CONVIDADOS POR EL TIEMPO
Lo que más me atrae de este blog es que me exime de la responsabilidad de parecer “trascendente” o “serio”. Y a la vez, me hace sentir vitalmente póstumo.
Al fin he conseguido entender qué quieren decir con eso de crear “un mundo propio”. Me gusta el aire fresco de esta cueva donde ya no hay lugar para mis muertos o mis contemporáneos, sino que solo tienen cabida mis “vivos”. Gracias a ello, mis abuelos conviven con mis tataranietos que aún no han nacido, y entre todos soplamos esa fogata que se llama curiosidad, que es lo único que todavía nos hace sentir vivaces. Es dramático percibir cómo, no obstante el paso de los siglos, las preguntas más dolorosas siguen siendo las mismas. Y todavía nadie las responde.
Lo anterior provoca que, en estos instantes, sienta menos interés por el cine, invento que ahora más que nunca se me antoja un pretexto para vanidades que se deslizan sigilosas sobre alfombras rojas (no así muchas de las películas que he visto). En cambio, estoy arrebatado con la vida de algunos hombres que han hecho cine. Acabo de releerme la autobiografía de Charles Chaplin que el ICAIC publicara en 1967, y hace poco devoré otra vez “Mi último suspiro”, de Luis Buñuel.
Chaplin y Buñuel han sido de esos pocos cineastas que han conseguido hablar de las adversidades humanas, sin ese halo quejumbroso que termina corrompiendo tanto discurso supuestamente humanista. Hablan de los hombres como somos: seres preñados de contradicciones, de vanidades narcotizantes, de voluntades incumplidas, y de egos pendencieros.
En estos días necesitaba leer algo así de estimulante. Debería invitar con más frecuencia a la cueva a este tipo de personas, capaces de desmantelar el mito de que la vida solo puede ser desafiada por los llamados “grandes hombres”. O como otros les dicen: “los elegidos”.
Juan Antonio García Borrero

Meneame
del.icio.us


No hay Comentarios »