirtiendo el sentido de su obra y aquellos barquitos que parecían ir a Miami, simplemente venían de Isla de Pinos. Que quede bien claro que no me refiero a la valía de la obra, sino a la invalidez del sustento, que terminó siéndole ajeno.

¿Cuántas veces no hemos oído decir a un crítico amigo, refiriéndose a un pintor, cineasta o cantante "deja que lo coja" o "a ver con que mierda de baja este" o de lo contrario "ya a este lo han mimado demasiado, es hora de hacerlo leña? Y es que ese es el peor síntoma que puede tener un crítico, la predisposición (tanto a favor como en contra). Un crítico no puede predisponerse, debe enfrentarse a la obra con esterilidad, sin contaminación alguna. Por otro lado, mientras los críticos se concentren en hablarle de su obra al creador y no en al receptor de la misma, el texto es completamente inútil, pues en teoría, el creador tiene sus sentidos volcados en la próxima pieza. Esa obra a la vista pertenece - o no- al resto de los que como el crítico y el creador, no son dioses, sino simples mortales.

Creo que el parque de críticos está en la misma urgencia de renovación que el de creadores (no solo directores, aquí incluyo a todo el que de una u otra manera hace cine). Eso sí, con la ventaja de poder escribir a diario y perfeccionarse de manera mas inmediata. Leo a los jóvenes críticos y me alienta el poder de percepción, el acceso a la información de actualidad y el manejo de ella (virtud carente en muchos predecesores, sobre todo por el hermetismo en que vivimos durante años). Se nota la misma falta de pegada que tenemos los que hacemos el cine desde la otra orilla creadora, pero eso, cura tiene a medida que avancemos a la par.

Renovación no quiere decir exclusión de "personas mayores". Hablo de renovación de pensamiento, perspectiva y disposición ante el arte. Algunos de los de siempre, podrán subsistir en esa cruzada, los otros, quedarán en el sitio que el destino les reserve, colocando estrellas, fustigando al creador que se les atraviese y si la escasez persiste, sustituyendo, una vez más, al papel sanitario.

Pavel Giroud, realizador de LA EDAD DE LA PESETA y OMERTA, entre otras.

DES-CONECTADOS, por Jorge Luis Santana

jagb 10/03/2009 @ 13:29

DES-CONECTADOS, por Jorge Luis Santana

"Hoy es el mañana que tanto nos preocupaba ayer."
Anthony Hopkins

Aunque no es mi campo, me animo a continuar con el diálogo. La oportunidad que me brinda tu blog de expresar mi punto de vista y escuchar e intercambiar con críticos y artistas es realmente muy estimable.

Efectivamente, siento que la historia se repite, la crítica de entonces (años 60) precisamente desatendió u omitió en su momento a figuras, experimentos y acontecimientos, solo ahora dirige su mirada desde este tiempo para rescatar, entender y completar la historia. Entonces por ese camino para el año 2025, la historia le pasará la cuenta a esta generación de críticos e investigadores de hoy por no haber considerado, entendido o acompañado los primeros pasos de una generación o un posible “talentoso cineasta”, que lastimosamente ya no esté entre nosotros. Es más seguro no arriesgarse al vaticinio y al descubrimiento, y entonces querer descubrir tendencias y atisbos de genialidad en ese autor reconocido por la historia.

Por otro lado pretender “educar”, formar o trasladar etapas no vividas, ni sufridas, con los talleres de la critica cinematográficas a los jóvenes realizadores, es una idea tan utópica como inconsecuente. De hecho, según tengo información en los trascendentales talleres de debates producidos en la pasada muestra de jóvenes realizadores, por allí no pasó más que algún profesor del ISA (de La Habana), directores de cine y algún que otro crítico, ¿qué lugar y momento mejor, para demostrar esas carencias? ¿Qué mejor homenaje al ICAIC en sus 50 años que analizar lo que está pasando aquí y ahora y lo que tiene de paralelo o no con aquellos jóvenes hoy octogenarios?.

En el caso del contexto donde se mueve nuestro taller de la critica, Camagüey, esto llega a extremos, pues a lo largo de estos años de talleres, no se ha logrado saldar del todo esa falta de información y base tan procurada en los jóvenes realizadores cubanos, no han surgido nuevos críticos de cine locales que se animen a participar. Entonces es evidente que algo falla. Es más, en Camaguey se esta produciendo, hace casi 20 años el festival “El almacén de la imagen”, este año convocado internacionalmente, existe una filial del ISA de la carrera de comunicación audiovisual, con dos graduaciones ya, y para sumarse a este concierto del universo audiovisual, ha surgido recientemente el Festival Internacional de Videoarte. Entonces si la voluntad en primera instancia es introducir estos conocimientos y ayudar en la formación de los más jóvenes, me pregunto: ¿porque los organizadores no integran estas experiencias al taller? ¿Por qué no son invitados también realizadores jóvenes para que expongan sus obras y puntos de vistas?.

Evidentemente el espacio de dialogo intergeneracional debiera estar dentro de sus urgencias comunicativas. Estas cuestiones a mi modesto entender son medulares, porque al igual que se enarbola la tesis del Icaic-Centrismo, está en provincia, el Habana-Centrismo o aldeanismo que nos ha estado haciendo tanto o más daño. Buena parte de las acciones culturales que se hacen se diseñan y se programan en el interior del país, (siempre hay sus contadas excepciones) funciona en general para, agradar, acomodar, conocer, coquetear, introducirse y reconocer a los que vienen de la capital. En muchos aspectos se ha perdido el tacto, el auto reconocimiento, la visión abarcadora e inclusiva. Esto se puede comprobar fácilmente, si se hace en primera instancia, un balance representativo en todo el país de cómo se integran los eventos, jurados y más aun un balance de los resultados que genera para el desarrollo de la cultura local, pues al final es como hacer un evento habanero en el interior. Todo esta diseñado en provincia (si de comunicación se trata) para conocer a cada paso lo que ocurre en la Habana, pero cómo conocemos entre nosotros mismos lo que hacen otras provincias, nos comunicamos e interrelacionamos adecuadamente con los artistas de toda Cuba, creo que no.

Muchas veces se enarbola la tesis de que la mayoría de los artistas reconocidos nacionalmente, en La Habana, son de otras provincias y que al integrar cualquier selección representativa del arte cubano, esta presente esa diversidad de regiones del país, pero aceptar eso sería tácitamente afirmar que, donde único se puede hacer arte y además hacerlo bien, es en la Capital y eso es, cuando menos contradictorio.

La pereza de movilidad de muchas de las instituciones culturales nacionales tiene en buena medida gran culpa. A pocos interesa, ni se hace el esfuerzo necesario por conocer lo que está pasando en otras provincias. Por otra parte no tenemos acceso a la prensa de otras provincias, las televisoras son territoriales, no podemos ver la programación de Holguín o Pinar del Río, estamos condicionados para conocer diariamente solo nuestro contexto local y el capitalino. Así se van formando las prioridades y las instituciones en provincia repiten el esquema nacional.

Lo que trato de decir, Guillermo Cabrera Infante, con su oficio de crítico lo supo decir mejor: "...un crítico puede morir de extrañeza, lo que no puede es vivir en la extrañeza".

Saludos cordiales,

Jorge Luís Santana.

YO BRINDO DE MI CAFE, LUEGO EXISTO
por Oneyda Gonzalez

Juany:

A propósito de unas ideas en las que trabajabas durante tu estancia en España, te escribí lo siguiente: “Perfecto, me lanzo al ruedo, comienzo a pensar contigo”. Este trabajo vuelve a ponerme en una idea que ya iba vislumbrando. Me encanta que lo hagas desde una postura problematizadora, pero profunda. Son muchos los intelectuales que al encontrar franjas de luz sobre temas de esta índole, caen en actitudes demasiado pasionales, como si la engañifa sufrida les enervara tanto que les impidiera ver en justicia, pero sobre todo en moderación, los problemas de la cultura asociadas a la epopeya.

Eso los lleva a una postura igualmente engañosa por desequilibrada, extrema, y sobre todo, por superficial. Prefiero no citar nombres, pero en el cruce de correos de principios de año, hubo mucho de eso, y qué pena, era un buen momento para estar de acuerdo. Al final es algo definitivamente heredado, como dices. Es ese modo de relatar la historia, tan falsamente mítico, como excluyente de la "visión de los vencidos" el que genera los comportamientos actuales, que no convienen, porque nos aíslan, porque nos enajena de nosotros mismos. Detrás de semejantes binariedades tampoco habrá una perspectiva verdaderamente inteligente. Ni aquella ni ésta postura facilitan una operatoria útil al día que vivimos.

En la tuya está el equilibrio del mejor pensamiento de la época, que nos impulsa a ver en los fragmentos y en la idea de lo múltiple, un modo más efectivo de acercamiento a la Historia. Por supuesto que no es una celebración de la paz de los sepulcros, porque si algo no hay en lo que estás haciendo es inercia, y si algo me niego a celebrar es lo inoperante. Sólo en el movimiento de ideas, pero de verdad, y con tino, iremos aclarando los errores del pasado, perfilando mejor nuestro presente y confío que, reconstruyendo nuestro incierto porvenir.

Te escribí esto hace unos dos años y parece que debiera escribirlo ahora. Siento incluso, que era en ese momento más revolucionaria; en el verdadero sentido de la palabra. Añadiría solamente que el modo de relatar la historia y también el modo de discutir el presente de esa manera, viene de una herencia más antigua aún: aquella que nos mantiene como congelados en nuestras viejas sociedades coloniales y/o neocoloniales, donde el autoritarismo era moneda corriente. Pero es más difícil asimilar que ese comportamiento salga a veces de muy lúcidas mentalidades, lo que ya está pasadito de moda cuando desde las sociedades de las otroras metrópolis, se hacen estudios poscoloniales sobre nosotros; y el mundo entero, al menos en la esfera pública, trabaja por la expresión horizontal de un sesgo francamente emancipatorio. A estas alturas es muy mal ejemplo, porque a nosotros sí nos toca hacer las cosas de otra manera. Si hay un sujeto preparado para realizar con certidumbre y equilibrio un trabajo en ese sentido, es el que piensa y hace la cultura.

Darme cuenta de lo inquieta que estaba entonces y lo indiferente que estaba ahora me asustó un poquito esta mañana cuando tras un debate conmigo misma revisaba el cruce de correos que tuvimos entonces, y decidí volver a "lanzarme al ruedo". No creo que fuera tu socrática insistencia de que hay que hablar para ser visto, de cuya utilidad sigo dudando, como te comenté en días recientes. Y en eso si soy horaciana: amo "lo dulce y lo útil". Entablar este diálogo sin la certeza de su utilidad, es mi verdadero reparo al tener, como tantos, mi tiempo contado.

De lo que se ha estado discutiendo sobre el cine joven, cine independiente (cine sumergido a tu decir), me interesa dejar claro que suscribo casi al pie de la letra, las palabras de Jorge Luis Santana, y son ellas las que, en última instancia y casi por una cuestión de vergüenza, me impusieron el deber de acompañarle. Hace par de días le hice ese comentario a Diana frente a la puerta de mi casa y esta mañana me llamó para decirme que había buscado mis palabras en el blog, y no las había encontrado. Entonces fue eso, junto a mi inquietud ya impostergable, lo que me decidió a disparar "posiblemente" a diana. Ahora mismo lo celebro, porque Diana es una mujer no muy habladora, que no tiene por oficio el de la palabra, y probablemente no la oiríamos hablar en un café, sea o no virtual. Moraleja: no siempre estar callado indica ausencia de opinión.

Diana Rosa Pérez Legón es hoy la Productora General del Festival de Video Arte que se inició en esta ciudad el pasado noviembre, como sabes tú (aunque no todos los lectores del blog, o clientes del café virtual), es la compañera de Santana, y fue allá por los años 90, la productora de la Casa del Joven Creador de Camagüey, cuando era tan joven "El Almacén de la Imagen". Creo que está claro que Diana tiene muchas cosas que decir, tiene muchas cosas que defender, y sobre todo tiene muchas cosas que hacer.

Al mismo tiempo llama la atención que Santana inicia su primera intervención diciendo: "No soy ningún crítico ni escritor...", y la segunda: "Aunque no es mi campo, me animo a continuar con el diálogo... Llama la atención, porque vuelve a evidenciar que no hay mucha costumbre en Cuba de ir a un café a dialogar sobre problemas de la cultura, y eso trae por consecuencia, que no haya muchos artistas dispuestos a enredarse en discusiones para las que no estamos entrenados, y de la que no sabemos a ciencia cierta lo que vamos a sacar. Pero él lo hizo, porque le era urgente.

Lo segundo a que quiero referirme, tras un trago del buen café que acaban de servirme a la mesa, en este café al que me invitas, es a uno de los asuntos tratados en la Muestra de Nuevos Realizadores, justo en el espacio dedicado a discutir sobre el Cine Independiente. Más de un Gustavo se refirió al tema, uno llamándole falta de coherencia en el trabajo de promoción (de este archipiélago... Me gusta incluir hasta las islitas y cayos, ya que estamos hablando de Cuba), alguien habló de fallas en el sistema, otros de un inorgánico panorama, en fin...

Yo me lamenté por la desmemoria, esa que nos hace olvidar que todos, o muchos de nosotros, hemos hecho algo, alguna vez, por burlar tanto desamor, tanta desidia. Somos nosotros los que hacemos el trabajo de la cultura, te decía, aunque haya gente decidiendo e impidiendo flagrantemente que ese trabajo sea coherente, orgánico, de sistema. Somos nosotros los que debemos reconocernos unos a los otros como semejantes. Somos nosotros quienes debemos impedir que nos separen y nos hagan olvidar lo que hemos hecho, lo que hemos levantado con muchísimo esfuerzo. No podemos empezar a hacer un evento olvidando el que antes tuvo, y en algunos casos aún tiene un espacio, y que, de hecho, es un antecedente de ese que empezamos a hacer. No conviene que ignoremos dónde hay alguien que está levantando la misma piedra, o una semejante a la que levantamos. Eso es lo que quieren o lo que llevan a que ocurra, aquellos, que, a despecho de nuestra entrega de muchos años, prefieren que olvidemos, para, desde una posición de poder dictar las normas que todos debemos cumplir y a cuyas ventajas agradecer. Hay cosas que no están hoy en nuestras manos. Mucha gente ha expresado esa verdad con valentía por mucho tiempo, sin que cambie en la raíz nuestro panorama cultural. Entonces suponemos, de nada vale la palabra o el tiempo que dediquemos a decirla, si ella, por sí misma, no logra cambiar lo que nos echa a perder la vida. Todo eso es verdad, pero puesta a decirla y por voluntad propia en este ruedo (blog: Cine Cubano, la pupila insomne...), aspiro a que encuentre algún oído.

De esa memoria se habló en el primer espacio y durante el primer día del Festival de Video Arte de Camagüey, que inició su programa teórico intentando una reflexión sobre la razón de su nacimiento. Tú estabas allí, y de pronto apareció ante nuestros ojos la vieja tradición cultural de esta ciudad, donde el cine y luego ese concepto más amplio del audiovisual, han sido bienamados. Apareció, cómo no iba a ser, el Taller de Crítica Cinematográfica, pero también apareció con todo derecho El Almacén de la Imagen, bautizado así por Luciano Castillo, quien acompañado por tres realizadores: Jorge Campanería, Pedro Gutiérrez y Gustavo Pérez; estaba facilitando desde la institución ICAIC (eso y no otra cosa son las sedes provinciales llamadas Centro de Cine), el nacimiento de uno de los eventos más revolucionarios que existieron por esa época en este país.

Y recuerdo que nació justo por una razón: la Muestra de Cine de la AHS que se hacía en la ciudad de La Habana, no ofrecía el espacio que necesitaban aquellos jóvenes de entonces. Luego esa Muestra murió, por alguna causa que valdría la pena averiguar, y El Almacén... permaneció vivo durante los difíciles años 90, cuando había que luchar contra casi todo para mantenerlo. Lo cierto es que recordar cada una de estas cosas es un primer paso para entender esa otra historia más reciente, que algunos otros de los visitantes del café han lamentado, porque ya esos jóvenes no lo son tanto.

Santana pide ayuda a Anthony Hopkins para decir: "Hoy es el mañana que tanto nos preocupaba ayer." De modo que hay que guardar esa experiencia para no repetir lo que falló, intentar hacer orgánica nuestra obra, cuidándola, recordando cada huella, y a partir de allí ser nosotros más capaces de renovar puntos de vista y sobre todo aceptar, de verdad, los puntos de vista ajenos. "Aprender a relacionar las cosas, como diría el Sergio el de Memorias..., porque eso es el desarrollo". O como diría cualquiera hoy: ser orgánicos, coherentes, dignos de lo que hemos hecho. Todo eso puede hacer útil un diálogo de esta índole. Yo brindo de mi café a todos los cibernautas que lleguen hasta aquí, y hasta me creo que pueden compartir, enriquecer puntos de vista, o disentir respecto a mis verdades.

Oneyda González
Presidenta de la AHS en Camagüey (1993-1998)
Organizadora Programa Teórico. Primer Festival de Video Arte. Camagüey, 2008.

REPLICA DE GUSTAVO ARCOS A “EXCESO DE HISTORIA, DEFICIT DE VIDA”

jagb 05/03/2009 @ 15:06

Juany:

Estoy de acuerdo contigo sobre tus observaciones al valor que tiene conocer la Historia de nuestro cine. Como bien dices hay muchas zonas, autores, ideas y experimentos que son desconocidos por las generaciones recientes, quienes en muchas ocasiones creen que están descubriendo o inventando algo que ya se ha realizado y por cierto muy bien.

Mis observaciones críticas en textos anteriores colgados en este mismo blog se referían a la mirada triste o plañidera que suelo encontrar en diferentes espacios o discursos sobre nuestro audiovisual. Para ser más claros, he estado presente en los últimos años en numerosos eventos, paneles o mesas de discusión sobre la TV, el Cine, los medios, la prensa o la cultura y he sentido siempre esa vana cantaleta de que el pasado es grandioso, insuperable, lleno de glorias o figuras relevantes, etc, etc, etc. Es decir, en todos estos espacios surgen siempre voces renombradas que se escudan en el pasado para no enfrentar el presente.

Una y otra vez se trazan paralelos o comparaciones en toda línea entre diversas épocas y según sea la conveniencia política, se manipula lo ocurrido. Durante los debates previos al Congreso de la UNEAC estuvo sobre la mesa, la idea de volver a los 60, para retomar las ideas fundacionales de la organización, para recuperar lo perdido, para remedar lo mal hecho y recuerdo que en una de mis intervenciones al respecto hice una fuerte crítica a esa mentalidad geriátrica porque el asunto no es pensar en la UNEAC que tuvimos sino en la que queremos tener según el estado actual de las cosas y las relaciones o dinámicas culturales y económicas del presente. Incluso llegué más allá y me pregunté si era necesaria tal organización, teniendo en cuenta las perspectivas actuales y la fragmentación de la sociedad cubana, espectro que se ha atomizado de forma indetenible. Cuba no es ni será ya jamás la de los sesenta, el mundo ha cambiado tanto desde entonces que no es posible rediseñar ningún proyecto en el campo cultural (ni en ningún otro) pensando o sublimando el pasado.

He estado muy cerca de los nuevos o jóvenes realizadores durante casi 20 años y creo conocer bastante sobre lo que piensan, saben o desean en materia de cine. He recorrido todo el país en muchas ocasiones y he sufrido como pocos ese desconocimiento brutal que se tiene de nuestra cultura, nuestra verdadera historia y desde luego nuestro cine.

Pero a veces me pregunto si estamos entendiendo realmente el mundo de estos jóvenes o de los adolescentes. ¿No estaremos reproduciendo nosotros mismos las ideas y las expectativas de nuestra generación creyendo que son también las preocupaciones intelectuales que deben tener las actuales?. ¿No estaremos encumbrando figuras, acciones o gestos de otros tiempos, los nuestros, sin mirar realmente lo que sucede ante nuestros ojos?

¿Deben los jóvenes de hoy mirar con reverencia el pasado? Creo que deben hacerlo de forma crítica y desprejuiciada. Creo que tienen todavía mucho que conocer, valorar y desmitificar. Creo también que tienen que tener la mayor cantidad de referencias culturales si quieren hacer una obra que valga la pena, pero.... ¿y si estoy equivocado?.

Un saludo desde el Vedado

Gustavo Arcos.

MAS COMENTARIOS A PROPOSITO DE LA MUESTRA

ROLANDO LEYVA COMENTA SOBRE LA MUESTRA

Hola, Juan Antonio:

He leído con detenimiento las opiniones personales vertidas por Gustavo
Arcos y Jorge Luis Santana acerca de la Muestra de Jóvenes Realizadores.
Coincido plenamente con el punto de vista de ambos, ya que cada uno de
ellos expresa puntos de vistas muy específicos sobre un fenómeno para
nuevo dentro del audiovisual cubano.

El problema es que el discurso audiovisual de las nuevas y no tan nuevas generaciones de realizadores ha sido silenciado durante tanto tiempo que simplemente muchos jóvenes realizadores dejaron de serlo hace tiempo en algún momento incierto del pasado reciente, constituyendo en ocasiones en referente soslayado o simplemente olvidado dentro de la historia del audiovisual cubano, más cuando no accedieron muchos de ellos al largometraje, ese gran sueño postergado para muchos realizadores cubanos muy talentosos.

De ahí que también entienda esa necesidad latente que expresa usted de remitirnos a un pasado que resulta perentorio rescatar del olvido inminente. Hay mucha desconfianza y escepticismo en las palabras de Gustavo Arcos, pero lo entiendo a la perfección, ya que la sensación de frustración e impotencia implícita en el hecho de confrontar abiertamente a las instituciones y funcionarios con la capacidad de tomar decisiones sabias al respecto es notable.

Lo he padecido en carne propia. Les hablo entonces no como el crítico en ciernes que soy, sino como el realizador joven de apenas 28 años que ha pasado las de Caín para poder siquiera incursionar en el audiovisual joven como director de arte, guionista y actor empírico en apenas en un par de cortos de ficción que se han llevado a infeliz término con sangre, sudor y lágrimas.

Y me refiero sobre todo a la inaccesibilidad conocida al circuito de estreno (si acaso este existe), sino a la consecuente invisibilidad que padecen de manera crónica esta
clase de realizaciones audiovisuales, al menos en Santiago de Cuba, ya que
no me consta cómo será el proceso de su recepción pública en otras
provincias del país.

Descontando que no se puede disponer siquiera del apoyo emocional o institucional de las direcciones provinciales de cine y demás instituciones afines, y que los escasísimos recursos disponibles para la producción de los cortos se deben a la autogestión de los propios realizadores, al final, la que podría ser la recompensa simbólica a los esfuerzos sobrehumanos de filmar con mil limitantes, sobre todo tecnológicas, consistente al menos en el estreno y la exhibición pública de los cortos, en muy contadas ocasiones ha tenido lugar, y siempre con un elevado número de privaciones y limitantes incomprensibles, como ser proyectada una sola vez, el día de su estreno, para luego simplemente disiparse en el olvido.

No adopto la postura del adolescente ofendido o herido en su amor propio, cuando más quiero advertir que no es una postura inteligente, desde ningún punto de vista, cerrar los ojos y mirar hacia otro lado cuando alguien decide poner el dedo en la llaga y filmar o representar la realidad tal y cual se vivencia como experiencia existencial, o como la percibe en cuanto protagonista de sus mismas historias.

El campo de visión reducido de muchos directivos y funcionarios de cultura, que siguen arrastrando largas cadenas ideológicas completamente anacrónicas, imposibilitan al audiovisual joven, y quien dice el audiovisual joven se refiere en realidad al discurso artístico de las nuevas generaciones de artistas, insertarse de una manera orgánica y dialógica en las controversias y debates sobre la realidad social insular, una práctica y necesidad impostergable para una sociedad abocada inexorablemente al cambio, y que desestima cualquier intento vacuo de construir una realidad ficticia que escapa de la verdad de los hechos para proponer una ilusión óptica e inocua.

Las nuevas generaciones precisan un espacio de expresión de sus propias preocupaciones y dudas, muy alejadas de ese discurso optimista que elude el debate porque lo supone e instaura como una nota discordante con el discurso socialmente y políticamente establecido desde una verticalidad dirigente que evade la confrontación pública.

Recientemente tuve la oportunidad de participar en un debate sobre la competitividad, eficacia y pertinencia de las revistas de corte sociocultural que circulan en el país. Allí arriesgue el criterio muy personal que establecía el divorcio real y la desconfianza mutua que existe y se potencian entre las distintas generaciones de artistas e intelectuales comprometidos con el proceso de construcción de la sociedad cubana. Abogaba, en todo caso, por la inclusión, al menos paulatina, de aquellas voces y discursos jóvenes con la suficiente capacidad intelectual para emitir un criterio propio y responsable.

La reacción, perfectamente previsiblemente, fue la del maestro ofendido por el discípulo, la cual resulta sintomática porque una vez más establece el miedo patológico de los criterios y personalidades establecidas de concederle voz y voto a una opinión que lo más probable es que no coincida con la suya. Ahí volvemos al principio. La Muestra de Jóvenes Realizadores, más allá del apoyo formal que recibe de manera ocasional por parte de las instituciones implicadas, y que supone la materialización de los sueños, inquietudes y el esfuerzo desvelado de mucha gente inteligente, no pasará de ahí, de ser una muestra representativa quizás, pero siempre exhibida de un modo conveniente y sutilmente controlado a instancias superiores por razones harto comprensibles.

No me extiendo al respecto. Quizás hablo con el comprometimiento del que simplemente no tiene nada que perder, pero lo hago con la sinceridad del condenado. Ya me despido hasta la próxima aventura. Nos vemos en Camagüey la semana que viene. Saludos desde Oriente...

Rolando Leyva Caballero, crítico de arte y profesor de Teoría de la Cultura Artística, y Audiovisuales. Departamento de Historia del Arte. Facultad de Humanidades. Universidad de Oriente.

ARMANDO LINARES SOBRE LOS JOVENES Y EL PASADO

Muy interesante lo que he leído. Yo soy uno de los defensores de ver el pasado, sea en cine, historia, literatura, pintura, etc. Como una referencia, una escuela. En Cuba siempre ha existido miedo a hablar del pasado, a no comprometerse con el pasado, pero del pasado que no conviene que se hable.

En el cine o el documental cubano se han censurado obras que pudieran servir de referencia a los jóvenes realizadores. “PM” es un ejemplo. La vine a ver solo unos 5 meses atrás. Soy graduado de la facultad de medios audiovisuales del ISA y no había podido NUNCA ver PM. Solo oía decir que era conflictiva, mala y un montón de adjetivos que no la favorecían. Mi asombro fue que, conociendo el famoso discurso Palabras a los Intelectuales, descubrí que se había hecho por PM y eso muchas personas que hoy tienen 60 o 70 años, no lo interrelacionan, pues lo he podido constatar.

¿Qué han hecho con censurarla? Sobrevalorarla. De este pasado es que hay que hablar con respeto, de Gente en la playa, 58-59,de Néstor Almendros, otro olvidado del pasado, de Ramón Suarez, fotógrafo de Memorias del subdesarrollo, Las doce sillas, La muerte de un Burócrata, entre otras y con una extensa obra fuera de Cuba, de Germán Puig, de Vigón; pilares de la Cinemateca de Cuba, sin quitarle mérito alguno a Héctor García Mesa.

¿Por qué borrar de las estadísticas del baseball en Cuba, al Duke, si ni tan siquiera se ha pronunciado en contra de Cuba, solo por el hecho de irse del país? Por citar un ejemplo. Es cierto que muchos de estos intelectuales fuera de Cuba han tenido pronunciamientos muy fuertes en contra de la Revolución. Pero,¿nos hemos puesto a pensar por que se fueron? La respuesta la dan Titón, Tabío y Senel Paz, en Fresa y Chocolate, cuando Diego le dice a su amigo comunista algo así como ...yo no me marcho de aquí, a mi me expulsan…

Si creo que hay que conocer lo bueno y malo del pasado y vivir el presente y abordarlo en el cine de ficción y documental con valentía, objetividad y honestidad. En mi época de estudiante del ISA(1990-1995),el Decano de la Facultad decidía sobre el proyecto a realizar y ¡ay! de documentales como Zona de Silencio, Raza u otros de temas sociales o los llamados conflictivos, que han servido de tesis de graduación de jóvenes talentos. Ahora lo que falta es que sean televisados y no que sirvan solo para una tesis, un festival o un estante de DVDS.

A lo mejor he hablado de más y me he ido un poco del tema, pero creo que es bueno que se hable, que se tengan opiniones, que se debata. Oscar Wilde escribía: Una idea que no es peligrosa, no merece ser idea.
Un saludo,

Armando Linares (Producciones Aquarium)

DE YOELXY PILLINER

Juany:

Como sabes, no soy un artista ni mucho menos un crítico, leo tus post siempre que puedo, a pesar de mi carga de trabajo; pero me siento motivado a dar mis consideraciones sobre lo leído en la réplica de Gustavo Arcos a "Exceso de historia, déficit de vida".
Comparto su idea cuando plantea que hay que criticar las ideas geriátricas que aún existen este medio, y me atrevería añadir que no son solo ideas, también acciones, las cuales actúan como bloques monolíticos opuestas al desarrollo y la continuidad de la nueva historia, es decir, el presente que nos ha tocado vivir. Considero que los jóvenes de esta generación -artistas o críticos- debemos mirar el legado que nos dejaron nuestros padres espirituales con la mayor o la misma reverencia que le debemos a ellos, pero nunca (y quisiera no pecar de absoluto) desde una posición sumisa. Nos caracteriza la misma rebeldía que los caracterizaba a ellos en su momento, ¿o acaso ellos no hicieron lo mismo en aquel entonces?
Creo que no se equivoca el amigo Gustavo: Tenemos que consumir la mayor cantidad de referencias culturales (aunque es difícil conocerlo TODO, pero no imposible) para crear y dar continuidad a la obra, no solo que valga la pena sino que sea digna de portar los valores de estos tiempos sin necesidad de posar la vista en el pasado. La crítica sana, desprejuiciada y enérgica es la que debe prevalecer para que la historia, tanto del cine cubano como la de la vida misma, continúe su curso. Puede que esté errado, pero este es solo el juicio de un simple provinciano que también gusta de practicar el ejercicio del criterio.

Yoelxy Pilliner L.

EXCESO DE HISTORIA, DÉFICIT DE VIDA

jagb 05/03/2009 @ 13:21

El último párrafo del excelente post de Gustavo Arcos, coincide en esencia con el comentario que ha puesto a circular el artista plástico Jorge Luis Santana. A ambos parece inquietarles que los investigadores nos ocupemos de las fechas fundacionales, cuando hay tantos problemas por analizar y resolver en el presente.

Eso, como todo en esta vida, es susceptible de ser interpretado mediante prismas aparentemente irreconciliables. Por supuesto que nada parece más urgente que fijar nuestra atención en eso que discurre ante nuestros ojos, pero ¿puede darse el lujo el ser humano de ignorar lo que ha sido el pasado?, ¿no ha sido precisamente esas sucesivas fracturas en nuestra “memoria histórica” lo que ha posibilitado que las generaciones más recientes ignoren por completo que fue lo que sucedió en el llamado “quinquenio gris” (o “decenio negro”), para poner un ejemplo?

Oscar Wilde llegó a suscribir en algún momento una frase verdaderamente genial: “El único deber que tiene el historiador con la Historia es escribirla de nuevo”. No creo en eso. Lo que hay es que escribirla mejor. En el caso del cine cubano de los sesenta, me pregunto si el conocimiento que actualmente tenemos de su Historia es realmente el adecuado. Creo que uno de los grandes problemas que tiene el audiovisual joven en el país es que tienen pocos referentes, por eso predomina la improvisación, la cual se disimula detrás de una pretendida “independencia” tan solo porque se posee una cámara. Pero, ¿independientes de qué?

Muchos de los jóvenes creadores del patio andan, en cuanta a sutileza del lenguaje audiovisual, en un nivel que llamaríamos pre-Meliés. No solo están poco familiarizados con lo que está sucediendo ahora mismo con el documental en el mundo, sino que ignoran cuál ha sido la evolución de ese documental en el país. ¿Cuántos habrán visto los documentales de Guillen Landrián o Sara Gómez?, ¿O los de Joris Ivens, Chris Marker o Agnes Varda?, ¿Cuántos han visto “Desarraigo”, de Fausto Canel, “La ausencia”, de Alberto Roldan, “Tránsito”, de Eduardo Manet, o “El bautizo”, de Roberto Fandiño?, ¿se puede negar algo si no se sabe qué es ese algo, o cuál ha sido la evolución de ese algo?

Estoy de acuerdo en que un evento dedicado a revisar los orígenes puede devenir un punto de encuentro para las celebraciones recicladas. En lo personal, no me interesa ese tipo de “Historia” monumentalista, o anticuaria. Me motiva pensar críticamente el pasado, con el fin de desmontar aquellas zonas que se alimentan, una y otra vez, de mitos paralizantes. No hay por qué estimular en los más jóvenes esa “desmemoria” que ha marcado a las generaciones anteriores. El pasado puede ser un buen pretexto para, sobre todo, proyectar el futuro. Si estimulamos en los creadores jóvenes la misma desmemoria (el mismo silencio selectivo) que ha afectado a las generaciones precedentes, se corre el riesgo de que mañana se repitan las mismas torpezas que hoy censuramos.

Pero, desde luego, eso es una cosa, y otra creer que el pasado ya lo sido todo. Por supuesto que a mí me parece vital que nos ocupemos del presente, y creo que este blog ha dado pruebas de ello, pues me he buscado no pocas polémicas precisamente porque no comparto esa etiqueta que la historiografía al uso maneja para referirse al cine cubano de los sesenta (véase el post que habla de “El síndrome de Peter Pan”).

En mi caso, hubo un tiempo en que la “Historia” del cine cubano solo me interesaba como relato, y nada como problema. En esa “Historia” los acontecimientos se acomodaban igual que en una de esas películas o novelas que se conciben para el gran público: todo era fácil de entender. Los conflictos solo existían para resaltar la parte positiva de los héroes, de los fundadores. Estos no eran seres humanos, tan complejos como el más mortal de los mortales, sino paradigmas de algo incurablemente platónico.

Ya no suelo pensar en la Historia del cine cubano de esa manera, y eso, obviamente, no encaja con la visión romántica que muchos tienen de este proceso que ha sido el cine de la isla. No hace mucho alguien me adjuntaba el cargo de “ingrato” (ese parecía ser su argumento académico de más peso), y en vez de revisar los puntos de vistas que he esgrimido, me remitía a la “Historia” que existe, que según él no miente (como si esta no la escribieran los historiadores, seres finitos que muchas veces confunden el poder de la Verdad con la verdad del Poder).

Me decepcionan esas maneras de defender determinadas posiciones. “Me quieren bien, pero me defienden mal”, hubiese dicho Bolívar. Si a mí no me interesara el cine cubano (casi hasta el insomnio) este sitio no existiera (y dicho sea de paso: existe sin que sea un encargo de institución alguna). Lo que sí no me interesa es ese tic fetichista que hace de las fechas fundacionales la suma de todo lo que ya ha podido ser. Que nos convierte en meros epígonos de algo que otros construyeron con anterioridad. Que nos impide seguir haciendo “Historia” porque esta ya llegó a su fin, y estamos condenados a celebrarla, imitarla (en el caso del cine cubano, habría que seguir pariendo “Memorias” y “Lucías” hasta el infinito).

No voy a reiterar las reservas que me provocan esos lugares comunes que lo único que hacen es reciclar una opinión “autorizada”, sin que sea fiscalizada la fuente. Concedo que en mis argumentos pueda influir demasiado un subjetivismo que se niega a heredar de una manera poco crítica algo que, más que Historia, es rumor grupal. Pero al margen de ello, estaría el sentido común: nadie de niño hace las cosas mejor que cuando es un adulto (o por lo menos, esa no es la regla). De allí que no pierda de vista aquello que tanto angustiaba a Nietzsche:

“La creencia de que se es un ser rezagado en su época es verdaderamente paralizadora y muy a propósito para provocar el mal humor; pero cuando semejante creencia, por una inversión audaz, se dedica a divinizar este ser rezagado, como si verdaderamente fuese el sentido y el fin de todo lo que ha pasado antes que él, como si su miseria sabia equivaliese a una realización de la historia universal, entonces esta creencia nos parecería terrible y devastadora”.

El problema es que muchos de los jóvenes cineastas de hoy están repitiendo los mismos errores que muchos de los jóvenes cineastas de los sesenta, porque todavía no conocen a fondo esa Historia.

Juan Antonio García Borrero

JORGE LUIS SANTANA: MAS SOBRE LO JOVEN Y LA HISTORIA

jagb 04/03/2009 @ 22:10

Juan Antonio:

No soy ningún crítico ni escritor, por lo que esto son solo algunas reflexiones que me provocaron los mensajes anteriores. Los comentarios en torno a la muestra de jóvenes realizadores me parecen bien. Concuerdo perfectamente con las apreciaciones y criterios de Abelardo Mena, muy a tono con nuestra forma actual de pensar.

Solo tengo una interrogante, ya que se está convocando a dirigir más la atención, (institucionalmente) hacia este nuevo fenómeno, (relevante ya desde hace algunos años) de la producción descentralizada del audiovisual; no solo de producciones puramente, por así decirlo, "cinematográficas", sino también desde la plástica, videoartes, videoinstalaciones,etc., que, sin duda de un modo mucho más abarcador y profundo, conforma el imaginario de una realidad Cubana contemporánea.

Entonces, me pregunto por que el próximo encuentro de la critica cinematográfica de Camaguey 2009, se centra en la época "Dorada" del cine cubano de los 60, en vez de ajustarse y debatir las complejidades del mundo actual en el audiovisual contemporáneo, influencias internacionales, políticas y estrategias de inserción, acompañamiento teórico en alguna medida de lo que ahora mismo está sucediendo.

Estoy seguro que esos temas se debatirán en alguna medida, pero me parece muy sintomático y contradictorio en los momentos actuales, es mi modesto entender, la formula de "volver a los clásicos" y a la fundación, que sin duda están allí, pero ¿que está pasando con nuestra realidad de ahora mismo?, ¿tendremos que resignarnos, como en el caso de otras noticias, a las referencias de debates en espacios internacionales?.

Gracias,

Jorge Luis Santana (artista plástico)

PD: ANNA ASSENZA SOBRE 8º VA MUESTRA.

LA BÚSQUEDA DEL CONSENSO A TODA COSTA ¿PA QUE?.(Subtitulo: ¿O las furias del interés privado?)

…Son los ‘signos’ de los tiempos, y es inútil querer ocultarlos bajo mantos de púrpura o hábitos negros, no indican que ‘mañana’ vayan a ocurrir milagros, pero demuestran cómo hasta las clases gobernantes empiezan a darse cuenta vagamente de que la sociedad actual no es algo pétreo e inconmovible, sino un organismo susceptible de cambios y sujeto a un proceso constante de transformación…
…acogeré con los brazos abiertos todos los juicios de la crítica ‘científica’, en cuanto a los prejuicios de la llamada opinión publica , a la que jamás he hecho concesiones, seguiré atendiéndome al lema del gran florentino (Dante Alighieri) ‘non ti curar di loro ma guarda e passa’ (sigues tu camino y no escuchar a nadie).

Esto es para citar a Marx que siempre sirve de vez en cuando sacarlo a la luz…

…o como dice un dicho árabe o el titulo de una novela de Truman Capote: ‘los perros ladran, la caravana sigue’.

Cuando era todavía una adolescente (en la década de los 70’) me sentía muy afortunada por ser hija de sicilianos pesados y anticuados, o mejor dicho: mafiosos sin remedio en sus vísceras mas recónditas, o sea un hecho cromosómico, como lo llamo yo: ‘Herencia cromosómica subconsciente de un pensamiento histérico chantajista’; en mi casa había una biblioteca que cubría las 4 paredes de la sala de lectura, algo que solamente una clase social alta tenia la fortuna de poseer. Mis padres estaban muy contentos del hecho que yo fuera curiosa y fanática a la lectura, pero no se daban cuenta que mientras mas yo leía mas gana tenia de tomar una pluma en la mano para contestar a todos aquellos genios de la literatura, formándome así como pensadora independiente, imagínese cuando descubrí estas letras que cite aquí arriba, que como adolescente yo traduje: ‘me importa un pito de la opinión de los demás”.

Desde entonces nunca me han gustado los ‘Consensos’ de los adultos o las etiquetas que ese mundo nos proporciona constantemente para definir a toda costa algo que sucede fuera de su propio control, siempre estuve fascinándome por la tecnología que avanza sin remedio. Para mi gusto una cámara es una pluma que escribe sin pedir permiso a nadie, un ojo curioso que es capaz de mirar todo lo que le parece digno de ser impreso en la memoria, una-un adolescente que nunca pierde la gana de jugar, una-un adolescente curioso y jodedor, alguien que tiene el valor de mostrar-se a la multitud para decir algo a gritos, valioso o no poco importa, lo mas importante es la osadía, la valentía de echarse encima todos los perros que ladran y no hacerle caso… lo mas importante es leer para aprender el habito de la ética cósmicamente justa… y leer es algo intimo, es el primer paso para Ser en un futuro próximo lo que se nos antoja, las consecuencias son siempre nuestras, dolorosa o no.

La Muestra de cine de los jóvenes realizadores por lo tanto yo la tomo por lo que es: un espacio significativo y necesario, simplemente porque es y punto. Yo puedo gozar de ello o no, es mi libertad. En los días de hoy cualquier ojo puede fijar algo en una pantalla, ¿porque no? Hasta un celular puede servir para eso, así que de que sirve querer a toda costa el consenso de los ‘adultos’? Yo me sentía afortunada cuando era una adolescente y leía todos aquellos libros, decía una cuartilla mas arriba, por ser siciliana, mujer y ciudadana de una isla subdesarrollada, eso me forjó como luchadora ya que de censores estaba lleno el mundo en aquel entonces histórico siciliano, me permitió aprender decir las cosas que siempre he considerado cósmicamente justa al momento, o sea ‘ahora’, sin importarme las consecuencias, el justo ‘pese a quien le pese’; cuando documento algo nada me importa si me dan consenso o menos, pararse atrás de eso no conlleva a ningún lugar históricamente contemporáneo, o sea: lo que fue impreso hace 5 años ya es historia, se convierte automáticamente en ‘Cult’ necesario para no perder la ‘memoria’.

Como cine-mato-grafara (en italiano: una que hace cine por dilecto propio) no me interesa el consenso televisivo o festivalero, me lo enseñó Pasolini y todos los que le siguen después de el… aquí en Cuba Titón, Santiago Álvarez, Rapi Diego, Fernando Peréz, Terence Piard, Iskander, Daniel Díaz Torres, y otros tantos mas que siento no recordar sus apellidos como lo del joven (en el 2003) Italo Elo, de lo cual pero me acuerdo los títulos de sus obras: ‘El jardín de Norma’, ‘Intimidad entre A y B’, ‘Intimidad entre A y B 2’, y todos los que poco les importa si sus películas son vendibles o menos, si estamos en contra el capitalismo cruel tenemos que serlo hasta el ultimo aliento y en todos sentidos. El cine para mi no es una industria, mas bien es algo mas que eso, es ‘Arte del decir cosas que tengo por dentro y quiero sacarla a la luz de una pantalla-muro donde gente-publico pasa y sacará su propia conclusión’…y mientras filmo pienso firmemente lo que pensó otro Grande de la Historia que dijo: ‘¿Acaso tengo derecho a confundirme con aquellos a quienes hoy se presta atención? Lo que a mi me pertenece es el pasado mañana. Algunos hombres nacen póstumos.’

En fin, no quiero ofender a nadie con mi opinión, pero sí me da gusto hablar de esto, quizás mi pensar les pueda dar a los jóvenes de hoy la fuerza de continuar a buscar caminos sin pararse demasiado en buscar consensos… y sin darle demasiado peso a las dificultades o a los problemas. Viva Dios que existen los problemas, eso comporta siempre una resolución, es una ley matemática: problema-desarrollo-solución. Estamos vivos, eso es lo esencial de la cuestión.
Personalmente estuve muy feliz en estos días de la Muestra, ¡Gracias, Marisol y a quien por ella¡

Anna Assenza
(cine – mato – grafara independiente de las pesadeces)