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MADRIGAL III (De J. A. García Borrero a Fernando Pérez)

jagb @ 09:07

Fernando:

Como entre nosotros no cabe ese dramatismo que tanto encanta a los intelectuales cubanos cuando sostienen en público una controversia, aclaro que lo que a continuación anoto no es exactamente una “réplica” a tu “réplica”.

Te respeto demasiado como intelectual, y mucho más como persona, como para poner en duda lo que ahora impugnas. Exponer tu punto de vista sobre lo que se habló en Casa de América de Madrid no solo me parece justo, sino imprescindible. Precisamente me interesaba revisaras con antelación lo que anoté, porque se trataba de una interpretación que hacía de algo que me pareció entender, pero que no estaba escrito. De haber contado con esa aclaración (legítima además) hoy estaríamos hablando de otras cosas.

Confío en que cada uno de los que han leído nuestros respectivos escritos sepan deslindar lo esencial de lo accesorio, quedando en todo momento a salvo tu honestidad intelectual. Digo más: si mi anterior escrito transmitía la impresión de que te habías propuesto dar la espalda a la realidad cubana, yo seré el primero en denunciar el dislate. No fue una expresión afortunada, dada la evidencia de tu mismo cine.

En realidad quería proponer otro tipo de discusión en torno al filme. Como “Madrigal” aborda el tema de la búsqueda de la verdad individual, es casi imposible que en su análisis no salgan a relucir las tensiones que genera en el individuo un contexto como el nuestro, donde esa “verdad individual” se somete a una “verdad colectiva”. Podré hablar a favor o en contra de un guión que se muestra intencionalmente ambivalente, pero si como crítico no tomo en cuenta las características puntuales del contexto en que se ha originado ese guión, todas las observaciones estarán llamadas a quedarse en el reino de lo metafísico, con construcciones intelectuales brillantes que siempre se harán “desde fuera”, sin tomar en cuenta a la vida misma, esa que ahora mismo nos rodea, vapulea, abruma o enajena.

Ya sabes de mi adicción a la cultura de la polémica. Me queda claro que el hombre sigue siendo un animal que primero asocia ideas, y luego piensa. Yo no me salvo de formar parte de ese conjunto descrito, aún cuando intente sostener mis ideas desde la más radical de las subjetividades. Si esto que sobre “Madrigal” hemos conversado contribuye a esclarecernos al menos unas pocas de nuestras incertidumbres, pues bienvenido sea.

Por lo demás, eres uno de los poquísimos cineastas cubanos que toma en cuenta, así sea para discrepar, lo que la “crítica” dice. El grueso de nuestros realizadores gusta de apelar al silencio, a una actitud de falsa superioridad que solo da noticia de un resentimiento mal disimulado. No estoy insinuando que sea inteligente que cada vez que un director conozca de una observación adversa, salte a la palestra pública para replicar ese punto de vista. Apenas intento llamar la atención sobre la necesidad de fomentar espacios donde el debate se convierta en algo natural, y el pensamiento diverso adquiera dimensiones de franqueza. Y además, mucho mejor en Cuba que en Madrid. Solo así cada cubano podrá encontrar su propia verdad.

Nuevo abrazo,

Juan Antonio García Borrero

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