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GUSTAVO ARCOS SOBRE EL AUDIOVISUAL JOVEN EN CUBA

jagb @ 12:13

Juan Antonio:

Leí con mucho interés tu texto acerca del audiovisual joven en Cuba. Coincide que hace algunos días respondí un cuestionario de preguntas sobre el tema para la página digital, anclada en Miami, de Progreso Alternativa. Tenían poco espacio y las respuestas aunque breves, pudieran dar, quién sabe, algunas luces a tus interrogantes actuales.

Sabes que también he estado muy cerca de las llamadas Muestras de Nuevos Realizadores, ya sea integrando jurados, participando en los debates que propician sus secciones o escribiendo reseñas para el suplemento oficial de la misma. Por motivos profesionales, mi relación con “los nuevos” no culmina al finalizar estos encuentros sino que se extiende a todo el año y en ese sentido intentaré darte mi perspectiva del fenómeno.

Aquella primera Muestra (2001) tuvo un carácter antológico puesto que agrupaba obras realizadas en diferentes años por los más disímiles creadores algunos por cierto no tan jóvenes y mucho menos nuevos en el quehacer fílmico. Recuerdo que entonces se organizó bajo el nombre de Audiovisual Joven, término que daba cierta flexibilidad y que propició incluso múltiples interpretaciones pues no quedaba claro si la juventud se refería al espíritu artístico que impregnaba las obras, las edades de sus autores o el escaso currículo como realizadores que presentaban algunos, aunque llevaran años laborando dentro del medio. En fin, que fue exitosa, tuvo cierta resonancia en los medios, especialmente los habaneros y lo que es más importante, con ella, el ICAIC reconocía (mas vale tarde que nunca ¿no?) la existencia de nuevas y alternativas formas de creación audiovisual en el país, surgidas justamente en la década de mayor resquebrajamiento de la industria. La estrategia de abrir puertas resultaba un imperativo para la institución, necesitada de una renovación urgente ante el éxodo, la muerte o el desencanto que arrastró por diferentes caminos a muchos de sus ilustres creadores.

El primer evento, dio paso a otros de similares estructuras y características, en las que se presentaron como era de suponer, obras desiguales en su factura, presupuestos y alcances estéticos. Se hacía evidente que si bien contábamos con una extensa producción de materiales de corte alternativo, rodados muchos de ellos por estudiantes de las escuelas de cine o de manera independiente, aprovechando las nuevas tecnologías digitales, la cantidad no venía siempre acompañada del rigor o el buen quehacer fílmico. En este sentido hemos tenido años luminosos como por ejemplo este último y otros anodinos como el del 2005. De cualquier manera muchos de los jóvenes autores presentes en las mismas, han ido encontrado sus propios espacios dentro de las instituciones oficiales, sean estas el ICAIC, el ICRT u otras dependencias que trabajan con audiovisuales. Otros han preferido seguir por su cuenta, filmando proyectos personales, aceptando esporádicamente la ayuda de la industria, pero sin que sus frecuentes desavenencias con ella les quiten el sueño.

El espectro audiovisual del país es hoy muy amplio. Varias decenas de creadores trabajan con las “imágenes en movimiento” recurriendo a diferentes soportes expresivos o géneros artísticos. Los encontramos al mismo tiempo documentando fenómenos cotidianos, acciones performáticas ligadas a la plástica o construyendo ficciones, siguiendo los códigos tradicionales de representación. Están detrás de un video clip, una publicidad, una instalación artística o un video experimental. Siguen los patrones del cine clásico u oficial, heredado de “las viejas generaciones fundacionales” o buscando nuevos temas y maneras de trasladar sus pesadillas emocionales. En fin creo que todos están tratando de decir cosas, hablar de su tiempo o de sus fantasmas personales y no importa mucho ya, si se trata de obras gestadas con la industria o a contrapelo de ella porque en definitiva y es lo que importa, son cubanas.

No creo que existan cineastas jóvenes o viejos, solo lo aceptaría si de posturas y modos de hacer artístico estamos hablando. O sea, podemos hallar una película innovadora, formal, temática o estéticamente atrevida en un realizador de 60 años y una convencional, conservadora y poco interesante en un joven de 25. Solo el talento, la imaginación y la valentía o coherencia artística y por qué no ideológica a la hora de encarar algunos fenómenos es lo que cuenta. Habría que añadir que en nuestro país la precariedad económica y a veces tecnológica lastra la exhibición de muchas obras que tal vez sean valiosas pero que su factura deja bastante que desear y no encuentre los canales apropiados para su distribución. Aquí también nos topamos con una vieja conocida: la censura o los innumerables prejuicios que sobre ciertos temas, aun yacen en el medio, restringiendo los espacios de exhibición bajo todo tipo de pretextos en una aptitud vana y cada vez más ineficaz teniendo en cuenta las múltiples posibilidades de reproducción digital y exhibición alternativa, que estas obras audiovisuales tienen hoy.

Las instituciones oficiales, tal vez purgando sus pecados, le han dado mayor interés este año a la exhibición de los materiales presentados durante la Muestra. Diferentes espacios, al menos en la capital, han acogido las películas una vez finalizado el encuentro, sus directores han sido invitados a los debates o presentaciones e incluso en un sorprendente giro estratégico, varios de ellos, justamente los que realizaron las obras más premiadas o críticas, han sido involucrados a un proyecto artístico que incluye varios países latinoamericanos, a donde están viajando en estos instantes, para realizar diferentes documentales, sobre los conflictos desatados en varias comunidades pobres, indígenas o marginadas ante la llegada de alfabetizadores cubanos.

La suspicacia está permitida. Por supuesto que “el centro” está intentando captar para sus fines a muchos de estos jóvenes talentos. No es algo nuevo aquí, ni en otros lugares tampoco. ¿O se trata de darles simplemente una oportunidad?. Todo está en si una vez finalizados “los encargos” institucionales estos “nuevos creadores” deciden seguir sus propios instintos artísticos o si formarán parte del discurso oficial, reproduciendo sin cuestionar, los modelos ideo-estéticos dominantes.

Un común denominador de todos los trabajos que había visto en la reciente Muestra era que estaban realizados por creadores de una misma generación, nacidos mayormente en los 80. Todos son críticos y hablan de la falta de esperanzas, la nostalgia o el vacío. También de la necesidad que tiene el ser humano de una vida mejor o por lo menos más digna. En esencia hablan de su realidad.

Desde luego que el hecho de nacer en una misma década o año no significa que tendrían una marca de estilo, una estética o un pensamiento similar que demuestre un auténtico cambio en el audiovisual de la isla. Ya se ha dicho que para que exista una generación en el concepto artístico del término, debe existir efectivamente un pensamiento coherente sobre ella, rasgos comunes que la acrediten y la hagan a su vez pensarse a si misma como generación. Sin embargo pudiera decirte que estos “jóvenes” que hoy tienen entre 20 y 30 años, han crecido en un contexto de escasos o trastocados valores, viendo a sus padres transitando por frustraciones y angustias existenciales de todo tipo, escuelas sin maestros, partidas sin retorno y mesas sin alimentos. Para ellos, la ideología, la política o la propia cultura tiene un significado endeble y a ratos vacío producto justamente de esa sobresaturación del discurso acerca de la Nación, la Utopía, la Patria o la Revolución y si hay algo que han conocido muy bien es la doble moral y la simulación generalizada por todos los rincones de la isla. No debe asombrarnos entonces su mirada irónica o desmitificadora sobre la realidad que los circunda y también apabulla.

En el plano audiovisual no hay vanguardia artística en estos momentos por mucho que insistan algunos en hablar de ella y mucho menos una relación, devota o “políticamente correcta” entre esa “nueva” generación y el proyecto social en el que viven. Sus referencias son tan vagas, su desconocimiento de la propia Historia es asombroso, su relación con el pasado es tan superficial y su estilo de vida es tan pragmático que jamás se preguntarán si merece la pena unirse, elaborar un manifiesto generacional o integrarse a alguna Asociación. Contrariamente, lo que más se escucha de ellos es el rechazo, la inapetencia o el cansancio hacia los discursos que les llegan desde la autoridad, los círculos de poder o las propias instituciones culturales que por cierto parecen cada vez más dinamitadas por sus propias actitudes de monopolización cultural.

Por otra parte pienso que no debemos obsesionarnos con la idea de que “los nuevos” no están aportando precisamente nada nuevo o revolucionario en el campo del cine. Tal actitud puede cegarnos y desviar el curso del análisis pues en primer lugar no estamos en los 60, década fundacional y turbulenta en todos los sentidos y en la que nace el ICAIC con una muy clara vocación reformadora materializada en todo tipo de propuestas y proyectos artísticos de alcance nacional. Los jóvenes que respondieron afirmativamente al llamado de la institución gozaron por esos años de todas las oportunidades para expresarse con las imágenes y si bien la mayor parte de ellos nunca estudió en una escuela de cine, se filmaba tanto y con tal grado de libertad que esa sistemática praxis artística acabó por convertirlos en verdaderos autores. Entonces era fácil oponerse a un mediocre pasado cinematográfico y mientras se reflejara la épica revolucionaria del presente todo marcharía sobre ruedas. Pero aun en las poéticas aparentemente disonantes (Landrián/ Santiago) encontramos una misma voluntad transformadora del lenguaje.

Pero ya no estamos en los 60, ya no hay un “pasado burgués y deformador” al que oponerse y los jóvenes de ahora miran con otros ojos y posturas la sociedad que heredan de sus padres y cuando de manera legítima intentan como aquellos, cuestionarla, “su pataleo” no está permitido, el poder los mira con sospecha e intenta coartar sus ansias expresivas con el recurso de estar, dándole armas al enemigo. ¿Qué es entonces ser revolucionario en los 60 y qué es serlo en pleno siglo veintiuno? Y por otra parte habría que preguntarse si hay algo diferente de que presumir en materia audiovisual, especialmente si de estéticas o poéticas renovadoras estamos hablando hoy. Asombra ver como frecuentemente se subliman quehaceres fílmicos, presentados como auténticos pero que en buena ley son solo viejas fórmulas o aptitudes ahora resucitadas.

Pienso de todas maneras que en el plano nacional un corto como Lila (Tres Veces Dos) de Lester Hamlet es un ejemplo de renovación artística y temática, especialmente por el tratamiento de los sujetos y la reformulación de la épica revolucionaria tan cara a nuestro cine. Atendible por poco usual, resulta igualmente el rigor formal y el trabajo con los componentes gráficos y visuales operados en una obra como La edad de la peseta por otro “joven”, Pavel Giroud. Humberto Padrón elabora un atrevido y no menos provocador discurso hacia nuestra Historia en …y todavía un sueño, para más adelante utilizar todas las reglas de la dramaturgia clásica puestas en función de un poderoso relato sobre la intolerancia y la desintegración familiar en su multipremiada Video de familia. Y que decir del cine de Jorge Molina, un auténtico outsider dentro de nuestro audiovisual, tal vez el único de la generación de los 90 que no ha comulgado con la industria y que sigue haciendo una obra muy personal, centrada en el deseo, el sexo y los demonios del cuerpo, desde la más absoluta independencia. Juan Carlos Cremata ha sido otro de los que aun trabajando dentro o fuera de la industria, ha mantenido una coherencia en su estilo visual, demostrando su talento en películas de fuerte sesgo experimental como Oscuros rinocerontes enjaulados, Nada y sobre todo La Epoca , El Encanto Y Fin de Siglo, para mi uno de los textos audiovisuales más polisémicos e interesantes que se hayan filmado nunca en nuestra isla. La obra documental de tu coterráneo Gustavo Pérez es otro ejemplo de sobriedad poética consagrada a mostrarnos desde un cine minimalista y austero, quienes somos o quienes quisimos ser.

Es verdad que muchos hacen sus obras para, como tu dices, vivir y comer pero, debemos por eso subestimarlos o restarles importancia a sus propuestas artísticas. Desde hace años los creadores de aquí y de allá, no piensan en dejar una huella, entregarles una obra a las futuras generaciones o marcar pautas de orden estético. Ya se encargará la Historia o el tiempo de esto. Creo que esa certeza sobre lo efímero o la relatividad de la trascendencia es un elemento que los caracteriza y los legitima como generación, gústenos o no. El hoy, el ahora, el presente, es lo que importa. Es un signo que va marcando el arte y la relación de los artistas con su contexto y así serán sus propuestas.

¿Qué son “las futuras generaciones” si sus padres se entregaron o sacrificaron con devoción a ellas y hoy esas “futuras generaciones” viven probablemente peor que sus padres?.

¿Cómo podemos pedirle compromiso si han crecido en un mundo donde se han roto prácticamente todos los mitos desprestigiado las figuras, caídos los sistemas y dónde todo lo que fue, ya no es?.

Te preocupa la dispersión, la falta de objetivos, la carencia de pensamientos sólidos, la falta de esperanzas. Bueno creo que justamente esas cuestiones los unen, el hastío por todo el discurso unificador y estructuralista, los encasillamientos y nombretes, las filiaciones y los compromisos. Cada uno hace lo que quiere o lo que puede. Hoy te filman un documental crítico que opera como denuncia social de gran significado y mañana filman una obra por encargo que hace apologías o no problematiza los asuntos, ruedan un alegre y experimental video clip, se ganan algo de dinero en publicidad, editan el trabajo de un amigo que después a su vez les editará o fotografiará el suyo, diseñan una gala de inauguración o montan una obra de teatro incorporando elementos de multimedia o vanguardistas. Lo que importa es la expresión y si es con entera libertad mejor. Hoy pueden ser rutinarios, formales, conservadores, apegados a las convenciones de forma y género pero mañana son rupturistas, problemáticos, indagadores y estéticamente anárquicos. No están ni con Dios ni con el diablo. Están consigo mismo y a veces ni siquiera eso. Hoy están aquí y mañana en Australia, viviendo con canguros, bajo otras estructuras y relaciones sociales y quién sabe si alejados no solo de su cultura sino de todo lo que un día soñaron ser. Justamente una de las más recientes películas cubanas, filmada por dos jóvenes (Inti Herrera y Alejandro Brugues) y titulada Personal belongings esboza con claridad este fenómeno tan contemporáneo y cubano de la partida, el no compromiso, la vida solo en el presente porque el futuro no existe.

Curiosa también resulta desde mi punto de vista la separación que viene haciendo nuestro cine más reciente entre Nación y Revolución. Ya sabes que ambos términos han estado estrecha y lamentablemente unidos. Se puede tener sentimientos nacionalistas, patrióticos, identitarios, de fuerte arraigo cultural y no ser exactamente Revolucionario en el concepto político y estrecho del término que desgraciadamente se ha impuesto por el discurso oficial. Si miramos un poco a filmes como Fresa y Chocolate, Nada, Madagascar, Viva Cuba, Amor vertical, Miradas, Suite Habana, La vida es silbar, Miel para Oshún, Video de familia, Tres veces dos o la misma que te mencioné más arriba, podrás percatarte que es un cine entregado a recuperar para nuestra verdadera identidad las nociones de Patria y Nación fuera de dogmas políticos, clasistas, preceptos dictatoriales o filiaciones de carácter netamente ideológicas. Todas intentan reconciliar a sus personajes a través del amor, la esperanza, la libertad, la independencia individual, el respeto por lo diferente y el reconocimiento de lo más auténtico de su cultura. Ninguno de esos personajes hace o define su comportamiento pensando en lo que es más conveniente para la Revolución, Fidel, el Partido, La Historia, el Deber o la memoria de los Héroes. Este “nuevo” cine y por cierto mayormente hecho en el ICAIC, ha sublimado lo erótico por encima de lo heroico, la voluntad individual sobre la colectiva, el sentimiento o la subjetividad personal por encima del deber ser, el diálogo sobre las rupturas, la diferencia y el respeto, sobre la homogeneidad y el igualitarismo.

Creo que al menos para empezar es suficiente.

Saludos y abrazos desde la Isla

Gustavo.

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