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CINE GUERRERO

jagb @ 16:59

En los años ochenta, en Camagüey, un grupo de amigos que ahora anda disperso por todo el planeta se inició en el culto a las películas. Ese grupo hizo del cine “Guerrero” su Parroquia principal. Pudiera pensarse que digo esto debido a la proximidad de ese cine a la hermosa iglesia “La Merced”. Algo de esa influencia más o menos mística pudo existir: a diferencia de cualquier otra sala cinematográfica de la ciudad, en el “Guerrero” se respiraba entonces un ambiente más bien de recogimiento espiritual.

Estoy hablando de aquella época en que el cine “Guerrero” era sede de la Cinemateca de Cuba. Esta funcionaba dos veces a la semana, y podíamos ver en la pantalla grande filmes como “La fuente de la virgen”, de Bergman, “La dulce vida”, de Fellini, o “Los siete samurais”, de Kurosawa. Teníamos en Luciano Castillo un líder que al principio solía imponernos la obligación de asistir a cada proyección. Con el tiempo, esa obligación se convirtió en un agradable vicio.

El “Guerrero” no fue el primer cine camagüeyano en acoger las proyecciones de la Cinemateca. Donde primero se brindó ese “servicio” fue en “Casablanca” (primer filme exhibido: “Los cuatrocientos golpes”, de Francois Truffaut). Después esas proyecciones pasaron al cine Alkázar (cuentan que para aquellas ocasiones se grababan en la voz de un locutor comentarios introductorios), hasta que finalmente “Guerrero” terminó siendo el espacio definitivo.

Luciano Castillo logró que aquello funcionara con un dinamismo envidiable. Digo Luciano Castillo porque yo era de los que cada semana recortaba el comentario que este hacía en el periódico “Adelante” de las películas que se iban a exhibir. Entonces aún estudiaba en la Vocacional “Máximo Gómez”, y no fueron pocas las veces que me fugué de la beca. Todavía conservo esos recortes, a pesar de que el papel más amarillento no puede estar, y en sentido general despiden un olor a humedad que molesta. Pero releyendo esos comentarios sobre “El puente sobre el río Kwai”, o sobre “Gigante”, o sobre “Rebelde sin causa”, es posible regresar a aquellas fechas en que la Cinemateca camagüeyana conseguía convocar a un público heterogéneo.

Sin embargo, lo que más perdura en mi recuerdo son los ciclos conformados por películas silentes. A mi juicio, eran con estos filmes donde mejor se advertía el espíritu casi religioso que se podía respirar dentro de la sala. Entrábamos al cine, y una vez sentados, comenzábamos a aspirar enormes bocanadas de silencio. El silencio es algo que, definitivamente, los humanos no volverán a conocer. Nos hemos convertidos en depredadores de ese hermoso momento que implica saber escuchar lo que nos dice en un susurro la vida. Ya nada nos protege de esa falsa naturaleza que es el ruido ambiente: ahora todo es vocerío espurio, con el inconveniente de que lo que antes era estridente, pero natural, en la actualidad se amplifica a niveles francamente devastadores gracias a las tecnologías más sofisticadas. Hoy no hay grandes ideas que escuchar, solo ideas menores amplificadas de manera impune.

Creo que aquellos que asistieron durante los años ochenta y mitad de los noventa al cine “Guerrero”, conforman la última generación de camagüeyanos que conoció las virtudes comunicativas del silencio. No hablo del silencio que nos impone una autoridad o un contexto social, y que tanto ha deshumanizado al individuo, convirtiéndolos en meros “autómatas del deber”. Un silencio que tiene que ver más con la (auto)censura que con el aprendizaje. Hablo de esa tremenda experiencia que significa ver “La quimera de oro”, y descubrir en el personaje de Charlot toda nuestra complejidad humana, sin necesidad de una sola palabra.

Pues el cine silente llegó en el momento justo en que ya era insoportable vivir en un mundo inundado de palabras que nunca significaron nada: la vida real convertida en mala literatura, con la palabra “dolor” importando más que el dolor en sí. Pienso que fue mirando una película muda que Andre Gide soltó su famosa frase: “Todo está dicho; lo que como nadie atiende…”.

Juan Antonio García Borrero

Un Comentario »

Joaquin Estrada-Montalvan — 11-07-2008 - 02:08:51 GMT 1

Juani, me tocaste con esto del Cine Guerrero, lo voy a enlazar en el blog mio

saludos

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