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EL CUBANO ESENCIAL II

jagb @ 13:19

El post sobre “el cubano esencial” ha generado varios comentarios que, aunque por vía privada, me estimulan a seguir pensando el asunto. Lo primero que debo aclarar es que lo del “cubano esencial” es, en mi caso, una metáfora que me ayuda a insertar mis preguntas absolutamente personales, en un debate colectivo todavía inédito.

Nunca lograré conocer a todos los cubanos que existen en este mundo, pero lo más grave es que no me alcanzará la vida para conocer a dos (por lo menos dos), que puedan relatar experiencias idénticas, y a partir de estas, definir su identidad, o esa supuesta esencia que llaman “cubanía”.

Al contrario, he visto que algunas que las experiencias que más me han marcado (para bien o para mal) también le suceden con frecuencia a españoles, franceses, marroquíes, y portugueses. Y otras de las que no puedo hacer gala (y que, según los estereotipos, pertenecerían a gente de Primer Mundo), hoy las ostentan aquí mismo un grupo más bien reducido de compatriotas. ¿Los hace eso menos cubanos?, ¿o soy yo el que desentono en esa química nacional que, siguiendo la imagen de Ortiz, se sigue cocinando?

Por eso lo del “cubano esencial” me funciona apenas a nivel simbólico. No se trata de que, como pregona el más conocido de los existencialismos, hemos sido arrojados a este mundo, y abandonados a nuestra suerte. El lado negativo está en que, en verdad, hemos sido arrojados a culturas que nos preceden e imponen sus pautas. Y son esas pautas culturales que heredamos, aún antes de ser reconocidos ante los demás por nuestro nombre propio, las que van diseñando la supuesta identidad: para el caso “la cubanía”.

Un cine que haga descansar la legitimidad de su discurso en esos atributos que a los ojos de los demás nos identifican, corre el riesgo inevitable de la percepción superficial, pues aunque nacidos en una misma tierra, los cubanos cambiamos a diario (a veces hasta dos o tres veces en el mismo día). Afirmar lo contrario sería concedernos un carácter providencial que va contra todo lo que el marxismo más primario, por ejemplo, nos enseñó en su momento. Es decir, estaríamos cambiando la dialéctica por el dogmatismo; el sentido común por el sentido estrecho de quienes pretenden pasar "la parte" que conocen por "el todo" que ni sospechan.

¿Es más cubana “Memorias del subdesarrollo” (1969), realizada en Cuba, que lo que será en su momento “Memorias del desarrollo”, que por estos días se concluye en Nueva York? Si cine cubano es solo eso donde se ve la enseña nacional, el Capitolio, las olas rompiendo en el Malecón, ¿dónde dejamos entonces a Jorge Molina o a Miguel Coyula, cuando ubican sus ficciones en territorios y épocas neutras?

Borges, a propósito del escritor argentino y la tradición aseguraba algo que el cine cubano debería tener siempre en cuenta. Decía Borges que “no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas y no podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara. Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos o tolerables escritores”.

Juan Antonio García Borrero

Un Comentario »

Villabella — 25-03-2009 - 11:21:15 GMT 1

Juany: Me has hecho meditar. En tus interrogaciones del "cubano esencial", me envolví, porque en lo que trabajo hace tiempo es buscar, dentro del teatro popular, bufo, alhambresco, como han querido llamarlo arbitrariamente los teóricos del teatro cubano el "negrito esencial".
Claro que el "Negrito esencial" es el "cubano esencial" porque el negrito del teatro vernáculo (como otros le llaman) era también cubano y en nada se diferenciaba de éste (algunosmatices en el medio social, educacional, marginal, pero todo es muy discutible y complejo).
Esto sería muy extenso en explicar y lo más grave, lo más seguro que no te interese y sería fatigoso para tí. Lo cierto es que que llevado a tus inquietudes en el cine, todos esos caràcteres que señalas son propios del cubano, es una amalgama. Cada autor escoge la faceta caracterológica que le interesa. Haría falta preguntarse: ¿Cuál es el prototipo de la cubanía? Mañach trato de responderlo pero hay que ir con cuidado con él, aunque en muchos aspectos tiene razón, Ortiz, como señalas --como en tantas cuestiones-- es el sabio por excelencia.
Yo creo que con el melodrama hay mucha injusticia. Sobre todo porque se desconoce el género como tal y se desproporciona. Claro que partimos que es un género un tanto menor comparado con los otros, y desde luego propenso al ridículo. Pero hay temas que no se le puede "entrar" si no es utilizándolo, bien utilizado.
Es un tema en que el autor manda sus personajes, los guía, les inventa peripecias aunque sean increibles y si está bien escrito el lector, el televidente, el cinéfilo, lo acepta, porque prima la emoción y como dices "el corazón". Sobre estas cuestiones populares siempre tengo en cuenta a Carpentier --máximo defensor del teatro populachero del Alhambra--, cuando escribe:: "Prefiero cien veces una mala palabra de Otero (el gallego que luego se destacó en "La Tremenda Corte, en la radio y los programas aún se difunden por toda la América) que el "Dadme el brazo, señora condesa", de los melodramones europeos Hoy lo que se llama en Europa teatro popular ha dejarlo de serlo hace mucho tiempo, excepto en España (...) Nunca ofrecen un personaje por cuya boca hable el pueblo; un símbolo comoi lo son entre nosotros el negrito, la mulata y el gallego, que representan un sector viviente de la población o la psicología de los hombres del país"
"Recuperar esas historias donde el corazón sigue teniendoi razones que la razón ignora", como bien transcribes
Abel Posadas, un argentino, en una interesante biografía sobre Nini Marschall, la otrora famosa "Catita" de las películas bonarenses, dice que los amantes de una cultura superior, de ese círculo dorado, ya no se atreven a desechar, como ocurr´ñia en los años treinta "los productos de la cultura popular. Ahora se toman el trabajo de envasarla, etiquetearla y vendérsela entre ellos mismos con el pomposo título de Cultura Media".
Entre los productos de la cultura popular, como género está el melodrama que "recupera esas historias donde el corazón sigue teniendo razones".
Un abrazo,
Villa.

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