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SEPULTADOS POR LA MEMORIA 21-10-2009 GTM 1 @ 14:58

jagb —

No deja de ser raro, muy raro, que los tres documentales coordinados por Jorge Luis Sánchez, a propósito de los cincuenta años de la fundación del ICAIC, apenas hayan sido comentados por la crítica especializada, o en sentido general, estudiosos de la cultura cubana.

Hay en esos tres materiales elementos atractivos sobre todo si se quiere pasar de ese lugar común que es la festividad por la festividad, para hacer de la efeméride un modo de mejorar el presente. El primero de los documentales se titula “Dentro de cincuenta años”, y aparecen allí cuatro jóvenes cineastas que hablan sobre la Animación, la Producción, el Público, y el Documental. El segundo se nombra “Nunca ha sido fácil la herejía”, y rememora, a través de la voz de cinco cineastas (incluyendo a Alfredo Guevara) algunos de esos eventos polémicos que han contribuido a concederle autoridad al ICAIC en la esfera pública. El tercero (“Salvador de Cojímar”) le rinde homenaje a Salvador Wood, uno de los actores más carismáticos del cine cubano.

En realidad, esto que suena “raro” (me refiero al silencio crítico alrededor de los documentales) en verdad me va pareciendo la regla, y no precisamente la excepción. Como no se trata exactamente de un panegírico de esos que ahora mismo saturan a la red, sino de una aproximación que intenta asomarse con espíritu opinante a la institución, a sus dinámicas, sus controversias y legados, supongo que muchos han preferido optar por el mutismo, que es el mejor modo de no meterse en conversaciones incómodas.

Los documentales me parecen muy recomendables. Jorge Luis Sánchez es un cineasta al que le gusta romper moldes. No solo desde el punto de vista conceptual, sino también formal. Basta recordar “Un pedazo de mí” o “El Fanguito” para saber que lo suyo no es la servidumbre ante la realidad; que antes lo que le desvela es inquietar a su espectador.

Esto no quiere decir que, ya en lo personal, no tenga un buen número de diferencias con varias de las interpretaciones que allí se brindan. En otro momento intentaré argumentar algunas de esas discrepancias (aunque parte de esas objeciones pueden rastrearse a lo largo de este blog).

Pero por el momento me interesa reflexionar sobre otro asunto. ¿Por qué siguen brillando por su ausencia entre críticos e historiadores los debates en torno a la historia del cine cubano?, ¿por qué se sigue apelando a un exceso de positivismo que apenas toma en cuenta “las versiones oficiales”, y descarta el contrapunto?

Es posible que otra vez alguien me diga que “la historia siempre la escriben los vencedores”. De acuerdo, pero podríamos ensayar en algún momento la búsqueda de un equilibrio donde “la voz de los vencidos” complemente ese discurso que permitiría obtener una idea un poco más integral de lo que ha sido la creación cinematográfica en sí, o lo que es lo mismo, la gestión cultural de esa institución. Esto quiere decir que para un historiador o estudioso que ambiciona entender lo sucedido en “el pasado” resulta imprescindible tomar en cuenta estos documentales producidos por el ICAIC, pero también el realizado en Francia por Ramón F. Suárez, por poner un ejemplo, sobre la llamada “década prodigiosa del cine cubano”, y que ofrece otras “versiones” del asunto.

De cualquier forma, no dejo de reconocer que poco a poco se van haciendo visibles las distintas partes que conforman este gran rompecabezas cultural. Y que hay además una voluntad de rescatar aquella “nostalgia por el futuro” que movilizaban a los cineastas fundacionales. Por eso, de los tres documentales, el que más me atrae es el que lleva por título “Dentro de cincuenta años”.

Por supuesto que esa suerte de voluntad de pronóstico tiene más de enunciado poético que de análisis racional. En realidad, ni siquiera sabemos qué va a pasar con el cine dentro de cinco años. Las incesantes revueltas tecnológicas apuntan hacia una imparable mutación tanto de los hábitos de producción como de consumo. Pero lo interesante de un título como ese es que, pese a que se inspira en el festejo de una efeméride (otra vez el pasado), le concede más peso a la voluntad de imaginar un futuro que a rendirle un culto paralizante a la memoria (a lo que ya ha sido).

Ya sé que esto que diré puede sonar polémico, pero en mi criterio cuando el peso de la memoria es tanto que no permite levantar vuelo a la imaginación, la Historia se convierte en algo hueco, donde solo caben aquellos que ya “la han vivido”. Al resto nos toca la peor parte, porque solo nos queda revivir, una y otra vez, esos mismos acontecimientos.

Juan Antonio García Borrero

JORGE PUCHEUX SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA 20-10-2009 GTM 1 @ 11:03

jagb —

A Lucas de la Guardia.
Por Jorge Pucheux.

Con la misma entrada del primer Norte en Playa del Carmen, durante la 4ta edición del “Festival de la Rivera Maya” donde me encontraba, llegó también, como una ráfaga de viento frío, la mala noticia del fallecimiento de nuestro querido amigo de siempre, Lucas de la Guardia.

Hoy a 2 días de su desaparición física siento la inmensa necesidad de dedicarle unas pequeñas letras. Lucas entró en nuestras vidas en los años finales a los cincuentas, como parte del grupo vocal LOS BUCANEROS, del cual era una de sus voces. Durante mucho tiempo, aún después del triunfo de la Revolución, continuó deleitando al público en esta agrupación, hasta que se incorpora al ICAIC en el año 1960 en el Departamento de Dibujos animados como editor especializado en esa actividad.

Durante todos estos años, casi 48, Lucas fue no solo el editor de todos los filmes de animaciones del Instituto, sino también compositor de muchas de las obras musicales que conformaron las bandas sonoras de cientos de películas de animaciones del ICAIC, amén de su participación también en la creación del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

En años buenos y en años difíciles, Lucas estuvo ahí, al frente de su actividad, sin faltar a un llamado, trabajando con directores como Jesús de Armas, Hernán Henríquez, Tulio Raggi, Mario Rivas y Juan Padrón. Su aporte al cine cubano de animación es indiscutible.

Sean estas pequeñas palabras, nuestro modesto pero profundo homenaje a Don Lucas, que mientras se sigan pasando sus filmes y se escuchen sus notas musicales, estará presente entre nosotros. Como creador y gran ser humano. ¡Hasta siempre amigo¡

PD: PEDRO VELÁZQUEZ SOBRE LUCAS DE LA GUARDIA

Conocí a Lucas de la Guardia por los comienzos 1968, cuando entré a trabajar en Dibujos Animados. Era yo muy joven y recién salido del Pre. Mi primer encuentro con él fue en el departamento de Línea y relleno a donde el pasó de casualidad. Me llamó la atención ese señor serio muy educado y con andar pausado. Me saludó y me dio la bienvenida. A partir de ahí Lucas y yo comenzamos una respetuosa amistad, que tiempo después y como buenos vecinos que fuimos, aumentó más. Digo vecinos porque mi cuarto de trabajo estaba frente al de edición donde el laboraba. Allí conversamos y el me explicaba los entresijos de la edición. Creo que como Pepe Reyes, Noel Lima, Paquito, Gisela, Hernán y muchos más, me hicieron comprender la belleza del dibujo animado y amar el cine en todas sus expresiones.

Lucas fue un hombre de firmes principios que en los momentos difíciles y en reuniones laborales, de gran intensidad, supo mantener su posición por encima del criterio prevaleciente en esa época. Creo que en una reunión, de la cual ni recuerdo la fecha, pero que si fue hace décadas, el mantuvo una postura viril y a pesar de las consecuencias que podría acarrearle su actitud, la mantuvo por encima de todo, dejándonos pasmados a la audiencia. Ese era Lucas de la Guardia.

Al marcharme yo de cuba, nos despedimos dándonos un fuerte apretón de manos que sellaba ese amistad de años y que además era el adiós, porque sabíamos que como a muchos, no volvería a ver.

Recordaremos a Lucas de la Guardia con afecto, respeto y sobre todo con aquella admiración que siempre tenemos hacia los que una manera u otra nos enseñaron el camino correcto a seguir.

Descanse en paz Lucas....como siempre todos le dijimos.

Pedro Velásquez

PD: Falleció en Marianao, el pasado sabado 17 de octubre.

RUDY MORA SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL” 19-10-2009 GTM 1 @ 12:24

jagb —

DESDE “LAS CERQUITAS”.
Por Rudy Mora.

Concluidos los debates teóricos del CARACOL UNEAC 2009, comienza el ciclo hacia los próximos en el 2010 como ha sucedido hace más de dos décadas y como se supone será en los próximos años, solo que las experiencias recientes deberán matizar la proyección futura del evento. En esta emisión no hubo instantes memorables en ningún sentido pero por la clara visión de sus organizadores se consiguió retornar a las premisas que dieron lugar su creación, traspasando la inmediatez que hacía habitualmente del encuentro una “reunión de reclamos” y consiguiendo de manera general un cierto nivel teórico sin que fuera posible evadir totalmente la clásica polémica institucional.

El CARACOL en su primera década y quizás un poco mas fue un espacio esperado, se recuerdan momentos donde el llamado “debate” llegó hasta el delirio, la entrega de premios constituía verdadera fiesta emotiva para los realizadores del país, prestigiaba ser ganador de un premio y había participación de artistas de otras manifestaciones, siendo estos y otros aspectos los que le otorgaban el tono y color particular. En la siguiente década hasta hoy el rumbo se extravió y la perdida de sus virtudes por razones vinculadas a la gran depresión que trajo el período especial condujo a la apatía, secuela que en esta ocasión volvió a dejar constancia evidente, diría que como se esperaba a pesar de los esfuerzos por encontrar un nuevo elemento movilizador.

Se evidenciaron que las CERQUITAS divisorias entre parcelas laborales ya no es solo una tendencia y que después de luchar para obtener el “pedacito” preservándolo en muchos casos, y garantizando el regreso a el en otros, no es posible que existan deseos ni interés de mirar un poco mas allá y menos de oír un tanto mas acá por que tampoco nada hace que sea necesario, siendo por esto que la poca participación, por no decir nula, de creadores con espacios y resultado puntuales, cineastas, especialistas y profesionales vinculados concretamente con la producción fuese un hecho, sustituidos en cada una de las secciones por interesados de instituciones relacionadas, varios académicos y personas con criterios, algún que otro diletante, pocos estudiantes, curiosos y no mas de 3 o 4 críticos legitimados, aunque en ocasiones se dejó ver algún realizador.

Es consenso que por las grandes dificultades materiales para hacer concretamente la TV del día a día, la de “de vez en cuando” la obra alternativa y la oficial en otras productoras, disminuya la importancia de las valoraciones conceptuales, de ahí que los monólogos también proliferen y la preocupación fundamental radica en acumular fuerzas para pelear por lo que cada cual considera imprescindible en su lugar, momento, quehacer y subsistencia. No obstante, aun existe otra minoría que tienen otras interrogantes que no siempre son lanzadas públicamente por temor a la subvaloración moviéndose los tópicos en un espectro amplio y aunque en tono bajo y casi siempre en forma de comentario se deja escuchar:

¿Es que ya no es posible un encuentro teórico que se concentre en temas artísticos excluyendo los pasajes cotidianos?... (Que tampoco son abordados en otro lugar, es cierto). ¿Es que la vieja ausencia de recursos, es incompatible con el intercambio inteligente de criterios?. ¿Es que los audiovisuales actuales y los programas de TV no necesitan pensarse a sí mismo?. ¿Es que después de lograr…. lo que se hace esta muy bien y no hace falta más?. ¿Para qué cambiar si no repercute en mi vida profesional y sin embargo me la complica?.. “Estamos mirando por un catalejo hacia martes”… parafraseando la canción de Buena Fe.

Para otros que también padecemos los mismos males pero que necesitamos la interacción, entre otras razones por la poca literatura actualizada sobre Comunicación y los Medios que se dispone, la muy esporádica o ninguna confrontación internacional y por el valor de escuchar, no interesándonos tanto la ¿propiedad de la plaza? si no la prosperidad y el acceso a ella, el intercambio como en la comunidad primitiva… (ej.; Te ofrezco un dato a cambio de un artículo encontrado) tiene mucho sentido, por ende el evento debe renacer y consolidarse.

Sigue siendo complejo saber, y en las actuales circunstancias mucho mas, si hay que aplaudir o no la no existencia en la TVC de un indicador de rendimientos y resultados solo comprometido con la creación en toda su dimensión, la calidad y funcionalidad, ese sería un punto y aparte, sin embargo resulta fácil entender que por esa indefinición los objetivos personales se dividen en dos bandos y que la mayoría prefiere preservar, por lo que el CARACOL teniendo en cuenta esto y lo que debe suceder al respecto en tiempos cercanos, debe consolidar su estrategia contribuyendo mas que nunca a lo contrario.

Conseguir un mayor interés en el debate artístico y cultural que es el que justifica la permanencia útil del foro CARACOL es un objetivo, y seguir distinguiendo los paneles con la participación de artistas de cualquier edad con resultados no solo en la TV, académicos y teóricos de las Artes, los Medios y las Ciencias Sociales, volver a involucrar a los creadores y directivos no para enfrentar si no para intercambiar, todos dispuestos a ejercitar el pensamiento colectivo (como se logró en alguna medida) es otro objetivo y requiere de mas ideas y fundamentos, no obstante creo posible el viraje debiendo ser estos enunciados las próximas conquistas, aunque es justo decir que para lograrlo ya se han y se están dando pasos y entre nosotros, mejor, entre los que les interese la propuesta pertenezcan a la UNEAC, a cualquier lugar o sin lugar está el apoyo y la colaboración que se necesita.

Rudy Mora.

FÉLIX SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL TEXTO DE IÁN PADRÓN 19-10-2009 GTM 1 @ 12:02

jagb —

MI REINO POR UN CARTUCHO MÁS....
(A los lectores de la carta abierta a Julia Osendi)

“¡No siempre han de ser inútiles la honradez y el valor!”
JOSÉ MARTÍ

Compañeros, colegas, cubanos:

No he recibido hasta hoy respuesta alguna de Julia Osendi, ni de ninguna institución que haya estado detrás de la censura al jonrón de Kendry Morales, pero sí muchos mensajes de amigos y de gente que sencillamente ha querido transmitirme su solidaridad, agradecerme el bien que puede hacer una reflexión así a la patria, a nuestro futuro. Otros, aunque no me han escrito, sé que han sentido y expresado su respaldo a estas palabras. A todos debo gratitud, esos actos compensan con creces todos los sinsabores del silencio.

Cuando uno da un paso así, sabiendo o imaginando los riesgos —de una tendenciosa interpretación, de la ira que puede despertarse en los cuestionados—, lo hace sacrificando su instinto de conservación, casi acopiando, acumulando en una dirección única, esos gramos de valor que todos más o menos llevamos dentro y que las causas nobles nos ayudan a agrupar. No se trata de un valor excepcional ni mucho menos, es el mismo del que en una asamblea levantó su mano contra la corriente, del que sabiéndose en desventaja optó por hacer lo correcto en un momento de la vida.

Mi carta abierta podía decir más. Claro, lo sé. Solo un tonto creería otra cosa. Una carta no es un manifiesto. Pero entiendo que los que te agradecen ese acto, recordando a Martí en su sentencia sobre los desagradecidos y las manchas del sol, se fijan, no en las ausencias, sino en el poco de luz de esas palabras, en lo que se dijo y no en lo que se dejó de decir. Cuando alguien tiene sed y le tiendes medio vaso de agua, lo justo, lo moral, es que recuerde que le diste un vaso medio lleno de agua y no un vaso medio vacío.

Por esto que les he dicho antes, me ha resultado realmente “simpático” algo que he leído en el blog del importante crítico de cine Juan Antonio García, días atrás, un artículo de la autoría del joven realizador cinematográfico Ián Padrón, que él tituló “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, en cuya introducción, verdaderamente como de pasada, calentando el brazo, se refiere a la carta abierta y cierra su referencia —luego de atenuar la participación de Julia Osendi con cierta filosofía de que “maldad de muchos, culpa de nadie”— con estas palabras, donde el reconocimiento a la honestidad funciona solo como analgésico para el mazazo final:

Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre”.

No he escrito “simpático” por error, es que tras darle muchas vueltas a la conclusión del joven cineasta, no he encontrado otro adjetivo mejor. Tanta gente a la que ha faltado valor para defender la verdad en la historia de nuestras censuras deportivas, incluso no pocos probablemente en este caso específico de Kendry, y el joven cineasta elige para herir, disminuir en su orgullo, precisamente al que se ha atrevido a denunciar lo ocurrido y lanzar la denuncia a los cuatro vientos.

Confieso que, tras un primer momento de desconcierto, pensé responder a esta parcialidad, a este insulto, de un modo más enérgico, escribí algunas cosas que Ián Padrón merecía escuchar acerca de la tradición que existe en la ética (y también en la dramaturgia del cine), y que exige que si irrumpo y digo que te faltó valor para algo, seguidamente me atreva a ese algo, so pena de resultar un villano o un bufón. Pero al final me pareció excesivo todo, un derroche de pólvora, y me confié a las útiles lecciones de la historia.

Seguramente Ián Padrón conoce bien la anécdota de nuestras guerras independentistas, cuando un capitán se negó a cumplir la orden personal del Generalísimo de tomar un fuerte con tres cartuchos por hombre. Para el capitán era una locura intentar la toma del fuerte con ese parque. El Generalísimo obvió sancionar a su subordinado diciéndole cobarde o algo similar (ningún mambí pusilánime llegaba a capitán). Como hacen los héroes, y Máximo Gómez sí lo era, cuestionó el valor de su oficial de otro modo, se colocó ante la tropa, les dijo a los soldados que entregara cada uno dos de los tres cartuchos que tenía, y partió al frente de ellos a tomar con apenas un cartucho por fusil el fuerte español. Y lo tomó.

Yo creo finalmente que sí, que me faltó mucho valor en esa carta. Mi valor no es muy grande, y menos infinito. En mis veinticinco años de servicio en las FAR hice lo posible porque estuviera a la altura del deber, de cada circunstancia, pero nunca logré que creciera tanto como para vanagloriarme hoy de él. Nunca me propondría para kamikaze con una sonrisa de desafío a la muerte en los labios. He corrido muchas veces en mi vida y no puedo jurar que no lo haré otras tantas. Sé lo que es el susto, el temor, y la cautela, y muchas veces he callado y después me he enojado con esa victoria de mi prudencia. Pero nunca esperé que alguien, por su aval de un documental sobre la pelota, un documental valioso, humano, un buen documental, pero donde no menciona ni causas ni nombres de nada, y que se dice tan preocupado por la pelota cubana, leyera mi carta y se propusiera reparar únicamente en la supuesta mancha solar, en el vaso medio vacío, como los desagradecidos. ¿Ya antes habrá acusado Ián Padrón públicamente a alguien, así sin rodeos, por falta de valor para algo? ¿Lo hizo en aquellos días de censura de su documental? ¿Estrena acaso su etapa de radicalismo conmigo? ¿Me ha concedido el mérito de ser diana inaugural de tan virtuosa saeta?

Como el joven realizador achaca lo que yo no digo, mi “faltante”, a un problema de insuficiente valor y no desconocimiento, se nos presenta incluso como adivino. Sí señor, allá, a cuatrocientos sesenta kilómetros de Ciego de Ávila, sin haber intercambiado jamás una palabra conmigo, Ián Padrón sabe lo que yo sé y lo que me callo. ¿Desaprovecharán a partir de hoy los abnegados oficiales de Día y noche esta singular facultad suya?

Lo esperanzador es saber que, si el joven realizador dice que yo no llamé las cosas por su nombre, está pregonando a la misma vez que él sí sabe esas otras cosas, ese complemento silenciado por mí, y, por supuesto, cuáles son sus nombres (y apellidos) verdaderos. Con la misma fuerza con que blasona esto, me imagino que ha de sentir la responsabilidad pública de administrar esta riqueza informativa que posee y ostenta. ¿Debe esperarse mucho para que esta responsabilidad halle curso más útil que un infeliz y simpático anatema contra mí?

Yo me hice algunas preguntas en la carta que parece que para él, muy cercano a los medios, a la capital de todos los cubanos, y en particular a Julia Osendi, no son necesarias. Si él no necesita las respuestas a estas preguntas, porque sabe los nombres reales de las cosas, me lleva gran ventaja, está en condiciones, con su valor (que espero no resulte inferior al del Gómez de la anécdota, asumiendo yo el papel del aleccionado capitán), de contribuir a la continuidad y profundidad de la polémica. Solo nos queda esperar, pues, que suene la claqueta y se reanude la filmación. ¿Quizás Ián está pidiendo que otros se pongan, junto con él, o por él, valientemente, la chamarra de Industriales, y salgan al combate? Me gustaría que este itinerario en busca de la verdad y los responsables de la censura, no terminara causando apenas un embotellamiento fotogénico en las puertas de un estudio del ICRT.

Aguardo, les digo, porque no creerá Ián Padrón que la sublime lección suya de cómo llamar a las cosas por su nombre esté en su documental, en su carta de protesta, en el propio texto “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, este último un listado de preocupaciones y propuestas, sin un cuestionamiento revolucionador, una duda, una objeción, sin causas ni responsables, auténtico ejemplo del discurso fiel a los límites, donde no hay un solo porqué. Se trata de un documento-programa muy propio de un buen amante del béisbol, que la burocracia leerá siempre con satisfacción, pero lejano de esa agudeza, ese saber ver lo esencial tras lo aparente, que uno esperaría de una gente de cine, arte que siempre ha nucleado —y recuerdo aquellas polémicas de los 60— a verdaderos paradigmas de nuestro pensamiento cultural. No, seguramente habrá otro texto (otro fuerte español tomado) de Ián Padrón, un documento sí radical, repleto de cosas bien llamadas por su nombre, y donde, por supuesto, su valor cumplirá con las expectativas de exceder en no menos de dos pulgadas la nimia estatura del mío.

Les debía estas palabras a todos. Me siento mejor. Gracias a los que han reconocido la utilidad de la carta abierta, y me han perdonado mi escala humana, sin exigirme la virilidad de un gladiador romano.

Gracias también a Ián Padrón, cómo no. Soy escritor, tengo nombre, como todo ser humano (aunque para el joven realizador soy solo “aquel que la carta escribe”), y he descubierto ya, en mi más de medio siglo de trajinar con la vida y con los libros, que mientras más conozco a algunos de mis contemporáneos mejor entiendo a muchos personajes de la literatura, desde Alonso Quijano hasta Julien Sorel.

Un abrazo fraterno,

Félix Sánchez
Ciego de Ávila, 18 de octubre de 2009

EN MEMORIA DE ALBERTO SÁNCHEZ 18-10-2009 GTM 1 @ 16:14

jagb —

Me entero tarde del fallecimiento de Alberto Sánchez. Lo conocí en Huesca, un lugar que tiene para mí un valor afectivo tremendo. Era uno de los directivos del Festival de Cine que se celebra allí todos los años. Cierto que no compartí con él el privilegio de la amistad que me concedió Pepe Escriche, o que aún comparto con Lázaro Venereo o Ángel Garcés (no obstante los silencios prolongados), pero evoco con verdadero placer sus conversaciones llenas de referencias cinéfilas. También agradezco que haya sido el que me presentara a ese gran crítico (y excelente persona) que es Francisco Javier Millán. No digo nada más: solo dejo testimonio de cuánto nos puede afectar la noticia de que alguien que has conocido, aunque no seamos exactamente “amigos”, de pronto deja de existir.

Juan Antonio García Borrero

REYNALDO GONZÁLEZ SOBRE LA CRÍTICA 17-10-2009 GTM 1 @ 22:51

jagb —

SOBRE CINE, MELONES O SANDALIAS
Por Reynaldo González

Querido Juani:

Me ha picado el asunto de la crítica de cine (o de cualquier asunto) en la televisión (o en cualquier otro medio), porque entre nosotros la cuestión de la crítica se ha convertido, inobjetablemente, en un «asunto crítico». Pero le dan una altisonancia inmedible y, de paso, impagable. Como la vieja recurrencia idiomática de llamar «momento crucial» a cada punto en la historia, en los negocios, en la vida. La expresión padeció la reiteración, la dejadez y ya todo era crucial. El gran burlón que fue Borges, para herir la retórica del habla hueca si quiere parecer solemne, en una entrevista y por un motivo baladí, soltó una perla. «Este es un momento crucial, como todos los anteriores.» Y algo así pasa con la crítica: debería ser espontánea, dispuesta a saltar ante la más leve motivación, pero se nos ha convertido en un ritual desacostumbrado, por eso la rodean de ritualidades. En el asunto de la crítica de cine hablamos de aromáticas presencias y de sublimadas ausencias, pero, como se dice ahora, «ese no es el punto». El punto es el saludable hábito de la crítica, que el raciocinio despierto la imponga porque la siente como necesidad. La crítica ya sale dañada si nace convocada. Si para que se mueva el pensamiento inconforme –y la inconformidad es connatural a la crítica– le hiciera falta una convocatoria, es que tenemos el meollo adormilado, dependiente de reclamos exteriores, ordenanzas o como quiera llamárseles. Lo que se ha perdido es la actitud crítica. Ya sea sobre cine, melones o sandalias. Paulatinamente la crítica fue sustituida por una amorfa aceptación, una obsecuencia que también acude para hablar de cine, melones o sandalias.

Contrario a la reflexión crítica, abunda la información relamida sobre algunos asuntos. Quizás hallemos el momento en que empezó a declinar. Las convocatorias llegaban custodiadas por autorizaciones. Ya no sólo qué se criticaba sino quién lo hacía. Terminó confundido el oficio de propagandista –válido y necesario– con el de supuesto crítico «autorizado», la proposición a ver una película quedó en un énfasis de pretensión analítica, forma untuosa que la inadvertencia toma como ejercicio del criterio, retórica que pide préstamos al lenguaje teórico, a la cuantificación, a la adjetivación aparentemente definitoria –este importante director, esta importante producción...– para concluir en una papilla masajante y no informativa. Es un lenguaje ampuloso, con tres palabras vacuas donde cabría solamente una, si fuera inteligente. Con esas paparruchadas eso inefable que llaman «comunicador» gana categoría de crítico. Has mencionado a colegas que cumplen su cometido con eficacia y salvan el oficio, pero abundan los otros y uno se pregunta si no pudiéramos ver el cine, nomás, sin introitos que desprecian la inteligencia común. Recibimos un parloteo de «enterados» que a su vez padecen y hacen padecer ese aparato ortopédico llamado teleprompter, porque el pecado lo cometieron al hilvanar en lenguaje macarrónico lo que luego debían leer ante la cámara, amparados en no sé qué convencimiento de que la legibilidad estorba. Me pregunto si se requieren más espacios sobre cine o mejor aprovechamiento de los existentes. Eso pasa también con otras disciplinas. Se impondría dar la voz a quien la sabe usar, a quien tiene algo que decir.

En varias ocasiones, y en tus libros, trataste el monopolio icáico, la imposición de una historia del cine desde y para el ICAIC, en desatención de otras producciones. Eso ocurrió, pero desarrolló su estela. Después vinieron interesados olvidos, obvios silenciamientos. La vida ha quebrado aquel monopolio y su autoridad, que no fue sino una infundada imposición mesiánica. En los primeros tiempos los aspirantes a realizadores «documentaban» el cine siguiendo pautas de la oficina que les pagaba. Por mucho tiempo dijeron qué se debía pensar sobre el cine cubano, incluso establecieron un reconocible «lenguaje ICAIC». El tiempo pasó. Y pasaron insoslayables quebraderos de cabezas. Ahora, ante una crisis que no es solamente de recursos, sino de talento, cuando varias películas parecen salidas de un mismo troquel, entregas de una saga acogida a la comedia –«comedietas» me permití llamarlas–, téngase o no sentido del humor y a veces sin la más elemental capacidad para narrar historias, al panorama fílmico acuden sorpresas desde otras orillas, acogidas a las nuevas tecnologías, a veces heroicas producciones familiares. Más que sorpresas deberían tenerse como aleccionadores estremecimientos. La «industria» se resigna a un padrinazgo tardío, o busca talentos fuera del elenco archiconocido, demasiado agotado. Puede ser una solución sabia.

Y en medio de todo están los avatares de una «crítica» que pocas veces habla de esos pormenores, incapaz de lecturas cruzadas y de investigaciones que calcen sus afirmaciones. Si algo necesitan los espectadores capaces que constituyen el público cubano no es la sobredosis de recitativos que le endilgan a las películas –muy pocas veces sobre cine, sobre el arte, sino siguiendo la vieja receta del contenidismo como tábula rasa–; le sobran las pasiones palabreras que afirman o niegan. En tu comentario trazas un panorama de posibles confrontaciones entre personas capacitadas, a algunos citas por sus nombres, frente a un panorama que las desechó. Hoy los enlatados nos introducen en los estudios hollywoodenses, conocemos sus talentos y los pormenores de sus filmes, pero no se discute el destino de nuestra vida cinematográfica, sus actores, la manera en que se forman, las contradicciones que afrontan, las posibilidades que tienen y el éxodo del talento, joven o viejo, que es una palpitante realidad. La información puede y debe ser crítica, sin temor a no coincidir en lo correctamente político trasladado al terreno de la creación artística. Sabemos que ese dilema sobrepasa el cine, su solución no está en las manos de los críticos y cronistas cinematográficos. Pero debo pensar que sí está en el terreno en que se desenvuelven. Allí el debate fraudulento puede ser debate verdadero, sin conclusiones previas, sin slogans, sin la obligatoriedad del canto como un diezmo. Quizás así aprenderemos de cine, a la espera de saber también sobre melones y sandalias.

OTROS CUATROCIENTOS GOLPES 17-10-2009 GTM 1 @ 13:07

jagb —

No he podido resistir la tentación de comentar brevemente algunas de las ideas expuestas por Gustavo Arcos en su motivadora reflexión acerca de la crítica del audiovisual en nuestros medios.

Este es un asunto que para nada es nuevo. De hecho, el “Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica” celebrado en Camagüey en 1993, surgió justo porque nos interesaba hablar sobre el estado de salud de la crítica en la isla. En esa cita se dijeron cosas bien interesantes. Y en la clausura se anunció que se crearía la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica”, algo que finalmente se hizo realidad dos meses después. Sería bueno que algún día pudiéramos evaluar con mesura el saldo que ha dejado todo este tiempo transcurrido: ¿ha crecido la crítica de cine en Cuba en ese período?

Como no me gustan los extremos, soy de los que pienso que sí han existido acciones positivas. Por otro lado, admito que hay en el país un grupo de críticos que están haciendo un trabajo excepcional. Luciano Castillo con su “De cierta manera”. Rufo Caballero con sus intervenciones a propósito del audiovisual, que incluye al cine. O Rolando Pérez Betancourt con esas propuestas de “La séptima puerta”, que al menos yo, trato de no perderme ninguna. Estoy mencionado apenas algunos. Ahora, ¿basta la existencia de una cierta cantidad de buenos críticos para hablar de consolidación de una “Crítica” nacional?

Mi criterio es que eso es un espejismo. Como es engañoso el hecho, comentado por Gustavo Arcos en su post, de que a mayor número de espacios para escribir o hablar, se enriquece la Crítica. ¿Se acuerdan de aquel sarcasmo de Bruce Springsteen a propósito de ese infinito número de televisoras que no dicen nada?: “54 canales y nada dentro”, soltó “el Boss” con invicta ironía, y algo de eso nos pudieran reprochar a nosotros también: “54 críticos y siempre lo mismo con lo mismo”.

Para empezar, la crítica de cine en Cuba tiene en su contra que no dialoga entre sí. Cada intervención pública parece un unipersonal, una suerte de monólogo donde el crítico representa un personaje bastante alejado de la realidad, y de los otros. Y el divorcio entre el personaje y la realidad se hace evidente porque mientras esta última es dinámica, el crítico se empeña en conservar una “identidad” que no es otra cosa que fórmula que aspira a jugar al seguro.

Por otro lado, está el escaso interés de esa “Crítica” en adentrarse en densidades que puedan resultar polémicas. Pondré un ejemplo (aún cuando sea demasiado cercano) que nos ilustra sobre ese déficit: mientras que desde Francia la investigadora Laurence Mullaly nos comenta que utiliza algunos de los post que aparecen en este blog para invitar a sus alumnos al debate colectivo, en Cuba la “Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica” (por poner un ejemplo) participa de esa campaña de “invisibilización” a través de la cual determinadas polémicas protagonizadas en el sitio (sobre el audiovisual joven, sobre la mujer en el cine cubano, sobre el pensamiento relacionado con el cine, sobre los nuevos oficios, etc), apenas trasciende el marco de aquellos que acceden al blog o reciben la información. Aquí va mi pregunta: ¿cuántos miembros de la Asociación (no importa que vivan en La Habana o Guantánamo) no hubiesen podido aportar criterios, y enriquecer las discusiones si la directiva de la Asociación hubiese distribuido entre sus miembros esas polémicas relacionadas, no con Hollywood y sucedáneos, sino con el cine cubano?

Ante tanta inercia, suelo soñar con un programa televisivo donde, antes de presentar una película, tres o cuatro críticos expongan sus puntos de vistas con toda la pasión que uno espera. ¿Se imaginan a Enrique Colina polemizando todas las semanas en vivo con Rufo Caballero? ¿O a Gustavo Arcos con Víctor Fowler? ¿O a Luciano Castillo con Rolando Pérez Betancourt o Joel del Río? Y nada de grabaciones: todo en vivo.

Ese programa, y como un homenaje al Truffaut que todos admiramos, pudiera llamarse “Los cuatrocientos golpes”.

Juan Antonio García Borrero

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR 16-10-2009 GTM 1 @ 17:12

jagb —

“LOS DIOSES ROTOS” BUSCA UNA CANDIDATURA A LOS OSCAR
La cinta de Ernesto Daranas representará a la Isla en la categoría de mejor película extranjera.
Agencias | 16/10/2009

La película “Los dioses rotos”, del realizador Ernesto Daranas, ha sido elegida para competir por la Isla a las candidaturas de los Oscar a la mejor película extranjera, según anunció una fuente oficial, reportó EFE.

La película retoma la historia de un famoso proxeneta de La Habana a principios del siglo XX sobre la que una profesora realiza una investigación para una tesis universitaria con el interés de demostrar la vigencia del personaje.

Rosa María Rovira, funcionaria de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), dijo que la copia de la película ya fue enviada a los organizadores de los premios Oscar.

“Los dioses rotos” fue estrenado en el XXX Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, donde recibió los premios del público y de la crítica cinematográfica.

La cinta está protagonizada por los actores Silvia Águila, Ana Bú, Carlos Ever Fonseca, Héctor Noas e Isabel Santos.

La cinta de Daranas fue seleccionada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica como la mejor película cubana de 2008 y ha sido galardonada en varios festivales.

También, esta semana, el Providence Latin American Film Festival (PLAFF 2009), de Estados Unidos, le otorgó los premios a la dirección de arte y a la banda sonora.

PD: Sobre LOS DIOSES ROTOS puede leerse en este blog aquí y aquí.

PARA LOS ADICTOS AL INSOMNIO 16-10-2009 GTM 1 @ 14:04

jagb —

Ante todo quisiera agradecer los hermosos mensajes que han dejado a propósito del post CERCANIAS. De paso me gustaría comentar algo. Algunas personas se han quejado, cariñosamente, de que no les llega como antes los diversos post que se cuelgan en el blog. Sé que esto que argumentaré a continuación contradice el espíritu de aquello que con tanto entusiasmo proponíamos en BLOGMAIL, pero uno es sucesivo: todos los días se aprende.

En realidad, si bien todavía creo que las nuevas tecnologías pueden contribuir a oxigenar esta sombría atmósfera saturada de monotonías viscosas, de lugares comunes que paralizan, de retóricas ampulosas que prometen y nunca conceden nada, de silencios escandalosos, asimismo me parece que el respeto a aquellos que prefieren mantener las cosas tal como están, es también legítimo. Si aspiro a que me respeten como pienso, pues lo menos que puedo hacer es tolerar a aquellos que opten por la no-acción. Esto no quiere decir que aplauda esa actitud, pero prefiero que sea el Tiempo el que encuentre las soluciones a estas diferencias. Eso sí, insistiré en argumentar mis verdades, mis azoros.

Y justo porque cada vez desconfío más de esa tradición que parece depositar la solución de los problemas en reuniones que cada cierto tiempo se convocan con el fin de discutir las probables soluciones (en vez de buscarlas uno mismo), es que me he refugiado en el blog: prefiero la compañía de unos pocos amigos a los cuales les anima lo mismo, no obstante nuestras diferencias, al autoengaño de creer que podemos arreglar el mundo.

Tomando en cuenta lo anterior es que he decidido reducir considerablemente el número de personas a los cuales envío lo que aquí se publica. En primer lugar, porque no a todos le interesa el cine cubano (a veces, ni aunque se trabaje en una institución relacionada con el mismo). ¿Por qué invadir el correo de alguien al que no le despierta interés el debate del cine cubano (entendiendo por este al que se hace por compatriotas en cualquier parte del planeta)? Esta pregunta y posterior autocrítica me la hice el día en que advertí que para mí sería verdaderamente una tortura recibir a diario mensajes mesiánicos o anuncios comerciales no solicitados.

En este sentido, me parece que el blog puede funcionar mucho mejor como está operando ahora mismo: como un espacio donde un pequeño grupo de amigos o personas afines exponen voluntariamente sus ideas, sus desvelos, sus insatisfacciones, o incluso, sus discrepancias, sin que nadie le imponga su punto de vista a los otros, o existan descalificaciones personales, ni polarizaciones que impidan la colaboración intelectual. Aquí el cine es apenas un pretexto para en verdad ensayar lo que pudiera llegar a ser alguna vez una auténtica “cultura de la diferencia”. Incluso los que muestran fidelidad desde el silencio también están contribuyendo a ese, para mí, ansiado modo de convivencia.

Lo otro es la falta de tiempo, que cada vez me desestabiliza más. Por suerte ya el blog no es algo personal, y contamos con un buen número de colaboradores. Pero aún así, como rector del sitio, me es preciso leer cada envío, editar, corregir, darle cierta uniformidad de estilo a los textos. Y el blog es solo un hobby, pues nadie puede vivir de esto: la comida de la familia hay que buscarla de otro modo.

Hace un par de días Mario Crespo me hacía una sugerencia: tal vez encontrarnos los fines de semana. O cada tres días. También Víctor Fowler propone colgar textos teóricos (más bien fragmentos que inciten al debate) con el fin de que el blog no se paralice. Estaré pensando en estas ideas, o cualquier otra que me sugieran con el fin de que nuestro “tren de cercanías” no se nos pare en medio del desierto y la noche.

Juan Antonio García Borrero

GUSTAVO ARCOS SOBRE LA TELEVISIÓN DEL FUTURO 16-10-2009 GTM 1 @ 11:37

jagb —

¿TELEVISIÓN DEL FUTURO?

Una vez más las preguntas estaban sobre la mesa de discusión en este XXI Caracol de la UNEAC: ¿Qué televisión quisiéramos tener? ¿Cuál es la que podemos hacer? Y aunque no hay gurúes, ni brujos entre nosotros, me gustaría compartir algunas ideas “humanas” que tal vez pudieran desbrozar el camino.

El propio hecho de pensar en la TV del futuro y entiéndase que no se trata del siglo XXII, implica una actitud positiva, una voluntad de transformación y movimiento. Esa posición, para que no sea un gesto o salto al vacío, tampoco demagogia, tiene que ir acompañada de acciones concretas y la disposición de afrontar riesgos como única forma de salir adelante. Si hay que cambiar, revisar o dinamitar lo que existe, hay que simplemente hacerlo de una vez y no darle más vueltas al asunto, porque en eso llevamos al menos un par de décadas.
Aunque para todo el mundo está claro que la Cuba de hoy es bien diferente a la de los 60 o incluso 90, chocamos constantemente con personas que parecen congeladas en el tiempo, mirando o añorando siempre un pasado que jamás volverá. Los castillos en el aire son hermosos para los cuentos de hadas pero la vida, ya se sabe, es otra cosa. Lo hecho, hecho está y el pasado nadie podrá cambiarlo así que miremos lo que tenemos para tratar de seguir adelante.

Primera certeza: si de verdad se quiere cambiar el estado actual de las cosas en nuestros medios, hay que darles mayor autonomía, y no digo total porque estaría hablando de otro país. Significa que sus directivos son los que tienen que tomar las decisiones artísticas, es en el marco de los creadores y técnicos donde se deben trazar las estrategias, los diseños de programaciones, encauzar los presupuestos y delimitar las funciones de cada redacción, canal, equipo o grupo de trabajo. Dialogar, consensuar, escuchar y no imponer. La autonomía significa también, o sobre todo, Responsabilidad.

No hay que ser ingenuos, pues sabemos que hasta el día de hoy todos los Medios están controlados o supeditados por el aparato ideológico del Partido quien de alguna forma es el verdadero dueño del negocio. Partido y Estado que están aquí, indisolublemente unidos, cuestión que no viene al caso tratar ahora. Pero si el Partido representa los intereses del pueblo, y de hecho existe porque así lo quiere el pueblo, entonces tiene, y no debe, que responder dialécticamente a sus demandas. Significa, no dejar para las calendas griegas algo que resulta, clamor popular.

El discurso tiene que ir acompañado de acciones porque si no las palabras se las lleva el viento y la primera acción sería justamente dejar en manos de los artistas y creadores, a la televisión. ¿Qué puede haber contradicciones entre los intereses del Estado y el de los artistas? Desde luego, siempre las ha habido, hay y habrá. Bien, de lo que se trata es de ser coherentes, de encontrar, gracias a las diferencias, el lugar de confluencias y eso solo puede lograrse a través del diálogo y la creación de un sistema que trabaje de forma transversal y no vertical. La UNEAC, las instituciones culturales y los centros de investigaciones sociales pueden y deben jugar un papel esencial en verificar desde sus experiencias, prestigio y contacto directo con la gente, el grado de fidelidad y respeto a los valores culturales de la nación, representados, tratados o visualizados a través de nuestros medios audiovisuales. Entiendo por fidelidad la cualidad de ser fiel a algo que me permita al mismo tiempo discutir y poner a prueba. Una fidelidad sin interrogantes, deja de serlo, se convierte en perversión, dogma y fanatismo.

Resumiendo, no le corresponde al Partido, ni a un individuo que hable en su nombre, ni a un grupo de “sabios” de oficina, que además no saben de arte, ni de medios, ni de comunicación, definir lo que debe hacer nuestra televisión o radio, mucho menos que programas, series, temas musicales, filmes, espectáculos deportivos, infantiles, didácticos o informativos deben trasmitirse y cuáles no.

En segundo lugar, la televisión tiene que respetar a sus mejores artistas y técnicos. Esto redunda, en buscar la forma (y hay muchas) de incentivar, legitimar, atraer el verdadero talento. Si un creador tiene éxito, si su obra presenta valores estéticos notables, si encamina sus energías a la experimentación y la búsqueda en el campo del arte o la comunicación, tiene que sentir recompensados sus esfuerzos. No puede haber igualitarismo, ni homogeneidad salarial donde una vez categorizados, todos reciben el mismo salario sin valorar el resultado de la obra. Desde pequeños hemos escuchado mas como una letanía, que como un principio, que a cada cual según su capacidad. Bueno ya estamos bastante grandes y creo que es hora de aplicarlo. El paternalismo y el subempleo nos han costado muy caros. Si se quiere rediseñar la televisión, ahí tienen un punto por dónde empezar.

No separado de lo anterior, está el tema de reestructurar la institución, ponerla de frente al mundo, de cara a las dinámicas contemporáneas en materia de signos estéticos y artísticos. Por supuesto que tal cosa no puede llevarse a cabo con la pantagruélica plantilla que tiene hoy en día. Dice un axioma que el mejor criterio de la verdad es la práctica. Hemos tenido la saludable experiencia del Canal Habana con su programación territorial de mostrada eficacia. ¿Quiénes integran esencialmente el equipo del canal? Un grupo reducido de jóvenes que le ha ido imponiendo su sello de frescura, espontaneidad y al mismo tiempo rigor. El canal tiene una imagen gráfica que lo identifica, un trabajo coherente de materiales promocionales y spots, un diseño atractivo y una relación de programas de todos tipos y géneros de gran valía. ¡Hasta la pelota se trasmite de forma diferente! ¿Cuál ha sido su principal baza? La libertad creativa, para lograr un sentido de pertenencia al sitio de todos sus integrantes, que ojalá logre mantenerse por mucho tiempo. Y no se trata de un fenómeno reciente pues no debemos olvidar el provechoso cambio que significó hace más de diez años, la aparición a mediados de los 90, de una nueva generación de periodistas que conformaron la programación de lo que era entonces conocido, como CHTV. Los ejemplos no hay que buscarlos fuera están bien cerca.
Una realidad se viene imponiendo en el mundo audiovisual y esa es, la fragmentación y atomización del trabajo artístico, ahora mucho más independiente. Las posibilidades que las nuevas tecnologías brindan a todos, permite que los medios que antes se concentraban en los grandes centros o industrias productoras ahora estén al alcance de muchos. Un creador o especialista no necesita trabajar dentro de la industria para vivir. Siendo realistas, la mayor parte de ellos hace su trabajo oficial, pero vive “por la izquierda”, es decir pueden pertenecer al ICAIC, la Tv nacional o alguna otra entidad, pero esto no implica mejoras a su calidad de vida o estatus social cosa que alcanzan, alquilando a otros sus servicios.

El trabajo independiente en la esfera audiovisual es un fenómeno relativamente nuevo en nuestro contexto, revelando nuevas formas de producción y singulares relaciones contractuales que han puesto en jaque tanto a los centros productores como al cuerpo de leyes preexistentes sobre derechos a la propiedad intelectual asunto que por cierto, ha estado en plena y calurosa discusión durante los últimos meses. Una señal de cómo se ha invertido el proceso y muestra la precariedad de la industria es que muchas veces ésta, tiene que alquilar los equipos de sonido o cámara a los propios creadores independientes pues ella no dispone de estos. En definitiva no resulta descabellado pensar en una Tv de personal limitado, donde prime y se valore realmente el talento, que diseñe una plataforma funcional y abierta a la diversidad de experiencias o géneros y realizada en buena medida gracias al servicio contratado, de pequeños grupos de creación artística independientes. ¿Será que toda la vida es sueño?

Si se quiere una televisión eficaz, dinámica y a la altura de las demandas de su época hay que actuar justamente, en correspondencia con lo que te dicta la vida y no a contrapelo de ella, pensando que se trata de fenómenos pasajeros o circunstanciales.

Todos los años escuchamos decir que no hay dinero, ni recursos suficientes para emprender los cambios que demandan la población o los especialistas. Cierto, que hay escaso financiamiento, pero es falso que ese sea el justificante. Si así fuera por qué hay tantos programas en la radio y tv que derrochan el dinero o el presupuesto del Estado sin que tengan ningún sentido más que el de satisfacer dudosas políticas en la esfera ideológica. ¿Por qué hay dinero para sacar al aire espacios que pocos ven, plagados de errores conceptuales y burdas manipulaciones que además se repiten sistemáticamente sin que tengan verdadera audiencia? ¿Cuántos espectadores siguen las tediosas clases por TV que son además retransmitidas o situadas en horarios del prime time? ¿Por qué hay tantas personas, conductores, periodistas o supuestos especialistas que perciben un salario por ser mediocres, retóricos y sobre todo aburridos? ¿Por qué una y otra vez se llenan huecos con documentales de lagartijitas, competencias de Fórmula 1 y patinaje sobre hielo, novelas pasadas de moda y reposiciones de la Mesa Redonda? ¿A cuántos puede interesarle el pormenorizado reporte informativo, que sigue el rumbo de un mandatario visitante por toda la ciudad, nota periodística que hace incluso alterar la programación y sacar espacios del aire? ¿Alguien sabe cuánto cuesta un minuto en pantalla? Si hoy mismo apareciera el dinero necesario para invertir seriamente en la TV, seguiríamos probablemente igual pues lo que hay que cambiar son los conceptos, las estructuras actuales y por qué no, también a muchas de las personas que ejecutan sin chistar las más disparatadas ideas.

¿Cómo puede diseñarse una televisión de cara al espectador si no son escuchadas sus demandas y si la imagen que les da de su propio país suele ser falsa o edulcorada? ¿No se nos ha dicho que se trata de una TV de servicio público? ¿Dónde están los verdaderos programas de crítica y opinión? ¿Por qué solo muy raramente, nuestros ministros o dirigentes se sientan en los estudios a responder las interrogantes de la población? ¿O es qué acaso su gestión no nos concierne? ¿Por qué hay tantos programas que se parecen unos a otros, sin personalidad o perfil que los distinga? ¿Por qué en los Telecentros suelen reproducir los esquemas de la Tv Nacional? ¿Por qué en la Tv Nacional tenemos que ver reportajes localistas o comunitarios sin verdadera trascendencia? ¿Hasta cuando tenemos que escuchar a los más veteranos decir que la Tv de Goar Mestre o Pumarejo, si era una televisión? ¿ Por qué si, desde hace 20 años tenemos un mercado de productos en divisa y millones de cubanos disponen de esa moneda, no podemos hacer publicidad comercial de los productos nacionales que son consumidos masivamente por la mayor parte de la población? ¿Si no hay dinero, no puede ser esta una forma de obtenerlo y de paso potenciar el consumo de mercancías cubanas?

Finalmente, la TV no existe para sustituir el papel de otras instituciones de la sociedad. Los problemas de esta no son de su responsabilidad, pueden o no, ser reflejados o debatidos públicamente y desde luego influirá, educará, trasmitirá valores, patrones sociales e ideas, pero no debe sustituir el papel, ni de la familia, la escuela, las universidades, los políticos, ni el estado. No es tampoco la casa de Dios aunque para muchos, en el mundo de hoy Dios es precisamente la Televisión.

Gustavo Arcos.

PD: ANNA ASSENZA SOBRE LA TV CUBANA

Juan, y Gustavo, por supuesto:

Me gustaría, en calidad de yuma obsoleta (obsoleta porque hace años que vivo aquí por lo tanto ya no soy una yuma, mas bien una (insisto) emigrante en Cuba) y por ende aficionada televisiva cubana, o 'utente', como se dice en Italia, me gustaría, decía, echarle un cabo a la TV cubana.

Yo provengo de una sociedad donde de verdad la TV es dios, y por eso puedo decir que la televisión cubana me encanta, aunque hay algo que tendría que cambiar para hacerla meno aburrida. Incluso yo soy una seguidora de la Universidad para todos, que a veces es agotadora, pero a veces es muy interesante, como por ejemplo las lecciones de estos días sobre la cultura musulmana. Escucho hablar al profesor (que como todos profesores a veces te dan sueño por como hablan, pero yo lo disfruto por ser uno que sabe bastante sobre el asunto y me quedo voluntariamente despierta para no perderme las informaciones que me da, en fin no todos son Cicerone, oradores eclécticos, pero sabe mucho y nos brinda su conocimiento, ¡gracias!)

La televisión cubana en mi opinión es la mejor que he visto hasta ahora, y yo sí he visto bastantes TV de otros Países, porque para mi ese cajón me interesa muchísimo verlo por cuestión laboral mía, ya que me gustaría trabajar en ella desde hace mucho. Me encanta la idea de entrar en las casas de la gente de a pié y contribuir al cambio de mentalidad restringidas. Mi abuela siciliana de cien años y pico de edad me dio esa idea cuando vi que en los años '80, la época del Hedonismo reganiano, la época de las Soap Operas o de las telenovelas, la televisión les cambió la cabeza, se modernizó de pronto. ¡Carajo que bello! Me di cuenta del poder que tiene ese objeto sobre los cerebros de la gente, que eso puede ser negativo pero también puede ser un medio positivo para ayudar al desarrollo de la mente. Como todos venenos te salvan o te matan, depende como se utilizan. Y es en ese sentido que a mi me gustaría trabajar en ella, decir cosas inteligentes.

Ahora: yo conozco un montón de personas jóvenes en Cuba, jóvenes que ahora tienen 30 y picos años, que son brillantes, y que trabajan en la televisión cubana, ellos son el fruto de la educación que recibieron aquí, y déjenme decir que son todas personas llenas de amor, sea para el trabajo que hacen que para el Pueblo al cual quieren entretener. Estoy pensando en gente como Luis Hidalgo de TV de Pinar del Río, estoy pensando a Waldo Ramírez de la Ribera y su esposa Iriana Pupo Serrano de la TV Serrana, y que ahora trabajan en TV Cuba Visión, uno y la otra en Canal Habana, estoy pensando en Frank Padrón, de nuestra América, en Chavarría del viernes, a Marta del programa de entretenimiento dominical, estoy pensando en todos aquellos que a pesar de lo duro que debe ser trabajar con un sueldo muy reducido, decimos la verdad porfa, se la pasan creyendo sobre todo en al amor que les meten a su trabajo. Yo me asombro por tanta generosidad, eso no pasa a menudo en el mundo entero.

Quizás los censores, que los hay porque cada televisión que se respete tiene que tenerlos, o sea, expertos en telecomunicación, propiamente porque a veces hay que saber como decir las cosas y cuando a todo tipo de público, deberían cambiar. Lo digo porque a mí personalmente me pasó una cosa muy curiosa, que me hizo morir de la risa cuando me enteré; les contaré para ver si se ríen conmigo:

Produje un cortometraje de ficción, “Libertad de movimiento”, el cual habla de tres personas que viven juntas en la Habana y se mueven libremente, una de ellas se encuentra sin brazos y sin piernas. Lo remarco porque me sorprendí muchísimo cuando me enteré de por qué 'coño' (discúlpenme la palabrota, pero la encuentro necesaria a este relato tan cómico para mi gusto) la TV no acababa de ponerlo en programación, a pesar del hecho que yo se lo regalé, por lo tanto no le costó nada (de la serie, los cineastas independientes a veces salvan el culo sin pedir nada a cambio, lo importante es que nos vea el Publico, de amor se trata en fin), hacía un año que esperaba con mucho orgullo y afán que lo pusieran en televisión.

Pues un día me entero que los censores habían decidido censurarlo porque al parecer en el cuarto comedor de la locación había un hueco en la pared que estaba tapado con la efigie de la bandera cubana.... y eso pareció ofenderlos.... cosa muy ridícula para mi gusto, uno porque estoy dispuesta a defender mi elección a nivel social, político y patriótico; ese hueco representa los huecos del mundo entero, que si los tapamos con la bandera cubana quizás podemos lograr cambiar la humanidad, y lo pienso seriamente, sin panegíricos lameculos, creo en esta sociedad, aunque llena de contradicciones humanas, y por lo tanto justificable, pero lo que no puedo justificar y ni tolerar es como es posible que el ojo del censor no se conmovió para nada en mirar la protagonista que a mi juicio llena la pantalla de algo más fuerte que un hueco en la pared que nadie ve, afortunadamente, (porque si no me disparo por la insensibilidad mostrada por el censor en cuestión), pero gracias al cielo existen gente inteligente y humana como Waldo que de inmediato, cuando supo y no por mí, más bien por sus colegas de trabajo, lo que estaba pasando, liberó mi obra y finalmente el publico cubano pudo desfrutarla y estoy segura (porque me lo han dicho por la calle) les cambió la vida a muchos, la potencia de las imágenes funciona....

Pero a pesar de este relato que acabo de escribir, a mi sigue gustándome mucho la televisión cubana. Estoy de acuerdo por completo con Gustavo Arcos en que se debería dejar de torturar a los televidentes con cosas inútiles, como el paseo de los Poderosos de otros Países ( discúlpenme los lectores de este Blog, los llamo poderosos porque no me gusta la obesidad de los políticos, los únicos flacos son los vietnamitas, los demás son demasiados gorditos y por ende los considero hipócritas a todos, seguramente cada uno de ellos viven en forma que no corresponde a como vive su gente de a pié, demasiadas cadenas de oro y demasiada barriga no me hacen ver para nada bondad generosa o voluntad de cambiar la situación de los países subdesarrollados, la política es sucia y es un negocio, no me cabe duda de ello)

Quiero contribuir a este debate en la Uneac diciendo: “Denle libertad de movimiento a los ex jóvenes que ahora tienen 30 - 40 y 50 años, que esta revolución los crió súper bien, son diferentes, son hombres Nuevos de verdad, ¿como es posible que no se den cuenta?”. No se pueden crear Genios y después cortarles las alas, eso es cruel y estúpido para mi gusto.

La Televisión cubana es la mejor en el mundo, se lo dice una ex yuma italiana, se lo garantizo, aprovechen de todo ese material humano extraordinario que empezaron a formar desde hace 50 años, y dejen de ser egoístas. Un verdadero Maestro es aquel que tiene la sabiduría de dejar espacio a los discípulos. Lo decía Confucio también, lo aprendí de el.

Anna Assenza

(una televidente maniática a la TV cubana)