VICTOR FOWLER A PROPOSITO DEL POST “SOBRE EL PENSAMIENTO JOVEN”
Juan Antonio:
Tengo una pregunta a propósito del post “Sobre el pensamiento joven” ¿A qué se refería tu interlocutor innombrado cuando habló sobre la "falta de un pensamiento" en aquellos a los que, ambos, denominan "los jóvenes"? Préstese atención a que no critica alguna "falta de pensamiento" (cosa que incluiría, por ejemplo, las posiciones del artista como sujeto social, ante el país, sus problemas, futuro e historia), sino que lamenta la ausencia de un pensamiento. Inicias tu respuesta diciendo que el pronunciamiento de ese a quien no conocemos es: "...francamente ofensivo, además de inexacto hasta lo escandaloso" y terminas con un párrafo en el cual expones varias de los que consideras temas básicos para discutir sobre el estado del cine cubano de hoy.
Si la retórica no miente, según la manera en que organizas las palabras, ese último párrafo opera como una apelación; habría que discutir, de modo transparente y a lo largo del año, sobre problemas de producción, distribución o exhibición, además sobre algo (no se explica qué) para "naturalizar las nuevas ideas que impregnan a los realizadores de otras partes del mundo". Finalmente, habría que someter a crítica esa tendencia según la cual el dominio de la tecnología garantiza el arte; aunque cualquier historia de la cultura nos enseña que esto es consecuencia lógica de cada etapa de invención humana.
Otros momentos de tu texto parecen trasladar la discusión que ansías hacia escenarios políticos; en particular cuando hablas y afirmas que: "en provincias las dificultades son idénticas, o a veces peores, en tanto el diálogo con las autoridades culturales de la localidad no funciona igual, ni los realizadores tienen el mismo respaldo." Un momento más propone que haya debate "en términos donde el audiovisual cubano se perciba como parte del audiovisual que ahora mismo se hace en el mundo, y no como algo aislado." Para concluir con una frase hermosa: "Apremia “desmunicipalizar” nuestras reflexiones..."
Si no entiendo mal, son tres los registros mezclados que debieran, supuestamente, interesar a la crítica: las condiciones de realización de la obra, el problema del fetichismo tecnológico y la naturalización de ideas nuevas provenientes de esa cosa extensa a la que denominamos "el mundo". Lo sorprendente en lo anterior es que no a los problemas del cine como hecho estético; dicho de otro modo, los problemas de artisticidad de la obra cinematográfica en cuanto tal.
También he visto los materiales mostrados en las diferentes ediciones de la Muestra de Nuevos Realizadores y es claro que resulta deber apoyar su existencia, pero también es cierto que la acumulación merita que preguntemos dónde se encuentran los hechos artísticos y qué cosa no hace sino llenar los espacios vacíos que deja un periodismo maltrecho: el nuestro. En medio de todo esto, ¿qué cosa es el hallazgo? Justo lo que permitiría que nos coloquemos, a estatura igual, con esas "nuevas ideas" (reflejadas en obras concretas) que mencionas. La pregunta real, la que te enfrentaría al desacreditado interlocutor, es la que responde si hay algo nuevo en este cine cubano de hoy y qué es.
No me gustaría terminar sin abordar una cuestión pertinente al ejercicio de la crítica como tal. Recuerdo como un instante-joya cuando Michael Billingsley, sonidista de “El portero de noche”, me confesó que la escena en la que Dick Bogarde abre de un tirón los botones de la chaqueta, frente a una sometida Charlotte Rampling, había sido grabada con sonido directo en la primera toma; que luego fue repetida, pero que nunca más los botones "sonaron" como aquella primera vez. Para mí, que soy un fanático de la película, es un conocimiento emocionante, más para el crítico (o el público) resulta indiferente. Los críticos vamos a ver un producto terminado para el cual ninguna historia previa resulta de utilidad; juzgamos con la vulgaridad e impiedad de quien sólo tiene delante una obra, cosa que nos avisara Eliseo Diego en las líneas finales de ese hermoso poema que es “Riesgos del equilibrista”:
"¡ADELANTE!
decimos al equilibrista, retirándonos
al respaldo suficiente de la silla
y la misericordiosa tierra: nosotros
pagamos a tiempo las entradas y de aquí no nos vamos."
Desde este punto de vista, es indiferente la marca de las grabadoras de sonido o cámaras que se utilizaron, cuáles fueron los problemas de producción (terreno todos que esperan por los historiadores del cine), así como las relaciones que sean entre la obra y el poder (aquí el campo se abre para incluir la amplia gama de los analistas de la cultura y la ideología). ¿Contra qué se compara una obra artística cuando se quiere justificar su valía: contra las carencias del presente nacional, contra el legado cultural que un creador recibe de quienes le anteceden o contra el archivo universal de lo realizado en su manifestación artística concreta? El primer hecho crítico ante la obra es, simplemente, decirnos si es buena o no; el segundo, justificar por qué estamos en presencia de un hallazgo o no mentir cuando se trata de un caso de repetición o estancamiento respecto a logros anteriores (del autor o de ese autor mayor que es el archivo cultural con el cual el creador trabaja: el cine "mundial" que le precede y, muy en especial, de su propio país).
Creo que allí, en la valoración de la obra cinematográfica como acontecimiento artístico, se ubican tanto lo que permite "naturalizar" las conquistas de otros como el "pensamiento" que tu interlocutor lamenta no encontrar.
Victor Fowler

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