TESIS II 10-10-2009 GTM 1 @ 20:31
jagb —No pensé regresar al tema comentado en el post TESIS, pero las observaciones del joven Reynaldo Lastres Labrada, que a continuación reproduzco, me anima a sumar otro par de ideas. Dice Reynaldo:
“Es interesante proponer renovaciones, sobre todo de los más jóvenes en el ambiente crítico del cine cubano actual, es verdad que hasta cierto punto somos unos verdaderos invisibles. Pero como ya se ha dicho otras veces, la culpa, aunque no es solo nuestra, es también de nosotros. A ver.
En la Universidad de Oriente, donde existe una facultad de humanidades donde todos los años se realizan investigaciones sobre cine y crítica cubanos. La verdad, los resultados no son muy estimables y del todo atendibles: no se vive el cine con la intensidad de quien quiere sacarle sus más íntimos secretos. Se vive solo a nivel de un puro ejercicio académico, que nos va a promover para licenciados. En tal ambiente podemos sacar muy poco de los trabajos de diploma (aparte de que la mayoría se deja llevar por el tema de moda, y no hace más que vulgarizar más lo que de por sí, es ya un poco vulgar).
Entonces, no cabe duda que el reto no es sólo de los jóvenes, hay que trabajar codo con codo. Hay que establecer relaciones del tipo tutor-alumno, y así darle continuidad a los estudios, a las ideas, para renovarlas, reformularlas, y sobre todo, para encontrar respuestas. Mientras la crítica permanezca desunida, no podremos sobrepasar los cimientos”.
Quisiera precisar que si algún reproche deslicé en el post anterior no fue precisamente a los jóvenes. En verdad, cada cosa que escribo aquí no tiene otra intención que someter a crítica lo que hasta ahora he conseguido como investigador. Si eso sirve para que otros me ayuden con sus propios puntos de vistas, sus propias experiencias, pues mejor aún. Sigo insistiendo en que esto es solo un blog que propone reflexiones, e invita a hacer preguntas.
Una de ellas, a raíz del comentario del lector, podría ser esta: ¿quién impone los límites que supone escribir desde la institución, entendiendo por “institución” ya no al ICAIC, sino al concepto de “cine cubano” que se da por concluido en casi todas partes? Cuando se establece un tema de investigación, y alumno y tutor pactan para durante cierto tiempo estudiar determinados asuntos, ¿están realmente abiertos los dos a la búsqueda de la verdad, o ya tienen pre-determinados en qué ambientes y dirección se moverán las pesquisas?
Es un asunto complejo, y que no creo que resulte exclusivo de Cuba. En la isla hay temas que por razones ideológicas o morales resultan tabú, pero fuera de ella, uno se encuentra el otro extremo: aquel donde la obra del ICAIC es negada de punta a cabo debido a la misma razón ideológica, aunque a la inversa. ¿Qué puede hacer un investigador al que le interese, por encima de las opiniones que se excluyen, encontrar un ángulo que permita comprender la complejidad de ese campo cultural? No negar o hacer apología, sino estimular la discusión, y encontrar un punto de vista superior.
En principio creo que hay que alejarse un poco de ese círculo vicioso en que hemos caído, y donde solamente escuchamos lo que decimos el mismo grupo de siempre. Hay que abrirse al mundo. A los paradigmas teóricos que se proponen en este instante. Ya no hay excusas para afirmar que no tenemos acceso a esos textos, pues las nuevas tecnologías están facilitando el camino. En el noveno piso del ICAIC, por ejemplo, Desiderio Navarro tiene una formidable biblioteca digital gracias al Centro Teórico que dirige. ¿Cuántas veces han consultado los críticos, los tutores, o los alumnos, esos textos? ¿Cuántas veces los han discutido críticamente, que tampoco se trata de importar por importar ideas?, ¿estamos enseñando a los más jóvenes a buscar más allá de lo que la institución afirma y reafirma?
Por otro lado, están esos clásicos del pensamiento herético, que nunca pasarán de moda. No tanto por el contenido de las ideas (que por humanas, son rebatibles), como por la actitud que asumen ante ese peligro que significa “pensar la verdad”, y por ello mismo, pagar con el rechazo de una mayoría que prefiere la rutina intelectual. Pongamos el ejemplo de Unamuno, cuando afirmaba aquello de que: “Y lo más opuesto a buscar la vida en la verdad es proscribir el examen y declarar que hay principios intangibles. No hay nada que no deba examinarse. ¡Desgraciada la patria donde no se permite analizar el patriotismo!”.
Tal vez en esas restricciones (muchas veces autoimpuestas) radica el origen del olvido prematuro de tantas tesis o investigaciones que prometían descubrimientos importantes. O peor aún, quizás eso explique la ausencia de investigadores jóvenes que, con el tiempo, hayan sido capaces de disputar en público el punto de vista de la Crítica dominante. Y me consta que hay jóvenes brillantes. Justo esa evidencia es lo que provoca mi perplejidad ante el obstinado retorno de lo idéntico.
Ahora bien, otra cosa que tendríamos que enseñarles a los jóvenes es que pensar por cabeza propia, argumentar nuevos puntos de vista (sobre todo esto: argumentarlos) inevitablemente acarreará un sinnúmero de escollos. Cerrará no pocas puertas. Despertará recelos en el Poder, y también entre quienes pretenden sustituir a ese Poder. Pero esto le ha sucedido a todos los que se han interesado en ir más allá de lo que dice “todo el mundo”. Por eso es bueno buscar inspiración en los que han devenido héroes intelectuales en sus respectivas épocas, sin importarnos la coincidencia de ideas, o la lejanía de las fechas. Pensemos, para poner un último ejemplo, en la lucidez de Einstein cuando escribía aquella reflexión:
“La evolución de la ciencia y de las actividades creadoras del espíritu en general, reclama otro modo de libertad que puede calificarse de libertad interior. Esa libertad de espíritu consiste en pensar con independencia sobre las limitaciones y los prejuicios autoritarios y sociales así como frente a la rutina antifilosófica y el hábito embrutecedor del ambiente. Esta libertad interior es un raro privilegio de la naturaleza y un propósito digno para el individuo. Empero, la comunidad puede realizar también mucha labor de estímulo en este sentido, por lo menos al no poner trabas a la labor intelectual”.
Juan Antonio García Borrero
¿DE DÓNDE SON LOS BLOGUEROS? 10-10-2009 GTM 1 @ 13:53
jagb —El otro día alguien que aspira a visitar la isla por primera vez, llegó a este sitio como pasan la mayoría: por casualidad. Y dejó una pregunta que no tiene nada que ver con la materia que aquí tratamos. Cuando alguien se interesa por algo que no se vincula al cine cubano no suelo responder en el blog, sino que le escribo a su correo personal, agradeciendo ante todo la visita.
Con este cibervisitante el encuentro fue muy cordial. Me ratificó que no le interesaba el cine cubano, pero sí CUBA (no sé por qué puso Cuba con mayúsculas). Se alegró de mi deferencia al responderle, y aprovechó para preguntarme intrigado desde dónde escribía el blog. “¿No desde la Habana, no?”. “No, desde Camagüey”, respondí a la vuelta.
En su nuevo mensaje percibí la intensidad del suspiro: “Ah, ya me imaginaba yo que no era desde CUBA”.
Juan Antonio García Borrero
TESIS 09-10-2009 GTM 1 @ 13:59
jagb —Hoy recibí un buen mensaje. De esos que me dejan ensayando el modo de aprender a reírme de algunas de las obsesiones personales que, hasta este momento, me parecían las más serias.
Acababa de leerme una tesis universitaria y quise comentar con la persona que me la envió mi desazón por el hecho de que la misma quedara encerrada en los predios académicos. La tesis me gustó, sobre todo porque uno localiza allí, en la voz de varios críticos (casi todos habaneros, aunque se incluye el que suscribe estas líneas), ideas muchas veces encontradas que merecerían ser discutidas hasta la saciedad.
Fueron entrevistados nueve especialistas, y como cada cual contestó por su cuenta sus respectivos cuestionarios, la franqueza está al por mayor. Lástima que en no pocas ocasiones se sustituyeran los argumentos con frágiles opiniones, de allí mi sugerencia de someter los resultados investigativos al escrutinio público. Recibí esta respuesta, a mi juicio, magistral: “Tu te preocupas demasiado por las tesis. Eso no es tan importante, ¿has leído las tesis de Céspedes, Martí o Agramonte?. Seguro que no, nadie se acuerda de ellas. Lo importante viene después o no vendrá”.
Aquello me hizo soltar la carcajada. Me sanó el humor. Uno va expresando en cierto tono solemne lo que en el fondo no es otra cosa que ansiedad por percibir “cambios” en el pensamiento que nos rodea, y llega alguien y nos despierta con aquello de “lo importante viene después o no vendrá”. Esto me hizo recordar al joven que ya no soy, y que otrora sobrevaloraba las posibilidades de cambio que podían introducir en nuestros contextos intelectuales las tesis, los eventos, los talleres.
Ahora ya no pienso igual; me parece que el meollo de todo no está en impulsar cambios externos, sino en proponernos mutaciones íntimas que tal vez influyan en los demás. En lo que a cine se refiere, esto no ha pasado entre nosotros. Han abundado los eventos, pero no los cambios. Por lo menos no me viene a la mente ninguna tesis, ningún evento, ningún coloquio, que haya podido influir en la política cultural del país más que aquellas polémicas protagonizadas por Blas Roca y Alfredo Guevara en la primera mitad de los sesenta del siglo pasado, cuando e ICAIC obtuvo una autoridad inobjetable. Y eso fue hace casi cincuenta años. No importa que, de vez en vez, se haga pública alguna que otra controversia (catarsis): hablo de introducir una verdadera revolución copernicana en nuestras maneras de pensar el audiovisual cubano.
El problema es que casi todo el mundo ha delegado esa función transformadora en el ICAIC, lo cual me parece un despropósito, pues esa institución más bien estaría para absorber, como una esponja, todo aquello que contribuya a renovar su razón de ser. Digamos que durante un tiempo el ICAIC estuvo cerrado a esas influencias externas (como el cura de “Una pelea cubana contra los demonios”), pero ahora no es así. Están las Muestras de Jóvenes Realizadores. Los libros que publica. La revista “Cine cubano”.
¿Por qué entonces apenas se notan los aportes de los más jóvenes?, ¿o por qué la muy pobre presencia de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica en esa renovación intelectual?, ¿por qué el estancamiento? Algo está fallando que aún en el ambiente se respiran los aires de los sesenta, y no se nos ocurre otra manera de pensar el cine cubano que no sea a través de mesas redondas, paneles, o formas decimonónicas de reunirnos ante un público que, pocas veces, superará el número de cincuenta.
Juan Antonio García Borrero
PROGRAMA DEL TALLER TEÓRICO DEL CARACOL 09-10-2009 GTM 1 @ 12:34
jagb —PROGRAMA DEL TALLER TEÓRICO DEL CARACOL.(Del 12 al 16 de octubre, en la Sala Rubén Martínez Villena)
Lunes 12
9 .30 a.m. La diversidad en los medios: donde, cuando, como y por que…
Mariela Castro, Manuel Calviño, Gisela Arandia, Carolina de la Torre, Anelí Ruíz,
1 p.m. Niños, niñas: desatar alas para el vuelo
Soledad Cruz, Mariela López, Juan Ruiz, Elsa Carrasco
Martes 13
9.30 a.m. Cine, radio y TV: los signos estético culturales de hoy.
Norma Mederos , Mayra Sánchez, Rudy Mora, Albertico Luberta, Daniel Diaz Torres
1 p.m. Hacia una nueva generación en el cine cubano. ¿Nueva?, ¿Generación?, ¿Cine?.
Inti Herrera, Karel Duchasse, Javier Castro, Gustavo Arcos.
Miércoles 14
9.30 a.m. La crítica cultural y la realización audiovisual.
Rufo Caballero, Mario Piedra, Luis A. García, José Luis Estrada, Danae Diéguez y Eduardo Morales
1p.m. Conducción y locución: en busca del lenguaje perdido.
Alberto Ajon, Rodolfo Alpizar y Manuela Batista
Jueves 15
9.30 a.m. Hacer televisión , ¿con qué o… con quién…?
Víctor Fowler, Mario Masvidal, Nelson Santana
1 p.m. Curaduría musical: ¿necesaria para la TV y la radio?
Xiomara Pedroso, Tania Alarcón, Hortensia Perano, Víctor Torres, Joaquín Borges Triana
Viernes 16
9.30 a.m. La información por los caminos del espectáculo
Julia Mirabal, Maribel Acosta, Alicia Pino, Pedro Hernández, Magdiel Pérez Labrada, Elsa Cortés e Ismael Rensoli
1 p.m. ¿Existe la televisión de autor?
Paquita Armas, Rufo Caballero, Víctor Fowler, Reynaldo González
GERMÁN PUIG Y MANUEL ZAYAS CONVERSAN 09-10-2009 GTM 1 @ 12:25
jagb —EL FOTÓGRAFO GERMÁN PUIG, FUNDADOR DE LA CINEMATECA DE CUBA, HABLA DE SU OBRA Y DE SU LABOR COMO GESTOR CULTURAL EN LA HABANA DE LOS CINCUENTA.
Manuel Zayas, Málaga | 09/10/2009 CE
Una escritora retrata a un fotógrafo. "Herman Puig llegó a París sin cargo oficial, prebendas o recomendaciones, cuando ya se perfilaban las migraciones gigantescas de nuestros días. Herman Puig llegó sin equipaje, iba provisto de una cámara fotográfica y vestía una cazadora a cuadros rojos y negros", escribiría Elena Garro sobre Germán Puig Paredes (Sagua la Grande, 1928). El fotógrafo ya había cambiado su nombre de bautismo por el de artista.
Sus vivencias han sido innumerables. En ese París bohemio de los años cincuenta, Puig conoció y trabajó con Henri Langlois, director y fundador de la Cinemateca Francesa, y frecuentó a Octavio Paz, Man Ray, Leonor Fini, Susan Sontag y a José Bergamín; en La Habana, a Manuel Altolaguirre, con quien colaboró en la película inacabada Golpe de suerte (1954). En el Nueva York de los sesenta, de la mano de Langlois, conoció a Fritz Lang y a Zina Voinow, cuñada de Eisenstein. En Barcelona, amigó con Pere Ginferrer, Roman Gubern, Juan Marsé, Terenci Moix y Vicente Molina Foix; en Madrid, con Lucía Bosé, de quien fue asesor de imagen cuando la actriz volvió al cine con El Satiricón (1969), de Fellini.
Sin embargo, la obra fundadora de Puig permaneció en el más absoluto anonimato hasta que se publicara el artículo "Germán Puig, Ricardo Vigón y Henri Langlois: pioneros de la Cinemateca de Cuba", del francés Emmanuel Vincenot (Caravelle, No. 83, Toulouse, 2004, pp.11-42), de obligada lectura si se quiere entender los verdaderos orígenes de esa institución cinematográfica, historia que, por oscuras razones, fue ocultada.
Fotógrafo destacado, Puig ha vivido obsesionado con los que consideraba los precursores del desnudo masculino en fotografía. Por tal razón, en una de sus largas estancias en París, apostó e invirtió en un sello editorial, Herman Puig Éditeur, con el que publicó libros antológicos: Von Gloeden et le XIX siècle (Von Gloeden y el siglo XIX, 1980), Cuir et fantasmes (Cuero y fantasmas, 1982) y Akademia: le nu académique français (Akademia: el desnudo académico francés, 1981), devenido hoy objeto de coleccionistas. Con sus propias fotos editó Yang (1980).
En marzo de 2008, lo visité en su casa de Barcelona. Iba con la idea de entrevistarlo para un documental y de poder visionar la copia de un corto suyo nunca terminado, y que llevaba por título El visitante. De otro que había realizado con Edmundo Desnoes, Sarna (1952), no se conserva copia. Agradezco aquella conversación y el misterio de encontrar unas imágenes muy poco vistas. Él ha sobrevivido a los cataclismos y al silencio.
¿Cuál era el tema de “El visitante”?
Era la idea de un fotógrafo que llega a fotografiar el subconsciente de una familia burguesa y para ello entra a una casa y descubre, ante las personas, sus fantasmas eróticos. Dicha idea no tiene lugar, es lo que hubiera ocurrido si dejan al visitante entrar en sus vidas. Se filmó en La Habana, en casa de Eva Frejaville, hacia el año 55. Los actores fueron Ted Monson (bailarín), Queta Farias (mujer), Manolito Farias (niño), Julia Astoviza (visión 1) y Gwen Louis (visión 2).
Ahora me doy cuenta —viéndolo ahora, 50 años más tarde— que este corto fue una anticipación de Teorema, de Pasolini. Todo está en ese filme inacabado como una premonición. Ahí estaban las claves de lo que iría a pasarnos después.
Decía que ese cortometraje fue premonitorio. ¿Podría abundar en esto?
Esa es la interpretación que le he dado ahora, al llegar tú aquí, al releer el guión, que tampoco lo había leído en todos estos años, y darme cuenta que entonces yo no era fotógrafo ni pensaba serlo, yo hacía publicidad, quería hacer cine, no fotografía. Sin embargo, en ese cortometraje encarno a un fotógrafo. Quería descubrir el subconsciente de los demás, descubrir esos fantasmas que estaban allí, y me doy cuenta que son fantasmas que yo tenía, en el fondo me retrata a mí. Soy yo el que tenía esos fantasmas, puesto que soy el que los articula. Esos desnudos masculinos que hago después eran mis fantasmas también.
Y en cuanto a Néstor Almendros, vino a ayudarme como camarógrafo, pero él no quería ser director de fotografía. Él fue al Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma diciendo que iba a estudiar fotografía porque era más fácil ganarse la vida siendo camarógrafo que director. Siempre que intentó ser director de ficción no le salió muy bien el asunto. Como con El bastón, que es de 1970, que concursó en la Semana de Cine en Color en Barcelona, donde participé en el jurado junto a Robert Balser y a Mario Vargas Llosa. No ganó ningún premio.
¿Cómo es el personaje que encarna en su película?
Encarno al provocador, el que va a enfrentar a los otros con su mundo oculto, con su subconsciente. Llega a la casa y se va sin lograr dar su mensaje. Tal vez sea también la historia de mi vida, que he sido un provocador, he ido con mi mensaje. He hecho con mi vida lo que he podido, nada más.
¿Quiénes eran en aquel entonces usted y Néstor Almendros?
Éramos amigos. Néstor Almendros había llegado a La Habana a reunirse con su padre, Herminio Almendros, después de no verlo durante diez años. Tan pronto llegó, lo conocí. Yo asistía a la Academia de Arte Dramático, con el grupo de teatro Adad, y cuando él supo que yo había fundado un Cine Club, me habló de la existencia de otros iguales en Barcelona. Entonces, lo invité a ir como un asistente más y luego a formar parte del Cine Club de La Habana, que habíamos fundado Ricardo Vigón y yo.
Aparte de casi todos los artistas e intelectuales de la época, a ese Cine Club iban Guillermo Cabrera Infante y Tomás Gutiérrez Alea, que por entonces era abogado y tocaba el piano —la vocación cinematográfica suya nace allí o al menos toma forma—. Todos éramos amigos, amantes del cine. Los incorporé cuando me fui a Francia y se quedaron a cargo del Cine Club. Fueron sus directores alternativamente, Tomás Gutiérrez Alea —que no se sabe porque no se ha dicho—, Néstor Almendros, y después, por último, Guillermo Cabrera Infante.
¿Por qué nunca terminó ese cortometraje? ¿Cómo le ha acompañado?
No recuerdo los detalles. Sé que lo filmé porque lo quería hacer. Ahora, del porqué no se siguió filmando, creo que porque se perdieron hasta otras tomas, o por falta de dinero, o por falta de material o por falta de equipo técnico o de lugar donde hacerlo. No me acuerdo. Quedó como una cosa inconclusa, empezada nada más. Esto que hay es el copión del primer día de rodaje, y se suponía que se tenía que seguir rodando todo lo demás, según el guión. He perdido montones de cartas, pero hay cosas que no me han abandonado nunca, como mis cartas del año 48 a Ricardo Vigón, y también las suyas. Orlando Jiménez Leal quiere hacer un corto inspirado en esas cartas.
He perdido muchas fotos de Néstor, otras que él me hizo a mí; cartas a Leonor Fini, la pintora italo-argentina, a quien estuve muy ligado y que me influyó estéticamente. Esas cartas las dejé en un lugar y las perdí. Pero he conservado fotos de Guillermo Cabrera Infante en el solar donde vivía frente al Instituto de La Habana, a quien recuerdo con gran cariño en esa época de nuestras vidas, y también conservo otras cosas que se querían quedar conmigo. Y entre las cosas que no me han querido abandonar nunca está ese corto, y están una serie de notas que he descubierto en estos días.
En aquel grupo de amigos había mucho entusiasmo por realizar cine…
En aquel momento, todos íbamos jugando con nuestras vocaciones. Yo quería hacer cine, y para ello fui pionero en irme a estudiar al IDHEC (Institut de Hautes Études Cinématographiques). Lo encontré cerrado en 1950 y no pude matricular, y cuando me disponía a ir al Centro Sperimentale de Roma, donde me esperaba su director, Mario Verdone, me quedé sin la misión de estudios del gobierno de Cuba, de Aureliano Sánchez Arango, durante la presidencia de Prío Socarrás.
Entonces, Tomás Gutiérrez Alea, que se había hecho la vocación, quiso seguir mis pasos, de ir al IDHEC, pero no pudo. Aproveché mi estancia en París para matricular en un curso donde enseñaba Georges Sadoul y luego fui asistente aprendiz de dirección de Claude Autant-Lara, en L'auberge rouge (1951). Así que al quedarme sin la misión de estudios, regresé a Cuba en 1952, porque tenía novia allí, y el que pudo estudiar cine fue Tomás Gutiérrez Alea, pues su padre llamó al Centro Sperimentale y pudo matricularlo.
¿Cuál era el mundo cinematógráfico en Cuba en los años cincuenta, y qué posibilidades tenían ustedes de hacer cine?
No había una industria cinematográfica, no había un organismo estatal con el dinero para producirlo, como el que luego tuvo el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos). El que quería hacer cine tenía que medrar y ver cómo se las arreglaba. Existía el Noticiero Nacional. Manolo Alonso era el que hacía cine. Existía un cine de poca calidad, sin una visión cultural. Eso faltaba. Había pioneros, que hacían cosas, como Manolo Alonso. Lo que existía era un cine comercial.
Todos nosotros queríamos hacer un cine con un nivel más alto. Néstor Almendros lo logró, llegó a trabajar con François Truffaut, con Eric Rohmer; en Estados Unidos también, donde obtuvo un Oscar de Hollywood. Almendros fue un hombre muy inteligente, capacitado y trabajador, mucho más trabajador que todos nosotros, por eso llegó tan lejos.
Néstor fue, en muchos sentidos, un innovador, de hacer mucho con poco. Trató la luz como yo mismo he hecho en mis fotos.
Hay una cosa que no ha dicho nunca nadie sobre Néstor: en La histoire d'Adèle H. (1975), no pudiendo iluminar una secuencia con la actriz Isabelle Adjani bajo una arcada, pintó las sombras en el decorado, pintó la luz en el decorado. Ese fue un hallazgo de Néstor.
Él se desmarcó de Europa para hacer cine en América porque allí es donde está el dinero, y es donde hay más medios. Pero tal vez lo más bello que haya hecho nunca, donde demostró su sensibilidad europea, es en La Marquise d'Ô (1976). Siendo muy torpe y distraído —tropezaba con todas las luces, se le caía el lente—, supo pasar por encima de todo, y dejar una obra detrás, coherente y bella.
Sin embargo, nunca he visto a nadie manejar la cámara en mano con la destreza de Orlando Jiménez Leal. Era capaz de subir una escalera, de correr, y hacer parecer que la cámara tenía alas. Y su mayor proeza consistía en seguir la música con movimientos de cámara.
¿Cómo ha sido reflejada su gestión fundadora de la primera Cinemateca de Cuba en la historia del cine cubano?
No hubo una primera Cinemateca, ni una segunda, como se pretende ahora. Ha habido una, la que yo bauticé. Porque si tienes un hijo y le das nombre y apellidos, tuyo es el hijo. Se llamó Cinemateca porque fue el fruto de la gestión hecha por Henri Langlois en el Congreso de la Federación de Archivos Fílmicos en Cambrigde (1951), donde participé como observador, con la idea de transformar el Cine Club en Cinemateca.
Formaban entonces parte del Cine Club: Néstor Almendros, Rine Leal, Guillermo Cabrera Infante y Tomás Gutiérrez Alea, entre otros más. La historia del cine cubano, según quien la escriba, dice cosas distintas. En estos momentos, no estoy dispuesto a reivindicar nada, pero considero muy importante lo que se hizo al fundar la Cinemateca. Se sentaron las bases para que se continuara esa obra. No se contó conmigo después. Se hubiera conseguido el doble, pues en ese momento yo tenía todo el apoyo del gobierno francés para la fundación de un Centro Audiovisual en Cuba, como lo hice saber en un memorándum cursado a Cuba a través de la UNESCO, del cual nunca tuve respuesta.
De nuevo, la política se interpuso en mi gestión cultural pero, de alguna manera, le abrí el camino a los que siguieron. Eso es indiscutible. Admiro que se haya podido continuar trabajando a favor del cine y hacer un archivo fílmico importante como el que deben tener en Cuba.
¿En qué circunstancias abandona Cuba?
Salí de Cuba en 1957, después de la fragmentación de la Cinemateca, debido a las actitudes políticas de algunos de mis amigos, miembros de ella. Mi gestión ha sido siempre solo cultural. Entonces, debido a la política, me quedé sin amigos y sin Cinemateca. Me sentí solo cultural y humanamente. No estoy dispuesto a que la política consiga eso de nuevo.
Mi vida estaba estancada: era un padre de familia con una mujer, yendo a trabajar a una agencia de publicidad, Siboney, donde era creativo, pero no era lo que quería ni lo que podía dar, porque siempre he vivido una dimensión artística y cultural de la vida. No he podido vivir ninguna relación de forma sencilla. Todas las relaciones mías tienen algo de creativo.
Quise entonces volver a París a trabajar con Henri Langlois en la Cinemateca Francesa. Le escribí y me dijo que fuera para allá: "Sé que usted es poeta, que necesita aire, y el poco que queda en Francia sigue siendo aire", me escribió.
Me fui a París, y luego arrastré a mi mujer y a mi hijo pequeñito, pero en ese momento no se me pagó lo acordado. Me habían dicho que me pagarían 45.000 francos, y me dieron 25.000 de la época, cantidad con la que no podíamos vivir. Pude sobrevivir gracias a una beca que me dio el gobierno francés para estudiar en el Centro Audiovisual de Saint Cloud.
En un viaje de Néstor Almendros a París, cuando él ya estudiaba en el Centro Sperimentale, me presenta a Manuel Puig, el autor de Boquitas pintadas, con el que se inicia una amistad entrañable, pues es una figura clave en mi vida, uno de los más grandes amigos que he tenido.
De aquel cortometraje en el que se aventuraba a tratar el tema de la sexualidad, aunque inacabado y nunca exhibido, se puede decir que en La Habana de los cincuenta se vivía una sexualidad sin tapujos. ¿O era el reflejo de una sexualidad marginada?
En El visitante se encuentra una semilla de transgresión y de libertad que quiero conservar y que conserven todos los cubanos y todos los seres humanos siempre.
La sexualidad estaba presente en todos los actos nuestros como cubanos. Esa hipersexualidad de que se habla ahora, no es más que la que ha existido toda la vida. Gozábamos la comida, la música, la compañía, los roces, éramos unos perfectos gozadores, éramos tropicales y sensuales. Creo que todos los cubanos éramos perversos polimorfos.
Teníamos la doble moral impuesta por el catolicismo, aunque no se sentía mucho el peso religioso. Algunas cubanas de la época se cansaban de tener relaciones y cuando llegaba el momento de casarse, iban a un ginecólogo a que les cosiera el himen. O se iban con el marido a la cama teniendo una menstruación para hacerles creer que eran vírgenes. Porque el cubano quería una virgen por encima de todo. La bisexualidad cubana era una moneda corriente.
Se podía ser marginal. Siempre que no te metieras en política, el margen de libertad individual era grande. Hacías lo que te daba la gana. Los cincuenta fueron los años de los gozadores.
Dijo que aquellos fantasmas le incitaron luego a dedicarse a la fotografía y especialmente al desnudo masculino. ¿Cuál ha sido su interés en retratar el cuerpo humano?
Cuando empecé en los años sesenta a hacer desnudo masculino ya tenía el concepto de lo que estaba haciendo. Me planteé hacer fotografías del desnudo masculino, no sólo porque me podía interesar la belleza, que ha sido el motor de mi vida, sino porque me puse a pensar qué era lo que no se había hecho en la historia de la fotografía.
En la historia de la fotografía se había tratado el desnudo femenino, el retrato, el paisaje, la fotografía de moda, pero el desnudo masculino no se había explorado en profundidad, por aquello de que era tabú. Pensé que si lo trataba rompería un tabú. Sería un pionero.
Y así fue. Decidí demostrar que yo era un artista y no un pornógrafo. En España fui un perseguido. Se me puso en caza y captura durante el franquismo, por unos desnudos inocentes, masculinos y femeninos, que había hecho en mi casa de Madrid.
Sí. Sabía que estaba haciendo algo que resultaba revulsivo, pero quería ser revulsivo a través de la belleza. Siempre he querido ser un revulsivo estético. A mí, por ejemplo, siempre me han parecido de mal gusto algunas fotos de Robert Mapplethorpe sobre el fist-fucking y otras cosas.
Cuando yo he fotografiado un pene, he fotografiado un lingam, una imagen adorada en muchas culturas como el origen de la vida. Me he ido a otras dimensiones. Mi interés es hacer hincapié en la belleza, jerarquizarla, no asociar el desnudo a vicio o corrupción.
Para mí, la sexualidad es algo bello y debe ser tratada como tal, nunca como un juego pseudoestético. Los primeros desnudos trataban al hombre como héroe, no como objeto. Ahí están las esculturas de los dioses antiguos, de Poseidón y Apolo, amados como símbolos. Si te fijas en las posturas de los modelos de mis fotos, hay algunas que recuerdan a aquellas esculturas griegas y también, por qué no, a Miguel Ángel.
Nunca he sido ambicioso ni trabajador. He dejado que otros los sean. Me he contentado con seguir vivo, con seguir aquí por mucho tiempo, amando, dando y creando siempre. Gracias a Robert Alan Hall parece ser que lo estoy consiguiendo.
Tomado del portal Cubaencuentro.
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ERNESTO FUNDORA Y RUFO CABALLERO CONVERSAN 07-10-2009 GTM 1 @ 22:10
jagb —DE ALAMAR AL D.F. ERNESTO FUNDORA, CON EL DESCARO DE LA CORTE Y LA ELEGANCIA DEL SOLAR
Por: Rufo Caballero
El vínculo generacional se vuelve casi sanguíneo. Cierto que uno no puede desprenderse nunca, al menos no de un todo, de la gente con la cual creció y empezó a conocer el mundo. Los enemigos siguen siendo enemigos íntimos, huecos negros en el recuerdo, y los amigos siguen al lado de uno como el primer día, aunque de hecho estén muy lejos.
Ernesto Fundora y yo salimos al mundo cultural cubano en el segundo lustro de los años ochenta, un horizonte privilegiado para cualquier intelectual, porque aquellos eran días de intensa vida cultural y social. Cada semana había varias exposiciones “de vanguardia”, conferencias desestabilizadoras, debates encendidos. Mucho esnobismo, mucho teoricismo fatuo, ciertamente, pero también mucha enjundia, mucha confrontación de ideas, que redundaron en una de las décadas más caudalosas y aportadoras de la historia del arte cubano. De la cultura y la sociedad cubanas.
Me parece recordar que Ernesto y yo coincidimos en algún encuentro teórico del Museo Nacional, a propósito del videoarte. Todavía los dos hablábamos en serbio-croata; por lo tanto, no fue difícil la comunicación. Al menos el panel se entendía de maravillas, aunque el auditorio comprendiera poco. Eso estaba bastante en el espíritu de los ochenta, nadie lo negará. Pero también recuerdo que otro día coincidimos en el ICAIC, Ernesto hacía la posproducción de un video clip con Adalberto Álvarez, que decía algo así como “¿Qué te pasa, mami?, ¿Qué me estás haciendo? Tú me estás matando, y yo me estoy muriendo…”, un video donde todo el mundo movía la cintura todo el tiempo con una sabrosura desasosegante, y parece que yo expresé algún prurito tonto, porque recuerdo la vehemencia y la lucidez de Ernesto al tratar de convencerme de que Álvarez, en lo suyo, era sin duda un gran artista.
Veinte años después, este es el mismo Ernesto, inteligente a patear, encantador y diplomático (no hace el juego a la pose de cierta movida que tiene que ser ríspida y ácida para garantizar su cuota progre), invitador al debate de ideas sobre la base de que todo el mundo aprende en la contienda del pensamiento (ya oirán aquí que “el diálogo siempre es un puente”). Y divertido. Eso resulta fundamental. Una de las cosas que siempre me unió –y me une- a Ernesto es el intento por combinar, de forma lúdicra y placentera, el rigor del pensamiento y el gozo de la ficción, de la libertad de la especulación. Algunos llaman a eso novelería, violación del sentido recto del conocimiento, libertinaje de la metáfora; y puede que tengan razón, la verdad, pero al menos Ernesto y yo sentimos que el saber es otra cosa si tiene su mendó.
Hay que verlo bailando salsa; es un trompo, tiene la cadencia de un negrón de Centro Habana. De la cubanía profunda, esa que pasa por la salsa pero no se agota en ella, esa que piensa todos los días el fenómeno difícil de la insularidad o la tensión entre la razón emancipatoria y la lógica instrumental del mercado y la vida civil, Ernesto no ha perdido nada. Aunque su mente y sus días se han abierto a mucho mundo, sigue siendo un cubanito jacarandoso como el primer día. Eso le reporta su gracia y lo aparta decididamente de todas las poses.
Volvimos a encontrarnos en el cine-teatro Trianón, el último diciembre, a la salida de la pieza “Tatuaje”, que dirigió Enrique Álvarez, otro caro amigo de mi generación. Desde entonces, hemos reanudado un diálogo que no cesa, y del cual estas páginas son apenas una muestra. Del mismo modo que todo escritor escribe siempre y obstinadamente el mismo libro, todo hombre tiene, con su sola vida, un mismo tono: Ernesto sigue teniendo ese extraño refinamiento del espíritu que lo hace un buen hombre antes que el gran intelectual y artista que indudablemente es. Uno de nuestros principales directores de video clip, teórico impenitente del audiovisual, poeta, ensayista filoso, Ernesto Fundora es una de las mentes más capaces y orgánicas de todas las que ha abrazado la cultura cubana en las últimas décadas.
Desde la clase del solar y la sandunga de la corte, podrán encontrar en estas páginas lo mismo una brillante y polémica teoría intercultural sobre el reguetón (según Ernesto, menos sabroso y más obeso que la timba cubana, pero en cualquier caso legítimo), o una actualizada mirada al “vidrio” contrariante, o una defensa razonablemente argumentada sobre el carácter revolucionario del video clip como género, que punzantes, sagaces y siempre sentidas advertencias sobre los días de su país y su cultura madre (que otras tiene muchas, integradas en sorprendente armonía del pensamiento).
Comparto estas páginas con el orgullo de quien presenta, otra vez, a un amigo virtuoso, consecuente, honesto. Polémico por lo mismo de que piensa siempre con cabeza propia y asume los riesgos, pero sin altanería; con la virtud de convertir el más complejo problema intelectual en un bembé juicioso, en un toque de tambores batá a las seis de la tarde, y en un llamado a vivir la vida sin tanto miramiento.
R.C: Hace unos meses escribí un comentario, titulado “Dinero”, a partir de la confrontación de unos ídolos ya no de barro sino de plastilina, en algún teatro habanero. En la respuesta del director del teatro encontré una idea interesante, que se refería en lo fundamental a esto: Ya hoy las estrellas no se hacen en la confrontación de los espacios “reales” (teatros, coliseos, auditorios), sino que son fabricadas por los medios. Se da entonces el proceso inverso: las instituciones acogen aquello que los medios han legitimado o ensalzado. ¿Cómo valoras tú la resonancia cultural de los medios, hoy día, para la música? Los medios, además de producir guerras, además de sumirnos en una hiperrealidad a lo “Truman Show”, determinan la música que escuchamos? ¿Qué saldo trae este proceso para el aprendizaje cultural, en la actualidad?
E.F: Objetivamente, te diré que el mundo de hoy es más diverso, ecléctico y abierto que cualquier era anterior. Existe un espacio para todos. Cada quien se identifica con el estándar cultural de su estatura y existen productos culturales para todos los gustos. Yo sigo escuchando música maravillosa y casi nunca enciendo la televisión. Prefiero poner mis DVDs en casa o ir al cine y al teatro. Soy exigente con lo que veo y consumo, porque siempre la obra te irradia y te contagia, te vicia el espíritu con su resonancia.
En términos generales, la televisión se ha convertido en el basurero de la civilización actual, en la vidriera de los supermercados o en el altar de la gente sin educación ni cultura. Es un instrumento de dominación y de sometimiento que condiciona nuestros actos, gustos y preferencias. Convierte al sujeto en un ente miserable y estúpido, un zombi que deambula por el mundo sin libertad de elección, automatizado a partir de patrones fijos y regulares que lo convocan al consumo. Ya podemos hablar de gente mediatizada, de generaciones que sólo accedieron al mundo de la cultura artística a través de la televisión; públicos que conformaron sus patrones de gustos por las recetas televisivas y que nunca asisten a un museo, una galería, una biblioteca o a un teatro, y que pasan de la adolescencia sin haberse leído un libro. Se trata además de generaciones degeneradas por la inmediatez mediática, aquellos que se remiten a los buscadores Google o Wikipedia con pereza intelectual y que no quieren recordar ni la fecha de su nacimiento. No sólo cambiaron los medios de comunicación, sino que cambió la comunicación en si misma. Los nuevos instrumentos de escritura, aprendizaje y de recepción, como las computadoras personales, los blackberry, el Ipood y el Iphone han redimensionado la relación del sujeto con la memoria. Ya nadie quiere ni necesita recordar datos, pues se accede con inmediatez y eficacia a los bancos de información a través de estos aparatos cada vez más personalizados y maravillosos. En ello, la civilización paga un saldo favorable y otro destructor. Por un lado, ya la gente no recuerda y vivimos en una amnesia colectiva, con una vocación de hiperfuturidad, donde poco queremos saber del ayer, y no se aprovecha la recurrencia causal con que se comportan La Historia y nuestro desarrollo. La televisión y el reproductor de video fueron de alguna manera la antesala de ese fenómeno.
La historia se agacha para saltar, es una paráfrasis a Lenin, tomada de sus Cuadernos filosóficos, cuando escribiera: “retroceder para saltar mejor”. Quiero decir que tenemos que ser flexibles a la hora de enjuiciar estos acontecimientos, porque aunque implican cierto retroceso aparente en la tradición cultural, luego expanden las fronteras del conocimiento y generan una nueva perspectiva en la distribución y promoción del saber y de la información en la sociedad. La tecnología le está propiciando al hombre una perenne renovación sensorial, intelectiva y motora. Vivimos al centro de una simultaneidad de flujos y de emisiones, y eso, inevitablemente, nos va a propulsar incluso hasta en lo biológico. Eso sí: somos dialécticos, y aceptamos con humor que el mundo, el hombre y hasta Dios, se están haciendo. La evolución no ha terminado. Que no cunda el pánico.
La televisión ha dado saltos por décadas. Justo con la expansión de la computación y la cybernáutica es que la TV ha empezado su caída estrepitosa. Y como tiene que competir con un banco de datos satelital y por fibra óptica -una matriz infinita al estilo de aquel topus Urano platónico- se siente exhausta de contenidos y de programación con que emular. No le queda otra opción que volverse prosaica y apelar a los reality show, ser indiscreta, obscena , procaz, impertinente, agresiva, hiperlúdica. ¿Cual es su desventaja suprema? El arcaico modelo legal y moral que la rige, el cual es heredero de una etapa modernista marcada por el mundo post-industrial, bipolar, la guerra fría, la secularidad de la iglesia y su vínculo con el estado, mientras que la Internet y las computadoras personales han desbordado la legalidad y la ética de la sociedad, y han creado un sujeto más libre y tolerante, hasta libertino, invirtiéndose el embudo hacia la infinitud. Ha desfocalizado y desmarcado al individuo de las restricciones penales y morales. Fíjate que, por fortuna, ningún gobierno ha podido crear jurisdicción sobre el ciberespacio.
En fin, retomando tu idea de la hiperrealidad creada por la TV, esa fue la antesala de la virtualidad como espacio posible, multidimensional, para la vida del hombre en la era de acuario. Algunos teóricos hablan de esas progresiones como encebollados; yo prefiero verlos como escalonamientos, ya que ocultan pero revelan a la vez, y propician una ascensión en todos los órdenes de existencia. Lo que no quiere decir que estos progresos nos hagan una especie más feliz ni armónica. Ahí reside la paradoja. Por eso hay que estar despierto ante la televisión, aunque muchos la utilizan ya como somnífero o paliativo ante la soledad cruel que generan las grandes ciudades. Yo he decidido estar alerta y me evito sus erosiones, como también tengo profilaxis con la computadora. Ambas van desgastando la comunicación interpersonal entre la gente. Puedo hacer un pronóstico: me arriesgo a decir que surgirá una neolengua mediatizada por las máquinas, donde sólo los ilustres anticuarios recordarán los encantos de la oratoria y del uso elocuente y convencional de la palabra. Anoche pasé frente a una discoteca en México DF y me costó trabajo leer su nombre. En un cartel de neón diseñado con tipografías Cyber, apenas pude deletrear: KTDRAL. Me costó trabajo remitirme a los templos religiosos del catolicismo. La humanidad no siente arrepentimiento de su aceleración ni de su locura. Preparen sus motores y las vacunas. Son tiempos complejos.
Incluso la mayoría de los músicos, especialistas y diletantes que defienden o entienden la valía del reguetón, suelen comenzar su discurso más o menos de esta forma: “A pesar de la pobreza musical del reggaetón,…”. Tú has sido uno de los pocos especialistas a los que les he escuchado un discurso interesante sobre la competencia musical del reguetón. ¿Pudieras abundar en esas consideraciones?
Tengo mi especulación sobre ese tema. Y que conste que me la conformé para entender esta música como expresión de cultura de gueto, de resistencia, marginal: narcomenudeo, dealer, gangas, pandillas y mujeres que sobreviven gracias a los encantos de su cuerpo. Música que entra al mercado en el justo momento en que se esta produciendo un reacomodo de los roles públicos del héroe, la celebridad y los lideres urbanos.
Si partimos de esta idea reciente de que el mercado es quien legitimiza el valor de las cosas, empezaríamos diciendo que el reggaetón es lo máximo: nunca se había logrado tanto ruido con tan poco. Dos son los caminos para este análisis, el musical y el sociológico . En cuanto al primero tengo mis reservas por tratarse de un género que no ha generado ninguna forma de virtuosismo. Con respecto al enfoque sociológico hay mucha tela por donde cortar ya que este sea quizás una de los primeras expresiones musicales nacida de la cultura mediática.
El reggaetón es un género resultado de muchas fusiones. Sus bases principales son el reggae panameño, cantado en español, con algo de plena, candombe y soca, más el reggae jamaiquino y el hit hop -rap norteamericano. Se trata de un género netamente urbano, de raíz afro, como demuestra su pujanza rítmica, pero con una tímbrica y un sonido sofisticado totalmente nacidos de la música tecno de Europa, en la que se inspiraron los negros de las ciudades norteamericanas del west y del East para crear el rap y el hit hop. O sea, que el uso de los loops, los samplers y las secuencias sustituyen la ejecución y el color de los instrumentos de percusión acústicos y llevan la base de su ritmo.
Después viene un factor comercial que tiene que ver con Puerto Rico. Esta es una isla que ya trae la experiencia de robarse el son cubano, ponerle otra forma de campaneo, algunos colores, cambiarle algunos aspectos externos, y vendérselo al mundo como un género nuevo: la salsa. Ese mismo proceso que los newyorikan hicieron con nuestra música, lo están haciendo ahora con Panamá y Jamaica, pero sumándole un nuevo componente: la experiencia de vida en el Este norteamericano, que es la región donde los boricuas controlan el mercado hispano: New York, Harlem, Nueva Jersey, Queen, Brooklyn, Boston, Philadelphia, La florida, algo de Washington y Puerto Rico.
Por otra parte, los hombres boricuas han sido usados por el Army de EUA como la carne de cañón que engrosa las primeras filas en sus ejércitos de ocupación; esto sucede desde Camboya, Vietnam, hasta ahora en Afganistán e Irak. Esa es una de las razones por la que en Puerto Rico hay un promedio de 13 mujeres por cada hombre y la población masculina ha decrecido entre el éxodo y los muertos en guerra. Este fenómeno aportó su componente al reagueton. Si te fijas bien, desde que la pandilla Bush empezó su ferocidad sobre el Medio Oriente, por controlar económica y militarmente esa región, se ha manifestado una resonancia cultural del mundo árabe en la cultura gringa.(No olvidemos que en los pelotones del army se considera importante la presencia de los DJs, como una pieza indispensable para el entretenimiento de los soldados – aspecto que forma parte de la concepción de la guerra como espectáculo).
Sutilmente oculto, tanto en el hit hop como en el reggaeton, se puede distinguir esa presencia de lo mántrico, ese fluir soterrado de una idea melódica que, como recurrencia o adorno, le aporta una capa seductora a una música que apenas tiene discurso melódico, porque los reggaetoneros lo que hacen es rapear con otra métrica y otra entonación, más endémica del bilingüismo a que los ha expuesto la experiencia exiliar. Tanto los negros y los boricuas que conformaron primeras filas en dichas guerras trajeron una influencia sensible de los melismas árabes, de su curva melódica y lo incorporaron sutilmente en un segundo plano melódico y armónico, por medio de eso que se llama en la producción musical Pats de teclado, y que se genera con cerebros de timbres, secuencias automatizadas y samplers. Yo diría que ese es el discurso sensual del reggaeton, el cual ha menudo es ejecutado también por las voces femeninas del coro. Mientras el cantante está ladrando o mascullando sus ideas rústicas y hasta desafinadas, un mantra rítmico afro (cha cún, cha cún) simétrico y estable, programado electrónicamente simulando la caja y el bombo, hasta con sonido de tablas hindúes, nos mete de lleno en un trance danzario, provocándose una resonancia o retumbe en el plexo solar o caja toráxica del escuchador-bailador. Simultáneamente, hay esa otra capa sensualizadora que te va endulzando el oído con un componente morisco y que son motivos reiterativos que van coloreando el arreglo del tema, y que nos permiten soportar y metabolizar el bombardeo de bazofia que emite casi grotescamente el cantante con algo de picardía callejera. Ya que no se puede ocultar que la misma procedencia humilde y hasta marginal de estos nuevos líderes culturales les hace ver el mundo desde una perspectiva pobre, a imagen y semejanza de sus entornos de orígenes: el barrio. Siendo esta la razón por la cual la textualidad de estos artistas es tan grosera y elemental, con baja elaboración poética y de una preocupación básica, instintiva -de primate urbano- por el valor de lo físico, el falso estatus social, la sexualidad, el crimen, la violencia, la relación con la riqueza y una visión machista de la mujer como materia de deseo, exenta de inteligencia y de realeza, etc. etc. Salvando, claro está, que siempre hay zonas e individualidades, como Don Omar, Calle 13 o Tego Calderón, que aportan al género un componente de reforma social y de preocupación por y hacia los grupos más desposeídos, sirviéndoles de brújula y orientación en sus problemas cotidianos. Unos con enunciados mas didácticos (Don Omar y Tego) otro con el uso de una poética del disparate irónico- paródico (Calle 13), y otros con el simplismo sexista e idiotizante de Winsil and Yandel y Daddy Yankee. Más o menos por esas tres zonas temáticas se mueve este género.
En cuanto al discurso danzario del reggaeton, también es un género mercenario, que le ha robado, por ejemplo, “el tembleque” a La timba cubana, así como se vale de otras dinámicas expresivas propias del reggae jamaiquino y del hit hop americano y ha elaborado en el imaginario colectivo la ficción de que trae la aportación de un nuevo baile. Yo lo veo como un producto de la cultura retake o remix, tan de moda en estos tiempos, dispuesto a tomar cuanto le hace falta de lo ajeno, creando una nueva lógica en el sentido de la propiedad autoral. Ahora, hay que reconocerle que se trata de un género bailable razón por la cual le doy la bienvenida. De un tiempo a esta parte ya casi no se baila, la gente va a las discotecas a beber, hablar y fumar. Se baila menos que antes, por eso celebro que el reggaeton aporte esa euforia del cuerpo y un poco de alegría a las nuevas generaciones en una época, además, saturada de catastrofismos. Ya de por sí está experimentando un declive comercial. En lo personal, como bailador, yo no paso de dos temas, me abruma el tercero. Sin poder evitar las comparaciones, lo considero musicalmente un género inferior a la timba; como que le falta sabrosura y le sobra obesidad.
RC: A propósito de un género (el video clip) que comenzó en la oposición cultural y ya hoy es “centro” en los rieles del mercado, ¿es posible hoy ser contestatario o alternativo por mucho tiempo? ¿Cómo desafiar la constante política de absorción del mercado y de la corriente principal? ¿O aprendiste, en el camino, que romper las normas puede ser más fácil que llegar a dominarlas?
EF: Me haces tres preguntas. Trataré de redondearlas en una respuesta. Todo discurso es una contestación, rara vez hablamos o enunciamos al aire. Siempre hay un blanco para mi disparo. Respondón, rebelde, antagónico pero también amable, complaciente, cínico, seductor o hierático, juego con el espectador, pero al borde de una seriedad inepta. Juego a la dialéctica de lo usual y lo inusual; como bien sabes, el mensaje es una mezcla alquímica, equilibrada y proporcionada, entre la novedad y la obviedad. Busco el lugar común que reclama la axiología del mercado -el marcado, diría yo- y me escurro, desobediente, por el filón que propone la axiología tradicional del arte, aquel que progresivamente va perdiendo la pureza que mantuvo hasta la posmodernidad. Hoy toda axiología es bienvenida, hacemos un sancocho, los letrados hablan del cóctel. Se trata de una herencia del collage como modelo de pensamiento. Inclusivismo y relajo. La cuestión está en reconocer que tras Cristina Aguilera se esconde Sara Vaughan, que tras un Pedro Juan Gutiérrez también habita un Joyce, que Romanek le hace sutiles homenajes a Tarkovski. La cultura es promiscua. Se desdibujan los bordes entre lo alto y lo bajo. Como decía aquel proverbio latino: “la cama es la ópera de los pobres”. O como dijera alguien: “sexo y plusvalía rigen el mundo”. Entonces hay que mezclar el apetito del Eros con la sofisticación del intelecto, provocar la catarsis del espectador apelando al hambre de la bragueta, entretener y a la vez estimular la necesidad de trascendencia; buscar un mix entre lo prosaico pagano de la compra-venta y la sed poética de elevación espiritual que reclama nuestra especie; crear avidez y lujuria electrónica, sazonada con cierta densidad gnoseológica. Al final, todo buen discurso debe propiciar bienestar y conocimiento o, en su defecto, provocar para mover el tapete.
El mercado ha colmado de bolsillos al hombre y necesitamos sustancias y contenidos con que llenarlos. Mi trabajo, si te fijas bien, busca, experimenta y se regodea en las coordenadas de lo exótico y lo reflexivo, lo sensual y lo filosófico, tiene el descaro de la corte y la elegancia del solar, transita la academia pero no da la espalda al saber empírico de la calle. Al final, lo que cuenta es el simphatos, el alud de sensaciones (aesthesis) que logras provocar en el que mira, el carnaval de lubricaciones que promueves en sus sentidos, las ideas que se articulan en su mente.
R. C.: Alguna vez te escuché que el video clip había sido y es, probablemente, el género cultural más revolucionario de los últimos cincuenta años. ¿Por qué?
El video clip ha significado un parte-aguas en la historia de la imagen en movimiento, con renovadoras consecuencias a nivel sociológico, semiológico, estético, y mercadotécnico. Esto que referimos es un territorio vasto, el cual trataré de sintetizar para el formato de tu entrevista, pero que exige de un espacio mayor. Sobre el tema tengo desarrollado un libro que aparecerá próximamente, bajo el titulo: “La fiesta del fragmento”.
Aunque este género tiene antecedentes en la propia historia del cine, la TV y las artes plásticas, hay que reconocerle un origen televisivo. Fue en el año 1980 que surge como institución cultural, a la par del canal MTV, entonces una filial de Warner. La mayor virtud que ha ostentado reside en ser voluble para asimilar, plegarse, recurrir y tomar cuanta forma expresiva le sirva de arsenal creativo: cine, TV, pintura, escultura, performance, danza, publicidad, teatro, literatura, cómics, diseño grafico, video art (neofluxus), moda-fashion, fotografía, arquitectura, etc.
Intentaré sintetizar sus mayores aportaciones. Primero, el music video ha sido el responsable de que la humanidad adquiera una mayor rapidez y velocidad a la hora de procesar y consumir volúmenes de información visual. El clip ha entrenado al ojo en la captación de sutilezas perceptuales que antes pasaban desapercibidas; esto ha provocado una agilidad y una síntesis extrema. Ha desarrollado la concisión en los mensajes. Por tratarse de un género poético, ha establecido nuevas normas en la decodificación simbólica, y ha creado otra manera sintagmática de narración, tiene una nueva gramática, otra forma más caótica de hipertextualidad, combinando la no linealidad con la simultaneidad de discursos. En eso es fiel representante de las paralogias y de las heterologias, y fue antecesor de la computadora. Maneja una alta emocionalidad y sugestión, a partir de lo sorpresivo y novedoso de su impacto estético. Procura refinamiento visual e incuba un alto simbolismo y una gran expresividad formal.
También extendió el tema de explotar y explorar el fragmento hasta el paroxismo, reivindicando una visión atomista del tiempo y del espacio cinemático y televisivo, promoviendo nuevos modelos de estructuras narrativas abiertas. Desató o liberó el mundo del inconsciente colectivo, dimensionando el sueño hasta una esfera creativa. Incentiva la imaginación del espectador, es lúdico y juguetón. Al igual que la poesía, tiene la capacidad de manejar el lenguaje figurado, alusivo, e incluso puede hablar de sí mismo (de su lógica interior y lenguaje), mientras habla de otras cosas. Tiene una preocupación por lo formal que casi la exalta a rango de semántica. Uno de sus contenidos básicos es el alarde de formas expresivas y de recursos, por su misión de aportarle un componente visual a una base sonora. Además, cambió el canon de lo inverosímil y lo onírico. Aportó una noción otra de la continuidad, la hibridación y del raccord en el montaje, y exaltó la noción estrecha de realidad desencadenando euforias pasivas. Sustituyó el papel social del héroe de la literatura y el cine por un nuevo personaje público: la celebridad o estrella pop-rock. Ha ido esculpiendo a un sujeto andrógino, que definitivamente será más libre y autosuficiente que el heterosexual canonizado por la tradición judea, cristiana e islámica, ya que gracias a su ambigüedad prescinde del otro complementario, de sexo opuesto. Promueve la idea de una publicidad más democrática, pues te ofrece probar el producto (la música) mientras disfrutas de su promoción, a diferencia de la publicidad tradicional, donde no conoces el producto hasta que acometes la compra.
Por otra parte, el video clip ha distendido y refrescado la concepción fotográfica, de iluminación, el montaje y la puesta en escena, desarrollando una “dramaturgia del distanciamiento” que salva al televidente de la identificación hipnótica con la anécdota. Ha incorporado, con resultados elocuentes, el universo de la animación 3D, con toda su nueva tecnología. Ha influenciado en el ritmo, en el tono y en la gramática a los noticieros, las series, el largo y el cortometraje, el documental, los espacios deportivos, y le ha quitado solemnidad a la televisión, con una gama amena y sugestiva de “atractores” sensoriales. etc.
RC: Una vieja y rancia discusión, como esa referida al presunto contrapunto entre compromiso publicitario y artisticidad en el video clip, sigue siendo en Cuba un rubro en la agenda de muchos creadores y críticos. Tal vez porque resulta todavía reciente la entrada de una incipiente industria del disco a Cuba. Por mi parte, he insistido en que, de siempre, la historia del arte ha debido vérselas con el encargo, lo que no ha implicado mitigar el repertorio artístico; creo que en las artes técnicas o de la reproducción cuanto hay que hacer, lejos del divorcio, es maridar cada vez más lo uno y lo otro: mientras mejor manejes el repertorio estético, mejor responderás al compromiso publicitario. La propia publicidad no es ajena al arte; sólo que a otro tipo de arte. ¿Cómo ves tú el fenómeno en términos teóricos?
EF: Tus preguntas son casi ensayos teóricos; en ellas está implícita y hasta desarrollada la respuesta. Yo coincido contigo, y me inclino por establecer un maridaje entre arte y mercado, aunque no todos los clientes lo aceptan, apenas los más refinados, que son unos pocos. El dilema radica en definir previamente para quién uno está trabajando y con cuáles propósitos. No olvidemos que el video clip se hace por encargo, y que tiene por meta suprema vender y promocionar al músico y a su producto, el disco. Si me das a escoger, prefiero hacer el video clip de arte o de autor, pero, para serte franco, los que me han dado de comer y me han posicionado en la industria, son los de marketing. Es una idea maldita y hasta irreversible, pero las cosas adquieren valor según se venden. Esplendor de la plusvalía como medida de valor. Estoy pensando en releer a Marx para ver si le encuentro algún análisis antropológico sobre esa obsesión humana por la ganancia como metáfora del prestigio. En ese sentido, el mercado nos está descuartizando. Por suerte, en mi trabajo, ya se puede llegar a ese punto medio que llaman “artisticidad de mercado”. Algo, por demás, terrible que se conecta con los criterios de la “Industria cultural”, que a decir del filosofo Theodor W. Adorno, es una maquinaria concebida para limar las salientes filosas del arte hasta volverlo un mero artículo de consumo.
R. C: Me ha parecido escucharte que continúa, según tu criterio, el folclorismo en el video clip cubano. Siempre he tenido una preocupación: Palo porque bogas, y palo porque no bogas. Si pones los solares, los negritos en la calle, La Habana ronca, eres un folclorista. Pero si maquillas sobremanera lo real, y haces videos clip en las mansiones de Miramar, “traicionas” tu realidad y te alienas. ¿En arte, cabe esperar un punto medio? ¿Hay una sola Habana? ¿Todas Las Habanas, o las Cubas, imaginadas, no son legítimas?
EF: Aquí cabe aquella tesis lezamiana de “la posibilidad infinita”. La imagen engendra la posibilidad, y la realidad anula a la posibilidad, algo así esbozaba Lezama Lima. Cuba puede y debe ser poetizada en todas las dimensiones posibles. Todas esas caras conforman el rostro del país. Lo que sucedió fue que, con los años, se hizo hincapié para que el pueblo sólo se identificara con algunas de ellas, y excluyera o se desencantara con otras. Ese fue uno de los talones de Aquiles de la revolución: no supo incorporar a la burguesía que había apoyado el proceso revolucionario y se radicalizó en pro de las masas. Y cito al filósofo Gustavo Pita: “Incluso admitiendo que la burguesía era en principio imposible de incorporar, lo que es imperdonable en todo caso es que se haya identificado la revolución social con la destrucción o desacreditación de los valores culturales creados por la clase derrotada. Aun asumiendo la lógica purista del poder, resulta un contrasentido”.
R. C: Ese es un proceso para nada exclusivo de la revolución cubana; atañe a la lógica de las revoluciones en cualquier circunstancia. Lo nuevo que necesita erguirse por sobre lo que considera viejo tiene a menudo un precio muy alto. Lo sabemos. Alejo Carpentier lo abordó admirablemente en El Siglo de las Luces, cuando entre todos los símbolos de la revolución, señaló con justeza el peligro de la guillotina.
E. F: Mira, eso es muy polémico, pero lo principal está en lo siguiente: Ojalá y la historia futura saque provecho de esa experiencia y aprendamos a sentir regocijo tanto del solar habanero como de la mansión en Miramar. Te lo digo yo, que crecí en Alamar, mitificando y descalificando ambos escenarios.
Pero a lo que yo me refería en aquella entrevista que tú me hiciste en TV para el programa Lucas, fue al factor populista y chabacano predominante en las imágenes de los videos clip cubanos y de otras visiones fílmicas o audiovisuales de la Cuba de hoy. Moreno Fraginals acotó y observó en los inicios del “periodo especial”, el peligro de “la haitianización de Cuba”. Ese término redondea casi todo lo que ha sucedido en los últimos años. En aquella época, pocos le hicieron caso, pero su tino previsorio es indiscutible. Incluso, algunos le buscaron a su idea falsos matices racistas en contra de la negritud, confabulando una injusticia imperdonable con uno de nuestros historiadores más agudos y que con mejor exquisitez ha sabido legitimar y reflexionar sobre el componente negro de nuestra cultura. Fue, el caso de Moreno, un ejemplo tácito de cómo se puede llegar a descreer de las Inteligencias, marginarlas y crearles un estigma, sencillamente por ser divergentes. Al final, si esas lumbreras hubieran sido tenidas en cuenta, nos habríamos evitado algunos problemas.
Con el desmantelamiento del campo socialista -a mí no me gusta la palabra caída- surgieron nuevos retos para la sociedad cubana. La falta de apoyo económico generó una crisis en todos los órdenes, y progresivamente el país se fue quedando en el desamparo. Esto generó indigencia, y empezamos a atrasarnos con respecto al mundo; a esa haitianización se refería Moreno, haciendo la parábola con la primera gran revolución de América de finales del XVIII.
A raíz de estos cambios, la “estética práctica” (frase de Arturo Cuenca) manifestó una exhuberancia como camino resolutivo del pueblo ante las carencias. Qué quiero decir, que la gente empezó a “inventarla”, verbo que en buen cubano significa hacer magia para sobrevivir, y con ello sacó la chancleta para la calle. Y eso no es sólo una metáfora. En lo referente a la vida musical del país, pasamos de la densidad poética y sublime de la Nueva Trova al boom de la desfachatocracia timbera. Y lo vulgar le ganó a lo intelectual, lo popular le ganó a la alta cultura, y por ende se perdió un equilibrio indispensable. Se extinguió la poca aristocracia de espíritu que le quedaba al cubano. Solo un reducido grupo de la elite cultural del país se pudo proteger del tsunami vernáculo y costumbrista.
La propia emergencia económica hizo que se rediseñaran nuevos derroteros en la educación, tanto escolar como mediática. Las escuelas sufrieron carestía de recurso y de actualización. Conclusión, crecieron dos o tres generaciones que sólo pudieron vivir las vacas flacas de un proceso de esplendor cultural que había vivido la nación entre los años 70s y los 80s. A esto sumémosle que la axiología dominante se inclinaba por el populismo, por considerarlo un bastión de lucha contra el aburguesamiento de algunos sectores y como defensa de las conquistas sociales a favor de las mayorías. Ya este enfrentamiento lo había sufrido la ciudad letrada, quien en los 60s se dividió en dos bandos: coloquiales-directos- militantes frente a herméticos-rebuscados-metafísicos (Orígenes).
Conclusión, se deterioró aún más “el canon cívico de la decencia”(es una idea que cito de Rafael Rojas cuando analiza el quiebre de la convivencia plural en la ciudad letrada cubana republicana en su libro “Tumbas sin sosiego”). Las buenas costumbres y el cubano de a pie perdieron el refinamiento básico y los estándares de elegancia. La gente empezó a hablar abusando de las malas palabras y descuartizando el idioma, a ser más chusma y de peores modales. Hubo un estallido de las prácticas religiosas alternativas y la gente con nivel escolar se refugió en el universo mágico porque el conocimiento no le servía de mucho. Hubo un auge de la prostitución urbana juvenil (jineteras) que reorientó el turismo hacia el atractivo sexual, se paralizaron la mayoría de las fábricas, apenas había suministro eléctrico y de combustible, la alimentación se puso difícil al punto de que se extinguieron los gatos callejeros, se suspendió el carnaval: una de las válvulas de escape equilibradora de las tensiones sociales y, como conclusión de tanto desajuste, se produjo un éxodo masivo de una población bien formada en universidades nacionales y del Este europeo: profesionales, científicos, técnicos y artistas, hacia países donde podían obtener mejores remuneraciones por su trabajo. Todo aquello -y más- terminó por inclinar la balanza hacia la indigencia. En fin, se reacomodó la sociedad de manera tal que uno podía percibir el churre en el cuello de la camisa del locutor del noticiero más estelar del canal 6.
Te estoy haciendo el panegírico de una devaluación cultural (entendida la cultura como todos los modos de actividad humana y no sólo las letras y las artes) anunciada por Moreno Fraginals, para que concluyamos que era inevitable que la imagen y el sonido que acompañaría a la música cubana estaban llamados a contagiarse de este viraje o degeneración social. Si tú quieres, revisa los montunos y estribillos de todos los temas bailables cubanos de los últimos 20 años y verás que más de un 70 % aluden en su textualidad a asuntos baladíes, pobres, vulgares, insustanciales, naïf, prosaicos y provincianos. Además resultaba paradójico, porque el componente musical seguía siendo extraordinario y de primer nivel, pero fallaban las letras, las cuales se tornaron dicharacheras y facilistas. ¿Qué estoy tratando de probarte? Lo imposible de enjuiciar al video clip cubano por folclorista, populista, vernáculo y chabacano, ya que el resto de la sociedad se fue orientando hacia esa misma dirección. Y el video clip sólo pudo hacerse eco y reflejo de esas modas, se contagió del “realismo sucio”. Además, ese es un fenómeno no exclusivo de Cuba, también fue una tendencia general del mundo. Hay decadencia por todas partes y ausencia de modelos y guías elevadas a seguir. Una mala distribución de la riqueza ha generado una efervescencia de la pobreza, un despertar de los modelos de izquierda que pugnan siempre con la sofisticación de la cada vez más egoísta alta sociedad.
Igual quiero reconocer que el video clip cubano de ahora ha logrado resultados que superan las condiciones rudimentarias de producción. Los realizadores han confrontado la carencia de tecnología con ingeniosidad y carisma. He visto aquí posproducciones que en otros lugares costarían una fortuna. Pero es indiscutible que nos hemos identificado demasiado con las paredes descascaradas y con la orfandad de los barrios. Deberían tratar de mostrar esa Cuba anhelada, soñada e idílica; empezar a proyectar el futuro, virtualizar dignificadamente la imagen de lo cubano.
R. C: ¿Eso no sería maquillar, edulcorar, falsear en otro sentido?
E. F: Es triste viajar por el mundo y ver que en el extranjero se ha conformado una imagen indigente y pueblerina de los lugares cubanos tanto en salsotecas, bares y restaurante. Cuando mejor nos va es gracias a lo residual de Tropicana o de El floridita. Es lamentable que después de Celia Cruz la cubana más famosa sea Niurka Marcos. Este ejemplo explica el degenere.
R. C: Cuando tienes que visualizar para hacer un video clip de baladitas rosas, todas parecidas a todas, ¿no te da nostalgia de aquellos tiempos en que las canciones de Amaury Pérez, Santiago Feliú y Carlos Varela te hacían parir unos videos llenos de imágenes alucinantes?
E. F: Cambiaron mis alucinaciones. Ahora son otras y responden a las necesidades del mundo donde vivo. Sigo volando pero ya no olvido el paracaídas. Cuando se cumplen 41 años ya no se ve a la humanidad con la ingenuidad de antes. Surgen nuevas fascinaciones y nuevos compromisos con el sentido de las imágenes que construyes, del legado que dejas sobre la tierra. También se aceptan con placer los retos de las nuevas circunstancias. Me acomodo y extraigo de toda experiencia un provecho.
Mi profesión está más que nunca inserta en el mercado. No soy sordo a los cambios. Acabo de terminar un video clip que, a la semana de estar en Internet, tenía más de 300 000 visitas en youtube. Para mí es motivo de alegría comprobar que mantengo un diálogo y una comunicación estrecha con los adolescentes y los jóvenes, y que no me excluyo del sentir mayoritario de esta época. Si me hubiera quedado en una visión elitista, clasista y defensora del lirismo finisecular que concluyó la era analógica del siglo XX, me habría estancado como comunicador, emisor y receptor de mensajes.
Le busco a las baladas rosas o cursi el mantra benefactor soterrado y a partir de éste, visualizo imágenes que sacudan al espectador. No creo que cualquier tiempo pasado haya sido mejor. La humanidad entera se ha subido a un tiovivo donde apenas cambia la constitución enrarecida del aire. Cualquier salvación es un problema individual. Ni siquiera esos autores que mencionas, a los cuales disfruto enormemente, tienen en estos momentos el ágora que les rindió culto en el pasado. Ya Santiago no colma la escalinata con su guitarreo sin igual ante un público frenético que coreaba una canción tan rara como “Para Bárbara”; ya Amaury no hace aquellos majestuosos conciertos que renovaron el espectáculo pop de Cuba, con canciones que estremecían la sala García Lorca; ya Carlitos Varela no es el artista puro que sensibilizó a una generación con las reformas de la perestroika. Guillermo Tell es un misterio, seguimos añorando la manzana, y la única flecha posible a disparar es la de Zenón, la que, vista segmento a segmento, se halla detenida en tiempo y espacio.
R. C: ¿No será que la escalinata y el Lorca los llenan otros? ¿No es ello saludable?
E. F: Como apuntaba Hegel, cada época tiene su espíritu. Parece que los rasgos esenciales a ésta son la frivolidad y la tontera. Y ni siquiera a esos desmanes soy indiferente. El artista y el intelectual de la POPOMA (Pos-posmodernidad) no puede sólo ser juez descarnado de su tiempo; tiene también que ser actor, proponer guías y modelos, buscarle la salida al laberinto. La crisis actual de la filosofía se debe a que la Academia se alejó de esa cotidianidad que llamamos mundo real y se ha refugiado en el tropo y en los libros. Ensimismada, la filosofía desdeñó la utilidad practica que debe propiciar creando modelos y reflexión que ayuden a la gente a concebir la vida. Fíjate que de los filósofos mas recientes, E. M. Ciorán es el más leído por su estilo desacralizador, ácido y divertido. Con su irónico desencanto y catastrofismo cínico, le robó el show a un Jean Paul Sartre solemne, erudito y depresivo. Otras ramas del saber están copando los territorios de la filosofía. Por ejemplo, un biólogo como Richard Dawking llega a best seller hablando de El gen egoísta y de El espejismo de Dios, con una amenidad que no excluye lo profundo. Y un Fritjof Capra con El tao de la física, Sabiduría insólita o La trama de la vida - tres libros muy vendidos- combina ciencia y filosofía sin abaratar lo didáctico ni lo sabroso del conocimiento. Porque esa es quizás una categoría que le falta reconocer a la estética y a la filosofía: lo ameno, en lo cual la ciencia con la visión de los promotores y divulgadores ha tomado mejor iniciativa.
Y en los años 80s y parte de los 90s, todos los aparatos teóricos se concentraron demasiado en enredar la madeja. Eso creó entropía y confusión dentro de la cultura. El diálogo se torno debate jeroglífico, cuando “la arqueología del saber” debe propiciar concilio y no desencuentros adversos. El diálogo siempre es un puente. Me sirve una canción: “No quemes los puentes tras de ti”.
Y para cerrar tu pregunta, cuando tengo nostalgia de aquella época en que creímos que el mundo tenía solución y acometíamos cualquier empresa como una cruzada en pro del saber y del mejoramiento humano, “apenas abro los ojos” y recuerdo que “una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo”, porque “lo que pasa es que lo eterno no es de nosotros, lo imposible es esa brújula rota en el alma”, confiado de que a “donde me empuje el agua me iré, donde me lleve, cambiando el curso raudo y tenaz de la corriente”. Mis imágenes siguen amorosas, montadas a caballo, tirando remos a la mar y fisgoneando por entre la cerradura de muchas puertas, la alegría y la desesperanza de mi tiempo.
R. C: Un hombre como tú, que debe vérselas todos los días con la competencia atroz y la dinámica de la televisión en varios puntos de América, tendría la autoridad suficiente para, a distancia, valorar la Televisión cubana. Siempre se dijo que la Televisión cubana no era tan mala como tan vieja; hoy, que de alguna manera lo sigue siendo (vieja y mala), sin embargo continúa ostentando un proyecto cultural en defensa de valores primordiales en el ser humano. ¿Qué juicio te merece todo esto? ¿Qué valdría hacer con la Televisión cubana? A los artistas e intelectuales cubanos, a menudo, les resulta una televisión tan ajena que nuestro común Amaury, en el Congreso de la UNEAC, llegó a decir que parece pagada por el enemigo. ¿Cómo ve todo esto Ernesto Fundora?
E. F: Coincido plenamente con Amaury: el enemigo también está en casa. Yo debo ser cuidadoso porque mi juicio puede afectar a gentes que fueron y son mis compañeros de profesión y hacia quienes profeso respeto. Fíjate que cuando me acerqué a la TV cubana, siendo yo un artista independiente, conocí allí a gente muy capaz y preparada, pero como la estructura de poder es vertical resulta que, con mucha frecuencia, el que no sabe, dirige al que sabe y lo coacciona. Entonces no hay posible desarrollo allí donde un individuo no puede expresar ni explorar lo mejor de su inteligencia, ya que su modelo creativo entra en contradicción con la fórmula política del Estado. Las sociedades centralizadas generan modelos de pensamientos monistas y neuróticos, ya que el sujeto está escindido entre lo que quiere hacer y lo que le permite el sistema. Entonces, de un hombre frustrado en sus sueños personales y creativos sólo se recogerá una mala cosecha accidentada por el descontento y la apatía.
Cuando Andy Warhol llegaba de visita a una ciudad desconocida, se encerraba en la habitación del hotel algunas horas, a mirar la televisión. Decía que para conocer el alma de un país había que conocer su TV. Si la sociedad cubana está reclamando cambios esenciales, ¿cómo no va a hacerlo la herramienta fundamental de su ideología: la TV? Sucede que la percepción de los fenómenos va a la saga de los propios hechos y, lamentablemente, la TV cubana llegará rezagada al entendimiento de la complejidad histórica que está viviendo la nación. Si la televisión tuviera una autonomía expositiva, si no fuera tan absoluta en lo partidista, si se le permitiera tener un carácter reflexivo a modo de vidriera para exhibir una visión plural de la vida y de la sociedad cubanas, mostraría caminos – senderos que se bifurcan- para reorientar la brújula extraviada del país.
Falta en esa televisión libertad en el ejercicio del criterio, porque esa televisión ha sido sobreideologizada y se ha abusado de ella como una tribuna de ideas políticas y se le ha despojado de sus otras múltiples funciones. Entonces, lo que se le ha preponderado y garantizado es la eficacia en lo directo a la hora de comunicar el catecismo político. Los dirigentes casi siempre carecen de una sensibilidad estética refinada, peor aún pedirles que se sincronicen con la nueva era de acuario, altamente tecnologizada, donde la información y el conocimiento se han democratizado. Cuba necesita, impostergablemente, homologarse con los nuevos órdenes económicos globales. Ese es un reclamo de la sociedad civil y de las nuevas generaciones que ya debe comprender el Estado. La nación se ha atrasado por falta de acceso a la información, por falta de buen gusto y perspectiva modernizadora. En cualquier país civilizado, usted debe tener la opción de comunicarse con la network -red de redes-, cambiar de canal si no le agrada lo que está viendo y tener múltiples alternativas. Como también estamos atrasados en democratizar el acceso a la Internet. No es posible que una herramienta descentralizadora haya caído en el centralismo o en el privilegio de unos pocos que ya presumen sangre azul.
Entonces, creo que lejos de irme por las ramas y criticar duramente a los creadores de la televisión cubana, hay que ser responsables, honestos y reconocer que se trata de un callejón sin salida producto de una patología social. La televisión siempre será un espejo del poder, así pasa en el mundo entero, la diferencia con otras sociedades reside en que la iniciativa privada crea una alternativa mediática y hace que esos poderes sean más diversos y polífonos. Habla el coro, mientras que en Cuba sólo se escucha al solista.
R. C: Tú eres uno de esos intelectuales de mi generación que optó por el nomadismo, por conocer mundo y, ciertamente, con todo, eres de los más exitosos. Cosmopolita, global, “mundialista”, pareciera que vives donde te sientas bien y punto. Sin embargo, se te ve y se te siente muy pendiente de Cuba, siempre; de su arte, de su pensamiento, del pulso y el nervio de su gente. Asere, ¿por qué te molesta entonces la noción de “pertenencia”? A tu modo, ¿no regresas también como fragmento al imán?
E. F: Permíteme que empiece por la alegoría a Lezama, uno de los cubanos más universales. Si mal no recuerdo es en su diario donde Lezama tiene una frase que a mi me aclaró ese asunto de la identidad: “A un hombre no solo lo definen sus orígenes sino también sus destinos”.Y a través de Lezama todo entronca con el primer José de Cuba. Me obligas al deleite de ser martiano, y con ello a enraizarme. Me remito a este hombre excepcional porque en él nunca se coagula la sangre de lo cubano, siendo su hemoglobina universal. Cuando en una tradición tenemos a un Martí sobre el cual estamos parados desde hace más de un siglo, no cabe dudas de que el mundo está en las ramas. “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy, arte soy entre las artes y en los montes, montes soy”. Aquella frase delata la inquietud de un espíritu capaz de encontrar frondosidad lo mismo en un punto específico del universo, la isla, que en la infinitud del cosmos. No habría imantado a la nación si no hubiera sido un nómada del mundo, un diamante peregrino ultrajado por la luz.
Cuando le escuché decir a Carl Sagan que estábamos hechos del mismo polvo cósmico que el resto de las estrellas, comprendí que la ecuación de lo nacional era demasiado estrecha para mi ansiedad. Sentí que debía desbordar los límites, incluso los de la especie. Comprendí la esencia solar de nuestra civilización, y salí a la búsqueda de un “mas allá” que apenas reconoce límite en el big bang. Acepté entonces, no sin rubor, que apenas me pertenezco, pues pertenecer implica reconocerse propiedad de algo o de alguien. Entonces, ¿cómo confiarme a un pedazo de tierra o a un paisaje? ¿Cómo excluirme de una esencia constelacional que palpita misteriosamente en mí? Cuando algo me hace cautivo de una esfera de acción, me revelo. Me sueño cabalgando sobre un centauro rumbo a los destinos macros, el megabit de alguna misión cybernáutica sin más propósito que la conexión. No le pidas a un actor que exprese la profundidad de su conflicto a partir de la escenografía.
Habito la partitura secreta del hombre, su otredad especulativa, su nomadismo congénito. Tengo nostalgia de futuro y pernocto intermitente y con prudencia en mi pasado. ¿Te acuerdas de aquella escena de Cinema Paradiso en que el niño va a abandonar el pueblo y el viejo le dice que nunca mire hacia atrás? Aquella escena me iluminó. No huimos de un sitio, escapamos de todos. A mi maestro Gustavo Pita cuando se aborda el tema de la condición exiliar, le gusta mentar a un filósofo ruso, Merab Mamardashvili, quien escribiera: “vivo en la extraterritorialidad del espíritu”.
Ser nomádico me ha propiciado dos grandes fortunas: una, tener un tiempo propio a la medida de mis placeres y necesidades, y la otra, me ha permitido emprender disímiles viajes interiores, que son las travesías más genuinas, provechosas y singulares que puede encarar un espíritu libre. Somos de por sí una isla, cada hombre es un pedazo acorralado por la singularidad de su destino, y en ello reside el drama secular de vivir; entonces, ¿para qué quedarme anclado a otra isla? Cuba es mi semilla, mi plataforma de lanzamiento, pero también el árbol que se deshoja, el mango que se extingue y traduce deleitoso en la boca de aquel niño travieso. Voy con mi país a cuesta, traigo por mochila a mi corazón. Siento con apasionada firmeza que la nación sobrevive y se extiende a un rango virtual, que podemos prolongarla en la memoria por medio de disímiles registros y representaciones que de ella se deriven. Busco para Cuba, como el más ferviente celestino, alguna estrella en el firmamento que esté dispuesta a ser su novio.
Endémico sí, apegado no, hacerlo implicaría identificarme con la consternación. Atento sí, imbricado también, nunca atávico. Ni adicto ni abyecto, practico un amor y una atención por Cuba que prescinde de mecanicidades. A rumbo propio, con mis penas y mis glorias, he aprendido a disfrutar la amplitud del núcleo. Me indefine el origen, me exalta el movimiento, me confabulo con la traslación. Ya de por si mi sangre es ubicua: abuelos canarios, españoles, criollos e indio antillano.
De todas formas, querido y lúcido Rufo, como también soy un hombre mediocre, con orgullos culturales que aún no asumen la mentalidad postnacional a que nos convoca el espíritu de esta época, si en mis eternos peregrinajes por el universo encuentro a alguien que ose declararse injustamente enemigo de Cuba, que saque el sable. Porque hay amores que tienen razones inexplicables y en ellos se manifiesta la ambigüedad oportuna del deseo. Mi ego se reconoce cubano pero mi alteridad se diluye, gustosa, en cada partícula subatómica del universo.
Gracias de todo corazón por tu inteligente entrevista, por provocarme en la plática y por permitirme el espacio generoso de esta publicación de quien ya soy deudor.
ENTREVISTA REALIZADA POR INTERNET POR RUFO CABALLERO A ERNESTO FUNDORA HDEZ EN 2008. PARTE DE ESTA ENTREVISTA FUE PUBLICADA POR LA GACETA DE CUBA EN EL NÚMERO CORRESPONDIENTE AL MES DE ABRIL 2009.
PREMIER DE DOCUMENTALES CON TESTIMONIOS DE CINTIO VITIER 07-10-2009 GTM 1 @ 12:23
jagb —Tres documentales de Marina Ochoa, con testimonios de Cintio y Fina García Marruz
Por esos oscuros designios del azar concurrente, la premier de los documentales cubanos producidos por el Centro de Desarrollo del Documental "Octavio Cortázar" con apoyo del ICAIC, "Amor", "Las plumas del Vuelo del Águila" y "La gracia perpetua del bien", de la realizadora Marina Ochoa, se ha convertido en un hermoso homenaje póstumo al poeta y ensayista Cintio Vitier.
La premier, programada para la Multisala Infanta, el día 21 de octubre a las 8:30 pm, como festejo por el Día de la Cultura Cubana, también rendirá ahora un sentido homenaje a Cintio, toda vez que los tres materiales cuentan con su presencia protagónica y la de su esposa, la poetisa Fina García Marruz.
"Amor", que ha sido calificado de "poema cinematográfico", ilustra un poema de Cintio Vitier dedicado a Fina. musicalizado por el hijo de ambos, el destacado músico José María Vitier, e interpretado por Iván Lins.
Fina y Cintio, matrimonio emblemático si lo hay, se conocieron en un festival de poesía convocado por el famoso poeta español Juan Ramón Jiménez, durante una visita a La Habana. No sólo esta amable coincidencia, sino el interés compartido por la poesía y la admiración, seguida por el conocimiento del gran literato español, convierte a Fina y Cintio en principales expositores del documental "Las plumas del Vuelo del Águila". En él, se testimonia sobre la presencia del bardo español en Cuba en 1936 y la vigorosa impronta que dejó en las letras cubanas de la época.
Por último, en "La gracia perpetua del Bien", aflora nuevamente el testimonio de estas dos grandes figuras de la literatura cubana, al evocar el pensamiento político y social de Juan Ramón Jiménez.
Todos los documentales poseen guión de la realizadora Marina Ochoa, la fotografía de Víctor Dennis González y la edición de Juan Carlos Llapur. La producción es de Esther García.
(Información tomada del BOLETÍN ICAIC DIGITAL)
CINE CUBANO Y “REALISMO SUCIO” 06-10-2009 GTM 1 @ 15:56
jagb —Desde hace un par de meses, Jorge Pucheux me está incitando a dedicarle un post a lo que él considera un exceso de mal gusto en el último cine cubano. Ese mal gusto tal vez estaría ejemplificado por el uso gratuito de palabras obscenas, escenas injustificadas de sexo, o cierto regodeo en la representación de actitudes marginales. El asunto ha sido tratado al menos en dos de los post que contiene este blog (léase MARGINALES EN EL CINE CUBANO y LO “OBSCENO” EN EL CINE CUBANO), pero es obvio que no agota las posiciones.
A mí en lo personal no me molestan en lo absoluto estas películas que abordan la realidad cubana desde lo que pudiéramos llamar “un realismo sucio”, siempre que exista rigor técnico y conceptual. No es que me interese fomentar esas conversaciones donde las palabras soeces resultan el plato fuerte (o tal vez el único), mas creo que el cine puede contribuir a que el espectador tome conciencia de realidades que tal vez nos sean ajenas, y que esa toma de conciencia nos mejore como persona. Nos haga más solidarios.
Es decir, a mi juicio el problema no está en lo que muestran las películas (a no ser que estén mal hechas, y me hagan perder el tiempo), sino en la posición que asume el espectador frente a eso que le describen. Un espectador verdaderamente crítico puede detectar cuándo se están utilizando de manera gratuita recursos destinados a vender una determinada imagen a un mercado que se guía por los estereotipos, y cuándo se está hablando desde el desgarramiento que provocaría en cualquiera conciencia conocer del drama que viven aquellos grupos que no forman parte de la élite de la sociedad.
Ahora recuerdo un bellísimo ensayo de Claudio Magris en el cual afirma que “es la literatura quien puede salvar estas pequeñas historias, iluminar la relación entre la verdad y la vida, entre el misterio y la cotidianeidad, entre el simple individuo y la Babel de su época”. Al cine le demando esa misma responsabilidad. Ya que la Historia (con mayúsculas) nos habla a diario de los grandes hombres, de los grandes acontecimientos, de los grandes triunfos, es preciso que alguien se asome a las batallas que libran otros con menos fortuna. Buñuel consiguió hablar de esa gente excluida en “Los olvidados”. Chaplin inventó un personaje que nos va a sobrevivir a todos. ¿Por qué el cine cubano no puede asomarse a la suerte de los que les ha ido peor en nuestra sociedad?, ¿es ético que nos desentendamos de ellos? Y a la hora de reflejarlos, ¿hablamos con nuestra voz ilustrada o dejamos que sean ellos los que expongan sus rabias?
Por eso es que, por ejemplo, una película como “Los aretes de la Luna” me parece recomendable. Sus personajes no son “ejemplares”, pero sí muy humanos. Creo que como espectadores tenemos que comenzar a aprender a dejar a un lado la tendencia a suprimir a los otros desde nuestra visión particular del mundo (la realidad como quisiéramos que fuera, y no como es), para entender que la suerte de los otros (estén arriba, o estén abajo) siempre responde a un sinnúmero de cosas. Hay que mirar a los demás (sus historias) del mismo modo que nos gustaría que miraran la nuestra: como algo complejo e impredecible.
Toda realidad tiene zonas muy oscuras, y el cine cubano puede iluminar un poco mejor aquel terrible misterio que Cioran describía en uno de sus libros: “Una lágrima tiene siempre raíces más profundas que una sonrisa”.
Juan Antonio García Borrero
LA ROSA BLANCA (1954), de Emilio (El Indio) Fernández 04-10-2009 GTM 1 @ 18:20
jagb —“(...) Tuve una amistad muy estrecha - y no recato lo que estoy diciendo- con Fulgencio Batista; cuando vino a México fue agasajado por todos los sectores (...) después asaltó la Presidencia de la República. Se acordó de mí y me fui a Cuba, ya entonces éramos amigos íntimos, le hablaba de tú. El jefe de la misión mexicana era José Vasconcelos, quien me dijo: “Usted va a presidir la delegación (...) Di ese discurso en el Capitolio. Se iba a celebrar el Centenario de Martí y Batista me dijo: “¿Qué te parecería que con Emilio Fernández hicieras otra película?”. De esa manera resultó “La rosa blanca”, muy mala, malísima. Emilio no entendió a Martí, el elemento épico de la cinta, entonces se metió a Iñigo de Martino y acabó peor. La cinta se filmó parcialmente en Cuba y luego en México; el gobierno cubano lo pagó íntegramente.” (Mauricio Magdaleno, guionista)
“En el estudio cada vez más profundo y detallado que se hace de la obra de Emilio Fernández, “El Indio”, la película “La rosa blanca”, filmada por encomienda de la Comisión Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario de Martí, ocupa un lugar relativo y de poca significación. Pero para quienes estuvieron cerca o dentro de aquel proyecto, fue la oportunidad de ver y oír en plena acción a una de las más legendarias figuras del cine universal, nacido al arte fílmico bajo la inspiración de Serguei M. Eisenstein y John Ford, en síntesis prodigiosa que divulgaría en todos los confines lo que él entendía que era el alma de México.
Es curioso que cuando El Indio ya decaía en México, su fama crecía en el resto del mundo. El había realizado en 1950 una película titulada “Un día de vida” que dedicó “a Cuba y a Martí”. El guionista principal de Fernández, Mauricio Magdaleno, fue el autor del libro “Fulgor de Martí”, que dio base al futuro guión de “La rosa blanca”. Se eligió al Indio para dirigir la película sobre todo por su inmenso prestigio de un decenio de deslumbradoras imágenes.
En medio de una encendida polémica, la presencia del equipo de Fernández y Figueroa en Cuba sirvió para que muchos jóvenes aprendieran más de cine. Las sociedades culturales les rindieron homenajes y Gabriel Figueroa habló en la Universidad de La Habana sobre el futuro de la cinematografía en colores. La cinta fue una superproducción a un costo de $ 310,000.00 (por un error de copia el libro del Centro Pompidou “Le Cinema Cubain” dice 510 mil).
En ella se utilizaron planos de archivo de la secuencia del baile de la película “Bugambilia”. Las secuencias de cargas al machete han pasado a formar parte de la imaginería ya clásica de nuestras gestas libertadoras. A muchos les sorprende cómo pudo aparecer en la cinta la carta a Manuel Mercado, que contiene el máximo mensaje antimperialista de Martí. En realidad, la carta que pasó la censura previa oficial sin tropiezos fue la carta a la Madre, Doña Leonor Pérez, pero en el terreno se filmó la de Mercado.
Cuando se proyectó la película ya concluida, algunos funcionarios oficiales se alarmaron: pero la autoridad superior, en gesto sorpresivo respondió como Poncio Pilatos: “ Lo hecho, hecho está”, y autorizó su exhibición. Durante el rodaje, como era su costumbre, El Indio se hacía acompañar por el guitarrista Antonio Bribiesca, uno de los más famosos que ha dado México, y lloraba de emoción junto con sus actores. Hablar “con acero” era su exigencia en las escenas dramáticas. Así, insistió en matizar innumerables veces el momento previo a la caída de Martí en Dos Ríos, para la que el protagonista no permitió el uso de un doble.
José Martí, exaltado se dirige a montar en su caballo. Su ordenanza, Ángel de la Guardia, le grita alarmado: “Atrás, señor Presidente, atrás.”. Martí, decidido, lo encara: “Para Cuba no hay más que adelante.”. Fue uno de los momentos más emotivos que se recuerdan del rodaje del filme. Lamentablemente, esa escena, por necesidades del montaje, no quedó en la versión definitiva de la película.” (Walfredo Piñera, crítico de cine)
“El proyecto en torno a una cinta acerca de Martí venía desde la época de la presidencia de Carlos Prío Socarrás (1948- 1952). Para la dirección de esa cinta se escogió al mejor realizador latinoamericano de entonces, el mexicano Emilio “El Indio” Fernández. Y es ahí que surge la primera discrepancia por no ser cubano el director; pero si tenemos en cuenta el latinoamericanismo de Martí así como su amor a la tierra azteca, vemos que no hay contradicción. (...) De otra parte el guionista, Mauricio Magdaleno (quien habitualmente trabajaba con “El Indio” Fernández) era un reconocido especialista en Martí, al punto que escribió el libro Fulgor de Martí. Y por su lado, Fernández ya había realizado en 1950 “Un día de vida”, homenaje a Cuba y Martí (dos de sus grandes amores) y donde la heroína del filme era la periodista cubana Belén Martí y casualmente la contraparte masculina era Roberto Cañedo, quien encarnaría al Apóstol en lo que fue finalmente “La rosa blanca”.
Del lado contrario a los ataques estaban los que preferían a que terminara la filmación para, sobre la base de los resultados, poder juzgar el filme. (...) Había errores, señalados incluso por Jorge Mañach, el más grande conocedor de la vida de Martí, y autor de la ya clásica biografía “Martí, el Apóstol”. Pero eran más los aciertos, amén de salir en la cinta la carta a Manuel Mercado (debido a presiones de algunos de los productores cubanos) lo que constituía un acto de valentía política en la coyuntura de entonces.
Además, se destacaban los amores de Martí con Carmen Miyares de Mantilla. De todos modos el régimen batistiano manipuló la ejecución de esta cinta en favor de sus intereses y su estreno, efectuado en el cine Radiocentro (hoy cine Yara) el 11 de agosto de 1954 se anunció del siguiente modo: ‘Estreno de gala, organizado por la Primera Dama de la República, Sra. Martha Fernández de Batista, a beneficio de la Casa de Beneficencia y Maternidad”. (Raúl Rodríguez, investigador).
Ficha Técnica:
LA ROSA BLANCA (1954)/ Cuba-México/ 120’/ Dirección: Emilio (El Indio) Fernández/ Productor: Felipe Supervielle, Justo Rodríguez Santos, Eduardo Hernández/ Argumento y guión: Mauricio Magdalena, Emilio (El Indio) Fernández, Iñigo de Martino/ Fotografía: Gabriel Figueroa/ Música: Antonio Díaz Conde/ Edición: José Bustos/ Actúan: Roberto Cañedo, Gina Cabrera, Julio Capote, Dalia Iñíguez, Raquel Revuelta, Julio Villarreal, Juan José Martínez Casado, Rodolfo Landa, Rebeca Iturbide, Gaspar Pombo, Celestino San Gil, Rafael Alcaide, Miguel Inclán, Andrés Soler, Arturo Soto Rangel, Palma de Ribera.
Encuentro Teórico Internacional MEDIOS DIGITALES Y CULTURA 04-10-2009 GTM 1 @ 15:03
jagb —He aquí una buena oportunidad para discutir un presente que muchos todavía prefieren ignorar, o silenciar el debate alrededor de las nuevas tecnologías, y su impacto en nuestras vidas cotidianas. Las bases íntegras se pueden leer aquí.
JAGB
CONVOCATORIA ESQUIFE
Encuentro Teórico Internacional MEDIOS DIGITALES Y CULTURA
14 de diciembre del 2009 – 18 de diciembre del 2009
Lo que en algún momento llamamos “nuevas tecnologías” se ha tornado un espacio de expresión, convivencia y debate cada vez más amplio. Lo habitamos, de un modo u otro, continuamente, al incorporarse cada vez más a nuestro cotidiano. Nos permite crear, comunicarnos, informarnos. Una zona con leyes propias donde se realiza una intensa actividad humana.
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Con ánimos de propiciar un debate e intercambiar experiencias, el Proyecto Esquife, en vísperas de celebrar el décimo aniversario de la creación de su revista electrónica de arte y literatura, y consecuente con sus presupuestos de comunicación, investigación y creación, convoca a todos los interesados, cubanos o extranjeros, a participar en el Encuentro Teórico Internacional “Medios Digitales y Cultura”, a celebrarse en Ciudad de La Habana, en diciembre del 2009.
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Los temas a tratar en el Encuentro Teórico serán:
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Medios digitales y creación artística: perspectivas y alcance
Medios digitales y promoción cultural
Medios digitales y periodismo cultural
Informática y comunicación
Publicaciones digitales y derecho de autor
Arquitecturas de la información
Creación de redes virtuales
Concursos y sitios fraudulentos
Gestión económica de las WEB culturales
Literatura y Arte en la WEB. Del mundo real al virtual
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Durante el Encuentro Teórico se realizarán presentaciones de medios digitales, paneles de discusión (presentación de ponencias), conferencias y conversatorios con creadores y editores.
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Los interesados deber enviar una ficha de inscripción
y un resumen de ponencia que no exceda las 250 palabras a:
esquife.contacto@gmail.com
o vía postal a:
Melones 460, e/ Pérez y Rodríguez
Luyanó, municipio 10 de Octubre,
Ciudad de La Habana, Cuba
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El plazo de admisión de los resúmenes de ponencia vence el 31 de agosto de 2009. Las ponencias deberán estar sujetas a los temas propuestos y otros de interés.
Para más información, dirigirse al correo de contacto.
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Proyecto auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz
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El evento sesionará en la sala Rosario Novoa (el Hemiciclo) del Edificio de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes.
Ofertas de Paradiso para participantes extranjeros:
Precios por persona, por noche, expresados en CUC
HOTEL
Categ.
Plan
SGL
DBL
Copacabana
4*
MAP
69.00
55.00
Caribbean
3*
CP
45.00
38.00
Servicios incluidos en el precio:
1. Alojamiento en Plan MAP: Incluye alojamiento, desayuno y cena.
2. Traslado Aeropuerto-Hotel-Aeropuerto.
3. Cena de Clausura del Evento.
1. Alojamiento en Plan CP: Incluye alojamiento y desayuno.
2. Traslado Aeropuerto-Hotel-Aeropuerto
3. Cena de Clausura del Evento
Los organizadores del proyecto continuarán buscando otras ofertas de hospedaje.
Para conseguir ofertas de pasajes vinculados a viajes culturales, sugerimos contactar con la Agencia Paradiso:
María C. Valdés Fernández
Especialista Comercial de Eventos Culturales e Incentivos
maricary@paradis.artex.cu
537 836 2124

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