Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis Píde la luna en Zebehar

NUESTRO HOLMES EN LA HABANA

jagb @ 13:10

Anoche releí el cuento “La Venus de los arrecifes”, un relato inspirado en un hecho real ocurrido en La Habana, y cuya autoría se le suele achacar a Arthur Conan Doyle, si bien no existe una convicción absoluta al respecto. Según el investigador Raúl Rodríguez, en 1921 se filmó en la isla “El misterio de la mujer desnuda”, con la actriz Yolanda Farrar en el protagónico, pero no parece que sea la versión de ese cuento, sino más bien una película inspirada en el mismo suceso.

En el plano literario, no creo que el cuento sea el mejor ejemplo de esa escritura que hizo afirmar a Borges aquello de que “pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan”. El cuento no me engancha como está narrado, pero confieso que despertó en mí la nostalgia por aquellas noches en que Basil Rathbone se convirtió en uno de los rostros más familiares de la televisión cubana, gracias a ese conjunto bastante profuso de películas donde caracterizaba al célebre investigador, acompañado del siempre fiel Nigel Bruce (perdón: quise decir “el doctor Watson”).

Mientras releía el cuento, ocurrió lo que supongo le sucede a todo el mundo: comencé a visualizar la historia, y a ponerle “rostros” a los personajes. En el relato las descripciones son tan prolijas, que es fácil “ver” lo que está sucediendo. Lo único excéntrico es que no era el rostro de Basil Rathbone el que una y otra vez venía a mi mente, sino el del actor cubano Alexis Díaz de Villegas. El “por qué” no lo tengo claro, aunque a mí físicamente me da muy bien un Holmes cubano.

Supongo que además del talento de este intérprete, debe haber influido el hecho de haberlo visto en la última película de Jorge Molina (“Molina’s Mofo”). Y “La Venus de los arrecifes”, con esa mujer desnuda que seguro Molina retrataría a todo color y con primerísimos planos, el mundo de las drogas, el ambiente de corrupción que se sugiere, etc, pareciera que fue escrito para que este lo filmara, y hasta enriqueciera con su desprejuiciada manera de hacer cine.

Hace algún tiempo llamé la atención en este blog sobre la resistencia que, en sentido general, ha mostrado el cine cubano ante el género policiaco. Esa resistencia puede que tenga un trasfondo estético (en mucho de nosotros sigue alimentándose el espejismo de que el cine de Autor está reñido con el cine de género), pero adivino también cierto rechazo sutil a un modelo narrativo que tiene sus exponentes más genuinos en los Estados Unidos, país que desde muy temprano fue percibido como una amenaza cultural para la joven nación. Es decir, que podríamos hablar de una suerte de resistencia nacionalista, más que estética.

Puedo vincular esto que afirmo a algo que comentábamos la semana anterior, a propósito del advenimiento del cine sonoro en Cuba, y el rechazo que el mismo provocaba en intelectuales como Jorge Mañach, quien llegaría a argumentar su repudio con reflexiones como las que siguen:

“Hemos visto el otro día, en un cine sonoro de esta no menos sonora capital, una película que, sobre mostrar escenas falsas de una Habana falsa y canalla, se proyectaba con acompañamiento sincrónico de diálogo en idioma inglés. (…) ¿No hay para escandalizarse y para alarmarse un poco? Se dirá que ya el cine de por sí es un elemento de penetración foránea, y que poco más da que nos sature de influencias norteamericanas por medio de la imagen y el sonido combinados que por el solo cauce de lo visual. Presumir que cualquier otro lenguaje –el inglés señaladamente- tiene en Cuba igual validez que el propio, esforzarnos a aceptar en el orden cultural, el humillante sistema fiduiciario que le da en Cuba al dólar patente de moneda nacional”.

Lo siento por Mañach, pero me hubiese encantado ver en pantalla cómo se las arreglaba Sherlock Holmes para lidiar en medio de una Habana que seguro iba a entender muy poco. Quién sabe si todavía estemos a tiempo de verlo deambular por “Marrianao” (según Watson, con ese “acento puramente francés” fue que le indicó al chofer la dirección a donde iba).

En mi versión fílmica veo asomarse a Holmes a Prado. Y sentarse en el Malecón. Y respirar nervioso cuando pasa frente a él una mulata anónima, pero con el movimiento de nalgas más enigmático que haya visto alguna vez en su vida. Supongamos que en Londres nunca vio moverse un culo así. Jamás. Que para él esa acompasada manera de zarandear la zona glútea sea un misterio de alcance hegeliano. El fin de la Historia. Que en buen cubano sería algo así como admitir: “Tanto nadar para morir en tus nalgas”.

A partir de ese momento el caso de “La Venus de los arrecifes” pierde interés frente al impacto de “La culúa del Malecón”. Claro, también sabemos de esa célebre autosuficiencia de Holmes que le hará decir a su no menos boquiabierto amigo, como si nada, cuando este le pregunta por qué se mueve como se mueve aquello que ve: “Elemental, Watson, elemental”.

Nuestro Holmes en La Habana tiene un talento impresionante para simular indiferencia. La mulata ya desapareció de su vista, pero el movimiento del culo, tenaz, persiste en su mente. Y por primera vez el memorable detective siente la tentación de pedirle ayuda a su bondadoso colega.

Juan Antonio García Borrero.

No hay Comentarios »

TrackBack URI

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>