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ALGUNAS PROVOCACIONES EN TORNO AL CINE CUBANO: NACIONALIDAD, NACIONALISMO Y CUBANÍA (3).

jagb @ 23:06

Aunque los debates en torno a las “cinematografías nacionales” han conocido en los últimos tiempos de una mayor intensidad, y el vigor de esas polémicas se ha incrementado con el advenimiento de una época donde el flujo del capital transnacional lo impregna casi todo, arruinando la otrora transparencia de los mecanismos de producción del arte, el cine (desde su mismo nacimiento) se vio emplazado en las tentativas de definir el perfil nacional de sus productos.

Los estudios que hasta el momento se han ocupado del cine cubano sugieren un consenso total alrededor del carácter nacional del mismo a partir de,

1) uso del idioma español,
2) filmación de las películas en el territorio insular,
3) abordaje de temáticas que se aproximen a los sucesos acaecidos en la isla, ya sea derivados de las prácticas sociales ejercitadas en esta, o como legitimación del orden político dominante.

En este sentido, la historiografía encargada de articular la memoria audiovisual de la ínsula en un corpus resistente y visible, exhorta a fijar esa “identidad” a partir de lo rodado en el área geográfica, llegando a confundir en un solo predicado tres conceptos que de por sí son distintos: nación, país y Estado. A los efectos de este texto, intentaré reflexionar sobre la manera en que el discurso crítico referido al cine cubano ha operado con estas tres nociones, sin reparar muchas veces que por nación tendríamos que entender ese conjunto de personas que integran una “comunidad imaginada” (Benedict Anderson), por país el territorio donde se asienta una parte de esa comunidad, y por Estado la institución que legisla y administra sobre ese territorio específico.

Ya desde el temprano momento en que Veyre filmara el corto Simulacro de incendio (1897), a petición de la actriz española María Tobau (simpatizante de la Regenta), y con la participación de los Bomberos del Comercio de La Habana (cubanos incondicionales de la Corona), se comienza a poner en evidencia la complejidad del asunto. Los historiadores suelen mencionar a Simulacro de incendio como el primer filme rodado en Cuba, pero ese hecho nos deja con más dudas que convicciones acerca de la supuesta nacionalidad de ese material. ¿Francés por el origen de su realizador?, ¿español por el espíritu progobierno que le animó?, ¿cubano por el espacio geográfico en que se rodó?

De cualquier forma, sabemos que no es Simulacro de incendio la película que figura en la historia del cine nacional como la que inaugura la relación de cintas “cubanas”. Ese crédito se le adjudica al actor José Casasús, quien en 1898 realiza el corto publicitario El brujo desapareciendo, el cual se distingue entre un sinnúmero de materiales filmados por camarógrafos de Edison (Burial of the Maine Victims/ 1898; Wreck of the Battleship Maine/ 1898; Cuban Refugees Waiting for Rations/ 1898) y Vitagraph (Luchando con nuestros muchachos en Cuba/ 1898; Combate naval de Santiago de Cuba/ 1898), precisamente porque se trata del primer corto rodado por un cubano en la isla.

Cuando siete años más tarde Enrique Díaz Quesada funda junto a Francisco Rodríguez la compañía The Moving Pictures Co. con el fin de distribuir y exhibir películas, y al año siguiente realiza su primer cortometraje El parque de Palatino (1906), dejaba inaugurada una tradición donde ya es posible reconocer el afán de representar lo “nacional” a partir de una identidad conformada por la comunidad de percances históricos, la utilización de una misma lengua y religión, así como el sentimiento de independencia hacia la Corona española que se lograra tras largas y cruentas guerras.

No es gratuito que esos primeros reportajes rodados por Díaz Quesada tuvieran el nombre genérico de Cuba al día. Era la más enfática manera de marcar la diferencia con todo aquello que intentara representar a la nación desde una perspectiva extranjera, o dicho de otro modo, ajena. Nación e isla tenían entonces la misma denotación y connotación. Fueron los primeros destellos del “nacionalismo cinematográfico cubano”, si bien esa vocación pionera no alcanzó a conformar todavía una verdadera “cinematografía cubana”, entendida en su dimensión espiritual.

Juan Antonio García Borrero

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