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¡ABAJO LA CRÍTICA! ¡VIVA EL PENSAMIENTO! (4)

jagb @ 15:20

Desde luego que no se trata de negar la crítica como operación intelectual, porque además, aquí también se han desmitificado las fronteras: al final, espectadores y críticos somos una misma cosa. La nomenclatura apenas está en dependencia de la hora en que nos mostramos en público, y asumimos el rol social por el cual nos aplauden o nos ignoran. Ahora, más allá del simulacro colectivo, suerte de contrato social donde suscribimos acuerdos temporales para que otros piensen por nosotros, la crítica siempre será necesaria, en tanto no somos espectadores solo en el teatro o en el cine: lo somos, primero, en la gran escena de la vida, y es la actitud despierta que mantengamos mientras se ejecuta la función, lo que determinará nuestra militancia en el bando del espectador crítico o del espectador- masa.

Lo de “espectador-masa”, desde luego, no es más que una provocación que pide a gritos ser desmentida. Me consta no solo porque todavía pueda evocar con claridad las rabiosas controversias de aquel Taller de la Crítica celebrado en Camaguey, donde por primera vez se discutió el término, discusión que a mi juicio Víctor Fowler, aún cuando no coincidamos del todo, es el que mejor ha sabido matizar con puntos de vista alternativos y atendibles. Sin embargo, si hoy insisto en hablar de la crítica nacional y su relación con ese espectador abstracto (construido temporalmente desde mi gabinete), es porque creo que los vicios que en aquella ocasión describiéramos, se han hecho más intensos, más inquietantes. El par “crítica/público”, con todo y su zafio dualismo, persiste allí, y los críticos no solo se empeñan en parecer más intocables que antes, sino que los espectadores se muestran cada vez más indiferentes ante la diversidad.

Mientras se concreten los estudios sobre nuestra audiencia cinematográfica, seguiré llamando espectador-masa a ese individuo que fascinado por las nuevas y viejas autoridades (La Historia, Internet, la Academia, la Crítica, el Mercado, etc) delega su capacidad analítica en un tercero con el que nunca dialoga. ¿Es el espectador-masa sinónimo de espectador-pasivo? Para nada. En realidad, la ausencia de una mirada autocrítica tal vez sea lo que mejor defina a un espectador-masa, y probablemente también este sea el que más energía libera a la hora de la recepción. Nunca se queda quieto o callado, y en nombre de sus abundantes estudios (la instrucción es una conquista indiscutible de la época, pero la instrucción no necesariamente es cultura), el exceso de información o la confianza ingenua en el progreso tecnológico, elabora interminables informes donde hace valer su experiencia. Hoy cualquiera, con un poco de información extraída de Internet, pasa fácilmente por alguien a quien le interesa discutir el cine.

Se dirá que siempre han sido la élite del poder cultural la que ha diseñado los cánones del existir. Que fuera de los intereses de esa élite, solo queda el rumor de la barbarie. ¿Es el espectador-masa un bárbaro cultural? Probablemente no, pero a nuestra crítica no le interesa examinar a fondo el asunto. Pocas veces (para no decir nunca) ha mostrado interés de meterse en la piel del espectador, explorar sin prejuicios sus preferencias. A los críticos nos gusta contar la historia del cine (cubano o universal) desde una posición ilustrada (la de nosotros), pues tal parece que solo la alta cultura fílmica es lo que vale la pena tomar en cuenta. Sin embargo, ¿de dónde llega el privilegio que le permite decidir a ese crítico qué es lo iluminado y qué es lo oscuro?, y además, ¿por qué hacerles creer a la gente que lo oscuro no forma parte de la vida también?, ¿por qué el crítico tiene que confundir su misión de provocador intelectual con la del indeseable dictador de virtudes intocables?.

El crítico debería poner todo su empeño en “desmasificar” la lectura cinematográfica, y eso solo se logra prestándole un poco más de atención a los instintos de ese espectador múltiple que somos todos, así como al contexto cultural donde este vive. Puedo entender un poco mejor las reacciones frenéticas de aquellos a los que le parece discutible el término espectador-masa, que la indiferencia de un crítico que, desde su montículo intelectual se siente ajeno a la muchedumbre. Puedo entender el rechazo, pues la idea del rebaño tiene una alta connotación peyorativa, si bien es preciso reiterar que un espectador-masa no se define por su nivel de instrucción, ni por la pobreza de su lenguaje, ni por la cursilería de su estilo a la hora de expresarse en un foro público. Un espectador-masa simboliza una actitud, no una aptitud. Luego, tan masa puede ser aquel que reverencia al Oscar como un neo-ídolo, como el crítico que precisa informarse de lo que la Academia ha decidido para sobre esa decisión elaborar su análisis.

En tal sentido, tanto el espectador-masa como ese crítico súper ilustrado, súper informado, han terminado por confundir la erudición con la sabiduría, la cinefilia con la cultura cinematográfica. La erudición ya se sabe que tiene que ver con la manía de memorizar cualquier respuesta aunque no se recuerde la pregunta, a diferencia de la sabiduría, que se vincula con el arte de fiscalizarlo todo. En ese punto, no hay mucha diferencia entre un espectador-masa instruido y un crítico de cine ahogado en información, pues ambos, de tanto afirmar que saben, se han quedado sin fuerzas para preguntar de donde llegan tantas verdades pregonadas. En una época como la nuestra, una época pródiga en “expertos”, un crítico corre el peligro de ensimismarse con su propio saber y por ello mismo, convertirse en un “espectador-masa” hechizado con su propia erudición.

Algo trágico: puede esperarse de ambas figuras todo, menos humildad. La estadística deviene la principal aliada, y esta les sugiere que la mayoría está con ellos, por lo que su gestión intelectual no pasa de repetir que tantas personas no pueden andar equivocadas. Las subsanaciones históricas tardan en llegar dos o tres siglos. Llegan, es cierto, solo que demasiado tarde, como prueban los casos de Sócrates o Jesucristo, para mencionar apenas dos mártires del acoso de la masa, o lo que es lo mismo, del sentido común fríamente ejercitado.

Juan Antonio García Borrero

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