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MARIO CRESPO A PROPÓSITO DEL POST DE VICTOR FOWLER.

jagb @ 12:16

Víctor:

Entiendo que la provocativa nota de J.A, intenta buscar diálogo sobre la mencionada ausencia de un cuerpo teórico, de una armazón ideológica y cultural que sustente la creación de los cineastas más jóvenes y la meditación sobre los problemas que tuvo y tiene la producción audiovisual en Cuba, cuyo futuro hoy está mayoritariamente en manos de personas que no sobrepasan los 35 años.

Aprecio cómo haces la disección del texto de J.A, destacando inicialmente “tres registros” que interesarían a la crítica y los historiadores. Pero agregas otro, como descolgado de los anteriores, cuando mencionas lo que J.A llamó la relación entre autoridades y creadores y lo adviertes en el ámbito de lo político y dada la ubicación que le otorgas, como menos importante. Pero si la historia no está equivocada, ésta nos cuenta que la política, inevitablemente, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte...

El tema de la relación entre artistas y ejecutivos o funcionarios es el que me parece de mayor interés, pues desde éste los historiadores y la crítica tendrán mucho campo para evaluar los años previos a este boom tecnológico digital, que ha permitido a cientos de jóvenes en todo el país a partir de los años ´90, ensayarse, tropezar, caer y levantarse haciendo cine y perfilando una obra ¿underground? que al menos en obra (cine, poesía, plástica, literatura ) defina una época y su pensamiento que no dudo en calificar de underground, ése que el interlocutor de J.A no reconoce, -porque no puede- reconocer, aunque esto no quiere decir que no exista.

Sería acientífico decir que existe una generación definida desde lo etario, los económico, social, desde su arte y pensar que no tiene un cuerpo de pensamiento. Puede estar atomizado, diluido en individualidades, no publicado, no expresado en ensayos, artículos y discursos, pero ahí está y dadas las ausencias de espacios de expresión será más difícil definirla cuando se quiera historiar.
Como hablamos de cine y como parece inevitable la comparación entre generaciones y a ésta última se le mide siempre con la vara de la generación fundacional. Quisiera hacer algunas consideraciones precisamente desde ese plano comparativo.

La generación fundacional, estaba agrupada alrededor de una institución que nacía, con toda la potencia que lleva implícita un embrión. Ellos estaban muy vinculados a un proceso político y social que los comprometía y los arropaba ideológicamente en ese compromiso, aún desde posiciones diferentes. La efervescencia creativa y de contradicciones que había dentro del fenómeno cultural mayor que significaba el nacimiento de aquella revolución, la de aquellos años, marcaba pautas alrededor de las cuáles se formaban grupos. Era muy necesario definirse y había espacio para marcar definiciones frente a muchas y diferentes verdades que se movían en la prensa, la televisión, la literatura de ese momento, no sólo en Cuba, sino en todo el mundo. El debate, la defensa de diferentes ideas, la necesidad de justificar un arte que se renovaba al calor de un nuevo proceso político y social fue armando ese cuerpo teórico, el pensamiento de una época. Hubo grandes polémicas hoy míticas, en la prensa, muchas discusiones, hubo encuentros masivos de artistas, se creaban revistas, se escribían ensayos y artículos, se publicaban libros.

Aquella revolución fue afincándose y con él, ideas y conceptos. Digamos que el drama fue llegando a su punto de equilibrio, por debilitamiento de uno de los dos actantes. Las contradicciones, al menos a nivel de prensa y debate se fueron apagando. Los jóvenes inquietos del inicio, dejaron de discutir por ausencia o alejamiento de los contrarios. La prensa, la radio, la televisión se unificaron y pasaron los años.

¿Qué pasó en el ICAIC, centro rector de la actividad cinematográfica cubana? Se desdibujaron los contendientes internos y las ideas de los externos, no entraban al país. Nada de lo que se hacía o decía en el exterior sobre nosotros era merecedor de debate ni de discusión, por lo tanto, no era necesario darle espacio en pantallas, prensa radial o escrita. Drama en tiempo muerto. Un solo suceso se repite una y otra vez: Todos estamos de acuerdo en todo, al menos al reunirnos en las salitas de proyección, salones o la desaparecida biblioteca del noveno piso. El contrario está lejos, desacreditado, no merece nuestra atención, está perdido. Parece que dejaron de ser necesarios aquellos encendidos debates y proyecciones, aquellas candentes discusiones – mi generación no las alcanzó- se apagaron y la gente se iba quedando en sus casas, discutiendo sólo con su familia. Comienza lo que llamé en un post anterior la autofagia y ya estábamos pasando los ´70.

Mi impresión es que la dinámica y dialéctica efervescente del inicio, se fue anquilosando, se fue convirtiendo en un aparato rígido. La complicada y costosa tecnología del cine en aquellos años no permitía el surgimiento de iniciativas que no estuvieran a la sombra del organismo rector de la actividad. Y pasaron así dos décadas.
¿Cómo podemos pedir a los jóvenes cineastas que definan el cuerpo de su pensamiento? ¿Dónde está el debate, dónde las publicaciones en las que puedan libremente ir argumentando y definiéndolo públicamente?.
A mi no me cabe duda de que todos aquellos que tienen menos de treinta y cinco años, tienen un ideario, y no es a ellos a los que puede ni debe reclamarse que éste no se conozca, sino a los encargados de diseñar políticas para crear espacios para la expresión de ideas, publicaciones, encuentros que los unan en sus diferencias. Si esto sucede, sin duda se irá definiendo el pensamiento de una generación. Para eso es necesario erradicar el miedo a la evolución.

En otro orden de ideas, no creo que exista en Cuba, tanto fetichismo tecnológico, precisamente por ausencia de condiciones tecnológicas. Los que hemos estado al tanto de la creación de los jóvenes y de algunos viejos también, sabemos que no es gran tecnología precisamente lo que tienen a su alcance. Sigue siendo, como desde los tiempos fundacionales, la idea, el tema, la forma de tratarlo, lo que ha dado identidad, prestigio y hace sorprendente al cine cubano fuera de sus fronteras. Los cineastas cubanos, en cuanto a tecnología, siempre han trabajado con las uñas. Y con las uñas se sigue haciendo toda la creación cinematográfica cubana, la underground y la de la llamada “industria”.

En este punto, Víctor, atribuyes como mérito casi único a la Muestra de Nuevos Realizadores, que ésta viene a sustituir al maltrecho periodismo nacional, preguntándote dónde está el hecho artístico en ese conjunto de obras. Estoy seguro que se pueden encontrar obras y personalidades artísticas entre las obras presentadas en las ocho ediciones de la Muestra. Y si bien es cierto que los que marcan las políticas editoriales de nuestra prensa deberían tomar ejemplo y seguir el pulso a muchos realizadores y trabajos de la Muestra, también es bueno señalar que no basta con un encuentro anual y los debates que allí se realizan para dar a conocer la obra y el pensamiento de una generación.

Algo que vendría muy bien a los nuevos realizadores cinematográficos cubanos, es que no se les siga midiendo con raseros de otras generaciones y en su lugar se les permita conectarse más con esa “cosa extensa que llamamos el mundo” como dices.
Si desapareciera la inopia terrible que existe en todos los campos, si los discursos renovaran sus frases y si el viento trajera aire fresco, las historias nativas llevarían una impronta de cuento nuevo.

Mario Crespo

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