“AVE MARÍA” (2009), de Gustavo Pérez
Hace un tiempo Gustavo Pérez me invitó a ver el primer corte de su documental más reciente: “Ave María” (2009). Empecé a mirarlo con bastante recelo: Gustavo no tiene por qué saber que nací un 8 de septiembre, por lo que es de suponer que las imágenes que me puedan mostrar del santuario “El Cobre”, ya a estas alturas me dicen poco.
Sin embargo, este documental debería llamarse “El (otro) Cobre”. Se trata, hasta donde tengo entendido, del primer material que deja a un lado el éxtasis con lo que habitualmente se ve (peregrinajes y más peregrinajes), para concentrarse en lo que hay “detrás de la fachada”. Como diría Consuelito Vidal en aquel popular programa, el director parece decirnos: “¡Mira para allá!”.
Los que hemos ido al Cobre sabemos que hablamos de una isla dentro de la isla: tal vez el único sitio donde todos los cubanos (sin importar la raza, la ideología, el puesto que ocupan en sociedad, la erudición, o los recursos económicos de los que disponen) descubren que el llamado “principio de la mediocridad” no es un juego de palabras.
Allí nadie es “excepcional”, nadie ha nacido con el don de “sujeto privilegiado”: todo lo que hemos alcanzado o perdido en esta vida se debe a una extrañísima conjura de circunstancias. Las ofrendas que en cada caso se dejan (los papelitos garabateados, los pedazos de cabellos, las pelotas de béisbol, las medallas alcanzadas en algún momento que ya no volverá), al final no resulta otra cosa que un raro momento de lucidez colectiva. Todo un consenso nacional donde las vanidades y los egos peleones ocupan el lugar que se merecen, aunque sea por un rato.
Para mí un documental será interesante en la misma medida que me haga repensar la realidad: que me permita percibir eso que estaba allí, y que en mi despiste existencial jamás había visto. “Ave María” posee esa virtud. Es cierto que hay un par de personajes (sobre todo el de la señora que habla a la cámara) que desentona dentro del conjunto (es más, que sobra), y otros que hubiesen dado para hacer un documental con cada uno de ellos. Pero aún así, el saldo es valioso, destacando en especial la fotografía de Wilfredo Pérez, con un trabajo que deja a un lado el lugar común, para descubrirnos a ese Cobre secreto (o paralelo) al que hacíamos referencia.
Gustavo Pérez se confirma como uno de los documentalistas cubanos más personales de la actualidad. No sé si este material él lo incluirá en ese conjunto de películas que alguna vez agrupó bajo la etiqueta de “La extensa realidad”, y donde “Caidije” (2000) sigue ocupando, para mí, un puesto relevante. Lo cierto es que gracias a “Ave María” la próxima vez que regrese al Cobre, ya no lo veré del mismo modo.
Juan Antonio García Borrero
PD: Otras entradas en el blog sobre "AVE MARIA":
"ONEYDA GONZALEZ SOBRE AVE MARIA" (2009), de Gustavo Perez"

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