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GUSTAVO ARCOS SOBRE “EL ALMACÉN DE LA IMAGEN” EN CAMAGÜEY. 04-11-2009 GTM 1 @ 14:44

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ALMACÉN EN REPARACIÓN.
Por Gustavo Arcos

Con la entrega de premios, la 19 edición del Almacén de la Imagen en Camagüey cerró sus puertas. El mediometraje, “Tractatus” producido por la Facultad de Audiovisuales del I. S. A y dirigido por el joven holguinero Rafael Ramírez, se llevó casi todos los premios, gracias a su juego con el lenguaje, la apropiación de múltiples referentes culturales y la habilidosa construcción de un supuesto drama, utilizando el falso documental, expresión artística raramente vista en nuestro entorno. Otra obra que resultó vencedora en su categoría fue “Que me pongan en la lista”, documental de Pedro Luís Rodríguez quien con audacia e ironía, puso de manifiesto la apatía y el simulado compromiso que sienten muchos, hoy en día, por integrar una organización tan masiva como los CDR.

Curiosos resultan los procesos desmitificadores de la realidad sobre los cuales operan ambos autores quienes no por gusto, indagan, ralentizan, fragmentan, parodian o intervienen la imagen, generando nuevas interrogantes sobre la verosimilitud artística y la manipulación de la Historia.

El 19 Almacén brindó espacio por vez primera en el oriente del país al Pitching, una estrategia de producción y financiamiento audiovisual de reciente introducción en la isla, que pretende apoyar proyectos desde su gestación. Entidades o figuras del entorno productivo escuchan las propuestas de filmes posibles, dialogando con sus propios autores, quienes presentan una carpeta con todo lo que pueda ser útil para captar la atención del jurado. Se trata de seducir a los productores para que intervengan con ayudas financieras o tecnológicas en la realización del filme. La iniciativa resulta eficaz en la medida que cada año son decenas los proyectos que se intentan rodar en el país con escasos presupuestos y sin apoyo técnico artístico especializado, así, guiones deficientes, conflictos e historias sin progresión dramática o visualmente fallidas pudieran salvarse con este sistema que se estima, tendrá continuidad en futuras ediciones del Almacén.

Haciendo memoria, pudiera recordarse el extraordinario impacto que este evento tuvo cuando surgió, a fines de los 80, para darle progresión a los talleres del audiovisual que organizaba la Asociación Hermanos Saiz (AHS) y que sirvieron de plataforma a toda una nueva generación de creadores del cine y el video en la isla. Nombres como los de Ernesto Fundora, Rudy Mora, Orlando Cruzata, Alejandro Gil, Jorge Dalton, Camilo Hernández, Juan Pin Vilar, Juan Carlos Cremata, Enrique Álvarez, Arturo Sotto y Jorge Luís Sánchez frecuentaban estos espacios con obras, y sobre todo ideas, que pretendían revolucionar el audiovisual de su momento.

Pero el tiempo ha pasado y si antes la llamada vanguardia joven y artística se hacía presente a como diera lugar en estos eventos sintiéndolos como suyos, hoy rara vez encuentras a “las nuevas vanguardias” (¿hay alguna?) presentando o debatiendo sus filmes. Un triste proceso de involución que tiene múltiples aristas: la indigencia financiera con la que se intentan mantener estos espacios, la falta de rigor en las curadurías y selección de las obras, la ausencia de un perfil o concepto de identidad que defina al evento y lo diferencie de otros, el débil equipamiento tecnológico de las salas de exhibición, la falta de estímulos reales a los procesos de producción si de premios se trata, el poco compromiso de los exhibidores para con las obras destacadas, las ineficaces acciones en el campo de la promoción mediática, la aplicación de soluciones a último momento en materia de programación y la habitual incertidumbre que rodea cuestiones claves en cualquier evento como las facilidades de transportación, hospedajes y alimentación para los invitados, son algunas de las trabas que los vienen ensombreciendo. La ya comentada falta de compromiso generacional y la fragmentación del espectro audiovisual en la isla que genera múltiples acciones de forma individualizada e inorgánica influyen también en su debilitamiento.

Tales fenómenos convierten a estos encuentros en experimentos de laboratorio, una suerte de caverna platónica a la que confluyen muy pocos interesados, mayormente los mismos invitados, que dialogan entre ellos y que muy rara vez, hallan eco en la comunidad o población quien parece no interesarle lo que ocurre en sus propios predios. No hay dinámicas de interrelación, ni mecanismos de promoción acertados que busquen al espectador. No hay catálogos, ni carteles y la prensa local o nacional apenas le da cobertura escrita y televisiva. Increíble resulta que teniendo la propia provincia una filial del Instituto Superior de Arte e incluso de su Facultad de Medios Audiovisuales apenas unos pocos de estos muchachos y muchachas se incorporaron a los debates y exhibiciones de filmes.
La comunidad debe aprovechar al máximo la visita excepcional de artistas y creadores de otras regiones, incentivando encuentros, diálogos o clases magistrales, rentabilizando al máximo su presencia en el Festival, algo que, dada la pobreza económica que vive la nación, apenas puede hacerse en otro momento del año.

Si bien el Almacén propició varias mesas de discusión sobre el presente y el futuro del cine en Cuba, donde intervinieron figuras invitadas, las interesantes ideas e intercambios que en ellas tuvieron lugar nunca fueron grabadas para las memorias o posterior reproducción, ni contaron entre los espectadores con los funcionarios que definen o implementan políticas culturales. También fue llamativa la ausencia de aquellos que, en las organizaciones juveniles (no olvidar que se trata de un evento de cine joven), tratan los temas de los medios, la ideología o el arte. Como si los asuntos del audiovisual, la televisión o el cine contemporáneo fuesen algo secundario y sin verdadero impacto social. Eso pudiera explicar el reciente caso ocurrido en la provincia de Granma cuando el director del canal de televisión local expulsó de forma violenta y desproporcionada a un conocido crítico y especialista de los medios pues en un espacio sobre audiovisuales exhibió un corto, (“El grito”), realizado en la Facultad del ISA y galardonado con varios premios nacionales al que catalogó de inmoral, pornográfico e ilegal. El funcionario quien por una parte parece vivir en otro siglo y desconocer rampantemente las dinámicas culturales de la nación, por otra, muestra el mismo desprecio que en ciertas estructuras del país se siente hacia este audiovisual, estigmatizado como contrarrevolucionario, hipercrítico, pesimista o violento.

Sin importar lo que algunos piensen de él, los cortos, documentales, video experimentales y spots promocionales aquí presentados son una muestra de la pujanza que este audiovisual alternativo tiene en todo el país. Por encima de las censuras, los obstáculos y las zancadillas estas formas de expresión han llegado para quedarse y oxigenar el panorama artístico de la nación, unas con mayor agudeza y riesgo, otras de forma ingenua o superficial, muchas mostrando inquietudes estéticas, o juegos con la forma que necesitan mejor concreción. Interesantes, banales, vigorosas, cuestionadoras o irónicas, son un fiel reflejo de las turbaciones artísticas y las preocupaciones sociales o humanas que tienen los más jóvenes creadores de nuestros días y contra esa energía creativa… no hay nada que hacer.

Gustavo Arcos. Noviembre 2009.

RESULTADOS DE “XIX Festival Almacén de la Imagen”Acta del Jurado.
“XIX Festival Almacén de la Imagen. Camagüey. 2009”.

El jurado, compuesto por el profesor y crítico Gustavo Arcos y los realizadores Alejandro Gil y Jorge Ribail tras visionar más de ochenta obras en diferentes categorías y especialidades ha decidido otorgar los siguientes Premios y menciones:

Mejor promocional: Conjunto de spots presentado por Raúl Marchena
Mejor Video Experimental: Cleaning, de María Eriza Pérez.
Mejor Animado: La última gota, de Ivette Avila y Yurima Luís Naranjo.
Mejor Video clip: No se presentaron.
Mención en documental a: "Hasta Santiago... y", de Richard Abella.
Mejor Documental: Que me pongan en la lista, de Pedro Luis Rodríguez.
Mejor obra de Ficción: Tractatus de Rafael Ramírez
En las especialidades artísticas el jurado otorga sus Premios a:
Mejor dirección: Rafael Ramírez por Tractatus
Mejor guión: Rafael Ramírez por Tractatus
Mejor Fotografía: Yuniel Mentado por la ficción Del plomero me encargo yo.
Mejor Edición: Carlos Rafael Betancourt por el documental, Que me pongan en la lista
Mención en banda sonora para... La última gota
Mejor banda sonora: Livan Magdaleno por... De las sombras chinescas de Liborio.
Mejor Música Original: Carlos Rafael Betancourt, Rodolfo Batista, Charlie Vahrens y Markus Kraub por... Tractatus
Mejor Dirección de arte: se declara desierto.
Por la riqueza expresiva, la búsqueda de un lenguaje sugestivo y su audacia en la utilización de referentes culturales, este Jurado ha decidido otorgar el Gran Premio LUCES DE LA CIUDAD a la obra.... TRACTATUS de Rafael Ramírez.

Dado en Camagüey, 1 de noviembre de 2009.

Alejandro Gil Álvarez
Jorge Ribail
Gustavo Arcos Fernández –Britto

PD: Hace un montón de semanas que no puedo acceder al blog de "Gaspar, el Lugareño", pero desde España un amigo me indica que allí se publicaron otras impresiones sobre "El Almacén". Desde luego, ni idea de lo que se dice, porque el link lo he tomado de Google, pero si intento abrir la página, me da error.

PD2: Por fin pude acceder hoy al blog de "Gaspar, el Lugareño", y copio de allí el interesante comentario de José Rey Echenique, así como una evocación de Mirtha Padrón sobre el evento, en los tiempos en que se desempeñaba como directora del Telecentro de la ciudad. De paso, voy a incluir su blog entre mis vínculos.

Por una nueva imagen.

por José Rey Echenique
(texto enviado para el blog Gaspar, El Lugareño)

Lo que vaticinaba ser, a primera vista, un diálogo trasnochado y soso, acerca de las nuevas tendencias del arte joven, en específico de la cinematografía joven, se convirtió en un verdadero escenario de comunicación social, sin ambages, ni claroscuros. Un debate en el que se hicieron patentes, acuciantes inquietudes que gravitan en el fenómeno audiovisual cubano de principios del siglo XXI.

Con un panel formado por nombres como Gustavo Arcos y Juan Antonio García, todos ellos consagrados a la crítica y a la investigación culturológica, relacionada con el audiovisual, los asistentes a la sala del cine Nuevo Mundo, nos sentimos tentados ante la provocación de interrogantes disímiles que, en alguna medida, fueron abordados desde un punto de vista crítico y desprejuiciado, dando lugar así a importantes valoraciones. Eran asuntos tales como: la tecnología y los nuevos realizadores; la falta de referentes culturales en los mismos; el denominado habano centrismo; la insuficiencia del ICAIC, como única vía para la exhibición en salas, de una creación audiovisual joven cada día más rica, diversa y cuantitativamente abrumadora; la sistematización de la presencia femenina dentro del audiovisual joven; la refuncionalización de temas tradicionales en la historia del cine y el concepto actual de originalidad; así como, las deficiencias de la llamada crítica cinematográfica joven, y los riesgos que implica unirla a otras disciplinas de las ciencias sociales, cuando no se respetan los límites naturales entre expresión artística y enfoque teórico.

Hubo un punto de giro en el debate, cuando el documentalista y poeta Gustavo Pérez, desde el auditorio, aludió a la imperiosa necesidad del Internet, como vía y herramienta democrática, para la canalización de la expresión audiovisual de los realizadores, red que propicia además, la actualización informativa y la entrada al país de nuevas tecnologías que, desafortunadamente, llegan de manera tardía, cuando en el mundo son herramientas tangibles y en ocasiones ordinarias.

Por último, los panelistas enfatizaron en la problemática de los diseños estructurales de los eventos y festivales; reparando, a su vez, en tópicos que atienden a criterios de selección de obras, edad, nacionalidad de los concursantes, etc. Y hasta qué punto, preservar convenciones que ya van quedando chicas, ante la envergadura de la creación audiovisual en el país.

La mañana del sábado, en el marco del Almacén de la Imagen, no fue una más. Esto demuestra que, nuestro cine o, me atrevo a decir, nuestra cultura, urge cada vez más de una comunicación directa, crítica, entrañable, compartida, a través de debates sin los cuales, sería imposible la superación de sí misma.

Esperemos que en las próximas ediciones, impere la misma vitalidad. Ello, sin dudas, influirá en la solidez de la nueva imagen.

A PROPÓSITO DEL ALMACÉN DE LA IMAGEN
por Mirtha Padrón

He sabido de esta edición del “Almacén de la Imagen” por los blogs de Juany y El Lugareño. Me dio gusto, porque pude recordar algunas buenas cosas de los años en que teníamos como Telecentro una activa participación en el mismo, sobre todo con la logística y algunos creadores. Parece que la tradición sigue, porque vi como miembro del jurado a Veranes. No se asusten, no voy a hablar mal de nadie. Sólo y muy breve, una anécdota.Yo salí de la televisión en el año 1996 porque hicimos un documental,(bueno, en realidad lo hizo un periodista al que yo apoyé en su propuesta) sobre el aborto, era un análisis equilibrado ,bueno, entrevistaba a los que estaban a favor y en contra, tenía estadísticas, opiniones diferentes, para que la gente sacara sus propias conclusiones. Me costó el puesto, claramente hablando y no se transmitió. Me prohibieron hacerlo, en un ejercicio de acoso e imposición. Lo interesante de la historia no es mi renuncia (obligada),sino que después se presentó en la edición del “Almacén” de ese año y fue premiado y que parte de los que me dijeron hasta del “mal que iba a morir” en aquello años donde fui condenada a cierto ostracismo, no total, claro; hoy, formaron parte del jurado. La vida es extraña y antes de que me diga alguien que he cambiado, respondo que sí y mucho y para bien, pero robándole la frase a un escritor que he leído por estos lugares; en esa cuestión,”la rabia sigue intacta”.

GONE WITH THE WIND 01-11-2009 GTM 1 @ 20:45

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La idea del mundo como sueño o pesadilla, como representación de acontecimientos furtivos que, sin embargo, permanecen intactos de manera misteriosa en nuestra memoria, ha sido el tema inspirador de no pocos encumbrados intelectuales. Pienso en primer lugar en Schopenhauer, quien terminó escribiendo ese clásico de clásicos que es “El mundo como voluntad y como representación”, y que tanto influyera en escritores como Borges.

A mí de Schopenhahuer lo que más me interesa no es su paralizante pesimismo (aún cuando comparta buena parte de su suspicacia ante la altisonancia de los nombres propios), sino el intenso realismo con que examina esas maneras que tenemos los humanos de adjudicarnos determinadas etiquetas, y a partir ellas, vivamos más pendientes del reparto (porque concede “reconocimiento”, “rango”, “jerarquía”, así sean ganancias efímeras) que de la vida real, que es y será siempre impredecible, agónica, y a todas luces, finita, en tanto culmina con la muerte, o lo que es lo mismo, con la dejación de todo.

El otro día, mientras releía la excelente crónica de Fausto Canel sobre Joe Massot me preguntaba cuántas historias de vida como esa no se habrán extraviado por allí, convertidas en polvo de sueños que ya no se podrán recuperar. Y hablo de eso: “historias de vida”. Ya no me refiero a ese gran mundo que nos representamos y llamamos “ICAIC”, sino de los pequeños mundos que habitaron ese universo, a veces en armonía, a veces en franca discordia. Es decir, no hablo del ICAIC como algo abstracto, sino de lo que ha sido para algunos “la vida” en el ICAIC, y “después” del ICAIC.

Lo que conocemos, desde luego, es la historia de una utopía, y utopía al fin, se prioriza al sujeto colectivo, su lado más fotogénico. Las desgarraduras individuales, o las deserciones del sueño, no cuentan. Estas últimas, desde el punto de vista historiográfico, en otros tiempos solían despacharse con una lacónica línea: “Abandonó el país”. Al menos, cuando he intentado rastrear sobre quién fue ese hombre o mujer que hizo la edición de tal película, o grabó el sonido de esta otra, todavía puedo tropezar con ese escollo que parecía dictar el fin de una vida. Como si el rebasar lo geográfico hubiese implicado el no da más de una existencia.

La primera vez que me puse a pensar en la importancia de investigar qué había pasado con estos cineastas que “abandonaron el país”, no fue leyendo a alguien que escribiera desde el exilio, sino disfrutando de un provocador ensayo de Cintio Vitier sobre la identidad, donde afirmaba que:

“Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos. Que los portadores de esa cultura, al emigrar, adopten o incorporen otros contenidos, experiencias, costumbres y sabores, no le quita necesariamente su unidad y puede añadirle diferencias enriquecedoras o empobrecedoras, sin que descontemos un margen, a la larga, de desarraigos totales e irreversibles”.

Entonces me pregunté qué habría sido de aquellos que alguna vez pertenecieron al proyecto ICAIC, y de los que nunca supimos algo más. Y así surgió el libro “Cine cubano: nación, diáspora, e identidad”. Y el dossier sobre el tema publicado por “La Gaceta de Cuba”. Pero ahora en verdad no estoy hablando de aquellos directores que, como el propio Fausto Canel, Roberto Fandiño, Eduardo Manet, Fernando Villaverde, Nicolás Guillén Landrián, o Alberto Roldán (quizás por aquello de la visibilidad que involuntariamente concede la “teoría de autor”), consiguieron prolongar una “presencia” artística en nuestro imaginario. Hablo de los otros: de los que hay que revisar los créditos para enterarse de sus nombres, porque los críticos hablarán del sonido (si hablan), pero no de quienes lo hacen posible; del dinamismo de la fotografía, pero nunca del operador de la cámara, o de quien construyó un aditamento que solucionaba miles de problemas no previstos para la luz de esta isla.

También mirando “La imagen rota” (1995), de Sergio Giral, encontré el impulso para hacerme de una pequeña lista de esos nombres que me hubiese gustado seguirles la pista, y que no aparecen allí. Sin ánimo de parecer exhaustivo, mencionaré solo algunos:

- Alejandro Caparrós (sonidista de “Muerte al invasor”/ 1961)
- Enrique Cárdenas (camarógrafo del Noticiero ICAIC Latinoamericano)
- Julio Chávez (editor de “Congreso de juventudes”/ 1960)
- Antonio Fernández Reboiro (director de “Rumba”/ 1972; “Un retablo de para Romeo y Julieta”/ 1971; “Edipo Rey”/ 1972)
- Armando Fernández (sonidista de “Tierra olvidada”/ 1960)
- Mario Franca (grabador de sonido de “Las 12 sillas”/ 1962)
- Hernán Henríquez (director del animado “El origen del Gugú”/ 1966)
- Adalberto Jiménez (grabador de sonido de “Desarraigo”/ 1965)
- José Antonio Jorge (director de “Vuelo 134”/ 1967)
- Humberto Lanco (editor de “Granjas del pueblo”/ 1962)
- Amparo Laucirica (editora de “Escenas de los muelles”/ 1970)
- Alberto Menéndez (operador de cámara en “Lucía”/ 1968)
- Carlos Menéndez (editor de “Carnaval”/ 1960)
- Raúl Molina (director de “La danza de los dioses”/ 1964)
- Gloria Piñeiro (editora de “Médicos de la Sierra”/ 1961)
- Rodolfo Plaza (grabador de sonido de “Ociel del Toa”/ 1965)
- Antonio Rodríguez (director de fotografía de “El bautizo”/ 1967)
- Jorge Sotolongo (director de “La historia del ron”/ 1979).
- Ramón F. Suárez (director de fotografía de “Memorias del subdesarrollo”/ 1968)
- Eugenio Vesa (jefe de Departamento de Sonido del ICAIC entre 1959-1968)
- Len Zayas (productor del Noticiero ICAIC Latinoamericano hasta 1963)

Hoy, por fortuna, el pensamiento excluyente de antaño ha cambiado. Creo que a casi nadie (para no ser absoluto) se le ocurriría pensar que porque Pucheux ahora mismo esté en México, Mario Crespo en Venezuela, Madrid, o en el desierto, Fausto Canel en Miami, Francisco Puñal en Galicia, José Llufrío en Nueva York, por mencionar algunos de los amigos que ayudan a mantener este blog con sus evocaciones, ya no formen parte de “la memoria del ICAIC”. Que no quiere decir que se tengan que compartir los recuerdos del mismo modo, pues justo cada memoria tiene un contenido personal e intransferible: la “memoria histórica” es la suma de todo eso; es, al mismo tiempo que flujo, contrastes.

Las remembranzas, el tiempo que ya no se recobrará pero evocamos, tal vez (como sugería Schopenhauer) no conforman más que una larga cadena de ensoñaciones. Pero devienen imprescindibles si queremos que estas experiencias no se extravíen en medio de ese inmenso océano que es la indolencia colectiva (“la inocencia del devenir”, diría Nietzsche). Se lo comento a todos aquellos que se quejan de que los han “invisibilizado”; quizás no exista mejor acicate para vivir que defender nosotros mismos la huella de lo que se ha sido y se sigue siendo. Sin esperar a que terceros lo hagan por nosotros.

Algo de esto lo dijo mejor que yo Luis Marimón, un poeta que descubrí tardíamente, y sabía de qué hablaba: “El tiempo también borrará todo esto/ A mí solo me salvará del olvido lo que he escrito”.

Juan Antonio García Borrero

PD: FAUSTO CANEL SOBRE “LOS QUE SE FUERON”

Juan, algo que sé de algunos en la lista:

- José Antonio Jorge (director de “Vuelo 134”/ 1967) vivió en West New York, (New Jersey) hasta bien entrados los años 80; allí murió...

- Amparo Laucirica (editora de “Escenas de los muelles”/ 1970), vive en Miami, perfectamente localizable...

- Alberto Menéndez (operador de cámara en “Lucía”/ 1968), vive en Miami... Está en La Imagen Rota...

- Carlos Menéndez (editor de “Carnaval”/ 1960), y de Desarraigo y de Papeles son papeles, entre otros... Vive en Madrid, donde trabaja para la TV Española...

- Raúl Molina (director de “La danza de los dioses”/ 1964), trabajó en El Diario La Prensa, New York, hasta su muerte en 1988...

- Gloria Piñeiro (editora de “Médicos de la Sierra”/ 1961), trabajó en Nueva York como editora de comerciales en español... Allí vive semi-retirada, mientras enseña y apadrina a sus sobrinas, siguiendo la tradición familiar (El padre de Gloria fue esencial en el cine cubano de los 50) ... Fue editora de El super y los largos de Camilo Vila, Jorge Ulla, etc, la escuela de Nueva York..

- Antonio Rodríguez (director de fotografía de “El bautizo”/ 1967)... Tucho Rodríguez trabajó en Madrid, hasta su muerte reciente...

- Jorge Sotolongo (director de “La historia del ron”/ 1979)... Vive en Miami donde realiza documentales y semblanzas biográficas para la TV...

- Ramón F. Suárez (director de fotografía de “Memorias del subdesarrollo”/ 1968)... Vive en Paris, donde ha hecho una larga carrera en el cine francés... Acaba de terminar en México, a los 75 años, un largometraje galo...

- Eugenio Vesa (jefe de Departamento de Sonido del ICAIC entre 1959-1968)... Trabajó como ingeniero de sonido en la televisión mexicana y murió en Miami...

Pero, además, debes agregar...

Norma Torrado (editora) trabaja en el departamento de Folklore del Museo de Miami...

Mequi Herrera (actriz) está retirada y vive en Miami...

Yolanda Farr (actriz, cantante) todavía trabaja en music hall y vive en Madrid...

Amaro Gómez (guionista) se retiró como periodista y vive en California...

Alberto Roldán (director) trabaja en tv y vive en Miami...

Babi Díaz (script, productora) ejerce de abuela y vive en Miami...

Reboiro (cartelista) trabaja en publicidad y vive entre Madrid y Miami.

Sergio Giral (director) vive en Miami y sigue haciendo cine...

Orlando Rojas (director) vive en Miami y dirige la programación excelente del Teatro Tower...

Saludos,

Fausto Canel

DÍAS DE MUERTOS (2009), de Carlos Barba 01-11-2009 GTM 1 @ 19:20

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A pocas horas de la celebración en México de uno de los eventos más esperados en el año el equipo de realización del documental “Día de muertos” regresó a Pomuch con la única intención de regalarle a los pobladores de esa zona de Hezeltchacan, en el estado de Campeche, el estreno mundial de esta película del cineasta cubano Carlos Barba y que fuera producida por Telesur.

Durantes años en este pequeño lugar se conserva un ritual heredado de los mayas, la limpieza de huesos, y Barba pudo recoger en este filme de 31 minutos lo que sucede durante estos días en las casas de por allí. Los habitantes junto a sus muertos son los protagonistas de una obra que deja plasmado para la memoria colectiva el legado de una de las civilizaciones mas impresionantes que ha tenido la existencia humana: Los Mayas.

El parque central de Pomuch fue el lugar ideal para la exhibición del documental, un silencio se apoderó de todos y cual sala cinematográfica los allí presentes disfrutaron y vivieron la obra de Carlos Barba.

Y para los que no pudieron asistir al estreno en Pomuch este lunes 2 de noviembre a las 10 de la noche, y coincidiendo con el cumpleaños del realizador cubano, buena parte del sur de México podrá ver el estreno en televisión del documental “Día de muertos” por el canal 10 de Cablemas y 79 de Cablecom.

Tomado del blog de Carlos Barba

ARMANDO PÉREZ PADRÓN SOBRE CINES-MÓVILES EN CUBA 01-11-2009 GTM 1 @ 17:15

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LOS CINES-MÓVILES A CUARENTA Y OCHO AÑOS DE DISTANCIA.
Por Armando Pérez Padrón

Uno de los precursores del cine nacional, José Esteban Casasús, de hecho el primer cubano en rodar una película, El brujo desapareciendo, también tiene el mérito de haber sido el pionero en llevar las imágenes en movimiento, a principios del pasado siglo, a varios pueblos y caseríos de la antigua provincia de Las Villas; para ello compró dos plantas eléctricas, y un cinematógrafo de los producidos por el naciente imperio de los hermanos Pathé; se subió a uno de aquellos primeros automóviles que tanto disfrutamos en la época de oro de la comedia silente, y viajó con su preciada carga, por Cruces, Santo Domingo, Esperanza, Ranchuelo, Camajuaní y su natal Caibarién.

A inicios de la década de los cincuenta, por iniciativa de Raúl Roa, entonces a cargo de la dirección de cultura del Ministerio de Educación, se crea un proyecto denominado Misiones culturales bajo la égida de un joven de apenas veinte años, llamado Julio García-Espinosa. Según el propio relato de quien devendría uno de los principales pilares del cine revolucionario, «[...] aquello consistía en un camión rastra que se movía por los pueblos de todo el país llevando diferentes manifestaciones artísticas, incluyendo el cine [...]».(1)

En el año 1960, Héctor García fue designado para fundar y dirigir la Cinemateca de Cuba. Al año siguiente creó la sección de Cine Clubes, con la aspiración de ir mucho más allá de la concepción tradicional que existía desde que el teórico y realizador francés Louis Delluc inventara el primero, allá por los años veinte, con el pomposo nombre de Templo del nuevo arte. La aspiración de estos nuevos apóstoles del séptimo arte, era la de transformar los cánones de apreciación del público en general, y sobre todo de su exclusión clasista, que segregaba a millones de campesinos de todas las edades que no habían visto nunca cine, ni sabían que existía algo así. A partir de estas ideas, por iniciativa del propio Héctor, se crea el primer camión de Cine Móvil, en los últimos meses del mismo año 1961, que empezó a funcionar en la antigua provincia de La Habana. Este vehículo piloto, a pesar de enfrentarse a las dificultades lógicas de un proyecto novedoso y sui géneris; en pocos meses sobrepasó las expectativas de sus creadores, para convertirse en un elemento de extraordinaria demanda: […]se hizo evidente la necesidad de elevar la categoría organizativa del proyecto, por lo que en marzo de 1962, se crea el Departamento de Divulgación Cinematográfica del ICAIC, a la vez que se decide captar cuarenta jóvenes de las antiguas seis provincias para impartirles un curso intensivo que incluía aprender a conducir el camión, operar los equipos de proyección y sus aditamentos, así como una preparación liminar para presentar los materiales y películas en escuelas, comunidades, campamentos y demás lugares a donde arribaran.

Con la incorporación de Matanzas, en el mes de abril, comienza a extenderse el programa al resto del país; al mes siguiente lo harían Pinar del Río y Las Villas; y en junio Oriente y Camagüey. Esta tarea fundacional en territorio agramontino, estuvo a cargo del joven José Manuel Pardo Sánchez, miembro del Departamento de Divulgación Cinematográfica del ICAIC, quien estaría al frente de la actividad en el país desde 1963 hasta su fallecimiento en 2001. A la memoria de Pardo Sánchez, devenido uno de los más queridos y admirados trabajadores del cine móvil a lo largo de todo el territorio, quiero dedicar estas líneas.

Para tener una idea más cercana a las dimensiones del alcance de esta noble intención; es imprescindible recordar que en el año 1962, la población cubana era de poco más de seis millones y medio de habitantes, con un por ciento mayoritario en zonas rurales de los cuales más del 90% nunca habían visto una película. Razón suprema para que el proyecto de los cines móviles, no solo constituyera esa extraordinaria hazaña de llevar el cine hasta el ultimo rincón de la nación; sino que devino indiscutiblemente en la segunda revolución cultural llevada a cabo en menos de dos años; alzándose como la fiel continuadora, de la recién concluida campaña de alfabetización.
El hecho de enfrentarse a grandes masas, prácticamente sin ningún referente de anteriores códigos de asimilación de las imágenes en movimiento, posibilitó que obras de todas las latitudes se llevaran hasta los lugares más intrincados, y fueran bien acogidas, junto a los noticieros y documentales dirigidos a promover las doctrinas del nuevo proceso; así nos podemos encontrar, títulos como El ciudadano Kane, La quimera del oro, Cantando bajo la lluvia, En compañía de Max Linder, El gran dictador, junto a los documentales Despegue a las 18.00, Now, L.B.J, Hasta la victoria siempre, Productividad, Inseminación artificial; unidos a buena parte de las principales propuestas de los movimientos renovadores que marcaron el devenir del cine universal a finales de los cincuenta y principios de los sesenta; tal parece un cuento de hadas encontrarse con una programación en lo más intrincado de la campiña criolla, que incluía El limpiabotas, Alemania año cero, Humberto D, La muerte de un ciclista, El samurai, Lejos de Vietnam, Todo comienza el sábado, El arpa de Birmania, Rashomon, Trono de sangre, Iván el terrible I y II, o El fascismo corriente, entre otras.

A ello se agrega el protagonismo de Cuba, en un renovado cine regional, libre de los tradicionales melodramas, salpicados de rancheras, corridos, tangos, sones y comparsas, que signaron el populismo del cinematógrafo de los años cuarenta y cincuenta, para dar paso a obras más cercanas a las realidades de nuestra América; tributando al repertorio de los Cine-Móviles con títulos como Los olvidados, Vidas secas, Tierra en trance, Tire dié, Ganga Zumba, Historias de la Revolución, El joven rebelde, Lucía, Manuela, De la guerra americana, Las aventuras de Juan Quin Quin, entre muchas otras.

De manera que estos Quijotes de las imágenes en movimiento, montados en sus Rocinantes del siglo XX, llevaban una ambiciosa programación, que incluía al menos tres proyecciones diarias en lugares diferentes, en un recorrido, que por el día abarcaba, fundamentalmente, las escuelas rurales, donde se hacía un alto en la rutina docente para dar paso a la mayor de las algarabías de la grey. En poco menos de 45 minutos, el pizarrón dejaba los números y las letras, para convertirse en un espacio mágico, donde desfilaban las imágenes, que hacían desbordar los sueños de aquellos pequeños, que de buena gana hubiesen traspasado la pared para averiguar, dónde se escondían las personas y cosas que veían ante sus ojos.

Los frutos no se hicieron esperar. Al finalizar 1962, los primeros treinta y dos Cine-Móviles habían realizado más de cuatro mil proyecciones, con una participación de un millón 239 528 espectadores, cifra que continuó creciendo, y ya para 1968 ascendía a 74 220 funciones y siete millones 582 494 espectadores.

Pasaron los años y la electrificación fue alcanzando buena parte de la campiña cubana, los diferentes programas sociales llevados a cabo por la Revolución estimulan un éxodo paulatino de campesinos hacia pueblos y ciudades; durante la década del ochenta los televisores invaden la mayoría de los hogares cubanos, los adelantos tecnológicos fueron perfeccionando los reproductores electromagnéticos de imagen y sonido, y el video comienza a señorear como el soporte por excelencia para multiplicar las obras audiovisuales; cada uno de estos pasos era como una herida de muerte para los vetustos equipos de 16 mm. En 1988 se reciben las últimas copias de películas en este formato, y para 1991, debido a las restricciones del Período Especial, se ve afectado el combustible para los cines móviles.

Los filmes de 16 mm, pasarán a engrosar los fondos del museo del cine, en el caso de los más románticos, --en nuestra provincia aún conservamos una bóveda con más de mil títulos--, otros irán a parar a un destino más trágico; pero lo que sí quedará para siempre será la impronta de los miles de hombres y mujeres que durante más de treinta años lo dieron todo para llevar las imágenes en movimiento hasta la retina del último cubano; el recuerdo de la cándida mirada de aquellos infantes que, Por primera vez, vieron el cine en algún lugar de la Sierra Maestra, y que la cámara y el ingenio de Octavio Cortázar legó como uno de los testimonios históricos más representativos de la segunda revolución cultural del proceso revolucionario.

NOTA:
(1) Víctor Fowler Calzada, Conversaciones con un cineasta incómodo, La Habana, Ediciones ICAIC, 2004. p. 25.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (3) 01-11-2009 GTM 1 @ 12:50

jagb —

En la década del 70 se vio la necesidad de tener un laboratorio capaz de procesar películas en colores. Los propios técnicos del ICAIC, incluyendo al desaparecido Ingeniero Julio del Campo, no solo confeccionaron el diseño y los planos del laboratorio, el que se construyó en Nuevo Vedado, en Tulipán y Bellavista, una zona que había comenzado a desarrollarse con nuevas construcciones industriales, administrativas y de vivienda, sino que también, basados en la experiencia del curso impartido por los checos en 1963-64, organizaron un curso para la nueva generación de técnicos que harían funcionar el Laboratorio de Color.

En ese grupo entré yo, junto con José A. Cangas, Ibis Luis, Haydee Ravelo, Marta Planas, Raúl Fernández, Héctor Lara, Carlos González, Miguel A. Pérez, Gilda Ramírez, Esther Porto, Georgina Romero, Marlene Jaime, Guillermo Alonso, Enrique Arrieta... Durante año y medio estuvimos estudiando intensivamente, y pasando prácticas en los laboratorios blanco-y-negro existentes (Cubanacán, Telecolor) durante un año más, hasta que en 1975 se inaugura finalmente el Laboratorio Color del ICAIC.

Además de la mayoría de los graduados del curso de técnicos de laboratorio, muchos trabajadores de experiencia fueron a trabajar al nuevo Laboratorio de Color. Entre ellos, alguien quien ya mencioné antes: Alberto Ramos.

Alberto traía una gran experiencia como técnico mecánico, desarrollada en el Taller de Partes y Piezas, lo que le convirtieron en un puntal importante del taller de mantenimiento del nuevo Laboratorio.

Otro técnico que trajo su experiencia a los nuevos equipos, dotados de una electrónica más sofisticada, fue Juan Cruz, quien anteriormente trabajaba en el Taller de Moviolas y Equipos Electrónicos, en 10 y 25, en el Vedado.

También se incorporó al Laboratorio el Ingeniero Gonzalo Echarte, proveniente del Departamento de Sonido.

El tercer especialista en electrónica resultó ser un trabajador de tercera generación en el ICAIC. Roberto Agudo provenía de una familia de trabajadores del cine desde los inicios del ICAIC. Su madre y su abuela trabajaban en los talleres de vestuario de Cubanacán.

Los primeros equipos instalados en el Laboratorio ya llevaban algunos años de comprados, y eran de una tecnología a punto de quedar obsoleta, de modo que pronto se adquirieron nuevos equipos que introdujeron la era digital en el cine: Las máquinas impresoras B&H Modelo C, con controlador digital de las luces de copiado.

Yo, personalmente, no me incorporé al nuevo Laboratorio Color hasta 1980, sino que continué como químico y tecnólogo del Laboratorio de Cubanacán luego de terminar el Curso de Técnicos. Durante este tiempo continué estudiando en la Universidad, mediante los cursos para trabajadores, hasta graduarme de Ingeniero de Procesos Químicos, camino que compartieron y siguieron otros colegas, como José Cangas, Ibis Luis, Carlos Bequet, Roberto Agudo, y una compañera que en aquél entonces trabajaba en la "Fílmica del MINFAR", como conocía todo el mundo a los Estudios Cinematográficos de las FAR, Nancy Angulo, la cual trabaja hoy en el Laboratorio Color del ICAIC.

El equipamiento técnico del Laboratorio Color, incluyendo las inversiones que se estuvieron haciendo hasta principios de la década de los 90, lo ponían a la altura de cualquiera otra instalación de su tamaño en el mundo. Por otra parte, el nivel de preparación profesional de sus trabajadores realmente lo podía situar entre los mejores.

Entre los años 1985 y 1986 se adquirió la primera computadora personal para el laboratorio. Ya en 1988 se lograba la primera aplicación de técnicas computerizadas para el laboratorio, y al año siguiente se acometía el trabajo de generación de subtítulos para las películas utilizando la primera computadora adquirida años antes, acoplada a una cámara soviética "Druzhba", logrando resultados exitosos a fines de ese año.

Las dificultades económicas asociadas con el llamado "Período Especial" golpearon muy duro a las instalaciones técnicas, fundamentalmente porque comenzó a faltar la materia prima principal: la película cinematográfica. El cierre de la fábrica ORWO, al desaparecer la República Democrática Alemana nos privó de un suministro de película a través de los sistemas de contratos preferenciales que fueron usuales desde mediados de los años 60. Las dificultades para la adquisición de productos químicos siguieron, y el flamante Laboratorio Color del ICAIC fue languideciendo hasta su situación actual de semiparálisis.

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de los Laboratorios del ICAIC 1972 - 2002)
Actualmente trabaja como químico en el laboratorio Technicolor de New York

OTROS TEXTOS EN EL BLOG VINCULADOS A ESTE POST:

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (1)

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (2)

NELSON RODRÍGUEZ SOBRE EL PLACER DEL CELULOIDE Y LA NECESIDAD DE SER MODERNOS 31-10-2009 GTM 1 @ 12:52

jagb —

“Uno tiene que asumir ser moderno, no quedarse atrás. A mí me encanta la moviola porque no siento nada más rico que ver el material, tenerlo en las manos y manipularlo. Tanto en el vídeo como en el digital se trabaja con una abstracción, porque solo se ve en un monitor y es una cinta carmelita. Añoro la moviola. Me he pasado veinticuatro horas frente a ella, pero en estos tiempos no lo haría. Todavía puedo trabajar unas diez horas con frescura. Algunas veces hasta he editado varias películas simultáneamente. Cuando empezó el vídeo tenía una serie de torpezas para la edición de imágenes y, sobre todo, del sonido. Para rehacer un trabajo había que hacer una nueva versión, y aquello se convertía en algo que ni se veía, después de sucesivas copias.

El AVID se parece más a la moviola porque no es lineal, y se puede abrir y cerrar y hacer lo que uno quiera, con la ventaja además de que se trabaja con mayor rapidez. Si realicé la proeza de editar en moviola “Tiempo de morir”, en tres días por condiciones específicas, la película de Marcos Loayza, “Escrito en el agua”, la edité también en tres días en AVID en Buenos Aires. En un segundo se marca y se corta, más con la seguridad que tiene uno. Prácticamente, hago un corte definitorio desde la primera vuelta. Por producción, trabajar en estas máquinas reduce mucho los costos.

Existe un problema con las tecnologías modernas. Los jóvenes que saben mucho de computación le pueden entrar muy fácil al AVID, pero lo del cine es más complejo, porque si no tienes la experiencia y una cultura cinematográfica, estás frito. Resulta mucho más fácil trabajar en AVID que en moviola, es como cuando uno aprende a manejar un carro, hasta que no domina la cosa mecánica de los pies y las manos, uno no se puede concentrar en la carretera, eso pasa en la moviola. En el AVID no es así: es apretar teclitas, pegar un pedacito de plano con otro, lo miden por un cuentamillas y dicen qué tiempo le van a dar, sin mirar el plano en realidad. Los planos tienen un movimiento interno. Como lo hacen tanto, acaban en menos de tres días. Y si ven algo raro, deciden hacer una disolvencia o algún fundido, lo cual suaviza el corte. Así cualquiera edita, pero eso no es editar, eso es pegar planos” (Nelson Rodríguez, editor).

Tomado del libro “A Contraluz”, de Luciano Castillo, editado por la Editorial Oriente (Santiago de Cuba, 2005), pp 94-95.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (2) 30-10-2009 GTM 1 @ 19:35

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Alguien debe contar la historia del Taller de Partes y Piezas, situado en 25 esquina a 10 en el Vedado, donde se fabricaba todo, desde un mecanismo de "cruz de malta" para los proyectores, hasta el cromado duro de carretes dentados para todo tipo de equipo de cine. Quiero mencionar dentro de este taller a dos que me fueron muy cercanos y queridos amigos y compañeros: René Calichs, y Alberto Ramos. Calichs, o como lo conocían casi todos, "Caliche", era una persona con manos de oro. Podía reproducir cualquier equipo mecánico idéntico a su original.

Dos anécdotas: Cuando llegó a Cuba el equipo de filmación de "Soy Cuba", traían una sola cámara, la en aquel entonces innovadora "ECLAIR", pero tenía un defecto: Cada vez que se quería utilizar la cámara en un cierto ángulo, el motor se trababa. René Calichs fue el único capaz de reparar ese defecto de la cámara, según brinda testimonio uno de los operadores de cámara de la película, Alexander "Sasha" Calzatti. En otra ocasión, y para participar en un equipo de pesca de la aguja, en el Torneo Ernest Hemingway, Calichs pidió prestado un costoso carrete de pesca marca "Penn". Al terminar el torneo, el dueño vino al taller a recoger su carrete, y Calichs lo recibió con dos carretes sobre la mesa, y le dijo, escoge cuál es el tuyo... Hubo que buscar el nombre estampado de fábrica, para identificar el original, ya que el que Calichs había construído, era absolutamente idéntico...

Con talentos como ese, y la pasión de lograr que el Cine Cubano creciera y prosperara, los técnicos y mecánicos del Taller de Partes y Piezas jugaron un importante papel en mantener todo funcionando durante años...

En los laboratorios existía otro grupo de mecánicos-artesanos-técnicos, que reunían en si mismos todas estas características, y que resolvieron no pocos problemas técnicos para mantener los laboratorios funcionando...

Digo los laboratorios, y aprovecho para mencionar otro, además de Cubanacán y el del Noticiero, o de "Tuto". Se trata de "Telecolor". Telecolor era el nombre de la empresa de Gaspar Pumarejo que introdujo en Cuba la primera emisora de TV en colores en Latinoamérica: Canal 12 de TV, en 1958. Al nacionalizarse todas las instalaciones de las empresas de Pumarejo, queda en manos del ICAIC un laboratorio y pequeño estudio, situado a la entrada del "Bosque de La Habana", conocido por las actuales generaciones como "Parque Almendares".

Esta instalación tenía máquinas para procesar película de 16mm solamente, en blanco-y-negro y en colores. Las máquinas fueron modificadas y adaptadas para trabajar con el sistema de negativo y positivo, para cine en 16mm, y fue la base de apoyo fundamental a los planes de "Cine-Móviles" que llevaron la maravilla de la imagen en movimiento a todas partes del archipiélago cubano, desde el pueblito de "Los Mulos" en la Sierra Maestra (¿Recuerdan el documental "Por Primera Vez"?), hasta los barcos de pescadores en los mares alrededor de Cuba. Hay que recordar a los lectores más jóvenes que no existía video en formatos portátiles (cassettes) en esa época...

Todas esas modificaciones y adaptaciones, así como la operación de ese laboratorio de 16mm, que todos siguieron llamando "Telecolor" estuvieron en manos de los mecánicos y técnicos del ICAIC. Gente como Neno Alba, Antonio Alpízar, Oscar Nager, Asterio Clemente, otros más, cuya labor fue igual de importante, pero cuyo nombre se me escapa... Y los que operaban el laboratorio, desde la directora, María Estrabao, hasta los operarios Mario Fraga, Blas Mora, Gabriel Aparicio, José Piña, Arnaldo Galeano, Freddy Figueroa, Rosita, la esposa de Alpízar, y aquellos cuyos nombres se me siguen escapando...

Escribir toda esta historia, que yo viví durante 30 años, y la parte que escuché de labios de los que llevaban 10 ó 12 años más que yo en el ICAIC, solamente de memoria no resulta fácil, y el resultado no es justo. Esta historia requiere investigación y recopilación, porque es parte de la historia del Cine Cubano, y no solo basta con hacer una recopilación de las películas producidas, ni de los artistas que las realizaron, sino que se necesita conocer más de todo el esfuerzo de la industria "invisible" y de los trabajadores "anónimos" que también las hicieron posible, para poder hablar de una Historia del Cine Cubano...

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de los laboratorios del ICAIC 1972-2002)Actualmente químico de los Laboratorios Technicolor en New York.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC 30-10-2009 GTM 1 @ 12:55

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Querido amigo Juany:

Trato siempre de mantenerme al tanto de lo que se publica en tu "blog", que es nuestro "blog", La Pupila Insomne.

Mi compadre (en todos los sentidos de la palabra) Jorge Pucheux, me ha puesto "pie forzado" para contar historias sobre lo que él llama muy románticamente "Los Guerreros y Custodios Tecnológicos del Cine Cubano".

Verdaderamente, hay muchas historias que contar, muchas ricas anécdotas. Y no pocas tienen que ver con la parte oculta, menos "glamorosa" de hacer cine, que es la parte industrial y de apoyo tecnológico a la realización de una obra cinematográfica, es decir, los laboratorios, trucaje, animación...

Y romántica es la historia, pues la dedicación, el entusiasmo y el compromiso de todos los que trabajamos alguna vez en la parte industrial del Cine Cubano, solo son comparables a un romance con la idea de hacer cine y de ser parte del proyecto cultural del ICAIC.

Jorge (Pucheux, o Pucho, como le llamamos muchos con cariño) comienza hablando de Tuto, Restituto Fernández Laza, quien es toda una leyenda en la historia del Cine Cubano. Su laboratorio de la Calle Trocadero, construido por él mismo, y del cual no queda sino el testimonio de la memoria de los que allí trabajaron y los que le conocieron, pues no recuerdo haber visto nunca fotos ni filmaciones de cómo era el lugar. La leyenda cuenta que Tuto aprendió de otros laboratorios, y de manera autodidacta, leyendo revistas y manuales del giro cinematográfico, hasta que montó su propia empresa de producción y revelado e impresión de un noticiero. Y cuando se funda el ICAIC, allí está Tuto, ofreciéndole al recién creado Noticiero ICAIC su laboratorio, y sus servicios, para producir el Noticiero, y así lo hizo hasta su muerte.

A principios de los años 60 en los terrenos de Cubanacán, alrededor del "Foro" o estudio sonoro de filmación se comienzan a establecer los distintos departamentos de apoyo técnico a la filmación, y en una casa, que había sido originalmente de oficinas de producción, se monta el primer laboratorio creado por el ICAIC, utilizando algunos equipos que se habían intervenido y nacionalizado de empresas privadas, como la de Manolo Alonso.

Allí se construyó también el edificio de Trucaje, que incluso se terminó alrededor de la Mesa de Animación Oxberry, ya que debido al "embargo", conocido por todos nosotros como bloqueo, las empresas norteamericanas no podría realizar negocios con Cuba. Pero la empresa Oxberry, a la cual ya se habían comprado los equipos de Proyección de Fondos, Mesa de Animación, e Impresor Optico o "Truca", encontró la forma de enviar a sus técnicos para el montaje de los equipos, aún sin terminar el edificio, pues no podían esperar.

Los primeros técnicos en operar las máquinas del laboratorio eran gente proveniente de las pocas pequeñas empresas privadas que hacían "cine" en Cuba: Noticieros, Cinerevistas, cortos humorísticos y publicidad, así como del mundo de la fotografía comercial, fundamentalmente. Ahí estaban Moisés Hernández, Angel Rego Bagarotti, José Martínez Temes (Pepe el Calvo), Tony Hernández, Diego Valenzuela, Nicolás Chao, Alejandro Carrillo, Miguel Azpéitia, Francisco Fábregas, y otros muchos que mi memoria recuerda, pero no logro casar los nombres correctos (les pido mil disculpas, pero esta "descarga" es a memoria, sin investigación ni consulta).

Pero el ICAIC, como proyecto cultural de mayor alcance y perspectiva, necesitaba formar cuadros técnicos que pudieran llevar a realidad, con calidad, los proyectos del cine como obra de arte, y alrededor de 1963-1964 se organiza el primer curso de formación de técnicos, con ayuda de especialistas e ingenieros provenientes de Checoslovaquia (que en esa época era todavía un solo país). Carlos Bequet, Eliovel Castellanos y Oscar Vázquez formaron parte de ese grupo.

La capacitación de cuadros técnicos y profesionales fue siempre una preocupación en el ICAIC. Una de las características que diferencian nuestra fuerza laboral, de las de otros países, es el profesionalismo y preparación de nuestros técnicos.

El Laboratorio de Cubanacán se fue ampliando con equipos adquiridos junto con los equipos ópticos de Oxberry (la máquina Houston "Spray"), y otros equipos que se fueron recuperando de las empresas nacionalizadas (la máquina "Unión" de revelado, impresoras Bell & Howell modelo 'C', etc.). En el edificio del laboratorio se instaló la "Truca", y se montaron salas de proyección (para el control de la calidad del producto) y un estudio de sonido, dirigido por el Ingeniero Eugenio Vesa.

Los ingeniosos técnicos y mecánicos que lograron ensamblar todos aquellos equipos, y mantenerlos funcionando sin suministro de piezas adecuadas merecen capítulo aparte.

Eso viene en próximo mensaje...

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de laboratorio en el ICAIC, 1972-2002. Hoy trabajando en Technicolor, en New York)

PENSANDO EN SADE 29-10-2009 GTM 1 @ 22:06

jagb —

Mi querido Don Caballero Vila:

No vayas a interpretar esto como una réplica al comentario que colgaste a propósito del post sobre el texto de Luciano y el “cine” porno en Cuba, porque no lo es. Se trata tan solo de una reflexión. O tal vez una provocación intelectual de esas que te fascinan. Pero no más.

Puedo entender la indignación cinéfila que se adivina detrás de tu comentario. La puedo entender, y hasta compartir los reparos a llamar “cine” a ese conjunto de imágenes que podrían proponerse a partir de un slogan único: “todos los caminos conducen a la misma cama”. Sin embargo, también tengo la impresión de que entre nosotros dos jamás podría desarrollarse una buena polémica alrededor del tema, debido a ese argumento tan convincente que deslizas en tu comentario: no hemos visto nada, o casi nada, de este fenómeno; luego, ¿cómo puede legitimarse o descalificar algo que no se conoce, que no se ha investigado a fondo?

De lo anterior deduzco que hay más prejuicios que argumentos en tu comentario. En este caso, no prejuicios “morales” (que son los peores), sino prejuicios de un espectador “ilustrado” que ha visto buen cine, y que a partir de esos parámetros canoniza todo aquello que merece ser llamado “cine” o no. No es una crítica personal, pues al final yo participo de la misma práctica legitimadora y/o excluyente: creo que eso es un sesgo del cual no se salva nadie; medimos todo a partir de los que nos ha tocado en vida experimentar; nuestro placer termina siendo la medida de las cosas. De acuerdo; ver la pericia de tu admirado Stanley Kubrick a la hora de filmar la orgía de “Eyes Wide Shut”, o incluso la escandalosa sutileza de “Lolita”, es una lección magistral de lo que se pierde el “cine para adultos” en eso de excitar de verdad la imaginación; pero, ¿crees que todo el mundo pueda ser Kubrick o quiera imitarlo?

Ahora bien, lo que me interesa de la investigación de Luciano (y creo que a él también), no es el imposible encumbramiento estético de un ajetreo físico que nunca ha pretendido ser “arte”. Lo importante de todo esto radica en la posibilidad de acceder a un mundo que forma parte de la realidad, y que hasta ahora ha estado “enterrado” sobre todo por prejuicios morales. Y en realidad, el fenómeno (entiéndase producción, distribución, consumo) en modo alguno es sencillo de entender, o si no, pueden leerse algunos de los textos que les han dedicado al tema estudiosos como Roman Gubern o Umberto Eco. Dicho de otro modo: el problema del “cine de relajo”, si se estudia con rigor, podría devenir una fuente insospechada de conclusiones académicas serias (¿o es que Mañach no nos demostró con su disertación sobre “el choteo” que eso es posible?); no para hacer apología gratuita del porno, sino para “desmontar” todos sus artificios, y ver qué hay en el reverso de la moneda. Tú eres escritor: sabes que “detrás de la representación” sobreviven los pequeños y grandes dramas existenciales. De allí que una película como “Boogie Nights”, de Paul Thomas Anderson me parezca tan reveladora de los entretelones de este mundo.

Ahora, como ya te dije antes, nada de lo que te apunto aquí tiene interés de convertirse en el inicio de un debate para el cual no me siento preparado. Dejemos eso a los teóricos que hurgan en el asunto. En todo caso, y como disfruto muchísimo esa erudición cinéfila a la que sabes sacarle suculentas lascas, me despido con la referencia a una película que seguro viste en su momento: “Quills” (2001), de Philip Kaufman, y que como sabes, habla de los últimos años del polémico Marqués de Sade.

Hay allí un bocadillo que a mí me parece genial, pues desarma de un modo contundente la aparente fortaleza de aquellos que se oponen a someter a debate sus convicciones, porque creen tener la verdad absoluta en sus manos (sé que no es tu caso). Seguramente recuerdas la escena. El personaje de Joaquin Phoenix le censura a Sade sus actitudes y escritos, y este último (sabiéndose en una posición inferior de poder) no puede menos que soltarle esta simple pregunta: “¿Tan frágiles son vuestros argumentos que no resisten oposición?”.

Juan Antonio García Borrero

FRANCIS SÁNCHEZ SOBRE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL, EL CINE 29-10-2009 GTM 1 @ 20:22

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BUSCÁNDONOS EN LA LIGA CUBANA DE LAS POLÉMICAS, EL BÉISBOL Y EL CINE
Por Francis Sánchez

Envié este correo originalmente a un amigo; ahora, para publicarlo como lo que es, apenas un correo, sólo donde decía su nombre pongo "amigo", respetuosamente, y no porque él me lo haya pedido. Sea mi pequeña contribución a desandar con buen pie el camino de la polémica que empezó cuando en el Noticiero Nacional de Televisión, al quitarle un jonrón a Kendry Morales, se intentó hacer realidad una vez más la antiutopía de la novela 1984: cortar y reeditar la realidad y el pasado a conveniencia como se censura una cinta de celuloide.

Amigo, ahora te comento, de paso, que he lamentado mucho la polémica entre Ian Padrón y mi hermano Félix Sánchez. Ha sido, por último, como ver a dos grandes amigos, precisamente a dos hermanos, fajarse, a pesar de que no conozco a Ian, como tampoco lo conoce Félix. Pero es que se trata de dos personas honestas, valientes, éticamente expuestos o abiertos, ambos creadores auténticos, ambos en defensa de la misma verdad que nos consume y sufrientes de la misma agonía en que nos debatimos los individuos con conciencia histórica en medio de la estructura de la mentira.

Están del mismo lado, defienden lo mismo en esencia. Yo tengo el documental "Fuera de Liga" grabado en un disco que le presto a mis amigos siempre que quiero hacerles un buen regalo, incluso Félix y yo lo disfrutamos muchísimo juntos, como una de esas oxigenaciones que hacen falta para seguir creyendo que por el túnel que caminamos se llega a alguna salida al mundo, a la luz. No hay que ser industrialista, como de hecho yo no lo soy, para simpatizar con el narrador de "Fuera de Liga" y con sus personajes reales, porque se trata del mismo drama de un personaje en busca de un autor, somos del mismo reparto de personajes de la vida real cubana, los de abajo, los de adentro --este interior incluye, por supuesto, también lo "provinciano" en antítesis del encéfalo metropolitano en una sociedad centralizada no sólo retóricamente--, sufrimos el mismo conflicto, la resistencia y rebeldía contra la mentira encarnada en un autor ficticio e invisible que nos hace agonizar dejándonos sin las palabras y actos de una vida propia.

Decir, actuar, ser, para nosotros, por muy parciales o diversas marcas que podamos adoptar, significa el mismo dolor de parto. El muchacho fan de industriales está para mí, junto con la muchacha curiosa de "Buscándote, Habana" (que tampoco la conozco, y falta no me hace para sentir que es mi hermana), el realizador inquisitivo y humanista del documental "De Buzos, leones y tanqueros", etc., en el altar de la familia, en el botecito para salvarnos del naufragio diario y del otro. Héroes populares como los peloteros, mendigos criminalizados, todos y nadies o ningunos, en fin, las voces de
estas obras, como las de la narrativa de Félix, son presencias de la misma sangre necesitada de fluir.

Esta polémica habrá agradado sólo a comisarios que están apostando a que el intelectual cubano --su criterio y su potestad-- se desangre en luchas intestinas, esos que reparten computadoras incluso con la misión de crear el chanchullo donde se atomicen las ideas fuertes. Abogo por la cordialidad, sino la amistad, de Ian y Félix. A esta altura del "debate", digamos la "pelea" sólo en alusión a las facilidades de la infancia, creo que no hace falta saber quién dio primero, quién se equivocó primero, pues evidentemente todo ha resultado consecuencia de errores y equívocos de parte y parte, y ya ambos lo han reconocido. Lo demás, entre ellos, es la pelusa de la contrapelusa, estériles postrimerías del juego que llevarían a perder el rumbo de la VERDAD: lo que más les importa a ellos por separado, así como lo más perentorio para quienes de conjunto los admiramos
y estamos atentos a sus obras. Incluso creo que Félix le dio un tratamiento muy respetuoso a Julia Osendi, que después no se mantuvo en los ecos de su artículo, porque no hay que ser extraterrestre para tener la visión general de que "el problema" es mayor y dentro del "cuadro" de las víctimas pueden estar muy apretaditos quienes a veces creen lo contrario.

Félix y yo, más de una vez hemos compartido la idea de que Julita Osendi nos parece –tampoco la conocemos-- lo más digno dentro de ese repertorio nacional tan lamentable que es la narración y el comentario deportivo. Una mujer a la que los ideólogos del machismo político le impidieron convertirse en narradora deportiva y alguien que ha mantenido criterios muy personales cuando otros bailan la conga del disparate. Repito: se trata de pareceres, impresiones o funciones sociales, pues saldos y experiencias podrán haber infinitas, en definitiva ni yo ni Félix conocemos personalmente a unos u otros. Así que no se trata de ir contra las personas, pienso yo, sino contra la estructura del poder deformador.

Félix no necesita que nadie hable por él, demostrado lo tiene. Pero si te escribo, amigo, este mensaje, y te autorizo a hacerlo llegar a donde sea que haga bien, es porque no sólo hablo a nombre de Félix, con quien he compartido estas angustias, sino de mí y de todos los "otros" que estamos en juego, con los que me siento identificado, todos los que vamos a pie por este camino largo largo que es Cuba.

Un abrazo.

Francis Sánchez