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TESIS

jagb @ 13:59

Hoy recibí un buen mensaje. De esos que me dejan ensayando el modo de aprender a reírme de algunas de las obsesiones personales que, hasta este momento, me parecían las más serias.

Acababa de leerme una tesis universitaria y quise comentar con la persona que me la envió mi desazón por el hecho de que la misma quedara encerrada en los predios académicos. La tesis me gustó, sobre todo porque uno localiza allí, en la voz de varios críticos (casi todos habaneros, aunque se incluye el que suscribe estas líneas), ideas muchas veces encontradas que merecerían ser discutidas hasta la saciedad.

Fueron entrevistados nueve especialistas, y como cada cual contestó por su cuenta sus respectivos cuestionarios, la franqueza está al por mayor. Lástima que en no pocas ocasiones se sustituyeran los argumentos con frágiles opiniones, de allí mi sugerencia de someter los resultados investigativos al escrutinio público. Recibí esta respuesta, a mi juicio, magistral: “Tu te preocupas demasiado por las tesis. Eso no es tan importante, ¿has leído las tesis de Céspedes, Martí o Agramonte?. Seguro que no, nadie se acuerda de ellas. Lo importante viene después o no vendrá”.

Aquello me hizo soltar la carcajada. Me sanó el humor. Uno va expresando en cierto tono solemne lo que en el fondo no es otra cosa que ansiedad por percibir “cambios” en el pensamiento que nos rodea, y llega alguien y nos despierta con aquello de “lo importante viene después o no vendrá”. Esto me hizo recordar al joven que ya no soy, y que otrora sobrevaloraba las posibilidades de cambio que podían introducir en nuestros contextos intelectuales las tesis, los eventos, los talleres.

Ahora ya no pienso igual; me parece que el meollo de todo no está en impulsar cambios externos, sino en proponernos mutaciones íntimas que tal vez influyan en los demás. En lo que a cine se refiere, esto no ha pasado entre nosotros. Han abundado los eventos, pero no los cambios. Por lo menos no me viene a la mente ninguna tesis, ningún evento, ningún coloquio, que haya podido influir en la política cultural del país más que aquellas polémicas protagonizadas por Blas Roca y Alfredo Guevara en la primera mitad de los sesenta del siglo pasado, cuando e ICAIC obtuvo una autoridad inobjetable. Y eso fue hace casi cincuenta años. No importa que, de vez en vez, se haga pública alguna que otra controversia (catarsis): hablo de introducir una verdadera revolución copernicana en nuestras maneras de pensar el audiovisual cubano.

El problema es que casi todo el mundo ha delegado esa función transformadora en el ICAIC, lo cual me parece un despropósito, pues esa institución más bien estaría para absorber, como una esponja, todo aquello que contribuya a renovar su razón de ser. Digamos que durante un tiempo el ICAIC estuvo cerrado a esas influencias externas (como el cura de “Una pelea cubana contra los demonios”), pero ahora no es así. Están las Muestras de Jóvenes Realizadores. Los libros que publica. La revista “Cine cubano”.

¿Por qué entonces apenas se notan los aportes de los más jóvenes?, ¿o por qué la muy pobre presencia de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica en esa renovación intelectual?, ¿por qué el estancamiento? Algo está fallando que aún en el ambiente se respiran los aires de los sesenta, y no se nos ocurre otra manera de pensar el cine cubano que no sea a través de mesas redondas, paneles, o formas decimonónicas de reunirnos ante un público que, pocas veces, superará el número de cincuenta.

Juan Antonio García Borrero

Un Comentario »

Reynaldo Lastre — 09-10-2009 - 21:42:06 GMT 1

Es interesante proponer renovaciones, sobre todo de los más jóvenes en el ambiente crítico del cine cubano actual, es verdad que hasta cierto punto somos unos verdaderos invisibles. Pero como ya se ha dicho otras veces, la culpa, aunque no es solo nuestra, es también de nosotros. A ver.
En la Universidad de Oriente, donde existe una facultad de humanidades donde todos los años se realizan investigaciones sobre cine y crítica cubanos. La verdad, los resultados no son muy estimables y del todo atendibles: no se vive el cine con la intensidad de quien quiere sacarle sus más íntimos secretos. Se vive solo a nivel de un puro ejercicio académico, que nos va a promover para licenciados. En tal ambiente podemos sacar muy poco de los trabajos de diploma (aparte de que la mayoría se deja llevar por el tema de moda, y no hace má que vulgarizar más lo que de por sí, es ya un poco vulgar). Entonces, no cabe duda que el reto no es sólo de los jóvenes, hay que trabajar codo con codo. hay que establecer relaciones del tipo tutor-alumno, y así darle continuidad a los estudios, a las ideas, para renovarlas, reformularlas, y sobre todo, para encontrar respuestas. Mientras la crítica permanezca desunía, no podremos sobrepasar los cimientos.
Reynaldo Lastres Labrada

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