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A MIS (CASI) CUARENTA Y CINCO AÑOS

jagb @ 13:48

Mañana, si Dios y la Virgen de la Caridad permiten, estaré cumpliendo cuarenta y cinco años de edad. Aunque anoche llovió bastante, esta vez no se anuncia ningún huracán que me obligue a utilizar velas en el momento en que los míos canten el “Happy Birthday”. Todo parece indicar que llegaré a la otra orilla de la madrugada sin sobresaltos, sin apagones.

Sin embargo, no todo está bien. Mi hijo (tiene ahora veinte años) anda desolado, y no tengo muy claro cómo ayudarlo a entender que la vida es un carrusel de incongruencias. Mañana estaré cumpliendo un nuevo año, y él acaba de perder a uno de sus mejores amigos (tenía casi su misma edad) en otro de esos momentos absurdos que vienen de golpe, para recordarnos que allí donde los seres humanos nos pregonamos invencibles, solo hay vanidad de vanidades. Que estamos vivos de milagro.

No soy muy dado a las expresiones de pésame. ¿Miedo a parecer melodramático? No lo sé, pero tengo sentimientos encontrados en cuanto a “la muerte”: hasta hace muy poco pensaba que cumplir cincuenta años y morirse ese día, en plena forma, era el mejor regalo de Dios, mientras que cada una de las veinticuatro horas que se vivieran después de los cincuenta serían propinas del Diablo, empeñado en hacer de nuestra inevitable decadencia un espectáculo público.

Esta idea, por radical, merece que se la explique un poco mejor a mi hijo, en tanto a él va dedicado este post. Según mi creencia de entonces, si supiésemos que Dios nos ha concedido apenas cincuenta años de vida, con seguridad buscaríamos vivirla con más intensidad, y no perderíamos tanto tiempo en querer llegar a viejos, algo que se parece más a un juego de azar que a una aspiración lógica, y que por lo general, de tanto cuidarnos, impide que nos arriesguemos y aportemos acciones útiles (he conocido tanta gente sana, pero inútil, que a veces he terminado por poner en duda eso que llamamos “salud”).

Creo que de saber que el plazo expira a los cincuenta, muchas personas se rebelarían contra todo lo que implique perder el tiempo. Los que nos mandan tendrían menos argumentos para diseñarnos desde lejos la convivencia. Nos parecerían absurdos todos esos planes a largo plazo que hablan de nuestras vidas sin conocerlas. En cambio, estaríamos viviendo el día a día igual que el Quijote: locos a rematar, pero con ganas de comernos el mundo, y sin importarnos las consecuencias.

No tengo nada contra los viejos, porque he conocido a varios (empezando por mis padres) que nunca parecen llegar a serlos. Pero la regla no es esa. La mayoría de la gente nos conformamos con ir amontonando años, como si se trataran de muebles antiguos que uno compra en tiendas de coleccionistas, y cada 365 días está en la obligación de mostrárselos a los amigos (fiestas y música muy alta por medio): mucho ruido, pero pocas nueces, pues cuando revisas lo que se ha vivido en todo ese tiempo, sobrarán los dedos de una mano para enumerar los momentos que han trascendido en la memoria personal. Al final, todos los cumpleaños terminan pareciéndose y confundiendo: da lo mismo festejar treinta que ochenta, cien que ninguno.

¿Tiene sentido vivir ciento cincuenta años tan solo para lucir el recuerdo vanidoso de apenas tres o cuatro días “trascendentes”? Si es solo para decir quejumbroso que hemos llegado a cierta edad, para mí no lo tiene: si al final el individuo va a conformarse con la memoria de esos tres o cuatro “grandes momentos” ya idos, sería más negocio vivir entonces tres o cuatro años nada más. Así nos evitaríamos el bochorno de la declinación física, por ejemplo. Pero otra cosa, y allí si estoy por la prórroga, sería cada día vivirlo como si fuera único.

Esto lo escribo en víspera de cumplir mis cuarenta y cinco, y faltándome otros cinco para los cincuenta. Si llego allá, ya el Diablo sabe que voy dispuesto a usar su propina en las cosas que hasta ahora más me interesan, pero como este post está encaminado a paliar un poco la actual confusión de mi hijo, quiero terminarlo de este modo: Leonardo, lo importante no son los años que se cumplen, sino los días que uno consigue vivir con tanta, pero tanta intensidad, que veinticuatro horas llegan a parecer la eternidad misma.

Juan Antonio García Borrero

Comentarios(3) »

Armandito — 08-09-2009 - 12:10:01 GMT 1

Hola Juany.

Ya sé que en breves horas llegas a los, si no dulces, ni añorados 45 años, si al menos deseados, porque es una edad donde los hombres estamos en la más cercana combinación de juventud y experiencia; lo cual en tu caso no me cabe la menor duda, por lo que convivívimos juntos a diario; por un lado sigues siendo un alma joven con deseos de hacer y vivir y por otro has aprovechado bien el tiempo para aprender, y brindar tu humilde, pero honda creación a todo el que la ha entendido útil; por tanto se me antoja felicitarte por esta vía, semi- blogofica, ya sabes, dicen que el habla la hacen los pueblos, y en esta época en que los pueblos hablan tanto,— aunque pocos nos escuchen— vale inventar cualquier parableja si es para mostrar afecto a un gran amigo.

Ahora mismo estoy pensando que naciste un día especial, el día de la Patrona de Cuba, nuestra virgen de ojos rasgados, morena y bella, como nuestras mujeres, que junto a ella velan por nuestros sueños; me imagino a Enrique Díaz Quesada, en aquel septiembre de 1908, montado en el estribo del tranvía, para filmar lo mayor posible de Los festejos de La Caridad en la ciudad de Camaguey, y que lamentablemente no pudo llegar a nuestros días como testimonio arqueológico de una festividad, que de un porrazo fue eliminado del espectro cultural de la nación, pese a formar parte del imaginario publico de nuestra comarca durante más de doscientos años, con una fuerza y arraigo popular igual o mayor que el renombrado San Juan, Agramontino. Por todo y con todo esto recibe Juanelo el abrazo de tu hermano de lucha por lo mejor del cine y por qué no, de la cultura cubana y universal, a fin de cuentas debiera existir una sola nación y una sola cultura, la humana y ya.

Armandito.

Mirtha Ibarra — 08-09-2009 - 12:13:56 GMT 1

Hola Juan Antonio

Tú te mereces cumplir muchos años. Niemeyer tiene ahora 102, está lúcido y estoy segura que son interminables los momentos que podría recordar como vividos intensamente y a esto hay que añadir los placeres estéticos que ha provocado en todos los que han podido disfrutar de su obra. Yo me enriquezco y disfruto mucho tu blog y cada día siento más admiración por lo que haces y por la honestidad que te acompaña siempre. No sabes el regocijo que tengo en haberte conocido y en haber hecho ese libro juntos. Te quiero y ojalá tu hijo sepa valorar el increible padre que tiene.
Te quiero
MIRTHA

jorge pucheux — 08-09-2009 - 17:57:20 GMT 1

Todo lo hermoso del Mundo te lo regalaría si pudiera, aunque de vez en cuando alguna que otra fealdad sería útil también.
Muchas feliciddades y que La Pupila... siga abriendo caminos y entendederas . Abrazos¡¡¡

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