IAN HUGO EN LA HABANA
En 1976 la “American Federation of Arts” editó el libro “A History of the American Avant-Garde Cinema”, un volumen que se aproxima de modo exhaustivo al cine norteamericano de vanguardia. Junto a los nombres de Maya Deren, Kenneth Anger, o Stan Brakhage, es posible encontrar también el de Ian Hugo, quien aportaría en su momento títulos como “Ai-Ye” (1950) o “Bells of Atlantis” (1952).
Gracias a una crónica poco conocida de Guillermo Cabrera Infante (“I Remember Hugo”), sabemos que este artista casado con Anais Nin, llegaría a La Habana de principios de los años cincuenta. Las razones las cuenta el propio Cain: “¿Por qué vino Hugo a La Habana? Como von Sternberg venía una y otra vez. ¿Por qué vino a buscarnos? Simplemente porque nosotros (Néstor Almendros, Germán Puig, Ricardo Vigón) y otros habíamos creado la Cinemateca de Cuba en 1950 y habíamos exhibido películas clásicas venidas de la Cinematheque Francais, gracias a la amistad de Puig y Vigón con Henri Langlois y prestadas por su almacén del cine. También exhibimos películas donadas por la Film Library del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Hugo, que sabía todo del cine “underground”, lo supo”.
La crónica de Caín, además de contar con los méritos literarios habituales en la escritura del autor, me ha llamado la atención por otro motivo. Cuenta Cabrera Infante que Hugo (quien se hospedaría en el hotel “Ambos Mundos”, y exhibió sus películas en el Palacio de Bellas Artes), quedaría muy impresionado con esa Habana en la cual nació su célebre mujer, al extremo de decirle:
“Ah, La Habana de noche. (…) Mire esa nitidez en la atmósfera, esa profundidad de campo. En Nueva York ni en los días más despejados es tan tenue el aire. Me gustaría hacer una película sobre La Habana o que ustedes la hicieran. La Habana de noche es extraordinaria, no podría faltar. Me refiero a La Habana de los alrededores del puerto, con sus viejas casas y sus calles tortuosas. Es necesario hacer esa película antes de que todo esto desaparezca. Ya ha desaparecido buena parte de ella, pero todavía quedan los muelles, con su atmósfera a lo Maya”.
¿No habrá algo de esto en “PM” (1961), ese corto sobre la noche habanera y su transparente desmesura, que auspiciaron los de “Lunes de Revolución”? Al margen de las especulaciones, hay algo que hoy nos parece claro: “PM” participaba de ese rechazo del cine de vanguardia norteamericano a la tradición novelesca y teatral, y que de alguna forma estaba presente en ese primerísimo cine del ICAIC (léase “Historia de la Revolución”, “Cuba baila”, “El joven rebelde”).
Desconozco si Ian Hugo regresaría a La Habana, como en su momento prometió. Por la fecha en que triunfa la Revolución, y se consolida el ICAIC, en los Estados Unidos gana fuerza lo que el 28 de septiembre de 1960 terminará resultando la “Declaración del New American Cinema Group”, donde alcanza coherencia lo que antes era un conjunto espontáneo de prácticas cinematográficas disidentes de la tradición de Hollywood.
El ICAIC miraba con mucho más intensidad a lo que sucedía en Europa, tal vez porque el diferendo político con los Estados Unidos comenzaba a invalidar que los cineastas norteamericanos pudieran viajar a la isla del mismo modo que lo hacían los europeos (Ivens, Marker, Christensen). A lo que habría que sumar, desde luego, los diferendos internos entre el ICAIC y “Lunes de Revolución”.
Juan Antonio García Borrero

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Un Comentario »
Comento tu último párrafo... Maya Daren vino a La Habana y mostró sus películas en el ICAIC, pero es cierto que el diferendo con USA paró los contactos de alguna manera... Allen Ginsberg vino en 1964, "colado" entre los estudiantes que vinieron aquel año (ver mi libro “Ni tiempo para pedir auxilio”)... “La Nueva Ola” era el GRAN acontecimiento, y por lo tanto, los europeos eran nuestros invitados preferidos... Por lo demás, ninguno de los independientes de Nueva York hubiese tenido, me temo, la voluntad o la paciencia para enseñarnos, como hicieron Chris, Ivens y Christensen...
Fausto Canel