RESULTADO DEL PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL “UN POST SOBRE EL AUDIOVISUAL CUBANO”
Hace un par de meses “Cine cubano, la pupila insomne” convocó al PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL “UN POST SOBRE EL AUDIOVISUAL CUBANO”.
Era una suerte de experimento a través del cual intentábamos familiarizar un poco más a la crítica del patio con las nuevas herramientas que brinda la época. En lo personal no me ha extrañado que los que pudiéramos llamar “históricos” de este oficio, no se sintieran seducidos con la convocatoria. A decir verdad, el gesto iba dirigido a los más jóvenes, esos que están llamados a revolucionar las maneras de percibir, ya no el cine, sino el audiovisual en sentido general.
Por eso tampoco es de extrañar que el post ganador haya sido escrito por un estudiante de Ciencia de Computación. Reynaldo Lastres Labrada reside en Holguín, estudia en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, y pertenece a esa generación de jóvenes a los cuales les moviliza la relectura de esos procesos que con el tiempo se han propuesto como intocables, debido a un discurso crítico poco tolerante de versiones diversas.
Vaya la felicitación para Reynaldo Lastres Labrada, y ojalá que su sugerente post sirva de estímulo a que otros jóvenes también muestren sus puntos de vistas más personales, apelando a la tecnología y la informática, que es el corazón mismo de la época que vivimos.
Juan Antonio García Borrero
¿CUÁLES SON LAS PELÍCULAS QUE DEBEMOS HACER?
Por Reynaldo Lastres Labrada
La historia del cine cubano, a diferencia de la historia del teatro, de la literatura o de la pintura, debe ser contada y analizada a partir de otros enfoques, desde otros puntos de vista, quizás, un poco más emparentada a lo que sería "una historia cubana de los medios de comunicación".
Muchos debates ha suscitado la polémica del cine como medio de comunicación; si es homólogo o no a la televisión, por ejemplo. Desde muchos puntos de vista, ambos se han enriquecido intercambiando criterios, pero desde una perspectiva social, sus funciones se solapan, y muchas veces se toma como una sola.
En Cuba, estos criterios se ven reforzados ¿Cual es la función social de nuestro cine? ¿Qué cine debemos ver?, solo hay que remitirse a las viejas (actuales) polémicas culturales de los sesenta, para entender mejor lo que estoy diciendo.
El cine es más provechoso para un Estado (dado su carácter mediático ontogénico), que las demás manifestaciones artísticas, y sin duda su historia, tiene casi que ver más con la política cultural de la(s) entidades rectoras de que depende, que con los propios creadores. Sería bastante provechoso (para echar luz sobre el asunto), que se publicara un estudio de los guiones que han sido rechazados en Cuba por el ICAIC, y que muestre la calidad (desperdiciada), de algunos de ellos. Para luego compararlo con la dudosa calidad de algunos de los que sí han sido aceptados.
Esto es muy importante, porque pone de alguna manera en evidencia los puntos que oponen la calidad temática (y a veces formal) del cine del ICAIC con los realizadores (que sí tienen una relativa libertad), del llamado por algún crítico cubano “cine sumergido”: cine realizado independiente al ICAIC. Y además, aclara otros puntos que tienen que ver con la distribución y exhibición de los filmes, y con la censura y la no existencia de crítica especializada en los medios, sobre algunos de ellos.
A manera de repaso, el hecho de que en los sesenta el cine estuviera marcado y “obsesionado “, por cantarle, a la manera de Carlos Puebla, a la recién triunfante Revolución (ver comienzos del cine en Rusia posrevolucionaria), no es nada casual; recordar el postergado estreno de la película “Cuba baila”, y la censura de “PM”. En los setenta, los efectos del mal llamado quinquenio gris (con el caso más extremo de “Un día de noviembre”, de Solás: no es tanto lo que dice, sino cuando lo dice).
El cambio de presidencia del ICAIC en los años ochenta (con consecuencias evidentes en la producción cinematográfica: cine popular o “populista”); y el derrumbe del campo socialista (y la pérdida de valores que trajo como consecuencia) en los noventa: (“Alicia…” (y la censura de Alicia…), “Adorables mentiras”, “Guantanamera”, etc. ). En el nuevo milenio, se hace ya evidente (y alarmante) el “esfuerzo” de nuestro cine por rescatar nuestra memoria histórica (de la Historia que conocemos); esto también es política cultural.
Se me antoja como quimera hoy en Cuba: la realización de un largometraje -¡producido por el ICAIC!-, de Jorge Molina; un ciclo ¡organizado por el ICAIC!, de cine cubano de la diáspora; un espacio televisivo de películas “sumergidas”: como “Molina´s Culpa” o como “Zona de silencio”; y hasta la extensión del festival de nuevos realizadores “de la Habana”, al resto del país.
Luego, una pregunta tan escabrosa como esta: ¿qué películas debemos hacer?, es la consecuencia lógica de todas las demás preguntas inquietantes del cine cubano de hoy: ¿tiene la misma libertad (aún contando con las políticas editoriales) un escritor de novelas que un director de cine?, ¿es lo mismo decir: así se han querido expresar los cineastas en Cuba, que decir: así se han podido expresar?, etc. Donde están las respuestas cuando nos preguntamos porqué (por ejemplo) nuestros clásicos del cine: Alea y Solás, tuvieron períodos tan largos sin filmar.
Para darle respuesta a estas y otras interrogantes, creo que solo necesitamos ubicarnos de un lado de la balanza, ¿cual es, pues, este lado? No hay trampas en la pregunta, porque la respuesta es solo una: del lado de la cultura.

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