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MÁS SOBRE LA REVOLUCIÓN DE LOS BLOGS

jagb @ 21:53

Es difícil imaginar lo que pasará dentro de (apenas) un año, porque la tecnología cambia todos los días, mientras que la mente humana (aún las más proclives a revolucionarlo todo), se demoran siglos en desmarcarse de los esquemas mentales que han heredado. Por el momento, al Poder (en sus variedades más sofisticadas) solo le ha quedado la opción del gesto defensivo: y es que lejos de ser su aliada, la blogosfera se adivina como un grano en el trasero de aquellos que intentan dictarle parámetros a la ciudadanía.

No es gratuito que los blogs nacieran como un modo de brindar una mirada alternativa a esa que desde los periódicos oficiales se vendía de la guerra de Irak. Gracias a estos, el mundo ha vuelto a ser un espacio (sobre todo en la misma medida que se deja a un lado las tentaciones de la máscara y el anónimo), que ha de reintegrarle al coraje de decir con claridad lo que se piensa, su condición de virtud.

Lo que no me acaba de quedar claro es si, por su naturaleza, un bloguero está convocado a agitar conciencias colectivas (lo que a la larga lo convertiría en un “periodista” más, solo que alejado de los medios), o tiene la función de restaurarle al individuo (él mismo) esa cuota imprescindible de independencia que tanto “sentido común” ha terminado por anular. Me inclino a creer mucho más en lo segundo: un blog tal vez sea lo más parecido que exista a aquel célebre tonel de Diógenes que ni siquiera el mismísimo Alejandro pudo comprar con su autoridad (¿la virtud asociada a la pobreza?, ¿a la pobreza irradiante?).

El hecho de que un blog sea algo “personal e intransferible” (los hay colectivos, pero aquí hablo de esos que aún siguen impregnados de ese espíritu de bitácora confesional que estaba en el origen), promete que la vieja manía de hablarle al hombre como si este siempre fuera parte de un rebaño descarriado, precipite su caída en el descrédito total. Lo que no significa que los seres humanos no seguirán pensándose como parte de “macro identidades” guiadas por iluminados. Y que seguirán apelando tanto a viejas y nuevas dictaduras, así como a las democracias (ese culto festinado a los disparates compartidos por las mayorías) como el mejor modo de enmascarar la ausencia de un pensamiento propio.

Pero al menos se hará más natural hablar del hombre común, del ciudadano medio, del individuo que se sabe finito, y que por lo mismo aspira a ver cumplidas en vida algunas de sus expectativas más simples. Con los blogs, la soledad está recobrando su poder mesiánico. El silencio vuelve a ser la mejor vía para reencontrarnos con nosotros mismos, y a partir de allí, sanear la comunicación con los otros. Hay que defender la independencia de los blogs como mismo Diógenes le exigía a Alejandro no le obstruyera la entrada de sol a su tonel.

“Ninguna época ha sabido tanto y tan diversas cosas del hombre como la nuestra… Pero ninguna otra época supo menos, en verdad, qué es el hombre”, escribió en algún momento Heidegger. No sé hasta qué punto un blog pueda ayudarnos a conocer un poco más al hombre de carne y hueso, pero por lo menos, al hablar de angustias más cercanas a nosotros mismos, contribuirá a llenar esas inmensas lagunas que los políticos y los medios de comunicación masiva, con sus retóricas saturadas de vacuas abstracciones, han legado a quienes dentro de tres o cuatro siglos pretendan comprender cuáles han sido nuestros tragedias puntuales.

De hecho, un bloguero que en algún momento no hable de aquello que le enoja sencillamente no tiene razón de existir. Los blogs comenzaron siendo una actividad catártica, y todavía es una práctica más familiarizada con la inconformidad que con la lisonja. El optimismo no es algo que abunde en la blogosfera, porque la esperanza ahora la venden en “El Corte Inglés” (o sucedáneos). Y en términos económicos, un blog deja más pérdidas que ganancias. Es más: ninguna ganancia, a no ser la cívica. Esa evidencia invita a parafrasear aquella idea del novelista norteamericano James Branch Cabell: están los blogueros optimistas (aquellos que pregonan que vivimos en el mejor de los mundos posibles), y están los pesimistas (los que temen que eso sea verdad).

Sin embargo, como Lennon, ahora me gustaría soñar un poco: imaginemos que, gracias a los blogs, dentro de un tiempo se hablará más de los seres humanos concretos, y menos de eso abstracto que llaman “humanidad”. Los nombres propios gozarán de más valor que los nombres con mayúsculas, pero ajenos. La pretensión de ser buena persona tendrá más urgencia que la de ser buen político, y tal vez entenderemos mucho mejor las aprensiones de Joyce cuando manifestaba: “Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices”.

Ya sé que no estoy hablando de una revolución social, sino en todo caso, de una revolución muy, pero muy personal. De una utopía que, como la de Borges, podría ser la utopía de otro hombre extenuado. Lo sé: soy otro soñador trasnochado, aunque por fortuna, sospecho que tampoco soy el único.

Juan Antonio García Borrero

Un Comentario »

Héctor Noas — 30-06-2008 - 10:28:52 GMT 1

Hola Juan Antonio...he tenido conocimiento de tu blog gracias a Enrique Pineda Barnet. Te felicito efusivamente. Es muy interesante y lo estoy recomendando a los amigos. Ya lo agregué entre los favoritos para leerlo todo con calma.Hay mucha información y comentarios interesantes. Gracias por lo que haces por el Cine Cubano...un abrazo.

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