BELKIS VEGA SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO
MUJERES DIRECTORAS CON OJOS, OIDOS, VOCES Y MUCHOS DESEOS DE DECIR.
Por Belkis Vega
Uno de los principales retos del ser humano es ser testigo, crítico y constructor de su época, lo cual debe implicar abrir espacios para el debate y el diálogo, para la diversidad y el desacuerdo. Pienso que esta posibilidad debe haber motivado a Juan Antonio a abrir este blog y le doy las gracias por ello.
No voy a comenzar este escrito diciendo que no soy feminista. Soy mujer, hembra, femenina y feminista y no me da temor ni timidez reconocerlo. Pertenecí al Comité Organizador de MAGIN, organización de mujeres comunicadoras de la que algun@s han hablado en este blog y agradezco al feminismo y a los estudios de género el haberme hecho crecer como ser humano que asume la vida con la conciencia de quien es; con la conciencia de las condicionantes culturales y educacionales que han conformado mis juicios de valor; con la conciencia de poderme llamar a reflexionar a mi misma y ponerme delante de un espejo virtual en múltiples oportunidades y preguntarme más de una vez quién soy y qué quiero de la vida.
Hemos nacido y crecido en un mundo que se rige bajo las miradas masculinas y son las mentes y las voces masculinas las que han construido la visión de la historia. Para el occidente cristiano la construcción de “lo femenino” transita entre dos extremos:
“Virgen María”= Buena
“María Magdalena”= Mala
Bipolaridad que durante siglos ha estigmatizado a las mujeres transgresoras porque transgredir es ser María Magdalena. Nos han educado en el temor de la serpiente y la manzana. Somos las culpables del pecado original y nuestra desobediencia ha costado la expulsión del paraíso, ser devoradas por el lobo, envenenadas por la bruja o dormidas hasta la eternidad o hasta que aparezca el príncipe salvador o el valiente cazador.
No por gusto se ha hecho necesaria una crítica feminista de la historia, con el fin de recuperar las voces silenciadas y poner en discusión las construcciones sobre las cuales se sustenta el mito patriarcal. Pero el asunto no es pasar de un mito patriarcal a un mito feminista sino crear espacios para que todas las personas podamos ejercer nuestro derecho a ser y a estar.
En fin de cuentas, “to be or not to be”; justamente de eso se trata. Y cuando hablamos de invisibilidad, hablamos de “not to be”. No basta con ser, es necesario hacernos ver y oír. Y no es tan simple como algunos pretenden hacer ver.
Marina citaba el nombre de Rosina Prado. Confieso que no fue hasta el pasado año cuando “descubrí” en un artículo en Internet la existencia de esta mujer y no pude evitar el asombro al leer que fue la primera mujer que después de la creación del ICAIC dirigiera documentales en Cuba.
Rosina, española de nacimiento, estudió cine en el Instituto Estatal de Cine de la URSS y en 1961 comienza a trabajar en el ICAIC dirigiendo varios documentales hasta el año 1968. No conozco su obra, no puedo valorarla. Podrá gustarnos o no pero lo que no podemos es borrarla, invisibilizarla, multiplicarla por cero, que es lo que ha ocurrido.
Busco el nombre de Rosina en el libro LA TIENDA NEGRA / El Cine en Cuba 1897 – 1990 de la investigadora María Eulalia Douglas, donde no aparecen ni ella ni el nombre de ninguno de los 6 documentales que dirigió.
Constato entonces que casi ningún documental aparece citado en EL cine en Cuba. Busco entonces a Teresa Ordoqui. Tampoco aparece como directora. Ni ella ni su filme de ficción “TE LLAMARAS INOCENCIA”, el segundo filme de largometraje rodado en Cuba por una mujer. Las dos únicas mujeres directoras a las que se hace referencia en este libro son Sara Gómez y Marisol Trujillo.
Y esto no ocurre solamente en este libro… ¿Por qué algunos continúan empeñados en plantearse los problemas de las mujeres como de “minorías” o concernientes solamente a las mujeres y no a toda la sociedad? Somos la mitad de la humanidad, no una minoría o un grupo.
Y sucede que ya somos muchas dentro de esa mitad de la sociedad las que tenemos conciencia de que queremos decir y construir valores sustentados sobre nuestra visión del mundo que complemente la visión desde lo masculino que hasta ahora se ha impuesto.
Dirigir cine es ser una líder, una representación del poder, justamente lo que a la mujer se le ha vetado durante siglos. Asumir la dirección cinematográfica, como otras direcciones en las profesiones mitificadamente masculinas, y además, epítomes como en este caso, del ser patriarcal y la virilidad, implica no solo empoderarse sino asumir esta posición de poder sobre artistas o técnicos, en su mayoría también hombres como hombres son generalmente los que determinan los presupuestos, los filmes que se hacen o no se hacen, se exhiben o no se exhiben, se critican positiva o negativamente o peor aún, se ignoran.
Pero cuidado, que tampoco el hecho de pertenecer al sexo femenino asegura una conciencia de género. Todas y todos hemos sido educad@s sobre los mismos valores y para algunas mujeres, acceder a posiciones de poder implica asumir y reproducir los patrones masculinos de poder. Ejemplos en líderes políticas sobran.
Juan Antonio García Borrero reconoce que el cine realizado por mujeres no ha atraído su atención… Y Victor Fowler entre sus preguntas, hace referencia a una “sospecha estética” y yo me pregunto si ellos a su vez se han preguntado cómo puede existir una “sospecha estética” o asumir que no te interesa algo que no conoces si no es sobre las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura.
Creo que también por aquí estaría la respuesta para otras de las preguntas de Víctor: “¿Qué hace, para la crítica, poco interesante la mujer y qué herramientas, doy por hecho que faltan, son necesarias para percibirlo? ¿Dónde se forman quienes hacen crítica, cómo se superan, de cuál instrumental teórico disponen, qué cine ven, qué textos leen, cuál es su diálogo con la contemporaneidad?”
Me he interrogado a mi misma muchas veces si a los directores hombres que han podido realizar obras de ficción en cine, procedentes de diversas generaciones, nunca les ha llamado la atención que las tres únicas obras de largometraje dirigidas por mujeres sean tan pocas y haya tantos años entre una y otra producción:
1974: “De cierta manera” ---- Sara Gómez
1987: “Te llamaras Inocencia” ---- Teresa Ordoqui
2009: “Ciudad en rojo” ---- Rebeca Chávez
¿De verdad alguien puede creerse que esto responde a que nosotras mismas no hemos intentado una y otra vez hacer oír nuestras voces o que sencillamente hemos asumido el papel de víctimas en espera del príncipe o el valiente cazador que nos brinde la posibilidad de dirigir un largo de ficción? O peor aún, ¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad? ¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción? ¿Cuánt@s nos hemos hecho estas preguntas? ¿Cuánt@s hemos intentado encontrar una respuesta? Diría que son poc@s, muy poc@s, casi ningun@ los que tienen esta preocupación o al menos los que la han expresado públicamente.
¿Por qué ahora mismo en el grupo de directores seleccionado para hacer una serie sobre los próceres de la independencia latinoamericana no hay ninguna directora mujer? A pesar de que muchas directoras tienen una obra documental extensa y reconocida.
Pudiera continuar abriendo preguntas pero prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.

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Un Comentario »
La discriminación lingüística. Yo creo que el problema de las llamadas "minorías sociales", antes que nada, sigue siendo culpa del uso del lenguaje, que sigue denominándolas de esa forma: otredad y otras encarnaciones lingüísticas desventajosas. Si podemos dominar nuestro lenguaje y moldearlo de manera que NO SE HABLE EN JERARQUÏAS, pues entonces es un primer paso.
Otra cosa: Cuando la voz del investigador se refiere a la mujer como "minorías", no se refiere a cuántas son en cantidad, sino a sus estrategias de representación, a su VOZ dentro de la comunidad de "voces autorizadas" a organizar y jerarquizar los terrenos sociales, culturales y artísticas.
En Cuba postrevolucionaria yo creo que el problema ha sido en las primeras y la segundas promociones de cineastas, que estuvieron purgadas de mujeres, de acuerdo a una especie de línea machista que siguió la dirección y que no brindó determinadas oportunidades. Ahora habrá que esperar. En las próximas promociones de cineastas, que salen a la luz bajo el auspicio de EICTV y de los festivales como el de Nuevos realizadores de la Habana, está la esperanza de que la producción fílmica del país se balancee entre ambos sexos. Ya el año pasado la participación de mujeres ascendió creo que a treinta participantes.
Vamos a ser optimistas y a mirar a las personas en cuanto a personas, como valen y cuentan fuera de razas, sexos, preferencias sexuales, localismos, orígenes culturales, filiación religiosa o otra de las formas conjuntuales en que el canon occidentalista ha agrupado al hombre en cuanto a ser social.
Todo debe comenzar en el empleo de la lengua.
Reynaldo Lastres Labrada