CON EL DESEO EN LOS DEDOS (1958), de Mario Barral
Ficha técnica:
CON EL DESEO EN LOS DEDOS
(1958)/ 85’/ D: Mario Barral/ Actúan: Enrique Santiesteban, Minín Bujones, Jorge Félix, Rolandito Barral, Enrique Montaña.
“Una escultora se casa por interés para tener el dinero que le permita dar la educación que desea al jovencito elegido para, en cierto sentido, modelarlo a su gusto y así entregarle su amor cuando se convierta en hombre. Lo logra en parte, pero luego el muchacho se reconcilia con la joven que lo ama de veras y la escultora termina por morir abrazada a la obra que lo reproducía. Por lo burdo e incongruente de su guión, y por su mala factura artística, esta película es un descrédito más para la incipiente industria cinematográfica cubana” (Guía Cinematográfica 1959-60).
“Merecedor de recordación, como en tantos otros casos, es el esfuerzo cooperativo con que se hizo esta película, en la que nadie cobraba y se vivía de la esperanza en el éxito que habría de llegar. Como las ambiciones creadoras eran muchas y la tónica habría de ser romántica, pasional, erótica, trágica, siempre a altos niveles, y todos los elementos eran moderados, discretos, limitados, sin la inspiración básica que hubiera hecho falta para hacer el milagro, el resultado trascendía la frontera de lo risible, en especial cuando la protagonista se abraza a la estatua de yeso que le cae encima. Pero así se hizo cine en Cuba, y los que lo hicieron fue con mucho cariño e ilusión, y así lo evocan. Y es este derecho a soñar de la condición humana el que hemos enarbolado siempre para enfrentar los denuestos a nuestro cine prehistórico, malo de resultados, pero no de intención.” (Walfredo Piñera).

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Comentarios(2) »
Creo que quienes escribieron esto en la guía cinematográfica no tuvieron en cuenta la época en la que se hizo esta película, a pesar de tenerla tan cerca, pues es fechada en el año 59-60. No tuvo en cuenta tampoco el tipo de cine que se hacía en México y Argentina por esos años y que marcaba el gusto de la época por la presencia mayoritaria que tenía en nuestras pantallas desde los años ´40 en adelante. También el cine que nos llegaba de Hollywood, lleno de frases comunes y clichés. Me atrevo a asegurar que eso lo redactó alguien devenido en censurador o al menos, una persona que nunca intentó expresarse a través de una cámara.
No se qué habrá sido de Minin Bujones y me gustaría saberlo, también Rolando Barral y los otros que por las razones que ya conocemos, perdimos de vista. Pero si sé bien hasta qué lugar llegó el grande de Enrique Santiesteban. Estoy de acuerdo con el Sr Piñera cuando dice “…merecedor de recordación, como en tantos otros casos, es el esfuerzo cooperativo con que se hizo esta película, en la que nadie cobraba y se vivía de la esperanza en el éxito que habría de llegar.” Estoy seguro que sin la existencia de esos esfuerzos cubanos, de sus actores, libretistas y sobre todo, de sus técnicos ( a propósito del cine sumergido) en general, no habría arrancado con tan buen pie la que llamamos con tanto orgullo “nuestra industria” posterior al ´59. Fueron los pioneros reales, sentaron las bases, sobre todo técnicas para lo que vendría después.
Estuve en el Festival de Huelva de 2007 y me asombró ver el homenaje y las expresiones de respeto y cariño que se dio a Isabel Sarli (símbolo sexual argentino de los ´50), y a su esposo Armando Bó, por la película El Trueno entre las Hojas que, en honor a la verdad, está en el orden de Con el deseo en los Dedos y otras tantas de la época.
Por suerte hoy, se reconocen más que criticarlos, estos esfuerzos, en todo lo que tienen de valor. Recientemente, la Cinemateca Venezolana, en coordinación con la Cinemateca de Cuba, puso en pantalla una muestra de cine cubano de antes del ´59 que fue muy agradecida por el público venezolano.
En este blog (http://cinecuba.blogspot.com/2008/01/con-el-deseo-en-los-dedos-1958.html) puede verse un fragmento de Con el deseo en los dedos y apreciarse que está muy bien filmada y que no tiene mucha diferencia con otras de su época en cuanto actuación ( me parece muy digna a pesar de lo difícil de los diálogos, las actuaciones de Minin Bujones y Enrique Santiesteban), el montaje y la edición también.
Rolando Barral murió hace varios años al igual que Minín Bujones.