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ARQUITECTURAS INVISIBLES (5)

jagb @ 16:33

9.
Según Louis Delluc en la temprana década del veinte, el cine “nada más descubrir en él una posibilidad de belleza, se ha hecho de todo para atosigarlo y recargarlo en lugar de tender hacia una mayor simplicidad. Nuestras mejores películas son a veces espantosas por obedecer a un exceso de conciencia laboriosa y artificiosa”. De hecho, el cine (para algunos el resultado bastardo de las relaciones promiscuas del teatro, la fotografía y la literatura) aún no ha logrado ese nivel de sutilidad idóneo, y su eficacia sigue dependiendo de la fotogenia más escandalosa. En Latinoamérica, donde las frecuentes imágenes de maquillaje que pasan por las televisoras del Primer Mundo apenas tienen que ver con el testimonio de un subdesarrollo que supera (en cuanto a tragicidad) los estereotipos con que suele mirarse nuestra pobreza, algunos cineastas siguen pensando que realismo es igual a naturalismo, o bien el otro extremo, que el simbolismo poético es lo que mejor nos hará quedar en la memoria de quienes llegarán después. En ambos casos, lo que pudiéramos llamar “la sinceridad del texto” parece traicionada con una finalidad extra-artística, casi mesiánica, aunque quizás esté influyendo también esta nueva edad que vive la humanidad, y que habría que llamar “la edad del audiovisual”, donde hasta nuestra existencia parece haber sido convertida en un video clip interminable, suerte de sucesión azarosa de acontecimientos no planificables. ¿Por qué abunda hoy en el cine latinoamericano el filme episódico y/o coral?, ¿acaso sólo razones de producción?, ¿moda narrativa que pronto se agotará?¿o será que Amores perros; El callejón de los milagros; El chacotero sentimental, entre otros, se nutre de esa nueva sensibilidad fragmentada y fragmentaria ella misma que hoy sacude al planeta, incluyendo a ese que, para parafrasear a Reinaldo Arenas, nombran Tercer Mundo porque no han inventado el Cuarto?.

10.
Comparada con la imaginación del hombre primitivo, la nuestra tiene indiscutibles ventajas, pero también graves inconvenientes. En el hombre moderno hay un exceso de memoria, y ello, lejos de estimular la libre evocación de hechos jamás experimentados, se impone como una suerte de lastre a través del cual, y con el pretexto del homenaje y la reverencia a lo que el ser humano ya ha conquistado, impide el flujo espontáneo de ideas novedosas. Nos empeñamos en recordar y festejar tanto el pasado que no tenemos tiempo de pensar en el futuro. Supongo que el “nuevo cine latinoamericano” (el “viejo-nuevo cine latinoamericano”) sea otro acontecimiento histórico a superar por la imaginación, sin que por ello tenga que ser expulsado de la memoria colectiva. Como todo lo histórico, su existencia aún tiene un indiscutible valor, mas su mayor valía habría que buscarla en la capacidad de tránsito; en su posibilidad de ser al mismo tiempo, fruto y semilla. Testimonio del presente y pregón del futuro. Camino, pero nunca meta última. ¿Cuál habría de ser el sostén ontológico de una nueva arquitectura fílmica latinoamericana?. He allí una interrogante que, más que respuestas, demanda oportunidades para plantearla con seriedad y sobre todo mesura, pues América Latina, con su gran fardo de problemas sociales no superados (más bien agravados), y sus endebles industrias cinematográficas, apenas sí ha tenido tiempo de aprovechar los medios para llamar la atención sobre ella. Mas, si como decía Aristóteles, el arte está llamado a contar a los hombres no lo que fue sino lo que podría ser, deviene urgente para el nuevo cine latinoamericano (el que vendrá) entender que su gran rol no consiste en sustituir al periodista, ni convertir a la pantalla en una crónica más de “la realidad latinoamericana”. Nuestros grandes arquitectos fílmicos, esos que han sido capaces de crear y recrear sus propios universos cinematográficos, jamás se han preocupado porque en cada plano se adivine a ultranza que se trata de la Latinoamérica sufrida: antes han operado con las convenciones del lenguaje fílmico universal. Y lo han aprovechado para al final construir formidables catedrales icónicas que hablan de lo global desde un espacio específico, de lo perdurable partiendo del devenir, y siempre atendiendo a aquellas tres reglas dictadas por Vitrubio en la antigüedad: firmitas, utilitas, venustas.

Juan Antonio García Borrero

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