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ALFREDO GUEVARA Y LEANDRO ESTUPIÑÁN CONVERSAN 22-10-2009 GTM 1 @ 14:34

jagb —

Me envían al buzón esta entrevista que puede leerse en la revista ccubana de Pensamiento e Historia “Caliban”. Evitaré emitir comentarios por el momento, toda vez que lo interesante del intercambio es que se revelan elementos que contribuyen a que cada lector enriquezca su punto de vista sobre los asuntos que se tratan (muchos de ellos expuestos en el blog). Al margen de posibles acuerdos o desacuerdos, solo me gustaría apuntar una idea: en cuestiones de cine cubano, Alfredo Guevara es tal vez el único que no ha renunciado al hábito intelectual de la polémica.

JAGB

INTRODUCCIÓN

Concedí al compañero Leandro Estupiñán entrevista formal y que debió en consecuencia ajustarse a temas y términos. Es tal la indignación que me producen ciertos senderos trazados e impuestos que, ante este talentoso periodista, presentado con el aval de Graziella Pogolotti, estallé en torrente a veces inconexo pero siempre retornando a ciertas ideas, concepciones y experiencias. Quedaron así violadas las reglas del juego y la entrevista desbordó su propósito. Releída en bruto decidí revisarla y ordenarla y se produjo este texto no-texto y tampoco entrevista que adelanta seguramente otro texto-Memoria que debo redactar con urgencia por razones obvias. No hay que olvidar pero sólo para ser mejores.

Creo que Leandro Estupiñán es y será magnífico periodista; me sacó de esas casillas en que algunas personas, y en mi caso temas, quedan abroquelados. Los reservaba para abordarlos a mi manera, frase a frase pensada y pensada. Salió así, pues adelante. El periodista-entrevistador debe para serlo de veras, respetar al interrogado y sus opciones pero ser incisivo, provocador y acorralante. Lo grave e inadmisible es cuando la provocación y el acorralamiento resultan de la vulgaridad y la ignorancia o de la muy común falta de gentileza y pobre educación ¡Qué magia desarmante se produce cuando el interrogado enfrenta inteligencia fina y estilete bien graduado! Esa fue la experiencia. Y la agradezco.

Alfredo Guevara

EL PEOR ENEMIGO DE LA REVOLUCIÓN ES LA IGNORANCIA
Leandro Estupiñán Zaldívar

Entrevista con Alfredo Guevara

El encuentro con Alfredo Guevara (1925) en mayo de 2007 fue extraño, pero mucho más raro ha sido el resultado de aquella conversación fraccionada, por cuestiones inexplicables, en dos secciones. Una transcurrió en su oficina del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. La otra, en el recibidor de su casa en el Vedado. Entablamos el diálogo entre cuadros de los más notorios artistas (coleccionarlos es una de sus pasiones) que ofrecen un fresco de lo que entendemos por Cuba, la Revolución y estos años que le han convertido en una figura polémica. Aquí transcrito, apenas podríamos llamarlo entrevista. Luce más como un testimonio. Y, por supuesto, lo es. Ambos encuentros, de los cuales nos separan dos años en los que Alfredo Guevara ha tenido tiempo para reflexionar sobre lo dicho allí, y sobre la vida en general, fueron un descenso a la memoria. Quisimos traer de vuelta algunos temas, “romper ciertos silencios”, le llama él. Esos silencios que abrazan la realidad cual animal inhóspito que aquella noche nos acechaba.
———

Creo que a mi generación, es decir, la de Fidel —generación que tiene la responsabilidad de haber pensado y echado a andar, con el sacrificio suyo y de otros que han desaparecido, la Revolución—, no la han defendido como debían. Ha habido demasiado silencio, demasiado hablar hacia el exterior y, no sé por qué razón entre nosotros, se ha esquivado la polémica, se ha esquivado la refutación.

Hace una cierta cantidad de años plantee a Fidel que no quería seguir en los cargos, renuncié. No cómo se renuncia en otros lugares, sino que le pedí que me liberara de todo lo que se pudiera menos del Festival —quería seguir en el trabajo latinoamericano—. Quería tener tiempo para escribir y para seleccionar documentos y publicarlos. Me dio esa autorización y es lo que estoy haciendo. En estos últimos tiempos, con esa polémica que tú sabes que se armó, ha quedado muy claro que este pensamiento que tengo es más que correcto. Los protagonistas teníamos que hablar.

Yo me horroricé hace unos años con la muerte de Bilito Castellanos. Me di cuenta que de aquel grupito que nos conocimos en nuestro primer año de la Universidad y que, poquito a poco, incluso, turbulentamente, fuimos intimando y acabamos por ser un grupo de amigos para siempre, había desaparecido casi todo el mundo. Pero, Bilito me interesaba mucho, no solo por el cariño, casi amor, que le tenía, sino porque era uno de los que podía escribir. Y dije, bueno, qué es lo que queda…

Creo que de aquellos primerísimos años, los años en que se preparó la Revolución y en que se gestaron otros momentos —momentos decisivos como el Moncada y, después, el Granma, la Sierra…—, los protagonistas que podían reseñar, con conocimiento verdadero, profundo, detallado de las cosas, ya casi no existen. Es por eso por lo que estimulé hasta donde pude —porque en estas cosas Fidel toma sus decisiones él— la entrevista con [Ignacio] Ramonet. En realidad, ya había habido un intento hace muchos años; pero, y sé que no le gustaría esto a quien queda de entonces…, me alegro que no haya sido en la época. Giangiacomo Feltrinelli intentó que se hiciera una entrevista en forma a Fidel, pero era muy temprano. Realmente, esta entrevista de Ramonet ha llegado en el momento oportuno, en el momento en que ya habíamos tenido la experiencia de la Revolución, un proceso que quería construir una sociedad más justa, que ha soñado con ser socialista.

El socialismo, en realidad, nadie sabe qué es hasta ahora, puesto que no hay ninguna experiencia válida de socialismo, ni siquiera la nuestra. En realidad, sigue siendo una utopía. Una utopía en la cual todavía creo, y en la cual ya muchos no creen. Muchos dicen que sí, pero tú, que eres joven, sabes muy bien que hay mucho escepticismo y muchas preguntas que se hace la gente, los que siguen queriendo que exista, pero se hacen preguntas. Entonces, como yo sí creo que vamos a llegar, llegará una generación, no sé si esta u otra, pero llegará…, sigo queriendo hacer una contribución a esta edad ya avanzada que tengo. Y en este caso, aceptar tu entrevista, sin conocerte, sabiendo que me expongo a que me utilices, acepté correr el riesgo. Para mí, lo peor es no correrlo. Por eso, estoy haciendo esta introducción. No sé si tú vienes con preguntas, pero yo quiero hacer una pequeña exposición.

Yo creo que la época a la que tú te quieres referir, puntualmente a Lunes de Revolución, no puede ser comprendida sin un análisis político, que es también histórico. Es decir, de cómo se construyó la Revolución.

Al triunfo de la Revolución, el Movimiento 26 de Julio, al que pertenecía ya en ese momento, no tenía una influencia marcada —sí emocionalmente, pero no estructuralmente desde el punto de vista ideológico— sobre la generación intelectual. No tenía a las capas de la intelectualidad artística. El Partido Socialista Popular había hecho un buen trabajo en esa dirección, porque no había manejado la tesis soviética del realismo socialista. Había sido inteligente su política con los intelectuales. Más bien, se había centrado en la identidad. En lo que a mí me tocó conocer, con la edad que tenía entonces. El PSP fue beneficiado para desarrollar esa influencia por el hecho de que el final de la Guerra Mundial, antes de que empezara le Guerra Fría, que empezó casi enseguida, desarrolló un clima de esperanza en el mundo. La Unión Soviética había jugado un papel muy importante en la derrota del nazi-fascismo y tenía la simpatía mundial. La tenía también de los judíos y de la intelectualidad judía del mundo, que era más que importante. Una parte de ella, la que se salvó, se había refugiado en los Estados Unidos. El viejo Partido, el Partido Socialista Popular que, confeso o no confeso, seguía los lineamientos de los restos más o menos encubiertos de la Internacional —que, en definitiva, era Stalin y el estalinismo—, y que perjudicó su imagen por su alianza con Batista, se benefició en imagen porque la Alianza Mundial Antifascista se creó para apoyar a los países en lucha; pero, en realidad y en particular a la Unión Soviética, y condujo al Partido Comunista Norteamericano, bajo la dirección de Earl Browder, a suavizarse. Y mientras Stalin no cambiaba su política interna respecto a los intelectuales, hacía afuera desarrollaba una forma de apertura, de alianza, de frente único. Por lo tanto, la política del Partido Comunista cubano, con nombre de PSP, fue la del frente único. Y el frente único no se logra nada más que haciendo concesiones. Roosevelt estaba en los Estados Unidos. Earl Browder era el dirigente del Partido y marcó ciertas líneas, esas líneas también se adoptaron aquí. Estas cosas aunque las seguía en la época, era tan joven que no quiere decir que las comprendía bien. Fui comprendiéndolas más tarde, cuando me tocó vivirlas conflictualmente.

Hace dos años, más o menos, alguien hizo un estudio en Francia sobre esa época y las cosas relacionadas con la vida intelectual, basado en correspondencias, etcétera, de las que dispone y de las que no dudo. Casi al mismo tiempo, recibí una llamada extrañísima de una persona que decía —puedes fijar la fecha, pues fue exactamente con la muerte de Guillermito Cabrera Infante— que quería lograr que alguien, al que yo conocí, se reconciliara conmigo. Resulta que ese alguien que quería reconciliarse conmigo era Germán Puig. Él quería reconciliarse conmigo ahora que había muerto Guillermito. Yo me quedé asombrado.

En el año 49, parcialmente, estuve por Europa. El 50 y 51 me lo pasé en Europa, básicamente en París, Praga y Roma. Entonces, para mí era… Había conocido a Germán Puig en Cuba, pero lo reencontré en la Ciudad Universitaria de París y me pareció muy simpático. Entonces, resulta que yo he tenido enemigos que no sabía quiénes eran. No sabía que tenía un enemigo. Un muchacho que había conocido aquí, que me parecía simpático también y que le gustaba mucho el cine. A mí me gustaba mucho el cine también, más nada. Pero, él había tratado de organizar cine-clubs y cinematecas, había tratado de organizar cosas, etcétera, y había tenido un conflicto con Titón [Tomás Gutiérrez Alea], a quien excluye de este conflicto, en este lío del que me enteré yo tarde. Es decir, me he enterado, ahora que tengo ochenta, no antes, de que yo había tenido un enemigo hace cuarenta o cincuenta años, no sé cuantos. Yo no sabía que tenía un enemigo con el que tenía que reconciliarme. Y de las cosas que habla el estudioso de Francia, que me parece una persona honesta, limpia, que está trabajando con papeles… Hago un paréntesis para decirte que por eso estoy haciendo esto, porque sé que a quien trabaja con papeles puede armársele una confusión tremenda. Los papeles dan pistas, pero hay que hablar con los protagonistas, y ya no tienes cómo hablar con casi ningún protagonista. Hay unos cuantos protagonistas aquí con los que tal vez ya hayas hablado, pero no van a decirte lo que yo te voy a decir ahora. Es decir, tengo experiencias extrañísimas de esas cosas. He descubierto que tenía un enemigo, con el cual tenía que reconciliarme. Voy a aceptar, pero necesito tiempo para hacerle una carta diciéndole que vivo asombrado de que hayamos sido enemigos. Esto, para decirte cuán complejas son estas cosas.

Cuando conocí a Fidel teníamos 19 años. Ya yo había empezado a caminar hacia el marxismo rápidamente; pero, yo venía de la anarquía. La imagen del anarquismo es de un tipo loco con cuatro bombas en el bolsillo, sembrando el terror por todas partes. Mi anarquismo y mis ideas no estuvieron exentas de eso, pero eran ante todo libertarias. Fui formado por mis profesores en la Universidad, básicamente, y bajo la influencia también de algunos… Fernando Ortiz no fue mi profesor y María Zambrano fue profesora en la medida en que asistía a sus conferencias… la admiraba mucho. También, por ciertos profesores republicanos. Pertenecía a una organización anarquista del puerto. Nada más que había negros, además, estibadores. Fue una experiencia. Si alguien, algún día cuando yo muera, empieza a indagar en mí, dirá: este es un cambia casaca que no tenía nombre. Porque pertenecí a la Juventud Auténtica, a la Juventud Ortodoxa y pertenecí a la Juventud Socialista. Y mientras era de la Juventud Ortodoxa y de la Juventud Auténtica, pertenecí a la Alianza Revolucionaria, que era la organización anarquista. Pero lo que cualquier investigador tendrá que aprender es que la realidad no es monolítica, ni en las personas ni en la sociedad. Está llena de conflictos y mi caso era el caso de alguien que estaba buscando y que a esa edad eso es lo único que puede hacer alguien: buscar. Estaba buscando un asidero intelectual, ideológico, político. Finalmente lo encontré en el marxismo. Pero, no encontré, salvo raras excepciones, idóneas personalidades del marxismo que representaran el marxismo que empezó a adentrarse en mí.

¿Por qué te digo todas estas cosas que no es lo que te interesa? Llega el triunfo de la Revolución. Yo me he ido del Partido, en medio de la clandestinidad. Lo discutí con el Partido. Me pasaron algunas cosas que me decidieron a romper. Primero, el grupo mío, de amigos, no estaba en el Partido. Eran los que rodeaban a Fidel. Eran Pedrito Miret, Léster Rodríguez, Melba [Hernández], Yeyé [Haydeé Santamaría] menos, aunque estuve bajo el mando de Yeyé después. Y Fidel y Raúl. Fidel y Raúl estaban en las mismas ideas. Pero, como yo era el que estaba más lanzado, nunca en público, pero ellos, en relajo, porque éramos unos jovencitos —no pienses en Fidel el estadista de ahora, ni en la figura histórica, ni en nada de eso—, me decían Guevaroski y Alfredoski; nunca en público, porque entonces se rompía la unidad que teníamos, el papel que jugábamos en la Universidad. Cuando estábamos solos me decían esas cosas, porque yo era el que estaba más lanzado.

Salgo del Partido, porque en una reunión del Partido, que era una reunión de Nuestro Tiempo, donde yo estaba militando, plantee que estaba de acuerdo con la invasión de Hungría, que estaba de acuerdo con la actitud del Partido de Hungría, que había llamado a las tropas soviéticas, pero que no lograba entender cómo al día siguiente, una vez dominada la insurrección, la dirección del Partido no se había suicidado. Yo, si hubiera sido dirigente del Partido húngaro, probablemente hubiera estado de acuerdo en parar la insurrección, pero después me hubiera cuestionado: «he disparado contra el pueblo, no puedo vivir». Me hubiera tenido que pegar un tiro. Entonces, Mirta Aguirre, pidió mi expulsión. Y su hermano, que también estaba allí, Sergio Aguirre, ellos dos, me expulsaron. No te diré los otros que estaban militando allí, porque te quedarías patidifuso si dijera los nombres. Solo que no soy hombre de odios y fueron mis compañeros después hasta que murió cada uno. Creo que se confundieron entonces, y se confundieron más tarde. Allí estaba militando María Antonieta Enríquez, una musicóloga que era la esposa, en ese momento, de Carlos Rafael Rodríguez, que ya se había separado de Edith García Buchaca. María Antonieta, no sé cómo, pudo avisarle a Carlos Rafael. Esto era en plena clandestinidad. Y Carlos Rafael, violando las normas de la clandestinidad, se presentó e impidió mi expulsión. Y además Carlos Rafael se preguntó en público, un público de 15 personas más o menos, un público clandestino, se preguntó cómo yo había aguantado aquella reunión. Acepté que no me expulsaran. Agradecí a Carlos Rafael muchísimo, pero Carlos Rafael tenía sus razones para hacerlo. Yo me había convertido para Carlos Rafael, por todos estos antecedentes míos, en el contacto con [Carlos] Prío, con la Triple A, con Aureliano Sánchez Arango, que estaba clandestino en un yate, y después en un supersótano en lo que es hoy Siboney. Yo era el contacto de él con las organizaciones, con el 26, con los Ortodoxos, pues en la dirección Ortodoxa estaban mis profesores de Filosofía y Letras de la Universidad.

A mi regreso de Europa me tocó vivir otra experiencia. Flavio Bravo, el líder de la Juventud Comunista, me puso a vender el periódico Hoy, voceado por las calles. Lo acepté porque, precisamente, soy tan engreído, tan seguro de mí mismo, que me daba lo mismo vocearlo que hacer otra cosa. Eso no cambiaba nada en mí, pero en un momento dado me sentía viviendo el absurdo. Me encontré con un bedel de la Universidad en el parque Maceo. Yo estaba voceando el periódico y me dijo: «ay, Alfredo, no sabía que estabas tan jodido». Entonces, me dije: «esto es demasiado ridículo», y se acabó la experiencia. Les dije: «si quieren utilizarme, a partir de ahora las condiciones las pongo yo». En la Universidad puse por condición que seguía las líneas de la Juventud, pero se discutía conmigo directamente y no formaba parte de nada. Por eso no milité. En Nuestro Tiempo llegué a militar entre intelectuales, pero ya no milité nunca más.

Algo similar, o peor, sucedió con Carlos Franqui, quien fue expulsado del PSP. Franqui había trabajado en el periódico del PSP antes del triunfo de la Revolución. El PSP había sido con él tan injusto como conmigo. Franqui se confundió conmigo, pensando que tendríamos las mismas reacciones. Es decir, él había salido con odio, pero con razón. Su odio era justo. Había sido maltratado de verdad. Lo menciono porque ese es el origen de muchos problemas futuros, a los cuales me referiré más adelante.

Después encontrarás el nexo de todas estas cosas. Decidí, en mi alma, salir del Partido. Empecé a caminar, para no salir abruptamente, y en la primera oportunidad que pude considerar oportuna, plantee mi desacuerdo con la política del Partido.

La política del Partido seguía siendo el frente único, el movimiento de masas, no la insurrección. En realidad, estaba convencido, desde el Moncada, que después de la sangre del Moncada se había acabado esa política. Pero me era muy difícil, porque yo seguía siendo un marxista. Yo salí del Partido y al día siguiente ya estaba militando junto a Fidel; no digo junto a Fidel persona, sino en la misma línea, en el 26.

El problema es que estaba militando virtualmente desde antes y conocía todo. Estuve en el entrenamiento del Moncada, siempre estuve con ellos. Cuando el asalto al Moncada, quien limpia las casas, porque tenía acceso a ellas, soy yo. Me detienen unos días después, pero alcancé a limpiar las casas, porque allí había textos marxistas. Ellos estaban estudiando el marxismo. No quiere decir que todos los asaltantes al Moncada supieran esto, pero era parte de la evolución intelectual de Fidel, de Raúl, de Pedrito, de Léster...

—… DE ABEL. EN SU CASA TAMBIÉN HABÍA LIBROS MARXISTAS.

De Abel [Santamaría] también, pero yo no tenía el acceso para llegar allí y hacer lo que me diera la gana. Pero, en todas las demás casas yo “acabé”. Incluso, en el cuarto en que vivían Raúl y Pedrito, una casa de huésped, entré, me llevé las cosas, llegó el SIM y yo, que ya estaba un poquito lejos, me acordé de que había un travesaño en el que Raúl a veces tenía cosas. Me dije, «ay mi madre». Volví a la casa. Ya se había ido el SIM. Me llevé lo que estaba en el travesaño. Yo logré limpiar todas las casas a las que tenía acceso. Unos días después me detuvieron. Esto, para decir que yo salí del PSP directo para las acciones del 26. Salí del PSP para correr más riesgos todavía. La pasé peor en la clandestinidad urbana que si hubiera estado en el monte. Yo no me veo en el monte. Pertenezco al asfalto. Corrí riesgos en La Habana, pero no vivía en un sótano, vivía en las casas burguesas más ricas de Cuba, aunque igual podían matarme al día siguiente. En otro medio me habrían agarrado a los tres minutos. Tú tienes que ser pez en tu agua y ahí debes actuar hasta donde puedas. Yo me sentía más seguro en la inseguridad de La Habana que en un medio en el que me sintiese un extraño. Al final, me detuvieron y me torturaron.

Me salvó mi padre. Él era Gran Maestro de la masonería. El movimiento estudiantil estaba protestando: yo estaba desaparecido. La palabra desaparecido, como se usa hoy, no existía entonces, pero lo estaba. Me habían detenido Carratalá y Peñate. Carratalá me había entregado a este último. Estuve en la estación de Zapata y C, una estación de policía. Cuando paso por ahí me horrorizo nada más de mirarla, porque fue donde acabaron conmigo. Logré avisar gracias a un policía. Yo era un guiñapo, un hematoma viviente. El policía se pone de espaldas, porque no podía hablarme, y me susurra: «¿tú sabes que te van a matar?» Le digo «sí». Dice: «si me das un teléfono aviso, porque la clave es que te vean». Todo esto sucedió en medio segundo. Se me ocurre la idea salvadora: llamar a un primo mío, que era cónsul en Buenos Aires, y que era de la carrera diplomática formal, porque era premio Sánchez Bustamante en Derecho Internacional en la Universidad, y se logró colar en el Ministerio de Estado desde la época de Prío. Y recordé también a Alicia, su esposa, que todavía vive con noventa y tantos años. Ellos estaban fuera de la lucha y yo no tenía por qué recordar el teléfono, pero me vino a la memoria el número, lo dije y se avisó. Mi familia se comunicó con mis contactos, muchos de ellos bien colocados entre la burguesía habanera que ayudó a la Revolución.

Varias mujeres de esa burguesía se aparecieron en Cadillacs, rodearon la estación de policía con sus chóferes uniformados, y se colaron dentro. Desde luego, a un individuo le podían dar una pateadura, pero con esas mujeres no era lo mismo. A mí no me torturaron exactamente con instrumentos de tortura, si no a culatazos. Todavía tengo problemas, lo que pasa es que ya no tienen importancia. Aquella acción impidió el asesinato inmediato. Después, mi padre, sabiendo lo que pasaba, me salvó con la presión de la masonería, que en la época era archipoderosa.

Como podrás apreciar, hice entonces una clandestinidad de riesgo, no una clandestinidad escondido debajo de una piedra. El tiempo de un combatiente urbano está limitado siempre. O muere o se salva, pero si se salva no puede seguir en la ciudad. Al final, salí clandestino de Cuba. Se decidió la salida clandestina, porque yo estaba condenando los asilos fáciles, y no podía salir asilado.

No voy a contar la historia completa, es sólo para llegar al triunfo de la Revolución.

Llega el triunfo de la Revolución. En aquellos primeros días del 59, Fidel cuando llegó a Matanzas le dijo a Lidia, su hermana mayor, que me localizara. Yo considero que no me lo merecía, él me recordaba como el habanero que sabía de su confianza y que podía hacer cosas. Creo que él, entre la cárcel… nosotros nos vimos después de la cárcel; el exilio en México, donde no nos vimos; el Granma; la Sierra, etcétera, dejó en su memoria algunas personas que le podían ser útiles en los proyectos no confesos que tenía. Creo que por eso enseguida me quiso llamar. Yo, en su memoria, era alguien del grupo, estudioso, preparado, cultivado, de principios, decidido, que no había fallado en nada y que había estado en la clandestinidad, había resistido la cárcel, la tortura y me había mantenido firme.

Acaba de triunfar la Revolución, acaba de llegar Fidel. Me pidió que no me ocupara del cine, sabía que era mi vocación, que tenía que ayudarlo y que me tenía que ocupar de las leyes revolucionarias. Me dijo que tenía trabajar en eso y que coordinara las reuniones… éramos el Che, Vilma [Espín], [Antonio] Núñez Jiménez y también sugirió asesores, que podíamos tener, pero externos. Empezamos a hacer las leyes revolucionarias. Fíjate a quienes escogió. Después se produjo la unión en las ORI [Organizaciones Revolucionarias Integradas] de las tres organizaciones: el PSP, el 26 y el Directorio [Revolucionario]. Las situaciones, más o menos, conflictuales se fueron resolviendo. No voy a desarrollarlas. Pero, uno de los acuerdos fue disolver todas las estructuras internas de esas organizaciones, si las tenían. El que las tenía más elaboradas era el PSP. Entre otras cosas, y es a lo que me voy a referir y por lo que he hecho toda esta historia, tenía una Comisión de Cultura. Una comisión de influencia en plan de frente único sobre la intelectualidad, y que era la mano que estuvo detrás de Nuestro Tiempo. Fui uno de los instrumentos de los que se sirvió el PSP para dominar Nuestro Tiempo, en realidad era el que daba la cara hacia fuera, pero los importantes eran Carlos Rafael y Mirta.

En esa situación de integración de las organizaciones y sus conflictos a inicios de la Revolución, Franqui le teme mucho a la influencia creciente del Partido. Franqui tenía suficientes redes para no ignorar que por todas partes el PSP estaba diciendo que le estaban pasando el poder. Y, si además de eso, se iba produciendo un acercamiento a la Unión Soviética, entiendo su terror. Se han aliado las fuerzas políticas, pero él es un personaje del 26. Voy a decir lo que considero clave para entender la historia de alguna de las polémicas de los años sesenta. Ya dije que el Partido tenía influencia sobre una parte de la capa intelectual. El Movimiento 26 de Julio no tenía intelectuales artistas militantes en sus filas. Entonces, Franqui abre en el periódico la posibilidad de que una capa de jóvenes echen a andar rápidamente, se destaquen en todo, porque tienen el instrumento de la Revolución. Aquí entra Lunes de Revolución. ¿Hace esto «malo» a Lunes? No. No es un juicio sobre la calidad estética de Lunes de Revolución. Es un juicio sobre por qué se producen los conflictos. Se producen, no contra Lunes, se producen alrededor de la voluntad de poder, justa por otra parte, peligrosamente justa, de Carlos Franqui.

En ese momento yo estaba muy cerca del día-día de Fidel. No es que fuéramos de igual a igual, pero éramos dos amigos de la misma edad y desde fecha muy temprana. Estaba al lado de Fidel siempre, manejándolo todo y sabiéndolo todo. ¿Qué es lo que pasa? Que Franqui no cree en el talento y en la habilidad de Fidel. En esencia lo subestima. Carlos Franqui no estaba predestinado por la historia a ser contrarrevolucionario. Fue que se creyó o llegó a la convicción de que el PSP sumergía a Fidel en sus posiciones, y eso no podía aceptarlo. Él se sentía superior o más inteligente y hábil, o más sutil que Fidel. O más previsor. No sé…

En efecto, fue necesario contar con los cuadros del PSP —no estoy hablando de los cuadros intelectuales, sino de los cuadros políticos— en la alianza que habíamos hecho. Ahora, puedo decirte que el PSP, en mi convicción, no fue leal. No disolvió sus Comisiones. Entre ellas, no disolvió la ya mencionada Comisión cultural, manejada por Edith, pero también por Mirta. Después ellas entraron en conflicto.

¿Tú sabías estas cosas?

—ALGUNAS.

No se disolvió la Comisión cultural. Y Raúl, el Che y Ramirito [Ramiro Valdés], y yo trabajando juntos, observábamos —Fidel lo sabía todo desde luego, pero él estaba dedicado a otras cosas—, cómo Franqui avanzaba y se iba apoderando de espacios, de medios. Estos muchachos que se nuclearon en torno a Lunes, que vieron el gran chance, no eran parte del juego de Franqui del que estamos hablando.

—TAMPOCO ERAN ESO QUE USTED LLAMÓ “INTELECTUALES COMBATIENTES”.

Ese no es el problema. El problema concreto, para mí… no me gustan los calificativos. 47 años después y los adjetivos no hacen bien. Estábamos en un momento, en aquella época quiero decir, en el que había que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel es la opción socialista. Simplemente, está ganando tiempo. Me acuerdo que paso por París y la Inteligencia francesa… —yo era amigo de alguien que era de la familia [Valéry] Giscard d'Estaing— y la Inteligencia a través de esa persona me hace la proposición de dejarse robar unos documentos del Estado francés para que le llegaran a Fidel. Esos documentos probaban que los negociadores de la zafra azucarera cubana estaban traicionando a Cuba. Pero los franceses estaban interesados en que se supiera por una razón: hoy Francia no necesita azúcar de caña, porque tiene una producción remolachera, pero en aquella época endulzar el café o cualquier otra cosa dependía de la zafra azucarera cubana. Cuba era el gran abastecedor de Europa, y lo seguía siendo al triunfo de la Revolución. En esa época Julio Lobo seguía secretamente asesorando a Fidel, pero había una fuerza aquí, que estaba en el Banco Nacional, que estaba saboteando. Y Fidel me dice cuando yo llego… Bueno, antes debo aclararte que yo no acepté los documentos de esa forma, dije: «si me los entregan los tomo, robármelos no». Podía ser una trampa. Pero me los entregaron. Se los entrego a Fidel y él me dice: «no te preocupes, pásaselos al Che, que el Che está manejando este asunto». Estamos hablando del Consejo de Ministros en el que, además, yo participaba; y Fidel me dice: «mira, Fulanito nos traiciona a más tardar en julio; Menganito, no llega a noviembre; Ciclanito, cualquiera sabe si mañana». Ese Consejo de Ministros era por lo tanto un entretenimiento, pero lo necesitábamos. Fidel estaba ganando tiempo.

Este era el clima de la época… Un clima muy convulso y muy inseguro porque estaban todas las fuerzas ahí presentes. Acuérdate que ponían bombas, una detrás de la otra… bombitas. Por ejemplo, las bombas que ponían en los cines eran unas cajetillas de cigarros que se llamaban Edén, que tiraban las cajetillas con un petardillo. Después cuando el ICAIC asume los cines, decidí que el único modo de parar las bombas era llamar a todos los bombistas, viejos amigos míos de La Habana, y ponerlos de administradores de todos los cines. En cuanto veían un tipo ya sabían que iba a poner una bomba. Ese era el clima. Acuérdate que hubo atentados… es decir, nosotros en realidad no estábamos en lucha contra Lunes de Revolución, después diré otras cosas. Otro era el combate. Y sigo.

Esta historia está en el silencio, pero no es por culpa de la “ignorancia”. Es toda una voluntad. Una voluntad marcada por intereses de algunos que están afuera, con el silencio cómplice de algunos de adentro, a los que interesa esa imagen, y de otros, ciertos pre-post-castristas. Sin obviar nuestros silencios propios en medio de tanto bregar. Por eso te lo digo de una vez: no me enfrenté a Lunes, sino a Franqui.

Las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan por este conflicto. Yo hago mi intervención en la televisión, en la cual tenía el poder que no me pudo quitar Franqui. Todavía existía aquel espacio que hacía [Jorge] Mañach, la Universidad del Aire. Un día en la Universidad del Aire, está Fidel y va Franqui y me denuncia, en mi cara. Y Fidel me pide cuentas, me dice: «¿por qué todo esto?» Y le digo, «Fidel, en este ambiente no quiero contestarte, si me lo permites te hago un resumen de todo para que esto se pueda ver con sosiego». Fidel lo acepta y no por gusto, sino porque se las sabía todas. Yo le hago la carta que ya se ha editado, también dirigida a [Osvaldo] Dorticós, el Presidente. Celia [Sánchez] me llama no sé desde dónde y me dice: «Fidel lo ha leído todo y está de acuerdo contigo, ya hablaremos».

Me quedé entonces tranquilo con aquel mensaje de Fidel. Él empezó a pensar cómo arbitrar entre todos. No eran solo dos grupos, eran muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Fidel comprendió muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Después, al no hablarse de estas cosas, y quedarse nada más el discurso de Fidel, y apenas esa sola frase de “con la Revolución todo, contra la Revolución nada”, se ha limitado muchísimo la posibilidad de comprender toda la trama.

Y es que Franqui quería controlar también el ICAIC. Él se apoderó parcialmente de CMQ, pero me le adelanté a su vez con el cine La Rampa. El cine La Rampa lo había construido, casi lo había acabado de construir, en el momento del triunfo de la Revolución, Ventura Dellundé, un diputado, un representante de la Ortodoxia, amigo de [Eduardo] Chibás. Yo era muy amigo de Chibás y de alguien que era el Secretario General de la Juventud Ortodoxa, Max Lesnik. Para mí, incluso, fue duro eso, porque yo había andado con Ventura Dellundé hacia el final ya de la construcción del cine, que era un cine modelo. Cuando Dellundé emigra sorpresivamente y me toca revisar los papeles en su oficina, me corresponde a mí tenerlos en la mano, y resulta que Dellundé era accionista de CMQ. Entonces, me vuelvo accionista de CMQ y por lo tanto, me vuelvo un rival de la ambición de Franqui dentro de esa empresa. —A propósito, tratamos de conservar todo lo que Goar Mestre no pudo llevarse, porque lo que se llevó de grabaciones ese señor no tiene nombre—. Había otra empresa de televisión, la rival, la de [Gaspar] Pumarejo, que estaba en Prado, donde están hoy los Estudios de Sonido del ICAIC, por eso están ahí. Un día me reúno con Raúl, con el Che y con Ramirito y me dicen que hay que apoderarse de eso antes de que Franqui lo agarre. Les dije: «yo lo tomo, pero cómo». Me dieron una tropa, que rompió las puertas de aquello. Yo entré allí y me apoderé de esa Televisión. Por lo tanto, esa Televisión fue por un tiempito parte del ICAIC, acabado de fundar. En fin, íbamos cerrando el camino así.

Estábamos en un momento en el que había que definir las opciones de la Revolución. El plan de Fidel era la opción socialista. Estaba ganando tiempo.

Pero, todas estas batallas que no tienen nada que ver con la vida intelectual afecta el papel que juega Lunes de Revolución. ¿Por qué Lunes de Revolución también entra en el problema de la lucha intelectual? Me imagino que esto que te voy a decir ya lo tienes muy claro.

Antes del triunfo de la Revolución hay un desprendimiento de Orígenes y se funda Ciclón. Y no los que vinieron después, porque muchos de los que están en Lunes de Revolución son muchachos que están en Nueva York, París, fuera…; vienen y ven la oportunidad tremenda. Es justo que hagan lo que hicieron, que se metan ahí. Ellos no saben de estas luchas políticas, ni de cosas parecidas. Pero, no es el caso de los que vienen de Ciclón, que no saben tampoco que hay un conflicto hacia el socialismo, de las opciones, pero sí saben de por qué desde el periódico se le cierra el camino a Alicia Alonso, se le cierra el camino a [Alejo] Carpentier, se le cierra a [José] Lezama [Lima]. Hoy todo el mundo dice soy lezamiano, pero no es verdad. En aquel primer momento cerraron a todo el grupo Orígenes y a todo el grupo católico. Entonces, paradójicamente, la defensa del grupo católico nos toca a nosotros. No debía haber sido así. No tenía lógica, pero fue. Y fue por eso. Porque se había formado una situación verdaderamente de choque entre Ciclón y Orígenes. Hay un pequeño libro olvidado en el que los que salieron en Ciclón analizan sus propias posiciones. Es muy interesante ver cómo ellos veían las cosas. No hablo de Lunes, sino de Ciclón. Eso explica todo aquel instante en que había tanta radicalidad con las viejas figuras. La gente debe comprender que casi cincuenta años después, estamos revisando un proceso. Diez años después somos un poquito mejores o peores; y veinte años más tarde, más mejores o más peores, y así y así, porque así es la vida: un cambio perpetúo. Lo interesante de agarrar un librito como ese…

Cuando estaba en Nuestro Tiempo, por lo tanto era muy joven, no tenía mucha experiencia en el movimiento intelectual. Había vivido experiencias políticas, pero me faltaban experiencias del movimiento intelectual. Aunque, la FEU que yo dirigí fue una FEU volcada también a la vida intelectual, pero éramos animadores culturales, no protagonistas de la creación. Defendíamos a los artistas, hacíamos exposiciones. Una de las más importantes exposiciones de Carlos Enríquez fue en la FEU. Pero, eso no nos hacía intelectuales, éramos luchadores políticos. Hay ciertas cosas que en realidad las veíamos distintas. Al triunfo de la Revolución éramos guerrilleros, simplemente. Yo me acuerdo que cuando empezamos a hacer la Ley de la Reforma Agraria, no hablo de mí sólo, hablo del Che y de Vilma, te aseguro que era la misma situación. Nos vimos mal, porque no sabíamos qué cosa era la Ley de la Reforma Agraria. Sabíamos que estábamos defendiendo uno de los principios fundamentales; sabíamos que había que reformar el régimen de la tierra; sabíamos que había que liberar al campesino; sabíamos que había que liquidar, no a los terratenientes, sino a los latifundios; sabíamos qué era la United Fruit; pero, cómo organizarlo mejor. Rápidamente hubo que estudiar muchísimo y que discutir muchísimo. Puedo decirte que nos pasábamos el día discutiendo y llegaba Fidel, por no variar, a las tres de la mañana, y lo cambiaba todo. Y teníamos que empezar de nuevo. Realmente dirigir un Estado, reorganizar un país, no es ninguna tarea facilita. Fidel un día nos dijo: «a partir de ahora, los jueves al Banco Nacional». Y todos nos preguntamos: «¿y…?» El Che terminó dirigiendo el Banco Nacional. Fidel, cuando vio nuestras caras, dijo: «no podemos dirigir un país sin saber lo que es un Banco Nacional». En el Banco Nacional encontré a uno de los hombres de la Pentarquía, uno de los asesores de Guiteras, por casualidad. Me salió en un pasillo y se puso a disposición nuestra. Misteriosamente el guiterismo entró en nuestro mundo y en nuestra tarea de transformar la estructura jurídica de la sociedad. La prioridad nuestra era qué camino va a tener la Revolución, cómo organizar esto, y no las líneas del trabajo intelectual. Sí detectábamos que Franqui obstaculizaba el camino hacia esa sociedad. No lo obstaculizaba de mala fe, ya lo he dicho en las reuniones internas. Ahora es contrarrevolucionario, pero no lo estaba obstaculizando de mala fe. Es que no podía soportar la idea de que el PSP tuviera… y era lógico que temiera que el PSP tuviera un peso específico excesivo, porque era portador del stalinismo. Esto es un enredo de esos que hay que analizar con mucho cuidado para no ser injustos con nadie, aunque cuando alguien ya está en la contrarrevolución está en la contrarrevolución. Pero para comprender el proceso y la complejidad del proceso… se atravesaron varias cosas en el caso de Lunes de Revolución: ser ellos un instrumento involuntario de la política de Franqui y al mismo tiempo que adentro de Lunes estaba todavía presente la lucha entre Orígenes y Ciclón, y generacional. Todo esto para decirte que es mi opinión —yo tampoco soy el Papa ni cosa por el estilo, aunque el Papa tampoco es infalible—; creo que fue una gran revista, que muchas veces fue injusta, pero que merece ser estudiada como tú lo estás haciendo y, ojalá, que lo hagas con suficiente equilibrio. No es la Biblia, pero merece ser estudiada y reconocida, verse en toda su complejidad y con estos factores. Salió perdiendo en la lucha política, pero lo que la perdió fue una vocación errónea que tuvo de ser papal.

En una reunión que tuvimos hace pocos días en el Instituto Superior de Arte, en la que se estaban viendo otras cosas, pero tangencialmente se habló de esto, me decía hablo o no hablo, pero yo me estoy reservando, hoy estoy rompiendo la reserva. Yo quiero escribir todo esto a mi manera. He dicho ya muchas cosas de la época, pero otras no. Sin volver a Orígenes o a Ciclón no hay modo de entender las actitudes que se manifestaron. En la reunión que se celebró hace unos días, Arturo Arango hizo una intervención en la que recogió las ideas que fueron conformando la Unión de Escritores y Artistas y las revistas Unión y La Gaceta, etcétera. A mí me ha estimulado a profundizar en aquello. Esa fue la solución que dio Fidel. Efectivamente ese grupo que estaba allí estaba siendo utilizado, pero no sabía que estaba siendo utilizado porque no eran políticos, salvo dos o tres. Guillermito sí sabía, sí sabía lo que estaba haciendo.

Guillermito era muy inteligente, era de nuestro grupo originalmente: Titón, Guillermito y yo; ocasionalmente, Lisandro Otero. Cuando éramos jovencitos nos pasábamos la vida en los toques de santo, con los espiritistas, en todas las cosas habidas y por haber. Para Titón y para mí, y para él también, aquello era entrar a un mundo extraño, distinto. Íbamos en busca de algo que nos enriquecía, pero que no sabíamos qué era y que yo creo que está detrás de otras muchas cosas. Después nos separó la vida, las convicciones.

El día en que rompí con Guillermito me quedé aliviado. Fue al principio, antes de todos estos conflictos. Guillermito trabajaba conmigo en el ICAIC. Era asesor mío. Venía y, un día le digo: «oye, que maravilloso tu articulo, qué bueno», qué sé yo... Y me dijo: «me avergüenzo de haberlo escrito». Era un elogio de Fidel, ¿eh? Me dijo: «tu amigo es Mussolini». Ese día nos dimos una fajada tremenda y se acabó la amistad. Él la había escrito… pero yo no soportaba esas cosas. En una ocasión anterior hizo una crítica a una película…, claro que cuando la hizo nos reímos, porque la característica fundamental de Guillermito era en la vida personal la amargura y en la vida intelectual el ingenio. Era una mezcla tremenda, rarísima. Escribió una crítica de una película en Carteles y dice todo lo contrario en Bohemia. Le pregunto: «cómo es posible esto», y me responde, «qué tu crees, que voy a hacer el mismo artículo para dos publicaciones distintas». El problema de él no era el criterio, sino el ingenio: el juego de la frase, la contradicción, desconcertarte con el dato. Su literatura, no sus novelas, su literatura crítica es así. No creo que sea un enorme aporte, pero es un goce leerlo. Es un goce leer la parte de crítica de cine, por ese juego tremendo que hace con el idioma. Ese día que rompimos, yo sentí una sensación extrañísima, cosa que no me ha pasado jamás, y más de una vez he tenido problemas con los amigos. No sentí dolor, sentí alivio, porque él trasmitía amargura. Todo era retorcido… bueno, dije que no quería hablar de psicología.

Lo único que quería, y por lo que acepté la entrevista, es porque temo que no nos dé tiempo de escribir un poco, a mí y a otros, que tal vez lo estén haciendo. No veo a más nadie, salvo lo que hizo Fidel. Lo digo por mí mismo. Ya yo no soy el mismo. Ambos tenemos la misma edad. Aunque pasé un infarto cerebral hace poco, y conservo la lucidez, sigo escribiendo, etcétera, evidentemente hay cosas que ya no puedo hacer. Ojalá que Fidel, que es quien tiene más autoridad, escriba, que se ocupe de la historia de la Revolución, dé testimonio de algunas cosas que hacen falta porque si no se van a quedar en la oscuridad. Yo intentaré todo lo que pueda en lo que me queda de vida; mi autoridad no es poca pero es limitada. La de él es inmensa. Podía influir sobre las generaciones jóvenes de Cuba y de fuera de Cuba, de América latina y más allá. Tiene esa tarea. Lo que se logró con la entrevista a Ramonet es mucho, pero todavía tiene muchísimo por contar. Es lo fundamental que te quería contar. Es bien complejo y no es solo un problema literario, ni un problema de sí y no.

Estas cosas yo las he dicho de algún modo, pero quisiera estructurarlas. Sabes que cuando uno escribe también estructura y mide mejor que cuando habla. Y sobre estos temas quisiera medir cada frase, medir cada palabra.

—NO OBSTANTE, A MÍ ME QUEDA LA DUDA PORQUE EN UNA ENTREVISTA QUE LE HACE FAUSTO CANEL Y QUE PUBLICA LUNES… EN EL NÚMERO 71, USTED ARREMETE CONTRA LA LÍNEA ESTÉTICA DE REVOLUCIÓN Y LUNES DE REVOLUCIÓN.

Y no sólo ahí. En algo que se acaba de publicar que es mi carta a Fidel y Dorticós yo uso la palabra estética, pero no es la estética de la vanguardia. Lo que pasa es que no había aprendido yo a medir el lenguaje. Hoy no me equivocaría en las medidas del lenguaje. No había aprendido yo que en materia de estética cada palabra hay que cuidarla mucho. El enfrentamiento es porque Lunes de Revolución no era justo con algunos escritores y figuras paradigmáticas de la cultura nacional. No era un problema estético era ético.

Si has leído la colección de Cine cubano te darás cuenta que en Cine cubano yo me atreví, y vivo avergonzado de ello, a hacer balance de nuestro trabajo, del ICAIC, lo que hemos logrado y lo que no hemos logrado. Por lo tanto, hacíamos análisis de películas, hasta dónde hemos llegado… claro, el sustento de mi pensamiento entonces era si las películas son válidas culturalmente —entendida la cultura en su sentido muy amplio— o si son banales. Creo que eso no había que hacerlo. No había que hacer balance, ni hacer juicio. Es una de las cosas en las que me siento más liberado desde que dejé el ICAIC… No pensé nunca volver al ICAIC. Fue resultado de las circunstancias. Hacía 10 años que estaba en la UNESCO. Había un conflicto aquí y sabía que yo tenía un nivel de autoridad sobre la gente que me permitía abordar la situación que se había planteado, pero yo nunca pensé volver al cine. Y tuve que volver. Pero, ¿sabes lo más triste que ha pasado en mi vida en ese volver y que cuando salí fue la liberación más grande? No es la del trabajo, es la de decidir sobre los demás. Esa es la responsabilidad más horrible que existe. También es una responsabilidad, no cuando decides si un guión se hace o no se hace, sino cuando emites un juicio estético. Cuando dices esto sí, esto no; esto es mejor que aquello. Creo que todo es válido. Lo que no es válido es golpear a las personas. Lo que yo traté de decir y no dije bien no era una línea u otra. Por eso te dije lo del surrealismo, porque he hablado de eso en otro ensayito. El problema no es una línea u otra, porque para mí todas son válidas. El problema es querer imponerse a las personas. Eso es lo que sí creo que quisieron tener voluntad papal. Una cosa es enfrentarse al realismo socialista, que también lo he hecho. Y también creo que quien quiera hacer realismo socialista que lo haga.

En la reunión del otro día hice un elogio muy grande de [Eduardo] Heras León. Y te quiero decir que él era un poquito realista socialista, él no lo cree. Elogié la calidad de su persona, la calidad de su testimonio, el comportamiento que tuvo frente al abuso, y que haya conservado su espíritu revolucionario. El testimonio que dio el otro día era desgarrador. Pero, cuando él sale de la fábrica esa y escribe, realmente yo dije: «lo amansaron». Me quedé horrorizado. No las primeras cosas, pero esas, Acero. Después de oír el testimonio del otro día, que era desgarrador, escrito de una manera preciosa además. A mí me conmovió. No se puede oír un testimonio así y decir, «ay, qué bien», y doblar la página y dedicarse a otra cosa. Todavía no sé lo que va a producir en mí ese testimonio. Lo que pasa es que todo lo encasillamos. Si no es surrealista, es realista socialista, si no es dadaísta. Todo tiene que tener un nombre. En Acero, que cuando vi que se había metido en ese tema y cómo lo estaba abordando, y con tanta pasión aceptadora, pensé que era realismo socialista. Después del testimonio del otro día pienso que simplemente la experiencia que vivió lo conmovió. Convivir con aquel tipo de trabajador y con aquel tipo de vida lo golpeó a fondo. Yo no sé qué sería de mí si tuviera que vivir en una fragua. Me moriría. No lo hubiera resistido.

—DE ALGÚN MODO HEMOS HABLADO DE LAS CIRCUNSTANCIAS QUE LO LLEVARON A ESCRIBIR “CATEDRALES DE PAJA”, UN TEXTO QUE SIGO CREYÉNDOLO AGRESIVO HACÍA LA GENTE DE LUNES. USTED LOS DEFINE COMO “TERRORISTAS INTELECTUALES”.

Es que lo eran. Juzgaban a los demás. Y ésos demás eran demasiado grandes. Era Orígenes, era Carpentier, era Alicia Alonso, eran grandes figuras de nuestra cultura. Yo parto de los paradigmas.

Estoy por abrir el camino a los jóvenes. Incluso en lo que estoy haciendo ahora, “Persona y Pensamiento”, no sé si conoces, nada más que trabajo con jóvenes en ese proyecto. No le propongo a los jóvenes considerarse sabios. Hay que proponerse ser mejor que Carpentier, que Lezama, que Alicia. Hay que proponerse ser mejor que los mejores, que Harold [Gramatges], que Leo [Brouwer]. Hay que ser mejor que ellos; pero, hay que partir de ellos. Ahora mismo, no sé si lo sabes también, porque parece que no vas a las cosas pero las sabes, en la reunión en la que se eligió el Comité Organizador del Congreso [de la UNEAC] se insistió mucho en los jóvenes. Yo estuve en los encuentros donde se prepararon todas estas reuniones. Pero, como en la presentación no se aclararon ciertas cosas, la única intervención mía fue para decir: «estoy de acuerdo con abrirle el camino a los jóvenes, pero a los jóvenes con talento».

Si tú reclutas jóvenes talentosos y los vas empujando a que se ganen el derecho a ser de la juventud o de la Legión de Honor, está bien. El reclutamiento es entre el talento. No entre los que tienen la banderita roja.

—ESO ES PELIGROSO.

Eso es suicidio. Franqui lo hizo cuando él era joven todavía, relativamente, porque era un hombre maduro, y lo hizo en circunstancias en que era su salida. Benefició a esos jóvenes que tuvieron un chance a mano y que lo aprovecharon. Pero, por ese clima que había en el país...

Mira, cuando terminó la reunión de la Biblioteca, Edith García Buchaca era la secretaria del Consejo Nacional de Cultura, era la que dominaba y ¿qué hizo? Algunos de los jóvenes que habían estado en medio de todas las discusiones salieron como Consejeros culturales, attaches culturales. Ella fue la culpable. Fíjate que digo culpable, porque los separó de la Revolución. Tenían que haber seguido viviendo la Revolución, con igualdad de derecho, y al hacerse La Gaceta haber ido allí a jugar un papel. Y no los únicos. Yo pienso más… por eso quiero hablar o escribir sobre este mismo tema… creo que en realidad la solución de Fidel fue la posible, pero creo que la mejor solución en otras condiciones ahora, y mañana, y siempre, es que hayan cuatro revistas literarias, o cuantas se puedan, que representen todas las tendencias que puedan surgir. No una. Una sola, no. Ni tampoco avalada por el periódico del Comité Central. Tienen que haber varias. Es más, yo creo que los periódicos… el Granma, por ejemplo, diría: una página editorial y una columna internacional que representen al Partido, lo demás no. Eso de representar al Partido en el plano de la cultura… ni en la cultura, ni el deporte, ni en nada. Esas son otras cosas. Son otros terrenos de la vida.

—Y AQUELLOS ATAQUES QUE SE HACÍAN DESDE EL PROPIO LUNES…, ¿EN QUÉ MEDIDA AFECTABAN LA RELACIÓN ENTRE LA INTELECTUALIDAD Y LA REVOLUCIÓN?

No creo que afectaran. Era un período de lucha. Cuando hay turbulencia la gente inteligente sabe que hay que esperar y que un día se liberarán. No creo que los intelectuales que fueron afectados por los ataques de Lunes creyeran que eso era permanente. Sabía que había una lucha. No creo en monolitos, en ninguna época; ni entonces, ni ahora. Creo que siempre hay corrientes, personas, individualidades, grupos, etcétera, que tratan de influir en una dirección u otra, que combaten o simplemente no combaten y tratan de marcar con su impronta una situación. Lo grave es cuando se cristaliza una posición. Es verdad que ha habido momentos en nuestra historia durante estos cuarenta y tantos años en los que ha habido cristalizaciones. Por suerte, son cristales frágiles y al final se rompen. Y hay momentos de discusiones. El libro de Graziella [Pogolotti: Polémicas culturales de los 60] revela una de esas. No sé si has tenido en tus manos el libro del Che, Apuntes críticos de la Economía política. Es muy interesante porque muy tempranamente ya está planteando el problema de los manuales, que después discutieron en Cuba socialista, Teoría y práctica y otras publicaciones, Aurelio Alonso y Leonel Soto y otros. Discutieron sobre los manuales. Te recomiendo que le eches un vistazo para sentir la época. Algunas cosas mías están saliendo ahora porque yo he hecho lo siguiente: en Cuba no existe la ley de que pasado 25 años eres libre de publicar las cosas, como en los Estados Unidos, donde se desclasifican; pero, yo no acepté una sola cosa en el Partido con la que no estuviera de acuerdo. Siempre me expresé. Ahora, no salían publicadas, pero las estoy metiendo en libros.

Acabo de publicar una carta que le mandé a Blas [Roca] diciéndole todo lo que pensaba de ciertas cosas. Manolito Pérez la conservó. Yo creía que estaba perdida porque cuando salí del ICAIC saqué del archivo todo lo que me correspondía, pero esa carta nunca la encontré. Y Manolito Pérez tenía una copia, que es algo importante. El criterio se resume a esto: yo creo que los partidos, el nuestro también, no pueden ser correas de transmisión puras, tienen que ser núcleos pensantes (think tanks). Los americanos, el presidente puede ser un imbécil; pero, el think tanks que tiene al lado no es un imbécil, ni remotamente. Tú puedes hacer lo que quieras, puedes equivocarte y rectificar, que era la posición del Che. El Che decía: «si nos equivocamos, lo cambiamos».

La verdad no es absoluta. La verdad es siempre una aproximación, constantemente cambiante. El Che era así. El problema es que el cambio no puede ser un acto frívolo, pero el cambio es necesario constantemente. Ante nuevas situaciones, nuevas soluciones. Eso es la revolución.

—ES COMO EL CONCEPTO DE FIDEL DE MODA: “REVOLUCIÓN ES CAMBIAR TODO LO QUE DEBE SER CAMBIADO”.

Pero, fíjate, tú haces así de buenas a primeras y es la revolución permanente. Entonces eres trotskista. Ya estás encasillando. La tendencia a encasillar es algo espantoso.

La historia no se escribe así. La historia es laberíntica. La historia no es lineal. Los acontecimientos se dan por intercepción de muchos factores y, en las personas, por cambios que se producen por la experiencia y porque las convicciones pueden evolucionar. Yo me pienso a mí mismo hoy anarquista converso al marxismo y me pregunto: «¿yo habré dejado de ser anarquista?» No encuentro contradicción entre el espíritu libertario y el marxismo, en su ética. Entre otras cosas, porque Marx no dijo cómo iba a ser el socialismo. Eso es mentira. Y yo, aunque te parezca mentira… claro, es mentira que la mayor parte de los marxistas se han leído El capital. Eso es una mentira. En primer lugar, porque no hay quien se lo empuje completo así de un tirón. Pero yo, que ya me lo leí, me acabo de releer El capital. ¿Sabes para qué? Para poder polemizar. No me lo he leído de punta a cabo, me lo leí selectivamente; pero, hice una “maldad” más, por si tengo que polemizar, hice esa relectura de la obra en la única versión en la que Marx revisó las pruebas de galera. Estos son tiempos que vuelven a ser de polémica.

—YO HABÍA LEÍDO ALGO, CREO QUE EN UNA ENTREVISTA CONCEDIDA AMIR LABAKI, DONDE USTED AL HABLAR DEL CASO PM, QUE FUE COMO EL CLÍMAX DE LOS CONFLICTOS CON LUNES DE REVOLUCIÓN, DEJABA ENTREVER CIERTA INMADUREZ EN SU MODO DE ACTUAR ENTONCES. USTED DECÍA: “ACABABA DE SALIR DE LA CLANDESTINIDAD. ME ATACARON Y RESPONDÍ A PUÑETAZOS”. ¿SI NO HUBIESE SIDO POR ESTA APARENTE INMADUREZ, ANTE LA APARICIÓN DE PM HABRÍA REACCIONANDO DE OTRA MANERA?

Seguro hubiera reaccionado distinto, pero no aprobándola. En el momento en que salió PM, que además el tema de PM y las imágenes de PM no son más que lo vivido por nosotros en el marco del hampa habanera, conviviendo precisamente, no exactamente con Sabá [Cabrera Infante] y el fotógrafo [Orlando Jiménez Leal]; pero, sí con Guillermito, con Titón, con Lisandro, en ese grupo. Esto no era lo que había que hacer en el momento, pero tampoco creo que había que hacer un drama de eso. Hubiera estado en contra, hubiera hecho lo que hice. Yo no prohibí esa película, eso es mentira. Ellos se llevaron la película, se las entregué. Me negué a hacerme parte de esa película, a que la distribuyera el ICAIC. Ellos podían ponerla donde les diera su gana. Pero, parte de lo que quiero decir tiene que ver con esto.

En mi explicación anterior faltaron dos o tres puntos que tenía que haberte dicho. Uno, que estoy harto de que la historia de la cultura cubana sean PM, la UMAP y el Caso Padilla. La historia de la cultura cubana después del triunfo de la Revolución, en tanto que continuidad de lo anterior, continuidad y ruptura como es todo instante histórico, me parece que se ha empequeñecido. Aunque traté de explicarlo diciendo que el silencio en el que habíamos permanecido tantos años, muchos, dejando que el único vocero de la Revolución fuera Fidel, claro, nuestro gran comunicador; y todo el mundo en el silencio, no abordando nada, aun sabiendo todo lo que se decía en el exterior. Y algunos del interior, revolucionarios, además, pero que se enredan en este hecho de que para ser escuchado hay que hablar de PM y de la UMAP, como si los procesos históricos no fueran altamente complejos, tuvieran etapas, se cometieran errores, se superaran, como lo hacen las personas. Hombre o mujer, nadie es igual diez años después. Lo mismo pasó en la época. Y han pasado tantas cosas de las cuales no se hablan. Entre otras, se resaltan todos nuestros defectos, nuestros fallos, los vacíos que tiene todavía nuestra sociedad, de que el socialismo no haya podido ser lo que queríamos, etcétera. Tenemos 800 mil universitarios. La riqueza más grande de un país es eso. Es una riqueza inoperante en este instante, pero al menor chance de que despegue de nuevo la sociedad cubana, que está estancada, hay algo que ya no hay que construir y es el tesoro más grande. No lo digo por gusto. Si ahora el Banco Mundial, el superbanco y el archibanco, todas esas cosas que existen por ahí y una concentración de millonarios que sigan queriendo aportar para el desarrollo de Cuba dieran 50 mil millones de euros para el desarrollo, podíamos hacerlo. Pero si le dieran 50 mil millones a otro país de la región, no pueden desarrollarse, ¿qué te parece? No pueden hacer nada. Y, aunque yo viví en México y agradezco muchas cosas a México, te diré lo siguiente: una de las cosas que ayudaron al desarrollo de México fue que entraran 300 mil personas preparadas de la República española de un tirón, en un año. Esa es la inversión más importante siempre. En esta época que vivimos, mucho más. Sin el saber no hay desarrollo. Bien, tenemos esa inmensa cuenta en el banco y momentáneamente no podemos hacer nada con ella, pero podremos hacer. Es mi confianza, yo soy un optimista.

Ahora, no dije otra cosa que es muy importante y que tiene que ver con la pregunta que me has hecho sobre mí mismo. Yo era alguien que había participado en la lucha de un modo directo, había sido torturado, que me hicieron salir de Cuba en esas condiciones. Me hicieron salir porque ya no podía resistir La Habana. Ya había decidido participar de otro modo. Este es el momento en el que ya era del 26, no del Partido; pero, tenía la experiencia del Partido. Eso me permitió analizar muchas cosas. Tampoco hay que olvidar que había vivido casi tres años en Europa y había alcanzado un nivel de información cultural, no sólo en la cultura, me interesé mucho en la política cultural de la URSS. Todo lo que había pasado antes del Congreso de intelectuales del 34 en el que se proclamó el realismo socialista. Había leído una buena parte de la literatura y de los libros sobre arte que una editorial, que se llamaba Slavia, que funcionaba en Suiza. Había estudiado a fondo lo que había pasado en la URSS. Aunque no estaba seguro de que íbamos a llegar al poder, estaba eso como un sedimento mío. Al triunfo de la revolución, no solo yo, todos los que participamos de un modo activo, nos manteníamos en algo así como “alerta de combate”. Y cuando empezaron a pasar estas cosas, pasa que algunas gentes yo ni sabía quiénes eran. Quiero decir, de esos jóvenes de Lunes. Yo sabía quiénes eran las grandes figuras, y no puede olvidarse que ellos también eran jóvenes que estaban empezando.

El otro día se estaba hablando de El Puente, yo me acuerdo que yo conocía a gente de El Puente, pero porque me abordaban, porque iban a mi casa, incluso. Si llega a ser por la vida natural de las cosas, nunca hubiera sabido quiénes eran. Estaba atareado, en el equipo que redactaba las leyes de la Revolución, la Ley de la Reforma Agraria, no ocupándome de las broncas entre El Puente y no sé quién o lo que había pasado entre Ciclón y Orígenes. No es que lo ignorara, es que no eran prioridades mías. Lo que pasa es que, de buenas a primeras, sentimos un grupo de nosotros, y ahora voy a llegar al otro aspecto, que el periódico Revolución estaba utilizando la cultura para apoderarse de los medios de comunicación, que eran los que le interesaban de verdad. Hay que decir lo siguiente: una parte de los participantes en toda esta época que eran militantes del viejo Partido tenían la conciencia plena de apoderarse del poder. Te diré, para mencionar nada más que en el campo de la cultura, que ésta era la mentalidad de Edith García Buchaca, que quería ser ministro de Cultura, y que puedo afirmarlo, porque me lo pidió a mí, quería que se creara el Ministerio y ser Ministra; y arrastrada por el momento Mirta Aguirre, instrumentalizada primero, apartada después. Dos mujeres de talento, una de inmenso talento y de inmensa cultura Mirta; otra, culta y de talento, pero más política y más estalinista que Stalin. Bueno, eso es exagerar, más que Stalin no podía serlo. Estoy hablando de la cultura. A su vez, el Movimiento 26 de Julio no era un monolito. El 26 no era un monolito porque algunos teníamos esa adopción marxista dentro del 26, pero otros, que eran tan revolucionaros como nosotros porque habían participado también en la Revolución como acto y no como palabrería —digo palabrería y parece despreciativo, no es así; hay veces que palabrería no significa despreciar—, los otros, que no voy a mencionar, porque no estoy dispuesto a mencionar gente que son más que revolucionarios, los que están vivos y los que están muertos, que no habían aceptado todavía el marxismo. Todos éramos del mismo Movimiento. Había gente que había aceptado el marxismo, pero le tenía horror al PSP. Si fuera un monolito no hubiera habido tantas decepciones, tantos enredos y deserciones. Nosotros no estábamos discutiendo con conspiradores. Como ya dije: la naturaleza personal de Franqui no estaba predestinada a ser un contrarrevolucionario, aunque haya terminado en eso. Otros sí, porque su pensamiento no podía evolucionar.

Había también dos PSP, uno más joven, del que fueron parte esos compañeros que después se quedaron conmigo en el ICAIC, pero que un día, en una reunión convocada por el PSP y presidida por Edith García Buchaca… —esto estaba pasando en el mismo momento de PM, lo que pasa es que no lo sabe la gente—, se intentó ponerme un comisario. Y todos lo aceptaron, porque Edith les informó que Fidel le estaba pasando el poder al Partido. Se tragaron lo que le dijeron, porque era muy en serio, porque había mucha confusión. Era una época de entusiasmo desbordarte, de pasión revolucionaria, con banderas y amores y alegría. También de turbulencia inmensa, de cuál era el camino, de qué es lo que se quería hacer. Yo no acepté y, cuando salí de ahí, me fui directo a ver a Fidel. No estaba Fidel y se lo conté a Celia —Fidel y Celia vivían a unas cuadras del ICAIC. Celia se indignó: «Está pasando en todo el país. Nos tienen tomado el teléfono». ¡A Fidel!, ¡Fidel vivía ahí! Y yo, que nunca he hecho las cosas como me las indican, sino de acuerdo con mi filtro, boté a los que tenía que botar y dejé a los que tenía que dejar. Los que eran de verdad cineastas en potencia se quedaron conmigo. Tomé el mando como mi generación lo ha hecho siempre en circunstancias difíciles, de mandón.

En realidad, todo lo sabía desde antes. Porque Tony Briones —que era un muchacho que yo me había encontrado en un campamento que teníamos en México, que fue él quien vigiló la construcción de los estudios en Cubanacán y otras cosas que nosotros nacionalizamos, que nos ayudó cuando tomamos la televisión de Pumarejo y no se separó de mí hasta que lo mataron en Venezuela— levanta un intercomunicador para comunicarse con alguien (los intercomunicadores eran cosas estrafalarias, enormes) y se había quedado del otro lado un intercomunicador mal colgado, y escucha una reunión de la que yo no estaba informado. Me dice, «ven acá». Yo me acerco y escuchamos que se esta planeando lo del comisario. Es decir, que a la otra reunión yo voy ya preparado; pero, pensando que lo podía parar explicando a los compañeros, etcétera. Pero me encuentro que esa reunión la estaba dirigiendo Edith García Buchaca, que a su vez encabezaba la Comisión de Cultura del PSP, que debía estar disuelta y que no lo estaba.

Entonces, toda esta convulsa situación es el marco de PM. Alguna gente, cuando maneja las cosas, a falta de suficiente información, cree que yo pude hacer lo de PM solo. Pero el PSP se metió también, y se metió Blas, y se metió Mirta. La mejor prueba es que cuando… se produce la reunión de la Casa de las Américas, donde se discute el destino de PM, estoy ajeno. Es Mirta Aguirre y su equipo del PSP los que van allí y discuten, y hablan de que se ponga en las organizaciones y hacen de esto… lo que pasa es que Sabá y el otro muchacho se presentan en el quinto piso —todavía no estaba mi oficina en el séptimo piso del ICAIC, y me llaman fascista. Entonces, les entré a piñazos. Claro, tú ves ahora un personaje que no puede entrarles a piñazos a nadie, pero en aquel momento yo era otro, física y mentalmente. Tenía mezclada mi condición de combatiente y mi condición de intelectual, sin que todavía no depurara el lenguaje y las actitudes de una cosa y de la otra. Por eso es que yo digo que hubiera actuado posiblemente distinto.

Hoy hubiera sido más maquiavélico, es decir más diabólico. No vamos a decir maquiavélico porque Maquiavelo en definitiva no merece todo lo malo; vamos a decir diabólico, el diablo sí se lo merece. Creo que la inteligencia cuando es madura tiene un ángulo de diabolismo; si no, no es inteligencia. Yo debía haber comprendido que les estaba poniendo en bandeja un martirologio ridículo. No valía la pena aquello. Ahora, se callan muchas cosas. Primero, yo no me quedé con PM, yo se la entregué. Después se discutió cómo se usaba PM, etcétera, etcétera. Y le dejé esa misión a otros. Sabá se quedó en Cuba y fue funcionario de Cubarteimpex, y viajó hacia adentro hacia afuera. Pasaron años antes de que ellos decidieran convertirse en mártires. No sé si esto tú lo sabes, porque ahora tú pasaste de Lunes de Revolución a PM. Ellos se quedaron en Cuba, fueron funcionarios, y Padilla fue el dirigente de Cubarteimpex. Iba y venía y compraba libros. Las cosas no son tan simples. Guillermo Cabrera Infante tampoco se fue enseguida. Fue Consejero cultural en Bélgica, mala apuesta de Edith García Buchaca, que tenía poder para hacer esas cosas en su momento, y el embajador era nada menos que Gustavo Arcos, hasta el final jefe contrarrevolucionario, más bruto que una piedra, más salvaje que una piedra, racista, la negación de un revolucionario.

Ese era el Alfredo que estaba actuando en aquel momento. Pero, podía actuar hasta cierto punto, porque estaba la fuerza del PSP ahí. Yo no era todo lo lúcido que puedo ser hoy. No me había dado cuenta de que estaba poniéndoles en bandeja el martirologio, que además no se dio enseguida. Pasaron años. Después ha sido utilizado, es utilizado por los de afuera y también por los de adentro. La mejor prueba es que seguimos discutiendo lo mismo y no lo que hay que discutir.

—LOS ACONTECIMIENTOS SE QUEDAN CONVERTIDOS EN MITOS.

Se quedan como un mito, y el poder de un mito hay que saberlo. En determinadas ocasiones… por ejemplo, en el caso de dos cineastas que detuvieron porque uno hizo un documental masturbándose y hablando de la Revolución al mismo tiempo… los detuvieron. Yo no te voy a decir lo que hice, pero plantee que eso era un disparate. Qué más da que se masturben. Que hagan lo que les de la gana. Lo mejor sería sacarlos de la cárcel y dejarles en libertad. Así se hizo, y qué ha pasado, ¡nada!

Cuando Reinaldo Arenas salió de Cuba, ya se le había abierto el camino para que trabajara en la revista Cine cubano, a petición de la Inteligencia, porque otros organismos no lo quisieron aceptar y era el general Arquímedes quien estaba gestionando ponerlo en algún lugar para que pudiera repuntar. Reynaldo llegó a Miami. ¿Tú sabes lo que le pasó? Él nunca lo narró pero te juro que es así, y si un día estás presente y coincides te presento a mis amigos cubano-americanos, a la gente a la que tuvo que acudir Reynaldo para alquilar un apartamento en Miami. Porque no le querían alquilar allí un apartamento por ser homosexual.

Si en Cuba la homofobia estaba calientica, y es verdad, que no me digan que los cubanos en Miami aceptaban a los homosexuales. El macherío no surgió con la Revolución. El macherío existía antes. Existe en el trópico, existe en el mundo latino, existe en el mundo católico, existe en el mundo santero y existe en el hampa y existe en la burguesía. Ahora la gente se está civilizando, está aceptando la diversidad en el mundo. Eso no surgió en Cuba, ni cosa parecida. Es normal que entre el machismo, la vida guerrillera de una época, las condiciones de convivencia en la clandestinidad y la ignorancia, la homofobia era inevitable. El peor enemigo de la diversidad de criterios es la ignorancia. Por lo tanto, el peor enemigo de la Revolución es la ignorancia. Y éramos ignorantes. Esa es la verdad. Todo esto para decirte, que había demasiadas fuerzas encontradas. Todas, en el fondo, luchando por el poder.

Ahora, hay que comprender que la lucha que había era muy confusa. Franqui y lo que él tenía a su alrededor no estaban contra la idea socialista, tenían el terror de que la idea socialista fuera decomisada por el PSP. Pero yo tenía la convicción de que Fidel no iba a ser manipulado por nadie, ni por el PSP, ni por quien más influencia tuviera en él, ni por mí tampoco. Fidel no era manipulable. Fidel tenía su diseño, y yo acepté el suyo. Contrario a lo que hizo Franqui y lo pagaron los de Lunes de Revolución, sin ser culpables y sin saber lo que estaba pasando.

—PERO, LO OCURRIDO LUEGO DE LAS “PALABRAS A LOS INTELECTUALES”, QUE FUE EN LO QUE DESEMBOCÓ TODO ESTO, ¿HIZO BIEN O HIZO MAL A LA INTELECTUALIDAD?

Fidel no podía hacer otra cosa. Supo lo que hacía, acertó y fue para bien.

—PERO, ¿SE MAL INTERPRETARON LAS PALABRAS?, AQUELLO DE “DENTRO DE LA REVOLUCIÓN TODO, CONTRA LA REVOLUCIÓN NADA”.

Creo que para el trabajo intelectual fue más que positivo. Eso no quiere decir que unos años después en el Congreso de Educación y Cultura no haya pasado lo que pasó. Son dos cosas distintas. Se tergiversaron, pero no las palabras. Fue violada la línea. Incluso, el discurso de Fidel no tiene nada que ver con lo que se acuerda allí. El discurso de Fidel es una pasión latinoamericana. Y cuando Fidel se vuelca sobre Latinoamérica se está separando de la Unión Soviética. Hay que saber leer. Aunque sea aliado, la tenga y la necesite. Y cuando hace la Zafra de los 10 millones, que ya yo estoy hasta lo último con la interpretación de la Zafra de los 10 millones. Es verdad que fracasa, pero hay que reconocerle otra cosa: Fidel hace la Zafra de los 10 millones porque está desesperado por no caer en manos de la Unión Soviética. Está desesperado por encontrar un asidero para poder desarrollar su propia política. Ese es el carácter no lineal de la historia. ¡Es todo tan complejo, inciden tantas fuerzas! El papel de las circunstancias… ¿cómo podíamos nosotros cuando teníamos 19, 20, 21 años? Los que éramos en esa época no somos los mismos después, y cuando llega el triunfo de la Revolución…

El primer problema para mí es pensar que jóvenes como ustedes tengan que escribir sobre temas que no vivieron. Tienen que encontrar un hilo por aquí, un hilo por allá, porque no hemos dicho nuestras verdades.

—Algunos de los entrevistados durante esta búsqueda para rehacer el tema de Lunes de Revolución me dicen que es necesario esperar más tiempo, que ya de esto escribió un puertorriqueño y no lo hizo bien; que escribió una brasileña, y tampoco. Les digo, pero cómo ellos van hacerlo bien si nosotros, que somos cubanos no acabamos de entender cuanto ha pasado en este tiempo.

¡Cómo lo van entender!

—ALFREDO, ADEMÁS DE ANDAR EN ESTOS ASUNTOS ORGANIZATIVOS JUNTO A FIDEL, EN LAS LEYES REVOLUCIONARIAS, USTED ERA TAMBIÉN DIRECTOR DEL ICAIC. ENTONCES…

Las cosas no son así. El ICAIC se fundó el 24 de marzo del 59, pero Fidel me había dicho meses antes: «no te puedes ocupar del cine». Pero, un día me dijo: «prepara ahora la Ley del cine». Imagínate, yo estaba en la Ley de Reforma Agraria, estaba en algo tan descabellado para mí como la Ley de la Marina Mercante. Él veía que yo hacía todo, y estaba con él, y me iba en los helicópteros a visitar lugares… yo dije «no puedo perder la oportunidad». Formé un grupo entre los que estaban Titón, Julio [García-Espinosa], Humberto Ramos que era el jurista... Un grupito pequeño, que se metió a prepararlo todo conmigo. Preparamos la ley. Quería que en la Ley aparecieran determinadas frases. Sobre todo me interesaba la primera frase: “el cine es un arte”, que fuera el primer país del mundo en que su ley del cine recordara que el cine es un arte. Eso no quiere decir que pude dedicarle todo el tiempo. Lo que pasa es que cuando uno tiene esa edad se multiplica, no duerme, hace locuras. Lo hacia todo y no pasaba nada, seguí viviendo y no me di cuenta de que paralizaba otras cosas de mi desarrollo. Después de 23 años de estar al frente del ICAIC —tres años había sido mi pacto con Fidel, porque después iba a dedicarme a hacer cine yo— salí para la UNESCO. No salí contento, porque era el resultado de las broncas con Tony Pérez [Herrero]. Creía que me habían derrotado, pero en realidad creo que me preservaron; Fidel hace eso. Y ¿tú sabes lo que hice los 10 años que estuve en París? Reciclarme. Los pasé estudiando. Porque aunque tenía funciones no es lo mismo que la locura de este país.

—YO LE RECORDABA LO DEL ICAIC PORQUE LOS ESTUDIOSOS DE LA ÉPOCA, QUIENES SE HAN ACERCADO AL PROBLEMA, INSISTEN EN QUE ESO FUE, EFECTIVAMENTE, UNA LUCHA POR EL PODER, EL PODER CULTURAL. Y DE ALGUNA MANERA USTED REPRESENTABA UNA PARTE DE ESAS FUERZAS…

Lo que no soporto es la idea de que era el PSP contra… mentira. En Revolución estaba una fracción, una parte del 26, reclutada por Franqui, como te expliqué.

Cuando Graziella me dijo que le interesaba que te recibiera. Yo dije: «bueno, yo no sé quién es este; pero Graziella sí sé quién es». Y dije, «bueno, déjame jugármela, porque esto es jugársela, porque me pueden instrumentar». Me ha parecido que no eres de esa categoría, pero lo que quiero es, ya que hay alguien que se va a dedicar a esto, decirle un punto de vista que no acaba de aparecer y que en los libros míos empieza a aparecer. Creo que tiene que aparecer específicamente. Quiero decirte que pasé una parte de la mañana de hoy escribiéndote una carta, que la voy a terminar algún día y te la mandaré. Es mi modo de decir estas cosas por escrito, organizadamente, etcétera. Yo me comunico con mis amigos por carta.

—QUERÍA RETOMAR ESTO QUE USTED MENCIONABA DE LA IGNORANCIA Y EL MAL QUE HACE. PARECE QUE HA SIDO, ENTONCES, LA IGNORANCIA LA QUE HA CONVERTIDO SU IMAGEN EN LA DE UN ANTI-LUNES. Y SI HA SIDO LA IGNORANCIA…

No ha sido la ignorancia. Es toda una voluntad. Una voluntad, que quienes desarrollan son los de afuera.

—¿DE MANERA CONSCIENTE?

Conscientemente. Es verdad que me enfrenté a Lunes, pero no es a Lunes al que me enfrenté, fue a Franqui. Como te he precisado antes. Incluso, las palabras de Fidel a los intelectuales comienzan de otro modo. Evidentemente Fidel empieza a pensar cómo arbitrar entre todos. Entre todos, no es dos grupos, son muchos y diferenciados incluso en las mismas organizaciones. Esto que me voy a atrever a decirte, aunque estés grabándolo, no lo tomes como una convicción porque tengo dudas, pero debo decirte que ese instante que conduce a la reunión de Fidel con los intelectuales y todo este clima, fue el que creó que Fidel comprendiera muy bien que tenía que actuar y que tenía que unir porque se había dividido demasiado el ambiente. Pero, después no hablar de estas cosas, y quedarnos nada más que con el discurso de Fidel —discurso que no solo es la frase tan citada—, a veces dudo si fue una involuntaria decisión, falta de creatividad o debilidad de nuestra parte: toda idea grande y abarcadora merece ser continuada, afirmada y enriquecida, también intelectualmente.

Yo empecé a publicar mis textos hace diez años nada más. ¿Por qué? Nadie ha contestado nada. Qué orgullo teníamos de no dialogar con el enemigo. No era dialogar, era enfrentarnos. El único que se enfrentaba era Fidel. Pero, desde la Revolución hay pocas respuestas. Incluso, cuando el Caso Padilla, cuando pasa todo, Fidel dice horrores de la intelectualidad que nos empieza a condenar, pero me manda para Europa con esta instrucción: convencer, neutralizar, conquistar. Hay una posición que no es contradictoria, que es lo que siempre digo a nuestros embajadores, no es a los convencidos con los que hay que convencer. No es ese el trabajo. El trabajo de un Embajador es ir a los otros, es enriquecer, ampliar el área de los que nos comprenden. Trabajar con las organizaciones de apoyo, que lo haga el segundo secretario. Pero tengo que trabajar precisamente con los que no quieren acercarse a mí. Y hay algunos embajadores que actúan así, que hablan con las organizaciones de solidaridad, almuerzan con las organizaciones de solidaridad, comen con las organizaciones de solidaridad, mandan recados a las organizaciones de solidaridad y mandan informes aquí sobre el trabajo con las organizaciones de solidaridad. Bueno, ¿y qué? Si cuando yo voy a hacer un trabajo en el exterior no voy a consolidar lo que tengo, sino a ampliar el campo de acción. Es como yo veo la diplomacia y como veo también la polémica. Y ¿cuál es el resultado de este silencio? Que no hay polemistas, que salen por ahí y no pueden enfrentar una conferencia de prensa, la época de los Raúl Roa se había terminado. Ahora puede que algunos intelectuales lo puedan hacer, pero… ¿los periodistas por qué no lo pueden hacer? Prácticamente no hay un periodista que sepa contestar a nadie. Temen que le den un palo después, cuyo chichón no se cura en 10 años. Pienso que entonces, ahora y siempre no importa la condición, las posibilidades, etcétera. Hay que tener algunas otras cosas, pero también hay que tener lo que no tienen… jugársela. Y si le dicen que se equivocaron pues le digo para eso estoy. No hay modo de que en un combate siempre se gane, por qué le aceptamos a los peloteros que pierdan un día y yo polemista no puedo perder un día. Ese es el problema.

SEPULTADOS POR LA MEMORIA 21-10-2009 GTM 1 @ 14:58

jagb —

No deja de ser raro, muy raro, que los tres documentales coordinados por Jorge Luis Sánchez, a propósito de los cincuenta años de la fundación del ICAIC, apenas hayan sido comentados por la crítica especializada, o en sentido general, estudiosos de la cultura cubana.

Hay en esos tres materiales elementos atractivos sobre todo si se quiere pasar de ese lugar común que es la festividad por la festividad, para hacer de la efeméride un modo de mejorar el presente. El primero de los documentales se titula “Dentro de cincuenta años”, y aparecen allí cuatro jóvenes cineastas que hablan sobre la Animación, la Producción, el Público, y el Documental. El segundo se nombra “Nunca ha sido fácil la herejía”, y rememora, a través de la voz de cinco cineastas (incluyendo a Alfredo Guevara) algunos de esos eventos polémicos que han contribuido a concederle autoridad al ICAIC en la esfera pública. El tercero (“Salvador de Cojímar”) le rinde homenaje a Salvador Wood, uno de los actores más carismáticos del cine cubano.

En realidad, esto que suena “raro” (me refiero al silencio crítico alrededor de los documentales) en verdad me va pareciendo la regla, y no precisamente la excepción. Como no se trata exactamente de un panegírico de esos que ahora mismo saturan a la red, sino de una aproximación que intenta asomarse con espíritu opinante a la institución, a sus dinámicas, sus controversias y legados, supongo que muchos han preferido optar por el mutismo, que es el mejor modo de no meterse en conversaciones incómodas.

Los documentales me parecen muy recomendables. Jorge Luis Sánchez es un cineasta al que le gusta romper moldes. No solo desde el punto de vista conceptual, sino también formal. Basta recordar “Un pedazo de mí” o “El Fanguito” para saber que lo suyo no es la servidumbre ante la realidad; que antes lo que le desvela es inquietar a su espectador.

Esto no quiere decir que, ya en lo personal, no tenga un buen número de diferencias con varias de las interpretaciones que allí se brindan. En otro momento intentaré argumentar algunas de esas discrepancias (aunque parte de esas objeciones pueden rastrearse a lo largo de este blog).

Pero por el momento me interesa reflexionar sobre otro asunto. ¿Por qué siguen brillando por su ausencia entre críticos e historiadores los debates en torno a la historia del cine cubano?, ¿por qué se sigue apelando a un exceso de positivismo que apenas toma en cuenta “las versiones oficiales”, y descarta el contrapunto?

Es posible que otra vez alguien me diga que “la historia siempre la escriben los vencedores”. De acuerdo, pero podríamos ensayar en algún momento la búsqueda de un equilibrio donde “la voz de los vencidos” complemente ese discurso que permitiría obtener una idea un poco más integral de lo que ha sido la creación cinematográfica en sí, o lo que es lo mismo, la gestión cultural de esa institución. Esto quiere decir que para un historiador o estudioso que ambiciona entender lo sucedido en “el pasado” resulta imprescindible tomar en cuenta estos documentales producidos por el ICAIC, pero también el realizado en Francia por Ramón F. Suárez, por poner un ejemplo, sobre la llamada “década prodigiosa del cine cubano”, y que ofrece otras “versiones” del asunto.

De cualquier forma, no dejo de reconocer que poco a poco se van haciendo visibles las distintas partes que conforman este gran rompecabezas cultural. Y que hay además una voluntad de rescatar aquella “nostalgia por el futuro” que movilizaban a los cineastas fundacionales. Por eso, de los tres documentales, el que más me atrae es el que lleva por título “Dentro de cincuenta años”.

Por supuesto que esa suerte de voluntad de pronóstico tiene más de enunciado poético que de análisis racional. En realidad, ni siquiera sabemos qué va a pasar con el cine dentro de cinco años. Las incesantes revueltas tecnológicas apuntan hacia una imparable mutación tanto de los hábitos de producción como de consumo. Pero lo interesante de un título como ese es que, pese a que se inspira en el festejo de una efeméride (otra vez el pasado), le concede más peso a la voluntad de imaginar un futuro que a rendirle un culto paralizante a la memoria (a lo que ya ha sido).

Ya sé que esto que diré puede sonar polémico, pero en mi criterio cuando el peso de la memoria es tanto que no permite levantar vuelo a la imaginación, la Historia se convierte en algo hueco, donde solo caben aquellos que ya “la han vivido”. Al resto nos toca la peor parte, porque solo nos queda revivir, una y otra vez, esos mismos acontecimientos.

Juan Antonio García Borrero

JORGE PUCHEUX SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA 20-10-2009 GTM 1 @ 11:03

jagb —

A Lucas de la Guardia.
Por Jorge Pucheux.

Con la misma entrada del primer Norte en Playa del Carmen, durante la 4ta edición del “Festival de la Rivera Maya” donde me encontraba, llegó también, como una ráfaga de viento frío, la mala noticia del fallecimiento de nuestro querido amigo de siempre, Lucas de la Guardia.

Hoy a 2 días de su desaparición física siento la inmensa necesidad de dedicarle unas pequeñas letras. Lucas entró en nuestras vidas en los años finales a los cincuentas, como parte del grupo vocal LOS BUCANEROS, del cual era una de sus voces. Durante mucho tiempo, aún después del triunfo de la Revolución, continuó deleitando al público en esta agrupación, hasta que se incorpora al ICAIC en el año 1960 en el Departamento de Dibujos animados como editor especializado en esa actividad.

Durante todos estos años, casi 48, Lucas fue no solo el editor de todos los filmes de animaciones del Instituto, sino también compositor de muchas de las obras musicales que conformaron las bandas sonoras de cientos de películas de animaciones del ICAIC, amén de su participación también en la creación del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

En años buenos y en años difíciles, Lucas estuvo ahí, al frente de su actividad, sin faltar a un llamado, trabajando con directores como Jesús de Armas, Hernán Henríquez, Tulio Raggi, Mario Rivas y Juan Padrón. Su aporte al cine cubano de animación es indiscutible.

Sean estas pequeñas palabras, nuestro modesto pero profundo homenaje a Don Lucas, que mientras se sigan pasando sus filmes y se escuchen sus notas musicales, estará presente entre nosotros. Como creador y gran ser humano. ¡Hasta siempre amigo¡

PD: PEDRO VELÁZQUEZ SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA

Conocí a Lucas de la Guardia por los comienzos 1968, cuando entré a trabajar en Dibujos Animados. Era yo muy joven y recién salido del Pre. Mi primer encuentro con él fue en el departamento de Línea y relleno a donde el pasó de casualidad. Me llamó la atención ese señor serio muy educado y con andar pausado. Me saludó y me dio la bienvenida. A partir de ahí Lucas y yo comenzamos una respetuosa amistad, que tiempo después y como buenos vecinos que fuimos, aumentó más. Digo vecinos porque mi cuarto de trabajo estaba frente al de edición donde el laboraba. Allí conversamos y el me explicaba los entresijos de la edición. Creo que como Pepe Reyes, Noel Lima, Paquito, Gisela, Hernán y muchos más, me hicieron comprender la belleza del dibujo animado y amar el cine en todas sus expresiones.

Lucas fue un hombre de firmes principios que en los momentos difíciles y en reuniones laborales, de gran intensidad, supo mantener su posición por encima del criterio prevaleciente en esa época. Creo que en una reunión, de la cual ni recuerdo la fecha, pero que si fue hace décadas, el mantuvo una postura viril y a pesar de las consecuencias que podría acarrearle su actitud, la mantuvo por encima de todo, dejándonos pasmados a la audiencia. Ese era Lucas de la Guardia.

Al marcharme yo de cuba, nos despedimos dándonos un fuerte apretón de manos que sellaba ese amistad de años y que además era el adiós, porque sabíamos que como a muchos, no volvería a ver.

Recordaremos a Lucas de la Guardia con afecto, respeto y sobre todo con aquella admiración que siempre tenemos hacia los que una manera u otra nos enseñaron el camino correcto a seguir.

Descanse en paz Lucas....como siempre todos le dijimos.

Pedro Velásquez

PD: Falleció en Marianao, el pasado sabado 17 de octubre.

RUDY MORA SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL” 19-10-2009 GTM 1 @ 12:24

jagb —

DESDE “LAS CERQUITAS”.
Por Rudy Mora.

Concluidos los debates teóricos del CARACOL UNEAC 2009, comienza el ciclo hacia los próximos en el 2010 como ha sucedido hace más de dos décadas y como se supone será en los próximos años, solo que las experiencias recientes deberán matizar la proyección futura del evento. En esta emisión no hubo instantes memorables en ningún sentido pero por la clara visión de sus organizadores se consiguió retornar a las premisas que dieron lugar su creación, traspasando la inmediatez que hacía habitualmente del encuentro una “reunión de reclamos” y consiguiendo de manera general un cierto nivel teórico sin que fuera posible evadir totalmente la clásica polémica institucional.

El CARACOL en su primera década y quizás un poco mas fue un espacio esperado, se recuerdan momentos donde el llamado “debate” llegó hasta el delirio, la entrega de premios constituía verdadera fiesta emotiva para los realizadores del país, prestigiaba ser ganador de un premio y había participación de artistas de otras manifestaciones, siendo estos y otros aspectos los que le otorgaban el tono y color particular. En la siguiente década hasta hoy el rumbo se extravió y la perdida de sus virtudes por razones vinculadas a la gran depresión que trajo el período especial condujo a la apatía, secuela que en esta ocasión volvió a dejar constancia evidente, diría que como se esperaba a pesar de los esfuerzos por encontrar un nuevo elemento movilizador.

Se evidenciaron que las CERQUITAS divisorias entre parcelas laborales ya no es solo una tendencia y que después de luchar para obtener el “pedacito” preservándolo en muchos casos, y garantizando el regreso a el en otros, no es posible que existan deseos ni interés de mirar un poco mas allá y menos de oír un tanto mas acá por que tampoco nada hace que sea necesario, siendo por esto que la poca participación, por no decir nula, de creadores con espacios y resultado puntuales, cineastas, especialistas y profesionales vinculados concretamente con la producción fuese un hecho, sustituidos en cada una de las secciones por interesados de instituciones relacionadas, varios académicos y personas con criterios, algún que otro diletante, pocos estudiantes, curiosos y no mas de 3 o 4 críticos legitimados, aunque en ocasiones se dejó ver algún realizador.

Es consenso que por las grandes dificultades materiales para hacer concretamente la TV del día a día, la de “de vez en cuando” la obra alternativa y la oficial en otras productoras, disminuya la importancia de las valoraciones conceptuales, de ahí que los monólogos también proliferen y la preocupación fundamental radica en acumular fuerzas para pelear por lo que cada cual considera imprescindible en su lugar, momento, quehacer y subsistencia. No obstante, aun existe otra minoría que tienen otras interrogantes que no siempre son lanzadas públicamente por temor a la subvaloración moviéndose los tópicos en un espectro amplio y aunque en tono bajo y casi siempre en forma de comentario se deja escuchar:

¿Es que ya no es posible un encuentro teórico que se concentre en temas artísticos excluyendo los pasajes cotidianos?... (Que tampoco son abordados en otro lugar, es cierto). ¿Es que la vieja ausencia de recursos, es incompatible con el intercambio inteligente de criterios?. ¿Es que los audiovisuales actuales y los programas de TV no necesitan pensarse a sí mismo?. ¿Es que después de lograr…. lo que se hace esta muy bien y no hace falta más?. ¿Para qué cambiar si no repercute en mi vida profesional y sin embargo me la complica?.. “Estamos mirando por un catalejo hacia martes”… parafraseando la canción de Buena Fe.

Para otros que también padecemos los mismos males pero que necesitamos la interacción, entre otras razones por la poca literatura actualizada sobre Comunicación y los Medios que se dispone, la muy esporádica o ninguna confrontación internacional y por el valor de escuchar, no interesándonos tanto la ¿propiedad de la plaza? si no la prosperidad y el acceso a ella, el intercambio como en la comunidad primitiva… (ej.; Te ofrezco un dato a cambio de un artículo encontrado) tiene mucho sentido, por ende el evento debe renacer y consolidarse.

Sigue siendo complejo saber, y en las actuales circunstancias mucho mas, si hay que aplaudir o no la no existencia en la TVC de un indicador de rendimientos y resultados solo comprometido con la creación en toda su dimensión, la calidad y funcionalidad, ese sería un punto y aparte, sin embargo resulta fácil entender que por esa indefinición los objetivos personales se dividen en dos bandos y que la mayoría prefiere preservar, por lo que el CARACOL teniendo en cuenta esto y lo que debe suceder al respecto en tiempos cercanos, debe consolidar su estrategia contribuyendo mas que nunca a lo contrario.

Conseguir un mayor interés en el debate artístico y cultural que es el que justifica la permanencia útil del foro CARACOL es un objetivo, y seguir distinguiendo los paneles con la participación de artistas de cualquier edad con resultados no solo en la TV, académicos y teóricos de las Artes, los Medios y las Ciencias Sociales, volver a involucrar a los creadores y directivos no para enfrentar si no para intercambiar, todos dispuestos a ejercitar el pensamiento colectivo (como se logró en alguna medida) es otro objetivo y requiere de mas ideas y fundamentos, no obstante creo posible el viraje debiendo ser estos enunciados las próximas conquistas, aunque es justo decir que para lograrlo ya se han y se están dando pasos y entre nosotros, mejor, entre los que les interese la propuesta pertenezcan a la UNEAC, a cualquier lugar o sin lugar está el apoyo y la colaboración que se necesita.

Rudy Mora.

FÉLIX SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL TEXTO DE IÁN PADRÓN 19-10-2009 GTM 1 @ 12:02

jagb —

MI REINO POR UN CARTUCHO MÁS....
(A los lectores de la carta abierta a Julia Osendi)

“¡No siempre han de ser inútiles la honradez y el valor!”
JOSÉ MARTÍ

Compañeros, colegas, cubanos:

No he recibido hasta hoy respuesta alguna de Julia Osendi, ni de ninguna institución que haya estado detrás de la censura al jonrón de Kendry Morales, pero sí muchos mensajes de amigos y de gente que sencillamente ha querido transmitirme su solidaridad, agradecerme el bien que puede hacer una reflexión así a la patria, a nuestro futuro. Otros, aunque no me han escrito, sé que han sentido y expresado su respaldo a estas palabras. A todos debo gratitud, esos actos compensan con creces todos los sinsabores del silencio.

Cuando uno da un paso así, sabiendo o imaginando los riesgos —de una tendenciosa interpretación, de la ira que puede despertarse en los cuestionados—, lo hace sacrificando su instinto de conservación, casi acopiando, acumulando en una dirección única, esos gramos de valor que todos más o menos llevamos dentro y que las causas nobles nos ayudan a agrupar. No se trata de un valor excepcional ni mucho menos, es el mismo del que en una asamblea levantó su mano contra la corriente, del que sabiéndose en desventaja optó por hacer lo correcto en un momento de la vida.

Mi carta abierta podía decir más. Claro, lo sé. Solo un tonto creería otra cosa. Una carta no es un manifiesto. Pero entiendo que los que te agradecen ese acto, recordando a Martí en su sentencia sobre los desagradecidos y las manchas del sol, se fijan, no en las ausencias, sino en el poco de luz de esas palabras, en lo que se dijo y no en lo que se dejó de decir. Cuando alguien tiene sed y le tiendes medio vaso de agua, lo justo, lo moral, es que recuerde que le diste un vaso medio lleno de agua y no un vaso medio vacío.

Por esto que les he dicho antes, me ha resultado realmente “simpático” algo que he leído en el blog del importante crítico de cine Juan Antonio García, días atrás, un artículo de la autoría del joven realizador cinematográfico Ián Padrón, que él tituló “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, en cuya introducción, verdaderamente como de pasada, calentando el brazo, se refiere a la carta abierta y cierra su referencia —luego de atenuar la participación de Julia Osendi con cierta filosofía de que “maldad de muchos, culpa de nadie”— con estas palabras, donde el reconocimiento a la honestidad funciona solo como analgésico para el mazazo final:

Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre”.

No he escrito “simpático” por error, es que tras darle muchas vueltas a la conclusión del joven cineasta, no he encontrado otro adjetivo mejor. Tanta gente a la que ha faltado valor para defender la verdad en la historia de nuestras censuras deportivas, incluso no pocos probablemente en este caso específico de Kendry, y el joven cineasta elige para herir, disminuir en su orgullo, precisamente al que se ha atrevido a denunciar lo ocurrido y lanzar la denuncia a los cuatro vientos.

Confieso que, tras un primer momento de desconcierto, pensé responder a esta parcialidad, a este insulto, de un modo más enérgico, escribí algunas cosas que Ián Padrón merecía escuchar acerca de la tradición que existe en la ética (y también en la dramaturgia del cine), y que exige que si irrumpo y digo que te faltó valor para algo, seguidamente me atreva a ese algo, so pena de resultar un villano o un bufón. Pero al final me pareció excesivo todo, un derroche de pólvora, y me confié a las útiles lecciones de la historia.

Seguramente Ián Padrón conoce bien la anécdota de nuestras guerras independentistas, cuando un capitán se negó a cumplir la orden personal del Generalísimo de tomar un fuerte con tres cartuchos por hombre. Para el capitán era una locura intentar la toma del fuerte con ese parque. El Generalísimo obvió sancionar a su subordinado diciéndole cobarde o algo similar (ningún mambí pusilánime llegaba a capitán). Como hacen los héroes, y Máximo Gómez sí lo era, cuestionó el valor de su oficial de otro modo, se colocó ante la tropa, les dijo a los soldados que entregara cada uno dos de los tres cartuchos que tenía, y partió al frente de ellos a tomar con apenas un cartucho por fusil el fuerte español. Y lo tomó.

Yo creo finalmente que sí, que me faltó mucho valor en esa carta. Mi valor no es muy grande, y menos infinito. En mis veinticinco años de servicio en las FAR hice lo posible porque estuviera a la altura del deber, de cada circunstancia, pero nunca logré que creciera tanto como para vanagloriarme hoy de él. Nunca me propondría para kamikaze con una sonrisa de desafío a la muerte en los labios. He corrido muchas veces en mi vida y no puedo jurar que no lo haré otras tantas. Sé lo que es el susto, el temor, y la cautela, y muchas veces he callado y después me he enojado con esa victoria de mi prudencia. Pero nunca esperé que alguien, por su aval de un documental sobre la pelota, un documental valioso, humano, un buen documental, pero donde no menciona ni causas ni nombres de nada, y que se dice tan preocupado por la pelota cubana, leyera mi carta y se propusiera reparar únicamente en la supuesta mancha solar, en el vaso medio vacío, como los desagradecidos. ¿Ya antes habrá acusado Ián Padrón públicamente a alguien, así sin rodeos, por falta de valor para algo? ¿Lo hizo en aquellos días de censura de su documental? ¿Estrena acaso su etapa de radicalismo conmigo? ¿Me ha concedido el mérito de ser diana inaugural de tan virtuosa saeta?

Como el joven realizador achaca lo que yo no digo, mi “faltante”, a un problema de insuficiente valor y no desconocimiento, se nos presenta incluso como adivino. Sí señor, allá, a cuatrocientos sesenta kilómetros de Ciego de Ávila, sin haber intercambiado jamás una palabra conmigo, Ián Padrón sabe lo que yo sé y lo que me callo. ¿Desaprovecharán a partir de hoy los abnegados oficiales de Día y noche esta singular facultad suya?

Lo esperanzador es saber que, si el joven realizador dice que yo no llamé las cosas por su nombre, está pregonando a la misma vez que él sí sabe esas otras cosas, ese complemento silenciado por mí, y, por supuesto, cuáles son sus nombres (y apellidos) verdaderos. Con la misma fuerza con que blasona esto, me imagino que ha de sentir la responsabilidad pública de administrar esta riqueza informativa que posee y ostenta. ¿Debe esperarse mucho para que esta responsabilidad halle curso más útil que un infeliz y simpático anatema contra mí?

Yo me hice algunas preguntas en la carta que parece que para él, muy cercano a los medios, a la capital de todos los cubanos, y en particular a Julia Osendi, no son necesarias. Si él no necesita las respuestas a estas preguntas, porque sabe los nombres reales de las cosas, me lleva gran ventaja, está en condiciones, con su valor (que espero no resulte inferior al del Gómez de la anécdota, asumiendo yo el papel del aleccionado capitán), de contribuir a la continuidad y profundidad de la polémica. Solo nos queda esperar, pues, que suene la claqueta y se reanude la filmación. ¿Quizás Ián está pidiendo que otros se pongan, junto con él, o por él, valientemente, la chamarra de Industriales, y salgan al combate? Me gustaría que este itinerario en busca de la verdad y los responsables de la censura, no terminara causando apenas un embotellamiento fotogénico en las puertas de un estudio del ICRT.

Aguardo, les digo, porque no creerá Ián Padrón que la sublime lección suya de cómo llamar a las cosas por su nombre esté en su documental, en su carta de protesta, en el propio texto “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, este último un listado de preocupaciones y propuestas, sin un cuestionamiento revolucionador, una duda, una objeción, sin causas ni responsables, auténtico ejemplo del discurso fiel a los límites, donde no hay un solo porqué. Se trata de un documento-programa muy propio de un buen amante del béisbol, que la burocracia leerá siempre con satisfacción, pero lejano de esa agudeza, ese saber ver lo esencial tras lo aparente, que uno esperaría de una gente de cine, arte que siempre ha nucleado —y recuerdo aquellas polémicas de los 60— a verdaderos paradigmas de nuestro pensamiento cultural. No, seguramente habrá otro texto (otro fuerte español tomado) de Ián Padrón, un documento sí radical, repleto de cosas bien llamadas por su nombre, y donde, por supuesto, su valor cumplirá con las expectativas de exceder en no menos de dos pulgadas la nimia estatura del mío.

Les debía estas palabras a todos. Me siento mejor. Gracias a los que han reconocido la utilidad de la carta abierta, y me han perdonado mi escala humana, sin exigirme la virilidad de un gladiador romano.

Gracias también a Ián Padrón, cómo no. Soy escritor, tengo nombre, como todo ser humano (aunque para el joven realizador soy solo “aquel que la carta escribe”), y he descubierto ya, en mi más de medio siglo de trajinar con la vida y con los libros, que mientras más conozco a algunos de mis contemporáneos mejor entiendo a muchos personajes de la literatura, desde Alonso Quijano hasta Julien Sorel.

Un abrazo fraterno,

Félix Sánchez
Ciego de Ávila, 18 de octubre de 2009

EN MEMORIA DE ALBERTO SÁNCHEZ 18-10-2009 GTM 1 @ 16:14

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Me entero tarde del fallecimiento de Alberto Sánchez. Lo conocí en Huesca, un lugar que tiene para mí un valor afectivo tremendo. Era uno de los directivos del Festival de Cine que se celebra allí todos los años. Cierto que no compartí con él el privilegio de la amistad que me concedió Pepe Escriche, o que aún comparto con Lázaro Venereo o Ángel Garcés (no obstante los silencios prolongados), pero evoco con verdadero placer sus conversaciones llenas de referencias cinéfilas. También agradezco que haya sido el que me presentara a ese gran crítico (y excelente persona) que es Francisco Javier Millán. No digo nada más: solo dejo testimonio de cuánto nos puede afectar la noticia de que alguien que has conocido, aunque no seamos exactamente “amigos”, de pronto deja de existir.

Juan Antonio García Borrero

REYNALDO GONZÁLEZ SOBRE LA CRÍTICA 17-10-2009 GTM 1 @ 22:51

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SOBRE CINE, MELONES O SANDALIAS
Por Reynaldo González

Querido Juani:

Me ha picado el asunto de la crítica de cine (o de cualquier asunto) en la televisión (o en cualquier otro medio), porque entre nosotros la cuestión de la crítica se ha convertido, inobjetablemente, en un «asunto crítico». Pero le dan una altisonancia inmedible y, de paso, impagable. Como la vieja recurrencia idiomática de llamar «momento crucial» a cada punto en la historia, en los negocios, en la vida. La expresión padeció la reiteración, la dejadez y ya todo era crucial. El gran burlón que fue Borges, para herir la retórica del habla hueca si quiere parecer solemne, en una entrevista y por un motivo baladí, soltó una perla. «Este es un momento crucial, como todos los anteriores.» Y algo así pasa con la crítica: debería ser espontánea, dispuesta a saltar ante la más leve motivación, pero se nos ha convertido en un ritual desacostumbrado, por eso la rodean de ritualidades. En el asunto de la crítica de cine hablamos de aromáticas presencias y de sublimadas ausencias, pero, como se dice ahora, «ese no es el punto». El punto es el saludable hábito de la crítica, que el raciocinio despierto la imponga porque la siente como necesidad. La crítica ya sale dañada si nace convocada. Si para que se mueva el pensamiento inconforme –y la inconformidad es connatural a la crítica– le hiciera falta una convocatoria, es que tenemos el meollo adormilado, dependiente de reclamos exteriores, ordenanzas o como quiera llamárseles. Lo que se ha perdido es la actitud crítica. Ya sea sobre cine, melones o sandalias. Paulatinamente la crítica fue sustituida por una amorfa aceptación, una obsecuencia que también acude para hablar de cine, melones o sandalias.

Contrario a la reflexión crítica, abunda la información relamida sobre algunos asuntos. Quizás hallemos el momento en que empezó a declinar. Las convocatorias llegaban custodiadas por autorizaciones. Ya no sólo qué se criticaba sino quién lo hacía. Terminó confundido el oficio de propagandista –válido y necesario– con el de supuesto crítico «autorizado», la proposición a ver una película quedó en un énfasis de pretensión analítica, forma untuosa que la inadvertencia toma como ejercicio del criterio, retórica que pide préstamos al lenguaje teórico, a la cuantificación, a la adjetivación aparentemente definitoria –este importante director, esta importante producción...– para concluir en una papilla masajante y no informativa. Es un lenguaje ampuloso, con tres palabras vacuas donde cabría solamente una, si fuera inteligente. Con esas paparruchadas eso inefable que llaman «comunicador» gana categoría de crítico. Has mencionado a colegas que cumplen su cometido con eficacia y salvan el oficio, pero abundan los otros y uno se pregunta si no pudiéramos ver el cine, nomás, sin introitos que desprecian la inteligencia común. Recibimos un parloteo de «enterados» que a su vez padecen y hacen padecer ese aparato ortopédico llamado teleprompter, porque el pecado lo cometieron al hilvanar en lenguaje macarrónico lo que luego debían leer ante la cámara, amparados en no sé qué convencimiento de que la legibilidad estorba. Me pregunto si se requieren más espacios sobre cine o mejor aprovechamiento de los existentes. Eso pasa también con otras disciplinas. Se impondría dar la voz a quien la sabe usar, a quien tiene algo que decir.

En varias ocasiones, y en tus libros, trataste el monopolio icáico, la imposición de una historia del cine desde y para el ICAIC, en desatención de otras producciones. Eso ocurrió, pero desarrolló su estela. Después vinieron interesados olvidos, obvios silenciamientos. La vida ha quebrado aquel monopolio y su autoridad, que no fue sino una infundada imposición mesiánica. En los primeros tiempos los aspirantes a realizadores «documentaban» el cine siguiendo pautas de la oficina que les pagaba. Por mucho tiempo dijeron qué se debía pensar sobre el cine cubano, incluso establecieron un reconocible «lenguaje ICAIC». El tiempo pasó. Y pasaron insoslayables quebraderos de cabezas. Ahora, ante una crisis que no es solamente de recursos, sino de talento, cuando varias películas parecen salidas de un mismo troquel, entregas de una saga acogida a la comedia –«comedietas» me permití llamarlas–, téngase o no sentido del humor y a veces sin la más elemental capacidad para narrar historias, al panorama fílmico acuden sorpresas desde otras orillas, acogidas a las nuevas tecnologías, a veces heroicas producciones familiares. Más que sorpresas deberían tenerse como aleccionadores estremecimientos. La «industria» se resigna a un padrinazgo tardío, o busca talentos fuera del elenco archiconocido, demasiado agotado. Puede ser una solución sabia.

Y en medio de todo están los avatares de una «crítica» que pocas veces habla de esos pormenores, incapaz de lecturas cruzadas y de investigaciones que calcen sus afirmaciones. Si algo necesitan los espectadores capaces que constituyen el público cubano no es la sobredosis de recitativos que le endilgan a las películas –muy pocas veces sobre cine, sobre el arte, sino siguiendo la vieja receta del contenidismo como tábula rasa–; le sobran las pasiones palabreras que afirman o niegan. En tu comentario trazas un panorama de posibles confrontaciones entre personas capacitadas, a algunos citas por sus nombres, frente a un panorama que las desechó. Hoy los enlatados nos introducen en los estudios hollywoodenses, conocemos sus talentos y los pormenores de sus filmes, pero no se discute el destino de nuestra vida cinematográfica, sus actores, la manera en que se forman, las contradicciones que afrontan, las posibilidades que tienen y el éxodo del talento, joven o viejo, que es una palpitante realidad. La información puede y debe ser crítica, sin temor a no coincidir en lo correctamente político trasladado al terreno de la creación artística. Sabemos que ese dilema sobrepasa el cine, su solución no está en las manos de los críticos y cronistas cinematográficos. Pero debo pensar que sí está en el terreno en que se desenvuelven. Allí el debate fraudulento puede ser debate verdadero, sin conclusiones previas, sin slogans, sin la obligatoriedad del canto como un diezmo. Quizás así aprenderemos de cine, a la espera de saber también sobre melones y sandalias.

OTROS CUATROCIENTOS GOLPES 17-10-2009 GTM 1 @ 13:07

jagb —

No he podido resistir la tentación de comentar brevemente algunas de las ideas expuestas por Gustavo Arcos en su motivadora reflexión acerca de la crítica del audiovisual en nuestros medios.

Este es un asunto que para nada es nuevo. De hecho, el “Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica” celebrado en Camagüey en 1993, surgió justo porque nos interesaba hablar sobre el estado de salud de la crítica en la isla. En esa cita se dijeron cosas bien interesantes. Y en la clausura se anunció que se crearía la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica”, algo que finalmente se hizo realidad dos meses después. Sería bueno que algún día pudiéramos evaluar con mesura el saldo que ha dejado todo este tiempo transcurrido: ¿ha crecido la crítica de cine en Cuba en ese período?

Como no me gustan los extremos, soy de los que pienso que sí han existido acciones positivas. Por otro lado, admito que hay en el país un grupo de críticos que están haciendo un trabajo excepcional. Luciano Castillo con su “De cierta manera”. Rufo Caballero con sus intervenciones a propósito del audiovisual, que incluye al cine. O Rolando Pérez Betancourt con esas propuestas de “La séptima puerta”, que al menos yo, trato de no perderme ninguna. Estoy mencionado apenas algunos. Ahora, ¿basta la existencia de una cierta cantidad de buenos críticos para hablar de consolidación de una “Crítica” nacional?

Mi criterio es que eso es un espejismo. Como es engañoso el hecho, comentado por Gustavo Arcos en su post, de que a mayor número de espacios para escribir o hablar, se enriquece la Crítica. ¿Se acuerdan de aquel sarcasmo de Bruce Springsteen a propósito de ese infinito número de televisoras que no dicen nada?: “54 canales y nada dentro”, soltó “el Boss” con invicta ironía, y algo de eso nos pudieran reprochar a nosotros también: “54 críticos y siempre lo mismo con lo mismo”.

Para empezar, la crítica de cine en Cuba tiene en su contra que no dialoga entre sí. Cada intervención pública parece un unipersonal, una suerte de monólogo donde el crítico representa un personaje bastante alejado de la realidad, y de los otros. Y el divorcio entre el personaje y la realidad se hace evidente porque mientras esta última es dinámica, el crítico se empeña en conservar una “identidad” que no es otra cosa que fórmula que aspira a jugar al seguro.

Por otro lado, está el escaso interés de esa “Crítica” en adentrarse en densidades que puedan resultar polémicas. Pondré un ejemplo (aún cuando sea demasiado cercano) que nos ilustra sobre ese déficit: mientras que desde Francia la investigadora Laurence Mullaly nos comenta que utiliza algunos de los post que aparecen en este blog para invitar a sus alumnos al debate colectivo, en Cuba la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica” (por poner un ejemplo) participa de esa campaña de “invisibilización” a través de la cual determinadas polémicas protagonizadas en el sitio (sobre el audiovisual joven, sobre la mujer en el cine cubano, sobre el pensamiento relacionado con el cine, sobre los nuevos oficios, etc), apenas trasciende el marco de aquellos que acceden al blog o reciben la información. Aquí va mi pregunta: ¿cuántos miembros de la Asociación (no importa que vivan en La Habana o Guantánamo) no hubiesen podido aportar criterios, y enriquecer las discusiones si la directiva de la Asociación hubiese distribuido entre sus miembros esas polémicas relacionadas, no con Hollywood y sucedáneos, sino con el cine cubano?

Ante tanta inercia, suelo soñar con un programa televisivo donde, antes de presentar una película, tres o cuatro críticos expongan sus puntos de vistas con toda la pasión que uno espera. ¿Se imaginan a Enrique Colina polemizando todas las semanas en vivo con Rufo Caballero? ¿O a Gustavo Arcos con Víctor Fowler? ¿O a Luciano Castillo con Rolando Pérez Betancourt o Joel del Río? Y nada de grabaciones: todo en vivo.

Ese programa, y como un homenaje al Truffaut que todos admiramos, pudiera llamarse “Los cuatrocientos golpes”.

Juan Antonio García Borrero

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR 16-10-2009 GTM 1 @ 17:12

jagb —

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR
La cinta de Ernesto Daranas representará a la Isla en la categoría de mejor película extranjera.
Agencias | 16/10/2009

La película “Los dioses rotos”, del realizador Ernesto Daranas, ha sido elegida para competir por la Isla a las candidaturas de los Oscar a la mejor película extranjera, según anunció una fuente oficial, reportó EFE.

La película retoma la historia de un famoso proxeneta de La Habana a principios del siglo XX sobre la que una profesora realiza una investigación para una tesis universitaria con el interés de demostrar la vigencia del personaje.

Rosa María Rovira, funcionaria de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dijo que la copia de la película ya fue enviada a los organizadores de los premios Oscar.

“Los dioses rotos” fue estrenado en el XXX Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, donde recibió los premios del público y de la crítica cinematográfica.

La cinta está protagonizada por los actores Silvia Águila, Ana Bú, Carlos Ever Fonseca, Héctor Noas e Isabel Santos.

La cinta de Daranas fue seleccionada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica como la mejor película cubana de 2008 y ha sido galardonada en varios festivales.

También, esta semana, el Providence Latin American Film Festival (PLAFF 2009), de Estados Unidos, le otorgó los premios a la dirección de arte y a la banda sonora.

PD: Sobre LOS DIOSES ROTOS puede leerse en este blog aquí y aquí.

PARA LOS ADICTOS AL INSOMNIO 16-10-2009 GTM 1 @ 14:04

jagb —

Ante todo quisiera agradecer los hermosos mensajes que han dejado a propósito del post CERCANIAS. De paso me gustaría comentar algo. Algunas personas se han quejado, cariñosamente, de que no les llega como antes los diversos post que se cuelgan en el blog. Sé que esto que argumentaré a continuación contradice el espíritu de aquello que con tanto entusiasmo proponíamos en BLOGMAIL, pero uno es sucesivo: todos los días se aprende.

En realidad, si bien todavía creo que las nuevas tecnologías pueden contribuir a oxigenar esta sombría atmósfera saturada de monotonías viscosas, de lugares comunes que paralizan, de retóricas ampulosas que prometen y nunca conceden nada, de silencios escandalosos, asimismo me parece que el respeto a aquellos que prefieren mantener las cosas tal como están, es también legítimo. Si aspiro a que me respeten como pienso, pues lo menos que puedo hacer es tolerar a aquellos que opten por la no-acción. Esto no quiere decir que aplauda esa actitud, pero prefiero que sea el Tiempo el que encuentre las soluciones a estas diferencias. Eso sí, insistiré en argumentar mis verdades, mis azoros.

Y justo porque cada vez desconfío más de esa tradición que parece depositar la solución de los problemas en reuniones que cada cierto tiempo se convocan con el fin de discutir las probables soluciones (en vez de buscarlas uno mismo), es que me he refugiado en el blog: prefiero la compañía de unos pocos amigos a los cuales les anima lo mismo, no obstante nuestras diferencias, al autoengaño de creer que podemos arreglar el mundo.

Tomando en cuenta lo anterior es que he decidido reducir considerablemente el número de personas a los cuales envío lo que aquí se publica. En primer lugar, porque no a todos le interesa el cine cubano (a veces, ni aunque se trabaje en una institución relacionada con el mismo). ¿Por qué invadir el correo de alguien al que no le despierta interés el debate del cine cubano (entendiendo por este al que se hace por compatriotas en cualquier parte del planeta)? Esta pregunta y posterior autocrítica me la hice el día en que advertí que para mí sería verdaderamente una tortura recibir a diario mensajes mesiánicos o anuncios comerciales no solicitados.

En este sentido, me parece que el blog puede funcionar mucho mejor como está operando ahora mismo: como un espacio donde un pequeño grupo de amigos o personas afines exponen voluntariamente sus ideas, sus desvelos, sus insatisfacciones, o incluso, sus discrepancias, sin que nadie le imponga su punto de vista a los otros, o existan descalificaciones personales, ni polarizaciones que impidan la colaboración intelectual. Aquí el cine es apenas un pretexto para en verdad ensayar lo que pudiera llegar a ser alguna vez una auténtica “cultura de la diferencia”. Incluso los que muestran fidelidad desde el silencio también están contribuyendo a ese, para mí, ansiado modo de convivencia.

Lo otro es la falta de tiempo, que cada vez me desestabiliza más. Por suerte ya el blog no es algo personal, y contamos con un buen número de colaboradores. Pero aún así, como rector del sitio, me es preciso leer cada envío, editar, corregir, darle cierta uniformidad de estilo a los textos. Y el blog es solo un hobby, pues nadie puede vivir de esto: la comida de la familia hay que buscarla de otro modo.

Hace un par de días Mario Crespo me hacía una sugerencia: tal vez encontrarnos los fines de semana. O cada tres días. También Víctor Fowler propone colgar textos teóricos (más bien fragmentos que inciten al debate) con el fin de que el blog no se paralice. Estaré pensando en estas ideas, o cualquier otra que me sugieran con el fin de que nuestro “tren de cercanías” no se nos pare en medio del desierto y la noche.

Juan Antonio García Borrero