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Categoría: REFLEXIONES

LAS FOTOS

jagb 21/05/2009 @ 15:41

Gracias a Luis Lacosta me he armado de una buena colección de fotos relacionadas con el cine cubano. Por lo general, cuando llegan a mi correo, las miro un segundo, y las guardo. Pero hoy me dio por revisar la carpeta donde las he ido acumulando, y algo extraño sucedió en mí.

Sé que suena a lugar común, mas tuve la impresión de que las fotos cobraban vida, y me arrebataban de donde estoy para llevarme de vuelta a un tiempo que jamás viví: un tiempo donde todo era felicidad, donde todos se reían para siempre. Por segundos, el pánico cundió en mí: ¿y si ya estuviese muerto?, atiné a preguntar, por aquello de que solo los muertos gozan del raro privilegio de la paz. ¿Y si en verdad ya soy una simple foto, con una leyenda que reza: “érase un hombre a un blog pegado”?

Siempre me ha intrigado ese mecanismo psicológico que opera en nosotros cuando miramos una foto, que no es el mismo que cuando se observa el cuadro de un pintor o una película. La sensación de que estamos viendo la realidad “tal como fue” es mayor. Allí están A, B, y C (los nombres propios no importan) riendo por algo de lo que nunca me entero, pero esa sensación de que aún son felices es lo que perdura, y llega hasta el presente.

Para mí que a Susan Sontag le intrigaba lo mismo cuando escribió su hermoso ensayo sobre la fotografía. De ese libro que alguna vez leí, pero del cual no tengo ningún ejemplar, anoté varias ideas. Una de ellas todavía me sigue provocando:

“(...) Mirar una vieja fotografía de uno mismo, de cualquier conocido, o de un personaje público fotografiado a menudo, es sentir ante todo: cuánto más joven (yo, ella, él) era entonces. La fotografía es el inventario de la mortalidad. Ahora basta apretar un botón para investir un momento de ironía póstuma.

(...) Así como la fascinación ejercida por las fotografías es un recordatorio de la muerte, también es una invitación al sentimentalismo. Las fotografías transforman el pasado en un objeto de tierna contemplación, embrollando los distingos morales y desmantelando los juicios históricos mediante la emoción generalizada de observar tiempos idos”

El otro día Jorge Pucheux me preguntaba algo que me parece muy lógico: ¿por qué si esto es un blog sobre el audiovisual cubano no contiene fotos, trailers de películas, etc? A mí me parecería bien, por ejemplo, abrir una etiqueta dedicada exclusivamente a las fotos que envía con regularidad Lacosta (a decir verdad, no entiendo por qué Lacosta ya no se ha abierto un blog donde puedan apreciarse todas esas imágenes: gracias a su iniciativa tenemos al alcance de nuestro mouse una formidable fototeca del cine cubano producido por el ICAIC). Pero tengo tres inconvenientes: una, no soy muy ducho en eso de subir imágenes a la blogosfera; dos; el ancho de banda existente en Cuba convierte en una verdadera tortura postear algo que no sea texto (o quizás el verdugo sea yo, que jamás he conseguido ser cliente del Banco de la paciencia), y tres, esto no es un sitio institucional: es solo un blog.

Ante tamaño obstáculo he optado por poner en práctica otro desafío: en fechas en que la imagen lo es todo, intento espiar más allá de lo que la imagen ofrece risueña, tal vez con aquel verso de Ernesto Cardenal empujándome todo el tiempo: “Los rostros que aquí ríen/ en esta foto amarilla/ con un fondo de olas borrosas/ y una roca borrosa/ ¿adónde estarán riendo ahora, si todavía se ríen?”.

Juan Antonio García Borrero

LA ANUNCIACION (2009), de Enrique Pineda Barnet

jagb 20/05/2009 @ 11:34

Querido Enrique:

Al fin pude ver tu “Anunciación”. Es, como sospechaba, una película muy distinta a la que vimos en el pasado mes de marzo en el Teatro Principal de Camaguey. Aquello no era tu película, sino una suerte de sombras chinescas que jugaba con el título de la cinta: algo así como el anuncio de “La anunciación”. Una especie de avance, con el inconveniente de que, más que fomentar el interés, podía despertar el malhumor.

En su momento la película me pareció demasiado densa. Ese arranque tremendo en el cual la fotografía y la banda sonora asumen los protagónicos para prometernos una atmósfera sobrecogedora a la par que poética, muy pronto se me diluyó porque el conflicto central tarda demasiado en concretarse, y mucho más en resolverse. Debo confesarte que todavía me sigue pareciendo densa (aunque no intrascendente, como intentan demostrarte las ideas que aquí te apunto). Tengo la impresión de que en algún momento el filme comenzó a prestarle más atención al magnetismo de los actores (que sabemos que son muy buenos), que al drama mismo, si bien hacia los finales se recupera el vigor para mostrarlo. Un drama terrible, Enrique. Un drama devastador que como cubano nunca terminaré de agradecerte que hayas tenido la valentía de explorar y mostrar en pantalla: el drama de nuestros propios diferendos. El drama de una familia desunida.

No lo llames vanidad, pero cuando vi la cinta en El Principal estuve a punto de exclamar que uno de los bocadillos iba conmigo. Después me dijiste que sí, que era un guiño. Hablo de esa sentencia que tanto nos gusta a ambos, y que decidiste incluir en el filme: “¿Por qué cuando alguien nos apunta con un dedo siempre hay tres que quedan mirando para él?”.

“La anunciación” es una cinta arriesgada. Pienso que es la primera en hablar con absoluta transparencia de algo que en algún momento tendrá que llegar: la posibilidad de una reconciliación nacional que permita a todos los cubanos de buena voluntad, aportar ideas que ayuden a mejorar esa sociedad que queremos. Una sociedad solidaria (sin necesidad de apellidos ideológicos), donde no se convierta en religión el “sálvese quien pueda” que ha puesto de moda la época.

Hasta ahora hemos tenido varias películas que hablan de la emigración: es decir, películas que hablan de cubanos que se van. Pero no recuerdo ninguna que haya decidido abordar con tanto desprejuicio el tema de la reconciliación: o lo que es lo mismo, que hablen de cubanos que se reencuentran después de vivir distanciados por las razones que sean. Antecedentes hay, desde luego, y curiosamente en los dos que me vienen a la cabeza, Verónica Lynn participa como actriz: uno es “Lejanía” (1985), de Jesús Díaz; el otro “Video de familia” (2001), de Humberto Padrón.

Es cierto que en “Lejanía” una mujer retorna a Cuba (y al hijo que en su momento abandonó) después de diez años de ausencia. Viene cargada de buenas intenciones que a veces confunde con obsequios materiales, pero todo se queda en eso: al final el personaje de Jorge Trinchet opta por marchar a Moa, y la posible reconciliación queda truncada. Algo mejor van las cosas en “Video de familia”, donde Verónica Lynn otra vez se ocupa del protagónico, convertida esta vez en una suerte de Matria irradiante a la par que aglutinante. Y a pesar de que el desenlace es más bien edificante, todavía no puede decirse que haya existido una reconciliación real: falta ver de qué modo reaccionaría el hijo ausente en un contexto que nunca será similar al que registra para él la cámara.

“La anunciación” se asoma a ese contexto real. Y lo hace como en lo personal me interesa: no apoyándose en un inventario interminable de anécdotas y frustraciones que solo serviría para prolongar hasta el infinito el resentimiento que ya conocemos, sino que nos hace notar que esa ausencia de entendimiento se podría comenzar a subsanar sobre la base de algo tan elemental como es el diálogo. Sabemos que sin diálogo nunca habrá puentes: solo paredes.

No soy incauto: no son las películas, ni los libros, los que propiciarán ese entendimiento social, pero es de agradecer las acciones que algunos intelectuales deciden asumir con ese fin. Es decir: me queda claro que una nación, por ser precisamente una nación, jamás alcanzará la ansiada concordia por decreto poético. Hasta ahora no conozco ningún sitio donde el individuo (y lo que más cercano le queda: la familia), no esté acosada por esos Poderes que desde fuera terminan minando su estabilidad. Más allá de los mitos de la libertad, la democracia, y otros tantos espejismos, se viva donde se viva, siempre persistirá el problema de la dignidad individual. ¿Será posible llegar a vivir en un sitio donde ningún poder (sea político, religioso, o económico) nos someta a esas jerarquías que marcan precisamente las diferencias que “La anunciación” propone enriquecer con el amor?

Creo que hay allí mucha tela por donde cortar, y lo que me seduce de tu película es que no le da la espalda a ese debate. Mientras algunos (aquí o allá) insisten en custodiar como principio una incomunicación que nos mantiene a todos en un mismo sitio, a ti te desvela la posibilidad de la reconciliación con el más cercano, que es decir, la reconciliación con uno mismo. Ámense por encima de las diferencias, nos dices, pero parecieras añadir que para amarnos de esa manera primero será imprescindible dejar de apuntar a los otros con un dedo. O al menos, tener en cuenta los tres dedos que siempre quedan mirando hacia nosotros.

En este sentido, ver tu película es como encontrar en medio de un inmenso desierto, una gota de agua que calma la sed de sutilezas. O que a mitad de esa conjura de ruidos donde todo el mundo grita y nadie se entera de nada, a alguien le de por imponer silencio y obligarnos a escuchar las razones de los otros: no a hablar de las nuestras, sino a escuchar la de los otros.

Algo de esto hemos conversado otras veces. ¿Recuerdas las preguntas que alguna vez te hice sobre la supuesta utilidad del arte como recurso crítico? ¿Sirve el arte para mejorarnos?, te pregunté desalentado ¿Sirve como herramienta que nos permite crecer o es solo cosa de egos? Entonces hablamos de la Crítica en sí, y su relación con la sociedad. Estuve de acuerdo contigo cuando me aseguraste que toda crítica, si aspira a ser eso y no simple retórica, siempre es destructiva, porque pretende alterar con sus señalamientos un determinado orden de cosas ya existente, y mejorarlo (lo cual me parece bien, por aquello que la dialéctica nos ha enseñado: nada es para siempre).

Por eso mismo una crítica que no tome en cuenta los matices, a mi juicio solo aspira a ocupar la silla del supuesto verdugo al que se opone. No destruye, sino que deja las cosas intactas, pues lo único que consigue es permutar de cancha. Al final, el juego y las reglas siguen siendo las mismas: solo cambian los nombres propios de vencedores y vencidos, pero la proporción sigue siendo idéntica. Más perdedores que gente temporalmente realizada.

Respeto el ejercicio de esa crítica, pero prefiero aquella que nos eleve, y que es la que ha permitido que el hombre conozca algo de Iluminismo (tampoco hay que exagerar el entusiasmo, porque barbarie no nos sigue faltando, y muchas veces con el respaldo de las racionales democracias). Prefiero la crítica que no me oculte que el mundo como está es un desastre, pero que al mismo tiempo sea capaz de sugerirme una salida, una alternativa. Que no nos invite al suicidio colectivo, o no nos anule la posibilidad de soñar que algún día estaremos en mejores condiciones.

Desde luego, ese tipo de crítica que llamo conciliatoria (no porque nos haga amigos, sino porque le concede respeto a los opuestos), está más cerca de lo divino que de lo humano. Siento que “La anunciación” intenta familiarizarnos con esa dimensión intelectual nada común, por eso no será la más popular de las películas cubanas (como sí lo fue tu formidable “La Bella del Alhambra”), pero en cambio, será la que quede en la memoria de este país como una de la que con más franqueza quiso hablar de una nación polarizada.

Volviendo a lo de la utilidad pública del arte, que no habría que confundir jamás con esos ruidosos reconocimientos que se acostumbran a entregar en pasarelas de dudosa perdurabilidad: he visto tu filme en medio de una relectura que hago de “Utopía y desencanto”, libro de Claudio Magris que muy bien podría convertirse en texto obligado para todos aquellos que aseguran defender el bien de la comunidad. Nos alerta Magris: “En todo escritor –y no solo en el esteta ordinario- serpentea la tentación que la tradición, tal vez injustamente, atribuye a Nerón, de preocuparse, cuando Roma arde, más de los versos que lloran el fuego y sus víctimas que de las propias víctimas y su dolor” (1).

A ese grupo de grandes creadores que van desde Platón hasta Kafka, que terminaron arrojando al fuego sus obras, convencidos de que el arte (con esos procesos colaterales que propicia la vanidad, la envidia mezquina, el protagonismo efímero) en verdad no salva, habría que añadir el nombre de Luis Buñuel, con aquella reflexión que tanto enardeció a los paladines de la pureza estética: “Si me propusieran quemar todas mis películas, lo haría sin pensarlo un momento. A mí no me interesa el arte, sino la gente”.

Eso mismo es lo que veo en “La anunciación”. Un desvelo tremendo por la gente más común. Quiero decir, por los seres de carne y hueso que a diario han de lidiar con la existencia. Que luchan. Que ganan. Que pierden. Que todavía en el suelo siguen luchando. Y que aspiran algún día a encontrar la concordia en medio de las diferencias.

Ya sé que esto último suena a utopía trasnochada. Incluso entiendo que existan personas a quienes esa palabra les provoque una franca antipatía, pero, para decirlo de esa manera hermosa en que comenta el asunto Atilio Jorge Caballero en su prólogo cubano al libro de Magris, “se trata aquí de vivir en la certidumbre de que la bacía del barbero no es el yelmo de Mambrino, como creía Don Quijote, pero sabiendo que sin esa búsqueda del Quijote el mundo estaría incompleto”

Gracias, Enrique, por pensar en los que todavía no se dan por muertos y sueñan que es posible mejorar alguna vez su suerte. Es verdad: el arte no nos salva, pero cuando se ocupa del dolor de la gente y de sus sueños, nos ayuda a mantenernos vivos, sin importarnos cuánta oscuridad reina a nuestro alrededor.

Te quiere,

Juan Antonio García Borrero

Nota:

(1) Claudio Magris. “Utopía y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad”. Selección y traducción: Atilio Jorge Caballero. Reina del Mar Editores. Cienfuegos, Cuba, 2006, p 24.

PD: Otras entradas sobre “La anunciación” en este blog.

“La anunciación”, de Pineda Barnet, en Camaguey
“Hoy, en el Teatro Principal, “La anunciación”
“Mario Crespo sobre La anunciación”

PD: OTRO PUNTO DE VISTA EN "LA ISLA Y LA ESPINA"

DIALECTICA DEL ESPECTADOR, de Tomas Gutierrez Alea

jagb 11/05/2009 @ 14:28

Alguna vez Litchtenberg nos regaló este hermoso aforismo: “En muchas obras de un hombre famoso preferiría leer lo que él ha tachado, a lo que ha dejado”. El libro de ensayos “Dialéctica del espectador” pudiera funcionar como una variante de esa suerte de marginalia a la que Litchtenberg aludía. Son notas escritas por Tomás Gutiérrez Alea en los márgenes de sus películas. Ideas que nos van revelando las interioridades de un proceso creativo que, sin dejar a un lado la búsqueda de la emoción (“Fresa y chocolate” es una buena prueba de ello), casi siempre quiso priorizar el encuentro con un espectador reflexivo.

Antes de releer este libro a la luz de las nuevas circunstancias históricas, me preguntaba qué vigencia podría tener hoy ese conjunto de reflexiones redactadas en un período de la humanidad, en el que el cine todavía ocupaba lugares estelares en el mapa del ocio. Aquel era un período en el que se pensaba en la “Historia” de una manera unidireccional, y donde, para decirlo como Titón, “(m)uchos intelectuales proclamaban solemnemente su decisión de suicidarse como clase. Muy pocos lo hicieron verdaderamente, pero en ese momento cualquiera hubiera podido creerles porque todo lo que estaba sucediendo era insólito y hermoso. Demasiado hermoso”(1)

Admito que inicié la relectura del libro sin poder reprimir mis aprensiones, toda vez que buena parte de aquel cine militante de antaño hoy ha envejecido para siempre. O ha desaparecido en medio de una circunstancia colectiva que ninguno de los iracundos jóvenes de entonces pensaron que alguna vez pudiera experimentarse. Para empezar, la “Historia”, tal como se anunciaba desde Moscú (Meca de ese marxismo que al final supimos era más decorado que pensamiento útil), resultó ser una pésima tragicomedia.

El llamado “socialismo real” peor epílogo no pudo experimentar. Un fin verdaderamente patético, donde la burocracia ideológica que terminó secuestrando el sentido inicial de la revolución propuesta por Marx, ni siquiera fue liquidada por sus adversarios externos de siempre, sino por sus propias inconsecuencias.

Si una dolorosa lección ha debido aprenderse en los últimos tiempos es esa que nos enseña que el capitalismo, no obstante su inviabilidad como sistema social, tiene una ventaja innegable sobre el socialismo que hasta ahora conocemos, en tanto se esfuerza en estimular “desde dentro” un pensamiento crítico. Cierto que tales invectivas las integra luego a sus propias estrategias de poder y explotación, pero gracias a ello, en los tiempos actuales podemos contar con las consideraciones de un Chomsky o un Vattimo, por mencionar apenas dos de sus críticos más agudos.

“Dialéctica del espectador” es un esfuerzo por naturalizar ese tipo de pensamiento dentro de un sistema socialista. Para Titón, se trata de un desafío realmente descomunal, “(s)obre todo si no queremos contentarnos con las fórmulas ya tradicionales que tienden a simplificar y esquematizar la realidad en aras de una pretendida exaltación de los valores revolucionarios. Sobre todo si no nos contentamos con la inútil retórica y pretendemos que el cine constituya un elemento activo y movilizador, que estimule la participación en el proceso revolucionario. No basta entonces un cine moralizante sobre la base de prédicas y exhortaciones. Es necesario un cine que eleve y estimule el sentido crítico” (2)

“Dialéctica del espectador” es, junto a “Por un cine imperfecto”, de Julio García-Espinosa, uno de los pocos momentos en que cineastas del patio han hecho todo lo posible por “impulsar el desarrollo teórico de su práctica artística”. Ambos documentos son los que mejor exponen la naturaleza de la revolución audiovisual perseguida por los cineastas que fundaron el ICAIC.

Nunca más los cineastas han podido articular teóricamente esos objetivos perseguidos en la práctica. Se siguió haciendo cine, desde luego, y también se han logrado buenas películas. Pero por el camino quedaron sin responderse la mayoría de las interrogantes que animaban a aquellos cineastas de entonces, y que podría resumirse en una pregunta tan sencilla como esta: ¿de qué forma el cine puede contribuir a trasformar un poco, (no al mundo, que sería una desmesura verdaderamente escandalosa), al espectador que lo mira?, ¿cómo lograr que ese espectador se sienta cómplice de ese cambio interior que le proponen?

“Dialéctica del espectador” se ha salvado de la indiferencia por las mismas razones que “Memorias del subdesarrollo” sigue trascendiendo: en ese libro las preguntas importan más que las respuestas. Titón no escribió sus provocaciones pensando en ese lector acostumbrado a escuchar las opiniones del crítico sin otro ánimo que aquel que preside la mera información, sino que quiso ir más allá, y así lo advertía desde el principio: “No centraremos nuestra atención en los aspectos puramente estéticos, sino que colocaremos todo el énfasis en tratar de descubrir, en la relación que se establece reiteradamente entre el espectáculo y el espectador, las leyes que rigen esa relación y las posibilidades que ofrecen esas leyes para desarrollar un espectáculo socialmente productivo” (3)

Tengo la impresión que lo mejor que puede pasar con un libro es que sea capaz de provocar en el lector las más encontradas ideas. Aquellos libros que se leen, y a uno le queda la sensación de que estamos de acuerdo con todo lo que su autor dice, en realidad son libros nacidos para el confinamiento. Un libro seguirá participando en la vida pública en la misma medida que irrite, que desconcierte, que nos haga repensar aquello que para nosotros ya era inmutable, que nos invite a, después de un tiempo, volver a sus páginas para oponerle al autor una nueva objeción. Tal vez un ajuste de cuentas con una idea que apenas tuvimos tiempo de dejar en claro. Si eso fuera cierto, “Dialéctica del espectador” será un libro que seguirá dando que hablar.

Ante todo porque varios de los problemas a los que Titón se aproximaría todavía están muy lejos de haber sido resueltos. Es cierto que actualmente vivimos “la era del audiovisual”, por lo que es posible que las disquisiciones que vierte en el ensayo “Cine “popular” y cine popular” merezcan una actualización radical. Pero en sentido general, el problema de la recepción no solo sigue en pie, sino que se ha hecho más complejo con la proliferación de nuevos soportes de emisión. ¿No es acaso un asunto cuyo estudio merece profundizarse hasta la saciedad ese proceso comunicativo que se establece desde el momento en que se crea el producto y se percibe por el espectador, ocurra ese proceso en un cine, en la sala de su casa, o en la pantalla de su ordenador?

Cierto que la propuesta de Titón en cuanto a dividir al espectador en “contemplativo” y “activo” no deja de ser cuando menos polémica. A estas alturas sabemos que hasta el más adormecido de los espectadores, en realidad es protagonista de una dinámica interior que pone el disfrute de aquello que ve en función de sus propias experiencias y horizonte de expectativas. Pero esa certidumbre no invalida la inquietud fundamental de Gutiérrez Alea, y buena parte de los “compañeros de viaje” de aquel cine de los sesenta: hoy más que nunca necesitamos un audiovisual que regrese al espectador a su realidad, con el fin de transformarla.

De lo contrario, nos encaminaremos a un punto donde lo real por fin obtendrá la connotación de un parque jurásico, en tanto lo virtual terminará por impregnar cada uno de los espacios en que nos movemos y comunicamos. Incluyendo nuestros espacios más íntimos. Llegado ese momento, todo nuestro dinamismo se asociará a la habilidad de pensar en la vida (nuestra vida) como si de un video-juego se tratara. Se habrá perdido para siempre la autenticidad, incluso hasta en los momentos en que nos miramos en el espejo.

Uno de los instantes más sugerentes del libro lo encontramos en el ensayo “Espectáculo y realidad. Lo extraordinario y lo cotidiano”, y donde aprecio no pocos ecos de aquellas polémicas que Titón protagonizara en el primer lustro de los sesenta, cuando los cineastas del ICAIC (y los que estaban fuera de la institución, como los que hicieron “PM”) se debatían en encontrar un lenguaje que estuviese a la altura del momento histórico que vivían.

Para entonces, cada uno de estos cineastas propugnaba un modo novedoso de aproximación a la realidad, ya fuera partiendo del Neorrealismo Italiano, del Cinema Verité, del Cine Directo, o del Free Cinema, y de esas discusiones salió fortalecida una cinematografía que, apenas sin tradición, hizo de su escuela documental un referente internacional todavía de gran importancia.

Esto fue posible porque el debate sistemático en la esfera pública, llevó a los cineastas a plantearse un modelo de representación que soslayaba lo epidérmico, y apostaba por la complejidad. Esas discusiones incluyeron varios desencuentros con representantes de la vanguardia política de entonces, quienes en sus sectores más dogmáticos se empeñaban en reclamar un cine pedagógico, asociado a ese “realismo socialista” que el ICAIC jamás quiso hacer suyo. No en balde Titón llegaría a conclusiones como esta: “El realismo del cine no está en su presunta capacidad para captar la realidad “tal como ella es” (que no es sino “tal como ella aparenta ser”), sino en su capacidad para revelar, a través de asociaciones y relaciones de diversos aspectos aislados de la realidad –es decir, a través de la creación de una “nueva realidad”- capas más profundas y esenciales de la realidad misma” (4)

En lo personal, dentro de este grupo de ensayos prefiero el que diserta sobre “Memorias del subdesarrollo”. Se trata de un documento primordial para entender, ya no la película (que es algo intencionalmente “abierto”), sino la época en que se genera la misma. Una época donde comenzaba a ponerse en evidencia la fragmentación ideológica que permanecía enmascarada debajo de ese gran constructo nombrado “izquierda”.

En el texto Titón evoca lo sucedido en el IV Festival Cinematográfico de Pesaro (1968), cuando su filme fue exhibido en la noche inaugural junto a un documental de Joris Ivens. Ese año fue fundamental para las definiciones de aquellos jóvenes que habían apostado por hacer realidad la utopía emancipatoria en sus respectivos países. La Revolución cubana seguía siendo un referente importante, pero tras la muerte del Che en Bolivia, y el respaldo a la invasión soviética a Checoslovaquia, las opiniones comenzaban a dividirse entre sus simpatizantes. Según Titón, en el propio festival de Pesaro “(…) se había desatado una carrera entre distintos grupos para ver quién se situaba más a la izquierda de los otros”.

“Dialéctica del espectador” fue concebido diez años después de aquel momento crucial. Por eso es que en sus páginas es posible encontrar, a partes iguales, un tono donde se adivina la adhesión al proceso revolucionario, y otro que, como el del Sergio de “Memorias del subdesarrollo”, no duda en fiscalizar críticamente lo logrado.

Esto último es lo que mejor puede conectarlo a los más jóvenes, quienes tendrán la posibilidad de recuperar a través de estos ensayos, un espacio de debate lamentablemente perdido. Con su libro, Titón dejaría intencionalmente abiertas las puertas, con la siguiente cita de Bretch en el pórtico: “el espectador no debe identificarse con los personajes, sino discutirlos”.

El magisterio (tal vez involuntario) de Gutiérrez Alea, descansa en esa permanente invitación a discutir también su obra, no a convertirla en un fetiche sagrado. Y quien toca este libro, en verdad está tocando el alma de sus películas, y quién sabe si también de la época que le correspondió vivir.

Gutiérrez Alea fue uno de esos raros ejemplos dentro del cine cubano que pasó por encima de esas estériles manías de marcar fronteras entre la creación y el pensamiento. Para Gutiérrez Alea, toda creación, si se quiere perdurable, implica el ejercicio permanente del pensamiento. Sobre este asunto, “Dialéctica del espectador” terminó siendo su argumento más irrebatible.

Juan Antonio García Borrero

Notas:
1) Tomás Gutiérrez Alea. Apéndice: Memorias de Memorias… Ediciones Unión, 1982, La Habana, p 59.
2) Ibidem, p 65.
3)Ibidem, p 9.
4) Ibídem, p 24.

Este artículo es el prólogo a una nueva edición del libro que hará la EICTV de San Antonio de los Baños.

STARS

jagb 06/05/2009 @ 11:12

A menudo las películas son como los perfumes más caros: contienen historias secretas que nos recuerdan una entrega desesperada a alguien que jamás pudimos conquistar. Cada espectador va sosteniendo diálogos paralelos con los personajes que hablan en pantalla: por eso las películas terminan, pero no esa variante de la persistencia retiniana, en la cual ciertos fotogramas adquieren el carácter de un fijador erótico. Actores y actrices se convierten en detonantes de determinados comportamientos que, en verdad, devienen fantasías que diseñan nuestro comportamiento en público. No es casual que los primeros sorprendidos en todo esto sean los intérpretes, una vez que han de abandonar la pantalla, y lidiar con la realidad.

Escribí de un tirón el post sobre la actriz Broselianda Hernández sin esperar que despertara demasiados comentarios. Como no es secreto que a ella le sobran admiradores, pensé que quedaría como uno de esos tantos garabatos que uno cuelga en la blogosfera y punto. No ha sido así: no solo están las acotaciones que se han publicado, sino los hermosos mensajes que me han llegado por vía privada. Sobre todo esos.

Esto me hace sospechar que en Cuba carecemos de una perspectiva que examine con profundidad esta otra zona del cine nacional: la que tiene que ver con la construcción colectiva de toda una mitología a partir de lo que los intérpretes nos proponen. Tenemos excelentes estudios sobre los directores de cine cubano, los guionistas, los fotógrafos, pero, ¿dónde estará ahora mismo nuestro equivalente del famoso libro de Richard Dyer: “Stars”?

Esto será importante tenerlo en cuenta, porque casi siempre se hace descansar toda la responsabilidad de lo que llega al público en la razón instrumental de los “autores”, y se olvida el impacto en los sentidos, los pequeños y sistemáticos incendios que se desatan en la sala oscura, y lo que ello implica más tarde en la distribución de estereotipos y expectativas sexuales en los diversos marcos de la sociedad.

Ojalá este post sirviera de estímulo a ese tipo de estudio. En lo personal me encantaría escribir alguna vez un libro en el cual devele los momentos en que más me ha descolocado una actriz cubana. En este inventario personal podría estar el momento en que Luisa María Jiménez reacciona sorprendida por el arrebato de Mario Limonta en “Barrio Cuba”, cuando este casi la hace caer de la bicicleta. Las escenas de Isabel Santos deslumbrando al otro Mario en “Se permuta”. Mirtha Ibarra en “Hasta cierto punto” cambiándole el guión al confiado Don Juan. Daisy Granados en “Memorias del subdesarrollo” mientras repite a Sergio, cada vez con menos convicción, aquello de “Está loco”. Eslinda Núñez en “Amada” aferrada a una verja. Alina Rodríguez en una María Antonia inflamable. Luisa Pérez Nieto en la azotea de “Papeles secundarios”. Y, tienes razón, mi querido Enrique Pineda Barnet: Beatriz Valdés hasta cuando no sale en “La Bella del Alhambra”.

De cualquier forma, si me pongo a inventariar los momentos fílmicos que retengo de todas estas actrices, es probable que no me alcance la blogosfera. Tal vez una manera más económica de ordenar esas vivencias que como espectador he tenido, lo sea a través de un libro de viajes. Con seguridad todas estas actrices conocen mundo. Tal vez han paseado lugares impactantes: quién sabe si París, Nueva York, Río de Janeiro. Mi libro, sin embargo, serviría para describir los infinitos paisajes que decoran mi cabeza cuando las descubro en pantalla, y través de los cuales las he visto extraviarse, en medio del fuego, las explosiones, y el humo, ya no recuerdo cuántas veces.

Juan Antonio García Borrero

EL HOMBRE INVISIBLE

jagb 04/05/2009 @ 18:58

Todos los días me despierto con la incómoda sensación de ser “El hombre invisible”. Un intruso que firma sus escritos como JAGB ha remplazado mi identidad. Me ha hecho perder amigos. Me ha sumado enemigos. Ha fomentado equívocos. Por su culpa los que me odian no acaban de conocerme bien. Y los que me quieren mucho menos.

Escribí el post “Blog Mail” pensando en esa fastidiosa sensación, y después de haber leído en el blog “Soledad propiciatoria” el provocador ensayo de Umberto Eco “Para una guerrilla semiológica”. Texto inquietante, como casi todo lo de su autor, tiene la virtud de movilizar en quien lo lee la búsqueda no de una solución colectiva al problema de la comunicación, sino en todo caso de una estrategia que nos ayude, como individuos, a lidiar con una época en la que los medios han decretado la invisibilidad del ser humano concreto.

Creo que es un asunto que importa más allá del país donde se viva, o la ideología o religión que se profese. Uno de los segmentos del ensayo que más me puso a pensar fue este:

“Por esta razón, habrá que aplicar en el futuro a la estrategia una solución de guerrilla. Es preciso ocupar, en cualquier lugar del mundo, la primera silla ante cada aparato de televisión (y, naturalmente, la silla del líder de grupo ante cada pantalla cinematográfica, cada transistor, cada página de periódico). Si se prefiere una formulación menos paradójica, diré: la batalla por la supervivencia del hombre como ser responsable en la Era de la Comunicación no se gana en el lugar de donde parte la comunicación sino en el lugar a donde llega. Si he hablado de guerrilla es porque nos espera un destino paradójico y difícil, a nosotros, estudiosos y técnicos de la comunicación: precisamente en el momento en que los sistemas de comunicación prevén una sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo, nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular, de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los códigos de partida”.

¿Podría esa estrategia incluir lo que llamo el “Blog Mail”? No lo sé. En principio comparto el escepticismo de aquellos que piensan que un blog puede aportar muy poco a la solución de esos grandes problemas que acosa al mundo, y que para solucionarlos se demanda del esfuerzo colectivo. Cuando hablo de “grandes problemas” pienso en la gente que más fastidiada está: los que viven en la pobreza extrema. Los que me mandarían al diablo porque mientras yo escribo en un blog sobre el cine cubano y otras cosas relacionadas con el ego, ellos se desesperan al no tener algo mínimo que comer.

Pero también incluyo a los que cada día son réplicas de un “Dead Man Walking” porque la soledad (no la física, sino la química) ha hecho metástasis en ellos. Lo que veo de positivo en el blog es que, pese a que no podré arreglar eso que los políticos (con mucho más recursos) no han podido, al menos sí tomaré más conciencia del lugar que ocupo en este mundo.

Veo diferencias bastante notables entre ese egoísmo frívolo que a diario genera el capitalismo (con su exaltada religión del “sálvese quien pueda”, y el mercadeo de objetos que se hacen viejos en una semana), y el orgullo de sabernos seres únicos. Por otro lado, el que nos parezca natural que algunos hombres acumulen millones y millones de dólares, mientras que en África mueren de hambre otros millones y millones, a mi me parece definitivamente una inmoralidad. Lo que no soporto es que en nombre de esa obscenidad, ya sean personas de izquierda o de derecha, un grupo de terceros decida mantenerme en la invisibilidad.

Como individuo, lo que más me ha afectado en esta terrible guerra mundial donde las bombas han sido sustituidas lo mismo con Publicidad erótica que con graffitis políticos, ha sido la incapacidad para percibir críticamente quién soy (quién puedo llegar a ser). El problema no es el hecho de que yo no tenga acceso a la fuente primaria de esa producción de mensajes que me sepultan y hacen invisible (ya se sabe: son los poderosos los que venden en el mercado las películas que les convienen), sino que he sido incapaz de reaccionar ante ese bombardeo: he perdido toda capacidad de iniciativa intelectual. Al final, soy una mala imitacion de aquel Marlon Brando que camina como un zombie en medio de un Berlín desvastado: las bombas de neón han terminado por convertirme en otro mutilado de guerra. Cierto que es una guerra con mucho espectáculo, música, drogas, sexo, alcohol, y efectos especiales. Pero el olor a sangre, aunque perfumada, es real. El paredón de la Nada apesta.

En este sentido, el blog me ha devuelto la certeza de que es posible desafiar lo que esos medios aseguran: que no existo. Me ha devuelto la certeza de que aunque los Poderes me ignoren puedo sentir orgullo de esa invisible finitud. Al final tal vez el mundo no sea más que eso: un breve y al mismo tiempo largo camino hacia uno mismo, acompañado de gente que nos odia y que nos quiere, pero para los que nunca seremos indiferentes.

Juan Antonio García Borrero

ACERCA DEL POST "BLOG MAIL"

jagb 03/05/2009 @ 20:27

ABELARDO MENA SOBRE EL “BLOG MAIL”

Querido Juani:

En relación a este post, me gustaría comentarlo de modo sintético, como usualmente corresponde al medio de Internet.

a) Podemos definir la "Cuba blogueada" o la ciudad blogueada como una nueva forma de socialización, producida de manera decisiva por el impacto de las nuevas tecnologías de comunicación, de efectos universales mas allá de los países, sistemas políticos y/o religiosos.

b) En el caso de Cuba, como también creo en Irán y China, la producción de lazos, conocimientos y servicios sociales asume, desde Internet y el email, características dinámicas frente al status inmóvil de las estructuras comunicativas oficiales-hegemónicas, producidas por las instituciones estatales, capaces de reiterar hasta la saciedad los rituales verticalistas de distribución informativa en ausencia, o no reconocimiento, del poder social de nuevas comunidades de usuarios estimulados/modelados por los avances y/o apropiaciones de las tecnologías, "permitidas" o no desde los centros de poder. Es una situación semejante a la popularización de las Literaturas provocadas por la imprenta de Gutemberg: la iglesia deseaba contener el conocimiento desde la excelsa y lenta parsimonia de los manuscritos iluminados, mientras hojas impresas de manera múltiple hablaban a las masas de Galileo, las doctrinas de Lutero o los beneficios del tabaco americano.

Sin embargo, es notable como las herramientas de Internet, el email y los móviles pone en manos de los cubanos instrumentos validos de emancipación frente a la ineficacia burocrática, la Cuba de ciencia ficción modelada por los massmedia insulares y en defensa de la aperturista Constitución de 1992, aun vigente. Seria de esperar el estimulo decisivo a estas nuevas maneras de expresión popular. Sin embargo, se ha trazado una oposición, totalmente artificial entre el acceso social y privado a Internet cuando debería discutirse como facilitar las producciones de sentido a través de la misma.

c) La asincronía entre las instituciones y los nuevos públicos no es, sin embargo, un conflicto nuevo, ni está reducido al espacio de las culturas cotidianas. Recordemos en los años 80 la férrea oposición al rock cubano, voz de una oleada generacional de apetencias no previstas en los estudios demográficos y sociológicos estatales, o pensemos ahora mismo por que la protección a los derechos del consumidor no encuentra fácil plasmación en un índice, vía Internet, de los precios vigentes en las cadenas de tiendas. Esta incapacidad para preveer y estudiar nuevas formas de consumo y socialización no son tampoco privativas de Cuba, se manifestaron con ejemplos sobrados en los países "socialistas" incluso con perjuicio para sus sistemas defensivos. Se alimenta de una sólida desconfianza ante los conceptos del consumo, del uso instrumental de la sociología, y constituye un aspecto a estudiar dentro de las contradicciones producidas por el socialismo.

d) Resumiendo: las nuevas tecnologías, Internet, email, blogs, facilitan un aspecto imprescindible para la construcción colectiva de un nuevo pensamiento de izquierdas en Cuba: un nuevo orden informativo nacional como componente indispensable a un nuevo orden informativo internacional.

Sin mas, saludos

Abelardo Mena

ANNA ASSENZA SOBRE EL POST “BLOG MAIL”

Juan,

de vez en cuanto me entra una gana incontenible de meterme en mesa bloguiana y contestar a todo lo que me provoca gana de decir la mía, opinión, de eso se trata, porque el poseer algo, siempre, me ha dado molestia desde que leí Marx cuando era una quinceñera arrogante y pasional.

Desde mi modesta esperienza de vida aprendí a luchar siempre contra todo lo que me impide hacer, libertad o muerte siempre fue mi reflan, y el merito lo tiene mi papa que me llenaba a golpe porque no queria que saliera a la calle sin su '`permiso''.... esperimenté en carne viva que nadie podia detenerme en hacer lo que a mi me daba la gana hacer. (preámbulo).

La cultura audiovisual televisiva cubana nos sugiere todos los dias, atreves de un muñeco muy antipatico, con ese tono de voz que tiene, que viene gana de llenarlo de galletas en la cara por como habla a la muchedumbre, como si fuesimo todos idiotas, que se puede cortar la imagine y recomenzar desde zero, que es lo unico que encuentro genial en el, el sugerir cosas obvia diciendo que se puede ser directores de la realidad que nos rodea y reescribir escenas que son de verdad desagradables al primero ciak, y sinembargo se reiteran cada dia en todos lugares comunes echos maleducados y mal trato a la poblacion, parece que nadie ve la television en este Pais, que a pesar de lo que piensan muchos yo la encuentro bastante educativa. Ahora, que quiero decir con esto? (desculpenme esta forma tan ajena de hablar pero me divierte escribir como hablo, mal porsupuesto. Mi español cubano es un poco raro, vaya, lo admito.)

ESCENA 1 - INTERIOR DIA - SALA COMEDOR - CASA DE UN FULANO CUALQUIERA
El tipo está sentado en su silla tratando de escribir algo en su computadora, tiene miedo de expresar lo que su mente le sugiere. Está parado sin mover un dedo, tembla.
¡CORTE!
repetimos:
el tipo está escribiendo, sus dedos vuelan sobre el teclado, en cinco minutos envia su correo con cara sotisfecha.

ESCENA 2 - INTERIOR DIA - CUARTO DE CAMA - CASA DE OTRO FULANO CUALQUIERA
el fulano en cuestion tiene un correo recien llegado en su portatil delante de su nariz, se le ve que no le gusta lo que está leyendo, decide levantarse de la cama. Está molesto, casi furioso
dialogo: - descarado, la vas a pagar -
¡CORTE!
repetimos:
el fulano en cuestion tiene un correo recien llegado ecc... Está molesto, contesta al correo recien llegado, sierra la compu y se levanta de la cama.
En la cocina habla con alguien comentando la carta que recibió, ese alguien le dice - que fortuna tu tienes compadre, de poseer una compu, yo no tengo ni un boligrafo, queria comprarmelo pero tuve que comprar cebollas y no me alcanzó el dinero.... ¿porque no hacemos algo al respecto? no podemos continuar a soportar de tratar a la cebolla como si fuese una pepita de oro... ¿no te parece?

ESCENA 3 - CALLE - EXTERIOR DIA -
Un grupo de gente esta protestando por el precio de las cebollas, alguien dice que hasta cuando nadie querrá trabajar la tierra ese vegetal seguirá desaparecido y por lo tanto carisimo... alguien dice que hasta que los campesinos no ganaran lo suficiente para vivir dignitosamente nadie querrá trabajar bajo el sol quemante de la isla así de gratis, con ese salario no se pueden comprar ni un par de botas para trabajar, y las botas chinas duran un mes, y ni eso, por mala que las hacen.... porque los chinos sí que entendieron que significa capitalismo comunista, hacer cosas que duran el tiempo de una puesta en escena para mantener ocupados a todos los compañeros en fabricas dishumanizantes, son muchos, ¿como lo controlan si no?
¡SIN CORTE porfavor!

¿que quiero decir con esto? que la sociedad la hacemos todos, que a un cierto punto de la historia viene el momento de dejar el lamento a un lado y empezar a ser mas practicos, el miedo a decir o a hacer me parece una escusa muy conveniente para no mover un dedo, no creo que si un intero pueblo se levanta para decir BASTA YA con las cosas mal echas por poco practicas que son pase algo fula, ningun gubierno tiene tanto dinero para meter presos a los que se rebelan a las estupideces lampante.... y no hay que comparar, no me comparo con nadie, nunca me ha gustado, porque si caía en esa trampa de la comparacion yo era una muchacha afortunada con respecto a una mujer africana a la cual le cortan el clítoris.... vaya....

Para parafrasar a un cineasta cubano: ''lo que parece no es y lo que es no parece'', cuidado, en este periodo escalofriante de pasaje de mano del Poder en la tierra de los poderosos, me gustaria leer algo mas congruente a ¿que haremos nosotros los compañeros con respecto al nuevo poderío disfrazado de libertador del mundo? Como enfrentar en forma nueva un modo diferente de vivir? Que opinan los poetas, los filosofos, los cineastas, los intelectuales en general aqui en Cuba, donde para mi gusto, todavia no se insució el sentido comun de la justicia social? Los que tienen a su disposicion la herramienta que les permite opinar via etere.... ¿como quieren contribuir culturalmente a la conscientizacion de las conciencias en lo general? Continuaran a alagar el coraje de lamentarse sin sugerir ninguna solucion? o finalmente podriamos reunirnos ante que todo para ver si se encuentra una solucion a los problemas cotidianos aqui y ahora, para fortalecerse y finalmente desear cosas mas valiosa que un reloj rolex, o un celular ultimo modelo que te hace hasta el café....o ropa Prada o de firma en general que cuestan un dineral ... hay que reinventar las escalas de lo deseado, lo que es justo y lo que no, pero no porque alguien se levanta una mañana y decide para todos, estoy hablando de cosas que dejen de contaminar por gusto esta Tierra nuestra que está llendose a la borda sin que podamos hacer nada al respecto, eso es devastante de verdad.... o libertad o muerte de verdad, prefiero morir que callarme frente al precio de la cebolla que es un insulto constante a nuestra inteligencia..... no soporto ver una anciana que renuncia a un pedazo de piña en Cuba porque cuesta demaciado, asi como no soporto en Italia a una anciana que no tiene como comprarse un kilo de pasta porque cuesta demaciado.... o sea que todo el mundo está en candela, ¡hacemos algo por dios! La hera moderna le puso en la cabeza a los jovenes que trabajar la tierra es degradante, es mejor ser maestros o medicos o avogados o ingenieros o artistas ¿y quien trabajará en la agricoltura? no hemos todavia alcanzado ese tipo de tecnologia robotica que nos podría ámparar, sería genial si a la medida de comprar armas se gastace el dinero para construir robotts mecanicos para hacer el trabajo duro, lo que solitamente hacen los esclavos de todos los tiempos, antiguos y modernos....

Cada cual es esclavo de un sistema y no nos damos ni cuenta, que horror.... si no salimos de la esclavitud de la ignorancia nunca seremos libres....

sin mas
anna assenza

BLOG MAIL

jagb 03/05/2009 @ 14:31

Hasta ahora he tenido suerte: nadie me ha acusado de “invadir” sus espacios con los sistemáticos post que envío por email. Si alguien se quejara, sé que tendría todo el derecho del mundo al cuestionamiento.

Mi única atenuante es que una vez que termino de escribir estas cosas, vienen a mi mente personas con quienes me gustaría compartir ideas, y recibir sus observaciones. Yo no escribo para “el mundo”, sino para un conjunto de hombres y mujeres que mientras reviso mi libreta de direcciones me inspiran el deseo de comentar mis euforias y angustias. Es decir, un grupo de seres que ya me han “invadido” a mí (tal vez el antecedente de todo tendré que rastrearlo en aquellas “afinidades electivas” que inspiraban a Goethe). Por fortuna (y más bien para mi sorpresa), últimamente he recibido algunas “solicitudes de suscripción”.

Creo que lo que viene sucediendo en este modo de comunicarnos es signo de que algo está cambiando también en Cuba. Antes, para poner un ejemplo, uno encendía el televisor, y allí estaban los mismos actores de siempre. “Los mismos gestos”, diría resignado Sergio, el de “Memorias del subdesarrollo”. “Las mismas palabras”, suspiraría aún más resignada mi vecina, fanática de las telenovelas. Ahora puede que esos actores abran su correo, y encuentran casi todos los días mis mensajes. “Y dale Juana con la palangana”, dirán, aunque no sé sin tan resignados, “el mismo tipo con su dichoso blog”.

Pero aquí habría algo que tener en cuenta. Normalmente han sido los periódicos, la televisión, las que han conformado nuestro sentido de “la realidad”. Y como las noticias son más o menos las mismas desde que William Randolph Hearst comenzara a implementar su imperio (guerras mesiánicas, líderes que hablan de democracia, libertad, soberanía, o justicia universal), hemos vivido peligrosamente cautivos de una realidad que no cambia, y que nos hace creer que hemos sido arrojados al mundo para padecerlo en plan de extras de una gran superproducción, no para transformarlo (o transformarnos).

Esa “realidad” hoy se tambalea con lo nuevos modos de comunicación: antes de abrir el periódico, abrimos el correo electrónico, por lo cual el estado de ánimo de alguien que está lejos y que nunca aparecerá en un diario o televisión (pero que nos importa), se nos hace visible. Leer su mensaje, incluso cuando no se le responda, o no se esté de acuerdo con él, es también una manera de cambiar la realidad: “nuestra realidad”, que es la única real.

Aclaremos que mantener un blog desde Cuba no es lo mismo que administrarlo desde otras partes del mundo. Mientras en la isla el acceso a Internet no sea una cosa común a todos los cubanos, las lecturas de esos blogs creados aquí, por muy buena fe que se tenga, estarán dirigidas mayormente al exterior. Fuera de Cuba un blog es un lujo que la mayoría de la gente no puede permitirse, porque deja más pérdidas que ganancias: el tiempo que supone escribir un post, o un simple comentario, no juega con la lista de impuestos a pagar el fin de año, con todo y la libertad de Internet. En Cuba, en cambio, mantener un blog es la manera que algunos tienen de desafiar la invisibilidad local, que es tal vez el más oneroso de los impuestos que se le impone al individuo. Yo sigo pensando que el lector natural de esos blogs está en Cuba, no fuera: es aquí donde pueden resultar útiles, sobre todo si se someten a debate, y nos ayudan a mejorar la convivencia.

Por eso es que más que conformar un blog típico, he querido experimentar y convertir a “Cine cubano, la pupila insomne” en una suerte de blog-mail que circule entre amigos del audiovisual de la isla (ahora sí: lo mismo dentro que fuera, porque ya la isla es algo más que físico), y que propicie debates, rescates de la memoria histórica, y sobre todo que nos familiarice un poco más con lo que podría ser una “cultura digital de la polémica” en torno al cine cubano.

Hasta el momento me he opuesto a incluir publicidad, o botones que admiten donaciones, con el fin de evitar que se asocie el blog al lucro personal. Sin embargo, sí que me encantaría incorporarle imágenes, trailers de películas, entrevistas con cineastas o críticos, o herramientas (con seguridad nada complejas) como esas que te permiten observar de modo automático como se actualizan aquellos blogs que están entre tus favoritos. Pero en estos asuntos (seguro tan sencillos como los que te notifican de un “trackback”) solo sé que no sé nada.

De cualquier forma, si algo me alarma ahora mismo es percibir cómo las publicaciones más prestigiosas que se ocupan de la cultura cubana (lo mismo dentro o fuera de la isla), insisten en ignorar ese fenómeno que ya se conoce como “blogosfera cubana”. Es peligroso seguir ignorando lo que viene sucediendo en esa zona, porque a estas alturas existen contundentes ejemplos de blogs donde el teatro, la plástica, la literatura, la música, o en sentido general, la cultura cubana, han recibido una atención de primera mano.

Ni siquiera hablo de que los blogs sean buenos o malos. Solo intento llamar la atención sobre el alarmante distanciamiento que aún guarda el intelectual cubano (ya viva dentro o fuera de la isla) de estos nuevos modos de producir y recibir conocimientos. ¿No será hora de que “La Gaceta de Cuba”, “Criterios”, o “Temas”, por ejemplo, abran un buen debate sobre el fenómeno? La pregunta inicial pudiera ser: ¿no estará en peligro de extinción la ciudad letrada por la creciente consolidación de una ciudad blogada?

Juan Antonio García Borrero

IAN HUGO EN LA HABANA

jagb 02/05/2009 @ 11:34

En 1976 la “American Federation of Arts” editó el libro “A History of the American Avant-Garde Cinema”, un volumen que se aproxima de modo exhaustivo al cine norteamericano de vanguardia. Junto a los nombres de Maya Deren, Kenneth Anger, o Stan Brakhage, es posible encontrar también el de Ian Hugo, quien aportaría en su momento títulos como “Ai-Ye” (1950) o “Bells of Atlantis” (1952).

Gracias a una crónica poco conocida de Guillermo Cabrera Infante (“I Remember Hugo”), sabemos que este artista casado con Anais Nin, llegaría a La Habana de principios de los años cincuenta. Las razones las cuenta el propio Cain: “¿Por qué vino Hugo a La Habana? Como von Sternberg venía una y otra vez. ¿Por qué vino a buscarnos? Simplemente porque nosotros (Néstor Almendros, Germán Puig, Ricardo Vigón) y otros habíamos creado la Cinemateca de Cuba en 1950 y habíamos exhibido películas clásicas venidas de la Cinematheque Francais, gracias a la amistad de Puig y Vigón con Henri Langlois y prestadas por su almacén del cine. También exhibimos películas donadas por la Film Library del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hugo, que sabía todo del cine “underground”, lo supo”.

La crónica de Caín, además de contar con los méritos literarios habituales en la escritura del autor, me ha llamado la atención por otro motivo. Cuenta Cabrera Infante que Hugo (quien se hospedaría en el hotel “Ambos Mundos”, y exhibió sus películas en el Palacio de Bellas Artes), quedaría muy impresionado con esa Habana en la cual nació su célebre mujer, al extremo de decirle:

“Ah, La Habana de noche. (…) Mire esa nitidez en la atmósfera, esa profundidad de campo. En Nueva York ni en los días más despejados es tan tenue el aire. Me gustaría hacer una película sobre La Habana o que ustedes la hicieran. La Habana de noche es extraordinaria, no podría faltar. Me refiero a La Habana de los alrededores del puerto, con sus viejas casas y sus calles tortuosas. Es necesario hacer esa película antes de que todo esto desaparezca. Ya ha desaparecido buena parte de ella, pero todavía quedan los muelles, con su atmósfera a lo Maya”.

¿No habrá algo de esto en “PM” (1961), ese corto sobre la noche habanera y su transparente desmesura, que auspiciaron los de “Lunes de Revolución”? Al margen de las especulaciones, hay algo que hoy nos parece claro: “PM” participaba de ese rechazo del cine de vanguardia norteamericano a la tradición novelesca y teatral, y que de alguna forma estaba presente en ese primerísimo cine del ICAIC (léase “Historia de la Revolución”, “Cuba baila”, “El joven rebelde”).

Desconozco si Ian Hugo regresaría a La Habana, como en su momento prometió. Por la fecha en que triunfa la Revolución, y se consolida el ICAIC, en los Estados Unidos gana fuerza lo que el 28 de septiembre de 1960 terminará resultando la “Declaración del New American Cinema Group”, donde alcanza coherencia lo que antes era un conjunto espontáneo de prácticas cinematográficas disidentes de la tradición de Hollywood.

El ICAIC miraba con mucho más intensidad a lo que sucedía en Europa, tal vez porque el diferendo político con los Estados Unidos comenzaba a invalidar que los cineastas norteamericanos pudieran viajar a la isla del mismo modo que lo hacían los europeos (Ivens, Marker, Christensen). A lo que habría que sumar, desde luego, los diferendos internos entre el ICAIC y “Lunes de Revolución”.

Juan Antonio García Borrero

LA VERDAD

jagb 01/05/2009 @ 11:12

Algunas veces he padecido la angustia de saberme una simple isla, rodeada de infinitas verdades impropias. Es difícil como individuo vivir escuchando a todo el mundo mientras grita al unísono sus verdades: cada cual con sus razones, sus argumentos; cada cual defendiendo las convicciones que le han tocado en esta vida.

Sin embargo, lo peor es que un día descubres que la Verdad, con mayúscula, es otra cosa: algo tan temible y paradojico que son escasos los seres humanos que se atreven a buscarla, pues quien se asoma a la Verdad más profunda se sabe incurablemente solo.

A mí el texto que más me ha hecho pensar esto es el ensayo “Cinco obstáculos para escribir la verdad”, de Bertolt Brecht. Me gusta leerlo alejado de quienes utilizan esas reflexiones con el fin de hacer pasar sus parciales, pero ruidosas verdades, como si fueran las verdades de todos. Por el contrario: trato de encontrarle sentido a lo que allí está escrito conforme a lo que va siendo mi vida, la cual, para bien o para mal, es única, personal, e intransferible.

Como a veces las pérdidas no me han sido ajenas, yo también me he descubierto esgrimiendo las verdades de aquel que demanda compasión. Y me he visto a mi mismo como una víctima que no comprende su desenlace: como un perseguido de la mala leche del destino.

Entonces llega Bretch para sacudirme con rudeza. Me dice: “Muchos de los que son perseguidos pierden la capacidad de reconocer sus errores. La persecución les parece la mayor injusticia. Los perseguidores son, puesto que persiguen, los malos; ellos, los perseguidos, lo son a causa de su bondad”. Y acto seguido suelta esta sentencia lapidaria: “Para decir que los buenos no fueron vencidos porque eran buenos, sino porque eran débiles, hace falta valor”.

¿Cuántas veces, frente al espejo y a solas, no me ha faltado ese coraje para desenmascarar mi debilidad disfrazada de bondad? Es cosa terrible la Verdad cuando se usa para examinarnos por dentro, y sin embargo, es más terrible aún sentir que la obligación de mirar de frente a la Verdad solo le concierne a los otros.

Juan Antonio García Borrero

PENSANDO EN BROSELIANDA

jagb 30/04/2009 @ 13:38

“Queridos amigos: Aquí estoy, olvidada de mí. No de ustedes”. Esto lo ha escrito la actriz Broselianda Hernández en su blog “Viajera inmóvil”. Y me ha matado. De vez en cuando me gusta pasar por su sitio. Quedarme lelo ante sus fotos. Leer sus reflexiones.

Ella no me conoce. Y tampoco sabe que la espío desde hace un montón de años. Que me quedé de cabeza (o sin cabeza) por ella en “Barrio Cuba” (y eso que salía apenas minutos). Que soy fanático de su desempeño en “La anunciación”. Quizás a partir de ahora adquiera todos los recelos del mundo contra mí (¿recuerdan aquella película donde Robert de Niro se convierte en un incómodo fan de Wesley Snipes?).

Las actrices, cuando se desnudan de verdad (no de la ropa, sino del espíritu) pueden ser las personas más temibles del mundo. He tenido la suerte de que algunas de los que más admiro en este país me hayan concedido el privilegio de conversar con ellas lejos de todo lo que huela a alfombra roja. No de “entrevistarlas”, sino de hablar como habla cualquier ser humano en circunstancias comunes: Mirtha Ibarra, Isabel Santos, Adelá Legrá, Daisy Granados, Eslinda Núñez,Coralia Veloz, Verónica Lynn, Ketty de la Iglesia, Silvia Aguila, Tamara Morales, Yailene Sierra, Maria Isabel Diaz.

Ahora acabo de leerme una entrevista de Luisa María Jiménez (otra de mis actrices fetiches) concedida a Carlos Barba, que me ha dejado pensando tanto como las cosas que leo en los blogs de Broselianda Hernández e Ivonne López Arenal.

Pienso en las aprensiones de Freud cuando se refería a la psicología femenina, y trato de imaginar una posible recaída si hubiese llegado a entrar en algunos de esos blogs escritos por actrices. En mi caso, reconozco mis límites: sé que soy más vulnerable ante una mujer inteligente que ante una mujer desnuda.

Juan Antonio García Borrero

PD: En el blog de Carlos Barba, una buena entrevista a Broselianda.