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LAS ESCALERAS DE LA CRÍTICA

jagb @ 19:37

Por estos días he intercambiado algunos mensajes con el destacado poeta y ensayista Víctor Fowler, quien, por cierto, acaba de abrir su propio blog (http://my.opera.com/Oppianos-Unidos/blog/). Como en otras ocasiones, hemos hablado de películas, y también de su crítica. Y en algún momento salió a relucir el artículo “La revolución de los blogs y la crítica tradicional de cine”, que aparece justo debajo de este post.

El mensaje privado de Fowler me pareció tan legítimo en sus objeciones, que le solicité autorización para hacerlo público, pues muchas de sus ideas, aún cuando no las comparta del todo, podrían motivar un buen debate en torno a este asunto que a los críticos cubanos todavía nos parece ajeno: el impacto de las nuevas tecnologías sobre la práctica crítica, y su proyección social. Dice Fowler en su mensaje:

“La parte que siempre me parece errada, dentro de tu buenísima voluntad, es esa creencia en la posibilidad de democracias “reales”. En otra dimensión –no opuesta, sino paralela- ello es lo mismo que los sueños del power to the people (que, provenientes de las luchas del Black Power norteamericano, resonaban en una muy célebre canción de Lennon o en aquella consigna leninista que pedía dar: ¡todo el poder a los soviets!).

Pero en el mundo de las ideas, de las luchas simbólicas, jamás existirá esa democracia soñada. Los críticos “institucionalizados” (bien sea dentro de una editorial, periódico o programa televisivo) existirán siempre, aunque operando dentro de lógicas de mercado. Por tal motivo, deberán de gustar, enseñar, no podrán hablar de determinados tipos de cine y –esto sí de manera inviolable- a ninguno le estará permitido ir siempre en contra de la taquilla; lo más, hacer su crítica para un determinado nicho de público ilustrado que, cuando se le traduce a ingresos, implica la existencia de un segmento del mercado total.

Por eso, cada vez que te leo, me alegra tu entusiasmo, pero entiendo que hay una simplificación de fondo en el argumento; algo que, a mi juicio, debes de corregir. Y es que no se trata sólo de la crítica aparecida en revistas, libros u órganos de prensa, sino de que la sociedad recibe las influencias y presiones del “aparato crítico” mediante congresos, seminarios, entrevistas, alocuciones televisivas y mil fuerzas más sobre los individuos. Unos críticos bajan en la estimación y el sistema se auto-regenera poniendo a otros en su lugar.

Valdría la pena, algún día, tener una conversación más larga y profunda sobre esto. Ah, pero ¡felicidades! por tu provocador texto.

V.”

No incurriré en el absurdo de replicar una de las tantas lecturas que puede (y de hecho) quiere suscitar el texto. Admito que hay allí ideas que se prestan a la interpretación contrapuesta. Y más bien me alegraría que siguieran apareciendo consideraciones escépticas. Solo la discusión sistemática y plural permitirá obtener una idea más integral de este fenómeno que recién se inicia ahora. Sin embargo, me gustaría precisar un par de cosas. Mi “entusiasmo”, para utilizar el término al que apela Fowler, no deja de ser un entusiasmo, por decirlo de algún modo, cuando menos trágico, en tanto me queda claro que toda ganancia siempre implica un sinfín de pérdidas. Lo moderno ha traído confort a una parte de la humanidad, pero hay otra que sigue viviendo en condiciones precarias. Incluso, en condiciones donde el proyecto de modernidad, lejos de mejorar ecológicamente el contexto, curiosamente ha arruinado lo que ya era un desastre. Supongo que para la gente que vive en esas condiciones, un blog no es otra cosa que frivolidad intelectual. Pura habladuría que no tiene nada que ver con la vida real, la vida del día a día. Es decir, con esa vida que, para decirlo como Fausto Canel, ni tiempo te da para pedir auxilio. Ahora mismo no alcanzo a vislumbrar cuáles pueden ser los efectos negativos que implicará naturalizar en nuestras vidas la presencia de una blogosfera (probablemente termine siendo otra variante sofisticada de dominación cultural al servicio de una élite), sin embargo, lo que sí me parece evidente es que el surgimiento de esa blogosfera ha permitido que sea mucho más visible una sociedad civil que tiene sus múltiples demandas, utopías, visiones de la vida.

No es que crea que algún día tendremos una “democracia real”, pues, en efecto, mientras no se cumpla aquella utopía borgeana (“algún día mereceremos no tener gobiernos”) que reciclaba en forma poética el anhelo marxista de aniquilar el Estado, unos pocos seguirán mandando en nombre de las “mayorías”. Sea a través de la dictadura del proletariado, o sea a través de un mismo Partido que se nombra, según las circunstancias y expectativas, “Demócrata” o “Republicano”.

Ahora, de lo que intento hablar en mi texto es de la revolución que viene provocando en la producción y recepción del conocimiento este asunto de los blogs (o lo que es lo mismo: el modo en que se democratiza el acceso a esas tecnologías). De acuerdo, puede que todavía no debamos llamar “conocimiento” (en el sentido más académico, más científico) a ese lleva y trae de opiniones que por lo general uno encuentra en estos sitios. Pero el solo hecho de que el individuo pueda mostrar en público la cuota de verdad que le corresponde, y recibir casi al instante los comentarios que esa pequeña verdad inspira, abre ventanas a la superación individual que antes, con esa emisión unidireccional de saberes desde un centro legitimado por el Poder, difícilmente se podía concebir.

Para la crítica de cine en Cuba la oportunidad es formidable, porque permitiría colocar nuestro lenguaje en una altura donde los “localismos”, y la impresión de que somos el ombligo del mundo, no caben. Desde luego, no estoy hablando de un blog como simple reservorio de estados de ánimos y opiniones (que, además, es legítimo y hasta saludable), sino de un medio donde predomine más la complicidad intelectual (aún cuando el verdadero estímulo esté en resaltar las diferencias más radicales) que el mero intercambio de criterios que hoy se esgrimen y mañana se permutan. Sé que suena algo utópico, cuando no aburrido, pero hablo de convertir al blog en otro instrumento del pensamiento colectivo. Yo no sé si eso es “democracia real” o no, pero sí sé que no perduraría mucho la actual “dictadura de los críticos”.

Eso traería como consecuencia que los críticos tendríamos que comenzar a reelaborar nuestras estrategias de persuasión. Donde antes imperaba la autoridad y el prestigio académico, ahora se tendrá que tomar en cuenta la sabiduría dispersa de “los muchos”, pero no esa sabiduría que va repitiendo como un loro todo lo que ya nos han dicho y enseñado en las escuelas (al final es una sabiduría “unívoca”), y que la gente llama con demasiado prisa “sentido común”, sino la sabiduría que antepone el aprendizaje a la enseñanza.
Siempre que hablo de estos temas no puedo dejar de evocar aquel “Primer Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica”, celebrado en la ciudad de Camagüey entre el 4 y el 7 de marzo de 1993. Entonces las inquietudes relacionadas con el estado de salud de la crítica cubana eran otras, pero en la que considero fue la ponencia más relevante del evento (“Algunas posibles verdades para escribir desde la dificultad”), Wilfredo Cancio Isla nos recomendaba algo que quince años después no puede tener más vigencia: “Hoy es imprescindible para el crítico cinematográfico incorporar la información tecnológica a su esfera de conocimientos; no para simular la cultura desde la apropiación del lenguaje tecnológico –como ejemplifican ciertos pretendidamente críticos de la revista Fotogramas-, sino porque el arte y la cultura contemporáneos son cada día menos explicables al margen de su interacción con la tecnología”.

Me pregunto, casi dos décadas después: ¿ha tomado conciencia nuestra crítica de que no solo ha cambiado el cine, sino también el modo en que hay que pensar a este?. No lo creo. Es cierto que en sentido general el pensamiento ha madurado, y que hoy la bibliografía aparecida en la isla se apoya en ideas que antes ni sospechábamos, pero la actitud del crítico (es una impresión muy subjetiva) sigue siendo “vieja”. Se sigue pensando al cine como “cine”, y no como audiovisual, que es otra cosa. Y sobre todo, se sigue discutiendo muy poco, y cuando se discute, no hay un verdadero interés por aprender, sino más bien por imponer.

Uno de los que mejor ha descrito esas carencias, y también esa necesidad de recobrar lo que ya estaba en la tradición crítica más general, ha sido el humorista (y pensador) Héctor Zumbado, con unas reflexiones que en lo personal me siguen pareciendo geniales, y que no me cansaré de suscribir. Decía Zumbado:

“Para subir al cielo de la crítica se necesitan varias escaleras. Se necesita una escalera grande de profesionalismo, saber lo que se está criticando en términos técnicos, poseer una cultura general amplia: esas dos condiciones son básicas. En profesionalismo y cultura general, nuestros críticos, con honrosas excepciones, son muy débiles, tanto en el aspecto técnico de lo que critican como en su nivel de amplitud cultural, y en tercer lugar, una escalera mucho más grande que se llama elegancia. Somos herederos de una larga, profunda, maravillosa tradición cultural. Tenemos que rescatar la elegancia, la ética de Domingo del Monte, José Antonio Saco, de Martí… Quien haya leído la polémica de Martínez Villena con Mañach; la gran polémica entre Vasconcelos y Gastón Baquero… Pido que nuestros críticos tengan un profundo conocimiento de lo que están criticando, la amplitud cultural que los apoye en sus críticas y que tengan, sobre todo, la elegancia de los criollos del siglo pasado: eso es todo lo que pido a los críticos de nuestra época”.

Juan Antonio García Borrero.

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