ALGO MÁS SOBRE LA RECEPCIÓN…
Dos comentarios recibidos a propósito del post sobre “Marginales en el cine cubano” me animan a pensar un poco más este asunto de nuestra condición de espectadores. Desde Tulane (Nueva Orleáns), la estudiosa Ana López ha colgado esta reflexión que vale la pena reproducir:
“Querido Juan Antonio:
Tu comentario acerca de la recepción de “Habana Blues” por los no cubanos (y la experiencia de asistir a una película como “otro”) me recuerda al famoso artículo de Stuart Hall “Encoding/Decoding” en el cual teoriza sobre las varias maneras de leer textos y postula tres vertientes principales: la dominante-hegemónica, la negociada, y la oposicional. Y también me recuerda algo que traté de articular hace algunos años acerca de la recepción de “I Love Lucy” por los latinos en USA (especialmente en los años 50 y 60, cuando Desi era el único cubano en la televisión). Cuando los gringos oían a Desi Arnaz hablando español era un chiste incomprensible, pero para los latinos era una comunicación directa e íntima. Como siempre, tus “posts” me hacen pensar.
Saludos,
Ana
Casi al mismo tiempo, desde España, el madrileño Paco Jiménez (que trabaja entre alemanes, de allí quizás su ¿distancia? de Nietzsche) me hace llegar este otro:
“Querido J.A.:
No sé por donde empezar acerca de tu comentario sobre ese film (Nota: se refiere a “Habana Blues”). Si no mal recuerdo, por la península pasó sin pena ni gloria. Si estuviste viéndola con españoles, mal hecho. Uno tiene que ver una película solo, por muy rodeado de gente que esté, y ya no digo gente de otras nacionalidades. No se puede enjuiciar... Un guión, 5 directores, igual a 5 películas diferentes. Por lo que ya no te hablo del espectador (es un mundo de prejuicios, yo incluido). De Nietzsche, no te hablo. Y para terminar: "A quién a buena oreja se arrima, buena sombra le cobija". No he dicho ningún taco.... ¡hostias!
Saludos,
Paco”.
En principio, no creo que “Habana Blues” haya pasado tan sin pena ni gloria en España, pues creo que obtuvo algunas nominaciones al premio Goya. Y hoy en día son las Academias (sea la que concede el Oscar, o su opuesto) las que administran las penas y las glorias de los humanos. Las memorias y los olvidos. Las soledades y las compañías. Todos los premios no son más que artificios de los distintos poderes que buscan legitimar (naturalizar) la existencia de esos productos culturales que no le contradicen en su esencia. Ningún premio es objetivo. Al contrario: tienen el nada velado propósito de inspirar la imitación de aquellos modelos que se reconocen como “correctos”.
Lo ideal sería ver una película solo, pero esa es otra utopía de camino. El problema es que el espectador no es un monolito. Se puede estar físicamente solo en un lugar, y sentirnos invadido interiormente por miles de intrusos. Algunos estudiosos dicen que tenemos más de diez o doce maneras de comportarnos en el día. Todo depende del lugar, del horario, de la persona que está frente a nosotros. Son los llamados “roles” del día.
Asumimos “roles” porque esa es la única forma de sobrevivir en sociedad. Una cosa es el comportamiento acabado de levantar. Otra dando los “buenos días” en el trabajo. Otra defendiendo alguna idea frente a alguien que no se entera. Y otra quedando para una cita por la noche. ¿Cuál de esos personajes es el que ve finalmente la película? Yo creo que todos, lo cual al final, nos arruina otra vez la anhelada soledad.
Juan Antonio García Borrero

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