Duanel Díaz: El pavonato explicado a los niños (Comentario a una propuesta de García Borrero)
Ante el reto de explicar el pavonato “a los niños” –es decir, a quienes no tienen la menor idea del asunto- García Borrero propone una interesante analogía entre este y el “bullying”, "ese lamentable fenómeno que en todas las épocas se ha conocido como acoso escolar, ese a través del cual los alumnos más fuertes (o líderes) del aula abusan sistemáticamente del más débil, o del que está en minoría, al no compartir los rasgos dominantes en el colectivo. El bullying puede ser de tipo físico, verbal, psicológico o social, y si bien son dos o tres los que practican el abuso metódico, lo peor es que el resto de los estudiantes renuncian a parar el atropello, estableciendo una suerte de pacto de silencio (bullying indirecto) que muchas veces desemboca en tragedia para el afectado.” Los artículos de Leopoldo Avila que en 1968 anunciaron el pavonato ilustran, según García Borrero, “estas características del bullying al cual hemos apelado para intentar entender lo sucedido: se trataba de artículos que en nombre de la Revolución (su defensa) no dudaron en ensañarse con personas a las cuales intentaron doblegar su autoestima, fomentando la impresión pública de que ocupaban un lugar denigrante dentro del colectivo social. Fue una época en la cual el deber se confundió con la falta de piedad.”
Ahora bien, está claro que en esta analogía las víctimas son los intelectuales y todos aquellos que muestran una “conducta impropia”, pero no tanto quién hace el papel del niño maltratador, los comisarios o el estado, pues no es lo mismo enseñarse con alguien “en nombre de la Revolución”, que el hecho de que la Revolución se ensañe con la gente. A pesar de que García Borrero, a diferencia de Desiderio Navarro, reconoce que Pavón no hizo sino cumplir los decretos de ese Congreso Nacional de Cultura cuyas conclusiones, expuestas por Castro en el discurso de clausura, le parecen “desafortunadas” y “discutibles”, él afirma que “En “Leopoldo Ávila” caben todos aquellos que alguna vez (a voluntad o sin quererlo) nos hemos sentido inclinados a considerar al adversario, inferior, tan solo por ser expresamente “contrarrevolucionario”." Y enseguida añade: “Seguir creyendo en la necesidad de un mundo mejor (en la necesidad de un verdadero humanismo social), a estas alturas no nos debería llevar a la locura de considerar que en ese mundo no tienen derecho a existir quienes no coincidan con nuestro credo político. Pero para el cubano aprender esa verdad implicará, más que un aprendizaje político, un acto de superación cultural. Si se releen los artículos de Leopoldo Ávila se verá que, firmados por otros nombres, esa actitud prepotente de líder de aula respaldado en este caso por el Estado, no ha estado ausente en muchas de las polémicas originadas en Cuba en décadas posteriores. Todavía hoy pueden leerse algunos ejemplos.”
Aquí creo que se revela cómo la analogía propuesta por García Borrero falla en expresar la esencia del pavonato. Lo realmente distintivo de este no es esa intolerancia hacia el adversario o el diferente que él considera un rasgo del "cubano" manifiesto en polémicas posteriores. Que la "actitud prepotente" haya estado respaldada en aquel caso por el estado es fundamental, pues se trataba, más que de respaldo, de la agencia del estado mismo. Es decir, siguiendo la analogía con el bullying, habría que decir que el "líder del aula" era ese estado encarnado en el Máximo Líder, y no había posibilidad alguna de cambiarse de escuela o darle la quejas a la maestra, pues salir del país era tan impensable como protestar por los atropellos: el pavonato constituyó la clausura de la polémica central de los años sesenta con el triunfo de la tendencia dogmática que había tenido por tribuna revistas como Mella, Alma mater y Verde Olivo, en detrimento de la parte "liberal" que se expresaba en publicaciones más elitistas como La gaceta de Cuba y Casa de las Américas. Pero reconocer la existencia de esta controversia y de ciertos espacios en la década de 1960 no debe llevarnos a afirmar, como hace García Borrero, que con el "quinquenio gris" “ se hacía natural entre los cubanos la visión maniquea de un mundo que solo percibe dos tipos de inquilinos: los revolucionarios y los contrarrevolucionarios." "Esa visión" que, en efecto, "con otros matices, todavía perdura”, se había naturalizado desde los primeros años de la Revolución; lo que se fue reduciendo a lo largo de la década de 1960 fue el margen de la crítica y la expresión tolerado "dentro de la Revolución", pero el maniqueísmo es constitutivo del sistema socialista declarado diez años del Congreso Nacional de Educación y Cultura.
Antes de 1959, el cubano tenía los mismos defectos y no existió nada comparable al pavonato, pues este no constituye sino la manifestación más cruda del régimen comunista, aquella forma donde su contenido totalitario quedó mejor perfilado. En mi opinión, la analogía con el bulling falla en la medida en que escamotea justamente esto al presentar como violencia antropológica lo que es más bien violencia ideológica. Lo que hay detrás del pavonato no es la necesidad de autoafirmación en el abuso a los más débiles, sino la utopía comunista de "un mundo mejor"; desde luego que a nivel individual aquel elemento existió mezclado a la envidia y el resentimiento de personas llenas de prejuicios, pero todo esto fue aprovechado por un dispositivo eugenésico que pretendía organizar íntegramente la vida en torno a la producción y la defensa: el doble propósito de formar el "hombre nuevo" y desarrollar aceleradamente el país subyace a la confluencia del antiintelectualismo y la homofobia que constituye el pavonato.
Por ello, creo que una explicación del fenómeno a los niños tendría que darle mayor importancia a lo que García Borrero sólo menciona tangencialmente cuando afirma que “La grotesca autoinculpación (de Padilla) origina una segunda carta internacional de intelectuales, esta sí expresando “la vergüenza y la cólera” ante lo que se considera un fragante ejemplo de lo que puede ser imitación de aquel dogmatismo stalinista que tanto sufrimiento provocó a numerosos inocentes”. Aquel terror estalinista, inseparable de la industrialización forzosa de la Unión Soviética, es el modelo histórico del pavonato. Este no constituye en modo alguno una desviación de la Revolución sino el destino, ya prefigurado en las "Palabras a los intelectuales", del camino socialista que esta adoptó en aquellos primeros años en que los sectores democráticos de la lucha contra Batista fueron despiadadamente eliminados por Fidel Castro. En aquella consigna de 1961 según la cual "Si Fidel es comunista, que me apunten en la lista" estaba ya, in nuce, el terror del "pavonato".
Duanel Díaz. Publicado en su blog "La memoria inconsolable". (http://duaneldiaz.blogspot.com)

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Un Comentario »
la verdad es que el post esta muy interesante, pero no lo veo yo como para que los niños lo entiendan. Sigue así!!!