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Categoría: POLÉMICAS

OTRO COMENTARIO DE GUSTAVO ARCOS SOBRE NUEVOS REALIZADORES

jagb 04/03/2009 @ 19:04

El post de Abelardo a partir de las observaciones que hice sobre la recién finalizada Muestra de Nuevos Realizadores contiene algunos puntos que estuvieron sobre la mesa de discusión del evento. Por ejemplo, la necesidad de hacer extensiva estas presentaciones de filmes a otras provincias, países o espacios de la ciudad.

Hay un sentimiento general de que el cine alternativo o semiindependiente apenas se conoce. Falta mucho que avanzar en ese sentido, darle promoción y encontrar espacios sistemáticos en la televisión o las salas para su exhibición. Pero para ser también justos, se ha ganado algo en comparación con las primeras de estas ediciones. La sala de video del Centro Cultural del ICAIC, el cine Infanta, la Sala Caracol de la UNEAC han sido algunos resquicios por donde se ha colado el audiovisual joven, más allá de los días de la Muestra. Algunos materiales premiados en la edición del 2007, acompañaron estrenos cinematográficos en la capital, intentando reeditar aquellas recordadas tandas de otras épocas que incluían noticieros ICAIC, documentales y filmes.

En provincias la cosa deja que desear. Autoridades locales, ideólogos, promotores o directores de los Centros Provinciales de Cine, toman decisiones arbitrarias sobre estos materiales, censurando su exhibición o reduciéndola a brevísimos momentos. Yo personalmente he encontrado obstáculos y recelos de estos “directivos” en provincias a la hora de promover las obras. Proliferan figuras que investidas de autoridad determinan que ponen en “su granja” sin importar lo que ocurra en la capital con esas mismas películas, imponiendo una suerte de ¡aquí mando yo!.

Hubo propuestas de utilizar las salas de video que posee la UNEAC en casi todo el territorio para propagar estas obras. En ese sentido habría que, desde la oficina de la Muestra en el ICAIC realizar copias de los trabajos más relevantes y enviárselos a provincias. También deben hacer algo los propios realizadores para insistir con las autoridades o promotores culturales locales, en la exhibición y debates de sus obras. Hay que tomar acciones y no sentarse a esperar por las instituciones o la voluntad de la gente. Las universidades o centros culturales que por decenas existen en toda la isla pueden hacer de estas exhibiciones una regularidad. La A.H.S debería tomar cartas en el asunto, promover y gestar todo tipo de iniciativas al respecto. Ellos tienen muchos contactos en las Universidades y circuitos juveniles.

Sucede también que en muchas ocasiones se programan presentaciones de estos materiales y no hay público, solo unos pocos interesados. Ocurre incluso en el marco de los Festivales de Video o eventos nacionales de cine a los cuales va siempre el mismo tipo de espectador. ¿Poca difusión?. ¿Desinterés?. ¿Ausencia de cultura cinematográfica? ¿Prejuicios con el cine joven o alternativo?. ¿Malas condiciones técnicas de los locales? Aquí hay de todo u poco.

Otras cuestiones sobre el “cine independiente”. La Muestra tiene un marco o sea en ella concursan materiales realizados por menores de 35 años. A tal (d)efecto “biológico”, los que sobrepasen esa edad ya no son jóvenes o nuevos creadores. Es una discusión que ha estado flotando desde el mismo inicio de las Muestras. Sucede que no son pocos los que rebasada la edad, siguen haciendo un audiovisual alternativo a los centros productores oficiales del tipo ICRT o ICAIC. Obras por cierto también experimentales y arriesgadas, sin embargo poca oportunidad de exhibición encontrarán pues las muestras, que se hacen sobre la Muestra (valga la redundancia) englobarían solo los trabajos aceptados en ella. No podemos olvidar que todo el circuito de exhibición del país está controlado por el Estado. Las salas de cine pertenecen administrativamente al Poder Popular (!!) y la exhibición de los materiales va por cuenta del ICAIC. No hay grandes circuitos alternativos de exhibición, ni por supuesto locales privados (salvo nuestras casas) que permitan proyecciones y debates de los filmes. Las salas de video son también controladas por el estado o sus organizaciones de masas del tipo UJC. Es decir quien tiene el poder determina el qué, cuando, como y donde se exhibe.

Las nuevas tecnologías han desde luego erosionado ese control absoluto. Es una realidad indetenible. La distribución por vías paralelas, personales, utilizando discos duros, DVD, memorias flash, etc, han creado un flujo constante de materiales que se pasan de mano en mano. Internet, los correos electrónicos, los blogs y otras vías permiten también la promoción alternativa de estos materiales e incluso se generan discusiones o textos teóricos sobre los mismos. Es una realidad y sus efectos culturales se pueden notar. Muchos, e incluyo a no pocos de los directivos de la propia industria, están conscientes de esto pero su poder de decisiones al respecto es nulo. Sus manos están atadas por vetustas leyes y resoluciones de instancias superiores, ajenas como casi siempre de las dinámicas de la vida contemporánea.

El ICAIC, nos guste o no, ha dejado desde hace 20 años de ser el gran centro productor del cine o la imagen en Cuba. Ese extraordinario proyecto que tanto hizo por la cultura cubana y que a tanta gente valiosa convocó durante cinco décadas tendrá que reformularse y adaptarse a las nuevas realidades sino quiere diluirse en el tiempo. Del ICRT, controlado obsesiva y neciamente por los ideólogos del estado, mejor ni hablar.

El audiovisual de la isla está completamente fragmentado y no habrá vuelta atrás. Escucho a muchos de mis colegas recurrir al pasado, contar historias y añorar otros tiempos, incluso proponer volver atrás rememorando la televisión o el cine de otras décadas. No hay más que asistir a los eventos nacionales para escuchar un continuo lamento por lo que fuimos o perdimos. Tales gestos y acciones nos paralizan y afantasman, es como si pretendiéramos congelarnos en el tiempo mientras la vida nos pasa por delante.

Gustavo Arcos.

ABELARDO MENA SOBRE LOS JOVENES REALIZADORES CUBANOS

jagb 04/03/2009 @ 13:15

Muy interesantes las apreciaciones de Gustavo Arcos sobre la Octava Muestra de Nuevos Realizadores. Sin embargo, creo que a esta generación, más que su falta de unidad, la une un potencial rabiosamente revolucionario, desde el punto de vista ético y estético.

No han sido convocados a tareas de choque por la UJC ni por el PCC, no esperan recibir ni el beso de la patria ni un viaje a la URSS, no son becarios de ningún pensamiento oficial ni esperan cautelosos por la medalla por la cultura nacional o el Lada correspondiente de otros tiempos. Simplemente quieren ser y crear. Asimismo se hizo el ICAIC y el nuevo cine latinoamericano, ya sin los horizontes visibles de utopías narcóticas. Son los hijos del Periodo Especial y la post-soya, y encuentran -sin manifiestos ni grandilocuencia- su espacio gracias a la tecnología digital.

Pero no es necesario pedirle a las instituciones más de lo que nosotros mismos no podamos hacer. ¿Por qué no crear un ciclo en torno a las Muestras, que se haga mover por el mundo mostrando el aliento irreverente de este nuevo audiovisual cubano? ¿Por qué no fundar un grupo gestor para la promoción de estas obra "nueva" (realizador joven se es a los 40 también), que aproveche las nuevas tecnologías para atraer la atención del mundo sobre esta creación? El arte cubano de los 80 y 90 lo supo hacer con su crítica, ¿por qué desaprovechar esta oportunidad única que ofrece el surgimiento de esta generación sin mapas preconcebidos?

Un saludo,

Abelardo Mena

OTRA OPINIÓN SOBRE LOS DIOSES ROTOS, LOS CINEASTAS Y LOS CRÍTICOS

jagb 27/02/2009 @ 23:00

Juan Antonio:

Me resultaron muy interesantes sus comentarios sobre “Los dioses rotos”. En lo personal la considero una película superior a “El cuerno de la abundancia”, en mi opinión muy sobrestimada por la crítica del Festival de Cine de La Habana que le otorgó un tercer coral inmerecido, teniendo en cuenta que aunque cada año que pasa disminuye la calidad de la muestra en concurso, en evidente contraste con las muestras colaterales de cine europeo o asiático, no es menos cierto que ofrecía este año algunos filmes medianamente buenos, y que superaban por amplio margen a la película cubana. Pero esto no pasa de ser una observación muy personal.

“Los dioses rotos” me parece una película correcta, aunque las mejores actuaciones no fueron precisamente la de los protagónicos. Héctor Noas sigue demostrando un gran temperamento y capacidad de desdoblamiento, y quizá quien único lo supere en ese aspecto sea Mario Guerra. La película se resiente no en la idea original, que me parece muy buena, sino en un casting no muy exigente, o en una dirección de actores que no les impuso a los intérpretes un tono verdaderamente espontáneo sino incluso académico y epidérmico por momentos, muy artificial, limitante que se proyecta sobre todo en la concepción del personaje de Alberto, con un peso determinante en la trama, al ser el sustituto simbólico de la figura de Yarini.

También me pareció un tópico el hecho de vincular la prostitución, el proxenetismo y la brujería, entiéndase la santería, en una trinidad que no funciona necesariamente de esa forma. Mi experiencia personal como observador involuntario del mundo de la prostitución en Santiago de Cuba, donde es un problema galopante, me dice que los rituales sociales establecidos al respecto no tienen una carga litúrgica tan fuerte, es decir, no constituyen una presencia o una práctica determinante en estos casos, sobre todo cuando el filme se mueve como una suerte de crónica social de corte antropológico que intenta diseccionar la marginalidad habanera.

Me parece una película, lo confieso, un tanto anacrónica, o al menos desfasada. Ese realismo (socialista) sucio que tanto proliferó en la literatura cubana de los 90 fue un caldo de cultivo que se lanzó acríticamente por el caño, sin desentrañar ni apreciar su valor como testimonio muy gráfico de una época muy reciente y fresca en el ideario colectivo. El final trágico, aunque perfectamente predecible resultó coherente con la hilvanación dramática de la historia, que por momentos pierde la coherencia por la multiplicidad de narradores o relatores intradiegéticos que hacen sus propios apuntes sobre la historia que vivencian como personajes.

Cambiando de tema. Me parece que la crítica cubana no puede aspirar a reconciliarse con los realizadores. Nos necesitamos mutuamente, nos utilizamos, pero resulta idílico pensar que podríamos llegar a entendernos. En primer lugar no sería saludable. Los vínculos afectivos nos harían pasionales, creativos, confesionales, pero castrarían nuestra capacidad para sustraernos a la amistad, y las deudas de gratitud para ser sinceros, en primer lugar, con nosotros mismos. Ahí comienza el problema. Sin mencionar aunque se haga, el irrespeto visceral que sienten los realizadores por el aparato crítico institucionalizado que juzga su obra.

Hay gente muy talentosa y con una reputación a prueba de holocaustos nucleares, que trabaja muy duro a tiempo completo, y aún así la crítica en Cuba, en el campo de la creación cinematográfica, sigue siendo considerada un ataque personal, y como tal reaccionan los creadores. Por ello es que siguen predominando las medias tintas y los discursos conciliadores, para salvar las apariencias y las amistades, y eso no es bueno.

Quizá para mí resulte muy fácil afirmar todo lo anterior porque no pertenezco al gremio y no conozco verdaderamente sus mecanismos internos de funcionamiento, pero considero que la crítica cubana crecerá cuando se proponga, en primer lugar, ser consecuente con su función social: instigar al espectador, provocarlo, movilizar su capacidad analítica, y nunca leer y traducir para ese gran público que olvidamos y subestimamos cuando escribimos para una minoría ilustrada, cuando se debería intentar escribir para casi todos. Es mi opinión.

Ya me despido. Nos vemos por Camagüey. Espero que no sea muy difícil acceder a los debates y las proyecciones del Taller de la Crítica. Saludos desde Santiago de Cuba..

Rolando Leyva Caballero. (Profesor de la Universidad de Oriente).

POLÉMICAS

jagb 07/02/2009 @ 14:05

Alguien acaba de preguntarme lo mismo que a veces me interrogo: ¿por qué resultan tan intrascendentes nuestros debates en torno al cine nacional? Esto intriga mas porque el nuestro es un país donde todos los años se hacen películas, todos los días se escriben artículos, ensayos y libros sobre cine cubano, se organizan talleres y eventos sobre cine cubano, se leen conferencias y/o clases magistrales sobre cine cubano, pero no se discute el cine cubano (que es otra cosa).

¿Por qué son tan poco enriquecedoras las polémicas sobre cine cubano en este país? Dije polémicas, y creo que soy demasiado generoso, pues desde los tiempos de Alfredo Guevara con Blas Roca, y luego el propio Guevara con Rodríguez Alemán por lo de “Cecilia”, no recuerdo en Cuba una buena controversia referida al cine nacional. Ni siquiera el desencuentro de críticos y cineastas en las postrimerías de los ochenta nos sirve de referente, ya que casi todo quedó en los predios del ego mal remunerado. Al igual que lo acontecido en el quinto Taller de la Crítica celebrado en Camagüey en 1997 (no cuento lo sucedido con “Alicia en el pueblo de Maravillas”, que fue torpe andanada de un solo bando, jamás polémica intelectual).

Tengo la impresión de que si alguien intentara hacer con el cine cubano lo que la Dra. Pogolotti realizó con las polémicas culturales de los sesenta, se vería obligado a copiar y pegar lo que ya existe en aquella antología. Y eso nos da la medida de hasta qué punto hemos carecido en este terreno de un pensamiento crítico sistemático. Nos hemos quedado en el inventario de opiniones personales, que hablan mejor de nuestro humor a la salida del cine, que de lo que sucede más allá de nuestros sentidos. El gesto más atrevido no ha pasado de acusar a la industria de que no ha podido superar las glorias de antaño, o los cineastas en hablar mal de los expertos, pero sin atrevernos a desenmascarar entre todos, aquellos mecanismos profundos que han coadyuvado al actual orden de cosas.

Así, polémicas que prometen ganar altura y trascender, muy pronto se frustran porque cada adversario intenta afianzarse en una posición, en vez de negociar un punto de vista superior. O se esgrimen medias verdades que al final deja todo a medio camino. La pregunta entonces sería, ¿cómo fomentar una auténtica cultura de la polémica entre aquellos que le desean el bien al cine cubano?, ¿una polémica que nos haga crecer, o por lo menos, que no mutile o anule?

Ese desafío es más complejo que descalificar o exaltar las películas que vemos en la pantalla, pues tales polémicas nos obligarían a pensar no tanto en el pasado como en el futuro. Incluso, va más allá de lo que institucionalmente nos concedan: es responsabilidad del individuo. Desde luego, se tendría que ver más cine (no solo cubano), leer más de lo que en la teoría actualmente se propone, y sobre esa base, discutir más. Quizás sea por eso que esa cultura del debate ahora mismo es una utopía entre nosotros.

Juan Antonio García Borrero

PD: LA CINEASTA ITALIANA ANNA ASSENZA SOBRE LAS POLÉMICAS EN EL CINE CUBANO

Juan:

Si se me permite participar en esta interesante tertulia, (utilizo el “se me permite” ya que yo soy italiana, y para gozar compartiendo ideas de todo lo interesante que llega a mi ordenador me toca explicar que comparto el correo electrónico con uno de los mas interesantes cineastas cubanos.... Declaro por lo tanto que no soy una ladrona de correos, Fernando Pérez muy gentilmente me permite utilizarlo porque de lo contrario no pudiera comunicar con nadie, y ya que vivo en esta isla desde hace 10 años considero que seria cruel relegarme al rol de forastera sin correo, ya que a esta altura soy extranjera también en mi país de origen, diez años de lejanía representan un tiempo considerable, creo.

No tengo otro remedio que considerarme de alguna parte de este Mundo, por lo contrario me seria negada constantemente la libertad a opinar y eso me parece cruel para un escritor, seria come cortarle la lengua a un orador, o cortarle los brazos a un remador o pudiera continuar hasta que mi causa se comprenda. No es un meterme en algo que no me concierne, quiero aclararlo, no es mi culpa si este País me hechizó y sus habitantes también, aquí estoy y no me pasa ni remotamente la idea de irme). Declarado esto que me parece imprescindible me gustaría comentar algo que quizás nada tiene a que ver con el cine, pero si tiene que ver con un programa televisivo que se da el viernes por la noche ante de la 7ª Puerta, “Vale la pena”.

Ayer, el ilustrísimo doctor Calviño nos habló del peligro que se esconde detrás de la libertad de acceder a internet, su consideración me dejó sin habla de veras, como si la culpa del egoísmo imperante de los seres humanos la tuviese ese gran invento maravilloso que la modernidad nos ha dado. Te vendrá espontáneo preguntarte que tiene a que ver ahora internet con el cine cubano y la polémica constructiva sobre ese argumento... pues para mi tiene sentido, ya que en esta época moderna nosotros los cineastas, o escritores o críticos o todos a los que nos gusta comunicar podemos finalmente hacernos conocer en tiempo real en cualquier parte del mundo y organizar tertulias interesantes desde la silla de nuestra propias casas.... hablando a rueda libre: me viene espontáneo sugerir que con impedir que la modernidad avance no se llega a ningún lugar, todo lo contrario, se logra construir una mentalidad al miedo de decir las cosas y a la clausura total de la capacidad de polemizar constructivamente....

El cine hoy en día es mas fácil hacerlo gracias a la tecnología moderna, a la era digital, lo que ante era solamente para los elegidos burgueses ahora puede manejarlo todo tipo de clase social; cualquiera ahora mismo puede documentar lo que sucede alrededor, aunque muchos pueden decir que quizás no se hace arte como se hacia 'antes'. Cuando era jovencita escuchaba decir que la computadora le quitaría esa pátina artística a los que manejaban la maquina para escribir, o el bolígrafo, y que la cámara digital le quitaría ese ojo critico a los fotógrafos de verdad.... en fin, lo que quiero decir es que el miedo a crecer aun tecnológicamente es lo que arruina la libertad de movimiento constante, aunque no queremos verlo, todo se mueve incesantemente hacia alante, es inevitable....

Y ahora vengo al punto de la cuestión: hace un año vi una película cubana hecha por un cubano, para mi gusto extraordinaria, se trata de un documental que se llama AHORA, del distinguido cineasta Alejandro Moya, un ex joven realizador, digo ex porque ya su edad no les permite quedarse en esa etapa tan bella y en el mismo tiempo agotadora de la vida, y utilizo el termino 'agotadora' porque cuando se es joven todo el mundo no te considera gran cosa, eres joven y parece que no tienes derecho a opinar (ni aquí y ni allá, o sea que eso pasa en todo el Mundo ahora mismo, en estos tiempos tan oscuros, cuidado, no quiero decir que aquí no hay libertad de expresión y allá si la hay (y por allá me refiero al 'allá' del mundo capitalista), solo quiero aclarar que los viejos son iguales en todas partes del mundo, de arrogantes .... y yo ya soy viejita así que sé lo que digo, sin embargo confieso que tengo mucha nostalgia de los tiempos en los cuales las revoluciones las hacían los jóvenes, lamentablemente se acabaron los tiempos del Joven Martí o del joven Gramsci o del joven Fidel, o del joven Ché Guevara, o de todos aquellos que tuvieron agallas y cojones para gritar al mundo entero lo que estaba mal, a lo mejor se hicieron muchos errores, pero por lo menos se gritaba en voz alta).

Quizás aparento perderme del tema, pero te aseguro que no, llegaré al punto focal en unas lineas más abajo. Como decía hace un año que vi ese documental extraordinario, y esperaba verlo en las salas cinematográficas de todo el País, ya que esa película pudiera darle la oportunidad al cine cubano de crear una polémica constructiva aquí y ahora para no caer en las trampas del miedo y entonces seguir el consejo balbuceado del doctor Calviño de alejarse del diablo internet, (creo que balbuceaba porque ni el se lo creía), no es vetando las cosas o alejándose del tema central de la cuestión que se llega a un nivel altísimo de pensamiento, deberíamos tener confianza en la inteligencia y abrir las puertas (que son mas que 7, eso espero) de lo vetado y finalmente enseñar a utilizar la tecnología moderna y tener el coraje de decirle a la cara a Alejandro Moya por qué no se quiere mostrar esa película que hizo con sus propios recursos y con la ayuda de la tecnología moderna, ¿por qué se tiene miedo al debate? ¿Cuál es la cuestión verdadera? ¿Tienen miedo a que un director de cine pueda decir cosas que es mejor no oír? ¿Y por qué? ¿Quién decide eso?

EL PUNTO FOCAL: ¿de qué polémica se quiere debatir si se le impide a los cineastas cubanos de este tiempo mostrar sus propios esfuerzos? ¿si se le impide a la tecnología de avanzar aquí y ahora? ¿Si se tiene miedo a hablar? ¿a expresar lo que nuestros cerebros se preguntan en los sitios mas recónditos de nuestros hogares, tipo el baño o la cocina o la cama, mientras estamos acostados mirando el techo ante de dormir?. ¿Porque siempre hay alguien en la puta Historia que decide lo que se tiene que pensar y lo que no?

Estamos a un paso de arruinarlo todo por culpa del miedo a debatir. Por culpa del miedo a navegar en el mar infinito del Conocimiento... 'AHORA' Alejandro Moya la hizo gracias a la oportunidad que tenemos de comunicar en tiempo real con todo el globo, la hizo gracias a la capacidad que tenemos hoy en día de no quedarnos afuera de lo que sucede en el mundo entero. ¿Como pudiéramos comunicar con el subcomandante Marcos sin internet? ¿O con los 'compañeros' de todo el globo que trabajan por un ideal común? ¿Como pudiéramos leer las letras tramposas que salen desde la boca del nuevo Presidente de los Estados de los Poderosos? ¿Como pudiéramos debatir de cualquier cosa y no solo de cine cubano? ¿Como pudiéramos contestarte a ti sin este Blog?

Imagínate que te envío una carta por medio de un correo postal, estaríamos siempre fuera de tema.... jejejejeeje... y el pobre cartero tampoco tuviera tiempo para estar con sus queridos, ya que se la pasaría viajando paquí pa allá en el interior de Cuba.... así que Calviño debería hablar de otros motivos que contribuyen alejar los internautas de sus propios queridos.

Yo le deseo un bien infinito al cine cubano. Piezas como 'La segunda carga al machete' son cosas para andar muy orgullosos, o “Madagascar”, o “Fresa y Chocolate”, pieza de grandísima y exquisita sabiduría Philosofika, sin quitarle nada a todo lo mencionado por ti, Juan, que me encuentras perfectamente de acuerdo en cuanto a gusto. Me gustan todas las películas que has mencionado. Pero al mismo tiempo me viene espontáneo decir que me gustaría también debatir sobre el nuevo cine cubano, el de ahora, lo que hacen los cineastas de esta generación, pero no solamente los pocos que se ven en los lugares 'permitidos', mas bien todo lo que se hace aquí, aunque lo que aparenta ser basura merece ser vista, nada mas ni nada meno para agradecer el esfuerzo que los realizadores hicieron para filmar. Y para poder confrontar ideas y crecer con eso. El debate es siempre positivo, no perdamos la libertad de hacerlo, eso seria fatal para cualquier tipo de expresión artística. El Arte no puede tener ningún patrón de conducta, por lo contrario se convertiría en artesanía barata. Esto es lo que pienso yo.

Con esto creo que serán muchísimos los que me dirán que hay un lugar apropiado donde se pueden ver las películas de los jóvenes realizadores cubanos, que es por cierto la Muestra que se dará en unos días. Pero no me refiero a ese tipo de elección, que de todas formas sigue el patrón de quienes eligen cual y cual película se puede mostrar y que eso pasa en todas partes en el mundo.

Para mi y no solo para mi, la película 'Ahora' es una pieza exquisitamente bien lograda, nsisto que no entiendo por qué no se ha mostrado todavía al publico, sobre cien personas que la vieron, todos se han expresado igual que yo. No quiero con esto hacerle publicidad gratuita a Alejandro Moya que a mi personalmente me cae de lo más bien ya desde 'Mañana' y desde sus poemas extraordinarios y desde su capacidad a contribuir al desarrollo del panorama artístico de este País.

He aprendido aquí en Cuba que debo aclarar todo lo que pienso, o de lo contrario se malinterpreta lo que quiero decir, y eso no me lo perdonaría jamás. De todas formas la película 'Ahora' se mostrará por fin en la muestra del 24 de febrero corriente año. Lo que me deja perpleja es ¿por qué no se exhibió hace un año? ¿Por qué se le dedica espacio en un sitio inapropiado? Ya que joven ya no es hace unos años. (entre tú y yo, tuve que mostrarle la peli a Fernando para ver si podía apoyarlo, y justamente la peli le gustó también al gran Maestro que la quiere mostrar en la Muestra de los jóvenes realizadores) ¿Por qué no se le dijo la verdad en la cara a Moya cuando la presentó terminada al ICAIC? ¿Por qué el ex joven Alejandro debe pasar años en espera infructuosa y entonces ya se convirtió en adultísimo, ¿no seria genial si lo hubiesen descubierto antes? y entonces aunque aquí en Cuba se pudiera decir que tienen 'jóvenes' cineastas geniales?

Pues te abrazo, y si te parece bien censúrame, o lánzame en el debate de este blog tan interesante para mi.

Anna Assenza

PS: si te parece bien censurarme, te cogí en el acto de los a que le gusta censurarlo todo... jejejejeje...pero yo se que no lo haras. Tu eres de los que crean la Polemica por el gusto a gozar de la charla creativa.

LOS HIJOS DE PETER PAN II

jagb 02/02/2009 @ 18:43

A estas alturas de mi vida, no me parece de buen gusto ir replicando cada una de los reparos que pueda despertar aquello que escribo o expreso de forma oral. En la cultura del debate a la que aspiro algún día vivir, las personas son respetables, pero las ideas merecen ser fiscalizadas, discutidas, vapuleadas, toda vez que ningún ser humano cuenta con la posibilidad de monopolizar la Verdad absoluta. Por tanto, no me incomodo cuando alguien somete a crítica feroz algunos de mis puntos de vista. Más bien intento sacar provecho de esas objeciones.

Sin embargo, siento que la réplica de Jorge Santos Caballero al post “Los hijos de Peter Pan” demanda un par de precisiones. A fin de evitar el desencuentro estéril pasaré por alto el gusto personal del polemista, pues tiene todo el derecho del mundo a no sentirse satisfecho con ninguna de las producciones cinematográficas de las últimas cuatro décadas (apenas con “Papeles secundarios” y “Madagascar”, según nos dice). Pero en cuestiones de polémicas intelectuales, una cosa es el gusto individual, y otra, los argumentos. Una las interpretaciones, y otra, los hechos, las evidencias.

Lo que convierte en frágil la tesis de Santos Caballero, al margen de que pueda tener razón en determinados aspectos, es su visión de “todo o nada”. Insostenible esa generalización que hace del cine cubano post-sesenta. ¿Puede hablarse en cuarenta años de producción cinematográfica solo de choteo fílmico?, ¿todo ha sido una hecatombe estética? Y al margen de que la comedia de brocha gruesa fuera una tendencia hegemónica en ciertos períodos, ¿no se hicieron películas que desde la risa intentaban concederle rigor a la mirada crítica (estoy pensando en “Amor vertical” o “Nada”, para mencionar apenas dos)?, ¿Y no es de agradecer una película como “La bella del Alhambra”, que aprovechando los resortes del melodrama conseguía una límpida y envidiable comunicación con el público?

Sin embargo, lo que me sigue pareciendo el mayor de los errores en la argumentación de Santos Caballero, es esa insistencia (quizás involuntaria, y hasta inadvertida) en hablar de los sesenta como si el “fin de la historia” del cine cubano hubiese cristalizado en esa fecha. Y todo el que viniese detrás ya estuviese condenado a ser simple epígono. Cuando nos dice, “si bien nuestro cine cubano de los sesenta no fue tan paradigmático como a veces se nos presenta institucionalmente y por los críticos, al menos nos dejó algo más que un recuerdo añorante”, está asumiendo la postura de quien ya lo ha visto todo, y nada será sorpresa.

Sé que muchos investigadores siguen canonizando a los sesenta como la “década prodigiosa del cine cubano”, sin advertir de que con ello, lejos de concederle méritos al ICAIC, más bien se los suprimen. Pues, ¿qué pensaríamos de un hombre que a los cincuenta años insiste en recordar los días en que aprendía a balbucear sus primeras palabras, como la etapa más feliz y creativa de su vida, solo por el hecho de haber nacido? Y en el caso del cine cubano, si la producción de los sesenta fue la mejor, la única con valores, ¿entonces para qué ha servido todo eso que se ha hecho en las cuatro décadas siguientes?

Por otro lado, invito a revisar en términos numéricos los filmes que han contribuido a fomentar el mito de “la década prodigiosa”, y se verá que hablamos de una ficción. Insistir en que esa primera década fue “prodigiosa” es concederle un carácter providencial (no humano) a una producción que recién se iniciaba, y que, por lo mismo, estaba obligada a tener en sus inicios más de aprendizaje que de madurez (ningún niño nace corriendo). No en balde las películas que obtienen el mayor reconocimiento en ese decenio (“Aventuras de Juan Quinquin”, “Memorias del subdesarrollo”, “Lucía”, “La primera carga al machete”) se concentran en las postrimerías, por lo que casi sería mejor hablar de un “año prodigioso” (1968 y cercanías) que de una década.

Repensar este asunto está bien lejos de restarle méritos al ICAIC. Todo lo contrario: entenderíamos mucho mejor un proceso de creación donde los seres humanos (los cineastas) van por delante de las películas, y que a diferencia de estas (que ya están hechas), siguen creciendo. Y es que como toda creación humana, esa gestión cultural ha conocido de buenos momentos, sistemáticas crisis, y recuperaciones que han contribuido a que los creadores que vienen detrás encuentren nuevas modalidades de expresión.

Creo que al cine cubano hay que verlo como un proceso, como una dinámica, y no como una galería de cuadros estáticos donde pueden apreciarse determinados filmes ya consagrados por la opinión de un grupo de expertos, de la misma manera que cuando se entra a un museo. Cada uno de los cineastas ha intentado superarse. Algunos lo han logrado. Otros no. Pero es ese ajetreo el que mantiene viva a la cinematografía.

En este sentido, me siento más cercano a aquella observación que Sartre hacía en “Las palabras”, y que pudiera resultar de utilidad también a los realizadores del cine cubano, (y ¿por qué no?, a sus críticos):

"Mi mejor libro es el que estoy escribiendo; después viene el último publicado, pero ya me estoy preparando para que no me guste. Si los críticos lo encuentran malo hoy, tal vez me hieran, pero dentro de seis meses no me costará tanto compartir su opinión. Sin embargo, con una condición: por pobre y nula que juzguen que es esa obra, quiero que la pongan por encima de todo lo que he hecho anteriormente; consiento que desprecien el conjunto con tal de que se mantenga la jerarquía cronológica, la única que me conserva la posibilidad de que mañana pueda hacerlo mejor, mejor aún pasado mañana y de que acabe con una obra maestra."

Juan Antonio García Borrero

RÈPLICA DE JORGE SANTOS CABALLERO A "LOS HIJOS DE PETER PAN"

jagb 02/02/2009 @ 14:49

No quiero padecer del síndrome de Peter Pan, ni ser el Oskar del Tambor de Hojalata.

Por: Jorge Santos Caballero.

Juan Antonio García Borrero me ha obligado a responderle en torno a lo que escribió en su blog con el título de “Los hijos de Peter Pan”, a raíz de la controversia sostenida entre ambos el sábado 31 de enero, en la galería de arte que lleva el nombre de mi padre, Jorge Santos Díaz, en esta ciudad de Camagüey.

No, ante todo, me niego a ser considerado un hijo de Peter Pan, o a emular con Oskar, el niño que no quiso crecer en la novela de Günter Grass, o como un paciente más que tiene entre sus dolencias el no avanzar en la historia por glorificar los sesenta (década de los '60 del siglo XX) en nuestro cine, en específico.

Quiero llegar a un conclusión inmediata: si bien nuestro cine cubano de los sesenta no fue tan paradigmático como a veces se nos presenta institucionalmente y por los críticos, al menos nos dejó algo más que un recuerdo añorante. Se filmaron cintas de calidad a tenor de las condiciones de la época y los recursos disponibles. Fijó, además, en nuestra memoria una suerte de principio básico identitario, que en la cinematografía cubana de hoy, salvo los casos de “Papeles secundarios”, de Orlando Rojas, y las películas de Fernando Pérez (me gusta más “Madagascar”, que “La vida es silbar”), todas se han vuelto un epígono de “La muerte de un burócrata” y “Las doce sillas”, ambas de Tomás Gutiérrez Alea, o, en última instancia, cuando el destape generado en torno a la cultura de la tolerancia con “Fresa y Chocolate”, por cierto, también de Titón en codirección con Tabío.

Pero sigo aferrado a la idea que después de la guerra de los correos suscitada en el 2007, y que afloró una vieja polémica en relación con las posturas de bandos de los setenta ('70 del propio siglo citado), ya fuera por el antes derrotado grupo debido a daños inescrupulosos de algunos funcionarios, hasta esos victimarios devenidos en víctimas de los tiempos presentados en la pantalla televisiva a rumiar sus ofensas del pasado no olvidadas por ellos ni por otros todavía, el gran conflicto ha quedado sin dilucidar a pesar de congresos y reuniones de intelectuales. De ahí que el cine -como otras manifestaciones creativas en Cuba actualmente- no va más allá de una superposición de tendencias, unas por otras según las oportunidades que les ofrezcan, y así sucesivamente.

Si nos detenemos en el cine -o en el audiovisual más atinadamente-, pudiéramos preguntarnos; ¿qué vemos? La respuesta es una sucesión de filmes-comedias para chotearnos -como dijera Mañach- de nosotros mismos y ya, no pasa nada más. Hay otra dificultad, a los jóvenes -con el ánimo de sumarlos al proyecto cultural institucional- se le otorgan todas las posibilidades, en la mayoría de los casos, sin conocer a fondo la cultura cubana, pero que se creen una mentira graficada por teóricos e instituciones como postmoderna, y es la de priorizar la técnica ante lo argumental, con un resultado obtuso, pues todo aquel que consigue una cámara se cree Godard.

Sigo apuntado que esa inopia cultural nos lleva a otra falsedad, al vivir en una Isla, rodeada de agua y acechada, en el marco de otra confrontación de bandos –en esta ocasión, políticos-, se nos da el fenómeno de que esos “nuevos intelectuales” consideran que todo lo procedente del exterior es bueno. Así hemos perdido el azimut cultural, hemos prohijado creadores apendiculares, que consideran que transgredir en la forma es lo máximo, pero sin saber por qué, cuándo, ni cómo, y lo urgente de volver a lo argumental para introducirse en un verdadero arte. No les importa eso, mientras más exagerada sea la pretensión, mejor, según ellos.

Los sesenta vinieron a ser para la cultura cubana una tentación especulativa, que eyaculaba testosterona bélica y cultural por todos lados, que iba más allá de los modos de lenguaje, de representación, de la frescura de la memoria. Si como bien se ha dicho, el periodo del quinquenio gris en los setenta, lastró la cultura y el debate en Cuba, que nos ha llevado a una autocensura, o a un silencio expresivo tangencial; vale decir, que tampoco ahora en estos tiempos, pese a las prerrogativas existenciales del cierre de un milenio y la apertura de otro, se hace un cine o un audiovisual -a veces independiente del ICAIC- verdaderamente autóctono. Ahora, más que nunca, hay una copia de lo que se hace en el exterior; pero, en nuestro caso, más excedida, como para demostrar que somos más audaces y técnicos.

Con solo desbancar o desacralizar al otro bando que fue portador de un método ya desvanecido, no se hace cultura, ni cine o audiovisual, en particular. Sucede lo mismo que en la literatura. Muchos -que, por cierto, en buena cantidad abandonaron el país por diferentes situaciones- atacaron previamente y fueron censores de Lezama Lima y sus seguidores; y hoy otros, aducen que la única manera válida para interpretar la eticidad y la poesía, era y es la de Lezama. ¿A quién creer? A ninguno. Así ocurre en el cine, ni afiliarse a un grupo u otro, pues no llevan razón. Pero hoy, Juan Antonio, no se está haciendo buen cine en Cuba. Estamos abocados a un choteo, que raya con lo chistoso -que es reírse de uno mismo- a diferencia del humor, como dijo en cierta ocasión Álvaro Cepeda Samudio. Cuando nuestro cine -y el audiovisual- de muestras de ser capaz de hacer películas que se puedan ver como cuando se lee una gran novela y uno se siente gozoso y lleno; entonces, estaremos ante un buen cine. Pero solo de críticas, bufonadas y meandros de una realidad no vive el hombre, y eso es lo que ha primado en nuestro cine sin cortapisas, y sin una clara esperanza de mejora.

Las conductas referentes a que todo pasado fue mejor, es una nostalgia manida. Puede ser que muchas cosas hayan sido superiores a las actuales, pero detenerse en el tiempo sustentando paradigmas institucionales es de una miseria humana, como en los momentos en que Marx criticó la miseria de la filosofía. El quedarse detenido en el tiempo, como viejos guerreros afincados a utilizar armas en desuso cuando hoy lo preponderante es una tecnología exquisita, es soñar despierto y la cumbre de la bobería. Yo voto por un arte bueno -y una literatura-, pero que sea en verdad de calidad. No porque sea nuevo tiene necesariamente que ser bueno. No son sinónimos, ni hay que hacer una topología del arte para interpretar qué se nos oferta por bueno, cuando lo que prima es la mediocridad, ¿estamos, Juan Antonio?

Jorge Santos Caballero (Camagüey, 1950). Escritor, crítico, periodista. Autor, entre otros libros, de “En la otra esquina del ring” y “Desafíos en clarosocuro”.

LOS HIJOS DE PETER PAN

jagb 31/01/2009 @ 22:50

Esta mañana conseguí participar en un buen debate alrededor del cine cubano. Al menos me dejó pensando, que es para mí lo más importante. El pretexto para reunirnos lo puso Luis Buñuel. El señor Iván Trujillo, agregado cultural de la Embajada de México en Cuba, propuso a la Escuela de Arte de Camagüey, una exposición de fotos tomadas por Buñuel en el país azteca.

A mí me tocó leer un breve capítulo del libro inédito “Intrusos en el paraíso”, al cual he titulado “Buñuel en Cuba, Cuba en Buñuel”. Después, como es costumbre, se hicieron comentarios y preguntas. Todo iba sobre lo normal, hasta que el escritor camagüeyano Jorge Santos Caballero soltó aquello de que el cine cubano no ha logrado superar, después de los sesenta, a las películas más memorables realizadas por el ICAIC en esa década.

El que conozca a Santos Caballero sabe de su enérgica adicción a la polémica. De manera que no dudo que lo anterior forme parte de esa incurable vocación hacia el debate y la provocación intelectual. Por supuesto que cada espectador tiene derecho a sacar las conclusiones que entienda de un determinado período de creación (y la verdad: en Historia, cincuenta años es nada), pero aunque es una opinión que respeto, no la comparto.

No es que ahora mismo piense que el cine cubano esté en su mejor momento. Al menos, cuando comparo con lo que está pasando en cinematografías como la argentina, la mexicana, o la brasileña, entiendo que resulta imperioso replantearse tópicos relacionados con el lenguaje, con los modos de producción, con las maneras de representar la realidad. Lo único que nos demuestra “Memorias del subdesarrollo”, para citar un ejemplo, es que el cine no es viejo o nuevo por el año en que fue realizado, sino por la frescura de aquello que dice, y cómo lo dice.

Ahora bien, una cosa es esa, y otra plantearnos como un dogma que hay que reverenciar en toda época, el legado creativo de aquellos que fundaron la llamada “década prodigiosa del cine cubano”. Lo mejor de los sesenta fílmicos no estuvo en sus películas, sino en el ánimo trasgresor que las inspiraba. Una revisión numérica de lo que se hizo en ese período arrojaría un resultado predecible: por encima de los filmes memorables estaban los ejercicios, las películas de aprendizaje, los documentales que graficaban cada una de las medidas (fuera la Ley de Reforma Agraria o Urbana) que aprobaba el Gobierno Revolucionario. Y paralelo a ello, estaba el deseo de experimentar, que posibilitó consolidar a realizadores como Santiago Álvarez, Guillén Landrián, Sara Gómez, entre otros, mucho antes que lo lograran García-Espinosa, Gutiérrez Alea o Humberto Solás.

Sin embargo, nada de eso implica que el cine cubano no se desarrollara después de los sesenta. El Titón de “La última cena” o “Fresa y chocolate” es mucho más técnico que el de “Memorias del subdesarrollo”. Al igual que el Humberto Solás de “Cecilia”, o de “Un hombre de éxito”, o de “El siglo de las luces”, supera al cineasta sin experiencia de “Manuela” o “Lucía”. Las películas de Fernando Pérez (al margen de que nos puedan gustar alguna más que otra) tienen como denominador común una puesta en escena cuya exquisitez resulta impensable en los sesenta.

¿Por qué es que entonces nos deslumbra tanto los sesenta? No digo que sea el caso de Santos Caballero, pero yo creo que aquí hay mucho de ese sesgo o tendencia que suele explicarse mediante el llamado “síndrome de Peter Pan”: de acuerdo con esta teoría, hay seres humanos que se niegan a “crecer”, y aún cuando lleguen a ochenta años, siguen ubicando lo mejor de su periplo vital en ese primer período existencial.

Tal vez la frase que mejor resume esa muy discutible cosmovisión sea aquella de que “Todo pasado fue mejor”, pero se trata de algo más complejo. Sencillamente nos negamos a aceptar que la vida cambia a diario, y que detrás de la fijeza de esas instituciones que pueden durar siglos, se dirimen disputas, diferencias, que recolocan al sujeto (ese ser finito que es el que cuenta) en situaciones inéditas todos los días.

En algún momento estuve tentado de titular este post “Los ojos de Peter Pan”, pero en verdad, no son los ojos de Peter Pan los que frenan una nueva manera de mirar la realidad audiovisual del país (y de paso, la realidad cubana misma). Más que sus ojos, me preocupan los hijos de Peter Pan. Los hijos, en vez de los ojos.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS, SOBRE LAS ENCUESTAS Y EL CINE CUBANO

jagb 25/01/2009 @ 19:37

Hola, Juany:

Ciertamente, el arte cinematográfico y su extraordinaria historia no puede encasillarse o limitarse a lo que un grupo de críticos, pensadores o cinéfilos, determine. Cada uno tendrá sus razones y en el caso de una encuesta como la que ahora nos ocupa, cada cual acudirá a sus propias imágenes, sueños o demonios interiores que le harán olvidar o recordar ciertas escenas (edad y Alzheimer mediante) en detrimento de otras. El cine, esta claro, vivirá por sí solo y establecerá un diálogo con las generaciones que le sean contemporáneas hasta el fin de su historia. Ya sabemos que el verdadero valor de una obra o al menos su permanencia en el tiempo solo lo determinará el propio Tiempo, lo demás es… conversación.

El ICAIC celebra sus cinco décadas de existencia. Pero no solo se trata del orgánico proyecto institucional que comenzó en marzo del 59. Prefiero celebrar los cincuenta años de toda una obra y por tanto fenómeno audiovisual que involucró no solo a esa institución sino también a todas aquellas figuras más o menos visibles, que de una forma u otra, han legado a la posteridad, la imagen de lo que somos o lo que pretendimos ser.

No hay, al menos de mi parte, negligencia, arrogancia, ni falsa voluntad sacralizadora, al mirar nuestro cine e intentar escoger aquellas secuencias, obras, autores o momentos relevantes. No tengo que flagelarme por ello, ni sentir vergüenza. No pretendo y supongo que ninguno de mis colegas tampoco en convertir esta selección en la piedra Rosetta que permita en el futuro, desentrañar las claves de nuestro cine. Otras generaciones y épocas tendrán sus propias preferencias y harán, espero, sus propias lecturas.

Fui de los que promoví la iniciativa de la encuesta por los cincuenta años del ICAIC. Acto de fe y amor por nuestro cine, acción que además debería involucrar no solo a los “sabios”, sino también a todos los que de diferentes maneras y profesiones lo han pensado y tratado. No es una encuesta entre un grupo de críticos o promotores culturales, en ella deben participar realizadores, artistas y técnicos del audiovisual, gente que ha dedicado toda su vida y energías a este propósito. Muchos no participarán, no hay obligaciones, ni tareas del partido. Cada cual tendrá sus razones y debe quedar claro que no por ello serán enviados a la Siberia.

Leí tu lista en el blog o al menos las observaciones que haces sobre tu selección. Te adjunto la mía, enviada semanas atrás a la dirección de nuestra Asociación. Traté de combinar el gusto o la inevitable nostalgia personal hacia ciertas obras o momentos de nuestro cine, con el juicio crítico que atiende al valor o importancia que para nuestra historia audiovisual pueden tener las mismas. No sé si lo logré, en todo caso será solo MI Lista y no precisamente la palabra de Dios.

Un abrazo desde el Vedado

Gustavo Arcos

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El orden en que aparecen no representa nivel de prioridad.

Diez mejores filmes:

1. Memorias del subdesarrollo- (T.G.Alea)
2. Papeles secundarios-(Orlando Rojas)
3. Madagascar- (Fernando Pérez)
4. Lucía- (Humberto Solás)
5. Fresa y Chocolate-(T.G.Alea y Juan C. Tabío)
6. La muerte de un burócrata- (T.G.Alea)
7. La primera carga al machete-(Manuel O Gómez)
8. Los sobrevivientes- (T.G.Alea)
9. Video de familia- (Humberto Padrón)
10. Retrato de Teresa- ( Pastor Vega)

Diez mejores documentales:

1. La Época, el Encanto y Fin de siglo- (Juan Carlos Cremata)
2. Por primera Vez- (Octavio Cortázar)
3. Suite Habana- (Fernando Pérez)
4. Coffea arábiga-(Nicolás Guillén Landrián)
5. Ociel del Toa- (N.Guillén Landrián)
6. Now- (Santiago Álvarez)
7. L. B. J- (Santiago Álvarez)
8. La otra Isla (Sara Gómez)
9. Crónica de una infamia (Miguel Torres)
10. El fanguito- (Jorge Luis Sánchez)

Secuencias más notables

1. Sergio en Memorias del subdesarrollo cruza la calle tras salir de la Mesa redonda. Su imagen se va desenfocando al ser tomada con un teleobjetivo, hasta quedar desfigurado como una macha.
2. Laura en Madagascar, mira unas fotos de su hija. La madre le enseña un recorte de prensa donde se observa una toma aérea de la Plaza en un acto por el Primero de Mayo, Laura toma la foto y una lupa, se encierra en su cuarto y trata de encontrarse en la foto mientras se pregunta: ¿dónde estoy yo Dios mío?
3. Secuencia de Suite Habana que se inicia con la canción Mariposa interpretada por Silvio y que une diversos momentos en la vida de los personajes, mostrados en continuidad hasta el fin de la canción y el cierre del cuadro en una foto colgada en la pared.
4. Abrazo de Diego y David en Fresa y Chocolate.
5. Escena de la violación de las monjas en Lucía
6. En Papeles secundarios, toda la secuencia que se inicia cuando los personajes suben por una escalera de caracol hacia la azotea del teatro exclamando: ¡se hizo la luz!!!
7. En La muerte de un burócrata, secuencia de la visita al “surreal” DEPATRAM, del personaje interpretado por Salvador Wood.
8. En Los sobrevivientes, secuencia con Carlos Montezuma descargando los camiones de suministros para la casa mientras dialoga con Miravalles y Santiesteban y les explica cómo hay que cogerle la vuelta al sistema.
9. Escena final de Clandestinos con Isabel ya embarazada y Luis Alberto, arrastrados ambos a la calle por la policía.
10. En La vida es silbar, el sicólogo muestra mientras sale a la calle, la reacción que causa a las personas escuchar ciertas palabras.

Mejores carteles:

1. Historias de la Revolución de Bachs
2. Por primera vez de Bachs
3. Harakiri de Reboiro
4. Besos Robados de Rene Azcuy
5. Niños desaparecidos de Bachs
6. Retrato de Teresa de Cabrera Moreno
7. Lucia de Raúl Martínez
8. Fresa y Chocolate
9. Now de Rostgard
10. Aventuras de Juan Quinquin de Bachs

Diálogos memorables:

1. Laura y Laurita discuten en Madagascar. Laurita le dice a la madre Yo no se lo que quiero, pero si se lo que no quiero. Y qué es lo que no quieres, le pregunta la madre. Ser como tu.
2. Diálogo entre el “inspector” de la obra (Carlos Cruz) y el director de la misma (Juan Luis Galiardo) en Papeles secundarios. Ambos están en una oficina semioscura, ubicada en un sótano. Es de particular interés el momento en que el inspector se levanta y le coloca su mano sobre el corazón del director exclamando: tu eres el director
3. En Nada, mientras Carla se dirige al aeropuerto hacia el final de la película se escucha en off la carta que le escribe su amigo cartero particularmente significativo es el fragmento que dice: si todo el mundo se va Nadie cambia Nunca, Nada
4. Diálogo en El Hombre de Maisinicú entre Miravalles y Sergio cuando este último ha sido descubierto.
5. Alguno de los diferentes monólogos que tiene Sergio en Memorias, mientras camina por la ciudad.
6. En La vida es silbar, Elpidio hacia el final, se dirige a la pequeña figura de la Santa, intentando explicarle, las razones de su salida del país. Yo puedo perdonarte todos tus olvidos, pero entiéndeme tu también a mi, déjame ser como soy…
7. En Fresa y Chocolate, Diego le explica a David las razones por las que se ve obligado a abandonar el país.
8. En La muerte de un burócrata, cuando Salvador Wood visita por vez primera la oficina para solicitar la pensión y explica el problema del carnet laboral enterrado junto a su tio. No es la secuencia del DEPATRAM.
9. En La vida es silbar, el personaje interpretado por Jorge Molina reflexiona sobre la suerte que tienen los caracoles que pueden desplazarse a cualquier sitio sin abandonar su casa.
10. En Adorables Mentiras, Miguel Gutiérrez regresa de un viaje y conversa en el auto con su chofer preguntándole por la Cadena, puerto, transporte, economía interna.

ARTURO SOTTO, A MODO DE DIVERTIMENTO

jagb 25/01/2009 @ 16:30

Cada vez que leo alguna encuesta, resultados o convocatorias, me da la impresión que pretenden apresar el arte en las redes de las estadísticas, por demás tan subjetivas. Todos los años sucede lo mismo: "las mismas palabras y los mismos gestos, las mismas palabras y los mismos gestos".

En lo referido al cine nacional percibo las decisiones contaminadas de intereses, como si tuvieran el cerebro "lleno de frijoles negros". Tú mismo lo deslizas en medio de una reflexión generacional (algo que ennoblece la mirada) Por supuesto que “Juan Quinquín” será, para ti, más trascendente que, cualquier otra película, para quien nació en los 80, y así sucesivamente de acuerdo a tendencias, puntos de vista, o los intereses a los que hacía referencia, porque como bien dices: hay a quien le da lo mismo "el socialismo, el capitalismo, como si vuelve el feudalismo".

Los criterios de valoración del arte en términos de superioridad me parecen tan esquemáticos, como inservibles, porque los objetos en cuestión no fueron creados para competir, su sentido último está en el espíritu del espectador y no en las tablas numéricas de Cinemanía. Se me hace un vicio, una excusa para encuentros de copetines o anuncios de salón, las tan reiteradas encuestas para saber si “Citizen Kane” todavía ocupa la primera plaza.

Será que yo soy romántico "con cojone" y, en el fondo, no acepto la jerarquización de la obra clasificada por una dictadura de "sabios", "imperio de fantasmagoría y desastre !fuego!" Por eso cuando alguien se queja de una mala critica suelo aconsejar la respuesta en el Tiempo y repito lo que me digo a mi mismo: "un hombre que no me quiere, que está destinado al éxito".

No imaginas lo que disfruto las reseñas oficiales alejadas del apasionamiento de pasillo. Ya una vez publiqué un breve artículo donde expresaba mis posiciones sobre el ejercicio de la crítica, así que no es momento para extenderme en ello. Es una batalla bizantina: "No, nos entendemos", y por mucho que el creador se esmere "el sindicato es el sindicato y la administración la administración", los "sabios" seguirán determinando los valores, en definitiva "la historia de los Orozco, la escriben los Orozco".

Perdona lo apresurado de la respuesta, siempre quiero alimentar tus deseos de mantener vivo el debate, "nobody is perfect".

abrazos,

Arturo.

Arturo Sotto. Cineasta. Egresado de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, donde se graduó con el corto “Talco para lo negro” (1992). Ha dirigido “Pon tu pensamiento en mí” (1995), “Amor vertical” (1997), "Habana Abierta" (2005), “La noche de los inocentes” (2007), “Breton es un bebé” (2008).

LA NEBULOSA DE LA CRÍTICA DE CINE: DESENCUENTROS Y OLVIDOS

jagb 30/08/2008 @ 14:51

Todavía recuerdo aquel Taller la de Crítica Cinematográfica celebrado en Camagüey (¿fue el cuarto?, ¿o acaso el tercero?) en que un joven, entonces absolutamente desconocido, que vivía creo en Puerto Padre, osó leer una ponencia donde afirmaba que el cine cubano no existía.

La mayoría de los críticos reunidos en aquel recinto se escandalizaron. Se sintieron agredidos. Acusaron a aquel joven de ser “muy joven”. De hacer de la herejía una gratis provocación. Invocaron como argumento la “falta de autoridad”, y lo que pudo ser un buen debate, otra vez quedó reducido a una pelea de solar donde cada cual trataba de salvar el pellejo de su ego. Los argumentos del joven quedaron intactos, y la mayoría de los críticos siguieron repitiendo lo mismo de siempre.

Aquel joven, que ahora reside en Barcelona, pertenece a la nombrada “Generación Y”. Hoy firma sus libros y textos como Yam Montaña, pero cuando bebíamos nuestros rones en “El Bodegón” de Camagüey, yo le llamaba (y le sigo llamando) simplemente Yamil. Yam tiene el mérito, además, de haber sido el primer cubano que colgó en el ciberespacio un blog referido al cine (Cinema interactivo). Lo hizo cuando aún vivía en Cuba, que es algo que también se tendría que tener en cuenta.

El texto que ha tenido la gentileza de enviarme es de esos que me hubiese encantado discutir en uno de esos Talleres de la Crítica que se acostumbraban a hacer en marzo. No sé si de nuevo Yam se hubiese visto acosado por los críticos, pero sus ideas ayudan a mover otras ideas. Al menos, eso es lo que provoca en mí. Y es lo que más agradezco.

Juan Antonio García Borrero

LA NEBULOSA DE LA CRÍTICA DE CINE: DESENCUENTROS Y OLVIDOS
(Borrador/ primeras notas)

Por Yam Montaña

I

Crítica: Del lat. “criticus” y éste del gr. κριτικός “kritikós” - “capaz de discernir”, proveniente del verbo κρίνειν “krínein” - “separar, decidir, juzgar”, de raíz indoeuropea *krei- “cribar, discriminar, distinguir” y emparentado con el lat. “cerno” - “separar” (cf. “dis-cernir”), “cribrum” - “criba” y “crimen” - “juicio, acusación” (compárese con el gr. κρίμα “kríma” - “juicio”.

No hay verdad absoluta, ni verdad definitiva, más bien verdades transitorias que se corresponden con el saber de una determinada época. Se está en la verdad, el que cree que lo que está en efecto dividido está dividido (1) y tiene el valor de afirmar así su fe cognoscitiva. La crítica de cine intenta construir verdades desde la realidad sobre un universo cuyas leyes, nexos y procesos se transforman constantemente y operan en lo imaginal, lo subjetivo y lo efímero. La crítica de cine, y de cualquier disciplina, realmente opera más en el plano del pensamiento, y debe trascender el plano literario y periodístico, sin intentar imponer verdades para poder revelar los elementos sustanciales del cine y así poder entender su articulación a niveles antropológicos, filosóficos, sociales y económicos, con sus consumidores.

Sin embargo, la postura de la crítica suele ser básicamente interpretativa, en ocasiones sus torpes deslices de hermenéuticas personales, muchas veces didácticos y manualescos conducen a reducir la capacidad irradiadora de una obra a un estado monosémico absudo. Sin mucha suerte, a lo sumo nos encontramos con una crítica de palabrería rebuscada, gramaticalmente correcta, que parece propensa a una reflexión más sustanciosa, pero detrás de la retórica (2) no hay más que ardid y acrobacia lingüísticas que encubren un aparato teórico conceptual raquítico, incapaz de ir más allá de lo meramente formal. Para colmo una probada desunión y disputas no zanjadas, ni siquiera en el terreno del solar y la chancleta, hacen que sospeche que no existe siquiera una verdadera comunidad de críticos de cine en Cuba.

Una comunidad comprende niveles globales y locales, comprende la interacción, la combinación, la inclusión del Otro, implica disyuntiva de identidades, provoca uniformidad y heterogeneidad (3), trae como consecuencia distinción, discriminación y exclusión, pero sobre todas las cosas el diálogo permanente es lo que le da sentido, haciendo de la cooperación y de la lucha un alimento que la renueva. La unidad de una comunidad está en su diversidad, esta visión kantiana no puede ser más dialéctica y universal, pero cuando no hay diálogo sostenido por quienes la conforman y no están claros sus límites y las carencias de su base teórico conceptual, entonces estamos ante una comunidad virtual, una formación intuida y nominal que agrupa a profesionales que se dedican a la misma especialidad.

Si existiera una comunidad de críticos de cine existiera una zona cultural que permitiría procesos de acumulación de conocimiento colectivo mediante la construcción de un espacio irradiador sobre la base de empatías y hegemonías creando redes solidarias donde no solo se produciría un intercambio de información dentro de la misma comunidad, sino un diálogo muy beneficioso con otras comunidades. Una verdadera comunidad va más allá de la aldea, supera la dificultad del espacio físico, es un proceso de ampliación de conocimientos en un intento colectivo de enfrentar problemas globales y locales. Se hace evidente una reinvención de la manera de hacer la crítica de cine y sobre todo la manera de socializarse para contribuir a la democratización del conocimiento y a la alfabetización audiovisual sin coerción, ni frivolidad, ni didactismo militante.

En nuestra crítica de cine no hay concilio, no hay polémica sostenida que trascienda lo personal y privado, no hay consenso, ni interés en reconsiderar acciones colectivas en beneficio de preservar, entender mejor y promover nuestra memoria fílmica. Historiar y cuantificar, crear dudosas taxonomías y etiquetar de manera compulsiva, degrada las esencias de la crítica y agrega aguas turbias a una especialidad encantadora y maldita, oscura y luminosa. Tampoco hay mucho interés, salvo casos excepcionales, en producir teoría y facilitar el diálogo entre público, realizadores y obras.

Nada más lejos de su etimología que la crítica (de cine) nuestra, muchas veces miope, sectaria, improvisadamente aldeana cuando quiere sesgar y excluir; y por qué no cobarde a la hora de entender la diáspora, el exilio, los derroteros de cineastas tachados de traidores y herejes, con más o menos tintes políticos que no hacen más que crear una nebulosa, un espacio enrarecido donde tener voz propia y andar a contracorriente lejos de crear polémica y debate crea íntimos enemigos que conspiran contra el crecimiento colectivo.

Por otro lado y quizás lo más lamentable es el estado de autofagia que sufre la crítica de cine, su actitud de clan condicionado por las instituciones y su precaria capacidad para relacionarse, mezclarse y abrirse no sólo a otras redes de profesionales evidencian un estado que va más allá del letargo, de los clisés lingüísticos con que rellenan páginas de revistas, libros y otros medios; va más allá de una muerte en vida donde la resurrección es desesperadamente necesaria. ¿Pero quiénes podrán reanimar los huesos muertos, quiénes harán de tripas corazón, quiénes dejarán a un lado las diatribas y trifulcas personales para sumarse a la aventura colectiva que debe ser la crítica de cine? ¿La crítica que sobrevive actualmente es la que necesitamos, es la que necesita, incluso, nuestro cine? ¿Hasta donde las aguas profundas de lo “nacional”, los conceptos pantanosos de la “identidad” y el pensamiento político dominante aderezan y modelan lo que nos atrevemos a llamar crítica de cine? Está claro que hay muchas más preguntas, que respuestas sobran a diestra y siniestra, pero todo queda desdichadamente sumergido, en cartas cruzadas, cotilleos de pasillos, en aperitivos verbales de sobremesa y en soliloquios en cada laberinto de soledad de los que habitamos. Por suerte quedan abrevaderos, verdaderas zonas de resistencia del pensamiento que mueven ideas, provocan reflexiones y arrojan posibles caminos sobre el pasado, presente y futuro de nuestra crítica. Pero todavía faltan caminantes y también muchos caminos porque andar, sobre todo por sí mismo, es una ardua tarea.

NOTAS:

1) Aristóteles: Metafísica, Política. La Habana, 1968, pp 235-236
2) Preferimos usar el término retórica no con la carga peyorativa con el que se ha popularizado, sino en su mejor acepción: el arte del buen decir.
3) Pablo González Casanova: Comunidad: la dialéctica del espacio. Revista Temas, No.36, enero-marzo de 2004, pp 4-15.