UNA CONFUSIÓN COTIDIANA (1950), de Tomás Gutiérrez Alea
Hace poco estuve releyendo la excelente entrevista que el dramaturgo Julio Matas le concediera a Luis de la Paz. Quizás sean muy pocos los que conozcan que Matas (exiliado desde 1965), participó como actor en el primer corto de ficción realizado por Tomás Gutiérrez Alea en los inicios de los cincuenta. Leamos la pregunta y la respuesta donde se alude a ese momento de nuestra cultura nacional.
“Pregunta: Siendo usted muy joven, en 1950, trabajó en la película “Una confusión cotidiana”, junto a Vicente Revuelta y Esperanza Magaz, la fotografía era de Néstor Almendros y la dirección de Tomás Gutiérrez Alea. ¿Podría contarnos algo de esa experiencia?
Respuesta: La película en cuestión fue un tanteo de Néstor y de Tomás (Titón)... no creo que tenga menor importancia, a no ser para los rastreadores de los orígenes de dos notables cineastas. Era un corto que duraba unos pocos minutos, basado en un cuento muy breve de Kafka: dos hombres debían encontrarse para resolver un asunto, tal vez un negocio de sustancia, pero no logran hacerlo por una serie de adversas circunstancias. Era un film sin sonido y se trataba de reproducir la mímica del cine silente (por aquella época estábamos saturados de películas mudas, que se proyectaban como parte del ciclo de historia del cine; eran películas cedidas por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que se logró traer a La Habana mediante una gestión de Guillermo Cabrera Infante). Mi impresión es que ya no existe, pero si todavía se encuentra en alguna parte, digamos, la colección privada de Titón o las bóvedas del ICAIC, tal vez aparezca un día”
Yo tampoco tengo idea de dónde hallar ese corto, y ojalá este post me ayude a encontrar más pistas sobre el mismo. Quizás aparezca, de la misma manera que apareció hace poco “Il sogno de Giovanni Bassain”, que aunque dirigida por Filippo Perrone en 1953, sabemos que en verdad fue el trabajo de curso de Titón tras su estancia en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma.
Lo interesante de estos materiales pioneros, es que permite rastrear la formación de ciertas obsesiones autorales. En el caso de Titón, esa manera “kafkiana” de mirar la vida, y que hoy se presta a asociar con sus críticas a un socialismo que ha tenido en la burocracia ideológica su gran caballo de Troya, ¿no existía ya en su juventud?, ¿no sería acaso una obsesión existencial más que ideológica?
Juan Antonio García Borrero

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