CAMAGUEY: CINE, MEMORIA, Y CIUDAD (II)
Lo mejor que tiene un blog, a mi juicio, es que se puede hacer (apelando al término acuñado por Jean Lacouture) “historia inmediata”. Eso es lo que más me seduce de estos sitios: su dinamismo (que los pone en ventaja en cuanto a las páginas web y periódicos oficiales), su espontaneidad (que permite saltarse ciertos protocolos académicos, y corregir sobre la marcha eso que el conocimiento va buscando, y que en un doctorado resulta imperdonable), y su naturaleza rizomática (que evita la excesiva centralización de aquello que llamamos “autoridad epistemológica”). El que publica en un blog, sabe que tiene muchas más posibilidades de ser criticado que el que escribe un libro. Uno termina entendiendo lo que siempre ha sido evidente: que nadie tiene el monopolio de la verdad; que la Verdad (con mayúsculas) se construye entre todos.
Escribí un post sobre la ciudad de Camagüey y su “mala memoria” cinematográfica, que tenía toda la intención del mundo de provocar alguna reacción. De aquellos que habitan la ciudad no me ha llegado ningún comentario (ni a favor, ni en contra). Desde La Habana, en cambio, mi querido Pineda Barnet me recuerda uno de esos nombres que no deberían dejar de mencionarse en Camagüey cada vez que se hable de dramaturgia (Gloria Parrado). Desde Madrid, Lino Luis García Espinosa (muy ligado a Canaldocumental) recuerda a Armando Lazcano y su filmación del Camagüey de su época, mientras que Luciano Castillo (culpable de todo lo que ahora escribo, pues fue él quien me inició en el vicio) me da la buena noticia de que es posible que el próximo año la editorial “Ácana” imprima su libro “Apostillas para una cronología del cine en Camagüey”.
Esta última confidencia me devolvió a mis ya lejanos tiempos de estudiante en la Universidad de Camagüey (1982-1987). Sobre todo a aquella etapa en la que un grupo de muchachos, sin tener idea de lo que podía ser una “ciudad letrada”, intentamos crear nuestra propia fortaleza literaria, esta vez con el nombre de “Resonancias”. ¿Qué será de Raúl Marrero, su primer director, y con quien tanto me gustaba platicar en nuestra común Cátedra de Derecho?, ¿Y de Rodolfo Caballero Vila, segundo director? (estuve a punto de verlo en Miami, pero el encuentro se frustró); ¿O de Daniel Morales Crespo, que en aquel cuento publicado con el título “La salida”, ya anunciaba en sus primeras líneas lo que al final ha pasado: “Un día cualquiera se irá y no le verán más nunca el pelo”? .
Si saco a relucir “Resonancias”, además de la cosa pornonostálgica, es porque una muchacha muy joven (tiene casi la edad de mi hijo) me acaba de prestar un ejemplar del número 10, justo donde aparece un artículo de Luciano Castillo que ostenta el mismo título de su futuro libro. Reencontrarme con la revista fue como viajar en el tiempo. Como director de ese número ya estaba Benito Estrada Fernández, y como editor, Jorge Santos Caballero. En el Consejo Editorial, Rafael Almanza Alonso, José Antonio García Gradaille (mi otro yo –él dirá lo mismo- , es decir, la otra mitad del J. A. GARCIA del periódico “Adelante”), Joel Jover Llenderosa, Rhaimalú Llanes Pérez, Roberto Méndez Martínez, y Jorge Luis Varona López. Ese número empieza, además, con dos poemas inéditos de Virgilio Piñera, dedicados al músico camagüeyano Louis Aguirre D’Orio (Managua, Nicaragua, 1904- Camagüey, 1984), lo cual puede convertirlo de inmediato en un rotundo objeto del deseo de aquellos que persigan la obra de Piñera.
Pero quiero concentrarme en lo que ha originado que escribiera el primer post, y ahora esta suerte de secuela: la actividad cinematográfica en la ciudad, y su registro historiográfico. En aquel breve artículo preparado por Luciano Castillo, “ante la solicitud efectuada por la Especialista de Cine Cubano de la Cinemateca de Cuba”, el propio autor se encargaba de advertirnos de la dimensión del desafío con esta introducción:
“Precisar la fecha exacta en que se exhibió por primera vez el cine en Camagüey, el nombre del local, su ubicación y propietario, así como la persona que introdujo el invento y su nacionalidad, resulta casi imposible ante la carencia de fuentes documentales y lo incompleto de los fondos existentes de la prensa de la época. Determinar cuál fue el primer cine construido como tal en la localidad, la fecha de su inauguración y el nombre del propietario, además del título de la primera película, su procedencia, o los cortometrajes que integraron el primer programa exhibido en estos teatros de variedades conocidos como “Salones”, en los cuales se combinaban las películas con espectáculos musicales de todo género, también resulta algo difícil de delimitar por razones análogas.
Las páginas de los escasos ejemplares de los periódicos de entonces que sobrevivieron al decursar del tiempo, atiborradas de disímiles anuncios publicitarios, reseñas de sociedad y sensacionales reportes policiales de la crónica roja, no reflejaron los esfuerzos y tentativas cinematográficas emprendidas en nuestra provincia en los primeros años del siglo”.
Como dije en el anterior post, esa “desmemoria” llega hasta nuestros días. No es que no existan investigadores interesados en el tema. Está el esfuerzo descomunal de Luciano Castillo, que afortunadamente veremos publicado pronto. Sé que Jorge Luis Acosta lleva años recopilando información sobre la historia de los cines en la ciudad (en un número monotemático de la revista “Antenas (Segunda Época)” fue publicado un fragmento de la investigación), y lo que es una noticia todavía más alentadora, por lo menos tres jóvenes están aproximándose a este asunto como parte de sus estudios de maestría. El problema está en la carencia de un respaldo verdaderamente institucional.
Estas investigaciones verán en algún momento la luz, pero seguirán sin obtener un verdadero sentido, una utilidad, debido a la ausencia de un foro que permita conectarlas y proyectarlas a la comunidad. Con la creación de la Cátedra de Pensamiento Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea” ese sentido por fin habría comenzado a configurarse, pero la Cátedra ahora mismo sigue siendo un simple “closet”, como Omar González la describió con impecable precisión en algún momento.
Lo que decíamos de la urgencia de un equipo multidisciplinario se pone en evidencia con las investigaciones que hasta ahora ha realizado Luciano Castillo. Esa valiosa información que nos da en su libro, lejos de agotar el asunto, lo que hace es multiplicar los enigmas. Pongo el ejemplo de esa noticia que nos dice apareció en un periódico camagüeyano de 1910: “Se vende barato o se cambia por un caballo bueno, calesa y arreos como parte de pago, una máquina cinematográfica completamente operada por eléctrica, como también está preparada para luz de otra clase”. A partir de esta información, es preciso comenzar a investigar el contexto económico de la época, pero también el imaginario de ese período, y de esa zona donde estaba ubicado el aparato.
Lo verdaderamente interesante, por lo menos para mí, no es la anécdota curiosa de la venta o canje de un cinematógrafo por un caballo, sino lo que eso podía representar en el Camagüey de esa etapa. ¿Qué tipo de persona podía interesarse en ese tipo de aparato y por qué?, ¿el mismo que hoy compra un DVD o alquila películas en los bancos clandestinos? Esto, como dije antes, tendría que ver más con los estudios de recepción que con la historiografía pura, pero ayudaría a entender mucho más la complejidad del fenómeno, pues cine no es solo la película que vimos, sino el modo en que nos vestimos para ir a ver esa cinta, el transporte que escogimos para llegar hasta el lugar, y hasta el malhumor que provocó en nosotros descubrir que los cineastas no representaron la realidad del modo que uno espera.
Sé que esto que escribo no cambiará nada. No es que sea pesimista. Es que un post no puede mudar de aires una mentalidad que Luciano Castillo nos describe a la perfección en su artículo, cuando detecta que los periódicos del momento “no reflejaron los esfuerzos y tentativas cinematográficas emprendidas en nuestra provincia en los primeros años del siglo”. Desde entonces han pasado cien años, y el cuartico está igualito.
Juan Antonio García Borrero

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Un Comentario »
Casualmente vi este blog y me animo muchisimo leer nuevamente algo tan bien escrito sobre , el cine sus nostalgias en fin.Conocia tu nombre por los comentarios que hacias en television Camaguey , una vez por semana , si mal no recuerdo , siempre me pareciste muy inteligente.Ademas visitaba la sala de video .
Estudie en el Pedagogico Jose Marti 1989/95 y el cine era una de mis pasiones en Cuba , aun lo sigue sinedo pero solo consigo ´´buenas peliculas ´´de vez en vez en las bibliotecas ,aqui en Orlando , como casi todo el mundo esta saturado de malisimos filmes. En Cuba podia gracias a algunos programas y a entendidos, ver la diversidad del cine mundial, esa es mi unica gran nostalgia.
espero tengas el tiempo de contestarme .
Mi mas cordial saludo