MARINA OCHOA RESPONDE A VÍCTOR FOWLER Y ABELARDO MENA
Víctor y Abelardo:
Primero que todo quiero decir que no soy una teórica del tema de la mujer ni de ningún tema. Solamente trato de exponer a debate, sin pudor, mis ideas con la certeza de que estas saldrán enriquecidas.
El concepto feminismo es abordado con recelo incluso por las propias mujeres y esta actitud tiene como base fundamental el desconocimiento. Desconocimiento del cual también soy víctima en buena medida.
Lo que me ha llegado en literatura e intercambios personales es que estamos tratando "con un conjunto de actividades políticas basada en el análisis sobre y -añado yo- inevitablemente desde, la posición histórica y social de las mujeres en cuanto subordinadas, oprimidas o explotadas por los modos dominantes de producción y/o por las relaciones sociales de patriarcado o de dominio masculino."
Revisen los libros que se publican, las revistas, lo medios de comunicación, los planes de estudio de cualquier nivel y se darán cuenta de que jamás está reconocido el concepto, y mucho menos como movimiento político social tan importante en su accionar, aunque se aplican como parte de campañas desde el discurso oficial y de forma muy escogida muchos de los temas contenidos en el mismo Se evita incluso usar la palabra género. Creo que este recelo ha sido sembrado desde el poder porque la única organización femenina validada ha sido la Federación de Mujeres Cubanas, portador de un feminismo parcial progubernamental, en un país en que han sido reconocidos sexos pero no géneros, pues ha habido una construcción “superior” que los engloba : revolucionario (¿construcción andrógina?).
Y digo parcial porque luchó arduamente para preparar la conciencia de la mujer cubana para disfrutar y aprovechar las ventajas que aportaba la creación de una sociedad que había eliminado la explotación, pero sin embargo se quedó a la zaga en cuanto a las herramientas para luchar contra la dominación por las relaciones sociales de patriarcado o de dominio masculino que sobrevivieron al drástico cambio que sufrió la sociedad y que además evolucionaron hacia formas menos explícitas (hablando como los locos me resulta interesante que si te pones a analizar bien, se pudiera demostrar que la Revolución durante la época fundacional fue feminista).
No se puede olvidar que el feminismo donde quiera que existe cuestiona fuertemente el poder, salvo en los países en que el avasallamiento desde el mismo es tal que anula toda capacidad de pensamiento y acción muy propio de los países dominados por el fundamentalismo religioso, donde sin embargo, pintarse los labios a escondidas puede ser un acto político de reafirmación de género. Creo que este germen cuestionador es una de las razones por la cual el feminismo se trata como espinas de pescado, pues se percibe como una amenaza y no como una complementación, aunque como ya expresé, el discurso oficial incorpora parcialmente la seña pero no el santo.
La propia afirmación que hace Victor: “la tensión hacia la que apunta Marina entre totalidad y fragmento, resulta más clara cuando, en términos de identidad, pensamos la utopía de que la transformación revolucionaria propicia y articula un modelo superior de identidad; una suerte de identidad “agónica”, de la batalla, donde los particularismos quedan subsumidos dentro de una nueva estructura a la que definen la transformación y el combate” me parece al menos otra lúcida explicación de las tantas posibles sobre la suspicacia con que se acoge cualquier actitud o presupuesto que se asiente en un desarrollo de la conciencia de género. Por cierto cuando hablamos de conciencia de género siempre asumimos que se trata de féminas, pero debe existir una conciencia de género masculina que me sería interesante conocer, ¿hay literatura al respecto? Porque cuando se trata de lo masculino siempre veo la referencia al sexismo.
Desestimar sin siquiera llegar a conocer en profundidad el valor del discurso particular de individuos y/o grupos surgidos o que puedan surgir fuera del diseño social oficial concebido desde arriba, es renunciar a la riqueza que este aportaría -aunque se considerara equivocado incluso- a ese modelo superior de identidad. No creo que nadie a estas alturas aspire a un discurso cerrado, segregado, porque sería un discurso inútil en cuanto a la incidencia en el perfeccionamiento de nuestra sociedad, nuestra, de cada una de las individualidades que la componen.
Porque no es dañino luchar por una utopía, lo dañino puede estar en qué se sacrifica por el camino, porque entre otras muchas cosas puede necesitarse más adelante. Y hay ejemplos notables sacrificados como son los aportes al análisis sobre el socialismo que hiciera la revista Pensamiento Critico y que debieran reeditarse.
Haber descartado a MAGIN (Asociación de Mujeres Comunicadoras, cuyo Comité Gestor se constituyó el 15 de marzo de 1994), me pareció entonces un error y me sigue pareciendo un error pues MAGIN pretendía la preparación para asimilar técnicas, conceptos, modos de hacer conducentes al fortalecimiento de la autoestima femenina para recuperar las posiciones, calificaciones y expectativas perdidas o pospuestas en el período de complacencia de los 80 donde nos creímos que habíamos llegado, y generar productos de comunicación social permeados de una conciencia de género.
Y se escribiría;”las comunicadoras podemos abrir vías, inducir a la acción colectiva, construir argumentos y mensajes que se elaboren bien y se difundan mejor desde nuestro ser mujeres. MAGIN es un espacio de mujeres pero no un círculo cerrado. Acogemos a compañeros interesados en asumir y desarrollar una conciencia de género”. No creo que en 1994, luego de lo que pasó con las conquistas de la mujer en el campo socialista recién derrumbado, los presupuestos referidos hubieran sido nocivos, por el contrario hubiéramos estado mejor preparadas para enfrentar la debacle del período especial. Creo que el gran pecado de MAGIN fue el intento de constituirse en independiente, porque nosotras mismas al expresar con honestidad nuestras pretensiones nos hicimos vulnerables al mostrar el potencial de dicha asociación.
Sin dudas que la intención de constituirse en independiente dejaba a las claras que no se creía que las metas propuestas pudieran alcanzarse dentro de instituciones oficiales. ¿Se imaginan el temor a que el discurso de los medios estuviera dominado por posiciones de género manejadas de forma independiente? No obstante esta asociación en el poco tiempo que existió dejó profundas huellas en el pensamiento de las comunicadoras cubanas.
En el camino a mis posiciones actuales y a la comprensión de la importancia de seguir organizando muestras de Mujeres Realizadora y de fundar la Mediateca de la Mujer, cuyas acciones, tal cual las he concebido, rebasarían el concepto pasivo Mediateca, fue fundamental la organización y curaduría de la primera muestra. Porque la muestra era de cine y yo incorporé a la televisión porque actuó en mí la conciencia de género adquirida en MAGIN y así pude asistir y darle al menos una oportunidad en las salas de cine y en las de video a una extraordinaria cantidad de talento “desconocido” que se me asemejó al fuego fatuo por todos los sueños luminosos que se queman en la fugacidad de una transmisión de televisión, y fue entonces que tomé conciencia de que las mujeres realizadoras del audiovisual teníamos una actitud pasiva y que necesitábamos un espacio propio para defender nuestros espacios y sacar de la invisibilidad nuestra obra.
En realidad me gustaría que mi obra se viera sin paternalismos pero también sin prejuicios. En mi obra, como todo realizador cuento con cosas más logradas y otras menos, lo mismo que sucede en el caso de los hombres, Sin embargo sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.
No concibo la sospecha estética sobre un producto que no conoces, aunque si creo en lo de la opción ideológica. También creo realmente cruel negar la crítica a la obra audiovisual femenina. Y no estoy hablando de crítica paternalista. Involuntariamente me viene a la mente el fragmento de un diálogo de un guión de Enrique Pineda -creo que en “Nostalgia Rosa”- que dice algo así como:”no critiques a tus enemigos porque aprenden” lo cual me coloca en la terrible percepción de que cuando no se ejerce la crítica de nuestra obra nos están negando el aprendizaje que toda crítica aporta.
En cuanto a las preguntas de Abelardo solo puedo decir que esas preguntas nos las hacemos muchas mujeres y hombres una y otra vez sin encontrar razones que puedan ser tomadas en cuenta para un análisis serio. Sé que hay investigador@s que se ocupan de tratar de responderlas, pero nada se publica. Creo que si no se abre sin reservas la posibilidad de escribir, investigar, debatir, opinar, incidir sobre estos y otros temas, seremos uno de los países más indefensos del mundo ante la avalancha homogeinizadora de la “cultura” de la globalización.
Un saludo a ambos
Marina Ochoa

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