MENSAJE A LOS AMIGOS 17-09-2009 GTM 1 @ 12:23
jagb —Algunos amigos me han escrito intranquilos por la inactividad del blog. Y el silencio del correo. Les agradezco a todos la preocupación. Lamentablemente tengo la impresión de que en lo que queda del mes no podré actualizarlo, al menos con la misma frecuencia que venía haciendo hasta ahora. Es decir, me refiero a escribir cosas nuevas (he tratado de evitar que el blog se convierta en una agencia municipal de noticias recicladas casi siempre desde el exterior, sin el menor espíritu crítico).
No tengo problemas técnicos o de otra índole, solo una acumulación terrible de compromisos. Y aunque todo esto de escribir para el blog me deja una satisfacción extraordinaria, cabe recordar que no solo del blog vive el hombre. Por supuesto, el blog puede seguir funcionando con las contribuciones que me envíen, porque a la larga, lo que se estaba logrando era que el sitio funcionara entre varios, y no con la entrega única de su administrador.
Así que más bien los animo a que en esta tregua que me he visto obligado a tomar, me ayuden a mantener vivo el blog enviando sus propios post, reflexiones, anécdotas. Sería una lástima que dejáramos morir (una vez más) la posibilidad de enriquecernos intelectualmente: basta revisar toda esa cantidad de debates que tuvimos en el mes anterior (sobre el pensamiento joven, sobre los nuevos oficios, sobre la mujer en el cine cubano) para darnos cuenta que nos faltan todavía mil cosas por discutir. Mientras, los abraza y agradece a todos,
Juan Antonio García Borrero
OTRO POST DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO 08-09-2009 GTM 1 @ 12:47
jagb —OTRO DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO
Por Víctor Fowler
-Compadre, ¿usted no oyó que voy para el Vedado?-
responde el taxista.
-Perdone, yo pensé que usted iba para el Vedado-
(se excusa el que lo detuvo, antes de correr en busca de otro taxi)
Se van quedando cosas colgadas, alguien nos escucha y hay que evitar esto.
En el post de Abelardo Mena titulado “Sobre las mujeres en el cine cubano” (01-09-2009) hay una idea que, a mi entender, figura entre las peores (sobre todo extemporánea, muy extemporánea) recomendaciones hechas a la crítica cinematográfica cubana: “Más allá de las determinaciones demográficas de cuántos directores han sido mujeres, lo cual me parece válido para un primer análisis…”. A veces, la intención de avanzar más lejos nos coloca detrás, porque la determinación demográfica que se pueda establecer -para el acceso de un grupo a la representación de sí mismo- no es un mero procedimiento inicial; en particular cuando la estadística arroja una apabullante sub-representación del que, a partir de ahora, consideraremos como un subalterno en términos de acceso a la representación de sí mismo. A este respecto, en “Abelardo Mena comenta la respuesta de Marina Ochoa” (post aparecido al día siguiente de la respuesta de M. Ochoa), la cuestión de la demografía no es ya cosa de un “primer análisis”, sino que felizmente se ha convertido en aspecto inseparable de “dos etapas simultáneas”: una donde se constate, mediante análisis estadístico, la subalternización y otra donde se desmonte el aparato “teórico- simbólico-cognoscitivo” (Miércoles, 02 Sep 2009).
Varias de las preguntas o demandas de Abelardo, en ambos post, admiten numerosos comentarios. Exigir al cine cubano “-desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres”, sería un chiste si no pretendiera resultar serio, pues es algo que igual puede ser exigido a casi todas las cinematografías del mundo; parece más un lanzazo de enfant terrible que frase de un discurso sobre el cine sustentando en conocimiento e ideas. ¿Se habla aquí de cine de industria o experimental y videoarte? ¿O del cine pornográfico puro y duro, en cuyo caso la palabra “guión” más bien parece sobrar? En el cine de industria, más allá de escasísimos nombres (creo que sobre todo resaltan los de Catherine Breillat y Virginia Despentes), ¿dónde se encuentra esta tendencia que Abelardo propone, quiénes son sus cineastas? Al nivel de radicalidad que se nos habla, e incluso en las producciones más independientes o de circuito experimental, ¿quiénes son tales figuras? ¿Annie Sprinkle, María Beatty, quiénes, cuántas? Puesto que para señalar el supuesto atraso del cine cubano hay que comparar con el cine mundial, ¿no estará el crítico sobredimensionado un puñado de nombres?
Por otra parte, si regresamos al inicio del intercambio, cuando la demanda de Marina Ochoa trató sobre la escasa posibilidad que han tenido las mujeres cubanas para hacer cine, en especial en posición de realizadoras, ¿qué sentido tiene saber si existe, como pregunta Abelardo, “… un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres”? Dado que el dato principal es el de la poca cantidad de mujeres realizadoras, ¿de qué imaginario anti- falocrático hablaríamos para comparar con la literatura escrita por mujeres en Cuba, del de hombres? Y esto es sin detenernos a discutir si el tal imaginario existe en la literatura del país y no en casos aislados.
¿De qué hablamos cuando hablamos sobre “las mujeres en el cine cubano”? ¿De la presencia de temas femeninos? ¿Del instante en el que las mujeres hablan sobre sí mismas? ¿Del intelecto que muestren como directora de película, esta última con el tema que sea? ¿De todas estas cosas a la vez? Donde Abelardo pregunta “¿cómo ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales?”, se puede responder que de manera heroica, trascendente, brillante, espectacular, mediocre, irrisoria, evasiva, machista, etc. Una pregunta que admite respuesta tan amplia es casi una no-pregunta y más la demanda de que sea escrita una historia de la mujer en el audiovisual cubano. “Lucía”, de Solás, es una de las representaciones más grandes que el cine mundial conoce de la interrelación entre mujer y nación, a pesar de haber sido dirigida por un hombre (y, por cierto, reivindica una zona de ese “feminismo insular anterior a 1959”); en otro escenario, el del cine africano, varias de sus grandes mujeres fueron postuladas por otro hombre, Ousmane Sembene. Aquí, como sucede para la literatura con la “Madame Bovary” de Flaubert o la “Anna Karenina” de Tolstoi, el análisis pide una especial fineza. Otra cosa, sin embargo, cuando la mujer accede a poder relatarse a sí misma, como, por ejemplo, ocurre en el cine de Jane Campion o Sally Poters.
Además de lo anterior, es curioso el modo en el cual el espectador “macho” - que Abelardo dice ser-, a nombre de una necesaria apertura del canon, establece una tensa relación de control con ese cine de mujeres cubanas que apenas existe; no sólo disminuye la voz que quiere constatar el desbalance demográfico, sino que le asigna tareas: rescatar, narrar la historia que falta para tener la historia total. ¿Cuál otro cine quedaría más obligado, atado, a contar tal vacío, sino ese cine que aún no existe? Lo que tal deseo olvida es que el cine (y, en general, el arte) no es un sustituto del texto de historia ni tampoco su doble especular; dicho de otro modo, parece más correcto desear, e impulsar, la existencia de un cine cubano hecho por mujeres que representen lo que decidan representar: de sí mismas y del mundo, asumiendo que en esto último, por los caminos más tangenciales, igual se estarán representando.
Otras cosas, ahora del segundo post, igualmente me confunden o tal vez se necesite un tamiz más fino para fijar las posiciones. Donde A. Mena esgrime (como dato correcto) la no publicación en Cuba del libro de Lynn Stoner, extrañamente olvida la publicación en Cuba del libro de Julio Cesar González Pagés (sobre el mismo tema). Cuando, tratando de la continuidad histórica de la emancipación femenina en Cuba, pregunta (y, de paso, afirma): “¿Por que aún hoy nadie aborda esta memoria necesaria?”, el desconocimiento, el olvido o la rudeza son todavía mayores. En particular, dada la apreciable cantidad de autores que, fragmentariamente y desde disciplinas o campos diversos, han trabajado sobre esta historia de la emancipación femenina en Cuba (historiadores, escritores, curadores, etc.) Vale la pena aquí no confundir la resonancia mediática del texto con el texto en sí y es muy posible que las inscripciones del subalterno, en no pocas ocasiones pequeñísimos pasos, no alcancen a satisfacer esta ansia de cambio vanguardista; hay que demostrar delicadeza y sensibilidad especiales para evitar el peligro (presente siempre dentro del ansia) de que aquel que se define a sí mismo como aliado del subalterno imite en su hablar al dominador hegemónico. En este contexto, el uso de la palabra “nadie” es inaceptable y hay, en lugar de ello, que rastrear, resaltar, estimular, tejer lo nuevo que –aunque tal vez aislado- ya existe.
Por idéntico motivo de fineza, es que tampoco se debe aceptar –como demanda válida o demostrativa de algo- la hipotética “declaración rampante de escritoras cubanas lesbianas o no, defendiendo a sus compatriotas al tiempo que se empoderan a sí mismas.” Sin tomar en cuenta que tampoco conozco la “declaración rampante” de escritores (o lo que sea) cubanos que entiendan que se empoderan a sí mismos “defendiendo” a sus compatriotas homosexuales, al instaurar la declaración como meta A. Mena vuelve a repartir tareas a esas mujeres cuya invisibilidad le preocupa como tema y como sujetos. Una vez más, en lugar de ello, el trabajo que tales autoras (y, también, autores) han hecho para dar, en sus textos, visibilidad a la sexualidad lesbiana, es una de las grandes hazañas de la literatura cubana contemporánea durante el último cuarto de siglo.
La propuesta implícita de Marina Ochoa en el siguiente fragmento: “… sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.” es un ejemplo de teoría feminista en su estado más puro y, finalmente, asume la fractura que ella misma ha tratado cuidadosamente de evitar. Vuelvo a repetir que aquí, una vez más, o jugamos o nos pasamos con fichas, pues el verdadero punto álgido del intercambio gira alrededor de esta proposición: si la obra de arte opera en el doble registro de la identidad y la universalidad de su discurso, o si únicamente es explicable gracias a la identidad del autor. En este sentido, las lecturas desde las identidades fragmentan el canon al tiempo que las lecturas desde lo estético reunifican la dispersión; al propio tiempo, la identidad genérica está en sí misma fragmentada (según raza, nivel social, preferencia y prácticas sexuales, etc.) a la vez que lo estético es la norma universal que dictó un grupo hegemónico. Lo que trato de decir aquí es que cualquier análisis no puede sino partir de una continua negociación que nos permita (¡intentarlo al menos!) mantener la más sana distancia crítica ante el documento y sus condiciones de surgimiento, realización o exhibición y distribución.
Puesto que identidad y universalidad lo mismo van en relación de apoyo que de oposición, expresas u ocultas, aceptadas o negadas, más que frente a una oposición binaria estamos en presencia de un extenso y complejo juego posicional de dónde sólo nos adelanta el riesgo de un enjuiciamiento estético. Es así que el favoritismo de la crítica con respecto a determinadas películas y autores masculinos, mientras que apenas se habla sobre las obras dirigidas por mujeres (y mucho menos asumiéndolas como tales), sólo puede ser entendido como la consecuencia de una sospecha estética oculta: hacen un cine de menos interesante factura o de menor intensidad como acto intelectual. Esto último parece rondar una de las preguntas que, para criticar la discriminación hacia la mujer (aplicada al intelecto), se hace Belkis Vega: “¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción?”. Si bien es deducible, de lo anterior, que el largometraje de ficción merece un estatuto supremo, ¿en qué se basaría semejante distinción sino en considerársele, de todos los formatos mencionados, el único que a la vez reúne libertad, creación de mundo, pensamiento, posibilidad de osadía formal y/o de pensamiento, diálogo con la Nación y su historia o futuro?
Por tal motivo, cuando Belkis Vega pregunta: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad?”, con una pocas variaciones, la respuesta especular para ello es una nueva pregunta en donde basta con sustituir la profesión: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente la crítica cinematográfica cubana no es capaz de escribir acerca del cine hecho por mujeres en Cuba o que carece por entero de talento y sensibilidad para hacerlo?”. La totalidad de los textos en este intercambio se han apoyado en los silencios alrededor del cine hecho por mujeres en Cuba o, lo que es lo mismo, se han apoyado en lo no dicho; sin embargo, lo que quisiera destacar es que ello no es equivalente a lo que no se quiere decir, a lo que desesperadamente se intenta no decir. Respecto al asunto acerca del cual hablamos, hay que leer a la crítica cubana de manera global y entender los modos en los cuales el silencio habla. Esta pregunta, que nadie se atreve siquiera a formular, y a la que no se alcanza responder acusando a su vez, aunque la acusación sea legítima (“no nos aprecian porque no nos conocen”), desplaza la energía hacia donde el texto de Belkis Vega termina: “…prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.”
Pero, cuando Marina y Belkis ripostan que no se puede enjuiciar lo que no se conoce, el final del silogismo conduce a una sorpresa; no existen textos que nos enjuicien, no enjuician porque no nos conocen o fueron formados para no hacerlo, ergo, nadie nos conoce. Y recuérdese que igual derivación puede conseguirse al preguntar por la representación o presencia en nuestro cine del sujeto de raza negra, los homosexuales u otros grupos; conduciendo la hipótesis al extremo, estaríamos insertos en el interior de un enorme caos donde los sujetos de identidad sólo “conocen” (a reserva de cualquier fragmentación nueva que pueda aparecer) a los de su grupo. A fin de cuentas si, aplicando lo dicho por Belkis, cualquier conocimiento nuestro ocurre dentro de “las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura”, ¿no podemos acaso concluir que, dado que no hay sino ese universo condicionante, ningún sujeto de identidad podrá “conocer” a otro de identidad diferente?
Lo que intento precisar es que no somos únicamente el resultado de acciones condicionantes, sino además (y mucho más importante, quizás) de la hondura de razón que empleamos para analizar aquello condicionante y de la posición subjetiva que ante tal presión formadora adoptemos. Al pensamiento de lo nuevo corresponde tanto deshacer el fantasma que envuelve al objeto e impide la visión, como dialogar si hay razón en aquello considerado como viejo y merecedor de extinción; esa posible razón en lo enemistado obliga a continuamente sospechar de la posición subjetiva propia, a ponernos a prueba. La situación no sólo es más compleja que el silogismo anterior elaborado (pues, en verdad, apenas sería posible encontrar, en esto que hablamos de cine hecho por mujeres en Cuba, a un desconocedor absoluto y sí mucho mal-conocimiento, aunque en escalas diversas), sino que la identidad es el individuo y no una de sus máscaras; dicho de otro modo, las preguntas de la identidad, la territorialidad y la universalidad vienen juntas y es sobre todo la obra (ese otro que es uno) quien tiene que dar respuesta a las tres. ¿Qué representa para la historia de la identidad que reivindica? ¿Qué posición ocupa respecto a la ya hecho en el territorio, a la tradición a la cual se pertenece? ¿De cuál hallazgo se es portador en cuanto a la historia universal del arte que se practica, a las hechuras y mensajes que nos preceden?
Dado que la obra de arte no puede evitar, por expresión u omisión, de cuestiones de identidad (del autor o la “relatada”, territorialidad (dado que se pertenece o se filma dentro de un país o lugar y tradición determinada) y universalidad (porque los significados o sentidos en y de la obra son traducibles a una escala universal), el juicio del crítico y la figura del autor tienen que correr el riesgo (de situar y ser situados) en estos tres abordajes. ¿Existe aún la obra de arte y el valor artístico? ¿O sólo queda lo significativo para los sujetos de esta o aquella identidad? ¿Valen de algo los juicios de valor general? ¿Tiene aún sentido el hallazgo? Sin embargo, la pregunta no-hecha, exactamente por serlo, tiene que ser respondida acaso antes que todas las demás; pero, si la crítica hasta ahora no lo hizo (en realidad, ni siquiera la formuló), ¿quién podrá recibirla sino una crítica nueva, que destruya? Esa crítica que destruye, justiciera, válida para todos los grupos subalternizados – vuelvo a una idea anterior- sólo podrá existir cuando sea tejida, por ello es responsabilidad nuestra que aflore, incluso para que nos barra; de ahí la necesidad de búsqueda, de creación de escenarios, confluencia, alianzas, la fabricación de unión.
Dejo para el final la necesidad de insistir en una distinción elemental: una cosa es hacer obras de arte, otra segunda la crítica y una tercera el trabajo del historiador. El momento donde Marina Ochoa, en un post anterior, nos llama a comprar la significación y trascendencia del abrazo en los personajes de “Mujer transparente” y “Fresa y chocolate”, implica una pregunta alrededor de la ceguera. En caso de aceptar como válida la pregunta, ésta es resuelta de maneras distintas por el crítico de cine (que intentaría comprender ambos momentos como hechos construidos cuyo mecanismo corresponde desmontar) y el historiador (quien tal vez no pueda demostrar los valores de construcción que hacen a uno “superior” al otro, más desglosará los caminos que definen al más significativo). Sólo quien vaya más lejos, el que merezca tal autoridad como para que se le entienda como un pensador del cine, podrá fundir a los dos.
Hace pocos días Juan Antonio escribió un lindo párrafo sobre las distintas actitudes que ha venido recogiendo entre los lectores de La pupila insomne, su combativo blog. Como en toda obra humana, contó que había encontrado amigos, habló de otros que “no publican lo que piensan, pero apoyan leyendo, o sencillamente aceptando las descargas.”, así como ese tercer grupo de siempre que interroga “sobre el posible sentido que tiene para mí esta pérdida de tiempo, si al final, nada va a cambiar.” ¿Qué hago yo escribiendo en mitad de la madrugada, en lugar de haber ido a la cama desde hace rato? Idiota e iluso que soy y me traiciono siempre. Con la ilusión de que, en alguna parte, un mínimo impulso está siendo dado a la futura historia del cine cubano hecho por mujeres, a los trabajos sobre la representación de la mujer en el cine cubano, las lecturas feministas del cine cubano, las muestras de dicha producción audiovisual. Además de ello, servirá como modelo a otras lecturas tensas hechas desde posiciones de subalternidad y, entre todos, reconfigurarán los límites de esa “identidad colectiva” por la que Marina Ochoa aboga. Escribirán, discutirán, aclararán. Ya no pueden ser detenidos.
ROSA ILEANA BOUDET SOBRE “BLOGUERÍAS” 07-09-2009 GTM 1 @ 16:03
jagb —Hoy he tenido la agradable sorpresa de descubrir en el blog “Lanzar la flecha bien lejos”, de la escritora y periodista Rosa Ileana Boudet, un post que habla sobre el libro “Bloguerías”. Más allá de las cosas hermosas que la autora dice sobre el sitio, me emociona comprobar que la blogosfera, en efecto, puede borrar cualquier sensación de límite físico, y proponernos una nueva manera de convivir. Para los cubanos, este detalle no debería pasar inadvertido. Mi gratitud y respeto para Rosa Ileana Boudet por fomentar la idea de que es preferible lanzar la flecha bien lejos (acto que asocio a la virtud de soñar espacios nuevos, realidades distintas), a quedarse por siempre en el mismo círculo.
JAGB
GARCÍA BORRERO Y SU BLOGUERÍA
Por Rosa Ileana Boudet
Juan Antonio García Borrero es uno de los pocos cubanos que ha publicado un libro con las entradas de su blog "La pupila insomne". Escrito en Camagüey (aunque a estas alturas poco importa si se bloguea desde Los Naranjos o el Bronx), a pesar de las lentísimas conexiones y las dificultades editoriales, existen el libro y el blog. A "La pupila", entro bastante a menudo y acabo de leerme Bloguerías, editado por Ácana, sita en la Avenida de la Libertad. Como puede suponer el lector, la Flecha no puede escribir una nota cinéfila, a pesar de amar y respetar el cine, sino una reseña impresionista e impresionada. Y hay tanta recurrencia al hecho de nacer y vivir en Camagüey, que esta visión personal o de blogonovela -el día que pasó el huracán Ike, la casona antigua, la madre y la esposa- hacen al relato uno de los más próximos y amenos entre los tantísimos buenos blogs que se escriben hoy.
Si dejo atrás el prólogo que no me gusta tanto y las "Cincuenta películas para intentar entender lo que ha sido Cuba" -porque en materia de listas, se queda siempre mal o corto o excesivo, el resto del libro me gusta mucho - y ya comprendo por qué tiene lectores como yo, lectores-cineastas y lectores académicos. J. A. García Borrero escribe desde la periferia, no es un crítico de la institución (llámese icaic o eictv o cualquier otra sigla con la que el cine cubano se identifica), le gustan los márgenes, rescata a los olvidados -también los que viven fuera – y con mucha naturalidad está en las Ramblas de Barcelona o en la terminal de ómnibus de su ciudad natal, conversando con Solás o en el último encuentro de Criterios, según cuenta. Por lo tanto, escribe en la provincia, pero no es provinciano ni tiene prejuicios de citar a Benavente y a Julio Caro Baroja. Me diera la impresión que sus libros deben ser buenos pero no los conozco, que es leal con sus amigos y con los que han estudiado o novelado el cine antes - de Guillermo Cabrera Infante a Luciano Castillo- y eso me gusta.
Mientras procuro leer lo que me falta, hago mío este párrafo suyo:
"Menos mal que existe la blogosfera. Aquí uno puede publicar todo tipo de bloguerías, y nadie se azora por eso. Una bloguería es algo así como ese mensaje que los náufragos arrojan al mar dentro de una botella, sin saber quién lo va a encontrar en un futuro".
Aunque no lo parezca porque la Flecha avanza lentísima, el libro me hizo pensar en una revista estudiantil que Rine Leal y Guillermo Cabrera Infante hicieron en el Instituto donde, según el cuento de Rine, éste firmaba "el último con las primeras".
Creo en esas botellas arrojadas al mar, en los últimos que son los primeros.
PD: Otra opinión sobre "BLOGuerías" de alguien que no conozco y que vive en Miami.
Querido Juan,
Encontré tu libro accidentalmente en la librería de Manzanillo, local esquina del parque central de la ciudad; aun quedan varios ejemplares. No creo que muchos lo compren. Es violento. Compré dos, uno para ubicarlo en la biblioteca de la Universidad de Miami y el otro, que ya leí, lo entregaré al director del Festival de Cine de Miami.
Me interesa el cine cubano. Te confieso que hace mucho tiempo no leía un texto como el tuyo. Me atrevería decir que nunca he leído a un intelectual cubano formado en la Revolución y antes con esa libertad escritoral. Ni siquiera a Rafael Rojas, Iván de la Nuez y otros que están fuera influenciados por la “desconstrución postmodernista”. Tu libro puede estar condenado al fracaso, puede que ese ejercicio escritoral te desanime al final, como dice Sartre, a creer que la vida no tiene sentido, pero ese desarraigo con que están escritas tus opiniones puede abrir una puerta satisfactoria para que la libertad, como dice Nietzsche, sea suprema. ¡Que estética la de tu libro! Es humano, demasiado humano. Y es ahí donde se cierran las puertas. Lo humano debe ser también trascendido. Lo humano no muere, como dice Heidegger, con el ser. Me impactó sobremanera el poema de Domingo Alfonso que da fin a tu libro. Parece ser un epitafio.
Demasiado pesimista, imborrable por el tedio y la angustia. No me cabe duda que has experimentado un atisbo de la verdad, de eso que dices tú sobre la película de Fernando Pérez, Suite Habana, “la trama se vuelve trascendente a partir del uso de lo efímero”.
Lo “efímero” te saca de las bloguerías; ojo, ten cuidado con lo efímero, te puede estar dando la sensación que el trabajo del bloguero forma parte de tu rutina, que no tenga sentido hacerlo y no pueda ser sustituido por otra cosa para saciar esa tensión. Acaso no fue eso mismo lo que experimentó Kierkegaard. Para él muchas cosas podían sustituirse. Una novia te deja y puede ser sustituida por otra. La tensión que provoca perder a una novia puede ser aliviada por la llegada de otra; en buen cubano, un clavo saca otro. Pero había una que no podía ser sustituida por ninguna otra cosa: la angustia del ser, la tensión de existir. En ese punto creo ver, a partir de tus opiniones, en el lugar que te encuentras. Y es lógico que así sucedan las cosas. Por alguna razón misteriosa no se puede, por ahora, pedir más. Las puertas están cerrada; tomate un “tiempo”.
Sergio, el personaje de Memorias del Subdesarrollo, es humano, demasiado humano. Sin embargo, su expectación en sí misma es ridícula. Su desarrollo en sí mismo es subdesarrollado también. Darse “tiempo”, “esperar”, tener la “esperanza”, a que las cosas sucedan forman parte también del subdesarrollo humano. El espectador de Sergio es un hombre angustiado por la mediocridad que lo rodea; la ciudad de la Habana le parece de cartón; los mismos gestos, los mismos parlamentos; yo agregaría: La Habana no tiene alma, está muerta como lo está hoy. Ni en lo “efímero” está viva. Toda Cuba lo está, esa es su memoria. Sergio es un personaje tan dormido, lleno de sueños, de esperanzas como todos los están en la película. Solo que el sueño de Sergio es significativo, pues lo invita a darse cuenta que solo él es un soñador más, un espectador más, un pensador de la situación y no un experimentador de la realidad; un ser que tiene la efímera sensación de que está dormido, también es manipulado por esos parlamentos y gestos. La falta de conciencia es tan grande y tangible en el mundo que rodea a Sergio, que por esta razón el personaje se revela trascendente. El hecho de darse cuenta a través del pensamiento de que está dormido es un avance para salirse algún día totalmente del subdesarrollo. Lo humano, demasiado humano de Sergio es que se halla en la misma situación, en la misma angustia existencialista, en la que se halló Kierkegaard en su tiempo. Para Sergio hay una cosa importante, que no sucede en los demás personajes; la pregunta existencialista de qué si la vida tiene sentido; en otras palabras, cuál es el significado de la vida. A nadie más se le ocurre esa pregunta. La respuesta esta inconclusa, está abierta al futuro. El cine cubano no ha podido responder satisfactoriamente a esta pregunta. Creo no podrás hacerlo por ahora.
Honestamente no veo libertad en los escritores cubanos; ni en Lezama, Cabrera Infante, Carpentier, Mañach, para mencionar algunos de los más conspicuos. La literatura cubana está falta de libertad. Martí, que en un memento dado pareció estar desanimado por el metarrelato escritoral, lo asumió para crear el "memen" cubano: la dependencia al destino de que la patria le da sentido al cubano. Se le ha temido tanto a Niezstche, a su estilo, a sus martillazos, que es mejor estar bajo el influjo de la escritura que deshacerse de ella. Me alegra sobremanera encontrar a alguien dentro de la isla que se pronuncie por tal libertad. Eso para mi es lo más significativo que contiene Bloguerías. Temo que consigas seguidores, porque nuestra gente está hecha de subdesarrollo, que no se lo permitiría. Es mejor estar a las viejas usanzas que no navegar por caminos desconocidos. Y tu proyecto es desconocido, le invita a la muerte.
Querido Juan: pudiera seguir animando tu texto, señalando cosas interesantes, pero creo haber dicho lo necesario. Una sugerencia para concluir: cuando uno llega a la más alta desesperación, cuando uno no le queda más que hacer que vivir intensamente la frustración en sí misma, recuerda esto, aparece una luz de la verdad. Solo viviendo se puede trascender la angustia. Sal de la cueva pero no te mezcles con el mercado. Trata de trascender la actitud de Sergio porque no lleva a ningún lugar. Trascender no es dejar, no es una huella; trascender como yo lo entiendo es borrar, es aniquilar toda huella. Nietzsche dijo: “Dios está muerto y el hombre es libre”. Yo diría, “Sergio está muerto, el cubano es libre”. Pero Sergio pende sacralizado aun todavía como dios sobre nuestras cabezas. ¡Matémoslo!
Ángel Velásquez Callejas.
A MIS (CASI) CUARENTA Y CINCO AÑOS 07-09-2009 GTM 1 @ 13:48
jagb —Mañana, si Dios y la Virgen de la Caridad permiten, estaré cumpliendo cuarenta y cinco años de edad. Aunque anoche llovió bastante, esta vez no se anuncia ningún huracán que me obligue a utilizar velas en el momento en que los míos canten el “Happy Birthday”. Todo parece indicar que llegaré a la otra orilla de la madrugada sin sobresaltos, sin apagones.
Sin embargo, no todo está bien. Mi hijo (tiene ahora veinte años) anda desolado, y no tengo muy claro cómo ayudarlo a entender que la vida es un carrusel de incongruencias. Mañana estaré cumpliendo un nuevo año, y él acaba de perder a uno de sus mejores amigos (tenía casi su misma edad) en otro de esos momentos absurdos que vienen de golpe, para recordarnos que allí donde los seres humanos nos pregonamos invencibles, solo hay vanidad de vanidades. Que estamos vivos de milagro.
No soy muy dado a las expresiones de pésame. ¿Miedo a parecer melodramático? No lo sé, pero tengo sentimientos encontrados en cuanto a “la muerte”: hasta hace muy poco pensaba que cumplir cincuenta años y morirse ese día, en plena forma, era el mejor regalo de Dios, mientras que cada una de las veinticuatro horas que se vivieran después de los cincuenta serían propinas del Diablo, empeñado en hacer de nuestra inevitable decadencia un espectáculo público.
Esta idea, por radical, merece que se la explique un poco mejor a mi hijo, en tanto a él va dedicado este post. Según mi creencia de entonces, si supiésemos que Dios nos ha concedido apenas cincuenta años de vida, con seguridad buscaríamos vivirla con más intensidad, y no perderíamos tanto tiempo en querer llegar a viejos, algo que se parece más a un juego de azar que a una aspiración lógica, y que por lo general, de tanto cuidarnos, impide que nos arriesguemos y aportemos acciones útiles (he conocido tanta gente sana, pero inútil, que a veces he terminado por poner en duda eso que llamamos “salud”).
Creo que de saber que el plazo expira a los cincuenta, muchas personas se rebelarían contra todo lo que implique perder el tiempo. Los que nos mandan tendrían menos argumentos para diseñarnos desde lejos la convivencia. Nos parecerían absurdos todos esos planes a largo plazo que hablan de nuestras vidas sin conocerlas. En cambio, estaríamos viviendo el día a día igual que el Quijote: locos a rematar, pero con ganas de comernos el mundo, y sin importarnos las consecuencias.
No tengo nada contra los viejos, porque he conocido a varios (empezando por mis padres) que nunca parecen llegar a serlos. Pero la regla no es esa. La mayoría de la gente nos conformamos con ir amontonando años, como si se trataran de muebles antiguos que uno compra en tiendas de coleccionistas, y cada 365 días está en la obligación de mostrárselos a los amigos (fiestas y música muy alta por medio): mucho ruido, pero pocas nueces, pues cuando revisas lo que se ha vivido en todo ese tiempo, sobrarán los dedos de una mano para enumerar los momentos que han trascendido en la memoria personal. Al final, todos los cumpleaños terminan pareciéndose y confundiendo: da lo mismo festejar treinta que ochenta, cien que ninguno.
¿Tiene sentido vivir ciento cincuenta años tan solo para lucir el recuerdo vanidoso de apenas tres o cuatro días “trascendentes”? Si es solo para decir quejumbroso que hemos llegado a cierta edad, para mí no lo tiene: si al final el individuo va a conformarse con la memoria de esos tres o cuatro “grandes momentos” ya idos, sería más negocio vivir entonces tres o cuatro años nada más. Así nos evitaríamos el bochorno de la declinación física, por ejemplo. Pero otra cosa, y allí si estoy por la prórroga, sería cada día vivirlo como si fuera único.
Esto lo escribo en víspera de cumplir mis cuarenta y cinco, y faltándome otros cinco para los cincuenta. Si llego allá, ya el Diablo sabe que voy dispuesto a usar su propina en las cosas que hasta ahora más me interesan, pero como este post está encaminado a paliar un poco la actual confusión de mi hijo, quiero terminarlo de este modo: Leonardo, lo importante no son los años que se cumplen, sino los días que uno consigue vivir con tanta, pero tanta intensidad, que veinticuatro horas llegan a parecer la eternidad misma.
Juan Antonio García Borrero
TE LLAMARAS INOCENCIA (1988), de Teresa Ordoqui 06-09-2009 GTM 1 @ 18:18
jagb —Como una manera de seguir contribuyendo a esto de concederle visibilidad a la mujer realizadora dentro del cine cubano, cuelgo ahora la poca información que tengo a mano sobre el largometraje “Te llamarás inocencia” (1988), de Teresa Ordoqui, que junto a “De cierta manera” (1974), de Sara Gómez, y “Ciudad en rojo” (2008), de Rebeca Chávez, se recuerda como uno de los escasos tres momentos en que una mujer se ha puesto al frente de un largometraje de ficción filmado en celuloide.
La cinta de Teresa Ordoqui se apoya en un relato de Miguel de Carrión, y en su época provocó cierto revuelo a partir del uso que hace del desnudo, en un medio tan tradicionalmente mojigato como es la televisión. La película fue producida por los Estudios Cinematográficos de la Televisión Cubana, y ganó Premio en el Festival de Cine para Televisión (Praga, Checoslovaquia) del año 1988. Los personajes protagónicos fueron interpretados por Aramís Delgado, Anabel Leal, y Lily Rentaría, entre otros.
Cuando preparé la “Guía crítica del cine cubano de ficción” seleccioné un fragmento de una crítica cuyo autor nunca pude precisar, pues la tomé de un recorte que conservaba en mi archivo personal, aunque lamentablemente mutilado. Las otras dos notas que conozco fueron publicadas en el diario “Juventud Rebelde” por Soledad Cruz (“La inocencia del desnudo”, 11 Agosto de 1988, página 11) y Héctor Zumbado (“Gracias, Teresa”, 20 Agosto de 1988, página 8).
Desde luego, lo interesante sería reencontrarnos con la cinta, pero eso, ¿dónde podría ser? Mientras, los dejo con un fragmento de la sugerente crítica que en su momento se escribió. Y ojalá que su autor lea este post, y me confirme su identidad, para poder darle el crédito merecido.
Juan Antonio García Borrero
“Te llamarás inocencia contribuye a renovar la dramaturgia fílmica cubana de los últimos años. Su estructura, devenida caprichoso juego con el tiempo y el espacio, derriba convenciones sin arriesgar el hilo de la historia concebida por Gerardo Fernández, Raúl García Riverón y la propia Teresa Ordoqui. La edición de Margarita González resulta un alarde de pericia si advertimos que el entorno de los personajes apenas cambia y el ritmo es sostenido hasta el final. Pero si agregamos que Martínez Carmona con su fotografía roba a la luz para devolver la belleza sugerida por Carrión en sus líneas, transformadas esta vez en atmósferas que subrayan cada sutileza argumental, tampoco es difícil advertir cómo en este cuento el respaldo sonoro concebido por Juan Leyva se integra orgánicamente a la composición escénica y a los desplazamientos de cámara. Sin dudas, las manos que pudieron dar vida a cada elemento referido son conocedoras de su madeja y responden a una imaginación que por primera vez no conoció frenos. No hay por qué negar lo asimilado en el aprendizaje; detrás están Visconti, Karel Reisz, Tarkovski. También Solás y Tomás Piard como referencias más cercanas.” (¿?).
BELKIS VEGA SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO 05-09-2009 GTM 1 @ 13:20
jagb —MUJERES DIRECTORAS CON OJOS, OIDOS, VOCES Y MUCHOS DESEOS DE DECIR.
Por Belkis Vega
Uno de los principales retos del ser humano es ser testigo, crítico y constructor de su época, lo cual debe implicar abrir espacios para el debate y el diálogo, para la diversidad y el desacuerdo. Pienso que esta posibilidad debe haber motivado a Juan Antonio a abrir este blog y le doy las gracias por ello.
No voy a comenzar este escrito diciendo que no soy feminista. Soy mujer, hembra, femenina y feminista y no me da temor ni timidez reconocerlo. Pertenecí al Comité Organizador de MAGIN, organización de mujeres comunicadoras de la que algun@s han hablado en este blog y agradezco al feminismo y a los estudios de género el haberme hecho crecer como ser humano que asume la vida con la conciencia de quien es; con la conciencia de las condicionantes culturales y educacionales que han conformado mis juicios de valor; con la conciencia de poderme llamar a reflexionar a mi misma y ponerme delante de un espejo virtual en múltiples oportunidades y preguntarme más de una vez quién soy y qué quiero de la vida.
Hemos nacido y crecido en un mundo que se rige bajo las miradas masculinas y son las mentes y las voces masculinas las que han construido la visión de la historia. Para el occidente cristiano la construcción de “lo femenino” transita entre dos extremos:
“Virgen María”= Buena
“María Magdalena”= Mala
Bipolaridad que durante siglos ha estigmatizado a las mujeres transgresoras porque transgredir es ser María Magdalena. Nos han educado en el temor de la serpiente y la manzana. Somos las culpables del pecado original y nuestra desobediencia ha costado la expulsión del paraíso, ser devoradas por el lobo, envenenadas por la bruja o dormidas hasta la eternidad o hasta que aparezca el príncipe salvador o el valiente cazador.
No por gusto se ha hecho necesaria una crítica feminista de la historia, con el fin de recuperar las voces silenciadas y poner en discusión las construcciones sobre las cuales se sustenta el mito patriarcal. Pero el asunto no es pasar de un mito patriarcal a un mito feminista sino crear espacios para que todas las personas podamos ejercer nuestro derecho a ser y a estar.
En fin de cuentas, “to be or not to be”; justamente de eso se trata. Y cuando hablamos de invisibilidad, hablamos de “not to be”. No basta con ser, es necesario hacernos ver y oír. Y no es tan simple como algunos pretenden hacer ver.
Marina citaba el nombre de Rosina Prado. Confieso que no fue hasta el pasado año cuando “descubrí” en un artículo en Internet la existencia de esta mujer y no pude evitar el asombro al leer que fue la primera mujer que después de la creación del ICAIC dirigiera documentales en Cuba.
Rosina, española de nacimiento, estudió cine en el Instituto Estatal de Cine de la URSS y en 1961 comienza a trabajar en el ICAIC dirigiendo varios documentales hasta el año 1968. No conozco su obra, no puedo valorarla. Podrá gustarnos o no pero lo que no podemos es borrarla, invisibilizarla, multiplicarla por cero, que es lo que ha ocurrido.
Busco el nombre de Rosina en el libro LA TIENDA NEGRA / El Cine en Cuba 1897 – 1990 de la investigadora María Eulalia Douglas, donde no aparecen ni ella ni el nombre de ninguno de los 6 documentales que dirigió.
Constato entonces que casi ningún documental aparece citado en EL cine en Cuba. Busco entonces a Teresa Ordoqui. Tampoco aparece como directora. Ni ella ni su filme de ficción “TE LLAMARAS INOCENCIA”, el segundo filme de largometraje rodado en Cuba por una mujer. Las dos únicas mujeres directoras a las que se hace referencia en este libro son Sara Gómez y Marisol Trujillo.
Y esto no ocurre solamente en este libro… ¿Por qué algunos continúan empeñados en plantearse los problemas de las mujeres como de “minorías” o concernientes solamente a las mujeres y no a toda la sociedad? Somos la mitad de la humanidad, no una minoría o un grupo.
Y sucede que ya somos muchas dentro de esa mitad de la sociedad las que tenemos conciencia de que queremos decir y construir valores sustentados sobre nuestra visión del mundo que complemente la visión desde lo masculino que hasta ahora se ha impuesto.
Dirigir cine es ser una líder, una representación del poder, justamente lo que a la mujer se le ha vetado durante siglos. Asumir la dirección cinematográfica, como otras direcciones en las profesiones mitificadamente masculinas, y además, epítomes como en este caso, del ser patriarcal y la virilidad, implica no solo empoderarse sino asumir esta posición de poder sobre artistas o técnicos, en su mayoría también hombres como hombres son generalmente los que determinan los presupuestos, los filmes que se hacen o no se hacen, se exhiben o no se exhiben, se critican positiva o negativamente o peor aún, se ignoran.
Pero cuidado, que tampoco el hecho de pertenecer al sexo femenino asegura una conciencia de género. Todas y todos hemos sido educad@s sobre los mismos valores y para algunas mujeres, acceder a posiciones de poder implica asumir y reproducir los patrones masculinos de poder. Ejemplos en líderes políticas sobran.
Juan Antonio García Borrero reconoce que el cine realizado por mujeres no ha atraído su atención… Y Victor Fowler entre sus preguntas, hace referencia a una “sospecha estética” y yo me pregunto si ellos a su vez se han preguntado cómo puede existir una “sospecha estética” o asumir que no te interesa algo que no conoces si no es sobre las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura.
Creo que también por aquí estaría la respuesta para otras de las preguntas de Víctor: “¿Qué hace, para la crítica, poco interesante la mujer y qué herramientas, doy por hecho que faltan, son necesarias para percibirlo? ¿Dónde se forman quienes hacen crítica, cómo se superan, de cuál instrumental teórico disponen, qué cine ven, qué textos leen, cuál es su diálogo con la contemporaneidad?”
Me he interrogado a mi misma muchas veces si a los directores hombres que han podido realizar obras de ficción en cine, procedentes de diversas generaciones, nunca les ha llamado la atención que las tres únicas obras de largometraje dirigidas por mujeres sean tan pocas y haya tantos años entre una y otra producción:
1974: “De cierta manera” ---- Sara Gómez
1987: “Te llamaras Inocencia” ---- Teresa Ordoqui
2009: “Ciudad en rojo” ---- Rebeca Chávez
¿De verdad alguien puede creerse que esto responde a que nosotras mismas no hemos intentado una y otra vez hacer oír nuestras voces o que sencillamente hemos asumido el papel de víctimas en espera del príncipe o el valiente cazador que nos brinde la posibilidad de dirigir un largo de ficción? O peor aún, ¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad? ¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción? ¿Cuánt@s nos hemos hecho estas preguntas? ¿Cuánt@s hemos intentado encontrar una respuesta? Diría que son poc@s, muy poc@s, casi ningun@ los que tienen esta preocupación o al menos los que la han expresado públicamente.
¿Por qué ahora mismo en el grupo de directores seleccionado para hacer una serie sobre los próceres de la independencia latinoamericana no hay ninguna directora mujer? A pesar de que muchas directoras tienen una obra documental extensa y reconocida.
Pudiera continuar abriendo preguntas pero prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.
CINE, SUJETO, PODER 04-09-2009 GTM 1 @ 21:47
jagb —He seguido con mucho interés todo lo que se ha estado debatiendo en el blog en torno a la mujer en el cine cubano. He querido escuchar más que participar, porque como dije en un post anterior, en estos predios tengo un mundo que aprender.
Para ser honesto, lo de la invisibilidad de la mujer ha sido el detonador que me ha puesto a pensar en la invisibilidad de otros sujetos dentro del cine cubano: ¿no son también invisibles los negros?, ¿los gays?, ¿los religiosos?, ¿los marginales?, ¿las prostitutas?, ¿los drogadictos?, ¿los presos?, es decir, ¿todos los que incumplen con las pautas dominantes de representatividad social, pero que “existen” con sus dramas personales?
Se me dirá que no, que ya hay películas donde se muestran a estos sujetos. Que Sara Gómez llegó a mostrarlos a lo largo y ancho de la pantalla en “La otra isla”. Es cierto que los documentales de Sarita se perciben como espacios donde hay una autoconciencia de mujer y negra. Y un cortometraje como “Ellas” (1964), de Theodor Christensen, nos avisaba muy temprano de ese interés de la Revolución por concederle a la mujer oportunidades que antes no conocía, concediéndole voz incluso a las antiguas prostitutas.
Pero yo me refiero a un corpus fílmico donde más importante que la descripción de esa “otra” realidad que trazamos (pero no analizamos), lo sea la postura que no teme en exponer los argumentos de quien está en desventaja, o debe subordinarse al criterio dominante (el de aquellos grupos que están en el poder y dictan las normas). Sabemos que las razones del subalterno jamás podrán coincidir con las del que somete, pero en nuestro cine rara vez escuchamos su versión de los hechos en su propia voz: casi siempre es un intermediario el que habla por él, que explica, que moraliza.
Cuando hablo del “Poder” no aludo solo al político. Este término lo asocio a algo mucho más complejo y demoledor. “Poder”, en mí caso, es aquello que provoca en mí, como individuo, que me sienta un intrascendente número entre el cero y el infinito. Poder lo asocio al acto impotente de gritarles a los políticos aún sabiendo que están muy lejos para que me escuchen. Pero también es percatarme de que si me escuchan eso tampoco resuelve demasiado, porque entonces llegarán los que sin ser políticos son racistas, u homofóbicos, o machistas, o tienen una cantidad inmensa de dinero que les permite pasar por encima de la solidaridad con el fin de acumular más dinero, o una “cultura” impresionante que anula mi autoestima de ciudadano común, o que se creen tan puros que hacen de su código moral un manual de obligatorio cumplimiento para todo el mundo.
Supongo que el tema de la presencia del negro en el cine cubano, para poner un ejemplo de otro sujeto “invisible”, suscite las mismas controversias que el de la mujer. Sin embargo, en lo personal no me interesaría tanto inventariar la cantidad de cineastas negros o negras que han filmado o dejado de filmar en Cuba, como explorar el modo en que se ha representado a ese “diferente”, el impacto real que ha tenido en el imaginario público esa manera distinta de caracterizar a los negros a partir de 1959, así como los mecanismos sutiles que todavía impiden que distingamos en la distancia a un cineasta negro.
¿Existirán en nuestra cinematografía filmes que discutan el criterio homogenizador a través del cual, para decirlo con palabras de Víctor Fowler, el negro cubano no aparezca como “un autor neutro”, sino que sea capaz de reflejar los problemas que le son propios a su condición étnica y cultural?, ¿esas películas serán capaces de mostrarnos el racismo que, “a pesar de todo”, perdura?, ¿un racismo que en muchas ocasiones amplifica el propio negro, incapaz de detectar los mecanismos denigratorios contra sí mismo que lleva en vena, sin siquiera sospecharlo?. Los negros que hoy vemos en pantalla, ¿encarnan los problemas más angustiosos que debe enfrentar un hombre de su piel en la vida diaria?, ¿o de una mujer negra y sin recursos económicos o de instrucción?
Lo que echo de menos en todo esto que hemos estado hablando es probablemente la falta de voluntad para ir más allá de lo que los espejos nos devuelven. No basta el pataleo frente a la realidad: es preciso desmontarla, y detectar las lógicas “interesadas” que se esconden detrás de las diversas producciones culturales que legitiman los grupos, para sobre esas bases, actuar como individuos a favor de un mejoramiento social. Quedarnos frente al espejo con el lamento puede contribuir a desahogarnos (no censuro a quien así lo haga, porque además, es su soberano derecho), pero no contribuye a cambiar el estado de las cosas. Más bien ayuda a dejarlas intactas, dada la persistente mala memoria de esos seres que hacen de los “Acuerdos” un “No me acuerdo: play it again”. Y mientras, la vida pasa. Y el Poder (los Poderes) nos siguen haciendo invisibles, cuando no nos anula.
Para empezar, se impone que analicemos a profundidad al individuo que somos, y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para librarnos de esa incómoda invisibilidad? ¿Estamos libres del cansancio que impera por esta época?, ¿libres de la indolencia?, ¿de la autocensura?, ¿de la fobia a sumergirnos en la complejidad?, ¿del acomodamiento intelectual que suele soslayar lo polémico en nombre de una falsa neutralidad académica?
Cuando hace un tiempo me referí a esa lamentable tradición en la cual nos sentimos cómodos delegando en terceros con “autoridad” que alguna vez nos representarán, me inspiraba en una reflexión de Bretch que a ratos he citado. Cierto que él la ubicaba en otro contexto, pero en esencia nos puede dar idea de lo nocivo que deviene postergar el análisis de nuestras fortalezas y debilidades, para en vez de actuar, “reaccionar”, que siempre será signo de que otros ya se han apoderado de las iniciativas. Decía Brecht:
“Muchos de los que son perseguidos pierden la capacidad de reconocer sus errores. La persecución les parece la mayor injusticia. Los perseguidores son, puesto que persiguen, los malos; ellos, los perseguidos, lo son a causa de su bondad. (…) Para decir que los buenos no fueron vencidos porque eran buenos, sino porque eran débiles, hace falta valor”.
Yo, que no soy ni bueno ni valiente ni fuerte, que soy una persona común (demasiado común), con aspiraciones de vivir en una sociedad que me garantice lo mínimo que necesita un hombre para sentirse digno (no riquezas materiales, sino posibilidades de expresarme, pues como advertía Pascal, “toda la dignidad del hombre está en su pensamiento”) un día decidí abrirme este blog. Lo abrí en medio de incontables temores, pues sabía que eso habría de sumarme detractores. Con el tiempo he ganado amigos que me ayudan a encontrar respuestas a preguntas ante las cuales me siento impotente. Otros no publican lo que piensan, pero apoyan leyendo, o sencillamente aceptando las descargas. Pero me he encontrado algunos que, con igual cariño y buena voluntad, me interrogan sobre el posible sentido que tiene para mí esta perdida de tiempo, si al final, nada va a cambiar. Y se supone que estemos por lo mismo: la cultura cubana.
A veces pienso (ahora hablo de lo referido al cine) que lo que está predominando es esa actitud de indiferencia hacia uno mismo. Mala noticia, porque si uno no se estima, ¿qué derecho hay a reclamarle esa estima a un tercero?, ¿y qué obligación de escuchar esas demandas ha de sentir ese tercero, si lo que se reclama llega sin la fuerza de los argumentos que van a las raíces?
Juan Antonio García Borrero
JULIA MIRABAL SOBRE LA MUJER Y EL CINE CUBANO 03-09-2009 GTM 1 @ 22:24
jagb —NI TRANSPARENTES, NI INVISIBLES
Por Julia Mirabal
Me sumo, Juan Antonio con el criterio de la praxis y en el fragor del hacer. Porque siempre hablamos de cine, yo también, y desde mi propia obra en la televisión me valgo del lenguaje cinematográfico y sus herramientas las aplico en el día a día y las enseño a los más jóvenes, porque claro se inventó antes que la televisión y el video, y ahora el “democrático” digital pero los códigos necesarios para contar historias están ahí. Cada vez más los caminos no sólo se encuentran sino que se entrecruzan.
Pero ese no es el asunto.
Te decía que con el criterio de la praxis, porque a fines de los noventa y estando en la escuelita de San Antonio después de largas pláticas con Mayra Vilasís en los viajes de ida y retorno, consulté la tan completa filmoteca-videoteca-digitaloteca, reunida allí por Luciano, redescubrí el mundo de las mujeres en el audiovisual, entre otros descubrimientos.
A la sazón, en los Festivales Internacionales de Cine de La Habana del 99 y 2000 conocí a los organizadores del Festival de Cine Español, de Málaga , gracias a mi historia de Los Picassos negros y a las organizadoras del FESTIVAL INTERNACIONAL FEMINALE, de Colonia, Alemania, conversamos sobre el caudal femenino en Cuba y en el 2002 gracias a la ayuda del ICAIC y la Escuela, se exhibió una muestra que incluía las siguientes obras, te las relaciono.
Festival de Málaga (LAS MIRADAS DE CUBA) y FEMINALE (MIRADAS DE MUJER)
“Una mujer sin rostro”, de Lizette Vila
“Mujer ante el espejo”, de Marisol Trujillo
“El alacrán”, de Gloria Rolando
“Los hijos de Baraguá”, de Gloria Rolando
“A flor de letra, a flor de verso”, de Niurka Pérez
“Cuando los años pasan”, de Luisa Damaris Díaz Herrera
“En el nombre de una mujer”, de Julia Mirabal
“Yo soy la canción que canto”, de Mayra Vilasís
“Marcas bajo mi piel”, de Belkis Vega
“Hasta que la muerte no separe”, de Marilyn Solaya
“Chicosis”, de Isabel Espronceda
“La Bella Otero”, de Natasha Vásquez
“De cierta manera”, de Sara Gómez
“Silencio, se filma Fresa y Chocolate”, de Rebeca Chávez
“Guanabacoa, crónica de mi familia”, de Sara Gómez
“Mujer Transparente (Laura)”, de Ana Rodríguez
“Azul ( animado)”, de Rosa María Carrera
“Dos Gardenias para ti”, de Gloria Pedroso
“Ansias del alba”, de Lily Suárez
“Son 43”, de Gloria Argüelles
“Uno, dos, eso es”, de Miriam Talavera
“De mi alma, recuerdos”, de Lourdes de los Santos
Esta muestra también fue solicitada por el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, en Providence, Estados Unidos así como algunos de estos materiales y sus realizadoras acudieron a otros eventos femeninos europeos
Todo valió la pena. Nuestras obras se hicieron visibles.
Feminale propuso al Festival de La Habana organizar un espacio para una muestra internacional de féminas y con el apoyo de Lizette Vila y su proyecto Palomas lo logramos en el XXV Festival de La Habana.
Tratamos de convocar a las realizadoras de provincias y , por otra parte, se nos escaparon algunos cortos, por ejemplo ya Tamara Morales había hecho “Dos hermanos”.
Antes y después de las muestras nos reunimos en la sala Villena, de la UNEAC y en la Fresa y Chocolate del ICAIC, nos conocimos, trazamos estrategias, tratamos de convocar a productores, patrocinadores… Incluso, algunas intentamos promover la creación de un Festival para mujeres en América Latina, ya que no existe, con basamento en México o Brasil teniendo en cuenta que en Europa algunos incluso tienen larga vida…
Buscábamos el renacer de aquellas acciones colectivas precedentes como las que se generaban en MAGIN.
Se trataba de que tales acciones no tuvieran un carácter espasmódico, sólo en pro de Festivales, sino que fueran sistémicas,
O sea que del verbo nos fuimos a la práctica pero…
Como ves algunos de los materiales fueron tesis de grado y sus realizadoras, las más jóvenes, tomaron otros derroteros. Nos dispersamos. Las más activas tenían labores pendientes.
Quizás nos abrumaron más que a otros el cotidiano y las urgencias inmediatas.
No obstante, existimos y hacemos y hay continuidad. Basta sólo ir a las sesiones y a las proyecciones en las Muestras de Nuevos Realizadores. Te vuelvo a relacionar:
“El pez nadando en el asfalto”, de Adriana Fernández
“Frutos amargos”, de Susel Benavides
“Buscándote Havana”, de Alina Rodríguez
“La Bestia”, de Hilda Elena Vega
“Burlar el silencio”, de Ariagna Fajardo
“El fin de nuestros afanes”, de Heiking Hdez.
“Destino M6”, de Gretel Medina
“El Grito”, de Milena Almira
“The Ilusion”, de Susana Barriga
Jessica Rodríguez y Ariadna García ganaron con el proyecto “Los espejuelos oscuros” en la 8va Muestra.
Si revisas los catálogos te das cuenta que además de directoras jóvenes hay también productoras, directoras de fotografía, animadoras, editoras, guionistas…Y entre las que realizan los llamados tele plays en la TV o si quieres les puedes llamar cortos de ficción sabes que hay madera por donde aserrar.
Me adelanto a pedirte que tengas en cuenta algunas de estas notas y sus post cuando estés tras la mesa de un día del Caracol, al que serás invitado para hablar justamente sobre el cine que no se ve.
O sea, para mí, ni invisibles, ni transparentes, más bien ignoradas.
FAUSTO CANEL NOS HABLA DEL ARGENTINO MARIO TREJO 03-09-2009 GTM 1 @ 18:17
jagb —MARIO TREJO EN CUBA
Por Fausto Canel
Mario Trejo fue uno de los más importantes latinoamericanos que vivió y trabajó en la cultura cubana de los 60. Ahora que todos se conciertan para establecer su importancia, recurro a “La pupila insomne” para que me permita publicarle un pequeño homenaje.
Trejo nació en Buenos Aires en 1926. Pronto en el bachillerato se acercó al periodismo para enseguida decantarse por el teatro y el cine, creando la revista Cinedrama que unía a Artaud con Laurence Olivier y Eisenstein. Su obra, “No hay piedad para Hamlet”, escrita con el poeta Alberto Vanasco ---teatro del absurdo diez años antes de “La soprano calva”--- lo dio a conocer como una nueva voz en el teatro argentino.
En aquella época Mario escribió para la televisión argentina y se sumó al grupo de jóvenes porteños que veían la Bossa Nova, la Revolución Cubana, la Nueva Ola y el Jazz como los movimientos que salvarían el mundo. Astor Piazzolla y Waldo de los Ríos pusieron música a algunos de sus poemas. De entonces data su amistad con Lalo Schifrin y Gato Barbieri. Luego de estudiar y trabajar en San Pablo y Río de Janeiro, Trejo siguió su camino a Europa.
En Roma conoció a Bernardo Bertolucci, un jovencísimo poeta que comenzaba en el cine ---y Mario terminó protagonizándose a sí mismo en “El Camino del Petróleo”, el primer largo documental de Bertolucci. Luego Joris Ivens lo puso en contacto con Alfredo Guevara, quien lo invitó a colaborar en el ICAIC.
En Cuba dirigió un documental sobre Wifredo Lam ---aunque la dirección de cine no era lo suyo--- y escribió dos guiones, “El final”, mediometraje, y “Desarraigo”, largometraje, al tiempo que ganaba con su libro “El Uso de la Palabra” el Premio de Poesía de la Casa de las Américas de 1964. Puedo asegurar que “Desarraigo” no hubiese tenido el olfato premonitor que tiene sin la presencia esencial de Mario en el guión.
Trejo también fue crítico de cine en el periódico “Revolución” de aquel tiempo y con los directores del ICAIC participó activamente en la famosa polémica contra Blas Roca por la libertad de la cultura. Mario dejó Cuba en 1965, cuando terminó su contrato en el ICAIC.
En Europa nos volvimos a ver y en Barcelona escribimos “Espera”, el corto que dirigí en España a finales de los 70. Mario fue instrumental en mi encuentro y amistad con Bertolucci y Gato Barbieri, a quienes conocí, gracias a él, en el rodaje en Paris de “El último tango”, la película que les haría famosos en todo el mundo.
Hace apenas dos años, el Festival de Venecia le dio a Bertolucci un homenaje por toda su obra ---y Bernardo le hizo venir de Buenos Aires para que estuviese presente durante las festividades y en la proyección de “El Camino del Petróleo”.
A su regreso a Argentina, Mario Trejo recibió el reconocimiento que merecía su poesía ---un homenaje que lo fue también a su pieza teatral “Libertad y otras intoxicaciones”. El Fondo Nacional de las Artes le acaba de publicar una Antología Poética. Ahora reeditan “El Uso de la Palabra” y por primera vez “Los pájaros perdidos”, títulos que reúnen hasta hoy toda su obra.
ONEYDA GONZÁLEZ SOBRE LA MUJER CREADORA Y LA AVELLANEDA 03-09-2009 GTM 1 @ 13:05
jagb —Juany, ya estoy por aquí.
1. Despierta, aunque, si he estado dormida, puedo volver a estarlo, así que mejor me sacudo la modorra.
2. Las víctimas pueden ser, y pueden dejar de serlo, o simplemente entrar en negociaciones que las lleven a ser menos víctimas, y/o a rebelarse, lo que quiere decir mejor: revelarse.
3. Es importante asumir las discusiones como entendimientos, puntos de circulación en la vía del desarrollo; y eso, una vía que tuvo un principio, un medio y un... Por ahí voy...
1. Escribías sobre los días del agua y esa modorra macondiana que se nos pega y nos hace sentir que el mundo se repite (Cien años de soledad); pero, si así fuera estuviéramos en el primer día, y tu blog ha servido para mucho más de lo que te propusiste en principio; creo que es un espacio de pensamiento sobre cultura y sociedad. Y el cine es la expresión de un ambiente que lo trasciende, así que es mejor no aislarlo de ese contexto.
Cuando escribí "Estoy despierta" vivía "en los días del agua", donde nada puede sacarnos del principio; tan dormida en mi supuesto despertar, que no recordaba algunos trabajos en los que otras personas me acompañaron. Fue por ellas que decidí volver a hablar de mi experiencia. Hay una actividad que recuerdo con orgullo. Se llamó “La Avellaneda bajo sospecha”, como el título de un libro de Susana Montero, habanera a quien admiro, porque no he visto muchos seres con semejante energía y, sobre todo, con tan moderada constancia. Ella compiló un libro titulado “Con el lente oblicuo” que me enseñó a mirar las cosas menos vertical u horizontalmente, porque no es bueno exagerar en ningún sentido. La mirada transversal de aquel libro fue una de las enseñanzas que recibí de ella. Hecho este homenaje imprescindible a Susana, vuelvo a mi historia.
2. Aquel 23 de marzo nos fuimos a la casa de Amalia Simoni (Casa de la mujer camagüeyana desde hace unos años y proyecto conjunto FMC/Cultura), para celebrar el importante nacimiento, de una forma poco usual. Empezamos con una conferencia sobre Teresa de la Parra (tan amante de la libertad, como enemiga de la inocencia que nos distancia de nuestra naturaleza), seguimos con presentaciones de libros sobre la mujer, y terminamos con la première del documental "Todas iban a ser reinas", sobre las mujeres exsoviéticas que habitan en esta urbe. Estábamos en el año 2006, dos años después del 190 aniversario del natalicio de la poetisa, pero antes habían ocurrido otras cosas.
Una de las tareas que cumplimos en el 2004, fue la publicación de un libro de Susana titulado “Lo bueno y lo bello: una estocada de género”, que ofrece un panorama de la narrativa femenina cubana de la época, y puede ser el más antiguo de la narrativa femenina del país. Pero aquella tarde fue la explosión de una necesidad expresiva. Fue la voluntad legítima de llenar ese vacío que dice Víctor Fowler. En lo que fuera la caballeriza de la vieja casona de la novia de Ignacio, se agruparon más de ochenta personas de muy diversas procedencias.
Fue un trabajo entre el Centro Provincial del Libro, la Televisión, y la Quinta Simoni. Por cierto, no faltaron hombres; muchos de ellos, jóvenes. Y, por cierto, la Avellaneda y sus colaboradoras consiguieron tener a muchos hombres a favor de su trabajo: Rafael María Mendive, Ramón Zambrana y Juan Clemente Zenea, entre otros; como ahora veo interés en ustedes (tuyo, de Víctor, de Abelardo), cada cual a su modo, pero intentado acompañar nuestras preocupaciones.
3. En el 2004, me pidieron un texto de la Avellaneda, representativo y útil a nuestro tiempo. Ahora mismo comparto un fragmento con los lectores de "La Pupila Insomne". Pero necesité hacer una introducción para explicar el porqué de mi elección y creo que fue el momento en que, siguiendo ideas como las que ha expuesto Marina, comprendí la necesidad de trabajar en sistema, y sistematizando. Sé que en algún momento me detuve, pero puede ser que fuera para tomar aire, o para repensar el camino. Por eso aproveché esta brecha.
Ciertamente hay que ir a las raíces, es conveniente revisarlas con cuidado. Como dice ella, Ana Betancourt hizo esa labor en 1868, mientras se trabajaba en la primera constitución de la República, Asamblea a la que según se dice no se le permitió entrar; pero antes, en 1860, había tenido lugar el proyecto de la Avellaneda en “El álbum cubano de lo bueno y lo bello”, del que Susana hizo la selección mencionada, y de manera inmediatamente anterior a la insurrección (1866/67) se publicó en Camagüey el periódico El céfiro que fue interrumpido al estallar la guerra.
Fundado por Domitila García Coronado y Sofía Estévez, tenía salida semanal. Sus temáticas estaban orientadas a la mujer, y parece haber causado mucho movimiento en la sociedad, porque alrededor de éste se produce un ambiente cultural propicio a la participación de mujeres menos conocidas que la Avellaneda, pero cuya labor fue imprescindible. Hablo de traductoras, periodistas, maestras, dramaturgas, actrices, poetisas y narradoras.
Por ellas, por las que siguieron la idea del 190 aniversario del natalicio de la Avellaneda, por Susana Montero y por Rosa la bayamesa, quien fundó un hospital de sangre en la Sierra de Najasa, y sostuvo con entereza una de las labores más anónimas que se puedan imaginar, pongo en manos de los lectores, ese trabajo. Lo hago, porque mientras nosotros discutimos sobre estas cosas, hay mucha gente igual de anónima, que sufre por diferencias terribles, como las que nos muestra "La bestia", una película que efectivamente tiene el mérito de señalar la brutalidad y la deshumanización a que pueden llegar las relaciones intrafamiliares. Y la hizo una jovencita que no debe haber asistido a un congreso feminista, pero, sin que lo sepa, es heredera de cualquier esfuerzo hecho anteriormente. En ese camino de la conciencia de género me gusta quedar siempre que puedo. Ahí va mi colaboración y algunos fragmentos del artículo de la Avellaneda.
“¿Quién se atreve a ser Feminista?”
“Cada día me dan más argumentos para ser feminista”, respondió Marijke Martens, un día en que ─irónica e irresponsable─, la llamé así en una conversación informal. A partir de esa frase surgió un diálogo sobre el tema que todavía hoy no deja de asombrarme. Ella, que viene de Europa, no sólo está convencida, sino que esgrime sin tregua cada una de sus razones. Razones de antes, de ahora y quien sabe si lleguen a ser razones de después.
La insistencia con que intenta demostrarse en nuestros días la inutilidad de sus conquistas y el sentido de utopía de los presupuestos del feminismo, como el considerar que ya hizo lo que tenía que hacer, pueden haber motivado mi pueril asombro, y sobre todo, pueden haberse erigido en pretextos para mi indiferencia de entonces ante cuestiones que mucho deberían interesarnos. Lo cierto es que hay quienes piensan que no es necesario pensar en esto, por lo que hay otros que ni siquiera piensan, antes bien, tratan con ligereza un tema tan serio como respetable.
El feminismo, como cualquier movimiento revolucionario tiene sobre sí, no ya las miradas de incredulidad y desconfianza, sino además el añadido de los temores que muchos de ellos generan a la vista de supuestos fracasos. Habría que preguntarse, sin embargo, cuánto le debe el rostro de la sociedad contemporánea a esos movimientos. Habría que ocuparse de discernir en cuánto podría cambiar el mundo de hoy en el plano de la justicia social, si lograra sistematizarse una labor de estudio, de comprensión y de aprovechamiento de sus valores.
Estas ideas vinieron a mí cuando me preguntaron qué texto de la Avellaneda podría publicar Antenas en el año del 190 aniversario de su natalicio. Hubiera sido posible escoger algún otro, cuyos valores encontraría el lector de inmediato. Yo preferí recomendar el artículo “La Mujer” aparecido en 1860 en una revista fundada por ella a su regreso de España, en la ciudad de La Habana.
La publicación, conocida como “Álbum cubano de lo bueno y lo bello”, estaba dirigida esencialmente al “bello sexo”, aunque a juicio de Susana Montero, fue estratégicamente concebida por la poetisa para influir sobre las mentalidades de sus lectoras/es a propósito de la relación entre los géneros. Lo cierto es que el artículo fue recogido por la autora dentro de sus Obras Completas de donde terminó excluyendo numerosos trabajos literarios en un gesto de rigor profesional; dato de interés para calcular el valor que llegó a concederle a éste.
Que se asome el lector a esta zona del pensamiento de la Avellaneda para que aprecie su grado de compromiso con la llamada “emancipación de la mujer”, presupone un llamado a la moderación; aunque al mismo tiempo infiera una actitud menos pasiva, una conciencia, una actividad. Habría que aprovechar las ganancias del presente en virtud de nuevas y más altas aspiraciones. Este es un trabajo en el que ella asumió una postura inteligente, pero sin temor a expresar sus ideas con infinita franqueza.
Pienso que el artículo “La Mujer” y el punto de vista que lo sustenta ─elevar la autoestima como primer paso para alcanzar una liberación verdadera─, tiene todavía mucho que ayudarnos si en verdad tenemos la aspiración de relaciones sociales más humanas. Sólo así podría confiarse en que desaparezcan los prejuicios. Sólo así podría vislumbrarse un ambiente de calma al asumir estas discusiones. Sólo así puedo esperar que mi amiga Marijke Martens sienta menos la tensión de tan rotundos argumentos.
Oneyda González
LA MUJER EN SU CAPACIDAD CIENTÍFICA, ARTÍSTICA Y LITERARIA
por Gertrudis Gómez de Avellaneda
Si aún necesitásemos nuevas demostraciones de que la fuerza moral e intelectual de la mujer se iguala con la del hombre, no tendríamos más que buscarlas —con solo otra mirada rapidísima— en el campo de la literatura y las artes. No decimos también de la ciencia, porque estando ésta basada únicamente en el conocimiento de las realidades —que los mayores genios no pueden poseer por intuición— sería absurdo pretender hallar gran número de celebridades científicas en esa mitad de la especie, para la que están cerradas todas las puertas de los grandes institutos reputándose hasta ridícula la aspiración de su alma a los estudios profundos. La capacidad de la mujer para la ciencia no es admitida a prueba por los que deciden soberanamente su negación, y causa asombro que —aún así— no falten ejemplos de perseverantes talentos femeninos, que han logrado forzar de vez en cuando la entrada del santuario, para arrancar a la misteriosa deidad algunos de sus secretos.
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Desde la más remota antigüedad vemos a la mujer dando muestras de que nació dotada de instinto artístico, que había de salvar al cabo cuantas murallas se le opusieran. Las musas mitológicas eran, probablemente, apoteosis de mujeres ilustres de los primeros tiempos, iniciadoras de las artes; pero sin necesidad de recurrir a hipótesis, sabido es que —según respetables opiniones— se debe a una mujer la invención de la pintura; que otra ha puesto las bases de la primera sociedad de bellas artes, estableciendo los juegos florales..... Y, ¿quién ignora que Safo fue célebre entre los más celebres poetas griegos de su época; que Corinna venció a Píndaro; que Tesálida infundía —con los mágicos sones de su lira— el heroísmo del guerrero en los juveniles corazones de las doncellas argivas? No intentaremos descender a los tiempos modernos: la Europa sola nos abrumaría con el inmenso número de sus glorias; y la América —ese mundo tan nuevo en que he nacido— la América misma llovería sobre nosotras multitud de nombres de distinguidas hembras, que sostienen en ella el movimiento intelectual amenazado de sofocación, en unas partes por la preponderancia de los intereses materiales, y en otras por las disensiones civiles.
Y, ¿cómo no ser así, cuando —al descubrir Colon una parte de estas regiones vírgenes— pudo notar con asombro que la naciente civilización de aquel pueblo y el genio de su poesía estaban encarnados en el hermoso cuerpo de una mujer? Anacaona era la sibila inspirada de una de nuestras ricas islas tropicales. A su voz —resonando entre las armonías de los bosques— se suavizaron las costumbres de aquellas tribus bárbaras, se reveló a sus entendimientos la soberanía de la inteligencia, y obedecieron como a reina a la que veneraban como a oráculo.
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La humilde persona que suscribe estos artículos, no aspira en manera alguna a presentarse a vosotras como digno campeón de nuestro común derecho; pero séale permitido —al enorgullecerse de los triunfos del sexo— haceros notar, por término final de esta breves observaciones, un hecho evidente, que quizá prueba más que todos los argumentos. En los países en que la mujer está envilecida, no vive nada que sea grande; la servidumbre, la barbarie, la ruina moral es el destino inevitable a que se hallan condenados.

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