A PROPOSITO DE UN COMENTARIO SOBRE EL CINE CUBANO SUMERGIDO
A propósito del post sobre lo que alguna vez he nombrado “cine cubano sumergido”, alguien que firma MOVIMIENTO NACIONAL DE CINE AFICIONADOS DE CUBA (MOCAC), y que deduzco sea el señor Raimundo Torres Díaz, ha colgado el siguiente comentario:
“EL VERDADERO MOVIMIENTO DE CINE AFICIONADOS DE CUBA, SURGIO SOBRE LOS AÑOS 76 EN LA HABANA Y FUE DIRIGIDO POR RAIMUNDO TORRES DIAZ, JACKI DE LA NUEZ Y SERGIO VITIER. DE ESE GRUPO SURGIO LA PRIMERA ESCUELA DE CINEMATOGRAFIA CUBANA DE AFICIONADOS QUE SE CONVIRTIO POSTERIORMENTE EN LA ACTUAL ESCUELA DE SAN ANTONIO DE LOS BAÑOS. NO SE PORQUE EL ICAIC, SIGUE OCULTANDO LOS TRABAJOS QUE LLEVAMOS A CABO CON EL MOCAC, SI ES IMPOSIBLE HOY EN DIA OCULTAR LA VERDAD CON INTERNET Y LOS QUE CREAMOS ESE MOVIMIENTO QUE AUN VIVIMOS PARA CONTARLO. TUVIMOS UN TALLER DE CINE EN EL TEATRO VARONA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA Y LA COLABORACION MUY ESTRECHA DE HECTOR GARCIA MESA ANTIGUO DIRECTOR DE CINEMATECA, TOMAS GUTIERREZ ALEA (TITON) QUE FUE NUESTRO PROFESOR DE DIRECCION, ROLANDO BAUTE EN EDICION CINEMATOGRAFICA, SERGIO VITIER EN MUSICA EN EL CINE, JORGE PUCHEAUX EN TRUCA. SE DIERON VARIOS FESTIVALES ENTRE ELLOS UNO INTERNACIONAL Y TODOS SE REALIZARON EN LA HABANA, SE EDITO UNA REVISTA DE CINE MENSUAL QUE SE CATALOGO DE ILEGAL PORQUE EL ICAIC NO ERA CAPAZ DE ASIMILAR NUESTRO TRABAJO. PARA MAS INFORMACION. raytodi@hotmail.com. telefono en madrid 915640687. DIRECCION DEL MOVIMIENTO DE CINE AFICIONADOS DE CUBA”.
En primer lugar, quisiera dejar esclarecido una vez más que esto no es una página del ICAIC, ni de ninguna institución en particular, sino un blog personal (a veces exageradamente personal) sobre el audiovisual cubano, entendido en su dimensión más amplia. Sería incorrecto de mi parte asumir funciones institucionales: lo que aquí se lea es de mi estricta responsabilidad, lo mismo cuando me equivoque que cuando de en el clavo. Aunque trabaje en el Centro de Cine de Camaguey (y sienta orgullo por ello), me sentiré siempre más amigo de la Verdad (que implica paradojas, revelaciones inesperadas), que de la reiteración cómoda de aquello que ya conocemos. Sé que eso tiene el precio de la incomprensión cuando se confunde la búsqueda del Saber con los afectos personales, pero es lo que me toca.
Por eso no tengo inconvenientes en decir que carezco de interés alguno en ocultar nada, ni en soslayar polémicas, siempre que esté por medio el respeto a la persona que expresa las ideas. No soy Dios, con la Verdad absoluta en sus manos, sino alguien a quien le motiva la pesquisa colectiva de esa probable verdad. Sé, como dije en el post anterior sobre “Las memorias del olvido”, que nadie en este mundo tiene un punto de vista privilegiado. A la Verdad (con mayúsculas) se llega entre todos.
Muchas veces se culpa al ICAIC de haber fomentado lo que pudiéramos llamar “una política del olvido”. No negaré lo que durante tanto tiempo fue evidente: cineastas “desaparecidos” del mapa cultural por razones claramente ideológicas. Pero si queremos ser honestos hasta las últimas consecuencias, tendríamos que admitir que de un tiempo acá esas omisiones ya no son la norma. En cambio, sí me llama la atención que fuera de Cuba apenas haya existido interés por promocionar, por ejemplo, el libro colectivo “Cine cubano: nación, diáspora e identidad”, que habla precisamente de otro cine sumergido: el realizado por cubanos más allá de la isla.
Lo curioso es que mientras que “La Gaceta de Cuba” preparó aquí un dossier que revisa críticamente una parte de esa área (hay textos sobre León Ichaso, Néstor Almendros, una panorámica donde se menciona lo mismo a Iván Acosta, Orestes Matacena, Orlando Jiménez Leal, o Marcos Antonio Abad), el exilio se da el lujo de pasar por alto un volumen que comenta justo una producción que ni siquiera ha sido reconocido en ese campo cultural opuesto al revolucionario. Hasta donde sé, apenas Roberto Fandiño escribió algo para una publicación (y por suerte, no para hacer elogios gratuitos, sino para sumar ideas a ese debate que nos falta). Lo otro de lo que he tenido conocimiento es de una intervención radial de José Antonio Evora.
Llamo la atención sobre esto porque nos confirma que en cuestiones historiográficas las cosas nunca serán en blanco y negro. No es el ICAIC el que sigue ocultando las obras del MOCAC; es que hasta donde conozco no ha existido iniciativa alguna por parte de este grupo de llevar a la memoria pública los resultados de su gestión cultural. Como tampoco lo ha existido en el exilio con el cine que ha realizado, exceptuando tal vez los esfuerzos de Iván Acosta cuando estaba al frente del Centro Cultural Cubano en Nueva York. Recuerdo que en el momento de conformar la “Guía critica del cine cubano de ficción” busqué la ayuda de Tomás Piard y Jorge Luis Sánchez porque conocía de sus películas, los eventos organizados. De haber sabido algo del MOCAC hubiese acudido sin falta a las fuentes.
De cualquier modo, no estoy diciendo que no exista dosis de verdad en lo que se afirma. Desde México Jorge Pucheux me confirma que sí existió el grupo, y Jorge Luis Sánchez acaba de enviarme este mensaje que me autoriza a reproducir:
“Comenzando el Círculo de Interés de Cine de la Casa de Cultura Plaza, por 1978, y con asesoría del Centro de Información del ICAIC, alguna vez supe de la existencia del MOCAC por boca de Jackie de la Nuez, si mal no recuerdo. Siempre tuve la impresión de que existió más al principio de los años de la década del setenta, que en 1976, dos años antes de lo que luego dio lugar a la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba. No obstante, Cine Aficionado, o Amateurs, existió en Cuba mucho antes del MOCAC, por allá por los años de la década del cincuenta, según Agramonte”.
Yo creo que en la vida es inevitable asumir una “visión de grupo”. Siempre miraremos la realidad de acuerdo a esos intereses grupales que más nos afectan: se trata de una suerte de instinto básico, más allá de la pretensión humanística que se pregone. Pero el historiador, el estudioso que explora la cultura (que siempre será algo saturado de contradicciones donde está presente lo biológico, y también la presión social con sus consecuencias) tiene que aspirar a una perspectiva de conjunto, no de grupo.
Si el MOCAC tiene en su poder información, documentos, películas, mi criterio es que debería ponerse en contacto inmediato con la Cinemateca de Cuba, con el fin de ocupar el lugar que merece en el mapa audiovisual de la isla. Pero si la institución no respondiera al pedido, podría aprovechar las herramientas que actualmente nos ofrece Internet para promover nuestras existencias, sin necesidad de esperar un reconocimiento institucional que tal vez nunca llegue.
Aún así, las puertas de “Cine cubano, la pupila insomne” seguirán abiertas a todos aquellos que, poniendo por delante la buena voluntad, deseen enriquecer ese relato que habla del cine realizado por cubanos en la isla, y más allá de ella. Incluyendo, desde luego, al MOCAC.
Juan Antonio García Borrero

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Comentarios(5) »
Para aclarar si es posible.
Juan Antonio, me parecen muy buenos tus comentarios. Claro que siempre habrá sorpresas, unas buenas y otras , por no decir difíciles, , digo entonces extrañas, aunque para algunos, este tipo de textimonios de gentes en cualquier lugar pueden ser muy claras.por haberlas vivido.
Aquí lo más significativo es el respeto como muy bien dices, pues lo importante es ir descubriendo esas historias que aun faltan por contarse..
Si me gustaría dejar bien claro y así se lo comenté ya a la persona que escribió sobre ese movimiento, que al menos yo SI FUI INVITADO A PARTICIPAR COMO MAESTRO , y que lo que si no puedo recordar , es qué tiempo estuvo en el aire ese proyecto después. Pero de que existió, SI.
Saludos¡¡¡
Hola Juan Antonio: Aquí va un fragmento de algo que estoy trabajando pero tal vez de luz sobre esta discusión. Saludos,
Fragmento de:
Cómo ser cineasta independiente en Cuba y morir en el intento.
A Propósito de las Muestras de Los Jóvenes Realizadores y La Historia del Cine Cubano
Por: Aarón Vega Granados
“…del primer cineasta cubano independiente que tengo recuerdo fue de Reyes. Corría el final de los fugaces Setentas. Ya Reyes era viejo. Tenía un carro americano de los años cincuenta y trabajaba como taxista en la piquera del hospital materno que estaba en la esquina de la casa, en el Vedado. Reyes era nuestro medio de transporte para ir a visitar a Abuela Isabel en La Habana Vieja: Merced entre Picota y Curazao. Desde niño me supe esa dirección; me la enseñaron por si me perdía.
Cuando Reyes no manejaba el Taxi hacía películas en ocho milímetros. De él escuché la primera historia sobre la censura y la represión. Lo habían metido preso porque estaba filmando en la calle sin permiso. Era una película de “época”, donde el viejo trataba de recrear en el Malecón el momento que los turistas americanos tiraban monedas al agua para que los niños se lanzaran en “diving” y bucearan para encontrarlas. Los policías, siempre suspicaces, creyeron que el taxista, devenido cineasta, estaba haciendo una película para enviarla al extranjero y desacreditar al país. Decidieron meterlo preso con cámarita de ocho milímetros y todo. “Por suerte no me velaron el material”, decía Reyes entre risas cuando contaba lo que él consideró una equivocación.
Tiempo después lo volví a ver. Formaba parte de la Asociación de Cine Clubes de Cuba. Ya no era taxista pero seguía haciendo películas. Había vendido su carro para construir un laboratorio y revelar él mismo las películas que filmaba. Corrían los turbulentos ochentas. Inténtábamos hacer cine. Algunos lo lograban. Casi todos los jueves había reuniones en la Casa de la Cultura de Plaza comandadas por Roberto Viñas y Mario Piedra donde se debatían las obras de Jorge Luis Sánchez y Tomás Piard, entre muchos otros…”
Aarón Vega Granados
A quien corresponda.
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Me despido agradeciendo su atencion y esperando una pronta respuesta
A propósito de la historia del cine cubano.Un granito más desde San Antonio de los Baños
Querido Juan Antonio.
Mis memorias del cine aficionado de Cuba, se parecen a las de mi amigo entrañable Aarón Vega, sólo que con algunos añitos de diferencia a favor de mi almanaque, con lo cual le llevo alguna ventaja, aunque se remontan, como las de él, a la infancia.
Como sabes, nací en San Antonio de los Baños y allí pasé mi infancia en los años ´50. Mi mamá me llevaba a una peletería que estaba en la esquina del Parque Martí ( el parque central del pueblo) que estaba paralela con el Bar Cuba, un lugar precioso con mesitas de hierro y tope de granito estilo república ( dicen que allí Abela hizo sus primeras caricaturas sobre servilletas ), donde además trabajaba mi tío Nené y me regalaban helados mientras yo miraba embelezado un enorme cuadro transparencia del río Ariguanabo, en el que se me antojaba, se movían sus aguas y batían sus hojas las palmeras. Cine en mi imaginación, pues ya grande volví a ver el cuadro y era totalmente estático, pero igual de hermoso.
Vuelvo al cuento que me trae a tu excelente blog: En aquella peletería trabajaba un joven llamado Artemio que medía como dos metros de estatura y era mas feo que un güije. Pero siempre nos atendía y me probaba los zapatos. El interés que tenía este peletero para mí, era que lo veía a veces en la pantalla grande del cine Casino, uno de los dos cines con que contaba la villa de San Antonio de los Baños.
Para un niño de hoy, sería como ver a Arnold Schwarzenegger. ¡La estrella de cine de mi pueblo conversando con mi mamá y probándome zapatos! Pues Artemio era el protagonista de una película de ficción llamada El Invasor Marciano, en la que él, gracias a su físico, era el marciano.
El caso es que este peletero llamado Artemio Valdés formaba parte de un grupo de jóvenes que ya en la década del ´50 había constituido la Asociación Pro-Cine Ariguanabense y soñaban con establecer una escuela de cine en San Antonio de los Baños. No se si Gabo, sabía esto cuando decidió que la escuela fundada por él debía estar en esta localidad, pero algo debe haber influido el interés por el arte que siempre ha tenido este pueblito de La Habana, en el que siempre hubo teatro, poetas, pintores famosos (Silvio Rodríguez, Quidiello el pintor, Paco Alfonso y Miguel Miqueli, teatristas, Abela, Nuez, no te canso, pero son muchos más) para que El Gabo decidiera sólo treinta años después, que San Antonio fuera la “Meca” del cine cubano.
Todo este esfuerzo se debe a Eulalio Cruz que era quien encabezaba el grupo de jóvenes cineastas ariguanabenses, de los cuales obtengo los nombres en una crónica de la periodista Teresa Valenzuela (http://www.cmbfradio.cu/cmbf/identidad/identidad_00180.html). Ellos son: Osvaldo Ordaz, Ángel Gutiérrez, Agustín de la Osa, Vicente Cruz, Antonio Alfonso, Roberto Puyada, Artemio Valdés, Ricardo de Armas y José de Armas.
Según Teresa Valenzuela, el grupo se mantuvo activo durante toda la década del ´50 en la que filmaron varios cortos de ficción silentes cuyos títulos son La Herencia Maldita, Lobos de mar, Contrabanda, y El Cayo de la Muerte, éste último en colores, de 36 minutos, dirigido por Vicente Cruz.
Además, encuentro en la crónica de Teresa Valenzuela, que fue en San Antonio de los Baños donde se filmaron escenas de las primeras películas cubanas como La Virgen de la Caridad de Ramón Peón y, como si fuera poco, se reconoce perfectamente la famosa escogida de tabacos El Purguero en la cinta El Romance del Palmar, estrenada en 1938.
Sin ánimo de polemizar con el amigo que te escribe, ni reclamar lauros para mi pueblo y sus artistas, creo que puedo retar a cualquiera para que saque una fecha más temprana en Cuba en la que otra comunidad hiciera cine. De todas formas, para mí lo más importante de todo esto es que se reconoce que hay una fuerte inspiración cinematográfica en Cuba desde muy temprano. Creo que hasta el propio Alfredo rectificaría hoy su famosa frase -“sin tradiciones ni historia”- la historia está y no puede ser desmentida la tradición.
Por último, no culpemos más al ICAIC de reconocer o no éste o aquel esfuerzo. Este organismo hizo lo suyo y obedeció con su política a un momento, como otros actuaron acorde a otras circunstancias. El ICAIC reconozcámoslo, lo hizo más bien que mal y sabemos todos que, como toda obra humana, es perfectible. Ayudemos a que así sea y con ello, la historia del cine cubano. En fin, dejemos los resquemores y pongámonos a trabajar. Nunca antes se hizo tanto por el cine cubano en Cuba, que en la época del ICAIC, Los errores, son de los hombres, los organismos son a su imagen y semejanza, pero siempre hay tiempo de revisar la historia y restituir nombres y enderezar entuertos. Igual estamos juntos en la historia del cine cubano todos los cubanos que hacemos cine. Los historiadores dirán la última palabra, no los políticos ni jefes de un momento. La historia es eterna.
Otra vez exhorto:
Que todo el que tenga algo que decir, que lo diga, que todo el que tenga un testimonio, que lo regale; si alguien tiene poder editorial en algún momento, que desentierre todas las tesis de grado que ya Mario Piedra anunció están en los anaqueles de las escuelas de Artes y letras…. Hagamos historia, no política.
VOSOTROS QUE ESTAIS EN CUBA PODEIS RECABAR INFORMACION SOBRE EL M.O.C.A.C., A TRAVES DE MIS COMPAÑEROS DE BATALLA JACKI DE LA NUEZ, SERGIO VITIER, ROLANDO BAUTE (edic. y montaje del ICAIC), NO SE SI QUEDA ALGUIEN MAS PUES DESGRACIADAMENTE ALGUNOS GRANDES AMIGOS HAN FALLECIDO (TITON, HECTOR GARCIA MESA, MARIO RODRIGUEZ ALEMAN) Y OTROS SE HAN MARCHADO DE CUBA COMO YO QUE FUI PERSEGUIDO POR EL ICAIC POR LAS ACTIVIDADES DE NUESTRO MOVIMIENTO DE CINE, YO POSEO FOTOS DE LOS ENCUENTROS Y UNA BUENA MEMORIA. YO SOLO QUIERO QUE SE HAGA HISTORIA Y NO POLITICA. UN SALUDO. RAIMUNDO TORRES DIAZ.