ABELARDO MENA A PROPÓSITO DE CARTA DE RAMÓN PEÓN A FIDEL
Es curioso:
a) Peon repite casi las mismas palabras que Lenin "De todas las artes, el cine es para nosotros la mas importante". Me lo aprendí porque en el cine de la Escuela Lenin estaba colocada esta inscripción junto a fotos gigantes de "El Acorazado Potemkin","El Gabinete del Dr Caligari" y otros.
Sin embargo, ya en 1959 la influencia de la TV es determinante tanto en EEUU como en Cuba, y las largas comparecencias de Fidel ante las cámaras - antecedentes lejanos de las Mesas Redondas- hacen pensar que como político comprendió sin reservas lo que a los intelectuales les era aun difícil entender.
¿Por qué plantea Peón entonces la "batalla por el cine"? ¿Será que su pensamiento corría en el mismo cauce de la Ley de fundación del ICAIC, que establece que "el cine es un arte" pero entrega en manos del Estado la producción, distribución y exhibición del cine? ¿O es que se planteaba -en términos tácticos- la lucha ideológica entre cine y TV, aun en manos privadas? Creo la arqueología de las ideas de Peón también están cercanas a la Sociedad Cultural "Nuestro Tiempo", y el PSP. El arte-cine como propaganda.
b) La carta sincera de Peon, unida en el tiempo a otras "señales" como artículos, cartas, críticas en publicaciones culturales, me hace pensar que -lejos de concebir la cultura "revolucionaria" como mera imposición "en blanco-negro" de los políticos- debemos modelarla como un campo múltiple de agentes actuantes, donde un rol esencial lo desempeñaron los propios intelectuales.
Sacudidos y entusiasmados por el fragor de la Revolución, no solo se colocaron al servicio de tareas gerenciales y propagandísticas- para las cuales estaban mejor preparados que el resto de la población- sino comenzaron a clamar "urgidos" por el surgimiento de un arte revolucionario, de una novela y pintura épica-revolucionaria, en franco corrimiento hacia las posiciones estéticas de corte estalinista esgrimidas por el PSP y la dirección del Consejo Nacional de Cultura. O sea, se convirtieron en comisarios del arte y de sus propios colegas.
Y no solo eso, la generación posterior, los "Caimanes", internalizaron el llamado a un hombre nuevo, a una transformación radical de la cultura y la vida, en tono afín al infantilismo del "Proletkult" (y de Mao) combatido por Lenin. Este izquierdismo se manifestó también en el ateísmo militante y la segregación de católicos, santeros, hipercríticos, "desafectos" y mariquitas. Que a Heras y otros les pasara la rueda de la Historia de manera implacable (leáse su ponencia ante Mesa redonda de Criterios en ISA) se explica entonces no por casualidades o enemistades personalistas, sino como tendencia de época ante un "otro" enemigo a destruir.
Se impone desconstruir tanto los documentos aun existentes como la memoria popular, para reconstruir las múltiples facetas de esta maquinaria, utópica en sus propósitos.
El adiós a Peón era la despedida sin apretones de mano a una visión de lo cubano que se emplazaba "demode" y cursi, folkloroide y vana, insustancial y apegada a la industria cinematográfica latinoamericana "clásica". México y Argentina. A un modo de "hacer" cine que se intuía incapaz de ser aceptado en las nuevas coordenadas culturales y que había reflejado la aceptación tácita del "Destino Manifiesto" de EEUU en el continente. La Declaración de La Habana, grito anti-Monroe en lo político, sería seguida años después por el manifiesto fílmico de Viña del Mar, 1967. Atrás quedaba, sepultado, medio siglo de cine latinoamericano.
Abelardo Mena.

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