BENÁLMADENA: FESTIVAL INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJE Y CINE ALTERNATIVO
Para Carolina Schwarzmann.
Desde el cuarto piso del Hotel “Alay” se obtiene una vista impresionante de la parte costera de Benalmádena. Tan fabulosa que a veces pienso me la he inventado. Que son mentiras todos esos yates atracados en el fotogénico “Puerto Marina”. Como en Marbella (otra de esas ciudades malagueñas que parecen soñadas en vísperas de la peor de las resacas), puedes coincidir con los dueños de esos yates donde caben tres casas, en cualquiera de los restaurantes baratos que hay a lo largo del paseo marítimo. Ser millonario le toca a unos pocos, pero ni siquiera los millonarios se pueden dar el lujo de prescindir, alguna que otra vez, de comportarse como la mayoría de los mortales. Así que te los puedes encontrar en el paseo marítimo, comiendo pescaditos fritos, o comida china.
Lo único que no me gusta del hotel “Alay” es que desde allí no se pueden ver las tres cosas que, en lo personal, más me seducen de Benalmádena: el restaurante “La Alborada” (de todos los restaurantes que conozco de Andalucía, este es donde mejor se come); el parque “Las Palomas” (un refugio envidiable para reencontrarse con uno mismo si te ves enredado en los laberintos de la soledad), y ese festival de cine alternativo que justo este año arriba a su décima edición.
No sé hasta qué punto la población más estable de Benalmádena (descarto a ese número cada vez más crecido de ingleses que vienen y van, y que no se enteran de otra cosa que no sea el buen clima) esté al tanto de la proyección internacional que ha ganado ese lugar en el contexto cinematográfico. Recordemos que allá por los años setenta, cuando todavía España estaba bajo las órdenes de Franco, cuentan que en Benalmádena hicieron un festival que anunciaba en voz baja los cambios inminentes que comenzaban a producirse en el país. En la prensa de la época se conservan recuerdos de aquellos incidentes donde hoy sabemos iba germinando la transición política. Porque en el fondo, toda transición política empieza con esas maneras en que el arte invita a imaginar de otro modo la vida.
El “Festival Internacional de Cortometraje y Cine Alternativo de Benalmádena” (FICCAB) no es exactamente la prolongación de aquel espacio: en realidad es otro que promete convertirse en un referente insoslayable para aquellos que ven en el audiovisual mucho más que un narcótico. Por allí han pasado auténticas personalidades del cine más independiente. Y se han proyectado películas que incitan a repensar críticamente el mundo y lo que somos.
Los cubanos que aman su cine tienen una deuda inmensa con este espacio. Ha sido el único festival del planeta que ha accedido a revisar la producción audiovisual realizada por cubanos fuera de la isla. Y hasta un libro le ha dedicado, gracias a la sugerencia de Paco Jiménez. A pesar de que esa producción viene existiendo desde el mismo instante en que triunfara la Revolución de 1959, cuando cineastas como Manolo Alonso decidieron exiliarse por razones políticas, esas creaciones jamás han existido para la historiografía más tradicional, pero tampoco para aquellos festivales que, ya sea por razones ideológicas o culturales, la han ignorado de manera sistemática.
Le debemos, pues, a la sensibilidad de Jaime Nogueras, el director del Festival, la aproximación ante un tema que va más allá de lo binario (“los que se fueron vs. los que se quedaron”). Una sensibilidad que le permitió no solo entusiasmarse con la posibilidad de preparar un libro sobre el tema (único de su tipo hasta el momento), sino de conformar un ciclo donde lo mismo podían encontrarse las películas que Fausto Canel realizara hacia finales de los sesenta en Europa, las producciones de Iván Acosta, Orestes Matacena, o Camilo Vila, los video-artes de Dinorah de Jesús, que los cortos que, más acá en el tiempo, ha realizado Ernesto Fundora en México.
Por eso es que, por el momento, se le tenga que agradecer al festival de Benalmádena el préstamo de su espacio para exhibir ese audiovisual que también forma parte del patrimonio cultural de la nación. Supongo que llegará un momento en que venideras generaciones vean con naturalidad esas historias contadas por cubanos más allá de la isla. Supongo que ese día, si todavía existen los humanos, podrá entenderse mejor aquello de que “cultura es lo que queda, después que se ha olvidado todo”.
Juan Antonio García Borrero

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Comentarios(2) »
Hola Juan Antonio: Recibo muchas notas de tu blog y me encanta todo lo se escribe. Tal vez pronto recibas alguna colaboración mía. Espero que aceptes publicarla. Un saludo desde Puerto Rico,
Aarón Vega
Benalmadena, además de su festival está junto al mar, tiene un puerto precioso, su teleférico, etc. Que ganas tengo de volver a visitarlo.