ROSA ILEANA BOUDET SOBRE “BLOGUERÍAS”
Hoy he tenido la agradable sorpresa de descubrir en el blog “Lanzar la flecha bien lejos”, de la escritora y periodista Rosa Ileana Boudet, un post que habla sobre el libro “Bloguerías”. Más allá de las cosas hermosas que la autora dice sobre el sitio, me emociona comprobar que la blogosfera, en efecto, puede borrar cualquier sensación de límite físico, y proponernos una nueva manera de convivir. Para los cubanos, este detalle no debería pasar inadvertido. Mi gratitud y respeto para Rosa Ileana Boudet por fomentar la idea de que es preferible lanzar la flecha bien lejos (acto que asocio a la virtud de soñar espacios nuevos, realidades distintas), a quedarse por siempre en el mismo círculo.
JAGB
GARCÍA BORRERO Y SU BLOGUERÍA
Por Rosa Ileana Boudet
Juan Antonio García Borrero es uno de los pocos cubanos que ha publicado un libro con las entradas de su blog "La pupila insomne". Escrito en Camagüey (aunque a estas alturas poco importa si se bloguea desde Los Naranjos o el Bronx), a pesar de las lentísimas conexiones y las dificultades editoriales, existen el libro y el blog. A "La pupila", entro bastante a menudo y acabo de leerme Bloguerías, editado por Ácana, sita en la Avenida de la Libertad. Como puede suponer el lector, la Flecha no puede escribir una nota cinéfila, a pesar de amar y respetar el cine, sino una reseña impresionista e impresionada. Y hay tanta recurrencia al hecho de nacer y vivir en Camagüey, que esta visión personal o de blogonovela -el día que pasó el huracán Ike, la casona antigua, la madre y la esposa- hacen al relato uno de los más próximos y amenos entre los tantísimos buenos blogs que se escriben hoy.
Si dejo atrás el prólogo que no me gusta tanto y las "Cincuenta películas para intentar entender lo que ha sido Cuba" -porque en materia de listas, se queda siempre mal o corto o excesivo, el resto del libro me gusta mucho - y ya comprendo por qué tiene lectores como yo, lectores-cineastas y lectores académicos. J. A. García Borrero escribe desde la periferia, no es un crítico de la institución (llámese icaic o eictv o cualquier otra sigla con la que el cine cubano se identifica), le gustan los márgenes, rescata a los olvidados -también los que viven fuera – y con mucha naturalidad está en las Ramblas de Barcelona o en la terminal de ómnibus de su ciudad natal, conversando con Solás o en el último encuentro de Criterios, según cuenta. Por lo tanto, escribe en la provincia, pero no es provinciano ni tiene prejuicios de citar a Benavente y a Julio Caro Baroja. Me diera la impresión que sus libros deben ser buenos pero no los conozco, que es leal con sus amigos y con los que han estudiado o novelado el cine antes - de Guillermo Cabrera Infante a Luciano Castillo- y eso me gusta.
Mientras procuro leer lo que me falta, hago mío este párrafo suyo:
"Menos mal que existe la blogosfera. Aquí uno puede publicar todo tipo de bloguerías, y nadie se azora por eso. Una bloguería es algo así como ese mensaje que los náufragos arrojan al mar dentro de una botella, sin saber quién lo va a encontrar en un futuro".
Aunque no lo parezca porque la Flecha avanza lentísima, el libro me hizo pensar en una revista estudiantil que Rine Leal y Guillermo Cabrera Infante hicieron en el Instituto donde, según el cuento de Rine, éste firmaba "el último con las primeras".
Creo en esas botellas arrojadas al mar, en los últimos que son los primeros.
PD: Otra opinión sobre "BLOGuerías" de alguien que no conozco y que vive en Miami.
Querido Juan,
Encontré tu libro accidentalmente en la librería de Manzanillo, local esquina del parque central de la ciudad; aun quedan varios ejemplares. No creo que muchos lo compren. Es violento. Compré dos, uno para ubicarlo en la biblioteca de la Universidad de Miami y el otro, que ya leí, lo entregaré al director del Festival de Cine de Miami.
Me interesa el cine cubano. Te confieso que hace mucho tiempo no leía un texto como el tuyo. Me atrevería decir que nunca he leído a un intelectual cubano formado en la Revolución y antes con esa libertad escritoral. Ni siquiera a Rafael Rojas, Iván de la Nuez y otros que están fuera influenciados por la “desconstrución postmodernista”. Tu libro puede estar condenado al fracaso, puede que ese ejercicio escritoral te desanime al final, como dice Sartre, a creer que la vida no tiene sentido, pero ese desarraigo con que están escritas tus opiniones puede abrir una puerta satisfactoria para que la libertad, como dice Nietzsche, sea suprema. ¡Que estética la de tu libro! Es humano, demasiado humano. Y es ahí donde se cierran las puertas. Lo humano debe ser también trascendido. Lo humano no muere, como dice Heidegger, con el ser. Me impactó sobremanera el poema de Domingo Alfonso que da fin a tu libro. Parece ser un epitafio.
Demasiado pesimista, imborrable por el tedio y la angustia. No me cabe duda que has experimentado un atisbo de la verdad, de eso que dices tú sobre la película de Fernando Pérez, Suite Habana, “la trama se vuelve trascendente a partir del uso de lo efímero”.
Lo “efímero” te saca de las bloguerías; ojo, ten cuidado con lo efímero, te puede estar dando la sensación que el trabajo del bloguero forma parte de tu rutina, que no tenga sentido hacerlo y no pueda ser sustituido por otra cosa para saciar esa tensión. Acaso no fue eso mismo lo que experimentó Kierkegaard. Para él muchas cosas podían sustituirse. Una novia te deja y puede ser sustituida por otra. La tensión que provoca perder a una novia puede ser aliviada por la llegada de otra; en buen cubano, un clavo saca otro. Pero había una que no podía ser sustituida por ninguna otra cosa: la angustia del ser, la tensión de existir. En ese punto creo ver, a partir de tus opiniones, en el lugar que te encuentras. Y es lógico que así sucedan las cosas. Por alguna razón misteriosa no se puede, por ahora, pedir más. Las puertas están cerrada; tomate un “tiempo”.
Sergio, el personaje de Memorias del Subdesarrollo, es humano, demasiado humano. Sin embargo, su expectación en sí misma es ridícula. Su desarrollo en sí mismo es subdesarrollado también. Darse “tiempo”, “esperar”, tener la “esperanza”, a que las cosas sucedan forman parte también del subdesarrollo humano. El espectador de Sergio es un hombre angustiado por la mediocridad que lo rodea; la ciudad de la Habana le parece de cartón; los mismos gestos, los mismos parlamentos; yo agregaría: La Habana no tiene alma, está muerta como lo está hoy. Ni en lo “efímero” está viva. Toda Cuba lo está, esa es su memoria. Sergio es un personaje tan dormido, lleno de sueños, de esperanzas como todos los están en la película. Solo que el sueño de Sergio es significativo, pues lo invita a darse cuenta que solo él es un soñador más, un espectador más, un pensador de la situación y no un experimentador de la realidad; un ser que tiene la efímera sensación de que está dormido, también es manipulado por esos parlamentos y gestos. La falta de conciencia es tan grande y tangible en el mundo que rodea a Sergio, que por esta razón el personaje se revela trascendente. El hecho de darse cuenta a través del pensamiento de que está dormido es un avance para salirse algún día totalmente del subdesarrollo. Lo humano, demasiado humano de Sergio es que se halla en la misma situación, en la misma angustia existencialista, en la que se halló Kierkegaard en su tiempo. Para Sergio hay una cosa importante, que no sucede en los demás personajes; la pregunta existencialista de qué si la vida tiene sentido; en otras palabras, cuál es el significado de la vida. A nadie más se le ocurre esa pregunta. La respuesta esta inconclusa, está abierta al futuro. El cine cubano no ha podido responder satisfactoriamente a esta pregunta. Creo no podrás hacerlo por ahora.
Honestamente no veo libertad en los escritores cubanos; ni en Lezama, Cabrera Infante, Carpentier, Mañach, para mencionar algunos de los más conspicuos. La literatura cubana está falta de libertad. Martí, que en un memento dado pareció estar desanimado por el metarrelato escritoral, lo asumió para crear el "memen" cubano: la dependencia al destino de que la patria le da sentido al cubano. Se le ha temido tanto a Niezstche, a su estilo, a sus martillazos, que es mejor estar bajo el influjo de la escritura que deshacerse de ella. Me alegra sobremanera encontrar a alguien dentro de la isla que se pronuncie por tal libertad. Eso para mi es lo más significativo que contiene Bloguerías. Temo que consigas seguidores, porque nuestra gente está hecha de subdesarrollo, que no se lo permitiría. Es mejor estar a las viejas usanzas que no navegar por caminos desconocidos. Y tu proyecto es desconocido, le invita a la muerte.
Querido Juan: pudiera seguir animando tu texto, señalando cosas interesantes, pero creo haber dicho lo necesario. Una sugerencia para concluir: cuando uno llega a la más alta desesperación, cuando uno no le queda más que hacer que vivir intensamente la frustración en sí misma, recuerda esto, aparece una luz de la verdad. Solo viviendo se puede trascender la angustia. Sal de la cueva pero no te mezcles con el mercado. Trata de trascender la actitud de Sergio porque no lleva a ningún lugar. Trascender no es dejar, no es una huella; trascender como yo lo entiendo es borrar, es aniquilar toda huella. Nietzsche dijo: “Dios está muerto y el hombre es libre”. Yo diría, “Sergio está muerto, el cubano es libre”. Pero Sergio pende sacralizado aun todavía como dios sobre nuestras cabezas. ¡Matémoslo!
Ángel Velásquez Callejas.

Meneame
del.icio.us


Comentarios(2) »
Ángel:
Pude leer los comentarios que hiciste al libro de Juan Antonio, el tropo de "libro violento" no puedo suscribirlo en tanto no lo he leído; sin embargo, a partir de anteriores acercamientos a la obra de Juan, decir la verdad con convicción no me parece violencia, sólo coraje.
Con lo predicho como argumento y sostén de mi imaginario, el segundo comentario se me antoja demasiado especulativo; Cuba está viva, muy viva, su agonía -nuestras agonía-, sus anhelos -nuestros anhelos-, y dolores -nuestros dolores-, resultan criterio irrecusable de esa vitalidad, los muertos no sienten... Por otro lado, la vida y su sentido están más allá de cualquier escritura; ésta es y sólo es, sí el autor es, y Martí, Mañach, Fernando Ortiz fueron; yo, incluso tú, somos, y no se nos puede acusar de escribir a medias y mandar a descansar la libertad; en lo que a mi respecta -tu conoces mi salvaje independencia-, sólo inclino la frente ante los libros y la rodilla ante Dios y mi escritura, que forma parte de mi ser y no a la inversa, refrenda mi sentido de la vida. No es que me duela que digas que nadie ha escrito en Cuba con libertad, el hecho es que tu aseveración, al erigirse en generalización, deviene equívoco; Voltaire lo sintió y nos los legó: toda generalización resulta gran equivocación. Concuerdo contigo en que hay algunos que escriben sin libertad, le pusieron precio a su conciencia y créeme que ese acto de compra-venta no sólo prospera en esta ínsula. Finalmente, y aunque discrepo en abundancia con los criterios y planteamientos teoréticos de Nietzsche, hay una sentencia suya que suscribo: quien escribe ha de poner en los pensamientos toda su sangre. Hoy, en Cuba, somos muchos los que ponemos en los pensamientos nuestra sangre, por ello, escribimos con libertad.
Un abrazo de tu amigo que te quiere bien,
Delio.
Nota: Estas "viñetas escriturales" no son el inicio de una polémica; no quiero ni tengo tiempo de sostenerla; sólo es el comentario que me valió tu invitación a leer unas "blogerías".
Querido Juan Antonio:
No tengo ninguna objeción para que cuelgue mis opiniones. De veras me siento de maravillas, pues tus consideraciones son muy atinadas y creo verme en esa misma dirección que apuntas, y entiendo, además, que existen gente como mi amigo Delio que defienden esa libertad de expresarse. Quisiera algún día dejar atonada esa implicación de la libertad de expresarse. Nietzsche se volvió loco, pero su locura es extraña. En sus últimos escritos firmaba: "Anticristo Fredrerich Nietzsche". Estaba obsesionado por la figura del Cristo. No pudo ser como él y se volvió loco. Aunque escribió ese genial texto "Así habló Zarathusta", una especie de desbanco a los evangelios cristianos, se volvió loco. Era tanta la tensión, tanto el deseo critico a una tradición, que desembocó en locura. No pudo aguantar la carga. Por lo pronto, ayer volví a ver una película que me encanta: "Zorba el Griego". Una película realizada en el año en que nacimos (1964) !Que extraño también! Desde luego, siempre la novela de Nikos Kazantzakis es mejor. Pero no hay duda que el film es genial. Alexis Zorba es de esa gente que se pierde también en lo binario; no abunda; posee una magnifica manera de expresarse y hay millones de gente como Basil, que llenan este planeta, pero no tienen conciencia critica ninguna. Nosotros, gente como Delio, como tú y como yo, nos encontramos -es mi modesta apreciación- entre Zorba y Basil. Basil, un intelectual, un filosofo, se fue dando cuenta en el transcurso de su relación con Alexis de su estupidez; la gracia y espontaneidad con que vivía Alexis lo invitó a luchar por salirse de la rueda del "camello". Entonces Basil se olvidó de su intelecto y comenzó a bailar como lo hacía Alexis. A lo sumo pudo imitarlo. Y la imitación cuesta cara. Basil murió de angustia, de celos porque al ver la gracia de Alexis, la relajación de Zorba, la poesía en su cara él no pudo conseguirla. Pero hizo el esfuerzo. No hay esfuerzo crítico en nuestros intelectuales de esas índoles. Aun todavía Zorba no forma parte de nuestras motivaciones. A eso me refiero cuando digo tener libertad de expresión, tener libertad de cantar, bailar. La libertad es como un juego. Cuando toda tensión y angustia es dispuesta para bailar, cantar y danzar una poesía, entonces surge, para mi, la verdadera libertad. Por eso dije que ni Lezama, Carpentier, Mañach, Rafael Rojas, Ichikawa, Iván de la Nuez, entre otros talentosos intelectuales cubanos no tenían libertad de expresión. Si, se expresaron, dijeron lo que sentían, pero como un medio de relajación momentáneo. Sus obras no son para expresarse sino para relajarse, para descargar la tensión. ¿Cómo puede la libertad ser tensa, angustiosa? Para mi esa relajación es una libertad represiva, reaccionaria, condicionada. Me viene a la mente un pasaje de Luis Buñuel: no le gustaba escribir; no le gustaba pintar. Decía que era torpe para escribir; que su espíritu no estaba para ser un escritor, un pintor aunque dejo magníficos ensayos. !Irónico verdad! No tenía libertad, soltura, para expresarse en escritura y pintura; le eran muy tediosa, muy tensa. De ahí que profirió el cine. Se sentía a gusto. Fue un método catártico para arrojar su angustia, la falta de libertad, a sus personajes. Al menos fue honesto. A los intelectuales cubanos les falta este tipo de honestidad. No es llegar al Nihilismo, al caos; se trata de bailar un poco más, de cantar un poco más; de ser un bailarín como Alexis Zorba.
Un abrazo,
Angel Velásquez Callejas.